Situación Actual
21º-14º // 5 octubre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Apolo MasbecthMejor PJ ♂
Circe MasbecthMejor PJ ♀
Alexandra B.Mejor User
Denzel S.Mejor roler
Ashanti ButtonMejor nuevo
Joshua EckhartMejor jugador
Sam & HenryMejor dúo
Eva WaldorfPremio Admin
Afiliaciones
Hermanas [2/4]
Expectro PatronumExpectro Patronum
Directorios [8/8]
Élite [36/40]
1zp6r0z.jpgSaint Michel UniversitéMagic WordsBelovedHogwartsExpectro PatronumExpectro PatronumExpectro Patronum
Redes Sociales
2añosonline

Stolen Dance [Derek L'oree]

Abigail T. McDowell el Jue Oct 02, 2014 2:02 am

Mansión Beyond
21:58 pm
Derek L'oree

La suave y delicada tela de mis medias subía lentamente por mis piernas, hasta llegar a la parte superior de mis muslos, en dónde la enganché con una tira a un ligero. Me levanté de mi cama y me miré al espejo, vestida únicamente con unas braguitas de encaje y esas medias, no me molesté lo más mínimo en hacerme nada en el pelo, siempre me había gustado mucho más llevarlo suelto. No tardé en buscar en mi vestidor un vestido para la ocasión, una ocasión monótona como otras muchas a las que ya había asistido: un baile. Un baile en dónde sonreír, preguntar banalidades, preocuparse por temas en dónde yo soy la máxima preocupación y fingir diversión mientras bailas con un jefe de departamento que pesa el triple que tú o está buscando la manera de pasar una buena noche porque su matrimonio sólo le produce incontinencia sexual. Era patético y asqueroso. Era, sin duda, una fiesta del Ministerio en todo su esplendor.

Elegí un vestido sencillo, cuya espalda quedase descubierta. Eran mis favoritos, con total diferencia. Me lo pongo sin sujetador, puesto que obviamente sería una horterada ponerse uno y total… no destaco precisamente por mi gran volumen delantero, algo que no me hace demasiada falta para impresionar a la fauna que me interesa, por lo que menos me hace falta ponerme un sujetador.

Tras maquillarme con apenas una fina línea negra debajo de mis ojos para resaltar lo verdes que eran y un poco de brillo de labios, me desaparecí desde mi casa, apareciendo directamente en la puerta de aquella gran mansión. Parecía una especie de castillo en miniatura, pues incluso en la entrada había una gran fuente redonda rodeada de plantas y en dónde se escondían algunas luces para iluminar la entrada. Había magos que venían en coche al desconocer la ubicación exacta, por suerte para mí (o desgracia) ya había asistido anteriormente a fiestas en aquel lugar. Entré tranquilamente a través de la gran puerta, pasando las dos listas sin tener que pararme para ver si estaba entre los invitados. Siempre estaba entre los invitados y los que vigilaban ya reconocían mi trasero perfectamente como para saber quién era sin hacer que perdiera mi tiempo en banales conversaciones que realmente eran inútiles.  

Una vez en el interior, no sé exactamente cuánto tiempo me pegué saludando a todos aquellos peces gordos que se encargaban descaradamente de sobrepasarse con sus halagos, cumplidos y roces innecesarios. Me encantaba ser el objeto de deseo de tanta gente, pero me resultaba patético que lo demostrasen tan deliberadamente. Cuando por fin pude librarme de ellos, me acerqué a la barra libre que nunca faltaba, pidiéndome algo refinado, pues beber Whisky resultaba sin duda demasiado bruto para la imagen que pretendía dar. Un Martini termina justo delante de mí y sujeto con una mano la aceituna, para beberme el contenido de aquella bebida casi de golpe, ya que esa bebida era bebida de nenazas. Tras eso, me meto seductoramente la aceituna en la boca mientras me giro al escuchar a un joven muchacho, el cual había recibido un Bourbon seco.

¿Puedo invitarle a una copa?
Es barra libre, querido. —Este tío era Hufflepuff. Para los de la LOGSE: gilipollas.
Pues déjeme acompañarla. ¿Cómo le gusta el whisky? —Por lo menos tiene buen gusto.
Sólo.
¿Sin hielo? —preguntó, con ingenuidad.  
No, sin nadie. —le guiñé un ojo y cogí su vaso de Bourbon para levantarme y darme la vuelta.

No me van los niños pijos repeinados con medio bote de gomina y sin una pizca de vello facial que los haga hombres. Seguro que es el típico sobrino de algún pez gordo que está por pura conexiones. Sin embargo, de camino a ningún sitio, caminando cerca de las mesas, siento nuevamente la presencia de ese niñato con el ego demasiado alto para lo que realmente es. Pongo los ojos en blanco por su persistencia.

Es usted una mentirosa. —me dijo desde un lado, intentando llamar mi atención.
Me hago responsable de lo que digo, no de lo que usted entienda. —le sonreí de medio lado, con cierta ironía.

Por favor, incluso prefiero estar hablando con algún estúpido jefe, que por lo menos me habla de cosas interesantes y no tengo que presenciar el intento fallido de un tío que intenta ligar y no tiene siquiera la materia prima del físico. Que por lo menos si no sabes ligar pero estás bueno, tienes un pase.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 29
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 36.600
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 626
Puntos : 451
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Lun Oct 06, 2014 12:04 am

La noche se presentaba como una memorable, o al menos eso era lo que Derek pensaba, ya llegaba algo justo de tiempo, incluso tarde dirían algunos, pero eso al castaño no le importaba lo más mínimo sabía que la fiesta no empezaría hasta que el llegara, y no era que le gustase alardear pero sabía a ciencia cierta que esas fiestas nunca eran  divertidas para él a no ser que él lo quisiese así, sopesando con que traje vestir, aún con la toalla enrollada y el cuerpo con algunas gotas deslizándose por el, el castaño se peino frente al espejo, sin mucha dificultad, esa era una de las ventajas que tenía al llevar un corte de pelo asimétrico y un pelo alborotado, que no rendía cuentas a los deseos del chico en cuanto a como debería quedar, pero aquella no era una de esas veces, al fin el joven pudo domar su cabello y dejarlo tal y como él quería, perfecto.

Al volver a la habitación no dudo más entre cual de los dos trajes ponerse, aunque la idea de ponerse pajarita le atraía opto por el conjunto con corbata un traje sencillo negro, y una camisa blanca debajo, algo bastante convencional, algo que no haría sombra a lo que realmente importaba cuando entrase en la fiesta su presencia y de forma egocéntrica y vanidosa frente al espejo terminó de anudarse la corbata al cuello, quedando impecable a la vista de cualquiera que quisiese buscarle algún desperfecto, el titulo de "El más sexy de Hogwarts" se le había subido a la cabeza o eso era lo que esperaba reflejar en el ambiente.

Una vez entró por las puertas de la mansión, el joven desabrochó el último botón de su chaqueta dándole la gabardina que llevaba puesta al guardarropas, -Escúchame bien, esta gabardina está hecha a medida por una de las mejores costureras del mundo mágico, su material te sonará a chino aunque es de procedencia inglesa por lo que si la pierdes o sufre algún daño, créeme que te arrepentirás- le dijo al chico con tono severo y lúgubre para luego sonreír de la forma más cálida y afable que conocía, la intimidación para los inferiores le proporcionaba una grata diversión, ver como la saliva de aquel chico le provocaba un movimiento de garganta de preocupación y terror le hacía reír y en aquella ocasión hacía sido muy reconfortante, elevando un poco la prepotencia del joven al entrar al salón principal concurrido de personas.

Muchos de los que estaban allí eran trabajadores de altos cargos del Ministerio pero muchos otros eran peces gordos como el dueño de la mansión en la que estaban, del cual Derek había sacado la invitación para poder estar allí, tantear el terreno, codearse con la élite, pero no porque muchos fueran asquerosamente ricos si no por la asquerosamente valiosos que eran en cuanto a información, El jefe del departamento de cooperación mágica internacional, algunos Aurores con información privilegiada y otros más de los cuales el joven pretendía conseguir algo, información valiosa para su propia supervivencia, los secretos que aquellas personas guardaban podrían convertirse en su baza perfecta para escalar puesto al servició de su Señor.

Buscando por la sala por donde empezar, decidiendo su presa y la manera más fácil de comenzar, pasó su vista por la barra, parándose en una pelirroja de cuerpo impresionante que hablaba desgana e incluso asqueada con un tipejo que intentaba ligar con ella, una leve sonrisa se dibujo en el rostro del chico, reconociendo no solo a su amiga si no al niñato que hablaba con ella, el hijo de uno de los socios mayoritarios del Ministerio, un crío extremadamente rico además de imbécil, sacando las manos de los bolsillos y colocándose la corbata con una de estás, comenzó a caminar dirección a ambos, con gesto indiferente hasta llegar a su altura por la espalda al aire de su amiga, permitiendo dibujar su contorno trasero sin tener que utilizar su imaginación, "Que apropiado para ti, querida" pensó, cuando carraspeo detrás de ella llamando la atención de ambos, -Disculpa, ¿Elthon Ledesma?- preguntó sabiendo perfectamente quien era, ignorando por completo a la pelirroja, -me llamo Byron Kerr, trabajo para tu padre y me ha pedido por favor si podía buscarte, te está esperando en la entrada, justo al lado de la fuente...- mintió intentando quitárselo de encima rápidamente para así poder regocijarse ante Abi, -...parecía importante- concluyó al notar lo poco convencido que estaba el chico, -Ahora vuelvo, discúlpame- le dijo con cordialidad a la pelirroja llevándose una mano al bolsillo y emprendiendo camino echando alguna mirada hacía atrás de vez en cuando.

-Creo que después de esta, me debes una querida Abigail- dijo con tono jocoso ante su compañera, -Aunque no sé si sentirme pagado al verte con ese vestido, es todo un placer- bromeo humedeciéndose los labios con la lengua y la mirada fija en los ojos de la chica.
avatar
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Lun Oct 13, 2014 1:06 am

Y seguía el estúpido aquel bajo aquella persistencia de querer conocerme. Para colmo, se sabía mi nombre, ya que el Asistente del Ministro es bastante conocida en el Ministerio, ya que soy la que va de un lado para otro repartiendo y recogiendo informe, por lo que no podía quitármelo de encima con la indirecta de no decirle mi nombre. No quería hablarle de manera borde, ya que en aquel lugar un comportamiento inadecuado podría hacer que muchos no me vieran como quiero aparentar, por lo que tras su insistencia, paré de caminar  y lo miré con cierto grado de incomodidad.

Admite de una vez que soy un lujo que no te puedes permitir, señor… —Lo dejé en el aire, puesto que no tenía ni la más mínima idea de cómo se llamaba, algo que pareció dolerle, ya que al parecer se consideraría importante en el departamento que fuera en el que trabajaba. Ya que empezó a explicarme no sé qué cosa de familias.

Había muchos tipos de personas, pero en base a todos mis años de experiencia, yo había hecho mi lista especial de diferencias sociales. Este tío estaba en el grupo de: “hombres más jóvenes que yo que tienen cero oportunidad conmigo porque son más nenazas que yo.” No hacía falta más que verlo para saber que tenía más mierdas en el pelo que yo en todo el cuerpo, cuando se supone que somos las mujeres las que nos embadurnamos de maquillaje para aparentar ser más guapa de lo que somos. Por suerte para mí, no me hacía falta maquillaje para ser increíble, por lo que un hombre como éste que intenta destacar por su elegante físico, era cáncer para mí. Me gustaba la belleza natural de los hombres, esos que poseen un aspecto desaliñado y que abajo es dónde tienen la auténtica elegancia. Esos que tienen suficiente barba como para poder tirar de ella mientras le besas y llegas al orgasmo. No alguien que intenta imitar el tacto de culito de bebé con su mejilla.  

Sin previo aviso y, sin tener que molestarme en mandarle a la mierda con palabras literales, alguien vino en mi ayuda, ofreciéndome el apoyo suficiente como para deshacerme de ese pequeño tumor que, recién empezada la fiesta, ya había empezado a expandirse en mi tolerancia en busca de menguarla. Era nada más ni nada menos, que Derek L’oree. Alcé una ceja sorprendida pues ver a un profesor de Hogwarts por estos lares no solía ser frecuente y tuve que llevarme una mano a mis labios que amenazaban con sonreír burlonamente al chico que, de repente, volvió su gesto preocupado ante una enorme mentira. No tardó en irse y yo me giré juguetonamente ante mi salvador. Oh, mi héroe de esta noche… Si esto fuera un película de Disney, en estos momentos estaría irrefrenablemente sintiendo el auténtico amor en mi interior.  

Te debo la vida —ironicé, mucho más satisfecha de estar allí con una compañía exponencialmente mejor que la que tenía hace unos segundos. Derek, al contrario que Elthon, estaba en el grupo de “ex-compañeros tocapelotas” y en el de “personas que dejaría que me empotraran contra la pared”. Pero no hacía falta más que verle como para tener claro que no puede estar solo en un grupo. Sonreí ante el halago que me lanza— Lo sé, no es por presumir, pero soy un capricho de la perfección —dije, llevándome el dedo índice a los labios en un gesto silencioso, alzando la ceja con picardía—. Aunque qué voy a decirte a ti… el más sexy de todo el mundo mágico, debes de sentir eso que te digo mucho más de lo que creo —me encojo de hombros.

Claro que leía Corazón de Bruja. Adoraba esa jodida revista de mierdas y mierdas y no tenía nada mejor que hacer en esas ocasiones en dónde no hago nada en el trabajo y ya tengo las uñas perfectamente limadas. Todo, absolutamente todo lo que salía, era pura mentira. Eso sí, como yo viera algo mío, le reviento el ano hasta a Anónimo. No obstante, nunca había salido nada, hasta el del último mes en un artículo que no me importó lo más mínimo salir. Era evidente que en un listado de las más sexy iba a estar yo, pero lo que no me esperaba era que una niñata de séptimo me superase, arrebatándome mi merecido primer puesto.

¿Tienes que hacerle la pelota a aquella persona que te haya invitado o estás libre para tomarte algo conmigo? Prefiero tener compañía decente —me gustaba no contribuir a su subida del ego, sólo por molestarle— antes que volver a tener que vérmelas con niños que se creen hombres —le ofrecí sugerentemente, manteniéndole la mirada como él hacía conmigo. Al tener unos tacones de casi doce centímetros, estaba mucho más alta de lo normal, por lo que sólo tenía que levantar apenas la mirada— Siempre y cuando una segundona sea suficiente para ti. —añadí divertida, encogiéndome de hombros. Suponía que había leído la revista del último mes, pues su entrevista salía en ella.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 29
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 36.600
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 626
Puntos : 451
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Vie Oct 24, 2014 1:46 am

El tipo se había tragado aquella patraña que el moreno se había sacado de la manga, aunque era lógico Derek tenia muy presente aunque no estuviese en su lista lo estaba su padre por lo que aquella mentira tenía un peso argumentativo infalible, abriéndole paso al chico viendo como se iba rápido dando pasos de pingüino desorientado pidiendo disculpas cada vez que pasaba por medio de alguna conversación, chocándose en una ocasión con un camarero derramando así algunas copas en la ropa del que las llevaba.

-Me debes algo más que la vida ya que estabas a punto de darle un buen puñetazo al hijo de uno de los peces gordos que harían que tu grata carrera peligrara- dijo riéndose acercándose a la chica para tener una conversación más privada deleitándose con el vestido pero más con el cuerpo esbelto y ligero que lo llevaba, -Tu siempre tan modesta Abigail- una sonrisa esbozada en la cara del joven acompaño a la de la joven cuando comenzó a hablar sobre su reciente aparición en la aclamada revista de cotilleos Corazón de Bruja, aquella había sido la primera vez que había sido entrevistado para al revista pero no se podía negar a Veronika en ningún momento, esa mujer sabía como conseguir lo que quería cuando lo quería sin aceptar un no por respuesta, desvió la mirada poniendo una cara de chulo, -¿Qué puedo decir?, tengo a las alumnas loquitas, es normal estando rodeadas de tanto niñato granudo y salido- dijo de forma despectiva, -Y aunque no me sorprende nada que leas esa revista me hace mucha gracia el que lo hayas admitido- se apoyó en la barra reposando uno de los brazos ya que de momento no tenía ninguna intención de irse a ningún lado, -Tengo tiempo para tomarme una copa contigo, aunque espero que no nos saquen una foto o eso será mi ruina como profesor más sexy, relacionarme con personas de inferior categoria- rió suavemente pero sin ocultar que se mofaba de que hubiese perdido contra una alumna.

Llamó al camarero levantando el brazo de la barra con el dedo indice en alto, -Ponme un Bourbon con hielo en vaso corto y a la señorita uno doble sin hielo- dijo con tono apaciguado pero sin intenciones de parecer amable más bien indiferente, al fin y al cabo estaba allí por trabajo aunque encontrarse con la pelirroja haría que la noche fuese más divertida, el camarero les dejó las copas en unos posa vasos de cristal y unas servilletas para los imprevistos, -Nunca entenderé como puedes estropear una bebida así de maravillosa prescindiendo del hielo- dijo dejando los ojos en blanco acusando a al chica de no saber lo que era bueno y lo que era mediocre, coleccionando papeletas para llevarse un buen golpe si molestaba demasiado a la pelirroja, esa era una de las cosas que adoraba de ella su carácter, -Bueno dime, ¿como están las cosas en el ministerio?,¿qué se cuece en el departamento de misterios?- le preguntó interesado por saber si habían seguido alguna pista de alguien que pueda interactuar con él y sus actos no tan respetables, aunque en el fondo estaba preocupado por ambos.
avatar
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Miér Oct 29, 2014 2:11 am

¿Sólo un puñetazo? No creo que sea suficiente. Incluso hay a algunos a los que eso les pone, por lo que intento no evitar daños físicos que puedan dar lugar a malentendidos. Además de que sabiendo que ama más su físico que cualquier otra cosa (ya que aparentemente parece ser lo único que cuida, pues su manera de ligar y su inteligencia no parecían ser demasiado notables), si le pego un puñetazo a uno de los pequeños de los peces gordos, probablemente termine muy mal parada. Yo era de técnicas más silenciosas y que pasaban desapercibidas. Aun así le sonreí, la verdad es que tenía razón y a la mínima hubiera saltado o con un rodillazo en las pelotas o con algo similar para que me dejase en paz. Ya que al parecer, la verborrea sarcástica no era suficiente para él.

Sonreí ladeadamente cuando me llamó modesta con algo de ironía. Bueno, algo no. Era totalmente irónico. Mi modestia era inversamente proporcional a mi ego, por lo que si esa última estaba descomunalmente desorbitada, la otra era prácticamente inexistente. Me hizo gracia su forma despectiva de tratar a sus alumnos masculinos, puesto que este era el auténtico Derek y no ese que salía en la entrevista siendo más simpático y agradable que todos los lameculos juntos.

Claro que no te sorprende. Nadie viene a divertirme a mi despacho, así que tengo que conformarme con revistas del Corazón. Mi sorpresa al verte en el interior fue todavía mayor... —le sujeté suavemente de la corbata, tirando de ella— Pensar que en Hogwarts parecías una nenita sin ningún atractivo… sin duda los años te han sentado muy bien. Y la barba… —fue entonces cuando se metió conmigo por haber quedado segunda… Me lo esperaba, al fin y al cabo de haber sido al revés probablemente yo también me hubiera reído de él. Mucho. No sabía quién era Natalie, pero debía de estar bien buena si estaba por encima de mí. Aprovechando mi atrevimiento, tiré levemente de su corbata, acercándolo a mí sugerentemente sin apenas hacer fuerza— Seré la segunda, pero… —me acerqué a su oído para susurrarle:— …estoy segura de que preferirías acostarte conmigo. —enrollé mi dedo índice en su corbata y le miré a los ojos— Aunque sea de inferior categoría, querido, cuando quieras te demuestro que en la intimidad, nadie me supera en sensualidad. Una chica lista sabe que tiene que ser sucia en la cama y una dama en la calle —sonreí, divertida y pícaramente a la vez que le soltaba la corbata.

Llegamos a la barra y me sorprendió que supiera lo que pedir para mí. El whisky era mi bebida favorita, pero no el de fuego, sino el normal. Sobre todo el Bourbon, con ese toque tan suave y a la ves intenso que le daba esa característica tan especial. Me quedé de pie en frente de la barra y no pude evitar alzar una ceja ante su comentario sobre mi “herejía” al no tener hielo en la bebida. No me gustaba, luego se derretía y mi bebida se había convertido en mierda aguada.

¿Eres consciente de que al rebajarlo con agua pierde gran parte de su sabor? No es por nada, pero quién mejor está disfrutando del cien por cien de la bebida soy yo —cogí el vaso delicadamente entre mis dedos y me lo llevé a los labios para beber un pequeño sorbo—. ¿O quizás es porque el whisky seco es demasiado para ti? Te lo tomas como una nena —sonreí, burlona.

Me preguntó sobre el trabajo, más concretamente sobre información de vital relevancia, porque si realmente quisiera sobre mi trabajo podría pegarme toda la noche hablándole de las nuevas, pues por norma general tengo como diez informes por día que revisar de cosas nuevas.  Específicamente me preguntó por el departamento de Misterios, pero de ese departamento sin dudas era del que menos idea tenía. De verdad que para mí ese departamento era como una piedra en el zapato. No era lo peor del universo, pero me molestaba no saber. Me molestaba no tener las cosas bajo control.

A pesar de no tener contestación para esa pregunta específica, tenía algo interesante que contarle. Le sujeté del brazo, haciéndole un movimiento de cabeza para alejarlo de la multitud de la barra e irnos a un lugar alejado, manteniendo en la mano nuestras bebidas.

Edmond se irá del puesto. Soy una de las pocas personas que lo sabe, pero dejará el puesto de Ministro de Magia libre… —comencé a decir, consciente de que eso no era lo importante— He aprovechado para contactar un viejo amigo que tiene todas las papeletas para ser Ministro con un empujón y algo de ayuda. Pretendo hacer lo imposible para conseguir ponerle en el puesto. ¿Lo mejor? —sonreí con algo de perversidad— Es nuestro aliado. ¿Y qué mejor que un aliado siendo la figura representante del mundo mágico? —pregunté retóricamente, esperando que entendiera a qué me refería con aliado—. ¿Y por Hogwarts que se cuece? ¿Ya sabes como embaucar al vejestorio para matarlo? —pregunté, llevándome el vaso a mis labios sugerentemente.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 29
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 36.600
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 626
Puntos : 451
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Sáb Nov 29, 2014 2:54 am

El chico reflejaba una amplia sonrisa de lo más sincera hacía su compañera sin mediar palabra o intentar discutirle cualquiera de sus indirectas sobre lo nena quera o lo feo que fue en su día y es que para ser sinceros eso último no se lo podía discutir era verdad que Derek en sus tiempos mozos no era nada del otro mundo, otro chico del montó con granos y pelo grasiento que desentonaba en la multitud por las sátiras y la crueldad hacía los de inferior categoría como los tejones, le encantaba meterse con ellos, era uno de sus pasatiempos favoritos después de espiar a las chicas en el cuarto de baño con sus amigos. Echándole sonrisas furtivas y miradas lujuriosas de vez en cuando no solo por su vestido si no por lo que la pelirroja decía entraron en el tema importante y crucial, la información que había decidido compartir la chica.

Mirando a los alrededores escuchando a la chica con todas las nuevas que le daba, "¿Así que tenemos un aliado con poder en el Ministerio?" aquella noticia alegró al chico lo mismo que le preocupó, hacía tiempo que el señor oscuro no le encomendaba una tarea dura que llevar a cabo y el hecho de que tuviese a otro peón con mejor disposición social que él le preocupaba hasta tal mundo de considerar que posiblemente bajaría peldaños en la escala hasta al cumbre, convirtiéndose en otro Mortífago del cual prescindir cuando fuese necesario, aquel pensamiento inundó la cabeza del chico encendiendo en sí una alerta que le espetaba que caminaba en aguas pantanosas con riesgo de hundirse, "Habrá que mover ficha" pensó, saliendose de aquel pensamiento con la pregunta de la chica.

Se giró hacía ella dándole otro sorbo a la copa dejándola casi vacía, una sonrisa de soslayo y una mirada al completo a la chica antes de empezar a hablar fue lo único que hizo, -Ah decir verdad esa tarea no está encomendada a mi persona, pero visto visto creo que tendré que empezar con esa tarea yo también porque quien debería de hacerlo prefiere jugar con probetas y mejunjes- estaba claro que el chico se refería a Snape uno de los más fieles seguidores de Lord Voldemort o al menos en apariencia ya que muy a su pesar no había podido evitar ver lo apegado que estaba no solo a Dumbledore si no también a aquel colegio, llegando a hacer creer a Derek que de verdad no estaba al cien por cien con el Señor Oscuro.

Una presencia interrumpió la conversación, se acercaba otra vez aquel chico que intentaba meter baza con la pelirroja, y Derek no estaba dispuesto a dejar que oídos ajenos se metieran en la conversación, así que se acercó al odio de la joven -Ven a demostrarme cuan indecente puedes llegar a ser- aquello no era tanto una proposición como una excusa para poder alejarse de quienes estuviesen al tanto de cualquier anormalidad en ellos aunque para cualquiera que estuviese allí solo vería a dos amigos ex-compañeros de casa hablando seguramente sobre trivialidades.

Le dio el último sorbo a la copa dejándola ya totalmente vacía con el hielo aún intacto, un poco derretidos tal vez, y agarrando a Abi de la mano la condujo hacía la pista de baile, donde sonaba una canción de lo más apropiada para montar una escena y provocar más de un infarto en más de un comensal en aquella fiesta, -¿Me permites?- le preguntó de forma cortés extendiendo la mano esperando que la chica la agarrara para atraerla con un movimiento firme hacía él y poner la mano sobrante en su cintura, comenzando el paso inicial de lo que sería un tango, aunque casi todos comenzaban igual, pie derecho del chico hacía delante pie izquierda de la chica hacía atrás, con los movimientos justos de cintura sin menearse tanto como para acabar rompiendo la magia del momento, respirando el uno cerca del otro, sabiendo con certeza de que estaban llamando la atención lo suficiente como para que alguien tuviese alguna hemorragia nasal y es que donde hay sensualidad no puede haber un corazón sensible.  
avatar
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Lun Dic 01, 2014 12:57 am

Solté una pequeña sonrisa ladeada al escuchar como Derek se metía con Snape. Era un hombre realmente raro y por mi parte no tenía esa confianza ciega que tenía Voldemort en él. Evidentemente, la confianza que tuviéramos todos los demás sobre él no importaba lo más mínimo, mas había que aparentar si no querías enfadar al Señor Tenebroso. ¿Pero un hombre que trabaja a dos bandas con las dos figuras casi más representantes del mundo mágico? Albus Dumbledore no era tonto, ni Snape tan buen mentiroso. Aun así, nosotros seguíamos a Lord Voldemort y si él creía en él, nosotros debíamos darle un voto de confianza.

No es tarea de nadie. Él sólo quiere verlo muerto y Snape está ahí para contarle todo aquello que el director planee mientras esté vivo —susurré ante su contestación, con un tono ligeramente alentador— ¿Sabes quién se convertiría en uno de los favoritos de nuestro jefe si acaba con uno de sus peores males, verdad? —añadí.

Observé como la mirada de Derek se dirigía nuevamente hacia la puerta por lo que me giré levemente para ver qué era lo que estaba mirando. Puse los ojos en blanco al ver a aquel repeinado muchacho volviendo a dónde nos había dejado. ¿Por qué sigue empeñado? ¿Cree que tendría oportunidad frente a alguna mujer que esté hablando con Derek? Este hombre tiene barba y clase, difícilmente otro hombre de la sala podría superarle.

Bebí de mi vaso mientras volvía a girarme hacia mi excompañero, el cual se había acercado a mi oído para susurrarme lo que parecía una proposición muy indecente. Que me dijera eso en un lugar más íntimo y no me haría responsable de mis actos. Sin embargo, lo que hizo fue sacarme a bailar. Lo miré con cierta picardía al escuchar el principio de la canción que acababa de empezar a sonar y dejé el vaso sobre la mesa, sujetando su mano suavemente. Cuando entré a trabajar en el Ministerio no tenía ni la más mínima idea de bailar absolutamente nada, pero con los años he ido aprendido. Sin duda alguna el tango era uno de los bailes que más me apasionaba, sobre todo si mi pareja era alguien como él.

A pesar de haber sujetado su mano con suavidad, él me atrajo hacia él con firmeza. Me humedecí los labios cuando nuestros rostros se quedaron a escasos centímetros y posicioné mi mano libre sobre su hombro. Cuando la canción cambió de ritmo, yo atrasé mi pierna a la vez que él la hacía hacia adelante. Luego, lentamente, volvimos a nuestra posición inicial, volviendo a dejar nuestros cuerpos pegados.

Si no quieres ser consecuencia de mis actos, no volvería a cuestionar mi indecencia en ningún otro campo...—curvé una lasciva sonrisa.

Los movimientos eran cortos y seductores. Derek conseguía moverme al ritmo de manera sensual y tranquila, notándose en cierta manera la tensión entre ambos. En cierta ocasión, me hizo girar soltándome de una mano, alejándome de él. Tiró de la mano que aún teníamos sujetas, haciendo que volviese hacia mi posición. Esta vez mi mano no se posó en su hombro, sino que se posó en su rostro, acariciándolo con una mezcla de dejadez y pasión. Él volvió a hacerme girar hacia el otro lado y, cuando en el giro volví hacia dónde estaba, alcé una de mis piernas, flexionándola para dejarla sujeta a su pierna. Derek me hizo lentamente hacia atrás con su mano en mi cintura, aprovechando para, con la otra mano, subir lentamente el vestido, que del movimiento se me había subido, hasta el muslo. Fue un movimiento lento y pausado, lleno de lo que parecía una pasión retenida que había sido liberada en el baile.

De un firme movimiento volvió a hacer que estuviera frente a él y yo bajé lentamente mi pierna de su posición, sin dejar de mirarle a los ojos. Comenzamos a movernos con pasos lentos y firmes y aquel baile, rebosante de deseo, se convirtió en lo que parecía una batalla por el dominio, una deseosa tensión cortaba el ambiente y nuestros movimientos nos delataban.  En ocasiones parecían salvajes y fuertes, mientras que otras veces dudaba entre que si lo que reflejaba era dulzura o anhelo. Eso era lo que me gustaba del tango, era un baile que combinaba perfectamente la sensualidad con la desconfianza, era una mezcla de poder y acción, en una combinación perfecta con el deseo. Si el sexo tuviera nombre de baile, sería sin duda Tango.

Me encantaba ser el centro de atención y a pesar de haberlo pensado en el primer segundo de aquel baile, se me había olvidado por completo el hecho de que estaba en una fiesta del Ministerio. Probablemente  más de uno estuviera teniendo una erección en aquel momento al vernos, mientras que otras morían de envidia al verme con un hombre como él bailando algo como esto. Era la sensación que transmitíamos, puesto que Derek y yo estábamos hecho para eso. Éramos de esas personas que poseíamos la habilidad de ser el objeto de deseo de muchísima gente. Lo sabíamos y lo utilizábamos a nuestro favor.

Sin apenas darme cuenta, mi acompañante de baile me había atraído hacia él, haciendo que entre nuestros pechos no hubiera espacio ninguno. Le miré a los ojos. Mi respiración se me había acelerado debido al baile y en aquellos momentos probablemente Derek estaría a rebosar de testosterona, ya que después de aquello me parecía una bonita tentación a la que no me importaría sucumbir. Esbocé una ladeada sonrisa al escuchar los aplausos de aquellos que nos habían dejado suficiente espacio en la pista de baile. Fue entonces cuando me separé de él.

Llamadme salida (que de hecho lo soy), pero lo primero que me vino a la mente fue la pregunta, la curiosidad o más bien el misterio de que si sería tan bueno en la cama como bailando. Como no se me apetecía lo más mínimo volver a quedarme quieta y sentir el acoso de ningún otro hombre, le acerqué a mi sujetándole suavemente del chaleco, llevando su mano a mi cintura para volver a adoptar la postura de baile. Esta vez, moviéndonos tranquilamente al son de la música que había cambiado.

¿Dónde aprendiste a bailar así? —le pregunté con curiosidad— Cualquiera que te viera pensaría que solo sabes los pasos básicos del vals por compromiso, incluso pasas por el típico hombre al que no le gusta bailar, pero creo que has sorprendido a más de la mitad de esta sala bailando así de… —hice una pausa— sensual.

Luego lo miré con una sonrisa en el rostro, enarcando levemente una ceja.

Eres uno de los pocos que consigue sorprenderme —le dije, como si fuera un logro. También era uno de los pocos que me había conseguido subir los calores con solo un baile, pero casi mejor que me guardaba esa información para mí. Demasiado ego subido entre los dos como para encima incrementarlo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 29
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 36.600
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 626
Puntos : 451
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Jue Dic 11, 2014 2:29 am

El tango, un tipo de baile con una base de movimientos lentos y diversos ejecutados con fuerza que refleja una pasión interna y un deseo carnal que sobrepasa los limites de lo sospechado, dos cuerpos se entrelazan en una sincronizacion dando espectáculo a miradas ajenas, miradas cargadas de tensión, que hace suspirar a cualquiera sin tener en cuenta cuanto de acero pueden ser sus nervios, un baile que hace que dos personas sean el centro de atención en una fiesta concurrida, como les había pasado a los dos amigos, que charlaban hasta hace unos minutos en la barra tomándose una copa tranquilamente hasta que hubo la necesidad de escapar de donde se encontraban huyendo del nuevo acosador de la pelirroja, pero tampoco nos vamos a mentir, no solo fue por necesidad también había un deseo por llevar acabo aquellos sensuales y rítmicos movimientos o al menos el castaño lo quería.

Abi no era como el resto de chicas que él había conocido, no era la típica tonta con un toque e maldad encima que se meaba en las bragas a la mayor muestra de cariño por parte del Mortífago y eso hacía que a Derek le apretara el estomago, calmando las ganas de tenerla para él solo, por mucho que quisiese, sabía que después nada sería igual, pero lo que no sabía, ni él ni ninguno de nosotros era si mejoraría la situación, aunque nada de eso importaba, ¿o sí?.

Dejando la escenita de lado volvieron a retomar el baile ahora con mucho menos ímpetu, centrándose en la conversación que se avecinaba, invitando al resto de los comensales a acompañarles en la pista de baile abultando el lugar ocultándolos entre la muchedumbre, una sonrisa ahogado pasando la lengua por el labio inferior humedeciéndolo fue el gesto en respuesta a lo que había dicho la chica, saboreando de nuevo el whiski que hacía unos minutos se acababa de tomar, -Te sorprendería bastante saber de lo que soy capaz Abigail-, una mirada picara recorrió otra vez el cuerpo de la chica, deleitándose de nuevo en como aquel vestido caía sin pudor ninguno dibujando la silueta de su amiga, -Y sobre todo si estoy en buena compañía- volvió a reír dejando ver unos dientes brillantes con las comisuras bien altas, con gesto juguetón y mirada ansiosa y penetrante, -Ya sabes la necesidad de aparentar ser un buen individuo te lleva a aprender cosas como bailar un tango o dar un discurso alentador a algún fracasado que se te cruce por el camino- el tono se suavizo, suavizando aquella sonrisa deslumbrante en una comisura levemente alzada dibujando una escueta y divertida sonrisa, -¿Y qué me dices de ti?- le preguntó por pura curiosidad, -¿Es que cuando te aburres practicas delante del espejo esperando a tu principito azul o es que tus armas de mujer han sido tan explotadas que tienes que quitar el hipo bailando?- aquella pregunta era para picarla, aunque el chico sabía que se lo tomaría con el mismo humor que él se tomará su burlona y menospreciante respuesta, una chica con carácter, eso era una de las mejores cosas que tenía Abi, aunque no la única, pero si la que hacía que Derek tuviese un deseo oculto por la pelirroja, que claramente no desvelará hasta tener claro los limites de la situación.

Una mano que tocó dos veces el hombre del chico les llamó la atención, era potra vez el mismo chico de antes, el que intentaba camelarse a la chica, sin darse cuenta de que no tenía ninguna oportunidad con semejante mujer, pero un gesto altivo le dio la señal a Derek de que no era momento de montar una escena, dejándole paso al chico quien reclamaba la atención de la dama,-Debes haberte confundido de persona porque mi padre no necesitaba de mi y ahora que estoy dispuesto, gracias por cuidar de la joven, permitame- le dijo haciendo un gesto en el hombro con caballerosidad y prepotencia apartándolo de Abi, -Por supuesto-, dijo con una sonrisa mirando a la chica,-Cuidado que es más peleona de lo que parece- le dijo advirtiendo al chico volviendo a mirar a Abi con gesto desternillante, dándoles la espalda volviendo a la barra pidiendo otras dos copas de whiski, esta vez ambas sin hielo, esperando cuando tardaría su amiga en darle su merecido a ese descarado aborto de la humanidad que tenía delante, y aunque el chico no era tan feo, tampoco se le podía comparar con el castaño y su mirada de ojos juguetones de color miel miró su reloj y cuando volvió la mirada a la peculiar pareja intentando, -Le doy dos minutos- le dijo al camarero a quien le hizo una seña en dirección a su amiga y al tipejo desastroso y totalmente arrítmico en la pista de baile, dándole un sorbo a su bebida para luego sonrisa disfrutando de la situación tan embarazosa que estaba sufriendo la pelirroja, -Esto me va a costar caro-.
avatar
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Vie Dic 12, 2014 2:23 pm

¿Qué clase de problema mental tiene la gente que me llama Abigail? No suena sexy, asumidlo todos. ¡No queda sexy! Abigail es feo, es horrible, es el nombre más monstruosamente feo sobre la faz de la maldita tierra. Lo odiaba. Cada vez que escuchaba ese “gail” seguido de mi monísimo diminutivo era como si en mis oídos se produjese una explosión de irónico odio inexplicable. No obstante, él ya sabía que lo odiaba. Todo el mundo allí dentro debe de saber que lo odio, pues es lo primero que digo cuando alguien me llama así. No obstante, me abstuve de mandarle un poco a la mierda, ya que en cierta manera, aunque no sonara sexy, ni bien, ni me hubiera gustado, después de aquel baile estaba de buen humor. Eso sí, lo miré con cierto retintín molesto, esbozando el amago de una sonrisa como reproche.

Escuché lo que decía mientras seguíamos moviéndonos tranquilamente y lo cierto es que tenía razón. La gente como él y como yo, que no sólo lleva una vida, debe de aprender a lidiar con los formalismos y aquello que en un sitio es común debe de aprender a sobrellevarlo. No era fácil aparentar ser quién no eres y los primeros años para mí fueron difíciles, no obstante, en ocasiones como aquella, hasta yo me creía mi propia fachada. Por suerte, quién me conociera sabía sacarme perfectamente de mi encasillamiento y sacar a la Abi que, por las noches, se convierte en una chica totalmente distinta a la que medio Ministerio conoce.  Una perversamente sensual y sádica. Una capaz de encantar y sentenciar con una mirada.

Yo me apunté por puro interés personal —confesé tranquilamente— Aprendí vals por compromiso después de estas fiestas, pero el tango me parecía uno de los bailes más llamativos de todos. Y como le cogí el gusto a esto de bailar… me animé. Lo que no me hubiera esperado es poder compartir un baile así de intenso en una fiesta del Ministerio —¿Vergüenza? Para nada. Simplemente estaba sorprendida porque no creía a nadie capaz de poder llevarme así.

El único otro hombre con el que había podido bailar tan bien, con esa sincronización y con ese paso seguro fue con aquel que me enseñó, un mago misterioso a la par de atractivo. Todos aquellos que lean esto sabe cómo terminamos dicho mago y yo después de ese baile.

¿Principito azul, en serio? —solté una carcajada, parando levemente de bailar para apoyar mi cabeza sobre su pecho. Luego lo miro—. ¿De verdad me ves esperando a mi príncipe azul? —alcé una ceja, volviendo a colocar mi mano en su hombro.

Nunca había tenido nada serio con nadie más que con Scott. Scott… ese hombre que desapareció de un momento a otro, como siempre. ¿Espera volver un día cualquiera y recibir los mismos tratos de mí? Lo lleva claro. No me importa que no esté, pero lo que si me importa es su actitud. Al fin y al cabo, a nadie le gusta que la traten como una imbécil. Scott fue como un suspiro de aire fresco que parecía cambiar las cosas… Luego me di cuenta de que era un imbécil y se me pasó esa sensación. Y la verdad es que de por sí no soy nada sentimental… mi grado de sentimentalismos es similar al de una piedra. Tengo la teoría de que algún trauma infantil me afectó y me hizo ser así de arisca. La verdad es que no lo sabía y, lo cierto, es que no me importaba una mierda. Me encantaba no sentir dependencia por absolutamente nadie.

Fue entonces cuando vi al mismo chico de antes aparecer desde detrás del Derek, llamando su atención. Por un momento pensé que Derek le mandaría a freír espárragos otra vez, pero sorprendentemente no lo hizo, sino que me vendió a ese imbécil y se fue tranquilamente a la barra. Lo miré con un rostro de: “me las pagarás” mientras se iba y sentí como aquel chico me sujetaba de la cintura y de la mano.

Yo puse mi mano en su hombro y él comenzó a llevarme en un monótono y aburrido paso de vals.

¿Por dónde íbamos señorit…
¿En qué momento, exactamente, le dado la impresión de que prefiero pasar el tiempo con usted que con mi amigo de allí? —pregunté irónicamente mientras seguía sus pasos.
Supuse que nuestra conversación de antes era una invitación a pasar un rato juntos —contestó convencido de sus palabras.
No sé cuán eficaz eres con las mujeres, pero en ningún momento he dejado caer ninguna invitación, ya que en ningún momento tenía intención de quedarme con usted. No se ofenda, pero absténgase a lo que le dice una mujer, no a lo que usted entienda. —comenté tranquilamente, tan respetuosa como mordaz.
Permítame pedirle disculpas. Podemos... —contestó el joven. Fue entonces cuando yo paré de bailar.
Aceptadas. Ahora permítame usted —le guiñé un ojo con cierta picardía molesta y me giré tras soltarle, dándole la espalda.

Caminé elegantemente, con una silueta destacable entre todos aquellos bailarines, hacia dónde estaba Derek, apoyado contra la barra. Lo miré de arriba abajo mientras me acercaba, posando mi mirada en sus ojos una vez estuve justo en frente. Cogí un vaso de whisky y bebí directamente de él, observado de reojo que el otro tampoco tenía hielo.

Aprendes rápido, L’oree. Y de la mejor —le guiñé un ojo, dejando el vaso sobre la mesa tras beber un sorbo y sentir como bajaba lentamente por mi garganta— Te va a costar más que un simple pardillo de turno para librarte de mí esta noche. No frecuento buenas compañías en fiestas como estas. Hoy es un día especial.

La gente como ese hombre del que me acababa de librar eran molestas, como una piedra en el zapato. Te podías deshacer de ellos rápidamente. Me apoyé de lado a la barra, mirándole directamente a sus ojos color miel.

¿Has venido a la fiesta con alguna intención en especial? No suelen frecuentar este tipo de festividades los profesores de Hogwarts. Y mucho menos tan jóvenes sin apenas influencias de los más grandes del Ministerio... ¿Te traes algo entre manos? —No lo conocía tan bien, ni de lejos. Era un hombre misterioso y su presencia allí, a la par que agradable, me resultaba extraña. Sabiendo como era, no me extrañaba lo más mínimo que su asistencia allí no fuera simplemente para pasar una agradable velada.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 29
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 36.600
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 626
Puntos : 451
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Lun Ene 12, 2015 8:11 pm

El moreno parecía disfrutar bastante al ver a su amiga en la delicada y desagradable tesitura, al menos para ella, de tener que tratar con una babosa sobona como era aquel tipejo, el cual tenía ganado ser hijo de uno de los más influyentes magos dentro del ministerio, claro que Abi tenía la protección del ministro garantizándole algo de protección en casos como ser una autentica borde con personas influyentes. Con una sonrisa bastante divertida y de lo más sincera el joven esperaba a ver como su amiga se libraba del muerto que le había soltado allí con su copa al lado para que al menos cuando se acercase a él, tuviese algo que hacer antes de darle un golpe.

Dejandole el vaso cerca de ella para que lo cogiese le dio un trago a su whisky saboreandolo con gusto escuchando como Abi se regozigaba al verme beber esta vez el whisky sin hielo, -Tenías razón McDowell, así que he decidido darte el gusto de que veas que eres influyente en mi vida- una pequeña sonrisa burlona con una mirada de soslayo hacía la chica para devolverla a la pista de baile acompañó a lo que el chico le soltaba a su amiga, salando sus ojos entre las cabezas de todos los comensales tanto los que bailaban en la pista como los que alardeaban de cuan asquerosamente ricos eran con sus amigos siempre intentando superarse los unos a los otros, como si se tratase de una competición, "Y estos puristas se creen mejor que los muggles" pensó dándolo otro trago a su copa volviendo a prestarle atención a su compañero justo cuando había conseguido localizar al individuo por el cual había decidido venir a esa fiesta, un hombre algo más grande que Derek pero con contactos e información suficiente como para tener que hacer algo vergonzoso con tal de conseguirlo, aunque sis métodos no eran casi nunca placenteros, el hecho de torturar o matar a alguien con poder suficiente como pare reducirlo a cenizas no entraba dentro de sus planes, y con la mirada fija en ese individuo dándole un ultimo sorbo dejando el vaso al fin vació, cogiendo a Abi de la mano, -Ahora mismo lo sabrás pero vas a tener que ayudarme un poquito- le dijo caminando despacio con la chica cerca de él susurrándole, -Justo enfrente hay un grupo de tres hombre, el que tiene esa corbata tan espantoso con el caleco de cuadros verdes y lilas, se llama Stephen Prescott es Auror y es quien tiene en su poder los documentos necesarios sobre algunos de nuestros compañeros, así que yo estoy aquí para conseguir esos documentos y tu estás aquí para ayudarme, si quieres claro- terminó de exponerle la idea a su amiga esperando que aceptase, mirando la cara de su amiga algo desconcertada, -Lo único que tienes que hacer es hacer que se quede solo y entonces entraré yo en acción, confió en ti- y dándole un pequeño golpe suave en la nalga izquierda de la chica se alejó de ella sin dejar de mirar a su objetivo esperando que Abi entrase en acción.

-Venga Abi deja salir a la luz esos encantos tan seductores que tienes- dijo en voz alta hablando consigo mismo llamando la atención de unas cuantas mujeres de su alrededor, haciendo que el chico no solo se encogiese de hombros si no que pidió perdón agachando la cabeza moviéndose de sitio al ver las miradas asesinas de aquellas tres mujeres que lo observaban de arriba a abajo estudiando cada centímetro de su cuerpo barajando la posibilidad de patearle el culo o no, y dado su misión, razón por la que estaba allí, lo que menos le convenía era llamar demasiado la atención provocando un espectáculo misogeno, mirando con desdén al grupo de mujeres que se iba alejando de él echándole miradas furtivas de odio y asco, "Ni que hubiese lapidado a nadie" pensó el chico  desviando su atención al grupo de tres  hombres esperando ver como su amiga separada al sujeto en cuestión del resto del grupo.
avatar
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Mar Ene 20, 2015 2:39 am

Me encantaba tener la razón, pero más me gustaba que la persona en cuestión lo asimilase y me la diera. Por lo que cuando conseguí quitarme de encima al estúpido niñato que se empeñaba en intentar impresionarme de una manera u otra y me dirigí hacia dónde se había ido mi compañero, no pude sentirme más satisfecha al verle beber lo que le había dicho antes.

Me gusta más verte dándome la razón que viendo que influyo en tu vida —me sinceré con una sonrisa ladeada. ¿Con qué frecuencia veía yo a Derek? Muy poca. En su momento me hubiera alegrado, pero se ve que con los años ha mejorado en todos los sentidos. Aparte de físicamente, es una persona con la que actualmente se puede mantener una conversación, ya que compartiamos mismos intereses, o eso era lo que parecía. Por lo que influir en la vida de una persona a la que apenas veo… tampoco me resultaba demasiado emocionante.

Bebí del vaso que Derek me había conseguido, un sorbo que a simple vista parecía pequeño, pero que era una gran parte del líquido del vaso. Estaba más que a acostumbrada a ese tipo de bebida, pues era mi favorito. Apenas me afectaba, siempre y cuándo supiera cuándo parar. En aquella ocasión, no me hizo falta contar, ya que Derek me sujetó de la mano para tirar de mí suavemente y comenzar a caminar. Le perseguí tranquilamente y perdí la vista en lo que me indicaba a medida que me susurraba.

Al parecer no estaba allí para “divertirse”, porque en una fiesta de esa era muy difícil divertirse si no eras un viejo con anécdotas repetidas que contar siempre que asistían. Él estaba ahí para cumplir con lo que parecía un cometido; una misión. Quizás una misión propia, o quizás impuesta. No lo sabía, pero tampoco me importaba. A mí si me nombraban auror y muerte en la misma frase probablemente ya me tuvieran dentro del plan. Los aurores nunca me han supuesto un problema personal, pero los odiaba por el simple hecho que la figura de auror más cercana que tengo es mi madre. La zorra de mi madre, por lo que ya de por sí les he cogido asco a todos.

Quieres que lo embauque —me hice la sorprendida, poniéndome en frente de él para mirarle a los ojos—. Que me acerque, le prometa una noche de placer, de locura y diversión y todo… ¿para qué? ¿Para que lo mates? —susurré eso en su oído, con aire perverso— ¿Quieres que me gane el apodo de Viuda Negra? —curvé una sonrisa, separándome de él.

Jamás, repito: jamás he matado a nadie después del acto sexual. Me parecía asqueroso e innecesario. Además normalmente estoy muy cansada como para pensar en esconder un cuerpo. Por lo menos no lo he matado al momento; quizás semanas después, o meses, debido a un motivo u otro. Pero al momento… no me parecía para nada atractivo. No obstante, al revés era otro cantar… Matar, sola o en compañía, solía ponerme cachonda más rápido que cualquier afrodisiaco. Millones de veces me he preguntado como un acto tan ruin y sádico, tan perverso y antinatural puede conseguir calentarme hasta tal punto. Tras tanto tiempo de pensamientos en busca de respuesta, he llegado a la conclusión de que soy una puta psicópata. No hay otra maldita explicación para eso. No es normal; eso es un hecho, pero no me importaba lo más mínimo.

Me deberás una grande. Muy grande —recalqué—. Estate atento, pero no esperes que sea rápido. No me pierdas de vista, pero lo más normal es que salgamos afuera. Y, te lo digo ya, no puedes matarlo, por lo menos no hoy —dejé claro, imponiendo mis condiciones. Podría mantenerlo preso, hasta que yo me limpiase las manos— Usa la legeremancia y la oclumancia para descubrir lo que quieras, pero no vas a dejar a un muerto a mi cargo, pues toda la fiesta verá que he andado con él. ¿Entendido? —le pregunté para asegurarme—. Cuando esté todo preparado, lo sacaré afuera y volveré al interior con alguna excusa. Tienes el tiempo en el que vuelva a salir para llevártelo y yo poder crear mi tapadera. Nos vemos en… en dónde tú me digas. Quiero ser partícipe, me encanta verles las cara de haber sido traicionados por la mujer más sexy que han visto nunca —me encogí de hombros, juguetona, tras ese comentario.

Tras eso y una mirada fugaz, me di la vuelta. Sentí el golpe en la nalga y sonreí a medida que seguía caminando hacia dónde me había dicho Derek. Mi paso era elegante y bastante sensual. De por sí poseía un caminar contorneante, cuyos pasos realzaban toda mi figura. Actualmente, con este vestido, era todavía más fácil que se marcase todo mi cuerpo a la perfección. Me dirigí al sujeto en cuestión. Por el camino lo visualicé y lo juzgué: aproximadamente treinta años, soltero -carecía de anillo-, tenía muy mal gusto para la ropa, por lo que probablemente fuera una persona adicta al trabajo, de esas a las que no le importa cómo se ven. Posiblemente fuera un Ravenclaw rata de biblioteca con ganas de marcar justicia. Las gafas y esa pose más bien insegura le denotaban como tal. Aunque quién sabe, quizás me equivocara. No sería la primera vez. Aunque rara vez me equivocaba.

Acorté las distancias por un lateral para no ir directamente hacia él. Cuando llegué a su lado, vi que estaba atendiendo a una conversación en la que él no era partícipe. Bebí el resto de líquido de mi vaso de un trago y me acerqué a él, aprovechando la jugada de la copa vacía. Le toqué dos veces el hombro, en un gesto inocente. Mi rostro se iluminó con una increíble y jovial sonrisa, muy poco usual en mí. De hecho, quién me viera en esos momentos, podría catalogarme de ser encantadora, dulce y risueña. Incluso Derek, aún conociéndome. Tres adjetivos que, ni de lejos, eran parte de mi personalidad habitual. Sabía perfectamente cómo llegar al “corazón” de un auror de esa edad. Probablemente conociera a mi madre…

Perdone, ¿es usted Stephen? —pregunté curiosa tras llamar su atención.
Sí, soy yo —se mostró sorprendido, no creo que muchas mujeres se acerquen a él, mucho menos mujeres como yo— ¿Alguien pregunta por mí? —preguntó, creyéndose que estaba ahí para darle algún recado. Yo negué con la cabeza.
Me llamo Abi McDowell. Soy la Asistente del Ministro —le tendí la mano y él me la estrechó, justo antes de acercarme a él y darme un beso en cada mejilla.
¿McDowell? ¿Cómo Ariadne McDowell? ¿Sois parientes? —preguntó el chico, pues conocía a mi madre, un aurora conocida en el departamento por la cantidad de mortifagos que había mandado a Azkaban.
Sí, soy su hija —dije, encogiéndome de hombros.
Soy un gran admirador de tu madre. La verdad es que es un gran ejemplo para todos. No sabía que tuviera una hija... —comentó interesado. Bingo.
No nos llevamos muy bien…

Una cosa llevó a la otra entre conversaciones familiares y finalmente llegó el momento de estrechar un poco más la conversación.

Estos tacones me están matando… —me quejé falsamente dolorida. Podría andar en tacones de catorce centímetros durante veinticuatro horas y no enterarme. Tenía mis dedos inmunizados contra el dolor— Y me he quedado sin nada que beber. ¿Vamos a una mesa? —pregunté inocentemente.
Claro —aceptó tranquilamente, guiándome a la más cercana.

Eran mesas bajas, acompañadas de pequeños sillones a ambos lados. Solían estar en una esquina, en la esquina de los grandes peces del ministerio. Por norma general cuando alguna fiesta me aburría mucho terminaba en estos asientos perdiendo el tiempo hasta que se acabara la fiesta. Ahora, tenía otro motivo totalmente distinto. Si quería que me acompañara, iba a tener que acercarme más a él.

Nos sentamos en unos sillones de color vino, en uno de dos personas que estaba de espaldas a prácticamente todo el salón de baile. Nos pegamos hablando varios minutos, incluso podría decirse que llegué a estar una hora. Desde fuera podría verse como no paraba de reírme de sus estúpidas anécdotas o chistes y cómo casi de manera inconsciente -o eso pensaría él- estábamos cada vez más cerca. Así mismo, me había preocupado en rellenarle la copa cada vez que se le acabara, de tal manera que él ya poseía sus mejillas ligeramente rosadas.

En cierta ocasión, me preguntó por mi estado civil, curioso por saber si tenía pareja. Me inventé tremenda batalla… Que si estuve en relación con un hombre durante dos años y que finalmente me hizo mucho daño y hace poco que me he vuelto a abrir a intentar conocer personas… En fin, gilipolleces varias de adolescentes enamoradizas que a mí me parecen estúpidas. No obstante, recibí lo que quería, una mirada de compasión y deseo. Deseo al ver una chica vulnerable. Le pregunté por él y su historia era parecida, sólo que llevaba mucho más tiempo con su ex. Me contó la manera tan “ruin” -a mi me parecía normal- de cómo le había dejado y yo coloqué una de mis manos en su muslo.

Tras unos segundos…

Debería ir yéndome ya. Es tarde y el Ministro se va a cabrear porque lo tengo abandonado… —me permití bromear, fingiendo preocupación tanto por mi hora de llegada como por mi jefe. Me levanté de allí, fingiendo estar mareada. No sentía ni un pizco los efectos del alcohol. Pero a los chicos les encanta sentirse héroes, mucho más a un auror...
Déjame acompañarte. Has bebido y me has dado una gran velada… qué menos que asegurarme de que llegas bien a casa —se ofreció caballerosamente. Yo sonreí con dulzura.
No hace falta… —un poco de paripé...  no me hizo falta ni terminar.
Insisto —en el bote.

Caminamos hacia la puerta de la entrada, dispuesto a salir de allí. Salimos al exterior y, tras algunos pasos que nos alejaron bastante de la mansión, me hice la despistada.

¡El abrigo! —me llevé una mano a la frente y, antes de que pudiera sacar su instinto justiciero, me apresuré en volver sobre mis pasos— Ya vengo, dame un momento.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 29
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 36.600
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 626
Puntos : 451
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Dom Ene 25, 2015 2:00 am

Al joven Mortífago no le sorprendió para nada lo poco que le hizo falta para convencer a su amiga de que lo ayudara, de hecho lo esperaba, ya que conociendo a Abi como la conocía sabia que no se podría resistir a hacer algo descabellado y cruel contra algún pobre infeliz de los que estuviese en aquella absurda fiesta la cual estaba planeada por pura apariencia ya que el dueño de la casa y organizador de la fiesta, miembro de una de las familias más conocidas del mundo mágico estaba de nuestro bando, del bando por el cual cierto individuo esta noche iba a perder más que la cordura por una pelirroja despampanante con sus cuervas y sus dulces e inocentes insinuaciones que escondían el autentico rostro de la crueldad y el sadismo, una sonrisa se dibujó en el rostro de Derek cuando su amiga le explicó con detalle como llevarían a cabo la treta ya que no quería o más bien no podía permitirse verse relacionada con lo que quiera que le fuese a hacer a aquel tío, "Chica inteligente" pensó el castaño escuchando a su amiga para luego asentir de forma comprensible a lo que le había dicho, -Te pones más guapa cuando llevas a cabo planes contra la integridad física de los otros, ¿te lo habían dicho?- una sonrisa que dejó ver los caninos del chico deslumbra como perlas fue como terminó de decir aquella frase para luego como las caderas se movían de forma bastante sexy y sinuosa en dirección al pobre condenado del cual estaba seguro que no estaría nada preparado para la montaña rusa en la que se iba a montar, si es que caía en la trampa claro.

Mientras veía como su compañera disfrutaba al embaucar a aquel imbécil con pintas de cerebrito, el chico decidió mantenerse alerta pero entretenerse de algún modo u otro, despistando a todo aquel que estuviese vigilándolo, cosa que no era, pero tras los años el muchacho se había vuelto tal vez más precavido por no decir paranoico por no delatarse a sí mismo por lo que de vez en cuando y solo de vez en cuando echaba un ojo a donde estaban aquellos dos para asegurarse de que todo marchaba como debería, adentrándose entra la muchedumbre entrando en varias conversaciones sobre todo acerca de la situación de Hogwarts y lo poco recomendable que eran estos días para esos muchachos salir del castillo sin protección -¿Es qué nadie lo entiende?, nuestro hijos pueden correr peligros que no se esperarían- dijo un señor con total indignación cuestionando las medidas de protección que el castillo y su patético director tomaba para con la vida de sus hijos, "Si él supiese, no dejaría salir del altillo de su mansión a su querida hijita" se relamió el labio inferior después de darle un pequeño sorbo a su copa para por fin ver como Abi ya tenía al tipo totalmente engatusado, como si se tratase de un hechizo que la pelirroja había conjurado sobre el inútil aquel, sacándole la peor de las sonrisas al muchacho, sabiendo que no faltaría mucho por no decir nada para que él entrara en acción.

Siguiéndolos esta vez de cerca viendo como ambos salían fuera de la casa para irse, como no, él la acompañaría, pero un movimiento maestro por parte de la chica pidiéndole que le esperara ahí para ir a buscar su chaqueta la cual había olvidado.

Caminando hacía fuera topándose con ella en dirección contraria, -Que olvidadiza te has vuelto Abi- le dijo guiñándole un ojo, -Nos vemos en la cabaña del bosque, la de siempre no tardes o te perderás el espectáculo- y siguió su camino, sacando una pitillera del bolsillo con unos cuantos cigarros mentolados como excusa ya que eran para lo único que servían. -Hace frío esta noche ¿eh?- preguntó de forma desinteresada en la respuesta intentando entablar una conversación y cogerle desprevenido, encendiéndose el cigarro con un mechero, todo muy muggle, mirándolo de reojo, -¿Quiere uno?- le preguntó, obteniendo como respuesta una negativa con la mano, -Estás fiestas son algo aburridas- el tipo parecía no tener ninguna intención de hablar con Derek, y esto hacía que el muchacho se molestase un poco por el simple hecho de que aquello solo hacía que se retrasase cada vez más.

-Una increíble Abi, ¿no cree?- ya que estábamos de duros tendría que sacar la artillería pesada, -Ya lo creo- dijo con una pequeña sonrisa en la cara, entrando al trapo de llenó haciendo que el rostro de Derek volviese a sonreír de forma picara, -Espero que tengas claro lo que va a pasar, porque conociéndola como la conozco esta noche te ha tocado el gordo- le insinuó desvergonzadamente haciendo que la cara del tipo se endureciera disgustado por lo que acababa de oír, -Lo siento, no era mi intención ofenderte y no estoy diciendo nada malo de ella solo que, bueno, es así- y cuando pensaba que la cosa podría irsele de las manos dejó caer la pitillera mientras daba un paso haciendo que se deslizara la misma hacía los pies del tipo, -Pues puede que no sea así, del todo, nunca se conoce del todo a una persona- le dijo dedicándole una mirada furtiva antes de agacharse a recogerle la pitillera y cometer el mayor error de su vida, quedando paralizado de inmediato por un encantamiento al objeto que el castaño le había hecho minutos antes para que todo aquel que lo tocara cayera bajo su embrujo, -¿Sabes qué?, ahí tengo que darte la razón, nunca conocemos del todo a alguien-, y poniéndole una mano en el hombro, los dos hombres desaparecieron de allí en un abrir y cerrar de ojos.

La noche entre todas aquellas personas de la alta sociedad, pedantes y prepotentes en casi su totalidad se había acabado, y lo que empezó siendo una noche con glamour terminó siendo la noche en la que un pobre desdichado iba a obtener una dosis de dolor por parte de dos Mortífagos que buscaban información sobre los siguientes pasos de los Aurores, o al menos por parte de uno de ellos, -Mierda Abi, ¿donde estas?- el chico miraba el reloj, y volvía a mirar al sofá de orejas donde había colocado al Auror, mirándolo por si el hechizo dejaba de funcionar cosa que no era probable pero tampoco imposible, ya que aquel tipo de hechizos era temporal y el tiempo era lo que se les echaba encima pasando cada vez más rápido sin esperar por la muchacha la cual se retrasaba más de lo normal, "Espero que no la hayan pillado" pensó por un momento, decidiendo empezar sin ella, atando al sujeto con cadenas al sofá y despertándolo con la varita apuntando a su cabeza por si se ponía muy brusco.
avatar
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Mar Ene 27, 2015 10:02 pm

Volví al interior de la fiesta con la confianza de que Derek estaría atento a mis movimientos. No podía estar atenta tanto al chico en cuestión como a Derek para avisarle de que íbamos a irnos, por lo que era su responsabilidad estar con la vista en nosotros. Ya que si tardaba, me veía teniendo que aparentar más de la cuenta de aquí a mi casa y durante bastantes días más, además de que mi tapadera se iría totalmente a la mierda.

Por suerte para mí y mi parte interior que desconfiaba un poco de Derek, vi como éste venía de frente a por el hombre al que había dejado hace apenas unos segundos plantado. No nos paramos a hablar, sino que Derek me dedicó unas palabras antes de seguir de largo, diciéndome claramente en dónde estarían. Esbocé una sonrisa y proseguí mi camino.

Subí las escaleras de la mansión y justo en el último escalón me giré levemente para ver que, efectivamente, Derek ya se había puesto a hablar con Stephen. Me di la vuelta y me dirigí a uno de los magos que estaban en la puerta. Éste me miró preocupado, pues acababa de salir en compañía. Yo simplemente me llevé una mano a la frente.

Se me olvidó el abrigo… —le informé con aire despistado.

Me tomé mi tiempo en ir hacia el armario y pedir mi abrigo, un elegante abrigo de piel que me llegaba por debajo de la cintura. No me lo puse, pues realmente estaba acalorada. Lo mantuve en mi mano, dirigiéndome a la puerta. Ya no estaban ni Derek ni Stephen. Mi rostro quería sonreír pero me contuve e hice un gesto preocupado, mirando al mago que estaba en la puerta.

¿Ha visto al hombre que me acompañaba? —pregunté— Stephen, probablemente lo conozca… —añadí, teniendo en cuenta que la gran mayoría de la guardia solían ser aurores que no sirven para ser aurores. Como los guardias de seguridad que no llegan a policías.

No, lo siento. ¿No estaba ahí fuera esperando por usted? —preguntó amablemente. Yo le señalé preocupada con la cabeza.

No está… Voy a preguntar a ver si alguien lo ha visto. —añadí, dándome la vuelta.

Justo en ese momento las puertas del baile se abrieron  y vi como el Ministro y algunos acompañantes salían de la sala, dispuesto a subir las escaleras a tener alguna especie de reunión. Al verme, se acercaron a mí. El Ministro me presentó a todos sus compañeros con amabilidad y él mismo fue el encargado de relacionar a uno de los peces gordos de los aurores con la pareja que me había estado acompañando gran parte del baile.

Vamos a ver más a Stephen por mi despacho y más a Abi por el departamento de Aurores… —dijo el Ministro. Yo en mi mente, puse cara de “A mi no me jodas, Winslow”, incluso una pequeña Abi levantó la mano para darle más drama a mi contestación irónica. No obstante, sonreí tímidamente.

No creo, Stephen a desaparecido. No lo veo por ninguna parte, íbamos a ir a tomar algo pero… —me encogí de hombros, aparentando vulnerabilidad.

Al Ministro Winslow estaba claro que no le engañaba. Pero él no me importaba. Yo le respaldaba y él me respaldaba a mí, por lo que no necesitaba más.

Seguramente se dio cuenta de que eres demasiado mujer para él —dijo un hombre más bien grueso con su voz grave, añadiendo después de la frase una sonora carcajada de lo más profundo de su vientre.

Todos rieron de esa verdad universal que todo hombre sólo con verme sabría pero, que muy pocos dicen y tras algunos comentarios totalmente irrelevantes, se despidieron de mí.

Luego me acerqué nuevamente al guardia.

Si vuelve dile que me fui a casa, por favor, que estoy cansada. —le pedí amablemente. El chico, muy simpático, asintió con la cabeza, algo nervioso.

Me di la vuelta para salir de allí y el chico por fin se dignó a hablar.

Si hubiera conseguido que una mujer como tú me dirigiese la palabra durante uno de estos bailes, absolutamente nada hubiera hecho que la dejase plantada —dijo el chico, intentando parecer un galante roba corazones. La Abigail de mi interior se estaba partiendo por lo fácil que era hacer que un hombre perdiera la cordura por un par de curvas y un rostro inocente.

Simplemente le sonreí, bajando las escaleras para poder desaparecerme, asegurándome de que el chico me estaba viendo para evitar todavía más sospechas y tener una coartada decente.

Aparecí directamente en la cabaña, justo cuando Derek le había mandado un hechizo para despertar a Stephen. Aquella cabaña era terriblemente pequeña para todas las cosas que había en su interior. Estaba en medio del bosque de Godric, alejada de la mano de Dios y de cualquier curioso, ya que si no te acercas mucho, no la veías debido a algún que otro hechizo protector. Estaba llena de polvo, de restos de sangre seco y de más de un artilugio muggle que, por mi parte, solo utilizaba para golpear, ya que probablemente tuvieran otro uso, pero yo lo desconocía. ¿Para qué necesito treinta herramientas muggles si con un varita puedo hacerlo todo?

Capté la atención de Derek al aparecerme detrás de él y sonreí.

Siento la demora —No la sentía en realidad, pero me encantaba hacerme pasar por una zorra elegante.

Dejé el abrigo sobre una mesa cualquiera y me acerqué a su lado. Vi como Stephen se levantaba y apoyé mi mano en el hombro de Derek. El rostro de Stephen pasó de estar neutralizado a reflejar pavor. Forcejeó con las cadenas y luego me miró a mí.

¿Abi? —preguntó.

Sólo por el sorprendente hecho de que una mujer como yo se fije en alguien como tú, ya debías de haber sospechado algo… O es que eres demasiado iluso —esbocé una sonrisa, mirando a Derek levemente hacia arriba a los ojos— Déjame ponerme cómoda antes de empezar… Aunque vas a tener qué explicarme qué quieres de alguien como él. —Me encantaba que fuera más alto que yo incluso llevando tacones. Adoraba los hombres altos, eran terriblemente sexys.

Alcé uno de mis pies y lo coloqué entre las piernas de Stephen, flexionando la rodilla. Deslicé la tela de mi vestido hacia arriba hasta mi muslo, dónde había una liga. En dicha liga estaba mi varita, la cual cogí antes de volver a bajar la pierna. Me apunté a mí misma y rápidamente desapareció aquel atuendo, vistiéndome con unas mallas ajustadas de cuero, una camiseta media traslúcida y una chaqueta de cuero, acompañada de unas botas con un tacón alto.

¿Qué váis a hacer conmigo? ¿Qué queréis? —preguntó el chico.

Yo me encogí de hombros, ya que por una vez no era la cabeza pensante, sino la mera distracción. Normalmente era al revés, yo pensaba y metía a los demás como riesgo y posibles daños colaterales. Suponía que con Derek ya había confianza como para poder repartirnos el trabajo. Miré a Derek y di un paso hacia atrás para que él comenzara con lo que tuviera que hacer. Por una vez, no podría decirle qué hacer, ya que no sabía por qué había decidido precisamente elegir a Stephen Prescott ni para qué.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 29
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 36.600
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 626
Puntos : 451
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Jue Feb 05, 2015 12:43 am

Al fin la pelirroja había llegado, y eso hizo que Derek se alegrara porque no le reprocharía el haber empezado sin ella ya que no pensaba esperar ni un minuto más para conseguir lo que quería, más bien lo que necesitaba para poder seguir con su plan ya que aquel individuo se había convertido en uno de los Aurores más importantes de toda la facción y no por el hecho de ser un hacha a la hora de desempeñar su trabajo, cosa que Derek no cuestionaba lo más mínimo debido a que nunca antes había escuchado hablar de él o si quiera haberlo visto antes, "Es otro del montón de baja categoría" fue lo que pensó del tipo cuando lo localizó en la fiesta, pero la cuestión era que aquel pobre infeliz que hasta hacía tres semanas era un Auror más, se había convertido en el guardián de una información vital, tres nombres, tres nombres que harían que podían cambiar el transcurso de la historia en cuanto al resurgimiento del Señor Tenebroso se refería, y si el hecho de que esa información en manos de los Aurores pudiese destrozar los planes de Lord Voldemort era suficiente motivo como para que el castaña moviese ficha para conseguir adelantarse en el juego de ajedrez viviente que se estaba jugando en el mundo mágico por le poder.

-Ya era hora, Abi, he estado a punto de empezar sin ti- le dijo a su amiga cuando está llamo su atención viendo como se le acercaba con aquel vestido aún puesto, definitivamente Abi sabía muy bien como hacerlo, era de ese tipo de mujer que conoce su cuerpo al cien por cien sin dejarse ningún pequeño hueco por muy escondido que estuviese, dejandole paso a su amiga viendo como esta se sacaba la varita del ligero bajo el vestido, Derek no pudo evitar soltar una pequeña risa ahogada por el gesto de su amiga, un gesto que se sabía muy bien, el gesto de Femme Fatale que era su firma claramente, ser lo más sexy posible antes de matarte ya que si vas a morir al menos que sea con una erección, -Cuidado Abi que aún no tenemos lo que necesitamos no lo mates de un infarto- le dijo con humor, viendo como esta se cambiaba de ropa, algo más confortable para sacar dientes o desangrar a alguien.

El chico nublo el rostro, ensombreciendolo no por aparentar dar más miedo si no por dejar de fingir ser una persona agradable, pero aún así seguía conservando un brillo el ojos, ese pequeño pero característico detalle del muchacho del cual se podía decir mucho si eras la persona adecuada, y esa era su marca registrada aparentar tener un gesto sin casi expresión con unos ojos tan expresivos que el sentimiento de cohibición en sus enemigos estaba presente en todo momento, bueno por eso y por el mero hecho de que si alguien te ata a una silla y te desarma no es porque tenga muy buenas intenciones pero eso es secundario.

-No haremos nada a no ser que nos obligues a ello Stephen- le dijo aún sin mostrar ninguna gesticulización en su gesto que la que un palo podría dar, cogió una silla y se sentó frente al tipo estirandose en el respalda cruzando las piernas quedando en una pose relajada aunque mucha gente diga que estuviese a punto de partirse por la mitad. Sin dejar de mirar al tipo en cuestión mantiendole la mirada, escuchó como su amiga resoplaba seguramente conscientemente  aposta para dejar claro que se aburria, fue entonces cuando en el rostro de Derek se dibujó una sonrisa que hizo que el gesto del contiguo se mantuviese más alerta, sorprendiéndose, notando como cerraba los puños y se retorcía un poco bajo las cuerdas, -No te molestes no tienes varitas, ni ningún otro objeto que pudiese estar encantado, como la estilográfica que llevabas en el bolsillo de la camisa, y no caí en la trampa, como puedes comprobar...- le dijo abriendo las manos para dejarse ver bien, volviendo a una postura más normal, -Vosotros los Aurores os creéis muy listos en comparación a los Mortífago, solo por el hecho de que pensáis que actuamos sin meditación que nos siega la sed de venganza, la ira, o algún trastorno psicótico, pero para creeros mejores, sois muy tontos si creéis que alguien caería en una trampa tan obvia, ¿en serio? guardar una pluma tan convencional, sin nada en especial, en el bolsillo de la camisa en una fiesta de etiqueta, no es la mejor tapadera para una trampa- la cara de Derek se iluminó al ver que había acertado de lleno con lo del bolígrafo, viendo como una gota de sudor recorría la frente del Auror, acabando en el extremo de la ceja quedándose atrapada en la marabunta de pelo que este tenía allí.

Acercándose a la silla donde estaba atado, lo miró a los ojos esta vez de forma diferente, el brillo seguía allí pero ya no estaba tan presente, la hora del juego se había acabado, durante el tiempo en el que Derek lo estuvo observando este meditaba sobre lo que más preocupado le tenía, y era que por mucho que aquel fuese Auror, era alguien de muy baja categoría por lo que estar en primera línea y además atrapado no era algo muy usual en su vida así que su actitud mostraba que estaba más seguro de lo que los dos Mortífagos pensaban, -¿Quien sabe que estás aquí?- le preguntó sin quitarle la vista de encima, -Y ahórrate el mentirme, porque no nos cogerán, pero de tu respuesta depende que al llegar encuentren un cuerpo sin vida, o a un patético auror desmayado en el piso...- hizo una pausa breve para coger aliento, pasarse la lengua por el labio inferior -... así que piensate bien tu respuesta- le dijo echándose de nuevo hacía atrás en la silla viendo como la duda o tal vez la necesidad de ganar tiempo le corroían.
avatar
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Dom Feb 08, 2015 2:19 am

No tenía ni idea de lo que Derek se traía entre manos, ya que aquello era algo exclusivamente de él. Yo simplemente había sido la distracción para sacarlo del campo de batalla; una distracción y un método mucho más fáciles que cualquier otro seguimiento que hubiera tenido que hacer Derek por su cuenta propia, tardando probablemente el doble. Por suerte, cuenta con una amiga tremendamente persuasiva, capaz de llevar a cualquiera a la cama o, en su defecto, a la muerte. Lo mismo daba, pues los procedimientos preliminares eran lo mismo. Lo único que cambiaba era lo de después; o me decantaba por la perversidad de mi maldad, o por la de mi pasión. Todo dependía.

En aquella situación, me movía por pura codicia y curiosidad. No tenía nada que perder, ni tampoco que ganar. Sólo quería saber en qué lío estaba metio Derek, ya que me parecía extraño que se preocupara en ir a por un chico como este, un simple empleado sin demasiado rango. No sabía si buscaba información, simplemente miedo o si buscaba algo en especial. Algo que sólo tuviera él.

Me mantuve a su lado tranquilamente, esperando su movimiento. Yo estaba allí como observadora, ya que al fin y al cabo, no sabía nada más. Derek se sentó en una silla, relajándose en una pose bastante despreocupada y yo me apoyé a dicha silla, apoyando todo mi peso en una sola pierna.

Resoplé debido a que no estaba pasando absolutamente nada, no obstante, no pasó demasiado tiempo desde ese momento a cuándo Derek comenzó a hablar. Me sorprendió su actitud, tan serena y tranquila. Tan controladora y madura. Mi rostro adoptó un pequeño resquicio de sorpresa al verle hablar con tanta seguridad. Escuché todo lo que decía y en ese momento, mi compañero me pareció de lo más sexy. Aparte de que me parecía muy atractivo un hombre con traje -dato a su favor-, me parecía mucho más sexy aquella determinación psicológica, esa estrategia y esa manera de observar a tu víctima sobre cualquier otra cosa. Solían gustarme las personas decididas, las que tenían las ideas claras. Supongo que después de las experiencias que he tenido con el desastre de Scott, un absoluto caos en todos los sentidos, he optado por sentirme atraída por personas que son totalmente lo opuesto a él. Cosas que pasan.

Al final, nuevamente su actitud agresiva me gustó, pero no la comprendí en primera instancia. ¿Por qué se creía que habría alguien buscándole? Caminé alrededor de la escena, simplemente observando, hasta que finalmente caí en la cuenta de lo que estaba sucediendo. ¿Acaso aquellas personas más poderosas a las que hemos conseguido embaucar no son las que suplican por su vida y buscan la manera de salir de allí? Este hombre no estaba tan borracho como para no saber lo que estaba pasando, por lo que su actitud, tan tranquila, era sospechosa.

¿Qué más da lo que diga? Ya estoy muerto de todas formas… —dijo Stephen ante la amenaza de Derek—. Lo primero que nos enseñan en el cuerpo es a no confiar en los mortifagos… En ninguno de ellos, en ninguna situación. Ahorráos las amenazan, pues no funcionarán conmigo.

Me miró tras decir eso, con una mirada cargada de rencor. Oh vamos, eras tú quién quería meter la cuca esta noche, no me eches la culpa a mí por perder la cabeza con tanta facilidad… Suspiré ante su mirada, poniendo los ojos en blanco.

Entonces supongo, en vista de tu poca cooperación, que no te importará morir —le apunté con la varita y conjuré un Crucio de manera no verbal. De mi varita salió un haz de luz directo a él, el cual le envolvió pero no le hizo absolutamente nada. Sonreí de medio lado. Miré a Derek—. ¿Cómo lo trajiste aquí? ¿Lo dejaste K.O. físicamente, no? Entonces no será inmune a los ataques físicos… Y conozco al mejor torturador físico de todos —dije, haciendo referencia a él mismo.

No obstante, seguía estando el problema de la seguridad del sujeto. Era imposible que se sintiese tan a gusto si no tenía la seguridad de que no saldríamos impunes o él saldría vivo. ¿Es posible acaso que una persona tan poco importante como él tenga un rastreador todo el rato? ¿Era una cabeza de turco? ¿Un señuelo? No sabía en lo que andaba metido Derek, pero esperaba que no nos hubieran hecho, o más bien, le hubiera hecho y yo como gilipollas me metí en medio, un giro inesperado de los acontecimientos. Pero no… quizás simplemente tenía la seguridad de que lo encontrarían porque me habían visto salir con él y con seguir mi rastro era suficiente. O quizás hablé demasiado… quizás no debería haber dicho nada…

Me acerqué a Stephen y miré a Derek.

Con tu permiso, querido, voy a hacer una cosa —le “pedí permiso” a Derek. Con la varita hice que Stephen se levantara de aquella silla, mandándola hacia atrás. Acto seguido, hice que sus manos se sujetaran al techo de la cabaña y sus pies al suelo, sin poder moverse, quedándose en una posición indefensa. Acto seguido, con unos cortes procedentes de la varita, le rompí toda la ropa, haciendo que esta cayera al suelo, dejándole exclusivamente con los calzoncillos que tenía—. Si tiene algún rastreador...—murmuré, mirando por todas partes de la ropa. Dentro de los bolsillos, en posibles bolsillos escondidos… pero nada. Tiré la ropa al suelo y la quemé por completo con un Incendio que lo redujo a cenizas— No tiene ningún rastreador.

Stephen sonrió curvadamente. Yo lo miré, con cara de mala hostia. De repente, una idea feliz me vino a la mente.

¿Dónde está su varita? —pregunté. Había que destruirla, pues lo más probable es que el mismo objeto del que nunca se desprendería o que en su defecto tendría sus enemigos, fuera aquello que podría hacer que le encontraran.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 29
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 36.600
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 626
Puntos : 451
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.