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Volverte a ver (Brad Forman)

Lluna Forman el Sáb Oct 11, 2014 6:46 pm

Cuando Brad terminó de estudiar en Hogwarts, se fue unos años a viajar por el mundo. No quería encerrarse en el Ministerio como su padre, su tío, su primo… Por esa razón, hace por lo menos tres años que no le he visto y he sabido de él muy poco. Lo que cuenta en sus cartas, que suelen ser escasas. Le gustan mucho las criaturas mágicas, y ha estado viendo muchas en distintos países. Brad es ese primo segundo que siempre se ha dedicado a cincharme y a ponerme nerviosa. Es cinco años mayor que yo, y eso le daba ventaja. Cuando empezó a ir a Hogwarts, me mandaba cartas diciéndome que Dumbledore no me quería en Hogwarts, que no me hiciera ilusiones en recibir la carta. Y así todo. Siempre ha sido un inmaduro, espero que eso haya cambiado.
No niego que su carta me ha hecho mucha ilusión, pero a su vez me causa nervios. Brad es muy guapo, tiene unos ojazos… y su pasatiempo favorito es ponerme nerviosa. Me hace preguntas incómodas, se me acerca mucho y lo peor de todo es que nunca se cuando va enserio.
Pese a todo, tenía muchas ganas de vele, así que me puse un bonito
conjunto,  maquillándome levemente, y salí hacia el pueblo un poco antes de lo previsto. Estaba tan visiblemente nerviosa que Filch me registró antes de salir del castillo. Creía que llevaba cohetes o algo así. Por suerte, no me retrasó mucho, y llegué al lugar acordado con tiempo. Esperé a Brad en la puerta de las Tres Escobas.
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Lluna FormanUniversitarios

Invitado el Sáb Oct 11, 2014 8:41 pm

El trabajo de oficina resultaba aburrido. O debería hacerlo. En cambio, la mayoría de las veces me encontraba sentado en mi despacho del Ministerio, dando órdenes (como buen jefe al que no le gusta trabajar demasiado) a otros magos que me duplicaban en edad. ¿Y las miradas que me dedicaban? ¿Como si quisiesen matarme lenta y dolorosamente y no se atreviesen? Sublimes. Pero lo mejor no era eso (podía cansarme si resultaban pesados y no podía hacer más que ladrarles, cuando lo que más me apetecía era maldecirles con mi varita), eran las criaturas mágicas. Siempre me habían gustado todas y cada una de ellas. Imponentes, fieras. Mágicas. Nada que ver con los animales muggles, aunque alguno también tuviese encanto.

Aquella mañana había estado metido entre papeles. A mi despacho había llegado el caso de un huevo de hipogrifo metido en Gran Bretaña de forma ilegal. Por supuesto, mis mejores hombres lo habían confiscado y se encontraba tentadoramente cerca de mi alcance. Me había quedado un buen rato contemplándolo, sin atreverme a tocarlo mientras lo miraba con ojos llenos de devoción. Puede que ahora fuese el objeto más vulnerable, pero cuando la criatura de su interior se hiciese adulta, resultaría una bestia de lo más temible. Tuve que pensarlo mucho para no llevarme el huevo a casa debajo de la chaqueta... pero finalmente me di cuenta que llevarme el huevo supondría un enorme montón de papeleo y responder ante mis jefazos (que aunque pareciese que no, también existían). Con gran pena, firmé la autorización para devolver el huevo de hipogrifo a su país de procedencia y volví de vuelta a mí mesa.

Cuando por fin terminó mi turno, salí de trabajar a mi hora y comí con unas preciosas compañeras del trabajo cerca de Hosmeade. No sabía sus nombres pero tampoco me importaban: una era morena y otra pelirroja, no había confusión. Pero no me entretuve demasiado. Había quedado con Llunita, a quien hacía siglos que no veía. Me despedí de mis hermosas compañeras del Ministerio y me transformé en halcón, y fui volando hasta Las Tres Escobas. Cuando estaba llegando, vi desde el cielo a una chica con gorro de lana y botas altas, rubia y preciosa. Hasta que no estuve un poco más cerca no vi que se trataba en verdad de mi prima. Mi pico no me permitía sonreír, pero de haber estado en mi forma humana lo habría hecho. En su lugar, solté un graznido y descendí en picado hasta donde estaba Lluna, tratando de llamar su atención. Todos en la familia conocíamos el miedo de Lluna por los pájaros. No podía quedarme con las ganas.

Planeé de forma vertical, como si quisiese estamparme contra mi prima, y en el último momento giré de forma elegante hacia un lado y me posé en el medio de la calle. Volví a mi forma humana y me incorporé como si me hubiese agachado a atarme el cordón de un zapato.

-¿Quién eres tú y qué has hecho con mi prima? -le pregunté acercándome a ella, en un tono de incredulidad que dejaba ver la alegría que me producía nuestro encuentro. -Me alegro de verte, primita. Tres años es mucho tiempo -tenía ganas de abrazarle, pero no era tan blando. En su lugar, le eché mi brazo encima de los hombros y le atraje hacia mí con fuerza, para dejarle mal delante de cualquiera del colegio que pudiese verle.
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Lluna Forman el Dom Oct 12, 2014 12:56 pm

Se notaba el otoño. Empezaba a refrescar por la noche, y durante el día la manga corta ya no era más que para los valientes insensatos. Por eso para ir al pueblo me puse un vestido de manga larga aunque fina, con unos leggings y botas. Estaba bastante a gusto, aun así cogí una chaqueta por si luego refrescaba más. También me puse un gorrito gris, que me tapaba las orejas, y si le daba por llover, me aislaría la cabeza un poco. Era ropa nueva, la compré en Londres. Este verano había experimentado un crecimiento en mi cuerpo y mucha de mi ropa ya no me iba bien. Altura, caderas y pecho. Al fin tenía algo más de pecho. Mi abuela me decía que empezaba a parecer una mujer. Venga ya, tengo 16 años recién cumplidos. Soy una chica grande ya.

No es que sea yo de arreglarme de más. En Hogwarts todos vestimos del mismo modo. Por suerte, cada casa tiene sus escudos y sus colores, y al estar yo en Slytherin, todo combinaba a al perfección con mis ojos. Saludé a algunos conocidos mientras esperaba a Brad. Habíamos quedado después de comer, sin hora exacta. Suele ser impuntual, así que no me extraña que llegue a la hora del té, o incluso más tarde. Lo que no había pensado hasta que vi pasar una lechuza demasiado cerca de mi cabeza, es que Brad podía transformarse en Águila. Le gustaban tanto las criaturas mágicas y no mágicas, que cuando pudo se hizo animago. Seguramente era muy útil para viajar, para pasar desapercibido y para mil cosas. ¿El único inconveniente? Que odio los pájaros, me dan miedo, no los soporto. Brad lo sabe perfectamente, y disfruta asustándome cada vez que tiene ocasión. Así que, más que estar atenta a la calle por si venía caminando, estaba atenta al aire porque estaba segura de que vendría volando.

Escuché un graznido y pude ver un águila horriblemente grande sobrevolando el cielo encima de mí. ¡Oh, no! Cuando lo miré, se puso a descender en picado, como si quisiera chocar conmigo. Como pensé que era Brad, no grité, pero me puse muy tensa apretando los dientes y con una mueca de horror en mi cara. Estaba cada vez más cerca. Me obligué a no cerrar los ojos, pero estaba tan cerca de mí, que los tuve que cerrar. Si iba a chocar conmigo no quería verlo. Al rato, los abrí. Brad estaba de pie en medio de la calle. Me dieron muchas ganas de gritarle, pero había gente en las calles y no quería ser el centro de atención. Brad se acercó como si nada, tan gracioso como siempre. Le di un puñetazo flojo en la parte derecha de su torso, más o menos en las costillas.

- Sigues siendo un imbécil. – le dije notablemente enfadada.

Por alguna razón, sabiendo que ese horrible pajarraco era  Brad, no me había dado tanto miedo. Aun así, sus bromas son demasiado pesadas y él no se da cuenta.

- Me alegro de verte, estás estupendo. ¿Qué tal todo?

Me atrajo hacia él y le di un pequeño y rápido abrazo.  No es que no sea cariñosa, que me cuesta mostrarlo, pero ahora estaba enfadada. Pasó por allí un chico de séptimo, y pasó su vista de mí a Brad, y de nuevo a mí. Pero se fue sin saludar. Es el efecto que causan los Forman en la gente normal. Los primeros años me pasaba igual cuando me veían tomar té con Matt. Envidia cochina que me tienen porque en mi familia somos todos muy atractivos.
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Lluna FormanUniversitarios

Invitado el Dom Oct 12, 2014 2:58 pm

Me encantaba transformarme en halcón y sobrevolar Londres desde el cielo. Los imponentes edificios y las altas farolasse transformaban en masas grises y pequeños puntos de luz anaranjada. Pero sobre todo adoraba perseguir a la gente. Las miradas de los niños cuando veían un pájaro de tamaño considerable hacia su dirección cada vez más deprisa me producía un efecto similar al de un buen masaje. Pero cuando en vez de un niño muggle se trataba de mi aviofóbica prima Lluna, el efecto era aún mejor. Y como éramos familia era como si tuviese hacia ella el deber de fastidiarle como buen primo que soy.

Lo cierto es que me sorprendió que tan solo al final cerrase los ojos... Pero lo importante es que lo hizo. ¡AHÁ! Ya tenía historia familiar para contar a toda la familia para las próximas navidades en caso de que nos reuniésemos todos como antaño. Seguro que a Matt le encantaba... pero sobre todo a Lluna, a ella más que a nadie.

Reí cuando Lluna me llamó imbécil. Pero lo cierto es que también estaba sorprendido. Aun enfurruñada se veía que su joven rostro había cambiado. Ya no era la niña rubia de ojos verdes que se enfadaba conmigo cuando le llevaba al Emporio de la Lechuza contra su voluntad, sino un proceso de mujer hasta con pechos y formas femeninas. Me sentía orgulloso. A mi prima se le debió pasar el enfado rápido y me preguntó que como me iba todo.

-No puedo quejarme. ¿Sabes? Tengo trabajo. En el Ministerio. Soy jefe de departamento y todo - dije con chulería. Pero oye, como para no creérmelo ni siquiera un poco. Era jefe del mejor departamento de todo el Ministerio y mis empleados me doblaban la edad, o incluso la triplicaban. Como para no ver alimentado mi ego. - Ya lo ves, he madurado. Pero no tanto como tú. -le miré de arriba abajo y le lancé un silbido como cuando veo a una chica guapa con falda demasiado corta cruzándose en mi calle. Pero a los monumentos hay que admirarlos ¿no? Seguidamente le abracé por el hombro. No era tan blando como para darle un abrazo de los otros en plena calle, quizá cuando estemos protegidos por las cuatro paredes de casa - Estás preciosa ¿sabes? Y ya no eres una tabla. Me alegro. Tenía miedo de que no te valiese el vestido que te mandé y tuvieses que comprar urgentemente un par de cocos para meterte de relleno en el pecho. - reí, mirándole con malicia - Pero bueno, demos tiempo a tus pechos a que crezcan. No es tarde. Aún hay esperanza. ¿Qué tal te va todo? ¿Eres buena en el cole? Espero que no. - sonreí. Dios mío ¿desde cuándo me he vuelto tan hablador? Brad, tienes un encanto irresistible,pero deja hablar un poco a la chica ¿no?

Entonces vi como Lluna se quedaba mirando a un chico que pasaban por delante de nosotros, pero ni él le dijo nada a ella ni ella le dijo nada a él. Lo poco que vi del rostro de él me pareció notar cierta envidia. Sonreí con suficiencia. Además de famosos por nuestra impecable sangre limpia desde los orígenes de los tiempos y de haber sido Slyhterin todas y cada una de nuestras generaciones, los Forman éramos guapos como nadie. La economía, la magia y la genética nos sonreían. Éramos magníficos.

-¿Quién era ese, tu novio? - torcí media sonrisa burlona- ¿Sabes? Si aún no tienes uno, yo me preocuparía. Ya tienes edad suficiente... Aunque claro, los Forman somos diamantes en bruto, no hay muchos que sepan pulirnos. - Aunque a mis dos compañeras del Ministerio, con las que había ido a comer, no me importaría pulirlas...
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Lluna Forman el Dom Oct 12, 2014 10:10 pm

Desde que tengo memoria, el juguete favorito de Brad soy yo. Luego es un trozo de pan, me da abrazos y es cariñoso. Pero primero tiene que chinchar, hacerme rabias y verme cabreada. Empiezo a pensar que mi ornitofobia en parte es culpa suya. Seguro que de pequeña me asustó con algún pájaro muerto, o me llenó el cuarto de aves mientras dormía tranquilamente. Es algo que nunca me confesará, pero yo tengo ciertas dudas. Una vez incluso me llevó literalmente a rastras hasta el Emporio de la lechuza, la peor tienda de todo el callejón Diagón. Debería odiar a este bandarra, pero lo cierto es que no puedo. Se hace de querer. Si en verdad lo necesito, está ahí. Cuando me contó la mentira sobre Hogwarts, que yo no podría ir, me puse a llorar. Pensé que igual mi padre era un sucio muggle y por eso yo no tenía derecho a ir al colegio de magos y brujas. Brad me abrazó muy fuerte, y me dijo que solo era una broma. Que con mi sangre mágica de parte de los Forman tenía bastante para entrar. Aun así, de vez en cuando me incordiaba con ello. Aprendí a ser fuerte, y en parte es gracias a él. Por la cercanía de nuestras familias, lo veía casi todos los días. Es como un hermano, se puede decir. Aunque más bien un primo segundo muy guapo con el que no me importaría volver a compartir cama.

Le llamé imbécil y le di un puñetazo flojo. Hay veces en las que me saca de mis casillas. Al menos pude controlarme para no gritar ni salir corriendo cuando vi esa enorme águila tan cerca de mi. No quería darle esa satisfacción.
Por hablar de algo, le pregunté que tal estaba. No quería empezar con mal pie, ya enfadada. Me apetecía saber sobre su vida. Ha viajada mucho, seguro que ha visto cosas muy chulas. Había tenido suerte con el trabajo, finalmente entró en el Ministerio. Era Jefe de su departamento, a su edad.

- Madurado dice… Seguro que había cien magos mejor preparados que tu, pero eres un enchufado. Seguro que Matt te ha ayudado… No tiene mérito.

Brad estaba demasiado altanero con lo de su trabajo, y yo sabía de buena tinta que era un privilegiado, había conseguido llegar a Jefe gracias a mi tío Matt. Y suerte que la familia Forman tiene gran fama e influencias.
Me puse un poco roja cuando Brad se fijó en mí, diciendo que estaba más mayor.  Podía ocultar mi vergüenza delante de otros chicos, pero no de Brad.

- Es vestido es precioso, lo usaré en navidades. Me queda perfecto. Tienes un gusto excelente a pesar de ser un capullo. Deja de mirar los pechos de tu prima, degenerado.

Crucé mis brazos por encima de mi pecho, como queriendo ocultar el bulto. Le saqué la lengua burlona.

- Soy buena en el colegio en lo que respecta a las clases. Y en todo. No suelen castigarme ni quitarme puntos, soy muy discreta. – me reí con maldad.

Brad estaba en sexto cuando yo empecé en Hogwarts, y fue el encargado de enseñarme muchas cosas. Quizás por eso no entablé muchas relaciones durante mis primeros años, casi siempre estaba con él y sus amigos de Slytherin. Aprendí bastante escuchando y observando de ellos.

Pasó un chico de sexto mientras Brad y yo estábamos agarrados y hablando, y me miró demasiado. Casi tropieza. Me reí de él. Los hombres de mi familia son extremadamente atractivos, la gente no está acostumbrada. Además, ese me conocía. Es un sucio Hufflepuff, que le den.

- No, no es mi novio ni de cerca. Es un asqueroso de Hufflepuff. Yo no voy a caer tan bajo.- puse cara de asco. Mi primo me dijo que era para preocuparse si a mi edad aun no tenía novio. – Matt dice que no hace falta tener pareja para pasarlo bien… Tengo que hacerle caso a él, es como mi padre. – le miré desafiante. - Yo prefiero divertirme.  
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Invitado el Lun Oct 13, 2014 5:49 pm

Lluna hirió mi orgullo cuando dijo en voz alta y sin ningún pudor que había entrado al Ministerio por obra y gracia de nuestro querido Matt. El gesto de sorpresa solo me duró un segundo. ¡Cómo se atreve la mocosa! Aparte de sus formas femeninas, le han crecido las agallas. Y aun así había conseguido ir a Slytherin y no a Gryffindor, como debía ser. En el fondo estaba orgulloso. Y además las mujeres difíciles... bueno, tenían su punto.

-¡¿Cómo te atreves a insinuar que Matt me ha ayudado?! - pregunté fingiendo estar escandalizado. -Digamos que Matt me abrió la puerta del despacho, el camino a mi escritorio lo recorrí yo solito como buen Forman. - alcé la cabeza con altivez. Aun medio bromeando, nunca sería capaz de reconocer que Matt me había ayudado tantísimo con el trabajo, aquello ya estaba siendo bastante confesión. -Déjame que te diga que en eso te equivocas, primita. Sí que tiene mérito. Y mucho. ¿Tú viste mis notas de Hogwarts? - El día que legué a casa y le dije a mis padres que era jefe de departamento en el Ministerio, papá abrió su mejor botella de whisky de fuego y mamá se pasó el resto del día hablando por la red flu con cuantos familiares y conocidos recordó. Con mis notas, nadie esperaba que llegase a más que un simple celador... y miradme todos, 21 años y jefazo. Y lo mejor es que si alguien me cabrea en horas de trabajo, puedo azuzarle una criatura mínimamente peligrosa y decir que ha sido un accidente. -¡Oh! Y la próxima vez que digas que hay magos mejor preparados para el noble cargo que desempeño con gran esfuerzo todos los días cuando podría estar viajando por el mundo OTRA VEZ - recalqué, pensando en lo mucho que le fastidiaría que le recordase el sentimiento de libertad cuando ella estaba encerrada en ese castillo hasta las vacaciones - te cuelo un hipogrifo entre las sábanas para que te haga compañía por las noches. - No sabía si los hipogrifos le darían miedo, pues solo eran mitad pájaro... Pero era algo que podía solucionarse fácilmente en caso de necesidad. Ya lo había hecho antes.

Cambiamos de tema y hablamos de su vestido. Yo ya sabía que le iba a quedar precioso y ella también me lo había dicho ya en su carta, pero al decirmelo en persona sonreí como si fuese un niño. Las mujeres preciosas estaban aún más preciosas con vestidos tan preciosos como ellas. Eso era algo que mis numerosos encuentros con mujeres me habían enseñado. Pero además, eso les hacía felices. Y ver a mi prima feliz no tenía precio. Qué le iba a hacer, en el fondo le quería. Reí con ganas cuando dijo que le dejase de mirar los pechos. Me encgó de hombros y se los miré más descaradamente hasta que se los tapó con los brazos.

-No te avergüences primita, los monumentos están para admirarlos. Aunque ciertamente los tuyos están en proceso de restauración - bromeé, aunque no seguí más con el tema. No quería que me lloviesen guantadas, aunque una parte de mí, más morbosa, no lo viese tan mal. Sonreí cuando dijo que era buena en el colegio, en las clases y en sus técnicas de ocultación. ¡Y aún no sabía aparecerse! Aunque me dolió pensar que en ese sentido me superó, a mí me habían pillado algunas veces haciendo novillos... Maldito Filch. -Me alegra saberlo. Pero ya sabes, aprendiste del mejor.

Puse cara de repugnancia cuando, estando agarrados, le pregunté a Lluna si el chico que nos acababa de mirar era su novio y dijo que era de Hufflepuff. Lástima que no nos hubiésemos encontrado a solas, en un oscuro callejón, él y yo, con máscara, capa negra y varita incluidas...

-Si me dices lo contrario, te echo un maleficio. - le dije a mi prima con rostro serio. No olvidaba la mancha que había supuesto para el linaje de la familia la clase de persona con que se había relacionado mi prima, la madre de Lluna. Y mi primita había resultado más como la rama materna que la paterna... pero no podía evitar preguntarme si era verdad lo que se decía que los hijos pueden llegar a comerter los mismos errores que los padres. Bueno, de ser así seguro que o Matt o yo nos encargábamos de que no sucediese otra vez. Pasamos a hablar de los novios y le chinché diciendo que debía austarse si a su edad no había tenido ninguno, pero Matt le había enseñado bien. Tío, Matt, eres un blando. La niña-no-tan-niña te sonrie y te conviertes en pastel de arándanos... Reí cuando dijo que prefería divertirse. Esa frase era cien por cien de Matt. ¿Qué sabría ella de aquello a su edad? -Y dime ¿cómo te gusta divertirte? - le pregunté mientras nos guiaba, aun agarrados del hombro, hacia el interior de las Tres Escobas. Se había levantado una ráfaga de viento y no quería que ninguno nos resfriásemos, que luego Matt seguro que me echa la bronca si se entera...
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Lluna Forman el Lun Oct 13, 2014 11:12 pm

No iba a dejar que solamente Brad me dijera cosas, soy mayorcita y se defenderme. Por eso lo ataqué en donde más le dolería. Ha vuelto y tiene un trabajo, pero no todo son méritos propios. Estoy seguro de que Matt le ha ayudado, y seguro que alguien más. Tenemos familia en el Ministerio. Lo que es un record es que esté de jefe, con su corta edad. Es como si al salir de Hogwarts me pusieran a mi de Ministra. Asentí sonriendo al ver que había conseguido darle donde duele.

- Tus notas eran un poco una catástrofe, pero siempre fuiste bueno en CCM. Recuerdo que metías bichos en tu cuarto… -puse cara rara.

Sus amenazas siempre tenían que ver con criaturas mágicas, y si sus amenazas van dirigidas a mi, son criaturas mágicas con alas, o pico, o garras. Él también sabe dar donde duele. Por eso su nueva amenaza fue meter un hipogrifo en mi cama.

- No quiero que metas bichos en mi cama. Y tampoco creo que puedas. ¿Cómo vas a entrar en Hogwarts? ¿Y cómo sabes tu que yo duermo en mi cama?

Para chula yo. Encontrar algo en mi cama sería malo, asqueroso y me daría un buen susto. Pero encontrar algo con garras, pico o alas sería aun peor. Espero que no lo note, o lo hará. Se que lo hará. Será su manera de demostrarme cariño…
Le agradecí a Brad el regalo que me hizo por el día de mi cumpleaños. Aunque un poco retrasado de día, el vestido era precioso. Podría estrenarlo en navidades, si es que al final se hacía la fiesta de navidad en casa de Matt. Yo no hago más que dejarlo caer, a ver si me da permiso y voy invitando a mis amigos. Con Brad aquí, la fiesta sería aun más divertida. Cuanta más gente con categoría, mejor. Como no dejaba de decir que estoy crecida y de mirar mis pechos, los tapé con los brazos. Más bien crucé mis brazos, queriendo parecer indignada. Esas son las cosas que hace Brad y que hacen que me ponga nerviosa. ¿Es que no se da cuenta?
Y su forma de decir cosas bonitas, que era entre halago y pedrada. “No te avergüences primita, los monumentos están para admirarlos. Aunque ciertamente los tuyos están en proceso de restauración.” Es como contradictorio. Soy guapa, pero estoy en construcción. Preferí no seguir con el tema, o me iba a poner colorada. Hablamos mejor de Hogwarts, le conté que soy buena estudiante, y que nadie me coge en mis travesuras. Y como no, se atribuyó el mérito.

- Si tú siempre estabas castigado… Tu cara de niño pillo no ayudaba. Mi cara en cambio, si. – puse una sonrisa tonta, cerrando un poco los ojos. – Señor, juro que yo no he hechizado a ese alumno para que se caiga de bruces. – puse voz idiota, como de niña tonta y luego solté un risotada más maligna.

Brad me tenía agarrada en un abrazo, y justamente pasó un chico que me miró demasiado. Mi primo quiso saber si era mi novio, y le comenté que no era más que un asqueroso tejón. Se que no le gustaría verme con alguien inferior a mi, ni a mi tampoco.

- Me gustan otra clase de chicos… - le miré como distraída, de arriba abajo.  

También le conté lo que Matt suele decirme sobre los chicos y las relaciones. Lo de divertirse estaba resultando divertido, sin duda. Brad me guió, agarrados como estábamos hasta el interior de las Tres Escobas. Fuera hacía frío. Nos sentamos en una mesa libre y no tardamos en ser atendidos.

- Una cerveza de mantequilla, claro. – pedí.

Es lo único decente que se nos permite a los menores de edad. La camarera anotó nuestros pedidos, y salió a buscarlos. Aun tenía que contestar la pregunta de Brad.

- A ti te lo voy a contar… -me hice la interesante. - ¡Eres un morboso! ¿Te pregunto yo a caso que con cuantas chicas has estado durante estos años sin vernos? No, no lo hago, porque soy una señorita.

La verdad es que tampoco quería saberlo. Pensar en Brad con otras chicas me hacía poner rabiosa. Yo había experimentado cosas con chicos, pero sin llegar a eso del sexo. De momento me parecía muy lejano.
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Lluna FormanUniversitarios

Invitado el Miér Oct 15, 2014 8:48 pm

Al igual que yo conocía los puntos débiles de mi prima aun después de tanto tiempo sin vernos, ella conocíalos míos. Aunque en un principio me alteré, cuando mencionó CCM y las múltiples criaturas no-humanas que pasaban conmigo muchas noches en mi dormitorio, puse una sonrisa tonta y me quedé mirando al cielo, recordando con nostalgia esos bonitos tiempos. Nunca olvidaría la cara de mi querido amigo Stephen cuando despertó con un bowtruckle aferrado al poste de su dormitorio... El director tuvo que llamar al profesor de CCM para hacerlo salir. Podría haber ayudado a Stephen, podría habérselo ahorrado,... pero el muy despreciable se había estado besando el día anterior con una sangre sucia de Hufflepuff. Aunque desde el incidente del bowtruckle habíamos dejado de ser amigos, mi amistad con él se había roto cuando le vi besando esos sucios labios fétidos de la hija de muggles.

Volví a la realidad, miré a mi prima y me encogí de hombros.

-El invierno en las mazmorras es frío y húmedo y mi manta no era lo suficientemente gorda, con algo tenía que abrigarme. - Podía haber dormido alguna noche con alguna de mis compañeras... pero tenían los dientes más afilados que las criaturas mágicas, a quienes siempre había sabido como había que tratar para ganarte su respeto. Me fijé en la cara que tenía mi prima y le miré con ojos entrecerrados -¿Por qué me miras así? A tí también te gustaba. ¿Recuerdas cuando te metí ese gatito tan regordito cuando estabas en primero? "¡Qué bonito es, Brad, parece un pompón!" - Y qué vocecita tan dulce tenía, de niña inocente... Pero de inocente ni un pelo. Ya nos habíamos encargado mis amigotes y yo de eso. Y ahora no había más que ver los resultados, claro.

Cuando vi como le entró el pánico cuando le amenacé con meterle un hipogrifo en la cama si no dejaba de hablar de las dudosas condiciones en que conseguí mi trabajo, reí. Con malicia sobre todo. ¿Así que el hipogrifo también te da miedo aunque sea solo mitad pájaro, Llunita? Interesante...

-Un buen mago nunca revela sus secretos. - le dije con tono enigmático - Sé que duermes en tu cama porque tengo contactos en el colegio. - puse los ojos en blanco y resoplé. La verdad es que para ser una mentira hasta yo mismo me lo creía. Lo cierto es que tenía muchos contactos y que todo el mundo conocía a alguien que iba a Hogwarts, pero no podía acotar tanto la red como para saber si mi prima dormía o no en su cama. Lo cierto era que me entraba curiosidad. Y envidia. La chica era guapa, pero yo también lo era a su edad y no se metió ninguna belleza de género humano en mi cama. ¿Sería posible que en Hogwarts hubiese alguien mucho más guapo yo? Me pasé una mano por el pelo distraídamente, para colocarlo desenfadadamente. Igual es eso, que el aire me ha despeinado y me ha descolocado las ideas... Llunita siguió hablando de que era mejor yo, porque a mí me pillaban y a ella no. Hizo una demostración de como hacía de pobre víctima inocente que justo pasaba por allí en el momento de los hechos pero que no tenía nada que ver. Pero qué ojazos tiene... me enorgullezco al ver que tiene más de Forman. Igual era eso, que es una chica bonita y consigue ablandar a los profesores. Aunque con Snape... No, probablemente sea otro truco. Antes de derretírsele el corazón de ternura, se le derretiría el pelo de la grasa. Y no he leído nada parecido en la prensa, con lo cual debe seguir conservando el pelo. Creo. -No, seguro que no tuviste nada que ver. Solo le diste un empujoncito. O le ataste los cordones de los zapatos entre sí. O le hechizaste. Venga dime ¿cuál fue? - Aunque lo cierto es que ese instinto... Podía serle muy útil al Señor Tenebroso. Y Lluna estaba a punto de terminar los estudios. ¿Habría pensado ya qué querría hacer después de Hogwarts? Sería fantástico que hubiese otro Forman más junto al mismísimo Lord Voldemort... y así Llunita podría limpiar cualquier impureza en su sangre procedente de su padre. Todos ganarían.

Cuando pasó el chico que nos miró descaradamente, comenzamos a hablar de si era o no su novio. Mi prima dijo que le gustaba otra clase de chicos mirándome con una mirada distraída. Seguro que se hacía de rogar. El misticismo femenino. Te atrapan en sus redes para que sientas curiosidad y luego aunque quieras no puedes escapar. O no quieres. Pero probablemente lo de Lluna era un farol. O quizá se le había pegado el encanto de Matt a la hora de relacionarse con el sexo opuesto. Pero no me dio tiempo a replicar, pues la conversación siguió su curso (y nosotros hacia el interior de las Tres Escobas) y de nuevo como dicho por Matt, dijo que le gustaba divertirse más que una relación seria. ¿Pero acaso sabía ella lo que era divertirse? ¿A su edad? me moría de curiosidad, así que pregunté. En ese momento reparé en la  camarera que aguardaba a mi lado, empezando a mostrar los primeros signos de impaciencia. ¡Oh, cierto, el pedido!

Le dediqué mi cara más encantadora y la sonrisa más amplia y que mostrase mis blancos y resplandecientes dientes.

- Discúlpame preciosa. Tanta belleza a mi alrededor lo dejan a uno atontado. - le guiñé un ojo de forma pícara mientras movía mi cabeza lo justo para que me cayese sobre la frente EL rizo. No un rizo, no, EL rizo. El rizo que me daba el toque perfecto de canalla y galán. - Para mí un whisky de fuego - dije la última palabra con un susurro de voz, masticándola y diciéndola lentamente. Quería que sintiese el fuego dentro de ella, a ver si así cambiaba la cara de haber chupado limón.

Cuando la camarera dio media vuelta para irse, guiñé un ojo a Lluna, como diciendo "sé cual es tu truco pero yo también tengo uno". Ella respondió a la pregunta que había quedado sin contestar cuando nos vino a interrumpir la camarera. Y reí. Mucho. tanto que mis risas retumbaron en el bar, a pesar de que siempre está lleno de gente, y pude notar en mi espalda el golpe frío de la mirada de la Camarera Limón (aunque obviamente le ignoré, mi prima era más importante en ese momento). Esta Lluna... No sé que me hizo más gracia, que me llamase morboso (bueno sí, quizás lo sea un poco), el comentario de con cuantas mujeres me había acostado (mejor dejarle con la intriga y que siga con las expectativas altas, no seré yo quien desmorone la idealizada figura de su estupendo primo Brad) o que se definiese como señorita (¿Lluna? ¿Una señorita? Y yo soy calvo y no tengo dientes. Una cosa era la imagen que quisese dar, pero a mí no me engañaba...).

-Bueno, están las tres Slytherin con las que estuve saliendo a la vez en quinto... - Historia real (aunque no llegué a eso del sexo con ninguna). Auténticas víboras todas ellas, me pasé una semana en la enfermería cuando se enteraron y decidieron aliarse para vengarse de mí. - Pero dado que tú no me revelas tus secretos, yo no te revelaré los míos. - y añadí, con una mueca de burla-  Señorita.

La Camarera Limón apareció en ese momento con nuestros pedidos. No quité los ojos de Lluna mientras le servía su cerveza de mantequilla, y solo cuando vi su mano aparecer en mi campo de visión con el whisky que había pedido, solo entonces me digné a mirarle.

- Eres un verdadero encanto. - le dijé con voz suave y una media sonrisa - Tú sí que sabes atender a los clientes... - Traducción: volveremos a vernos las caras. Lo cierto es que ahora que había dejado su acidez limonera a un lado era hasta guapa. Y seguro que ella agradecía servir whisky a un joven en vez de siempre a tanto viejo desaliñado. Qué le iba a hacer, me encantaba coquetear y jugar a seducir. Aunque el sexo era distinto. El sexo había que ganárselo.
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Lluna Forman el Jue Oct 16, 2014 1:11 am

Me iba a costar mucho estar al nivel para mantener una conversación con Brad sin que me dejase especialmente mal. Conozco algunos de sus oscuros secretos, pero él conoce demasiado bien como soy. Le piqué con lo de su recién estrenado trabajo. Sin la ayuda de Matt no lo hubiese conseguido. Sus notas eran bastante malas, pero destacaba mucho en CCM. Llegué a escuchar que el profesor que tenían se enfadaba con él por saber más de la cuenta. ¿Qué le vamos a hacer? La curiosidad innata de Brad por las criaturas era de siempre, y los conocimientos nuevos que aprendía se el grababan a fuego en el cerebro. En cambio, ni siquiera recordaba como preparar una poción de las sencillitas.
Se quedó un momento pensativo, y luego volvió al ataque.

- ¿Pasabas frío? Venga ya, Bradley. – pronuncié su nombre completo, con una sílaba final muy alrga. - Sabes que las chicas podemos subir al dormitorio de los chicos, ¿no?  ¿Ninguna se ofrecía a calentar tu cama?

Que idiotas pues. Dormir con Brad era lo mejor. De niños, dejaban a Brad dormir conmigo, o a mí con él cuando iba a su casa. Siempre me abrazaba y me daba besos en la frente cuando me creía dormida. A veces, para despertarme, me hacía cosquillas o me daba besos en el cuello hasta que me despertaba. Por más cosas feas que me diga, solo por ello, no puedo enfadarme con él. Me recordó la vez que puso a un gato a dormir conmigo.

- Era muy suave. Fue bien hasta… - cambié mi tono de voz, enfadada pero sin gritar.- Hasta que vino su dueña y me acuso de haberlo robado.

Mejor un gato que un hipogrifo, sin duda. Las malas intenciones de Brad se le podían leer en los ojos. Esos ojos verdes, en ocasiones casi grises, tan hermosos como un día nublado. Por más que intente meter semejante bicho en mi cama, no tiene como hacerlo mientras esté en Hogwarts. Y en casa de Matt menos aun. Matt respeta mi fobia, aunque a veces haga bromas, jamás me haría algo así. Brad si. Le quise hacer creer que no dormía en mi cama. Como si tuviese con quien dormir en Hogwarts. Puse cara de no-me-creo-nada cuando dijo que tenía contactos en el colegio.

- Esos contactos tuyos no deben ser lo bastante buenos.

Quise zanjar ahí el tema. Me quedé un poco atontada al ver a Brad tocar su cabello, y colocarlo desordenadamente ordenado otra vez. Aun no entiendo como es que dormía con bestias en lugar de con mujeres en Hogwarts.
Quizás porque siempre estaba metido en líos. A mi entender, eso hace interesante a un chico. Solo porque a mi no me habían pillado y a él si, le di a entender que yo era mejor que él camelando a la gente. Brad insistía en saber que el hice a aquel alumno.

- ¿No te lo imaginas? Le até los cordones mientras estaba en clase, y cuando fuimos a salir, le puse mi pierna delante y tropezó. Como tenía los pies juntos, no se podía ni levantar. Fue muy gracioso, y claro, me reí. Pero el profesor Snape no me dijo nada. No tenía pruebas de que había sido yo, pues éramos muchos en clase.

Le expliqué la historia a mi primo con aires de grandeza. Lo que no quise contarle, es que el profesor Snape me tenía tanta confianza como para pedirme que estuviera pendiente de los movimientos de ese Potter. De momento, mejor no hablarlo con nadie.

No me gustó que Brad pensara eso de mí. ¿Un Huffleppuff como novio? Vale, no llevaba el uniforme, pero se le notaba a leguas que no era de Slytherin. Ni siquiera de Ravenclaw. Un asqueroso tejón.
Entramos en las Tres Escobas después de eso. Brad seguía con al curiosidad de saber cosas sobre mi, y yo no le quise decir nada. La camarera llegó muy atenta, y yo pedí en seguida. No es que una bruja menor de edad tenga muchas opciones en este lugar. La mujer esperó a que Brad pidiera, y este, como hechizado, se puso a hablar con ella ligando. Le sonrió encantador, dejando los modales del mago más poderoso a la altura del betún. Conmigo no es nunca así… Brad pidió un whisky de fuego. Eso si que es delicioso. Matt me dejó probar un poco en una ocasión, y por poco no puedo volver sola al castillo. Es fuerte.

Cuando la camarera se hubo marchado, y de nuevo tuve toda la atención de Brad, le dejé claro que no iba a contarle nada sobre mi vida más intima. Lo cierto es que hasta el momento no tenía mucho que contar. Y lo que podía contar, no era como para airearlo. Me imagino explicando a Brad: este verano ligué con un par de muggles, porque jamás había besado a un chico y quería saber que se siente. Y de paso quitarme un poco los nervios en ese tipo de asuntos. Claro, lo conseguí. Pero desde entonces, no hay mucho más que contar. Las carcajadas de Brad serían terribles de nuevo, incluso más fuertes que las de ahora.  Podrían escucharlas desde el castillo mismo. Era preferible hacerme la dura. Por eso, le dije que no se lo iba a contar porque él tampoco iba a decirme con cuantas chicas había estado. Pero, por sorpresa, después de tantas risas, empezó a contarme algo. En quinto había estado saliendo con tres chicas a la vez. Que ganas…

- Si lo que quieres saber es si ha habido sexo, te diré que no. – dije con un tono entre enfado y pasotismo.

Muchas chicas de sexto, quizás lo hagan cada día o cada noche. Pero yo justo empiezo a socializar con gente. Con chicas, con chicos… Aun me falta para ponerme un camisón elegante y salir de la habitación de las chicas para no volver hasta la mañana siguiente, como O. Y no me importa. No es que lo crea algo importante, pero no voy a hacerlo con cualquiera. Ante todo, me respeto a mi misma.
Se creó un silencio algo incómodo, que Brad no tardó en llenar con burdas adulaciones cuando la camarera regresó a nuestra mesa con las bebidas. ¿De verdad, Brad? Madame Rosmerta debe tener como cuarenta años o más. Tiene unos ojos verdes muy bonitos, y lleva el pelo muy elegante, pero es una vieja. Ai, Brad. Claro, a la camarera le gustaron las adulaciones.  No debe estar muy acostumbrada a ellas, y menos si es un joven apuesto como mi primo el que se las profiere.
Me quité el gorro de lana que llevaba puesto, y el abrigo. Azucé un poco mi pelo, para que no quedase demasiado despeinado. Dentro del pub se estaba muy bien. Le di un sorbo a mi cerveza de mantequilla mirando distraída por la ventana, viendo mi reflejo.  
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Invitado el Sáb Oct 18, 2014 6:17 pm

Lluna no se tragó que me acostase con criaturas mágicas por las noches, en mis tiempos de Hogwarts, solo porque pasase mucho frío. Puede que ahora hubiese cambiado, pero lo cierto es que en temporadas muy lluviosas la humedad llegaba pronto a las mazmorras. Era entonces cuando era fácil verme junto al calor de la chimenea de la sala común, y no buscando calor en otros seres… aunque no todos los humanos (especialmente de sexo femenino) buscaban lo mismo. En cambio con las criaturas mágicas no me había pasado eso. Respétalas, cuídalas bien y te habrás ganado fieles y leales amigos para toda tu vida. Muchas de ellas me habían llegado a respetar más que al mismísimo profesor. Pero todo requería su tiempo.

Me estremecí cuando mi prima me llamó por mi nombre completo.

- No me llames así, no me gusta. No eres mi madre – Ella era la única que me llamaba así. No me gustaba que me llamasen por mi nombre completo pero en cierto modo en ella lo toleraba. Supongo que era la costumbre – Y claro que sé que las chicas podían subir a nuestro dormitorio – respondí. Y de hecho alguna lo hizo, pero cuando yo estaba en los últimos cursos y mi masculinidad se había desarrollado. Luego dicen de los hombres, pero ellas son también unas interesadas… - Lástima que no sea al revés. Hubiese sido más divertido… - dije con una sonrisa pícara. Si nos hubiesen dejado a los chicos subir a los dormitorios de las chicas con la misma facilidad que ellas les dejaban subir a los nuestros, seguro que en cuestión de una semana habríamos terminado con el castillo. Aun así, habría sido un riesgo que hubiese corrido alegremente. A la mierda el equilibrio y esas pamplinas. Yo valoraba la diversión por encima de todo.

Pero lo cierto es que con la pregunta de Lluna también vinieron a mi mente otros recuerdos más dulces e íntimos, esos que no compartía con nadie ni quería que nadie más se enterase. Cuando éramos pequeños y Lluna venía a casa o yo iba a casa de Lluna, solíamos dormir juntos porque éramos los Forman de edades más próximas. Era tan bonita, con sus ojitos verdes y brillantes llenos de curiosidad y sus largas trenzas rubias, una a cada lado de la cabeza, que teniéndola dormida junto a mí no me salía más impulso que abrazarle muy fuerte contra mi cuerpo y darle tiernos besos en su frentecita. Los despertares eran más divertidos. Cuando Lluna dormía profundamente perdía toda aura de dulzura al quedarse dormida con la boca abierta y las babas manchando la almohada, nuestra almohada. Lo cierto es que también me daba un poco de asco pero eso nunca se lo dije. Para despertarle, solía hacerle cosquillas tanto en los costados como en la espalda, aunque otras veces le daba tiernos besitos en el cuello, según estuviese de ánimos. Ya en Hogwarts, cuando crecimos un poco más, solía despertar a mi prima con un inquilino entre sus sábanas, la mayoría de ellos de la clase que sabía que le gustarían (menos la vez que se despertó con una acromántula abrazada a ella. Sus gritos pudieron oírse seguro que desde la torre de Astonomía).

Me encogí de hombros cuando me recordó lo del gato.

- Yo no lo robé, el gato se vino conmigo sin rechistar – no tuvo nada que ver que tuviese las manos llenas de olor a atún, qué va. Después me quiso hacer creer que no dormía en su cama cuando le amenacé con colarle un hipogrifo, pero le dije que tenía contactos en el colegio y que sabía que dormía en su cama todas las noches como una niña buena. Nada más lejos de la realidad. Ella debió de darse cuenta pero en vez de decirme directamente que era un mentiroso, dijo que mis contactos no serían suficientemente buenos. Le miré con una sonrisa torcida y lleno de orgullo. Tanto si dormía en su cama como si no (lo cual era muy improbable), con aquella respuesta había demostrado que al menos se le había pegado algo de los Forman, tanto de parte de Matt como de parte mía. Me gustaba pensar que, mientras Matt era la buena influencia, yo era la mala. Era más divertido. Y ella después demostró que también le gustaba divertirse, aunque a su manera, cuando me comentó la jugarreta al otro alumno. Reí – Bien hecho primita. Sigue así. Demuéstrales quien eres – Me quedé en silencio un segundo, observándole, y añadí: - pero que no se te suban tanto los humos. Eso que hiciste está muy bien, pero no es nada comparado con lo que podrías hacer el terminar Hogwarts. - ¡Alístate en el lado oscuro! No creo que Voldemort tuviese galletas, pero sí una bonita máscara para ella.

Entramos en las Tres Escobas y no tardó en llegar una camarera. Al principio no le hice ni caso y me gané su peor mirada, pero luego volvió a endulzarse cuando me deshice en halagos y piropos. No era mi tipo ni mucho menos, pero era bastante guapa teniendo en cuenta su edad. Y siempre venía bien llevarse bien con un camarero. A cambio, ella ganaba buenas vistas en un mar lleno de borrachos medio calvos y con barba de tres días. Cuando la camarera hubo anotado los pedidos y Llunita y yo volvimos a quedar solos, me propuse saber cuanto pude y más de sus intimidades. Mi prima no soltó prenda hasta bien al final, cuando hice como le iba a contar el incidente con las tres Slytherin en mi quinto año para al final dejarle con las ganas. Entonces Lluna habló y sonreí. Había hecho efecto. Mi sonrisa se amplió más cuando dijo que no había tenido sexo aún. ¿Es que no sabes que me lo estás poniendo en bandeja, querida? Aunque lo cierto es que también sentí algo de lástima por ella. No estaba bien, ya tenía una edad como para que los chicos se fijasen en ella, era de buena familia y además era bonita. ¿Qué mosca les había picado a los chicos del colegio?

- ¿No? ¿Nada de nada? Quizá deberías dejar de ponerte los pijamas de patos y de flores que te mandan mis padres. – O mejor dicho mi madre. Mi padre y yo desistíamos de decirle nada, pobre de aquel que osase contradecir a mamá. – Pero mirándolo por el lado bueno, ya sé qué regalarte las próximas Navidades. – sonreí como un niño pequeño. A grandes males… ¿Y lo preciosa que estaría mi prima con un camisón de seda negro?

Permanecimos un rato en silencio hasta que la camarera regresó con nuestras bebidas. Me deshice de nuevo en halagos y esta vez sucumbió más deprisa. Lógico. ¿Quién es capaz de resistirse al encanto Forman? Pero tenía trabajo que hacer y se marchó de nuestra mesa tan pronto le llamaron de otra mesa. Cogí mi copa de whisky y le di un sorbo. Cerré los ojos y suspiré. La primera vez que pruebas la bebida puede ser una sensación molesta, el sentir el fuego atravesando la garganta hasta el estómago y llenándote de calor… pero luego te acostumbrabas. Y en días húmedos y ventosos como aquel, así como en el frío y difícil invierno, era un gran remedio para entrar pronto en calor.

- Qué rico – dije para mí. Volví a apoyar la copa en la mesa y miré a mi prima. Se había quitado el gorro y estaba con la mirada clavada en la ventana, como pensativa - ¿En qué piensas? – le pregunté. Después el calor del whisky me subió rápido por el cuerpo y empecé a sudar, y me levanté muy deprisa (no quería mancharme mi preciosa ropa de marcas de sudor, sería muy ordinario) para quitarme mi abrigo. Lo dejé colgado detrás de mi silla, de tal forma que no se formase ni una arruga. El aspecto físico era importante. – Por cierto ¿cómo está el bueno de Matt? – le pregunté. Llevaba tanto tiempo sin saber de ella como de mi primo, y ahora que volvía a estar en la ciudad quería verle, como en los viejos tiempos. Además tenía que invitarle a algo después de que me ayudase a entrar en el Ministerio, había sido todo un detalle por su parte. Cuando entré había tenido la esperanza de encontrármelo algún día por los pasillos, aunque estuviésemos en distintas plantas. Pero o él trabaja aún menos que yo, o había asentado la cabeza y dedicaba todo su tiempo laboral a trabajar como un chico bueno y formal. Bueno, si era así, iba siendo hora de que llegase su primo para hacerle entrar en razón y que otros hiciesen su trabajo. Era tan jefe como yo y debían obedecerle.
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Lluna Forman el Lun Oct 20, 2014 1:24 am

Se que llamar a Brad con su nombre completo es algo que le saca de quicio, tengo que aprovechar. Con él no tengo muchas oportunidades, tengo que aprovecharlas todas. Su mayor entretenimiento es pincharme. Se lo tengo que devolver como puedo, y mientras puedo. No le gusta que le llame así. Yo solo lo hago, y me río.

- Es que suena más cariñoso.

Brad sabía de sobras que las chicas podemos subir a las habitaciones de los chicos, solo estaba usando la ironía con él. Por suerte los chicos no podían meterse en nuestros dormitorios, o no habría forma de dormir. Aunque, me pregunto si alguna vez algún chico intentaría colarse en mi cama. Y pensándolo bien…

- O sea, que cuando metías todos esas criaturas en mi cama… ¿Tenías una compinche chica? ¿Quién? – pregunté. Me mataba la curiosidad. - ¿O es que también los elfos domésticos eran amigos tuyos?

Si algo me habían enseñado desde siempre, era a valorar el trabajo de los elfos domésticos, y a respetarlos. Mi abuela jamás trató mal a sus elfos, y Matt incluso les deja vía libre y cocina él. Sabiendo como es Brad de fanático con las criaturas, seguro que los elfos le ayudaban en muchas cosas.
Volver a ver a Brad era como abrir un cajón de recuerdos buenos y divertidos. Sus travesuras conmigo traspasaban la maldad infantil, y a veces eran maldad a secas. Encima, sus padres siempre le consentían todo y nunca les escuché reñirle por nada. Su padre incluso le animaba. Tengo que admitir que aunque metía toda clase de bichos en mi cama, todos eran inofensivos. O casi todos. Alguna que otra vez se le colaron animales más peligrosos, como aquella acromántula. No me dan miedo las arañas, pero asusta ver una de tamaño considerable nada más abrir los ojos por la mañana. No creo que fuese de verdad una acromántula, pues tienen la clasificación más alta de peligrosidad según el Ministerio de Magia, pero yo por aquel entonces eso no lo sabía. Luego estuvo el asunto del gato. Al principio creí que era un regalo de su parte. Una adorable bola de pelo blanco. Mi primera mascota. Era un gatito tan cariñoso y pegajoso, que me siguió a la sala común. Allí fue donde su dueña, una chica de sexto o séptimo me dijo de todo. Yo estaba en primero o segundo. Me asusté tanto que casi rompo a llorar. Cosas como estas son buenas. De ese modo es como se aprende una a defender de otros, y a crecer. Brad es muchas cosas, puedo decir cosas muy malas de él, pero tengo que concederle eso. Ha sido bueno crecer con él, y que me haya tratado siempre como lo ha hecho. Ello me ha ayudado a madurar y a perder el miedo de enfrentarme a cosas.

- Aquella mala bruja quiso hechizarme por tu culpa. Creí que el gato era un regalo tuyo…

Mi inocencia de aquellos primeros años pasó a mejor vida. Juntarse con Brad y sus amigos cambió bastante mi manera de ver las cosas. Tanto había cambiado, que algunos alumnos temblaban al verme aparecer por el pasillo. Jamás lograban castigarme, pues soy muy discreta. Pero no me gusta que nadie se entrometa en mis cosas. Le conté a Brad como suelo hacer caer a algunos chicos de otros cursos. Y él parecía emocionado al escucharme. Incluso me animaba a más.

- ¿Qué quieres decir con al terminar de Hogwarts? Aun queda para eso.

Sabía perfectamente a que se refería Brad, pero me hice la tonta. En nuestra familia siempre ha habido y siempre habrá magos que están a favor del señor oscuro. No es que la familia nos lo imponga, es que es pura inteligencia. Los nacidos de muggles no deberían tener los mismos privilegios que los magos de sangre más pura. Es lógico. El pobre Brad cree que soy una inocente niña que ni siquiera sabe como ponerse del lado bueno. Eso es que no conoce a mi mentor. ¿Debería decirle que alguien me está entrenando? De momento no. ¿Y si se lo cuenta a Matt? Me gustaría poder ocultarlo hasta que termine los estudios. Se que a mi tío le iba a dar algo si supiera que pienso actuar en las revueltas que se formen y estén a mi alcance. Además mi abuela… Desde que perdió a su marido, en casa está prohibido hablar del señor oscuro y de mortífagos. Pero sobre todo de aurores. Matt los odio a muerte. Yo creo que si se planteó ser un mortífago, mientras lo fue su padre. Pero una vez murió… Tiene que ser duro perder esa referencia paterna a los 15 años, como le pasó a él. En cambio yo…no tengo padre. Ni madre. Y mi única referencia es Matt. Creo que por eso me falta ese toque femenino tan importante. Vaya reflexiones. Justo entonces le solté la bomba a Brad. Puedo ser muy sensual si quiero, se como hacerlo. Pero no he tenido sexo, por más que haya intentando hacérselo creer hoy. Su cara fue una mezcla de compasión y alivio que no sabría describir.

- Hace mucho que no me pongo esos pijamas, Brad. Y como bien sabes, los chicos no pueden subir a nuestros dormitorios. ¿De qué sirve un pijama bonito? Yo creo que…me faltan referencias femeninas. O que los chicos me ven demasiado inalcanzable. ¿Puede ser?

Mi actitud no es la mejor cuando un chico se acerca. Pero la mayoría de ellos son inmaduros. No me rebajo a estar con tejones, y ni hablar con los Gryffindor. Eso reduce notablemente la cantidad de chicos.
Para Brad en cambio, todo era fácil. Cuatro palabras bonitas y hasta la camarera más áspera se volvía una gatita ronroneante. Me apropié mi vaso de cerveza de mantequilla y miré mi reflejo en el cristal mientras Brad ligaba con esa camarera entrada en años.    
Cuando esta fue llamada por otros clientes y al fin se fue, Brad volvió en si. Dio un trago a su whisky de fuego añadiendo un comentario sobre lo rico que estaba. Envidio ese desparpajo tan natural que parecen tener los hombres de mi familia. ¿Por qué yo no? Será que va con el ADN o algo.

- Solo pienso que eres un cretino, nada más. – fijé la vista en él de nuevo y le sonreí. Es tan atractivo como gamberro. Supongo que tiene todo lo que a una mujer puede gustarle.

Con la bebida, se ve que le entró calor y se quitó el abrigo. Está en forma aunque no es muy alto, Matt le pasa más de dos cabezas. Justamente estaba yo pensando en Matt cuando Brad me preguntó por su primo.

- Matt sigue igual de bueno, si. – bromeé. – Sin novia conocida, y creo que trabaja demasiado. ¿Te puedes creer que a penas hemos estado juntos este verano? Quizás tiene algo que ver el hecho de que yo he salido casi todos los días. Pero trabaja demasiado. Al ser el jefe… ¿No has quedado con él? Está loco por verte, seguro.

Matt quiere a Brad como un hermano, o como un hijo. Matt no tiene ni una cosa ni la otra. Solo tenía una hermana, mi madre, y ahora ni siquiera eso. Las últimas noticias son que está ingresada en un centro para locos. Y que yo sepa hijos no tiene. Brad y yo somos sus criaturas. Nos consiente demasiado.

- ¿A ti te sigue tratando como a un niño? Conmigo a veces se pasa… Este verano casi me echa la bronca por llegar una noche más tarde de las dos. Me reí bastante. Supongo que solo estaba preocupado… Pero jamás me había gritado.

Es extraño que me marque de esa manera. Jamás lo había hecho. Y jamás he tenido a nadie que me diga a que hora tengo que volver. Esa noche que fui con Axel a ver medio Londres fue la que llegué tan tarde. Nunca había visto a Matt tan enfadado. No quiero volver a verlo así.
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Invitado el Jue Oct 23, 2014 11:46 am

Por cada mil formas que encontraba de tomarle el pelo a mi prima (o puede que incluso más cuando me sentía lo suficientemente creativo) ella encontraba una. No esperaba que aquella vez, después de tanto tiempo sin vernos, las emociones por nuestro reencuentro le inspirasen lo suficiente. Me equivoqué. Lluna lo tenía fácil: bastaba con llamarme por mi nombre. Todo el mundo en la familia sabía que la única persona que me llamaba por mi nombre completo era mi madre. Pero ella era toda una dama y tenía una personalidad sofisticada y un carácter fuerte, peculiar. Y además era mi madre. No había sido nunca un chico (muy) mimado, pero Caroline Forman era la única que no me sentaba tan mal que me llamase así.

Me enfurruñé cuando Lluna me llamó Bradley y le dije que me dijese Brad. Mi madre decía que Brad era un nombre vulgar y sin clase, pero sabía que a Lluna y al resto de los mortales le gustaba más mi apodo (¿a quién en su sano juicio le gustaba que le llamasen Bradley en vez de Brad?). Mi querida prima rió cuando le eché la bronca y dijo que sonaba más cariñoso. Le miré unos instantes con los ojos entrecerrados y una mirada indescriptible, y luego me encogí de hombros y sonreí con pasotismo. Sabía que lo de mi prima no iba con intención más allá de tomarme el pelo y que para variar no se lo tomase yo a ella, no había problema. Para las bromas que le gastaba yo era un tanto pobre, así que le dejé. Además ya tenía excusa perfecta para hacerle cualquier jugarreta.

Hablamos de ms tiempos de Hogwarts, cuando lograba meter en la cama de Lluna criaturas mágicas de todo tipo, aunque la mayoría del tipo que le gustaban y le hacían sacar su preciosa sonrisa. Lluna me tomaba el pelo diciendo que si dormía con las criaturas mágicas porque no quería hacerlo ninguna chica. Lo cierto es que sí lo hicieron cuando ya estaba en mis últimos años; eran unas interesadas. Por supuesto, no le dije ni una palabra a mi prima. Ella siguió indagando y quiso saber si cuando colaba todas aquellas criaturas en su cuarto tenía algún compinche que me ayudase a pasar desapercibido. Torcí una sonrisa astuta y negué con la cabeza.

- No, todo iba por mi cuenta. ¿Sorprendida? – dije con la cabeza alzada en señal de superioridad. Que no hubiese sacado todo Extraordinarios no quería decir que no fuese inteligente. Siempre había sido un chico con las prioridades bien claras. Cuando mencionó a los elfos domésticos, puse los ojos en blanco. – Te lo he dicho mil veces, primita. Me llevaba bien con ellos para que me diesen bollos y dulces recién hechos desde la mismísima cocina. – Prioridades – Pórtate bien con ellos y ellos se portarán bien contigo. Pero nunca olvides que son elfos domésticos, claro. – Me había parecido fascinante estudiarlos en mis tiempos en Hogwarts. Nunca había entendido como los ridículos muggles contrataban otros muggles aún más ridículos para que les limpiasen hasta los excrementos del retrete. Nosotros los magos éramos listos y contratábamos elfos domésticos, cuya función no era otra que atender a las necesidades de los magos más exigentes. Siempre que sus condiciones de trabajo fuesen aceptables, nunca se me habría ocurrido liberar a un elfo doméstico que se mostrase satisfecho de servir a un mago.

Seguimos hablando de los viejos tiempos, como cuando Llunita se despertó abrazada a una acromántula en su dormitorio de Hogwarts. Nunca se lo dije, pero no era una acromántula como tal sino su cría, una preciosa bestia peluda que aunque por entonces inofensiva llegaría a ser letal para sus enemigos. Las acromántulas adultas podían hacerse tan grandes como nuestra propia sala común y hubiese sido un problema colarla en el castillo sin que me viesen. Aun así, recordar el grito que pegó cuando vio ocho ojos clavados en los de ella fue como tener en mi boca un bocado de una miel particularmente suculenta. No siempre había sido así. Otra vez, cuando ella estaba en primero, se había despertado a un precioso gato. Un pompón como había dicho ella al despertarse ilusionada. Lo cierto es que me había topado con el gato de casualidad, pero se había venido conmigo en vez de con su dueña y decidí darle un bonito despertar a mi prima. Y lo tuvo. Hasta que la verdadera dueña del gato quiso recuperar a su mascota. Por aquel entonces mi prima aún tenía la inocencia de la niñez pero me sorprendió ver lo bien que a pesar de todo se había defendido. Aunque para evitar que la dueña del gato, una chica de sexto o séptimo por entonces, le maldijese, tuve que usar todo mi encanto Forman.

- Ya te lo he dicho, el gato parecía más contento de quedarse conmigo que con esa bruja. – Nunca mejor dicho. – Lástima que no se tenga en cuenta muchas veces las preferencias de las mascotas. Ellos también tienen sentimientos ¿sabes? – Como amante de todo tipo de criaturas, era algo que había aprendido bien pronto. Y aunque lo aplicaba en mi día día a las criaturas de nuestro mundo, imponentes bestias mágicas, también se podía aplicar a las mascotas de los muggles. Siempre supe tratar a los animales; no recuerdo que me haya picado con maldad ni siquiera una sola lechuza con particular mal carácter.

Seguimos hablando de su inocencia, de cómo se la jugó a un alumno y consiguió salir del apuro sin que le castigasen (no como a mí, que estaba cada dos por tres castigado. Así fue como el alumno superó al maestro). Aprovechando el orgullo que se había apoderado de ella, le dije que eso estaba bien pero para un aficionado. Que los profesionales, los expertos, usábamos nuestro talento para otro tipo de… travesuras, cuando terminábamos Hogwarts. Me refería por supuesto a que se uniese a los mortífagos cuando terminase los estudios. No sería el primer Forman en hacerlo, nuestros abuelos, mis padres y el padre de Matt, el tío Sebastian, también lo eran o lo habían sido, y así además tendría oportunidad de limpiar la mancha en su sangre mestiza y de demostrar que era casi tan Forman como el resto de Forman sangre limpia de la familia. Creo que Lluna entendió de lo que le hablaba sin entrar en más detalles (tampoco podía, el bar estaba lleno y podía oírme alguien que no quisiese que me escuchase), pero se hizo la despistada y dijo que aún quedaba para eso.

- No lo creas Lluna. – contrataqué – Te queda solo un curso más, y después el mundo mágico se abrirá entero ante ti. Deberías ir pensando en qué quieres hacer con tu vida cuando termines los estudios. – Además era totalmente cierto. Yo y mis prioridades habíamos tenido claro que el primer paso al terminar Hogwarts había sido unirme a los mortífagos y ser fiel servidor del Señor Tenebroso, y el segundo paso había sido no atarme por el momento a ningún empleo y vivir del dinero que me mandaban mis padres; había estado siete largos años atrapado en aquel viejo castillo y necesitaba algo de aire fresco. Así estuve viajando por todo el mundo durante algunos años, haciendo paradas ocasionales en Gran Bretaña cuando Lord Voldemort necesitaba mis servicios, hasta que había conseguido empleo en el Ministerio de Magia. Aunque siempre tomase el pelo a mi prima también me preocupaba por su futuro, y sabía que no era mal consejo el que le estaba dando.

Para mi sorpresa, mi prima tenía prioridades de otro tipo. O al menos eso me hacía intentar creer. Dijo que ella sabía como divertirse, si quería, pero ambos sabíamos los preciosos e inocentes pijamas que le mandaban mis padres por Navidad. Alguna vez que les acompañé a comprarlos, mi padre alentaba a mi madre a comprar el más cutre de todos, y mientras ella pagaba papá y yo reíamos a escondidas imaginando lo guapa e inocente que estaría Lluna con semejante… preciosidad. Nada que le pudiésemos decir abiertamente a mi madre si no queríamos pasar el resto del día con otra oreja saliéndonos de la frente, claro. Así que cuando Lluna dijo que ya no se ponía esos preciosos preciosos pijamas, se me cayó un mito. ¿Debería decírselo a mi madre? ¿Le mandaría un vociferador y se enteraría todo el Gran Comedor que Lluna no se ponía los pijamas de patitos de su tía? Venga Brad, no seas crío. En el fondo está haciendo un favor a su sexualidad. ¿Quién va a querer nada con una adolescente que duerme con pijamas de patos y flores nada sugerentes?

- Lástima. Te sentaban muy bien. – bromeé guiñándole un ojo. Me puse serio cuando Lluna se abrió y me mostró sus preopaciones. Pero no estaba de acuerdo. Puede que su madre fuese la deshonra de la familia, pero tenía otras figuras en quien fijarse. Como su abuela. Agatha Forman siempre había sido una mujer con clase. O mi madre, Caroline. Otra mujer sofisticada y con clase. Las dos tenían semejanzas y diferencias entre sí y supongo que el fijarse en una u otra dependía del carácter de mi prima. Pero precisamente no le faltaban referencias. En cuanto a que los chicos le viesen inalcanzable… Si le han visto muchas veces en compañía de Matt, quizá. Pero nada de lo que preocuparse. Le pasé una mano por el pelo y se lo revolví cariñosamente (aunque quizá con la suficiente fuerza como para despeinarle un poco) – Referencias femeninas no te faltan. No solo está la gente del colegio, en la que probablemente no te quieras fijar. Tienes a dos auténticas damas con clase, Agatha y Caroline Forman. Puede que pienses que eres muy joven para fijarte en dos personas de esas edades. Ciertamente no tendrás tantas arrugas en el rostro pero yo creo que no son malos modelos ¿no? ¿Y por qué crees que los chicos te ven inalcanzable? – sentía curiosidad por ver cuales eran sus motivos. Igual le ha preocupado lo que dije antes de que si a su edad no tenía novio debía preocuparse.

Cuando la camarera se fue tras traernos las bebidas y hube tomado mi primer trago de whisky de fuego, observé a mi prima sumergida en sus propios pensamientos, como ida. Quise saber en qué pensaba. No me lo dijo, y en su lugar dijo que había estado pensando en lo cretino que era. Le miré divertido. Todos necesitábamos nuestros momentos de reflexión y aunque quería que mi prima me dijese cuando tenía problemas, me encantaba cuando salía con contestaciones despreocupadas como aquella. Aun así, aunque me gustase tomarle el pelo, sabía que había la suficiente confianza entre nosotros como para que me dijese cuando tenía algún problema o quien se lo estaba ocasionando. Supuse que si no decía nada no sería nada serio. Me encogí de hombros y pegué otro trago de whisky. Delicioso.

Un rato después le pregunté por Matt. Hacía mucho tiempo que no le veía, años, aunque alguna vez habíamos hablado por carta. Pero ahora que estaba en la ciudad otra vez y parecía que iba a quedarme una temporada, me apetecía verle. Siempre habíamos sido como hermanos en vez de primos. Y además siempre me había consentido lo que mi madre y a veces mi padre no habían hecho. Era esa especie de hermano mayor que consiente tus travesuras. Supongo que conmigo era tan blando como con Lluna, pero ella tenía una mirada más dulce y si quería más inocente. Yo siempre había sido más rebelde y no me había preocupado ni lo más mínimo en que se me notase en la cara.

Mis sospechas se cumplieron cuando dijo que Matt trabajaba demasiado. ¿Tanto tiempo he pasado fuera? Negué con la cabeza en señal de desaprobación. Necesitas un respiro, Matt. No entendía como alguien que es jefe de su propio departamento se enfrasca voluntariamente en montones y montones de trabajo. Lo bueno de ser jefe es que tienes a otras personas deseosas de hacerlo por ti, y aunque no quieran hacerlo lo terminan haciendo y mejor que tú porque saben que si no les echas a la calle y se quedan sin trabajo. Me encantaba ser jefe. Pero a Matt ¿qué mosca le había picado?

- Supongo que tendré que ir a hacerle una visita algún día – suspiré – Pero no entiendo como está tan ocupado. ¿Le han hecho Ministro y no nos hemos enterado? – de ser así, entendería que sus distracciones laborales tendrían nombre y apellido. ¿Quién no se fijaba en la asistente del Ministro? Aunque seguro que Matt seguía en su mismo puesto de siempre. Si le hubiesen ascendido me lo hubiese dicho, de eso estaba plenamente convencido. Me encogí de hombros cuando mi prima preguntó si Matt me seguía tratando como a un niño. – Hace tiempo que no le veo, pero supongo que sí. – me entró la risa cuando dijo que el bueno de Matt le había regañado por llegar a casa después de las dos. - ¿Ves? En eso nos diferenciamos. Yo te habría regañado por llegar ANTES de las dos. – me puse un poco serio cuando dijo que Matt le había gritado. El primo siempre se había preocupado mucho por nosotros, aunque Lluna había sido su preciosa niña linda y obviamente era más exigente con ella o eso me parecía a mí. – No se lo tengas en cuenta. Sabes que te quiere mucho y se preocupa por ti.
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Lluna Forman el Sáb Oct 25, 2014 1:40 am


Brad tiene mucha más experiencia haciendo bromas, y por eso es difícil superarle. Cuando yo estaba aprendiendo a hablar, él ya sabía muchas cosas. Es imposible ganarle en un duelo verbal, de varitas supongo que también. A penas me afectan sus bromas, burlas o intentos de pique. Si lo hace, es porque tiene esa confianza conmigo. Intenté ganar yo al menos una vez, y le llamé por su nombre completo. Cosa que se que no soporta. Solo su madre lo llama así. Es un niño mimado. Me gusta mucho más llamarle Brad. Es corto. Mi primo entendió que solo era para picarle, y lo dejó correr.
Nos gustaba recordar los tiempos de Hogwarts en los que Brad y yo estábamos estudiando. Él estaba casi acabando cuando yo empecé, pero aun así, fue un gran pilar en mi vida estudiantil. Me enseñó muchas cosas buenas. Y otras malas. También me gastaba bromas en aquellos tiempos. Algunas bromas eran bastante pesadas. Despertar con una cría de acromántula en mi cama. Otras más buenas, como despertar con un gatito precioso. Uniendo cabos, llegué a la conclusión de que Brad no podía subir a las habitaciones de las chicas. Por lo tanto, tenía que tener una compinche chica. La curiosidad me pudo, y le pregunté. Brad dijo que no, que todo iba por su cuenta. Pensé incluso que tenía amigos entre los elfos domésticos.

- ¿Me estás diciendo que podías entrar en los dormitorios de las chicas? –no, antes dijo que no podía hacerlo. - Metiste una acromántula en mi cama. – afirmé con enfado. - ¿Por qué nunca te metiste tu en mi cama? Podías entrar, ¿y nunca pensaste en darme una sorpresa algo más bonita?

Mi tono de voz sonaba ofendido, pero es tal y como estaba. Si Brad podía entrar, ¿Por qué nunca me despertó como cuando yo era pequeña? Eso hubiera sido mejor que la araña gigante. De todos modos, no puedo culparle. Estoy segura de que mis compañeras de habitación en primero se hubieran chivado al Jefe de la casa. Tampoco hubiese querido meter a Brad en líos.
Me pareció entender que no había tenido ayuda de los elfos domésticos para ello. Solo los trataba bien para que le diesen comida. Con que seas un poco amable, te dan todo lo que pidas. Eso no es tener un don, querido primo. Los elfos son así, su vida entera se basa en servir a los magos y son felices con ello. No es un gran logro que te den comida. No había recurrido a ellos en muchas ocasiones, pero las pocas veces que fui a las cocinas, me atendieron mejor que a una reina. Me dieron galletas para el camino hasta mi cuarto y todo. Si no habían sido los elfos, ¿entonces cómo? Esperé atenta por si se dignaba a responderme. Sentía gran curiosidad.

Brad siempre tuvo pasión por las criaturas de todo tipo. De pequeño llegó a almacenar pequeños bichos en botes, y cada cual tenía su nombre. Él se acordaba de todos. Y podía distinguir una hormiga de otra. Quizás por eso el gato pompón prefirió irse con él antes que con su dueña. La que acabó pagando la broma fui yo.

- Ya se que tienen sentimientos. El mochuelo de Matt se ofende cada vez que me niego a acariciarlo. Y me da pena, no te creas…

Pasé un mechón de mi pelo por detrás de la oreja. Se mochuelo era como un búho pero pequeñito. Y necesitaba las mismas atenciones que un perro. Le gusta ser acariciado, que le rasquen…yo simplemente no puedo hacerlo. Por eso me mira mal.

Como buenos amigos, nos pusimos al día. Hacía tanto tiempo que no podía disfrutar de la compañía de mi primo, que le dejé hacer toda clase de preguntas. En cambio, yo no le preguntaba mucho. Y lo poco que quería saber, quedaba sin resolver. Brad solo habla de lo que el quiere hablar. Le expliqué que sabía defenderme bien y gastar bromas a los más tontos del curso. Por supuesto, es algo que aprendí de su panda de amigos. Era divertido ver caer a alguien sin que nadie sospechase que la culpa era mía y que tenía que ver con la magia. Debo aprovechar que en Hogwarts me dejan practicarla, que fuera aun no puedo. Después de comentar mis buenas notas y que casi siempre salía impune de mis travesuras, Brad quiso saber que haría al terminar. Le dije que aun era pronto, aunque tenía una idea bastante clara de lo que me gustaría hacer.

- Más o menos se que quiero hacer, Brad. No uses ese tonito paternal conmigo. Me gustaría poder dedicarme al Quidditch profesional. No quiero terminar encerrada en el Ministerio como es tradición en nuestra familia. Necesito acción.

Con acción me refería a un trabajo que me gustase, pero también a no esperar las cosas, si no a vivirlas. Se que Brad me entendió, igual que yo a él cuando habló de fuera de Hogwarts. En ningún momento dijo que debería unirme, junto a él, al lado del señor oscuro. Pero le entendí bien. Incluso antes de terminar mis estudios, estaba empezando a moverme en ese mundo. Aunque si pensaba en prioridades… Primero el Quidditch, siempre. Para acabar con los muggles siempre hay tiempo. Quizás los viajes que ha estado haciendo mi primo no eran solamente para poder estudiar otras criaturas mágicas que habitan en otros países. Quizás ha estado haciendo encargos para el señor oscuro. Él sabrá como hacerse mortífago. Yo de momento tengo una máscara y poco más. Mi mentor no quiere darme muchos detalles. No confía en mí. No quiere ser traicionado, ni castigado por culpa mía.

Ya que nos teníamos que poner al día sobre todas las cosas, Brad hizo notar que mi cuerpo estaba en pleno proceso de crecimiento, y ya no soy una niña. Le gustaba recordarme esos pijamas tan bonitos que los tíos suelen regalarme por navidad. Con eso ningún chico iba a fijarme en mí, a no ser que fuese para reír una y otra vez. Le confesé que ya no los llevaba en Hogwarts. ¿Qué pasa? Aunque sean feos, son muy cómodos. En casa si que los uso. Y hablando de temas delicados,  le solté que los chicos no se fijaban mucho en mí. O al menos no se fijaban me mí los chicos en los que yo si me fijaba. Quizás necesitaba de figuras femeninas que me guiasen un poco. La abuela y la madre de Brad eran dos señoras, si. Pero mayores.

- Son dos modelos a seguir, sin duda. Pero nunca me hablan de cómo conocieron a sus respectivos maridos… - fue absurdo decir eso. – Espero que nunca me lo cuenten. – me reí.

Quizás me pasé un poco diciendo que los chicos me ven como inalcanzable. Pero no soy la chica más amable, ni la más habladora. Y si me pillan en un mal día, mis miradas con mortíferas.

- Puede que me vean como una chica que pasa de esos rollos de cogerse de la mano, de mandarse cartitas… y tampoco hay ningún chico en Hogwarts que me guste. Solo tengo amigos.

No creo que el hecho de no tener novio a mi edad deba preocuparme. Tengo cosas mejores que hacer. Estudiar, jugar a Quidditch, ganar muchos puntos para Slytherin, reírme de los Hufflepuff,  escapar de las bromas de Peeves,… Como para tener un novio…

El pasatiempo favorito de Brad era ligar con todas las chicas o mujeres que pasaran lo bastante cerca de él como para poder hacerlo. Esta vez el blanco de sus halagos fue la camarera de las Tres Escobas. Una mujer entrada en años, en quilos y en canas. Me puse a mirar el cristal distraídamente, hasta que acabase con su palabrería. Cuando la camarera se fue a atender a otros clientes, Brad quiso saber en que pensaba, y le solté una broma cariñosa.
También preguntó por Matt. Pensé que ya se abrían visto en el Ministerio, pero lo que mi primo quería era una visión global. No le mentí, trabaja demasiado.

- Su departamento es misterioso a la par que interesante. Es lo que suele decir. No es Ministro que yo sepa. No creo que le gustará llegar a ejercer un cargo con tanta responsabilidad. También sale, eh! No todo es trabajo. Creo que tiene una amiguita. – me chivé.

Le comenté que me seguía tratando como a una niña, y este verano incluso se enfadó cuando llegué un poco tarde.
- Tú no me regañas por nada. – mostré mi sonrisa más angelical. – Supongo que no está acostumbrado a verme campar a mis anchas. Pero tengo dieciséis años, se cuidarme.

Brad no hablaba muchos sobre él, así que, tendré que preguntar cosas concretas si quiero saber cosas concretas de él. Me daba algo de reparo preguntar por su vida sentimental, o sexual, lo mismo da. Pero quería saber más. De momento solo me había dicho que una vez salió con tres compañeras a la vez. Necesito saber algo más actual.

- A penas me has contado sobre ti. ¿Tienes novia? ¿Mujer? ¿Hijos? ¿O has venido a vigilarme de cerca hasta que cumpla la mayoría de edad?

Para eso tan solo quedaba un año. Casi nada. Esperé la respuesta jugando con mi vaso de cerveza de mantequilla medio vacío, sin apartar la vista de aquellos cautivadores ojos verdes, y de aquellos labios que sonreían con facilidad. Como tantas veces se hablaba en casa de la pureza de sangre, algunas veces mi abuelo bromeaba con su hermano Declan sobre casarnos a Brad y a mí. En las familias de sangre limpia es muy común que se casen primos lejanos. De pequeña soñaba como una idota con que eso se convirtiera en realidad. Bien mirado, con Brad tengo mucha confianza. No me daría vergüenza nada. Total, ya me ha visto sin ropa muchas veces.

Off: ¡Y seguimos para biblia! jajaja Como me motivas, primo! I love you
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Invitado el Vie Oct 31, 2014 8:46 pm

Cuando no había criaturas interesantes que ver el trabajo de oficina era muy aburrido, demasiado. Estar allí con mi prima era el remedio perfecto. Además hacía tiempo que no nos veíamos y había echado de menos el tomarle el pelo. Mi intención era recuperar el tiempo perdido, así que valga la redundancia no había tiempo que perder. Pero también entre broma y broma, recordamos tiempos pasados, como cuando los dos coincidimos en Hogwarts y le colaba animales bonitos o feos (según estuviese de humor) entre las sábanas. Lluna siempre se había preguntado como lo había hecho, y al parecer seguía preguntándoselo después de tanto tiempo. Le dije que no era ninguna chica ni tampoco un elfo doméstico (a los que quería solo por los bollos recién hechos que me regalaban): todo salía de su talentoso y adorado primo. Tras recordarle que los elfos domésticos eran precisamente domésticos, mi prima no se dio por vencida y siguió insistiendo en el tema de las chicas. Reí y le miré con malicia.

- A ti te lo voy a decir. – respondí haciéndome el misterioso. Todo el mundo que hubiese leído Historia de Hogwarts, o todo chico que lo hubiese intentado, sabía que ningún chico podía subir al dormitorio de las chicas: en cuanto se ponía un pie en las escaleras de acceso estas se transformaban en un tobogán. Lo había descubierto en mi primer año para burlarme de una Slytherin a la que le había salido un grano en la cara más grande que su enorme trasero y para mi sorpresa las escaleras se alisaron bajo mis pies. Las veces que volví a intentarlo después de aquello fue a propósito para divertirme en el tobogán. Y mientras Lluna seguía insistiendo. Puse los ojos en blanco. – Así que me echas la culpa por no meterme en tu cama ¿pero y tú? Las chicas podéis subir y nunca lo intentaste. Me ofendes. – fingí sentirme ofendido pero en el fondo me resultaba divertido que pensase así. Lo de la acromántula tuvo su gracia, no lo había logrado si hubiese faltado a la clase de encantamientos del día anterior como era mi intención en un principio. Bendita Ravenclaw de séptimo a la que me quería ligar…

Seguimos hablando de los animales y de sus sentimientos. Ese es el problema de muchos magos, que acusan a las criaturas mágicas de ser crueles y despiadadas cuando el verdadero problema eran ellos, que no les entendían. ¿Qué dragón quiere meterse en una jaula teniendo sus montañas que sobrevolar y su hábitat en ella? Era como yo el día que una mujer intentase atarme con un anillo, por liberarme era capaz hasta de pelearme con los dientes tan perfectos y blancos que tengo. Lluna mencionó al mochuelo de Matt y como se enfadaba con ella porque no lo acariciaba. Me imaginé a mi prima con miedo de una bola de plumas de poco más grande que una pelota de tennis y me dsternillé de risa en su cara.

- ¿Pero hasta el mochuelo te da miedo? – pregunté entre risas, llevándome las manos a los riñones. Técnicamente sabía que mi prima tenía miedo de todo tipo de pájaro, pero un mochuelo es tan inofensivo como un gusarajo. Y nadie tiene miedo de los gusarajos. – Entonces mejor no te presento a mi águila calva. Se llama Gwenda y es enorme ¿sabes? Así de grande – dije señalándole la altura de mi águila con la mano y añadiéndole unos cuantos dedos de altura de regalo. – No le gusta que le acaricie otro que no sea yo. Cuando quieras te lo demuestro. – le guiñé un ojo sabiendo que ni de lejos mi prima se acercaría a mi águila por voluntad propia.

Después nos pusimos a hablar de otros asuntos; teníamos mucho de que hablar, habían sido tres años sin vernos. Terminamos hablando de su futuro después de Hogwarts y yo intenté animarle a que se uniese a Lord Voldemort, como yo, mis padres, los padres de Matt (sus abuelos) y mis abuelos. Era casi una tradición familiar entre los Forman, a excepción de Matt, que no había sabido salir de las faldas de su madre. Siempre pienso que el Señor Tenebroso a veces me mira mal porque no he conseguido que Matt se haga mortífago. Ahora llevo tiempo sin verle pero antes lo intenté todo y sin éxito. Aunque quizá con el tiempo haya cambiado de opinión, supongo que todo es probar. Pero en cuanto a Lluna, ella solo pensaba en hacerse jugadora profesional de quidditch. Decía que no quería trabajar en el Ministerio como el resto de la familia, que necesitaba acción. Ahí desde luego no podía decirle que no, el trabajo de oficina era lo más aburrido del mundo.

- En eso te doy la razón. Pero eres muy delgaducha, espero que no quieras ser golpeadora. Seguro que no puedes sostener bien ni el bate. – me burlé de ella pinchándole el brazo con uno de mis dedos. Lluna era alta pero delgada; con su constitución, no le imaginaba de otro puesto que no fuese buscadora. Luego me di cuenta de que quizá con acción se había referido también a unirse al Señor Tenebroso. La cara se me iluminó como si me hubiesen regalado lo que más ilusión me hacía en el mundo. ¿Así que Lluna se lo estaba pensando? Excelente. Sin duda algo que el Señor Tenebroso se alegraría de escuchar cuando tuviese ocasión; así quizá compensase las malas caras que me dedica por Matt. – Pero supongo que eso está bien. Hay algunas tradiciones que se pierden en algún momento, como la del Ministerio. Pero otras se siguen respetando ¿verdad? – le pregunté alzando las cejas, mirándole a los ojos con cara de circunstancias. Delante de tanta gente uno no podía decir alegremente “¿Por qué no te unes a Lord Voldemort al terminar Hogwarts? ¡Vamos, será divertido y de paso mataremos a unos cuantos muggles y Hufflepuff incordiosos!”, pero dada la historia familiar estaba seguro de que mi prima me entendería.

Seguimos actualizándonos de más cosas. Como el cuerpo de Lluna: había cambiado pero aún no estaba tan despampanante como debería. Le daría un par de años más, si no me preocuparía. Le recordé los pijamas tan bonitos e inocentes y de niña que le mandaba mi madre de regalo pero ella dijo que ya no se los ponía. En el fondo siempre había alabado su determinación por seguir poniendose esos pijamas tan horribles hasta bastante mayor pero al parecer ya se había cansado. Bueno, ya era hora primita, veo que eres una chica con un gusto normal. No entendía como le podían gustar a mi madre aquellos modelos pero cualquiera discutía con ella cuando se le metía algo en la cabeza; tanto mi padre como yo teníamos que callarnos y decirle a todo que sí. Me puse más serio cuando dijo que le faltaban modelos femeninos. Le dije que no era cierto, que aunque hubiese chicas en Hogwarts en las que mejor no fijarse siempre tendría a la madre de Matt y a la mía. Cuando dijo que nunca le habían hablado de cómo conocieron a sus maridos, sonreí divertido.

- Dales una copita de más en la cena de Navidad, verás como al final de la noche te lo cuentan. Bueno, al menos mi madre. – la tía Agatha aun lloraba la muerte de su marido, y si se tocaba el tema estando bebida podía ser tan impredecible como un volcán activo, al menos para mí. Y mamá siempre perdía un poco la compostura cuando se pasaba bebiendo tacitas de alhelí – Y si aun así mi madre no te lo cuenta siempre puedes preguntarle a mi padre, no creo que se deje detalle. – me reí. Mi padre era exactamente igual que yo. Aunque luego tuviese que llevarse una colleja de mi madre, seguro que le contaba a Lluna con cuantas mujeres se había acostado antes que con mamá. Cuando habló de que los chicos le veían inalcanzable y quise saber por qué pensaba eso. Si todavía se apellidase Forman podía imaginarme un motivo, pero no era el caso. Pero su respuesta me tranquilizó. Era lo más normal del mundo. – Entonces es que no hay hombre en Hogwarts para una mujer como tú. – me encogí de hombros. – Aunque siempre puedes pasártelo bien con tus amigos… - le di varios codazos en el hombro. Los amigos con derecho eran en muchos casos mejor que los novios. No estabas ligado a nada ni tenías que mandarle regalos en San Valentín, pero podías meterte en su cama desnudo si te apetecía y sin temor a que te echase.

En las Tres Escobas usé todos mis encantos con la camarera que nos atendió, tanto cuando nos tomó el pedido como cuando nos trajo las bebidas. Me encantaba y a la camarera tampoco le disgustó ni mucho menos, y eso que era mayor. Hubiese sido gracioso que nos hubiese visto su pareja, aunque siempre huía de ese tipo de situaciones desde el incidente de mis tres exnovias Slytherin, claro. Pero me gustaba imaginar la cara que habría puesto el pardillo si viese a su mujer. Cuando volvimos a estar solos y después de probar mi bebida le pregunté por Matt, si sabía algo. No le veía ni en el Ministerio, lo cual era preocupante. Lluna dijo que no era ministro, que su departamento era misterioso e interesante. Sonreí. Matt trabajaba en el departamento de Misterios, un sitio donde a decir verdad ni los propios responsables sabían de qué trabajaban. En ese sentido Matt sabría algo más pues era el jefe. Pero cuando dijo que creía que Matt tenía una amiguita me sorprendí tanto que el trago que estaba dando de whisky de fuego en ese momento se me fue por otro lado y empecé a toser.

- ¿”Amiguita”? ¿Matt? – pregunté asombrado. Cuando me recuperé del atoramiento pegué otro trago de whisky con el mismo gesto con que beben los soldados de guerra cuando han perdido un compañero en una batalla reciente. ¿Matt ligado a alguien? Me resultaba casi imposible de creer. - ¿Quién es ella? – No me lo creería hasta que no lo viese con mis propios ojos pero hasta entonces no está de más informarse por si acaso.

Hablando de Matt de nuevo, le dije a Lluna que Matt se preocupaba por él cuando dijo que le había regañado un  día por llegar tarde a casa (me hizo mucha gracia, yo habría regañado a mi prima por llegar demasiado pronto). Ella me dijo que no le regañaba por nada porque le tenía muy consentida.

- Puede ser. – le dije mirándole con la misma cara de inocencia de ella. O quizá porque quería que mi prima aprovechase la vida al máximo y sabía por experiencia que todo lo bueno no pasaba antes de las dos de la mañana.

Mi primita debió hartarse de hablar siempre sobre ella y decidió preguntarme sobre mi vida. Era cierto que no daba muchos detalles, siempre me interesaba por las mujeres y sobre todo por Lluna tras tanto tiempo sin vernos. Pero cuando me preguntó si tenía esposa e hijos sentí como se me paró el corazón y se me congeló la sangre en el rostro. Le miré horrorizado. ¿Lo decía en serio? ¿Hijos? ¿¡Matrimonio!?

- El día en que veas un anillo en este dedo – dije enseñándole la mano donde la gente llevaba el anillo de casado y que yo por suerte no – me lanzas una Cruciatus con todo el odio que seas capaz. Por favor. – no bromeaba. Aunque quien decía una Cruciatus, decía dos. O las que fuesen suficientes para quitarme la tontería. Lo de los hijos aunque no lo quisiese admitir lo veía más fácil, teniendo en cuenta de que ya me había acostado con algunas mujeres y solo bastaba con que un día se me olvidase usar protección. Nota mental: comprar recordadora. Así no se me olvidaría y viviría mis días en paz y sin mocosos persiguiéndome. – En realidad es eso. – respondí con ironía a lo de ser su vigilante hasta la mayoría de edad. – vengo en nombre de Matt para que no te metas en líos y seas buena y lleves faltas por debajo de los tobillos y jerseys de cuello alto. – puse los ojos en blanco. Jamás permitiría que mi prima se convirtiese en una monja. - ¿Es que un primo no puede echar de menos a la renacuaja de su prima favorita?

Pegué un sorbo de whisky de fuego, dejando la copa con apenas un par de tragos de whisky más mientras pensaba el tema (pesadilla) del matrimonio. Cuando éramos pequeños mi padre y su abuelo bromeaban con casarnos a Lluna y a mí, como en tantas otras familias de magos. Muchas veces le perseguía a Lluna para decírselo y me burlaba de ella diciendo que sería la única forma de que se apellidase Forman porque ella no lo era. Algunas veces era tan cruel que le hacía llorar, pero entonces me ablandaba y le calmaba hasta que se le pasaba, y lo olvidaba hasta que de nuevo papá o el tío Sebastian volvían a sacar el tema. Ahora hacía tiempo que papá no sacaba el tema, y supongo que ni se lo pensaba. Tampoco lo hacía yo. Es decir, sería raro. Quiero a Lluna mucho, con todo mi corazón. ¿Pero así? No estoy seguro. Nos imaginé desnudos consumando nuestra relación en el dormitorio de mis padres en la mansión. Al mirar a Lluna mientras me imaginaba su cuerpo desnudo era como si ella estuviese también realmente desnuda. En cierto modo me excitaba, como me excita ver el cuerpo desnudo de cualquier mujer.

Off: aunque con retraso aquí tienes otro capítulo del evangelio según san Bradley. Amen.  Cool
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Lluna Forman el Miér Nov 05, 2014 12:55 am

Matt y Brad se parecen en muchos aspectos, incluso físicamente. Pero hay dos características en las que difieren drásticamente. Una, Brad no tiene reparos a la hora de gastarme bromas. Sería capaz de meterme en una gran jaula con aves, aunque me diese un ataque al corazón. Se que Matt jamás haría eso, por mucho que a veces lo diga, o lo piense. Dos, se que insistiendo un poco, Matt me termina contando lo que quiero saber. Aunque sea una tontería. Por supuesto, no de temas relacionados con su trabajo. En cambio, puedo insistir a Brad durante horas para que me desvele como hizo para meter a todas esas criaturas en mi cama mientras estuvimos ambos en Hogwarts, y se que jamás lo dirá. Dos cosas me quedaban claras. Ningún chico podía subir a las habitaciones de las chicas. No era una simple norma estúpida que se pueda romper. Las escaleras se convertían literalmente en un tobogán. Y todo aquel que intentaba subir, bajaba de golpe.

- ¿Va a servir de algo que insista? ¿Y si te ofrezco algo a cambio? ¿Y si te torturo?

Ninguna de aquellas insinuaciones iba en broma. La cabezonería es mi mayor cualidad, y tengo que terminar todo aquello que empiezo. Tengo la imperiosa necesidad de conocer el truco de mi primo. Quiero saberlo. No se me ocurre nada bueno que pueda ofrecerle a cambio. Él lo tiene todo… Y lo de la tortura no es mala idea. Mi mentor estaría más que encantado de ver que uso sus enseñanzas. Como siempre que un tema no interesa a mi primo, me cambió de tema. Incluso me hizo sentir culpable por no haber intentado ir a meterme en su cama. Luego recordé mi traumático intento.

- Lo cierto es que… - me puse a observar mi vaso de cerveza como si fuese lo único vivo de aquel lugar. Medité unos segundos la mejor forma de explicárselo a mi primo. - ¿Te acuerdas de tu amigo Andrew? - ¿Cómo no iba a acordarse de él? Seguro que siguen siendo amigos. Aunque espero que no. – Pues, verás… Subí a los dormitorios de chicos, y creí reconocer tu pelo. Ya sabes, tu pelo es negro, rizado y adorable. – Acariciarlo es uno de mis placeres más placenteros. – Pues por aquel entonces Andrew llevaba el pelo muy largo también. Y me equivoqué de cama… Después de aquello, no lo volví a intentar.

Creo que Andrew ni siquiera se dio cuenta de que yo era yo. Me llamó Amy dos veces, y me besó de una forma muy distinta a la que yo estaba acostumbrada. Me tuvo abrazada hasta que se durmió, y entonces aproveché para salir de allí. Para no volver. Que espanto. Lo pasé muy mal. Y Andrew ni siquiera sospechaba nada, porque a la mañana siguiente me trató de la misma manera que de costumbre. Fue un capítulo bochornoso de mi vida que no quería sacar a la luz. No quise dar más detalles a Brad. No sin recibir algo a cambio.

La ocupación de Brad transcendía más allá del Ministerio. Siempre le gustaron las Criaturas mágicas, y los animales más corrientes. Creo que incluso tuvo un tigre en el jardín. Mi primo era el que menos entendía mi miedo. Su visión de las criaturas le impedía ver que algunas de ellas son terroríficas. No digo que un mochuelo pueda ser malo. Pero tienen un pico afilado, garras, y esos ojos tremendamente extraños. Como que hipnotizan.

- El mochuelo me da miedo. Es superior a mí. Y no, no quiero conocer a tu águila. He tenido suficiente con verte aparecer volando, con pico y garras.

Sigo sin comprender porque les ponen nombre a las aves. ¿Para que? No tiene ningún sentido. Ni siquiera escuchan. El mochuelo de Matt me acosa. Se que quiere una de esas golosinas por hacer bien su trabajo. Se la dejo tranquilamente sobre la mesa, y después de comérsela me sigue buscando. ¿Qué más quiere?

- He estado pensando en conseguir un animal que pueda ocuparse de mi correo. Ya sabes, y que no me de miedo. Matt me habló de los murciélagos. ¿Tu crees que pueden hacer ese trabajo?

Hace tiempo que me ronda la mente. Bien mirado, un murciélago no es un ave. No tiene picos, no tiene garras. Solo vuela. Es la ocasión perfecta para enterarme de si una criatura de la noche puede hacer el mismo trabajo que una lechuza tonta. Brad es la única persona que conozco que puede saberme de dudas. Él sabe sobre todos los animales.

En el tiempo que llevábamos sin vernos no habían cambiado muchas cosas. Sigo en Hogwarts, Matt cuida de mi, yo de él. La abuela de los dos… Lo que ha cambiado es mi edad. Estoy en sexto y pronto me veré fuera de Hogwarts, siendo una bruja completa. Brad quería saber sobre mí, sobre el futuro. Le confesé sin tapujos que ser jugadora de Quidditch es mi sueño. Trabajar en una oficina suena aburrido, molesto, pedante… Necesito acción. Mi flamante primo no se rió.

- Soy buscadora. Quisiera seguir en el mismo puesto.

Su intención era pincharme. Pero esta vez no lo consiguió. Además, empecé a entender su postura. La familia Forman, con larga tradición de mortífagos antimuggles. Si él supiera… Habló de tradiciones, como trabajar en el Ministerio. Y otras tradiciones. Asentí sonriendo lentamente. Los dos sabemos de lo que está hablando. No pregunta solamente por mi futuro académico y laboral, si no por mi  lealtad.
- Has estado mucho tiempo fuera, querido primo. Puede que yo haya iniciado tradiciones sin tu conocimiento. – Dicho así, sonaba a nimiedades. Como haber empezado una colección de cromos. Pero estaba segura de que Brad iba a entenderme muy bien.

Mi primo iba a notar muchos cambios en mí. No solo a nivel intelectual o físico. También actitudes o formas de pensar. Por ejemplo, estaba decidida a no usar más esos ridículos pijamas que solía mandarme la madre de Brad. Y estas navidades, no dudaría en decírselo a la cara. Desde que empecé a usar los que me regala Matt, las chicas me respetan más. Y yo me veo mejor, para que negarlo. Bien mirado, no tengo una madre que me de consejos de ese tipo. Matt tiene buena intención, pero no siempre resulta cómodo hablar de ciertos temas con un hombre al que admiras, respetas y quieres. La abuela y tía Caroline tiene buenas intenciones, pero sus opiniones están en desuso.

- Mejor no, Brad. No quiero saber ese tipo de cosas. Supongo que ya iré viendo como funcionan esas cosas con los años. No tengo prisa alguna.

Seguramente el tío Declan me daría muchos más detalles de los que necesito saber. Sin duda sería divertido. Hogwarts en sus tiempos sería una cosa diferente. Me gusta escuchar ese tipo de historias. La abuela siempre me cuenta de cuando era más joven.
Le expliqué ami primo que los chicos no se me acercan demasiado. Supongo que prefieren alguien que les vaya detrás, les mande cartitas románticas y regalos en días señalados. Yo solo quiero alguien que me haga reír, que tenga buena conversación y que no tenga ni el más mínimo interés en “hacer el tonto por los pasillos”. Ir cogidos de la mano es una tontería. ¿Estoy describiendo a Axel? Brad sin duda me animaba a tener amigos con derechos y sin ataduras. Veré que puedo hacer…

El tema derivó a Matt. Es nuestro referente adulto, tenía que salir. Le comenté que quizás tiene una amiguita, y por eso le he visto poco este verano. No porque trabaje en exceso. Brad casi se atraganta. Le di unos suaves golpecitos en la espalda.

- Tranquilo. – Le hice señas para que respirase. – No se quien es. Solo me habló de una mujer a la que había conocido. Se la encontró un día y fueron a su casa. Y también lo invitó a una fiesta con sus amigos. Matt vino bastante contento. –me reí. - Borracho quiero decir.

No era propio de Matt. Incluso llegó a pedirme disculpas un día que llegó de madrugada. De día completamente. Dijo que equivocarse de bar era bueno, y que había pasado una noche genial. Le ayudé a acostarse y lo dejé bien rodeado de agua, dulces y un balde. Después de eso ya no me regañó más por volver tarde. Dijo que tenía yo más formalidad que él. Que risas.

Quise saber también sobre la vida de Brad. Que parece querer saberlo todo de mí, pero no suelta prenda sobre su vida. A penas me deja preguntar sobre sus cosas. Ya se sobre su trabajo, pero hay más cosas en la vida. Por la cara que puso al escuchar mi primera pregunta, me di cuenta de que Brad no ha cambiado mucho. Se quedó pálido al escuchar las palabras esposa e hijos. Me reí a carcajadas cuando me dio permiso para lanzarle un crucio el día que viene un anillo en su dedo.

- Será un placer, primito.

A él una maldición de dolor, y a la que fuese su esposa un hechizo de muerte. Bromeó sobre mi comentario de si era un espía.

- Más te he echado de menos yo.

Fue tan fácil llegar a Hogwarts y tener siempre a Brad cubriéndome las espaldas… Cuando se fue dejó un gran vacío. Y yo tuve que empezar a aprender a arreglármelas sola. Fue bueno par mí, por supuesto. Pero estaba muy apegada a mi primo. Tres años sin verle se han hecho largos. Y lo que más me asusta es no saber de que hablar, o que esa confianza que existía entre nosotros se haya esfumado.

- Prométeme que no te vas a ir más. No quiero que te vuelvas a ir lejos.

Me puse un poco triste tan solo con pensar en esa posibilidad. Brad es…y será, el mejor chico que conozco. No quiero tenerle lejos. La idea de casarnos para mantener el linaje puro y esas cosas, quedaba descartado. Más que nada, prefiero no pensar en eso aun. Somos jóvenes. Pero es mi primo, es mi mejor amigo. O al menos, solía serlo. No quiero que se vaya. Me dieron muchas ganas de darle un abrazo, pero me contuve. Solo agarré mi vaso y lo dejé medio vacío.

- Incluso echaba de menos ver esas expresiones tan tuyas. ¿En que pensabas ahora?

Sonreí al ver la cara que estaba poniendo Brad. Lo más seguro es que estuviese imaginando las cosas que haría con la vieja camarera. Es un pervertido, aun así, le adoro.

Off: Amén.
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