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Volverte a ver (Brad Forman)

Lluna Forman el Sáb Oct 11, 2014 6:46 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Cuando Brad terminó de estudiar en Hogwarts, se fue unos años a viajar por el mundo. No quería encerrarse en el Ministerio como su padre, su tío, su primo… Por esa razón, hace por lo menos tres años que no le he visto y he sabido de él muy poco. Lo que cuenta en sus cartas, que suelen ser escasas. Le gustan mucho las criaturas mágicas, y ha estado viendo muchas en distintos países. Brad es ese primo segundo que siempre se ha dedicado a cincharme y a ponerme nerviosa. Es cinco años mayor que yo, y eso le daba ventaja. Cuando empezó a ir a Hogwarts, me mandaba cartas diciéndome que Dumbledore no me quería en Hogwarts, que no me hiciera ilusiones en recibir la carta. Y así todo. Siempre ha sido un inmaduro, espero que eso haya cambiado.
No niego que su carta me ha hecho mucha ilusión, pero a su vez me causa nervios. Brad es muy guapo, tiene unos ojazos… y su pasatiempo favorito es ponerme nerviosa. Me hace preguntas incómodas, se me acerca mucho y lo peor de todo es que nunca se cuando va enserio.
Pese a todo, tenía muchas ganas de vele, así que me puse un bonito
conjunto,  maquillándome levemente, y salí hacia el pueblo un poco antes de lo previsto. Estaba tan visiblemente nerviosa que Filch me registró antes de salir del castillo. Creía que llevaba cohetes o algo así. Por suerte, no me retrasó mucho, y llegué al lugar acordado con tiempo. Esperé a Brad en la puerta de las Tres Escobas.
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Lluna FormanUniversitarios

Invitado el Sáb Nov 29, 2014 8:26 pm

Por mucho tiempo que llevásemos sin vernos aquel día me di cuenta de que todo el cambio que había ocurrido en mi prima Lluna había sido sobre todo físico: seguía siendo la misma niña tozuda a quien era imposible quitarle una idea de la cabeza. Aquel enigma de los dormitorios y como conseguía hacer lo que hacía en mis años de estudiante (no hace tanto en realidad) debía de estar siendo una pesadilla para ella. Estupendo. En cierto modo me daba pena, pero me gustaba que me rodease cierto aura enigmática. No solo ante mi prima sino ante las mujeres en general. Así que seguí en mis treces, decidido a no soltar palabra.

- ¿Tú? ¿Torturarme? - con lo pequeñaja que era Lluna le veía capaz como mucho de torturarme a base de cosquillas. Si sabía donde encontrarlas, claro. - Adelante, inténtalo. - Dije abriéndome de brazos. - Estoy desarmado. Soy todo tuyo. - dije con una sonrisa pícara - Pero ni por esas pienses que voy a revelarte mi gran secreto. - Un secreto que en realidad no era tan grande, pero esa era la gracia: seguro que si se lo revelaba perdía toda la magia, nunca mejor dicho.

Resultó que Lluna, que como chica tenía más facilidades para entrar en el dormitorio de los chicos, sí que había venido alguna noche al dormitorio buscándome a mí... pero había terminado acurrucada junto al bobo de Andrew. Mi cara debió de ser digna de ser retratada; hasta que comencé a reírme como nunca recordaba haberlo hecho había permanecido unos minutos sin reaccionar, como paralizado. Me reí tanto que hubiese jurado que podría haberme mojado los pantalones allí mismo. Pero la naturaleza era tan sabia como creían los muggles o puede que incluso más porque mi esfínter se controló justo a tiempo para dejar mi precioso y caro traje tan seco como debía estar. Recordé como Andrew se había pasado una temporada detrás de su exnovia Amy jurando que era ella quien le había ido a buscar primero a él... y como la fogosidad de mi amigo había terminado con Amy lanzándole un hechizo que le dejó colgando de los calzoncillos de uno de los árboles más altos de los jardines de Hogwarts. Volví a reír (aunque controladamente) al recordarlo todo.

- Pobre Andrew. Fuiste muy cruel ¿sabes? - chasqueé la lengua y negué con la cabeza como si fuese un padre autoritario reprendiendo a un niño rebelde. Pero ahora que sabía toda la historia sentía mucha curiosidad. ¿En serio había sido Andrew tan tonto de confundir a su despampanante exnovia de sexto por una niña de primero? Los Slytherin no éramos Ravenclaw, pero tampoco éramos Hufflepuff. Será verdad eso de que el amor nubla los sentidos.

Del ridículo de Andrew pasamos al ridículo de Lluna. ¡Hasta el mochuelo de Matt le daba miedo! Era algo increíble, más para mí como amante de las criaturas mágicas y de los animales en general. Los mochuelos eran tan inofensivos como los gusarajos, y en El Profeta nunca salían noticias de gente atacada por gusarajos en la sección de sucesos. Pero mi prima seguía sin ceder y ni siquiera se atrevía a acariciar al pobre bicho de Matt, que iba detrás de ella demandando atención. Pero igual lo que necesita es algo drástico: si un mochuelo no te quita el miedo, igual te lo quita un águila. Aunque viendo la cara que puso cuando me vio ir hacia ella en mi forma de animago como un halcón... mejor descarto esa idea, aunque no del todo: nunca es mal tiempo para gastarle una broma. Lluna mientras siguió hablando y dijo que quizá un murciélago fuese buena alternativa como animal mensajero. Lo pensé unos minutos y después asentí.

- No está nada mal primita. No serías la primera en usar un murciélago para entregar tus cartas, y son mucho más amigables de lo que se piensa la gente. Son seres tranquilos, les gusta el silencio y la oscuridad, y son tan capaces de buscar su comida como lo es una lechuza. Aunque por contra no podrás cargar paquetes tan pesados porque son más pequeños y no aguantan tanto peso, pero servirán para enviarnos cartas a Matt y a mí. Y a tu novio cuando lo tengas, si lo tienes alguna vez. - le guiñe un ojo con malicia.

Aproveché también para indagar sobre los planes de futuro de Lluna. Nunca era tarde para reclutar a algiuen de la familia para la noble causa del Señor Tenebroso, y quizá el éxito con Lluna contrarrestase mi fracaso con Matt. Lluna parecía más fijada en dedicarse al Quidditch, al parecer era buscadora en Hogwarts (y a juzgar por su complexión física, debía de ser bastante buena. Y aun mejor con una buena escoba que no tenía duda que Matt le había comprado), pero no descartaba tampoco la otra opción. Al parecer había tradiciones familiares que después de todo no iban a perderse. Sonreí satisfecho ante el críptico mensaje de Lluna. No hacían falta palabras, lo había entendido a la perfección. Sin duda el Señor Tenebroso se mostraría más que satisfecho. Y mi prima tendría la oportunidad de que tiene más sangre de Forman que del asqueroso traidor de su padre.

Pero al parecer Lluna había madurado más de lo que me pensaba en cuanto me preguntó por "cosas de chicas". Ciertamente no soy ningún referente válido para ella pero sí le recomendé a la tía Agatha y a mi madre, auténticas mujeres Forman y con una elegancia innegable. Pero al parecer para Lluna no eran lo suficientemente modernas. Me encogí de hombros.

- Como quieras primita. Igual te sorprendería si hablases con alguna de ellas. - como el día que hablé yo con papá. Nunca fue un hombre serio, siempre se hablaba en la familia que mamá era la seria y él el bromista, y era algo que había sacado de él. Pero nunca supe, hasta que le pregunté, hasta que punto había estado equivocado cuando pensaba que su mentalidad estaba anticuada.

Le pregunté después por Matt, al que hacía mucho tiempo que no veía. Trabajábamos en el mismo sitio, pero era él quien al parecer lo hacía de verdad y cumplía con su jornada laboral sin rechistar. Qué noble y bueno por tu parte, primo, pero la familia va antes. Pero al parecer Matt también había encontrado novia. Eso me preocupó más. ¿Quién era? Lluna no me dijo nada, pero sí que habían estado juntos en varias ocasiones y que Matt había regresado a casa borracho una vez.

- ¿Seguro que estaba borracho? - pregunté con sospecha - Como esa bruja le haya embrujado... - nunca mejor dicho. Con mi cara pública tengo que ser bueno y no meterme en líos, pero nada de eso tien validez cuando oculto mi rostro con una máscara... - Espero poder verle pronto y preguntarle en persona. ¡Matt sentando la cabeza! - Si no estaba embrujado, probablemente estuviese enfermo. En cuyo caso me aseguraría de llevarle a hacer un chequeo médico en el hospital antes de que a la tía Agatha le diese un susto cualquier día.

Lluna pareció hartarse de hablar de ella y de Matt y aprovechó un momento en que tenía la guardia bajada para preguntarme por mí, si tenía novia o hijos o si estaba casado. Le hice prometer que me lanzaría uno o varios Crucios si me veía algún día con un anillo de casado. Aquella era una de mis posibles opciones en caso de que viese un Boggart. Solo había visto uno una vez cuando estaba en Hogwarts, durante una clase de Defensa, pero era en mi fase de cambio de voz y me ví a mí muerto de vergüenza al hablar con más gallos que un gallo de corral. Qué mal lo pasé. Pero mi voz había cambiado y seguro que mi Boggart también. Y si no era algo tan horrible como verme a mí casado felizmente y con hijos, no quería imaginar que otra cosa podía serlo. Le dije a Lluna lo mucho que les había echado de menos y ella dijo que también me habían echado a mí, y después me hizo prometer que nunca jamás me volvería a ir tan lejos. Torcí una sonrisa, divertido.

- No puedo prometerte eso. Ya sabes que soy un alma libre - dije con dramatismo aunque con un gesto divertido. - Pero prometo escribir más cartas, aunque sea para darle trabajo a tu murciélago. - le guiñé un ojo.

Me puse a pensar en como eran las cosas antes, cuando éramos niños y papá y el tío Sebastian bromeaban sobre como sería si Lluna y yo nos casásemos como lo habían hecho nuestros ancestros. Me quedé mirando el cuerpo a medio desarrollar de mi prima segunda, pensativo. Sería extraño estar los dos en la cama consumando un supuesto matrimonio (por no mencionar el hecho de que la palabra matrimonio no entra en mi vocabulario), pero sí era cierto que me excité un poco cuando me imaginé como sería el cuerpo joven y suave de mi prima bajo tanta capa de ropa. Mi prima me sacó de mi ensoñación cuando me preguntó que en que estaba pensando. Sacudí la cabeza a los lados.

- En nada del otro mundo, solo en bellas mujeres desnudas rindiéndose a mis pies - contesté con sorna. Seguro que Lluna ni se imaginaba que había estado soñando despierto con ella desnuda. No dejaría de ser raro, claro, Lluna era mi prima y nada más, pero la ventaja de un supuesto (e imposible) matrimonio entre ambos es que no habría tantas condiciones que cumplir. Ya nos conocíamos y sabíamos de que pie cojeábamos. Pegué un trago de whisky de fuego y miré a Lluna con ojos indescifrables unos segundos antes de volver a adoptar una expresión jovial y bromista, la mía de siempre. - Por cierto primita, ¿sabes de alguna zona de Londres que esté bien? Para vivir, quiero decir. Estoy pensando en mudarme. La mansión de mis padres está muy bien, pero a veces me agobian. - por no mencionar que si tuviese casa propia sí podría llevar allí a mis ligues de una noche. - Tampoco quiero un mini-piso. Eso para los muggles y los sangre sucia. Yo soy un alma libre, necesito mi espacio para... estar en libertad. - dije con una sonrisa rebelde. Seguro que le hacía ilusión que me mudase al centro de Londres, aunque durante el curso no pudiese verme mucho.


Off: Lamento haberte hecho esperar tanto. La universidad se interpuso Sad
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Lluna Forman el Jue Dic 04, 2014 12:42 am

Me desquiciaba de una forma sobrenatural no poder saber el secreto de mi primo, pero no lo dejaba ver. Se sentiría aún más orgulloso de sí mismo si admito mi derrota, y acepto su sublimidad. Pero quiero saberlo, necesito saberlo o no podré dormir. Incluso le dejé saber uno de mis secretos más vergonzosos, para ver si se apiadaba de mí y me lo contaba. Es un cabezota, ni así me lo iba a contar. Por eso pensé en amenazarlo o sobornarlo. Eso hizo que se riera aun más de mí.

- Aquí no, querido primo. No pretendo ser expulsada. Pero esta te la guardaré…

Una amenaza sin fecha fija es la peor cosa que te pueda pasar, lo sé por experiencia. Como que en alguna ocasión lo he hecho, y funciona a la perfección. La gente débil cede fácilmente. Con Brad no tendré tanta suerte.

Con mi historia de la equivocación de cama mi primo tuvo risa para rato. Supongo que me lo va a recordar durante años. Y lo peor no era eso. Lo peor es que después seguro que se lo cuenta a Matt. Como si no fuese ya lo suficientemente vergonzoso para mí. Soporte su ataque de risa como pude, pensando enérgicamente que si se mease en los pantalones a causa de la risa se lo tendría bien merecido. Sé que no va a pasar, pero soñar es gratis. Es mi primo, le debo mucho, pero a veces le odio. En ocasiones como esta le odio tanto que sería capaz de lanzarle un maleficio y no de los graciosos. Sus palabras me pillaron por sorpresa.

- ¿Cómo que cruel? Yo no hice nada. Esperé a que se quedara dormido y me fui. Claramente me confundió. Nunca noté indicios de nada más. Él ni siquiera supo que la que había estado en su cama aquella noche había sido yo. Ahí tienes tu explicación de por qué no lo intenté de nuevo. ¿Podemos dejar de hablar de esto?

Podía haber imaginado que el reencuentro con mi primo sería divertido, pero sacando todos mis trapos sucios. Brad tiene el don de hacer que le cuente hasta mis más oscuros secretos. Aunque mi miedo a los pájaros no es un secreto, ni es nuevo. Lo saben todos desde el momento en que llegué a Londres. O quizás más tarde. Siempre he pensado que quizás Brad tuvo algo que ver con eso. Es un gran apasionado de todo tipo de criaturas. Incluso es un metamorfomago, y su animal es un pajarraco. Tiene un águila como mascota… Mi principal preocupación es no poder mandar tantas cartas como me gustaría. Hace tiempo que le doy vueltas a la idea de conseguir un murciélago. Brad puede aconsejarme. Supongo que no me dan miedo, aunque no puedo saberlo. No conozco a nadie que tenga un murciélago como mascota.

- Supongo que eso es un sí. Ya saber que regalarme en navidad. – le dejé caer. – Suelo mandar cartas, no paquetes pesados. Y si quiero mandar algo pesado, puedo usar mis métodos como hasta ahora. Y deja ya de hablar de novios. Soy joven aún. En cambio tu… Deberías ir pensando en sentar la cabeza.

Le estaba agradecida por el consejo, pero no podía dejar pasar la ocasión de soltarle una indirecta sobre su edad. Yo no tengo que mandar cartas a ningún novio. Esa palabra no existe en mi vocabulario.

Supe que Brad me soltaría mensajes sutiles sobre pertenecer al lado oscuro, y no tardó en hacerlo. Quería asegurarse que su prima no se descarriaba del camino de tradición familiar como creo que hizo mi madre. Por lo que se, Matt tampoco es un mortífago, aunque sus ideales son igual que los míos. Odia a los muggles más que a nada. Cada día al volver del trabajo se queja de ellos. Y eso que nuestra casa está en un bloque con vecinos muggles. Matt debe tener fama de borde, porque nunca nos habla ninguno. Como se nota que no lo conocen de verdad. No puede ser borde un hombre que desde que tengo memoria me arropa por las noches. Es el papel que tiene que desempeñar. Los muggles son unos entrometidos, no hay más que ver el tipo de revistas que leen.

Al ver a Brad de nuevo, y tan guapo e impoluto como nunca, me hizo plantearme muchas cosas. Yo no puedo hechizarlo para que me quiera. Además, somos primos. Tengo dieciséis años y empiezo a tener curiosidad sobre ciertos temas, pero no hay mujeres a mi alcance. Eso mismo le dije, y me puso de ejemplos a su madre y a mi abuela. No me imagino hablando con ellas de chicos o de secretos para hacer que hagan lo que tú quieres que hagan. Sería raro e incómodo. Asentí como para darme por enterada y poder cambiar de tema. A veces parece que los chicos lo tienen más fácil con esos temas.

Mejor hablar de Matt. Es un tema neutro y fácil. Vivo con él, siempre hay cosas que contar sobre Matt. Le conté sobre la mujer del tropezón, aunque Matt no me había contado mucho sobre ella. Aun así, le había invitado a asistir a una fiesta con más amigos y mi tío volvió perjudicadillo.

- Si, borracho. Ambos hemos pasado un verano muy interesante. Él con sus salidas nocturnas, y yo con las mías. Y algún día hemos salido juntos. Pero es un rollo… No paran de asaltarle mujeres. Una noche incluso le mentí para irme a casa y dejarle el terreno libre. Volvió super tarde.

No es que me gusten los cotilleos, pero tengo que poner a Brad al día. Que no se crea que mi tío es un viejo amargado. Pensé que no salía, ni tenía amigos… Y sale más que yo. Me reí mucho al escuchar a Brad.

- No está embrujado. Ni creo que siente la cabeza. Ni creo que haya estado viendo a la misma mujer…

Lo que nunca vi fue una mujer en casa mientras estuve allí. Quizás le daba reparo traerlas. Debería haberle dicho que quiero que disfrute de la vida. Dudo mucho que él me hubiese dicho nada malo en día que estuve allí con Matty, en mi cama…

Aproveché un silencio para preguntar sobre la vida de Brad. Mucho preguntar y hablar sobre los demás, pero sobre sus cosas no soltaba prenda. Por suerte, seguía soltero, sin compromisos y sin hijos. No podía prometerme que estaría en Londres ya para siempre, pero si prometía mandar más cartas. Me conformé con aquello. Encontrar de nuevo a mi primo para que luego se vuelva a fugar sería un golpe duro para mí. A pesar de sus piques, le quiero demasiado.

De repente Brad entró en estado de trance. Es un pervertido. Seguro que está pensando cosas guarras. Como si le hubiese parido… Su respuesta no dejó lugar a dudas.

- Apuesto a que no te es difícil conseguir eso. – respondí sin pudor.

Aunque por más que me atraiga mi primo, yo no me dejaría seducir tan rápidamente. No creo en las relaciones duraderas y la fidelidad es un concepto que me cuesta entender, pero aún creo en el romanticismo. Continué bebiendo mi cerveza de mantequilla antes de que el calor ambiental la hiciera saber mal. De un trago llegué al final, y no noté que un bigote espumoso se había quedado sobre mis labios.

Sonreí con ilusión al escuchar la pregunta de Brad. ¿Quiere mudarse a Londres? Está siguiendo los pasos de su primo querido. Sonreí tanto que enseñé todos los dientes. Solo sonrío tanto cuando veo nevar o cuando atrapo la Snitch.

- El mini-piso de Matt está muy bien. Y es una zona tranquila de Londres. El inconveniente es que estás rodeado de Muggles, pero ninguno se atreve a hablarnos. Creo que Matt les ha hecho algo. – solté una risilla cantarina. – Supongo que no necesitas mucho, solo un picadero donde papi y mami no metan las narices, no? – le guiñé un ojo. – Habla con Matt, él te aconsejará bien.  

Imaginé por un momento las próximas vacaciones en casa de Matt. Tendría a Brad a un paso. Es un sueño hecho realidad.

- Aunque siempre puedes dormir en mi cama. A mí no me importaría.

Siguiendo con la broma, mezclada con una buena dosis de realidad, le solté aquello. A veces no se de donde saco el descaro. Luego me acuerdo de que llevo sangre Forman y he sido criada por ellos, y mis dudas desaparecen.

Off: Te perdono, primo querido.
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Lluna FormanUniversitarios

Invitado el Vie Dic 12, 2014 7:18 pm

A pesar de su exterior casi adulto y unos rasgos físicos que le daban el aspecto de ser una niña buena que nunca ha roto un plato, Lluna a veces sorprende cuando demuestra que ha roto más platos de los que aparenta. Como cuando dijo que me torturaría para saber mi secreto. Sabía que no hablaba en serio (hasta ella sabía que era más fácil decirlo que hacerlo… y además era su primo querido) pero la determinación que había en sus ojos cuando lo dijo me demostró que con el tiempo y el enfoque adecuado sería capaz de grandes cosas. Así que sonreí divertido cuando dijo que me la guardaría.

- No lo dudo Llunita. – respondí – Pero eso cuando termines en Hogwarts. Ahora tienes que centrarte en portarte bien en el cole. – puse tono burlón y los ojos en blanco. No esperaba que lo consiguiese, era muy aburrido ser bueno, pero tampoco le vendría bien meterse en líos muy gordos. Había que medir bien la diversión que se buscaba cada uno. Aunque al menos tenía la tranquilidad (porque aunque no lo admitiese delante de ella, era mi prima y me preocupaba por ella igual que por Matt, por mi tía o por mis padres) de que sabía contraatacar; no se quedaría sin hacer nada como un patético Hufflepuff, ni atacaría a lo loco y sin focalizar su objetivo como un impulsivo y aún más patético Gryffindor.

Cuando me contó su equivocación con el pobre de mi amigo Andrew me dio un ataque de risa bien fuerte, de esos que solo te dan en cuatro o cinco ocasiones a lo largo de un año. Pero la ocasión lo merecía. Lluna no tenía ni idea de aquello, claro, pero en aquella época el pobre de Andrew había roto con la hermosa y despampanante Amy y de la noche a la mañana (con la intervención de Lluna en su cama) había ido persiguiendo a la pobre muchacha desesperado por volver junto a ella. Andrew había terminado con el corazón aún más roto… al igual que sus calzoncillos cuando Amy se hartó y le lanzó un hechizo que le dejó colgando de los calzoncillos en la rama de un árbol hasta que unos profesores vinieron a rescatarle. ¿Y Lluna me decía que no le llamase cruel? Imposible.

- Claro que no supo que fuiste tú quien había estado en su cama, pensó que fue su ex y se tiró los siguientes días detrás de ella. ¡Arrastrándome a mí también! – exclamé escandalizado como diciendo “¿te lo puedes creer?”. Aunque en su momento lo cierto es que no lo lamenté tanto, Amy merecía todas y cada una de nuestras miradas. Y tenía un trasero de diez. De repente me puse serio y miré a Lluna como reprendiéndole – Que sepas que tu broma le costó a Andrew sus preciosos calzoncillos blanquitos. – No, imposible estar serio. Volví a reírme con ganas aunque me controlé y supe detenerme segundos después. Seguro que si me orinaba encima Lluna lo recordaría hasta en mi propio funeral.

Por suerte Lluna quiso cambiar de tema pronto y se lo concedí por el bien de mi vejiga. No soportaría muchas más risas de ese tipo. Pasamos a un tema más serio, o al menos para mí: Lluna me pedía mi ayuda, mi ayuda de verdad, para ver si un murciélago le serviría como animal mensajero. Los murciélagos eran animales del mundo muggle, pero desde pequeño sabía que sus animales se merecen el respeto que no se merecen ellos. Aunque no tengan propiedades mágicas, no todos ellos al menos, son criaturas majestuosas y dignas de observar y estudiar. Así era como había empezado a alimentar mi pasión por las criaturas mágicas: con mi pasión por los animales de todo tipo. Si los animales de los muggles me apasionaban ¿cómo no iban a hacerlo los nuestros? Le dije a Lluna que un murciélago podría cumplir las funciones básicas de mensajería aunque podía olvidarse de mandar paquetes pesados. A ella le alegró mi respuesta lo suficiente como para decirme sutilmente que por Navidad podía regalarle un murciélago; lo de los paquetes pesados para ella eso no supuso ningún problema, dijo que tenía sus trucos. Probablemente sus “trucos” serían ir a la oficina de correos de Hogsmeade y tomar prestada una lechuza, ¿qué otro truco si no? Pero no soy un hombre serio y no pude evitar soltarle una pequeña broma respecto a su novio inexistente. Ella se defendió y me terminó diciendo que tenía que sentar yo también la cabeza. Puse expresión entre incrédula y horrorizada.

- Eh… no, gracias. ¿Yo con novia? ¿Tú sabes lo que estás diciendo? – miré a mi prima con gesto de preocupación. – Además, soy el mediano de la familia. Matt va por delante. Mientras Matt no siente la cabeza, nadie en la familia me presionará para que lo haga yo también. – Aunque mi madre lo llevaba haciendo desde que era mayor de edad, es la desventaja de ser su único y precioso hijo mimado. Por suerte papá siempre estaba ahí para calmar los ánimos y ponerse de mi parte. De verdad que no entendía como alguien como mi padre, que era una versión de mí con treinta años más, había terminado casándose y formando una familia. Mi teoría era que tenía miedo de mi madre, como todo el mundo se lo tenía cuando se enfadaba. Pero cualquiera preguntaba.

Pero al parecer no podía estar tan tranquilo al respecto como creía en un principio. Tras hablar de un par de temas más entre medias, al final salió el tema de Matt y de que al parecer tenía novia. ¿¡QUE!? Me entró un poco el pánico cuando dijo que habían ido a fiestas juntos y habían salido varias veces pero creo que luego Lluna trató de calmarme cuando dijo que se veía con varias mujeres y que no había sentado la cabeza. Suspiré algo más relajado.

- Bien – asentí conforme. – Pero si le veo más de tres veces seguidas saliendo con la misma mujer, me aseguraré de que sea la última. Hay un estatus que mantener, si sienta la cabeza las mujeres van a dejar de pensar que los Forman somos dioses griegos y perfectamente inalcanzables. – aunque hablaba con tono burlón, lo cierto es que no sería tan sencillo. Bueno, supongo que me tomaría como una “traición” que Matt sentase la cabeza y se casase, y aunque no esperaba que lo hiciese, en el fondo deseaba su felicidad más que ninguna otra cosa, y si llegado el momento me demostrase que su felicidad implicaba a una mujer (eso sí, sangre limpia, como dudarlo) yo no me interpondría. Lluna aprovechó el silencio de mi reflexión para preguntarme por mi vida, pero no tuve mucha novedad que contar. Ni novia, ni matrimonio, ni hijos. Todo iba como la seda.

Tuve un momento en que al contemplar a mi prima, retrocedí al pasado a cuando papá y el tío Sebastian bromeaban con casarnos a Lluna y a mí, como los magos en la antigüedad para preservar la pureza de sangre. Había tomado muchas veces el pelo con eso a Lluna cuando era más pequeña pero aunque no dejase de resultar raro, mi mente sucia terminó imaginándose que lo mejor de que eso sucediese de verdad sería consumar nuestro matrimonio desnudos sobre la cama de mis padres. No sería tan malo al fin y al cabo: Lluna se apellidaría Forman y además sería una mujer preciosa en cuanto se le formase más el cuerpo. El problema era que la palabra matrimonio y yo no éramos compatibles; si alguien quería casarse conmigo solo lo conseguiría con el Filtro de Amor más poderoso que jamás se haya inventado… y aun así dudaba de su efectividad. Cuando Lluna me preguntó que en qué pensaba le dije simplemente que en mujeres desnudas y ella se lo creyó y no indagó en el tema. En su lugar se centró en apurar su cerveza de mantequilla y cuando retiró el vaso y me miró con ese bigote de espuma tan gracioso, sonreí. Lentamente, pasé mi pulgar por encima de su labio recogiendo toda la espuma y al terminar me llevé el dedo a los míos y saboreé la espuma. Ciertamente yo era más de whisky de fuego pero la cerveza de mantequilla era deliciosa, eso era innegable.

Terminé comentándole a Lluna mi intención de buscar un piso en Londres para emanciparme de mis padres; estaba bien vivir con ellos pero quitaba libertad para otras actividades. Lluna se alegró mucho y sonrió con esa sonrisa tan bonita y perfecta que me ha dedicado otras veces (no tantas como me gustaba reconocer) y yo se la devolví; aunque me encantase tomarle el pelo, esa sonrisa tan amplia y sincera me derretía el corazón. Ahora entendía como Matt podía ser tan blando con ella algunas veces, teniendo en cuenta que era como su padre… Lluna me comentó un poco sobre el piso de Matt.

- Hmm… yo aspiro más alto Llunita. Un mini-piso es demasiado pequeño. – obviamente; el nombre ya lo decía por sí solo: mini. Reí cuando Lluna mencionó lo del picadero y asentí encogiéndome de hombros. No tenía sentido negar aquello. – No imaginas que incómodo es querer montártelo con alguien y que aparezca tu tía por el borde de la puerta preguntándonos si estamos cómodos. Creo que guarda esperanzas de ver a alguna de esas chicas más de una vez. – resoplé y negué con los ojos en blancos. Por suerte con papá era distinto pero ya tenía una edad como para necesitar mi espacio. Tendría a mis padres y a su preciosa y enorme mansión cuando quisiese pero sentía que ya debía alejarme del “nido” familiar. Cuando me dijo que le preguntase a Matt para que me aconsejase, asentí y le revolví el pelo de manera cariñosa. – Eso haré, renacuaja.

Me llevé la copa de whisky de fuego una última vez a los labios para apurar el último trago. Aprovechando el silencio, Lluna me dijo que siempre podía dormir con ella en su cama. Aún con la copa en los labios, giré los ojos para clavarlos en los de ella mientras un brillo divertido los cubría. Al parecer no había sido el único en tener fantasías con alguien de mi familia. Lentamente dejé la copa en la mesa, ya vacía, y miré a Lluna en silencio unos instantes. ¡Al final resulta que seremos el matrimonio perfecto!

- Es mejor que no. Seguro que te hago dormir tan bien que no quieres despertar nunca. Te agarrarías a mí como un mono, como cuando eras pequeña. ¿Cómo voy a dirigir un departamento así? – reí, no sé si más por la visión aquella o por la mención al departamento. Era perfectamente capaz de dirigirlo desde la distancia, mi apellido ya hacía la mitad del trabajo.

Me acomodé mejor en la silla. No sabía cuanto tiempo llevábamos allí pero a juzgar por el entumecimiento de mi trasero debía de ser bastante. Miré distraídamente el reloj y después a Lluna. Yo no tenía horarios, aquel día solo tuve que trabajar por la mañana y tenía libres la tarde y la noche ¿pero no se suponía que Lluna tenía que regresar al colegio? No hacía tanto que yo había estudiado en Hogwarts pero ya no me acordaba demasiado bien. Es verdad eso que dicen de que olvidas lo negativo del pasado y te quedas con lo positivo.

- ¿A qué hora tienes que regresar al castillo? No quiero que te metas en líos por mi culpa – aunque no era del todo verdad pero era mejor que no enfadase a Filch - ,si quieres te acompaño.

Me levanté de la mesa y me puse mi abrigo, y permanecí de pie junto a la mesa esperando a que Lluna se arreglase.


Off: si quieres podemos seguir el rol mientras te acompaño hasta la entrada a Hogwarts, o si quieres podemos terminar aquí (en ese caso sácame en tu próximo post). Tú decides primita.
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Lluna Forman el Vie Dic 19, 2014 12:32 am

He crecido a nivel físico, mental, intelectual… Pero ante Brad me siento como una niña siempre. Se adelanta a mis pullas y siempre tiene una frase ingeniosa con la que salir vencedor de nuestras peleas verbales. Por eso me gusta tanto. Lo mismo le daba que yo le amenace, o que le haga la burla. Él ni se inmuta. No sé como lo consigue. Esta se la guardo, no lo digo en broma. Tiene que aprender que conmigo no se juega, y yo tengo que hacerme respetar. Le miré bastante mal cuando dijo lo del cole. No tengo 5 años, y ya va siendo hora de que lo sepa. Sonreí de una manera muy peculiar, mi sonrisa de “Te vas a enterar”.

Aún con la tensión que me invade desde que llegué a esta cita, me atreví a contarle a mi primo cosas del pasado. Cosas vergonzosas como lo que me pasó con Andrew cuando confundí su cama con la de Brad. Él no dejaba de reír, y yo quería salir corriendo. No sé para que le he contado nada. Para el todo son risas y cachondeo. Hasta que descubrí que por mi culpa, su amigo tuvo pelea con su novia. Las cosas que hago sin enterarme, hay que ver. Brad quiso ponerse serio pero no lo consiguió, continuaba riéndose de mí y de su amigo. Maldito Brad.

Cuando el tema se ponía incómodo, sacaba otro tema intentando que fuese igual de jugoso o más que el anterior. Y conociendo a Brad eso es fácil. Hablar de mujeres siempre surge efecto. Se parece tanto a Matt en ciertos aspectos… Difieren en otros tantos también. Como por ejemplo la manera de tratar mi fobia. Matt me intenta ayudar, Brad me quiere asustar. Pero esta vez fui seria y me mantuve fuerte. No le iba a tolerar risas. Todos tememos algo, y en mi caso son esas asquerosas y peligrosas aves. Le pedí ayuda en un tema que me rondaba la cabeza sobre los murciélagos. Quizás con uno podría mandar correo sin pasar por el pánico más absoluto. Le agradecí su consejo, y le di una indirecta muy directa de que podía regalarme por navidad.

Decidí atacar su punto débil. El matrimonio, los hijos y ese tipo de cosas. Repitió la misma cantinela de siempre. Matt es más mayor, Matt primero, hasta que Matt no se case yo ni me lo planteo…


- No le veo aún sentando la cabeza, aunque sé que la abuela lo está deseando.  – me encogí de hombros como si no hubiera solución posible. – En cambio, pagaría por saber qué mujer podría soportar tu irreverencia.


Creo que yo sabría como aguantar su forma de ser, pero eso solo pasa en mis sueños más íntimos. Por más que nuestra familia lo haya comentado, tengo que empezar a asimilar que él no será para mí. Intenté asustar a Brad contándole que Matt había salido un par de veces con una mujer y me hablaba muy bien de ella. Pero de eso a casarse hay un largo camino. O eso creo. Ante todo, sé que Brad quiere la felicidad de Matt, pero no se hace a la idea de verlo casado, quizás con hijos… Joder. ¡Lluna! Perdón… Creo que yo tampoco me hago a la idea. Bebí precipitadamente toda la cerveza de mantequilla que me quedaba, y sin darme cuenta un pequeño bigote de espuma apareció sobre mis labios. Brad me lo quitó con su dedo, y luego se lo llevó a la boca. Esto debería estar mal. Cuando estoy con otros chicos no me pasa lo que me pasa cuando Brad hace ese tipo de cosas. Siento un cosquilleo en ciertas partes. Es raro.


Me centré de pleno en la conversación aburrida sobre pisos de Londres, y terminé diciéndole a mi primo que Matt sabe más sobre esos temas. Yo sólo soy una alumna de Hogwarts que siempre ha vivido a costa de otros. El día que me toque el turno de independizarme ya veré. Eso si, fui un tanto pícara al ofrecerle mi cama a Brad. Me disgustó un poco su negativa, pero no dejé de sonreír como una idiota.

Hasta que Brad no me habló de la hora, no me di cuenta de que habían pasado varias desde que llegué a Hogsmeade. Miré el reloj de pared situado detrás de la barra y di un respingo.


- Lo cierto es que tendría que regresar ya mismo.


Brad no tardó en levantarse y ponerse el abrigo. Se ofreció a acompañarme y acepté encantada. Mientras me ponía el abrigo, Brad se acercó a la barra para abonar el precio de las consumiciones. Nada más salir del pub me cogí de su cintura. No quería llegar al lugar de la despedida, pero a cada paso estaba más cerca de Hogwarts y más lejos de Brad. Le di un fuerte abrazo en la frontera entre mi destino y el pueblo.


- Me ha encantado verte. La próxima vez nos vemos en casa de Matt. Tienes que venir a la fiesta de navidad.


Le di un beso en la mejilla y salí a toda prisa por el camino hacia Hogwarts. Me giré una vez, y otra, viendo alejarse su figura.  


Off: Ha sido un placer rolear contigo, primo.
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