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The rescue {Caleb&Alyss -Priv.}

Invitado el Lun Oct 20, 2014 6:11 pm

Pronto aparecimos en el suelo de mi piso. Estaba demasiado nerviosa como para reaccionar con lógica, así que me quedé quieta por unos segundos, observando el cuerpo destrozado de Caleb. Necesitaba hacer algo para salvarlo, y tenía que ser en aquel momento. No había tiempo. Llevarle al hospital era impensable, ya que aquello acabaría con todas las coartadas en caso de que fuese acusado de ser mortífago. Para la vida real de Caleb, aquel día no había existido. No solo no podía dejar que se muriera, es que no podía dejar que se lo llevasen a Azkaban.

Tiré de él con toda la delicadeza que pude hasta acercarlo al sofá, y con un gran esfuerzo logré subirle en él. Apoyé su cabeza sobre un cojín y entonces, le quité la máscara. Nadie está jamás preparado para ver a la persona que ama en aquel estado. Los ojos se me inundaron de lágrimas de nuevo. La chica fuerte que había construido durante los últimos años desaparecía por segundos. Pero tenía que mantenerme fría y ayudarle, no llorarle y dejar que muriese en frente de mis ojos.

Corrí al baño y cogí un botiquín y una toalla, la cual mojé en agua. Lo llevé todo al salón y apoyada con las rodillas en el suelo empecé a limpiar sus heridas. Me daba miedo que no volviese a reaccionar o hacer algo mal, pero mejor eso que nada. Del botiquín, protegido con un hechizo mágico, saqué un pequeño frasco marrón que guardaba con mucho cariño de uno de mis viajes. El díctamo era una poción muy extraña y difícil de conseguir, pero de alguna manera sabía que alguna vez la usaría con Caleb. Era la única persona a la que se la daría.

Se la apliqué sobre las heridas sangrantes, sin escatimar, para que curasen de manera rápida antes de que los daños fuesen irreparables. Luego apliqué un potente remedio contra las quemaduras sobre su piel abrasada por el hielo. No podía dejar de pensar en que despertase. Cada segundo que pasaba con los ojos cerrados era un infierno para mi.

-Caleb... vuelve... -dije con toda mi ternura, acariciándole el pelo con las manos manchadas de sangre. -Todavía te necesito. -confesé, pensando que desde el día en que le había conocido, no había dejado jamás de necesitarlo.
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InvitadoInvitado

Caleb Dankworth el Lun Oct 20, 2014 8:01 pm

Poco después de haber escapado del edificio en ruinas en el que se había convertido la estación de tren de Hogsmeade, todo el humo que había contaminado mis pulmones y el hielo que me había congelado la piel durante largos minutos por fin consiguieron tener un mal efecto en mí y perdí la consciencia, quedando tumbado a mi suerte en la calle cubierta de escombros de aquel pueblo al que le habíamos traído el terror y la desgracia. Al menos eso era algo bueno. Lo último que hice antes que de que todo se volviera negro fue preguntarle cómo sería mi celda en Azkaban cuando despertase. Esperaba que me tocase una de las más grandes, no merezco menos.

Sentía mucho frío mientras estaba inconsciente, pero no dolor. Estaba como en un limbo lleno de oscuridad. No había nada de nada, pero poco a poco, a medida que pasaba el tiempo (era incapaz de saber si había pasado mucho tiempo o poco) aquel vacío se iba llenando con un sonido suave. Era un sonido que parecía venir de muy lejos y que no se oía bien, pero sonaba muy familiar... Quise hacer un esfuerzo por escuchar lo que decía aquel sonido que había logrado identificar como una voz femenina. Aquella voz parecía hablarme desde el otro extremo de un túnel muy largo...

-Y yo a ti...- murmuré de repente de manera completamente inconsciente mientras seguía desmayado y con los ojos cerrados. Mi voz era baja y rasposa a causa del humo que había respirado durante tanto tiempo, pero las palabras fueron suficientemente claras como para que se entendiesen.

Y de repente me desperté.

Fui devuelto a mi estado de conciencia poco a poco. Primero fui capaz de oír con más claridad, y luego de oler con más intensidad. A continuación el sentido del tacto volvió a mí, y con él volvió el dolor y el intenso frío que me hicieron sisear entre dientes y apretar la mandíbula. Entonces abrí los ojos.

Tenía la vista borrosa al principio y veía manchurrones oscuros. Las manchas desaparecieron de mi visión, y entonces vi que estaba tumbado en un sofá en un lugar que no era ni Hogsmeade, ni Azkaban, ni San Mungo, ni mi casa. Al principio estaba perdido, pero luego reconocí el lugar, pues ya había estado ahí una vez hace poco tiempo. Era la casa de Alyss.

Giré la cabeza (lo que hizo que me doliese la herida que tenía en ella) y vi a Alyss a mi lado, mirándole con ojos llorosos. Al principio fruncí el ceño, pues no entendía cómo había llegado hasta ahí. ¿Habría conseguido desaparecerme y habría aparecido justo ahí? Aquello no tenía mucho sentido, la única explicación lógica era que Alyss me hubiese encontrado... Porque era mortífaga. Eso significaba que ella había estado ahí, en Hogsmeade, en medio de todo el peligro.

-Alyss...- murmuré. Mi voz se podían escuchar muchos sentimientos e intenciones diferentes: una disculpa, un gracias...

Intenté incorporarme, pero no pude. Me pasó exactamente lo mismo que me había pasado en la estación de tren, la costilla (o costillas, todavía no sabía la gravedad de las heridas causadas por los escombros que cayeron sobre mí en avalancha) rota me provocó un dolor horrible que me hizo caer tumbado de espaldas otra vez, soltando toda clase de maldiciones entre dientes.

-Mierda- mascullé. Moví el cuello y bajé la mirada para poder ver el resto de mi cuerpo. La mayoría de las heridas y las quemaduras habían sido tratadas ya por Alyss, lo cual tendría que agradecerle. Usando el brazo que no estaba herido, el derecho, me levanté la camisa negra bajo la túnica para ver qué daños podían verse bajo la tela negra. Había algunos rasguños y cortes pequeños a los que no le iba a dar ninguna importancia, pero mi costado estaba completamente amoratado.

Solté otra maldición y bajé mi camisa antes de dejar caer mi cabeza sobre el sofá otra vez. Miré a Alyss, que parecía realmente asustada. ¿Había estado asustada por mí mientras me curaba, asustada por lo que pudiera pasarme? Ese pensamiento en parte me alegraba, y en parte me enfurecía. Ahora Alyss ha visto lo que ha sido mi mundo desde hace muchos años.

Alcé la mano derecha y la posé en su mejilla, sin pensar en que podría mancharla de sangre y hollín. Solamente quería tocarla...

-Gracias- dije con tono serio. Nunca pensé que esto llegaría a pasar, pero Alyss me ha salvado. Podría estar de camino a Azkaban de no ser por ella.
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Mar Oct 21, 2014 7:06 pm

Pasaban los minutos y Caleb no daba señales de vida que no fuesen su ligera respiración. Yo no podía reprimir en llanto mucho más, atormentada por las ideas que pasaban por mi mente y se apoderaban de mi. Jamás habría llorado por nada que no fuese él, porque me quedaban pocas lágrimas y no tenía nadie mejor en quien emplearlas. No podía estar tranquila. Me daba miedo que tuviese algún daño inapreciable para mi que le estuviese matando por dentro. No podía dejar que muriese. Él lo era todo para mi. Habría vendido lo que quedaba de mi alma al diablo para que saliese de aquella y abriese, de una vez por todas, los ojos.

Gracias a todo no hizo falta. Un murmuro me sobresaltó y me hizo volver a la vida. Era la voz de Caleb, respondiendo a mis suplicas. ¡Me oía! -¡Caleb! Menos mal que respondes, estaba a punto de caer en la desesperación... -dije, esperando a que terminase de despertar de su letargo. Estaba muy dolorido, y me podía imaginar el fuerte dolor de cabeza y de costado que debía tener. Así que le di tiempo, acariciándole el pelo para que me sintiese a su lado.

Pronto empezó a abrir los ojos. Los tenía perdidos y notaba como trataba de enfocar la vista y situarse. -Soy yo, Alyss. Estoy aquí... -murmuré con la dulzura que me había caracterizado años atrás. No sabía como alguien podía cambiar tanto como yo por alguien como Caleb, y luego ser incapaz de mantenerse fría y calculadora ante su misma presencia. Puede que la parte buena de mi la reservase solo para él.

Finalmente me localizó y me miró a los ojos fijamente. Le sonreí, casi con un gesto de llanto, totalmente aliviada. Mi nombre en sus labios podría devolverme a la vida después de cincuenta puñaladas.

Intentó moverse, pero un gesto de dolor se apoderó de su gesto y se dio cuenta de que era inútil tratar de incorporarse. Estaba muy dolido de la batalla, y aunque le había curado las heridas más peligrosas, todavía tendría algún hueso roto. Me levanté sin pensarlo y fui al armario del baño de nuevo. Sabía que guardaba ahí más pociones por si acaso había una emergencia y no podía acudir al hospital para mantener mi identidad. Cogí una botella blanquecina con un líquido espeso y lo llevé al salón. Era una poción para regenerar huesos. -Bebe un poco. Te ayudará a poder moverte. Mañana al menos podrás caminar. Espero. -dije, intentando calcular los daños en su cuerpo desde mi inexperiencia. Tomé un poco del líquido con una cuchara y se lo di. Debía saber muy mal, pero Caleb podía con todo.

Vi como se levantaba la camisa para examinar sus golpes y decidí desvestirle. Estaba sucio y sería mejor vendarle las heridas para ayudar a que sanasen. -Intentaré no hacerte daño. -dije a un todavía muy aturdido Caleb que parecía no enterarse. Tomé la túnica y se la desaté del cuello para poder quitarla de en medio. Luego empecé a desabrochar su camisa. Era un camino que había recorrido muchas veces antes, y que si no fuese porque Caleb estaba en un estado deplorable me había provocado un profundo sonrojo. Pero ahora no podía pensar en eso.

Dejé su rostro al descubierto, amoratado y con sangre proveniente de las heridas del brazo. Le limpié con la toalla mientras el acariciaba mi rostro. Había añorado profundamente aquella simpatía que a veces mostraba hacia mi. Sonreí nostálgica y recorrí con la toalla humeda su pecho y su costado, con mucha delicadeza. Era como recitar poesía, lo hacía con todo el empeño y cuidado de mi corazón.

-No me vuelvas a pegar estos sustos Caleb, o te mataré con mis propias manos. -le amenacé casi volviendo al llanto. No podía verle así, me destrozaba por dentro. Sabía que era nuestro trabajo, pero yo le necesitaba más que Voldemort.
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InvitadoInvitado

Caleb Dankworth el Mar Oct 21, 2014 8:36 pm

Todavía estaba algo confundido, pues el humo, el frío y los golpes me habían dejado bastante fuera de juego, pero sí que llegué a oír con claridad lo que me decía Alyss. Se veía que había estado realmente asustada por mí, y eso me hacía sentir mal. Quería decirla que estaba bien, pues aunque mi aspecto pareciese decir lo contrario, nada podía conmigo. Además, no puedo dejar que me pase nada, pues hay gente a la que quiero y necesito estar bien para protegerles. Puede que Alyss ya no sea mi novia y que llevemos muchos años separados, pero no pienso dejarla sola. Nunca.

-No te preocupes por mí- dije con voz rasposa por culpa del humo que había estado respirando.- Estoy bien...

Me resultaba extraño estar así con Alyss ahora después de toda la tensión que había habido entre nosotros el otro día, cuando nos vinos por primera ve en ocho años. Nos habíamos dicho muchas cosas, confesado otras tantas y reprochado otras más. Habíamos sido personas tan distintas a las que éramos ocho años atrás que casi ni nos habíamos reconocido. Ahora sin embargo esta Alyss sí que es la Alyss que yo conozco, mi Alyss.

Intenté incorporarme pero me fue imposible a causa de las costillas rotas, que me hicieron maldecir más de una vez entre dientes. Tenía la imagen de la Aurora que me había hecho eso grabada en la mente. Puede que ahora no fuese el momento, pero algún día me las paga. Vamos que si me las paga... Alexis tengo la alegría de que ella estaría en el hospital en iguales o peores condiciones que yo, después de los regalitos que la había dejado en la pierna y el brazo.

Al ver que no podía moverme Alyss fue a por algo, y volvió con una poción regeneradora que me sirvió en una cuchara. Hice una mueca cuando me lo bebí, pues no había probado nada que supiese peor en toda mi vida. No era la primera vez que probaba aquella poción, pues mi ocupación como mortífago hacía que estuviese más a menudo herido que sano, y siempre me rompía algo, sobre todo cuando era nuevo en todos estos follones.

-Ugh- mascullé con asco, aunque me tragué la poción sin rechistar. Si quería curarme pronto tenía que aguantarme.- Gracias- dije otra vez con sincera gratitud. De todas las personas que me podían haber encontrado y que me estuviesen ayudando en ese momento ninguna era mejor que Alyss, y daba gracias simplemente por eso. Qué cosas, no encontrarnos en ocho años y cruzarnos de repente dos veces como lo habíamos hecho. Si hace ocho años me hubiera dicho que Alyss iba a salvarme después de una batalla de mortífagos no me lo hubiese creído.

Alyss decidió quitarme la túnica y la camisa, que estaban completamente sucias y rasgadas. Aunque nunca le habría dicho que no a Alyss en aquella situación, en ese momento no puse pegas simplemente porque todavía estaba muy aturdido y simplemente hacía todo lo que ella me mandaba. Con cuidado me quitó la túnica y desabrochó los botones de mi camisa, rozando mi piel casi sin querer al hacer aquello. Siempre había adorado el roce de sus dedos y sus manos con mi piel, y lo añoraba. Durante un breve segundo sentí un intenso cosquilleo, pero se esfumó rápidamente en cuando sentí una aguda punzada de dolor en el costado. Esta vez no me quejé en voz alta sino que permanecí en silencio, aguantándome, pero no pide evitar la mueca que apareció en mi rostro.

Permanecí tumbado mientras Alyss me limpiaba cuidadosamente las heridas del torso y de los brazos. La peor era la del antebrazo, pero de esa ya se había encargado antes con un ungüento que estaba haciendo maravillas en la herida, limpiándola y cerrándola. Era un proceso algo lento, pero estaba funcionando.

Veía ahora con mucha más claridad que antes, y usé eso en mi ventaja para poder mirar a Alyss fijamente mientras ella trabajaba. Me encontraba fascinado de nuevo por lo mucho que había cambiado en esos años. Era aún más bella de lo que había sido cuando la conocí. Demonios, ¡si cuando la conocí era apenas una niña! Tenía dieciséis años... Cuanto más pienso en ello peor me siento. Ella había aparecido en mi vida como una luz de esperanza que curó mis males, pero yo había aparecido en la suya como un huracán que lo había dejado todo hecho un desastre. Debería haberme mantenido alejado de ella, debería haber sido más responsable, pero no lo fui. Ahora eso no se puede cambiar.

Reí por lo bajo cuando habló de nuevo, amenazándome. El movimiento hizo que me doliese el costado de nuevo y que tosiese un poco, pero no me importó. En sus palabras y en su voz, en sus gestos, podía ver que todavía me quería. Nada más importaba.

-Pensaba que no querías volver a verme- murmuré, mirándola con las cejas levemente alzadas.
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Mar Oct 21, 2014 11:34 pm

Después de que Caleb respirase con más frecuencia y abriese los ojos, fue mi corazón el que dio un vuelco. Casi grito de alegría al darme cuenta de que estaba vivo y que podía reconocerme. Así que, incrédula, le ayude a reconocerme. Luego busqué algo para sanar sus huesos y ayudé a limpiar su torso mal herido. Aquel torso tan sensual y fuerte sobre el cual había dormido durante tantas noches. Era increíble como cambiaban las cosas con el paso de los años, pero a Caleb el tiempo parecía no afectarle. Él siempre sería el que conocí. Y del cual ahora no podía separarme.

Su comentario, seguido de amenaza, con aquella cara pícara casi me hace soltarle una bofetada. Acababa de salvarle la vida y no entendía como estaba para bromas. Pero en el fondo algo me hizo pensar que por mucho que quisiera huir de Caleb eternamente, jamás lo lograría. Le miré furtivamente e ignoré su comentario. Creo que mi mirada desveló parte de mi amor contenido.

Al parecer aquella poción regeneradora sabía tan mal como recordaba. Pero después de la paliza que le habían dado, no estaba como para quejarse. Se la tomó sin rechistar, y una vez hubo terminado recogí todos los frascos que había usado y me los llevé de vuelta al baño. De allí cogí unas vendas gordas y unas grapas para sostenerlas, y volví al salón.

-Si te hago daño, avísame. -dije mientras me sentaba a su lado en el sofá y empezaba a desenrollar el largo rollo de vendas que sostenía en una mano. Sujeté el extremo con la boca y empecé a rodear su cuerpo con cuidado, ocupándome de que la zona de las cotillas quedase bien prieta para que sanasen lo antes posible. -Te encontré en medio de la calle, al lado de un incendio de una estación. -comenté con seriedad mientras continuaba mi labor. -Podías haber muerto Caleb. ¿Me escuchas? -le reproché mirándole con ojos fríos y vidriosos. Siempre tan impasible ante el dolor. Puede que el pudiese soportar su muerte, pero yo no.

Cuando terminé, y al ver lo frío que estaba, no pude evitar pasar mi mano por todo su cuello y su pecho, apreciando cada detalle, para bajar por su brazo y acabar en su mano. -Jamás vuelvas a hacerme esto. -dije, dando por finalizando el tema. En mi voz se notaba un tono triste, y a los pocos segundos solté su mano para levantarme. Tomé una manta del sillón de al lado y se la coloqué por encima como una madre que cuida a sus hijos. Tenía que entrar en calor.

-Vas a pasar la noche aquí, sin moverte. -ordené sin admitir quejas. Y yo dormiría a su lado toda la noche si hacía falta. No podía dejarle solo.

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InvitadoInvitado

Caleb Dankworth el Jue Oct 23, 2014 1:41 pm

Estuve a punto de reír cuando vi la mirada que me echó después de mi último comentario, pues por su expresión parecía como que quería pegarme, pero sabía que no lo iba a hacer. Alyss ha cambiado mucho esos años, pero no me pegaría estando en estas condiciones. Sería divertido si lo hiciese, eso sí. Era un lado completamente nuevo de Alyss que todavía me quedaba por descubrir y conocer. Recordaba la bofetada que me dio cuando nos encontramos por primera vez en el callejón hacia ya unas semanas. Al acordarme de aquel pequeño incidente comencé a sentir el ardor que me había dejado su golpe en la mejilla, como si nunca hubiese abandonado mi piel. Me había sorprendido, pero a la ve me fascinaba. Alyss no parece Alyss, pero a la vez me encanta que sea ahora así. Es fuerte, independiente, segura... Pero a la vez, aquello me preocupaba muchísimo. Ese cambio de carácter había cambiado su vida completamente, y aquel cambio tan drástico podía traerla problemas muy serios. Mira hoy, ha estado en un ataque de los mortífagos a Hogsmeade. ¡Podría haberla pasado cualquier cosa! ¡Podrían haberla herido, podrían haberla capturado, podrían haberla matado! Me hervía la sangre al pensar en aquello.

-No te preocupes por mí- murmuré con voz rasposa cuando me dijo que le avisase si me hacía daño, pues quería vendarme para cuidar de mis costillas rotas. No quería que se tomase tantas molestias por mí, ella no tendría por qué estar haciendo esto. Sé que la he hecho sufrir a lo largo del tiempo, y si ella hubiese decidido dejarme tirado en medio de la calle no se lo hubiese reprochado, pues habría sido perfectamente entendible.

No me hizo caso y se dedicó entonces a vendarme el torso como si yo no le hubiese dicho nada, así que no tuve más remedio que causarme y dejarla que continuase haciendo lo que hacía. No me quejé del agudo dolor que sentía al estar incorporado de aquella manera, pues ya se la ve bastante preocupada por mí como para que encima me queje y la preocupe más. No, mejor estar callado, así que apreté la mandíbula con fuerza y contuve la respiración mientras ella me vendaba y apretaba para que las costillas sanasen bien. No dolía tanto como cuando me curaba y vendaba yo a mí mismo, pues yo soy un bruto y Alyss es cariñosa y paciente y ponía mucho cuidado en lo que hacía. Tenía mejores manos para ser Sanadora que para ser mortífaga.

Me dijo que me encontró tirado en la calle justo a la estación en llamas. Imágenes de la pelea con la Aurora empezaron a invadir mi mente, y una pequeña media sonrisa ladeada y siniestra de formó en mis labios. La pelea había ganado dado un giro inesperado al final y yo había acabado perdiendo, pero he de decir que no había sido una pérdida de tiempo. Había causado una gran destrucción, y eso era lo que contaba.

-Tuve una pequeña pelea con una Aurora del Ministerio- dije, diciendo la palabra "pequeña" con cierto sarcasmo. Menuda pedazo de Aurora, ¡la muy puñetera me había lanzado un Crucio! Bueno, pues ella se había llevado dos, así que se fastidia. Alyss dijo que podría haber muerto y suspiré.- Gajes del oficio- dice sin darle mucha importancia.- He estado haciendo esto durante casi veinte años, no es la primera vez que casi muero. Tampoco será la última, pero soy un hueso duro de roer- aquello era cierto. Me había metido en duelos mucho peores que el que acababa de tener con aquella Aurora; las cicatrices que decoran varias zonas de mi cuerpo son un recuerdo de ellos. Había habido situaciones en las que realmente había pensado que no iba a conseguir salir de ellas a no ser que fuese con los pies por delante, pues prefería mil veces acabar muerto que acabar encerrado. Pero todavía estoy vivo, y libre, y nadie va a cambiar eso.

Toda aquella charla me recuerda el hecho de que Alyss también había estado en la batalla de Hogsmeade, y la pequeña sonrisa desapareció inmediatamente de mi rostro. Mi mirada se endureció y se oscureció, y la miré con seriedad.

-Tú estabas ahí también- dije, y en mi voz se notaba perfectamente que eso no me hacía ni pizca de gracia. Alyss ya había terminado de vendarme y debería permanecer tumbado para recuperarme y no hacerme más daño del que ya me había hecho, pero en ese momento no podía pensar en mí mismo. Con una mueca me incorporé lo mejor que pude y deslicé mi mano por el brazo de Alyss mientras recorría con mi mirada todo su cuerpo, intentando asegurarme de que ella no estuviese herida también. Aparentemente no parecía tener no un rasguño, y eso era un alivio, pero a lo mejor podrían haberla golpeado con un hechizo para hacerla daño que no haya dejado marcas.- ¿Estás bien?

Quería reprocharle y enfadarme porque se pusiese en situaciones peligrosas como esta, pero ella ahora es una mortífaga y yo no puedo hacer nada al respecto. Si el Señor Tenebroso da una orden hay que cumplirla. Aún así no me gustaba nada, pero nada en absoluto. ¿Y si la hubiese pasado algo malo?

Entonces Alyss paseó su mano por mi pecho desnudo, por mi cuello y mis brazo. La sensación que me produjo aquello me hizo estremecerme, pues era como una descarga eléctrica placentera. Cerré los ojos un segundo mientras la sentía tocando mi piel, y en aquel momento recordé cuando estábamos juntos ocho años atrás, y sus manos solían recorrer mi cuerpo de esta manera mientras las mías acariciaban el suyo. Odiaba que esos días hubiesen tenido que acabar de una manera tan brusca y absurda. Ojalá hubiese encontrado una manera mejor de lidiar con la amenaza que se cernía sobre Alyss... Pero ya no había marcha atrás.

La mano de Alyss acabó deslizándose desde mi brazo a mi mano, y entonces de la cogí. No quería soltarla nunca, aunque sabía que tendría que hacerlo. Levanté mi mano y acerqué la suya a mi rostro, y abrí los ojos para dedicarla una portada intensa mientras la besaba suavemente el dorso de la mano sin apartar mis ojos de los suyos en ningún momento. Hay tantas cosas que la quiero decir, ¿pero cómo de las digo? Ya me lo dejó bien claro el otro día. No puedo aparecer después de ocho años y hacer como si nada. Las cosas ya no eran iguales.

Aunque ya no estaba congelado y mis labios y mis dedos habían dejado de estar azules, seguía teniendo tanto frío que mi cuerpo tiritaba. Alyss pareció darse cuenta, y entonces se levantó y tuve que soltarla. Volvió al sofá con una manta y me cubrió con ella como si fuese un niño pequeño a punto de ir a la cama. Aquello devolvió la pequeña media sonrisa a mi rostro, aunque esta vez no era maliciosa. Sin embargo, Alysd parecía triste y de le notaba en la voz cuando me pidió que no volviese a hacerla esto. Me quedé en silencio, pues no sabía qué decir. No podía prometerle no volver a meterme en una situación como esta, pues soy mortífago y jamás dejaré de serlo. Está en mi sangre, es parte de mí...

Me dijo que pasaría allí la noche entera, y no rechisté. No era sólo porque no podía no moverme, sino que jamás dejaría pasar una oportunidad para estar cerca de Alyss. He perdido mucho tiempo ya.

-Como quieras- murmuré. Extendí un brazo para coger su mano y tiré levemente de ella para volver a sentarla a mi lado. La quería lo más cerca de mí posible, aunque a lo mejor aquello era muy egoísta de mi parte.
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Sáb Oct 25, 2014 2:07 pm

¿Como podía pedirme que no me preocupase por él cuando estaba para el arrastre? Un poco más y tenía que traérmelo a casa por piezas. Puede que estuviese preparada para aceptar que era un mortífago y que se trataba de su trabajo y de su misión; pero no estaba para nada preparada para enterrarle y llorar subre su tumba. Aquello me habría llevado al subsuelo tras el. El trabajo de Caleb no me hacía ninguna gracia, incluso si al fin y al cabo era el mismo que el mio. Puede que porque mi vida me importase menos que la suya. De todas maneras él tenía ese don del riesgo, por lo que siempre acababa mucho más perjudicado. Yo era de trabajo limpio para evitar problemas. Caleb disfrutaba de una lucha y de la tortura. Por eso numerosas veces era él quien terminaba torturado.

-Deberías tener cuidado, por si algún día es la última vez que estas a punto de morir. -dije sin mirarle, tratando de atas las vendas de manera correcta y fuerte para que no pudiese mover el costado. Intenté no denotar mi preocupación en la voz, pero estaba claro que él ya sabía que casi me había dado un paro cardíaco por sus jueguecitos más de una vez. Odiaba eso de Caleb. Parecía preocuparse por mi, pero le daba igual hacer cosas que me provocasen dolor directamente. Jamás habría dejado su misión de mortífago por mi, pero nunca me hubiese permitido a mi serlo por si me pasaba algo. Menos mal que sus órdenes ya no eran efectivas sobre mi.

Y como ya había predicho, llegó el momento de las regañinas. Como un padre a una hija, el mal herido me regañó por haber asistido a la peligrosa pelea. En ese momento le miré, y casi había una luz sarcástica y divertida que alumbraba mis ojos. -No creo que puedas regañarme. Te recuerdo que el que está moribundo en mi sofá eres tú. -le repliqué con tono suave y constante. A Caleb le daba miedo que yo saliese herida, pero le estaba demostrando que ni era la niña que conoció, ni era una débil que necesitase ayuda de nada. Podía con todo, o eso creía yo. De momento seguía viva. -Casualmente yo también he tenido una pequeña disputa con una. -presumí, queriendo hacerle ver que yo era tan capaz como él. -Como ves, yo tampoco soy fácil de abatir.

Su preocupación en parte me conmovía y en parte me ofendía. ¿Cuanto tiempo le llevaría darse cuenta de que ya no era su niña pequeña? Puede que un par de años más, todavía. Tendría que demostrárselo con actos hasta que no tuviese más remedio que creerme.

Le llevé la manta y le tapé todo lo bien que pude. Estaba más tranquila, pero seguía preocupada por su salud. Si esta noche no moría entre los dolores que provocaba la regeneración de huesos y la hipotermia, entonces nada podría matarlo jamás. Y eso esperaba, porque deseaba con toda mi alma que Caleb fuese inmortal. Solo para poder tenerlo en mis brazos hasta el fin de mis días.

-Descansa, anda. -dije, acariciando su rostro con la mano que acababa de besar. Me senté en el suelo, y con la cabeza apoyada en el borde del sofá, y una cascada de pelo rubio cayendo por mi espalda y mi brazo hasta la cintura, me quedé mirando como poco a poco Caleb se adormilaba. Necesitaba más que nadie descansar y reposar para recuperarse. Mis dedos acariciaban su mejilla y su cuello, y poco a poco, incluso a mi me estaba empezando a entrar cansancio. Pero no permitiría que el sueño ganase la batalla hasta que Caleb no estuviese profundamente dormido.
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InvitadoInvitado

Caleb Dankworth el Jue Oct 30, 2014 12:54 pm

No importa lo que dijese, parece que Alyss no iba a dejar de estar preocupada por mí y por lo que me había pasado, a pesar de que me encuentro bien. Solamente tenía un par de huesos rotos y tenía mucho frío, pero he soportado cosas peores, esto no iba a vencerme. Sé que me pongo en riesgo más a menudo de lo que es sano, pero es mi deber, y es mi vida. No puedo cambiar ahora, es demasiado tarde.

-Voy a estar bien, Alyss- dije cuando me dijo que tuviese cuidado mientras terminaba de vendarme. Lo dije con voz grave pero suave a la vez. Ella no me miraba a mí a los ojos pero yo sí que la miraba fijamente a ella. Necesitaba hacerla entender que no debía preocuparse, que sé lo que estoy haciendo. Puede que ella también sea mortífaga ahora y que entienda los enormes peligros a los que nos sometemos, pero es mucho más nueva e inexperta que yo y todavía no comprende que para algunos esto no es solamente un trabajo, sino que es parte de nosotros, de nuestra esencia. A estas alturas yo ya sabía cómo mantenerme vivo a pesar de estar medio muerto en ocasiones.

Me sentía mal por hacerla preocuparse. Sabía que por dentro estaba muchísimo más molesta conmigo de lo que parecía, la conocía muy bien. Ese brillo que tiene en la mirada en estos momentos me hace ver que está imaginándome lo peor, y que no le gusta nada. Y a la vez me siento como un capullo porque eso me encanta. El otro día, cuando me encontré con Alyss por primera vez en ocho años, había habido un angustioso momento en el que había dudado acerca de cuales serían sus verdaderos sentimientos por mí hoy en día. Había estado dispuesto a alejarme de ella para siempre si ella así lo quería, pero ahora veo con claridad que ella quiere eso tan poco como yo... o al menos eso quiero creer. Puede que no. Puede que mi mente me esté jugando una mala pasada, engañándome de esta forma tan cruel. A lo mejor me he golpeado la cabeza con demasiada fuerza.

No pude evitar regañarla por haber estado en Hogsmeade. ¿Y cómo iba a no hacerlo? Todavía no me acostumbraba a la idea de que Alyss era una de nosotros, de que llevaba esa marca en el brazo... Además, esa marca no te da poder infinito, sino que te pone aún en más peligro en el mundo mágico. Si algo le llega a pasar a Alyss yo me vuelvo loco, no soportaría perderla a ella también. He perdido ya a demasiada gente, no aguanto más... Alyss se molestó conmigo y replicó que el que estaba herido en su sofá era yo, no ella. En otra ocasión a lo mejor hubiese sonreído o algo, pero en esta ocasión la miré seriamente.

-¿Pretendes que no me preocupe por ti?- mascullé entre dientes entonces. Lo intento con todas mis fuerzas, intento ver a Alyss como una mortífaga más, como a una compañera peligrosa, pero todavía no puedo. En mi mente es Alyss, mi Alyss, aquella chica dulce e inocente de dieciséis años que se había torcido el tobillo y que había entrado en mi vida de casualidad un día. Aquella chica a la que le emocionaban las cosas pequeñas y simples de la vida, la chica que siempre estaba riendo, y la chica que me hacía sentir como un miserable a veces. Ella era tan buena, y yo muchas veces la dejaba en casa sola esperándome mientras me iba a matar o a torturar a alguien en una misión que se me encomendaba, y Alyss no tenía ni idea. Estoy seguro de que si hubiese descubierto en aquel entonces a lo que verdaderamente me dedicaba yo se habría horrorizado y me habría dejado ella, creyéndome un monstruo. Esa versión de Alyss que tengo en mi mente no me iba a permitir estar tranquilo sabiendo que ella hacía ahora lo mismo que yo.

Estaba a punto de echarla la bronca otra vez, cuando me contó que ella también había tenido un encuentro con una Aurora y que la había vencido. Alcé una ceja, mirándola al principio con escepticismo, pero vi en su mirada que no mentí, así que mi gesto se suavizó y se convirtió en uno de sorpresa. La miré de arriba abajo de nuevo y vi que estaba intacta, lo cual es difícil que pase después de haber peleado contra un Auror. A lo mejor Alyss no era tan frágil como la Alyss que había conocido hacía años...

Sonreí cuándo oí y vi a Alyss presumir de aquello. Quién lo iba a decir, Alyss presumiendo de haber luchado con una Aurora y haber ganado. Sí que han cambiado los tiempos, sí...

-La mitad de mí quiere empezar a decirte de todo por haberte metido en una pelea con una Aurora- dije mientras apoyaba mi cabeza en uno de los cojines del sofá, acomodándome sobre este, y miré a Alyss a los ojos con expresión suave.- Y la otra mitad está muy orgulloso.

¿Para qué negarlo? Alyss no iba a poder dejar de ser mortífaga, así que si lo hace bien sería lo mejor, y el hecho de que haya salido intacta de Hogsmeade me dice que es mucho más buena de lo que quiero creer. A lo mejor debería dejar de enfadarme tanto con ella por esa razón y daría una oportunidad de demostrarme lo que verdaderamente vale ahora. Ya no es una niña.

La besé la mano en un gesto tierno como los que solía tener antes con ella, y me acarició el rostro con esa misma mano. La miré a los ojos, y luego a los labios. Quería volver a probar el dulce sabor de sus labios, y sentí una nostalgia horrible en mi pecho. La deseaba tanto, pero ella ya no era mía...

Me dijo que descansara y se sentó en el suelo mientras apoyaba la cabeza en el borde del sofá. Pretendía quedarse ahí mientras yo me quedaba dormido, pero no muerto iba a dejar yo que Alyss durmiese en el suelo.

-Vete a la cama, Alyss, no quiero que te quedes en el suelo. Estaré bien- murmuré. Antes de que hiciese ademán de ir a levantarse o de que dijese nada comencé a jugar con su pelo, peinándolo y acariciándolo con los dedos de mi mano. Quería preguntarle una cosa, pero no sabía como. Era irónico, no tenía miedo a enfrentarme a mil Aurores, pero sí que tenía miedo al rechazo de Alyss.- Quería preguntarte una cosa...

Literalmente se me acababa de ocurrir, y a lo mejor era una locura. ¿Qué pretendía? ¿Jugar a ser un adolescente después de todo lo que ha pasado entre ella y yo? ¿Después de cómo la dejé? Claro que había tenido mis razones, pero había sido un bruto, y si le preguntó esto ahora seguro que me da una bofetada pero tengo que intentarlo. No sería capaz de descansar tranquilo sin por su respuesta.

-¿Quieres salir conmigo? En plan... A una cita y eso- dije, y la miré a los ojos mientras esperaba su respuesta. Parecía que el mundo entero se había sumido en el más profundo silencio últimamente, y escuchaba el latido de mi corazón como una bomba en mis oídos. Esperar su respuesta me pareció una eternidad...
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Dom Nov 02, 2014 3:58 pm

Me costaba cuidarlo estando yo misma cansada por la batalla, pero no podía dejar de pensar en que si hubiese tardado un par de minutos más, puede que ahora Caleb no estuviese con vida. Había logrado soportar todos esos años separada de él, mirándole cuando nadie más sabía que lo estaba haciendo. Pero estaba totalmente segura de que no poder sobrellevar su muerte. Él día que Caleb muriese, yo moriría con él.

Con delicadeza y cuidado vendé sus heridas y curé sus quemaduras. Luego me senté en el borde de la cama, revisando si todavía le quedaba alguna magulladura. Cada vez que le miraba a los ojos descubría en el el brillo del pasado, llamándome a volver a aquellos tiempos en los que ambos eramos felices, juntos. ¿Por que la vida era tan complicada? Ahora que era cuando más nos parecíamos, era cuando más distantes parecíamos. Puede que Caleb ya tuviese una nueva musa, puede que ya no me necesitase. O puede que necesitase un ligero empujón para terminar de romper las barreras que nos separaban y volver a caer el uno en el otro.

-Así es. -respondí a su pregunta, algo molesta. -Aunque no puedo pedirte que dejes de preocuparte por mi, porque yo no voy a dejar de preocuparme por ti, si te pido que dejes de tratarme como a una cría que no sabe defenderse sola. -me intentaba defender para que asumiese de una vez que ya no era su niña mimada. No era del tipo de gente que le restregaría que le había salvado la vida, aunque él ya era consciente de que era así, y aunque le molestase tenía que asumir que su Alyss había cambiado. -Pero la próxima vez, no irás solo. -musité, alegando que iba a acompañarle dijese lo que dijese.

Dicho esto me levanté a por una manta para taparle, ya que su cuerpo seguía mucho más frío de lo que debía. No sabía que demonios había pasado en aquella estación, pero fuese lo que fuese, Caleb casi no salía con vida de allí. Volví al sofá y le arropé con dulzura, con toda la que tenía almacenada de los años que había pasado sin poder dársela a quien quería. Me senté sobre el suelo, apoyándome sobre el borde del sofá, y deslicé mi mano hasta la cara del mortífago, donde me dediqué a acariciarla con nostalgia. No se podía imaginar cuanto deseaba que las cosas volviesen a ser como antes.

La pregunta de Caleb me inquieto por una parte, pero por otra me hizo sentir una profunda ternura que nunca antes había sentido. Jamás antes había oído salir unas palabras así de su boca, y que ahora me lo pidiese me hacía pensar que se estaba hablandando. Yo, apoyada sobre el sofá con los ojos cansados y los parpados medio cerrados, dejé que una sonrisa tímida apareciese en mis labios. -Claro. -respondí simplemente, con cariños, mientras mis dedos volvían a recorrer su mejilla hasta su cuello. -Iría contigo hasta el fin del mundo. Lo sabes. -remarqué mi afirmativa con aquella frase, que puede que en otras condiciones jamás hubiese dicho. Pero el sueño me hacía vulnerable, y el dolor saca de mi la sinceridad más pura. Me quedé despierta, reuniendo todas mis fuerzas, hasta que vi que Caleb se rendía y cerraba sus ojos. Ahí caí en la oscuridad y me sumergí en el más profundo de los sueños, sin separar mi mano de la piel de él, para asegurarme que nada ni nadie me lo quitaría aquella noche.
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InvitadoInvitado

Caleb Dankworth el Dom Nov 09, 2014 8:15 am

Tuve que admitirle a Alyss que me sentía tan orgulloso de ella por su derrota de la Aurora como preocupado por las cosas a las que se dedica ahora. No era que no la considerase capaz de luchar y defenderse con eficacia, pues viendo de la familia de fabulosos magos de la que provenía (no tengo ni idea de qué tipo de bruja era su madre, pero su padre, por muy mal que me cayese, era un mago fantástico y había que reconocerlo. Su talento para la magia lo habían heredado sus dos hijas) Alyss era capaz de lograr lo que se propusiese. Lo que me preocupa en realidad es el gran cambio que ha hecho, pues me parece que fue de la noche a la mañana. No estaba en la naturaleza de Alyss ser como los demás mortífagos. No había que conocerla muchísimo para saber eso, pues cualquiera que le hubiese echado aunque fuese un rápido vistazo al resto de mortífagas podría ver que eran unas fieras salvajes, y Alyss no era de ese estilo. Me preocupaba que su naturaleza más dulce la metiese en líos, pero si tiene la cabeza suficientemente fría como para luchar contra contrincantes poderosos y ganar... bueno, pues haré un esfuerzo por acostumbrarme a esta nueva Alyss. Debería alegrarme de que ella hubiese cambiado tanto, pues la única barrera entre nosotros había sido derrumbada, ¿no? Pero se ve que eso es más difícil demostrarlo que pensarlo...

Dijo que la siguiente vez iría conmigo. Iba a protestar, pero decidí guardar silencio. No servicio a de nada, Alyss siempre había sido tan cabezota... ¡Incluso cuando la conocí, cuando era dulce e ingenua e inocente y apenas una niña! Se le metía algo en la cabeza y a ver quien era el valiente que le quitaba la idea. Ahora que es más mayor y madura y que es mucho más firme en sus ideas, contradecirla sería una misión imposible... Al igual que lo era conmigo en muchas ocasiones. Si yo decía algo ahora mismo acabarías discutiendo hasta mañana, seguro.

-Como quieras- suspiré, pero no pude evitar imaginarme como sería tener a Alyss de compañera en una de las misiones. Sería muy interesante ver en directo de lo que es capaz Alyss ahora... Imaginarme aquello era la cosa más rara del mundo, así que supongo que verla directamente en acción me convencería por fin de su cambio y me ayudaría a adaptarme a la nueva mujer en la que se había convertido. Una persona que se parecía mucho más a mí que antes, cuando apenas teníamos nada en común... Me pregunté entonces qué diría Alyss si me viese a mí en acción. Algunos mortífagos prefieren el trabajo limpio, pero a mí me gusta crear una carnicería y un mar de sangre a mi alrededor en el que bañarme y regodearme. Era es la clase de persona que soy... Muy distinto al Caleb que Alyss conoció hace años.

Cuando Alyss terminó de curarme (y lo hizo bastante bien, casi mejor que un sanador) me tapó con una manta para resguardarme del frío que había quedado clavado en mi piel a causa del hielo de la maldita Aurora, y se sentó en el suelo junto al sofá. Protesté, pues no quería que estuviese en el suelo, pero no me hizo ni caso. Supongo que aquella era una característica de la nueva Alyss, no hacerme ni caso. Cualquier cosa que le dijese le entraba por un oído y le salía por el otro. Pero mi pregunta sobre si saldría conmigo no le salió por el otro oído, eso no. No se en realidad qué me llevó a hacer aquella pregunta tan de repente, pero me moría por saber si aceptaría o no. Estuve tenso durante un buen rato mientras esperaba, y cuando Alyss sonrió con ternura sentí un enorme alivio en el pecho, aunque no fue nada comparado con lo que sentí cuando dijo que sí.

Quería agarrarla, acercarla a mí hasta tumbarla en el sofá a mi lado y besarla y no soltarla jamás. Casi cedí a mis impulsos, pero los controlé. Tengo que medir mis pasos cuidadosamente, empezar de cero con Alyss. A lo mejor todavía era mejor guardar distancia, pues depares de todo ocho años es muchísimo tiempo. La sonreí, haciéndola saber cuán feliz me hacía que aceptase. Sus ojos estaban casi cerrados, al igual que los míos. La batalla y las heridas me había dejado agotado, y ahora los cuidados de Alyss me hacían querer dormir...

-Gracias- alcancé a decirle. Quería que supiese lo que significaba para mi que hubiese aceptado, cuando cualquier otra persona seguramente me habría mandado a la mierda. Pero ella no era así, y me alegraba por eso. Acerqué mi rostro a su cabeza y besé su pelo con ternura antes de cerrar los ojos completamente y quedar profundamente dormido.

Cuando desperté habían pasado muchas horas, y era muy de noche. El piso estaba en la más completa oscuridad, y mis ojos tardaron un tiempo en acostumbrarse a ella. El terrible dolor y el frío había desaparecido, aunque estaba algo mareado y aún sentía ligeras molestias, pero nada que no pudiese soportar. Alyss seguía dormida sentada en el suelo a mi lado, no se había movido de allí. Volví a sentirme mal por el hecho de que ella hubiese pasado allí horas en el duro y frío suelo, y todo por mí.

No quería irme, pero tenía que hacerlo. Me levanté del sofá, y con un poco de esfuerzo cogí a Alyss en brazos. Ella pesaba lo mismo que una pluma, pero la molestia de mi cuerpo hacía que me fuese incómodo llevarla hasta el dormitorio, así que la tumbé sobre el sofá en el que había estado durmiendo yo. La tapé con la manta con la que me había tapado ella antes de quedarnos dormidos, y aparté un suave mechón de pelo de su rostro. Su expresión tenía tanta paz... Una paz que a mí me faltaba. Era tan hermosa...

Quería besarla, pero me contuve, a pesar de que sus labios carnosos y rosas eran como un embrujo para mí, un encantamiento que me atraía hacia ella como el metal a un imán... Era tan difícil resistirse, pero lo hice. La besé en la frente, y tardé varios segundos en separarme de ella, pero lo hice. Luego me quedé sentado al lado de ella un pequeño rato, observándola dormir, incapaz de separarme de su lado... Pero finalmente llegó el momento en el que tuve que hacerlo.

Recordé entonces que hacía apenas una horas Alyss había aceptado ir a una cita conmigo. Iba a volver a verla otra vez, aquella no era una despedida como la de la última vez. Aquello me hizo relajarme y sonreír ligeramente.

-Adiós, pequeña...- murmuré antes de levantarme de su lado. Me puse toda mi ropa otra vez por encima de los vendajes, y en silencio me dirigí hacia la puerta, la abrí, y me marché.
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Dom Dic 07, 2014 4:32 pm

Cuando los rayos cálidos de las primeras horas de la mañana impactaron sobre mi rostro, no estuve muy segura de haber sufrido una terrible pesadilla durante toda la noche, o de si aquello había sido real. Me desperecé y bostece, acurrucándome en la cama como un niño que se resiste a ir al colegio por la mañana. Tras un par de tediosos intentos logré abrir los ojos, vislumbrando mi sofá, mi maletín de urgencias abierto en el suelo, y mi sofá ligeramente manchado de sangre, sobre el cual estaba durmiendo. Definitivamente no había sido un sueño. Lo de Caleb había sido muy real, demasiado, y traería consecuencias.

Y pensando en el rey de Roma... ¿donde se había metido Caleb? De pronto me sobresalté, el sueño no me sentaba muy bien y ni siquiera me había dado cuenta de que el sofá olía a él, pero él no estaba por ningún lado. Me incorporé y me froté los ojos, tratando de encontrarle lógica a lo que había pasado. -¿Caleb...? -dije en voz alta tratando de buscar respuesta. Luego saqué las piernas de la manta y me levanté, empezando a recorrer mi casa en busca de algún ratro. Un oscuro pensamiento me invadió, haciendome creer que le había pasado algo malo. Pero no, no era posible, estaba bastante segura de la seguridad de mi casa. Caleb se había ido por su propio pie.

Maldije en voz baja y me sacudí el pelo, recogiéndomelo en un moño. Lo había vuelto a hacer. Era típico de Caleb aparecer una noche en tu casa y no aparecer a la mañana siguiente. O al menos lo era con otras chicas, porque a mi nunca me lo había hecho. Tenía huevos, después de haberle salvado la vida.

Suspiré y fui hasta la cocina para prepararme un café. Aquel idiota me las pagaría tarde o temprano. No poder dejarle de quererle era la peor maldición.
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