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Tropiezos [Yvette Larsson]

Leonardo Lezzo el Mar Oct 28, 2014 2:07 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Las últimas clases del día habían terminado, y el pasillo estaba lleno de alumnos ansiosos por llegar a sus salas comunes para no hacer nada. Leo echaba de menos esos años en los que no hacer nada después de las clases no le suponía un tormento. Ahora estaba en el séptimo y último curso de Hogwarts, y sus ganas de hacer nada continuaban intactas. Pero al llegar a la sala común abría los libros y se ponía a repasar y terminar trabajos, o se le acumularían de tal manera que terminaría estresado a más no poder. Cuando se acostaba a dormir sin haber terminado algún punto de los deberes, la consciencia no le dejaba descansar tranquilo. Había una vocecita, normalmente muy parecida a la de su madre, que le decía: Leonardo, tienes que trabajar duro si quieres llegar a ser Auror.

Caminaba distraído pensando en los deberes que empezaban a acumularse cuando de pronto una chica se paró a mirar esa estatua extraña que hay en el pasillo, y hizo que Leo tropezase con ella, y todos sus libros y pergaminos se desparramaron por el suelo. La gente de los primeros cursos siente curiosidad por ese tipo de cosas que hay en Hogwarts. Y aun así, había secretos, cuadros y tapices que Leo estando en el último curso no recordaba. Por eso no se enfadó con la niña, y empezó a recoger sus cosas. Entre ellas un dibujo de un dementores que había dibujado en la clase de Defensa. Era un dibujo bastante bien logrado, y muy feo. Estaba a punto de recogerlo cuando otra chica por poco lo pisa. – Cuidado, por favor. – Le imploró a la chica. – Me ha costado bastante dibujar eso con pluma y tintero. – Sonrió a la chica, y viendo su uniforme que la delataba como una alumna de la casa Hufflepuff, supo que no pisaría su dibujo. Si algo tiene la gente de esa casa, es que no tienen maldad.  
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Invitado el Miér Dic 03, 2014 11:26 pm

-Es que en serio parece que tiene vida propia míralo- le dije cogiendo un par de mechones de mi cabello, estirándolo con una mano mientras con la otra lo señalaba, al parecer aquel gesto fue algo gracioso porque conseguí sacarle una risa lo cual hizo que yo también me riera – En fin, lo odio pero también me encanta porque sé que cada día es diferente, unas veces esta como quiero, otras no tiene forma, por las mañanas está completamente destrozado eso no ocurre con pelos lacios y lisos – mire mí pelo sonreí y luego coloque un gran mechón entre mi nariz y mi labio superior poniendo morritos para que el cabello se aguantara ahí y formara un gran bigote que parecía de vikingo y me hacía algo masculina. Conseguí el efecto que deseaba pues Leo se estaba partiendo de la risa con lo que acababa de hacer y yo también acabe riéndome poniendo fin a mi payasada, poco a poco nuestras risas se fueran apagando y solo se oía el sonido de nuestra respiración que intentaba coger aire tras una larga risotada.

Yvette no supo a que más se refería cuando dijo aquello de “Y no sólo tu pelo” pero le daba demasiada vergüenza preguntarle sobre que otra cosa se refería así que decidió no darle mucha importancia ni dejar volar demasiado su imaginación o el rubor cubriría sus mejillas de nuevo así que cambie de tema y respondí a una pregunta que me había hecho mientras hacia la payasa

-Pues la verdad es que suelo hacer retratos osea era es lo que más hago pero también amo la anatomía humana y tu, que sueles dibujar a parte de dementores embellecidos – Se notaba que había cogido cierta confianza con Leo en tan sólo un rato pues ya no me costaba continuar o empezar un diálogo y eso me ponía bastante contenta hacía tiempo que no conocía a nadie y menos aún tan agradable, estaba contentísima muy feliz y para mi buena suerte le gustaba el dibujo como a mí, ¡ ay dios era el mejor día de su vida! Desde hacía mucho tiempo, no me arrepiento de haber cogido un camino más largo para llegar hasta el gran comedor, cuando pensé en ese lugar automáticamente mis tripas sonaron y creo que su rugido llegó a sus oídos por la pregunta que me hizo a continuación. Yo no sabía que responder la verdad es que tenía hambre pero no quería poner fin a la conversación que estaban teniendo, quería conocerle un poco más averiguar más sobre él así pues me quede un rato pensando y decidí responder con la verdad y atreverme a invitarlo a que me acompañara hasta al gran comedor para comer. – La verdad es que sí, me dirigía hacia allí tengo un poco de hambre- le dije mientras agachaba mi cabeza para mirarme las manos – mmm…esto, ¿tienes hambre? Podríamos ir a comer juntos si es que tienes hambre claro o no tienes nada mejor que hacer- me atreví al fin a decirle pero esta vez sin denotar demasiado nerviosismo.
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Leonardo Lezzo el Jue Dic 04, 2014 11:29 pm

Las personalidades de la chica y el chico no tenían nada que ver. Yvette demostraba locura, hiperactividad, impulsividad, … En definitiva, todos los adjetivos con los que se puede describir a una persona feliz. Leo en cambio era más serio, más de pensar bien las cosas, de darles mil vueltas a la cabeza. En definitiva, una persona que no es infeliz, pero que no está acostumbrada a sonreír mucho. En cambio, desde que había tropezado en el pasillo y todas sus cosas se habían desparramado por el piso, su humor había cambiado. Y no se debía al tropiezo, si no más bien a la muchacha que había estado a punto de pisar su dibujo. Al ver su forma divertida de hablar y expresarse, Leo no podía evitar sonreír. Más aún cuando la muchacha alababa su dibujo y le pedía ver más. En los siete años que había estado en Hogwarts nadie se había interesado en él, y mucho menos en sus dibujos. Bien es verdad que la culpa no es solamente de los demás alumnos del colegio y su falta de sentido del arte. Leo se muestra serio y despistado normalmente. Eso hace que la gente no lo encuentre nada interesante.

Que Yvette se parase a hablar con él era todo un logro. Leo estaba totalmente impresionado, jamás había hablado tanto rato con una chica. Incluso tuvo el atrevimiento de pedirle un favor a la chica, que le dejara dibujarla. Fue un instante incómodo, pero finalmente Yvette aceptó. Lo que más le llamaba la atención a Leo era ese matiz rojizo de su pelo, aunque la pelirroja no parecía contenta con ello. Leo sonrió como un tonto mientras ella jugaba con su pelo y le explicaba que es difícil peinarlo y esas cosas de chicas. – A mí me gusta. – Acertó a contestar sin saber que más añadir. Luego la chica jugó con su pelo, arrugando sus labios y sujetando un mechón de pelo entre estos y su nariz. Era el bigote más rojo que Leo había visto nunca, y eso hizo que el chico estallase en una gran risotada.

Quizás Yvette tenía prisa, pero Leo no dejaba de darle conversación, intentando alargar lo máximo el momento de despedirse. Él no es de esas personas que quiere estar sola y no quiere hablar con nadie. Al contrario. Le gusta hablar, bromear y divertirse como al que más, pero no siempre se topa uno con la gente adecuada. Por eso, Leo se interesó por Yvette y sus dibujos. – Anatomía humana suena a desnudos. ¿Dibujas a gente desnuda? – Leo se río por lo bajo tras preguntar aquello. No pretendía ser tan cotilla, ni mucho menos irrespetuoso. El término anatomía humana le sonó a desnudos y lo preguntó sin más.

Sabiendo que se acercaba la hora de llenar el estómago, Leo preguntó a la chica si se dirigía al gran comedor. – Claro que tengo hambre. No hacemos mucho más que comer y estudiar en este colegio. – Intentó bromear con la chica. - ¿Comer juntos? – Preguntó con sorpresa. Leo no recordaba haber visto jamás a ningún alumno en una mesa del comedor que no fuera la de su casa. Quizás estaba prohibido. Pensó en dos versiones. La primera sería comer ambos en la mesa de los Gryffindor. Suelen ser amigables. La segunda, comer con todos los alumnos de la casa Hufflepuff, que son aún más amigables si cabe. – Yo no tengo prejuicios, no me malinterpretes, pero jamás he visto a nadie comer en las mesas de otra casa. ¿Iniciamos un precedente? – Leo estaba tan entusiasmado que pensaba en romper las normas del colegio, si es que existía tal norma. – Aunque siempre puedo dejarte mi túnica y te haces pasar por una Gryffindor. O podemos ir directamente a las cocinas. Yo nunca he ido, pero dicen que hay unos elfos que te dan todo lo que pides de comer. – Los de la casa Gryffindor siempre estaban contando batallitas acerca de cómo habían conseguido botellas de cerveza de mantequilla o pasteles. No es que Leo fuese un estricto y las normas estaban para ser rotas, lo que fallaba en él es que no sabía dónde estaba la entrada a las cocinas.  
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Invitado el Sáb Dic 27, 2014 10:52 pm

Era como un soplo de frescura poder tener al fin una conversación con alguien, sinceramente las conversaciones no eran la mío y mucho menos lo eran empezarlas o al menos eso creía yo, sin embargo, había logrado hacer buenas migas en tan solo unos minutos, porque sólo habían pasado unos minutos no(¿), miré mi reloj y vi que había pasado una media hora desde  mi tropiezo y desde que se inicio la conversación. Leo me parecía una persona  la mar de agradable e inteligente o eso denotaba a simple vista, además tenía dotes artísticas, nunca habría imaginado que encontraría en esta escuela a alguien con ese hobbie. Sin lugar a dudas este día estaba resultando después de todo, ser la mar de inesperado.

Haber entablado aquella larga, extensa y maravillosa conversación había sido todo un logro para ella y más tratándose de un chico, solía mostrar cierta reserva hacia ellos pero la personalidad de Leo impedía que esta parte de su carácter saliera a la luz, al contrario le transmitía mucha confianza y eso hacía florecer su verdadero yo. La hizo muy feliz saber que al menos a alguien le gustaba su cabello, siempre había sido objeto de burlas de todo tipo a causa de su extraño e intenso color rojizo y en ello no ayudaba su tamaño, pero aún así nunca quise cortármelo, si es verdad que lo oculté durante mucho tiempo pero eso se acabó – Me alegra mucho saber que te gusta mi pelo – le dije sonriéndole pues era la primera vez al menos que ella supiera que a un chico le gustaba su melena.

-Respondiendo a tu pregunta sobre la anatomía- me quede un instante callada no sabía si sería buena idea decir que sí me gustaba dibujar a personas desnudas, aunque vestidas también me parecían interesantes pero no tanto como los desnudos- bueno…mmm..esto siendo sincera- bajé un poco la voz y me acerque un poco a su oído colocando mi  mano delante de mi propia boca para que nadie más pudiera oírme, sería horrible que personas inadecuadas descubrieran aquello, estaba segura que lo usarían para burlarse de mí- sí, me gusta dibujar a personas desnudas, pe..pero no sólo las dibujo así también con ropa- mi tono sonó un poco avergonzado pues no quería que pensase que era una pervertida. Me separé de él e intenté analizar su expresión ante lo que le había dicho pero Leo resultaba ser una persona difícil de leer o de descifrar a pesar de que sonreía mucho su seriedad no pasaba desapercibida.

-Oh no creo que sea un problema que dos personas de diferentes casas coman juntas al menos no he leído nada sobre ellos en las normas- le di un par de vueltas a lo que había dicho y la verdad me encantaría mucho sentarme a la mesa del gran comedor con él pero ponía la mano en el fuego al asegurar que seríamos objeto de todas las miradas y preguntas, no quería hacer pasar por aquello a Leo quizás no le hiciera nada de gracia, así pues le propuse otra cosa. –¿Te gusta la biblioteca?- le pregunté sin venir a cuento y tras ves su expresión me di cuenta que lo había descolocado un poco a lo cual añadí – Es que mmm….bueno había pensado que para evitarnos problemas pues mmmm… podríamos pedir un poco de comida y hacernos como una especie de picnic en la biblioteca- tras decir aquello caí en la cuenta de que llevar alimentos allí estaba prohibido – aunque bueno..creo que eso estaría contra las normas- comencé a hablar en voz alta conmigo misma – pero a esa hora no suele haber nadie y hay rincones apartados en los que si tenemos cuidado no tendrían porque descubrirnos- seguí cavilando posibilidades en mi cabeza pues tenía muchísimas ganas de comer con él y que aquella conversación no acabara.
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Leonardo Lezzo el Lun Ene 05, 2015 3:04 pm

Sin que los dos alumnos se diesen cuenta, el pasillo se había ido vaciando de gente pues era la hora de ir al Gran Comedor. Es algo que los alumnos de Hogwarts tienen bien aprendido. En comer, dormir y estudiar se resume la vida en el colegio de magia y hechicería. A Leo le gustaba bastante más lo primero que lo último. En ocasiones había tenido que pasar días enteros sin ver la luz del sol, debido a los exámenes ya las ganas que tenía el chico de sacar notas decentes para que su madre estuviese orgullosa. Pero él prefería salir a los jardines o ver el lago sin preocuparse de nada más. También aprovechaba cualquier ocasión para montar en escoba. Aunque el chico no tenía una escoba propia, ni buena, ni rápida, ni último modelo, ni… Le gustaba jugar a Quidditch. Compartir momentos con sus compañeros y compañeras de casa, practicando un deporte que no es sexista. Algunas de las compañeras de Leo son mejores que nadie jugando.


A pesar de haberse criado con una fuerte influencia femenina, Leo no entendía a las mujeres. Yvette por ejemplo, una chica bonita, con una melena impresionante y unos ojos claros, perfectamente podía ser la envidia en uno de esos concursos de belleza. En cambio, ella parecía disgustada con el color y la forma de su pelo. Leo le hizo saber que a él le gustaba así. El chico jamás había pensado que su color castaño de pelo podía ser bonito o feo, simplemente su pelo era castaño. Como el de su padre. Leo odiaba eso, se parecía demasiado a su padre físicamente. Por suerte, no se parecía en nada a Gael en su forma de ser.


Hablar sobre dibujos les había ocupado mucho más tiempo del que Leo había pensado. Yvette entendía el arte y dibujaba, como el Gryffindor. Es un pasatiempo que comparten y algo de lo que poder hablar. El chico creyó entender que a Yvette le gustaba dibujar cuerpos desnudos ya que habló de anatomía humana. Leo preguntó, esperando que ella no le preguntase si se dejaría dibujar. Odiaría tener que decirle que no, pero posar desnudo no es uno de sus sueños. Quiso decir algo gracioso, pero todo lo que pasaba por su mente sonaba grosero y poco adecuado. La expresión de Leo era de sorpresa mezclada con extrañeza. Nunca había conocido a nadie que dibujara cuerpos desnudos. – Insisto en que me gustará ver tus dibujos. La anatomía es muy difícil. – Leo entendía de arte, y sabía que la anatomía no era fácil. Dejó de pensar en desnudos de chicas con pechos abundantes, y se centró en el nivel artístico de Yvete. - ¿De dónde te viene esa afición? – El Gryffindor se refería a dibujar gente desnuda, no al dibujo en general. Es una afición extraña para alguien tan joven. Se entiende que en su edad, los cuerpos desnudos desatan las curiosidades más ocultas.


Tanto Leo como Yvette quisieron ir a comer algo, pero no estaban seguros de poder sentarse en la misma mesa. En las normas del colegio no pone nada referente al sitio que cada cual tiene asignado para comer, pero el chico estaba seguro de que todos los alumnos se sentaban en la mesa de su casa, no en otras. La idea de Yvette era más descabellada que robar comida en las cocinas. Comer en la biblioteca va contra las normas, claramente. Leo no quería que el negaran la entrada en ese sitio, necesitaba consultar algunos libros de vez en cuando. Y la biblioteca es el único sitio donde poder concentrarse cuando los exámenes acechan. – Será mejor ir al Gran Comedor. La gente debería olvidar las diferencias entre casas, y no creo que rompamos ninguna norma. En cambio comer en la biblioteca… - Leo puso cara de susto. La señora Pince solía gritar cuando se enfadaba. - Te sentarás en la mesa Gryffindor, conmigo. Bien pensando, no pasa nada. – Leo tenía tantas ganas de continuar la conversación con Yvette que pensó en romper las normas de la biblioteca, pero le pareció más acertado sentarse en la mesa Gryffindor. Es menos arriesgado. - ¿Vamos? – Leo guardó sus cosas en la mochila y esperó a que Yvette contestara. Su sugerencia sonó sincera y jovial, algo extraño en Leo.
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Invitado el Vie Ene 23, 2015 12:39 am

Fue tras pensarlo bien que se dio cuenta que su idea de ir a comer juntos a la biblioteca era una soberana estupidez, ¿Qué harían si los pillaran? No podía poner en riesgo su derecho de ir a consultar los libros de la biblioteca y mucho menos el derecho de Leo a quien solo hace un rato que acababa de conocer, su comentario había estado fuera de lugar e interiormente se lo estaba reprochando. Cuando quiso darse cuenta Leo ya había colocado las cosas en su mochila y estaba esperando por ella, así que rápidamente compuso una sonrisa y comenzó a andar a su lado rumbo al gran comedor.

Fue entonces, mientras andaban que comenzó a sopesar en su cabeza como responder a la pregunta que anteriormente le había hecho sobre su afición a dibujar modelos desnudos. Como podría decirle que durante la mayor parte de su infancia y adolescencia vivió en un orfanato y que muchas veces se escondía en los baños para que los demás no la molestaran con tan solo una libreta y un simple lápiz, pensó que quizás estaría bien mentirle pero eso no le parecía justo y mucho menos honrado, Leo no se merecía ese tipo de trato, así pues suspiró y se armo de valor para contarle un breve capítulo de su triste infancia.

-Pues verás mm..-se llevo las manos al cabello y comenzó a atusarlo- En mi infancia no es que gozará de muchas cosas con las que poder entretenerme y debido a mmm….ciertas circunstancias me escondía en los lavabos del orfanato.-dio lugar a un breve silencio- la verdad es que éramos muchos y de diferentes edades los que vivíamos allí por lo cual muchas veces aquella zona se encontraba concurrida y yo aprovechaba a matar el tiempo de esa manera….no me malinterpretas no es que fuera una pervertida ni nada por el estilo, simplemente aprovecha es mm bueno amfkdfjks – se exaspero pues no quería que Leo se llevara una mala imagen de ella-
Siguió andando junto a él y con la cabeza algo agachada intentaba observar a Leo y analizar su reacción ante su breve relato explicativo de porque dibuja desnudos.
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Leonardo Lezzo el Vie Ene 23, 2015 1:32 am

Una vez descartada la idea de comer en la biblioteca Yvette y Leo pusieron rumbo al Gran Comedor. Dejando atrás que es tradición del colegio dividirlos por casas, no hay nada de malo comer en la misma mesa. Además, Hufflepuff y Gryffindor tienden a llevarse bien. Si no habían habido casos, Leo sería un precursor. En ese momento le interesaba mucho más el tema que la pelirroja y él tenían entre manos. Ambos sabían pintar y disfrutaban mucho con ello. El chico no se alarmó en absoluto al saber que su compañera pintaba desnudos. Le parecía una rama muy difícil, y a su vez muy bonita. Como la anatomía que tanto fascinaba a su tocayo Leonardo Da Vinci.


A Yvette parecía costarle contar aquello. Al chico le interesaba mucho el tema y preguntó sobre el origen de su afición. Podía ser un tema delicado y Leo preguntó sin ningún tipo de pudor. La historia de Yvette era un poco triste pues había crecido en un orfanato donde los niños que vivían allí compartían los baños. La Hufflepuff se escondía en ellos y dibujaba. Le costó sincerarse y parecía algo agobiada, por eso el chico le dio unas palmaditas en la espalda.  - Has sacado algo bueno de una situación complicada. Eso está bien. - Lo que sentía Leo no era compasión por la muchacha, sino más bien comprensión. Él tampoco había crecido en el ambiente más propicio y aún así había salido adelante con sus estudios con calificaciones razonablemente altas, y con buena mano para dibujar. - Cualquier otro en un lugar así no hubiese sacado nada bueno. Te admiro. - Leo buscaba reconfortar a la muchacha pero siendo sincero.


Bajaron varios tramos de escalera hasta llegar al Gran Comedor. Leo dejó que Yvette pasase delante de él y buscaron un sitio tranquilo en la mesa Gryffindor. Varios compañeros cuchichearon al verlos. Lo más seguro es que les resultara extraño ver a Leo acompañado de una chica. El Gryffindor optó por sentarse y invitar a Yvette a sentarse a su lado. Las mesas estaban repletas de suculentos manjares,y los platos que reposaban delante de ellos demasiado limpios. Pedían a gritos el ser usados. - Con tu permiso. - El chico se sirvió ensalada y carne. No sentía hambre, pero si ganas de comer. - ¿Cuando podemos vernos de nuevo? Estoy deseando dibujarte. - El tono parecía demasiado acosador aunque Leo confiaba en que la muchacha lo entendiese. - Estoy deseando encontrar el tono exacto de tu pelo. Aunque he traído pocos colores, como aquí usamos tinta... - Leo se encogió de hombros empezó a comer.
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Invitado el Vie Ene 23, 2015 11:38 am

Las palmaditas que Leo le había dado en la espalda tras ella sincerarse la habían reconfortado, ese tipo de muestras de afecto por mínimas que fueran, para ella eran una bendición pues casi nunca gozo de ellas y cuando las recibía siempre venían con un precio añadido, así había sido siempre en el orfanato, una cosa por otra, un juego sin fin.

Su respuesta fue lo que más la alivio y disipo su miedo de que Leo comenzara a verla como alguien con una mente sucia y manchada, así pues le dedico una amplia sonrisa para que él viera y comprendiera cuan feliz la había hecho- Gracías Leo, eres la persona más agradable con la que me  topado hasta ahora- dijo trasmitiendo toda la sinceridad que pudo en sus palabras.

Yvette caminaba al lado de Leo mientras se dirigían al Gran Comedor, ahora que lo pensaba bien nunca había comido con nadie de otra casa que no fuera la suya y mucho menos tenía por costumbre recibir invitaciones de hacerle compañía a alguien mientras comían pero eso no era algo que le importarse ya que de por si ella era una persona algo solitaria o eso se había obligado a ser.  Llegaron a la puerta del gran salón  y sin ni siquiera haber entrado Yvette ya se percató de algunas miradas que iban dirigidas hacia ellos provenientes de alguna que otra persona que entrada y salía y con la que Yvette no se llevaba muy bien, pero eso no la amedrento, no volvería a ser esa niña asustadiza y que huía por una simple mirada o cuchicheo ahora era distinta y haría falta algo más que palabras para herirla o asustarla, así pues entro con la cabeza bien alta al lado de Leo ni por encima, ni por debajo de él, a su lado. Él la guió hasta unos asientos de su casa y luego la invitó a sentarse a su lado, ella se fijo en el Gryffindor y se dio cuenta que se sentía igual de cómodo que ella en aquella situación o al menos eso creía. Se sentó pero aún así le daba cierto reparo coger comida de una casa que no era la de ella, aquel sentimiento le era familiar pues la primera vez que su mejor amiga y a la que consideró durante mucho tiempo como una madre la invito a su casa Yvette se sintió avergonzada con el mero hecho de estar allí, muchas fueron las veces que tuvo que volver para que ella al fin aceptara tomarse los dulces que siempre le brindaba, la verdad es que bien pensado fue uno de tantos momentos felices que comenzó a tener tras haberla conocido, recordar aquello hacia que la echara mucho de menos.

Leo muy educadamente se sirvió un par de dulces en su plato, la verdad era que tenía una pinta muy, muy, deliciosa y la cara de él solo era el reflejo de ello, así pues Yvette se sirvió uno de los dulces que más llamo su atención y lo probo, dios que bueno estaba fue lo que pensó no sabía si se debía al hambre que tenía desde hace rato, pero igualmente le resulto delicioso. Cuando se acabo de comer el dulce se dio cuenta que Leonardo la estaba observando cómo esperando a poder decirle algo y eso la hizo sonrojar.
Él le dijo muy entusiasmado que quería verla para dibujarla y eso provocó que Yvette se riera de una manera adorable. –¿Tienes algo que hacer después de que llenemos nuestros estómagos con estos delicioso mangares?- le preguntó mientras miraba toda la comida que había en la mesa con cara de hambre- mmmm yo tengo colores en mi habitación podría ir a buscarlos y dejártelos para que me dibujaras, es más podría hacer un primer boceto luego, ¿qué te parece?- le dijo sonriente mientras se llevaba otro dulce a la boca.
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Leonardo Lezzo el Jue Ene 29, 2015 11:23 pm

El menos indicado para dar ánimos a alguien es alguien que no los ha recibido nunca, aún así el chico lo hizo lo mejor que pudo. La sonrisa de Yvette le hizo ver que había acertado de lleno. A pesar de que Leo no es muy dado a hablar, o tocar a otras personas, se le dio bastante bien. En ningún momento le parecía que la muchacha fuese extraña o mala por dibujar desnudos. Es arte, y nadie mejor que Leo lo entiende. Él solía dibujar a su madre de memoria hasta que su padre encontró uno de los dibujos y se burló de él. Lo llamo frocio, con todas sus letras. Valiente ignorante. Al chico le gustaba dibujar, se le daba bien y disfrutaba con ello. En ningún momento sintió atracción sexual hacia otro hombre, al contrario. Más viendo la figura paterna que tenía, estaba decidido a ser un buen chico y tratar a todas las mujeres con el respeto que merecen. Lo que no esperaba era recibir él un cumplido por parte de la chica. - Será que no te has topado con mucha gente. - Contestó con broma pero sin mala intención.


El Gran Comedor repleto de gente les invitó a entrar y a sentarse. No todas las miradas eran buenas pero Leo no les prestó interés. Yvette y él iban a comer juntos en la mesa de Gryffindor y iban a hablar de sus asuntos, que a nadie más le incumbían. En todo momento el chico se comportó con total naturalidad. Se sirvió comida en su plato y antes de empezar a comer miró a Yvette. - Sírvete. En todas las casas comemos lo mismo. - Esta vez si usó un tono burlón. Más que nada para dar a entender que por más de listos que van en algunas casas, a la hora de comer son tratados todos por igual. Antes de empezar a comer volvió al tema de los dibujos. A pesar de los exámenes, clases, deberes y prácticas estúpidas, Leo estaba deseando poder plasmar a la muchacha en un papel. - Buen provecho. - Una vez dicho esto, Leo atacó su plato. La respuesta de Yvette el gustó tanto que tuvo que llenar su vaso de agua y beber porque estuvo a punto de atragantarse. La chica le ofrecía pintarla después de comer, e incluso le prestaba sus colores. - Es una idea estupenda. - Saber que luego podría pintarla le cerró un poco el apetito, pero comió más deprisa de lo normal en él. Gracias a su madre, que le inculcó buenos modales, Leo jamás hablaba con la boca llena ni eructaba en la mesa. Al final de sus comidas no podía faltar un postre, a poder ser fruta. Eligió una manzana y la comió sin pelar. No parece lo más educado cuando hay gente que ni siquiera la toca con las manos para comerla, pero es lo más adecuado si te gusta comer la piel. - Cuando terminemos de comer, vamos a coger nuestras cosas y nos reunimos en... - Leo quiso pensar rápido pero le falló el subconsciente y estuvo un buen rato en silencio. - Cualquier aula vacía nos vale en realidad. - Mentalmente preparó una lista de todas las cosas que iba a necesitar. Desde colores a papel, y por supuesto sus dibujos. Todo estaba en el fondo del baúl, en una carpeta de color amarillo.


Esperó a que Yvette terminase de comer para levantarse de la mesa y salir de nuevo al hall. - Aquí dentro de...diez minutos. - La sala común de los Hufflepuff está ubicada cerca de las cocinas y la de Gryffindor en lo más alto del castillo, en la torre. Por eso dictaminó unos diez minutos. - Hay muchas escaleras. - se excusó antes de salir corriendo hacia arriba. Leo podía disfrutar de dos horas libres y usarlas en su hobby en lugar de tener que ir a la biblioteca a estudiar. Estaba agradecido.  Gracias a su buena forma física llegó deprisa a la torre y sin signos visibles de cansancio. Buscó en su baúl la carpeta de dibujos y se la puso debajo del brazo. En ella estaba todo lo necesario. La otra mano estaba libre para hechizar a cualquier indeseable que le intentase quitar la carpeta. Sus dibujos solamente serían vistos por Yvette. Tardó un poco más de diez minutos e Yvette ya lo esperaba en la entrada. - Y diez. - Dijo al plantarse delante de la chica. Se rió con una sonora carcajada que vibró en la sala y se expandió por ella hasta perderse.
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Invitado el Mar Feb 03, 2015 4:13 pm

-¿Ah sí? Y yo que pensaba que a vosotros os echaban algo raro en la comida-  Mire de refilon a Leo intentando aguantar la sonrisa que se le estaba formando en la cara tras seguirle la broma mientras se llevaba otra porción de comida a la boca; el resultado fue que no lo consiguió por ello la sonrisa permaneció ahí mientras comía y buscaba que otra cosa podía comer a continuación. Ver la cara de Leo cuando casi se atraganta fue un hecho que no le pasó desapercibido, en esa ocasión sí que pude contener la risa, más que nada por educación pues no quería que pensase que se estaba burlando de él. No comí mucho más de lo que ya había degustado, sin embargo mi último mangar fue un dulce que llevaba rato llamando mi atención, tenía que admitir que era un chica la mar de golosa, adoraba los dulces desde el día que los probé con siete años por accidente, podría decirse que este fue otro de los momentos felices de mi niñez. Cogí el dulce de la mesa y me quedé un rato mirándolo, recordando hasta que la voz de Leo me sacó de mi ensimismamiento y me hizo mirarle – ¿Y porque no vamos al patio?- no es que estuviera descartando la idea del Gryffindor pero en muchas de las aulas la luz era escasa y si de algo estaba segura era que lo mejor para dibujar a alguien era la luz natural. Le miré esperando una respuesta pero al parecer no se percato de que la hubiera hecho, ¿Lo habré dicho muy bajo?, pensé, pero cuando lo observe detenidamente me di cuenta de que estaba perdido en sus propios pensamientos, je..jeje parecía contento o eso refleja su cara, no le di mayor importancia le formularía de nuevo la pregunta si surgía la ocasión, tampoco es que fuera algo extremadamente importan elegir el lugar donde dibujar. Empecé a comerme el dulce que tenía en las manos y…oh dios mío!! Estaba  buenísimo con razón había llamado mi atención, tras el segundo bocado intente ir más rápido pues Leo estaba esperando a que acabará y por la cara de felicidad que tenía, deduzco por ir a dibujar no quise hacerlo esperar.

Fuimos hasta el hall y quedamos en ir a buscar nuestras cosas y volver en diez minutos – Veamos quién llega antes jejejeje- sonreí pues me había tomado aquello como un juego, me encantaba correr y sobre todo jugar aún a pesar de mi edad, no quería perder contra Leo así que eche a correr en dirección a mis dormitorios sin mirar atrás.
Cuando llegué a mis dormitorios fui directa a mi cama, entonces antes de tirarme al suelo me aseguré de que no hubiera nadie. Me deslice debajo de la cama y me acerque desde debajo de ella a la cabecera que estaba pegada a la pared, palpe con una de mis manos la oscuridad hasta dar con el objeto que buscaba, un cofre, lo abrí y de ella saque mi enorme caja de latón de colores faber castle, uno de mis objetos más preciados. Salí de debajo de la cama y fui hasta mi mesa de noche en la cual guardaba mi cuaderno de dibujos, una vez cogidos los dos objetos me fui directa a la puerta pero retrocedí pues había empezado a tener frío, solté rápido las cosas en la cama abrí el armario y saque unos de mis abrigos, me lo puse, así retome la marcha de nuevo, corriendo rauda y veloz para llegar al punto de encuentro antes de Leo y así lo hice llegué antes que él y aproveche para coger un par de bocanadas mientras me reía sin parar yo sola, hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Miré mi reloj, aún quedaba un minuto para que pasaran los diez, la verdad estaba algo nerviosa y ansiosa a la vez, me puse a buscar a Leo entre la gente, cuando note que alguien a mi espalda gritaba diez provocando que me asustará y haciéndome dar un leve grito, cuando me di cuenta de que era Leo empecé a reírme muchísimo al igual que estaba haciendo él. –Me has asustado- le dije entre bocanadas de aire pues no podía dejar de reírme.

Mire lo que llevaba en las manos,  entonces súbitamente dejé de reír y empecé a pulular alrededor de él  hasta que me agache y me quedé mirando su libreta, sonreí –Waaa quiero saber que dibujos hay escondidos ahí dentro- Alce mi cabeza y le miré desde mi posición, otra risita salió de mi garganta tras ver la cara de Leo.
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Leonardo Lezzo el Vie Feb 06, 2015 11:45 pm

La emoción que sentía Leo en aquellos momentos no se podía definir con palabras pero si con colores. La comida fue muy normal y extraña a la vez. El Gryffindor no recordaba haberse reído nunca mientras comía en ese gran comedor y en cambio hoy casi se atraganta. Una vez dejada atrás la timidez tanto Yvette como él dejaron ver sus personalidades amables y divertidas. También juguetonas. Las ganas de poder dibujar eran tantas que el chico comió lo justo y espero paciente a que ella terminase de comer. No hablaron mucho más. Yvette dijo algo sobre ir al patio pero Leo opinó que sería un sitio demasiado frio y lo descartó. Estando ya en situación, quizás cambiaba de idea. Le daba igual el entorno, quería dibujarla.

Subió a toda prisa pata coger sus cosas esperando utilizar poco menos de diez minutos. Yvette tardaría mucho menos pues su casa está cerca de las cocinas y Leo tiene que subir siete pisos, muchos pisos seguidos.  Cogió la carpeta donde estaban sus dibujos, las pinturas y hojas buenas. Se dio prisa al bajar, pero con cuidado de no tropezar. Por alguna extraña razón subimos las escaleras con más rapidez, y las bajamos más despacio. Vemos peligro en caer rodando pero los peores golpes nos los damos al subir porque tropezamos y encima vamos a mayor velocidad. Su idea no era asustar a la chica, pero al gritar diez a su espalda lo hizo. Ella respondió con una risotada. - Lo siento. No pretendía asustarte. - La impulsividad de Leo le llevaba a cometer estupideces. El subir y bajar deprisa le había hecho aumentar los niveles de adrenalina y el chico estaba un tanto excitado.

La chica se fijó en la carpeta que Leo llevaba bien sujetada entre las manos. En ella estaban todos sus tesoros. Cada dibujo significaba que había tenido un momento de soledad o de inspiración, en ocasiones una fusión de ambas cosas. En la carpeta habían dibujos de animales mágicos como unicornios o duendes, también rostros de chicas o chicos con los que se había cruzado, su madre, amigos, Goku... Estaba deseando poder añadir una imagen rojiza de Yvette a su colección. - Vamos mejor a un aula vacía, en el patio hace demasiado frío. - Se dio cuenta de que ella llevaba el abrigo puesto. Leo llevaba la túnica y la bufanda. Aún así quería evitar un posible resfriado. La guió hasta un aula del primer piso que casi siempre estaba vacía. Era pequeña y descuidada. Seguramente nadie la usaba, o se usaba para hacer cumplir castigos. Una vez dentro Leo cerró la puerta y dejó su carpeta sobre una mesa. Sacó todos los dibujos y dejó que Yvette misma los inspeccionara. Él se dedicó a observar a la chica, tomando idea de las lineas y los colores. De las luces y sombras que aquella habitación le confería. Estuvo un buen rato en silencio, dejando que la chica hurgase en sus dibujos. Si alguien iba a apreciarlos en aquel colegio era Yvette. - ¿Has traído los tuyos? Estoy deseando verlos. - El Gryffindor también sentía curiosidad. Quería ver los dibujos de Yvette y no solamente porque iba a ver desnudos, si no por el arte.

Quería dibujarla allí mismo. El aula tenía una buena iluminación, y junto a la ventana podrían apreciarse bien los matices del pelo de Yvette. En el patio se apreciaría todo mejor. Pero el aula les ofrecía una privacidad que el patio no. Leo es incapaz de pintar retratos si alguien lo está mirando. - ¿Puedo dibujarte aquí mismo? Aquí estaremos solos y tengo que admitir que la gente me pone nervoso y no logro dibujar bien. - Esperaba que la chica lo comprendiera.
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Invitado el Dom Feb 15, 2015 11:00 pm

Llevaba mis dibujos escondidos en mi abrigo, no era muy dada a que nadie supiera que tenía ese tipo de afición aunque seguramente no le pasara desapercibida a algunas personas, debido a que me habrán visto en la biblioteca dibujando sobre algo que este leyendo pero aún así cuanto menos gente lo supiera mejor en aquel cuaderno tenía demasiadas cosas importantes, como el retrato de mis desconocidos padres ; había conocido al fin después de tantos años y de soñar tanto con ellos su apariencia tras conocer a la abuela e irme a vivir con ella, amaba demasiado ese dibujo era lo único que sentía que me conectaba a ellos a parte del collar que siempre llevo conmigo."lleve mi manó al collar que colgaba escondido dentro de mi camisa"

Pensé que no había oído mi comentario sobre ir al patio mientras estábamos comiendo pero me equivocaba, así pues nos dirigimos a algún aula que estuviera vacía. Yo seguía a Leo pues ya parecía tener claro a que sitio quería ir –Tengo muchas ganas de ver esos dibujos tuyos- le respondí muy entusiasmada mientras seguíamos caminando, tenía ganas de conocer más sobre Leo y sabía que observando sus dibujos, su forma de expresión, su estilo lo conocería aún más. Al fin llegamos al aula que por lo visto estaba vacía y en desuso, él se dirigió a uno de los asientos mientras yo me rezagaba un poco en la puerta observando la estancia y quitándome el abrigo ya que lo más probable era que allí dentro no pasara frío, cerré la puerta y fui a sentarme al lado de Leo, había dejado los dibujos a ese lado.

-Woooooooooo  al fin podré ver el interior de tu alma, muhahahahaha- le dije como voz de ultratumba y poniendo cara dramática, esperaba que le hubiera pillado la gracia porque a mí me la hacía mucho, en mi risa se notaba. Cogí mi abrigo que lo había colocado a mi lado y de él saque mi cuaderno depositandolo sobre la mesa al lado de donde había dejado los colores, junto Leo –Aquí están mis tesoros- le sonreí mientras le acercaba la libreta juntos con los colores. Allí dentro en dibujos estaba yo entera, en cada trazo, en cada cuerpo es ahí donde liberaba mis frustración mis temores y donde muchas veces mis deseos e inspiraciones se veían reflejados, no solo dibujaba personas desnudas, también me dedicaba a dibujar escenas de libros que leía ya fueran sobre criaturas mágicas como de libros de lectura, además en algunas esquinas o pequeños espacios en blanco podías leer pequeñas cosas que escribía para liberarme, algunas acorde al dibujo otras no tanto, tenía demasiadas cosas ahí dentro, demasiados sentimientos. Luego cogí los suyos, sus dibujos y me dispuse a verlos, en cuanto empecé se hizo el silencio en aquella pequeña habitación, quería echarles una mirada rápida pero no podía me detenía demasiado tiempo observando todos y cada uno de ellos, eran geniales me encantaban sobre todo los que eran como retratos de personas, capturaba muy bien su personalidad?  Presencia? No sabría bien cómo explicarlo pero sus dibujos transmitían sensaciones o al menos eso sentía yo.

-Me encanta este- me acerque un poco a él para enseñarle a que dibujo me estaba refiriendo, era el rostro de una mujer, muy guapa además. Volví a centrarme en sus dibujos,  hasta que sus palabras me sacaron de mi trance. –Eh sí, ah vale perdona no te había escuchado del odo- le sonreí, como no iba dejar que me dibujara, era el principal motivo por el que estábamos allí además después de ver aquello tenía curiosidad por ver cómo sería yo dibujada por Leo, como me interpretaría, como me reflejaría. – Claro que puedes dibujarme ahora y la verdad te entiendo a mí tampoco me gusta dibujar con gente alrededor me incomoda y me impide concentrarme - me aparte un poco de él en el banco que estábamos y me coloque quedando de frente a él y con una de las piernas al otro extremo del banco, como cuando te subes a un caballo – ¿Quieres que me coloque de alguna forma en especial o prefieres que sea algo más natural?-
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Leonardo Lezzo el Lun Feb 23, 2015 12:14 am

Iba a compartir con alguien algo que siempre había sido suyo. Su madre había visto alguno de sus dibujos, no todos. Era una parte oculta de Leo, algo de lo que el mundo se reiría pero en cambio Yvette no. Leo estaba emocionado y a la par asustado, y puede que un poco avergonzado. Los dibujos que guardaba en la carpeta bajo el brazo eran fruto de su soledad, de su aburrimiento. Nada especial. El chico no pensaba que sus dibujos fueran arte, ni que tuviera un don en la mano. Simplemente se le daba bien y le gustaba. Se le daba bien porque le gustaba y practicaba en sus horas muertas.

Ambos dibujantes se encontraron en el hall del castillo y se dirigieron a un aula vacía. La chica habló de ir al patio y el chico propuso mejor un aula. El invierno estaba siendo muy frío en Gran Bretaña. El chico estaba demasiado bien acostumbrado a su clima mediterráneo y no le sentaba bien el frío. Los resfriados eran muy comunes en él dese que empezó a estudiar en Hogwarts. Nada más encontrar una clase entraron, y Leo puso su carpeta sobre una mesa. - Tu misma. - Abrió la carpeta y se la tendió para que ella misma revisase los dibujos. El Gryffindor se rió con la voz que puso ella para decirle que iba a poder ver el interior de su alma. - Espero que te gusten. - Yvette le prestó sus dibujos. - Y yo, ¿voy a ver el interior de muchas personas? - Quiso bromear ya que esperaba ver innumerables dibujos de gente desnuda. Al abrir su carpeta lo primero que encontró fue el dibujo de un unicornio precioso. Yvette no se dedicaba a retratar simples desnudos, dibujaba con total fidelidad todo aquello que le fascinaba. - Es precioso este. - Le dijo mientras se lo mostraba para que la chica supiera de que hablaba. Continuó viendo los dibujos de su amiga. Todos eran espectaculares. Los desnudos estaban llenos de detalles. Leo se fijó en pequeñas anotaciones que inundaban los bordes de las hojas pero no los leyó. No quería inmiscuirse en la privacidad de la chica más de lo que lo estaba haciendo.

Después de ese pequeño apunte sobre el dibujo del unicornio, ambos se sumieron en un cómodo silencio mientras disfrutaban de los dibujos del otro. Leo sentía como si estuviese invadiendo un espacio privado. Como entrar en la habitación de alguien cuando no está. Se podía leer la personalidad de Yvette en sus dibujos. Divertida, una pizca introvertida, graciosa, … - Es mi madre. - Le explicó Leo cuando ella le habló del dibujo. Nunca había dibujado a su madre mientras él estuvo vivo. Ese retrato lo hizo después de la muerte de Mael. Se podía apreciar una leve sonrisa en los labios de Briana. Su muerte significó la felicidad.

El chico quería dibujarla allí mismo. Ansiaba poder plasmar aquellos ojos llenos de vida y su pelo rojizo en un papel. Le daba igual la pose. La intimidad que les daba la clase vacía envalentonó al dibujante. Yvette se sentó de frente a Leo, muy cerca. Quizá demasiado cerca. - Está bien así. No quiero que hagas nada. Piensa en cosas bonitas. - Guardó con cuidado los dibujos de la chica. No quería estropearlos sin querer. Miró a Yvette una vez y le sonrió. - Sólo te pido que no bajes la mirada. - Leo quería poder plasmar aquellos ojos. Seleccionó sus materiales con cuidado. Se le notaban los nervios a kilómetros. Quería hacerlo bien. - ¿Después de esto tendré que posar desnudo para ti? - En las peores situaciones a Leo se le ocurrían las peores preguntas. Aquella hizo que el chico se ruborizase un poco y tras soltar una risita nerviosa empezó con el esbozo de Yvette. La miraba pocos segundos y tiraba de imaginación, trazando su rostro en primer lugar. El pelo fue lo más costoso y donde Leo se recreó más. Después de un rato largo el dibujo estaba casi terminado. Había conseguido el color perfecto de los ojos y su reflejo inocente. - ¿Alguna sugerencia? - Preguntó al mostrárselo a ella. Cuatro ojos ven más fallos que dos.
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Invitado el Jue Mar 19, 2015 11:40 pm

Me sentía muy a gusto en aquella aula junto a Leo compartiendo algo que para nosotros era demasiado especial, una sensación de estar viviendo un momento importante invadía todo mi cuerpo y me hacía sentir feliz, pocas veces una puede experimentar una felicidad tan pura como esa. El hecho de que al Gryffindor le atrajera uno de mis dibujos me  emocionó todavía más si cabe, nunca había podido compartir ese hobbie con nadie, hasta ahora.

-Seguro que me gustará todo lo que veré aquí ju..jujuju – dije mientras sostenía su cuaderno, el siguiente comentario a modo de pregunta que hizo Leo me pillo totalmente desprevenida y aún pillando el tono de burla que tenía su voz no pude evitar sonrojarme y mirarlo sorprendida – he dicho que hago personas desnudas no destripadas – puse cara de asco – que sádico eres Leo- teatralmente puse cara de que Leo me parecía un bicho raro y agite mi cabeza intentando borrar de mi mente, un tanto gráfica escenas con personas abiertas en canal o desolladas, sí he de admitir que yo sí que era un tanto sádica. Cuando hizo referencia al unicornio que tenía dibujado en mi libreta y me lo mostró, no me sorprendió. Desde que vi su dementor sabía que parte de su curiosidad y atención se centraría en ese tipo de criaturas, más quizás que en los propios desnudos. – Pues la verdad nunca he visto ninguno – le dije mientras me acercaba un poco mas él para poder ver el dibujo – lo saque de un libro de grabados, era precioso yo no he conseguido captar ni la mitad de esa belleza – le mire pero estaba tan cerca que nuestras cabezas casi colisionan entre sí así que me aparte y me centré de nuevo en sus dibujos intentando hacer caso omiso de que casi choco contra él y señalando un dibujo en particular que me llamó mi atención, una mujer muy bella, para ser un dibujo había captado perfectamente la esencia de aquella persona, su mirada casi era palpable.
Con que su madre, aquello la pillo desprevenida; miro varias veces el dibujo y a Leo intentando captar rasgos de similitud entre ellos y los hallo claro que lo hizo era su madre al fin y al cabo –Es muy guapa, la has dibujado perfecta- le dije sonriendo sin mirarle solo atendiendo al dibujo, la cautivaba, ¿Cómo sería poder hacer un retrato de tu madre? Me pregunté a mí misma, seguí ojeando pacientemente sus dibujos, no quería ir con prisa quería captar cada sentimiento y sensación que ellos pudieran trasmitirme pues me estaría diciendo algo más de Leo que quizás aún no conocía. No sabría decir cuantos minutos pasaron pero llegue a olvidarme totalmente de la presencia de Leo a mi lado hasta que el me saco de mi ensoñación haciéndome saber que deseaba dibujarme ya mismo, eso me hizo algo de gracia, su impaciencia y nerviosismo por dibujarme lo hacían parecer un tanto mono.

Me coloque cerca de él en el asiento en una pose natural, de frente y con la vista clavada en él, sin embargo verle allí tan serio con el papel y el lápiz en mano analizando mi rostro me puse un poco nerviosa lo cual hizo que apartara mi mirada de él – Lo siento, intentaré no apartar más la mirada jejeje es que me da algo de vergüenza- que ansiosa, nerviosa y feliz estaba en ese momento sentía demasiadas emociones revoloteando desde mi estomago hacia todo mi cuerpo y aunque quizás sea un tanto extraño me agradaba. Cuando me fije en que empezaba a dibujar me mantuve todo lo quieta posible y con mi mirada fija en él intentando pensar en otra cosa que me distrajera de prestarle atención a él y su cara, oh por dios estaba tan serio como no prestarle atención. Finalmente mi mente acabo divagando entre las páginas de un libro que había leído hace poco hasta que al fin Leo capto de nuevo mi atención tendiéndome el dibujo que acababa de hacer de mí. Increíble, era fantástico –¿Sugerencias dices?- le dije absolutamente perpleja – Pero si está genial Leo- me quede embobada mirando mi reflejo como quien se mira en un lago o estanque, de verdad me veía así pensé.

-Bueno, quizás si puedas mejorar una cosa – admití – creo que a la cara le falta algo de sombra que la dote de cierto volumen, si te fijas esta zona de aquí – le dije mientras le señalaba para explicarle – está muy plana si entornas los ojos así – le hice un pequeña demostración que hizo que soltara una leve risita al ver su cara, luego le tendí de nuevo el dibujo. – Eres muy bueno Leo si sigues curtiendo tus habilidades llegaras muy lejos – le sonreí pero esa sonrisa se esfumó rápido y dio paso un rostro absolutamente serio  –ahora te toca desnudarte y posar para mí- le dije con un cierto tono de frialdad en la voz.
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Leonardo Lezzo el Jue Mar 26, 2015 10:02 pm

Dejar su carpeta a una persona ajena era lo más intimo que había hecho Leo en meses. Ni siquiera a Briana le dejaba ver todos los dibujos. Le daba vergüenza y miedo al mismo tiempo. Cualquier persona sabe que una madre no critica a un hijo por eso el Gryffindor enseñaba pocos dibujos a su madre. A ella todos le parecían fantásticos. Y no todos lo eran. Por lo menos ella lo apoyaba con su hobbie y le daba todas las facilidades. Desde pequeño le llenó de materiales aún sabiendo que a Mael le disgustaba que el chico pintase. Cualquier actividad que no fuese física no era digna de un hombre. Maricón era uno de los insultos que más a menudo recibía Leo, y pensaba que era un insulto hasta que descubrió su significado. Cuando lo hizo su odio por Mael aumentó. A parte de racista y machista, también era homofóbico.

Los dibujos de Yvette eran bastante variados aunque Leo esperaba encontrar gran parte de desnudos. El chico intentó bromear para no sentirse tan incómodo pero Yvette lo malinterpretó pensando que el Gryffindor se refería a gente destripada. - Era una broma.  Digo el interior de las personas pensando en lo que hay debajo de la ropa, no dentro de sus tripas. Dibujar eso sería repulsivo. - Por alguna extraña razón Leo pensó en cerdos muertos y destripados, como los que había visto en una película. Los dibujos de otras cosas que no fuesen cuerpos le llamaban más la atención, como aquel unicornio casi real. Se lo mostró a la chica para hacerle saber que le gustaba. Yvette confesó entonces que no había visto jamás uno real, lo había dibujado viendo un dibujo. Se habían acercado mucho mirando el dibujo y Leo ni siquiera se había dado cuenta. Observaba detenidamente el dibujo. - Lo has sabido captar muy bien. En el bosque los hay, espero que la profesora Morrell os los enseñe este año. Son las criaturas más bellas que he visto. - Acto seguido ambos continuaron viendo los dibujos del otro. Yvette se fijó en el retrato de Briana. Leo la había pintado viendo una fotografía. Hasta que un día su madre lo pilló dibujándola e insistió en posar para él. Fue más fácil de ese modo y el dibujo quedó precioso. Briana era una mujer joven y bella. - Gracias. - Yvette no sabía como era Briana, pero Leo agradeció mucho su comentario pues su madre era una pieza indispensable en su vida.

El Gryffindor disfrutó de los dibujos pero ansiaba poder dibujar a Yvette. Su manos soñaban con sus formas. Primero Yvette parecía muy dispuesta pero pronto apartó su mirada. Lo último que Leo deseaba es que ella se sintiese incómoda. Ella misma confesó que le daba vergüenza. - Es raro estar al otro lado, ¿cierto? Estás acostumbrada a dibujar y no a que te dibujen. Supongo que a mi me pasaría lo mismo. - Leo hablaba a la par que dibujaba. Estaba acostumbrado a hacer dos cosas a la vez aún siendo un hombre. Tenía la intención de hablar para que su amiga se relajase. El semblante del chico era serio, como casi siempre. Es su manera de expresar la concentración. No se pueden contar los minutos que pasó concentrado. Cuando creyó que so obra estaba acabada la enseñó a la modelo para tener una opinión realista. Leo esperaba sugerencias aunque Yvette estaba encantada con el retrato. Luego lo miró mejor y dijo algo que el chico podía mejorar. Leo tomó el lápiz y añadió sombra para dar volumen a la cara de Yvette. - ¿Así? - Leo dibujaba sobre la mesa, cerca de Yvette para que ella lo viese. - Si tuviese más tiempo para dibujar sería el mejor. - Bromeó de nuevo. - Pero debo estudiar aunque me cueste la vida ponerme. Soy un vago. - Leo se encogió de hombros. Él era así, quería aprobar todo pero no sabía ponerse a estudiar sin más. No el faltaba motivación pero sí concentración.

La broma, si es que era una broma, de Yvette lo pilló desprevenido y la cara de Leo se inundó de un rubor inusual en su rostro claro. Su orden fue clara y concisa, incluso seria. Leo en cambio soltó una risita. - Yo... no... - Leo no recordaba haber hecho aquel acuerdo. - Me da mucho corte. No me pidas eso... ¿Te vas a enfadar? No te enfades. Quizá podría quitarme la camisa, pero nada más. Y aún así... - Leo empezaba a estar agobiado tanto por la perspectiva del desnudo como por el temor a que Yvette se enfadase con él. Pero la idea de quitarse aunque fuese la camiseta delante de una chica le daba pánico.
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Invitado el Jue Abr 02, 2015 3:38 pm

-Sí, sí que lo es –le respondí intentado no mover mucho mi cara y mi postura para que Leo no tuviera dificultad a la hora de dibujarme- los dibujantes estamos acostumbrados a captar la esencia de las cosas y no a que nos capten nuestra propia esencia jejeje- me quedé pensando sobre ello – es extraño sí – dije en un susurro casi inaudible. Cuando él se concentró por completo en lo que estaba haciendo dejo de hablar y su semblante adopto cierta seriedad, estaba totalmente volcado en lo que estaba haciendo, era en cierta manera agradable poder formar parte de ese ambiente siendo el espectador. ¿Pondría yo esa misma expresión mientras dibujaba o quizás mi cara adoptaría otra expresión? Me pregunte a mí misma mientras intentaba mantener la postura, parece que no pero permanecer varios minutos en la misma posición llega a resultar un poco incomodo.

No sabría decir cuánto tiempo pasamos así pero cuando Leo termino me mostró el maravilloso trabajo que había hecho y me encantaba, sin embargo gentilmente e intentando ayudarle a mejorarlo le ofrecí ciertos consejos que el acepto de buen grado. – jajaja si creo que sí – le respondí medio absorta contemplándome a mí misma en aquel dibujo, hasta que caí en la cuenta de que quizás no había sido lo suficientemente especifica – creo que lo que has dicho es cierto, con tiempo podrías ser mas bueno de lo que ya eres- le sonreí – ¿has probado a estudiar con alguien?, quizás el ambiente de concentración que te transmita esa persona podría ayudarte a centrarte, además de que haría el estudio más agradable, yo solía hacerlo con una buena amiga – estas dos últimas palabras fueron dotadas inconscientemente de un tono melancólico, la verdad no es que estudiara con esta persona, sino que fue gracias a ella que pude aprender a leer, escribir e innumerables cosas más, gracias a ella aprendí a probar el sentimiento de lo que es sentirse apreciada por alguien ainss tantas cosas, el silencio se apoderó de mi, así que lo siguiente que hice y dije con intención de hacer una broma se torno algo diferente a la reacción que yo esperaba que tuviera Leo, creo que me había excedido un poco – Oh claro que no me voy a enfadar osea- le dije en un tono algo alto debido a que me había puesto nerviosa por haber provocado tal incomodidad en él –Es decir, aunque dijera en serio lo que acabo de decir jamás me enfadaría porque me dijeras que no a algo como eso, quiero decir ¿cómo podría? Eso sería obligarte a hacer algo que no quieres y yo jamás pretendería que hicieras algo por obligación- hablaba muy rápido pues quería solucionar aquel malentendido de broma –no no no no- gesticule aquella negativa con todo mi cuerpo, llegué a levantarme del asiento incluso – no quiero que te quites la camisa ni nada, lo siento solo era un broma, dios perdona no pensé que te lo tomaría en serio, mis desnudos por lo general están sacados de libros, aunque admito que muchos otros no- me lleve las manos a la cara cogiendo consigo parte de mi pelo para taparme la cara –ay lo siento- me agache sobre mis pies y me sacudí el pelo violentamente por lo estúpida que me sentía en ese momento, pobre Leo le había hecho pasar un mal trago, ¿ y si se enfada? Ay dios no quiero que se enfade que hago, ahhhh. –lo siento-  le volví a repetir en un susurro.
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