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Halloween: Mansión Crawford

Lord Voldemort el Sáb Nov 01, 2014 6:04 pm


 
La mansión Crawford era conocida por todos debido a la reputación que tenía esa familia. Era un linaje familiar que ha durado durante generaciones y la gran mayoría de ellos pertenecían al departamento de Seguridad Mágica, siendo algunos incluso Aurores. El cabeza de familia tenía una buena relación con el encargado de organizar este tipo de festividades y no dudó en prestar su casa para festejar Halloween. De siempre, años atrás las celebraciones de este tipo de fiesta se hacían en un convencional baile de máscaras en el mismo Ministerio, pero éste quería darle un toque mucho más terrorífico y divertido este año.

La mansión se encuentra en las afueras del Valle de Godric, tras una larga explanada oscura y sin ningún tipo de comunicación. Por regla general aquella casa solía estar iluminada, de tal manera que era de fácil ubicación debido a que se veía desde lejos. Aquella noche no fue así. Las cercanías de los jardines estaban totalmente oscuras, con un aspecto sombrío y con una densa niebla en suspensión fruto de la magia. Lo poco que estaba iluminado era a base de antorchas y casi todo el aspecto de la mansión por el exterior parecía estar en ruinas. Lo que es capaz de hacer la magia.

Desde fuera no se escuchaba absolutamente nada, sólo un terrorífico vacío en compañía de esas apariciones inesperadas de los invitados a la fiesta, los cuales estaban todos apuntados en una lista en la entrada. No obstante, a pesar del silencio exterior, una vez entras el sonido inundaba tus oídos. Ante los recién llegados se abría un increíble Hall, que de seguir recto llegabas a una gran sala en dónde a pesar de poseer un aspecto terrorífico, las luces y la música sonaban por todas partes. Habían grandes mesas repletas de comida a los bordes, muchas sillas acompañando a dichas mesas y en el centro un gran hueco destinado expresamente al baile.




Casi toda la mansión estaba abierta, por lo que lejos de quedarte en esa gran sala, también podías ir desde el Hall a las habitaciones superiores por las escaleras o quedarte en algunas salas más tranquilas en dónde la música no sonara tan alto. Eran unas salas con grandes sillones y pequeñas mesas, en dónde poder tener una agradable conversación con cualquier persona sin que la música fuera un obstáculo.

Era un requisito indispensable el ir disfrazado, por lo que cualquier adulto, por muy serio que fuese, se presentaba allí sin disfraz, los de la entrada se tomarían la libertad de componerle uno sobre la marcha.


OFF: Final estipulado para el día 20 de Noviembre.
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Lord VoldemortSeñor Tenebroso

Drake Ulrich el Dom Nov 02, 2014 8:41 pm

Tras una ardua decisión entre todas mis compañeras de piso para ayudarme a elegir un disfraz digno para una fiesta del Ministerio, llegamos a una conclusión. Llegamos a la conclusión de que fuese lo que fuese de lo que me disfrazara, iba a ser “tal cosa” sexy. Si me disfrazaba de vampiro, pues yo era un vampiro muy sexy. Si iba de piloto, pues de piloto sexy. Y así sucesivamente. Ellas discrepaban, pero sabía que ellas sabían que yo tenía razón.

Finalmente me decanté por algo sencillo. Echarme sangre por encima no me llamaba la atención, pintarme mucho menos, que luego termino con restos de pintura hasta el próximo fin de semana porque soy un negado quitándomelo. Por lo que me decanté por algo sencillo que sólo conllevase a una simple vestimenta. Pero era una vestimenta muy sexy. Iba de cazador de vampiros sexy, con montón de capas que me daban un aspecto mucho más sofisticado. Me afeité de tal manera que pareciera un poco desaliñado, pero que en verdad me cuido y me peiné con el pelo hacia atrás, peinándomelo lo suficiente para que quedase liso y no me molestase. Luego un sombrero y… listo. Ah, y no se me olvidó llevar dos revólveres de mentira muggle por debajo, ya que yo cazaba vampiros con balas especiales.

Después de eso, fui directamente a la fiesta, apareciéndome en la mansión dónde se haría la fiesta. La familia Crawford era famosilla, realmente yo conocía muy de vista al cabeza de familia, pero con el hijo, un auror bastante joven, me llevaba bastante bien, además de que incluso habíamos salido par de veces por ahí a armarla.

Me quedé medio año en la puerta buscándome en la maldita lista, discutiendo con el pedazo de gorila que estaba allí que yo debía de estar en la lista porque tenía una súper invitación y porque, cojones, me había invitado incluso personalmente mi amigo. No sé cuántos minutos pasaron, pero gracias a Dios que Crawford junior pasó por la zona y me vio, puesto que de no ser así me hubiera pegado toda la noche discutiendo con aquel tío si estaba en la lista o no, cuando era evidente que a alguien se le había olvidado apuntarme. Malditos. Coño.

Finalmente, tras media hora perdida, entré al interior (no voy a entrar al EXTERIOR) y perseguí a mi amigo hasta la zona dónde más música había, acercándome a una de las barras con él y recibiendo en su honor una copa de a saber qué, para luego despedirse de mí con un golpecito en el hombro (todo muy varonil) e irse. Después de ese momento estresante, me senté en uno de los taburetes y me quedé tranquilamente bebiendo de aquello que, por lo que sabía, suponía que era algún cóctel con Vodka. Se me acercó una mujercita joven, quizás de mi edad, vestida de novia cadáver. Me miró con algo de confusión y empezamos a hablar tranquilamente de nuestros disfraces mientras ella pedía una copa (la cual le tardaban en dar). Esperaba ver a alguien conocido pronto, si no siempre podría beberme dos cóctel más y me volvería en la persona más extrovertida de la fiesta, por lo que me podría hacer cualquier amigo.

OFF: Estoy en la zona de fiesta fiesta.
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Abigail T. McDowell el Dom Nov 02, 2014 8:44 pm

Por regla general las fiestas del Ministerio eran aburridas y algo lentas, las típicas en dónde te aburres, en dónde la música es monótona —si es que hay— y en dónde alguien como yo pierde más la paciencia que cualquier otra cosa. No me gustaban, mas asistía porque al ser alguien tan cercano al Ministro debía de acompañarlo a muchos lugares por simple conveniencia o formalismo. A diferencia de cualquier otra fiesta como esas, la que se celebraba hoy era muy diferente. No iba por el Ministro, iba porque siempre me han gustado las fiestas de Halloween.

Sobre todo en Hogwarts, recuerdo cuando asistí año tras año a cada una de ellas, cada año con un disfraz mucho mejor que el anterior, un disfraz que la gran mayoría de las veces solía reflejar mi personalidad. Solían ser divertidas y eran una de las pocas fiestas en donde los profesores te daban libertad, por lo que dentro de lo que cabía, era lo más cerca que estaba una festividad en Hogwarts de no parecer Hogwarts.

Actualmente seguía asistiendo por muchas razones: por ejemplo, siento una increíble atracción por aquellas personas de sexo masculino que van de fantasma de la ópera. Si ya por sí esa película o, más bien, esa banda sonora era algo que me parecía sublime, imaginaos cuando veo a un tío con la mitad de la cara tapada por esa máscara blanca de rostro impasible.  Por otra parte, siempre me había gustado disfrazarme, suponía que después de los años seguía conservando ese gesto infantil que parece que nunca se me borrará. Así mismo, era una fiesta del Ministerio que pintaba ser divertida, no sólo por quién la creaba, sino por dónde era y, para algo decente que hay, no iba a perdérmela.

Tuve un pequeño dilema a la hora de elegir disfraz, pero finalmente me decanté por uno atendiendo a varias opciones: al tener cierta reputación en el Ministerio, debía de seguir manteniéndola, por lo que no iba a vestirme de nada acompañado por el adjetivo “putilla”. Tuve mi época escolar para ello y actualmente intentaba ganarme una imagen que intentaba preservar ante todo. Por otra parte, los que no me conocen verdaderamente en el Ministerio me veían como una especia de ángel andante, un ángel travieso y rebelde del que no temer nada. Por lo que en cierta manera, mi intención era conservar eso. Y para los que me conocieran… mi disfraz sería de lo más divertido. ¿Pero miedo? No solía disfrazarme de nada que diera miedo, Halloween era simplemente una festividad en dónde poder asistir a una fiesta de disfraces sin parecer gilipollas.

Terminé de darme los últimos retoques en mi casa con un ligero maquillaje y, tras ponerme el sombrero de mi disfraz, me desaparecí de allí. Aparecí justo delante de la mansión en cuestión de segundos y era bastante divertido poder vislumbrarme a mí con este disfraz en medio de aquel lúgubre ambiente. Con paso decidido me acerqué hacia la puerta y entré como si nada pudiera impedírmelo. Los que pasaban la lista me conocían, pues casi siempre eran los mismos pringados de turno. Me dirigí directamente a la zona en dónde menos música había, la que parecía más tranquila. Quería una bebida, pero quería poder pedirla con tranquilidad y poder tomármela con todavía más tranquilidad. Además de que era consciente de que en dicha zona estaría la gente más importante de la fiesta, por lo que mejor saludarlas aun estando sobria.

Fui directamente a la barra, cuyo barman estaba disfrazado de vampiro, un vampiro muy sexy con una mancha de sangre muy poco atractiva cayéndole por el labio. Menos mal que sé que es sangre de mentira. Conocía al barman de otras ocasiones, por lo que le guiñé un ojo con cierta picardía. No era mi amigo, pero sí mi aliado.

No te pega ese disfraz… —me dijo, agachándose para coger un vaso ancho y empezar a llenarlo con whisky.
Por suerte no hay muchos que me conozcan como tú…—contesté— La gran mayoría estaría totalmente en desacuerdo contigo. —añadí, cogiendo el vaso para darme la vuelta y buscar a alguien que pueda darme una buena charla y una buena noche.


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Brigid Morrell el Dom Nov 02, 2014 10:00 pm

El día de Halloween se acercaba, un día que le encantaba a la joven sirena, pues siempre podía descubrir cosas interesantes de los humanos sin que ellos se percataran al respecto. El poder de una máscara, sin duda alguna. Aunque la profesora en ésta ocasión no iba a llevar máscara, sino uno de sus más antiguos vestidos. Algo que le encantaba utilizar en ocasiones como ésta.

Buscando en su baúl no tardó en encontrarlo, estaba tal cual el primer día, algo que le encantaba, pues no habría nada más original. Hablando con propiedad. Era una antigüedad con todas las letras. Fue costoso ponerse tal vestido sin ayuda de nadie, más la práctica hacía al maestro y después de más de cuatrocientos años vistiendo ropajes similares, ésta no sería una excepción.  

Una vez vestida, colocándose una antigua capa roja, lo cual le aportaría ese encanto de caperucita roja que tantos querían recrear. El cuento era una historia muy interesante, una historia que a la sirena le encantaba. Por lo tanto no dudo en vestirse siendo un reflejo de la protagonista de dicha historia. Salió del castillo con parsimonia, buscando a su Thestral. El caballo alado la llevó volando hasta la mansión Crawford, muy sencillo hacerlo cuando podías volverte invisible.

Entró en la mansión y comenzó a recorrer la misma, en busca de algo de compañía y diversión. Sin prestar mucho caso a quienes las rodeaban, aunque teniendo cuidado de que nadie la mojara. Se acercó a la barra y tomó una copa de champán, dejando que la suave bebida recorriera sus labios. Ahí se quedo, contemplando el lugar y a los presentes.



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Matt Forman el Lun Nov 03, 2014 12:51 am

La fiesta de los muertos había llegado. Un día donde cualquiera se disfraza, bebe hasta caer al suelo, y no pasa nada. Un día perfecto para hacer cualquier cosa que te venga a la mente. Si torturas a un muggle hasta llenarle de heridas sangrientas, no pasa nada. La gente lo ve en la calle, y cree que se ha disfrazado de muerto sangrante. Si te vistes de mago, varita en mano, nadie te mira extraño porque es Halloween. Bendita fiesta de los muertos. Este año la famosa fiesta del Ministerio se había trasladado a la célebre casa Crawford, en las afueras del Valle Godric. Después de tantos años es difícil encontrar un disfraz original, irrepetible, terrorífico y sexy era bien difícil. Las tiendas de los muggles ofrecen una gran variedad. Este año creí divertido disfrazarme de policía muggle. El uniforme me sentaba como un guante, y a parte me hice con una porra, esposas y dos pistolitas de juguete que lanzaban bolas de un material plástico. Lo mejor de todo es que no tenía que usar maquillaje de ningún tipo. Se me reconocía fácilmente, y yo estaba tan cómodo como vestido con un pijama.

Cuando me aparecí en la mansión, la fiesta ya había empezado. Dentro se escuchaba una música estridente nada agradable. Busqué la barra en primer lugar y pedí un whisky de fuego. Había comida por doquier. De momento no tengo hambre, pero es bueno saber que tan suculentos manjares me esperan. Quizás encuentre otros manjares más suculentos. Pegué un vistazo buscando gente conocida. Mis chicos del departamento también estaban invitados, pero no les reconocí. A la que si reconocí fue a la secretaria del Ministro de Magia. Abigail McDowell. Me fijé en ella hasta que me miró. Me atreví a levantar el vaso y brindar por su salud. Estoy seguro de que el Ministro se la beneficia. De ser yo el Ministro, lo haría.
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Invitado el Lun Nov 03, 2014 10:43 am

Había pasado los dos últimos días nerviosa, pensando algo que ponerme para la fiesta que estuviese en el justo límite entre sexy y escalofriante. No quería ser la típica chica vestida de "inserte aquí el nombre de un personaje aleatorio" putilla. El 90% de los disfraces de mujer muggle para estas fechas iban acompañados de ese adjetivo, y es que era inevitable llamarlos de otra manera cuando casi se les veía el DNI, con el frío que ya hace a finales de Octubre. Al ir a comprar mi disfraz a una tienda de Londres me di cuenta de la razón. ¡Si es que no vendían otra cosa! O te ponías un disfraz masculino, o enseñabas carne. No tenías más opciones. Por suerte en el mundo mágico la cosa era diferente. Visto mi fracaso en la primera tienda, acabé en una de segunda mano, rebuscando entre los harapos. Compre una capa de terciopelo rojo que llegaba hasta el suelo, incluso la arrastraba (problemas de no ser demasiado alta). También un corsé viejo y una falda con vuelo de color granate. Con eso me bastaría para la idea que tenía en mente.

Una hora antes de que empezara la fiesta, mi casa estaba patas arriba intentando terminar mi traje a tiempo, y además que el resultado quedase tan alucinante como lo que yo tenía en mente. Tardé un rato largo, pero finalmente estaba preparada. Me miré al espejo, y lo que vi me gustó. Llevaba una larga capa roja con capucha al raída que me cubría el cuerpo por completo, una falda granate doblada que dejaba mis tobillos al aire y la mitad de una pierna que asomaba por un largo corte lateral, una camisa medio rota y un corsé de piel que lo unía todo. Además me había maquillado de manera que parecía que tenía la mitad de la cara decorada con un profundo zarpazo de lobo, con el ojo de ese lado blanco gracias a una lentilla. Papá siempre había querido que yo fuese su princesa, pero ahora era una cazadora. Caperucita roja cazadora de lobos.

-¿Que te parece Sam? -miré a Sam con cara de mala y el gato maulló, como dándome su aprobado. Él era el genio del mal de la casa, así que si el pensaba que estaba bien, yo también estaba conforme. Puede que la razón por la que me había trabajado tanto el traje era para sorprender a Daniel. Después de todo lo que había pasado me sentía como una adolescente con el estómago lleno de mariposas. -Deséame suerte. -dije, dándole un golpecito en la cabeza antes de desaparecerme para aparecer frente a la mansión en la que se celebraba la fiesta.

Aquel sitio si que daba miedo, y no los de las películas. Empecé a subir los escalones de uno en uno, y los escalones de madera crujían bajo el peso de las botas que llevaba puestas. No le había dicho a nadie de que iba a ir vestida, pero tampoco es que fuese muy difícil reconocerme. ¡El problema era que yo no reconocía a nadie allí! La mayoría de la gente llevaba unos trajes muy peculiares y tapados. Vi de fondo otra caperucita roja, mucho más cursi que la mía. Le dediqué una mirada fulminante por robarme la idea. ¡Estamos en Halloween, no en Disneyland!

Viendo que no reconocía a nadie, cogí un baso de sangría y me senté en uno de los sofás, revisando con la mirada cada rostro que pasaba frente a mi por si encontraba alguno conocido. ¿Donde se habría metido Daniel? Tenía que haberle dicho que se disfrazase de lobo.

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Fiona T. Shadows el Lun Nov 03, 2014 2:50 pm

Las fiestas son divertidas. ¿A quién no le gustan las fiestas? Sólo a esa gente asocial que refiere pasar la noche de Halloween viendo películas como Sharknado o Terror en el Convento, grandes películas de Serie B tan horribles que pueden hacer que los ojos salgan de sus cuencas luchando así por no tener que soportar el resto de la película. Pero al caso, había una fiesta y Fly no dudó en apuntarse a ir, pues era de esas personas que se apuntaban incluso a un bombardeo. Y más si en ese bombardeo podía beber y comer gratis. Aunque más beber, todo el mundo sabe que la comida en ese tipo de fiestas brilla por su ausencia.

Seguía frente al espejo del baño mientras oía como en el exterior alguien no paraba de canturrear. Acabó de dar el último toque al maquillaje de manera que este no se fuera a lo largo de la noche y aporreó la puerta. - ¡Quieres dejar de cantar, a este paso harás que llueva! – Inquirió la castaña antes de darse la vuelta nuevamente para volverse al espejo. El maquillaje había quedado tal y como lo había pensado. Era lo bueno de la magia, que no te hacía falta ver una imagen en google y pensar en hacer ese maquillaje y que quedara horriblemente mal, sino que la magia hacía que todo fuera mucho más fácil. Los magos eran unos grandes pensadores. Grandes pensadores y grandes magos, si lo pensabas bien.

Abrió la puerta del baño encontrándose con William aún jugando con su disfraz y negó con la cabeza. – Que guapo vas siempre. – Dijo con voz inocente y parpadeando de manera excesiva con la vista clavada en William. Se dejó caer sobre la cama y se colocó unas botas altas de tacón con tachuelas en la parte trasera. Acabó de subir la cremallera de una y miró con curiosidad a William. - ¿Al final irá tu amiga o tendré que conocerla en otra ocasión? – Preguntó con cierta curiosidad. Si lo pensaba, llevar a Natalie a un evento como aquel no era lo más apropiado, pues todos le verían con una menor y al parecer era algo que no quería que ocurriera por el momento. Y por otra parte, aún no había pasado nada entre ellos, al menos que Fly supiera, pero confiaba en que William no fuera tan hijo de puta como para callarse ese tipo de cosas, cuando ella fue la primera que la noche siguiente de volver con Drake le mandó una lechuza a las tantas de la mañana para informarle como buena mejor amiga que era.

Se puso en pie acabando de colocarse la otra bota y siguió hablando. – En verdad me da pereza ir, ¿Nos vamos a ver una peli al cine? O a pedir caramelos, eso tiene que ser divertido. Y tirar huevos a las casas si no nos hacen caso. Además, como somos bajitos, pasamos por dos niños. – Soltó una risita y cogió de la cama una capa que llegaba hasta los tobillos (hasta la cintura a una persona de altura media) y la colocó sobre sus hombres abrochando cuidadosamente el cierre para no engancharse el pelo. – Venga, que ya vamos tarde. – En realidad había sido su culpa, porque William había ido ya vestido hacia tres horas pero Fly había tenido la brillante idea de poner una película y verla sin si quiera preocuparse por su disfraz hasta que había acabado.

Sin pensárselo demasiado y viendo que William ya estaba más que preparado, tomó su mano y se desapareció en compañía del chico, apareciendo a escasos metros de la entrada principal de la Mansión. – Tengo la impresión de que no conozco a nadie… - Afirmó mientras ambos subían las escalinatas hasta llegar al porche donde un hombre miraba las invitaciones de los allí presentes.

No pasaron ni dos minutos cuando consiguieron entrar y encontrarse con toda una decoración digna de Halloween y un grupo numeroso de personas bailando, bebiendo y hablando. Fly estiró ligeramente el cuello, pues a pesar de llevar tacones seguía siendo bajita, y buscó alguna cara conocida. – Ahora vuelvo, no te muevas de aquí. – Y dicho eso, salió corriendo hasta una mesa cargada de bebidas donde estaba Drake. Pasó tras su espalda y con cuidado estiró ambas manos dándole un par de tirones de oreja. – Te dije que te felicitaría en persona. Con retraso, pero como eres retrasado, ni lo notas. – Bromeó antes de darle un beso en la mejilla. – Te quiero presentar a alguien… - Tiró de su mano sin darle margen a opinar en dirección a donde estaba William, pero se topó con que William ya no estaba donde lo había dejado. Se encogió de hombros y miró a Drake. – Mi pareja me ha dejado tirada, esto es la pesadilla de cualquier adolescente en su baile de final de curso. – Puso una pose dramática y luego sonrió. – Estás guapo, ¿De qué vas? ¿De vendedor de biblias del siglo diecinueve? – Alzó una ceja. – Es broma. O sea, sí estás guapo, la broma es lo de las biblias. – Se encogió de hombros y no tardó en dejar tirado a Drake entre la gente para ir a por un par de bebidas.

Tenía la intención de volver, de verdad que la tenía. Pero acabó por encontrarse con un ser maravilloso sacado de cuentos de hadas. ¡Un unicornio zorra pelirroja putilla! Toda una criatura mitológica. En realidad solo la reconoció por su altura, porque con ese disfraz que le pegaba menos que el celo después de usarlo para depilarle los brazos a alguien… - Deberías ir de zorra. O de camarera putilla. O de enfermera putilla. O ir de Abi McDowell, que ya irías de putilla. – Sonrió divertida antes de darle un abrazo a la chica.

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Invitado el Lun Nov 03, 2014 6:14 pm

Desde hacía un tiempo en el hospital no se hablaba de otra cosa que no fuese la fiesta de Halloween. A mí me había dejado de interesar desde que me enteré que se celebraría en la mansión de los Crawford. Aunque no había tratado personalmente con ninguno de ellos (por suerte), la mayoría de los que llevaban ese apellido eran aurores, lo que significaba que no me interesaban. No cambié de idea hasta que no hablé con Brisa y ella me sugirió que iba a ir. ¿Cómo iba a quedarme en casa haciendo cualquier otra cosa? Hubiese sido grosero. No puedo dejar a Brisa, mi Brisa, sola en una fiesta. Ante tanto hombre. Soltero. Guapo. Más joven que yo. No. Definitivamente tenía que ir a esa fiesta.

Se me había olvidado la última vez que fui a una, probablemente mientras estaba con Lenore. Los años de después los había pasado en la sombra, tanto del mundo como mía propia, y cuando encontré trabajo en San Mungo este se convirtió en mi refugio y mi excusa para evitar ese tipo de eventos. Al principio Elia había intentado de todo para hacerme salir de mi cueva pero los últimos años me había dejado por imposible. Bueno hermanita, mira quién va de fiesta ahora. ¿Quién lo diría? El único y pequeñísimo problema era que no tenía disfraz.

Me pasé los siguientes días dándole vueltas al tema pensando de qué disfrazarme. No me gustaban los típicos disfraces de “algo” sexy, ya habría tiempo para eso en carnavales. En Halloween había que dar miedo, como yo cuando tengo urgencias en el hospital y apenas me da tiempo a dormir dos horas. Intenté sonsacar a otros compañeros del hospital de qué iban a ir pero o no revelaban su secreto o iban de vampiro sexy, de cazavampiros sexy o de cualquier otra cosa igualmente sexy.

El milagro ocurrió a apenas una semana de la fiesta, cuando me imaginaba que tendría que resignarme y apuntarme a la moda del disfraz sexy. Estaba viendo la televisión en el sofá, con el pijama puesto y arropado con una manta, con la cabeza de Tyler en mi regazo durmiéndome las piernas con su peso muerto. Y entonces pasó. Había encontrado un disfraz lo suficientemente antisexy (aunque no demasiado aterrador) y conocido como para poder comprarme el disfraz y el maquillaje necesarios en aquel tiempo record. El día siguiente libré y lo dediqué a recorrer todo Londres de tienda de disfraces en tienda de disfraces. Aunque en alguna tuve dificultades para encontrar lo que buscaba, al final del día regresaba a casa con cuatro bolsas hasta arriba de ropa y una quinta con el tinte del pelo y las pinturas para la cara. Estupendo.

El día de la fiesta apenas había podido dormir; no me había podido quitar de la cabeza pensamientos negativos. Como por ejemplo si Brisa no aparecía y me veía solo en una fiesta a la que en un principio no había querido ir. O si lo hacía pero también lo hacían los mortífagos, como había pasado en Hogsmeade unas semanas atrás. Cuando me levanté y me miré al espejo, lo primero que pensé fue que iba a dar el mismo miedo con la cara pintada que sin pintar.

Un par de horas antes de que empezara la fiesta comencé a prepararme. Tardé poco en ponerme la ropa, pero era más llevadero dejar el pelo y la cara perfectos. No tenía por qué pensar que Brisa no iba a aparecer, tenía que pensar positivamente y preocuparme únicamente en ser una copia física decente de mi personaje. Desgraciadamente, cuando terminé con el pelo no estaba como me imaginaba y tuve que usar la varita con un sencillo encantamiento que me habría ahorrado mucho tiempo de usarlo al principio; la cara aunque tomó su tiempo, quedó tal y como lo deseaba. Sonreí. Y sonreí aún más al ver que me daba un aspecto bastante inquietante. Perfecto. Aunque ¿y si Brisa no quiere besarme así? No Daniel, no pienses eso: en el hospital hay gente que sin maquillar está aún más horrible y Brisa les atiende con esa preciosa sonrisa que estás deseando ver.

Le di unas palmaditas en el lomo a Tyler antes de desaparecerme. Aparecí frente a la mansión Crawford y tras mirar alrededor y no ver nada sospechoso (al margen de la ambientación de Halloween, que tenía que admitir que estaba lograda) entré dentro. Eché un vistazo pero no vi a Brisa. Avancé entre salas, buscándole, mientras saludaba con un distraído movimiento de cabeza a algunos rostros conocidos. Cuando pasé por la barra vi a una joven rubia disfrazada de Caperucita Roja. El corazón me latió a mil por hora pero cuando iba a saludarle con un beso sorprende desde sus espaldas, la chica movió levemente la cabeza y pude contemplar que no era Brisa. El susto hizo que retrocediese sin decir nada y me alejase de allí lo más rápido posible. ¡Había estado a punto de besar a una chica que no era Brisa!

Fue entonces cuando le vi, de casualidad. Menos mal que no tenía ningún vaso en la mano porque de la emoción se me hubiese caído. Allí estaba Brisa, separada de mí por un montón de desconocidos, vestida de Caperucita Roja, una más fiera y peleona que la chica con quien le había confundido. Me entraron ganas de reír. Al final resulta que no me había equivocado tanto… Por como miraba a la gente imaginé que Brisa también me estaba buscando, así que me oculté entre un grupo numeroso de gente hasta que me situé detrás del sofá donde estaba Brisa; tenía la suerte de que ella estuviese sentada en uno de los que no estaban contra la pared, dejándome espacio para lo que quería hacer.

Me coloqué justo detrás de Brisa, ahora sabiendo que era ella y no me iba a equivocar, y le puse mis dos manos enfundadas en guantes sobre los ojos. Agaché la espalda hasta que mi cabeza estuvo a la altura de su oído. Por un momento no hablé. Estaba demasiado ocupado en absorber su delicioso olor. ¡Lástima no haberme disfrazado de lobo! Finalmente susurré en su oído:

- Caperucita, caperucita. ¿Qué haces aquí tan solita?
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Invitado el Lun Nov 03, 2014 8:07 pm

Lo cierto es que no había tardado mucho en enterarme de la fiesta pero antes incluso de eso me había apuntado. ¿Que tengo trabajo en el Ministerio para estar encerrado en mi despacho el próximo mes? Paso, que lo haga otro, por algo soy el jefe. ¿Que el Ministerio organiza una fiesta en una mansión y la comida y bebida corre por su cuenta? Me interesa. ¿Que a la fiesta del Ministerio van jóvenes lindas e inocentes? Cuidado señoritas que llega Brad Forman.

No tendría por qué haberme comprado un disfraz, tengo de sobra de los de otros años, pero aquel año estaba animado. Hacía bastante tiempo que no pasaba Halloween en Londres, era algo distinto. Y además igual veía a mi primo Matt si tenía suerte y no se había refugiado tanto en su trabajo como me habían dicho. ¿De qué se disfrazaría el bueno de Matt? De algo sexy y descarado, seguro. Es su estilo. Yo en cambio había elegido un disfraz más elegante, con una máscara que tapaba la mitad de la cara y me daba un toque más misterioso que seguro que atraía a un gran número de chicas a mis pies. Qué le voy a hacer, soy un visionario. Pero no puedo evitarlo. Me encantan las fiestas.

Me aparecí con mi disfraz delante de la puerta de la mansión y me apresuré a entrar, confiado. Nada más ver a las primeras bellezas dentro, ya les miraba de arriba abajo. Aunque para mi desgracia, me desilusioné al ver a Abi. Sus conjuntos de oficina me enloquecían cuanto más escote y/o piernas enseñaba y me esperaba que su disfraz fuese terroríficamente sexy... así que no pude controlarme cuando le vi con ESO encima. ¿Qué demonios era, un pijama de bebé? Le miré con lástima cuando nuestras miradas se cruzaron, aunque me fijé que estaba hablando con otra chica, más bajita pero seguro que también guapa. Me iba a acercar a ellas cuando me despisté con otra persona.

Al principio no le reconocí, vestido de policía muggle como iba. Pero esos ojos, esa cara y esa expresión solo podían pertenecer a una persona. Con una sonrisa de oreja a oreja (aunque media estaba tapada con la máscara) me acerqué a la barra, donde estaba Matt bebiendo whisky tan tranquilo.

- Venga, elige una. Para mí el resto. - le dije colocándome a su ladoy sin dejar de sonreír. Había pillado a Matt mirando a alguien, chicas seguramente. Típico. Aunque quiera disimular ya le he pillado. Le puse una mano en el hombro y le di unas palmaditas; le hubiese abrazado como si hubiese sido otra vez pequeño, pero no me había olvidado de la belleza que estaba en la barra sola y no quería que conociese a Brad Forman por ser una niña. - Me alegro de verte Matt. Ha pasado demasiado tiempo. - En ese momento pasó el camarero para servir una bebida a otra persona que estaba en la barra y le hice una seña para que me pusiese a mí otra bebida, un whisky de fuego. Cuando me lo trago, alcé mi copa en dirección a Matt para hacer chocar la de él contra la mía. - Salud. Por los reencuentros familiares. - me llevé la copa a los labios y pegué un sorbo largo. Le guiñé el ojo a Matt, pero caí en la cuenta de que solo había podido ver la parte de mi cara tapada con la máscara y no había pillado el gesto.
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Invitado el Lun Nov 03, 2014 8:21 pm

Me dirigía hacia la fiesta, arrastrando un largo velo blanco, raído y sucio, que simbolizaba mil años de desdicha y dolor en un corazón que ya había cesado de latir. Por suerte no estaba muy lejos de la mansión en la que se celebraba la fiesta. No es que estuviese entusiasmada con el evento, pero necesitaba salir y relajarme por unos instantes. Pero sobretodo necesitaba olvidar por unos segundos quien era, poder disfrutar de estar en la piel muerta de un personaje ajeno a mi historia. En realidad mi disfraz de "La Novia Cadáver" de Tim Burton tenía un significado oculto. Era más o menos como me había dejado Caleb hacía cinco años. Ahora la herida estaba cicatrizando, pero aún así era un disfraz adecuado.

Llevaba un maquillaje bastante apropiado, con los ojos resaltados en blanco y la piel entera cubierta de azul. No habría conseguido nada sin la magia, gracias a la cual cree un encantamiento que hacía parecer que mis costillas estaban realmente al descubierto y parte de mi brazo sin la carne. El vestido resultaba realmente impresionante, incluso con las roturas y las partes comidas por las polillas. El resultado era más realista de lo que había esperado, pero a lo que menos mea costumbraba era a llevar el pelo azul. Aún así me gustaba, puede que lo hiciese definitivo algún día.

Entré a la fiesta, en la que había bastante gente presente, y observé que Caleb no estuviese por ahí. Quería esperarle escondida para darle un buen susto. Pasé al lado de Abigail McDowell, la cual llevaba una vestimenta de lo más extraña. La saludé con la mano cordialmente, tampoco quería parecer que fuésemos demasiado amigas. Al fin y al cabo, solo eramos compañeras de trabajo.

Me situé en un lugar oscuro y retirado y esperé a que llegase mi víctima. Me iba a vengar.

Disfraz:

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Abigail T. McDowell el Lun Nov 03, 2014 9:17 pm

Fue divertido ver las reacciones de la gran mayoría de las personas a las que me acercaba a saludar o las que se acercaban a saludarme. Muchos me miraban con una bonita sonrisa, sorprendidos por mi disfraz por la originalidad, no por el significado. Pocos me miraban sorprendidos conscientes de que aquello no iba conmigo, mas coincidían en que aun así me quedaba bastante bien. Aunque normalmente todo me queda bien, incluso aquel disfraz aterciopelado con alas y aquel cuerno de unicornio que me salía de la frente.

Tras los saludos formales a las personas con disfraces aburridos en base a su elevada edad y las figuras importantes que eran, me alejé un poco de ellos, pues no quería desperdiciar la esencia de una fiesta como esa en una casa tan… llamativa como lo era esta, hablando con gente como ellos. Ya que casi siempre sacan una y otra vez el tema del trabajo y, si vengo a una fiesta, es precisamente para no tener que acordarme el maldito trabajo. Además de que me hablaban de temas que no me interesaban en un momento como aquel. No me interesaban ni cuándo trabajaba seriamente… ¿Iba a importarme allí? Pues claro que no. Que esperen a que llegue el Ministro y le coman el tarro a él con sus opiniones y sugerencias.

Justo comencé a alejarme de uno de ellos tras despedirme momentáneamente con un “nos vemos ahora, que he visto a un conocido”, cuando mi mirada se topó con la de un policía muy atractivo. Mi mirada volvió sobre su trayectoria y pude reconocer a Matt Forman debajo de ese uniforme. Alzó la copa para brindar conmigo a pesar de la distancia y yo también alcé la mía, guiñándole un ojo antes de beber un sorbo de mi bebida.

No veía absolutamente ningún motivo para no acercarme a él y tener una charla. De todos los que ahora mismo podía observar a mí alrededor, era la única fuente que podía llegar a interesarme. Decidida, decidí dirigirme hacia allí, no obstante, una voz reconocida me hizo no dar un segundo paso, pues me giré para ver a uno de esos extraños espécimen que, como yo, no supera el metro sesenta de altura. Dios nos cría y nosotros nos juntamos. Irónico que alguien tan… como era ella, hubiera terminado siendo lo que es. Es lo único en lo que falla. Pero bueno, no hay nadie perfecto y yo soy la excepción que cumple la regla. No obstante, aun habiéndose convertido en aurora, me seguía cayendo estupendamente y, sorprendentemente, era una de esas pocas personas a las que podría considerar una amistad. Una amistad un poco falsa, pues si me la encuentro con máscara de frente tendríamos cierto conflicto de intereses pero… Bueno, espero que eso nunca ocurra o será bastante incómodo. Dejé el vaso en una mesa mientras la veía acercarse a mí, mirándola con una ceja alzada ante lo que decía. Sí tenía razón en verdad… aunque me gustaba más el término de “Enfermera zorrilla” más que el de “putilla”. Para eso último hacía falta dinero de por medio y si yo me tiraba a todo el mundo era porque podía y disfrutaba, no para ganarme la vida. Me gustaba el sexo y me ponían las personas atractivas. No había más.

Pasé las manos alrededor del cuello de Fly para abrazarnos como saludo. No era mucho de abrazos —de hecho me da que sólo abrazo a mi hermano—, pero una vieja amiga como ella (que después de tantos años sigue estando ahí) se merecía uno. Vi cerca de Matt a un tío disfrazado de fantasma de la ópera mirándome, pero no reconocí al hombre que lo llevaba, por lo que sólo me quedé con lo increíblemente sexy que era ese disfraz.

Mujer, se supone que Halloween es para disfrazarte. Cambiar de identidad… si fuera de putilla sería todo muy normal —esbocé una traviesa sonrisa al separarme de ella, encogiéndome de hombros. Ya tenía suficiente con ir sexy a todos lados con mi forma de vestir como para dejarlo tan a la evidencia. Me gustaba dar a la imaginación, si no nada tenía gracia—. Además, ¿quién dice que no puede haber un unicornio putillo? Voy a marcar tendencia —añadí. Había olvidado lo cómodo que era hablar con alguien de tu misma estatura cuando no llevas apenas tacones.

Por mi lado apareció un bicho azul muy extraño vestido de novia. La miré extrañada al ver que me saludaba, con algo de confusión en el rostro al no reconocer a la persona que estaba debajo de todo ese maquillaje. Sólo de pensar en limpiarme o en saber cómo acabaré de mal la noche debido al roce o al sudor hace que ni se me hubiera pasado por la cabeza pintarme el rostro y mucho menos el cuerpo. Después de algunos segundos, me percaté de que era Fitzroy. Hice un sencillo movimiento de cabeza como saludo, acompañado de un guiño. Era una buena compañera, pero nada más. Quizás en otras situaciones si pudiéramos tener más roce, pero allí no teníamos nada. Volví a mirar a Fly.

¿Y qué me dices tú, mosquita muerta? —la miré de arriba abajo— ¿Una copa? Vamos a tomarnos algo, que desapareces durante años y sólo le mandas una mísera carta a tu pelirroja favorita —sabiendo que es aurora, agradezco profundamente que me haya enviado solo un carta. Tener visitas inesperadas de ella no puede ser nada bueno— Pensé que lo nuestro era más serio, Fiona… —Fingí aflicción. Sabía que odiaba que le llamasen por su nombre y ella sabía que yo odiaba que me llamasen por el mío, por lo que le sonreí ladeadamente con un toque burlesco y travieso.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Elia Deveraux el Lun Nov 03, 2014 11:58 pm

Jamás se puede despreciar una invitación a una fiesta. Si una de las condiciones es usar un disfraz de Halloween, mejor aún. Es un buen modo de provocar a los hombres. En las tiendas muggles suele haber un gran surtido de lo que podemos llamar disfraces en versión sexy. Es una buena idea para aquellas mujeres dotadas de un físico imponente pero ninguna cualidad intelectual. Después de mucho buscar, encontré un vestido ideal. En una tienda de antigüedades de Londres vi en el escaparate un vestido de novia que aprecia antiguo. El velo tenía pequeños desgarros causados, sin duda, por los años y las polillas. Llené en vestido de manchas, sangre y rotos. Finalmente voy a vestirme de blanco, como a mis padres les gustaría. Dediqué un tiempo muy valioso a observar mi reflejo en el espejo. Una novia que esperó años en un altar vacío a que llegara su amado, y ese amado nunca jamás llegó. Apliqué un cuidado maquillaje para palidecer mi piel más de lo normal, resaltando unas ojeras exageradas y, por estética acorde con el disfraz, un peinado alborotado. Una imagen bastante escalofriante, pero faltaba un detalle indispensable. De camino a la fiesta me vino a la mente que era ese detalle olvidado. Fue tan fácil como robar unas flores preciosas, y aplicarles un poco de calor para que presentaran un aspecto marchito y casi muerto. Con un toque de color oscuro quedaron perfectas.

Llegué a la fiesta cuando ya estaba empezada. Es la mejor manera de no aburrirse. Te saltas las horas en las que todo el mundo está decidiendo que hacer con su vida, y al llegar yo puedo elegir donde meterme. En este caso, había mucho donde elegir. Grandes disfraces, muy variados. Visualicé primero a las féminas que estaban a mi alcance, cerca de la barra. Había un feo unicornio con alas, dos mujeres con idénticas capas rojas aunque con un estilo deferente (reconocí a la profesora de Cuidado de Criaturas, y la vi como una posible diversión en la fiesta), una chica esqueleto, y otra novia muerta. Maldije en silencio a la susodicha. Mi disfraz era como más fantasmal y el suyo parecía un dibujo. Aun así, procuré no acercarme mucho a su zona. Bien. Lo mejor para el final. Revisión de hombres. Un apuesto Sherlock Holmes, o Indiana Jones sin látigo, o…ni idea de que va su disfraz. La chica esqueleto estaba con él, objetivo descartado. Un apuesto policía con esposas y todo. Hablando con otro hombre apuesto y enmascarado. O medio enmascarado. Un buen sitio donde ir a parar, sin duda. Finalmente, con una de las chicas con capa roja había un…payaso con la cara pintada de blanco y los labios exageradamente rojos. Sin maquillaje era igualmente un payaso. ¿Daniel? Lo parece.

Para no meter la pata me acerqué a la profesora. No tenemos un trato amistoso. Nunca es tarde para intentarlo. Tras pedir una copa de vodka de arándanos, me acerqué a ella con el vaso en una mano y el ramo de flores muertas en la otra. – Feliz Halloween, profesora Morrell. – Quise añadir algún comentario chistoso sobre su disfraz, pero no supe como hacerlo sin resultar  maleducada. Me situé a su lado, observando a los dos hombres de la barra, que serán mi segunda opción. Y a mi flamante hermano, que hablaba muy de cerca con la caperucita versión sexy-zorrona. ¿Tiene novia y no me lo ha contado? Mejor ellos serán mi segunda opción. Quiero una explicación. ¿O no?
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Invitado el Mar Nov 04, 2014 8:49 am

Permanecí sentada, paciente esperando a que Daniel (o cualquier otro rostro conocido) se acercase a hablar conmigo. El corsé de piel marrón se me clavaba en las costillas al apoyarme sobre mis rodillas, y aquella capa empezaba a dar bastante calor. La verdad es que no quería quitarme aquellos aparejos hasta que no me viese Daniel. No quería estropear mi disfraz. ¡¿Pero por qué solo podía pensar en él?! Incluso el traje lo había hecho pensando en que a él le gustase. Ahora era Daniel-dependiente, como una droga que necesitaba para poder mantener el entusiasmo de los últimos meses. Casualmente mi mejor había empezado al conocerle.

De pronto sentí un tacto frío de guantes sobre los ojos, y una voz que me era bastante familiar susurrando al oído. Aquel perfume que tan bien recordaba llegó a mi. Sonreí como una niña que vuelve a reencontrarse con un viejo amigo y puse mis manos sobre las del desconocido, al cual desconocía tanto que podría describir cada milímetro de su sonrisa con los ojos cerrados. -Cazar lobos solitarios. -dije con calma, pero con notoria alegría en la voz, mientras me zafaba de sus manos. Me levanté del sofá y me di la vuelta, sonriente. Mostré un gesto de sonrisa al ver su disfraz. "Muy bueno jefe, esto si que no me lo había imaginado", pensé, con admiración. Era francamente bueno. -Al parecer voy a tener que empezar a cazar locos disfrazados de payaso. -bromeé. Me sabía muy bien la historia de Batman, había sido muy fan de niña, así que el Joker no era un personaje que me causase mucho terror.

Rodeé el sofá para poder estar cara a cara con Daniel, sin obstáculos. Me dieron muchas ganas de darle un abrazado, y muchas más de besarle, pero no estaba totalmente segura de que él quisiese esas muestras de cariño en público. Más que nada porque la gente hablaba, y a nuestros puestos de trabajo no les venía nada bien eso. Me limité a darle un suave beso en la mejilla, con muchos más sentimientos escondidos que los que aparentaba. Me quedé cerca de su oído, sin querer separarme todavía de él. -¿Y esa boca tan grande? ¿Es para comerme mejor? -susurré con malicia. Me separé y le guiñé un ojo.

De pronto me di cuenta de que había alguien mirándonos. Era una chica rubia, vestida de novia muerta o de novia sucia, depende de como lo veas. Me fijé en su gesto, y en la manera que tenía de mirarnos. De pronto el miedo se apoderó de mi. -Daniel, dime que no es una ex-novia, por favor. -le dije en voz baja, tirando de su brazo para que me escuchase y mirase hacia donde le indicaba con mi mirada. De pronto algo en la cara de la chica me hizo caer. Se parecía a Daniel, y no era mera coincidencia. -O mejor, dime que no es tu hermana. -añadí, con muchas ganas de irme corriendo. Sabía que tenía una hermana porque alguna vez había ido a verle al hospital y las enfermeras habían estallado en celos pensando que era su novia. El parecido era innegable. "Menudo marrón...", pensé, al ver que ella parecía bastante dispuesta a acercarse a nosotros. Pensaba que estas situaciones solo eran horribles para los hombres. Ahora les entendía.
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Invitado el Mar Nov 04, 2014 9:39 am

Me situé detrás de Brisa procurando que no me viese y le coloqué mis manos sobre sus ojos. La gracia Halloween era dar sustos, y seguro que con aquello conseguía que al menos la sanadora se llevase una sorpresa de las agradables. No me equivocaba. Ya solo con ver su sonrisa me sentí lleno, y cuando puso sus manos sobre las mías las mariposas revolotearon a un ritmo enormemente rápido en mi estómago.

- ¿Un lobo dices? – hice como que buscaba a uno con la mirada, fingiendo preocupación – Tendré que asegurarme de que no haya ninguno cerca. – sonreí travieso. Ella se liberó de mis manos demasiado pronto para mi gusto y se levantó para ponerse de pie frente a mí. Hice un gesto con los brazos señalando mi cuerpo con las manos, mostrándole mi disfraz. Algo que realmente no hacía falta, pues ella ya lo estaba mirando. Reí cuando hizo el comentario de los locos disfrazados de payaso. - ¿Entonces te gusta? Si te digo la verdad me llevó mi tiempo. Aunque por mucho que lo intente tú sigues estando más guapa. - ¡Bésale chico!

Quería besar a Brisa. Me moría de ganas. Pero  debíamos ser cautos y no dejar que nos viese la gente del hospital, algunos de los que por desgracia también estaban en la fiesta. Brisa me terminó dando un beso en la mejilla, seguro que también consciente de lo mismo que yo. Estuve tentado de girar la cabeza para que me diese el beso en la boca y pareciese un “accidente” pero decidí contenerme. Mejor no ponerlo en bandeja a los demás, allí había mucha gente. Estábamos en una mansión, en caso de necesidad podíamos extraviarnos a alguno de los dormitorios del piso superior para estar los dos solos... Brisa no se separó del todo de mí y me dijo al oído si esa boca era para comerle mejor.

- Puede. ¿Quieres averiguarlo? – le susurré con una sonrisa traviesa, más evidente con el maquillaje que llevaba en la cara. Pero Brisa no se quedó para averiguarlo y se separó, o quizá lo hizo porque la tentación era demasiado fuerte y no quería arrepentirse por no controlarse delante de la gente, como me hubiese pasado a mí. Entre risas, añadí: - Cobarde. – Y añadí de nuevo, pero solo moviendo los labios y sin emitir voz, para que solo lo viese y entendiese ella: - Te quiero.

Estaba demasiado distraído en Brisa para fijarme en los demás, pero cuando ella mencionó que alguien nos miraba regresé al mundo real. Ya está, me han reconocido. ¿Por qué te expones Daniel, por qué expones a Brisa? Miré en dirección a donde decía Brisa, esperando encontrar una mortífago mirándome con cara de pocos amigos para sacar mi varita del bolsillo lo más rápido posible y colocarme justo delante de Brisa; ella había pensado que sólo sería una exnovia. Pero cuando aun no había enfocado donde decía Brisa y mencionó a mi hermana, casi me da algo. ¿Elia? ¿Allí? Hacía siglos que no le veía, desde el pasado invierno más o menos, y aunque habíamos hablado por carta después de eso y habíamos quedado en vernos, no imaginaba que nuestro reencuentro fuese a tener lugar ese mismo día, en ese mismo lugar, ante los ojos de Brisa.

No era que Brisa no supiese que tenía una hermana, pues alguna vez como todo el mundo le había visto por el hospital cuando mi hermanita se dignaba a dejar de viajar por unos días y decidía hacer una visita a su único hermano vivo. Todo un detalle por su parte. Pero Elia, para quienes no le conocían, podía ser un poco intimidante. Pero no para mí. Si de algo podía presumir era de conocer a mi hermana a la perfección.

Por fin mis ojos encontraron el punto donde miraba Brisa. Era una mujer joven y bella disfrazada de lo que parecía una novia cadáver o algo así. Sin duda se trataba de mi preciosa hermanita, no había duda. Sonreí y alcé una mano para saludar, pues estaba mirando en nuestra dirección; suerte que llevaba la cara pintada, pues no podía notar mi rubor al darme cuenta de que me había visto con Brisa, cuando siempre le había dicho a Elia que no me presentase más amigas suyas lindas y solteras porque mi corazón seguía siendo de Lenore. En fin Daniel, asume las consecuencias como el hombre que eres y rezale a Merlín para que tu hermana no meta la pata y hable demasiado alto delante de la gente del hospital que obviamente ella no sabría quienes eran.

- Mierda. – murmuré en voz baja mientras aun sonreía y saludaba a mi hermana con la mano. Cuando bajé la mano y vi que mi hermana seguía mirándonos, probablemente con intención de acercarse a nosotros y curiosear sobre quien era Brisa, me giré hacia esta con gesto de disculpa en la cara. – Lo siento. No pensé que Elia también iba a venir… - Igual por que no lo pensé demasiado. ¿A qué fiesta no se apuntaba? Suspiré. No podía escaquearme ahora que Elia me había visto, y aunque pudiese tampoco quería. Era mi hermana al fin y al cabo y hacía tiempo que no le veía. Me moría de ganas de abrazarle, y al contrario que con Brisa no existía ninguna regla que me lo impidiese; no iba a contenerme, era el único miembro de mi familia que me quedaba. – Aun puedes escaquearte si quieres, no te lo tendré en cuenta. He oído que arriba hay habitaciones libres. Dame quince minutos y subo. – le dije a Brisa, temiendo el inminente momento en que mi hermana y Brisa estuviesen frente a frente y suponiendo que ella estaría igual de intimidada.

Estuve tentado nuevamente de darle un beso a la sanadora, uno que lo compensase absolutamente todo. Pero ahora más que nunca tenía que contenerme. Ay Daniel, en menudos líos te metes...
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Fiona T. Shadows el Mar Nov 04, 2014 3:11 pm

Lo normal en ese tipo de eventos era conocer prácticamente a todo el mundo y dedicar algún que otro saludo cordial a esas personas con las que compartías oxígeno diariamente pero que no conocías ni su nombre a pesar de veros todos los días. Pero como Fly era de ese tipo de personas que se escaqueaba del trabajo cuando era posible o lo que iba era para entrar por las mañanas cual zombie y no fijarse de quien tenía dos ojos o quien tenía tres y una nariz de elefante, pues no conocía ni a la mitad de la gente. La idea de ir con William había sido acertada hasta que lo había perdido de vista. Y ahora su incapacidad para prestar atención a la misma cosa durante mucho tiempo había hecho que dejara a Drake en mitad de la nada (apartándole de las bebidas sin darse cuenta).

Miro a Abi de arriba abajo sin entender todavía cómo había tenido la brillante idea de disfrazarse de unicornio. Hey Charlie, let’s go to the Candy Mountain. Menos mal que nadie se llama Candy, que sino Charlie el unicornio iría a verla continuamente.- Entonces, ¿Vas de unicornio retrasado? Porque si vas de eso he de decir que el cambio de identidad se te ha quedado a medias. Por eso de ser retrasada, digo. – Se encogió de hombros y miró levemente hacia abajo. PORQUE LLEVABA TACONES Y ABI ERA MÁS BAJA. Por una vez en su vida podría decirle a alguien que era más alta sin ser un niño de diez años o a su duende de Gringotts habitual. Que en realidad no tenía un duende habitual, porque no iba a Gringotts nunca porque esos bichos eran siniestros. En realidad ir de duende era un gran disfraz, esos sí que acojonaban, sobre todo con su mala leche y su manía de adueñarse de todo objeto que se encuentren en su camino con la excusa de “está hecho por duendes”. Una mierda más grande que Los Juegos del Hambre. No todo lo habían hecho esos enanos con orejas picudas y cara arrugada cual pasa. Se creían los inventores del milenio.

Alzó las cejas sorprendida. ¿Unicornio putillo? – Si fueras un unicornio putillo sólo llevarías el cuerno y el rabo. El resto sería un bikini blanco con poca tela. – Era Abi. Capaz era. Habían compartido años la Sala Común y el dormitorio, y ver a Abi con poca ropa no era nada fuera de lo habitual. O ver a Abi con poca ropa y un tío encima. O dos, que tampoco era raro. Además, será que no habían pasado años viendo disfraces de putillas en Hallowen, pero siempre era la pelirroja la encargada de ir más puta que los demás. Ya que si alguien iba mejor en ese sentido, su disfraz acababa hecho añicos y la chica en la enfermería por intentar llegar al nivel de puterismo (nueva palabra para la R.A.E.).

Miró con curiosidad a un pitufo que pasó a su lado y saludó a Abi. Claro, es que era un alto cargo. Irónico teniendo en cuenta que era como un hobbit. En verdad podría haberle mandado una lechuza y proponer ir ambas de Hobbits, y quizá decirle al Ministro cuyo nombre Fly ni recordaba, que fuera de Gandalf. Estaría gracioso, oye.

El pitufo ataviado con su gorro blanco típico de pitufo desapareció tan rápido como había aparecido. Era un poco alta para ir de pitufo y le faltaba tener el pelo rubio para ir de Pitufina, pero oye cada uno tiene su libre interpretación a la hora de ponerse un disfraz.

- Te parecerá poco una carta, será que tú me has mandado mucho más. – Negó con la cabeza antes de comenzar a avanzar entre la gente. Pero frenó en seco al escuchar la voz de Abi. Giró sobre sí misma, en mitad del bullicio de gente y alzó una ceja. – Por favor, Abigail, con lo promiscua que eres, no podría tener nada serio contigo. – Puso una mueca de tristeza y volvió a girarse hasta llegar a donde estaban las copas. En verdad no tenía ganas de beber nada, pero lo de tener una copa en la mano era muy cómodo.

No tardaron en tener una copa entre las manos porque un señor muy amable (era amable porque le pagaban para ello, sino sería un amargado como los lunes) les sirvió un par de copas rápidamente. Fly, cuya capacidad para estar en el mismo sitio era más que limitada, no tardó en agarrar la mano de Abi y salir disparada por la sala. - ¿Crees posible que haya un disfraz más ridículo que el tuyo? – Miró a lo lejos, pero ninguno parecía tan horrible como el de Abi. Ni nadie con tanta facilidad para perder la dignidad. – No vale, la gente tiene dignidad, debería haber más gente retrasada como tú. Alguien con un uniforme de Hufflepuff, por ejemplo. – Se encogió de hombros y sin darse cuenta golpeó a alguien con la espalda. Se giró para toparse con el hombro de un Joker y a una Caperucita a su lado. – Caperucita, te confundiste de historia. – Bromeó mirando a Brisa con una sonrisa. - ¿O vas de Harvey Dent versión mujer? – Añadió al ver al Joker, que como iba maquillado ni reconoció. Además, que al ver una cara conocida ni se paró a ver la otra cara.

En realidad se hubiera quedado allí hablando con Brisa, pues hacía bastante tiempo que no se veían, pero optó por salir de allí ya que iba con Abi y ella tenía el magnífico don de llevarse mal con medio mundo. Aunque ahora que era alguien importante quizá había cambiado esa faceta, pero Fly se basó en lo que conocía de cuando iban juntas a Hogwarts. – ¿Qué tal Brisa? ¿Todo bien? ¿Todo perfecto en tu vida de Caperucita putilla sin un lobo que te acose para comerte y matar a tu abuela? En verdad ese cuento no es para niños, menudos traumas crean los muggles con esa mierda de historias para niños. - Sí, todo un monólogo del que ni esperó contestación por parte de la rubia. - Os dejamos intimidad, pero luego cuidado con el maquillaje, que se pega de una cara a otra. – Guiñó un ojo a Brisa y rápidamente volvió a meterse entre el barullo de gente con Abi. – Está de moda llevar ese disfraz y no nos hemos enterado. – Añadió señalando a otra rubia con un disfraz parecido.
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