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Halloween: Mansión Crawford

Lord Voldemort el Sáb Nov 01, 2014 6:04 pm

Recuerdo del primer mensaje :


 
La mansión Crawford era conocida por todos debido a la reputación que tenía esa familia. Era un linaje familiar que ha durado durante generaciones y la gran mayoría de ellos pertenecían al departamento de Seguridad Mágica, siendo algunos incluso Aurores. El cabeza de familia tenía una buena relación con el encargado de organizar este tipo de festividades y no dudó en prestar su casa para festejar Halloween. De siempre, años atrás las celebraciones de este tipo de fiesta se hacían en un convencional baile de máscaras en el mismo Ministerio, pero éste quería darle un toque mucho más terrorífico y divertido este año.

La mansión se encuentra en las afueras del Valle de Godric, tras una larga explanada oscura y sin ningún tipo de comunicación. Por regla general aquella casa solía estar iluminada, de tal manera que era de fácil ubicación debido a que se veía desde lejos. Aquella noche no fue así. Las cercanías de los jardines estaban totalmente oscuras, con un aspecto sombrío y con una densa niebla en suspensión fruto de la magia. Lo poco que estaba iluminado era a base de antorchas y casi todo el aspecto de la mansión por el exterior parecía estar en ruinas. Lo que es capaz de hacer la magia.

Desde fuera no se escuchaba absolutamente nada, sólo un terrorífico vacío en compañía de esas apariciones inesperadas de los invitados a la fiesta, los cuales estaban todos apuntados en una lista en la entrada. No obstante, a pesar del silencio exterior, una vez entras el sonido inundaba tus oídos. Ante los recién llegados se abría un increíble Hall, que de seguir recto llegabas a una gran sala en dónde a pesar de poseer un aspecto terrorífico, las luces y la música sonaban por todas partes. Habían grandes mesas repletas de comida a los bordes, muchas sillas acompañando a dichas mesas y en el centro un gran hueco destinado expresamente al baile.




Casi toda la mansión estaba abierta, por lo que lejos de quedarte en esa gran sala, también podías ir desde el Hall a las habitaciones superiores por las escaleras o quedarte en algunas salas más tranquilas en dónde la música no sonara tan alto. Eran unas salas con grandes sillones y pequeñas mesas, en dónde poder tener una agradable conversación con cualquier persona sin que la música fuera un obstáculo.

Era un requisito indispensable el ir disfrazado, por lo que cualquier adulto, por muy serio que fuese, se presentaba allí sin disfraz, los de la entrada se tomarían la libertad de componerle uno sobre la marcha.


OFF: Final estipulado para el día 20 de Noviembre.
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Invitado el Mar Nov 18, 2014 11:55 am

Mi primo me dio carta blanca para acercarme a las preciosas mujeres que parecían estar esperando en la barra a que un par de Forman de renombre como nosotros apareciésemos. ¿Cuándo se veían mujeres tan guapas sin compañía masculina en una fiesta? Era una señal. Elegí a la que iba vestida de novia; una auténtica ironía puesto que en circunstancias normales huiría de cualquier tipo de compromiso de ese tipo. No soy un tipo normal, pero aquella novia no era una novia normal. Supongo que por eso me atrajo. Y por sus ojos y su belleza en general. No quiere decir que la otra fuese fea ni mucho menos, pero quizá su disfraz de Caperucita Roja, otro de tantos que había visto aquella noche, ensombreciese su protagonismo.

Me coloqué entre medias de las dos mujeres, centrando mis atenciones sobre todo en la novia. Mi encanta, mi indudable atractivo y el halo de misterio que se acentuaba con aquel disfraz causaron efecto en la dama, que pronto se envolvió en una conversación conmigo. Por supuesto le escuché atentamente como buen galán, ¿dónde estaban si no mis modales? Saqué varias cosas en claro. Uno: al parecer ella tampoco veía el matrimonio como algo que fuese a ocurrir en su vida. Además de guapa es inteligente. Parece que esta vez he escogido el lote completo. ¡Bien hecho Brad! Dos: estaba familiarizada con mi disfraz, probablemente por aquella película muggle tan famosa que solo conocía de oídas. Por eso me limité a sonreír con cara de saber más de lo que aparentaba, sin decir palabra, cuando en realidad no sabía a qué se refería con Christine, aunque me imaginé que probablemente sería la amada del protagonista. Tres: aceptó gustosa mi invitación a cualquier bebida; invitación simbólica puesto que no tenía que pagar nada, claro, pero lo importante era el gesto. Cuatro: le parecía gracioso. Y por el tono de su voz, no era el típico gracioso de un bufón. Mi sonrisa se amplió más mientras daba un trago de whisky de fuego. Un diez primo Matt, excelente idea. La noche iba como la seda y aún no sabía el nombre de la afortunada novia.

Cuando llegó Matt se quiso hacer el caballero preguntándoles a las chicas si yo les estaba molestando. Puse los ojos en blanco con gesto divertido. ¿Yo molestar? Mi primo incluso sacó su pistola de juguete, como si fuese uno de esos policías muggles de verdad. Lo cierto es que los policías muggles me parecían aún más inútiles que los aurores y ya era decir, pero ver a mi primo así me hizo reír.

- ¿Y tú te llamas agente del orden? Más bien “agente del desorden” – bromeé con una sonrisa en la cara. Aunque igual estaba celoso de que le había quitado a la chica más guapa. Se siente primo, la próxima vez elige tú antes o te quedarás sin las mejores.

Nosotros cuatro allí, en la barra, y todos igual de guapos y perfectos me dio la suficiente motivación como para proponer un brindis. Pero justo cuando iba a alzar la copa y a convocar la atención sobre mí, un payaso (nunca mejor dicho) me lo impidió. Estaba familiarizado con su disfraz bastante más que con el mío, e incluso podía admitir que admiraba a su personaje. Todo un agente del caos, un tipo con una gran sonrisa en la cara que además, a su manera, sabía hacer como lo llaman los muggles trucos de magia (burdas ilusiones mágicas con cartas o elementos similares). Una figura singular, y un muggle no tan despreciable como el resto. Quizá por eso su imitador no me gustó, parecía todo lo contrario. Solo con la actitud con que se acercó a nosotros, o a la novia mejor dicho, me dejó claro que era un controlador. ¿Acaso era su padre?

No, era su hermano mayor. Bueno, mejor para mí. A los padres hay que respetarlos, pero no tanto a los hermanos. Permanecí en silencio todo el rato que el tipo estuvo ante su hermana, sin poder evitar torcer la sonrisa con malicia cuando me miraba con esa cara de pocos amigos. ¿Acaso creía que era un secuestra-hermanas? Yo no secuestraba a quien no quería serlo, pero no me pareció conveniente explicárselo al Joker, me divertía mucho más verle nervioso. Por suerte se fue pronto, y cuando le dijo a la novia eso de “no te metas en líos” puse los ojos en blanco inconscientemente y miré a todos los presentes con cara de incredulidad, como preguntando: ¿os lo podéis creer? Tan pronto la gente se tragó al payaso travestido, giré la cara hacia la novia.

- ¿Quién era ese, tu hermano o tu padre? Por Merlín, que controlador. – comenté meneando la cabeza a los lados en señal de desaprobación. – Por cierto, soy Brad, Brad Forman. Por si después te pide detalles para que no te dejes nada. – le guiñé un ojo de forma pícara, aunque luego me di cuenta de que con la máscara de media cara puesta aquello se veía como un parpadeo normal y corriente. En ese momento, Caperucita se levantó en busca de su abuelita. Me giré en su dirección y le despedí con una mano. - ¡Adiós Caperucita, ten cuidado con el lobo! – exclamé. Era cierto, había mucho lobo suelto. Y no todos ellos iban disfrazados de lobo, había otros que sabíamos ocultarnos mejor, más sutiles. Volví a centrar todas mis atenciones en la novia. - ¿Cuál es tu nombre? Creo que no me lo has dicho. – me giré hacia Matt. - ¿No lo ha dicho verdad? No, no lo has dicho. – repetí volviendo a mirar a la chica y poniendo cara de niño pequeño. – Eres una tramposa, yo te he dicho mi nombre. No es justo. – fruncí el ceño con gesto infantil. Algunas chicas se enternecían y se deshacían en cariños de todo tipo cuando adoptaba esa actitud tan patética, y aunque sospechase que mi acompañante no era así no estaba de más intentarlo.
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Fiona T. Shadows el Miér Nov 19, 2014 5:20 pm

Si al lado de la definición de “puta” saliese una imagen la sonrisa diabólica de intento de niña buena de Abi McDowell ocuparía toda la página. Eso y su pelo naranja más falso que un Hufflepuff valiente, o inteligente, o interesante. Es que los Hufflepuff eran seres pluricelulares (sorprendentemente, pero lo eran) no demasiado interesantes. Y daba igual que Fly tuviera amigos de aquella casa, eso no hacía que por arte de magia se volvieran personas realmente guays como lo eran los del resto de casas. Aunque claro, luego estaban los Gryffindor, quienes habían nacido con un palo metido en el culo. Y dijeran lo que dijeran, no había una puta excepción para los Gryffindor. Todos se creían más de lo que eran. TODOS, sin excepción alguna. Por mucho que algunos creyeran que no, todos eran iguales, y no era generalizar, era una verdad más grande que el retraso de Nicolas Cage. Porque es retrasado. Con esa cara no puede tener más de dos neuronas funcionando de manera coherente.

Rodó los ojos y luego miró a Abi. Era la típica persona que con el paso de los años no cambiaba. Que no conocía lo que significaba madurar, y creía que eso sólo le pasaba a las frutas. Estaba claro que era Abi la única que no había madurado de las dos. Fly había madurado muchísimo, sobre todo a la hora de dejar a la gente tirada sin dar explicaciones, cargarse edificios porque era divertido perseguir mortífagos rompiendo cosas mientras. Por ejemplo. Sólo era un ejemplo de cosas que, obviamente, ella no hacía porque era una persona muy madura. - ¿Sólo los viernes? – Alzó ambas cejas. – Has bajado tu nivel de puterío entonces.

La gente que dice que los gatos son seres inteligentes no sabía lo que realmente era un gato. Los gatos son criaturas estúpidas a las que si les señalas un objeto miran a tu dedo, y todo el mundo sabe que si el dedo señala a la luna el tonto mira el dedo. Conclusión, los gatos son gilipollas. Y luego están los que dicen que son limpios. Vamos a ver, señores y señoras del mundo, si te dedicas a limpiarte la piel con tus propias babas, ¿Eres limpio? No, además de ser un guarro hueles a babas. Conclusión, los gatos también son sucios. Vamos, que son tontos y guarros, al menos tienen siete vidas. En verdad meter tu alma en un gato para hacer un Horrocrux era la solución a todos los males, porque el gato en sí ya tenía siete oportunidades para salvarse de una muerte segura. Menos si un niño pequeño lo lanza desde el desván y se parte el cuello, o le cuelga de un árbol con una cuerda. Que todos son suposiciones, no tienen nada que ver con familiares cercanos que hagan esas burradas con gatos. Porque las burradas son de burros.

Al final consiguieron huir del rarito y sus amigos aún más raritos. Pero no una huída digna de personas adultas, sino una huída de salir corriendo haciendo la croqueta. Aunque claro, si haces la croqueta ya no puedes estar rodando, lo cual es muy contradictorio, pero tú, persona inteligente que siempre me entiende, comprendes lo que quiero decir.

Y en esa nueva sala, había agente. Porque es lo que tienen las fiestas, que hay gente en ellas, porque si no hubiera gente ya no sería una fiesta. Sería una casa de personas ricas del Ministerio sin gente. No gente, no party. Fly no tardó en encasquetarle una nueva compañía a Abi, no porque quisiera librarse de ella, sino por tocar un poco las narices. Porque Fly y Abi tenían esa relación entre ambas de mostrarse el menor aprecio a base de comentarios absurdos, crueles y acciones igualmente crueles. Y claro, presentar al primer tío que aparecía por la fiesta a alguien no era la mejor manera de demostrar simpatía. Aunque… Teniendo en cuenta lo promiscua, por no decir puta, que podía ser Abi, parecía más un favor y un método para ahorrar tiempo que otra cosa.

Se cruzó de brazos mirando el espectáculo que ahora tenía ante sus ojos pero el espectáculo no duró demasiado. Al parecer ese hombre era ligando como un eyaculador precoz, si que había tardado poco. Eso o Abi había preferido dejarle a medias en la faena, lo cual también es más que lógico siendo ella. Negó con la cabeza al verla venir y antes de poder decir palabra alguna la pelirroja le dio un corto empujón tras, supuestamente, tropezar. Fly salió disparada varios metros y dio varios pasos hacia atrás para no acabar cayéndose al suelo de culo. Pero, por suerte, alguien frenó su caída. O hubiese sido una suerte si no llevara esa horrible máscara de payaso. Porque todo el mundo sabe que esos seres son mala gente. Gente sacada del mismo infierno que roban almas más que las pelirrojas o los dementores. Los payasos son el PP llevado al circo, y eso que el congreso ya es bastante circo. Su cara (o al menos la parte visible) se tornó a un tono aún más pálido igualándose con el maquillaje y un pequeño hipo salió disparado de su garganta hasta cruzar sus labios.

Todo esto pasó rápido, pero para ella fueron largos segundos de sufrimiento viendo esa cara hasta que el payaso desapareció dando paso a un rostro angelical. Y digo angelical porque si la perfección pudiera hacerse persona estaría allí mismo. Sí, el tío perfecto salvo por medir menos de metro ochenta. Pero perfecto, a fin de cuentas. Abrió los ojos de par en par apartando la vista de la máscara del payaso y sonrió de oreja a oreja a oreja. – Perfectamente, nunca he estado mejor. – Añadió antes de buscar a tientas el brazo de Abi y lanzar a la pelirroja entre ambos. – Creo que tengo que irme, mi conciencia me comenta que no puedo estar mucho tiempo aquí. – Porque estaba muy bueno. Era perfecto. Así que mejor que se lo quedara Abi, que después de haberla cagado tanto con Drake, lo mínimo era esperar un par de meses antes de cagarla de nuevo. – Nos vemos, pelizorra. – Y dicho esto, desapareció entre la gente.
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Invitado el Miér Nov 19, 2014 6:18 pm

Esperé pacientemente sentada sobre el alféizar de la ventana, mirando el exterior. La noche había caído de manera profunda y todo el jardín trasero de la casa parecía un lugar de lo más lúgubre y tétrico. Cada rama de árbol que se movía provocaba un rápido movimiento de mi mirada hacía allí, preocupada porque algo peligroso pudiese estar acechando. Ya no eran los vampiros y los hombres lobo lo que me preocupaban, eran los mortífagos. Nadie estaba seguro en ningún lugar, y estaba segura de que en aquella fiesta se encontraría más de uno disfrazado de algo inocente. Temía por Daniel, tardaba en subir y era era un blanco bastante llamativo. No quería tener que volver a sacarle moribundo de ningún sitio, nunca más. 
 
Pero mi corazón dio un vuelco cuando la puerta se abrió. Me di la vuelta entusiasmada, y allí estaba él. Tan guapo como siempre, incluso disfrazado me parecía perfecto. Le sonreí de manera traviesa y me levanté, caminando hacia él lentamente, sin poder retirar mi mirada de la suya. Era uno de los pocos disfraces de esta noche que conseguía ser sexy sin intentarlo.
 
Daniel cerró la puerta y me sentí terriblemente agradecida de poder compartir un momento a solas con él, en un lugar intimo y con olor a humedad. Puede que no fuese un hotel de cinco estrellas, precioso y bien climatizado. Pero en su presencia hasta el lugar más horrible se convertía en el paraíso para mí. Siempre tan delicado en sus pasos, tan sutil en sus movimientos incluso cuando se sentía nervioso o atemorizado. Al verle ahí de pie me di cuenta de que creía en él. De que todavía creía en los "para siempre" que siempre terminaban. Y que si tenía que volver a equivocarme, quería equivocarme con él.
 
-Estamos a tiempo de alcanzarles... -bromeé situándome justo en frente de su cuerpo, con nuestras pieles rozándose. Coloqué la mano sobre su torso y lentamente fui recorriendo el camino de mi perdición hasta su cuello, donde me detuve en suaves caricias. Sonreía como una idiota estúpidamente enamorada. 
 
Me mantuve firme, en aquella posición donde podía sentirme con el poder de tentar a Daniel sin caer yo a la vez en su propia tentación. La otra vez había iniciado yo el beso, esta vez quería que fuese él que desencadenase aquella locura.
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Lord Voldemort el Jue Nov 20, 2014 11:17 pm

Una velada estupenda, una divertida fiesta cuyo anfitrión gozaba de la certeza de que todo estaba saliendo según lo planeado. Se encontraba tranquilamente en una sala tranquila, sentado en un sillón rodeado de grandes amigos con los que hablaba animadamente.

Todo estaba saliendo bien, hasta que se escuchó un desollador grito escaleras arriba. Un grito de mujer, cómo no, de esos que hacen que te vibren tanto el tímpano que incluso duele.

Todos se levantaron rápidamente de sus sillones. Era lógico escuchar gritos siendo Halloween, pero se sabía que era una fiesta de adultos y si algo pasaba que no estuviera en sus planes, no debía de ser nada bueno. Todos los hombres salieron a fuera al hall de la gran mansión, viendo en la parte alta de las escaleras, una mujer vestida de mayor vestida de Cruella de Vil, sujetaba en su mano una pierna de rodilla para abajo. Los hombres subieron rápidamente a la parte alta de la casa, dónde apenas  habían algunas parejas y e intentaron sacarle a la mujer de dónde había sacado aquello.

Después de dudar entre sollozos de impresión, dijo que se lo había encontrado ahí mismo. Los hombres comenzaron a buscar por todas las habitaciones, hasta que llegaron a uno de los muchos baños que había en la planta alta. Y ahí estaba, un hombre desangrándose por una herida mortal en la yugular, desparramado sobre su propio charco de sangre y con un corte justamente en la ingle. Un corte que, al igual que la rodilla, estaban congelados para evitar que sangraran. Faltaba el termino medio: el muslo.

El anfitrión se llevó la mano a la cabeza al reconocer el rostro del muerto. Su rostro se volvió duro y se puso serio. ¿Era auror y había permitido que algo así pasara en su casa? ¿A qué clase de gente invitaba a sus celebraciones?

Bajó nuevamente a la parte baja y quitó la música con magia. Se apuntó a sí mismo a la altura de la garganta y su voz se elevó sobre cualquier otra.

- Señoras y señores, la fiesta se ha acabado. Mis elfos domésticos estarán encantados de devolverles sus pertenencias en la puerta. Un placer poder haber contado con vuestra presencia y espero que haya sido de vuestro agrado. -Hizo una pausa, chasqueó los dedos y sus elfos aparecieron delante de él, correteando hasta la puerta. De un chasquido invocarían las pertenencias de aquellos que las habían dejado a buen recaudo- Aurores, quedaros, todos los demás, buenas noches.

Se giró y volvió a subir escaleras arriba. Muchos de sus compañeros se acercaron a él.

- Quiero una lista detallada de todos aquellos asistentes, pues nadie entra en mi mansión sin invitación, por lo que ahí estará el nombre del asesino. Y quiero que se le encuentre para darle su castigo. -miró con severidad a todos y se acercó a la mujer, con intención de tranquilizarla y llevarla a un sitio más tranquilo.

Mientras tanto, los demás aurores fueron habitación por habitación diciéndole a todo el mundo que la fiesta se había acabado por motivos confidenciales. Así mismo, montaron guardia para que nadie de la fiesta metiera las narices en dónde no les llamaba. O por lo menos, aquellos que no tenían cabida en ningún asunto.


OFF: Gracias por participar, cómo veis entre los asistentes ha habido alguien con ganas de desatar un poco el caos y romperle la fiesta a los demás. Echarle la culpa a él/ella, no a mí. (A ver si adivináis quién ha sido jiji). De todas maneras es día 20, final de la pequeña trama. Tenéis hasta el domingo para postear vuestra salida y, si queréis, rolear la continuación en otro sitio.
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Abigail T. McDowell el Jue Nov 20, 2014 11:36 pm

Por un momento me sentí tremendamente bien al ver a Fly chocar con ese payaso tan poco atractivo, aunque luego no me sentí tan bien al ver que detrás de esa asquerosa máscara estaba el hombre más atractivo sobre la faz de la tierra. Mi sonrisa traviesa desapareció totalmente al ver como sujetaba a mi víctima y mis labios formaron una perfecta “O”, fruto de una indignación base debido a que, vaya mierda, ya podría haber sido un feto horrible como los tres inútiles con los que nos encontramos antes. No, era el puto apolo. Un adonis. Un jodido Dios. Y eso que había estado con gente realmente atractiva, pero aquel rostro tenía algo especi…

De repente mi chequeo fue interrumpido por la mano de Fly, la cual tiró de mí para ponerme en medio de ambos. Mirad si soy buena persona que no me hubiera importado que se lo quedase ella con tal de que dejara al estúpido Hufflepuff en la esquina azorado. Sólo por reírme de él. Pero no, la reacción de Fly y esa mirada de: “Oh Dios, va a deslumbrarme con su belleza”, la hicieron huir de escena como si no hubiera mañana. Es decir, como una croqueta hiperactiva.

La intenté seguir con la mirada e incluso mi mente trabajó arduamente en busca de una frase de despedida o incluso para que se quedara, pero simplemente no apareció nada. Mi mente estaba demasiado ocupada pensando lascivamente en cómo tirarme a este tío.

Volví a girar la cabeza hacia el payaso, el cual estaba tremendamente mejor sin ninguna máscara. Aunque me quedé con ganas de un fantasma de la ópera… con esa máscara sería sencillamente irresistible —más si cabe, todavía—. Allí estaban esos ojos azules, que desprendían sensualidad y algo de inocencia a la vez.

¿Tú también vas a huir del siniestro payaso? —me preguntó al acercarse a mí, ya que debido a la música hablar era difícil.
Me han abandonado. Todo depende de lo que quiera hacerme el siniestro payaso. —contesté, alzando una ceja pícaramente. Él también sonrió, con encanto.
Podría empezar acompañándote a una copa. —se encogió de hombros a la espera de mi veredicto.
Que sean dos. ¿A tus amigos no les importará? —les señalé con la cabeza al ver cómo me miraban de arriba abajo. Apartaron la mirada rápidamente. Apuesto a que estarían deseando haber sido ellos los que chocaran con Fly si sabían que iban a tenerme de premio. Me importaban una mierda sus amigos en realidad, pero siempre era bueno preocuparse por un hombre y sus repercusiones, te hace parecer una persona atenta. Y pretendo tirármelo, así que mejor dar buena impresión.
Me lo recordarán toda mi vida, eso tenlo por seguro —me pasó la mano por la cintura y se acercó a mí— Me llamo Dylan.
Abi —contesté después del beso en la mejilla.

Íbamos a ponernos de camino a la barra, pero no fue posible, pues de repente la música se paró. Fruncí el ceño y miré a mi nuevo acompañante, el cual estaba tan confuso como yo. De repente sonó una voz por toda la mansión y sus palabras eran claras y preocupadas. De repente, como si de una manda de zombis se tratara, todos comenzaron a caminar lentamente hasta el hall de la entrada para ir saliendo poco a poco. Eché un vistazo cuando tuve la oportunidad y miré hacia arriba. Sonreí al ver lo que había.

¿Qué habrá pasado? —me preguntó preocupado. Por su molestia en el rostro, supuse que no se trataba de uno de los míos. No importaba, estaba bueno igual. Un defecto lo tiene cualquiera.
Mejor no entrometerse —dije cual mujer que prefiere abstenerse de meterse en líos. Já.

Sin más, continué mi camino hacia la puerta junto a mi acompañante. Negué con la cabeza cuando una elfa muy cabezona me preguntó si tenía alguna pertenencia. Tengo la varita en un ligero y una ropa de tres centímetros de algodón. No necesito más nada ni ningún abrigo más que aquel calentito pijama.

Una vez fuera, Dylan me sujetó de la muñeca tras separarnos un poco de la multitud de gente.

Puedo invitarte a esa copa en mi casa —me ofreció. Yo sonreí de medio lado, observando a la gente que salía de la mansión. Vi a un chico vestido de fantasma de la ópera y volví a mirar a mi polvo de esta noche. Si llega a ir vestido de fantasma de la ópera, le hubiera violado en la misma fiesta.
Pensé que no me lo ibas a proponer —él me devolvió la sonrisa y sin previo aviso se desapareció, yéndome yo con él.
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Matt Forman el Jue Nov 20, 2014 11:52 pm

Seguramente mis posibilidades eran pocas, y mis ganas nulas. Pero es la primera vez desde hace años que estoy de fiesta con mi primo. No puedo decepcionarle. Él no dudó en acercarse a las dos mujeres más hermosas de la fiesta. Posiblemente. Tampoco he paseado por las demás salas para comparar. Sin duda, la novia zarrapastrosa era muy bonita. Por eso Brad se acercó más a ella que a la otra. La otra mujer, vestida con una capa roja tampoco estaba nada mal. Con unos ojos eléctricos e intrigantes. Me inmiscuí en la conversación con un tono cómico. Aprovechando que yo era un policía esta noche, actué como tal, preguntando si mi primo las estaba molestando. La mujer de la capa roja fue la que me habló primero. ¿Se habrá dado cuenta de que mi primo ya ha elegido y ella hoy es mi presa? Su comentario me hizo reír.

- No se si los londinenses siguen usando esos vocablos, pero yo si. Sería de estúpidos no continuar utilizando palabras tan bonitas sonoramente.

Antes de poder añadir nada más, se presentó allí un hombre alto y fornido, diciendo que era el hermano de la novia. Tenía ganas de hablar, pero no demasiadas. La otra mujer con capucha roja había salido de la habitación. Aquella era Brisa. Y estaba esperando a este individuo. No tiene mal gusto, no. Y no me refiero a él.

- Parece que tu hermano te tiene bien vigilada.

La chica con la que yo tenía que hablar se disculpó, y salió de la sala alegando que iba a buscar a un conocido. Se admitir una derrota. Me acerqué a mi primo y le di unas palmadas en la espalda.

- Yo me retiro primo. – me acerqué más a él para poder susurrarle. – Has elegido bien el premio, juega bien las cartas. – sonriendo me di la vuelta y salí hacía la entrada de la casa.

Cuando estaba a punto de salir se escuchó un sonoro grito. Algo había pasado en el piso de arriba. No hice caso y continué mi camino. Puede que en alguno de esos pubs londinenses aún tenga una oportunidad un policía corrupto como yo.
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Drake Ulrich el Jue Nov 20, 2014 11:54 pm

Qué divertida la fiesta, oye. En éxtasis estoy, buff, una diversión… ahora mismo me da un ictus de tanto bailar, estoy emocionado, vibrando de pura locura. ¿No me ven? Pura dinamita, estoy que estallo… NO. Es la fiesta de Halloween más aburrida de toda la historia del universo.

Podría resumirla en tres palabras, pero no. Os la resumiré en tres párrafitos.

Primer parrafito: ¿Qué narices se toman las mujeres para volverse hiperactivamente habladoras? Una caperucita roja (¡hombre, con todas las que había!) se había puesto a hablarme como si no hubiera mañana y estaba empeñada en que yo era el cazador de su cuento. ¡Sal pallá chicle pegajoso! No, obviamente no era su cazador, si ni yo sabía de lo que iba vestido, lo iba a saber esa mujer que encima de pesada no parecía tener muchas luces. En fin, UNA HORA estuve hablando con esa mujer. UNA HORA. ¿Cómo me deshice de ella? Fácil. Le dije que tenía que buscar a su lobo. Es tan fácil manipular a una mujer borracha…

Segundo parrafito: Mientras me tomaba una cerveza, pues no tenía ánimos para nada más, vi como Fly correteaba felizmente de un lado para otro acompañada de un unicornio terriblemente sexy. La reconocí rápidamente y me alegró ver que Fly había hecho amigos. Amigos de dudosa reputación, pero bueno.

Tercer parrafito: Mensaje de pánico repentino. ¡Fiesta! Eso me alegró, ya que llamaban específicamente a los aurores. ¡Por fin no me siento como un inútil! Que joder, después de siete años siendo Hufflepuff, uno ya tiene metido en la cabeza el adjetivo inútil sin querer y creérselo.

Corrí cual frutita feliz hacia el Hall de la entrada y me colé a ese lugar a dónde nadie puede entrar para pedir indicaciones e información.

Al parecer había muerto alguien. Ok.  Me daba igual, lo que importaba es que me estaba moviendo y no estaba cual muerto en una silla. Me dijeron que revisara las habitaciones para ver si quedaba alguien, así que eso hice. Abrí una de las puertas. Nada. Otra. Nada. Otra. Nada. Otra… ¡anda!

Holi —saludé a un chico y a una chica que estaban allí. Solos. Juntos. Qué incómodo. Sonreí de medio lado. Luego señalé hacia atrás con el pulgar como si le echase la culpa a algún “ente”— Que tenéis que iros. Han pasado ciertas cosas y estamos desalojando la casa.

Me puse en la puerta, a la espera de que salieran para continuar tranquilamente con mi trabajo hasta poder irme a mi casa y sentirme cual auror productivo.

OFF: DANIEL Y BRISA he interactuado con ustedes. No mucho, pero quería relacionarme con alguien más que sea para molestar antes de irme de la fiesta. YOP_FOREVERALONE.  forever alone
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Elia Deveraux el Vie Nov 21, 2014 3:03 pm

Intenté, ante todo, ser simpática con la profesora Morrell. Fue la única conocida a la que vi en esta fiesta de Halloween cuando entré. Por ese motivo le di la confianza de tutearnos. Se que con elegancia se va a todos los sitios, y con ordinariez no. No considero ordinario tutear a alguien, más bien es signo de confianza. Confianza que la señorita Morrell no me ofreció. En cambio, sin más ni más, dijo que mi disfraz le recordaba sus matrimonios, como si hubiese tenido más de uno. No pude callarme y le pregunté. Contestó sin despeinarse. Se había casado unas cuantas veces pero no le duraban los maridos. ¿A caso los mata? Esta vez si que me mordí la lengua. Como vine a hablar con ella, quise saber si mi compañía podía ser una molestia. Sutilmente le pegunté si estaba esperando a alguien y dijo que no. Que no conoce a muchos humanos. ¿A caso ella no lo es? La observé detenidamente unos instantes. No se que ser puede aparentar una forma tan humana. ¿Es una vampiresa? Me hizo la misma pregunta sobre los acompañantes. – Hace poco que he venido a Londres y no tengo muchos conocidos. – Reconocí algo avergonzada. Dijo que una mujer hermosa como yo seguramente hubiese venido acompañada. Con este vestido y el maquillaje, cualquiera se acerca. Doy un poco de respeto. Pensándolo bien, sería divertido pasear a estas horas por el castillo. Quizás a algún alumno se el quitaban las ganas de salir por la noche de sus salas comunes.

Me fijé en que había dos hombres muy atentos a nuestros movimietos. Por eso pregunté a la señorita Morrell si los conocía, pero ni ella ni yo los habíamos visto antes. Es normal ligar en una fiesta. Y mirando bien, somos las dos señoritas no acompañadas más hermosas. El atractivo hombre con el rostro medio cubierto no tardó en acercarse a nosotras. Fue muy simpático conmigo. Tácticas de hombres. Seguramente habían estado hablando de nosotras cuando nos observaban, y él y su amigo se nos habían estado rifando. Por consiguiente, puedo creer que soy el premio del chico con media máscara. Mientras que la profesora Morrell se tendrá que conformar con el apuesto Policía. ¿Y si no me parece bien?

El otro hombre se acercó haciendo uso de su disfraz, representando el papel de policía rescatando a damas en apuros. Le sonreí divertida. Para eso son los disfraces, para representar lo que uno no es. Estaba en mi salsa en ese momento. Tomando, riendo, y ligando con dos atractivos hombres. Por eso no pude adivinar lo que se avecinaba. Mi hermano se había despedido de la mujerzuela y se acercaba a nuestro inocente grupo. - No quería molestarte, hermanito. Te he visto muy pegajoso con una caperucita. - Me alegré de que no quisiera darme un beso delante de los dos hombres y la señorita Morrell. Y menos, con toda esa pintura que Dan llevaba en la cara. Iba disfrazado de payaso de cómic o algo así.

Mi hermano no dejaba de mirar a Brad, que continuaba inamovible a mi lado. Siempre pasa lo mismo. Si estoy en una fiesta prefiero que Daniel no esté cerca. Se pone muy pesado. Demasiado sobreprotector. Creí que se iba a quedar mucho rato, pues pidió una copa y todo. Miré a los dos hombres con cara de ya-saben-lo-pesados-que-son-los-hermanos-mayores, deseando que Daniel saliese tras la mujerzuela tan pronto como se terminase el Whisky. - Puedes estar tranquilo, Dan. Se cuidarme sola. En otra ocasión podré contarte con detalles sobre mi nuevo trabajo. Es estupendo. No es ninguna broma. Precisamente la señorita Morrell trabaja conmigo. - Sonreí a la profesora Morrell. Aunque no haya confianzas, ella y yo somos compañeras de trabajo. Su presencia era como una prueba de que las palabras de mi carta no eran mentira. Esta vez no. Soy profesora en Hogwarts. No está tan mal como pensé. A Dan le habían ascendido y se le notaba orgulloso por ello. Miró su reloj y apuró su copa. Vete hermanito, la zorrita te espera. Hizo ver que se marchaba para no molestar. - No me olvido de ti, hermanito. Ve a terminar de disfrutar la noche. – Le dije con segundas. Había visto salir a la rubia antes que él. Conozco ese truco. No dejé de sonreír. Me alegré mucho de ver a Daniel. Conociéndole, se estaba muriendo de ganas por saber en que consistía mi nuevo trabajo. Eso tendrá que esperar. – Tú si, hazlo, métete en líos hermanito. – Finalmente se despidió Demi con un tono demasiado fraternal. A mi edad, no hace falta que me diga que no me meta en líos. Se lo que hago. Soy mayorcita.

Se me quitó un buen peso de encima cuando mi hermano desapareció. Había sido bastante bochornoso encontrarlo en la fiesta, y acompañado de esa mujer rubia. Reconozco que tenemos que ponernos al día, urgentemente. Estaba pensando en mi hermano cuando la profesora Morrell se despidió, diciendo que había visto a un conocido. – Nos vemos, profesora. - ¿Será un ex-marido al que ha visto? El policía también se iba. Espera, ¿la profesora y el policía estaban compinchados? No me he dado cuenta de nada. Estoy perdiendo facultades. Se había despedido del fantasma con una confidencia. - ¿Es tu primo? – Pregunté cuando el policía se había marchado. Que familia de tíos bueno.

Finalmente pude centrarme en el chico vestido de fantasma de la ópera que había cruzado la sala para hablarme. Cuando Dan desapareció de nuestras vistas me comentó lo controlador que había sido mi hermano. – Los hermanos son así, ¿no? Tu primo ha sido más comprensivo. – El chico se presentó, por si mi hermano me pedía detalles. – No creo que le vaya a dar todos los detalles… - Contesté aún más pícara que él, mordiéndome el labio inferior. Es muy guapo, y gracioso. De pronto me di cuenta de que yo no me había presentado, y Brad no tardó en hacérmelo saber. Tomó una actitud de lo más infantil para decirme que era una tramposa por no haberle dicho mi nombre. - ¿Y que me harás si no te lo digo? ¿Me secuestrarás? – Si no recuerdo mal es lo que el fantasma hacía con la chica guapa de la película. Se la llevaba a su cueva subterránea. – Me llamo Elia Deveraux. – Añadí el apellido como él había hecho. No es una información muy necesaria. Brad y yo nos habíamos quedado solos. Sin primos, ni hermanos de por medio. Estaba segura de que su rostro sería muy atractivo, pero la máscara tapada la mitad. Acerqué mi mano con lentitud para poder apartarle la máscara. Al igual que en la película. Pero se escuchó un grito en el piso superior. Dejé de tocar la máscara de Brad. El ambiente de la fiesta había cambiado. Había pasado algo malo arriba. De pronto un hombre bajó, quitó la música y dio la fiesta por terminada. Los aurores se podían quedar, pero el resto de la gente se tenía que ir. Miré a Brad expectante. - ¿Quieres que vayamos a algún otro sitio? – Quizás es un auror y tiene que quedarse. Eso no me haría muy feliz. Solamente por el hecho de tener que irme a casa tan temprano, y sin compañía. Salimos de la casa sin prisas. Pude ver que también Daniel salía de la fiesta con la caperucita. Brad no era uno de esos aurores, y me prometió llevarme a un sitio divertido. Antes de salir del jardín de la mansión, me cogió de la mano y nos desaparecimos.
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Invitado el Sáb Nov 22, 2014 12:34 am

Aunque al principio se cortó parte de la magia de la fiesta cuando Brisa vio a mi hermana, todo resultó mejor de lo que me esperaba. Brisa me esperó arriba y ahí me quedé solo ante el peligro que era mi hermana. Me había fijado que tenía a un chico especialmente cerca y eso me incomodaba. No, no solo me incomodaba, no me gustaba. Quizá era un sexto sentido o mi intuición como mago, pero no me gustaba ese tipo, y menos para mi hermana. Pero Elia no era una niña y solo me pude contentar con no perder al tipo de vista hasta que decidí que ya había hecho esperar mucho a Brisa y subí escaleras arriba.

Tardé un rato en encontrar la habitación donde se había refugiado pero allí estaba, tan hermosa como nunca. Se había quitado la capa roja de Caperucita y así dejaba ver el resto del conjunto que antes había quedado tapado. Era espectacular. No podía dejar de mirar. Hice un comentario sobre la pareja a la que acababa de interrumpir al buscar a Brisa en otra habitación; a ellos no les había gustado la interrupción y yo me había muerto de la vergüenza, pero no podíamos dejar que “ganasen”. ¿Cuántas oportunidades como aquellas teníamos Brisa y yo, juntos, solos, en un ambiente íntimo?

Brisa se puso de pie ante mí. Estábamos el uno frente al otro, tan cerca que nuestros cuerpos se rozaban. Pero aunque con Elia me dio apuro darle un beso por no mancharle de maquillaje, con Brisa no me importaba mancharle si después me daba la oportunidad de limpiar yo mismo el desastre. Y Brisa tampoco parecía excesivamente preocupada de que le manchase. Más bien al contrario: sus manos habían empezado una rápida carrera hasta mi cuello. Cerré los ojos y disfruté de esa sensación tan reconfortante. Me sentía casi totalmente tranquilo (no podía evitar pensar que en algún lugar de esa casa estaba mi alocada hermana menor con un desconocido apuesto y galán que había puesto sus astutos ojos en ella, imposible no estar algo inquieto), y en paz.

De pronto noté como mis brazos se movían solos y se aferraban firmemente al cuerpo de Brisa, rodeándolo mientras mis manos se colocaban una en la parte y otra en la parte baja de su espalda, atrayendo a la atractiva sanadora hacia mí. Mi cabeza se inclinó hacia la suya hasta que mis labios contactaron con los de ella con dulzura, necesidad y alivio. Llevábamos toda la noche en la fiesta y aquel era el primer beso que le daba. Separé mis labios de los suyos un rato después para tomar aire y permanecí con mi frente apoyada en la parte superior de su cabeza, con los ojos cerrados y una leve sonrisa en la cara.

- Temía perder la cabeza si no te besaba. – una de mis manos se desplazó a su mandíbula para atraer de nuevo su cara a la mía y poder seguir besándole, mientras la otra mano se ajustaba para abarcar ella sola todo el cuerpo de Brisa y hacer por sí misma el trabajo que antes se repartía con su compañera.

Mis besos dejaron de contentarse con besar sus labios y pronto empezaron a ampliar su campo de trabajo. De los labios, carnosos y dulces, pasaron a la mandíbula, firme pero cálida, y después llegaron al cuello. Me aseguré de dejarle mi marca en todo él, desde la zona que estaba más cerca de la oreja hasta aquella que hacía contacto con el cuello de su ropa. Mientras mis labios se encargaban de marcar a Brisa como mía, mi cabeza y mi corazón me decían que aquella fiesta, íntima, privada y en una habitación mohosa, estaba siendo mejor que la fiesta que se estaba celebrando en el piso de abajo.

Solo algo como el grito desgarrador que nos llegó poco después podía haberme hecho parar. Cuando ocurrió, estaba besando de nuevo los labios de Brisa, imposible de resistirme a esa tentación. Y de pronto me quedé congelado antes de separarme repentinamente de ella.

- ¿Tú también lo has oído? – le pregunté mirándole a los ojos, arrepintiéndome de haber ido a la fiesta. ¿Y si ahora pasaba algo y Brisa sufría daño por mi culpa, o Elia? Pero Daniel, tranquilo, igual te lo estás imaginando todo, igual se ha roto un cristal y alguien se ha cortado y por eso el grito… - ¿Qué crees que habrá pasado? – le pregunté a Brisa con ansiedad. Quería que me dijese la misma excusa barata que tenía en la mente en ese momento, la excusa del cristal. Pero en lugar lo que me dio fue mejor que cualquier otro remedio: un beso en los labios, la continuación del que yo había interrumpido al oír el grito.

Los dos seguíamos besándonos (¿cómo le voy a decir que no a eso?) cuando la puerta de la habitación se abrió. Mis reflejos actuaron por sí solos y antes de que el tipo que abrió la puerta pudiese poner los dos pies en la habitación, conseguí separarme de Brisa (y de sus labios) con un gran esfuerzo y colocar a la joven sanadora detrás de mí, exponiéndome yo a la posible amenaza para evitar que a ella le pasase nada. Miré al extraño con ojos entrecerrados y el ceño algo fruncido, alerta a cualquier señal de peligro que indicase que no se iba a ir sin pelear.

Pero no lo hicimos. En su lugar, el hombre nos dijo amablemente que la fiesta se había terminado y que debíamos abandonar la casa. De todo lo que dijo, hubo unas palabras que se me quedaron grabadas: “Han pasado ciertas cosas”. Mi primera reacción fue acercarme a él y preguntarle si estaba todo el mundo bien, acordándome de Elia y de su misterioso acompañante; si el tipo le había metido en líos o le había hecho algo, ni el más potente de los encantamientos podría evitar que se lo hiciese pagar al muy…

Noté por el rabillo del ojo como Brisa se movía en dirección hacia la puerta y no dejé que se colocase delante, aunque tampoco me quedé delante de ella pues habría sido raro que nos viesen saliendo así de la mansión. En su lugar me quedé a su lado. Literalmente pues nuestras manos se entrelazaron antes de abandonar la habitación donde nos había sorprendido aquel tipo y no permitiría que se separasen en lo que quedaba de noche; era mi prueba para saber que Brisa estaba conmigo, a mi lado, y así no le perdería de vista.

Bajamos las escaleras perdiendo al hombre simpático en algún momento en nuestro camino allí. No importaba. Ahora que tenía a Brisa y sabía que estaba bien, mi concertación estaba al 100% en mi hermana. ¿Dónde estaba Elia? Estiré mi cuello para mirar de lado a lado pero sin encontrar ni rastro de mi hermana. No pensaba irme de esa mansión hasta que no le viese con mis propios ojos, así que por su bien mejor que apareciese pronto. En Hogwarts no creí mucho en asignaturas como Adivinación pero mi antigua profesora hubiese estado orgullosa al ver como en ese momento mi semblante de extrema preocupación y nerviosismo se relajó un poco al ver la cabellera rubia de mi hermana saliendo de la casa con un chico moreno. Con máscara de media cara. El fantasma. Grr. Que mal me cae ese tipo.

Pero ya ajustaría cuentas con mi hermanita otro día. Ahora mi máxima preocupación es poner a salvo a Brisa. Salimos juntos de la casa con las manos aún entrelazadas y nos dirigimos hacia un rincón retirado del jardín donde no parecía haber mucha gente. Detrás de unos setos bastante altos que nos tapaba del resto de la gente que quisiese curiosear (¿pero quien lo haría en esas circunstancias?) me detuve y miré a Brisa a los ojos, aunque no solté nuestras manos.

- Siento que todo haya ido mal – dije apenado y arrepentido.

Se suponía que las fiestas eran para divertirse y disfrutar la bebida y comida gratis antes de retirarte a un rincón más íntimo lejos del ruido provocado por gente que ni conocías. En su lugar, Brisa había huido al poco de estar en la fiesta por culpa de Elia y cuando por fin habíamos podido estar los dos juntos y a solas, ocurre una desgracia y nos desalojan. No es mi idea de una fiesta precisamente. Además no tuve tiempo de probar la comida y ahora estoy hambriento. Genial.

Pero dejémonos de palabras. Lo primero es Brisa y su bienestar. Aferré bien mi mano sobre la suya y juntos nos desaparecimos de allí rumbo a un lugar seguro. Que en esos momentos y por lo que acababa de pasar, podía ser cualquier sitio menos ese.


Off: no te preocupes Drake, nosotros te adoptamos.
:cebolla20:
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