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Man of simple pleasures (Stella Moon) [+18]

Invitado el Jue Nov 13, 2014 8:36 pm

El horario de invierno hacía que la noche cayese antes de lo que ya teníamos todos por costumbre, pero eso ayudaba a que otros seres salieran más a menudo a tomar el aire. Eso significaba más trabajo para la gente como yo, lo que suponía un alivio. Me gusta tener la mente activa todo el tiempo si no me pongo de mal humor. Por suerte, el día estaba siendo especialmente productivo y ajetreado. Para terminarlo de manera perfecta solo hacia falta una mujer y tal vez un par de copas bien preparadas o un porro. Nada de eso parecía querer presentarse de manera voluntaria, asi que tendría que buscarlo yo cuando mi hora de irse a casa llegase. Cosa que no parecía querer hacerse esperar demasiado, por suerte.

Tras hacer mi último trabajo de campo del día, o lo que parecía serlo, fui a dejar los objetos a su correspondiente lugar tras la puerta negra que daba paso al departamento en el que yo trabajo. No era nada demasiado extraño, una misión rutinaria como que alguien devolviese un giratiempo a su lugar. Me aseguré de que todo lo que había hecho en el día estuviese en su sitio y del mismo modo en el que yo lo había dejado. No me gusta dejar cabos sueltos.

Salí de la sala circular, y tras cerrarla, como tenía por costumbre me giré para dirigirme a la salida cuando unos pasos y una figura en la penumbra de aquel solitario pasillo me hicieron inclinar la cabeza con curiosidad. No mucha gente se atrevía a entrar en esta zona del Ministerio de magia a estas horas y con tan poca luz. Por suerte, me gusta la gente temeraria por lo que me tenía muy intrigado lo que la penumbra del pasillo ocultaba.


Última edición por Jason Allen el Lun Abr 20, 2015 9:41 pm, editado 1 vez
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Stella Moon el Jue Nov 13, 2014 10:13 pm

No entendía qué hacia yo en el trabajo a aquellas horas cuando no tengo absolutamente nada que hacer. Al ser instructora de Aparición no tenía casi nada que hacer en aquella temporada del año, pues todavía no tocaba enseñarles a los alumnos de Hogwarts a Aparecerse y lo único que tengo que hacer es enseñar a Aparecerse a algunos adultos inútiles que nunca aprendieron cuando eran estudiantes y que ahora querían sacarse el carnet. Normalmente pedían cita para ello, por lo que en serio yo no veía la necesidad de tener que ir a trabajar a horario completo. Es una pérdida de tiempo, lo único que hay es sentarme en una oficina detrás de una mesa todo el día encargándome de papeleo de vez en cuando si mi jefe me lo mandaba. No soporto a mi jefe, es un tío de casi cincuenta años con el pelo oscuro tirando a gris que se ponía nervioso si le mirabas a los ojos durante más de dos segundos. Que le ponga nervioso que le miren no le detiene a él a la hora de mirar a otras personas, sobre todo a sus empleadas. Si pensaba que se me escapaban las miradas cochinas que me dirigía cada vez que yo no estaba mirando estaba muy equivocado, me daba cuenta. Yo nunca me fijaría en un tipo como él, y hasta me daba un poco de repelús.

Ya estaba haciéndose de noche y estaba a punto de largare del trabajo cuando mi maldito jefe apareció de pronto en la oficina con una carpeta en la mano. Extendió el brazo y me tendió la carpeta, queriendo que yo la cogiese. No la cogí, sino que me la quedé mirando durante un segundo con expresión indiferente y luego miré a mi jefe.

-¿Qué es eso?- pregunté. Espero que no quiera que haga más papeleo porque estoy a punto de marcharme y no pienso trabajar ni un segundo más.

-Necesito que lleves esto al despacho de una persona- contestó él. Estuve a punto de fulminare con la mirada. Le había aguantado la mirada durante más de dos segundos y el hombre ya estaba comenzando a ponerse nervioso. Se le notaba por la manera en la que su mano temblaba ligeramente, y una gota de sudor caía por su frente.- Por favor.

-¿Por qué no lo hace John?- pregunté. Hacer recados era el trabajo del secretario, no el mío.

-Preferiría no hacerlo- contestó mi jefe, y alcé una ceja como diciendo "¿me estás tomando el pelo?". ¡¿Desde cuándo tengo que hacer yo el trabajo del secretario porque él preferiría no hacerlo?! Entonces mi jefe me explicó la razón.- Hay que llevar esto al Departamento de Misterios...

Puse los ojos en blanco. Debería haberlo imaginado.

-Ya veo- dije con tono seco mientras cogía la carpeta con un poco de brusquedad, pero sólo un poco. Poca gente se atreve a ir al Departamento de Misterios, y menos a estas horas en las que estaba oscuro y casi vacío, y con lo cobarde que es el secretario no me extraña que no quiera ir.- ¿A quién se lo doy?

-Llévalo al despacho del jefe y déjalo sobre su mesa- dijo mi jefe antes de darse la vuelta y marcharse rápidamente. Hice una mueca antes de salir de la oficina y ponerme en marcha.

Tardé un rato en llegar, pues todo el mundo estaba saliendo de trabajar y el ascensor se estaba parando en todos los pisos. Tuve la tentación de darles una patada a todos en el culo y sacarles del ascensor para dejarlo vacío, pero no lo hice. Cuando por fin llegué a la planta del Departamento de Misterios me lo encontré increíblemente vacío y oscuro. No me importaba en absoluto, en sitios más oscuros me he metido. Caminé por el pasillo escuchando el eco de mis pisadas con mis tacones (me encantaba llevar tacones negros al trabajo. Aquel día los había conjuntado con un corto pero elegante vestido negro que era tanto profesional como sexy, así que me servía para ir de copas más tarde y verme espectacular pues resaltaba mi figura) y llegué hasta el despacho del jefe del departamento, cuya puerta estaba abierta. Dejé la carpeta sobre la mesa y salí del despacho, pero en vez de volver al ascensor para irme me dediqué a explorar. Me había planteado trabajar allí hacía unos años, pero al final me decanté por mi actual trabajo porque la paga era la misma y era menos arriesgado. No me asusta este departamento, pero creo que en suficientes líos me meto ya a diario como para meterme en líos en el trabajo, cosa que pasaba a menudo con los inefables dado a la peligrosidad de algunas de las cosas que hacían. Estaba muy oscuro, pero yo veía casi a la perfección debido a mi condición. Había una puerta negra al fondo del pasillo, y me dirigí hacia ella. La abrí y crucé, confiando en que no hubiese nadie allí.

Me encontré entonces en una sala circular con doce puertas negras sin tiradores. Interesante. Me acerqué a una de ellas y empujé levemente, haciendo que se abrirse. Dentro había una sala enorme con muchas estanterías llenas de esferas brillantes. He oído hablar de esta sala, así que sabía que aquellas esferas eran profecías. No se podían tocar a no ser que tratasen sobre ti mismo, por lo que explorar esa sala sería una pérdida de tiempo. Cerré la puerta y de pronto toda la sala dio vueltas. ¡Woah! Estaba desorientada. Volví a abrir la puerta y vi que ya no era la Salsa de Profecías, sino que ahora era una sala vacía con solo un arco en medio, donde había un velo. El velo se movía ligeramente, y se oían ecos de voces...

Me sentía atraída hacia ese velo, no sé por qué. Algo en aquellas voces era familiar... Estaba a punto de dar un paso hacia adelante para entrar en la sala, pero me detuve. Algo me decía que sería mejor salir de allí. Cerré la puerta y entonces la sala dio vueltas otra vez. Gruñí irritada. ¡¿Cómo iba a encontrar la salida ahora?!

-¿Y ahora cómo salgo?- me pregunté a mí misma, y de pronto una puerta se abrió sola. Era la puerta por la que había entrado a la sala.

Aunque quería seguir explorando se me hacía tarde. Salí de la sala y volví al pasillo negro y completamente vacío y oscuro. Iba caminando por él cuando de repente oí que alguien salía de la sala circular que acababa de abandonar, por lo que me detuve y me giré. Estaba tan oscuro que la otra persona seguro no podría verme, pero yo a él sí, y sonreí a un lado cuando le reconocí. Era Jason Allen, un atractivo trabajador del ministerio con el que había tenido el placer de encontrarme varias veces, y además también era un compañero mortífago. Puede que si hubiese sido cualquier otra perdona la que estuviese en ese pasillo yo habría seguido mi camino hacia los ascensores para largarme, pero Jason no era cualquier persona. Por la manera en la que se acerca hasta aquí se ve que se ha dado cuenta de que yo estoy ahí, pero todavía no me ve bien debido a la gran oscuridad del sitio. Haciendo uso de mi increíble velocidad sobrehumana me moví de dónde estaba al otro lado del pasillo en apenas un segundo; lo hice tan rápido que mi movimiento no se vio, y de repente había dejado de estar donde estaba para encontrarme de pie justo detrás de Jason.

-- murmuré juguetonamente a sus espaldas, dejándole saber que estaba ahí.  
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Invitado el Mar Nov 18, 2014 5:33 pm

Sin miedo alguno me acerqué a la figura que se perfilaba en la oscuridad de aquel solitario pasillo. Según me acercaba, mejor podía ver que se trataba de una mujer por la forma que la escasa luz dibujaba su silueta. Me acerqué con paso decidido dejando que las sombras me ocultasen de alguna forma a mi también hasta captar algún gesto identificativo, un perfume un movimiento de cabeza, algo que le diese una pista a mi curiosidad sobre quién se trataba, pero cuando llegué a la altura de la otra persona, la femenina figura apareció a mi espalda y con un tono juguetón soltó un "Bu" que delató quién era. Sin llegar a girarme para que ella no me viera, sonreí.

-¿Te has perdido, preciosa? ¿O, quizás me buscabas?- pregunté burlón mientras me giraba con tranquilidad y una seductora sonrisa en los labios- Tanta oscuridad desmerece tu belleza, Stella- dije para a continuación intuir donde estaba una de sus manos, cogérsela con gentileza y llevármela a los labios para besarla, como un auténtico caballero haría.

Aunque yo de caballero tenía poco o nada ella aun no había descubierto esa parte de mi en la que el interés desaparece y lo único que me interesa es su cuerpo. Por suerte, acababa de darme un motivo más para resultarme interesante puesto que me había dado cuenta de la rapidez con la que me había rodeado, de manera que de su movimiento yo solo había percibido una leve brisa. Mi sonrisa no desaparecía mientras esperaba la respuesta a mis simples y vanas preguntas que casi hacía por costumbre, y el hecho de besarle la mano era casi una burla si se tenía en cuenta como había pasado en diversas ocasiones la imagen de Stella por mi cabeza. Era exactamente el tipo de mujer que llama mi atención y el hecho de que pudiera moverse tan rápido y yo no supiera como sólo aumentaba mis ganas de observarla y saber más. Sin embargo, no iba a abordar el tema de una manera tan repentina y brusca que supusiera preguntarle qué era o cómo lo hacia. Los misterios como Stella requieren paciencia y tiempo. Si no fuese así no habríamos ni cruzado una mirada.

- Justo me estaba yendo de este edificio tan frio, con la esperanza de encontrar a alguien como tú en algún descorazonado lugar, pero, teniendo a la original, ¿por qué iba a conformarme con una simple copia?- dije insinuando de manera sutil si quería ir a tomar unas copas o simplemente pasar un buen rato. Quizás ella fuese la mujer, el alcohol y el porro que necesitaba para hacer mi día perfecto. Suponía que entendería lo que le había dicho porque por lo que la conocía era una chica inteligente aunque algunos pensaran que eso no era posible en las mujeres con su sensualidad.

Mientras conversábamos, el plan de la noche se iba trazando en mi cabeza. Salir del Ministerio, unas copas, unas lindas palabras y convencerla de que no habría sitio mejor para pasar la noche que en el que estuviera yo. Sin embargo, esperaba que no siguiera mi plan, esperaba que me pusiese trabas, esperaba que fuese tan misteriosa como yo pensaba que sería porque si así era, entonces cuando por fín consiguiese conquistarla y llevármela a la cama le tendría todavía más ganas. No me gustan las cosas demasiado fáciles.
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Stella Moon el Miér Nov 19, 2014 3:59 pm

Al contrario que muchos otros, Jason no se asustó ni dio un brinco ni nada por el estilo cuando aparecí detrás de él de repente sin que siquiera pudiese ver cómo me movía. Pero tampoco me esperaba de menos de Jason, pues él no era un hombre cualquiera. Se giró mientras preguntaba si me había perdido o si le estaba buscando a él, y su tono y expresión seductora me hicieron devolverle el gesto.

-Buscaba algo interesante... o a alguien- dije con tono sugerente y una sonrisa tan encantadora como misteriosa.-Por ahora estoy bastante satisfecha con los resultados de mi búsqueda.

Tomó mi mano y la besó con delicadeza, un gesto propio de un completo caballero... Pero Jason no es un caballero. Puede aparentar todo lo que quiera, pero el tono de su voz, el brillo de su mirada, los sugerentes gestos de su boca, y básicamente cada pequeño detalle de él le delataban. Y aquello me gustaba, pues no quería a un caballero. Un caballero no me sirve de nada para lo que yo busco, que es diversión. Las chicas buenas pueden quedarse con los caballeros, yo prefiero a otra clase de hombre que satisfaz a mejor  mis necesidades.

-¿Es eso cierto?- inquirí ante su piropo con voz y mirada coqueta y seductora.- Siempre he considerado a la oscuridad parte de mí...- murmuré de una manera que podría hasta parecer inocente para cualquiera que no me conociese. Pero yo soy de todo menos inocente, y lo que había dicho era cierto. La oscuridad estaba en todo yo, estaba en mi alma y en mi propia naturaleza. Soy una criatura de la noche, y el camino que escogí no fue el de la luz.

Como me encanta que los hombres (sobre todo el tipo de hombre que era como Jason) me dedicasen cumplidos y admirasen mi belleza le sonreí de manera sugerente, pero a la vez sutil. Podía ver sus intenciones en su mirada profunda, y estas fueron confirmadas con sus palabras. Imaginé perfectamente lo que quería en una noche como esta con una mujer como yo; alcohol y sexo. No es para nada diferente a lo que busco yo en noches como esta. Sólo que a mí me gusta escoger con quién estar acompañada, y por el momento Jason me ha elegido a mí y no yo a él. Los hombres siempre piensan que este es su juego, pero a mí me gusta que sea mi juego.

-No recuerdo bien mi agenda, pero creo que tengo un compromiso muy importante esta noche- dije con falso tono de pena. Alcé la mano y deslicé mi dedo por la camisa de Jason lenta y juguetonamente con mirada algo distraída, sintiendo su pecho por debajo de la tela, y entonces alcé la mirada y le dediqué una de mis mejores sonrisas ladeadas.- Y ahora mismo andaba un poco ocupada. Tenías algo de razón antes al preguntar si estaba perdida. ¿Me das un tour por el departamento de Misterios?- pregunté mientras me daba la vuelta y daba unos pasos hacia la puerta negra que había cruzado antes. Mientras caminaba lentamente giré un poco la cabeza, de manera que miré a Jason de reojo mientras me perdía de nuevo en la oscuridad.- Veré entonces si tengo el resto de la noche libre.
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Invitado el Dom Nov 30, 2014 8:42 pm

Su respuesta a mi primera indirecta fue totalmente satisfactoria para mi. Me gustaba su mirada y me atraía que no fuese la típica burócrata estirada, ese tipo de mujer se habría derretido casi literalmente cuando cogí su mano y la besé, en el caso de Stella, su reacción fue la de una mujer que sabe lo que se hacer y que aunque permite que los hombres inflemos su ego, no depende de nosotros cuan inflado esté generalmente.

- Que sea parte de ti no quiere decir que tu belleza no resalte todavía más cuando no está en penumbra. Eres demasiado hermosa para esconderte- dije galante sabiendo que ella era consciente de lo que yo le decía, que no necesitaba oírlo, pero que se lo recordaran no sería un gesto que fuese a despreciar. A pesar de todo, no necesitaba su palabra para ver que la oscuridad era parte de ella, de algún modo figurado, por supuesto. Era misteriosa y en cierto modo felina, y parecía sentirse mucho más cómoda en la oscuridad que a la luz del día, no por esconderse, si no por ver mejor a otros. Parecíamos semejantes en ese sentido.

Mi invitación a irnos de allí fue abiertamente rechazada, pero yo sabía que sus palabras solo escondían unas enormes ganas de ponérmelo difícil. Y su gesto tranquilo y sensual de pasar su dedo por mi pecho solo confirmó mis sospechas. No éramos dos críos que necesitasen ocultarse de sus padres, pero el juego de la atracción es más divertido cuando tienes en cuenta todos sus elementos y a la hora de conquistar a una mujer, de vencerla, el juego previo es uno de los elementos fundamentales para ganar.

En su intento de ser misteriosa y distante, que le estaba saliendo a la perfección porque seguía resultando totalmente sensual haciéndome ver que era ella la que tenía el control, se giró y se encaminó hacia el departamento en el que yo trabajaba mientras dirigía una traviesa mirada hacia atrás, donde yo estaba. Mi sonrisa se ancheó y en dos zancadas la alcancé. Deslizándo una mano por su brazo como si fuese un fantasma le susurré al oído- Temo que si te enseñase todo o que esa puerta guarda, tendría que matarte- dije con voz baja y totalmente sensual en un susurró que implicó el tener que apartarle el pelo- Y no querría que el mundo se deshiciese de alguien como tú, sería un desperdicio- dije aun en su oído.

Stella parecía una mujer capaz de volverme loco en otro tiempo, pero después de todo lo que había visto, después de saber cual era mi meta, sabía que no había mujer lo bastante enloquecedora para mi. Y ella no sería la que hiciese poner en entredicho mi trabajo. Hay cosas que no estoy dispuesto a arriesgar por un polvo, por muy bueno que sea.

- Además...-dije adelantándome a ella y cortándole el paso- ahí dentro no hay nada que pueda hacer de nuestra noche algo más productivo- dije juguetón y mirándola desde los labios a los ojos.
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Stella Moon el Sáb Dic 13, 2014 11:46 pm

Jason es un hombre que me gusta, y me alegraba de que, de todos los hombres con los que podría haberme topado por el Ministerio, me hubiese topado justo con él. Tiene un aire misterioso y oscuro en su mirada, está seguro de sí mismo, sabe lo que quiere y va a por ello. Siempre es mil veces mejor estar en compañía de un hombre así en vez de en compañía de un babión que se vuelve un manojo de nervios con sólo mirarle y que actúa como un perro fiel y desesperado solo para recibir la atención de una mujer como yo. No es que yo discrimine, pero Jason es mucho mejor. Estar en su compañía era un juego más entretenido.

-Desde luego sabes como alegrarle el día a una mujer- dije cuando volvió a llamarme hermosa. Era algo que yo ya sabía, pero que me lo digan siempre trae una sonrisa a mi rostro.- Me sorprende no encontrar aquí a un ejército de mujeres a tus pies- dije con una sonrisa divertida. En las veces que me había encontrado a Jason, ya fuese en el Ministerio o fuera de él por cualquier razón, y había alguna mujer cerca esta siempre estaba mirándole con deseo en los ojos e intentando controlarle para no babear. Y no me extraña, pues Jason es el sueño de la mayoría de mujeres del mundo. Tiene un gran atractivo, intelecto, y una fiera personalidad y eso no es algo fácil de despreciar.

Cuando sugirió que nos fuésemos del Ministerio, y yo sé muy bien para qué pues es algo que yo también busco, le rechacé con una falsa excusa y una aún más falsa expresión apenada. No es que no quisiera irme del Ministerio con él, es sólo que no tengo prisa. A mi nadie me dice “ven” para que yo salga corriendo tras él cuan perrito faldero. La que dice “ven” para que venga conmigo soy yo. La compañía no me escoge a mí, yo escojo a mi compañía. Suerte para él que soy rápida tomando decisiones. En cuanto di unos pasos hacia el Departamento de Misterios Jason me alcanzó rápidamente y deslizó una mano por mi brazo mientras me susurraba al oído. Dijo que si me enseñase lo que se escondía en aquel departamento tendría que matarme, y yo me giré sobre mis talones lentamente y le dedique una mirada intensa, seductora, y peligrosa.

-Sería un desperdicio solamente si lo consiguieses- susurré. Él estaba tan cerca de mí cuando me susurraba al oído que al girarme yo solamente había milímetros de distancia entre ambos. Un ligero movimiento y nuestra piel se rozaría, pero me mantuve donde estaba, mirándole de aquella manera y con la cabeza muy ligeramente inclinada a un lado, como solía hacer. Debido a la cercanía entre ambos, a los susurros, y a la oscuridad, la tensión era palpable en el aire, como si fuese un muro de cristal entre ambos.- La pena sería tener que deshacerme yo de ti por intentar algo tan... estúpido- dije con tono serio, pero con mirada juguetona.- Suerte para ti que ese no va a ser el caso.

Entonces Jason se movió y se colocó entre mí y entre la puerta del Departamento de Misterios. Fue entonces que tomé definitivamente la decisión de salir del Ministerio con él, pues podía ver que Jason quería lo que quería y tenía la mente puesta en ello, pero no iba a salirse de su camino. Como ya había dicho antes, Jason tampoco era un perrito faldero, y eso me complacía, pues yo estaba en busca de alguien como él, una experiencia diferente.

-Qué despiste el mío- dije entonces- lo que tenía que hacer aquí ya lo había hecho antes- y con eso le dejé saber que había elegido. Mi mirada seguía teniendo un brillo divertido pero a la vez algo misterioso.- Dime pues, ¿dónde opinas que nuestra noche puede ser más productiva?- pregunté en un susurro. Deslicé mi mirada por todo él, apreciando lo que veía, y entonces me di la vuelta y caminé lentamente alejándome de él y yendo hacia los ascensores.
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Invitado el Mar Dic 16, 2014 11:39 pm

- Soy demasiado selectivo. No me gustan los ejércitos- dije con calma a sus palabras cuando hablo de mi atractivo. Nunca había tenido demasiado problema para conseguir las mujeres que necesitase, mi problema radicaba en que en muchas ocasiones no me valia cualquiera y en días tan redondos como este, la elegida debía ser perfecta para la ocasión, para cerrar el día con una medalla al cuello.

Sus palabras y juegos para hacerse la dificil eran algo que no resultaba desconocido para mi, a las mujeres de verdad no les gustan las cosas fáciles y no babean por cualquier hombre que intenta seducirlas lo que las hace más interesantes para mi. Quiso entrar en el Departamento de Misterios pero eso era algo que no estaba dispuesto a consentir ni por una mujer como ella. Mis prioridades eran claras, pero aun así no olvidaba como debía tratar a una mujer. Me negué a su deseo haciendo acopio de parte de mi labia y sensualidad, con cierta amenzada de por medio que a una mujer medianamente peligrosa como era ella le encantaría oir solo para poder hacer ver que ella era más fuerte. Y así fue. Mi amenaza fue recibida con una contra-amenaza y una mirada arrebatadora a escasos centrímetros de mi piel. No puedo negar que la cercanía y la postura que ella adotó, mirándome todo el rato, colocándose de manera que si nos acercásemos más directamente encajaríamos el uno en el otro, me excitó y me hizo notar de una manera clara como el ambiente se volvía tenso y denso- Gracias por la concesión, preciosa- dije cuando aseguró entre líneas que me acababa de perdonar la vida.

Algo en ella me indicaba que era peligrosa de una manera literal. Quizás fuese eso de que la oscuridad era parte de ella, quizás el hecho de que se movía más rápido que el resto de mujeres que había conocido y eso hacía que mi imaginación se desatase de una manera perversa. Algo había en ella que yo no conocía y que era tan diferente y extraño que me atraía hacia ella como un imán. Algo en mi necesitaba descifrarla, aunque fuese sólo en un sentido por aquella noche. Otro punto a su favor es que, aunque su amenaza fue recibida con cierta calma, parecía gustarle que no comiese de su mano como un sirviente a su antojo. Por eso, sonreí complacido cuando finalmente aceptó mi invitación a salir del Ministerio.

- Se me ocurren un par de sitios que creo que te gustarían.- dije con una sonrisa enigmática mientras gozaba fijándome en como su mirada me recorría. La noche iba bien.

Ella salió antes que yo lo que me dió la oportunidad de ver su forma de andar y lo generosa que había sido la naturaleza al crearla de la manera en que era. Tenía un culo precioso. La seguí hasta el ascensor y seguimos hasta las chimeneas. No soy hombre de grandes conversaciones, pero me encargué de que notase con sutilezas la pasión que estaba despertando en mi.Cuando llegamos a las chimeneas, le pasé un brazo por la cintura y nos metimos juntos- Sujétate bien- dije como si hiciera falta la aclaración. Pronuncié claramente el nombre del sitio y segundos después aparecimos en un pub de Godric's Hollow. Era un sitio en apariencia elegante, para gente refinada, pero que tenía un piso inferior para gente con menos escrúpulos, lugar al que yo pensaba llevarla, pero no sin antes conocer su opinión- ¿Qué te parece?- pregunte intrigado mientras la miraba.
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Stella Moon el Dom Dic 28, 2014 5:37 pm

Acepté la invitación de Jason para salir del Ministerio e ir a algún sitio a disfrutar de la noche. Jason estaba complacido por el hecho de que yo había aceptado su propuesta, yo yo estaba complacida por haber encontrado a un hombre que no hiciese que mi noche fuese un completo malgasto de tiempo. ¡Todos ganamos!

No había nada más que hacer ni nada más que decir en el Ministerio, así que había llegado la hora de salir de allí. Le pregunté que qué sitios tenía en mente para ir a pasar aquella noche, y Jason dijo que conocía varios sitios que me gustarían.

-¿Tan seguro estás de que conoces mis gustos?- pregunté en broma con una sonrisilla mientras echaba a caminar por delante de él (con la completa consciencia de que me estaba mirando el culo, pero no me importaba. ¿Cómo va a importarme cuando a mí me gusta devorar con los ojos a los hombres? Si me importase sería una hipócrita) hacia los ascensores.- Está bien, pues, sorpréndeme.

Al salir de los ascensores fuimos hacia las chimeneas. El Atrio estaba casi completamente vacío, sólo quedaban en el Ministerio los trabajadores nocturnos, que eran muy pocos. Jason no hablaba mucho, pero no me molestaba. Cuando la gente hablaba en exceso podía llegar a aburrirme, y supongo que Jason se está reservando la conversación para más tarde, cuando fuese necesaria. En las chimeneas me dijo que me sujetase a él. Realmente no deberíamos estar viajando los dos a la vez por Red Flú. Muchos accidentes pasan así, los estoy viendo todo el día en el trabajo, pero no me importaba mucho. Para evitar los accidentes lo mejor sería sujetarme a él, como él decía, así que lo hice sin problemas. Al sujetarle sentí su fuerte cuerpo debajo de mis manos y sonreí levemente, casi de manera imperceptible. Jason pronunció el nombre del sitio, las llamas verdes nos envolvieron, y aparecimos en aquel lugar.

Al principio estaba desorientada, pues no había estado nunca ahí. La gente que nos rodeaba parecía elegante y refinada, y en un principio parecía más un lugar para una primera cita que para ir a pasar una noche loca después del trabajo. Pero luego recordé el nombre del sitio, y supe de qué me sonaba. Mis cejas se alzaron un poco con asombro al reconocer el lugar. Era un lugar que tenía dos caras, un piso superior elegante y decente, y un piso inferior más... bueno, de reputación más oscura. La gente en el piso anterior hacía de todo. Repito, de todo. O al menos eso era la fama que tenía aquel lugar. Era el paraíso de la gente que buscaba una noche efectivamente loca y llena de provecho.

Me giré para mirar a Jason con una sonrisa sorprendida y complacida. Mi expresión dejaba ver que sabía donde estábamos.

-Vaya vaya... Eres toda una caja de sorpresas, Allen.
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Invitado el Dom Ene 11, 2015 7:10 pm

El viaje por la red Flu nunca era lo más agradable que uno podía hacer, pero cuando tienes completamente pegada a ti a una mujer tan hermosa y misteriosa como Stella, hasta los giros entre llamas verdes se hacen agradables. Cuando me agarró antes de salir despedidos envueltos por el fuego, noté como las curvas de su cuerpo se adaptaban al mio, desatando un poco más mi imaginación sobre lo que podría pasar después. Llegamos al sitio y no tardé en preguntarle su opinión. No solía importarme demasiado lo que los demás pensasen de mis gustos, pero en noches como aquella en las que la compañía es una parte importante del plan, que mi acompañante encontrase lo que buscaba era clave para que yo luego obtuviese lo que quería. Sin embargo, tenía planeado asustarla un poco con el primer vistazo al sitio snoob al que la había llevado, pero ella ya parecía conocer el sitio. Se me había estropeado la broma, pero eso solo decía más cosas interesantes de ella.

- No mucha gente conoce este sitio- dije casi en un susurro mientras ponía mi mano en la parte baja de su espalda y la invitaba a caminar. La guié por el sitio hasta una escalera de servicio que estaba un poco escondida entre dos cuartos de baño de lujo que pertenecían a la tapadera del local. Esa escalera era lo bastante ancha y oscura para que una pareja se lo estuviese montando mientras otras personas bajaban o subían, aunque en un principio pareciese estrecha como cualquier otra escalera. Pasó por mi cabeza arrinconarla a media escalera contra la pared y darle una muestra de lo que esa noche podríamos tener, pero lo pensé mejor y decidí que era mejor que hasta que la fiesta empezase de verdad su imaginación fuese haciendo todo el trabajo. Tardamos un par de minutos en llegar al sótano donde el ambiente no podía ser más diferente al de arriba. Se trataba de un lugar donde las figuras más pintorescas de La Cabeza de Puerco o de El Caldero Chorreante no llamaban lo más mínimo la atención, sin embargo, gente como yo y Stella éramos el centro de todas las miradas. Confiaba en que ella estuviese acostumbrada a ese tipo de atención mientras las miradas de todos los que allí estaban nos seguían en nuestro camino a la barra. Cuando llegamos a ella, el dueño del lugar, que también era el camarero en aquel sitio de mala muerte, me saludó con una sonrisa y me estrechó la mano. En ese mismo momento, el resto de gente que allí había desvió la mirada reconociéndonos como parte de los suyos.

- Buenas- dije con una sonrisa, esa que me guardo para enseñarle a la gente que me conocía antes de la muerte de mi hermano. Él me había llevado allí por primera vez y siempre me había llevado yo mejor con Bill, el dueño, que él. Le gustaba que fuese demasiado arrogante como para interesarme por sus asuntos.- Te traigo una nueva clienta- dije guiñándole un ojo a mi amigo y luego mirando a Stella. No dije su nombre, esperando que ella fuese lo bastante independiente como para hacerlo por si misma. No hay lugar para gente tímida en este sitio y, aunque ella no lo sabía, la única manera de entrar en aquel sitio sin mi a partir de ese momento sería caerle bien a Bill. La clientela era pintoresta, pero muy selecta.- Ponme un whisky de fuego, doble- dije con decisión y volví a mirar a Stella- Y para ti, una cerveza de mantequilla?- dije levantando una ceja y con un claro deje de broma en mi tono.
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Stella Moon el Vie Feb 06, 2015 6:52 am

La noche empezó bien, pues aunque viajar por la Red Flú no sea la cosa más cómoda del mundo, viajar con un hombre como Jason pegado al cuerpo es toda una alegría para los sentidos. Aprecié con mis manos su dura piel debajo de su camisa al agarrarme a él, y sus firmes músculos. Sonreí para mis adentros. Desde luego que aquella noche había tenido mucha suerte encontrando compañero, y sin ningún esfuerzo además. Ahora tenía que ver cómo era como compañero de copas, pues solamente le conocía en un ámbito profesional. Pero por el momento todo lo que había visto del hombre no decepcionaba.

Salí de la chimenea con mucha dignidad, algo que suele ser la cosa más difícil del mundo para el resto de los mortales. Pero claro, yo no soy una persona cualquiera como ellos. Mientras que la mayoría de la gente  sale de las chimeneas con la ropa tda alborotada, hollín en el rostro, el pelo completamente enredado, y encima dando un traspiés, yo salí caminando con la espalda muy recta y con la cabeza muy alta en mi típica pose tanto sensual como elegante, y sin un solo pelo fuera de su sitio. Miré a Jason con una sonrisa. Aunque a primera vista el lugar me confundió, no me pareció un mal sitio. Prefiero mil veces un lugar elegante a un antro sucio de mala muerte, aunque no era lo que me esperaba. Pero cuando me di cuenta de dónde estábamos de verdad Jason ganó varios puntos a su favor, y se lo hice saber con un comentario. Jason dijo que no mucha gente conocía este lugar, y eso era cierto.

-Llevaba mucho tiempo queriendo venir aquí, pero nunca tenía la compañía adecuada- dije en el mismo tono de voz en el que el me había hablado a mí. Sentí un cosquilleo cuando su mano se posó en la parta baja de mi espalda, cosa que era natural que pasase tratándose de un hombre de atractivo tan intenso como el de Jason.- Por el momento no me arrepiento nada de haber aceptado tu invitación- dije con una leve sonrisa coqueta, y le acompañé cuando él me guió.

Las escaleras eran oscuras pero amplias, y la música que provenía del piso de abajo se oía suavemente desde allí, creando un ambiente algo misterioso y tenso y sensual, y no pude evitar mirar por el rabillo del ojo a Jason mientras descendíamos a aquel lugar secreto. Mis ojos brillaron durante una centésima de segundo con intenso deseo, el cual se vio reflejado en mi mirada transformándola durante ese breve instante de color marrón a dorado oscuro, de una tonalidad como la del fuego lento de una chimenea. Aparté mi mirada con sutileza para continuar mirando al frente mientras descendía las escaleras hacia la puerta del piso de abajo, que estaba bastante escondido del mundo exterior.

En cuanto se abrió la puerta la música invadió nuestros oídos con fuerza, sumergiéndonos en un ambiente como de éxtasis creado por los sonidos y los tonos de las luces tenues que brillaban con suavidad en la ligera penumbra que envolvía el local. Una sonrisa invadió mi rostro al entrar en aquel sitio y ver cómo era. Vi que todas las cabezas se giraban a mirarnos a Jason y a mí, y mi mirada reflejó una sutil mezcla de orgullo y vanidad. Me encanta que la gente me mire allá adonde voy; las mujeres con envidia y los hombres con deseo. Esta noche nos miraban tanto a Jason como a mí. La verdad es que cada uno por separado llamábamos la atención, y juntos éramos un buenísimo equipo a la vista de los demás. Además de por las razones obvias y ya descritas, también nos miraban con curiosidad y un poco de desconfianza. Ya que ese sitio no lo solía frecuentar gente de muy buena reputación, todos se preguntaban quienes éramos nosotros y qué pintábamos en un lugar como aquel.  Aunque yo mantengo mi reputación limpia, seguramente tengo el historial más manchado que la mayoría de los que estaban allí, y aunque no conocía muy bien a Jason todavia podía deducir que él tampoco tenía un historial muy limpio.

Caminé con soltura entre la gente y las mesas, siguiendo a Jason mientras este me guiaba por el local, el cual él conocía ya muy bien. Saludó a un hombre que deduje que era el dueño del local, y parecían llevarse muy bien. Mi sospecha fue confirmada cuando Jason me señaló, diciéndole al hombre que le había traído una nueva clienta. Sonreí con gesto tanto encantador como seductor y misterioso, lo perfecto para lugares y situaciones como  estas. El dueño me miró de arriba abajo y entonces me tendió la mano, presentándose como Bill. – Stella, un placer- me presenté al devolverle el saludo.- Pronto seré una de sus mejores clientas, ya verá- dije, y le guiñé un ojo. Viendo como era aquel lugar, desde luego no estaba diciendo ninguna mentira. Por el momento estaba cumpliendo con todas las expectativas que tenía en base a los rumores, y sabía que frecuentaría el lugar muchas otras veces después de esta. Debo agradecerle a Jason que me haya traído por primera vez. Bill me soltó la mano entonces, aunque no parecía muy contento de tener que hacerlo.

Jason pidió un whisky de fuego doble, y luego hizo la típica broma que me hacen absolutamente todos los hombres, preguntando que si para mí deberíamos pedir una cerveza de mantequilla. Le miré con una ceja alza y gesto cómico. Es gracioso que hagan bromas con eso, cuando el caso es que puedo soportar grandes cantidades de alcohol mucho mejor que la gran mayoría de hombres debido a mi condición. Pero eso no lo saben. Meneé la cabeza levemente y miré a Bill con una sonrisa.- No le hagas caso. Para mí lo mismo que él- dije, y el hombre se marchó a por las bebidas. Entonces acompañé a Jason a sentarnos.

Me alegraba de haberme puesto el vestido que llevaba aquel día, pues aunque me lo había puesto para ir al trabajo me quedaba de lujo para ir a beber a un local como este. Corto, prieto, y negro. Dejaba ver todas mis curvas perfectamente, acentuando mis caderas y mi pecho. Tenía un escote modesto de forma circular, pero se veían los hombros, y justo sobre el escote había unos botones que eran lo que lo hacía modesto. Sin embargo, comenzaba a sentirme muy incómoda con ellos puestos. Sin quitarle la mirada de encima a  Jason y mientras esperaba a que nos sirviesen las bebidas, comencé a desabrocharme lentamente los botones con una mano. Uno… dos… Mi escote de repente dejó de ser modesto para tener forma de V, y me sentaba aún mejor que antes.- Hace calor aquí… ¿no te parece?- inquirí con tono falsamente inocente y despreocupado, como quien no quiere la cosa.
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Invitado el Jue Feb 12, 2015 11:03 pm

No todas las mujeres estaban dispuestas a pasar el rato en un sitio como aquel, pero yo tampoco me relacionaba con todas las mujeres. Me iban las mujeres de verdad, no las damas asustadas de que un hombre atractivo y misterioso les robe la dote de sus adineradas familias. Nunca me había ido eso de desvirgar niñas y mucho menos me apetecía matar a sus padres por amenazarme más tarde por desflorar a sus dulces princesitas. No negaré que de vez en cuando una tortura era algo de lo más agradable, pero transformarlo en costumbre lo haría tedioso. Sin embargo, Stella parecía encontrarse en su salsa en aquel sitio perdido y poco transitado que salvo un pequeño grupo de almas perdidas nadie conocía.

Como sospechaba, se presentó ante Bill usando todo el encanto que poseía y que yo ya conocía. Era uno de los motivos por los que me atraía tanto, ella lo sabía, y también consiguió encandilar al viejo dueño con sensualidad. Pedimos nuestas bebidas tras las presentaciones pertinentes y una broma típica por mi parte que no pude evitar hacer por saber que Stella bebería cerveza de mantequilla como si fuese agua. Pidió lo mismo que yo y no me sorprendió. Lo sorprendente habría sido que se pidiese algo más suave. Nos dirigimos hacia una mesa vacia y pude captar la mirada de "aprobación" de Bill mientras parecía inspeccionar con rayos X a la chica. Lo miré sonriendo y él, al verme, puso los ojos en blanco indicando que si fuera más joven las hermosuras como Stella caerían a sus pies y no a los mios. Ni el mismo se lo creía, pero al ser una de las pocas personas que me conocía desde hacía tanto tiempo no sería yo quien reventase su burbuja de ego.

Una vez nos sentamos y el viejo fue a por las bebidas, Stella dejó entrever un poco más algunos de sus encantos con una frase manida pero que funcionó lo bastante bien como para que realmente empezase a hacer calor allí. Mi ojos se dirigieron raudos a su escote sin que yo me molestase en disimularlo. Sabía que le gustaría que fuese algo descarado en ese sentido, ya que si no, no habría decidido ponerme sus pechos tan a la vista.- Sí, realmente lo hace- dije levantando la vista finalmente para clavarla en sus ojos con una sonrisa cautivadora.- Aunque no se puede negar que tiene sus ventajas- dije manteniendo la sonrisa mientras sin decir nada, me quitaba la americana dejando ver la camisa que llevaba y que me quedaba perfectamente entallada de manera que mi torso daba las pistas suficientes para imaginarse a la perfección lo que había debajo de la prenda.-Si no estuviesemos rodeados de tanta gente te sugeriría que quizás desabrochar más botones te ayudaría con el calor, pero supongo que una dama como tu debe tener su decoro- dije con ganas de jugar. Si Stella decidía desnudarse allí en medio no iba a ser yo el que se contuviese a la hora de tomarla. De hecho, estaba deseando llegar a esa parte.

Bill llegó con dos vasos y una botella de whiski de fuego mientras nos mirábamos. Su experiencia como camarero hacía que pudiese servirnos a la perfección mientras sus ojos vagaban de vez en cuando hacia el reabierto escote de mi compañera. Sonreí mirando a mi viejo amigo- Es un honor que nos sirva el dueño del local-dije intentando distraer la atención de Bill pero sin demasiado éxito. Finalmente se retiró porque ya no le quedaba nada más que hacer allí y yo le susurré a Stella tras acercarme a su oido- Vas a matar a alguien de un infarto esta noche. Tanta hermosura es peligrosa para los hombres- dije rozando intencionadamente con mis labios su lóbulo. Me volví a sentar correctamente y le di un trago a mi bebida mientras no le quitaba los ojos de encima a Stella. Mantuve mi pose elegante mientras el líquido al que tan acostumbrado estaba quemaba ligeramente mi garganta, mucho menos que la primera vez que lo había bebido. Y mi imaginación tomaba caminos tortuosos en los que subía a Stella a la mesa y la hacía mia.- Te apetece algo más?- dije refiriendome a algo más contundente, como drogas, algo que se podía deducir de mi mirada.
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Stella Moon el Lun Mar 23, 2015 12:49 am

Cualquier persona verdaderamente respetable de la sociedad no se atrevería a acercarse ni a un kilómetro de lugares como este. Bueno, mentira, la gente respetable estaban encima de nuestras cabezas, cenando tranquilamente en el piso de arriba, ajenos al lugar secreto que había bajo sus pies lleno de todo tipo de gente. Si yo quisiese mantener una fachada de mujer inocente me habría dado la vuelta y me habría marchado, pero jamás había intentado mantener esa fachada... Así que con una sonrisa en la cara y la cabeza muy alta seguí a Jason hacia nuestra mesa.

Me presenté a Bill con encanto, como debía de ser si quería recibir un buen trato en ese lugar, y me abstuve de poner los ojos en blanco cuando me recorrió entera con la mirada. Me gusta que me miren, sí, pero me gusta que me miren los hombres como Jason, que son guapos y atractivos y jóvenes y un montón de cosas más. Pero aun así fui encantadora con Bill, asegurándome así de que estuviese pendiente de nosotros todo el tiempo que estuviésemos aquí. Se veía que se llevaba bien con Jason, pero sería mejor si tenía más razones para tratarnos bien aquella noche. Jason le hizo un poco la pelota, y escondí mi sonrisa burlona.

Me desabroché un par de botones, dejando mi escote más a la vista que antes y haciendo que mi vestido fuese más apropiado para un ambiente como aquel, mientras que antes había sido más apropiado para el trabajo. Miré a Jason con gesto pícaro mientras le decía el comentario típico, que era que hacía calor. No era del todo mentira, si que lo hacía... De dos tipos. Estaba el calor sofocante del bar, y estaba el calor ardiente de la tensión entre nosotros. Me gustaba ese calor, y más me gustó el hecho de que se quitase la americana y se pudiese adivinar su perfecto cuerpo bajo la tela de su camisa. Alcé una ceja con sorpresa y admiración, y una pequeña sonrisa juguetona se dibujó en mis labios. Me gustaba mucho lo que veía, y se veía en mi mirada. Sólo imaginarme lo bien que se vería ese hombre sin la camisa puesta hacia que pareciese que la temperatura estaba subiendo aún más. Se acercó y susurró un comentario en mi oído, y mi cuerpo entero se estremeció cuando sus albios rozaron mi lóbulo. Cada célula de mi ser me pedía más contacto con él. Aquel hmbre era una explosion de sensualidad, justo lo que mi cuerpo necesitaba.

-¿Una dama como yo? Vaya vaya, ¿qué tipo de dama es esa, si puede saberse?- pregunté cuando hizo aquel divertido comentario. No le quitaba los ojos de encima. ¿Por qué tiene una mirada tan sexy? ¿Y una cara tan sexy? ¿Y un cuerpo ta sexy? ¿Y una pose tan sexy? ¿Y un aroma tan sexy? Dios, había demasiada sensualidad en un solo hombre, y mirarle hacía que me entarse calor por todas aprtes. Realmente estaba siendo difícil no arrancarme mi propia ropa, agarrarle y tumbarle encima de esa mesa y hacer que estuviese completamente a mi disposición… O yo a la suya. No soy una mujer que se deje dominar fácilmente, pero con un hombre como ese podia hacer excepciones… Calro, que le quiero solo para mí, y no para el disfrute de la mirada de todos los que están a nuestro alrededor.- No es una cuestión de decoro. Simplemente no expongo mi cuerpo a la mirada de cualquiera, ya hora mismo me encuentro rodeada de muchos cualquieras- confesé mientas le echaba una mirada rápida a mi alrededor. El lugar estaba oscuro y casi no se distinguían los rostros de la mayoría de personas que estaban allí, pero algunas caras sí que se reconocían. Tanto hombres como mujeres nos mirabas, algunos con curiosidad y otros con descaro. Fue al estar mirando a las personas que estaban dentro del local cuando creí ver a alguien a quien reconocía, pero desapareció de vista rápidamente. Si era quien yo pensaba que era, esperaba que no lo fuese o que no me viese y no se acercase. El problema de frencuentar lugares de reputación no recommendable es que te cruzas a gente no recommendable todo el tiempo por todos lados cuando menos te apetece. Fruncí el ceño durante un segundo, pero luego relajé mi expression y volví a dedicarle toda mi atención a Jason, sonriéndole de manera encantadora.

-Sí, ¿por qué no?- contesté cuando me ofreció algo más… Y gracias a su mirada pude deducir perfectamente de qué se trataba. Aquello sería divertido, pues aunque el alcohol tardase en hacerme efecto las drogas me afectaban más rápido que a un humano por ser licántropa, aunque me hacían menos daño. Me llevaba lo mejor de todo.

Volví a mirar a Jason, y cogí mi vaso de whisky. Mis ojos brillaban intensamente con un ardiente deseo difícil de esconder.

-Por una noche larga e inolvidable- brindé antes de llevarle el vaso a los labios y beber.
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Invitado el Vie Abr 03, 2015 6:24 pm

Los lugares oscuros ofrecen ciertas ventajas innegables. Puedes ser quien seas y nadie te juzgará porque la gente que habita en esos lugares siempre ha visto cosas peores que tú. En general, ellos son cosas peores que tú de cara a la opinión pública. Cuando te mueves entre renegados, tener buena reputació es una lacra, pero el sitio donde estábamos era como mi segunda casa y Bill ya podía considerarse mi tio. Me movía con mñas naturalidad de la acostumbrada en aquel sitio pero la diferencia con lo habitual era tan nimia que solo alguien que se estuviese fijando mucho lo notaría. A pesar de todo, tenía que luchar arduamente con los instintos y ganas que Stella levantaba en mi solo por respeto a Bill realmente, lo que pensase el resto de personas que había allí era indiferente para mi. Todo eso lo disfracé con una frase que hacia alusión al decoro de mi compañera. No respondí a su pregunta, me limité a mirarla fijamente con una sonrisa cautivadora y una ceja levantada hasta que continuó hablando- Es un lástima- respondí apoyándome en el respaldo de la silla de manera que mi camisa quedó ligeramente más ceñida que antes- Estoy luchando con los deseos de arrancarte la ropa y follarte aquí mismo- dije si apartar mi mirada de la suya y tocando con el dedo índice la mesa que nos separaba- Sobre esta mesa- momentáneamente mi vista bajó a sus labios y sonreí cautivado por ellos y muy excitado por todo el conjunto que suponía Stella.

Bill nos trajo más bebidas pero eso no parecía suficiente para redondear del todo una noche como aquella. Le pregunté a mi acompañante si, tal vez, le apetecería tomar algo más intenso que ese licor que estábamos bebiendo. Unos cuantos Whiskys de fuego pueden tumbar a alguien no acostumbrado pero cuando te encuentras tan cómodo en un ambiente como el de ese bar en el que nos encontrabamos, se sabe que estás acostumbrado y para tumbarte hace falta algo más potente. Sonreí juguetón cuando aceptó y recorrí una vez más su cuerpo con mi mirada. Todo en ella, desde sus ojos y sus labios, pasando por la forma de su cuello y sus pecho y la curva de su cuerpo que se perdía bajo la mesa me estaba incitando a no esperar más y tomarla allí y en ese momento. Pero resistí. Alcé la copa cuando propuso el brindis y brindé con ella, chocando nuestros vasos y bebiendo su contenido de un trago. Dejé el vaso en la mesa y me levanté cogiendo mi americana y mirándola intensamente- Vayamos a un sitio más tranquilo- dije con una voz grave y tranquila pero sin borrar mi sonrisa.

Ella se levantó de la mesa con elegancia, dispuesta a seguirme. De pie era todavía más arrebatadora y estaba seguro de que lo sabía. Puse mi mano en su cintura para caminarla a ir delante de mi pero en la dirección que yo indicase. Salimos por una puerta lateral que estaba más o menos escondida detrás de una de las vitrinas de bebidas que había detrás de la barra. Fuimos a dar a otro pasillo oscuro, pero esta vez, no tenía intención de controlarme como había hecho cuando bajamos por las escaleras. Nada más cerrarse la puerta detrás de nosotros, me giré rápidamente, abrazando a Stella con un brazo y cerrandole el paso con el otro. Mi mano subió de su cadera a su cuello y la atraje hacia mi, acercándome yo a la vez hasta quedar pegados. La besé con fuerza y ganas de manera que quedase todavía más patente las ganas que tenía de follarla. Aumenté poco a poco la pasión del beso hasta, que en un momento inesperado, me paré en seco. La miré con una sonrisa juguetona y un brillo en los ojos que decía que eso solo era el principio- Vamos?- pregunté con un deje caballeroso que contrastaba con lo que acababa de pasar. La incité a caminar delante una vez más hasta el final del pasillo donde se veia una tenue luz.

Caminamos hasta el final que era una estancia a penas iluminada en la que no había nadie. Solo más botellas con distintos licores y algunos muebles. No era más que un almacén...si no conocías a Bill, pero yo era uno de los 3 hombres que podían entrar allí sin él y descubrir lo que guardaba.- Puedo confiar en que me dejes elegir a mi?- dije con tranquilidad y una mirada en la que aun brillaba el deseo.

Apoyé la mano en la única pared vacia. Stella no lo vería pero esa pared leia las huellas de las personas que la tocaban, si no eras una persona autorizada, simplemente, no pasaba nada. Lo mejor, es que también leia el pulso para que la persona tuviera que estar viva para que la puerta se abriera. Inventos muggles de lo más útiles. La puerta se abrió y dejó ver todo un cargamento de bolsas con distintas cosas dentro, desde polvo, hasta viales, pasando por pastillas y pildoras. Todo a nuestra disposición.
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Stella Moon el Miér Abr 15, 2015 4:45 pm

No era difícil darse cuenta de que haber aceptado salir aquella noche con Jason había sido la mejor decisión que había tomado en mucho tiempo. Era el hombre perfecto. Increíblemente atractivo, cautivador, misterioso... Había un aura de oscuridad que le envolvía, algo que le hacía ver peligroso y todavía más seductor. Si este hombre se pone a arrancarme la ropa no seré yo la que diga que no. ¿Cuándo fue la última vez que me topé con semejante ejemplar de hombre? Ya ni me acuerdo, pero estaba muy agradecida con mi jefe por haberme mandado a dejar esos papeles en el Departamento de Misterios en el último minuto justo cuando estaba lista para marcharme del trabajo. Ahora estaba aquí, tomando una copa con este hombre en este lugar, y la noche no podía ser mejor. Mucho mejor que mi plan original, desde luego.

-¿Y por qué no lo haces?- pregunté con tono de voz seductor y bajo, aunque audible, cuando me dijo lo que quería hacer pero estaba luchando por no hacer. Me llevé mi copa a los labios y tomé un trago sin apartar mi mirada de la suya en ningún momento.- No te tomo por una persona a la que el decoro le importe... O el control, ya que estamos- mi tono seductor estaba mezclado con una nota juguetona y otra un poquito maliciosa, como si le estuviese retando a abandonarse a sus instintos y más oscuros y apasionados deseos. Mi cuerpo entero gritaba por que lo hiciese. Yo me estaba controlando tanto como él para no arrancarle la ropa también.

Dejé mi copa en la mesa después de beber. Mis labios se habían quedado húmedos a causa del whisky, y todavía mirando a Jason me pasé lenta y sensualmente la punta de la lengua por mis labios, quitando la humedad del whisky de manera muy sexy. Sonreí juguetona tras aceptar su propuesta de tomar "algo más fuerte", como él lo llamaba, y él también lo hizo. No sabía si lo tenía encima de él e iba a sacarlo o si iría a buscarlo, pero en todo caso dudo mucho que a la gente que tenemos alrededor le importe un rábano lo que hagamos. Brindamos entonces y vaciamos todo el contenido de nuestras copas, y Jason me sorprendió invitándome a un sitio más tranquilo. ¿Qué sitio más tranquilo podíamos encontrar aquí? Pero no rechisté y me levanté de mi silla para seguirle, siempre con una sonrisa en los labios.

Nos marchamos de allí por una puerta lateral que estaba escondida. Jason sí que debía haber frecuentado este lugar muy a menudo, y se notaba desde el primer momento en el que habíamos entrado en este lugar. Crucé el umbral de la puerta acompañada por Jason, y en aquel momento la puerta se cerró tras nosotros, ahogando el ruido del exterior. Antes de que pudiese hacer nada uno de los brazos de Jason me bloqueó el paso y el otro me rodeó, pegando mi cuerpo al suyo. Cuando sus labios chocaron contra los míos no me quedé petrificada de la sorpresa como hacían muchas, sino que sentí como si una explosión de liberación recorriese mi cuerpo entero de repente, dándome placenteros calambres por cada célula de mi piel. Le devolví el apasionado beso a Jason y agarré su camisa con mis manos, tirando de él hacia mí para pegar nuestros cuerpos todavía más. El calor de mi cuerpo dejaba ver lo excitada que estaba yo, y... bueno, la extrema proximidad con Jason me decía que él estaba tan excitado como yo. Sonreí juguetona contra sus labios. Aquello me gustaba.

La pasión del beso aumentó más y más hasta que de repente Jason lo interrumpió, dejándome completamente sin aire. Sentía como si mi piel estuviese en llamas, y quería más. La mirada de Jason me dejó saber que tendría lo que quería, y le sonreí de vuelta.

Caminamos por el pasillo hasta llegar a un almacén poco iluminado.- Por supuesto- asentí cuando Jason me preguntó que si le dejaría escoger a él. Él era mas experto en esto que yo, lo mejor sería dejar que me sorprendiese con lo que tenía que ofrecerme. Entonces Jason puso la mano contra la pared y esta se abrió, revelando lo que había dentro. ¿Era eso tecnología Muggle? Parecía que sí. Este local era todavía más curioso de lo que había parecido al principio. Mientras Jason se encargaba de escoger las drogas que quería que probásemos aquella noche yo me coloqué detrás de él y deslicé mis manos lentamente por su espalda, sintiendo su cuerpo dejaba de su ropa. Quería quitarle todo aquello de encima y tocar su piel, sentirle contra mí.
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Invitado el Dom Abr 19, 2015 8:17 pm

- Bill me mataría si le arrebatase tal belleza ante sus propios ojos- bromeé con una sonrisa traviesa cuando me preguntó abiertamente por qué no la tomaba allí mismo. Era algo cierto lo que le acababa de decir, pero a cada insinuación suya, a cada movimiento de la morena que tenía en frente, olvidaba un poco más todo lo que le debía a Bill y porque era una de las pocas personas que respetaba en el mundo. Por suerte, aquel local de mala muerte que era como mi segunda casa, me ofrecía muchas otras posibilidades para llevar a cabo mis planes con Stella sin tener que restregarselo por la cara a mi viejo amigo y protector.

Brindamos y apuramos nuestras copas justo antes de levantarnos e irnos a un lugar más íntimo. No es que a nadie en aquel local le importarse un pimiento lo que nosotros íbamos a hacer, pero tampoco quería ser el foco de ninguna mirada indiscreta. En cuanto la puerta del almacén se cerró tras nosotros, no pude resistir más mis impulsos y le ofrecí a Stella una muestra de lo que más tarde le esperaba. Un pase para todos los públicos de la posterior película para adultos que tenía planteada para nosotros. Mientras la besaba y la arrinconaba, ella tiró de mi más aún, y me encargué de que notase que mi excitación no era solo cosa de palabras. Noté como sonreía por eso y cuando, tras aumentar la intensidad, interrumpí nuestro beso, su mirada y su sonrisa me prometieron lo mismo que las mías a ella. Aquello solo había sido un adelanto.

Entramos en una sala que era un almacén. Las cajas con botellas y vasos vestían las paredes, todas menos una. Le pregunté si estaba dispuesta a dejarme elegir nuestro siguiente aperitivo, y ella aceptó, provocando que en mis labios se dibujase una nueva sonrisa maliciosa y que en mis pantalones algo se revolviera con ganas de probar si me iba a dar ese poder en todos los sentidos. Aunque tenía la sensación de que Stella era una mujer peleona que no se dejaba dominar y eso me ponía todavía más. Abrí la despensa de estupefacientes de Bill a través de la tecnología muggle que la protegía. Había sido idea mia instalar aquel dispositivo en ese lugar, ya que al ser un sitio frecuentado por magos, ninguno de ellos esperaba dar con ese tipo de artilugio. Además, yo mismo me había asegurado de que ningún hechizo conocido pudiese abrirla. Era infalible. Cuando la puerta de aquel armario se abrió, dejó a la vista todas las sustancias de las que disponíamos. Sonreí de espaldas a Stella mientras ella paseaba sus manos por mi espalda. Me habría gustado librarme de mi camisa y sentir su tacto directamente sobre mi piel y había que reconocer que la expectativa ya se estaba haciendo demasiado larga, pero ya estaba a punto de enseñarle todo lo que mi ropa tapaba. Cogí una bolsita con unos polvos translúcidos y algo amarronados y me giré hacia ella enseñándole la bolsita con una ceja levantada y una sonrisa que le pedía sin palabras que se dejase llevar. Hice el amago de besarla de nuevo, rodeándola con un brazo, justo antes de dirigirme a la mesa que había pegada a una de las paredes de aquel almacén. Saqué la varita y de un solo toque de varita, las cajas que había encima dejaron la mesa libre y limpia. Dos vasos vinieron volando de una de las cajas y me encargué de llenarlos de un licor de hierbas que tenía de fuerte lo que un corderito recién nacido, pero eso tenía un motivo en concreto.- Esta bebida seguramente sea como agua para ti, pero en este caso, es por los beneficios posteriores- dije tendiéndole un vaso a Stella y cogiendo el otro para mi. Vertí la mitad de la bolsita en su vaso y la mitad en el mio, era la cantidad estádar pues ya conocía las medidas de Bill y las etiquetaba por dosis en vez de por peso. Se notaba que solo eran para gente de confianza.

Me llevé el vaso a los labios y el contenido corrió por mi garganta como si de un refresco se tratase, no se había adulterado en absoluto el sabor del licor, pero tras unos minutos empezaríamos a notar sus efectos. Vacié el vaso de un solo trago, lo dejé en la mesa y me acerqué a ella, rodeándola de nuevo con mis brazos por su cintura. Esperé a que terminase la bebida y el cristal del vaso se alejase de sus labios, para arrebatarle el recipiente con una de las mías y volver a besarla. La abracé, pegando su cuerpo al mio, notando cada curva y cada ondulación y fue entonces cuando la droga empezó a notarse.

Durante nuestro beso, mi cabeza se llenó de una neblina densa y agradable que colaboró a que el mundo desapareciese de mi cabeza y solo quedasemos yo y Stella en el mundo. Una sensación de calma y felicidad me subió desde la parte baja del estómago y la excitación que ya sentía se viese incrementada, como si tuviese un animal salvaje en busca de su presa encerrado en mis pantalones. Me alejé por un momento de sus labios y gruñí de placer mientras mis manos buscaban su cintura y el bajo de su vestido.
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