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Man of simple pleasures (Stella Moon) [+18]

Invitado el Jue Nov 13, 2014 8:36 pm

Recuerdo del primer mensaje :

El horario de invierno hacía que la noche cayese antes de lo que ya teníamos todos por costumbre, pero eso ayudaba a que otros seres salieran más a menudo a tomar el aire. Eso significaba más trabajo para la gente como yo, lo que suponía un alivio. Me gusta tener la mente activa todo el tiempo si no me pongo de mal humor. Por suerte, el día estaba siendo especialmente productivo y ajetreado. Para terminarlo de manera perfecta solo hacia falta una mujer y tal vez un par de copas bien preparadas o un porro. Nada de eso parecía querer presentarse de manera voluntaria, asi que tendría que buscarlo yo cuando mi hora de irse a casa llegase. Cosa que no parecía querer hacerse esperar demasiado, por suerte.

Tras hacer mi último trabajo de campo del día, o lo que parecía serlo, fui a dejar los objetos a su correspondiente lugar tras la puerta negra que daba paso al departamento en el que yo trabajo. No era nada demasiado extraño, una misión rutinaria como que alguien devolviese un giratiempo a su lugar. Me aseguré de que todo lo que había hecho en el día estuviese en su sitio y del mismo modo en el que yo lo había dejado. No me gusta dejar cabos sueltos.

Salí de la sala circular, y tras cerrarla, como tenía por costumbre me giré para dirigirme a la salida cuando unos pasos y una figura en la penumbra de aquel solitario pasillo me hicieron inclinar la cabeza con curiosidad. No mucha gente se atrevía a entrar en esta zona del Ministerio de magia a estas horas y con tan poca luz. Por suerte, me gusta la gente temeraria por lo que me tenía muy intrigado lo que la penumbra del pasillo ocultaba.


Última edición por Jason Allen el Lun Abr 20, 2015 9:41 pm, editado 1 vez
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Stella Moon el Lun Abr 20, 2015 5:33 pm

-¿Arrebatarle?- repetí con sorpresa, alzando las cejas y mirado a Jason de una manera que a muchos les habría hecho quedarse petrificados, no de miedo, sino por la intensidad de mi mirada. Sonreí, y mi expresión reflejó tanto diversión como malicia.- Eso sólo sería correcto en el caso de que alguna vez hubiese sido de Bill, o fuese a serlo, ¿no crees?

No lo dudé ni dos segundos al seguir a Jason a otra estancia de aquel local. Parecía conocer aquel lugar como la palma de su mano, y eso me gustaba. Se veía que Jason no era un miembro respetable de la sociedad, y es con los hombres como él con los que la diversión es mayor. Me condujo a un almacén donde podíamos conseguir completa privacidad, aunque el eco de la música del bar todavía se oía a través de las paredes y le daba a aquel lugar un toque muy underground. Me gustaba.

Nuestro primer beso casi me dejó sin respiración, y sentí que la piel me ardía con deseo de que fuese mío aquella noche. No podía esperar a lo que iba a pasar después, pero soy una mujer paciente... Por ahora. Cuando me hacen esperar demasiado exploto, y la bestia que soy durante las noche de luna llena se manifiesta en forma humana. Seguí a Jason hacia el otro lado de la bodega, observando sorprendida como abría el lugar donde estaban escondidas las drogas con tecnología muggle. Aquello era una genialidad, pues a ningún mago ni bruja se les ocurriría buscar algo escondido por seguridad muggle, y aunque supiesen lo que era sería dudoso que supiesen como funciona. Yo reconocía lo que era porque en los Estados Unidos me había tirado mucho tiempo entre muggles, observándoles y aprendiendo cosas sobre ellos. Jason estuvo rebuscando y acabó escogiendo una bolsa con unos polvos. No estoy muy familiarizada con las drogas así que no sabía lo que eran, pero había dicho que me fiaba de él y que le dejaría escoger así que no preguntó. Además, el nombre me da lo mismo.

-No te he seguido hasta aquí por el licor, así que no importa- le dije a Jason con una sonrisa mientras cogía el vaso con el licor mezclado con la droga que me ofrecía. Ambos nos llevamos los vasos a la boca a la vez, y mantuve mis ojos en él mientras bebía. Observaba el movimiento de su garganta mientras tragaba aquel licor, y me fascinó que algo tan simple tuviese el poder de parecer tan terriblemente sexy en un hombre como él. Quería pasar mis manos y mis labios y mi lengua y mis dientes por su garganta y sentir su calor y su pulso, y después hacer lo mismo por todo su cuerpo.

Jason terminó de beber antes que yo y dejó el vaso sobre la mesa, y cuando yo terminé de beber me quitó el vaso y lo dejó también. Nuestros labios estaban húmedos y brillaban por el licor que acabábamos de tomar. Apenas tuve tiempo de mirar a Jason a los ojos antes de que sus labios chocasen de nuevo contra los míos, cortando de golpe mi respiración y provocándome la sensación de que estaba de pie sobre la cuerda floja entre los dos rascacielos más altos del mundo, enfrentándome a la gravedad y llamada por el vacío a mi alrededor.

Los brazos de Jason me rodearon y pegaron mi cuerpo al suyo, convirtiéndole a él el mi punto de apoyo, mi centro de gravedad que permitiría que no me perdiese en aquel vacío que de repente me rodeaba. Ya sabía que la droga me iba a hacer efecto muy rápido, pero no esperaba que fuese tan rápido. Sentía como si mi mente se hubiese nublado como un día de otoño, pero la sensación era de lo más placentera, y combinada con la sensación del beso, aquello era fantástico. Puse mis manos sobre su pecho y, a pesar de que Jason todavía tenía la camisa puesta y no podía sentir su piel directamente, mis sentidos parecían haberse disparado y sentí chispas en los nervios de las puntas de mis dedos. Me sentía inquieta, y a la vez calmada. Me sentía feliz, y el mundo me daba vueltas y al cerrar los ojos veía explosiones de colores. No sabía qué le había dado Jason, pero era perfecto. Él era perfecto. Seguro que estaría muchísimo mejor sin toda esa ropa cubriéndole.

Jason rompió el beso entonces, dejando escapar un gruñido de placer. Su mano se fue al bajo de mi vestido, y yo cogí su mano con la mía y la guié por mi pierna, haciendo que le acariciase... Dios mío, mis sentidos estaban en llamas, sentía cada célula, cada nervio... Su mano subió lentamente, subiendo el bajo de mi vestido... Mis manos le quitaron la corbata y agarraron su camisa entonces, y sin tener la paciencia para desabrochar los botones uno a uno tiré de ella. Un par de botones saltaron, y los demás permanecieron intactos. Aquello era de poca importancia ahora, lo que le importaba era quitársela y rápido. Con un rápido movimiento Jason quedó totalmente despojado de ropa en la parte superior de su cuerpo. Me alejé unos centímetros de él entonces para que mis ojos pudiesen observarle, aunque mi vista estaba algo desendiosada por los efectos de la droga. Pero lo que veía era... era perfecto. Pasé mis manos por su cuerpo casi para asegurarme de que mi vista no me estaba gastando una broma en aquel momento, y gruñí igual que había hecho Jason apenas unos segundos antes al rival su piel firme y sentir sus fuertes y grandes músculos.

Abrí la boca para decir algo, pero fui incapaz de decir nada y de entré mis labios apelas escapó un leve jadeo. Rodeé a Jason con mis brazos, volviendo a pegarle a su cuerpo, y uní nuestros labios otra vez en un apasionado beso. Nuestras bocas se abrieron para dar paso a nuestras lenguas, que comenzaron una húmeda y sensual danza entre ellas. Cada roce de nuestros cuerpos y de nuestros labios mandaba una nueva oleada de calor y placer por mi cuerpo, y aquello apenas era el aperitivo...

Jason me rodeó con sus brazos y me levantó. Quitó de un manotazo todo lo que había en la mesa a nuestro lado, dejándola libre para nosotros, y me sentó sobre ella. Continuamos besándonos mientras yo rodeaba su cintura con mis piernas, y aquello hizo que mi vestido subirse mucho más.
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Invitado el Lun Mayo 04, 2015 11:28 pm

Stella era exactamente el tipo de mujer que a mi me gustaba, tanto física como psicológicamente. No entraba en mis planes quedarme predando de ella de igual modo que no entraba en los mismos quedarme prendado de ninguna otra y por eso sabía que no iba a pasar. Pero para noches como aquella en la que la temperatura pide a gritos ser subida y el tedio puede hacerse tu peor enemigo, Stella era el complemento perfecto para mi. Hermosa y peligrosa, justo en la medida que a mi me gustaba.

Traas las bebidas y la conversación preliminar, lo que iba a pasar se hacía cada vez más evidente y cuando nos quedamos del todo solos en la trastienda del bar, la tensión sexual en el ambiente podría haberse cortado con unas tijeras. Nos serví bebidas con su respectivo complemento y liberé una mesa en previsión de lo que iba a pasar. Ella me había dejado escoger a mi la sustancia y ni siquiera había preguntado de que se trataba. No parecía importarle y eso le daba un nuevo toque al misterio que la envolvía. No bebimos rápidamente nuestra última bebida de la noche y en la penumbra de la habitación que me dejaba ver perfectamente cada una de las curvas de su cuerpo y el meneo de su pelo cada vez que se movía, mi paciencia llegó a su límite. Arrebatándole el vaso de las manos quedó claro que el tiempo de hablar había terminado ya hace rato y mis labios se fundieron con los suyos demostrando la sed que tenía, la necesidad de besarlos. La abracé apretándola contra mi mientras mi cerebro se transformaba poco a poco en una niebla cargada de felicidad. Estaba completamente cargado de energía y totalmente cargado a la vez. Notaba mi cerebro el triple de despierto de lo habitual como si al abrir los ojos y mirar a Stella hubiese podido llegar a deducir cada recobeco de su vida y su personalidad. Como si hubiera podido llegar a ver de ella hasta sus huesos.

Gruñí de placer separando nuestros labios por un momento. Besarla era fantástico pero también lo eran las ganas que mostraba ella si yo me separaba. Mis manos buscaron su cintura y el bajo de su vestido, pero ella no tardó en guiarlas para tocar directamente la piel de sus piernas. Subi la mano lentamente por su pierna hasta el límite que el propio vestido me marcaba e imaginándome lo que me esperaba bajo un par de delicadas prendas de ropa, mi miembro dio un pequeño latigazo dentro de los pantalones como si pelease por salir de su encierro. Mientras yo la acariciaba sintiendo como su piel liberaba cierta electricidad que recorria mis manos haciendo que los pelos de la nuca se me erizasen, ella subió hasta mi corbata y se libró de ella y de mi camisa. Un par de botones de la misma salieron volando pero no me preocupaba especialmente si la camisa se hacia trizas o estallaba en llamas ya que dada la temperatura de la habitación no era algo tan inverosímil. Vi como ella se alejaba de mi y me observaba con el deseo retratado en sus dilatadas pupilas. Era perfecta, cada forma de su cuerpo era exacta y cada movimiento que hacia era puro fuego para mi. Desprendía sensualidad por los poros de una manera que yo no acostumbraba a ver. Su mano se alargó hacia mi como comprobando que era real y no una ilusión y a su contacto contra mi pecho, cogí una de sus manos y la guié hacia abajo para que pudiera comprobar sin lugar a dudas el efecto que tenía sobre mi. De nuevo, mi miembro rabeó por salir, esta vez por un contacto más directo.

Con un jadeo suyo, nuestros labios se encontraron de nuevo y bebimos le uno del otro como si fuésemos un elixir reservado para unos pocos. Sus brazos me abrazaron por el cuello y mis manos se dirigieron a sus caderas encontrándose con sus nalgas, turgentes y firmes. Las toqué con suavidad por encima del vestido, como buscando descubrir todos sus detalles, pero de un momento a otro, agarré su trasero con más fuerza, con habilidad para forzar que diese un salto y agarrase con sus piernas mi cuerpo. Cuando la tuve el aire, la llevé a la mesa que había despejado, tras despejarla con un barrido del brazo, de nuevo. En la nueva postura, su vestido se subía y mientras la besaba no me quedó paciencia para esperar a que se subiese solo. Con una de mis manos, subí desde su pierna hasta su espalda, manteniendola sujeta contra mi cuerpo desnudo. La otra mano, se perdió entre nosotros, haciendo que su vestido se subiese todavía más y dejando a mi vista, tacto y deleite su entrepierna. Acaricié la zona, que desprendía un increiblemente húmedo y agradable calor, por encima de su ropa interior, pero no pude resistirme demasiado a apartar la frágil prenda y colar mis dedos debajo, disfrutando del contacto de su húmeda piel.

Separé mis labios de los suyos una vez más y volví a gruñir. Mis labios se dirigieron a su cuello y cuando se encontraron con su piel pude notar su pulso acelerado. Besé con calma la piel de su cuello, recreandome en su dulce olor, y subí hasta el lóbulo de su oreja, el cual mordí delicadamente.
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Stella Moon el Vie Mayo 22, 2015 9:16 am

Se notaba a kilómetros que Jason era un hombre que sabía cómo complacer a las mujeres, y yo pensaba disfrutar plenamente de sus habilidades aquella noche. Apenas estaba probando una pequeña porción de lo que podía darme en aquel momento y ya estaba haciendo que la cabeza me diese vueltas como si estuviese inmersa en un torbellino de colores y sensaciones, y sé perfectamente que eso no es solamente a causa de la droga que me ha dado. Se cuando un hombre es capaz y cuando un hombre está haciendo trampa o lo necesita, y Jason es capaz. Muy, muy capaz... Si lo hubiese sabido antes me habría pasando más pronto por el Departamento de Misterios a buscar lo que yo me merecía...

Sonreí con picardía cuando Jason apartó todo de un manotazo de la mesa que había a nuestro lado. Era suficientemente larga para una persona adulta y alta de tumbase sobre ella, y era de madera gruesa, así que no se rompería estando sometida a mucho peso, pero lo que hizo Jason fue sentarme sobre ella. Mi vestido subió deslizándose por mis piernas cuando estuve en aquella nueva posición, y Jason no lo desaprovechó ni por un segundo. Su mano traviesa no tardó en encontrar el sitio que le correspondía, que era en aquel cálido y húmedo lugar secreto entre mis piernas, perfectamente preparado para él. Jadeé cuando sus dedos rozaron mi zona sensible por encima de mi ropa interior, que era fina y delicada, pero cuando él apartó la tela y sentí sus dedos directamente sobre mi tierna carne gemí suavemente de placer y mi espalda se arqueó, pegando mi pecho a su cuerpo. Mis piernas rodearon su cintura y le acercaron a mí. Ansiaba sentir su perfecto cuerpo contra el mío mientras me daba placer.

Yo no quería caricias suaves, y no tenía dudas acerca de que aquel tampoco era su estilo. Por eso me aparté de él, rompiendo nuestro apasionado y húmedo beso, y le miré a los ojos de manera traviesa. Sin romper en ningún momento el contacto visual, cogí la mano que tenía colocada sobre mi zona con la mía y guié sus dedos hacia mi interior, haciendo que me penetrasen de manera rápida y certera, mandado una especie de descarga eléctrica por todo mi cuerpo. Volví a jadear de manera sensual y provocadora, con mi boca muy cerca de la suya. Mi mirada nunca abandonó la suya, ni siquiera mientras mi mano guiaba la suya y establecía un ritmo rápido y profundo. Solté su mano entonces y la deslicé por su perfecto torso desnudo. Hice desaparecer la distancia entre nosotros de nuevo con un intenso beso, y cuando me volví a apartar de él lo hice mordiéndole el labio y tirando de él hasta que ya no pide tirar más y su carnoso labio se liberó de mis dientes.

Fue mi mano entonces la traviesa, dirigiéndose a la cremallera de sus pantalones sin pudor alguno. Primero le desabroché la hebilla del cinturón y se lo quité, dando un latigazo al soltarlo. Los efectos de la droga hicieron que el sonido del latigazo soñase distante y ahogado, como si el sonido viniese de muy lejos, pero había eco. Le bajé la cremallera entonces, encontrando debajo sus bóxers oscuros. Sus pantalones se deslizaron por su cadera, y un leve tirón de mis manos hicieron que lo mismo pasase con sus bóxers, dejando su miembro erecto en libertad. Lo miré durante un segundo, y esa parte de Jason tampoco me decepcionó. Me mordí el labio mientras le miraba a los ojos de nuevo y me llevaba el pulgar a la boca. Me lamí la pinta lentamente, como una chica coqueta que chupa una purulenta mientras mira intensamente a un chico a lo lejos, y cuando la punta de mi pulgar estuvo húmeda y caliente aparté mi mano de mi boca y la bajé. Deslicé la punta de mi pulgar por la cabeza de su miembro, esparciendo tanto la humedad de Jason como mi propia humedad por ella y estimulando sus sentidos con el pequeño masaje circular que le estaba dando, y entonces cerré mi mano en torno a él y comencé a subir y a bajar mi mano en un ritmo estable, jugando con él y dándole placer... pero nada comparado con lo que podía darle más tarde.

Le sonreí de manera pícara y sensual, y deslicé mi mano libre por su musculoso torso. Cerré los ojos y me dejé sentir los efectos de la droga, que hacían que sintiese una paz y una tranquilidad... Estaba feliz. La droga me hacía feliz. El sexo me hacía feliz. Lo prohibido me hacía feliz. Acerqué mi rostro a Jason, pero en vez de besar su boca besé su pecho desnudo mientras mi mano recorría su espalda. Mis labios y mis dientes se arrastraron de manera sensual por su piel.

-Podría comerte entero, ¿lo sabes...?- murmuré mientras hacía aquello. Seguramente aquel hombre estaba delicioso.
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Stella MoonTrabajador Ministerio

Invitado el Lun Mayo 25, 2015 9:15 pm

Cuando horas antes buscaba un final perfecto para mi día, jamás habría imaginado que podría llegar a conseguir uno tan perfecto. Al contrario que otras veces, me habría conformado con una mujer loca por mi que pudiese olvidar al terminar, pero en lugar de eso tenía a Stella, una completa diosa que además esta dispuesta a dejarse llevar por los ocultos caminos de mi personalidad y a probar todas esas sustancias que tanto asustaban a otros. Lo que habíamos tomado no tardó en hacernos efecto pero en la tesitura de pasión en la que nos encontrábamos tampoco era demasiado importante, pues la adrenalina ya era más que suficiente.

La tenía subida a una mesa, totalmente dispuesta para mi. Tan caliente como yo mismo estaba y entre besos y caricias decidí que eso no era suficiente para mi. Sus piernas estaban abiertas y mi cuerpo era el encargado de mantenerlas así. Una de mis manos se coló entre ellas y pude sentir, sin lugar a dudas, que le estaba gustando lo que estaba recibiendo. Aparté su ropa interior y su clítoris me recibió como si ya llevase un rato esperandome. Su cuerpo se estremecía y sus gemidos hacian que mis ganas de tomarla crecieran, algo que se hizo casi inaguantable cuando cogió mi mano e introdujo dos de mis dedos en su interior. Había roto nuestro beso y me miraba fija y profundamente, como si estuviese escrutando mi alma. Sus músculos apretaron mis dedos y sentí con más claridad todavía como su cuerpo recibía cada una de mis atenciones con espasmos y palpitaciones. Su humedad empapaba mi mano, pero ese ritmo rápido y profundo que mis dedos habían adquirido entrando y saliendo de ella no era suficiente para mi. Teniendo el índice y el dedo corazón sumergidos dentro de Stella, mi pulgar buscó estimularla esteriormente a la vez que la penetraba con mi mano. Ella volvió a besarme y mordió mi labio inferior hasta que este no dio más de si y se liberó de su agarre. Cerré los ojos y gruñi de placer.

Sin embargo, mis manos no eran las únicas que tenían hambre de la otra persona. Mientras yo continuaba con mi movimiento, deseando cada vez con más fuerza, cambiar mi mano por otra parte de mi cuerpo, ella bajó su mano hasta mi cadera y desabrochó mi cremallera y se libró de mi cinturón. Mis pantalones cayeron por su propio peso haciendo todavía más evidente mi erección que peleaba por ser liberada. Con un tirón, se libró también de mis boxers y sonreí complacido mientras veía como ella comprovaba con gusto la forma y tamaño de hombría. Se mordió un labio para luego chuparse el pulgar mientras yo la miraba con los ojos cargados de ganas. Antes de que su mano agarrase mi miembro, la mia salió de ella y tiró de su vestido para arriba para deshacerse de él. Su ropa interior quedó al descubierto completamente y mientras mi mano derecha volvía a penetrarla y a jugar con su clítoris de nuevo, la izquierda se dirigía a uno de sus pechos, agarrándolo, acariciándolo y apretándolo ligeramente. Ella paseó su húmedo pulgar por la punta de mi miembro y solté un jadeo sin poder evitarlo. Cuando comenzó a subir y bajar, sincrónicé su movimiento con el mio y mi otra mano buscó apartar la tela de su sujetador en busca de uno de sus pezones. Cuando lo encontre, lo atrapé entre dos de mis dedos, y sin apretar demasiado, comencé a estimularlo. Quería tenerla atrapada por todos los frentes.

Stela me sonrió justo antes de comenzar a besar mi pecho, me mordí un labio mientras ella descendía, con la esperanza de que no parase hasta llegar a la parte interesante. Mi movimiento de estimulación continuaba incansable, aunque de vez en cuando movía los dedos dentro de ella para darle una sensación distinta- Adelante- contesté a sus palabras en un susurro y con una sonrisa. Con un movimiento, la apreté contra mi, sacando mis dedos de ella y agarrándola por los muslos con las dos manos. Ella me soltó y mi miembro se dirigió raudo a su entrepierna como si la naturaleza de los mismos tuviera un imán que los atraía. Dejé que mi punta se pasease por su zona, despertando más las ganas que ya casi me estaban haciendo explotar. La miré a los ojos y vi fuego en aquellas pupilas totalmente oscuras y redondas casi ocultaban del todo su iris. Agarré su trasero con fuerza, juntándonos aun más, y mi pene se introdujo lentamente en ella, solo un poco. Repetí el movimiento un par de veces para luego separarme con una sonrisa juguetona. Una de mis manos subió hasta su cuello, apretando un poco para obligarla a mirarme. La besé casi con rabia, mordiéndole el labio inferior al terminar y mis labios bajaron por su cuerpo, besando y mordiendo su pecho, recorriendo su estómago, hasta encontrarme con sus labios inferiores. Introduje de nuevo uno de mis dedos en su interior mientras besaba y saboreaba su entrepierna. Inqué una rodilla en el suelo y le agarré el trasero con la mano que me quedaba libre. Con la boca, mi lengua se paseó por su centro del placer para luego empezar con un movimiento de succión mezclado con las caricias de mi lengua.
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Stella Moon el Mar Jun 16, 2015 8:44 pm

Dudaba que pudiese haber encontrado a otro hombre más perfecto que Jason para pasar la noche después de salir del trabajo. Me alegraba de que mi jefe hubiese decidido mandarme al Departamento de Misterios justo antes de que yo me marchase, porque si no lo hubiese hecho yo estaría en otro lugar, buscando alguna forma de no desperdiciar la noche, y me habría perdido la mejor alternativa. Sin embargo me había encontrado con Jason, y estaba siendo perfecto. No tenía palabras para describir lo sensual que era aquel hombre. No era fácil impresionarme, pero él había superado mis expectativas con creces incluso cuando todavía tenía toda la ropa puesta y no me había puesto una mano encima.

Yo solía tener siempre el control sobre mí misma, pero entre la droga que me había tomado y las caricias y besos de Jason me estaba siendo casi imposible controlarme. Sus manos se colaron en mi zona más secreta y mi cuerpo entero se estremeció. Mi respiración entrecortada y mis suaves gemidos llenaban la sala en la que estábamos detrás del bar. Guié su mano hacia mi interior, dejando que sus dedos explorasen las partes más ocultas de mí, y mis ojos le miraron fijamente sin perderme un solo detalle de su rostro ni de su expresión. Todo a nuestro alrededor se había vuelto borroso y me daba vueltas, y o pude evitar sonreír al notar lo bien que todo me estaba haciendo sentir.

Yo me encargué de deshacerme de la ropa de Jason para poder estimular su hombría, que era perfecta en todos los sentidos, con mi mano. Lo hice juguetonamente, disfrutando yo tanto dándole placer como lo hacía él sintiéndolo. La gente suele ser más de recibir que de dar, pero a mí me gustaba tanto una cosa como la otra. Me llenaba de satisfacción volver loco a un hombre como Jason y ser plenamente consciente de que la que estaba provocando aquellos jadeos y gruñidos de placer era yo. Por eso le miraba directamente a los ojos, y luego le besé fieramente y mordí su labio con pasión. Jason hizo lo mismo conmigo, dándome placer al mismo ritmo que yo se lo daba a él. Podía ver en sus ojos claros cuanto estaba disfrutando él, y él podía ver lo mismo reflejado en los míos. Nos estábamos complementando perfectamente, y aquello solo me daba ganas de hacer más cosas y más fuerte, hasta que ya no pudiese más. Lo quería todo de este hombre tan perfecto esta noche, en esta sala apartada del bar donde la gente se estaba perdiendo el espectáculo tan fascinante que se estaba llevando a cabo.

Cuando Jason me quitó el vestido y apartó la tela de mi sujetador negro de encaje y comenzó a estimular mi pezón entre sus dedos gemí. Podía sentir pequeños calambres en mi torso, como un hormigueo que me erizaba la piel, y cerré los ojos mientras jadeaba y sentía ambas manos de Jason estimulándome por todas partes y haciéndome sentir como si alguien hubiese encendido un fuego en mi interior, un fuego que amenazaba con crecer y devorarlo todo a su paso hasta convertirlo en cenizas. Con cada nuevo jadeo o suave gemido que escapaba de mi boca tras recibir las caricias de ambas manos de Jason, el fuego crecía.

Besé su pecho, bajando cada vez más por su cuerpo. Mi rostro se acercó muchísimo a su hombría, pero mis labios no llegaron a poder probarla, pues en aquel momento Jason sacó sus dedos de mi interior y agarró mis muslos para sujetarme. Antes de que y pudiese hacer o decir nada, Jason introdujo su miembro en mí sin encontrarse con ningún tipo de resistencia, sino que más bien mi cuerpo entero le dio un grito de bienvenida. Sentí un espasmo de placer al sentir como mis paredes se separaban para recibirle en mi interior, y arqueé mi espalda haciendo que mi cuerpo se pegase completamente al suyo, sin dejar ni un milímetro de espacio entre nosotros. Mis ojos estaban entreabiertos de placer, y mi boca se abrió para dejar escapar un gemido agudo y medio ahogado cargado de placer. Jason salió y entró en mí un par de veces, pero nunca me penetró por completo, lo cual no hacía nada más que volverme loca. Necesitaba que llenase por completo el vacío de mi interior, que mi hiciese sentir que iba a explotar, que me tomase con fiereza y me hiciese gritar. La droga no estaba haciendo nada para calmar el hambre voraz que sentía por él en aquellos instantes.

Jason salió de mí de repente. Yo estaba a punto de protestar y de exigir que volviese a mí, que me hiciese todas las cosas que quería que me hiciese ahí mismo, encima de aquella mesa. Quería que me hiciese sentir más sucia y más salvaje de lo que jamás me había sentido en la vida. Pero no tuve que hacer nada por el estilo, pues a continuación deslizó su boca por todo mi cuerpo hasta que llegó a mi zona. Y entonces sí que gemí con fuerza.

Sus labios y su lengua hicieron maravillas en mí. Si antes había sentido pequeñas descargas por todo mi cuerpo, ahora sentía grandes y potentísimas descargas que me provocaban espasmos y que me hacían sentir como si estuviese flotando sobre una nube en el cielo oscuro por encima de todo el mundo. Caí de espaldas sobre la mesa, que era lo suficientemente grande como para que me tumbase allí mientras que mis piernas estaban posadas sobre los hombros de Jason mientras él continuaba dándome placer oralmente. Aquello era muchísimo mejor que todo lo anterior junto. Cerré los ojos mientras seguía sintiendo calambres que se originaban en mi zona y se expandían por todo mi cuerpo, haciéndome retorcerme como una fiera enjaulada que lucha por liberarse. Y, tras un rato en el que Jason no cesó de darme placer de una manera increíble, sentí como si una bomba que había en mi interior y que se había ido formando rápidamente en el centro de mi ser desde que aquello empezó detonase de repente. Entreabrí mis ojos cuando la enorme oleada de placer me sacudió y me hizo gemir con fuerza, y vi a mi alrededor explosiones de colores creadas tanto por la droga como por el orgasmo que acababa de tener.

Me quedé ahí tumbada durante unos instantes, esperando a que mi respiración volviese a la normalidad. Poco a poco mi respiración fue volviendo a la normalidad, y con ella mis sentidos. Me sentía increíblemente bien… pero yo no era una mujer que se saciase solamente con eso. Quería mucho más, y sabía a ciencia cierta que Jason también.

Me volví a sentar sobre la mesa con la espalda recta, y me bajé de ella para quedarme de pie en el suelo a la vez que Jason se levantaba. Me cambié de sitio por él y le di un leve empujón mientras le dedicaba una mirada traviesa, de modo que él quedó tumbado sobre la mesa pero a lo largo de ella. La mesa era suficientemente larga para que casi todo el cuerpo de él cupiese tumbado en ella, aunque sus piernas se quedasen fuera. Me subí entonces yo de nuevo a la mesa tras deshacerme de lo que quedaba de mi ropa interior. El ya estaba completamente desnudo, y también lo estuve yo cuando me coloqué sobre él con una pierna a cada lado suyo. Me agaché para besarle en los labios húmedos, que sabían a mí, y bajé por su cuerpo hasta llegar a su miembro erecto, que había estado esperándome. Volví a mirar a Jason de manera traviesa mientras mi lengua se asomaba entre mis labios separados. La punta de mi lengua rozó suavemente la punta de su miembro, y luego volvió a hacer lo mismo pero en círculos. Finalmente mi boca se cerró en torno a su pene, y mi lengua lo lamió con un movimiento circular antes de comenzar a subir y bajar una y otra vez, lentamente al principio y rápidamente después, con cuidado, dándole placer como él me lo había dado a mí antes. Mientras mi boca estaba entretenida con aquella tarea, mis manos se pasearon por el musculoso y perfecto cuerpo de Jason. Quería que me hiciese suya. Yo siempre tengo el control, me gusta mandar, pero ser poseída por un hombre como era Jason era increíble… aunque yo nunca dejo de dominar en el fondo.
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Invitado el Dom Jun 21, 2015 11:11 pm

Los gemidos de una mujer durante el sexo eran uno de mis sonidos favoritos. No había mejor seguro de que estabas haciendo algo bien que que una mujer gimiese para ti con ganas y sin poder contenerse. Era música para mis oídos y por eso sabía muy bien como conseguir que gritasen.

Había pretendido atacar a Stella por todos los frentes. La había estimulado interna y externamente mientras la besaba, pero en mi experiencia, lo que de verdad hace que una mujer pierda el control es una lengua grácil en el momento y lugar apropiados. Y aquel tiempo y lugar eran los más apropiados. Después de que mis dedos hubiesen jugado en su interior al ritmo que ella me tocaba, mi labios bajaron de su boca por todo su cuerpo hasta llegar al lugar donde momento antes habia estado mi mano. No por eso dejé de usarla y cuando mi labios tocaron su zona pude ver como ella estaba más que dispuesta a recibirme de todas las formas posibles. Incluso, había tonteado un poco a la hora de penetrarla para que tuviese un pequeño anticipo de lo que le esperaba. Pero la paciencia es una virtud, y en cuanto a sexo se refiere, la anticipación y el crear las ganas son factores que considero imprescindibles. Lo que habíamos tomado solo incrementaba las sensaciones que de un modo normal también sentiríamos, pero con ayuda de aquellos polvos, estábamos teniendo lo más parecido a un sexo sobrenatural.

Mi lengua se entretuvo entre sus piernas mientras uno de mis dedos entraba y salía de ella. Recorrí con la punta de mi lengua toda la superficie de ella que estaba a mi alcance y succioné su clítoris mientras jugaba con él. La tenía agarrada con la otra mano por las nalgas pero su movimiento mientras la saboreaba era salvaje y fuerte por lo que yo la seguía obedientemente con mi boca para que no se perdiese ni un momento de placer. Su sabor era esquisito y momentos después de que yo hubiese comenzado noté claramente como su cuerpo se ponía tenso aunque no pudiera ver de ella más que su entrepierna. Sus piernas se pusieron en tensión y sus pies apretaron mis hombros. El climax se acercaba y yo estaba deseando que todo lo que ella estuviese dispuesta a darme se volcase en mi boca. Sus gemidos incrementaron su volumen y ritmo y con ellos también mi movimiento. Stella iba acelerando y con ella yo, buscando que llegase al climax de la mejor manera posible. Cuando sucedió, todo el calor de su cuerpo me innundó y noté como su interior palpitaba alrededor de mi dedo. Con la otra mano sobre su piel casi me parecía poder notar como la sangre corría por sus venas bombeada rápidamente por un corazón desbocado. El orgasmo de Stella había sido como una tormenta y cuando terminó, la calma me ofreció una satisfacción enorme.

Mientras ella se recuperaba, besé delicada y dulcemente el interior de sus piernas y las zonas colindantes, dándole tiempo a reponerse. Una mujer corriéndose era hermosa, pero cuando estaba agotada y confusa después lo era más todavía, era la satisfacción de un trabajo bien hecho hecha carne. Cuando vi que volvía a la normalidad, me levanté y me sequé la boca con el dorso del brazo. Ella, mucho más rápidamente de lo que yo esperaba, se levantó de la mesa y cambió las tornas, de modo que esta vez era yo el que quedó sobre la mesa. En nuestro baile de cambio de poder, aproveché para deleitarme con el tacto de sus nalgas agarrándolas con mis dos manos y apretando ligeramente. Miré sus labios con ojos ardientes justo antes de que me empujase quedando así yo tumbado sobre la mesa. Ella se subió sobre mi y me besó de nuevo. Mi miembro estaba rabiando por entrar en ella, por disfrutarla al máximo, pero Stella tenía otros planes. Bajó por mi cuerpo como había hecho yo antes hasta encontrarse con mi pene erecto. Con una mirada traviesa que me puso todavía más si es que eso era posible, su lengua empezó a recorrer la punta de mi miembro lentamente hasta que ella lo introdujo en su boca. Desde el primer contacto de su lengua con mi piel una descarga que empezaba donde ella tocaba recorrió todo mi cuerpo. Una de mis manos se agarró a un borde de la mesa con fuerza mientras la otra se apoyó en la propia cabeza de Stella acompañando su movimiento que poco a poco iba aumentando de velocidad.

Claramente Stella sabía lo que se hacia pues a cada subida y bajada suya yo recibía una nueva descarga de cada vez mayor intensidad mientras que sus manos recorrían mi torso. Pero no era de aquella forma como quería yo que acabase aquella situación, quería que aun durase para un par de movimientos más. Me dejé llevar un poco más por el placer que me estaba proporcionando pero en un movimiento impulsivo, me incorporé haciendo que su boca se separase de mi miembro y la cogí por las piernas de manera que quedase sujeta con las piernas por mis caderas y con los brazos por mi cuello. En aquella postura, mi miembro sabía exactamente que hacer y a donde dirigirse, por lo que entró límpiamente en ella. Me puse de pie con ella en brazos y la estampé contra una de las estanterías próximas haciendo que su contenido se tambalease. La embestí una y otra vez, saliendo y entrando de ella y recreándome en los detalles de cada nueva embestida. Aquello era todavía mejor que lo anterior, era el disfrute conjunto, sus gemidos y mis gruñidos en armonía. Por fin la estaba haciendo mia.
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Stella Moon el Mar Sep 29, 2015 11:21 pm

Estaba teniendo una de las mejores noches de mi vida. Yo era una persona que adoraba el buen sexo, y que disfrutaba muchísimo cuando lo encontraba. Había muchos ingredientes cruciales para el buen sexo, y esta noche había tenido la fortuna de tenerlos todos. En primer lugar, necesitaba al hombre perfecto. Jason era el hombre perfecto, no era ningún mindundi que pudiese encontrarse en cualquier esquina. Jason era guapo, interesante, tenía clase y estaba rodeado por un aura de peligro que lo hacía aún más atractivo e irresistible de lo que ya lo era a primera vista. Desde el primer momento en el que nuestras bocas se unieron y sus manos tocaron mi piel sentí cómo era capaz de transmitirme el más exquisito placer. Parecía que sabía perfectamente cómo hacerme explotar, y juntos nos adentramos en el centro de un huracán de placer.

Nos satisficimos el uno al otro. Después de que él, utilizando la magnífica destreza de su lengua, me hiciese sentir como que iba a desintegrarme y a fusionarme con todas las partículas del universo a causa de la sensación eléctrica que recorrió mi cuerpo entero sin piedad yo puse especial empeño y cuidado en satisfacerle de la misma forma, tomando su miembro en mi boca. Esa boca que en tantas ocasiones servía para matar ahora servía para dar placer, la dualidad de aquello me hacía gracia. Debía de ser a causa de las drogas que me había dado con la bebida de antes, que hacían que por mi mente pasasen todo tipo de pensamientos absurdos. No podía estar siquiera de que fuesen pensamientos reales, pues sentía como que mi mente se había convertido en un gigantesco tornado y todo estaba mezclado, y también todo estaba intensificado. Lo que más intensificado estaba eran las sensaciones. Oído, vista, olfato, tacto, sabor… y en este momento todos estaban centrados en Jason, aquel hombre era todo lo que percibían. Su fuerte y agradable olor de hombre mezclado con el aroma del sexo que nos impregnaba y que se percibía en el ambiente a nuestro alrededor, el sabor de su piel, el tacto de sus fuertes músculos bajo mis palmas y bajo las yemas de mis dedos, el sonido de sus gruñidos de placer, la imagen de su cuerpo perfecto… Todo me daba vueltas, todo se mezclaba, y a la vez todo estaba más claro y más intenso que nunca. Me encantaba.

Fui devuelta un poco a la realidad cuando de repente Jason me apartó de él con un movimiento muy repentino. La sensación fue la misma que cuando estabas contemplando una pompa que flotaba en el aire y de repente la pompa explotaba, pero no tardé en volver a ser arrastrada a las profundidades más excitantes de aquel torbellino de emociones y sensaciones en cuanto Jason me agarró haciendo que mis piernas rodeasen su maravilloso cuerpo de deidad mitológica y su miembro entró en mí más rápidamente que antes, haciéndome sentir llena y arrancándome un grito de placer que salió desde lo más profundo de mi ser. Me quedé inmóvil durante apenas un segundo mientras me acostumbraba al miembro de Jason, pero antes de que pudiese siquiera pensar en hacer nada él ya se había levantado mientras cargaba conmigo en brazos y me estampó contra un mueble que teníamos detrás. La salvaje embestida que Jason dio me arrancó otro grito de placer que hizo que temblase entera. Le rodeé con mis brazos, sujetándome a su espalda y a la parte de atrás de su cuello como si mi vida dependiese de ello. Jason comenzó a embestirme con la fuerza de un ejército entero intentando derrumbar las murallas de su peor enemigo, y mis murallas, por fuertes y altas que fuesen, iban derrumbándose a pedazos y rindiéndose ante el enemigo, pues cada vez que Jason entraba en mí sentía que me deshacía en el más exquisito placer. Dulce derrota… Pero su victoria sobre mí no iba a ser tan fácil, mis murallas eran fuertes y podían aguantar más, querían que las atacasen más. Su cuerpo chocó contra el mío con fuerza y a la vez mi cuerpo chocó contra el mueble a mis espaldas, sacudiéndolo con tanta fuerza que las cosas que antes se tambaleaban en las estanterías acabaron por caer y varias cosas se rompieron al golpear el suelo, dejando pruebas de nuestros salvajes actos en aquel lugar.

Sentía que se estaba creando un explosivo en mi interior, un explosivo que había siendo una simple granada y que había ido creciendo hasta convertirse en una mina y luego en una bomba y había continuado creciendo hasta convertirse en una bomba nuclear que estaba a punto de estallar. La única cosa que la protegía eran los muros que continuaban en pie, los muros que estaban cada vez más resquebrajados y más en pedazos y que Jason continuaba atacando sin piedad. Pronto mis gemidos de placer eran tan fuertes que no me sorprendería si pudiesen escucharse en el bar que habíamos dejado atrás y acompañaban a la perfección cada embestida y gruñido de Jason, creando una melodía bestial y melodiosa a la vez. Llegó el momento en el que mis muros no aguantaron más y mis fuerzas y mi voluntad me abandonaron completamente. Una de las embestidas de Jason por fin logró su propósito, y mis muros de gruesa y fuerte roca se derrumbaron y se convirtieron en dunas de arena. La bomba en mi interior ya no estaba protegida y estalló con una fuerza arrasadora. Mi grito de placer llenó nuestros oídos y la sala que nos rodeaba como si de la onda expansiva se tratase, y mi cuerpo tembló como si los propios cimientos de mi ser hubiesen sido destruidos por completo. Había estado agarrando a Jason con tanta fuerza que cuando llegó mi orgasmo no pude contenerme y mis uñas recorrieron su fuerte espalda, dejando un mapa de ríos largos y rojos en su piel.

Mi mente estuvo en blanco durante unos segundos, sacudida con la fuerza de una supernova. Fueron segundos protagonizados por el más exquisito éxtasis, pero cuando volví poco a poco a la realidad y volvía ser consciente de mí misma abrí los ojos y miré a Jason. Me sentía agotada pero a la vez más viva que nunca, mi cuerpo temblaba descontrolado pero estaba fuerte, y mis ojos brillaban reflejando todo el placer que me había hecho sentir. Jason todavía no había alcanzado ese punto al que yo ya había llegado gracias a él, pero podía ver en su rostro que no le quedaba mucho. Seguía invistiéndome con la misma fuerza y yo moví mis caderas para acompañar sus movimientos y ayudarle. No cerré los ojos esta vez, sino que le miré sin apartar la vista ni un segundo de él. Había algo deliciosamente íntimo y a la vez sucio en el hecho de mirar a alguien a los ojos durante estos momentos, observando cada cambio en su expresión provocado por el placer, cada gota de sudor que resbalaba por su frente, cada sensación que invadía sus ojos. Le besé en los labios, mordiéndole con fuerza de manera juguetona y salvaje mientras lo hacía. Con una mano me apoyé en el mueble a mis espaldas y me impulsé para hacer fuerza y obligar a Jason a retroceder. El se dio la vuelta y yo caí de espaldas sobre la mesa de antes con él encima de mí. Incluso su peso sobre mi cuerpo era placentero. Quería que hiciese conmigo todo lo que quisiera para obtener su placer al igual que yo había obtenido el mío.
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Invitado el Mar Oct 13, 2015 10:37 pm

Existen muchos tipos de mujeres distintas y a la gente le gusta decir que la personalidad es lo que las distingue, pero en momentos como el que yo y Stella estábamos viviendo eso no era lo importante. En momentos como este sabía que Stella era diferente al resto por lo que sentía al entrar dentro de ella. Los preliminares siempre suelen ser una delicia si la compañía es lo bastante buena como para darte ganas de tenerlos, pero la manera de saber si encajas verdaderamente con alguien, es penetrándola. Su sabor era único, así como sus gritos de placer y las vistas de su desnudez. Su piel tenía una textura especial. Pero joder, cuando al fin entré con toda mi fuerza dentro de ella, pude ver cuan única y especial era. Apretada, dulce y vigorosa. Suave.

Su boca había sido increíble después de que mi lengua hiciese su trabajo lo suficientemente bien como para dejarla agotada por unos segundos, pero quería más de ella y en momentos así estaba convencido de que nunca dejaría de querer más de Stella. Elevándola hasta que sus piernas se engancharon a mis caderas, la estampé contra una estantería en la que todo empezó a temblar con nuestro vaivén. Poco a poco las cosas que había dentro empezaron a caerse inevitablemente y a romperse, pero el sonido que producían aquellos tarros de cristal al deshacerse eran campanas lejanas para mi, el aderezo a la canción que el placer de Stella me estaba brindando, tan solo hacían la pasión más física, real y palpable. La droga hacía que tuviese la sensación de sentir como la sangre recorría sus venas. Casi podía verla. Intuía todo su precioso y perfecto sistema, tan vivo y activo como el mio, y sus cambios, según el placer, me volvían loco. La penetré una y otra vez, sintiendo a cada entrada en ella una descarga nueva al notar como sus paredes me abrazaban. Sus manos se aferraban a la piel de mi espalda y mi cuello y cuando llegó al clímax por segunda vez, noté como sus uñas se clavaban en mi piel haciéndome sentir enormemente poderoso. Adapté mi ritmo a lo que su cuerpo me pedía para que disfrutase al máximo de su momento álgido, y disminuí cuando terminó para que descansara.

Pero ella no parecía necesitar demasiado tiempo para recuperarse, porque segundos después empujó el mueble que tenía a su espalda de manera que yo tuve que retroceder. Podía haberme dejado llevar y haber caído al suelo sin más, dejando que ella se adueñase de la situación y me utilizase como quisiese, pero me gusta pelear y llevar el control. Giré de tal manera que ella volvió a quedar en la mesa en la que habíamos estado antes. Me eché sobre ella con todo mi peso hasta que su espalda tocó fria madera mientras me rodeaba con sus brazos y sus piernas, pero no tardé en deshacerme de su abrazo. Me incorporé, teniendo así una visión espectacular del cuerpo de Stella en su totalidad, abierta de piernas y tendida ante mi. Dejé sus piernas en mis caderas y la sujeté por las nalgas con una mano mientras con la otra iba a tocar uno de sus pechos. No iba a permitir que se irguiera, aquella postura me parecía propicia para ese momento, por lo que mi velocidad aumentó, así como mi fuerza. Las corrientes que sentía en mi miembro cada vez que entraba en ella se incrementaban cada vez más y no tardé en sentir como una especie de bola de energía contenida en la base de la garganta. Me sentía pletórico, orgulloso y poderoso. Ella estaba allí, tendida ante mi, dispuesta a darme lo que le pidiese mientras que yo la embestía una y otra vez. Hundido en esa visión de cierta sumisión, noté como mi propio orgasmo llegaba. Como si la bola de energía que se había formado en mi garganta estuviese bajando por mi pecho y la boca de mi estómago hasta llegar mi miembro. Y entonces, reventó. Todo mi cuerpo se quedó rígido por unos segundos mientras se desbordaba dentro de ella. La apreté inconscientemente más de lo que había hecho hasta el momento y a pesar de saber que ella me miraba directamente a los ojos, los cerré de puro placer. Mi boca se entreabrió, pero no salió de ella más que todo el aire que contenían mis pulmones, ni un solo sonido.

Por un momento, me había quedado placenteramente sin oxígeno y cuando pasó, mis pulmones lo recibieron de nuevo como si estuvieran en combustión. El aire pasaba por mi garganta como si fuera gasolina y mi cuerpo un motor. Mi pecho se hinchó y me sentí pleno mientras abría los ojos y miraba a la belleza escultural que tenía ante mi. Sonreí a Stella, en ese momento la veía totalmente perfecta... Después de unos segundos, buscando reponerme un poco, salí de ella lentamente, casi con pereza, como si no quisiera despegarme de ese confortable lugar donde estaba metido, y me tumbé a su lado. Cogí una de sus manos, entre jadeos, y la besé. Yo nunca besaba en la boca a las mujeres después de tirármelas, era un gesto que me reservaba por si existía alguna que me enamorase.

Tardé unos minutos de silencio y cortesía al lado de aquella morena espectacular mientras ambos nos reponíamos de lo que acababa de pasar. La cabeza me daba vueltas pero la sensación de euforía y felicidad producida por la droga solo había comenzado a desaparecer así que aun se mantenía casi en su plenitud.- Tengo la sensación de que todo el bar nos ha escuchado- dije con una sonrisa y un guiño mientras me incorporaba de aquella mesa. Miré a mi alrededor y vi que lo que contenía la estantería en la que nos habíamos apoyado estaba destrozado, así como un par de cosas más por el suelo. Cogí mi ropa y me vestí con tranquilidad, deleitándome en los detalles como siempre hacía, y cuando recuperé mi varita, hice un simple gesto que hizo que todo lo que habíamos roto volviese a su estado y lugar original.- Deberíamos irnos de aquí antes de que vinieran a buscarnos- dije levantando una ceja y con una sonrisa pensando en lo gracioso que sería ver ahora a mi amigo entrar a por nosotros y ver yo me había beneficiado a la mujer a la que él había hechado el ojo. Esperé a que ella estuviese lista y le tendí un brazo para salir agarrados de allí. Cuando nos fuimos, solo el olor a sexo que había impregnado la habitación, nos delataba.
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