Situación Actual
21º-14º // 3 diciembre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Einar G.Mejor PJ ♂
Coraline M.Mejor PJ ♀
Katherine M.Mejor User
Circe M.Mejor roler
Seth B.Estrambótico
Edgar B.PJ REVELACIÓN
Ash & CirceMejor dúo
Valarr K.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

Another brick in the wall [Christopher Höhner]

Katerina S. Howland el Miér Nov 26, 2014 2:51 pm

¡Por fin iba a ver a Pink Floyd en directo! Me había pasado el día de un lado a otro sin parar, demostrando al mundo lo emocionada que estaba. De hecho, si mis compañeros de piso me aguantaban aquel día por completo habrían superado la prueba final con creces. Probablemente habían escuchado el disco entero de The Wall unas cinco veces seguidas, lo que sumado con mi voz angelical y los animalitos correteando de un rincón a otro contagiados por mi hiperactividad hacía de aquel lugar una casa de locos. - There is no pain you are receding, a distant ship smoke on the horizon. You are only coming through in waaaaves. - ¿Cuántas veces me había mirado al espejo? Era una buena pregunta. De vez en cuando entraba de sopetón en la habitación de Drake y lo levantaba de la silla para bailar con él recorriendo toda la habitación para luego volver a irme sin previo aviso, a mirarme de nuevo al espejo e imaginar que yo era David Gilmour haciendo un solo de guitarra y con los aplausos del público de fondo. Parecía que había perdido veinte años del sopetón y lo mejor de todo era que me sentía como tal, aunque lo cierto era que rara vez me sentía como una mujer de cuarenta años. Era una niña encerrada en un cuerpo de mujer, condenada a pasar el resto de mis días preocupándome por cosas de mayores.  

Había quedado con Christopher en que yo lo pasaría a recoger, ya que el plan para él era una sorpresa. Yo me había encargado de comprar las entradas y por tanto lo mejor era que fuera yo a buscarle a su casa. Aquella noche ejercería de macho de la relación. Aunque no tuviéramos ninguna relación, eso daba igual, sería el macho de todas formas. Tras el concierto de Chopin habíamos hablado lo de volver a quedar y al recordar que el concierto de Pink Floyd sería pronto me había hecho ilusión hacerme cargo de todo. La música clásica estaba bien, me gustaba, pero no podía compararse a un concierto de Pink Floyd, ni de lejos. Con todos aquellos pensamientos cogí mis cosas, incluído un anillo de Batman que Drake me había regalado en la última Navidad y salí pitando, no sin antes dedicarles una frase a mis queridos compis de piso. - Remember when you were young, you shone like the sun, shine on you crazy diamond, now there's a look in your eyes, like black holes in the sky, shine on you crazy diamond. - Y desaparecí.

Un rato más tarde me encontraba tocando a la puerta del que sería mi querido acompañante en una noche que tenía pinta de que iba a ser espectacular. Di dos toques en seco y otros dos seguidos, los mismos que había usado la última vez que quedamos y esperé pacientemente, con la vista fija en la puerta. Aquella interesante puerta. De color marrón y con dibujitos extraños alrededor de la mirilla. Y con unas formas curiosas de col... - ¡Hola! ¿Preparado para divertirte? - Le pregunté con una sonrisa de oreja a oreja, haciendo referencia al día en que nos habíamos visto en su despacho por primera vez después de muchos años. - No es por ir de sobrada pero... el plan te va a encantar. - Le guiñé un ojo con diversión y le hice una seña con la cabeza para comenzar a caminar. No obstante, antes de ponernos en marcha volvió adentro unos segundos y cogió de una especie de perchero una chaqueta de cuero que, sinceramente, le quedaba demasiado sexy.

Nos pasamos el camino hablando de chorradas varias, mientras intentaba sonsacarme a dónde nos dirigíamos. - ¡Ya te he dicho que es una sorpresa! No insistas o acabaré por buscarme otro acompañante. - Bromeé. Obviamente no cambiaría aquella compañía por nadie del mundo. Cuando me enteré de que se iba a hacer el primero en el que pensé fue en Drake, pero al final me había decidido por ir con Christopher, ya que lo veía bastante menos (lógicamente) y tenía muchas ganas de recuperar el tiempo perdido. Una vez llegamos a un lugar en el que no había gente, le pedí su mano y ambos nos desaparecimos, llegando en cuestión de segundos al lugar indicado. - ¡Hemos llegado! - Le anuncié, señalando al espectacular lugar que estaba frente a nosotros. Multitud de pancartas con frases dirigidas a los componentes del grupo llenaban el lugar, por lo que Christopher no tardó mucho en averiguar de qué se trataba. Por su cara y su reacción estaba claro que había acertado, por lo que, un poco más tranquila en parte y un poco más hiperactiva si cabía por otra parte, di un par de saltitos mientras me acercaba a la cola, invitándole con la mirada. - ¡Vamos a hacer cola! A ver si tenemos suerte y podemos ponernos relativamente cerca. - Solo quedaba eso, si conseguíamos quedarnos a una distancia razonable del escenario podría considerarlo como misión cumplida y con éxito rotundo, si no, tampoco pasaba nada, la intención era lo que importaba y con verlos desde lejos me conformaba. Lo importante era pasárselo bien y olvidarse de todo por aquella noche, lo cuál a mi no me resultaría en absoluto complicado.

'Lugar en el que estamos':







'Ropita Very Happy':




avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Evangeline Lilly
Edad del pj : 37
Pureza de sangre : Mestiza
Lealtad : Albus Dumbledore
Mensajes : 117
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Christopher Höhner el Jue Nov 27, 2014 1:25 am

Christopher tenía planeado pasarse toda la mañana del sábado entrenando, para después almorzar y tener tiempo de sobra para sus quehaceres antes de quedar con Katerina. Sin embargo, todos sus planes mañaneros fuero pospuestos, debido a que tuvo que pasarse más tiempo en Hogwarts del que le hubiera gustado. Alexandre estaba actuando como una adolescente prepotente, de esos que se creen que siempre tienen razón y de los que poseen más carácter que razonamiento. Christopher tuvo que hablar detenidamente con algunos profesores sobre el comportamiento de su hijo, además de ser el encargado de imponerle el castigo pertinente por sus acciones rebeldes.

Finalmente, tras todo eso, llegó todavía más tarde a clase por una charla que había tenido personalmente con Albus Dumbledore, robándole un preciado tiempo que probablemente fuera importante. Christopher había aceptado ser profesor de Defensa contras las Artes Oscuras, entre otras cosas, para intentar volver a unir esos lazos entre padre e hijo que de alguna manera de rompieron. No obstante, ya ha sido suficiente tiempo como para darse cuenta de que Alexandre se había vuelto mucho más insoportable desde que Christopher estaba allí. Tras mucho meditarlo, la decisión de dejar el puesto le parecía la mejor opción. Volvería a trabajar en el Ministerio y le dejaría un respiro a su hijo, con intención, o más bien con la esperanza, de que cuando volviera a casa en las fechas vacacionales, fuera con más emoción.

Por esas razones, Christopher llegó justo a tiempo a su casa para ducharse y prepararse. En otras ocasiones podría pasar, pero no iba a perder una cita con su amiga Kate por culpa de las acciones rebeldes y las llamadas de atención que Alexandre hacía en el colegio. Se pasaría la noche ayudando a Filch a limpiar retretes y se le bajarían los humos de superioridad. Además, Christopher estaría demasiado ocupado disfrutando de la compañía de unas de las mejores personas que conocía como para estarse preocupando de su hijo.

Se duchó y ni tiempo le dio a afeitarse. Se echó el desodorante y justo sonó la puerta. Se apresuró en acercarse a la puerta en algunos rápidos pasos y la abrió, sonriente.

- ¡Hola!

Saludó igual de emocionado, imitándola con un gesto burlesco pero inocente.

- Cualquier idea, viniendo de ti, está claro que va a encantarme. Vas muy guapa, ¿voy adecuado para el misterioso plan?

Le preguntó, antes de retroceder un poco para coger del perchero una chaqueta de cuero, sencilla pero suficiente como para no morirse de frío. No sabían a dónde iban, pero en Londres en cualquier sitio hacía frío, por lo que mejor ir precavidos. Estaba vestido con unos vaqueros y una camisa clara de pico, además de tener puesto –como de costumbre- aquel collar que Alicia le había dado. Desde su muerte no se lo había quitado.  

Empezaron a caminar y Christopher intentó sonsacarle a Kate la finalidad del plan. No por otra cosa que por la curiosidad, mas no le importaba lo más mínimo dejarse llevar por ella a cualquier sitio.  Le tendió su mano cuando se la pidió y ambos se desaparecieron, apareciendo justo delante de uno de los estadios más grandes que había en Londres. El profesor observó a su alrededor y pudo observar las grandes pancartas de los fanáticos con el nombre del grupo que venían a ver.

Miró a Kate de reojo, humedeciéndose los labios en una sonrisa.

- ¿Pink Floyd, eh? ¿Te había dicho que me encantan?

Preguntó tras seguirla hasta la cola. Habían quedado bastante desde la primera vez y entre ambos habían intercambiado bastante información, pero no recordaba haberle dicho su gusto por ese grupo. Aunque seguramente lo hubiera dejado caer como un dato totalmente irrelevante en alguna ocasión.

- Tenías razón, lo que es el plan, me encanta. ¿Desde cuándo tienes las entradas?

Preguntó curioso, pues un concierto como aquel debía de haber sido difícil de conseguir entradas en el último momento. Decidió buscar el momento para contarle que había dejado el puesto de profesor libre, pero en aquel momento no pudo.

Escuchó a lo lejos a un hombre con un megáfono llamando a todos aquellos que tenían entrada de pistas para hacer una nueva cola. Kate sujetó la mano de Christopher y tiró de él a dicha fila, colocándose una posición decente en comparación a dónde estaban. Sonrió al ver la emoción de Kate. Le encantaba simplemente por eso; siempre tan emotiva, tan feliz y llena de vida. Desde hacía tiempo Christopher no sentía nada de eso en su vida y quedar con ella le recordaba todo lo bueno que había todavía ahí fuera. Su sonrisa era contagiosa y su compañía la mejor que había tenido en muchísimo tiempo. Le medio abrazó cariñosamente de lado, pasando su mano por sus hombros.

- ¿Y qué tal estás? Hace tiempo que no nos veíamos y eso que trabajamos en el mismo sitio.

Soltó una pequeña sonrisa triste, aprovechando para soltarla.

- Aunque hablado de trabajo… yo sí tengo nuevas.

Comentó, poniendo su mano en la cintura dulcemente para incitarla a caminar hacia adelante, pues la fila avanzaba.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Hugh Jackman
Edad del pj : 40
Pureza de sangre : Mestizo
Lealtad : Neutral
Mensajes : 92
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Katerina S. Howland el Lun Dic 01, 2014 11:44 pm

Había estado esperando aquel día con impaciencia y tenía pensado aprovecharlo al máximo, tanto del concierto de uno de mis grupos favoritos como de la compañía, que en este caso se trataba de Christopher. Realmente no recordaba que me hubiera nombrado a Pink Floyd en algún momento, pero algo me decía que tenía que gustarle. Era un hombre con estilo al que parecía gustarle la buena música, así que si era así por fuerza tenía que gustarles. Me había arriesgado, sí, pero con motivos más que suficientes.

Me sentía realmente cómoda en aquel ambiente. De vez en cuando incluso saludaba a algún que otro conocido bastante animada, presentándole a Christopher rápidamente: "Este es Christopher. Nos vamos. Adiós" Literalmente. A pesar de que aún quedaban dos horas para que comenzara ya se podía respirar en el ambiente aquello que se respiraba en los conciertos. Era una especie de sentimiento común, unidos por la pasión hacia un mismo grupo, definitivamente me encantaban aquellos momentos. De vez en cuando miraba a Christopher con ojos aniñados y sin perder la sonrisa ni un instante, yendo de un lado a otro como si fuera la primera vez que salía a la calle y veía mundo. Aunque a decir verdad tampoco estaba muy lejos de la realidad, por motivos que no quería recordar llevaba bastante tiempo sin salir de casa, por lo que aquello era aún más especial para mí si cabía.

- Pues desde no hace mucho, la verdad es que tuve suerte. La procrastinación es lo que tiene... - Comenté sonriendo, mientras buscábamos entre la multitud el lugar en el que debíamos ponernos para entrar. Nunca había ido a ningún concierto en aquel lugar y estaba algo desorientada, aunque no me preocupaba demasiado por ello.

A menudo la gente se sacaba fotos aleatorias con gente random. A nosotros dos nos tocó posar varias veces e incluso yo misma me acoplaba a algunas, la verdad es que era algo bastante gracioso. Una vez decidí parar un poco y permanecer en la cola fue cuando Christopher y yo tuvimos un rato para charlar. Hacía un tiempo que no nos veíamos y probablemente, sobre todo él, tuviera noticias que contarme, las cuales estaba deseando escuchar. Por algún motivo la vida de Christopher me interesaba más de lo usual, por lo que prestaba más atención que de costumbre, a pesar de estar tan alterada por el concierto y demás distracciones. - Estoy bien. - Contesté, tratando de ser convincente. La verdad era que había pasado una de las peores épocas de mi vida. - Estos días he estado bastante ocupada con los chicos. - Así era como me refería a los alumnos de Hogwarts, costumbre. - En realidad estoy bastante motivada últimamente, parece que finalmente estoy consiguiendo contagiarles un poco de mi pasión por las estrellas. -  Le conté despreocupadamente, mientras de vez en cuando dábamos un par de pasos hacia delante.
Eso no era mentira. Por suerte mis facultades como profesora estaban dando sus frutos, lo que me producía un sentimiento muy gratificante. Sin embargo él sí que parecía tener noticias de verdad. - ¿Qué ocurre? ¿Hay algún problema? - Me interesé, mirándole con curiosidad desde abajo, ya que era unos centímetros más alto que yo. Mientras, en mi cabeza comenzaron a barajarse diferentes opciones. Lo peor que podría haber pasado era que le despidieran, cosa que descartaba casi completamente, ya que Christopher era para mí uno de los magos más capacitados para enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras, además de que siempre había conseguido resultados exitosos, o al menos eso tenía entendido, por lo que la idea de que Dumbledore le despidiera era cuanto menos improbable. - ¡Dime! ¡Que me tienes en ascuas! - Le pedí, ya que había parado de hablar para seguir caminando hacia delante.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Evangeline Lilly
Edad del pj : 37
Pureza de sangre : Mestiza
Lealtad : Albus Dumbledore
Mensajes : 117
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Christopher Höhner el Mar Dic 02, 2014 3:20 am

El profesor se quedó impresionado de que la joven conociera a tanta gente en la cola de un concierto como aquel. Por parte del profesor, se relacionaba con los muggles justos y necesarios, no por ninguna razón clasista o pensamiento retrógrado, sino porque la gran mayoría de sus amistades eran de su círculo laboral o familiar, todos mágicos. Pero Kate no, Kate saludaba a algunas personas que, a menos que también fueran magos con gustos particulares, eran muggles con los que se llevaba muy bien.

Así mismo, le impresionó y admiró el hecho de que nombrara la procrastinación. Se parecía mucho a Rose respecto a eso, sólo que por desgracia ella no pudo dedicar su vida a procrastinar cuando se quedó embarazada. Por un motivo u otro, tuvo que sentar cabeza. Kate había tenido la suerte de poder dedicar su vida a vivirla enteramente como más le hubiera gustado.

- ¿La procrastinación, eh? Cuando conocí a Rose también se dejaba llevar por la famosa procrastinación, yo sin embargo siempre he sido hombre de planes y fechas. ¿Todos tus viajes los has dejado a merced de procrastinar?  

Preguntó curioso, pues si la respuesta era afirmativa tendría toda la admiración del profesor. ¿Quién los compararía? Un hombre serio que para hacer un viaje organiza hasta el más mínimo minuto y una mujer que probablemente fuese a un país totalmente distinto sólo con una mochila. No iba a negarlo, Christopher no veía dicha opción como algo descabellado, simplemente arriesgado. No por ello malo. Incluso parecía excitante.

Cuando por fin asentaron un lugar permanente en la cola, Christopher le preguntó a su acompañante de aquella noche sobre su vida. A pesar de ser amigos y de trabajar juntos, pasaban poco tiempo juntos de manera íntima, en dónde poder preguntarse banalidades e informarse sobre la vida del otro. El profesor esperaba que haberse ido de Hogwarts no repercutiera en su relación con ella.

- Sabiendo lo hiperactiva que te pones con algunos temas, como seas la mitad de pasional a la hora de explicar las clases como de explicarme a mí algunas cosas, es normal que les contagies.  

Confesó. Y es que Kate tenía esa labia nata de motivarse hablando de cualquier tema aunque fuera el tema más absurdamente ridículo del universo. Aun así, tu prestabas atención, ya que su manera de expresarse era bastante cómica y atrayente.

Después de eso, Christopher dejó caer que él si tenía nuevas respecto a lo que el trabajo se trataba. No era malo, siempre y cuando lo mirases desde la perspectiva de Christopher. Pero bueno, él veía cualquier perspectiva buena siempre y cuando su hijo estuviera mejor. Y durante todo un año ya le había quedado claro que con él impartiéndole clase no era la mejor manera. El profesor sonrió de medio lado cuando la chica volvió a insistir.

- He dejado el empleo.  

Dijo para empezar, más que nada para ver su primera reacción ante la noticia.

- No me han echado y la verdad es que me gustaba bastante impartir docencia en Hogwarts, pero creo que estaré mucho mejor en el Ministerio, donde ya he conseguido trabajo. Además de que lo último que quiero es atosigar a mi hijo. Ya sabes que nuestra relación no es precisamente la mejor entre padre e hijo.

Explicó, rascándose levemente la nuca. Bajó la mirada y tras suspirar volvió a clavarla en los ojos de Kate. Él sabía que había tomado la decisión correcta, la había discutido con la única mujer que conocía perfectamente tanto los deseos del profesor como la situación entre padre e hijo: su hermana. Y la verdad es que su "aprobación" era bastante como para darle el empujón a Christopher a cambiar su vida nuevamente.

- Vas a tener que sacar más tiempo para verme. No quiero estar otros quince años sin saber de ti.

Concluyó finalmente, caminando inconscientemente hacia adelante mientras la cola caminaba. La verdad es que no estaba prestando atención a cuánto quedaba para llegar al final.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Hugh Jackman
Edad del pj : 40
Pureza de sangre : Mestizo
Lealtad : Neutral
Mensajes : 92
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Katerina S. Howland el Mar Dic 09, 2014 2:24 pm

Me encantaba hablar sobre todo. Cualquier tema del cuál pudiera sacar provecho y estar hablando horas y horas seguidas me gustaba y me entretenía, pero si había algo de lo que me apasionaba compartir ideas y vivencias eran los viajes. Me parecían lo más increíble del mundo. Era sensacional la forma en la que viajar por numerosos países cambiaba a una persona, siempre para mejor, por supuesto. Siempre lo consideraría la mejor decisión de mi vida. – Así es. Un buen día cogí una mochila con lo indispensable y cogí el primer vuelo que salía nada más llegar al aeropuerto. Tenías que haber visto la cara de mis padres.  – Desde luego no había sido fácil. Mis progenitores habían sido tradicionales de nacimiento y esperaban de mí una vida más convencional, como la suya. Esperaban que encontrara un chico de provecho y tuviera retoños con él, asentando así la cabeza (cosa que nunca habían conseguido con sus propios medios) y que viviera una vida familiar típica y poco compleja  pero yo no estaba dispuesta a conformarme con tan poco. Siempre había pensado que en la complejidad se encuentra la esencia de las cosas, vivir no tenía sentido si todos seguíamos unas pautas marcadas e irrefutables. Al fin y al cabo, ¿qué gracia tenía sin un poco de riesgo? – En aquel entonces ya sabía aparecerme, pero me parecía muy aburrido hacer las cosas de ese modo. En realidad yo tengo alma de muggle. – Bromeé con una dulce sonrisa. – Y no me arrepiento en absoluto. – Proseguí, ya me había dado cuerda, así que no había marcha atrás. – El primer destino fue la India, y tengo recuerdos preciosos de aquel corto pero intenso viaje. Ya luego a partir de ahí fui zumbando de un sitio a otro, sin un rumbo fijo pero con una idea y un objetivo claros: Disfrutar. – En parte no me extrañaba que Christopher estuviera tan sorprendido por la forma en que había decidido encausar las cosas. En cierto modo me recordaba un poco a mis padres. Parecía alguien organizado y cauteloso, seguramente la procrastinación no era mucho de su agrado a aquellas alturas de su vida.

Una vez decidí dejar el tema (POR EL MOMENTO), tomé como un cumplido lo siguiente que me dijo, haciendo que sonriera. Solía sonreír a menudo, por cualquier cosa, pero Christopher era capaz de hacer que sonriera aún más si era posible, me sentía realmente a gusto con su compañía. Durante aquella amena conversación, las luces y la música me distraían de vez en cuando, pero cuando soltó aquella frase mis ojos se abrieron como platos y sin ocultar mi sorpresa ante la noticia le miré como si me hubiera dicho que venía de Saturno. - ¿En serio? – Sí, necesitaba una confirmación, aunque no pensaba que estuviera bromeando. - ¿Por qué? ¿Pasó algo? – Por un lado estaba triste, ya que saber que lo tenía tan cerca a diario me animaba en ocasiones, pero por otro lado supuse que lo habría hecho por alguna razón lógica y coherente, así que por otra parte estaba tranquila. – Claro… - Lo del hijo era cierto, era probable que en un chico como él tener al padre tan cerca no le sentara bien en absoluto, era una pena, pero lo entendía. – Lo entiendo perfectamente. Bueno, yo no tengo hijos, pero me imagino que si fuera tú haría lo mismo. – Si él pensaba que era lo mejor le apoyaría sin lugar a dudas. – El resto de los chicos han perdido uno de los mejores profesores de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero si con eso tu hijo se siente mejor y con ello vuestra relación mejora habrá valido la pena. – Ya sabes que si necesitas cualquier cosa puedes contar conmigo.

Ambos nos miramos y un atisbo de ternura se dibujó en los ojos de su amigo. – No permitiría que eso volviera a ocurrir. – Le saqué la lengua en modo cariñoso y le di un leve empujón hacia un lado con el hombro para molestarle un poquito. – Además, ¿qué harías tu sin mí? ¿Perderte los conciertos de Pink Floyd? Eso es inadmisible. – Reí animada y le miré ilusionada cuando por fin llegamos a la entrada del recinto, donde un guardia con cara de pocos amigos nos pidió las entrada y tras revisarlas nos dejó entrar. - ¡Vamos Christopher! – Le grité, ya que me había echado a correr para coger los sitios más cercanos. El resto de la gente hacía lo mismo nada más entrar al recinto, por lo que aquello se había convertido en una batalla campal por conseguir los mejores puesto desde donde disfrutar del espectáculo.

El lugar que habíamos conseguido era espectacular, desde aquella distancia podríamos disfrutar de todos los detalles del concierto y ver de cerca uno de los grupos más míticos de la historia. - ¿Nervioso? – Le pregunté, dando saltitos de un lado a otro. – Yo estoy muy tranquila. – Era evidente que no, por lo que ambos reímos. Tras un rato que se pasó rápidamente, un sonido nos alertó a ambos, cortando nuestra conversación. Comenzaban a sonar los primeros acordes de Another Brick in The Wall, mi corazón latía vertiginosamente, agarré a Christopher de unos de los brazos y de pronto aparecieron, cada uno con sus instrumentos y con enormes sonrisas, saludando al público. Grité como una esquizofrénica, como el resto de los allí presentes y en cuestión de segundos nos encontrábamos moviéndonos y cantando al son de la primera canción de la noche. A penas había comenzado todo y ya estaba siendo un momento inolvidable, así si daba gusto vivir.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Evangeline Lilly
Edad del pj : 37
Pureza de sangre : Mestiza
Lealtad : Albus Dumbledore
Mensajes : 117
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Christopher Höhner el Vie Dic 12, 2014 11:14 pm

Sin poder parar de sonreír, prestó atención al primer acto de procrastinación de Katerina. Era increíble la cantidad de valentía que debía de tener para poder hacer eso, irse a un país totalmente distinto, desconocido, sola y sin una pizca de orden por tu parte. Eran magos, las cosas eran mucho más fáciles poseyendo una varita, pero aun así, debió de haber pasado por incontables experiencias que para otras personas, son meramente inalcanzables por su método de vida. Christopher entre ellos; se había acostumbrado a ser un hombre encasillado, uno de esos hombres que se habían acomodado en lo sedentario.

- Créeme que puedo llegar a hacerme una idea de la cara que se le quedaron a tus padres.  

Continuó escuchando a su amiga, caminando en la cola con un ritmo mucho más rápido, debido a que ya estaban dejando entrar a todo el mundo. Christopher puso un mohín divertido ante lo que le contaba su amiga. Lo cierto era que así lo parecía; Kate tenía todo aquello que un mago podría conseguir de un muggle, era la típica “traidora de la sangre” que tantos magos oscuros repudiaban. Christopher en cierta época de su vida –cuando era joven- podía llegar a pensar así, pues en Durmstrang te pervierten la mente de estupideces como esas, pero en esta ocasión no podía encontrar nada más lógico y puro que un mago que fuese capaz de vivir con las grandiosas ventajas de ambos mundos.

- Aparecerse en un sitio que no conoces no suele ser muy prudente tampoco.

Abrió los ojos sorprendido. La india… le tenía envidia, pero envidia sana.

- Yo nunca he salido de un rango pequeño de Europa, sin contar cuando apenas teníamos veinte años que después de graduarnos fuimos a Australia Rose y yo.

Christopher continuó la conversación decidiendo contarle que había dejado el empleo, dudó entre decírselo ahora o decírselo después del concierto, pero decidió que entre antes se lo quitase de encima mejor, y así no tendría que dar ninguna noticia o explicación más bien sombría después de un concierto como el que estaban a punto de ver. El motivo principal de haber dejado el trabajo era su hijo, pero sin duda no era lo único que le había empujado a hacerlo. Habían más factores que habían ayudado a tomar su propia decisión, factores que ahora mismo estarían fuera de lugar.

- Después de tantos años no sé si mejorará exponencialmente, pero con que mejore lo mínimo me habré sentido realizado. Es sólo cuestión de tiempo.

No se le antojaba como una buena idea el hecho de irse porque había sido el único sitio dónde había vuelto a ver a Katerina y, quiera o no, en Hogwarts era una de las profesoras con las que más tiempo pasaba. Al irse, temía la posibilidad de no volver a tener ese roce y estar, otra vez, tantos años sin verse.

- Oh, claro… los conciertos de Pink Floyd. Me convertiría en un hereje sin ti, no puedes permitírmelo.

Esbozó una divertida sonrisa, llena de dulzura y encanto. Fue entonces cuando sintió un tirón verbal para apresurarse a entrar al recinto. Observó como Katerina había empezado a correr y él no pudo evitar sonreír y negar con la cabeza. Al ver que algunas personas le adelantaban, se puso manos a la obra y aceleró el paso para alcanzar a Katerina. Llegó a su lado tras unos segundos y se colocó a su lado, escuchando sus hiperactivas preguntas.

- Sí, nervioso por perderte en la multitud. Deja de corretear…

Dijo divertido, sujetándola de los hombros cariñosamente de manera que, cuando salieron aquellos fantásticos músicos, Christopher se encontraba detrás de Katerina con las manos suavemente apoyada en sus hombros. El concierto empezó con un fogonazo luminoso, acompañado de ese grito característico de esta famosa canción. Acto seguido, todos los allí presente acompañaron al cantante en el coro cuya letra se sabía casi todo el mundo. Christopher no cantaba, no le gustaba, simplemente permanecía quieto, observando aquella magnífica puesta en escena mientras se movía al ritmo de la música, simplemente sintiéndola. Aun así, no podía evitar sonreír ampliamente al desviar la mirada hacia Kate y verla increíblemente feliz cantando aquella canción.

Los minutos pasaron muy rápidamente y apenas intercambiaron palabras Christopher y Kate, puesto que era imposible debido a la música tremendamente alta. Cuando hablaban, era como si le estuvieras gritando al otro en el oído, por lo que finalmente desistieron en su tarea de comunicarse allí dentro. Pasó una hora, incluso hora y media. Los cantantes estaban empapados de sudor y cansancio, pero tras una increíble pesadez por parte de todos los que allí se encontraban, los músicos decidieron deleitar a sus fanes con una última canción. Nada más ni nada menos que la favorita de Christopher: Comfortably numb. Le encantaba. Para él, esa canción lo tenía todo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Hugh Jackman
Edad del pj : 40
Pureza de sangre : Mestizo
Lealtad : Neutral
Mensajes : 92
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Katerina S. Howland el Mar Dic 16, 2014 12:53 am

Obviamente había bromeado cuando le insinué que no volveríamos a perder el contacto, dando a entender que Christopher no podría hacer muchas de aquellas cosas sin mí. Era evidente que Chris no dependía de mí en ningún aspecto, no obstante, debía admitir que a aquellas alturas yo sí que notaría su ausencia. A pesar de que habíamos vuelto a recuperar el contacto desde hacía poco tiempo, para mí Christopher ya suponía una parte importante de mi día a día. Tenía muchos amigos, pero pocos me transmitían la confianza y el bienestar que me transmitía su sola presencia. De algún modo era como volver al pasado y eso producía en mí cierta añoranza, un sentimiento que sin duda me gustaba. Lógicamente las cosas ahora eran completamente distintas. Antaño era raro ver a Christopher sin la presencia de Rose, aunque aún así siempre lo admiré de alguna forma. Probablemente todo lo que solía contarme mi amiga sobre él tuviera mucho que ver. En definitiva, volver a perder el contacto con él ahora no resultaría una catástrofe, es cierto, pero también lo era que no tardaría mucho tiempo en echarle de menos.

Por ello, la noticia de que había dejado el empleo en Hogwarts no me preocupó en exceso, ya que podríamos quedar de todas formas sin ningún problema, o al menos eso esperaba.

El tiempo en la cola pasó rápido, hasta que por fin nos encontramos en el lugar desde donde disfrutaríamos del concierto.
Era gracioso verme de un lado a otro, como un niño esperando los regalos de cumpleaños, pero es que realmente me sentía así. Y no me avergonzaba, me sentía orgullosa de preservar algo de mi niñez aún con treinta y siete años. ¿Por qué iba a avergonzarme de mostrar mi felicidad? No entendía a los adultos que no mostraban sus emociones solo por guardar las apariencias.

Aunque Chris por una parte era serio no pensaba en que fuera como esos adultos estirados. Yo conocía la parte divertida de aquel hombre aparentemente callado y serio, pero no debía ser fácil sonreír tras pasar tantas cosas como había pasado él. En parte mi objetivo siempre que quedaba con él era que se desmelenara un poco y no había mayor satisfacción para mí que conseguirlo, aunque solo fuera un poco. Devolver al presente al Christopher del pasado era una delicia en todos los aspectos.

Tras unas diez canciones, cada una más emocionante y motivante que la anterior, pronto (o al menos desde mi punto de vista) el concierto llegó casi a su fin. Todo el público (incluída yo) mostraba su tristeza, pero es que, seamos sinceros, si fuera por nosotros los tendríamos a los pobres toda la noche tocando sin parar, y no era plan. Así que decidí simplemente disfrutar al máximo de la última canción, que no podía ser otra que Comfortably Numb. - Hello, is there anybody in there? Just nod if you can hear me. Is there anyone at home? - Un sinfín de sentimientos y recuerdos se agolparon de repente en mi pecho. Mis padres, mis innumerables viajes, Alicia... Sin darme cuenta y totalmente de forma inconsciente acabé dándole la mano a Christopher mientras ambos disfrutábamos de los últimos minutos del concierto y de aquel maravilloso espectáculo difícilmente superable.

Y entonces no pude evitarlo. Toda la adrenalina que había soltado desde la primera canción se transformó sin previo aviso en una melancolía enorme, que provocó que mis ojos se llenaran de lágrimas y dejara de cantar la letra para concentrar mis esfuerzos en parar de llorar. ¿Cuánto hacía que no lloraba? Al contrario que en las canciones anteriores, en las que miraba una y otra vez a Christopher y le sonreía, en aquella ocasión no aparté la mirada del escenario hasta que el líder del grupo dio el concierto por finalizado oficialmente y poco a poco las luces fueron apagándose y la gente fue desalojando el lugar.

Salimos sin compartir ni una sola palabra. Aún minutos después me sentía consternada. Una vez fuera, decidí tragarme las lágrimas que aún amenazaban con salir y hablar, sobre cualquier cosa, evitando así que me preguntara al respecto, si es que se había dado cuenta. - ¿Has escuchado ese solo de guitarra? - Comenté, refiriéndome a la última canción. Era obvio que lo había escuchado, pero necesitaba despejarme con cualquier pregunta trivial. - ¿Te ha gustado? Yo aún estoy flipando. Creo que esta noche no podré dormir de la emoción. - A pesar de todo le dediqué una sonrisa. - ¿Te apetece hacer algo? Si ya has tenido mucha ración de Kate por hoy lo entenderé. Aguantarme debe ser agotador. - Bromeé, esperando una respuesta por su parte. Yo no tenía prisa alguna, así que cualquier cosa sería una buena idea para mí.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Evangeline Lilly
Edad del pj : 37
Pureza de sangre : Mestiza
Lealtad : Albus Dumbledore
Mensajes : 117
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Christopher Höhner el Mar Dic 16, 2014 2:44 pm

Lo cierto era que a pesar de tener claro que quería irse de Hogwarts, ciertas cosas le mantenían con cierta duda. Por una parte le encantaba la docencia, se consideraba un profesor competente y a pesar del volumen del trabajo que en ocasiones conllevaba, creía que era un trabajo que iba mucho con él. Por otra parte, veía la ventaja de que actualmente tendría mucho más tiempo libre y muchas menos responsabilidades. Podría volver a dedicarse a asistir a esas clases de piano –ya que el pobre siempre había querido convertirse en alguien decente con dicho instrumento, pero se había quedado en alguien mediocre-, también podría volver a asistir a sus clases de boxeo y empezar una nueva etapa de su vida.

No había mejor forma de empezarla que yendo a un concierto con Katerina, una buena manera de decir adiós a su anterior modo de vida para dar la bienvenida al nuevo. Que no iba a ser un gran cambio, pero había que acostumbrarse.

El concierto se pasó volando. Christopher no era de esos hombres que saltaban. No. Tampoco eran de esos que esbozaban una sonrisa emocionable al ver un grupo perfecto erizarle la piel. Él miraba la escena, serio y con la mirada fija en aquel protagonista del escenario. Muchos pensarán: “Parece que se lo está pasando mal”, pero todo lo contrario, lo sentía bastante profundo que le parecía un malgasto de energía celebrarlo de ningún otra manera. Él así, estaba perfectamente. No le hacía falta saltar, ni alzar la mano, ni mover la cabeza. No obstante, se movió cuando sintió la cálida mano de Katerina posarse sobre la de él. La miró medio de reojo medio de directamente, intentando no parecer sorprendido, cuando realmente lo estaba. Decidió no darle importancia y aprovechar el momento para disfrutarlo todavía más de ser posible.

Christopher no era el ser más cariñoso ni detallista del universo, pero sin duda se dio cuenta cuando Katerina dejó de sonreír y dio paso a las lágrimas. No era momento para decirle nada, pero Christopher no le soltó la mano. No sabía que sucesos triste habrían pasado en su vida, a pesar de aquel en dónde ambos habían perdido a una muy buena amiga, más para ella que para él.

Ambos salieron de allí detrás de todo el mundo, con paso tranquilo. El exprofesor aún tenía su mano sujeta a la de ella, por lo que al estar fuera y al pararse la chica, él se quedó en frente, soltándole por fin la mano. Al verla sonreír, Christopher esbozó una conciliadora sonrisa.

- Nunca hay suficiente ración de Kate. Y sí, me ha encantado, creo que aún tengo la piel de gallina.  

Contestó tranquilamente.

- Lo que tú quieras. Mi hijo está en Hogwarts y no tengo que preocuparme por corregir deberes…

Dijo, sin ninguna pizca de intención de cambiar demasiado de tema, ya que se había preocupado por ella y esas lágrimas. Bueno… ¿quién no lo haría? A nadie le gusta ver a una persona querida llorando. Con un gesto cariñoso elevó ambas manos, sujetando el rostro de su amiga delicadamente.

- ¿Estás bien?

Preguntó humedeciéndose los labios, sin apartar la mirada de sus ojos.

- No me digas que sí, porque creo poder afirmar con seguridad que eres la persona más feliz y fuerte que conozco…

Y eso que su hermana Jane se parecía en muchísimas cosas a ella; era una mujer fuerte y feliz y rara vez Christopher la había visto afligida por cualquier asunto; solamente cuando sus padres fallecieron. ¿Pero quién no llora cuando tus padres mueren?

- Si no tienes ganas de ir a ningún sitio ruidoso y lleno de gente, te puedo invitar yo a una copa de… ¿vino? – intentó adivinar sus gustos – Con todo lo que has saltado supongo que no estarás para mucho trote. Una pena porque quería llevarte a una discoteca para terminar a agotar tus fuerzas...

Bromeó eso último. ¿Él en una discoteca? Haría falta mucho para verlo ahí dentro. Apartó suavemente la mano de su rostro, lo que no ocultó en ningún momento fue la sonrisa.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Hugh Jackman
Edad del pj : 40
Pureza de sangre : Mestizo
Lealtad : Neutral
Mensajes : 92
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Katerina S. Howland el Mar Dic 23, 2014 5:47 am

Por suerte Christopher aún tenía ánimos para aguantarme un rato más, cosa que le agradecía, ya que lo último que quería en aquellos momentos era irme a casa, teniendo en cuenta que era el lugar que más me recordaba a Alicia. Aquello era un infierno en muchas ocasiones y no veía el momento en que consiguiera pasar un día sin pensar en ella, probablemente fuera prácticamente imposible y tuviese que centrarme en superarlo más que en olvidarlo. Sin embargo, aunque era lo lógico, no me esperaba la pregunta de Christopher, quizás tenía la esperanza de que no se percatara del bajón que me había dado durante el concierto, pero lo cierto era que tras aquella pregunta tuve que reunir todas las fuerzas habidas y por haber para evitar que las lágrimas volvieran a apoderarse de mí. “Vamos Kate, Chris tiene razón, eres fuerte...” Pensaba responderle lo típico, que estaba bien, pero tras lo que añadió entendí que decirle que no me pasaba nada era ridículo. Ambos eramos adultos y él no era tonto, por lo que lo más sabio era decirle la verdad. - Bueno... he estado mejor. - Admití, dejando que su amigo levantara su rostro y mirándole lo más fijamente que podía. Nunca me había costado en absoluto mirarle a los ojos, de hecho me encantaba, pero en aquella ocasión parecía que a cada segundo que pasaba mirándole a los ojos más se acumulaban las lágrimas que amenazaban con salir de un momento a otro.

- Si te digo la verdad no me apetece entrar a ningún local... - Una leve sonrisa salió de mis labios tras su broma, haciendo que me sintiera un poco mejor. La idea de tomarnos algo no me parecía del todo desacertada, pero lo cierto era que necesitaba coger aire. - Preferiría dar un paseo... ¿te importa? - Christopher era un amor, por lo que no dudó en aceptar mi propuesta. Conocía un parque que abría hasta tarde y era bastante tranquilo a aquellas horas de la noche, por lo que me pareció el destino más acertado.

Pasamos la mayoría del camino en silencio, pero no era un silencio incómodo, sino todo lo contrario. Quería expresarme, desahogarme con él. Sabía que me entendería y lo más probable era que me sintiera mejor haciéndolo, pero por más que buscaba no conseguía encontrar las palabras adecuadas. No tenía demasiada experiencia en aquello y se notaba, parecía una adolescente de quince años, aunque bueno, eso no era ninguna novedad al fin y al cabo.  - Los paseos están infravalorados. - Dije de repente, rompiendo aquel apacible momento. - La gente ya no se toma un tiempo para hacer estas cosas. - Me permití opinar, echando un vistazo al cielo, como solía hacer por costumbre. Aquella noche no se veía ni una estrella, las luces de la ciudad impedían que se divisaran, lo que de alguna forma me entristecía un poco.  

Tras unos minutos llegamos al lugar que había pensado. Traspasamos las grandes puertas del parque y cogimos uno de los caminos de tierra que llevaba a una de las tantas fuentes que aquel lugar albergaba. No era gran cosa, pero al menos allí no se escuchaba el bullicio incómodo de la ciudad.

Ambos nos sentamos en uno de los bancos que había alrededor y nos quedamos mirando a la fuente que se situaba en el medio unos segundos, hasta que por fin decidí abrirme un poco. - No recordaba lo que suponía la pérdida de alguien tan cercano como lo era Alicia. - Más claro el agua. Lo había conseguido. “¡Bien por tí Kate!” Me acordé de Rose y de lo que había sufrido en su momento por su muerte. - Supongo que a tí te parecerá una tontería... Sólo era una amiga al fin y al cabo, pero siento que la echo de menos en cada momento del día, es una tortura. - Apenas le miraba, sino que mantenía mis ojos fijos en el agua que salía de la fuente para luego caer hacia abajo, cosas de la gravedad. - Esa última canción me tocó la fibra y no pude evitar venirme abajo, pero tranquilo, sobreviviré. - Esta vez si logré mirarle, con una sonrisa en los labios. - Gracias por acompañarme al concierto, no se que haría sin tí en estos momentos de mi vida. Seguramente quedarme en casa encerrada mientras le pregunto al Universo que por qué tuvo que ser mi amiga, de nuevo. - Tenía un tono medio bromista, pero todo lo que decía era una cruda realidad.

Un pequeño gato salió entonces de uno de los matorrales, asustándome bastante y haciendo que pegara un saltito. Éste se acercó a nosotros y no pude evitar acariciarlo un poco, me encantaban aquellos bichitos peludos. - ¿Tú también estás triste, pequeño? - Le pregunté, pasándole la mano por el lomo. Parecía que le gustaba.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Evangeline Lilly
Edad del pj : 37
Pureza de sangre : Mestiza
Lealtad : Albus Dumbledore
Mensajes : 117
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Christopher Höhner el Vie Dic 26, 2014 4:07 pm

¿Christopher amante de los locales? Definitivamente no. Podía verse a simple vista que era un hombre más sencillo que complicado. De la vieja escuela, por lo que a contrario de mucha gente, él si apreciaba un buen paseo en buena compañía por encima de cualquier local con ruidosa música y bebidas de dudosa reputación. Por lo que cuando Katerina dejó caer que prefería dar un paseo, Christopher la miró con sorpresa en los ojos. La suficiente, tampoco exagerado. Después de verla llorar no creía que estuviera con demasiado ánimos para nada más.

-Claro que no. Vamos a dónde quieras.

Ofreció el exprofesor, dándole a elegir el destino que quisiera. Christopher se colocó a su lado a medida que caminaban, con las manos sujetas en la parte baja de su espalda en una pose elegante y tranquila. Había decidido no decir nada, pues no sabía precisamente porqué se había puesto así, pero podía hacerse perfectamente una idea. Chris no era la primera vez que veía, o experimentaba en sí mismo, la pérdida de una persona. Y sabía perfectamente que un mínimo recuerdo podía derrumbarte de no haber superado la pérdida.

Así que se mantuvo en silencio, admirando la belleza de aquel parque a medida que caminaban. Personas caminando, pequeños lagos corriendo, puentes, luces que daban un aspecto acogedor y una neblina, fruto del frío de la noche, que hacía de aquel lugar un ambiente precioso. Kate podía pensar todo lo que quisiera, evadirse también hasta dónde quisiera. Christopher estaría allí para cuando ella quisiera volver, a contarle o no lo que rondaba por su mente. Él no quería saberlo, simplemente quería asegurarse que estaba bien.

Siguiendo los pasos ausentes de la chica, Christopher le siguió hacia una fuente, colocada casi en el centro de aquel enorme parque. El hombre tenía ganas de sentarse en el borde, pero teniendo en cuenta el viento que hacía, no quería tentar a la física. Se sentaron en un banco cercano y fue la chica quién rompió el silencio. Christopher había adoptado una postura hacia adelante, apoyando sus codos sobre sus piernas, flexionado de tal manera que sus ojos estaban fijos en los de ella.

El hombre la miró con algo de reproche cuando dijo que le parecía una tontería, cuando realmente no lo era. No tenía una gran relación con Alicia, pero si la suficiente como para sufrir su pérdida. Cada vez que veía ese colgante que le había regalado se le encogía el corazón. Pero bueno… son cosas que pasan y Christopher siempre intentaba pensar, no por olvidar, sino para superarlo, que estaban en un sitio mejor y que nunca fue en vano. Él no lo sabía, ni absolutamente nadie más que aquella mujer que la mató, pero Alicia murió siendo una heroína, pues salvó a tres niños de una muerte atroz. Y eso era lo que había que pensar.

-Vivías con ella… Es normal, Kate. Habrás compartido momentos únicos en tu casa que no dejarán de aparecer en tu mente, fruto de que la echas de menos. No necesitas olvidarlo, simplemente recordarlo como algo bonito e inolvidable. Piensa que fue una experiencia mientras duró… y... sabes que fue una mujer fuerte, estoy seguro que hasta el último momento no dejó de luchar.

Christopher no conocía mucho a Alicia, pero sí lo suficiente para saber cómo era. Por lo menos de la manera más superficial posible. Kate le dio las gracias y Christopher negó con la cabeza.

-No tienes que darme las gracias, Kate. Como si quieres venir a mi casa a las cinco de la mañana a jugar a las damas sólo para evadirte de lo que te ha tocado sufrir.

Dejó claro el hombre, pues no tenía intención ninguna de dejar que sus personas queridas sufrieran. Le gustaba ver a sus cercanos felices y le gustaba ayudarlos, sin recibir nada a cambio. Ni siquiera un agradecimiento. No lo veía como obligación, para él la ayuda era un valor añadido a la amistad y el amor.

Frunció los labios en una pequeña sonrisa, clavando sus ojos marrones en los de ella, de un color miel claro. Permaneció con aquella mirada unos segundos, observando ese rostro afligido que intentaba volver a poner esa coraza de fuerza delante de sí misma. Christopher admiraba a la gente así, pero sobre todo admiraba a la gente capaz de abrirse tanto como para contar sus problemas. La muerte de Rose Christopher la sufrió prácticamente solo. No porque estuviera solo, sino porque siempre ha sido un hombre de sufrir en silencio. Bastante tenía con tener que ver al retoño que tuvo con su difunta esposa cada día de su vida a partir de ahí. Fue difícil de superar, pero no imposible.

Mientras Kate acariciaba a ese gato, Christopher acercó su mano a él, acariciándole por detrás de la oreja.

-Sabes… tú me conociste antes de que Rose falleciera y supongo que habrás notado cierta diferencia entre el Christopher joven y ahora - sonrió -. Cuando murió no quise recibir apoyo. Mi familia lo atañó al orgullo, pero realmente era mucho más que eso. Estaba derrumbado, no sólo por su pérdida, capaz de poder sobrellevarlo de haber estado solo, o eso pensaba… Pero en aquel momento cada cosa que veía me recordaba a ella, sobre todo mi pequeño Alex. ¿Te puedes imaginar como me sentía cada vez que estaba con Alex y recordaba que Rose ya no estaría más nunca? Era como tener una foto de ella delante de mis ojos en cada minuto.

Hizo una pausa, apartando la mano y la mirada del gato -en dónde la había tenido todo este tiempo- y miró a Katerina al final.

-Finalmente me di cuenta de que Alex no era el problema, sino la solución. Rose me había dado una vida llena de aventuras y el mejor regalo de mi vida. No veas la pérdida de Alicia como algo malo en un futuro, sino más bien recuerda lo que te dejó en el pasado y deléitate con esto.

La mano de Christopher subió a su rostro, dándole un suave golpe en su pecosa nariz.

OFF: Señorita, me da muchísima flojera poner Times New Roman, en realidad con esta letra queda más bonito, estéticamente hablando. Así que con vuestro permiso a pesar de la fealdad del cambio, empezaré a postear así Smile
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Hugh Jackman
Edad del pj : 40
Pureza de sangre : Mestizo
Lealtad : Neutral
Mensajes : 92
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Katerina S. Howland el Mar Ene 27, 2015 11:33 am

En aquellos momentos me alegraba muchísimo, más que nunca, de haber recuperado el contacto con Christopher. En los últimos meses había resultado convertirse en una de las personas en las que más confiaba. Lo cierto es que no sabía exactamente por qué. Quizás fuera el carácter apacible y afable que solía tener, o aquel sentimiento de melancolía que me producía estar con él, lo cual de algún modo me hacía sentir tranquila. En realidad, por otra parte a veces me sentía algo incómoda. No quería resultarle una molestia o una razón más para pensar en el pasado. Christopher había pasado por mucho más que yo, y allí estaba, superándolo con la valentía que tanto le caracterizaba, pero lo cierto es que ya éramos adultos y la realidad era que no siempre podíamos estar radiantes y alegres, y mucho menos tras la desgraciada pérdida de una mujer que formaba parte de mi vida hasta hacía pocos meses. La razón de su muerte me había dejado un mal y un buen sabor de boca. Saber el motivo por el que había dado su vida me daba fuerzas para seguir adelante en muchas ocasiones, pero por otro lado el hecho de no haber podido despedirme de ella o al menos de decirle lo increíble que me parecía más a menudo hacía que se me formara un nudo en la garganta que normalmente terminaba por hacerme soltar unas cuántas lágrimas, a pesar de que yo no fuera una mujer de lágrima fácil. Ante las dificultades solía refugiarme en mis hobbies y en la gente que me quería, pero la muerte era algo que no llegaba a superar.

Christopher respetó mi silencio durante un largo paseo, en el cuál se me pasaban por la mente todo tipo de recuerdos y pensamientos negativos, que intentaba contrarrestar con aquellos que me producían alegría, a veces con éxito y otras veces cayendo de nuevo en una profunda tristeza, aunque en aquella ocasión fui capaz de contener las lágrimas en más de una ocasión.

Un rato más tarde, tras sentarnos en un banco frente a una hermosa fuente, por fin fui capaz de pronunciar unas pocas palabras, las justas y necesarias. Mi tono de voz era más tranquilo y suave de lo normal, dadas las circunstancias. Escuché sus palabras con atención. Aunque no decía nada que no supiera provocaban en mí un sentimiento de protección que agradecía profundamente. Saber que me apoyaba y me entendía en aquellos momentos era lo único que necesitaba.

Esbocé una leve sonrisa cuando dijo que podía ir a su casa a las cinco de la mañana a jugar a las damas si lo veía necesario. Nos miramos a los ojos durante unos instantes. Nunca dejaría de sorprenderme la calidez que su mirada desprendía. Me conocía y sabía perfectamente por lo que estaba pasando. No era como el típico amigo que te da dos palmaditas en la espalda y te dedica las típicas palabras de ánimo. Christopher sabía lo que decía y escogía las palabras que necesitaba escuchar en aquellos momentos, pero más que las palabras lo que a mí me hacía sentir mejor de verdad era la forma en la que se dirigía a mí, demostrando que le importaba de verdad que mejorara mi ánimo y superara aquel difícil bache.

Tras unos segundos más de silencio, mientras acariciábamos a aquel gato que se había acercado a nosotros, Christopher volvió a hablar, llamando mi completa atención, aunque le escuché sin apartar la mirada del animal, ya que me sentía algo avergonzada. Habíamos salido a ver un concierto de un mítico grupo que a ambos nos encantaba y ahora deberíamos estar celebrándolo por ahí y no ahogando mis penas en el banco de un parque, pero no había podido evitarlo. Ya se lo compensaría.

El bello de mi piel no tardó en erizarse tras sus palabras. Tan sólo de imaginarme el calvario que debía haber pasado hacía que no pudiera evitar estremecerme, mientras veía a mi mente la imagen de Alexandre, un pequeño bebé sin madre y con un padre destrozado, pero con un amor infinito hacia él. Alex no sabía la suerte que tenía de ser su hijo, ni tan siquiera se imaginaba la joya que tenía como padre. Yo me limité a asentir, esta vez mirándole y dejando de acariciar al gato, el cual, tras pedir un poco más de cariño y ver que no lo iba a recibir no tardó en desaparecer por uno de los matorrales por los que había aparecido. – Lo siento, soy una estúpida. No quería que tuvieras que recordar lo mal que lo has pasado. – Me arrepentía muchísimo, seguramente lo último que quería era que le hiciera pensar en Rose. Sin embargo, un gesto por su parte me hizo sonreír con sinceridad.

Tras aquel rato me sentía muchísimo mejor y era todo gracias a él. Desde luego si llegaba a superar aquel trágico suceso (que lo haría), sería en gran parte gracias al apoyo de Christopher. A pesar de su seriedad y educación ilimitadas era capaz de sacarme una sonrisa cada vez que quería. Sonreía a menudo, sí, pero no de aquel modo tan especial que hasta el momento sólo él había sido capaz de conseguir. – Tienes razón. – Dije al fin, con una sonrisa en los labios, cambiando el tono lúgubre de hacía unos segundos por uno más animado. – ¿Sabes que una vez Drake y yo le pintamos dibujitos de cosas obscenas en la cara mientras dormía? Lo mejor fue cuando vino un vecino a la mañana siguiente a desayunar con nosotros y ella salió a la cocina con aquellas pintas, pero muy seria. Nuestras risas duraron varias semanas, te lo aseguro. – Ambos reímos por la anécdota y tras eso me levanté, decidida. – Vamos, basta de depresiones. – Le dije, jalándolo hacia mí para que se levantara. – ¿Te apetece venir a mi casa? Creo que Drake y Bianca no están esta noche. Podemos ver una peli, si te apetece. – Lo miré desde abajo dulcemente, percatándome al instante de que aquello había sonado muy mal. Agité las manos dándole a entender que no era ni de lejos lo que parecía, aunque seguramente estaba todo dentro de mi imaginación y él lo había visto justamente como lo que era: una invitación humilde y desinteresada. – Es decir, te invitaría aunque estuviera también, ¿sabes? – Aquella situación era muy graciosa, a fin de cuentas. – No es que te invite sólo porque no estén, ya me entiendes. – Ambos reímos y me encogí de hombros, dando por hecho que estaba hablando más de la cuenta. – En fin, si estás muy cansado, que lo entenderé, podemos dejar el plan para otro día. En tal caso me iría totalmente satisfecha, ha sido una noche increíble, ¿no crees? – Le dije, comenzando a caminar en dirección a la salida del parque. – Y perdona por mi bipolaridad. – Bromeé, guiñándole un ojo, aunque no estaba segura de que se percatara teniendo en cuenta que no había demasiada luz en donde estábamos.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Evangeline Lilly
Edad del pj : 37
Pureza de sangre : Mestiza
Lealtad : Albus Dumbledore
Mensajes : 117
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Christopher Höhner el Miér Ene 28, 2015 8:23 pm

Recordar a Rose no era ni de lejos lo peor que le podría haber supuesto a Christopher. ¿Acaso se pensaba que había día en que no la recodara? Fue su novia por varios años y su esposa por todavía más. Hasta la manera de untar la mantequilla  la había acogido a lo quisquilloso de su mujer. Pero ese no era el problema, recordarla ya era normal e indoloro; no le importaba lo más mínimo pues a pesar de que muchos pensaran que podría verlo como un mal, ya lo había asumido como una parte de su vida.

Cuando una persona, como había hecho Christopher, recuerda algo que marcó un ante y un después en tu vida y que, en cierta manera, es duro de procesar, la gente se piensa que has hecho mal en recordárselo. Si alguien es capaz de algo así sin derrumbarse, sin duda alguna no le estás haciendo ningún mal, pues es un recuerdo que ha superado, no un dolor que intenta retener. Aun así, agradeció la disculpa de Katerina, no por otra cosa que su atención por su bienestar.

-No te preocupes.

Fue entonces cuando dejó paso, a través de sus lágrimas y su malestar por su amiga, a un recuerdo divertido que había tenido con ella y uno de sus compañeros de piso (el cual le nombró como si le conociera), pero que en cierta manera, simplemente había oído hablar de él. El profesor rio ante la familiar anécdota que le contaba, pues al fin  y al cabo, las experiencias vividas en una casa con gente tan unida a ti, termina siendo más de familia que de simple amistad. Quizás por eso le está costando tanto asimilar la pérdida de su amiga.

La mujer le propuso al exprofesor ir a su casa, ya que no había nadie. Sonó a proposición indecente, indudablemente, pero el profesor ya tenía sus años y una mente más bien limpia como para pensar en nada de eso. Eso sí, no pudo evitar pensarlo cuando la castaña comenzó a intentar arreglar lo que había dicho. Christopher sonrió, negando con la cabeza.

-La verdad es que estoy algo cansado…

Fingió bostezar, llevándose la mano a la boca. Luego la miró con ojos divertidos.

-Por lo que me parece buena idea ir a tu casa y no a ningún otro sitio.

Añadió, tendiéndole la mano para pedir la de ella y que fuese ella misma quién los desapareciera de allí hacia su casa. Ya que por lo menos a Christopher no le hacía especial ilusión ir caminando a ningún sitio. Le parecía relajante caminar en un parque, pero no en medio de la ciudad, con ruido, personas de dudosa reputación y coches por todas partes.

Miró a ambas partes para  ver si no había nadie y poder desaparecerse tranquilamente. No había nadie a aquellas horas.

-No te preocupes por la bipolaridad. Siempre te he considerado una persona tremendamente feliz y fuerte, ahora sé que eres una persona humana y no un robot y que realmente puedes sentir aflicción.

Bromeó el profesor, con una mirada risueña y una conciliadora sonrisa.

Ambos se desaparecieron de allí tras que Katerina ejecutara la acción y no tardaron en sentir el cálido ambiente del hogar. Se soltaron de la mano y Christopher se apuró en quitarse la chaqueta, ya que le había dado un golpe de calor repentino. Miró a su alrededor, sorprendido por la estupenda casa que tenía. O por lo menos el estupendo salón.

-Qué bonito. Nunca había venido. ¿Desde cuándo vives aquí?

Dio un paso hacia adelante, en dirección al sofá y pisó algo blandito nada más dar el primer paso. Frunció el ceño al mirarse el zapato. Miedo le daba mirarse la planta del zapato a ver qué clase de sustancia desconocida había esparcido por toda su suela. Tras mirar a Katerina un momento, levantó el zapato y ahí estaba… Caca de mono. Bueno, caca, ya que Christopher desconocía que su compañero de piso poseía un mono.

El hombre miró a su amiga, con una sonrisa a punto de estallar en una divertida carcajada.

-¿Tienes un perro? O una lechuza con problemas en el flujo intestinal…

Tuvo que decir, con un tono de voz que denotaba su sorpresa, al igual que su diversión.

-Con tu permiso, voy a quitarme el zapato. Bueno, los zapatos.

Dijo el profesor, quitándoselos con el otro pie por la parte trasera. No es que fuera un pijo al que no le gustase la caca, pero no le agradaba. Aunque a cualquier persona normal, creo yo, que no le agrada la caca, pero bueno. Los dejó a un lado y miró a Katerina, intentando hacer como si no pasara nada.

-¿Entonces qué peli te apetece ver? Hace poco que me aficioné al cine muggle, no voy a mentirte, así que no soy muy experto. Pero una que vi ya hace tiempo y que probablemente sea una de mis películas favoritas… ¿Gladiator, la has visto?

Preguntó el profesor, acercándose a ella después de intentar hacer un remedio con la varita a sus propios zapatos y dejarlos cerca de la ventana.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Hugh Jackman
Edad del pj : 40
Pureza de sangre : Mestizo
Lealtad : Neutral
Mensajes : 92
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Katerina S. Howland el Mar Feb 03, 2015 5:07 pm

En realidad no pensaba que Christopher hubiera sacado malas conclusiones a raíz de mi proposición, pero ésta había quedado tan rara que instintivamente me había visto obligada a aclararlo, aunque no me hicieron falta más de diez segundos para darme cuenta de que estaba haciendo de la situación algo más cómico aún, pero es que ese “ven a mi casa, mis compañeros de piso no están” me recordaba tanto a la forma de ligar de cuando éramos adolescentes que fue inevitable que sonara SOSPECHOSO, aunque fuera sólo un poco.
Por suerte Christopher era más maduro que yo a aquellas alturas y sólo había visto aquella invitación como lo que realmente era, así que no tardé en recibir una afirmación de su parte. Lo cierto era que me había puesto un poco triste por momentos, ya que su primera respuesta fue que estaba algo cansado, cosa que era obvia, ya que los conciertos de por sí son cansados, pero al final decidió venir, noticia que me alegró bastante. Yo también estaba cansada, pero no lo suficiente como para irme a la cama y quedarme dormida ipso facto, que era lo que solía buscar y más últimamente, cuando fácilmente cualquier pensamiento malo podía venirme a la cabeza y dejarme en vilo durante toda la noche. - ¡Chachi! – Pegué un saltito de satisfacción y en un momento nos aparecimos en el salón de mi casa. El paseo había estado bien, pero lo cierto era que estaba ansiosa por sentir la calidez de un hogar.

No tardé en imitar a mi amigo y quitarme la chaqueta yo también, pues allí el clima era totalmente distinto y no tardamos en sentirnos acalorados. - ¡Gracias! Llevo viviendo aquí unos meses, quizás un año. Alicia fue la que se encargó de decorarla en su mayoría, le encantaban esas cosas. – En aquella ocasión no lo dije con pesadumbre o tristeza, sino orgullosa del gusto de mi amiga. - ¿Ves esos cuadros de ahí? Esos eran sus pequeños bebés. Una vez mis ardillas casi tiran uno al suelo y poco le faltó para desterrarme y mandarme a vivir debajo de un puente. – Bromeé, colocando ambas chaquetas en un colgador cerca de la puerta.

En lo que lo hacía la pregunta de Christopher me pilló desprevenida. - ¿Por qué lo preguntas? – Di media vuelta y no hizo falta ningún tipo de respuesta por su parte, ya que la misma estaba bastante clara. - ¿En serio? – Por momentos me sentí avergonzada e incluso me puse algo colorada, pero al ver su expresión no tardé en comenzar a reírme. - ¡Lo siento, lo siento! – Me disculpé, aún entre carcajadas. – Es que Drake tiene un mono y… - La explicación duró poco, pues aquella situación era demasiado graciosa y estaba más ocupada quitándome las pocas lágrimas que me salían de la risa. – Yo me ocupo. – Le dije ya más tranquila, cogiendo sus zapatos. No obstante, él insistió en limpiarlos él mismo, por lo que con un sencillo encantamiento los dejó prácticamente impecables.

Yo hice lo mismo, limpiando el suelo, ya que no era plan de dejar aquel estropicio mientras veíamos la película. Ver una película con olor a caca de fondo no parecía muy tentador, definitivamente. “Este mono… De tal palo tal astilla” Menos mal que al menos Drake no iba dejando caquitas por ahí, porque si no serían igualitos. - ¡Sí, esa película está muy bien! La he visto unas cuántas veces, pero nunca me canso así que me parece correcto. – Sin embargo no tardaron en aparecer Chip y Chop por el pasillo corriendo como alma que llevaba el diablo, abalanzándose sobre Christopher. – ¡Pero bueno! Hablando de mis ardillas... – Me incorporé de nuevo (ya que estaba buscando la película de entre la colección que teníamos debajo de la televisión) y me apresuré a quitárselas de encima. – En serio. A este ritmo no vamos a empezar a ver la película nunca. – Me disculpé con una sonrisa en los labios. – Estarás pensando que en qué clase de zoológico vivo. Yo también me lo suelo preguntar. – Comenté, volviendo a por la película. – Aquí está. ¿Quieres algo? ¿Unas palomitas? ¿Refresco? Incluso puedo hacer algo de cenar si te apetece. ¿Caviar? – Pregunté, poniendo un tono sofisticado a lo cheff francés. – Voy a improvisar algo, ve poniendo la peli si quieres y ponte cómodo. ¿Sabes cómo funciona un DVD no? – Le dediqué una sonrisa maliciosa y fui hacia la cocina rezando a los Dioses Antiguos y Nuevos que hubiera algo rico en la nevera, o al menos comestible, ya que en aquella casa nunca se sabía.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Evangeline Lilly
Edad del pj : 37
Pureza de sangre : Mestiza
Lealtad : Albus Dumbledore
Mensajes : 117
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Christopher Höhner el Miér Feb 04, 2015 3:15 am

A Christopher le parecía fascinante que Katerina viviera en un piso compartido con más personas. Eran personas responsables, aunque un tanto extraña si poseían como mascota dos ardillas y un mono. Aun así, le parecía sorprendente que la mujer, a su edad -que no quiero decir que sea mucha edad, ojo al dato-, no hay buscado independencia total. Christopher simplemente se había acostumbrado a vivir prácticamente solo, ya que su hijo es como si no existiese, pues la mayoría del tiempo está en Hogwarts y el otro tercio, en dónde vive con él, se lo pasa con sus amigos todo el rato. Por lo que él, encima con el nuevo trabajo, estaba todavía más solo en la casa que nadie. Así mismo, se percató de que estaba todo perfectamente ordenador -a excepción de algunas cosas que se veían claramente que eran de la figura masculina de la casa- y por una parte Christopher echó de menos esas “pijerías” que sólo una mujer ofrece a un hogar. Ese milímetro para que el cuadro esté perfectamente alineado con los demás muebles, no de la casa, sino del universo. Ese pequeño posavasos que está estratégicamente colocado a un lado de la mesa para que nunca te olvides de ponerlo, ese mantel debajo de las plantas para que, si se rebosa algo de agua, no manche todo ni se extienda. Son cosas, pequeños detalles, que sólo una mujer hace.

Sonrió cuando nombró a los cuadros a los que Alicia tenía especial cariño. Eran especialmente bonitos, sobretodo en conjunto, pues parecían ir unidos no por forma, sino por contenido.

-Son muy bonitos.

Dijo el hombre, tendiéndole la chaqueta cuando ésta se la pidió, para colgarla en la entrada.

Fue entonces cuando el momento más vergonzoso de todo el día hizo aparición, haciendo que una caca de mono impactase sin ningún tipo de piedad contra la suela de su zapato. Y Christopher se preguntaba: ¿qué clase de comida le dan a este mono para que haga caca tan grandes? No obstante, a Katerina pareció darle más vergüenza que al propio profesor, por lo que finalmente fue más una anécdota graciosa que cualquier otro desastre. Finalmente, Christopher se quedó descalzo, dejando los zapatos en una esquina por si quedaban resquicios de caca.

Sin previo aviso, unas ardillas le atacaron. Le atacaron sin ningún tipo de maldad, sino todo lo contrario, juguetonamente. Christopher simplemente sonrió, dejando que las ardillas se subieran por él.

-Vaya, creo que tengo un imán tanto para los animales, como para sus heces. ¿Cuándo aparecerá el mono?

Preguntó divertido, viendo como Katerina le quitaba las ardillas de encima.

-No te preocupes, vivir con dos ardillas y un mono es muy normal. Justo el mes pasado fui por el zoológico y vi a un chimpacé muy mono.

Ironizó, con una leve sonrisa en el rostro para meterse levemente con la castaña, sin ninguna maldad.

-Supongo que también tendréis las lechuzas mensajeras, ¿no?

Preguntó, haciéndose una idea mental de cuántos animales había allí dentro. Era increíble que no oliese a animal la casa y, que por el contrario, oliese de fábula. Finalmente, Katerina tras buscar la película, dio con ella, sacándola perfectamente en una carátula de DVD.

La oferta de la cena no estaba nada mal, Christopher apenas cenaba y lo de ir al concierto le había dejado bastante exhausto a pesar de que su movilidad en él fuera reducida.

-Me parece una idea estupenda.

Alzó una ceja ante el reparto de tareas: poner una película vs preparar la cena. No le parecía un trato justo, para nada.

-Ya no tengo zapatos, ergo estoy muy cómodo, y en poner un DVD... ¿cuánto se tarda? ¿Un minuto y medio? Te ayudo con la cena, anda.

Le dijo con una risueña sonrisa en el rostro, acompañándola a la cocina. Era consciente de que probablemente no tuviera que preparar nada, pero el simple hecho de acompañarla y preparar la bandeja que se llevarían al salón era más que estar esperando sólo en el salón mientras observaba toda su casa.

-Caviar me parece bien, hace tiempo que no lo como. ¿Tienes vino?

Preguntó, con la iniciativa de no estorbar en su decisión de comida, siempre y cuándo él por lo menos pudiera ir por el vino y abrirlo. Su amiga le dijo en dónde se encontraba y cogió el que más llamó su atención. Un vino rosado de hace diez años de una marca bastante conocida para él. Él, un fanático del vino y del té.

Dio con el sacacorchos y de manera rápida y elegante se deshizo del corcho, desenroscando el mismo y poniéndolo sobre la bandeja, junto con la botella. Todo fanático del vino sabe que hay que volver a cerrarlo con el corcho. Observó a Katerina, más preocupada en saber si estaba todo en la bandeja que en su propia ubicación. El hombre sonrió casi inconscientemente al verla colocarlo todo minuciosamente en la bandeja. ¿Veis? Otro pequeño detalle encantador que sólo una mujer puede hacer. Los hombres se limitan a abrir el vino y poner el DVD.

-Todo listo. ¿No?

Preguntó retóricamente, pues había visto que había bastantes cosas sobre la bandeja. Ambos se dirigieron al salón y Christopher se adelantó unos pasos para poner el disco en el DVD. Estos artilugios muggles eran bastante intuitivos una vez habías utilizado alguno, por lo que no tardó apenas un minuto en que empezara la película.

El principio era de traílers de películas más viejas que Tuntankamon,  por lo que Christopher aprovechó para sentarse al lado de Katerina y mirarla.

-¿Y tus compañeros de piso? ¿Se quedan fuera hoy o simplemente han salido?

Preguntó curioso, sirviéndole a ella en una copa el vino.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Hugh Jackman
Edad del pj : 40
Pureza de sangre : Mestizo
Lealtad : Neutral
Mensajes : 92
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Katerina S. Howland el Miér Feb 04, 2015 6:02 am

Era divertido ver cómo Christopher se desenvolvía en aquel tipo de situaciones, rodeado de animales y en una casa que, para qué negarlo, era bastante de locos. Varias veces me había planteado irme a vivir sola y comenzar a llevar una vida "normal", pero lo cierto era que mis múltiples viajes me habían dado para mucho. Había conocido a muchísima gente, pero también me había sentido sola en otras muchas ocasiones y ahora estar con mis compañeros de piso era lo que necesitaba. Odiaba la soledad, me encantaba estar rodeada de gente en todo momento, escucharlos hablar, reír, comentar cualquier cosa... Era como una droga para mí. El único momento del día en el que prefería silencio era por la noche, (porque de no ser así no me sería posible dormir) y en los pequeños momentos que dedicaba para mí misma, en los que aprovechaba para ir a nadar, pero el ochenta por ciento del tiempo preferiría el ruido a mi alrededor, me hacía sentir reconfortante de algún modo. En fin, cosas mías.

Por suerte las ardillas eran animales pacíficos e inofensivos por naturaleza, por lo que se limitaron a escalar por el pecho de Christopher, hasta que le libré de ellas y las solté para que se fueran por ahí, de forma que entiendieron la orden rápidamente.

Mi acompañante de aquella noche, lejos de comportarse como cabía esperar de alguien como él parecía incluso disfrutar de aquello, y sobretodo de meterse conmigo cada vez que podía. - ¡Oye! Te aprovechas de que tengo las defensas bajas para meterte conmigo. Deja que recupere fuerzas, te vas a enterar de lo que es bueno... - Le amenazé a modo de broma, señalandole con el dedo como se solía hacer.

Al igual que a mí, a Christopher le parecía bien que prepararamos algo de cenar. La verdad era que estaba hambrienta y mi estómago no se preocupaba demasido por negarlo o disimularlo, pues parecía que tenía un alien a punto de salir con intenciones de dominar el mundo. Aquello lo había visto en una película, aquellos muggles estaban muy mal de la cabeza, se imaginaban cada cosa... Acepté sin rechistar la compañía de Chris, puesto que siempre era más divertido hacer las cosas en compañía. Yo y mi constante necesidad de contacto humano, no tengo remedio. - Vale, pero no te prometo que haya algo decente. ¿Cuándo fue la última vez que hice una compra decente? - Me pregunté a mí misma en voz alta mientras entrabamos a la cocina para investigar.

En lo que yo rebuscaba de arriba a abajo la nevera y cada uno de los muebles conseguí mantener ocupado a Christopher con un estante que teníamos reservado para los vinos, los cuáles la mayoría eran regalos de conocidos, ya que nosotros no es que estuvieramos tan acostumbrados a tomarnos una botella de vino con cada comida. No eramos tan sofisticados, eramos más de cerveza.  Chanos hasta la muerte. - No me mires así. - Le dije una vez volvió con la botella. - Si se nos olvida algo luego la que tiene que levantarse soy yo... - Y era cierto, oye.
Al final había optado por algo sencillo. Una ensalada instantánea a la cual añadí un par de ingredientes de mi cosecha personal del Mercadona y carne en salsa con guisantes y... algo más, que había sobrado del almuerzo. Aquí no se tiraba nada, y además estaba de rechupete, la había hecho yo misma, así que con más motivo aún, también me hacía ilusión que Christopher la probara. Cualquiera que me conociera diría que quiero envenenarlo, PERO NO, prometo solemnemente que lo preparé todo con amor. Además había añadido unas natillas de chocolate y nata, mis favoritas, para quedarnos con un buen sabor de boca. - Todo listo. - Afirmé satisfecha de mi hazaña, cogiendo la bandeja con mucho cuidado y caminando lentamente hasta el salón.

Christopher no tardó en poner la película y encender el DVD, encontrándonos primero con los anuncios que venían en todos los CD's originales de películas que se habían estrenado hace eones. - ¿En qué año estamos? - Comenté, cogiendo mi tenedor, preparándome para engullir todo aquello, no sin antes esperar, como toda buena y exquisita dama a que Christopher rellenara las copas con el vino. - Si no recuerdo mal se quedaban hoy fuera. Drake con su novia, que por cierto, me cae genial, todo sea dicho. Y Bianca... - "¿Dónde estaba Bianca?" - Pues no sé dónde está Bianca, pero algo me dijo al respecto, lo que pasa que estaba ocupada y no le presté demasiada atención. - Admití, encogiendome de hombros y ambos comenzamos a prestar atención a la televisión, pues la película ya había empezado.


                                                                 
...


"¿Y LA COMIDA?" Todo se había acabado demasiado pronto. Incluso la natilla había volado en cuestión de segundos. "Soy una gorda." A aquellas alturas de la película ya había echado un par de lagrimillas en la escena en que el protagonista descubría el asesinato de su mujer y su hijo y ya se me habían puesto los pelos de punta en par de ocasiones con aquella maldita perfecta banda sonora. Ya no tenía mucho más que hacer en la mesa, por lo que me recliné hacia atrás y subí los pies al sillón, ya desprovistos de calzado. Estaba súper cómoda, por lo que sólo me incorporé en un momento concreto del largometraje. - MI NOMBRE ES MÁXIMO DÉCIMO MERIDIO. - Cité a la vez que el actor, con un tono de voz imponente y alzando uno de los brazos. - COMANDANTE DE LOS EJÉRCITOS DEL NORTE, GENERAL DE LAS LEGIONES MEDIAS, FIEL SERVIDO DEL VERDADERO EMPERADOR, MARCO AURELIO. - En ese momento me levanté, ya motivada por completo e inmersa en la escena. - PADRE DE UN HIJO ASESINADO, MARIDO DE UNA MUJER ASESINADA Y ALCANZARÉ MI VENGANZA, EN ESTA VIDA O EN LA PRÓXIMA. - Llegó el momento culmen y volví a tirarme sobre el sofá, exhausta ante tal esfuerzo de epicidad, mirando a Christopher con ojos divertidos. - Es que me gusta mucho esa parte. - Era obvio, pero tenía que recalcarlo.

Russel Crowe era un actorazo, o al menos lo hacía muy bien en aquella película. Por supuesto mi actor favorito siempre sería Hugh Jackman, ese hombre era demasiado. Mi amor platónico en todos los sentidos. Pero sin duda aquella película era una obra maestra que nunca me cansaría de ver y más si era en buena compañía.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Evangeline Lilly
Edad del pj : 37
Pureza de sangre : Mestiza
Lealtad : Albus Dumbledore
Mensajes : 117
Puntos : 0
Ver perfil de usuario

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.