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Another brick in the wall [Christopher Höhner]

Katerina S. Howland el Miér Nov 26, 2014 2:51 pm

Recuerdo del primer mensaje :

¡Por fin iba a ver a Pink Floyd en directo! Me había pasado el día de un lado a otro sin parar, demostrando al mundo lo emocionada que estaba. De hecho, si mis compañeros de piso me aguantaban aquel día por completo habrían superado la prueba final con creces. Probablemente habían escuchado el disco entero de The Wall unas cinco veces seguidas, lo que sumado con mi voz angelical y los animalitos correteando de un rincón a otro contagiados por mi hiperactividad hacía de aquel lugar una casa de locos. - There is no pain you are receding, a distant ship smoke on the horizon. You are only coming through in waaaaves. - ¿Cuántas veces me había mirado al espejo? Era una buena pregunta. De vez en cuando entraba de sopetón en la habitación de Drake y lo levantaba de la silla para bailar con él recorriendo toda la habitación para luego volver a irme sin previo aviso, a mirarme de nuevo al espejo e imaginar que yo era David Gilmour haciendo un solo de guitarra y con los aplausos del público de fondo. Parecía que había perdido veinte años del sopetón y lo mejor de todo era que me sentía como tal, aunque lo cierto era que rara vez me sentía como una mujer de cuarenta años. Era una niña encerrada en un cuerpo de mujer, condenada a pasar el resto de mis días preocupándome por cosas de mayores.  

Había quedado con Christopher en que yo lo pasaría a recoger, ya que el plan para él era una sorpresa. Yo me había encargado de comprar las entradas y por tanto lo mejor era que fuera yo a buscarle a su casa. Aquella noche ejercería de macho de la relación. Aunque no tuviéramos ninguna relación, eso daba igual, sería el macho de todas formas. Tras el concierto de Chopin habíamos hablado lo de volver a quedar y al recordar que el concierto de Pink Floyd sería pronto me había hecho ilusión hacerme cargo de todo. La música clásica estaba bien, me gustaba, pero no podía compararse a un concierto de Pink Floyd, ni de lejos. Con todos aquellos pensamientos cogí mis cosas, incluído un anillo de Batman que Drake me había regalado en la última Navidad y salí pitando, no sin antes dedicarles una frase a mis queridos compis de piso. - Remember when you were young, you shone like the sun, shine on you crazy diamond, now there's a look in your eyes, like black holes in the sky, shine on you crazy diamond. - Y desaparecí.

Un rato más tarde me encontraba tocando a la puerta del que sería mi querido acompañante en una noche que tenía pinta de que iba a ser espectacular. Di dos toques en seco y otros dos seguidos, los mismos que había usado la última vez que quedamos y esperé pacientemente, con la vista fija en la puerta. Aquella interesante puerta. De color marrón y con dibujitos extraños alrededor de la mirilla. Y con unas formas curiosas de col... - ¡Hola! ¿Preparado para divertirte? - Le pregunté con una sonrisa de oreja a oreja, haciendo referencia al día en que nos habíamos visto en su despacho por primera vez después de muchos años. - No es por ir de sobrada pero... el plan te va a encantar. - Le guiñé un ojo con diversión y le hice una seña con la cabeza para comenzar a caminar. No obstante, antes de ponernos en marcha volvió adentro unos segundos y cogió de una especie de perchero una chaqueta de cuero que, sinceramente, le quedaba demasiado sexy.

Nos pasamos el camino hablando de chorradas varias, mientras intentaba sonsacarme a dónde nos dirigíamos. - ¡Ya te he dicho que es una sorpresa! No insistas o acabaré por buscarme otro acompañante. - Bromeé. Obviamente no cambiaría aquella compañía por nadie del mundo. Cuando me enteré de que se iba a hacer el primero en el que pensé fue en Drake, pero al final me había decidido por ir con Christopher, ya que lo veía bastante menos (lógicamente) y tenía muchas ganas de recuperar el tiempo perdido. Una vez llegamos a un lugar en el que no había gente, le pedí su mano y ambos nos desaparecimos, llegando en cuestión de segundos al lugar indicado. - ¡Hemos llegado! - Le anuncié, señalando al espectacular lugar que estaba frente a nosotros. Multitud de pancartas con frases dirigidas a los componentes del grupo llenaban el lugar, por lo que Christopher no tardó mucho en averiguar de qué se trataba. Por su cara y su reacción estaba claro que había acertado, por lo que, un poco más tranquila en parte y un poco más hiperactiva si cabía por otra parte, di un par de saltitos mientras me acercaba a la cola, invitándole con la mirada. - ¡Vamos a hacer cola! A ver si tenemos suerte y podemos ponernos relativamente cerca. - Solo quedaba eso, si conseguíamos quedarnos a una distancia razonable del escenario podría considerarlo como misión cumplida y con éxito rotundo, si no, tampoco pasaba nada, la intención era lo que importaba y con verlos desde lejos me conformaba. Lo importante era pasárselo bien y olvidarse de todo por aquella noche, lo cuál a mi no me resultaría en absoluto complicado.

'Lugar en el que estamos':







'Ropita Very Happy':




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Christopher Höhner el Dom Feb 08, 2015 5:10 am

Christopher no solía tener esa facilidad para bromear con la gente, esa facilidad en la que poder bromear, de manera divertida, con cualquier otra persona sin que se tomara las cosas con demasiada seriedad. Con Katerina era distinto, ya que poseían bastante confianza, o por lo menos una confianza distinta con la que Christopher estaba especialmente cómodo. Además de que siempre que se metía con ella era desde lo más profundo del cariño, ya que Chris podía tener bastante mala leche en muchas ocasiones, pero cuando alguien le trataba tan bien y le ofrecía tantas buenas experiencia, sólo podía recibir cosas buenas del hombre.

Comenzaron a ver la película a la vez que cenaban, aunque la película duraba dos horas y cincuenta minutos -y quizás no fue lo más inteligente ver precisamente esa película a esas horas- la cena no duró ni siquiera media hora, ya que ambos estaban hambrientos y terminaron con ella bastante rápido.

Christopher no había interrumpido la película para decirle lo rico que estaba todo, especialmente la carne en salsa. Aunque pasada una hora, se puso a pensar y quizás debió de haberlo hecho, por lo que le dio vueltas al asunto.

La película fue por fases para Chris, ya que primeramente se encontraba activo al principio de la película, luego algo somnoliento por allá en dónde Máximo estaba aún como gladiador en las provincias, aunque cuando llegó al Coliseo y pasó esa escena tan épica, se despertó del golpe cuando vio a Katerina teatralizar la escena de esa manera tan graciosa. Se sabía el diálogo a la perfección, por lo que podía hacerse a la idea de todas las veces que había visto la película. Christopher había sonreído desde que se levantó del sillón.

- ¿Ah sí? No me había dado cuenta.

Dijo eso con tono cariñoso.

La siguiente etapa de la película se resumió a relacionar los sentimientos del protagonista con los suyos propios. De tanto pensar y desatender a la película, sus ojos se fueron cerrando casi inconscientemente. Pero no se durmió, ya que un fuerte golpe le hizo abrir los ojos de golpe.

Se giró hacia dónde provenía y vio a un chico cerrar la puerta con llave con muy poca puntería llave-cerradura. Suponía que era el famoso Drake y que, por lo que se veía, no se quedaba con la novia.

-¡Oh!

Dijo Drake al ver que había gente en el sillón, con una dejadez en la voz bastante ebria.

-¡Yas! ¡No miro!

Dijo la primera vez, tapándose los ojos. Luego comenzó a caminar rápidamente con los ojos cerrados hacia su habitación. Durante todo el camino…

-¡No miro, no miro, no miro, no miro! ¡No estoy aquí!

Se chocó contra su propia puerta y, tras reírse él solo, la abrió para entrar al interior como una persona civilizada.

Christopher había tenido la decencia de no reírse en el momento, por lo que cuando cerró la puerta tras de sí, Christopher miró a Kate con una sonrisa de lo más contagiosa. Pasó un segundo de contacto visual antes de que Christopher se carcajeara.

-Muy simpático. No me extraña que te lleves bien con él. Los dos estáis igual de locos.

Comentó el profesor, con un tono de voz en dónde parecía que dicha acusación, era todo un halago. Para él lo era, ya que esa actitud despreocupada y medio rebelde que llevaban, le parecía de lo más encantadora.

Continuaron con la película, aunque en una gran parte de la misma, Christopher se había quedado prendado del aroma de Katerina, ya que debido a su posición -apoyada en su regazo con un cojín y con las piernas en el posabrazos- le llegaba pefectamente el aroma.

Intentó permanecer con los ojos abiertos durante toda la película, pero estaba cansado, tremendamente a gusto y el final, con esa increíble banda sonora, se lo puso muy fácil para terminar quedándose profundamente dormido. Con una rostro impasible y una respiración pausada.
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Katerina S. Howland el Lun Feb 16, 2015 10:59 pm

No cabía duda alguna de que Ridley Scott, el director de la película de Gladiador había hecho un gran trabajo con aquella producción. Tenía de todo, emoción, crueldad, amor, traición... Podías pasar de estar llorando a lágrima viva a tener los pelos de punta por la banda sonora o las expresiones del protagonista en cuestión de segundos. Era una de esas películas que siempre disfrutaba como si la estuviera viendo por primera vez y en la multitud de veces que la había visto nunca me había aburrido en absoluto.

Estabamos en una de las partes más tensas, durante la pelea entre el protagonista y el emperador, cuando la puerta se abrió de golpe, dejando entrever a Drake. Aunque fuera ciega no me hubiera resultado difícil averiguar de quién se trataba, pues sus movimientos y su forma de comportarse eran inconfundibles. Me aguanté la risa mientras el pobre hombre trataba de llegar hasta su habitación sin mirar. ¿En serio creía que si quisiera hacer algo con alguien lo hraría en el salón con el riesgo de que entrara cualquiera? Aquello ya era algo a lo que me había acostumbrado tras varios meses de convivencia con mis compañeros de piso. Sin embargo, no fui capaz de aguantar la risa cuando la desafortunada cabeza de Drake dio de bruces contra la puerta de su cuarto. Ambos comenzaron a reír inmediatamente. - Si, eso es verdad. - Admití entre risas, sin parar de simular en mi cabeza aquel golpe que le recordaría durante una semana mínimo. - Siento la interrupción, al parecer supuse mal. - Me encogí de hombros, dando a entender que me había equivocado cuando le dije que se quedaría en casa de su novia Fly.  

Tras aquella intromisión decidieron seguir con la película, que ya estaba terminando. Y los pelos de punta de nuevo, y aquella sensación y aquella adrenalina que le producían todos y cada uno de los movimientos de Russel Crowe. No era su tipo precisamente, pero en aquella película era demasiado sexy. A pesar de todo trataba de permanecer tranquila en aquella posición, ya que no quería pertubar demasiado a Christopher. Fue difícil, pero lo conseguí. De hecho me sorprendió una vez terminó la película, pues le miré y lo encontré profundamente dormido, o al menos eso parecía. "Pobrecito, estaba agotado" Me sentí culpable por un momento, ya que el motivo de que estuviera así de cansado había sido al fin y al cabo mi idea para que viniera a casa. Barajé la posiblidad de despertarle, pero al final no lo vi necesario, así que me levanté lo más lentamente que pude y con el menor ruido posible llevé la bandeja con las cosas a la cocina, aunque ya lavaría la loza al día siguiente.

Volví al salón y Chris permanecía allí, en la misma posición en que le había dejado. Cogí una manta de mi habitación y volví al salón con ella, tapándole bien para que no cogiera frío. ¿Cómo podía dormir en aquella postura? Tenía que ser súper incómoda. Una vez estuvo bien tapado le miré unos segundos con ojos cariñosos, parecía otra persona cuando dormía. Aquellos ojos que siempre parecían preocupados por algo estaban completamente relajados y su respiración era acompasada y tranquila. Me parecía un poco mal dejarle allí en el sofá de aquella manera, pero decidí dejarle una nota por si se despertaba.

"He decidido dejarte descansar ya que parecías muy agotado. No te preocupes por avisarme, puedes irte cuando despiertes. Hablamos mañana. Gracias por esta noche."



La dejé en la mesilla donde habíamos comido que se encontraba en frente del sillón y me dirigí a mi habitación. Me puse el pijama mientras un millón de pensamientos me rondaban por la cabeza: la película, Alicia, el concierto, Christopher... Había sido un día muy intenso, desde luego. Sin embargo y contra todo pronóstico no fui capaz de pegar ojo en casi las tres horas que estuve allí acostada, mirando al techo con las manos sobre el estómago. Finalmente me rendí y decidí ir a la cocina a hacerme un vaso de leche calentito, que normalmente solía ayudarme a dormir. Al menos el pensamiento de que a la mañana siguiente no tenía que ir a trabajar era una tranquilidad.

Antes de ir a la cocina me acerqué a tientas hasta el sillón para asegurarme de que Christopher estaba bien, o al menos cómodo. Y allí se encontraba, inmutable. Tenía la boca ligeramente abierta lo que le daba un aire encantador. Aquella sensación que había experimentado aquella vez en el tejado de un edificio de Londres volvió a mí como una ráfaga, cargada de deseo y desenfreno. Parecía que su cuerpo tenía un imán hacia mí y resistirme me estaba costando horrores. Sabía que no era correcto y que todo debía seguir como estaba, dar un paso más estropearía todo aquello que habíamos forjado desde que volvimos a vernos, pero allí me encontraba, a dos palmos de su cara, tragando saliva por los nervios. Era mi amigo, ¿por qué diantres tenía que sentir aquello? Una vez más, mis impulsos superaron a mis intentos de ser consecuente con mis actos y mis labios terminaron por acabar en los suyos, dándole un pequeño beso, imperceptible pero que me recorrió el cuerpo desde los pies hasta la cabeza. Me incorporé de inmediato, temiendo que se despertara y se fuera, odiandome de por vida, cosa que entendería. ¿Qué hacía acercandome de ese modo al marido de mi difunta amiga? Aquello ya se pasaba de castaño oscuro y me estaba sintiendo avergonzada por momentos, mas aquello no fue nada en comparación con lo que sentí al ver sus ojos entreabiertos, seguramente preguntándose qué demonios me estaba pasando por la cabeza.

Mi primera reacción fue alejarme de allí, esperando por los Dioses nuevos y antiguos que no se hubiera dado cuenta de mi desliz. - ¡AU! - Ni mi dedo meñique ni la esquina de la mesa estaban de acuerdo con eso de mi huída furtiva y se aliaron para provocarme un dolor infinito que hizo que tuviera que sentarme justo al lado de Christopher, que ya suponía que se encontraba más que despierto, aunque no me atrevía a comprobarlo, ya que eso suponía mirarle a los ojos y eso era casi imposible para mi en aquellos instantes. "Soy una maestra de la huída, desde luego" Pensé, agarrándome el pie con cara de dolor, esperando que se me pasara pronto para volver a mi refugio, aunque ahora sí que no iba a dormir, por mucha leche que me tomara.
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Christopher Höhner el Miér Feb 18, 2015 12:42 am

Lo último que escuchó Christopher fue al César gritando cabreado el nombre de aquel hombre que le amenazaba con acabar con su vida. Lo cierto es que la película era muy interesante, tanto por trama, como por escena e incluso por música, pero Christopher no estaba acostumbrado a quedarse hasta tan tarde despierto y mucho menos después de un concierto de música.

Cayó rendido y sus párpados se cerraron tan apaciguadamente que ni se percató de que se estaba durmiendo. Se sentía especialmente cómodo, tanto por postura como por compañía, por lo que para él, estaba como en su casa. Encima no tenía zapatos, que en cierta manera eso define si estás en tu casa o no. O Christopher por lo menos, nunca llevaba zapatos en su casa. No soñó, de hecho, estaba en una tranquilidad casi suprema. Era reconfortante el hecho de habérselo pasado tan bien y estar tranquilamente acostado, descansando por todo el trote que le ha supuesto ese día. Y así estaba Christopher.

No se dio cuenta cuando Kate se levantó. Ni cuando apagó la televisión. Ni tampoco cuándo volvió al salón a ponerle una manta por encima. Si no le tocabas o hacías un ruido increíblemente notorio, Christopher podría permanecer dormido durante horas, siempre y cuando estuviera cómodo. Ahora, aparte de cómodo, estaba calentito gracias a la manta.

Sus sueños, o más bien sus simples pensamientos se volvieron más dulces al volver a sentir, inexplicablemente, de nuevo, el aroma de Katerina. Y más dulces se volvieron todavía cuando sintió una suave presión en sus labios. Sus ojos se entreabieron lentamente y pudieron observar como se encontraban con los de Katerina justo en frente de él. Frunció el ceño, ya que aunque no fuera a mal, fue una sorpresa encontrársela en aquella situación.

Ella reaccionó de manera rápida, de tal manera que por el golpe, se había dado un buen leñazo en el pie. Christopher se despertó del golpe al escuchar su queja y no pudo evitar sonreír aguantando la risa cuando Kate se sentó a su lado sujetándose el pie. Se sujetaba el pie tan fuerte que parecía que se le había caído el dedo meñique y estaba haciendo presión para no desangrarse. O por lo menos, seguro que le ha dolido tanto que es similar el dolor.

Christopher, aun medio adormilado pero más despierto que nunca, buscó la mirada de la chica, pero esta rehusaba de tener contacto visual con él. Normal después de lo avergonzada que podría llegar a estar. Y era normal, al fin y al cabo no se besa a alguien que está dormido y mucho menos te esperas que te vea.

Pero Christopher no era una persona cualquiera y mentiría si no dijese que durante toda la película no hubiera tenido ganas de sujetar su rostro, pasar un mechón de pelo por detrás de su oreja y besarla. Tenía miedo de hacerlo, al fin y al cabo, Kate era tan agradable con todo el mundo que temía equivocarse con sus intenciones, o más bien, acelerarse de manera inconsciente por lo que estaba sintiendo. Sentimientos que hacía tiempo que no tenía por ninguna otra mujer. Así que haberla visto de aquella manera, tan temerosa y cohibida con el beso, no podría haberle hecho abrir más sus ojos -tanto metafórica como literalmente-.

No dijo nada, la verdad es que nunca había sido una persona de muchas palabras… por lo que simplemente llevó su mano a la barbilla de la chica, la cual seguía cabizbaja en busca de no mirar a Christopher. El hombre elevó su mentón y lo giró hacia dónde estaba él. La miró durante unos segundos y sin pedirle permiso -ya que se la debía por haberle robado a él primero un beso- la besó. Esta vez, consciente de lo que estaba haciendo.

Un cosquilleo le recorrió el vientre, producto de un pequeño nerviosismo interior que había aparecido de manera casi inmediata pero no le importó, sino que disfrutó del primer beso que daba después de muchísimos años. Podría haberse sentido como un primerizo sólo por la sensación interior, pero no, aquello era como montar en bicicleta.

Se separó de ella y le sonrió. Le sonrió con sinceridad, con una risueña sonrisa en dónde mostró incluso sus dientes. Bajó la mirada un poco tímido y finalmente negó con la cabeza.

- Nunca me han ido las chicas que me besan a intempestivas horas de la noche mientras duermo…

Alzó la mirada, clavando sus ojos en los de ella.

- Tienes suerte de que te conozco de antes y me gustaría creer que es una faceta que estás intentando superar.

Bromeó eso último, con el único objetivo de hacer que Kate se sintiera a gusto con él y no aún con la intención de apartar sus ojos de los de él.
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Katerina S. Howland el Miér Feb 18, 2015 8:22 pm

Antes de atreverme a hacer aquello me había preguntado: ¿qué era lo peor que podría ocurrir? Desde luego, aunque lo había pensado y era bastante obvio que podía ocurrir no me había hecho a la idea de que pudiera abrir los ojos y verme allí con cara de empanada tras darle un beso sin su consentimiento. Creo que nunca había estado tan avergonzada en toda mi vida. Ahora mismo y si no fuera porque apenas había luz debía parecer un tomate andante a punto de estallar en mil pedazos. ¿Qué demonios se me había pasado por la cabeza? Si, Christopher era un hombre atractivo, me resultaba muy atrayente y su forma de ser en ocasiones me daba escalofríos de lo genial que podía llegar a ser, pero de ahí a atreverme a dar aquel paso había un trecho.

Quise pedir disculpas, decirle lo típico, que no era lo que parecía o que no volvería a repetirse, pero no hizo falta que abriera la boca. Mis ojos no daban crédito a lo que veían. Christopher no sólo no parecía enfadado conmigo, sino que por el contrario parecía encantado de que hiciera aquel sacrilegio. Éstos se abrieron aún más cuando se acercó a mí sin decir una sola palabra y me devolvió el beso. Sin embargo, segundos más tarde no pude evitar cerrarlos y disfrutar de aquella sensación que hacía años que no experimentaba, o al menos de aquella forma tan intensa.

Christopher se separó antes de lo que me hubiera gustado, sus labios eran adictivos. No pude hacer más que mostrar una tímida sonrisa cuando habló, aún me sentía aterrorizada, casi como en mi primer beso o incluso peor. Finalmente la habilidad de hablar y de articular palabras volvió a mi cerebro y un poco más tranquila le miré a los ojos. – Lo estaba dejando, pero me has hecho recaer… - Volví a mostrarle una leve sonrisa, aunque esta vez más natural y relajada. - ¿No te ha molestado? – La respuesta era aparentemente obvia, ya que de ser así no me hubiera respondido el beso, pero necesitaba que me lo dijera. – Sinceramente no sé qué me pasa… Nunca había pensado en tí de este modo… - Mentí, realmente si me había pasado una vez, pero decidí borrarlo de mi mente e ignorarlo todo el tiempo posible. Al parecer ese tiempo había llegado a su fin, ya que no pude evitar las ganas de probar aquella sensación. - ¿Me haces un huequito? – Señalé levemente al sillón donde estábamos sentados. Mi voz aniñada mezclada con aquellos ojos que tanta debilidad transmitían se dirigieron a los suyos, pidiéndoles permiso para acurrucarme un poco a su lado. Fui a hacerme un hueco, no sin antes darle otro pequeño beso, mucho menos largo que el anterior.

Quizás lo más maduro era hablarlo, aclarar cosas y sentimientos, pero ¿desde cuándo era yo madura? Lo único que quería en aquellos momentos era sentir su calor, su cuerpo junto al mío. Me hacía sentir tan protegida y su aroma era siempre tan cautivador…
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Christopher Höhner el Miér Feb 18, 2015 10:55 pm

Podríamos retroceder bastante en el tiempo y veríamos a Christopher sin ningún tipo de interés en ninguna mujer en particular, empezando su primer año de docencia en Hogwarts. Si no te ibas tan atrás y empezabas a observar su vida desde que apareció Kate, cambiaba mucho. Solía tener una amiga importante, algo que no tenía desde hacía tiempo sin contar a su hermana y sobre todo mostraba interés por ella. Era una mujer que con cada sonrisa iluminaba la sala y recordaba perfectamente estar por la mañana en la sala de profesores, aburrido leyendo el Profeta y sentir cómo Kate los animaba a todos sólo con su manera de ser.

Inevitablemente, su manera de ser, su energía insaciable, su manera de ver la vida y toda la pasión que tenía Kate, le recordaban a Rose. No de la mala manera, esa manera en la que recuerdas una memoria y le das más valor a eso que a lo que tienes delante, sino al revés. Dio valor a Kate por aquello que una vez había amado. Su sonrisa, su mirada, su todo… habían hecho que Christopher volvieran a sentir nuevamente lo que era querer a una persona.

Se sentía confuso en un principio, puesto que había estrechado su relación bastante con Katerina, pero no sabía si ella querría lo mismo y si lo únicos sentimientos que habían allí venían por parte de Christopher. Pero el hombre lo veía difícil, o más bien no veía nada, ya que veía a la chica como un alma libre sin querer comprometerse a nada. O por lo menos, era lo que dejaba ver. Además, era tan agradable con todo el mundo que Chris nunca vio ninguna señal. Quizás estaba perdiendo facultades.

Por lo que cuando le besó, no lo dudó ni un momento. Él era consciente de que las oportunidades sólo pasan una vez en la vida, por lo que se lanzó al ver que Katerina se había quedado en un estado de arrepentimiento. No tenía nada por lo que arrepentirse.

- Me hubiera molestado si llegas a ser otra persona. Como eres la chica a la que llevo queriendo besar toda la noche, pues es incluso hasta agradable.

Contestó Christopher a su pregunta, recibiendo por parte de ella una contestación que en realidad no le gustó mucho. Y si no había pensado en él así… ¿por qué le había besado? Chris podría haber preguntado, pero prefirió hacerse el sincero indignante.

- Ah, ¿no?

Arrugó el ceño. Qué palo.

- Curioso, porque tú llevas confundiéndome ya meses. Podrás habido comprobar que no soy una persona de muchas palabras y lo cierto es que si no estoy seguro de algo, es difícil verme dar el primer paso.

Dejó claro, mirándola de reojo.

- Eres de lo que no hay… Anda, ven.

Dijo con una divertida sonrisa en el rostro cuando le pidió un hueco a su lado. Christopher se destapó y abrió el espacio suficiente como para que se metiera. Por cómo estaba colocado, un brazo se quedó por detrás de sus hombros y con la otra mano los tapó, quedándose abrazado a ella debajo de la manta. Apoyó su cabeza en la de ella y realmente… ¿qué hora sería? ¿de madrugada? él no tenía nada de sueño, se le quitó todo de golpe con aquella situación. Por lo que tras darle un beso prolongado, cariñoso y protector en la cabeza, carraspeó. Tenía los ojos cerrados, pues realmente no estaba mirando a nada en particular.

- De verdad que ahora mismo me gustaría saber qué está pasando por tu cabeza…

No lo dijo de manera curiosa, más bien de manera preocupada. Chris no solía tener estos momentos en su vida, por lo que si realmente hacía algo así es porque la mujer realmente le interesaba. Quería saber si era recíproco o no. Quería tener las ideas claras y su: “No sé que me pasa nunca había pensado de ti de este modo” no le gustó demasiado.
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Katerina S. Howland el Sáb Feb 21, 2015 3:32 am

¿Que llevo confundiéndole meses? Eso sí que me había pillado desprevenida. Nunca en la vida, jamás, se me hubiera pasado por la cabeza que Christopher pudiera sentir hacia mí algo más que pura amistad y cariño, cosa que era obvia, teniendo en cuenta la sucesión de los hechos a lo largo de los últimos años. Se había casado con mi mejor amiga, había tenido un hijo con ella, yo había decidido recorrer el mundo huyendo de todo aquello que me hacía sentir atada a obligaciones y había vuelto años más tarde con la intención de retomar el poco contacto que teníamos. El mero hecho de pensar en él de aquel modo me hacía sentir rara, pero ahora que sabía que en algún momento él también había tenido esas dudas me sentía aún más extraña, contra todo pronóstico. Debería ser al revés, aquella confesión por su parte debería proporcionarme tranquilidad y serenidad, pero de algún modo sentía que estuviera traicionando a alguien, aunque en el fondo no tenía por qué ser así. Al fin y al cabo yo no elegía lo que sentía o dejaba de sentir, por lo que verle de ese modo no era mi culpa. "Estúpido y sensual Christopher"

Tras mi contestación noté cierto alejamiento por su parte, aunque era ínfimo yo lo había notado. Probablemente había hecho mal escondiendo mis sentimientos verdaderos de aquel modo, por lo que tras acostarme a su lado y disfrutar de aquel cariñoso beso en la cabeza decidí ser sincera. A aquellas alturas ya no tenía nada que perder, ¿no? - No he sido del todo sincera. - Admití, girándome un poco para mirarle. - Y mereces saber la verdad. - Sus ojos seguían tan o más hipnotizantes como siempre aún en aquella casi completa oscuridad. - Llevo bastante más tiempo pensando en tí. Más concretamente desde el día que me llevaste a aquel edifcio. - ¿Cómo demonios me estaba atreviendo a decir todo aquello sin apenas inmutarme? No lo sabía, pero ya no había marcha atrás. - Traté de borrar aquella sensación y casi lo había conseguido hasta esta noche. Pensé que no era correcto, que quizás cambiarías tu forma de verme si te lo hubiera confesado y un millón de estupideces más. Lo sé, parezco una quinceañera. - Le hablaba en susurros, puesto que no quería despertar a Drake y tampoco hacía falta que alzara más la voz teniendo en cuenta la distancia a la que nos encontrábamos. - Eres tan genial... - En ese momento una de mis manos se posó en su brazo, comenzando a acariciarlo mientras formaba círculos en su piel. - Nunca me había sentido así con nadie. - Aquello último fue fruto de una valentía que ni yo misma conocía. Ni tan siquiera me había parado a pensar antes de hablar, aunque aquello no era ninguna novedad en mí.

Me viré del todo, quedándome justo en frente de él y mi mano subió hasta su rostro. Le acariciaba con un cariño profundo y sincero. - Eres una de las personas más importantes para mí ahora mismo, Christopher. - Y sin esperar respuesta sentí la necesidad de volver a besarle, sintiéndo de nuevo aquel escalofrío, tan placentero e incómodo a la vez. Sabía que en breve tendríamos que volver a nuestras rutinas, aunque no sabía en qué podía parar todo aquello. En aquellos momentos sólo quería disfrutar de él, sin pensar en el mañana ni en nada que pudiera perjudicarnos. Sólo en sus besos, tan cariñosos y apasionados como siempre los había imaginado desde aquel día.
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Christopher Höhner el Lun Feb 23, 2015 1:57 am

Christopher no solía ser partidario de olvidar nada. Al fin y al cabo, aquello que vives, aquello que sientes… te forman como persona, te hacen ser quién eres. Cuando Katerina le dijo que en un momento sintió algo pero que prefirió intentar borrarlo, le hizo tener qué pensar. Kate era una de las personas más decididas y fuertes que conocía... ¿Por qué razón desarrollar algún tipo de sentimientos por él iba a cohibirla tanto?

Christopher sonrió cuando la mujer dijo que parecía una quinceañera. Sí, lo parecía, no iba a negárselo. Chris era un hombre maduro y en el hipotético caso de que cualquier persona importante para él le declarase unos sentimientos que no fueran correspondidos, jamás dejaría de ser cómo es con dicha persona. Aunque al principio le dejaría claro cuales son sus sentimientos para no crear falsas esperanzas. Pero con Kate… No iba a mentir, en el momento en el que ella hablaba, ni él mismo sabía como reaccionaría; le hubiera metido en un lío de confusión, pero sin duda no hubiera cambiado su forma de ser.

Tampoco sabía si Kate alguna vez había tenido alguna relación seria, o por lo menos medianamente seria, ya que hacía muchos años que no se veían. No obstante, él desde siempre fue hombre de una sola mujer. Es decir, sabía perfectamente cuando los sentimientos eran claros y sinceros. Sabía cuando alguien trastornaba sus sentidos y su cuerpo. Desde siempre había sabido que alguien que te hiciera sentir tan bien, era alguien a quién conservar cerca.

Chris si había sentido una vez ésto por alguien. Y sin duda alguna, era un hombre que no tenía en mente dejar escapar aquello, no después de haberlo perdido una vez y pensar que nunca más lo conseguiría.

- No hubiera cambiado de haberme dicho cualquier cosa. ¿De verdad me ves cambiando mi forma de ser por cualquier cosa?

Preguntó retóricamente. Retóricamente porque esperaba no recibir una contestación diferente a la que él estaba pensando.

A Christopher le gustó oír lo que salía por los labios de Kate, a la vez que se posicionaba justo en frente de él. El hombre esbozó una pequeña sonrisa, mirándole a los ojos a la vez que ella le acariciaba el rostro.

- Podría decir lo mismo de ti.

Contestó Christopher, recibiendo su beso. Sus manos se posaron en su cadera y sus ojos se cerraron como quién disfruta del manjar más delicioso de todos. Sonrió en sus labios y se separó de ella lentamente.

- No pensé que volvería a besar a nadie así.

Era una manera de decirle que no, tampoco pensaba volver a tener esos sentimientos por ninguna otra persona que no fuera su Rose.

La besó nuevamente y dejó caer su cuerpo hasta quedarse recostado en el sillón. Abrazaba a Kate, de tal manera que se quedó por dentro del sillón apoyada en él. Se tapó por encima con la manta, asegurándose de que ella también lo estaba -aunque probablemente se muriera de calor porque Christopher era una máquina de calor- y la besó por última vez en la frente, abrazándola como si sus brazos fueran protecciones.

- Prometo…

Dijo antes de dormirse, con una divertida sonrisa en su rostro.

- Que mañana no será difícil hablar de esto.

Y su pecho se movió, producto de una pequeña risa que le había producido la situación. Era sabido por todos que cuando estas cosas pasaban, al día siguiente, o la próxima vez que te vieras, era tan difícil comenzar la conversación que lo evadías y lo evadías hasta que es inevitable.

Finalmente, se quedó dormido otra vez en el sillón, aunque en aquel momento mucho más cómodo y tranquilo que la anterior vez.

*

No le despertó Kate. No le despertó su incomodidad, tampoco lo hizo un rayo de sol malévolo colándose por la cortina de la ventana. No. Lo hizo un caldero chocándose estrepitosamente contra el suelo. Del golpe, tanto Kate como él, se levantaron del susto.

Giró la cara hacía la cocina y pudo observar a su compañero de piso con una bata rosa y bastante corta recogiendo todo aquello mientras se llevaba una mano a la cabeza y tiraba los cubiertos sucios de la mesa al suelo también. Alguien iba a necesitar un remedio contra la resaca...

Miró a Kate y se frotó los ojos de manera infantil.

- Yo he dormido muy bien, pero creo que tu compañero necesita su casa entera y una buena compañera que le desintoxique de su resaca.

Puso la mano en el muslo de Kate y la miró.  Una sonrisa apareció en su rostro somnoliento.

- ¿Te veo luego?
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Katerina S. Howland el Mar Feb 24, 2015 5:13 pm

Podía estar avergonzada, arrepentida, confusa… pero sobretodo me sentía aliviada. Había llevado aquel sentimiento dentro de mí más tiempo del usual pero hasta el momento pensaba que había conseguido enterrarlo por completo, que solo había sido un capricho momentáneo. Era obvio que no era así. Aquella pasión y aquellas ganas de estar con él estaban más a flor de piel que nunca y saber que él también sentía lo mismo y que no se sentía culpable por ello me transportaba a un estado de felicidad y paz que pocas veces había experimentado. No sabía cómo terminaría aquello, ni siquiera sabía si había comenzado algo, pero en aquel último beso de la noche me propuse no pensar en el futuro, sino vivir aquel momento y quedarme con lo mejor de él.

Las palabras que salían de su boca me sorprendían y a la vez me consternaban. “¿Tan importante soy para él?” Decir que no pensaba que volviera a besar a nadie de aquel modo era para mí algo que me dotaba de demasiada responsabilidad. Por otra parte me aterraba, si esto significaba para él tanto como me transmitía no quería decepcionarle. Pero realmente eso no me preocupara, puesto que sabía que no lo haría.

Apenas dije nada. Me limité a dejarme llevar, a dejar que me besara, a dejar que me tapara con la manta y a dejar que me hiciera sentir protegida, sin poder evitar sonreír tras su última frase. “Creo… que te quiero” Y mis ojos se cerraron para sumirse en un profundo sueño, aunque ahora la realidad era mucho más placentera y excitante.

***

Al despertarme a la mañana siguiente me encontré con que no era la única y con razón. “Drake, cómo no” No me molestaba que fuera tan torpe, sino todo lo contrario, si me preguntaran probablemente dijera que eso era lo que más me gustaba de él, su espontaneidad y naturalidad. Nos parecíamos mucho en ese aspecto. No solíamos pensar demasiado en las consecuencias de nuestros actos y ante todo éramos torpes a más no poder. Si nuestra diferencia de edad no fuera tan amplia pensaría que fuimos separados al nacer.

Christopher permanecía a mi lado, observando la escena. Negué con la cabeza con diversión y le sonreí, radiante. Me encontraba realmente bien a pesar de haber compartido un pequeño sofá para dormir. - ¿Qué tal has dormido? – Le pregunté, desperezándome un poco. – Supongo que fatal, el hueco que te he dejado es ínfimo. – Me eché la culpa, volviendo a acariciarle el rostro con cariño. – Igual tienes razón. – Le di un beso en la frente, justo como había hecho él antes de quedarnos dormidos y nos levantamos. - ¿Quieres ir a cenar esta noche? Esta vez eliges tú el sitio. – Le guiñé un ojo en plan picarona y le acompañé hasta donde estaban el perchero con su chaqueta y sus zapatos. - ¿A las ocho te parece bien? – El asintió. Por un momento me planteé cómo debía despedirme de él, aún seguía algo confundida, necesitaría tiempo para adaptarme y además aún debíamos hablar y aclarar ciertas cosas, por lo que finalmente me decanté por un dulce beso en la mejilla, cerca de la comisura del labio. – Hasta luego,señor Höhner – Inconscientemente me mordí el labio inferior levemente, dedicándole una sonrisa antes de cerrar la puerta tras de sí.

Me apoyé en la puerta una vez cerrada y permanecí allí unos segundos hasta que Drake salió de la cocina y me miró con esa cara que usa siempre para chincharme en aquellos temas. – Qué miras, ¿idiota? – Le insulté en plan cariñoso. -  Anda, ¿te hace una partida al LOL mañanero? ¿O estás muy resacado para ello? Si ganamos me compras la skin nueva de Jinx. – Y sin más me dirigí a mi habitación, a sabiendas de que él no rechazaría una proposición así y menos un domingo. Los domingos eran para jugar, de toda la vida del Señor.
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