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Apparating is not so easy! {Axel S. Crowley}

Stella Moon el Sáb Nov 29, 2014 6:35 pm

Pensaba que iba a tener un agradable día libre, pero debería haber sabido nada más levantarme que aquello no iba a ser así. Todavía estaba tomándome mi desayuno tranquilamente en mi piso en el centro de Londres cuando recibí una llamada a través de la Red Flu de mi jefe. ¡Ese asqueroso idiota no me deja en paz nunca! Lo bueno que tienen los Muggles es que se comunican por teléfono, y el teléfono es muy fácil ignorarlo, pero los magos y brujas teníamos el problema de que no se puede ignorar a la Red Flu. Puse los ojos en blanco y recibí el mensaje de mi jefe. El muy imbécil me dijo que tenía que ir al trabajo, pero yo protesté diciendo que era mi día libre, y él replicó diciendo que había una cita para una clase de Aparición y que no se había dado cuenta hasta ahora y que necesitaba que un instructor fuese a la clase. Volví a protestar, diciéndole que mandase a alguno de los otros instructores, pero el idiota me dijo que los demás estaban ocupados con otros alumnos o que también tenían días libres y que no conseguía contactar con ellos. Tuve que hacer un enorme esfuerzo para no poner los ojos en blanco ni adoptar la expresión más agresiva posible ni gritarle al estúpido de mi jefe. Como era una profesional con las apariencias conseguí mantener mi rostro neutral al principio, y luego sonreí amablemente (de una manera súper falsa, pero él no se dio cuenta). Dije entonces que sí que iría (mi trabajo es esencial para mantener mi fachada y que no descubriesen lo que era de verdad, así que no podía mandar a la mierda a mi jefe) y la cara de mi jefe que se había formado en las llamas de la Red Flú se iluminó de alegría y me dio las gracias como si acabase de salvarle la vida. Que patéticamente melodramático...

-Viejo imbécil- mascullé entre dientes en cuanto la cara de mi jefe desapareció de mi chimenea. ¡Espero que el Señor Tenebroso se haga con el control de todo el mundo pronto para así poder dejar de fingir y poder mandar a la mierda a este hombre tocapelotas!

Terminé rápidamente de desayunar y fui a darme una ducha rápida y a cambiarme. Había estado en pijama cuando había recibido la llamada vía Red Flú, por cual supongo que le ha alegrado la vista a mi jefe y lee efecto le duraría durante semanas, pues no siquiera para dormir me pongo algo que no sea bonito o sexy, a pesar de que el invierno está a la vuelta de la esquina. Después de la ducha me puse ropa del estilo que normalmente me pongo para ir a trabajar: unos pantalones negros ajustados, un top blanco, un blazer negro y unos tacones también negros. Todo muy profesional, pero no era soso, y menos cuando se combinada con unos pocos accesorios. Por encima me puse la túnica de trabajadora del Ministerio de Magia, agarré mi bolso con todas mis cosas y me transporté al Ministerio a través de la Red Flú.

Una vez que aparecí en una de las chimeneas del Atrio me dirigí rápidamente a los ascensores, y me bajé en el sexto piso, que era el mío. Allí encontré a mi jefe en persona, quien una vez más me dio las gracias de manera entusiasmada y se disculpó por molestarle. En vez de molestarme tanto lo que podría hacer sería subirme el sueldo, el muy cerdo...

El tipejo me dio una carpeta con papeles, entre los cuales había uno con información acerca de la clase de Aparición que debía impartir yo hoy. Era un alumno de Hogwarts, de 17 años, por lo que ya era mayor de edad y podía sacarse la licencia. Me resultaba raro que estuviese tomando su primera clase tan tarde y no el año pasado, pues todos los años le dábamos clase a los de sexto. Pero bueno, el por qué este alumno no se había sacado la licencia en su momento no importa, lo que importa ahora es que tengo que hacer mi trabajo. Sin siquiera despedirme de mi jefe me Desaparecí del Ministerio y Aparecí en Hogsmeade.

Normalmente a los magos y brujas mayores de edad les damos clase en el Ministerio, en el mismo lugar donde se hace el examen, pero como los alumnos no pueden ir más allá de Hogsmeade les damos clases allí a los que quieren clases privadas. Había aparecido en medio de Hogsmeade, sobresaltando a un par de brujas que había al lado. No me disculpé, no siquiera les dirigí una mirada, y me puse a caminar para ir al lugar donde se impartían las clases privadas.

Justo en el borde del pueblo había una gran plaza que estaba casi siempre vacía porque cerca de allí no había ninguna de las tiendas ni tabernas que tanto gustaban a las gente, así que era perfecta para practicar Aparición. Se necesitaban espacios moderadamente grandes para que las clases fuesen más cómodas, y aquel lugar era genial. El alumno al que iba a enseñar aquel día todavía no había llegado, faltaban cinco minutos para el comienzo de la clase, así que m senté en un banco a esperar. Crucé las piernas, apoyé la espalda en el respaldo del banco, y leí el nombre del alumno una vez más. Crowley. Conocía aquel apellido, pues venía de una familia prestigiosa y con mucho poder. Alcé las cejas. Puede que está clase vaya a ser interesante después de todo.
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Axel S. Crowley el Lun Dic 01, 2014 7:32 pm

Le había mandado una carta, gracias a las indicaciones  de su hermana, al jefe de departamento de desaparición. Axel debería haber aprendido el año pasado a desaparecerse, pero no lo hizo. ¿Por qué? Se trataba de un chico con poquísimo tiempo libre, ya que pretendía sacarse los EXTASIS con todo Extraordinario para poder graduarse y ejercer de becario. No obstante, debido a problemas físicos se pasó el último mes de Hogwarts en San Mungo sufriendo las consecuencias de la enfermedad que le había entrado, por lo que no pudo graduarse.

¿Eso a qué con llevaba? Conllevó a  repetir séptimo y, teniendo en cuenta de que se aburría lo que no estaba escrito ya que todo el temario que están dado él se lo sabe perfectamente debido a su dedicación anterior, decidió hacer aquello que no pudo hacer el año pasado. Tenía mucho tiempo libre actualmente y odiaba tener tiempo libre improductivo.

Recibió una contestación del mismo hombre al que le había mandado la carta y éste le citó con una de sus empleadas en Hogsmeade. Axel no podía ir muy lejos entre semanas, por lo que le parecía más que acertado tocar los primeros conceptos básicos en un lugar cercano.

Sólo tenía el nombre de la que sería su instructora: Stella Moon. No tenía nada más, sólo un lugar a dónde ir. Sin muchos preámbulos, llegada la hora (media hora antes, exactamente), salió de Hogwarts. Se vistió más normal que nunca, unos vaqueros más ajustados que sueltos, una camiseta de manga corta con un dibujo sutil que ni él se había parado a mirar, sus amplias botas negras y su anorak negro. Sabiendo como solía ser el tiempo en Hogsmeade, mejor asegurarse de no volver con un constipado  por llegar empapado.

Había llovido esa noche, por lo que las calles de Hogsmeade estaban llenas de charcos por todas partes. Ensimismado en sus pensamientos, tenía la manía de esquivarlos todos con pequeños saltos. Una manía que desde pequeño poseía.

Llegó al otro extremo de Hogsmeade con bastante lentitud, ya que la gente aún estaba reparando aquellos locales destrozados por el ataque de Voldemort. Una vez pisó aquella plaza, vio primero a una pareja caminado, a un hombre con un perro y a una mujer sentada en el banco ojeando lo que parecía un informe. Por descarte se dirigió hacia la mujer. A medida que se acercaba, sus ojos se iban abriendo cada vez más. “¿Por qué razón en mi mente una instructora de aparición era más bien bajita, de caderas anchas y hombros delgados y con algunos kilitos de más?” se preguntó a sí mismo. Aquella mujer parecía la típica jefa atractiva de algún departamento, la cual quitaba el aire a todos sus empleados. Y con razón.

Sonrió con la boca cerrada al quedarse en frente de ella, llamando su atención sólo con su presencia.

-¿Stella Moon, no?-Dudaba haber llegado él primero debido a todo el revuelo en Hogsmeade y tampoco creía que aquel hombre con el perro se llamase Stella Moon.-Soy Axel Crowley, su futuro alumno desmembrado en San Mungo.-Bromeó, tendiéndole la mano formalmente. En realidad Axel era tan bueno en Transformaciones como en cualquier otra asignatura, por lo que se veía perfectamente capaz de conseguirlo.-Espero no haber tardado mucho, Hogsmeade está hecho una mierda después del ataque…-Se disculpó.
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Stella Moon el Jue Dic 04, 2014 7:13 am

Ahí estaba sentada en el banco, leyendo la ficha mientras esperaba pues no tenía otra cosa que hacer, hasta que un joven se me acercó y entonces alcé la vista para ver si se trataba del alumno al que estaba esperando. Me encontré entonces mirando a un adolescente alto y bastante atractivo. Sonreía levemente, y se presentó de manera formal tendiéndome la mano para estrechármela. Sí, ese era el alumno al que estaba esperando. Me llevé una grata sorpresa al ver que no se trataba del típico Ravenclaw con pinta de empollón que abundaban en Hogwarts en mi época de estudiante. Si dejaba que mi mente se alejase bastante del ámbito profesional, podía hasta llegar a pensar que aquel chico era del tipo que me gustaba cuando era una alumna.

Me puse de pie y sonreí amablemente al chico, Axel, y respondí a su gesto estrechándole la mano.- Mucho gusto, señor Crowley- le saludé. Mi trabajo me obligaba a ser muy formal con los alumnos durante estas clases, pero la barrera de los nombres y apellidos solía romperse en algunas ocasiones después de un par de clases. Sonreí más ampliamente ante su broma. Normalmente no me muestro simpática con los alumnos y les dedico un gesto serio y algo intimidante en ocasiones, pero este no es un alumno cualquiera, ¡es un Crowley! Aún así, procuraré que sepa quién es la que está a cargo aquí.- Si acaba desmembrado asumiré que no está prestando atención a mis lecciones- dije alzando las cejas levemente.- Y eso no sería muy acertado.

Dijo que esperaba no haber tardado mucho, puesto que Hogsmeade estaba algo mal después del ataque de los mortífagos y era difícil llegar a los sitios. Ya me había dado cuenta antes de que el pueblo está bastante destrozado, pero era de esperar después del infierno que desatamos los mortífagos en él. Dejé que mi vista se desviase un segundo hacia li lejos, y desde donde estaba pude ver el campanario en el que me había duelado contra Drake. La gente no se pondría nada contenta si supiesen que el campanario no lo había derribado uno de los nuestros sino que había sido un Auror. Todavía no tengo ni la más remota idea de lo que pretendía hacer Drake al tirar el campanario. Tejón descerebrado... No le he visto desde que le tiré una roca a la cabeza, así que todavía vivo con la duda de si le he dejado con daño cerebral permanente (el cual tienen todos los Hufflepuffs) o si está bien.

-Sí, necesita que lo remodelen un poco- asentí, sin dejar ver en mi rostro ni un atisbo de la satisfacción que me daba ver el pueblo en ruinas gracias a los míos, aunque en el fondo también me daba algo de pena. Había pasado momentos muy buenos en Hogsmeade durante los fines de semana de mis años como alumna.- Pero no te preocupes, has llegado justo a tiempo. Soy yo la que me había adelantado- dije. Había empezado a tutear a Axel porque, a decir verdad, me parecía algo tonto tratar tan formalmente a un chico con el que tampoco me llevo tanto. A mí no me molesta que me tuteen, pero tratar de usted a gente joven se me hacia raro todavía. Además, soy una instructora, no una profesora de Hogwarts.- ¡Bueno! ¿Te parece que vayamos empezando?

Saqué mi varita de mi bolsillo y apunté al suelo. A nuestro alrededor aparecieron en el suelo de la plaza, con unos tres metros de distancia entre vas uno, tres aros rojos en los que cabía una persona de pie. Eran los que se usaban en todas las clases de Aparición, y a medida que se iba avanzando, más separados estarían los tres aros de cada uno.

-Bien, antes de empezar con la práctica voy a hacerte unas preguntas para ver cómo está tu nivel- dije. Necesitaba tener una idea del trabajo que iba a tener que hacer con este chico.- ¿Te has Aparecido conjuntamente con alguien alguna vez? ¿Es esta tu primera clase? No pasa nada si no tienes absolutamente nada de experiencia con la Aparición, para eso estoy yo aquí. Te haré un experto en la mitad de tiempo que los demás instructores, ya verás- dije, y le dediqué una sonrisa ladeada y traviesa. No tengo ni una pizca de modestia, y sé perfectamente que soy la mejor instructora de Aparición que tiene el Ministerio.
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Axel S. Crowley el Sáb Dic 06, 2014 1:55 pm

Si Axel terminaba desmembrado, no le importaría nada cualquier reprimenda por no estar prestando atención, estaría demasiado ocupado mirando su muñón en dónde… no sé, ¿ponerse un garfio? Aunque eso era demasiado mainstream últimamente. Lo importante sería que con un arreglo así en su físico, se plantearía seriamente sacarse su licencia de aparición. Frunció los labios en un gesto divertido ante lo que dijo y se encogió levemente de hombros.

Después de eso, el chico se preocupó de haber llegado a la hora. Una de las virtudes de Axel es que intentaba siempre ser puntual, aunque en ocasiones le costase más de la cuenta por motivos ajenos a él. Por suerte, la chica le contestó que había sido ella la que había llegado un poco antes. Axel consideró dicho gesto agradable, ya que la mujer parecía tomarse aquello en serio y, por lo que parecía, le gustaba tenerlo todo bajo control. El Ravenclaw agradeció que la chica comenzara a tutearle, ya que si a él le parecía extraño tratarla a ella de usted, al revés debía serlo todavía más.

-¡Claro!-Exclamó el Crowley, dando una leve palmadita al aire.

Fue entonces cuando el chico observó alrededor como se creaban tres aros rojos. Había oído hablar de ellos, sobre todo  por su hermano Vladimir, el único Crowley en sacarse la licencia a la tercera. No destacaba por ser precisamente el segundo Crowley más inteligente, ya que el primero estaba claro que era en Ravenclaw. Axel prestó atención a lo que le decía su instructora, asintiendo casi inconscientemente. Cuando terminó de hablar, el chico la miró. La chica poseía tacones, pero aun así Axel era más o menos del mismo tamaño, ya que era bastante alto para un chico de su edad.

-Sí me he aparecido con gente y bastantes veces además, creo que no tendrás que soportar ver a uno de tus alumnos vomitar por su primera aparición.-Dijo el chico, consciente de que mucha gente en su vida se había aparecido y aprendía por primera vez con gente como ella. Era común vomitar después de aquello, te revolvía el estómago y en sí todo tu organismo interior. Hasta que no te acostumbraras, aquello parecía una tortura china.-Pero sí es mi primera clase. Nunca me han hablado técnicamente de la aparición y la verdad es que no te voy a mentir, apenas me he informado de ella.-Sorprendente viniendo de un Ravenclaw como él, pero al igual que muchas otras cosas, algunas carecían del valor necesario como para llamar su atención. La aparición era algo sumamente práctico, por lo que nunca se interesó por aprender su teoría.-¿Pertenece a la rama de transformaciones o a la de encantamientos? –Preguntó, consciente de que esa pregunta no venía a cuento. En ocasiones no puede evitar preguntar ciertas cosas.-Bueno olvida la pregunta.-Se excusó con una sonrisa.-Continúa.
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Stella Moon el Dom Dic 14, 2014 12:35 am

Podía ver perfectamente en la cara del alumno que no le importaría tres pepinos que le regañase si acababa desmembrado por culpa de no estar prestándome atención. No sé qué se creía este, pero la despartición era un tema muy serio. A mayoría de los alumnos pensaban que era algo divertido, pero no lo era. Me acordaba especialmente de un caso que ocurrió el año pasado, cuando tuve un alumno de Slytherin especialmente confiado y arrogante. yo pertenecí a la noble Casa de Slytherin y sé que los de esa Casa son algunos de los mejores, pero los que no lo son pueden llegar a ser especialmente tontos. Aquel era el caso del chico del año pasado, un tal... ¿Greene? No recuerdo exactamente cómo se llamaba, pero el caso es que el chico se puso muy chulo yo conmigo, no me prestaba atención y actuaba como si él fuese el gran genio de la Aparición, y acabó con su más preciado miembro varonil desmembrado. Nunca he presenciado una situación más patética, no tampoco más graciosa. Tuve que morderme la lengua para no estallar en carcajadas y perder mi trabajo, pero eso se hizo especialmente difícil cuando llegó la hora de arreglar la despartición. El pobre chico estaba tan horrorizado y avergonzado que no sabía si quería que se lo arreglasen para no morir o quedarse así para no pasar por aquella vergüenza. Al final acabó desmayándose. Pero el alumno que me había tocado hoy parecía tener muchas más luces que aquel chico, aunque no menos seguridad en sí mismo. Ya veremos qué es lo que pasa.

Cuando le pregunté que si estaba losó para empezar dijo que sí, y entonces yo hice aparecer en el suelo los tres aros rojos que se usan para estas clases. Es más fácil controlar la habilidad que tiene alguien a la hora de Aparecerse si hay una manera exacta de controlar donde aparecen los alumnos. Le pregunté algunas cosas al alumno, quién contestó que ya había experimentado la Aparición conjunta, así que no vomitaría esta vez.

-Es bueno saber eso- dije con una leve sonrisa.- No me suelo quejar de mi trabajo, pero ver a alumnos vomitando es algo que no estaba en mi contrato.- Dijo que sí que era su primera clase, y que aunque ya se había Aparecido con otras personas no sabía mucho acerca de la teoría.- La teoría es fácil, y es parte de la clase de hoy, así que te lo iré explicando todo mientras te digo qué es lo que tienes que hacer- le dije. La verdad es que no me sorprendía que no se hubiese informado acerca de la teoría, pues apenas nadie lo hacía, aunque parecían no entender que para practicar necesitas aquella teoría. Pero bueno, para eso me pagan.

Iba a empezar a explicarle la primera lección de la clase de hoy cuando de repente él empezó a hablar primero, haciéndome una pregunta que nadie antes me había preguntado. Me dijo que me olvidase de la pregunta, pero ya que sabía la respuesta consideré que era mejor dársela.-A ninguna. La Transformación es la rama de la magia que cambia las propiedades de un objeto, mientras que los Encantamientos tienen la función de añadirle propiedades a los objetos, o personas. En este caso no se están cambiando las propiedades que tienes, sigues siendo humano y nada en ti está cambiando. Podrías pensar entonces que pertenece a la rama de Encantamientos, pero dado que no se utiliza ningún encantamiento ni hechizo para Aparecerse, tampoco pertenece a esa rama- le expliqué.- La Aparición es única en el mundo de la magia, se podía decir que es su propia rama, pues es algo que los magos y brujas, y algunas criaturas mágicas como por ejemplo los elfos domésticos pueden hacer por sí solos sin ayuda de una varita o hechizo. No es como las escobas o los trasladores, que sí que son creados a través de hechizos. ¿Tienes alguna otra pregunta?

Esperando que aquella pregunta halla satisfecho la curiosidad de Axel, procedí con el comienzo de la clase.

-Bien, para poder Aparecerse uno tiene que recordar la regla de las tres D- comencé a explicarle. Cerré mi puño y se lo mostré, levantado un dedo cada vez que decía los que significada cada una de las tres D hasta que tuve tres dedos en alto.- Destino, decisión, y desenvoltura. Tienes que tener completa decisión para llegar a tu destino, y tienes que moverte sin prisa pero con desenvoltura- dije, explicándole así una de las lecciones más importantes de la Aparición. Señalé entonces a los tres aros rojos en el suelo.- Tu destino es el interior de los tres aros rojos. Necesitas estar completamente decidido a llegar al interior de uno de ellos, pero tienes que saber muy bien a cual quieres llegar para evitar la despartición. Visualiza el interior del primer aro en tu mente, concéntrate solamente en él, y entonces funcionará. Una vez que estés completamente decidido a llegar a tu destino, girare sobre ti mismo con la imagen de tu destino en tu mente sin pensar en nada más. No te nuevas precipitadamente, sino con desenvoltura- dije, repitiendo la lección de antes pero con mayor detalle.- Así.

Le di entonces una demostración. Pensé en el primer aro rojo, me giré sobre mi misma en un hábil movimiento y desaparecí con un sonoro "¡Pop!" de dónde había estado de pie hasta el momento, y con otro "¡Pop!" igual de fuerte me Aparecí en el interior del primer aro rojo. Casi inmediatamente repetí el proceso, Apareciéndome en el segundo aro rojo, y luego en el tercero, y finalmente enfrente de Axel Crowley de nuevo. Le dediqué una amable sonrisa después de la demostración.

-¿Alguna pregunta?- pregunté entonces. Necesitaba estar segura de que el chico lo entendía todo a la perfección para que la clase saliera bien.


Última edición por Stella Moon el Jue Ene 01, 2015 7:03 pm, editado 2 veces
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Axel S. Crowley el Vie Dic 26, 2014 2:37 am

No debía de ser nada agradable tener que soportar a la gente vomitar. De por si los vómitos son repulsivos, tener que soportar más de uno por día tenía que ser cansino, aunque al final te volvieras inmune a sus asquerosidades. El chico sonrió cómplice ante el pequeño detalle de su contrato. No creo que a nadie le resulte cómodo ver a nadie vomitar.

Axel no quería precisamente perder el tiempo, por lo que cuando la chica comenzó a explicarle cómo sería el modo operandi, atendió. Fue entonces cuando, una duda que siempre había tenido pero que realmente nunca había sido punta de unos de sus temas de curiosidad primordiales, jamás había conseguido la respuesta. Aprovechó ese momento para preguntarla, a pesar de que era consciente de que probablemente fuera un buen momento pero no el mejor. Quizás incluso la mujer ni lo supiera, ya que la gran mayoría de magos tienen dicha duda y no tienen la necesidad de saciarla. Axel siempre, tarde o temprano debía de saciar su curiosidad, pues odiaba tener tareas o dudas pendientes, ya que siempre le volvían a la mente acaparando el protagonismo innecesario. Incluso dudas estúpidas y banales que no merecen mínima atención.

No obstante el chico atendió con increíble atención a la contestación de la instructora. Con esa contestación tan completa y bien explicada se había ganado el corazón del chico. Adoraba a la gente que sabía perfectamente lo que decir y cómo decirlo, sin titubeos o pensamientos que le obligaran a pensar en algo más como para no concentrarse.

Curvó una sonrisa cuando la chica le dijo que si tenía alguna pregunta más.

-Si una pregunta más… ¿Cuánto tiempo me pasaré en San Mungo en caso de despartición?-Bromeó, con una agradable sonrisa.-Es broma, creo que tener suficiente experiencia como para aparecerme sin dejarme nada atrás. O eso espero.

A continuación, Stella le hizo una perfecta de demostración de cómo debería hacer él aquella práctica una vez tuviera experiencia, ya que ni él mismo se veía de capaz de hacer eso la primera vez. Se podía llegar a creer capaz, pero era consciente de que no. Se mentalizó de lo que tenía que hacer y, cuando la chica volvió a aparecerse delante de él, Axel esbozó una sonrisa.

-Pues veamos cómo se me da…-Se frotó las manos, tanto por el nerviosismo del momento como el momento.

Antes de nada intentó hacer memoria de lo que tenía que tener claro antes de hacer cualquier cosa. Primero: la regla de las tres D. Segundo: mentalizarse bien de en dónde iba a terminar y cómo iba a terminar allí. Le parecía imposible, en cierta manera, el hecho de desaparecerse, ya que era una magia totalmente nueva que consistía simplemente en la transportación de su cuerpo. No sabía ni siquiera ni lo que tenía que hacer o pensar. ¿Tensar los músculos? ¿Simplemente pensar? ¿El poder de la mente hacía tanto? Si Axel se ponía a hacerse todas esas preguntas posiblemente nunca terminaría de aparecerse y se complicaría en la teoría y filosofía de la vida. Era un Ravenclaw sin causa en algunas ocasiones, por lo que él mismo sabía ponerse sus límites.

Intentó dejar para otro momento sus dudas y observó con atención el aro rojo que se le presentaba delante; el primero de todos. Durante un minuto no pasó absolutamente nada. La instructora no habló absolutamente nada y Axel estaba ocupado intentando mentalizarse ante lo que tenía que hacer.

De repente, cuando ya se vio sin absolutamente ninguna intención de desaparecerse, su cuerpo se esfumó de allí y apareció dentro del aro, con tan poco equilibrio que tuvo que salirse de él para no caerse.

Acto seguido su mirada se posó en el segundo aro y su cuerpo actuó por sí solo, desapareciéndose nuevamente. No obstante, no pasó lo que debería haber pasado sino que el cuerpo de Axel no apareció en el interior del segundo aro, sino detrás de éste, chocándose con una farola totalmente de bruces. La nariz del chico chocó contra el metal y acto seguido cayó hacia atrás de culo. Podría haber tenido el dilema mental de qué le dolía más, si el culo o la nariz, pero sin duda alguna la nariz ganaba por goleada. Se llevó las manos a la nariz y comenzó a reír, consciente del espectáculo que, desde fuera, se habría visto. Intentó ponerse de pie, intentó parar de reír, pero se le hacía una tarea imposible.

-Espero no ser el primer alumno al que le pasa semejante estupidez.-Sonrió.-Puedes reirte, no te cortes.-Añadió, sintiendo como le ardía la nariz. No se había mirado la mano, pero esperaba no ver sangre.
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Stella Moon el Jue Ene 01, 2015 7:58 pm

Me complació comprobar que Axel era un buen alumno, o al menos lo parecía, pues escuchaba con atención y no interrumpía mientras le daba una elaborada respuesta a su extraña pregunta. Pareció sorprenderse con la respuesta, e incluso creí detectar un atisbo de satisfacción y algo de admiración en su mirada. Me gusta ser la mejor en lo que hago, y como lo que hago es ser instructora de Aparición no pienso ser menos que ningún cateto del Ministerio, así que obviamente tengo todas las respuestas que me puedan formular mis alumnos.

Le pregunté que si tenía alguna otra pregunta y me preguntó en broma que cuánto tiempo tendría que estar en San Mungo en caso de que ocurriese una despartición. Le miré con una ceja alzada antes de responder. Tal vez debería asustarle para que decida no hacer el tonto y que acabe causando una despartición, pues muchos alumnos hacen eso cuando piensan que no están en peligro y se descuidan, pero decidí decir la verdad.

-En teoría, no tienes que ir a San Mungo para nada. Estoy entrenada para arreglar la mayoría de las desparticiones que ocurren, que suelen ser pequeñas, pero en caso de que ocurriese una despartición más seria que yo no pueda arreglar entonces te lo arreglarían los del departamento de accidentes y catástrofes mágicas. Iríamos allí en un santiamén, no te pasaría nada, pero prefiero que eso no llegue a pasar porque los de ese departamento son unos auténticos pesados- dije tras poner los ojos en blanco durante un par de segundos.- Y no te confíes mucho. Si te confías te descuidas, y si te descuidas pasan accidentes. Así que despeja tu mente y céntrate solamente en esto, ¿de acuerdo?

Tras hacer una pequeña demostración le dejé que lo intentase él. Al principio no pasó nada, y cuando por fin se desapareció noté que lo había hecho sin querer en vez de intencionalmente. Tengo que corregirle eso después, pues puede ser muy peligroso. Además de eso, Axel perdió el equilibrio y se salió del aro. No dije nada y observé con atención cómo volvía a desaparecerse, de nuevo de manera algo descontrolada. Axel apareció, pero lo hizo fuera del aro y se chocó de bruces contra una farola, cayendo entonces de culo al suelo.

Antes de que pudiese controlarme solté una pequeña risotada, pero inmediatamente me tapé la boca con la mano para callarme a mí misma. ¡Tengo que ser profesional!

No ayudó a la situación que Axel se echase a reír y que por eso no pudiese levantarse. Me acerqué (no me reía, pero sonreía como una idiota al intentar detener la risa) y me agaché a su lado en vez de ayudarle a levantarse.

-No me voy a reír, ¡tengo que ser profesional!- exclamé cuando dijo que podía reírme, pero sí que reí para mis adentros. Le agarré de la barbilla con mi mano y le giré la cara para que me mirase, y con la otra mano le di un manotazo a sus manos para que las apartase de su nariz.- Déjame ver...- había sangre, pero por lo demás parecía estar intacta. Saqué un pañuelo de mi bolsillo y le limpié la sangre que tenía en la cara con él.- Creo que no está rota... ¿Te duele demasiado?- no sería la primera nariz rota que he tenido que arreglar.

-Si te consuela, he visto cosas peores en mis clase de Aparición- le dije mientras le ayudaba a levantarse.- Un chico apareció en una de las habitaciones de Cabeza de Puerco mientras una pareja estaba teniendo una escapara amorosa. No unirse a la diversión- dije.- ¿Quieres continuar? Creo que será mejor que practiques entrando solamente en un aro por ahora- le aconsejé, y con mi varita hice desaparecer dos de los aros.- Dime si prefieres descansar hasta que se te pase el dolor.

Cuando Axel volviese a Aparecerse observaría si sigue perdiendo el equilibrio al aparecer en el aro. Si le sigue continuando conozco algunos trucos para solucionar el problema, aunque parecen muy estúpidos y al principio fastidian más que ayudan. Pero ayudan.
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Axel S. Crowley el Miér Ene 07, 2015 10:43 pm

Axel desconocía por completo el funcionamiento de los instructores de aparición. No sabía qué conocimientos debían o no debían de tener, por lo que había deducido que, como su nombre indica, sólo instruían en el arte de la aparición. Se equivocó, ya que al parecer tenía delante a la instructora más cualificada de todas (y la más guapa, no nos dejemos detalles aparentemente insignificantes detrás), ya que frente a la broma de la despartición y la visita a San Mungo, ella le contestó que, por regla general, está cualificada a arreglar cualquier estropicio hecho por una despartición. A Axel le tranquilizó, aunque a cualquiera le tranquilizaría el hecho de tener una instructora tan buen cualificada a su lado con la que sentirse más seguro, sobre todo teniendo en cuenta lo mal que pueden salir las desapariciones cuando eres un novato.

Axel asintió a lo que dijo con tranquilidad, sobre todo a lo de no confiarse. Desde que en primero lanzó un hechizo, de tan mala manera, que al final se lo comió el mismo, no se ha vuelto a confiar en nada. Es el típico muchacho meticuloso que revisa cada párrafo, cada ingrediente y cada planta hasta el más mínimo detalle. Le encantaba hacer las cosas bien y era consciente de que en más de una ocasión fallaba. Su orgullo era elevado, pero no precisamente a la hora de aceptar un error. Eso sí, odiaba que le dijeran que no podía hacer algo… siempre se puede hacer todo, sólo hace falta ganas.

-De acuerdo.

Respiró hondo e intentó dejar la mente en blanco (o por lo menos lo intentó, pues todos sabemos que dejarla en blanco es casi imposible, ya que cómo mínimo, continúas pensando en las palabras “dejar en blanco”). No lo consiguió, pero consiguió quitarse de en medio todas las preocupaciones que no venían al caso, todos aquellos pensamientos que de una manera o de otra, agolpaban siempre en su mente distrayéndole de lo que tenía delante. Simplemente pensó en él mismo, en su cuerpo y en el aro rojo.

Si fuera por pensar, él creía que lo había hecho todo bien. No obstante, debido a cómo salió todo, supo que algo no fue cómo debía de ir. ¿Quizás no se concentró lo suficiente? ¿Quizás iba muy seguro de sí mismo? Quizás simplemente fue mala suerte. Aunque no tanta, seguía de una pieza, o eso esperaba, ya que su nariz después del golpe parecía tener palpitación propia.

Cuando su culo hizo contacto con el suelo, no pudo evitar empezar a reírse. Hasta a él le había parecido una visión de lo más estúpida y esperaba no haber sido parte de una experiencia social demasiado elevada. No miró alrededor, sino que observó como su instructora se acercaba a él con una sonrisa en el rostro de lo más risueña. Vamos, estaba deseando explotar de risa, pero al contenerse se le quedaba un rostro de lo más simpático. Axel volvió a reír cuando Stella dijo que debía de ser profesional. Cedió ante el movimiento de su mano, mirándola a los ojos y apartó las manos. Sin duda la nariz de Axel a los treinta debería de adoptar una forma de lo más amorfa, ya que en menos de dos años, se ha dado como cuatro golpes considerables en la maldita nariz. Dos de ellas que han llegado a rompérselas de verdad.

-Duele, pero no creo que esté rota. Cuando la tengo rota me duele hasta al respirar.-Exageró, para darle la seguridad de que no era nada más grave que el simple golpe. Un golpe que probablemente le ocasione un moratón y un hichazón, nada que no se pudiera aliviar con uno de esos ungüentos mágicos de la enfermera Beckinsale. Por suerte no se dio más fuerte, o iba a terminar espachurrándose la nariz hasta quedar tan plano como Voldemort.

Stella, muy considerada por su parte al decirle que había gente más inútil que él, para que no se sintiera demasiado retrasado por la situación, le explicó que, exactamente, había gente que había hecho cosas todavía mucho peores en clases de aparición. Axel prestó atención, sujetando su mano mientras se ponía de pie con su ayuda. Cuando volvió a estar vertical, sintió como si la cabeza le diera vueltas, probablemente por el pedazo de golpe que acababa de recibir. Los labios de Axel curvaron una sonrisa ante la anécdota de la castaña.

-A saber qué tenía ese chico en la cabeza para aparecer ahí.-Sonrió.-Y qué escapada amorosa más poco romántica, como las habitaciones de Cabeza de Puerco sean tan higiénicas como su bar…-Alzó las cejas con diversión, llevándose una mano a la cabeza.-Estoy bien, aunque dame dos minutos.

Caminó de vuelta a dónde habían empezado simplemente para alejarse del aro y así cumplir con sus dos minutos en dónde su cabeza debía de volver a habituarse a ser una cabeza normal. No quería volver a intentar aquello con la cabeza dolorida, porque finalmente iba a terminar por no llegar a concentrarse absolutamente nada y terminar con algo más grave encima.

Mientras caminaba, vio al fondo un campanario totalmente roto. Tan roto que Axel sabía que era un campanario porque llevaba yendo a Hogsmeade siete años, pero es que por tener, no tenía campanas (así que técnicamente ya no es un campanario), ya que su torre principal estaba, todavía, totalmente tirada sobre el claro que lo rodeaba. Axel movió la nariz lentamente, notando como le dolía. Era una estupidez mover la nariz cuando si la mueves te duele, pero como todo humano, cuando algo nos duele, tenemos la tentación de tocarlo o moverlo, a ver si mágicamente deja de doler. Para hacer tiempo, se paró, sintiendo la presencia de su instructora al lado.

-El Profeta miente, estoy seguro de que el ataque arrebató muchas más vidas de las que nos han dicho. ¿Has visto eso?-Señaló el campanario con la cabeza.-Pasé por ahí una vez se acabó todo el revuelo y la cantidad de cadáveres que vi fue inhumana. Y sólo estamos hablando de ese sitio.-Comentó sorprendido.-Siempre he pensado que las Artes Oscuras son peligrosamente poderosas, pero tenía en mente que las “fuerzas el bien” -Hizo comillas con los dedos, de manera irónica.-siempre iban a poder con ellas, o eso nos vendían. Se ve que no y que el mago más poderoso de todos los tiempos no es un apodo al azar.-Alzó las cejas, en un gesto sorprendido y con un brillo de ambición en la mirada.

Dio una palmada en el aire para cambiar de tema y se giró, mirando a la castaña. Iba a decir que lo iba a volver a intentar, pero como al dar el giro su cabeza le dio un tumbo, se lo pensó dos veces.

-Aunque bueno, el Profeta es una prensa… miente para que la gente esté tranquila. No sé si es muy sano eso, luego pasa lo que pasa…-señaló a su alrededor con las manos en alto- ¿y de quién es la culpa de encontrar a todos con la guardia baja?

Y es que Axel tenía una habilidad innata para sacar tema hasta de debajo de las piedras, nunca mejor dicho, pues sacó tema de un campanario que ahora mismo sólo eran piedras en el suelo.
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Stella Moon el Dom Feb 15, 2015 9:55 pm

Me había alegrado cuando vi que Axel era un alumno atento que escuchaba cuidadosamente a las explicaciones que le daba para Aparecerse, pues los alumnos que hacen lo que le da la gana son un dolor de cabeza y aquello siempre acaba en desastre. Sin embargo, tampoco me hice muchas ilusiones, pues la primera aparición de todo el mundo siempre suele acabar en desastre de una manera o de otra, hagan lo que hagan. Observé atentamente cómo Axel desaparecía, haciendo pequeñas notas mentales a medida que él iba cometiendo pequeños errores antes de que ocurriese un accidente. Efectivamente sí que hubo un accidente, pero por fortuna no muy grave. ¡Ya quisiera yo que todos los alumnos que hacen algo mal simplemente se diesen un trompazo en las narices con una farola, en vez de darme los sustos que me daban de vez en cuando! Me importa una mierda que se hagan daño al Aparecerse, incluso era divertido la mayoría de las veces, pero no me gusta que hagan mi trabajo más difícil de lo que ya es. Suficiente tengo con aguantar adolescentes todo el tiempo. Pero Axel me había caído bien, y me sentí mal por él cuando se dio el golpe, así que hice lo que pude por no reír.

-Sí, ya veo que no está rota...- murmuré cuando él dijo que no se la había roto. La sangre solamente estaba saliendo a causa del golpe, y la hemorragia no tardó en parar.- Ten, guarda esto por sí te sigue sangrando luego- dije mientras doblaba el pañuelo con el que le había limpiado el bolillo de sangre que le había salido por la nariz en el bolsillo. Seguramente lo necesitase más tarde, y además no me voy a quedar con un pañuelo manchado de sangre de un chico. ¡Soy una licántropa, no un vampiro!

Le ayudé a levantarse, y le animé contándole una historia para darle a entender que tengo alumnos que han hecho cosas mucho peor que él. Axel se burló del alumno que apareció allí, y de la pareja que había ido a las habitaciones de ese pub, puesto que suponía que su higiene no debía de ser mejor que la del bar.- No lo sabré yo ni nada...- suspiré sarcásticamente en voz baja, hablando más para mí que para él. No eran comentarios que se debiesen hacer delante de los alumnos.

Axel me aseguró que se encontraba bien, pero me pidió que le diese dos minutos para recuperarse del golpe, cosa a la que no le puse ningún reparo. Axel caminó hacia el lugar desde donde había empezado a practicar la aparición, y yo apunté con mi varita a dos de  los aros rojos y los hice desaparecer, dejando allí solamente el aro rojo del medio, el que estaba más alejado de cualquier cosa contra la que pudiese chocarse Axel si volvía a cometer el mismo error. Estaba ocupada revisando en mi mente el resto de la lección y lo que tenía que enseñarle, pues había notado que cometía unos errores que tenían que corregirse, cuando el chico me sacó de mis pensamientos al hablar y me giré hacia él. Me sorprendió ver que estaba observando el campanario que había quedado en ruinas después de que Drake lo destruyese (todavía no logró entender por qué hizo semejante estupidez) durante el duelo que tuvimos durante el ataque que hicimos los mortífagos a Hogsmeade. Yo había conseguido escapar ilesa de aquel lugar, y aunque no había visto a Drake desde entonces, supongo que él también salió vivo de allí, aunque no se cómo estará después del golpe que le di en la cabeza.

-El Profeta quiere que el mundo mágico crea que el Ministerio lo tiene todo bajo control y que sus Aurores nos mantienen todos a salvo- asentí, estando de acuerdo con los comentarios de Axel. No es un chico tanto, es un Ravenclaw después de todo.- Si no fuese así podría haber revueltas, propuestas, la gente de los altos cargos perderían poder... No le conviene a nadie, en realidad- aquello es irónico, puesto que el mismísimo Ministro es uno de nosotros. Él se beneficia por todos los lados con esta guerra.- Y tienen razón, hubo más muertos de los que la prensa dice que hubo. Yo también me pasé por aquí- dije, aunque no aclaré los motivos por los que había estado por aquí. No era nada que diese motivos para sospechar de mí, pues un montón de gente vino a buscar a sus muertos así que no era raro que gente que no hubiese estado en el ataque hubiese estado justo después en el pueblo.- Me pasé por el campanario... Se ve que algunos mortífagos no se dedican a usar simplemente las imperdonables- murmuré, intentando evitar que en mi voz se escuchase orgullo o que en mi rostro se viese un reflejo de sadismo. En lugar de eso intenté mostrar una expresión seria y solemne, aunque es difícil no sonreír al recordar el rastro de cadáveres mutilados que dejé por ahí. Aquel fue un día provechoso para mi carta al servicio del Señor Tenebroso...- Todo el mundo quiere creer esa fantasía, que el bien puede al mal. Pero si ese fuese el caso, ¿por qué sigue el mal volviendo una y otra vez? La oscuridad es como un fénix. Puede que perezca, pero resurge de sus cenizas por el resto de la eternidad...- es algo que muchos no entienden. De pequeña yo también había querido creer en esa fantasía que intentaban enseñarme aquellos que no estaban de acuerdo con la filosofía purista de mis padres. Aquellas personas habían dicho que los mortífagos eran malos y que acabarían siendo destruidos, y que el bando de la luz sería victorioso por siempre. Pero bastaba echarle un simple vistazo a la historia del mundo para ver que la luz nunca ha sido victoriosa.

Nos estábamos desviando del tema, y aunque me encanta tener conversaciones sobre los mortífagos pateando el culo del resto de los mortales, no me siento cómoda haciéndolo con un crío cuya lealtad no se dónde está. Su apellido era conocido, sin embargo, y creo creer, aunque no estoy completamente segura, que hay una mortífago con ese apellido... Puede que estuviesen emparentados, pero no tengo certeza de eso. Incluso si sí que estuviesen emparentados, eso no sería una prueba de que este chico comparte nuestro ideales. Sólo hay que echarle un vistazo a mi familia y a la de muchos otros, donde hay miembros de la Orden del Fénix comiendo en la misma mesa que mortífagos asesinos.

-¿Ya te encuentras mejor?- le pregunté para ver si quería retomar la lección. El tiempo corría rápidamente, y pronto tendríamos que acabar la clase de hoy y citarnos para un nuevo día, y todavía tenía mucho que aprender...
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Axel S. Crowley el Miér Feb 18, 2015 4:40 pm

La nariz estaba bien, o por lo menos eso quería pensar. Stella muy amablemente le ofreció al chico su pañuelo, un pañuelo suave que utilizó para parar la hemorragia leve que le estaba saliendo por la nariz. Desde aquella vez en dónde se la rompieron con un puñetazo, la nariz de Axel sangra por cualquier golpe. Tiene la teoría de que le rompió de verdad algo importante. De haber sido otra ocasión le hubiera dicho que no al ofrecimiento del pañuelo, pero en aquel lugar no tenía nada para parar aquello.

Ambos se dirigieron nuevamente hacia el banco en dónde habían empezado, el mismo en dónde Axel encontró a Stella sentada. Había sido el principio y si iban a practicar aparición por primera vez lo más lógico sería seguir siempre la misma trayectoria para por lo menos tener algunas facilidades. No obstante, el chico, como era capaz de sacar tema de cualquier cosa con tal de hablar, porque ahí donde le veías era una persona extrovertida con una capacidad para hablar con todo tipo de personas bastante alta, sacó un tema que hacía ya tiempo le estaba mosqueando. Era un tema que actualmente todo mago o bruja conocía, un tema que tenía que ver con el regreso de una de las figuras más temerosas del mundo mágico. Era, sin duda alguna, una noticia que arrasó con todo. Estaba claro que Stella sabría de ello y mucho más Axel, el cual estuvo en medio de toda la lucha sólo por querer asistir a la inauguración de una biblioteca que jamás se abrió.

Su indignación recaía en las fuerzas del bien, básicamente. Él era un chico que sin duda alguna, tanto por ambición como por obligación -por toda su familia leal a Lord Voldemort-, iba a acabar sí o sí con la marca tenebrosa tatuada en su antebrazo izquierdo. No le importaba lo más mínimo arrebatar una vida para comprobar su lealtad por Lord Voldemort. A él lo que le importaba era lo que era capaz de conseguir con la compañía que le ofrecería estar ahí y era consciente de que una mente como la de él en un bando como ese daría para mucho. Él no tenía en mente ser un despiadado mago que mata por placer. A él no le producía ningún tipo de placer hacer daño ni matar a nadie. Absolutamente ninguno. A él le producía satisfacción el hecho de burlar la inteligencia de los demás, el hecho de dar un golpe sorprendente a alguien que no se lo esperaba, el hecho de buscar una estrategia inigualable. Él quería y se veía capaz de crear sistemas que volvieran victoriosos a los soldados que quieran pelear en el frente. Por eso su indignación recaía en las débiles fuerzas del bien, incapaces de salvar a todas esas vidas que cayeron en batalla. Incapaces incluso de enfrentarse a los mortifagos y vencerles. ¿Qué clase de reto supondría para Axel burlar a alguien que carece de interés y de inteligencia? Ninguno.

-¿Aún les quedan aurores? Porque con la masacre que hubo me permitiría el hecho de dudarlo.-Puso los ojos en blanco.-La sociedad está viviendo una mentira, pero están tan a gusto y a salvo en ella que prefieren no despertar. Es estúpido.-Dijo Axel. A él no le importaba lo más mínimo, pero era una persona que se preocupaba por los inocentes. Por esas personas que, lejos de involucrarse en ningún lado sólo quieren vivir sus vidas. ¿Acaso pueden culpar a dichas personas por simplemente vivir? No, no podías. Eso sí, luego estaban las consecuencias de sufrir aquello que no ves. Axel curvó una pequeña sonrisa.-No, sin duda alguna el desastre que tiene el campanario no se hace con imperdonables. Se ve que apenas se usaba, ya que no se han molestado demasiado en arreglarlo, al contrario que el resto de Hogsmeade.-El cual estaba perfectamente arreglado.

Estaba claro que dónde hubiera oscuridad siempre iba a ver luz y viceversa. Jamás se podría eliminar ninguna de las dos por completo si la otra seguía existiendo. Su simil fue cuánto más curioso y sin duda certero y Axel sonrió.

-Como un fénix, ¿eh? Muchos ven al Fénix como una imagen de esperanza y bondad. Incluso curativa. Jamás lo relacionarían con la oscuridad. Pero sin duda no podrías haberlo descrito mejor.-Dijo el Ravenclaw, asintiendo con la cabeza.

Después de esa pequeña conversación sobre los sucesos ocurridos en Hogsmeade, la instructora le preguntó a Axel si se encontraba mejor. Lo cierto es que sí, que después de todo, un golpe en la nariz en dónde no tienes la mala suerte de rompértela, no dura tanto el dolor. Se quitó el pañuelo de la nariz, ya que todo este rato lo había tenido sujeto contra su nariz.

-Sí, mucho mejor.-Dijo el Ravenclaw.-¿En qué he fallado?-Preguntó Axel.-Está claro que he fallado en muchas cosas, porque si no no me hubiera comido una farola.-Dedujo por sí solo el chico. No hacía falta ser Ravenclaw para deducir eso.-Y también me vendría bien saber qué es lo que he hecho bien, para no olvidarme de hacerlo la próxima vez.-Le pidió el chico.

Le gustaba mejorar, de eso no cabía la menor duda, por lo que siempre le gustaba que le dijeran lo que hacía bien y lo que hacía mal cuando estaba aprendiendo algo nuevo. Lo malo para no hacerlo y lo bueno para no dejar de hacerlo. A menudo si no recuerdas lo que es bueno, dejas de hacerlo por puro instinto y por regla general no solía ser una buena idea.

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Stella Moon el Lun Mar 23, 2015 12:24 am

Era curioso escuchar las opinions de la nueva generación de magos sobre la guerra que estaba ocurriendo entre las fuerzas del llamado Bien y de Lord Voldemort. Estos jóvenes que pronto se graduarían de Hogwarts y la mayoría escogerían luchar de manera active en uno de los dos bandos. Contábamos ya con muchos alumnus que sabíamos que iban a pasar a formar parte de nuestras fiilas, pero todavía había mucha gente de la que no se sabía de qué lado estaban. Las mentes de los jóvenes eran moldeables, como las nuestras lo habían sido en su momento, y siempre estábamos intentando que más y más de ellos decidiesen escoger el camino correcto y unirse a nosotros. Pero claro, no podíamos ir haciendo propaganda or ahí a voces. A los jóvenes había que estudiarles, ver qué les motivaba, descubrir sus puntos fuertes y sus debilidades y explotarlas. Escuché atentamente a Axel, intentando descubrir hacia qué lado se inclinaba él. Por su apellido podía deducir a qué bando pertenecería él en cuanto saliese. Las familias ponderosas de sangre pura eran, en su mayoría, muy predecibles en cuanto a sus inclinaciones sobre el tema de la pureza de la sangre. Me hizo gracia que pareciese estar tan indignado con el bando contario, pero intenté seconder la pequeña sonrisa que amenazaba con formarse en mis labios al escucharle y al recordar lo que había pasado en el campanario. Tenía que mantener las apariencias, pues después de todo, mi imagen pública es la de una buena mujer que fue llevada por el mal camino por culpa de las malas infuencias a las que estaba expuesta y ahora se había reformado, y no sabía mucho de Axel como para dejar caer esa fachada.

-Sufrieron muchas bajas, eso no es ningún secreto- asentí cuando Axel preguntó que si aún le quedaban Aurores al Ministerio. Era cierto, muchos habían mucerto, pero no los suficientes como para vernos victoriosos completamente. Aquella iba a ser una guerra larga y tediosa, de eso estaba segura, pero al final los esfuerzos del bando enemigo serían en vano. Acabarían aplastados como cucharachas bajo nuestros zapatos.- Y tienes razón sobre la sciedad. Viven una mentira y no quieren abrir los ojos y ver lo que está pasando de verdad, lo que se le está viniendo encima al mundo mágico. Pero si abren los ojos, lo único que van a hacer es vivir una vida de preocupación, aterrados todo el tiempo por sus propias vidas y por las de sus familias. Nadie sería capaz de dar un paso sin mirar por encima del hombre para asegurarse de que todo está bien, ni serían capazces de mandar a sus hijos a estudiar, ni de salir a la calle ne paz. Desconfiarían todo el rato de todo y de todos. Eso sería lo inteligente, claro, pero no es vivir. Pore so prefieren no abrir los ojos. Pero claro, eso les hace un favor a los mortífagos. Si la gente decide no abrir los ojos, entonces no les ven venir, así que tienes razón- dije, sonriéndole con aprobación por haber visto lo que estaba mal en el muno mágico y por ver qué era lo que nos estaba beneficiando a nosotros. Tenía una mente muy Buena, y nos vendría bien tener a alguien como él entre los nuestros.

Después de que él aprobase mi pequeña comparación de la inmortalidad de la oscuridad con la inmortalidad de un ave fénix, le dediqué una última mirada al campanario que me había tirade Drake encima antes de ponernos manos a la obra de nuevo con la lección de Aparición. El tiempo coria, y Axel aún tenía mucho que aprender. Axel me aseguró que estaba mejor después de haberse dado ese trompazo contra la farola, y parecía que decía la verdad así que no insistí. No soy una de esas personas que te preguntan una y otra vez si estás bien, eternamente preocupada. Yo lo preguntaba una vez, y si no estabas bien lo decías y punto. Me preguntó que en qué había fallado, y dedujo que lo había hecho en bastantes cosas.

-No en tantas, has tenido los típicos errores del principiante- le aseguré.- Por la manera precipitada en la que te desapareces supongo que no has conseguido despejar bien tu mente. Eso siempre es lo más difícil. Lo más fácil que puedes hacer para remediar eso es, en vez de intentar vaciar tu mente, imagianrte una pared completamente blanca y fijarte en ella. Te traerá mucha paz y entonces tu mente estará despejada. La segunda cosa en la que has tenido un pequeño fallo en el mantener el equilibrio en la aparición. Eso debería arreglarse en cuando consegas despejar tu mente, pero si segues saliéndote del aro en cuando pisas el suelo lo mejor que puedes hacer es subirte en un taburete o una silla, saltar en el aire, girar, y acer el pie. Practica y practica hasta que aterrices y te quedes de pie como has caído, sin tener que cambiar de posición porque te vas a caer. ¿Entendido?- pregunté par aver si había sido clara con mi explicación. Preguntó entonces qué era lo que había hecho bien.- Pues en realidad todo lo demás estaba bien. Has aparecido exactamente en los aros en los que querías aparecer, cosa que a muchos les cuesta en el primer intento y se van a otro, así que tu sentido de la orientación está muy bien. Solo has tenido los problemas que y ate he dicho antes. ¿Quieres seguir practicando? No queda mucho tiempo pero no tengo prisa- luego teníamos que acordar en qué fechas le daría las siguientes clases, pues ya habíamos quedado que yo sería su instructora hasta que hiciese el examen.
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Axel S. Crowley el Miér Mar 25, 2015 8:58 pm

Axel preguntó sobre los aurores pero realmente... ¿Acaso importaba cuantos quedaran? Aquella guerra no era solamente entre los leales a Voldemort contra los aurores del Ministerio. En nuestro mundo no hay solamente dos bandos. Hay muchos más que casualmente tienen los mismos enemigos. Los aurores lo que hacen es mantener y asegurar la paz en el mundo mágico, pero realmente se creen los mortifagos que todas esas familiares que no opinan como ellos van a dejar toda la suerte bajo el poder de los aurores? Está claro que no. Está claro que cuando una guerra ocurra, los aurores tendrán más apoyo del que los mortifagos jamás se esperarán. Todas aquellas personas que quieren seguir conservando sus vidas de la manera en la que la conocen lucharán por salvaguardarla. No importes a cuanta gente mates... siempre habrá gente que defendera a los nacidos de muggle, que apoyará el sistema tal cual está y que nunca jurará lealtad a unos ideales que consideran injustos. Axel sabía todo eso, estaba claro, pero aún así también era consciente de que mucha gente subestimaba a Lord Voldemort. Lo subestimaban porque no habían visto su gran poder. Si no fuera tan poderoso, no tendría a tanta gente siguiéndole, además de que alguien tan poderoso solamente va a proporcionarte poder. Y eso era lo que quería Axel. A él le daba igual la lealtad y el fin. A él sólo le interesaba entrar en esas filas para cmpaprse enteramente de todo lo que pudiera sobre las Artes más oscuras de Lord Voldemort.

- Si realmente la sociedad se despertara... que tiemblen los mortifagos.-Dijo Axel.-Sólo que... no ha habido una explosión, algo que marque un antes y un después como para que realmente despierten. ¿Pero sabes la diferencia que equivaldría tener a todo el mundo en contra de un solo bando? Yo creo que está claro que tiene la ventaja.-Explicó Axel de manera neutral, comentando simplemente algo lógico que cualquiera pensaría con algo de cabeza.-Hay que saber cuándo hacer las cosas y cómo hacerlas.-Se llamaba un método estratégico.

Ya Axel se encontraba mejor del golpe, por lo que le preguntó a su instructora lo básico para aprender: saber tanto los errores como los aciertos que había tenido. Así sabría qué olvidar y qué debería perdurar en su mente como modo de trabajo. La chiac le dio incluso lagunos consejos por si le seguía saliendo mal la tarea de entrar dentro de los aros. La verdad es que lo que le recomendaba era un poco peligroso. “Peligroso.” Ya que saltar encima de un taburete y hacer un tresciento sesenta grados no era algo muy precavido. Se desequilibraba sin silla, imagináos con una superficie mucho más reducida.  Aún así se lo apuntó mentalmente, Axel era tan paranoico con hacer las cosas bien que si se terminaba estresando terminaría recurriendo a ese método aunque atentara contra su vida.

Le preguntó que si quería seguir practicando y Axel frunció el ceño con un gesto divertido. Vale, estaba un poco vago. Pero después del golpe que se dio es normal que se viera un poco reacio a practicar en ese momento, todavía podía sentir como el latía la nariz. Así que como ella misma había dicho que no quedaba mucho tiempo, mejor recrearse en temas más importantes.

- Mejor la próxima vez, vendré preparado con hielo y algunas almoadillas. -Bromeó, poniendo levemente los ojos en blanco.- Ya que esta vez ha sido la primera. ¿Cuándo podremos volver a vernos? Me gustaría sacármelo rápido y, aunque hoy no me haya salido especialmente bien, creo que aprenderé rápido.-Aseguró, sonriente.-Tampoco quiero quitarte mucho tiempo que probablemente en el Ministerio todo esté más lioso que por aquí. Así que di tu las fechas, que como estoy en Hogwarts no es que tenga grandes restrincciones con venir a Hogsmeade los fines de semana.-Explicó el joven.-Aunque incluso si hablo con mi jefe de casa o con el director y les digo de salir en horas libres entre semanas, puede que me lo concedan. Todo es ponerse.-Añadió el chico.-¿Y bien?-Le pregunó al final sobre el horario que mejor le convencía.
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Stella Moon el Vie Oct 16, 2015 6:44 am

Escuché atentamente las palabras de Axel cuando habló expresando su opinión sobre la situación de la sociedad mágica y de los mortífagos y de los Aurores. No dejó escapar ningún tipo de información que dejase saber si nos apoyaba a nosotros los mortífagos o si por el contrario apoyaba a nuestros enemigos, o si prefería mantenerse al margen como muchos miembros de la comunidad mágica. Me sorprendería que perteneciese al bando contrario siendo hermano de una mortífaga a la que yo conocía, aunque no muy bien, pero siempre había casos de familias en las que sus miembros eran tan diferentes como los colores blanco y negro. Podría ser el caso de Axel, aunque yo prefería pensar que no. Cuantos más jóvenes tuviésemos de nuestro lado, mejor. A mí me importaba un bledo la pureza de la sangre, no era ese el motivo por el que era mortífaga. Me encantaba ser sangre limpia, sí, porque ya puestos es mejor pertenecer al grupo que tiende a ser más privilegiado, pero la verdadera razón por la que yo me había unido a los mortífagos era porque me encantaba matar y dar rienda suelta a mi naturaleza salvaje, esa naturaleza que los del bando de los “buenos” se empeñaban en que reprimiese. No me daba la gana de reprimirlo, y no me gustaba esconderme. Pero aunque la supremacía de la pureza de la sangre me importase un pepino, quería que mi bando fuese el vencedor, y por eso me gustaba cuando me veía miembros de generaciones más jóvenes que pronto se nos unirían.

-Es posible que tengas razón- le dije a Axel cuando terminó de hablar, expresando su opinión de que en el caso de que estallase una guerra de verdad, la gente se alzaría contra los mortífagos y perderíamos.- Pero eso es asumiendo que todo el mundo que no está activo en las batallas que ocurren en el presente de vez en cuando, esa gente que ahora mismo está al margen, pertenezca al mismo bando que los Aurores. Muchos que los que se mantienen fuera de los conflictos actuales son leales a la causa de los mortífagos pero le temen a la ley, a ser detenidos y encerrados en Azkaban de por vida. En el caso de una guerra ellos también se alzarían. Ningún bando puede cantar nunca victoria hasta que la guerra está definitivamente ganada- murmuré, dándole a entender a Axel que no importaba que la balanza pareciese estar más inclinada hacia un lado que hacia el otro. Al destino le gustaba jugar con la vida de la gente, y nos deparaban sorpresas en cada giro de esquina de la vida.

Después de aquella charla volvimos al tema que nos había llevado aquel día a Hogsmeade, y ese era la aparición. Le dije lo que había hecho bien, lo que había hecho mal, y le di un par de recomendaciones para que practicase y mejorase en los aspectos en los que había fallado, como en el equilibrio. Sonreí levemente cuando dijo que la próxima vez vendría preparado en caso de un accidente como el de hoy. Creo que de todas las clases de Aparición que había dado desde que empecé a trabajar en el Ministerio el mejor choque de bruces contra una farola que había presenciado había sido el de Axel. Era realmente difícil no reírse en este trabajo.

-No hará falta, eres un buen alumno, seguro que la próxima vez que lo intentes te saldrá mejor. Pero recuerda, ¡hay que concentrarse!- dije con tono amable, de instructora guay. Era una instructora guay, mis compañeros de trabajo eran unos aburridos y unos bordes todo el tiempo. Yo solo era borde a veces, con alumnos especialmente gilipollas.- ¿Qué te parece si tenemos una hora de clase todos los sábados por la tarde aquí mismo? Con eso será suficiente para que en pocas semanas seas capaz de presentarte al examen- le informé.

Quedamos en que esa era la mejor opción, y en caso de que tuviésemos que hacer cambios en el horario por cualquier razón solamente tendríamos que mandar una lechuza y no habría problemas. Estaba convencida de que conseguiría enseñarle bien para que pudiese examinarse exitosamente pronto, así que tampoco quería abarrotarle el horario de clases para no agobiarle, pues la Aparición para principiantes era muy tediosa.

Se estaba haciendo tarde, y la clase de hoy había finalizado. Ambos nos despedimos, y observé como Axel se ponía de camino al castillo. En cuanto desapareció de vista por una de las calles cercanas del pueblo, me desaparecí para volver a Londres. Mi trabajo por hoy había terminado.  
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Stella MoonMinisterio

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