Situación Actual
21º-14º // 3 diciembre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Einar G.Mejor PJ ♂
Coraline M.Mejor PJ ♀
Katherine M.Mejor User
Circe M.Mejor roler
Seth B.Estrambótico
Edgar B.PJ REVELACIÓN
Ash & CirceMejor dúo
Valarr K.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

Come slow |Flashback {Gabriel J. Blumer}

Invitado el Dom Nov 30, 2014 5:06 pm

Expresso de Hogwarts.
Flashback, hace cuatro años.

Joahnne tomaba la mano de mamá mientras caminaba rumbo a la estación, aquel lugar donde estaban los trenes y simplemente se podía gozar del comienzo del viaje. Los nervios y los apuros por parte de su madre para poder estar a la hora pactada. Era el segundo viaje que haría hacia el destino designado, al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. En ese camino estaba por uno de sus costados su padre que apretaba el hombro de la niña, aunque esta vez era menos fuerte que la primera vez, su madre ansiosa del otro lado mientras que su madrina conversaba con la pequeña pelirroja que caminaba con Yoru, el gato. Se lo dejaría a su madrina para que luego lo llevase junto a la lechuza. Las columnas se alzaban por lo alto espantando a los enanos, muchos chiquillos corrían de un lado al otro con las valijas pesadas esperando ir a la estación 9 ¾ .

La niña cuando fue su turno atravesó el lugar para llegar a la estación mágica, despidiendo a sus padres con besos en las mejillas y un abrazo. Por supuesto, su tía le regaló un abrazo y unos cuantos galeones para poder comprarse algo cuando este en el tren. –Muchas gracias tía.- dijo mientras le abrazaba, los cabellos rojos tapaban el rostro de la niña pero se podía vislumbrar una sonrisa sincera. Se despidió de cada uno y subió a uno de los vagones con la ayuda de un muchacho de sexto. Caminó por los pasillos hasta poder toparse con una habitación casi vacía, se acercó a la ventanilla y sacó su brazo para saludar, el tren haciendo su bullicio característico comenzó la marcha hacia el colegio.

Recompuesta de la situación, Joahnne se dignó a sentarse mientras acomodaba su falda. Podía ser un poco descuidada pero no se atrevería a dar malas impresiones de ella misma, se frotó uno de sus parpados y bostezó. Desde temprano estaban organizando todo por culpa de su madrina, la mujer apareció de la nada por altas horas de la noche despertando a la familia. Suspiró con alegría recordando horas anteriores. Pasó la señora con el carrito de dulces, Joahnne observó la variedad y ante la pregunta de la mujer respondió. –Sí, quiero dos de regaliz y grageas. – tendió los galeones mientras esperaba con la otra el pedido. Sonriente volvió a sentarse para continuar con su viaje.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Lun Dic 01, 2014 4:24 pm

Con el gorro de lana casi cubriendo sus ojos, el pequeño empujaba el carrito intentando ayudar a su abuela en el camino por la estación. - ¿Y si no estudio puedo suspender y repetir? ¿Segundo es complicado? Dicen que los de Ravenclaw son muy inteligentes pero ya sabes que yo soy del montón. – Su abuela le miró y negó con la cabeza. – Lo que eres, es un poco vago y demasiado parlanchín. – Frenó en seco el carrito y le quitó el gorro al niño, negando con la cabeza antes de volver a hacerlo. – Confío plenamente en que apruebes todos tus exámenes, cariño. – Dijo la anciana dándole un pequeño golpe cariñoso en el moflete con el dedo índice. - ¿Mamá no viene a despedirse? – Preguntó cambiando el tono de voz a uno más serio. Desde que su madre había descubierto que el padre de Gabriel y su propio hijo eran magos, apenas había hablado a su hijo. Su abuela se había encargado de prestarle todo el apoyo necesario y hablarle de toda la magia que rodeaba el mundo al que pertenecía, pero aquello no era suficiente para un niño de tan solo doce años que había tenido que pasar el verano con su abuela y sin si quiera ver a su madre. – Dale tiempo. – Dijo cariñosamente la mujer antes de agacharse para darle un beso en la mejilla al niño. – Pero ya ha pasado un año… - Musitó bajando la vista al suelo.

Un par de minutos después y con el gorro nuevamente colocado sobre su cabeza, el chico paseaba despreocupadamente por el pasillo del vagón cuando vio un habitáculo casi vacío y estuvo a punto de entrar. Por alguna razón no lo hizo y sin previo aviso el tren comenzó a andar, haciendo que el suelo se tambalease bajo sus pies y casi se diese de bruces contra el suelo al perder el equilibrio. Por suerte no recibió golpe alguno contra el piso, pero sí contra un chico que pasaba a toda velocidad por el pasillo y al que golpeó con la espalda sin si quiera darse cuenta. – Cuidado con lo que haces enano. ¿No querrás acabar en el fondo del lago antes de tener casa, no? – Preguntó retóricamente el chico dando por hecho que su compañero era de primer año. Gabriel murmuró en voz baja insultándole, pero el chico ya se alejaba por el pasillo ignorando por completo al castaño.

- ¿Me permites? – La voz de la anciana con el carrito de dulces resonó tras su espalda y el chico se hizo a un lado para dejar pasar. Gabriel quedó rezagado viendo como la anciana del carrito recorría el pasillo cuando una bombilla se encendió sobre su cabeza, y no precisamente porque alguien hubiera pulsado el interruptor de la luz del pasillo. Aceleró sus pasos para ir hasta donde estaba la mujer y se dio cuenta que no llevaba dinero encima, por lo que aprovechó aquello para entrar en el vagón más cercano, como si se tratara de su intención desde el primer momento al cruzar el vagón a toda prisa.

- ¿Hay hueco? – Preguntó abriendo la puerta de par en par e ignorando por completo a la chica que ahora pedía dulces junto al carrito y apenas a unos centímetros de distancia de donde él mismo se encontraba. – Bueno, claro que hay, mira cuantos asientos. – Dijo para sí mismo al ver que tan sólo había un chico sentado junto a la ventana con la cabeza cubierta por un abrigo y esta misma pegada al cristal, como si estuviera dormido. Algo que comprobó cuando un ronquido sonó inundando toda la estancia. – Me tomaré tu respuesta como un sí. – Afirmó acabando de pasar.

Se dejó caer sobre el asiento opuesto al del chico, pegado a la puerta y estiró ambas piernas haciendo crujir sus rodillas antes de sentarse bien y quitarse el gorro. Movió la cabeza descolocándose más el pelo y miró por la puerta que seguía abierta. - ¿Qué has comprado? – Preguntó con total confianza a la pelirroja que ahora pedía. – Te recomiendo que no comas grageas, en el tren del curso pasado me tocó una con sabor a espinacas. ¿Quién hace golosinas con sabor a verdura? – Entrecerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás antes de devolver la vista al paisaje que comenzaba a verse a través de la ventana.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Mar Dic 02, 2014 2:55 pm

El año pasado había sido todo tan nuevo, desde el tren que emitía su ritmo característico pero con elegancia hasta las risas de los niños correteando por los pasillos. Joahnne se encontraba fascinada ante el nuevo mundo que se abría paso ante ella, en donde podía utilizar, controlar y crear con la magia que nacía de su cuerpo diminuto. Donde tal vez no tendría discriminación por andar haciendo cosas que los normales, los muggles, no sabían hacer. Ella creía todo aquello, claro que en el propio mundo mágico hay ciertas normas que acatar y diversas riñas entre las sangres, como si se tratara de elites. Con respecto al viaje, ella temía a estar encerrada pero no tuvo problemas con dicho espacio, claro que pedía que las puertas se mantuvieran abiertas –aunque esto era imposible- o alguna ventana la cual oxigenara el ambiente. La claustrofobia había nacido desde hace tiempo, la pelirroja no podía soportar ciertas cosillas que alteraran sus nervios. Estas medidas se tomaban por precaución, sus padres avisaron antes de subirla al transporte a uno de los prefectos de ese año de la casa de Hufflepuff, quién fue el primero en cruzar el campo de visión de la familia. El muchacho era amable con la niña mientras acariciaba los cabellos rojizos, estuvo a cuidado y se dejó cuidar. Si bien, el muchacho tenía una vida y amigos en Hogwarts solamente se levantó de su lado unas pequeñas horas dejándola con otros niños sin casa que hablaban enérgicamente. No se sentía apartada, le hubiera gustado participar más activamente de la conversación y no con monosílabos o frases casi sin terminar. Pareciese que los demás se llevaban demasiado bien al comienzo, esto le aterraba, el no tener con quien compartir ideales, opiniones o juegos. “Ya estás grande Joahnne, no deberías preocuparte por ello.” Se repetía cada dos por tres cuando su espíritu se encontraba cabizbajo.

Este año sería diferente, se soltaría más de lo que pudo el primer año. Con todos los nervios que tenía por ver cual casa era la elegida para ella, había perdido como objetivo encariñarse con alumnos en el expreso. Los más cercanos que tenía eran los de Gryffindor, y vamos a sincerarnos, a ella le gustaría que pertenecer a una casa no encerrara al grupo limitando relaciones. Por ende, este nuevo curso sería renovador de amistades.

Su manita seguía colgando con los galeones, la mujer se movía intensamente alrededor del carrito para darle todo lo que quería a otro niño que habló anteriormente. Otro muchacho, por lo visto de Ravenclaw venía esperando para ubicarse en alguna habitación. Joahnne le sonrió aunque este no se percató de aquello ya que se adentró al cubículo ignorando las acciones de la niña. Mientras, ella tomó lo pedido y regresó a su lugar, en frente se encontraba un estudiante, pareciese de unos cursos más avanzados durmiendo. La pelirroja se ubicó al lado de la ventana admirando las vistas que se estaría perdiendo la bella durmiente, también ignorando las preguntas del niño. Si, se había sentido un poco ofendida por ser no tomarla en cuenta. Suspiró antes de darle una mordida a la varita de regaliz rojo que poseía en una de las manos. “No voy a ser mala con él, no soy así.” Batallaba con quién era o quién no, lo observó y habló. –Perdón, me sentí ofendida porque te vi antes de entrar y no me hablaste. Sé que es algo tonto, pero quiero disculparte.- sincerándose extendió la varita de regaliz como ofrenda de paz. –Puedes darla vuelta y comer de ella, o si quieres te convido grageas. Ya sé lo que ocurre con estas, a uno le ha tocado de vomito el anterior curso y bueno, yo estuve a metros de él viendo como devolvía la cena de ayer.- hizo una mueca al recordar tal escena.

El niño estaba tomándose el estómago sintiendo que podría parar con lo imposible, el malestar debía salir por algún lado de su cuerpo y lo mejor sería que fuese por la boca. Un estudiante de curso mayor le sostenía del hombro mientras acariciaba la espalda, intentando aliviar los síntomas del muchacho. Grageas se podían observar desparramadas por todo el lugar, había de color rojo hasta unas de amarillo que rodaban hasta los zapatos de los niños que estaban alrededor. Joahnne estaba sorprendida y por ello se quedó en su cabina todo el rato.

-¿Cómo te llamas?- curiosa olvidó sus recuerdos y todo con respecto a los malos sabores que se podían observar en las grageas todos los años, esperaba también que le tocase una de chocolate. Algo que nunca tuvo la suerte de tener en este tiempo. –Yo soy Joahnne Herondale y soy  de Gryffindor aunque creo que eso ya lo sabes.- una sonrisa sincera adornaba su rostro junto a los cabellos que cubrían sus mejillas.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Dom Dic 07, 2014 7:41 pm

Aquel año ya estaba siendo completamente diferente al anterior y eso que no habían pasado ni diez minutos desde que el tren se había puesto en marcha. Su desinterés natural por lo que pasaba a su alrededor y no le afectaba ni lo más mínimo hizo que durante su segundo viaje se preocupara más por encontrar un asiento libre en alguna de las habitaciones del vagón que de la chica que había a su lado. Gabriel no era una persona mal educada, pero casi haber acabado en el suelo por el movimiento del tren sumado al ir hacia el carrito de chucherías y comprender que no tenía dinero, hizo que pasara por alto la presencia de otra persona junto al carrito que no fuera esa simpática anciana que siempre ofrecía dulces a todos los alumnos con una imborrable sonrisa.

Cuando la pelirroja tomó asiento nuevamente, Gabriel ya había hablado sobre los dulces mágicos. Debido a su origen muggle no había podido recibir ranas de chocolate cuando era niño, no había tenido cientos de grageas de todos los sabores por cada cumpleaños ni había ido a grandes tiendas de golosinas para probar las plumas dulces. Y por esa razón su abuela no lo había pensado dos veces a la hora de gastar gran cantidad de galeones en innecesarios dulces, para que su único nieto disfrutara de todo aquello antes de entrar a Hogwarts. Su abuela siempre le había dado todo tipo de lujos (moderadamente hablando teniendo en cuenta su posición económica) cuando su presupuesto lo proporcionaba y gracias a que la carta de Hogwarts había llegado aquel mes, recibió todo tipo de dulces cuando, por fin, su abuela podía hablarle del Mundo Mágico al que verdaderamente pertenecía.

Esa razón hizo que tomara más dulces de los debidos por un niño de once años y más teniendo en cuenta la facilidad de los más pequeños para tener caries. Pero las caries no habían aparecido, sino que en su lugar, dio con una gragea de sabor a coliflor. Creyendo que los sabores ya no serían chocolate o dulce, sino que también podría toparse con cualquier tipo de alimento, dejó las grageas de lado por un tiempo. Un tiempo hasta que en Navidad su abuela mandó un nuevo pedido cargado de dulces y el sabor a vómito inundó su paladar, haciendo que tirara las grageas y no volviera a tomar ninguna. Y casi un año después, seguía sin haber vuelto a tomarlas. Y tras años, cumpliría la promesa que se hizo a sí mismo de no tomarlas.

Miró a la pelirroja al ver que parecía haberse molestado e, inconscientemente, sus cejas se alzaron sin comprender que era lo que había hecho mal. Al entenderla no pudo evitar soltar una carcajada y taparse la boca ante aquello al darse cuenta que podía molestar al chico que parecía estar dormido. – No te lo tomes como algo personal, ni si quiera me había dado cuenta que estabas. – Añadió el chico con una sonrisa de oreja a oreja. – Pero hola, amable persona que ofrece dulces. – Estiró las piernas colocando los pies en el asiento de enfrente y colocó sendas manos tras su cabeza para usarlas como mejora para su apoyo y su comodidad. – No te preocupes, no tengo hambre. Además, con todo lo que nos pondrán para cenar en un par de horas en el Castillo tengo más que suficiente. – Hizo una leve pausa para recobrar el aliento. – Mejor ir con el estómago vacío, así luego entra más. – Se apresuró a añadir. Lo cierto es que comer en Hogwarts era tan diferente a comer en su casa que aún no había conseguido acostumbrarse a acabar con el estómago tan lleno.

- Gabriel Blumer, de la casa de las águilas, como bien indica cierto emblema por mi uniforme. – Bajó vista y manos a su ropa, tocando el jersey donde se encontraba el emblema de Ravenclaw, aunque aún no llevaba ni capa ni corbata. – Aquí está. – Dijo agarrándolo entre sus dedos y estirando de la tela del jersey para mostrar que tenía el emblema en el uniforme como se veía sin necesidad de estúpido alarde de inteligencia. - ¿A qué curso vas? – Antes de dejar tiempo para responder a su nueva acompañante su boca se abrió de nuevo a toda velocidad. – Lo cierto es que me suena tu cara y no compartimos Sala Común. Aunque claro, vamos al mismo colegio y estamos en el Gran Comedor como mínimo tres veces al día, aunque a veces con los castigos me salto la cena, claro. – Se encogió de hombros y volvió la vista a la chica. – O a lo mejor compartimos alguna clase. ¿Vas a segundo? Yo empiezo este año, me han dicho que no es demasiado complicado, que lo peor llega en quinto. Pero bueno, yo no soy un Ravenclaw de esos que tienen la cabeza llena de ideas y de neuronas útiles, las mías son más bien bailarinas, de esas que se divierten tocando la trompeta o la pandereta.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Miér Dic 10, 2014 3:21 am

Reconocía que su mente muchas veces era como la de un pez, memorizar cosillas no era lo de ella teniendo en cuenta que era más fácil olvidarse de ello. Reconocía que aprender le iba mejor, y aún más si tenía prácticas de aquello para solidificar sus conocimientos frescos. Reconocía que no era de hablar demasiado hasta cierto punto, en donde su lengua no paraba de moverse alrededor de cada letra que pasaba por su boca. Y reconocía que el muchacho que tenía hablándole no era más que un chico bastante común a pesar de tener magia los dos, nada del otro mundo como ella pensaba que eran algunos. A pesar de que el muchacho no le había prestado atención, al principio, sabía que podía confiar su viaje junto a él. Cualquiera pensará que es una tonta pero, la verdad, es que es bastante quisquillosa con las compañías.

¿Por qué pasarlo mal si podías disfrutar? Conocía muy bien que varias serpientes desde pequeñas eran venenosas, esperaba no cruzarse en su momento con alguna. Será prejuicio pero tenían mala fama para el resto de los alumnos. “Daré la posibilidad de conocer a alguien de Slytherin más profundo, pero temo a que me terminen descubriendo quién soy.” Eso pensó en su primer año junto a los corredores, dirigiéndose a una de sus clases.  Sin lugar a duda, se corrió el rumor de quienes eran sangre sucia en el primer instante que se pisó Hogwarts. No sabía siquiera como se dieron cuenta de aquello, la pelirroja no había mencionado de su origen en ningún momento más que en los lugares correspondientes. Joahnne no pensó en buscar algún antepasado pero conocía la existencia de Herondale, esperaba que su padre le diera información de aquello cuando volviese. Como el año transcurrió sin problemas alguno, y su memoria era de pez, no volvió a mencionar el tema en su familia, aunque una carta a su tía fue contestada sin preámbulos. Olvidando de todo aquello, esta nueva etapa sería diferente para la niña.

El muchacho, como antes había pensado, no estaba prestando atención a la aparición de la pelirroja. Era entendible por ello que no tendría respuesta de un saludo. “Es verdad, el Castillo a está a unas horas y nos espera un gran banquete el cual disfrutar.” Pensó recordando la ceremonia que obtuvo la primera noche que pasó por aquella edificación de gran escala. –Es cierto, no tendremos lugar para la comida de hoy. Aunque te puedo decir que deberemos esperar unos minutos extras para que le asignen la casa a los de primer curso, como ocurrió con nosotros.- sonrió por la verdad de esto. Hace un año había ocurrido su elección de casa, llegar a Gryffindor fue lo mejor que podría haber deseado con aquella edad. Y tener amigos que le entendieran, que la magia podía ser real y que usar un palito para utilizar aquel poder era común, fue gratificante. Entre sonrisas, risas, llantos y otras cosillas sobrepaso su primer año. Esto debería pasarlo la nueva generación que entraba para la selección de casa.

Era un tanto tonta por no observar el emblema que tenía el jersey ajeno, sacudió su cabeza moviendo ligeramente pequeños rizos rojizos. –Perdón, no me fije que tenías aquel emblema. – hizo una mueca por aquello, su entrecejo fruncido para luego relajarlo con una sonrisa. Se encontraba a punto de contestar pero el muchacho era más rápido, parecía tener mucha información para escupirla a quién estuviera disponible de escuchar. Joahnne no estaba en contra de aquello pero se sorprendió ante la espontaneidad del Ravenclaw. “Creo que este chico se lleva bien con los habladores. O simplemente se junta con personas mayores para enterarse de los chismes, de las futuras clases…” paró en seco sus pensamientos para contestarle por fin al expectante. – Bueno, yo comenzaré segundo y por lo visto nos queda largo el camino para poder descubrir lo que nos espera los grados mayores. Nadie me ha contado nada sobre lo demás, creo que mencionaron en los pasillos, una vez, sobre algo como los TIGOS o eran TILOS… no, eso es una planta o un árbol. – Su dedo índice delineó el labio inferior intentando localizar la palabra precisa, aquella que oyó de un prefecto de Ravenclaw- Si, era TIMOS. No me preguntes que significa la palabra porque no he prestado atención a toda la conversación. Además, eran de una serpiente a otra, seguramente si me veían escuchando me metían en el armario de escobas.- no esperó a la reacción ajena, sabía que estaba juzgando a alguien enfrente de otra persona que tal vez se llevaba mejor con aquel alguien.- No me malinterpretes, no creo que sean malos pero desde que saben que soy sangre sucia soy un objetivo planeado desde hace tiempo.- se levantó para observar sobre la ventana, su mano derecha hizo contacto con el fino vidrio. Este estaba frio y acariciaba la tersa piel de la niña.- No soy mala, tener sangre combinada no es nada malo…- comentaba perdiéndose a lo lejos junto a las montañas que se observaban, su mente comenzaba a analizar un montón de cuestiones a las cuales no debía preocuparse.- No importa, olvida todo lo que he dicho.- giró su cabeza para mirarlo a los ojos, le sonrió mostrando cada diente de su dentadura.- ¿Cómo te sentiste cuando el sombrero se posicionó encima de tu cabeza?- preguntó sentándose a su lado.- Yo me sentí extraña, no temía a que casa pertenecer. Simplemente quería ser aceptada por las personas que me recibirían. Y ahora estoy feliz por aquello.-
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Dom Dic 14, 2014 11:23 am

Sabía de sobra que, por muchos viajes que hiciera en aquel tren rumbo a su nueva escuela, jamás acabaría de acostumbrarse a vivir tan apartado del mundo. Era una persona acostumbrada a los lujos de las nuevas tecnologías y vivir sin un ordenador con acceso a internet era algo que no terminaba de convencerle, igual que vivir sin un teléfono y poder comunicarse con sus antiguos amigos en Bristol. ¿Cómo iba a mandarle una lechuza a un grupo de muggles de doce años? No, definitivamente no, si hacía eso lo más probable es que lo tomaran por loco y dejaran de mantener todo tipo de relación con él, y si de por sí su amistad ya se veía afectada por todo un curso escolar sin verlo, ya ni hablar si recibían una carta por medio de una lechuza. Ni si quiera su madre estaba preparada para esos trotes, y más teniendo en cuenta que aún no había aceptado la idea de que su único hijo fuera un mago. – No había contado con eso. Espero que manden a más gente a Ravenclaw, el año pasado fuimos bastantes pocos comparados con los de otras casas. – La Selección era un proceso sencillo pero lento, y el curso previo en el que ambos habían sido asignados a sus respectivas casas, había sido el año de los de Slytherin y Hufflepuff. Por suerte, en los cursos superiores la diferencia no era tan notable, pero con el tiempo esos alumnos se irían yendo y si no llegaban más alumnos de Ravenclaw, acabarían por ser una minoría en mitad de Hogwarts. – Podrían quitar la Selección de Casas y que cada uno se sentara donde le apeteciese. Además, ¿No te has dado cuenta que todos los abusones están en la misma casa? Si estuvieran más repartidos el curso sería más tranquilo. – Por desgracia aún no había conocido a un Slytherin que le tratase como una persona y no como una estatua, por lo que seguía con la idea de que Slytherin no era una buena casa, algo que iría cambiando con el paso de los años.

Ambos alumnos resultaron ser de segundo curso. No podían considerarse veteranos, pero ya conocían mucho acerca del Mundo Mágico. - ¿Los qué? – Alzó una ceja y fue incapaz de no soltar una carcajada al oír las palabras de la chica sobre plantas. – Ah… - No dijo mucho más al entender a lo que se refería. Él también había oído varias veces a los alumnos hablar sobre los TIMOS, pero a día de hoy sabía tanto sobre aquella palabra como el primer día que había cruzado el umbral de la puerta del Gran Comedor. – No sé qué tienen contra los nacidos de muggles. A mí me tratan algo mejor porque mi padre era mago, pero vamos, ni si quiera le recuerdo.  Para mí que tengo la sangre tan sucia como cualquier nacido de muggles. ¡Y orgulloso de ello! – Lo cierto es que mentía. No sentía demasiada devoción por los muggles, pero no por no tener magia, ni mucho menos. No sentía repulsión por los nacidos de muggles sino que los consideraba magos como cualquiera, pero con los muggles cambiaba la cosa. Su propio pasado había hecho que su idea sobre el mundo no mágico quedara totalmente devastada, por mucho que intentase pasarlo por alto.

No pudo evitar soltar una carcajada ante el cambio de conversación de la chica, notando como evadió el tema. Como no era una persona demasiado cabezota en esos aspectos, prefirió seguirle la corriente y cambiar de tema del mismo modo que la pelirroja lo había hecho. -  Me sentí observado. Todo el castillo estaba ahí pendiente de nuestra cara y de qué diría ese trozo de tela. Vamos, la gente, el castillo no nos miraba, aunque las paredes tengan muchos cuadros que te miran...- Divagó antes de negar con la cabeza. – No sabía en qué casa podía tocarme, nunca me he considerado valiente, ni ambicioso, ni inteligente ni… ¿Trabajador? O leal, no sé qué son los Hufflepuff la verdad. – Su abuela se había pasado semanas explicándole todo lo posible sobre el mundo al que ahora pertenecía, pero Gabriel era una persona distraída por naturaleza.

Los minutos fueron pasando mientras ambos chicos continuaban con su conversación entre los paisajes que iban cambiando por las ventanas y ante los ronquidos del chico que dormía en el mismo compartimento, hasta que finalmente llegaron a Hogwarts, donde tuvieron que juntarse con el resto de sus compañeros de casa y separarse.

***


Aula de pociones.
Navidades de segundo curso.

La primera clase del nuevo año y ya llegaba tarde. Se había acostumbrado al horario de Navidad donde no tenía que madrugar para acudir a clase y ni si quiera había tenido recuerdo de cómo era madrugar, por lo que aquella mañana se le habían pegado las sábanas y ahora tenía que bajar a todo correr hasta las mazmorras sin si quiera poder pasar a desayunar. Bajó dando tumbos desde la Sala Común de Ravenclaw y pasó a tiempo a través de la puerta del aula de pociones, junto cuando el profesor Snape estaba cerrando. – Cinco puntos menos para Ravenclaw. – Afirmó el hombre con tono sereno. Gabriel no dijo nada, sino que se limitó a entrecerrar los ojos y tomar asiento en uno de los pupitres más lejanos a un profesor que no soportaba.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Vie Dic 19, 2014 1:29 am

Recordaba la primera vez que había pisado aquel tren como, a continuación, el castillo. Metálico, frio al contacto en un principio, aquellos tubos en donde depositar la mano para la ayuda de su subida. Un prefecto que le era un soporte por algún malestar que sintiese en el momento del viaje, amable como buen tejón. Alto para ella pero no tanto como para no verle la sonrisa. Castillo. Ladrillos, edificación alta que nublaba la visión para dar con las nubes. La nariz picaba en aquel entonces por el polvo que se elevaba por los carruajes que contenían el equipaje. Pensamientos sobre cómo sería su dormitorio, con quién compartiría sus días hasta que acabase el curso de aquel año, cuáles serían sus profesores, a quienes debería respetar sobre todas las cosas y cuáles eran los otros que permitían las bromillas, donde quedaría el baño cuando se despertarse a medianoche, lugares que serían grandiosos para visitar y cuales no eran para nada bellos, la biblioteca, la emoción de sentir aquel sombrero seleccionador sobre su cabeza, la casa a la cual sería designada y la magia, sobre todo pensaba en aquella chispa de poder.

Por otro lado, sus padres no habían hablado mucho más que lo básico desde, el aparente, desconocimiento. Ninguno de los dos incitaban a la mente de la niña para pensar que eran mágicos, simplemente la tía sería lo sobrenatural del mundo muggle. Eso igual, “mundo muggle” comenzaba a formarse como concepto para la muchacha que iniciaría con su enseñanza en el colegio de magia y hechicería. La verdad es que la pelirroja no se había preparado para que le dijesen aquello, seguía pensando que era un sueño, uno de aquellos demasiado realistas. Igualmente, no solo por aquella ilusión no se sentía preparada, ella comenzaba a pensar que muchos le pasarían por alto. Una muchacha que no conocía nada de magia hasta ese momento. Claro, había escuchado sobre aquel niño que había sobrevivido de no sabe quién pero más que eso no sabía por su cuenta.

La selección, aquella celebración que daría comienzo cuando se acomodasen en el Gran Comedor. Sin embargo, en esta oportunidad y en las siguientes tendría el honor de estar ya sentada en su casa junto a sus compañeros del año pasado, extrañaría a algunos mayores que le habían ayudado en sus comienzo. Aquellos que se habían despedido de Hogwarts a final del curso por ser los de último grado. –Bueno, en esta ocasión ya estaremos sentados en los bancos esperando por los nuevos. Y si, vendría bien que hubiese nuevos en Ravenclaw como en Gryffindor. No veo demasiados en nuestras casas de nuestro curso… o simplemente tengo memoria de pez, y me olvidé. – contestó mirando hacia arriba, como si las respuestas bajaran de aquel lugar donde se guardaba el equipaje, moviendo sus manos para acariciarse. –No lo creo, muchos no sabemos lo que en verdad somos. Nos damos cuenta luego de que nos prueban que somos así. Lo digo por mí, antes no había pensado que sería especial para Gryffindor. Creo que solo sabía en donde no estar, será que temía a darme cuenta que tenía parte de ello. Y los brabucones seguirán siendo iguales aunque estén en otro lado, ya sabes que todos van para un mismo lado.- suspiró ya no sabiendo que responder realmente. Joahnne no creía que estuviera mal la selección de las casas, ni que Slytherin tuviera a los más rebeldes con un toque de maldad. Cada casa tenía su definición aunque siempre era notorio lo de Slytherin como lo de Gryffindor, parecía que la rivalidad venía desde hace tiempo y todos perduraban aquella tradición. Bueno,  Slytherin se metía con todas las casas.

Las palabras del muchacho le habían impresionado, se sentía agradecida con lo que decía. – Yo creo que ninguno es puro, en algún punto de su historia tendrá alguno que nunca tuvo sangre con magia corriendo por las venas. Me gusta escuchar eso de ti, a decir verdad no he encontrado muchos como tú y la mayoría es de mi propia casa. Además, algunos luchan por pureza cuando son tan “sucios”- pronunció ese final con comillas en el aire, un movimiento de dedos sobre los lados de su cabeza observándole.- como algunos de nosotros.- Luego de esas palabras por parte de ella misma, intentó cambiar de tema. Volviendo a la selección. El Ravenclaw contestó entre sonrisas, había aceptado el cambio sin drama alguno y fue algo que agradeció Joahnne. Se sentía cómoda con él a pesar de que fuese de otra casa, dándose cuenta de que su teoría era cierta. “Puedes llevarte bien con otras casas.” Esperaba, indistintamente, que la casa de las serpientes pudiera dar el paso a esa teoría con respecto a ella. No merecía tales tratos cuando no hacía más que querer conocer, tal vez erraba en ello y debía mantenerse fuera.

Gabriel había sido interesante a pesar de los ronquidos de un tercero. En algunos momentos de las horas los dos observaban al otro muchacho, ese que roncaba sin problema de por medio. Joahnne no hacía más que sonreír ante ello y no se molestaba por algunas posturas que el muchacho opinaba. Puede que se sorprendiera pero no ganaría odio.

****

Aula de pociones, segundo año.


Cada vez le sentaba mejor recorrer Hogwarts en los días libres, memorizaba algunos lugares y donde se ubicaban las aulas. Su primer año era ir donde todos fuesen, no perderse o sino no volvería hasta la cena en el Gran Comedor. Esto restaría puntos y ella no estaba dispuesta a hacer perder a su casa luego de tanto esfuerzo en deberes. Los primeros años eran cruciales para ella, conocer mucho más sobre el mundo mágico retirándose a la biblioteca. Últimamente era una de las primeras en las aulas según la materia, en este caso pociones. Un joven llegaba tarde. Se dio la vuelta para observarlo y le sonrió. Sabía muy bien que el muchacho se sentía desorientado, todo por aquel rostro. Tomó un pedazo de pergamino y comenzó a escribir, con letra prolija y admirable. “¿Te has quedado dormido de nuevo? Si quieres, la próxima voy a buscarte para poder llegar los dos a la vez y medianamente temprano. No le odies, es un profesor y hace lo que hace.” Finalizó con la última frase refiriéndose a Snape. Le pidió la ayuda a sus compañeros para que pasen el papelillo.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Dom Dic 21, 2014 1:52 pm

Había pasado todas las Navidades encerrado en aquel castillo, pues estando en su segundo año, aún no contaba con la opción de visitar Hogsmade durante los fines de semana. Las tardes tirado en alguno de los sillones de su Sala Común habían pasado por convertirse en rutina, y la idea de hacer algo apasionante con su vida parecía tan destartalada como la de Severus Snape por usar champú o simplemente lavarse el pelo. Sus ojos se limitaban a moverse por las figuras que el fuego dibujaba cuando subía y bajaba, o simplemente se cerraban hasta que el aburrimiento hacía su trabajo llamando a Morfeo y sumiéndole en un profundo sueño. También había pasado tiempo en la lechucería, viendo a aquellos curiosos animales que habían sustituido al correo electrónico y al teléfono, como si vivir en Hogwarts significara atravesar una puerta que le llevara hasta el siglo diecinueve. Vivir aislado de toda comunicación con el mundo muggle era algo a lo que aún no había logrado adaptarse y menos en Navidad, cuando debería estar en casa con su familia.

Había mandado más de veinte cartas a su madre durante todas las Navidades, pero no había obtenido respuesta alguna. Había mandado unas tantas a su abuela, pero ella siempre contestaba que su madre necesitaba tiempo para asumir lo que había cambiado su vida, pues aún no veía a Gabriel como el hijo que había criado ella sola durante tantos años. Esas cartas lograban quitarle el sueño cada noche, incluso la noche antes del inicio de las clases, haciendo que lograra dormirse pocas horas antes de tener que levantarse y que, cuando llegó la hora de levantarse, permaneciera en la cama con las sábanas pegadas al haber logrado dormirse.

Hizo todo lo posible para llegar a la hora, pero ni saltándose el desayuno lo logró. Para cualquier otro profesor, Gabriel habría llegado a la hora, pues la puerta ni si quiera estaba cerrada cuando logró entrar. Pero sí para el profesor de pociones. Y no solo fue eso lo que le molestó, sino que pasados diez minutos del inicio de la clase y en mitad de la explicación, una pareja de alumnos de Slytherin cruzó el umbral de la puerta bajo la atenta mirada de alumnos y profesor y no sufrieron pérdida de puntos alguna. ¿Favoritismos? Lo que había en esa casa no eran favoritismos, eso ya estaba a un nivel superior.

Gabriel había sacado pergamino y pluma para comenzar el año de una manera diferente. Por regla general era una persona dispersa que apenas prestaba atención en las clases, pero como todo nuevo año, estaba cargado de propósitos. Su propósito para aquel año era el de estudiar. Pero estudiar de verdad, no en el último minuto. Y por esa razón había sacado el material necesario para tomar nota de todo lo que decía el profesor pero, inconscientemente, había comenzado a hacer trazos en su pergamino, dibujando desde círculos a líneas que formaban diferentes figuras. Estaba tan enfrascado en su particular toma de apuntes que tardó en ver un trozo de pergamino que ahora se encortaba sobre su mesa. Lo leyó con detenimiento y una sonrisa surgió entre sus labios. Cambió el rumbo de su pluma para centrarse en el pergamino de la pelirroja y escribió. “Aún vivo con el horario de las Navidades y me cuesta demasiado dormir, parezco un ninja sobre la cama con mis peleas épicas con las sábanas. Creo que de venir a buscarme llegaríamos los dos tarde, más bien lo afirmo.” Hizo una breve pausa en la escritura para ver cómo hablar de Snape de la manera más suave posible. “No le odio, sé que es imbécil y no puede cambiarlo”. Finalmente no había salido tan bonito como en su mente parecía.

El papel volvió a pasar entre los alumnos, pero uno de los compañeros de Joahnne estuvo a punto de abrir la nota durante el camino. Los Gryffindor no acababan de despertar la simpatía del chico, con su creencia en el valor y la amistad cuando luego la mitad de ellos se apuñalaban por la espalda. Gabriel tosió exageradamente y el Gryffindor, sobresaltado, siguió pasando la nota hasta la pelirroja. Por su parte, el profesor siguió con la explicación y bajó una pequeña pizarra donde podían verse los ingredientes de la poción que realizarían en aquella hora. – Pónganse por parejas, no hay tiempo que perder. – Sacudió las manos y bajó de la tarima, yendo en dirección al armario de material. Gabriel se levantó en ese mismo momento y se colocó tras la espalda de su amiga, dándole un toque con el dedo índice. – Ve cogiendo sitio, yo voy a por los materiales. -  Y sin plantearse una negativa, fue rumbo al armario de material donde Snape había comenzado a repartir los primeros materiales que necesitarían, pues el resto ya deberían encargarse ellos de encontrarlos.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Dom Ene 25, 2015 6:37 am

Cabello rojizo revoloteando por las escaleras, como si de una ola se tratara se ondeaba mientras la pequeña daba saltos al bajar de la torre donde se encontraba su dormitorio. La sala común de Gryffindor estaba atestada de muchachos haciendo bromas a los de primero y a, algunos, de segundo año como a ella. Al descender de su cuarto se encontró con chiquillos tirándole papeles trozados en la cara, esto provocó que se tragara una cantidad suficiente para comenzar a toser. “Nunca más me sorprenderé con la boca abierta, por lo menos no en la sala común de nosotros.” Comentaba mientras se limpiaba los pedazos sobrantes del cabello, con la manga del uniforme. Las escaleras fueron bajadas a saltos, especialmente, las últimas.  Deseaba ir al Comedor era una idea que le abría el apetito, imaginarse desde huevos revueltos hasta un chocolate caliente. “O mejor aún, tostadas con crema de mantequilla y un poco de café.” Murmuraba entre pensamientos recordando las mañanas en su casa, bajar a desayunar y encontrarse con su padre tomando una taza completa de café para despertarse antes de ir a trabajar. Se emocionaba con los olores cotidianos de su casa, hasta se le iluminaban los orbes si observaba que la comida era parecida a la de su mamá.

Se sentó con entusiasmo a la mesa, al lado de Rubén. Técnicamente deberían asistir a la misma clase en los próximos minutos pero, como la pelirroja sabía, tal muchacho no ingresaría. -¿Por qué no quieres asistir a clases? ¿Tanto te cuesta prestar atención o simplemente te aburres? Vamos Rubén, es nuestro segundo año y ya comienzas a holgazanear…- se calló de repente, cubriéndose con las manos los labios y observándole sorprendida. Los cubiertos, que anteriormente estaban aferrados por sus manos, cayeron provocando un pequeño estruendo y miradas sobre ellos.- Mi actitud me hizo recordar a mi mamá retándome, no me permitas que pase de nuevo.- su voz se componía por preocupación y alarma mientras que de fondo estaban las carcajadas de su mejor amigos. –Oh vamos Joahnne, ni que fuese para tanto asistir a clases.- murmuró tiempo después el león antes de retirarse del Gran Comedor, la pelirroja no hizo más que suspirar y revisar su mochila para preocuparse de que llevase pergamino y pluma a clases.

La clase de Pociones se encontraban en las mazmorras, cada alumno que no pertenecía a Slytherin iba con paso preocupado puesto a todas las bromas que son encargadas por las serpientes. Creían que esa parte del castillo era de ello, sin tener en cuenta que Hufflepuff también tenía sala común allí. Ya les había ocurrido a ellos cuando eran de primero y ahora se esperaba un poco más de respeto, que equivocada se encontraba Joahnne. Sin importar mucho intento ir con un grupo grande de chicos llegando temprano a la clase, el profesor Snape arribó a la clase minutos más tardes.

Observó como el amigo que se había hecho en el viaje, Gabriel, llegaba tarde llevándose una reprimenda por parte del profesor. “Sí que tiene mal carácter este señor, seguro no tiene esposa” pensó la pelirroja mordiéndose el labio. Envió el pergamino recortado al chico para que le leyera lo que pensaba de su llegada tarde, no tardó en recibir respuesta aunque uno de sus compañeros parecía conocer antes que ella tal información. “Bueno, tal vez necesite un par de semanas y podrá acostumbrarse a las clases nuevamente. Espero que los profesores no se aprovechen de ello y le bajen puntos a su casa o tendrá grandes problemas a largo plazo.” Sus pensamientos no tuvieron mucho rumbo por su mente por ser detenidos por las palabras del profesor. No había prestado atención esos últimos minutos así que no sabía muy bien lo que ocurriría. -¿Qué ocurrió? ¿Qué hay que hacer?- cuestionó a uno de sus compañeros pero Gabriel llegó tan pronto con instrucciones que tal persona se retiró sin decir muu. “Bien, ahora no tengo la menor idea de lo que haremos. Le haré, por lo tanto, caso a Gabriel y cogeré lugar.” Apropió un sitio para dos donde se tenía bastante espacio, solo esperaba a que su amigo viniese con los materiales necesarios. Al llegar se acomodó a su lado, y ella no esperaba demasiado sin saber qué hacer. -¿Qué ha dicho para hacer? ¿Una poción para dormir? Nos vendría bien para que algunas personas no anden de ariscos molestando a otros.- bromeó mientras tenía a un lado el libro utilizado en pociones hojeando las posibles opciones que le daría a hacer el profesor. -¿Y cómo te ha ido en estas navidades? Yo me fui con mi familia pero ya estoy viendo que quiero pasar de curso, quiero visitar Hogsmeade que no he ido. Ya sabes, mi familia no es del mundo mágico y no vendrían aquí para cumplir caprichos de su hija.- murmuró con una voz tenue y delicada.

OFF: Disculpame por el retraso (LOOOOL, retraso (?)) estuve liada y traté de hacer las clases antes de los roles pero ya me estoy acomodando de nuevo, disculpas!
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Miér Ene 28, 2015 5:48 pm

Durante su primer curso en Hogwarts asistía a todas las clases, pues haberse criado en un ambiente muggle hacía que en muchas ocasiones se sintiera fuera de lugar. Consideraba que acudir a clase diariamente le serviría para no perderse, que sería un gran apoyo para igualar el conocimiento de sus compañeros, pero con el tiempo se fue dando cuenta que no era necesario acudir si quiera a la mitad de las clases, por lo que se limitaba a acudir cuando le apetecía y la mayor parte de las veces con varios minutos de retraso, haciendo que su casa perdiese algún que otro punto. No le importaba demasiado ya que aún no había entendido cual era la finalidad de ganar puntos, pues la idea de obtener un trofeo a final de curso le parecía tan estúpida como innecesaria.

Se acomodó en la silla e hizo un esfuerzo sobrehumano por mantener los ojos abiertos. Por suerte, un pedazo de pergamino con letras en su interior hizo que su atención pudiese disiparse y sus ojos no acabaran tapados por sus párpados. Escribió contestando a la pelirroja sentada a un par de pupitres de distancia y siguió atendiendo a lo que hacían el resto de sus compañeros, pues no estaba escuchando las palabras que salían de la boca del profesor. Con el paso del tiempo se había acostumbrado tanto al tono monótono de su voz que era incapaz de permanecer atento a sus palabras, sino que sus pensamientos se desviaban en cuanto le oía comenzar a hablar.

En menos de quince minutos la voz de Severus Snape había conseguido adormecer a la mayor parte de la clase, quien sostenía sus cabezas entre sus brazos para no quedarse dormidos, hablaban en voz baja unos con otros o pasaban las páginas del libro de pociones con fingido interés por el mero hecho de tener algo que hacer. Gabriel, quien no era muy diferente en ese sentido al resto de sus compañeros, abordaba una serie de problemas en su mente. El principal, era lo que haría ese verano, el cual estaba por llegar en más de seis meses, pero para él era mucho más importante lo que sucedería en seis meses que lo que le depararía el resto de la clase.

Por esa misma razón, cuando Snape dejó de hablar sus ojos se abrieron de par en par viendo como sus compañeros se levantaban rumbo al armario de material. Gabriel, quien no tenía demasiadas luces en el campo académico pero sí en lo referente a salir de los líos en los que él solo se metía, optó por ponerse de pareja con alguien inteligente. Con una de esas personas que atendían en todas las clases, que sacaban buenas notas y que, por si fuera poco, se llevaba bien con él. Y por esa misma razón interceptó a la pelirroja y se asignó a sí mismo como su nueva pareja para el resto de la clase para realizar aquella poción que harían. ¿Qué poción? Sí, esa poción que no sabía cual era.

Se colocó frente a la puerta del armarito y fue cogiendo lo mismo que uno de sus compañeros estaba cogiendo, dando por hecho en todo momento que el chico habría atendido. – Ahora vayan a la página ochenta y dos y comiencen a trabajar. No quiero ni un solo caldero explosivo, ni mucho menos ingredientes por el suelo. – Gabriel dibujó una sonrisa cuando los ojos de Snape se clavaron en él al decir aquellas últimas palabras. Él era el tipo de alumno que perdía los ingredientes por todas partes y acababa por quitárselos a otros compañeros o simplemente no echándolos, haciendo que su poción se alejara demasiado de lo que debía ser.

- Espera. - Dejó caer los materiales sobre la mesa más cercana a su caldero y miró a Joahnne con una sonrisa. – Ahora sí, que luego tiro todo y Snape me quita más puntos. Lo próximo que hará será quitármelos por respirar. – Afirmó el chico mientras colocaba con cuidado los materiales que casi habían acabado fuera de la mesa por su falta de tacto al colocarlos. – Ha dicho… La página ochenta y siete, creo. – Dudó por un instante. – Sí, esa. ¿Tienes el libro de pociones? Creo que me lo he dejado en el baúl, o lo he perdido, lo cierto es que no lo uso mucho.

Miró el interior de su caldero sorprendido al encontrarlo limpio. Se notaba que era la primera clase tras las Navidades, pues por regla general los calderos de pociones tenían restos de pociones previas que nadie se molestaba en hacer desaparecer con la varita. – Unas Navidades de lo más normales, a mi abuela le surgió un imprevisto y las pasé por Hogwarts. Tendrías que ver cómo decoran todo. Un año deberías quedarte para verlo, aunque claro, es mucho mejor estar con la familia que ver un castillo antiguo con decoración navideña. – Afirmó el chico mientras pasaba las hojas del libro de pociones sin darse cuenta que no era el suyo, sino el de un compañero que lo cogió rápidamente al ver que otra persona lo estaba usando. – Que desagradable. – Se encogió de hombros y miró a Joahnne.

- ¿Nunca has estado? Yo creo que estuve… - Se rascó la cabeza. – A principio de curso. Estuve en un sitio llamado Las Tres Escobas y tienen cerveza de mantequilla como la que ponen en Halloween o en las fiestas por Hogwarts, pero todo el año. – Él tampoco procedía de una familia mágica, por lo que todo ese tipo de cosas aún le causaban cierto asombro, aunque su abuela, la única bruja que conocía en su familia, se había encargado de contarle todo lo que había podido sobre su nuevo mundo.

- ¿Qué pone que hay que echar primero? – Preguntó dando por hecho que la página que le había dicho a la chica era a la acertada y que no iban a hacer la poción que no era.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Miér Feb 04, 2015 2:29 am

La sala oscura con las ventanas que eran más decoración que iluminación. La pelirroja se sentía cómoda a pesar de las malas vibras que algunos lanzaban al grupo, irremediable era el caso. Ella era una de las alumnas sobresalientes, claro que no podía superar a Hermione Granger de su propia casa y tampoco era un merito al cual querer alcanzar. Le agradaba el hecho de tener puntos a favor gracias a la inteligencia de la leona con cabello pomposo, muchas veces pensaba que tal niña tenía que corresponder a Ravenclaw. ¿Qué variables tomó el Sombrero Seleccionador para determinar la casa de Hermione? Nadie lo sabía, ni Joahnne sabía que decidió aquel objeto para que ella misma estuviera en Gryffindor.
“Clases de pociones, mi favorita.” pensó con sarcasmo la leona pelirroja, no tenía nada en contra pero no le agradaba cursar tal asignatura con el profesor Snape y su mal carácter (sin mencionar su cabello que tenía pinta de vivir por sí solo.). Podía contemplar que salían más beneficiados los de Slytherin (o cualquier otra casa) que los de Gryffindor, esto ocurría por culpa de Harry y Ron que se aseguraban de asistir tarde a clases o decir algún comentario fuera de lugar otorgándoles a los leones la eliminación de unos cuantos puntos, alejándolos de la copa de las casas. La niña solo negaba con la cabeza cada vez que ocurrían tales cosas, no creía que ellos teniendo una amiga sobresaliente desperdiciaran puntos ante alguien que los tenía en la mira.
 
Se sentó sobre el taburete, la altura perfecta para realizar pociones encima de las grandes mesas de madera. La oscuridad reinaba la habitación aunque algunas antorchas hacían huecos entre ellas, con el único fin de iluminar las mentes brillantes de los alumnos antes de realizar grandiosos experimentos o asquerosos desastres. Recordaba la clase anterior en donde Seamus se encargó de hacer una maravillosa presentación sobre su habilidad en pirotecnia, solo tenían que hacer una poción del olvido. Snape bajó unos cuantos puntos en tal ocasión, gracias a varios alumnos de Gryffindor se ganaron en la clase otros puntos para compensar la pérdida. No hablemos cuando el niño se dispone a ir a clase de Runas, a los profesores no le agrada que revienten las runas en su cara.
 
Hablando de Roma, el profesor de cabello envidioso comenzó a dirigir la clase con voz rígida y firme. Acatando las ordenes, Joahnne tomó su libro de pociones el cual tenía un poco de suciedad en la punta de la tapa. Pasó su dedos para luego rascar con la uña del dedo índice con tal de quitar aquella mancha, suspiró al ver que sería permanente hasta nuevo aviso. Tomó su cabello e intentó amarrarlo con firmeza para no tener ningún mechón pelirrojo molestando su visión. Abrió a la mitad el libro y comenzó a buscar la página ochenta y dos con un entusiasmo falso.
 
Sonrió ante las acciones del águila. – Eres bastante desordenado en esta clase, antes de navidades veía como se te caían algunos frascos de la mesa. Deberías tener más cuidado si no quieres morir joven.- bromeó la muchacha dando una risilla leve, la cual cubría con su mano. –Y sí, tengo el libro.- elevó el libro en la página marcada, demostrando que ella era un tanto más cuidadosa.- Lamentablemente no tenemos que hacer una pócima para dormir, y yo que quería descansar un poco. En fin, tenemos que preparar un Herbicida. – contestando, si no hubiese escuchado las palabras del profesor no podrían haber conseguido tal página. Sin embargo, Joahnne se haría con tal información hojeando los libros ajenos, ya le había ocurrido tal hecho por culpa de Rubén.
 
-Por supuesto, te sorprendes que tengas limpio el caldero. ¿No recuerdas que nos hizo limpiar todo el desastre de la otra clase? Seamus explotó lo suyo pero todos fracasamos en la poción, no recuerdo que fue lo que nos pidió pero terminaron las mesas  con un moco gigante. –murmuró por lo bajo para no ser reprimida por el profesor Snape, su cara daba miles de expresiones mientras relataba el hecho hasta terminar con una mueca de asco. -Bueno, eso era lo que parecía.- se disculpó por ser tan expresiva rascando su cuello sutilmente, marca de nervios.
 
Las navidades, esa época en donde los estudiantes del colegio Hogwarts se retiran a celebrar con sus familias luego del baile de navidad o, simplemente, se quedan por no tener con quién compartir o para pasarla con los nuevos amigos que se hicieron en el curso. Se ha visto que los primeros cursos se retiran por la conexión con la familia, además, cada uno tiene una tradición para estas fechas que continúan celebrando a pesar de entrar a Hogwarts. Joahnne se atrevía a volver con sus padres por no tener con quién o donde festejar la navidad, pensaba en Hogsmeade pero nunca había estado allí por su cuenta, había pasado una o dos veces (las ocasiones son contadas con los dedos de una de las manos) gracias a Samantha, su tía. Sus padres nunca se presentaron ante el mundo mágico. Ni cuando la pelirroja fue por su lista de materiales la acompañaron, solo su tía. “Lo más probable es que se sientan desubicados por no tener magia, me da un poco de pena eso… aunque esa niña viene con sus papás muggles....” pensó en el momento que vio a una niña castaña cruzar con sus padres, los cual se encontraban sorprendidos por todo lo demostrado en el pueblo.  Y esto sin contar que los alumnos no pueden visitar ocasionalmente tal lugar hasta no estar en el tercer curso de educación.
 
Sus ojos se iluminaron al escuchar toda la decoración que plateaba el Castillo de Hogwarts para celebrar la navidad con los alumnos, aquellos que no tenían más que festejar allí. –Me quedaré, para el próximo año le he pedido a mi familia permitir que mi instancia, aquí en Hogwarts, continuara hasta el final del curso. Espero poder ir con frecuencia a Hogsmeade. No lo he conocido por culpa de esto, desde el curso que viene podemos recién ir. He ido a visitar con mi tía pero no es mucho lo que he visto y creo que fui al mismo sitio que tú. - comentó mientras tomaba el frasco que contenía espinas de pez león. – ¡Comencemos!- su voz se elevó por unas cuantas notas haciendo que el profesor Snape la observara con cara de mala leche. Le sonrió e hizo una mueca a Gabriel para iniciar con la poción. -Tenemos que añadir cuatro espinas de pez león al mortero y machacar… -murmuró la pelirroja dejando atrás su voz paciente añadiendo esfuerzo en las palabras.-  hasta tener un polvo grueso… o eso es lo que dice el libro con las instrucciones.- dijo abandonando la tarea que había emprendido minutos atrás.
Extendió las piernas por debajo de la mesa y suspiró. “Terminaré con un brazo más fuerte que el otro, seré toda una deforme. Si vuelvo a casa podré participar en algún circo.” Pensó sobándose inconscientemente el brazo derecho con el que hacía fuerza. -¿Piensas que seré buena en un circo de fenómenos? Digo, con la energía que pongo para machacar tendré el brazo más gigante qué Popeye junto a su consumo de espinaca. – al decir aquello hizo poses con su brazo como si fuese poseído por alguna extraña cosa.-  Volviendo a lo nuestro, hay que añadir dos medidas de esto…- el ingrediente estaba a su lado y lo señaló para guiar al muchacho.- Podríamos salir el año que viene, a visitar por nuestra cuenta las cosillas que hay en Hogsmeade. Los dos parecemos perdidos en ese campo. ¡Ah! Se me olvidó por completo preguntarte, ¿Qué le ocurrió a tu abuela en navidades? Iba a decirlo pero me fui por las ramas.- disculpándose vertió lo que había dicho con anterioridad. 
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Miér Feb 04, 2015 8:18 pm

Las clases de pociones jamás habían sido su punto fuerte. Bueno, ni las de pociones ni las de encantamientos. Y lo cierto es que historia de la magia no era de su agrado, y ya ni hablemos de herbología. Si lo pensaba fríamente no tenía un punto fuerte en cuento a lo académico se refiriese. Si hubiera estado en un colegio muggle las cosas hubiesen sido algo diferentes, pues al menos en la escuela muggle a la que acudía destacaba en las tareas relacionadas con el ámbito artístico. En cambio en Hogwarts, ni si quiera existían las matemáticas donde el apoyo de una calculadora daría unos resultados idóneos. No existía el estudio de la geografía o de la historia muggle con la que se había criado. Ahora estaba en un lugar diferente y aún no lograba acostumbrarse. Por suerte había acabado conociendo a una alumna de Slytherin que a pesar de tratarle mal a primeras había conseguido explicarle cómo funcionaba realmente todo aquel mundo.

Tras la explicación breve y concisa del profesor Snape, volvió hacia su mesa, donde encontró a Joahnne preparada para verter ingredientes en el caldero y, con suerte, no hacer estallar la clase. Él por regla general no tendía a hacer estallar calderos, sólo tendía a no completar sus pociones o hacer que los resultados no fueran los esperados. Y con el paso del tiempo, sus compañeros de Ravenclaw afanosos de llenar sus mentes de conocimientos y el reloj de su casa de puntos, habían optado por no ir con él en pociones. Algo lógico y que comprendía, pues sólo uno de sus compañeros de dormitorio era el valiente que se ponía con él en clase. Valiente al que se le debían haber pegado las sábanas o que había encontrado algo mejor que hacer aquella mañana que presentarse puntual en el aula.

Sin duda era desordenado y su amiga lo había visto. Era de esperar que alguien que va perdiendo el material escolar, que lleva a clase el libro que no es o que no tiene ni la más remota idea de dónde está el libro de su asignatura, saltase a la vista. - ¿Eso es una amenaza? – Preguntó con tono amenazador al oír las palabras de la pelirroja. Claro que moriría joven, pero seguramente por caer rodando desde las escaleras por no mirar por donde iba. O por soltar un comentario fuera de lugar frente a un Mortífago y que esté acabase con el niño que no sabe cuando dejar de bromear. – Como un insecticida para plantas, ¿No? – Era un negado en las pociones, estaba por jurar que ni si quiera había abierto el libro ese curso. En el primer año abrió todos sus libros fascinado, curioseó cada una de sus páginas y se interesó por saber más y más. Pero tras conocer a Snape decidió que mirar el libro de pociones sólo servía para perder el tiempo, porque suspender, ibas a suspender igual. Por lo que sus conocimientos sobre las pociones eran más bien escasos, por no decir inexistentes.

Sabía lo básico. Encender el fuego bajo el caldero, verter ingredientes en este, remover cuando lo ponga en las instrucciones y apartarte cuando tenga muchas pompas por si estalla. Su abuela siempre decía que el arte de hacer pociones era como el de la cocina, y teniendo en cuenta que se le quemaba hasta la pasta, no esperaba obtener buenos resultados en la asignatura.

- Creo que me quedé dormido y no llegué a la última clase antes de Navidades. Seguro que uno de los de tercero probó una pócima para dormir conmigo. – Siguió bromeando. Pocas veces hablaba en serio, veía la vida como algo que era digno de disfrutar y que si no bromeabas, no había sentido alguno en ella. Sabía que la vida le había dado una segunda oportunidad, y no veía modo mejor de aprovecharla que siendo feliz. Pero se había tomado tan a pecho el ser feliz que había olvidado sus responsabilidades o la seriedad que requieren determinados momentos de vez en cuando.

En lugar de comenzar con el trabajo lo antes posible, ambos comenzaron a hablar sobre las Navidades pero por suerte Joahnne aportó algo de cordura afirmando que había que empezar el trabajo, recibiendo de este modo una mirada cargada de odio por parte del profesor que más adoraba quitar puntos a Gryffindor por razones desconocidas, aunque lo normal sería por ser la casa rival de Slytherin. Menos mal que las águilas estaban fuera de sus objetivos principales, pues de haber sido Gryffindor aquel loco ya  le habría expulsado o habría intentado hacerlo.

Comenzaron a seguir las instrucciones y Gabriel lo hizo con la máxima tranquilidad posible, a sabiendas que no acabarían esa poción ni aunque les dieran dos horas más de clase. El profesor Snape se empeñaba en elegir siempre las pociones más complicadas para que no pudieran terminarlas, era uno de sus maravillosos dones. El chico no pudo evitar reír ante la pregunta de la chica sobre el circo, haciendo que parte del líquido con el que jugueteaba se vertiera al suelo y tuviera que pasar rápidamente la túnica por encima de la mesa para que no se notara el estropicio. – Seguro que sí, además, con ese pelo ya te dejarían ser parte del grupo. – Afirmó el chico refiriéndose a las antiguas creencias sobre los pelirrojos, su mala suerte y su falta de alma.

- ¿Eres capaz de concentrarte con todo lo que hablas? – Si el de por sí hacía unas pociones desastrosas, lo que podría salir aquel día superaría con creces el intento de cualquiera de sus pociones previas. – Mi abuela tenía imprevistos de abuela. Como ir a jugar al Bingo con Dumbledore o ir al médico a hacer cola molestando a todo el mundo diciendo todo lo que le duele. Esas cosas que hacen las abuelas. – Afirmó mientras tomaba entre sus dedos el ingrediente señalado y lo miró con cara de desaprobación debido al aspecto que tenía. Ni si quiera sabía lo que era, pero lo lanzó al interior del caldero, haciendo que el líquido salpicase el suelo, algo que ni si quiera vio porque se giró para hablar con la chica. – Si te digo la verdad no tengo ni idea de lo que tenía que hacer. – Se encogió de hombros y metió la cabeza nuevamente en el libro.

- Por aquí dice que si vamos a Hogsmade lo más seguro es que acabemos perdidos, pero que sí, que es una buena idea ir juntos. Eso y que si echas dos cucharadas agua del rio Lethe. ¿Eso dónde está? – Esperó a que la chica se encargara de echarlo y siguió leyendo. – Cuando la poción adquiera un color rojizo se comenzará a remover en círculos en el sentido de las agujas del reloj durante cinco minutos, hasta que el color se vuelva más oscuro. – Se levantó de su silla y miró a Joahnne. – Popeye, tú mueves.

El profesor Snape, quien paseaba por la clase, no dudó en acercarse hasta donde estaban ellos, lanzando una mirada de desaprobación a lo que estaban haciendo. Gabriel no sabía si lo hacía por ser ellos simplemente o porque realmente habían hecho algo mal, que todo era posible.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Lun Feb 09, 2015 11:52 pm

Bien, estaba exagerando o sobre tener un brazo deforme para conseguir entrar a unos de esos circos de fenómenos. No la aceptarían por no tener alma, ya sabes, las pelirrojas son un peligro en las caravanas. Sí, tal vez se esté exagerando nuevamente porque hasta que Joahnne encontrara “su lugar” entre los fenómenos era más probable quedar como una aurora deforme sin paga y eso que estaba en su segundo año en Hogwarts. Chasqueó la lengua alejando tales pensamientos, no quería mostrarse como una distraída en frente del profesor lustroso que merodeaba entre las mesas anunciando el descuento de puntos si alguno hacía explotar. Como eran  parejas los dos de tal grupo serían culpables si alguno de los dos explotaba, mutilaba, desaparecía o arrojaba en la cara de sus compañeros un poco de poción. La pelirroja no temía a ello, ella estaba concentrada machacando el ingrediente. Su vista se encontraba más que dedicada a los ingredientes que estaban en el libro. Tal habitaba entre los dos calderos para que Gabriel no tuviera problemas con que le llamasen ladrón por tantear libros ajenos.  Parecía que era una manía para las personas en Hogwarts, o en general, tener algo en las manos o estar activamente haciendo una acción aunque esta fuese inútil.

Alzó la vista, nuevamente, prestando atención a los pasos del profesor. Mirada rígida, desafiante y teñida de oscuridad. “Si fuera así de estricto con su cabello terminaría acariciado por medio mundo por lo sedoso. Claro que no lo es, así será que no tiene esposa.” Pensó mientras vertía los ingredientes en el mortero. Su caldero estaba encendido esperando que todo estuviese a punto para cocer. –Sí, es un insecticida para plantas. Nada letal para nosotros o eso creo. No me animo a preguntarle a Snape, a ver si nos hace tomarlo para comprobar los efectos.- miró con una mueca a Gabriel espantada de su propia imaginación.

Lo que se encontraba en el mortero, un polvo grueso como si fuese la trituración de un  meteorito, fue arrojado al caldero. Joahnne tomó su varita que se encontraba justo al lado. Todo el espacio que había empleado estaba en buenas condiciones, siendo una de las más cuidadosas. Agitó la varita con elegancia, pulso y delicadeza.  Al contrario de Gabriel, un chiquillo descuidado que ya estaba tirando parte de la poción fuera del caldero arruinado la madera tallada.  –Ya me parecía raro que tu abuela estuviese muy confianzuda con el director. Te iba a preguntar si eras nieto de Dumbledore si ella tenía tales andazas.- rio levemente para no llamar la atención. –Y sí, puedo hacer dos cosas a la vez, mientras que no tome por equivocación un ingrediente que no va o lo coloque mal a los seleccionados. Además, trajiste ingredientes de más, no te vayas a confundir.- murmuró cerca de su oído.

Gabriel comenzó a leer el libro, eso facilitaría al equipo. Hizo caso a sus indicaciones. “Bien, dos cucharadas de agua del rio Lethe… aunque no recuerdo haber leído eso…” pensó sin dejar de hacer vueltas con la cuchara. – ¿Seguro que es así?- Lamentablemente el profesor Snape rondaba cerca de ellos negando con la cabeza. ¿Habían echado algo mal? ¿Tenía que remover más veces? ¿Se confundieron de ingredientes? ¿Vertieron de más? Todas estas preguntas se resolvieron con un  burbujeo dentro del caldero, no pasaron más de dos segundos cuando estalló en sus cara la poción.

Parecía moco, un poco aguoso y con ¿escamas? Se sentía un tanto pegajoso en sus rostros, un poco del líquido pasó por entre los labios de la pelirroja. No hizo más que gritar cuando sintió un sabor ácido y caliente, escupió a uno de sus costados. ¿Sobre quién? Sobre Snape, el profesor que ya se encontraba empapado por el fracaso de poción tenía restos, a la vez, de la saliva de su alumna. Joahnne solamente vio a su compañero de proyecto. –Gabriel, ¿Estaba bien lo de las cucharadas de agua del río Lethe?- su voz se estaba transformada, entre frustrada y enojada. El gusto que le había quedado en las papilas gustativas no era para nada reconfortante, sin mencionar que la zona donde se encontraban estaba completa del líquido amarillento.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Mar Feb 17, 2015 4:01 pm

Aquella poción tenía menos posibilidades de tener un feliz resultado que un sangre sucia entre un grupo de matones puristas de Slytherin. No es que fueran unos negados en lo relativo al ámbito de las pociones, más bien que lo de trabajar en equipo teniendo en cuenta lo que hacía el otro no era su punto fuerte. Joahnne parecía interesada en que todo saliese a la perfección, mientras que Gabriel parecía más pendiente del olor de los ingredientes y de la tonalidad de la poción que de la importancia de lograr realizar la poción.

Gabriel no entendía la utilidad de las pociones. Ni si quiera le veía sentido a juntar un montón de ingredientes y verterlos en un caldero, pues le daba la impresión que eso era lo que pintaban las personas no mágicas en el cine y la televisión y que se alejaba de lo que debía ser cierto. Nunca le habían gustado las brujas y los magos, especialmente estas últimas, quienes se caracterizaban por su torcida nariz con verrugas, sus uñas largas y mal cuidadas y su afán por comer niños. Jamás entendería porque la gente quería comer niños. Pero lo que estaba claro es que los magos que había conocido hasta el momento no tenían nada que ver con los idealizados en la televisión con la que había crecido durante su infancia.

- ¿Y quién querría matar plantas? – Lo peor de todo es que lo preguntaba totalmente en serio. – A ver, entiendo que haya que matar a los insectos para que no se coman las plantas, pero ¿Para qué demonios se mata a las plantas? Si no hacen nada, son inútiles, no se mueven. Están ahí, paradas, mirándote desafiantes. – Se corrigió a sí mismo. – Menos el sauce boxeador, que no te mira, simplemente te golpea.

Se acercó al libro mientras su amiga se encargaba de los ingredientes en esta ocasión y siguió leyendo el contenido sin darse cuenta que en lugar de estar leyendo la página de la poción estaba leyendo la que se encontraba a su lado. Se trataba de una poción para darle más vigor a las raíces de las plantas en lugar de una para matarlas. Vamos, que estaban mezclando una poción para destruir con una para cuidar mejor a la planta. Lo que podía salir de allí podía resultar altamente peligroso, pues juntar ingredientes que resultan ser opuestos tienden a provocar reacciones en cadenas que no resultan ser nada agradables.

- Mejor que sobre, que no quiero tener que volver a hablar con Snape para que nos preste más ingredientes. Que comenzará a regañarme por olvidarme los ingredientes o me acusará de pedir más porque estoy fabricando una poción secreta en mi dormitorio. – No, tener que hablar con Snape no era el plan más agradable para nadie, y mucho menos para él, que no soportaba a aquel hombre ni a su pelo que parecía que en cualquier momento cobraría vida propia.

Siguió leyendo e indicó a su amiga los ingredientes que tendría que echar en la siguiente ocasión pero como ya llevaba un buen rato leyendo la página equivocada, lo que dictó fueron ingredientes equivocados.

Que sí, que lo pone aquí. Es más te dice que en la página 321 encontrarás la metodología necesaria para coger el agua por ti mismo sin que pierda sus propiedades mágicas. – Afirmó el chico tras leer la letra pequeña de la página.

Una explosión a su espalda y el calor de un líquido recorriendo su espalda le indicó que algo no había salido tan bien como pensaba que saldría. Entrecerró los ojos y forzó una sonrisa mirando a su amiga aún con el libro entre sus manos.

En ese preciso instante el profesor de pociones se acercó a ellos y pasó el dedo índice por el borde del caldero que había quedado prácticamente vacío tras la explosión.

Cincuenta puntos menos para Gryffindor por semejante espectáculo. Y otros tantos para Ravenclaw. – Se giró sobre sí mismo limpiando su dedo en la túnica y antes de desaparecer junto al resto de sus alumnos, giró sobre sus talones. – Al final de la clase se quedarán a limpiar el estropicio. – Afirmó el hombre sin alterar lo más mínimo su voz.

- ¿Seguro que no te has confundido al echar las gotas? Mira que te dije que eran dos cucharadas, ¿No has echado más? – Preguntó como si él no fuera el culpable de la explosión por haber dictado mal los ingredientes. – Mira, aquí lo pone claramente. – Señaló la línea en la que ponía la explicación y volvió a leer lo que ponía en este sin aún darse cuenta que no estaba en la página indicada.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Sáb Feb 21, 2015 5:36 am

Formar equipos no era algo apasionante para la pequeña Gryffindor, esta se encontraba con el mismo ideal que aquellas mujeres solteronas. “Mejor sola que mal acompañada.” No quería decir que Gabriel fuese un descuidado, un niño matón que le enseñaba la paloma que había tirado con una gomera o un ratón que estaba por arrojar en mitad del aula para espantar a los alumnos y así conseguir menos puntos. No era malo, ni siquiera era un peligro para la sociedad pero su descuido si lo era  y eso trajo problemas a una niña pelirroja que no hacía más que hacer las cosas al pie de la letra. Lo había conocido en el Expresso pero aun así se dio la oportunidad de seguir conociéndolo en el aula de pociones, la clase no daba más que vueltas en la poción Herbicida la cual dañaba a las plantas. Snape había sentenciado al Ravenclaw con anterioridad y Joahnne no era ninguna tonta, mejor hacer grupo con alguien que sabe hacer. Ella hubiera hecho lo mismo de no ser que hicieron eso con ella. ¿El problema? Bueno, la pelirroja no había prestado atención a ni una de las palabras del profesor hasta que habló de la página del libro, la cual le salvó la vida. Sin embargo, Gabriel era bastante descuidado, típico de un mini hombrecito en pleno crecimiento.

El equipo estaba resultando, la poción tenía un aspecto un tanto extraño y diferente a comparación de otros calderos que podía visualizar Joahnne pero no se había quejado con su compañero. Seguramente estaban atrasados o avanzados con respecto a sus compañeros y, en algún punto, llegarían a alinearse. ¿El verdadero problema? Su compañero estaba dictando mal los ingredientes y por ello se había estropeado la poción provocando que convulsionara como si de un volcán se tratase. El profesor Snape no se quedó ignorando el momento y descontó tantos como él quería, algo que parecía bastante injusto.

-Gabriel, solamente me tenías que dictar bien los ingredientes. Pero si te has equivocado de página, es esta. No esta. –señalaba las páginas que tenían restos verdes de la poción. Parecía la sala de exposición que siempre se mostraban en las películas infantiles muggles, en donde hay proyectos de ciencias y siempre se encuentra un volcán hecho por el que quiere salvar la asignatura. Típico. Sin embargo, en Hogwarts no era común ni aceptable que los calderos de los estudiantes fuesen explosivos.

-Eso por no prestar atención, simplemente me tenías que decir correctamente los ingredientes. Si lo hubiese hecho yo sola podríamos los dos tener unas excelentes calificaciones y ganar puntos para nuestras casas, si este año me echan la culpa de hacer perder la copa de las casas a Gryffindor te culparé. – se quejó chasqueando la lengua para finalizar su oración. Frustrada era poco para describir como se sentía la pelirroja, un poco exagerado teniendo en cuenta que era una sola asignatura la que había bajo puntos. Al encontrarse en tal situación se apoyó en la mesa, sin prestar la atención suficiente hizo volcar un frasco, el cual tenía un ingrediente extraño. Este cayó sobre restos de la mezclas y comenzó a producir burbujas en el liquido. El frasco, por otra parte, rodó hasta que se partió en fragmentos al tener contacto con el piso. Entrecerró sus ojos y le habló a su amigo que la había hecho estresarse, algo raro en ella. –No pronuncies ni una sola palabra.- sentenció.

-Señorita Herondale por amenazar a su compañero  y hacer daño a material del colegio, 20 puntos menos para Gryffindor. Será una pena que una Herondale fuese la que lleve a la ruina a su casa.- la voz del profesor salió de sus labios como si fuese mal aliento, provocando que Joahnne perdiera los nervios y se rindiera. Cayó la muchacha en el taburete el cual tenía una que otra mancha del intento de Herbicida, pegándose en la falda de ella como si fuese un chicle. –Alumnos, la clase queda finalizada. Mientras sus compañeros se retiran, Herondale y Blumer comiencen con el aseo. Ubiquen los ingredientes en sus respectivos lugares y los libros en el armario. Además, limpiaran los calderos de sus compañeros.

Luego de tales palabras se retiró el profesor con cabello para nada envidiable y los alumnos, algunos se reían de ellos. Joahnne rascó el lateral de su nariz con el dedo índice, cerró los ojos y tomó una bocanada de aire aunque este tenía una peste fatal lo que le provocó tos.

-Mira, ahora tenemos que limpiar todo esto y te aseguro que esa cosa verde se pegó a mi falda. No quiero ni levantarme de esta silla…- mencionó avergonzada, dolida y un tanto humillada. Quería gritarle a Gabriel pero eso no haría bien al momento, tenían que ordenar todo y retirarse. E intentar hablar con él de su falta de concentración y de orientación seria un fracaso seguramente. Era un niño, no entendían a esa edad o eso creía Joahnne.
avatar
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.