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Come slow |Flashback {Gabriel J. Blumer}

Invitado el Dom Nov 30, 2014 5:06 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Expresso de Hogwarts.
Flashback, hace cuatro años.

Joahnne tomaba la mano de mamá mientras caminaba rumbo a la estación, aquel lugar donde estaban los trenes y simplemente se podía gozar del comienzo del viaje. Los nervios y los apuros por parte de su madre para poder estar a la hora pactada. Era el segundo viaje que haría hacia el destino designado, al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. En ese camino estaba por uno de sus costados su padre que apretaba el hombro de la niña, aunque esta vez era menos fuerte que la primera vez, su madre ansiosa del otro lado mientras que su madrina conversaba con la pequeña pelirroja que caminaba con Yoru, el gato. Se lo dejaría a su madrina para que luego lo llevase junto a la lechuza. Las columnas se alzaban por lo alto espantando a los enanos, muchos chiquillos corrían de un lado al otro con las valijas pesadas esperando ir a la estación 9 ¾ .

La niña cuando fue su turno atravesó el lugar para llegar a la estación mágica, despidiendo a sus padres con besos en las mejillas y un abrazo. Por supuesto, su tía le regaló un abrazo y unos cuantos galeones para poder comprarse algo cuando este en el tren. –Muchas gracias tía.- dijo mientras le abrazaba, los cabellos rojos tapaban el rostro de la niña pero se podía vislumbrar una sonrisa sincera. Se despidió de cada uno y subió a uno de los vagones con la ayuda de un muchacho de sexto. Caminó por los pasillos hasta poder toparse con una habitación casi vacía, se acercó a la ventanilla y sacó su brazo para saludar, el tren haciendo su bullicio característico comenzó la marcha hacia el colegio.

Recompuesta de la situación, Joahnne se dignó a sentarse mientras acomodaba su falda. Podía ser un poco descuidada pero no se atrevería a dar malas impresiones de ella misma, se frotó uno de sus parpados y bostezó. Desde temprano estaban organizando todo por culpa de su madrina, la mujer apareció de la nada por altas horas de la noche despertando a la familia. Suspiró con alegría recordando horas anteriores. Pasó la señora con el carrito de dulces, Joahnne observó la variedad y ante la pregunta de la mujer respondió. –Sí, quiero dos de regaliz y grageas. – tendió los galeones mientras esperaba con la otra el pedido. Sonriente volvió a sentarse para continuar con su viaje.
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Gabriel J. Blumer el Jue Feb 26, 2015 12:58 pm

El chico no se caracterizaba precisamente por su concentración, pero no porque tuviera algún tipo de problema, sino porque no le interesaba ni lo más mínimo lo que estaba haciendo. Cuando algo realmente le gustaba ponía toda su atención en ello y se motivaba de tal forma que era incapaz de levantar la cabeza hasta que lo acababa. Pero eso no pasaba con las pociones. Lo que hacía que en esa ocasión estuviese con la cabeza a mil cosas y ninguna de esas incluía fijarse en la página correcta del libro.

Mientras que su compañera había estado dictado los ingredientes de una poción, Gabriel comenzó a dictar los de la página siguiente. Estaba más pendiente de ver cómo la poción de sus compañeros de la derecha tomaba un color rosáceo y hacía burbujas que explotaban con un sonido cómico y que, encima, salpicaban a todo aquel que se acercaba. Snape pasaba al lado de cada grupo de parejas y quitaba un par de puntos, pues era raro que en la clase de pociones alguien lograra hacer una poción correctamente. Gabriel no sabía si era porque estaban en segundo curso, porque sólo se juntaba con personas tan inútiles como él o porque Snape adoraba humillar a sus alumnos. Todo era posible si se trataba del profesor de pociones.

Pero antes de poder dictar algún tipo de ingrediente más, la poción que Joahnne y Gabriel creían estar haciendo correctamente comenzó a echar una especie de vapor y tan rápido como había comenzado a echar aquel vapor, se produjo una explosión que manchó la ropa de ambos, los libros más cercanos y la túnica del profesor Snape, quien no se lo pensó dos veces a la hora de quitar puntos a Ravenclaw y Gryffindor.

– Que no, que es está. – Afirmó el castaño mirando fijamente las páginas del libro. Él estaba convencido que estaba bien la página que había elegido, pues en su defensa, diría que el título de la segunda poción apenas se veía y las primeros ingredientes eran los mismos. De ahí su error. De ahí y que no hubiera si quiera leído el resto de la poción. – Yo creo que te has confundido tú, seguro que has echado mal las gotas. – Afirmó señalando las palabras que claramente ponía en la hoja. En la hoja equivocada, pero lo ponía.

En ese preciso instante la chica se puso serio, echándole tantas cosas en cara a Gabriel que ni si quiera pudo apuntar en su memoria un par de ellas. El tono de voz de la chica se había vuelto más serio y ahora parecía realmente molesta con todo lo que había sucedido. Parecía que estaba enfadada, algo que alguien que no sabe lo que es enfadarse, no comprende. No dijo nada, sino que miró a la chica mientras las palabras salían de su boca sin que nadie les pusiera freno. Tenía ganas de coger el corcho de cualquiera de los frascos que tenía a su alrededor y meterlo en la boca de la chica para que dejase de hablar. Pero no lo hizo, sino que se limitó a mirar esperando que aquello no durase demasiado.

En cuanto Joahnne le obligó a guardar silencio la bombilla que no solía encenderse muy habitualmente en su cabeza se prendió. Pero no tuvo tiempo de hablar y contraatacar contra la chica por mandarle callar, pues Snape se acercó y por primera vez en los dos años que llevaba en Hogwarts, no hizo algo odioso. Le quitó puntos a Gryffindor y de algún modo defendió a Gabriel.

El castaño ahogó la risa al ver al reacción tanto del profesor como de la pelirroja y no pudo evitar dibujar una sonrisa entre sus labios cuando Snape desapareció entre sus compañeros para acabar de calificar las restantes pociones que no habían explotado y manchado a todo aquel que se encontrara en las inmediaciones.

Miró al interior de su caldero y sacó la varita apuntando al interior de este. – Fregoteo. – Y el contenido de la poción (o al menos lo poco que quedaba de ella) comenzó a desaparecer por arte de magia. A Gabriel seguía resultándole cómica la manera en la que la magia actuaba y estaba ahora más pendiente de ver como el color del caldero volvía en sí que en su enfadada compañera de pociones.

Escuchó la voz de la chica a sus espaldas y se giró mientras seguía recogiendo los ingredientes que habían usado y metiéndolos en un caldero de menor tamaño para llevarlos al armarito de material de pociones. – Tampoco pasa nada. – Se encogió de hombros y cerró el libro de pociones tendiéndoselo a su compañera para que se lo quedase. Siguió pasando entre las mesas lanzando algún que otro fregoteo al interior de los calderos de sus compañeros y volvió a hablar. – No deberías tomarte todo tan mal, sólo son un par de puntos, no es ningún drama. Además, si sigues poniendo mala cara a todo lo que te pasa acabarán por salirte arrugas y entre eso y que las pelirrojas son las primeras en tener canas, parecerás una abuela antes de salir de Hogwarts. – Dijo a modo de broma sin ser consciente que lo que estaba haciendo en aquel momento era meter el dedo en la herida.

Su compañera ya estaba lo suficientemente molesta con él para que encima se dedicara a decir aquel tipo de cosas. Pero no era consciente de aquello, pues él nunca se enfadaba y no entendía que los demás lo hicieran. – Y esto es culpa de los dos, así que ayuda a limpiar o Snape te quitará otros veinte puntos y acabaras por lanzarme un caldero a la cabeza.
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Invitado el Miér Mar 25, 2015 1:44 am

Un pequeño zumbido se hacía presente en la cabeza de la niña pelirroja, se comparaba al sonido que provenía de los aleteos de una abeja o hasta de una mosca molesta cerca de tus oídos. ¿Se  encontraba  molesta con aquel niño que leyó erróneamente las instrucciones e hizo explotar todo dejando a su paso un moco verde y –creo- apestoso? ¿Cómo no estarlo? Pensaba que todos tendrían cuidado en clase de pociones teniendo en cuenta que se tenía a un profesor tan amargado con cabello lamido por una vaca. Un libro mojado era lo que tenía encima, como para comparar porque si se era minucioso ni objetos ni animales y mucho menos personas eran capaces de sufrir aquella comparación. No se sentía a gusto con aquella situación, ni mucho menos teniendo en cuenta que estaba encima de tal moco y su falda estaba completamente estropeada. Había dos polos dentro de ella. Por una parte, estaba enfadada por la compañía de aquel Ravenclaw. Gabriel había provocado un desastre y por su culpa tendrían que limpiar todo. Y por otra parte, se enojaba por la actitud de ella cuando con simple magia se podía asear la habitación. Sin decir que podría cambiarse la falda con un encantamiento. ¿Lo feo? Se había olvidado cuales eran las palabras exactas para desaparecer aquellos estropicios y vestirse con algo mejor.

Suspiró, no había nada más que hacerle. Su compañero de pociones tenía un problema con la atención que se debía emplear en ciertas cosas, especialmente para las clases. También no podía dejarle toda la culpa a él, ella tranquilamente podía haber revisado puntillosamente las palabras de aquel libro para comprobar si todo se encontraba a la perfección. La pelirroja observó con tranquilidad como el muchacho quitaba del interior del caldero aquella sustancia, se podía hasta comer dentro de aquello por lo limpio que se encontraba. Solamente un hechizo, uno simple para higienizar todo lo que estuviese sucio. Más efectivo que un jabón, más que un detergente o una lavandina. Y ella preocupándose y haciendo muecas arruinando lo tersa que era su piel. Especialmente la de la frente.

Tenía razón, le saldrían arrugas si seguía con aquel gesto fruncido, relajó sus facciones dando un pequeño suspiro. Al exhalar los el aire remarcó sus labio purificando su estado, respiró y su relajación empezó a tener efecto. –Perdóname Gabriel, no quería enojarme contigo. O bueno, tal vez sí porque no te pusiste a ver si todo lo que decías estaba correcto. –trataba de disculparse pero terminaba con ese comentario que tiraba toda palabra de paz. Negó con la cabeza y se levantó del taburete, la pegatina o lo que fuese aquella sustancia verdosa pegada a su falda actuó como una especie de chicle. Al separarse tal “cosa” fue estirándose hasta romperse en el centro y quedar la mitad entre las tablas del uniforme. Estrelló la palma de la mano contra su frente de forma frustrada, esperaba que nadie le viese de esa forma. Aceptaba que Gabriel la observara sucia pero no más que eso, tomó su varita y apuntándose con ella cambio sus prendas. Ese hechizo servía en varias ocasiones, especialmente cuando estas por entrar tarde a clases. Unas botas de lluvia amarrilla adornaban sus pies con una falda oscura, una camisa blanca cualquiera y su cabello limpio lucía en un agradable moño. -¡Bien ahora sí!- exclamó alzando nuevamente la varita y apuntando a los trastos que se encontraban encima de la mesa enchastrada, el taburete fue el siguiente en tener un baño.- Fregoteo- pronunció con delicadeza dándole una sonrisa al Ravenclaw el cual ordenaba los frascos de ingredientes donde correspondía, no podía seguir con esa expresión como si fuese una madre castigando a su hijo malcriado. –Siento haberte contestado así, simplemente me fui de mis casillas.- las sillas eran movidas para quedar perfectamente paralelas a las mesas, como si fuese un colegio muggle y estuvieran ordenando antes de finalizar clases.

Tomó unos frascos en un caldero aún más pequeño y fue hacia al lado de Gabriel, le dio un leve codazo llamando la atención y le sonrió. Frascos de hierbas, cada una tenía un aroma único y mágico a la hora de fusionar, restos de hojas verdes y otras escamosas. Frascos con pedacitos babosos de algún animal o alguna planta, de colores oscuros y otros verdosos. Frascos con algo parecido a la purpurina, amarrillo y otros medios violáceos. Todos acomodados, solo restaba uno que esperaba tranquilo dentro del caldero. Las manos de la fémina lo tomaron y lo posicionaron al lado de uno que acomodaba el Ravenclaw. –Este es el último. Gracias por ser mi compañero de pociones, creo que me has dado un respiro de tanta clase aunque llegaremos tarde a la próxima.- susurró mientras le dedicaba una mirada simpática a su compañero, le había relajado luego de exigirse tanto. Quería decirle a su familia que era una de las mejores, una de las que más asistía, o una de las que más trofeo tenia pero esto le había quitado de ese año momentos de diversión y de pasarla bien con sus compañeras de cuarto o de casa, hasta con algunos de otras casas. El impulso le gano. Vamos, que no sería Joahnne si no se demostrase tan hiperactiva y afectuosa con el medio que le rodea. –Gracias- su cuerpo se abalanzó contra el del niño que sorprendido quedó, los brazos se aferraron a los hombros ajenos y depositaron allí cariño y alivio.

Se escucharon pasos que volvían después de varios minutos, el profesor tal vez. Alguien tenía que controlar que los niños habían hecho su trabajo y no había dejado todo el estropicio que ellos mismos crearon. El lugar seguía estando oscuro pero los calderos se encontraban en su lugar, limpios y dando lugar a nuevas pociones. La pelirroja no esbozaba más que una sonrisa.

OFF: Perdoname por todo el retraso para contestar, se me ha hecho difícil. Cuando tuve la idea y un post realizado vi que no era "decente" entregarte algo pequeño solamente para responder así que espere a tener más tiempo y contestar. Seguramente lo tomarás como una mala excusa, si es así mandame un Crucio (?) ¡SOLO PERDÓN!
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Gabriel J. Blumer el Miér Mar 25, 2015 1:31 pm

Si una persona podía llegar a ser más despistado de lo que lo era Gabriel, posiblemente estaría tranquilamente sentado en el sofá de su casa creyendo que el tren rumbo a Hogwarts vendría a buscarlo a su propia casa y no que tendría que ir él a la estación a por el tren. Era un completo despiste, estaba en el mundo porque tenía que haber de todo, pero su capacidad de meterse en problemas por no ver lo que sucedí a su alrededor carecía de límites. Tan sólo tenía trece años, pero eso no hacía que fuese una excusa. Aunque acabara de cumplirlos apenas unos meses atrás cuando el curso empezó, no tenía justificación alguna. Con dos años menos había gente capaz de hacer una poción tan simple como la que ambos habían intentado hacer sin que el caldero explotara y manchara todo a su alrededor.

El chico no pensaba admitir que se había confundido, básicamente porque no veía su error. No había vuelto a mirar el libro para ver si uno estaba en lo cierto o lo estaba el otro. ¿Por qué? Por el simple hecho de que no le importaba. Lo único que le importaba era acabar de limpiar aquello y salir. Tampoco las cosas iban a cambiar porque uno llevase la razón o la llevase el otro. Era un tema carente de importancia, pues lo realmente importante en aquel momento era salir de allí antes de que el profesor volviese aparecer con su cara habitual de pocos amigos y les instara a fregar también el suelo e incluso arreglar su habitación como si ellos fueran los culpables de que llevase sin limpiar su dormitorio desde que había entrado a Hogwarts.

- Sigo diciendo que deberías relajarte y no tomarte las cosas tan en serio. ¿Para qué vas a poner mala cara a todo? ¿Te sirve de algo? – Preguntó con la sonrisa que parecía no borrarse nunca de su rostro. Las experiencias a lo largo de su infancia habían hecho que desarrollase una personalidad incapaz de tomarse en serio las cosas, pues consideraba que la vida era demasiado corta como para tener que preocuparse a cada minuto de lo que estaba sucediendo. Era mejor disfrutar de cada momento, vivir el presente como los hippies afirman. No merece la pena pasar la vida pensando en lo qué habría sucedido si hubieses elegido un camino y no otro, pues ya no hay marcha atrás. No puedes volver atrás en el tiempo y cambiar tus acciones y, aunque pudieras, cambiar unas acciones haría que toda tu vida cambiase, que las decisiones que hubiese tomado fueran otras. Un solo cambio en el pasado es como el aleteo de una mariposa, puede destruir todo el presente.

El chico siguió limpiando el desastre que ambos habían causado, pues, a fin de cuentas, uno había sido el que dictaminaba la sentencia y el otro la mano ejecutora, por llamarlo de algún modo. Ambos eran culpables de lo que había sucedido aquel día, por mucho que uno hubiese leído mal los ingredientes, ya que el otro no se había parado a comprobar si estaba en lo cierto.

- Es culpa de tu pelo, las pelirrojas tenéis muy mal carácter. – Justificó a su amiga de la manera más absurda posible. – Si estuviéramos en la edad media ya estarías quemándote viva por brujería. – Añadió mientras su varita entraba y salía de diferentes calderos para limpiar el desastre resultante en su interior. Por mucho que el resto de sus compañeros hubiese acertado con los ingredientes a la hora de hacer sus correspondientes pociones, los calderos seguían estando tan sucios que con sólo verlos podrían causarte nauseas. Olían fatal, y eso hacía que la cara de Gabriel variase por momentos, con el miedo de acabar vomitando en uno de ellos.

- ¿Gracias? No esperaba eso  después de haberte destrozado la poción. – Dijo el castaño acabando de limpiar el último caldero que parecía sucio. – Ahora ya has aprendido que soy un desastre en pociones y jamás volveremos a ir juntos. – Afirmó con una sonrisa radiante. No le importaba, pues la verdad era consciente de lo desastre que podía llegar a ser, por lo que no era nada del otro mundo que tras cada clase de pociones tuviese que buscarse una nueva pareja.

Antes de poder decir nada, los brazos de su amiga se zafaron a su cuerpo en un abrazo que el chico agradeció con una sonrisa. Tras aquel destrozo no se esperaba aquello, y más teniendo en cuenta que lo único que le había dicho era que debía sonreír más y tomarse la vida menos en serio, algo que dudaba que se tomara realmente al pie de la letra.

- Venga, salgamos de aquí, no creo que ese amargado tarde mucho en aparecer. – Afirmó el chico soltándose levemente del abrazo de la chica para tirar de su brazo y salir por la puerta trasera de la clase, pues los pasos de alguien comenzaban a oírse desde donde se encontraban y no le apetecía perder más puntos para su casa o, al menos, tener que soportar otra regañina sobre lo desastrosos que eran en pociones.
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