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An unusual yet interesting afternoon [Jason Allen]

Apolo Masbecth el Mar Dic 09, 2014 2:14 am

- Si, Abi, ¡Qué sí! ¡Ahí nos vemos! - fueron las últimas palabras que el castaño le dijo a su mejor amiga el día anterior. Quedaron de ir a Londres a comer y a pasar el día pues al parecer tenía un poco de tiempo libre la mujer y el mortífago estaba de vacaciones auto otorgadas. El hombre no gustaba de visitar el mundo muggle, lo hacía de vez en cuando pero no era como le gustaba pasar el tiempo, sin embargo la cita era en ese lugar y no pudo decidir lo contrario. Se enfundó en una camiseta color blanco, un cárdigan azul, pantalones color caqui y unas botas marrones. Lo adecuado para pasar desapercibido en aquel sitio. Tomó su varita, la ocultó en sus pantalones y salió de la mansión rumbo a Londres.

Al llegar a la ciudad lo primero que se dio cuenta era de lo ajetreado de esta. Lo odiaba, él estaba acostumbrado a estar solo con sus dragones en las montañas o sitios alejados de la civilización y el contraste era abismal en esos momentos. Rápidamente encontró la pequeña cafetería a la que se suponía que estaría su amiga. Observó el gran reloj de la pared y se dio cuenta que eran las dos y treinta de la tarde. Había llegado justo a tiempo. Ordenó un capuchino a la camarera y esperó pacientemente por ella, siempre tenía mala fama de impuntual, pero pasó media hora, una hora y finalmente eran las cuatro. Llevaba ya dos capuchinos y estaba desesperado. Su amiga trabajaba directamente con el ministro de magia por lo que era factible que ella se ocupará con algunos asuntos de trabajo. Se levantó, pagó la cuenta y salió de la cafetería algo molesto por haberle hecho perder la tarde.

El pequeño callejón estaba lleno de tiendas y optó por mirar en las vitrinas por algo que llamara su atención pero no era así. Al dar vuelta rumbo a una de las avenidas principales pensó en desaparecer en un sitio sin gente, pero eso ahí era imposible. Al llegar a la vitrina de una tienda de ropa se percató de que había un hombre de espaldas a él, lo primero que le vio fue el trasero. Porque siendo sinceros es lo primero que Apolo veía en los chicos. Decidió pasar de manera sigilosa por un lado para ver también su rostro y decidir si convenía hablarle siquiera. Su sorpresa fue que conocía a aquel hombre, lo había visto antes !y en las filas del Señor Tenebroso!

- ¡Hey! Yo te conozco. Allen... ¿Cierto? - su rostro le dedicó media sonrisa y estiró su mano para estrechar la otra esperando que le reconociera. - Soy Masbecth, por si no lo recuerdas, ya sabes, tenemos el mismo jefe - dijo en forma clave sin querer revelar más, él ya sabría a lo que se estaba refiriendo. - ¿Esperas a alguien? Porque si no, me gustaría invitarte a tomar algo, a mí me han dejado plantado - habló sin más, él era directo y tenía el resto de la tarde libre y aquel hombre era uno de los suyos, además de guapo.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Mar Dic 16, 2014 11:37 pm

No soy hombre que discrime a otros. La creencia de los magos de que los muggles son inferiores no va conmigo aunque tenga que fingir que así es para lograr ciertos propósitos, por eso, de vez en cuando me gusta desvincularme un poco de mi mundo mágico y abandonarme a los placeres muggles sin que nadie se entere. Reconozco que los muggles saben lo que hace falta para que un hombre se mantenga en buena forma física y que algunas de sus obras modernas en todos los sentidos del arte me gustan mucho más que sus homologos mágicos que parecen haberse quedado estancados en la Edad Media por miedo a perder su identidad. Entre todo eso, comprendo el atractivo y aspecto misterioso que ofrecen las capas pero hay días en los que un hombre se cansa de ir ataviado con lo que parece ser, en ocasiones, un tosco vestido de mujer de otra época. Por todo eso, salí a despejarme al Londres muggle sin más compañía que yo mismo, vestido con unos vaqueros algo desgastados, botas negras, una camisa blanca sin abrochar del todo y una americana negra con un amplio bolsillo interior que me permitía guardar mi varita de una manera sutil. Soy un hombre de placeres mundanos, lo reconozco, por lo que la americana y la camisa estaban hechas a medida para mi goce y disfrute.

Sin embargo, no era moda no que buscaba encontrar en mi escapada a Londres, si no alguna que otra sustancia que no es tan sencillo de encontrar en el mundo mágico. El mundo de las drogas parece ser un enome tabú para todo mago, al igual que la tecnologia y otros placeres que los muggles disfrutan. La trasacción entre yo y el hombre que me ofrecía lo que buscaba transcurrió sin problemas pero minutos después, en mi disimulo por lo que acababa de ocurrir, oí una voz masculina que se dirigía a mi. Al mirar a la persona que me hablaba, me encontré con una cara conocida que no acababa de ubicar del todo pero que parecía conocerme por mi nombre.- Jason- tercié para que me llamara por mi nombre de pila una vez me dijo quien era. Sonreí como si estuviera complacido de verle. Ahora que me había dado su apellido lo recordaba en las filas del Señor Tenebroso. Tenía entendido que venía de una familia de leales seguidores de las ideas del Señor Tenebroso...una oveja del rebaño más, supuse.

- Lo cierto es que acabo de despedirme de alguien- dije con tranquilidad sin entrar en detalles girándome para quedar de cara a Masbecth. Me metí las manos en los bolsillos y buscando no ser bruto con uno de esos a los que debo caer bien por mi propio beneficio, acepté su oferta.- Pero la verdad es que estoy algo hambriento. Lo de tomar algo suena bien ¿Te apetece algún sitio en concreto?- pregunté poniendo mi expresión más amable.

Una vez decidimos un sitio y nos encaminamos hacia él, decidí que era el momento de establecer una conversación de adultos, o eso dictaban las normas de protocolo. Nunca he sido una persona muy habladora, pero no era la primera vez que me veía haciendo un esfuerzo- ¿A qué te dedicas aparte de nuestra pequeña característica común?- pregunté fingiendo un educado interés.
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Apolo Masbecth el Miér Dic 17, 2014 1:13 am



- Apolo - respondió al momento que el otro le permitió llamarle por su nombre de pila mientras estrechaba su mano y perdía la sonrisa para pasar a un leve asentimiento de cabeza cuando le mencionó que su acompañante acababa de irse. - Si, conozco un pequeño restaurante italiano que hace unas pizzas al horno para chuparse los dedos, está aquí a tres calles, vamos - musitó mientras seguía el camino por donde había llegado minutos antes, con su acompañante al lado. De las pequeñas excepciones que el rubio encontraba fascinante en el mundo muggle era la comida italiana. Podía comer pizza todos los días si le fuese posible así que no lo pensó dos veces antes de decidir ir a aquel lugar que se había convertido en su favorito desde que lo descubrió.

Los primeros minutos transcurrieron en un silencio notable que por fortuna Jason rompía. - Trabajo con una de las criaturas más peligrosas en el mundo, de clasificación V, como el departamento de regulación y control de criaturas mágicas le llaman. Los dragones. Soy un dragonolista - Le observó a los ojos con una sonrisa de suficiencia mientras doblaban la calle a una llena de tiendas de comida, justo a la mitad de la calle estaba el local con la fachada de ladrillos y en la parte superior un letrero grande color azul neón que decía "Orégano". Al llegar un hombre les recibió y saludó en italiano a lo que el rubio contestó una de las pocas palabras que sabía del idioma - ciao, mesa para dos por favor - el hombre del bigote torcido los guió hasta una mesa cerca de una ventana que daba justo a un pequeño jardín con un par de mesas más. En ellas había parejas en plan cita amorosa.

El rubio volvió la vista a su camarero quienes les ofrecía una enorme carta con el menú. Había pizzas hechas en horno de madera, pastas, risottos y calzones además de ensaladas, Apolo no sabía por cual decidirse. - Quiero un chianti italiano para beber, no sé mi compañero que es lo que le apetezca - dijo observando de reojo a Jason mientras dejaba de lado la carta de bebidas y continuaba con la de alimentos. - y una pizza napolitana, por favor - dejo la carta sobre la mesa y observo al contrario. Cuando el camarero se retiró el rubio volvía a hablar con confianza. - ¿A qué te dedicas tú? Tengo curiosidad por saber a lo que se dedican mis compañeros, en especial uno como tú - lo que el rubio no decía era que se refería a uno buen mozo como el que tenía frente a él, pero en vez de eso dijo otra cosa. - De buen porte, que parece venir de familia con prestigio - concluyó el comentario con una sonrisa taimada. En ese momento apareció el camarero con las bebidas de ambos y Apolo se llevó la suya al rostro para percibir su aroma antes de beber un poco del vino.
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Invitado el Dom Dic 21, 2014 8:33 pm

El nombre de una persona no dice nada de la persona, pero si dice mucho de su familia. El nombre de mi acompañante era Apolo, en referencia a uno de los dioses griegos más poderosos, letales y hermosos de la mitología. Supongo que físicamente, un hombre como el que tenía delante podría ser considerado un Dios en la antigua Grecia, pero las modas cambian. Cuando le pones a tu hijo el nombre de una celebridad o un Dios lo condenas inconscientemente a un huracán de burlas en algún momento de su vida, o al menos, a una buena tormenta de comentarios porque muy pocos pueden estar a la altura de un dios griego. Eso puede endurecer el carácter o convertirte en una masa endeble e informe que se deja llevar por la corriente por miedo a no encajar. Esperaba no estar compartiendo mi tiempo con el segundo tipo de gente.

Sonreí a su sugerencia de ir a un restaurante italiano pensando que si algo podía unir a dos hombres completamente distintos, aunque no sabía a ciencia cierta si era el caso, era la comida. Y más aun si hablamos de pizza. Por eso me encantan los placeres mundanos, pueden unir a enemigos en las circunstancias adecuadas. Por todo ello, seguí a mi acompañante de camino al restaurante mientras intentaba establecer una conversación con él de modo que nuestro encuentro no empezase a ser repentinamente incómodo. En estos casos, solía recurrir a las preguntas habituales y de rutina que cualquier persona puede hacerle a otra como preguntarle a que se dedicaba. Su respuesta, larga y llena de palabras innecesarias que dejaban para el final la verdadera respuesta me dio a entender que estaba ante una persona que disfrutaba haciendo saber a los demás que él era una persona inteligente. Eso no es algo que me moleste, a mi también me gusta que conozcan de mi ese pequeño detalle de que probablemente soy más inteligente, pero al contrario que Apolo, yo peco de seco y de simplificar mis respuestas al máximo. Asentí con la cabeza a sus palabras con una expresión digna de alguien a quien le interesa lo que le están contando. En este caso no tenía que fingirlo- Supongo que entonces habrás visto mundo, cierto? No debe haber muchos dragones en la ciudad de Londres- pregunté con genuina curiosidad. Yo solo conocía la residencia de uno, y no me parece que los duendes de Gringotts necesitasen del consejo de un dragonolista para cuidarlo.

No tardamos ni dos minutos tras nuestra pequeña conversación en llegar al restaurante que él decía. Parecía un pequeño local de esos que encantan a las parejas jóvenes que gozan haciéndose arrumacos, y no tardé en descubrir que mis suposiciones eran ciertas porque cuando entramos las mesas estaban repletas de ese exacto tipo de parejas. Sonreí al ver que algunas de las mujeres de la sala, a pesar de su enamoramiento, desviaban su mirada hacia nosotros embelesadas.El camarero nos guió a nuestra mesa, situada al lado de una ventana que daba a un jardín con más parejas dándose arrumacos y mi acompañante no tardó en elegir lo que quería tomar.- Traiga la botella- dije cuando Apolo sugirió lo del vino. Escondía un cierto y pequeño placer morboso el beber el mismo tipo de vino que Hannibal Lecter.- Yo tomaré una pizza capricciosa, grazie- dije tras un vistazo a la carta. No tenía problemas en probar cosas nuevas, pero en esta ocasión iba a tirar por algo conocido.

El camarero se retiró y nuestra conversación volvió a surgir en un punto similar a donde se había quedado. Lejos de librarme de tener que dar datos sobre mi vida, Apolo me preguntó por mi empleo, no sin antes hacer un comentario sobre lo alta que parecía ser mi cuna aunque me pareció dislumbrar una intención oculta en sus palabras- Trabajo en el Ministerio, me encargo de esos temas que asustan y desconciertan a otros- dije con simplicidad y una sonrisa. No me gustaba decir directamente el nombre de mi trabajo y menos en un lugar repleto de muggles, por lo que cuando la conversación tras un rato pareció apagarse, decidí desviarla.- Creo que he oído hablar de tu familia, los Masbecth, tengo entendido que sois muy ricos y además muy numerosos- dije con una sonrisa que parecía querer vestir mis palabras como un cumplido.

El tamaño de su familia no me interesaba especialmente en realidad, a no ser que tuviera alguna hermana interesada en conocerme.
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Apolo Masbecth el Mar Dic 23, 2014 3:46 am

- En efecto. Dese Europa, Asia y hasta América del Sur entre otros. Este trabajo te obliga a viajar constantemente y a lugares totalmente remotos. Realmente lo disfruto, se podría decir que soy un ermitaño pastoreando animales letales - comenzó a reír mientras recordaba la vez en que tuvo que cuidar a dos crías de dragón porque la madre había muerto. Aquello representó un reto bastante grande en esos momentos pero los pequeños (de dos metros) sobrevivieron y ahora eran dos dragones adultos machos dispuestos a conservar la especie. El rubio no podría estar más orgulloso de ello. La conversación se detuvo al llegar al lugar acordado pues en poco tiempo ya se encontraban dentro de aquel pequeño ristorante italiano del cual el rubio era asiduo. Sonrió cuando el hombre que le acompañaba pidió la botella completa, le gustaba cuando compartía gustos con la otra persona, eso hacía las cosas más fáciles, además de prácticas.  

- Buena elección - agregó sonriendo y una vez que el camarero apareció con la botella comenzó a servir en las copas hasta poco menos de la mitad. - Departamento de misterios - pensó el mortífago al escuchar hablar al otro hombre sobre su profesión. No lo corroboró en voz alta porque tenían que ser discretos, dado que el lugar parecía llenarse cada vez más de clientes. - Por lo poco que te conozco diría que va contigo, siempre eres reservado en el... "club" - dijo refiriéndose a cuando tenían sus reuniones con el señor tenebroso. - Mi mejor amiga trabaja en el ministerio también, es la asistente del mismo ministro, puede que la conozcas. Es especial - sonreí cuando recordé a mi amiga, estaba loca, pero le había cogido cariño a pesar de todo.

Escuchar que sabía de su familia al rubio no le extrañó pues eran una especie de familia socialité y renombrada en el mundo mágico, claro que eso sin contar al hermano mayor, la oveja negra, la mancha apestosa en la familia, aquel del cual todos se sentían avergonzados. - Si, bueno, vivimos bien. Pero el dinero no es tan importante para mí. Y en cuanto a ser muchos, pues mis padres no tenían televisión con que entretenerse - bromeó mostrando una gran sonrisa, era chiste de muggles que había escuchado en una ocasión y como estaban rodeados de ellos le parecía apropiado. - Me temo que no he escuchado mucho sobre los Allen, pero no significa que sea algo malo, tal vez solo sean reservados - dijo de forma seria. De hecho nunca había escuchado el apellido de esa familia, por consiguiente aquello le intrigaba pero no preguntaría más de la cuenta.

En esos momentos el camarero regresó con dos palas para horno de madera sobre las cuales se encontraban las dos pizzas y las colocó en la mesa. El olor que estas emanaban inmediatamente abría el apetito a cualquiera. - Buon appetito - el camarero habló y se retiró no sin antes dejar frascos con todo tipo de salsas y condimentos a elegir. Apolo no espero a decir nada más y cortó una rebanada de su pizza y se la llevó a la boca, haciendo que el queso escurriera por todo el plato. Una vez se terminó la rebanada volvió a hablar. - Debo agradecerte por aceptar la invitación, pasar mucho tiempo fuera de casa reduce mis relaciones sociales a un mínimo, así que cualquier pequeña escapada es algo bueno - le dedicó una sonrisa antes de volver a beber un poco del vino y a servirse más de la botella para luego hacer lo mismo con la copa de Jason.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Dom Dic 28, 2014 5:08 pm

Escuché su breve relato sobre sus viajes, que más que relato podría ser llamado descripción- Me sorprende que tratando con ese tipo de animales aun conserves todos los miembros en su sitio- dije con cierta picardía que me salió de una manera natural. Un alma violenta habia ido creciendo en mi desde la muerte de mi hermano y había aprendido a disfrutrarla. En los mundos en los que yo me movía era menos raro sonreír ante algo grotesco que escandalizarse por ello. Por suerte, yo nunca he sido fácil de escandalizar, pero si tenía algún miembro protésico sería el primero en querer verlo.

No tardamos en llegar al sitio al que nos dirigiamos y en pedir nuestras consumiciones. Vistos desde fuera, en el entorno en el que nos encontrábamos, no sería raro que cualquiera nos confundiera con una pareja más. Claro que seríamos una pareja fria y distante, muy poco dispuesta a darse cariño como parecían buscar el resto, además de ser el foco de muchas miradas que, aunque resultaban alagadoras, deberían prestar más atención a sus propios asuntos. El vino no se hizo esperar y la pregunta que yo le había hecho a él volvió rebotada a mi. No soy amigo de dar detalles claros de mi vida, pero en cosas como mi trabajo, aunque no disfruto diciendo las palabras "Soy un inefable" en un restaurante lleno de muggles, son lo bastante representativas para dar los suficientes datos sobre mi y que mi interlocutor no siga preguntando cosas demasiado personales. Sonreí clavándole la mirada cuando dijo que yo era reservado en las reuniones con Lord Voldemort. Esas reuniones eran un mal necesario y yo sabía que a "mi señor" le encantaban su voz y sus ideas y ver todo eso convertido en palabras saliendo de su boca. Pero mi manera de pensar no le interesaría, por lo que resultaba más útil, para su propósito y el mio que yo fuera silencioso y reservado.

- La asistente del Ministro?- dije con un deje escéptico- Una pelirroja arrebatadora a la que le encanta el cuero?- dije en el mismo tono. Me sorprendía que un hombre pudiera considerar a Abi McDowell su mejor amiga porque esa chica desprendía sexualidad por todas partes, y todavía mejor, cerca de ella podías respirar cierto peligro que le daba más morbo todavía al asunto. Si Apolo consideraba a Abi solo su mejor amiga, apostaría que nada que tuviese un buen par de pechos era el tipo de persona que a él le gustaba. A lo largo de mi vida no había tratado con nadie que además de homosexual se dedicase al cuidado y estudio de los dragones y aunque ya se que esas mierdas de que cada persona es un único y especial copo de nieve están muy de moda, Apolo me estaba resultando a cada momento que pasaba más interesante.

No tardó en salir el tema de su familia porque yo lo saqué. Era inevitable teniendo en cuenta que era el único dado a priori que tenía sobre él. Tras su confirmación y una broma de gusto muggle que sacó de mi una sonrisa educada mencionó que el no había oido hablar de la familia Allen. Sonreí cortésmente y acentuando conscientemente mi atractivo para desviar la atención- Vengo de una familia poderosa, pero nunca nos ha gustado alardear de ello. Somos más dados a ejercer nuestra influencia detrás de los focos- dije con cierta ambigüedad sin dar demasiados detalles sobre quienes eran los miembros de mi familia. Cierto era que mi familia era poderosa, pero el apellido Allen es un apellido muy corriente en la sociedad inglesa, alta o baja, pero todos los miembros de mi familia, salvo mi hermano, se caracterizaban por ser magos poderosos tanto en el mundo mágico como en el muggle, pero siempre en la sombra. Mi hermano había sido la oveja negra en ese sentido. Él había querido llevar el apellido Allen a la fama y que cuando preguntasen, todos recordasen su nombre. Su muerte impidió que cumpliese su propósito pero me sorprendía y me hacía sospechar que un mortífago no conociese su nombre.

Mientras charlábamos y yo iba sacando mis propias conclusiones, las pizzas llegaron y las palabras fueron sustituidas por bocas devorando comida. Me llevé el primer trozo de pizza a la boca y pude notar al instante la diferencia entre esa comida, que parecía verdaderamente preparada a la italiana, y cualquier otra pizza de cualquiera pizzeria de Londres donde al final parecía que lo que estabas comiendo era plástico fundido. Disfruté en silencio de mi comida intentando no mancharme, aunque resulta muy complicado ser atractivo comiendo algo que se derrite entre tus manos, hasta que él volvió a hablar.- Siempre es bueno desconectar un poco del trabajo. La gente con trabajos como los nuestros suele olvidar que hay un mundo tranquilo y normal fuera de nuestros círculos- dije con tranquilidad para seguir comiendo pizza al terminar.
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Apolo Masbecth el Dom Dic 28, 2014 7:39 pm

- Esa es una buena observación - el rubio dijo al escuchar sobre su trabajo peligroso y los riesgos de perder alguna parte preciada de su hermoso cuerpo. - Por fortuna no he perdido nada, pero no descarto que sea una posibilidad, son gajes del oficio. Por ejemplo, un compañero ya perdió un brazo y aún sigue con nosotros. Eso es amor a lo que haces sin duda - Apolo sonrió recordando a Alex su compañero de trabajo el cual tenía una esposa e hijos que mantener y cuidar dragones era lo único que conocía, así que tener una mano no le iba a impedir continuar apoyando a su familia. Sí que era un hombre tenaz y el rubio lo respetaba por eso, pero no solo a él, a varios de sus compañeros de trabajo, que al ser un dragonolista no podías estar tu solo al cuidado de aquellas criaturas, al menos no los primeros años. Apolo ya llevaba algunos cuantos y cada vez se le daban más responsabilidades pero él realmente disfrutaba haciéndolo así como todos los que trabajaban con el mortífago rubio.

- Esa misma. ¿Guapa, no? - sonrió mientras volvió a beber un poco más de aquel vino italiano. Apolo pudo notar la expresión del hombre cuando le dijo que era su mejor amiga. Conocía esa expresión de sobra, era de sorpresa al ver que un hombre podía ser capaz de formar una amistad con una fémina siendo que al ser lo que éramos, animales primitivos, por nuestra mente solo cruzaba una cosa y no era precisamente el ser amigos con el sexo opuesto. El rubio prefirió no decir nada más, por el momento al menos y continuó disfrutando de su pizza. Tampoco dijo nada una vez que el otro habló de su familia pues la comida lo mantenía ocupado. Pero cuando iba por la mitad de su pizza individual se decidió volver a sacar el tema sobre la sangre que corría por sus venas.

- Entiendo lo que dices, pero tampoco es que conozca a mucha gente en el ámbito que nos rodeamos - el hombre no podía decir magos y sus familias frente a los muggles - Especialmente cuando paso la mayor parte del año fuera de Londres. Es imposible mantenerme al corriente de todo lo que pasa por aquí. Ni siquiera leyendo el profeta, así que estoy de acuerdo contigo, es importante ver lo que hay más allá de nuestros pequeños mundos que nos absorben - y por mundo se refería a sus trabajos que ambos requerían del mayor tiempo de aquellos dos hombres apuestos. Hablando de apuestos, Apolo estaba notando un cambio en el hombre. Era como si parecía querer esforzarse un poco por verse atractivo o al menos así le parecía al rubio. Estaba casi seguro de que el otro no jugaba para su mismo bando pero lo descubriría muy pronto.

- Y dígame, señor Allen, un hombre tan ocupado como tú. ¿Tiene tiempo para el romance? ¿Hay una señora o señor Allen en tu vida? - preguntó de forma directa al bajar su copa y mirarlo intensamente a los ojos. Para saber información sobre una persona lo mejor era ser directo, al menos así le funcionaba al rubio, pocas veces tenía que ser sutil pero realmente no le gustaba serlo. - Porque de no ser así, pues entonces estas de suerte, a esas chicas de ahí parece que les gustas - movió ligeramente su cabeza hacia la izquierda donde se encontraban dos mujeres quienes hablaban en voz baja volteando de vez en cuando a la mesa de los dos hombres. Apolo estaba casi seguro de que conversaban sombre ambos, pero bueno, él no estaba interesado como es bien sabido. - O es eso, o estarán diciendo que somos pareja y que somos un desperdicio de hombres - sí, el rubio odiaba cuando alguien hacía ese comentario, era sumamente retrograda y estúpido, pero él lo había escuchado hacia su persona decenas de veces cuando se enteraban de que era homosexual.

Volvió a comer otra rebanada de pizza mientras seguía observando a Jason que no se dio cuenta de que un poco de salsa cayó directamente a su cárdigan manchándolo. Estaba exquisita, por eso es que siempre solía asistir a aquel restaurante de muggles.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Dom Ene 11, 2015 7:08 pm

-Toda una preciosidad- dije en referencia a Abi, aun sorprendido por el dato de que el hombre que tenía delante consideraba a tal belleza pelirroja solo su mejor amiga. Eso me decía de él que también debía tener un caracter especial, ya que Abi no le brindaba su atención a cualquiera.

Continuamos hablando mientras la comida llegaba y la devorabamos. Hablamos de mi familia, como de costumbre sin dar grandes detalles, y de la suya y de como su trabajo impedía que se enterase de muchas de las cosas que pasaban en Londres. Cierto era que tenía que ser complicado estar al día mientras se viaja de un lado para otro en busca de unas enormes bestias escupe fuego, pero no dije nada al respecto y me limité a seguir comiendo mi pizza tras un pequeño asentimiento a sus palabras.

Soy una persona que come bastante velozmente asi que cuando su siguiente pregunta vio la luz a mi ya solo me quedaba una porción de pizza que comer y antes de hacerlo contesté a lo que me decía- El amor es cosa de niños- dije con una sonrisa cautivadora que ya me salía sin proponérmelo y manteniendole la mirada- Lo mio es divertirme, así que si tuviera tiempo para el romance, lo invertiría en otras cosas- dije con una franqueza relativa pero convencido de mis palabras. No creía que el amor fuese una estupidez, creía que era estúpido enamorarse de una persona que no merece la pena. Por desgracia, yo no conocía ni había conocido a nadie que mereciera lo bastante la pena para dedicarle más de un par de noches.- En cuanto a esas dos, no me van las cosas tan fáciles. Me gusta que me sirvan la comida rápidamente, pero no el sexo- dije manteniendo mi actitud y mi sonrisa para a continuación llevarme la copa de vino a los labios y beber un poco.

Mientras yo me llevaba el último trozo de pizza a la boca, vi como mi compañero de charlas se manchaba con la salsa mientras disfrutaba de la comida- Temo que has tenido un pequeño percance- dije, de nuevo sediento al terminar mi porción, señalando con la copa el lugar donde se había manchado.

-Qué te parecería que nos terminasemos esta estupenda botella de vino y saliesemos a dar una vuelta? Tengo que ir a un sitio y creo que quizás te gustaría acompañarme- dije con una sonrisa traviesa y una mirada enigmática. Tenía un pequeño recado que hacer y esperaba disfrutar de su compañía para hacerlo. Algo me decía que él también lo disfrutaría.
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Apolo Masbecth el Jue Ene 15, 2015 12:41 am

¿El amor cosa de niños? Apolo no estaba muy seguro de eso. Él en realidad nunca se había enamorado, pero era un romántico empedernido con una coraza de hierro en el exterior. Aquel afortunado que logrará atravesar esa barrera terminaría con un buen partido. Sus labios mostraron media sonrisa cuando escuchó a su compañero decir aquello. Si bien no estaba totalmente de acuerdo con su elección de palabras, sin duda lo respetaba. Incluso llegó a pensar que algún evento o situación había pasado en la vida de Jason para llevarlo a decir aquella declaración tan fría. - Ah. Interesante. Así que eres un jugador en toda la extensión de la palabra - asintió mientras terminaba finalmente de comerse una pizza entera. El rubio no engordaba pero sí que comía mínimo lo de tres personas, los genes eran una bendición para él y su familia.

- A mi depende de la situación y de la persona, claro está. Y no, esas chicas no entran en la categoría - comentó riendo por lo bajo hasta que las observó. No dejaban de mirarlos, pero cuando el rubio negó con la cabeza ellas se giraron con la decepción grabadas en sus rostros. La voz de Jason le obligó a verlo nuevamente. No sabía de qué percance estaba hablando hasta que el hombre de cabello azabache le indicó de qué se trataba. Había derramado un poco de salsa de tomate. - Agh, que tonto, ¿dónde están tus modales, Masbecth? - pensó en voz alta mientras tomaba una servilleta de tela y limpiaba la mancha, por suerte solo quedaba un poco visible, ya lo arreglaría cuando no estuviera rodeado de muggles usando la magia.

La invitación de Jason le había tomado por sorpresa pero era una positiva. Asintió con la cabeza mientras volvía a llenar las copas de vino dejando la botella vacía. - No se diga más, por mi encantado. Estoy disfrutando la compañía - dijo levantando la copa en señal de brindis - por habernos encontrado esta tarde - golpeó la copa contraria para luego dar un largo sorbo a su vino. Estaba dulce con un toque amargo que dejaba al final que le encantaba. El camarero volvió a acercarse al ver que la botella estaba vacía y a preguntar si se les ofrecía algo más. - Solo la cuenta, por favor - le contestó y el hombre desapareció.

- Por favor, déjame a mí, insisto - antes de que Jason pudiese sacar su billetera Apolo ya lo había hecho y dejo el dinero que decía sobre la cuenta una vez que el camarero la trajo. También dio la propina justa por el servicio. - Debo decir que estoy algo intrigado por saber a dónde vamos - habló con voz firme una vez que el empleado se retiraba y Apolo terminaba de beberse el vino de su copa. Ahora solo esperaba a Jason que hiciese lo mismo para poder irse.
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Invitado el Jue Ene 29, 2015 8:36 pm

Sonreí de nuevo con mi deje característico cuando me llamó jugador. Estaba en lo cierto. Lo que se veía de mi era que yo era un experto jugador y eso es lo que debía verse. Educadamente me hizo ver que él no pensaba lo mismo, pero en cambio si estábamos de acuerdo al respecto de las dos chicas que parecían estar muriéndose de ganas de saltarnos al cuello. Muy sutilmente, de nuevo pareció ser mi compañero el que les dejó claras nuestras intenciones y poco después yo aproveché para señalarle que se había manchado mientras comía. Al terminar mi comida, le invité a acompañarme a un recado y accedió encantado lo que me alegró porque había ciertos favores al Señor Oscuro que eran más divertidos si los hacías acompañado.

Brindé con Apolo con la última copa de aquel delicioso vino que me correspondía y no tardaron en traernos la cuenta, y antes de poder negarme, me encontré siendo invitado por mi acompañante. No soy hombre al que su hombría le impida aceptar un regalo ya que lo considero una de las mejores maneras de mostrar tu respeto y admiración por alguien. Por ese motivo, me dejé invitar, satisfecho porque ese hecho se diese.

Apolo parecía intrigado por mi recado y a sus palabras contesté con una sonrisa misteriosa justo antes de dar el último trago de vino de aquel encuentro. Me puse de pie con elegancia y coloqué correctamente mi americana antes de volver a hablar- Hay momentos en la vida en los que es mejor dejarse sorprender- dije sin perder la sonrisa. Comencé a caminar hacia la salida esperando que me siguiera y cuando estuvimos fuera, el atardecer ya estaba empezando a oscurecer el ambiente. La temprana noche del invierno era muy apropiada para algunos temas oscuros. Comenzamos a caminar, yo sabiendo a donde iba y supongo que él dejándose llevar y decidí que era buen momento para darle algún dato sobre nuestra pronta meta- Alguien importante- dije con una sonrisa juguetona y un guiño para que pillara de quien estaba hablando- me ha pedido que me encargue de una persona que al parecer anda intentando meter unas ideas muy poco satisfactorias en las cabezas de nuestra sociedad.- dije siendo consciente de que estabamos rodeados de muggles.- Esta persona en cuestión, cuando no esta siendo un estúpido al difundir sus ideas, pasa su tiempo en esta parte de Londres- dije mientras llegábamos a un barrio de Londres en el que se solían encontrar muggles de clase media y algún que otro sangre sucia con ganas de no olvidar sus orígenes.- Lo que me han pedido es que bueno...haga desaparecer el problema sin levantar demasiado humo al respecto- dije con calma mientras daba una curva hacia el apartamento en concreto donde sabía que encontraría a nuestra víctima- ¿Te apetece?-dije con una sonrisa seductora.

Tenía ganas de un poco de acción en mi día libre. Un día sin un reto era un día perdido para mi y estaba claro que las mujeres no me iban a satisfacer en ese aspecto en este caso.
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Apolo Masbecth el Sáb Ene 31, 2015 1:27 am

Apolo estaba contento de que Jason no se hubiese negado a que él rubio pagara la cuenta. En otras ocasiones la lucha de egos y el machismo impedía que eso sucediera pero al parecer ese no era el caso del moreno y el mortífago lo agradeció internamente. Las mujeres que coqueteaban con ambos ahora se habían levantado de la mesa antes que ellos dos y salieron como alma que lleva el diablo de aquel restaurante, no sin antes dedicarles una última mirada de reproche indicando sin palabras lo que el rubio realmente odiaba, así que trató de enfocarse mejor en la buena compañía que tenía delante. Para su fortuna Jason se había levantado de la mesa y estaba dispuesto a marcharse. Apolo caminó después de él no sin antes dar nuevamente un vistazo a la parte trasera del hombre, lo que le obligó a morderse el labio de forma picara pero que luego cambió el semblante por uno más serio mientras le seguía el paso.

Lo primero que pudo notar una vez se encontraba fuera del establecimiento era que el cielo se estaba tornando oscuro con sus matices de azul y violeta. Los días de invierno en Londres solían ser más cortos y por consecuente menos luz solar así que aquello era perfecto para los mortífagos. Aunque Apolo seguía prefiriendo los días soleados una vez visitó Sudamérica y se enamoró completamente del diferente estilo de vida que se vivía en ese lugar.

El frío comenzaba a notarse por lo que el rubio agradeció tener puesto un cárdigan encima aunque no le serviría de mucho si la temperatura continuaba bajando. La voz de su acompañante lo obligó a concentrarse nuevamente en la conversación aunque esta apenas comenzara desde que abandonaron el restaurante. Alzó una ceja divertido cuando dijo que lo mejor era dejarse sorprender en ciertas ocasiones. - No podría estar más de acuerdo - dijo asintiendo y sonriendo, aunque en el fondo no podría evitar sentir un poco de desconfianza por lo misterioso que estaba siendo. Pero las siguientes palabras en clave le ayudaron a tranquilizarse. Apolo sabía perfectamente de lo que Jason estaba hablando, su jefe, el señor tenebroso. Casi pudo decir que se trataba de una misión importante por lo que inmediatamente su rostro se iluminó cuando le escuchó decir el plan. - Ha pasado algunos meses desde mi último encargo, así que por supuesto que me apetece, esto tiene que ser divertido - le respondió del mismo modo con aquella sonrisa que podría cautivar a más de uno.

El barrio en el que se encontraban era nuevo para Apolo así que no supo con exactitud a que sitio iban, pero de lo que si se dio cuenta era de que el lugar estaba lleno de muggles caminando por las calles. - Creo que debí haber salido de casa con colores más sobrios, llamo mucho la atención - dijo pensando en voz alta al darse cuenta que la gente los miraba por donde quiera que caminaban.

No les llevó mucho tiempo llegar al departamento de su víctima pues una vez Jason dijo donde era Apolo inspeccionó los alrededores para cerciorarse de que no hubiese testigos. El apartamento de frente estaba con la ventana abierta y las luces encendidas. La silueta de una mujer anciana sobre un sillón podría verse desde fuera. Concentrada en mirar la televisión no se percataba de lo que pasaba fuera de su casa. Sin embargo, el rubio sacó su varita y lanzó un hechizo para hacer que la ventana se cerrará y también las cortinas. No parecía que nadie más estuviese en casa lo que era lógico pues la mayoría de los adultos tendría que estar trabajando en sus empleos aburridos. Volvió la mirada hacia su compañero y asintió indicando que todo estaba despejado para que ellos entraran. El mortífago solo esperaba que aquella víctima estuviera en casa para sorprenderlo y hacer que se meara del susto justo antes de morir.

Los hombres abrieron la puerta de manera brusca para sorprender al inquilino y esta hizo un ruido fuerte al pegar contra la pared. Alguien saltó del sillón de la sala y corría a esconderse escaleras arriba. Apolo solo pudo ver una silueta pues estaba oscuro, solo el televisor les proporcionaba luz en aquella habitación. - Parece que el pequeño ratón quiere jugar - habló con una voz sombría mientras se adentraba en la sala de aquella casa.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Jue Feb 12, 2015 11:00 pm

Por norma general, el Señor Tenebroso no permite que unos mortífagos conozcan las misiones de otros. Nadie debe conocer la totalidad de sus planes salvo él, lo cual indica que es una persona muy desconfiada y que después de todo el tiempo que yo había pasado bajo sus órdenes algo teníamos que tener en común. Sin embargo, había ciertas misiones de las que el gran lord Voldemort prefería fardar, para dar ejemplo según sus palabras, y esas eran las que incluían matar a alguien que estaba haciendo un ruido innecesario en contra de sus filas. Por eso, cuando la misión de acabar con el pobre activista había caído en mis manos, el Señor Tenebroso se había encargado de aseguramente que aunque me llevase a otro con el que compartir la diversión no habría ningún problema. Haberme encontrado con Apolo me venía de perlas, porque tras muchas torturas y muertes en solitario uno necesita ideas innovadoras para mejorar, y un cuidador de dragones se me antoja una persona muy útil en estos casos.

- Será tan divertido como nosotros lo hagamos- contesté a sus palabras con una sonrisa que ya más que misterio mostraba cierta alegría perversa. Nos adentramos en el barrio donde el pobre diablo vivía y a nuestro paso la gente nos miraba. Yo sabía perfectamente porque era, pero el comentario de Apolo me hizo aclararlo- No te miran por los colores, esta gente no está acostumbrada a ver a hombres como nosotros por sus calles- dije con simplicidad. Un barrio como aquel no destacaba por su alto nivel de vida, pero Apolo y yo no parecíamos precisamente trabajadores del metro por lo que la gente se giraba al ver algo en su entorno que no encajaba con lo que estaban acostumbrados a ver.

Encontramos el apartamento al que nos dirigíamos y mi nuevo compañero se encargó de que no hubiese nadie pendiente de lo que hacíamos mientras irrumpíamos en una propiedad que no era nuestra. Mientras tanto, yo me encargué de que todo el ruido que haciamos fuese escuchado solo por las tres personas implicadas y no por sus vecinos, y también de derrumbar la puerta de la manera más dramática posible. Cuando uno planea torturar y matar a alguien, no quiere le pongan las cosas fáciles. Entramos en el piso, y el hombre, que hasta aquel momento parecía encontrarse tranquilamente viendo la televisión en su sofá, salió disparado escaleras arriba a la parte superior de su piso. Con la frase de Apolo y una mirada traviesa por mi parte, entramos en el apartamento sin demasiada prisa y sin hacer a penas ruido, como si el portazo fuese la señal de salida y el resto fuese a darse en la más absoluta oscuridad. Me adentré primero y subí las escaleras silenciosamente, con pequeños y sutiles ruidos de pisadas que eran lo único que podía delatarme. Pero si el hombre por el que veníamos sabía tanto del Voldemort como afirmaba, debía saber ya que hay gente a la que se manda en las misiones difíciles y que de esos no puedes escapar.

Cuando llegué al rellano de la planta superior me quedé quieto escuchando, y puse una mano en el pecho de Apolo para que me imitara. No tenía intención de rastrear todo el edificio para encontrar a mi víctima, él mismo me iba a decir donde se había escondido. Y fue un pequeño roce de una puerta el que lo delató a él. Me giré hacia mi acompañante y le sonreí divertido mientras lo miraba a los ojos en la penumbra. Le indiqué que me siguiese hasta la segunda habitación a mano derecha. Era la última del pasillo así que debía ser un baño. La escalera de incendios, algo muy americano pero también presente en el edificio donde nos encontrábamos, tenía la salida al otro lado de la casa y por lo que yo había visto, el lado donde estábamos no tenía salidas de ningún tipo salvo una hilera de pequeñas ventanas por las que no cabía un hombre adulto. Si su inteligencia era medianamente limitada, no habría conseguido ingeniarselas para salir.

Le hice un gesto a Apolo de que se mantuviese silencioso antes de abrir la puerta con tranquilidad y entrar en el cuarto de baño en el que, de hecho, parecía no haber nadie. Lejos de frustrarme, sonreí. La ventana estaba cerrada y no había ni rastro de brisa o viento frio. Me giré hacia mi acompañante y sonreí- Lo hemos perdido- dije con una voz totalmente convincente que no se correspondía con mi expresión. Con los ojos le señalé la ducha para que viera donde había más posibilidades de que nuestro amigo se escondiera ya que la mampara era opaca y podía haber alguien dentro sin que nadie lo viera desde fuera. Lo único que me intrigaba era por qué no nos había atacado aun.
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Apolo Masbecth el Lun Feb 16, 2015 10:34 pm

"Será tan divertido como nosotros lo hagamos".


Aquella frase recitada por Jason había estado dando vueltas dentro de la cabeza de Apolo durante los últimos minutos. En especial cuando fue testigo de cómo el muggle reaccionó al haberse sabido descubierto. Su instinto de supervivencia le orilló a correr literalmente como la sucia rata que era. Todo aquel que estaba en contra del señor tenebroso y que conspirara para hacerle daño se trataba de un enemigo natural para con los mortífagos. Por lo tanto, el rubio no tenía remordimiento alguno sobre lo que sucedería esa noche. Y lo que sucedería no sería nada bonito para ninguna de las dos partes. En especial para el muggle cuyo nombre se encontraba en un diploma colgado sobre la pared al final de las escaleras. - La rata tiene nombre, Raymond. Bastante aburrido como su patética vida - el rubio habló llevándose un dedo a la nariz por el fuerte aroma de comida putrefacta que venía desde lo que aparentaba ser una pequeña cocina al final de la sala. - Y apesta también, ¿no ha escuchado hablar de lo que es un baño? - exclamó con cara de asco mientras inspeccionaba el resto de la sala sin temor a que el propietario de aquel apartamento escapase.

Apolo comenzaba a saber un poco más del hombre tan solo observando el desastre en el que vivía. Esa no era su casa. La decoración le recordaba a la de una señora con ochenta años que vivía con al menos cinco gatos y amante de los cócteles de píldoras, pues sobre la mesita se encontraba una pequeña canasta con toda clase de frascos con prescripciones médicas. Quiso seguir inspeccionando el lugar pero tenían algo importante que hacer primero y eso era ocuparse del hombre que se encontraba arriba antes que tratará de escapar. Jason fue primero y Apolo le siguió con un par de metros de distancia tratando de hacer el menor ruido posible. Cuando llegaron a la segunda planta el moreno le indicó con gestos que permaneciera quieto y eso fue lo que Apolo hizo. No podía escucharse nada más que la respiración de ambos y alguno que otro auto pasando por la calle. Pero entonces un ruido delató a la rata.

Ambos hombres avanzaron hacia lo que parecía ser otra habitación, y volvieron a hacer silencio tras llegar al baño. Jason abrió la puerta y lo primero de lo que el rubio se percató fue de que aparentemente estaba vacío. La decoración en estampado de papel tapiz rosa y el olor a viejo percibido en el ambiente era menor al de escaleras abajo. El rubio sonrió al escuchar hablar a su compañero e inclusive avanzó hacia la ducha que es donde posiblemente estaba escondido aquel hombre. Sin pensárselo dos veces abrió la cortina color rosa y lo único que vio fue una silueta que se abalanzaba sobre él y después pudo sentir como algo atravesaba el hombro izquierdo del rubio. De no ser porque reaccionó a tiempo y se inclinó hacia atrás probablemente pudo atravesarle alguna arteria importante.

- Hijo de perra. ¿Un destornillador, en serio? - gritó haciendo una mueca de dolor y arrancándose aquella herramienta, que por suerte fue solo una herida superficial. El hombre aprovechó entonces la confusión tratando de correr hacia la puerta pero no contaba con que Jason estaba también en la habitación y le fue imposible escaparse. Apolo se cercioró de que Jason tenía la situación bajo control y entonces comenzó a buscar entre los gabinetes algo que se le había ocurrido en ese momento y sería de ayuda pero al no encontrarlo volvió a girarse para mirar a Jason. - Matarlo ahora sería hacer las cosas fáciles para el pobre diablo y yo no pretendo que sea tan rápido. Tengo una idea, llevémoslo abajo - exclamó dejando que Jason lo hiciera mientras él se adelantaba y bajaba a toda prisa con el destornillador aun en la mano y avanzó hacia la cocina.

- ¿Qué demonios? Parece que alguien se murió aquí - volvió a sentir un golpe directo en su nariz y se dio cuenta que en efecto alguien estaba muerto. El cadáver de una mujer anciana yacía en el suelo, completamente hinchado y de un color azul grisáceo. Probablemente llevaba un día de fallecida y el olor comenzaría a delatarse a los vecinos en algunas horas cuando mucho. Apolo se cubrió la nariz y pasó por encima de la mujer para llegar hasta los gabinetes de la alacena y encontró lo que buscaba así que regresó a la sala donde se encontraba su compañero y el asesino de viejitas.

- ¿Qué clase de psicópata mata a una anciana, la deja tirada en la cocina y se pone a ver el gran hermano como si nada? - preguntó mientras sacaba la varita y hacía que el hombre quedara atado a una silla. - ¿Era tu madre acaso o simplemente una dulce viejecita que tuvo la mala suerte de interponerse en tu camino mientras encontrabas un lugar donde esconderte? - preguntó el rubio pero el hombre permanecía en silencio. - Tal vez esto te haga hablar - dijo mostrando una botella de blanqueador mientras que le indicaba a Jason que le abriera la boca al hombre que forcejeaba tratando de liberarse. Apolo acercó la botella a la boca del muggle y dejo caer solo un poco del contenido, pues no pretendía matarlo instantáneamente. - Ahora tendremos que ocuparnos de dos cadáveres y no solamente de uno, pero bueno, son gajes del oficio, ¿no Jason? - preguntó a su compañero a quien le dedicó una sonrisa. - ¿Quieres preguntar algo a nuestro nuevo amigo antes de que vomite toda sus tripas?
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Vie Feb 27, 2015 12:07 am

El apartamento al que habíamos ido a parar era de todo menos el hogar de un hombre. El papel floreado de las paredes, los sillones recubiertos con fundas, la televisión de tubo y una exagerada cantidad de manteles bordados delataban la presencia de una anciana en aquel lugar. En cambio, la foto de la persona que buscábamos también estaba presente en los marcos de conchas y en las paredes, por lo que, sin duda, estábamos en el sitio correcto. Cuando el hombre echó a correr al vernos, confirmó eso mismo, lo que faltaba por saber era donde estaba la señora encargada de la anticuada decoración del piso.

Escuché en silencio a Apolo mientras compartía sus opiniones sobre el nombre de la víctima y el olor de la casa que resultaba desagradable y penetrante. No añadí nada a sus observaciones, y me limité a subir las escaleras en busca de Raymond, ya que el piso inferior me había dado todos los datos que necesitaba sobre él. Tras un silencioso paseo por la casa, encontramos al sangre sucia escondido en la bañera, la cual salió con intención de herir a su atacante lo máximo posible. El ataque dio con Apolo en primer lugar de modo que nuestra víctima consiguió clavarle un desatornillador en un hombro pero no creia que el mago fuese a morir por eso. Raymond intentó escapar, en vano, dado que yo salí de la oscuridad, cerrándole el paso con una sonrisa. Antes de que pudiese reaccionar ante la sorpresa de mi aparición, agité mi varita y quedó petrificado, flotando en el aire, consciente pero sin poder moverse. Mi sonrisa se ancheó, mirándo al hombre con cierto deleite y entusiasmo, imaginando todo lo que vendría después. Apolo habló de nuevo y mi respuesta a sus palabras fue una mirada intensa y la sonrisa que ya tenía. No soy una persona que se niegue a seguir órdenes por defecto. No soy un crio de 15 años que necesite mostrar su independencia. Por eso, lejos de ofenderme porque mi invitado se pusiese a mandar, obedecí diligente pensando en las oportunidades que me brindaba el comenzar respetando esa simple petición.

Bajé las escaleras detrás de Apolo, seguido por nuestra ya reconocida estatua, pero cuando llegamos abajo nos encontramos con el motivo del fuerte olor en el apartamento y también con la razón por la cual la señora que debía ser la dueña del sitio no se había asustado ni había reaccionado al oir el portazo inicial de nuestra redada. El cadaver de la anciana yacía desparramado en el suelo de la cocina, hinchado y asqueroso como cualquier otro cadaver. Habría sido facil eliminarlo mediante magia de allí para poder disfrutar de un olor más agradable, pero no estábamos allí para oler las rosas y el cuerpo podría llegar a resultarnos muy útil en un futuro no muy lejano. Llevé al petrificado Raymond al salón a la espera de que Apolo consiguiera todos los materiales necesarios para lo que fuese que quería hacer. No tardó en llegar con una botella de abrillantador que tras unas palabras hizo que nuestra víctima se tragase con un poco de ayuda de mi varita para mantenerle la boca abierta. Mi hechizo de inmovilización había finalizado cuando Apolo lo ató a la silla por lo que la única respuesta que obtuvimos fue un generoso vómito a causa de la intoxicación por la sustancia química que acababa de ingerir.

- Es la parte burocrática del asunto- dije con una sonrisa cuando el tema de deshacernos de los cadáveres salió a la luz. - No hay nada que este ser pueda decirme que no sepa ya- dije mirándo a Raymond con la cabeza ladeada y un leve gesto de interés.- Pero el Señor Tenebroso te envía saludos- dije a cierta distancia del hombre que escupió al oir el nombre de Voldemort. Me encontraba en frente a él con las manos agarradas en la parte delantera del cuerpo y sujetando mi varita. Negué con la cabeza lentamente sin perder la sonrisa- Me sorprendé tu campaña contra él teniendo en cuenta lo mucho que pareceis tener en común.- dije agitando la varita. Al momento, el cuerpo inerte de la anciana cruzó la puerta con la cabeza colgando hacia un lado y un hilo de sangre goteando sobre la horrible moqueta.- Era tu abuela, verdad?- dije en un tono casi paternal.- El Señor Tenebroso también se habría librado de ella en cuanto hubiese dejado de ser útil. Pero...dejarla pudrirse? Eso no está nada bien...-dije mirando a Apolo con una sonrisa. Con otro latigazo de mi varita, la mujer se giró levantó la cabeza como si fuese mi títere, y sus ojos muertos miraron directamente a los de su familiar, que no se había dignado a soltar palabra por su sucia boca. - Creo que debes ser castigado de una manera mucho más amplia que con un poco de limpiador de suelos o lo que sea eso. Tu que opinas, Apolo?- pregunté a mi compañero al momento en el que la señora explotaba en llamas convirtiendose rápidamente en cenizas a ojos de Raymond.

Me acerqué a él despacio, con calma, como si estuviera sopesando que hacer a continuación. Vi como un par de lágrimas se escapaban de sus ojos mientras miraba arder el cadáver...Ahora se acordaba de que igual quería a esa mujer? Pobrecilla...Un crucio no verbal cruzó el aire desde mi varita al centro del pecho del hombre inmovilizado. Concentré en él toda la ira que me producía alguien tan poco respetuoso por los demás como era Raymond. No se decepciona a la familia y mucho menos se la deja pudrirse.
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Apolo Masbecth el Lun Mar 02, 2015 9:13 pm

El dolor que sentía Apolo en esos momentos, regalo de Raymond, el muggle que le encajó un destornillador en el hombro, era nulo comparado con la euforia que sentía en esos momentos pues una vez más se le estaba presentando una oportunidad perfecta para demostrar sus dotes de tortura, por lo cual el dolor físico pasó a segundo plano. Pero por comodidad utilizó su varita para hacer que la herida sanara casi instantáneamente. Las ventajas de tener magia lo podían sacar de apuros, en este caso de tener que ir al hospital e inventarse una historia de cómo acabó haciéndose una herida así. No. Ese valioso tiempo pensó en utilizarlo de otra forma. Para su fortuna, esa tarde se encontró con un hombre que resultó ser un mortífago como él y tuvo la amabilidad de invitarlo a una de sus misiones que el señor tenebroso le encomendó. Dos cerebros funcionaban mejor que uno y las ideas sobrarían para encontrar la forma perfecta de hacer pagar a aquel pobre diablo que tuvo el infortunio de encontrarse en casa aquella tarde.

El olor se hacía cada vez más insoportable, aun cuando el rubio ya no se encontraba en la cocina sino en la sala junto con Jason y el hombre atado en aquella silla forrada con plástico. Apolo le dio a beber un poco de blanqueador a aquel hombre una vez el hechizo paralizador dejo de funcionar. No dijo nada el muggle, salvo vomitar que era normal en esos casos. Su nuevo amigo aseguraba que nada de lo que pudiese salir de la boca de aquella rata les ayudaría a algo. - Una lástima, con lo que me gusta hacer hablar a la gente - musitó con su sonrisa perversa mientras observaba como Jason hablaba con el tal Raymond sobre la mujer que aparentemente sí que era su abuela. A continuación el cadáver de la mujer salió de la cocina levitando por sobre la carpeta vieja y olorosa. La peste obligó al rubio a taparse la nariz pero no duró demasiado pues casi enseguida aquella viejecita comenzó a arder y ser reducida a cenizas en cuestión de segundos.

La idea de hacer que vomitará sus intestinos no parecía gustarle del todo a Jason, por lo cual Apolo levantó una ceja cuando le pidió su opinión. - Adelante, por mi como si lo degollas - dijo murmurando mientras tomaba asiento en uno de los sillones con cobertura de plástico. Cuando lo hizo estos rechinaron. Se puso cómodo para ver como el moreno lanzaba una maldición imperdonable en el muggle. Supo que se trataba de un cruciatus pues el rubio la ha utilizado en más de una ocasión con los enemigos del señor tenebroso y es algo que una vez lo ves no tienes duda de lo que es.

La luz producida por la varita fue casi cegadora durante un par de segundos, pero cuando se esclareció pudo verse con claridad el cuerpo de aquel hombre atado. Parecía que pasaba de ser un simple hombre a un acróbata de un circo de renombre pues toda clase de movimientos surgieron de sus extremidades. Los chillidos que acompañaban aquellas acrobacias eran bastante desagradables y agudos. Apolo tuvo que encargarse de ello colocando un hechizo para insonorizar la casa y evitar que se escuchen sus lamentos fuera de esa sala. - Parece que a Raymond le gusta, se lo está pasando de maravilla - comentó el rubio alzando la voz para no perderse entre los gritos de aquel hombre, los cuales aumentaban conforme pasaban los segundos.

Pasaron unos cuantos minutos en los que el hombre dejo de gritar y llorar para comenzar a reírse. Sin duda se estaba volviendo loco después de tanto dolor infligido. Aquello le recordaba al mortífago a la vez que murieron los Longbottom víctimas de aquella misma maldición. La bruja que lo hizo se volvió famosa por ello, aunque ahora estaba pudriendose en Azkaban.

Apolo se levantó e intervino después de unos minutos en los que el hombre ya estaba totalmente frito del cerebro. Lanzó la maldición imperius sobre Raymond logrando controlarlo por completo. El muggle comenzó a murmurar unas palabras entre sus risotadas - Soy una rata que merece morir - lo repetía una y otra vez mientras deambulaba por toda la habitación bailando hasta que se paró frente a ambos mortífagos y llevó ambas manos hasta su propio cuello y lo giró con fuerza, lo que le llevó a la muerte.

- Patético - murmuró mientras con el pie ladeaba la cabeza del hombre para ver su expresión vacía.
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