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An unusual yet interesting afternoon [Jason Allen]

Apolo Masbecth el Mar Dic 09, 2014 2:14 am

Recuerdo del primer mensaje :

- Si, Abi, ¡Qué sí! ¡Ahí nos vemos! - fueron las últimas palabras que el castaño le dijo a su mejor amiga el día anterior. Quedaron de ir a Londres a comer y a pasar el día pues al parecer tenía un poco de tiempo libre la mujer y el mortífago estaba de vacaciones auto otorgadas. El hombre no gustaba de visitar el mundo muggle, lo hacía de vez en cuando pero no era como le gustaba pasar el tiempo, sin embargo la cita era en ese lugar y no pudo decidir lo contrario. Se enfundó en una camiseta color blanco, un cárdigan azul, pantalones color caqui y unas botas marrones. Lo adecuado para pasar desapercibido en aquel sitio. Tomó su varita, la ocultó en sus pantalones y salió de la mansión rumbo a Londres.

Al llegar a la ciudad lo primero que se dio cuenta era de lo ajetreado de esta. Lo odiaba, él estaba acostumbrado a estar solo con sus dragones en las montañas o sitios alejados de la civilización y el contraste era abismal en esos momentos. Rápidamente encontró la pequeña cafetería a la que se suponía que estaría su amiga. Observó el gran reloj de la pared y se dio cuenta que eran las dos y treinta de la tarde. Había llegado justo a tiempo. Ordenó un capuchino a la camarera y esperó pacientemente por ella, siempre tenía mala fama de impuntual, pero pasó media hora, una hora y finalmente eran las cuatro. Llevaba ya dos capuchinos y estaba desesperado. Su amiga trabajaba directamente con el ministro de magia por lo que era factible que ella se ocupará con algunos asuntos de trabajo. Se levantó, pagó la cuenta y salió de la cafetería algo molesto por haberle hecho perder la tarde.

El pequeño callejón estaba lleno de tiendas y optó por mirar en las vitrinas por algo que llamara su atención pero no era así. Al dar vuelta rumbo a una de las avenidas principales pensó en desaparecer en un sitio sin gente, pero eso ahí era imposible. Al llegar a la vitrina de una tienda de ropa se percató de que había un hombre de espaldas a él, lo primero que le vio fue el trasero. Porque siendo sinceros es lo primero que Apolo veía en los chicos. Decidió pasar de manera sigilosa por un lado para ver también su rostro y decidir si convenía hablarle siquiera. Su sorpresa fue que conocía a aquel hombre, lo había visto antes !y en las filas del Señor Tenebroso!

- ¡Hey! Yo te conozco. Allen... ¿Cierto? - su rostro le dedicó media sonrisa y estiró su mano para estrechar la otra esperando que le reconociera. - Soy Masbecth, por si no lo recuerdas, ya sabes, tenemos el mismo jefe - dijo en forma clave sin querer revelar más, él ya sabría a lo que se estaba refiriendo. - ¿Esperas a alguien? Porque si no, me gustaría invitarte a tomar algo, a mí me han dejado plantado - habló sin más, él era directo y tenía el resto de la tarde libre y aquel hombre era uno de los suyos, además de guapo.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Miér Mar 11, 2015 11:14 pm

A mi manera de verlo, la casa de una anciana no era el mejor sitio que te pudiese tocar para torturar a alguien. Habia ciertos impedimentos que hacian trabajar mi imaginación y al mismo tiempo la censuraban porque, buscando no causar un caos demasiado visible, alguien como yo tiene que limitarse a cosas pequeñas, como crucios e imperios y alguna que otra maldición más. Uno no puede ponerse a asustar a su víctima con un enorme dragón de fuego sin que los vecinos se enteren. Por eso tras atarlo a una silla todo lo que nos quedaba por hacer era enseñar una lección. Desgraciadamente para Raymond, la lección no teníamos que enseñársela a él, sino que él era la lección, por lo que le tocaba morir.

Apolo, mostrando su habilidad para hacer hablar a la gente, lo hizo tragar blanqueador, cosa que posteriormente vomitó, lo que no ayudó al olor general de la casa, pero que si fue lo bastante efectivo como para asustar un poco más al hombre. Yo no tardé en tomar el relevo, mostrándole la monstruosidad que había cometido sin aparentes remordimientos. Ya que era poco probable que no hubiese enterrado a su abuela por haberla estado llorando durante lo que debieron ser, al menos, dos días enteros. Tras hablar a través de cuerpo de la anciana, su cadáver estalló en llamas ante el pobre diablo. Un crucio de los mios siguió a tal pantomima que, reconozcámoslo, era pura espectacularidad, y fue suficiente para volver loco al hombre que tenía delante atado a una silla. No sin antes lograr que hiciera unas cuantas piruetas fruto del dolor- Nunca te hablan de lo que pueden saltar cuando les lanzas un cruciatus- dije contestando a Apolo mientras tenía una sonrisa divertida en el rostro y miraba al hombre que se golpeaba con las paredes del que hasta ese momento había sido su refugio.Tras unos minutos, mi maldición cesó y el hombre pasó del llando a la risa. Incliné la cabeza hacia un lado y lo miré decepcionado. Una sola maldición era suficiente para un cerebro como el suyo o se estaba haciendo el loco? En cualquier caso, ninguna de las dos cosas iba a salvarlo de lo que venía a continuación.

Apolo volvió a tomar el control lanzando una maldición imperius a nuestra víctima.Lo libré del hechizo que lo mantenía atado a la silla, confiando en que si la maldición cruciatus ya le había freido el cerebro, no sería precisamente capaz de librarse de un imperio. Por suerte, no me equivocaba y pude ver como el hombre, una vez de pie, deambulaba por la estancia diciendo entre risas la frase que mi compañero le habia mandado. Eso fue así durante unos minutos y finalmente, Raymond, con sus propias manos, se rompió el cuello. En ese momento, pensé que todo habría sido más divertido si se hubiese resistido a ambas maldiciones, pero había gente que...simplemente no era capaz.

Miré a Apolo cuando mencionó su opinión y solté un bufido.- He de reconocer que ha sido decepcionante- dije metiéndome las manos en los bolsillos y dejando ver ligeramente mi faceta de niño al que le acaban de quitar un juguete.- Me gusta que se resistan, pero supongo que...no todo puede ser diversión- dije encogiéndome de hombros con cierta resignación.- Bueno...explosión de gas?- dije dejando ver la tapadera para muggles que tenía pensada. Me dirigí a la puerta porque no tenía ganas de quedarme allí el tiempo suficiente como para que el hedor de Raymond se solapase con el de su abuela. Abrí la puerta e invité a Apolo a salir en primer lugar. Cerré la puerta detrás de nosotros y comencé a bajar de nuevo las escaleras hacia la calle- La marca tenebrosa debería aparecer en este escenario- dije a modo invitación mientras miraba con una sonrisa al otro mortífago.

Me encontraba ligeramente frustrado así que no tardaría en buscar entretenimiento de algún tipo lo suficientemente contundente como para sacarme el hedor de un asesinato sencillo.

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Apolo Masbecth el Jue Mar 12, 2015 8:52 pm

Si algún muggle, llámese el repartidor de propaganda, el cobrador o algún testigo de Jehova se atreviese a llamar a la puerta y se asomara por la ventana se encontraría con un escenario totalmente surrealista. Afortunadamente eso no pasó y tenían que darse prisa si pretendían hacer algo para que nadie los descubriera. Apolo asintió cuando su nuevo amigo dijo que le parecía decepcionante como el hombre ahora muerto, no pudo estar a la altura de las circunstancias. En la vida de un mortífago era normal tener misiones como esas en las que siempre resultaban ser un trabajo sumamente fácil y no representaban un desafío en lo absoluto. Sin embargo, no se puede discutir con el señor tenebroso por quien obtiene que trabajo, simplemente se debe aceptar sin reparos lo que se les ofrece y eso es lo que habían hecho esa tarde.

- Si, es una buena idea. El cuerpo de la anciana pudo quedar completamente calcinado, incluidos sus huesos - dijo el rubio mientras sonrió y se acercó a la salida de la casa pues al parecer su amigo se encargaría de eso. El hombre con el cuello roto también podría desaparecer en aquella explosión. Jason le dio el paso al rubio para que fuese el primero. Y no solo eso, también le pidió que hiciera la marca tenebrosa para que los magos supieran quien estaba al mando. - Sabes, toda esta situación me ha puesto cachondo, lástima que seas heterosexual - le dijo guiñándole un ojo y saliendo de la puerta con una sonrisa coqueta. La muerte y la sangre era algo que le provocaba bastante, tal vez por eso era parte de los mortífagos porque estaba tocado del cerebro y era un psicótico.

Ya fuera, cuando vio que nadie pasaba por el lugar, apuntó su varita hacia el cielo y murmuró la siguiente palabra - Morsmordre - de pronto el cielo se oscureció y apareció la marca de una calavera de la cual salía una serpiente de la boca. El espectáculo era digno de verse y esa era la idea. Los muggles no lo comprenderían pero los magos sí. El rubio se descubrió la mano en la cual llevaba el tatuaje con la marca tenebrosa, símbolo del grupo de élite al que pertenecía y quienes servían al señor tenebroso.  Caminaron fuera de la vista de aquellos departamentos rumbo a un callejón oscuro donde se detuvo en seco para que su compañero hiciese lo mismo. - Bien, Jason, ¿ahora qué sigue?   - sonrió esperando poder continuar la tarde noche en compañía de tan apuesto hombre.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Vie Mar 20, 2015 5:16 pm

Todo había quedado preparado para que nos fueramos de allí sin que nadie sospechase que allí habíamos estado. Habíamos cumplido con la misión encomendada y nuestro tiempo allí había terminado con dos cadáveres y una posible explosión, pero yo estaba decepcionado y aburrido así que el comentario de Apolo al salir del apartamento sirvió para que mi dañada moral se viese ligeramente renovada. Sonreí con cierta picardía sin que él me viese y salí por la puerta tras él, cerrándola. No negaría que en el pasado había tenido mi época de experimentar y que había tenido ciertos encuentros con hombres que no habían sido del todo desagradables. Los hombres conocemos mejor nuestra anatomía por lo que un hombre, por muy torpe que sea, siempre tendrá más experiencia complaciendo hombres que una mujer. Aun así, no me gustaban. No había nada en el hombre que se pudiera comparar con el hambre de una mujer y tampoco con su tacto o su interior. Por eso, aunque Apolo fue responsable de restaurar mi moral, temía que no iba a poder satisfacer sus ansias.

Salimos por completo del edificio e invité al mortífago a conjurar la marca tenebrosa mientras yo hacia que el apartamento explotase. Justo en el momento en el que él pronunció el hechizo pertinente, un haz de luz roja salió disparado de mi varita para dar a parar al apartamento en el que minutos antes estabamos nosotros. La calavera hizo su aparición entre el humo que empezaba a salir y los vecinos curiosos no tardarían en salir a cotillear así que nos alejamos caminando en la oscuridad para pasar desapercividos.

Tras unos cuantos metros, cuando ya estabamos libres de miradas fisgonas, Apolo se paró ante mi y me preguntó que tocaba ahora. Ladeé la cabeza y sonreí seductor.- Se me ocurre algo que podríamos hacer para celebrar el cumplimiento de nuestro deber. Me sigues?- invité con una mirada fija en los ojos de mi acompañante. Era un hombre atractivo, en otras circunstancias quizás todas las proposiciones que él me hubiera hecho las habría aceptado, pero ese barco ya había zarpado, al menos cuando estaba sobrio. Borracho me importaba bastante menos que me la chupara un hombre o una mujer.

Empecé a caminar en amparado por la oscuridad de la noche hasta que encontré un callejón lo bastante oscuro- Prefiero que la localización del sitio quede en un misterio si no te importa- dije con una sonrisa mientras le tendía el brazo para llevarlo al sitio mediante aparición. Se me ocurría llevarlo a mi apartamento, donde tenía algo que creía le iba a gustar. Por precaución, no le diría exactamente lo que era, quien sabía si estaba en contra de lo que iba a probar...Con un poco de suerte le echaría la culpa al alcohol.- Espero que te guste el alcohol y los dulces.- dije sonriendo con la mirada fija en sus ojos antes de prepararme para desaparecerme.
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Apolo Masbecth el Lun Mar 23, 2015 4:10 am

Para el mortífago, convocar la marca tenebrosa siempre era algo compensatorio, algo digno de presumir pues había hecho el trabajo del señor tenebroso. Toda la situación le hizo sentir una euforia bastante notoria en sus pantalones pues después de todo era un hombre y los hombres se encienden con cualquier cosa que los motive. Apolo salió de ese vecindario a paso apresurado para evitar ser descubiertos bajo una marca en el cielo y evitar que los relacionaran. Pues aunque estar en los mortífagos era un orgullo para ellos, era muy arriesgado decirlo públicamente pues existían los aurores quienes eran encargados de atraparlos y encerrarlos en Azkaban, una prisión de máxima seguridad para los magos delincuentes y el rubio se creía demasiado joven como para arruinar su vida pudriéndose ahí. Caminó al lado de Jason por un par de cuadras en completo silencio, pasando así a varias personas en el camino, algunas eran parejas, otras grupos de amigos y el resto ejecutivos que salían de sus oficinas para ir a casa, tener una rica cena y recostarse en el sofá viendo la televisión hasta llegar la hora de dormirse. Apolo no envidiaba la vida de los muggles que le parecía demasiado monótona. A él le gustaba el cambio constante y no quedarse estancado en una sola actividad pues tiene a aburrirse fácilmente.

Cuando el rubio se detuvo para preguntar qué es lo que seguiría a continuación, no se imaginó el tipo de respuesta tan ambigua que su nuevo amigo le daría, por lo consiguiente lo dejó pensando todo tipo de posibilidades y tampoco se atrevió a preguntar exactamente a qué se refería pero sin duda tuvo la audacia para aceptar su propuesta. - Te sigo a donde quieras - soltó sin más con la misma mirada que su acompañante le estaba dando en ese momento. Y sin decir más lo siguió por uno de los callejones laterales de una avenida bastante transitada. Al llegar ahí se detuvieron en la parte más oscura donde la luz tenue de una lámpara en mal estado iluminaba apenas el rostro de ambos, lo que lo hacía un tanto tétrico e intrigante.

- Mientras no termine desangrado en un callejón como este no me importa - sonrió cuando el moreno lo tomó de la mano sabiendo lo que ocurriría a continuación. - Dos de mis cosas favoritas en el mundo - << después del sexo >> pensó. En un par de segundos los dos hombres habían desaparecido de aquel callejón oscuro y aparecieron casi instantáneamente dentro de un lugar techado. El rubio abrió los ojos cuando sintió que tocó tierra firme y observó a su alrededor. - ¿Es tu casa? Vaya, que afortunado soy en conocer la casa del señor Allen - exclamó soltando la mano del hombre y tomándose la libertad de caminar por el lugar para conocerlo.

Se encontraban en la sala y parecía un lugar modesto y acogedor, también olía bien por lo cual el rubio pensó que tendría a un elfo doméstico o a una criada muggle que se encargase del hogar. - Ah, encontré el tesoro al final del arcoíris - dijo acercándose a una de las paredes donde había una pequeña mesa con algunas botellas de licor en ella y unos vasos. - ¿Puedo? - preguntó señalando el licor y sirvió un poco de whisky en dos vasos y regresar con Jason para darle uno. - Brindemos, porque sea el principio de una buena amistad, o lo que surja - habló arrastrando las últimas palabras y levantó el vaso para después hacer un brindis cruzado, pasando su brazos por encima del ajeno y beber de su propio vaso. - Es un buen whisky sin duda - se limpió los labios y terminó sentándose en el sillón de la sala, poniéndose cómodo.


Última edición por Apolo Masbecth el Vie Abr 03, 2015 7:11 pm, editado 1 vez
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Invitado el Vie Abr 03, 2015 6:21 pm

Después de una misión con éxito, lo propio es celebrarlo. Pero tras la misión que habíamos llevado a cabo, más que una celebración, necesitabamos una compensación por nuestra pérdida de tiempo. Aun así habíamos terminado con éxito el trabajo que me habían encomendado. Le hablaría bien al Señor Tenebroso de mi nuevo amigo, aunque estaba seguro de que ya lo tenía en cuenta entre sus allegados, al fin y al cabo, Apolo parecía cumplir todos los requisitos que el Señor Tenebroso pedía en sus seguidores. Quizás cumpliese alguno más que yo.

Salimos de la escena del crimen sin dejar ninguna pista de que habíamos sido nosotros los que habíamos causado todo el caos que ahora mismo reinaba en la zona. La gente aun no sabía bien lo que significaba la Marca Tenebrosa, pero probablemente no tardarían en descubrirlo. En todo caso, nosotros desaparecimos en la oscuridad para aparecer en un sitio más seguro como era mi casa. Lo cierto es que mi apartamento no parecía tener todos los lujos que yo me podía permitir. Habria podido permitirme una casa completa, con servicio y todos los lujos, o mudarme a la de mis padres que ya había optado por retirarse a climas más cálidos dejando la vieja casa familiar para el servicio y los familiares que visitasen Londres, pero nada de eso iba conmigo. A mi me gustaba tener mi espacio y tenerlo organizado a mi manera. Me gusta que todo esté en su sitio para notarlo cuando deja de estarlo, se puede decir que soy una persona ordenada. Aparecimos en mi sala de estar, que estaba decorada de un modo moderno pero nada obstentoso. Constaba de un par de sofás, una televisión de un tamaño considerable con su buen equipo de sonido y pequeños objetos curiosos y raros que había ido recolectando a lo largo de mi vida esparcidos a lo largo de las estanterias. Ser un inefable le da a uno la oportunidad de encontrar muchos objetos pintorescos aunque esten inservibles.

La sala de estar compartía espacio, sin pared que los dividiera con la cocina. Desde el sofá, si te girabas se podia ver el gran espacio que ocupaba el ventanal de la cocina que casi constituia una de las paredes de la estancia. Para separar ambos espacios, habia una isla, que hacia las veces de mesa para comer pero que bajo el mármol escondía, no de una manera muy eficaz pues era de cristal, todas las botellas que constituian mi licorería particular. El color gris claro de las paredes, los electrodomesticos de acero y los muebles negros hacian pensar en que uno estaba en el apartamento de un muggle, pero no era algo que me importase. Nunca me había gustado el estilo victoriano de los magos a la hora de decorar. Quería que se viese que ahí vivia un hombre moderno y no una señora venida a menos a la que lo único que le queda son los recuerdos de sus años de gloria.

- Adelante- le dije con sencillez a Apolo cuando encontró y abrió mi almacén de bebidas- Siéntete como en casa- dije mientras me sacaba la americana y la dejaba sobre el respaldo de uno de los sofás de cuero. Me acerqué a él y brindamos aunque no dije nada a su nueva insinuación, me limité a sonreír de nuevo con cierto coqueteo pues estaba satisfecho con esas atenciones aunque viniesen de alguien que no me interesaba en ese sentido.- Te apetece comer algo?- pregunté siendo amable pues iba a sacar comida de todos modos. Dejé el vaso que Apolo me había servido sobre la isla y saqué del horno una bandeja de bizcochos de chocolate que tenían una pinta mejor de la que yo esperaba. La masa del bizcocho seguía la típica receta de la abuela que hace que ese tipo de pasteles salgan deliciosos, salvo por el pequeño detalle de que llevaban crin de unicornio en polvo mezclado con el chocolate. Las drogas de los magos siempre parecían salidas de un cuento infantil para niñas repipis pero el polvo de crin tenía fama de ser una de las drogas más potentes del mundo mágico. Era la primera vez que la probaba así que había seguido la receta de los expertos para tomarla bien, y curiosamente, era mezclándola con chocolate.

- Te invitó a descubrir uno de los mayores secretos para conquistar a alguien: Saber hacer reposteria- dije con una sonrisa graciosa a la broma que acababa de hacer. Aunque la verdad es que con las damas funcionaba muy bien- Coge uno si quieres y vayamos al sofá- invité a mi acompañante mientras yo mismo cogía un par y daba el primer mordisco de caminó a nuestro asiento. El sabor fue algo increíble, nunca un chocolate había sido tan intenso y delicioso, pero lo mejor vino después de tragarlo. El polvo de crin de unicornio debe ser una sustancia de rápida absorción pues tarde menos de un minuto en empezar a sentir sus efectos. Mi cerebro se relajó y noté como toda la tensión de mis músculos desaparecía. Era como estar en una nube e incluso los sentidos se hacían más suaves- Que opinas?- le pregunté a Apolo una vez nos hubimos sentado. Yo sonaba completamente cuerdo y normal, pero no sabía a donde me iba a llevar la mezcla de vino, whisky y unicornio.
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Apolo Masbecth el Dom Abr 05, 2015 7:21 pm

De estar en  las calles de Londres una tarde común y corriente donde Apolo esperaba por su amiga Abi, hasta llegar a la casa de uno de los mortífagos más guapos le tomó la mitad del día. Entre ese lapso habían comido, conversado un poco y hasta matado a un hombre en el nombre del señor Tenebroso. Si al rubio le hubiesen dicho que esa sería su tarde no lo creería, pero se alegraba de que resultara de esa forma. Ahora se encontraba en aquel hogar, decorado de acuerdo a los tiempos modernos y no como la mayoría de las personas en el mundo mágico acostumbraba. Apolo era de los que creía que iba siendo hora de modernizarse un poco y al parecer su compañero también compartía la misma opinión, lo cual le alegró bastante.

Cuando Jason le dio la pauta para tomar de sus licores el rubio lo hizo sirviendo dos vasos y sonrió cuando le incitó a sentirse como en casa, lo cual hizo casi de inmediato después de tener un pequeño brindis y sentarse sobre uno de los sofás en color negro bastante cómodo. Minutos después le ofreció algo de comer, el rubio había comido en un restaurante italiano hace algunas horas junto con él pero no quiso rechazar su oferta así que asintió. - Está bien, si insistes - sonrió y observó cómo caminaba rumbo a la cocina que estaba prácticamente en la misma habitación dividida solamente por algunos muebles colocados de forma estratégica. El rubio pensó que con un poco de magia él podría hacer que el espacio aumentase, pero si no lo hacía significaba que era un hombre con gustos simples y nada extravagante, lo cual resultaba refrescante pues la mayoría de magos no era así.

El rubio decidió levantar su trasero del sofá y entrar a la cocina para ver qué era lo que estaba sacando Jason del horno. El olor que embriagó sus sentidos era delicioso y sonrió ante el comentario divertido que el moreno hizo. - ¿Eso quiere decir que tratas de conquistarme? Que no, entiendo a qué te refieres y sí, estoy de acuerdo - asintió sonriendo mientras cogió un par de los bizcochos que aparentaban ser de chocolate pues era un postre que el disfrutaba mucho. Al llegar al sofá se dejó caer a un lado de su nuevo amigo el cual ya había comenzado a comer. Apolo sirvió entonces un poco más de licor en las copas de ambos y dio un sorbo a su trago para después dar un mordisco grande al bizcocho el cual cayeron pequeñas migajas por la alfombra. Lo primero que notó fue que era un sabor mucho más intenso que el normal pero no por eso estaban malos, al contrario, le parecieron sumamente deliciosos pero diferentes. - ¿Están hechos con cacao puro? ¿O tienen licor? Esto está muy rico - respondió de manera honesta volviendo a dar otro gran bocado hasta acabarse el primero.

- Gracias por la invitación, realmente no suelo convivir con gente de nuestro grupo fuera de horas "laborales" - admitió pues debido a su trabajo el hombre volaba constantemente alrededor del planeta y le era casi imposible pasar tiempo con sus compañeros que no fuesen dragonolistas. Así que naturalmente se sintió contento de ser invitado.  Finalmente continuó comiéndose el segundo bizcocho, desconociendo que lo que estaba ingiriendo tenía efectos secundarios que comenzaban a surtir efecto.

Apolo observó a su compañero el cual comenzó a dividirse en dos y ahora veía mellizos. Se frotó los ojos para cerciorarse de que no estaba soñando pero al abrirlos seguían ahí. Como si de un reflejo se tratase estiró su mano para tocar el rostro de uno de los mellizos - ¿por qué no me habías dicho que tenías un hermano idéntico a ti? - dijo siguiendo acariciando la mejilla por unos segundos hasta dejarlo y se recargó sobre el respaldo del sillón y cerró los ojos un momento, sintiendo como se hundía en aquel gran tozo de tela acolchada y caía a un hoyo negro. La sala quedó atrás y en su lugar era un escenario oscuro, donde la única luz visible estaba en forma de una estrella danzando de un lado a otro y colocándose alrededor del mortífago el cual por alguna extraña razón solo se quedó inmóvil observando el espectáculo. Dicha estrella crecía a cada segundo hasta ser del tamaño del hombre y cambiaba su tonalidad por una de rojo al fuego vivo, Apolo con miedo a ser devorado por lo que parecía ser un monstruo de fuego e intentó correr pero sus piernas y brazos se sentían pesados, de pronto dichas extremidades comenzaron a desarrollar raíces que caían sobre el suelo oscuro y poco a poco el hombre se convirtió en un árbol. El cual fue consumido por las llamas hasta ser rebajado a cenizas.

El hombre abrió los ojos. Estuvo soñando despierto pero cuando sus parpados se abrieron se encontró nuevamente con la sala de estar y ya no se encontraba sobre el sofá, pero si sobre la mesa de mármol. El hombre se sentía ligero como una pluma y en su mente estaba flotando en el aire, caminando incluso sobre este cuando en realidad ni siquiera se movía de aquella mesa divisoria. - Ven a volar conmigo Jason, la vista es increíble - vociferó observando a su compañero quien desde su punto de vista estaba casi del tamaño de una hormiga sobre un diminuto sofá y estiraba su mano elástica para alcanzarlo.
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Invitado el Sáb Abr 11, 2015 1:16 pm

Mi intención al invitar a Apolo a mi apartamento no era otra que prolongar el buen rato que me había hecho pasar desde que nos habíamos encontrado, pero por otro lado, tampoco estaba de más compensarle por la misión que habíamos llevado a cabo y que había resultado ser tan aburrida. Pensé que algo de diversión no nos vendría mal después de eso y él parecía opinar lo mismo ya que mi invitación fue recibida con positivismo. No tardamos en instalarnos en mi salón, provistos de bebidas y dulces como un par de adolescentes en su fin de semana libre. Me limité a sonreír cautivador cuando me preguntó si intentaba conquistarlo pero el tema no fue a más, por suerte para los dos porque la respuesta podría haber cortado el buen ambiente que se estaba creando. Le ofrecí uno de mis bizcochos especiales sin decirle lo que llevababan y cuando me preguntó, me limité a encogerme de hombros- Tienen un ingrediente secreto especial. Algo totalmente natural, por si eso te preocupa- dije con una sonrisa enigmática. Su agradecimiento por mi invitación sacó de mi una nueva sonrisa y una inclinación de cabeza- Ha sido un placer. Siempre es agradale pasar el tiempo con alguien interesante- "Aunque el interés a la situación haya que sacárselo con drogas" omití oportunamente. Lo cierto es que Apolo me caía bien y por ahora no me aburría, por lo que ya había conseguido más de mi que muchos otros.

Los postres que teníamos en las manos no tardaron en desaparecer mientras poco a poco a mi me iba invadiendo una sensación de calma que ya relacionaba con otras drogas. Sin embargo, cuando el último bocado pasó por mi gaznate me di cuenta de que esa calma que sentía solo era la tranquilidad anterior a la tormenta. La pregunta sobre un supuesto hermano gemelo mio llegó desde kilómetros de distancia para mi, con eco y como algo que mi cerebro interpretaba como totalmente falto de interés pues en ese momento podía escuchar perfectamente el armónico cantar del gris de las paredes de mi apartamento. Era maravillosa la voz angelical y melancólica que ese color tenía, cantando a la perfección una canción que llegaba a mi alma y me hacía recordar cosas que hubiese preferido olvidar hace tiempo. No obstante, pasados unos segundos, el gris de mis paredes se silenció y la estancia se volvió cada vez más oscura. Apolo había desaparecido para mi y en lugar de estar en mi apartamento, parecía que me hundía más y más en la oscuridad. No era algo que me estuviese resultando peligroso así que tampoco hice nada por impedir sumergirme en ella, el problema llegó cuando apareció la primera cara. En la oscuridad que me rodeaba parecía haberse encendido una pequeña cerilla que me dejaba ver un rostro de un hombre que me resultaba familiar. Su piel estaba verde azulada, llena de pústulas y sus ojos estaban velados como si estuviera ciego. Un hilo de sangre salía de uno de su oidos y todos sus dientes parecían podridos. La imagen no habría sido alarmante si no lo hubiese reconocido casi al instante- Aaron?- dije en un susurro que el rosto pareció oir pues se avalanzó sobre mi junto con más como él. Intenté frenar su avance, intenté defenderme pero unas cadenas me encadenaban a mi asiento. Estaba paralizado viendo como una orda de zombies encabezada por el cadáver de mi hermano corria hacia mi con toda la intención de comerse mis entrañas dibujada en la cara. Cuando estaban a punto de alcanzarme y yo imperventilaba del miedo como un niño asustado y totalmente vulnerable, una luz me cegó y mis atacantes estayaron en una especie de nube de papel quemado que terminó por desaparecer en la luz. A lo lejos, envuelta por esa luz habia una figura que parecía querer echar a volar. La figura me incitaba a ir con ella diciéndome que las vistas eran preciosas, llamándome por mi nombre. Estiré la mano hacia esa figura pero estaba demasiado lejos para alcanzarla, sin embargo, cuanto más lo deseaba más cerca parecía estar de mi. Finalmente, estuvo solo a unos pasos. Cuando pude levantarme, caminé hacia la figura, que parecía ser un ángel de larga melena y ojos claros y toqué su mano.

Después del primer contacto, mi lugar volvía a ser mi apartamento, pero la luz que envolvia a esa angelical mujer que bailaba sobre mi mesa seguía estando ahí. Agarró mi mano, aunque a penas sentía su tacto.- Bailemos- le dije al oido y comencé a guiarla en la canción que cantaba esta vez el olor a chocolate de los bizcochos que nos habíamos comido. Al tercer compás de la canción, el ángel se soltó y se alejó de mi convirtiéndose en un caballo blanco que se perdió en su propia luz. Me giré y miré a Apolo, con lágrimas en los ojos- Se ha ido...por que se ha ido? He hecho algo malo?- pregunte a punto de romper en llanto.
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Apolo Masbecth el Miér Abr 15, 2015 1:21 am

- ¡Vamos! ¿A qué esperas? Aquí se está muy bien - gritó en dirección a su nuevo amigo el cual seguía relativamente lejos de donde se encontraba Apolo que era básicamente arriba de una mesa pero para él se trataba del cielo y las nubes desde donde miraba a Jason versión hormiga. De pronto sintió como su cabeza comenzaba a dar vueltas hasta ver que las nubes se disolvían para dar paso a un cielo claro y despejado del cual una figura oscura se acercaba hacia su posición. El instinto de Apolo fue retroceder y al hacerlo sintió como un muro invisible se lo impedía y el ser extraño de oscuridad finalmente apareció frente al rubio sosteniéndolo de la mano. Sus ojos eran rojos como el mismo fuego y su boca tenía grandes dientes afilados que brillaban con el resplandor del sol, pero fuera de eso para el mortífago le fue imposible reconocer aquella sombra con ojos y boca cuya mano lo tocaba para invitarlo a bailar. El rubio comenzó a moverse guiado por aquella sombra e intentó zafarse pero el agarre de la criatura era de gran resistencia por lo que finalmente se dejó guiar en aquel baile coordinado, no había música de fondo para él pero si observó como el cielo pasaba a convertirse en una pintura del movimiento cubismo, con figuras asimétricas en una explosión de colores y finalmente aquella sombra se desprendió y con ello una sensación de angustia y pesadez le invadió al cuerpo del rubio. Se sentía triste por alguna extraña razón. Poco a poco su visión de una sombra se desvaneció y una voz le hizo volver a encontrarse con el rostro de Jason. El hombre estaba escurriendo agua de sus ojos, queriendo romper en llanto, lo que le hizo sentirse impotente al escuchar las palabras del moreno no entendiendo bien a que se refería. Apolo abrazó con fuerza a Jason, rodeando  su espalda con los brazos y permaneciendo inmóvil por unos momentos y exhalando pesadamente trató de pronunciar palabras susurrando algo difícil de entender pues comenzó a sentir un dolor en el pecho que no supo explicar, como si algo le preocupaba y le impedía hablar.

Cerró los ojos y a su mente vino una persona, se trataba de él mismo, como si se estuviese viendo en un espejo pero la única diferencia era que su reflejo tenía cuarenta años más. Un viejo decrepito, viviendo en un pequeño departamento, solo y cubierto de sus propios orines. La imagen mental era desgarradora para el hombre pues uno de sus mayores temores precisamente es el de quedar solo, olvidado. El hombre reía y se burlaba de Apolo. - Este serás tú y no lo podrás evitar, acéptalo, moriremos solos, bañados en nuestra propia mierda, sin nadie que cuide de nosotros, tu familia no te reconocerá, tus amigos te darán la espalda, no serás nadie. ¡Nadie! - gritaba y reía de manera estruendosa, regocijándose. - ¡No! ¡Te equivocas! - gritó Apolo dándose cuenta que ahora estaba en el suelo, con los puños ensangrentados y una vitrina hecha añicos. No sintió dolor, solo vio correr la sangre de sus manos directo a la alfombra. Su respiración era agitada, se había despertado de un mal viaje, no del todo pues seguía bajo los efectos pero al menos era consciente de su alrededor.

Se echó sobre el sillón y permaneció en silencio durante un par de minutos tratando de concentrarse en su entorno. - ¿Había algo en esos brownies, cierto? - habló algo histérico, con la voz rasposa, con un nudo en la garganta que también le orilló a llorar. - Eso fue horrible, acabo de ver mi futuro y es desgarrador. No quiero morir solo, es la verdad. La sola idea de no encontrar al amor de mi vida con el cual pasar el resto de mis días me da tristeza. ¿Qué si nadie me quiere por como soy y terminó siendo un ermitaño? - confesó al hombre y se abrazó de uno de los cojines que hacían juego con la sala, tratando de controlar su respiración. - ¿Qué pasó contigo? ¿Quién se ha ido? ¿Estás bien? preguntó siguiendo aferrado al cojín como si temiese volver a alucinar en cualquier momento.


Última edición por Apolo Masbecth el Mar Abr 21, 2015 11:12 pm, editado 1 vez
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Invitado el Dom Abr 19, 2015 8:16 pm

De la oscuridad al baile solía haber cientos de pasos, pero a veces, un empujoncito llamado drogas ayuda darlos todos de una sentada. Al ver aquel ángel luminoso olvidé por completo la imagen de mi hermano muerto y por un momento, con aquella mujer en mis brazos, olvidé toda la vida que llevaba y porque la llevaba. Olvidé la venganza y el odio y todo quedó resumido a la luz que aquella figura desprendía. No era consciente de que el que estaba en mis brazos era Apolo y que intentaba librarse de mi abrazo, ni de como me veía él mientras yo lo veía como un ser de luz. Pero en ese momento tampoco me importaba demasiado, seguí bailando como si el resto del mundo hubiese desaparecido hasta que Apolo y el ángel se soltaron de mi y una despareció para dar paso al otro que tenía una expresión triste y angustiada. Dejé que el mortífago me abrazase y me aferré a esos brazos todo lo que pude mientras preguntaba y me preguntaba porque ese ser de luz me había abandonado y me había dejado solo en aquel mundo que en el fondo tanto odiaba. Había sido ya lo bastante cruel como para no tener ninguna posibilidad de redención? Mi hermano querría que llevase a cabo todo lo que estaba haciendo por él? En su nombre? Cuándo todo terminase me sentiría mejor o el sentimiento de culpa y tristeza seguiría ahí?

La respiración de Apolo contra mi se volvió lenta y calmada durante un momento y consiguió que yo me traquilizase un poco dentro de las mil dudas que llevaba ocultas en mi pecho desde hacía tanto tiempo. Cerré los ojos y frente a mi estaba de nuevo el mismo cadáver de ojos velados, mirándome con una sonrisa rota y perversa. La familiaridad que había antaño en el rostro de mi hermano había desparecido. No quedaba en su expresión rastro del que había sido mi mejor amigo durante toda mi infancia, del hombre que siempre había querido a mi lado. Pero en vez de invadirme la tristeza o el miedo, me invadió la ira y con ella se despejaron todas mis dudas. Estaba furioso por todas las estupideces que mi hermano había cometido sin que yo lo supiera. El hombre que yo admiraba era demasiado inteligente para unirse al séquito del Señor Tenebroso, y era demasiado obstinado para seguir a un lider sin discutirle nada. Y sin embargo...- Sorprendido Jason? Sé que no te esperabas que yo me dejase llevar así pero eso no importa. Lo que importa que es morí a manos de un asesino del Ministerio, EL SITIO DONDE TÚ TRABAJAS!! Eres tú un asesino también? Vas a matarme de nuevo? Por qué no estabas allí aquel día?!?! Por qué no estabas allí conmigo? Por qué no me salvaste, niñato estúpido?!?!- me gritó la voz del cadáver de mi hermano con su voz rota por el tiempo. Su voz me llegaba como si estuviese enterrado con él en el ataúd. Un grito alto y grave salió de mi boca desgarrando el silencio que se había implantado en mi cerebro. Ni siquiera me había dado cuenta de que Apolo me había soltado.

Cuando abrí los ojos estaba tumbado de espaldas en el suelo, mirando al techo y rodeado de pequeños cristalitos que se habían desperdigado del puñetazo que mi compañero había dado en el cristal de mi bodega. Apolo se levantó sin apenas reparar en su ensangrentada mano y se sentó en el sofá aferrando un cojín como si eso fuera lo único que lo mantenía en el mundo real. Asentí con la cabeza en silencio a su pregunta. No sabía si me veía o no. Mientras me seguía hablando me levanté y me senté a su lado, mirando a la nada, pasmado, y escuchando sus palabras- Mi hermano, lo mataron hace...mucho.-contesté a su pregunta.- Nunca he podido olvidarlo, se me aparece en sueños, me habla...- confesé casi en un susurro.- No era el futuro lo que has visto, con esto no puedes ver el futuro, pero si leer tu propia mente, por eso has visto lo que has visto. Encontrarás a alguien que te quiera por quien eres, porque eres un buen tio y cualquier hombre sería feliz a tu lado- dije mientras ponía las manos a ambos lados de su cara y lo miraba directamente a los ojos con los mios muy abiertos y todavía abnegados en lágrimas.
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Apolo Masbecth el Jue Abr 23, 2015 11:28 pm

Pudo sentir su propia respiración y como su corazón amenazaba con salir del pecho, exhalo e inhalo durante unos cuantos minutos antes de poder volver a su respiración normal. El cojín que llevaba en sus manos lo aferraba como si se trata de la posesión más preciada para el rubio. Observó el muro que tenía frente a él, completamente vacío, sin ningún tipo de arte en él, lo que le decía que Jason era un tipo simple que no gustaba de ostentosidades, pero eso ya lo había deducido antes, solo lo reafirmó. Su mano ensangrentada, tenía incrustados un poco de cristales rotos que ignoró por completo, no le dolía, aun, pero seguro estuvo que al finalizar aquellos efectos de lo que sea que consumieron comenzaría a sentir las consecuencias de los actos.

Se acomodó para dar paso a que Jason se sentará junto a él en aquel sillón y entonces escuchó atentamente como él le contaba sobre su hermano muerto y como de alguna u otra forma, aunque no lo dijese directamente su culpaba por su muerte. - No fue tu culpa - atinó a decir, aun sin saber ni el diez por ciento de la historia. - Necesitas una clase de cierre, quizá volver al sitio donde ocurrió, algo - susurró apenas un poco, no queriendo hacer enojar a su nuevo amigo y compañero. - Algo que te de paz - él sintió que estaba siendo demasiado cliché pero creyó que eso podría ayudar al moreno.  Jason habló sobre como aquella droga no te contaba el futuro y lo reconfortó. Sus manos un poco ásperas al tacto acariciaron las mejillas del rubio y este inevitablemente tuvo un cambio de temperatura en ellas. El rubio estaría mintiendo si dijese que no encontraba aquello sumamente reconfortante y seductor a la vez, pero su conciencia interna lo estaba frenando para no abalanzarse sobre el otro hombre y espantarlo.

- ¿De verdad lo crees? - preguntó como si lo que acababa de escuchar no era verdad. - Soy un niño mimado ¿no es así? Soy un maldito niño mimado que lo tiene todo, quejándose por trivialidades cuando en cambio tú tienes problemas reales, qué imbécil soy - suspiró observando aquellos ojos llorosos y aquel rostro el cual no pudo evitar contenerse y acariciarlo así como el otro hacía con el suyo. Solo que una mano de Apolo tenía un poco de sangre y manchó la mejilla derecha del hombre, limpiándosela como pudo. Observó entonces aquellos labios y todo lo que se había estado reprimiendo se liberó en aquellos instantes.

Sus manos sostuvieron con fuerza el rostro ajeno y sus labios chocaron con los contrarios en un beso suave, un tanto desinhibido que para el rubio fue demasiado corto cuando en realidad no lo fue. Cuando abrió los ojos se dio cuenta de lo que hizo. Tenía a Jason recargado sobre el sofá y el rubio encima de este. Se levantó y se dejó caer al lado, completamente frustrado. - Lo lamento, no quise hacer eso, bueno si, un poco. El caso es que ambos estamos vulnerables y me he aprovechado de la situación, espero me disculpes - habló levantándose del sofá pero quedándose de pie frente a este y al otro hombre. - Te repondré todo lo que haya destruido. Y creo que lo mejor sería que me vaya antes de que continué echando a perder el momento - habló con la respiración agitada por aquello que había hecho y que muy en el fondo no se arrepentía, mientras se quitó de la mano el resto de cristales que llevaba encajados.
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Invitado el Lun Mayo 04, 2015 11:33 pm

Aquel sofá en el que Apolo y yo estábamos sentados se antojaba una isla en medio del basto océano para mi. Veía perfectamente el resto de la habitación rodeándonos, y sabía que de hecho estaba ahí, en el fondo de mi mente lo tenía clarísimo, pero en aquel momento, aquellas paredes que nos protegían del exterior eran solo un sueño para mi. Casi podía percibir la brisa y el sonido del mar. Y aun a pesar de todo eso, me sentía del todo seguro en aquel sofá náufrago. Lo bastante seguro como para confesarle a una persona que a penas conocía cual era mi mayor miedo y arrepentimiento. Por suerte, tras ya varios años probando todo tipo de sustancias, siempre sin abusar, ya había aprendido a controlar mi lengua y aunque le solté abiertamente lo que pensaba, algo muy raro en mi, no le dije que era lo que había hecho para redimirme- Lo sé- le contesté mirando al frente con la mirada perdida y como si estuviera algo ausente.

Escuché los temores de Apolo y en un arrebato de cariño que jamás se había visto en mi antes, agarré su cara con mis manos y le dije, con completa sinceridad, lo que pensaba de lo que me había dicho. De algún modo, y tras la pátina de lágrimas que cubria mis ojos pude ver como mis palabras lo reconfortaban en cierta medida. Oí su respuesta con claridad y quise reconfortarlo más- Todos los problemas son problemas de verdad. Pero debemos luchar por solucionarlos- dije manteniendo algo más la calma. Lo cierto era que yo no tenía ningún problema con morir solo. Había aspectos que no disfrutaba de mi vida, algunos que incluso odiaba, y ya había asimilado que de morir no habría entidad superior que me perdonase porque ni yo mismo podía hacerlo y sabía que no habría nadie dispuesto a llevar la carga que yo llevaba sobre mis hombros, y lo prefería de ese modo. Pero me adaptaba, en incluso bajo los efectos de un estupefaciente tan potente, sentía la necesidad de ser quien Apolo necesitaba que fuese.

Una de sus manos tocó la piel de mi mejilla y pude notar como me la manchaba de sangre aunque no me importó demasiado. Al momento ya la estaba limpiando y yo me dejé tocar con docilidad pues en aquel momento en el que me sentía terriblemente aislado y culpable, aceptaba cualquier trato con otro ser humano que me alejase de la sensación de ser un monstruo perverso. Sin embargo, fue de un momento a otro cuando me agarró la cara con ambas manos mientras yo lo soltaba por puro instinto y se abalanzaba sobre mi, juntando nuestro labios en un beso dulce pero casi desesperado. Lo recibí con los ojos abiertos y los reflejos dormidos. En ese momento, me sentía débil y no tenía fuerzas para alejarlo de mi o rechazarlo, por lo que simplemente retrocedí y comprobé que al hacer eso, su cuerpo me seguía, de manera que acabé medio tumbado en el sofá con Apolo encima mientras mis ojos lo miraban muy de cerca. Fue él el que rompió el beso, demostrando que su control sobre sí mismo era mucho más efectivo que el mio en aquel momento. Yo no estaba excitado por el beso, pero tampoco ofendido. Me sentía alagado y en parte agradecía que incluso en un momento así, cuando las lágrimas bañaban mis ojos, alguien considerase hacer esas cosas conmigo.

Al mirarlo a la cara, tras la separación, vi su vergüenza reflejada en su rostro.- No pasa nada, pero, por favor, no te vayas- dije poniédome de pie y cogiéndole la mano para quitarle yo los cristales.- No me apetece estar solo ahora mismo, me siento demasiado débil. Demasiado triste- dije con sinceridad. Cuando me diese cuenta de lo que estaba diciendo probablemente me arrepentiría- Siento no poder sentir lo mismo por ti, hace mucho que dejé eso atrás- confesé y, llevándolo de nuevo al sofá tirando de su muñeca y quitando los últimos cristales con esmero y cariño, casi paternalmente- Y no te preocupes por eso- dije señalando a la bodega. Me palpé el pecho, dandome cuenta de lo duro que estaba y de todas las curvas que tenía como si nunca antes las hubiera notado, y encontré la varita en un bolsillo. Apunté a la bodega, pero en vez de arreglarse, un ramo de flores salió de la punta de la varita- Para tí- se las tendí con una sonrisa cansada.- Estoy agotado.- dije apoyando la cabeza en su hombro. Sentía que ya había olvidado todo lo que había pasado hasta ese momento, solo estaba cansadísimo.
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Apolo Masbecth el Vie Mayo 08, 2015 8:35 pm

Siempre hay una primera vez para todo. Era  la primera vez de Apolo ingiriendo algún tipo de droga, mágica o no, los efectos que tuvieron en él fueron variados. Al principio sintió sus músculos relajarse y pensó que flotaba sobre nubes, pero después las sensaciones placenteras que conlleva también tuvieron sus efectos secundarios o lo que se conoce como un mal viaje, donde todas sus pesadillas se volvieron realidad, eran tan nítidas que se podía tocar. El rubio estaba ahora en un estado sentimental frágil al igual que su compañero y parecían no darse cuenta de lo que realmente estaban haciendo pues cada uno tenía sus propias visiones. El mortífago en un arrebato de furia terminó herido de una mano y con cristales rotos sobre la alfombra de aquella habitación, no pudo sentir el dolor en esos momentos pero vendrían después. Su mente estaba en otro lado que le tomó un poco de tiempo acostumbrarse a su entorno y darse cuenta de lo que hizo.

Se encontraba en el sofá manteniendo una conversación sincera y adulta, a corazón abierto como se suele decir por los muggles en donde cada uno reveló un poco de su esencia y lo que realmente sentían en su interior, una forma para desahogarse que resultaba hasta terapéutica para el rubio. Sus ojos hinchados por las lágrimas no eran tan diferentes a los que tenía frente a él. Aquel cariño y tacto que Jason estaba teniendo con el joven mortífago era algo a lo que no estaba acostumbrado pero que secretamente anhelaba por lo que no dudó demasiado en dar otro paso y atacar los labios contrarios en un beso desesperado y con frenesí. Mismo beso que terminó interrumpiendo al no querer hacer algo de lo que probablemente no saldría bien parado.

Se levantó un poco avergonzado, pero secretamente deseó continuarlo. Observó a Jason y le dijo que lo mejor sería irse para no arruinar ese momento. Para su sorpresa, aquello dio un giro y el mayor le pidió que se quede y no solo eso, lo cogió de la mano y lo llevó hasta el sofá, mientras Apolo simplemente se dejaba hacer por el moreno, sintiéndose de alguna extraña manera bastante cómodo con la situación. - ¿cómo irme tras tremenda declaración? Seré un hijo de puta, pero no estoy hecho de piedra - intentó sonreír cuando el moreno le retiró los cristales de la mano ensangrentada. -   No lo sientas, ya me has dado más de lo que esperaba de ti - confesó llevando la mano intacta hacia los labios del moreno y rozándolos apenas con la yema de sus dedos para después sonreír. Las sorpresas continuaban llegando pues el hombre utilizó su varita para aparecer un ramo de flores dirigido al rubio, Apolo las recibió con mucho gusto, era la primera vez que un hombre y encima heterosexual le regalaba flores. - Mierda, siento que todos mis muros y defensas se han desmoronado totalmente en este momento. Gracias - murmuró reprimiendo una lágrima. ¿Por qué tenía que ser heterosexual? No tendría ninguna posibilidad con ese chico, fueron los cuestionamientos que pasaban por la cabeza de Apolo en esos momentos. Pegó la nariz a aquellas flores de color blanco y pudo oler aquel aroma tan característico de las rosas.

Cuando Jason dijo estar agotado y colocó la cabeza en el hombro de Apolo, el rubio sonrió y no dijo nada, se quedó totalmente inmóvil sintiendo la respiración de ambos en aquel momento de silencio. A veces las palabras sobraban en situaciones así, ambos habían tenido un encuentro con su persona interior y dejaron salir sus miedos y preocupaciones y demostraron su vulnerabilidad, compartiéndola el uno con el otro. Apolo no podía pensar de una manera mejor de comenzar una verdadera amistad. Supo en ese momento que Jason se convertiría en un buen amigo. Si lograba recordar lo sucedido, eso estaba claro.

Finalmente tras unos minutos lo despertó o eso creyó pues el hombre no parecía demasiado lúcido en esos momentos y como pudo lo arrastró hasta lo que parecía ser su dormitorio y con sumo cuidado lo dejó caer sobre la cama retirando su calzado y dejándolo con la ropa puesta a excepción de la chaqueta. Lo observó, tan pacífico y tan inocente, no se parecía en nada al mortífago que torturó a un muggle horas antes. Lo arropó y Apolo se subió a la cama justo del otro lado mirando al techo e intentando descansar un poco por el esfuerzo hecho de arrastrar al hombre hasta su habitación, se quitó los zapatos, pero esos cinco minutos que se tomaría se convirtieron en horas pues quedó completamente dormido.
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Invitado el Dom Mayo 17, 2015 7:09 pm

El sol de la mañana me dio en la cara durante un buen rato hasta que la parte de la cara que no tenía apoyada en la almohada estuviera lo bastante caliente como para despertarme. Era un curioso día soleado en una temporada de lluvias que acompañaba a la tranquila y despejada noche anterior. No sabía que hora era, si me apurabas tampoco sabía que día, pero por la posición del sol ya debía ser más de medio día.

Abrí los ojos y mis pupilas casi dolieron por el cambio de iluminación. La luz entraba sin piedad por el ventanal que había en mi dormitorio y en aquel momento no recordaba porque había pensado que era buena idea tener un ventanal tan grande en el sitio donde duermo. Estuve tentado a coger la varita y de un golpe cerrar las persianas que generalmente me aislaban del mundo exterior mientras dormia, pero al ir a buscarla me di cuenta de que ya la tenía en la mano y por la rigidez de mi cuerpo, podría decir sin miedo a equivocarme que no me había movido en unas cuantas horas. El dolor de cabeza empezó a hacer su aparición y en ese momento supe que a pesar de las ganas que tenía, no conseguiría volver a dormir. Me giré, poniendome boca arriba sobre la cama y noté como mi cuerpo casi crugía por haber estado tanto tiempo en la misma postura. Gruñí ligeramente y cuando me acomodé noté un peso desconocido a mi lado. Giré la cabeza, ignorando el dolor de la misma y del cuello y descubrí a un hombre a mi lado. Estaba profundamente dormido pero pude reconocerlo como Apolo, el hombre con el que me había encontrado la tarde anterior. No sabía que hacía allí, ni por qué estaba en mi cama o en mi apartamento. No me sentía como si hubiese vuelto a mis años de experimentación sexual así que supuse que nada de eso había pasado. Me había despertado de muchos viajes así antes, y ya sabía como analizar los hechos.

Observé a Apolo en silencio por unos minutos, con la respiración relajada y casi innaudible, buscando detalles que me llevasen a recordar algo de lo que había pasado y que nos habían conducido a compartir la cama aunque uno de nosotros estuviese dentro de las mantas y el otro fuera. Mi mirada bajó por su cuerpo y pude encontrar su mano llena de heridas. Nos habíamos peleado? No, no me dolía nada y aquello parecían cortes...La bodega, había roto la bodega. Habría sentido ira si hubiese podido sentir algo a parte de mi terrible jaqueca. Estaba descalzo, pero eso no me daba grandes datos. Su cara estaba ligeramente enrojecida, con surcos por las mejillas que ya parecían estar secos. Mis ojos dolían y los notaba hinchados, también. Saqué una mano de debajo de la manta y me la llevé a la cara. El contorno de mi ojo estaba bien, era el globo ocular lo que estaba congestionado. Había estado llorando? Eso no parece propio de mi. Tomé aire tranquila y profundamente y al darme cuenta de que el cuerpo inconsciente de Apolo no me desvelaba más datos, me levanté con cuidado de la cama intentando no despertarle. No quería tener que lidiar con él hasta que supiese un poco más, así me ahorraba el que intentaran engañarme.

Puse los pies en el suelo y todo empezó a darme vueltas. Respiré profundamente varias veces hasta que la habitación se quedó quieta y cuando conseguí cierta estabilidad, me quité la ropa, al completo y me puse unos pantalones cortos y unas deportivas. No era cómodo estar elegante en una resaca. Salí de la habitación sin preocuparme por buscar una camiseta y cerré la puerta con cuidado tras de mi. Observé mi salón- cocina tras atravesar el corto pasillo que separaba esa estancia de mi dormitorio. Vi, efectivamente, los cristales de la puerta de la bodega desperdigados por el suerlo, manchas de sangre en la alfombra, dos copas sobre la mesa y un ramo de rosas blancas a su lado. Parecía el escenario de una cita acabada de mala manera, pero lo curioso del tema es que el hombre que al parecer se había encargado de beberse la segunda copa seguía en mi apartamento, sobre mi cama, a pesar de que en un primer momento pareciese por el aspecto de todo que el tema había acabado mal.

Pasé a la parte de la cocina con cuidado y me dispuse a prepararme un café. Cogí el molinillo y los granos y me puse manos a la obra. Me gustaba moler mi propio café, me ayudaba a relajarme y concentrarme, y además tenía mejor sabor que el procesado. Mientras oia como los granos se desmenuzaban me esforcé por hacer memoria. Recordaba a una mujer preciosa, vestida de blanco. Parecía un ángel. Recordaba muerte y dolor y la cara de mi hermano..recordaba que alguien me había besado y lo poco que me había importado...Pero no podía ponerle orden a ninguna de esas cosas.

Con un toque de varita, el molinillo siguió haciendo su trabajo él solo y yo me dirigí al horno donde cogí la bandeja de brownies de chocolate y los tiré sin miramientos a la basura. El polvo de unicornio era potente, pero ahora que ya lo había probado, no quería saber nada más de él. Con otro golpe de varita, mi vidriera se recompuso y las manchas de sangre desaparecieron. Atraje las copas hasta mis manos y las puse a lavar. Me apoyé en la encimera hasta que el café estuvo molido y entonces me puse a hacerlo...me estaba costando recordar algo más.
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Apolo Masbecth el Vie Mayo 22, 2015 7:49 am

El mortífago dormía plácidamente cuando de pronto un rayo de sol lo suficientemente agresivo como para perturbar al hombre lo despertó. Lo primero que hizo fue llevarse la mano a la mejilla al sentirla caliente pero se dio cuenta que aquella mano estaba con una herida vendada. La levantó y la vio por unos momentos como el sol pegaba en ella. Las vendas blancas ahora eran de un color rojizo. Le dolía, era un dolor punzante pero nada de lo que preocuparse, pues sobreviviría. El problema no era ese, su problema radicaba en saber cómo llegó hasta ese punto en el cual estaba en la cama de otro hombre y con la mano en aquellas condiciones.

Se sentó sobre la cama y se inspeccionó. Llevaba puesta toda la ropa a excepción de los zapatos los cuales se encontraban tirados sobre la alfombra de aquel dormitorio. Del otro lado de la cama estaba vacío el lugar, pero una manta arrugada demostraba que alguien más había dormido con él. Apolo estaba seguro de saber de quien se trataba pero recordaba poco sobre la noche anterior. Sus dudas sobre si tuvieron relaciones sexuales o no se vieron disipadas pronto pues normalmente no se lleva ropa puesta cuando sucede. El sol estaba especialmente abrasivo por lo que indicaba que ya era bastante tarde. Sintió que durmió bien pero su cabeza le punzaba, como una leve jaqueca que no se iba pero le era capaz de organizar sus ideas.

Cuando se levantó de aquella cama se colocó los zapatos y se vio al espejo que estaba justo en una esquina de la habitación. Su aspecto era un tanto desastre por lo que con ayuda de la mano sana pasó sus dedos sobre el cabello para peinarlo un poco y que no pareciera que una bomba le explotó en el rostro. No tuvo que preguntarse donde se encontraba el dueño de aquel lugar pues unos sonidos se escucharon fuera de la habitación. Se acercó hasta la puerta y la abrió despacio para dar con el pasillo que conectaba con el resto de la casa. Caminó casi de puntillas esperando que el otro hombre no lo viera para evitarse la vergüenza, sobre todo la de no recordar nada y tener que saber la verdad de los hechos ocurridos.

Al pasar por el marco de la puerta en la cocina se topó con un Jason sin camiseta y en pantalones cortos. La imagen le pareció todo un festín a los ojos y se quedó de pie tras de él por unos momentos mientras lo observaba lavar unas copas de cristal y luego arrojar unas cosas a la basura. Eran brownies, recordó entonces que eso es lo que habían consumido, así como su encuentro en el centro de Londres y como acabaron con un hombre, pero no lo que sucedió en los aposentos del moreno.

Un olor a café recién molido llegó a la cavidad nasal del rubio mientras daba un paso en falso haciendo ruido y revelando su posición. -   ¿puedo usar el baño?  - preguntó algo apenado y cuando el otro le dijo donde se encontraba fue a refugiarse dentro sin saber bien que hacer. Se lavó la cara con agua fría y eso le ayudó a despertarse, así mismo a sentirse un poco mejor del dolor de cabeza. ¿Qué demonios sucedió anoche Apolo? ¿Deberías desaparecer e irte sin más? cuestionamientos como esos pasaron dentro de su cabeza hasta que finalmente decidió salir a confrontar al hombre.

Al volver a la cocina vio que había dos tazas de café sobre la mesa y él tomó asiento sobre una silla, tomando una de aquellas tazas y dando un pequeño sorbo. -   Es un buen café  - atinó a decir mientras observaba al hombre. Aquellos pectorales, ese cuerpo tan bien fornido, si no tuvieron sexo entonces se arrepentía de no haberse insinuado. ¿O lo hizo? Sostuvo el café con ambas manos mientras se veía nuevamente la herida. -   Está bien, lo voy a decir. ¿Qué pasó anoche? Porque honestamente no recuerdo nada y me está volviendo loco. Es decir ¿hicimos algo? Se lo que pasó antes de llegar aquí y lo que comimos, poco más  - admitió finalmente, desahogándose. Se giró hasta el lugar de la vidriera donde no recordó lo que hizo con ella y luego a la pequeña mesa de la sala. - ¿Y esas flores? ¿Alguien más estuvo aquí? - vio que aunque eran blancas estaban cubiertas con algunas manchas de sangre, posiblemente su propia sangre. - Tal vez debería irme, debes estar molesto de que durmiese en tu cama - sabía él que si la cosa fuese al revés lo estaría, sobre todo si la persona invitada no iba a mantener alguna clase de intimidad con el rubio.
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Invitado el Lun Mayo 25, 2015 9:13 pm

Hacer café y recoger la estancia me ayudó a aliviar mi dolor de cabeza, pero no a recordar más cosas que las que ya habían acudido a mi cabeza. Sabía que alguna de las cosas que recordaba no podían ser verdad, como la cara de mi hermano pudriéndose en la oscuridad. La única manera de ver alguien con ese aspecto sin que fuese maquillaje era transformarlo en un inferi y los inferi no hablaban. Yo recordaba aquella cara y un sentimiento de angustia y pena me invadían, pero sabía que la noche interior no me había encontrado con mi hermano, no al menos literalmente. No creía en la vida después de la muerte, así que era imposible. La mujer que recordaba era otro tema, ella si podía ser real...quizás las flores que había en la mesa habían sido para ella, pero si así era, por qué no estaba todavía allí? Había muchas lagunas en mi memoria y sin embargo, otros puntos estaban muy claros. Como que Apolo había roto el cristal de mi bodega, aunque ya había dejado de importarme.

El flujo de mis pensamientos se vio interrumpido por la otra persona que estaba en mi apartamento. Mientras fregaba las copas de la noche anterior, un ruido inesperado y la voz de Apolo me sorprendieron. Me preguntó por el cuarto de baño y asentí con la cabeza señalandole con una mano donde estaba la habitación que buscaba. El rubio volvió a desaparecer tras una puerta y, tras dejar las copas impecables, saqué dos tazas de una de las alacenas y las llené generosamente de café negro una vez este estuvo molido y preparado para tomar. Puse una sobre la mesa y la otra la mantuve en mis manos, recreandome con el calor que desprendía mientras esperaba al hombre apoyado una vez más en la encimera.

Al salir del baño, Apolo se sentó en la mesa, delante de donde yo estaba y tomó la taza de café, dándole un sorvo y interpretando que era para él. Obviamente estaba en lo cierto, pero tenía la función de distraerlo para que yo lo pudiera observar mejor. Hizo un comentario sobre el café y volví a asentir con la cabeza sin decir palabra. Mi mirada viajaba por la imagen del rubio buscando todo tipo de detalles que me ayudasen a recordar aunque fuese un mínimo detalle. Mis ojos se pararon en su mano, cuyas vendas estaban ya sucias y probablemente necesitaban un cambio. No hice nada al respecto, primero debíamos hablar, con un poco de suerte el recordaría más cosas que yo, pero mi orgullo me impedía preguntar primero. Tras unos minutos de silencio en los que ambos bebimos café mientras nos escrutábamos el uno al otro, fue Apolo el que rompió la tensión, dando el brazo a torcer preguntando por lo que había pasado la noche anterior. Escuché sus palabras y sus preguntas manteniendo mi silencio y mi mirada misteriosa habitual. No había trazas de ningún tipo de sonrisa en mi rostro pero no dije nada hasta que insinuó que debería irse. Yo no estaba dispuesto a dejarlo irse hasta reconstruir todos los hechos.- Me preocupa más descubrir lo que pasó ayer que que durmieses o no en mi cama.- dije con tranquilidad y voz grave- Además no creo que pasase nada extraordinario en el dormitorio, sobre todo en comparación con lo que puede haber pasado aquí- dije abarcando la habitación en la que estábamos con un gesto de los brazos y mirándolo directamente a los ojos.- Cuando me levanté, el cristal de la bodega estaba hecho añicos, había dos copas sobre la mesa y restos de sangre en la alfombra. Me inclino a pensar, por el aspecto de tu mano, que en algún punto de la noche, rompiste el cristal, dejando tu sangre regada por el suelo y luego...yo te la debí vendar porque dudo que tu solo encontrases las vendas. Ya has visto como es mi cuarto de baño, parece no tener muebles de almacenaje.- dije con tranquilidad.- Recuerdo a una mujer, quizás las flores eran para ella, pero las manchas de sangre y que no hay nadie más aquí me hacen pensar que son cosa tuya- dije con simpleza y espíritu crítico- Tu recuerdas algo?- pregunté justo antes de darle otro sorvo al café que paso caliente por mi garganta y reconfortando poco a poco mi cuerpo. Nada mejor que un buen café negro para curarse de una noche de la cual no recuerdas nada.

Miré a Apolo esperando su respuesta, le había dado todos los detalles que se me ocurrían sobre lo que había deducido, salvo la aparición de mi hermano. No sabía cuanto sabía él al respecto y tampoco quería desvelar más datos de los necesarios. Al parecer, si la noche anterior lo había hecho, mi secreto estaba a salvo pues Apolo no parecía recordar mucho más que yo. De cualquier modo, si había dicho algo que no debía, quería saberlo.
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