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An unusual yet interesting afternoon [Jason Allen]

Apolo Masbecth el Mar Dic 09, 2014 2:14 am

Recuerdo del primer mensaje :

- Si, Abi, ¡Qué sí! ¡Ahí nos vemos! - fueron las últimas palabras que el castaño le dijo a su mejor amiga el día anterior. Quedaron de ir a Londres a comer y a pasar el día pues al parecer tenía un poco de tiempo libre la mujer y el mortífago estaba de vacaciones auto otorgadas. El hombre no gustaba de visitar el mundo muggle, lo hacía de vez en cuando pero no era como le gustaba pasar el tiempo, sin embargo la cita era en ese lugar y no pudo decidir lo contrario. Se enfundó en una camiseta color blanco, un cárdigan azul, pantalones color caqui y unas botas marrones. Lo adecuado para pasar desapercibido en aquel sitio. Tomó su varita, la ocultó en sus pantalones y salió de la mansión rumbo a Londres.

Al llegar a la ciudad lo primero que se dio cuenta era de lo ajetreado de esta. Lo odiaba, él estaba acostumbrado a estar solo con sus dragones en las montañas o sitios alejados de la civilización y el contraste era abismal en esos momentos. Rápidamente encontró la pequeña cafetería a la que se suponía que estaría su amiga. Observó el gran reloj de la pared y se dio cuenta que eran las dos y treinta de la tarde. Había llegado justo a tiempo. Ordenó un capuchino a la camarera y esperó pacientemente por ella, siempre tenía mala fama de impuntual, pero pasó media hora, una hora y finalmente eran las cuatro. Llevaba ya dos capuchinos y estaba desesperado. Su amiga trabajaba directamente con el ministro de magia por lo que era factible que ella se ocupará con algunos asuntos de trabajo. Se levantó, pagó la cuenta y salió de la cafetería algo molesto por haberle hecho perder la tarde.

El pequeño callejón estaba lleno de tiendas y optó por mirar en las vitrinas por algo que llamara su atención pero no era así. Al dar vuelta rumbo a una de las avenidas principales pensó en desaparecer en un sitio sin gente, pero eso ahí era imposible. Al llegar a la vitrina de una tienda de ropa se percató de que había un hombre de espaldas a él, lo primero que le vio fue el trasero. Porque siendo sinceros es lo primero que Apolo veía en los chicos. Decidió pasar de manera sigilosa por un lado para ver también su rostro y decidir si convenía hablarle siquiera. Su sorpresa fue que conocía a aquel hombre, lo había visto antes !y en las filas del Señor Tenebroso!

- ¡Hey! Yo te conozco. Allen... ¿Cierto? - su rostro le dedicó media sonrisa y estiró su mano para estrechar la otra esperando que le reconociera. - Soy Masbecth, por si no lo recuerdas, ya sabes, tenemos el mismo jefe - dijo en forma clave sin querer revelar más, él ya sabría a lo que se estaba refiriendo. - ¿Esperas a alguien? Porque si no, me gustaría invitarte a tomar algo, a mí me han dejado plantado - habló sin más, él era directo y tenía el resto de la tarde libre y aquel hombre era uno de los suyos, además de guapo.
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Apolo Masbecth el Mar Jun 02, 2015 12:58 am

El silencio en aquella habitación era tan tenso que en algún punto Apolo sintió que se asfixiaba, necesitaba romper aquel silencio y decir algo, por más estúpido que fuese. Dio entonces un cumplido sobre el café que se estaba bebiendo para comenzar a tantear el terreno y saber cómo plantear la situación. Pero el otro hombre no le ponía las cosas fácil, pues tampoco hablaba. Finalmente soltó la lengua. Habló sobre cómo no recordaba nada  e inclusive preguntó al moreno si él lo hacía, solo para asegurarse de que alguien sabía algo. Bebió otro poco de aquel café, estaba demasiado caliente e inclusive se quemó un poco la lengua lo que hizo que se le adormeciera en aquella zona. Su estómago estaba rugiendo, necesitaba algo más que cafeína para comenzar el día o la tarde, dadas las circunstancias pero no quiso molestar al hombre con aquello. Ya lo haría cuando se fuera porque planeaba irse pero al parecer Jason no lo iba a permitir, no sin conocer más detalles de lo que sucedió la noche anterior.

Tragó saliva cuando su anfitrión mencionó que no pasó nada en el dormitorio, él ya lo sospechaba, pero cuando habló sobre la vidriera rota se sintió apenado. Esa era la razón por la cual su mano estaba vendada y ensangrentada. Pero él no lo recordaba con claridad. Luego vino el asunto de las flores, y la sangre y que lo culpaba nuevamente. - Me haré cargo de los daños, lo lamento - atinó a decir algo serio mientras observaba al hombre. - Me gustaría decir que si recuerdo algo pero estaría mintiendo, estoy igual que tú, a ciegas - bufó mientras dejaba la taza con el café humeante sobre la mesa.

- Eres inefable, tu trabajo es hacer que las personas olviden las cosas - comenzó a decir - no estoy diciendo que hayas sido responsable, pero si puedes hacer que las olviden seguro conoces alguna alternativa para poder recordar cosas, ¿o me equivoco? Si es así podrías utilizarlo y así resolver nuestras dudas. Aunque debemos ser conscientes de que a veces es mejor no saber las cosas y vivir felices en la ignorancia - comentó a forma de broma, ¿qué era lo peor que podría pasar? ¿Matar a alguien? Lo habían hecho, eso si lo recordaba porque fue anterior a cuando se drogaron.

-   Oh, espera, tengo justo lo que necesitamos - se levantó del asiento al venir a su mente una idea para solucionar su dilema. Sacó entonces su varita del bolsillo y lanzó un conjuro al aire, una brisa suave les pegó de lleno en el rostro y entonces Apolo poco a poco comenzó a reconstruir en su mente lo ocurrido la noche anterior, enterándose del baile con el otro hombre, el golpe en la vidriera, la sangre, los llantos, los besos y las caricias por parte del rubio. Las imágenes visuales eran tan reales que aquello tendría que ser verdad, terminó por caer de culo sobre la silla y abriendo los ojos bastante sorprendido y algo apenado por lo que confesó, no tanto por lo que él otro dijo. - Así que eso fue - atinó a decir mirando a su compañero y luego a otro lado de la cocina, algo avergonzado.
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Invitado el Dom Jun 21, 2015 11:08 pm

Yo siempre era partidario de probar cosas nuevas. No iba conmigo eso de controlarse y no perder el control cuando de fiestas se trataba, pero conocía los riesgos y sabía que en general yo no olvidaba nada. Me había entrenado a mi mismo para ello, para a pesar de descontrolarme y relajarme un poco, saber lo que hacía. Supongo que de ese modo nunca llegaba a descontrolarme del todo, pero había ciertos aspectos de mi que prefería tener siempre bien atados. En situaciones como la que estaba viviendo en ese momento, me ponía tenso el pensar que mi cortina de confort conmigo mismo podía haberse apartado para dejar ver una parte de mi que no quería conocer. Yo no recordaba casi nada, pero no tardé en descubrir que Apolo estaba en la misma situación que yo. Eso era un alivio por una parte, pues significaba que mis posibles secretos desvelados estaban a salvo, pero al mismo tiempo hacia que estuviera más tenso ante la incertidumbre de que en cualquier momento y gracias a cualquier método podíamos recordar lo que había pasado.

- No hay desperfectos ya- dije a mi acompañante señalando la vidriera. La magia hacia las cosas mucho más fáciles en momentos como ese. Algo en mi estaba interesado en el estado de su mano, pero desde mi posición que pretendía ser alejada y fria, no iba a preguntarle. Escuché como me sugería buscar algún método para recuperar la memoria e incliné ligeramente la cabeza hacia un lado. Mis músculos se tensaron ligeramente ante la idea, pero me limité a escuchar y observarlo hablaba del tema hasta en contrar una situación.

Finalmente, y sin esperar una respuesta por mi parte, sacó su varita y lanzó un hechizo al aire. Algo similar a una ráfaga de viento me dio en la cara. Era agradable, pero conocía ese hechizo y sabía lo que suponía. Mi mente se reinició en décimas de segundo y se colmó de recuerdos que antes no estaban allí. Así descubrí como mi suposición sobre la bodega era cierta, pero también otras cosas que no necesitaba saber, como que había bailado con el otro hombre o le había contado lo que sentía sobre la muerte de mi hermano. De nuevo, la imagen de su cadáver tal y como lo había visto la noche anterior acudió a mi mente, pero ahora tenía todavía más claro que se había tratado de una alucinación, si es que aun me quedaba alguna duda de ello. También recordé el por qué de las flores, que había sido un hechizo fallido. Sonreí sutilmente ante la gracia que me hacia mi comportamiento estando drogado. Recordarlo sobrio lo hacia todo mucho más patético y triste, pero tenía sus momentos.

Pensándolo friamente, no me gustaba que Apolo supiera lo que yo le había contado, pero su cara al darse cuenta, probablemente, de lo que él me había contado a mi, me hizo suponer que le parecía eso mucho más importante que lo mio. Al fin y al cabo, como me sentía acerca del asesinato de mi hermano era algo muy normal y común. Humano. Sus consecuencias eran lo que era un secreto. Sonreí por primera vez desde que me había despertado- Parece que hemos llevado nuestra relación al siguiente nivel muy rápidamente- dije en broma- Me alegro de haber tirado lo que sobró, un viaje así no se lo recomiendo a nadie- dije con tranquilidad.

Dentro de todo el panorama, me preocupaba más lo que pudiese haberle contado que las posibles represalias por haberlo drogado. No conocía muy bien a Apolo, pero no parecía ser de esas personas que viven con un palo en el culo en cuanto a probar cosas nuevas se refiere. Esperaría a su reacción para actuar, me disculparía si era necesario aunque lo dudaba. Ahora los dos teníamos algo que usar contra el otro y eso podía acabar de dos maneras, con otro cadáver o con el inicio de una buena amistad.

- Una lástima que no nos hubiesemos conocido en la universidad. Quizás los besos hubiesen tenido otro recibimiento- dije guiñándole un ojo con cierta coquetería antes de darle el último sorvo a mi café.- Quieres comer algo o más café?.- Pregunté con amabilidad.

En otras circunstancias me habría dado igual si esto hubiese acabado en cadáver, pero era una lata tener que matar a un supuesto aliado estando de resaca.
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Apolo Masbecth el Vie Jun 26, 2015 12:32 am

- ¿Tú crees? - volvió a mirarlo por segunda vez desde que recordaron la memoria gracias a su hechizo. Comenzó a reír, ¿Qué más pudo hacer en ese caso? Tomarse las cosas con humor normalmente ayuda a aligerar la situación y eso es lo que el rubio hizo. - Creo que matar a alguien en conjunto, desde ahí ya los une un lazo especial - recordó al muggle que asesinaron la noche anterior no sin antes torturarlo. Estiró la mano a la taza de café y bebió un poco más, intentando no quemarse la lengua. - Es la primera vez que consumo drogas de ese tipo, ganas no me han quedado - confesó, mucho menos sabiendo que su hermano mayor tenía un negocio y lucraba con esas cosas, tal vez por eso nunca recordaba nada, de igual forma eso no logró que Apolo sintiera lástima o empatía por su hermano, no en esos momentos.

- ¿En serio? ¿Cómo le dices eso a un homosexual, cuando tiene frente a él un hombre que se cae de bueno, mostrando los pectorales y no esperar una reacción involuntaria a cambio? Bastardo - bufó, pero luego sonrió, supo que era una broma pero de igual forma el rubio odiaba la idea de que podía ver pero no tocar, tomando en cuenta que él lo que le gusta lo toma y este no pareció ser uno de esos casos.

- No me has echado de tu casa a pesar de lo que ambos sabemos. Es buena señal - le sonrió jugando con sus dedos sobre la taza vacía, sintiendo como su temperatura disminuía al no tener líquido dentro.  - La verdad es que tengo mucha hambre, si realmente quieres que me quede a comer lo acepto con gusto. Así puedo admirar la obra de arte viviente que tengo frente a mí - le guiño el ojo de la misma forma que el moreno hizo minutos antes.

- Sobre lo que pasó anoche… - habló con seriedad levantándose de su asiento y acercándose hasta él y sin poder evitarlo marcó un camino con la yema de un dedo por todo su abdomen sintiendo cada músculo y lo duro que estaba - no tienes de que preocuparte, se irá a la tumba conmigo. Incluso puedo hacer un juramento inquebrantable para constatarlo - sonrió y fue a servirse más café. Quizá se pasó de la raya con ese gesto y terminaría echándolo finalmente, pero no lo pudo evitar. - ¿Qué me vas a cocinar? - preguntó recargándose sobre la encimera y sin dejar de ver el torso desnudo de aquel hombre. Exhaló pesadamente, debía quitarse esa idea de la cabeza porque no sucedería.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Lun Jun 29, 2015 10:24 pm

Reí ligeralmente y asentí con la cabeza cuando mencionó al hombre que habíamos matado la noche anterior. Sin duda, en lo poco que llevábamos juntos, Apolo y yo ya sabíamos bastante el uno del otro como para que lo ya me plantease muy seriamente considerarlo alguien cercano a mi. Uno no se siente cómodo matando a una persona en compañia y luego drogándose todo los días.- No me sorprende- dije con sinceridad cuando comentó que no le habían quedado ganas de probar de nuevo drogas como el polvo de unicornio- Yo no creo que repita.- dije sin aportar más detalles sobre mis costumbres, aunque llegados a este punto no creo que que Apolo supiera mis hábitos fiesteros fuese a cambiar mucho las cosas.

Volví a reir cuando me insultó y lo interpreté como una señal de confianza.- Que le voy a hacer? Me encanta tentar a la gente- dije con más verdad en mis palabras de la que se podía esperar. Me gustaba como Apolo me miraba, supongo que era algo cruel por mi parte pero no me preocupaba demasiado. Sus adulaciones me daban seguridad y tenía casi por seguro que el no necesitaba que lo adularan para subirle la autoestima.

Asentí con la cabeza y una sonrisa cuando aceptó mi invitación a comer. Vi como apuraba lo que quedaba de su taza de café y como me guiñaba un ojo. Ya no se cortaba como había hecho el día anterior, lo que implicaba que las circunstancias habían cambiado de una manera rotunda. Sonreí y lo miré cautivador- Me pongo una camiseta si lo prefieres- dije con honestidad y diligencia abarcando con el brazo la habitación y señalando al final la habitación de una manera inconsciente. Me convenía tenerlo contento, supusiese eso dejarle verme sin camiseta o tener que ponerme una. El precio me parecía bajo de cualquiera de las dos maneras. Sin embargo, cuando se levantó, avanzando hacia donde yo estaba para servirse más café y habló sobre lo que había pasado, mi sonrisa se borró un poco y mis ojos azules se clavaron en los suyos mientras pronunciaba las palabras, escrutándolo. Momentos antes, había pasado su dedo por mi pecho desnudo sin que me pareciese ya un gesto inapropiado o fuera de lugar. Un mal viaje a veces te da eso: Una desmesurada confianza- No será necesario- dije recuperando la sonrisa. Quizás Apolo no era consciente de la carga que llevaba ahora sobre los hombros, era el único hombre vivo que había experimentado un mal viaje a mi lado. Eso conllevaba que ahora cargaba con el peso de una gran confianza más o menos ciega por mi parte.

Se apoyó en la encimera de la cocina mientras bebía la segunda taza de café y me observaba. Su pregunta me dejó pensativo, pero no tardó en ocurrirseme una idea- Te gusta el pollo?- pregunté mirandolo directamente a los ojos, por costumbre.- Estaba pensando en que me apetece pollo a la miel con guarnición de patatas, como te suena eso?- dije esperando su respuesta. Eso era lo que más a mano tenía y realmente me salía bien, pero si prefería otra cosa igual podía arreglármelas para no cocinar y pedir algo a domicilio. Tampoco le haría ascos a una buena hamburguesa.
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Apolo Masbecth el Vie Jul 03, 2015 1:22 am

Por supuesto que al hombre sin camisa que llevaba frente a él le gustaba tentar gente, Apolo lo supo la noche anterior, por un momento pensó en irse, para no seguir sufriendo. Porque si, el rubio estaba sufriendo porque el heterosexual solo lo provocaba pero al final nada. Sin embargo, pese a su cero dignidad que demostró tener en esos momentos decidió lo contrario, quedarse ya que el hombre tan amablemente (quien seguía semidesnudo) le ofreció quedarse a comer, comida preparada por él. No pudo resistirse a eso, estarlo observando en la cocina mientras él babea en un rincón del lugar. - ¡NO! - gritó, sumamente preocupado porque se pusiera una camiseta. - Es decir, si así estás cómodo… - fingió corregir su desesperada respuesta, luego sonrió.

Agradeció que su sugerencia sobre hacer el juramento inquebrantable no fuera tomada muy en serio y fue rechazada, eso fue un alivio. Continuó bebiendo la segunda taza de café, necesitaba algo en el estómago sino quería sentirme mal durante el día. - Suena delicioso, sí, eso quiero  - comentó sonriendo - si necesitas asistencia te puedo ayudar - comentó dejando la taza de café sobre la encimera mientras comenzó a abrir los cajones de la cocina como si esa fuera su casa Encontró un par de sartenes y los sacó colocándolos sobre la estufa, luego busco algunas patatas y se puso a lavarlas, no le dejaría hacer todo el trabajo.

- Al vivir solo durante ciertos periodos de tiempo tienes que aprender a cocinar o morir de hambre, tengo demasiado orgullo como para pedir a mis compañeros de trabajo que cocinen algo para mí - dijo mientras abría la llave y lavaba las patatas, siempre se valió por sí mismo una vez se independizó, aunque seguía viviendo en la mansión cuando no estaba trabajando, la mayor parte del tiempo vivía fuera de Londres.

- ¿Desde cuándo te independizaste? - le hizo una pregunta de rutina, pero si ya compartían un secreto bien podían conocerse un poco más y convertirse en amigos. Además necesitaba distraerse con otras cosas para dejar de verle el culo, el cual veía de forma descarada cada vez que podía, llegando a morderse el labio en más de una ocasión.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Lun Jul 06, 2015 11:55 pm

Reí abiertamente ante su repentina y elevada respuesta a la pregunta de si yo debía o no ponerme una camiseta. Intentó arreglarlo más tarde, pero su negación ya había hecho mella en mi - Me quedo así, pues- dije con comodidad metiendo una de mis manos en un bolsillo del pantalón corto que llevaba por pura comodidad. En mi casa me gustaba estar con la menor ropa posible. Era uno de los pocos lugares donde me sentía realmente libre y quería sentirlo así de todos los modos posibles. La ropa no era incómoda ni nada así, pero no era ni de lejos tan cómoda como andar desnudo, sobre todo porque a mis amigos colgantes de vez en cuando les gustaba librarse de la cárcel que para ellos constituían los boxers y los pantalones.

Tras invitarlo a comer y sugerirle lo que a mi me apetecía, Apolo aceptó y como si estuviera en su casa se puso a rebuscar por mis armarios, no tardando demasiado en encontrar todo lo que necesitaba. Sonreí quieto en el sitio mientras lo observaba por unos momentos. Mi plan había sido cocinar yo y tenerlo a él como un invitado pasivo, pero no parecía del tipo de persona que dejase que los demás hiciesen las cosas por él. En cualquier caso, estaba en mi casa, lo dejaría participar, pero había ciertas cosas que prefería hacer yo. Por pura manía.

Me acerqué a él con una sonrisa y mientras colocaba las sartenes yo retiré nuestras tazas de café y las metí en el lavabajillas. No es que no se me diesen bien los conjuros domésticos, es que me gustaba que otro mecanismo hiciese las cosas por mi. Me resultaba fascinante como aquellos electrodomésticos muggles estaban construidos y todo el ingenio que habían supuesto. No tenía un especial amor por los muggles ni nada así, pero yo aprovechaba todo aquello que fuese interesante y cayese en mis manos.

- No me sorprende en absoluto- dije con una sonrisa cuando habló- Debo reconocer que en un día como hoy agradezco la ayuda. Me duele reconocerlo, pero aun no me siento al 100%- dije a modo confesión. Había sido un poco exagerado ya que quizás no estaba de humor para hacer una redada de todo un edificio, pero el pollo no sería un problema para mi. Simplemente era mi sutil forma de agradecer su ayuda- Encárgate tú de las patatas y lo mio será el pollo, te parece?- dije con una sonrisa cautivadora y guiñándole un ojo.

Me giré hacia la nevera y allí me esperaba un pollo entero. El animal muerto descansaba, ya sin cabeza, sobre una bandeja de porexpan blanca, envuelto por un plástico transparente que lo mantenía envasado al vacío. Lo retiré del refrigerador y le retiré rápidamente el plástico transparente- Me fui de casa de mis padres a los 17 años, cuando entre en la universidad- conté mientras continuaba con mi operación- No me importaba vivir con ellos, era como no hacerlo porque no estaban mucho en casa, pero ellos consideraron que ya era hora de que me buscase mi propia vida y yo estuve de acuerdo. Ellos pagaron mis estudios pero lo demás corría a mi cuenta- comenté- Qué me dices de ti? Se comenta que tu familia vive bastante bien- dije con una sonrisa. Sólo había oído rumores, los típicos que corren en círculos cerrados de magos cuando creen que todas las personas que escuchan son de confianza. Era sorprendente la cantidad de esos rumores que eran ciertos.- Bueno, también se comenta que sois muchísimos- dije volviendo a tirar de mi reserva de habladurías almacenadas.

Coloqué el pollo, ya libre de su envase en una bandeja de metal y le eché un chorro de aceite. Me dirigí a una de las alacenas próximas y extraje de ella una cebolla entera y varios botes pequeños con especias, además de una pequeña botella con un líquido dorado y espeso dentro. Cogí un cuchillo y una cerilla, y tras meterme la cerilla entre los dientes, comencé a pelar la cebolla y a cortarla en rodajas para ponerla en la bandeja.
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Apolo Masbecth el Jue Jul 09, 2015 11:19 pm

Sonrió, divertido por que el anfitrión decidió que se quedaba sin camiseta en la cocina, aquello representaba un riesgo importante al estar en un lugar de trabajo como ese, podría sufrir quemaduras u otro tipo de lesiones en la piel descubierta pero no le importó, el rubio solo quiso admirar aquel cuerpo de Adonis que llevaba frente a él. Comenzó a sentirse como en casa buscando y sacando cosas de los anaqueles y demás, lo que fuese necesario para ayudar a preparar el platillo sugerido por el moreno. Apolo tenía cierta experiencia en la cocina pero no demasiada, sin embargo reconoció el nombre de esa comida cuando la escuchó, alguna vez la hizo para él y sus compañeros de trabajo y parecieron disfrutar pues le elogiaron la cena, así que esperaba recordar aun por si Jason necesitaba que le echaran una mano o cualquier otra cosa.

Lo vio manejarse en la cocina con maestría, algo lógico teniendo en cuenta que se trataba de su casa y debía conocerla a la perfección, en cambio el rubio batalló para encontrar las cosas, pero una vez localizó las papas y unas cebollas se puso a lavarlas, las dejo sobre un cuenco mientras con un cuchillo comenzó a pelarlas para apresurar el proceso. - Si, de acuerdo cariño - enfatizó el cariño de forma divertida mientras él otro le dio órdenes sobre la distribución del almuerzo. Entonces se le vino a la mente que debía encender el horno, así que le quitó la cerilla de la boca, si, eso fue demasiado sensual según las palabras del rubio y se agachó para encender el horno, logrando descifrarlo rápidamente y lo dejo precalentarse mientras continuó con las papas y la cebolla cortándolas en trozos grandes.

Sintió que sudaba, quizá por el calor que emanaba de la estufa, quiso liberarse de la camiseta pero no le pareció buena idea, además no causaría el mismo efecto que el suyo al ver al moreno. - Si, en efecto, tenemos la fortuna, literal, podemos vivir tranquilamente por el resto de nuestras vidas, y los descendientes, pero trato de ser independiente, solo que mi familia es muy unida y la pone difícil - comentó mientras esparcía las papas sobre una gran charola de acero e hizo lo mismo con las cebollas, poniendo un poco de aceite de oliva y mantequilla en ellas, además de algo de especias que había en un frasquito. - Trato de ganar mi propio dinero, pagar mis propias cuentas con dinero ganado por mi, pero aun vivo con ellos cuando estoy en Londres y si, somos cinco hermanos en total - sonrió, aunque si por su familia fuera solo serían cuatro, sin contar al mayor que tanto ama odiar.

Tomó la charola con una mano mientras con la otra abrió el horno y la deposito dentro, calculando el tiempo requerido por un reloj de manecillas que estaba sobre la pared, se recargó entonces en la barra a un lado de Jason pero sin invadir su espacio de trabajo. Casi estiró la mano para tocar aquellos músculos que flexionaba con cada corte del pollo, tragó saliva obligándose a pensar en otra cosa. - Si quieres puedes responder o no, pero, ¿qué te orilló a unirte a los mortífagos? Siempre es un tema interesante conocerlo  - llevó su mano sobre la barbilla y la acarició sin dejar de observar al hombre, las papas ya comenzaban a oler delicioso.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Miér Jul 22, 2015 11:06 pm

Aquella escena podía perfectamente ser el principio de una película porno homosexual, y sin embargo, nada más lejos de la realidad para mi. El momento de las esperanzas había pasado y ahora todas las cartas estaban sobre la mesa, en cambio, no podía dejar de ver como algo divertido el hecho de que todo aquello pareciese una escena en la que dos hombres empiezan a cocinar y terminan follando sobre el mármol de la encimera.

Apolo se desenvolvía bastante bien en la cocina y no tuve que darle a penas ninguna indicación para que encontrase todo lo que necesitaba mientras yo desmenuzaba al animal y el preparaba lo demás. Sonreí divertido cuando aceptó mi sugerencia de la repartición de tareas llamándome cariño. Cuando terminó con las patatas y las cebollas, sacó la cerilla que yo tenía en la boca de entre mis dientes, que salió y cayó en sus manos obedientemente y encendió el horno de leña. Ese era uno de los elementos que no pegaban en mi cocina, que por lo demás era moderna. Pero siempre me había gustado como sabía la comida hecha en horno de leña, el calor lento la hacía más sabrosa. A pesar de todo, lo tenía bien camuflado para que no llamase la atención dentro de todo el acero inoxidable que había en la estancia. La chimenea con campana extractora no tardó en empezar a hacer ruido en cuanto Apolo encendió el horno.

Mientras continuaba con mi tarea, le conté la increiblemente simple historia de como me había ido de casa. No era una gran historia, pero estaba convencido de que mi vida no se caracterizaba por ese tipo de grandes historias. Mi vida siempre había sido fácil y no me quejaba, me alegraba de que hubiese sido así a pesar de no tener anécdotas que contar al respecto. No hice alusión a lo que hacía aquellos días para ganar mi propio dinero porque no me pareció propio ni pertinente, pero tenía que reconocer que había sido una época divertida en la que me había lucrado de las ganas de fiestas de los universitarios. Jamás había traficado con nada ni cosas así, pero mis fiestas eran las mejores, la gente lo sabía, y por eso estaban dispuestos a pagar por entrar en ellas. Me gané una reputación de la nada y eso me trajo una cantidad de ganancias considerables que me daba para vivir estupendamente. Cuando entré en el Ministerio, de los primeros de mi promoción, dejé esa vida porque ya no era necesaria para mi, pero aun así recordaba aquella época con cierto cariño.

Terminé de trocear el pollo mientras le preguntaba por su familia- Suena bien- dije con tranquilidad mientras empezaba a condimentar al animal. No me imaginaba la vida con 4 hermanos, uno había sido suficiente para mi, y me había hecho una persona independiente que me gustaba ser. No lograba imaginarme a mi mismo en grandes reuniones familiares.- Aunque me imaginaba algo mucho más numeroso.- dije con una sonrisa como mentiéndome con él.

Añadí orégano, pimienta negra y distintas hierbas al animal mientras él metía la bandeja en el horno una vez este estaba ya caliente. Saqué un pincelito de cocina y, tras echar un chorro del líquido dorado del bote sobre la carne, comencé a "pintarlo" con el pincel. Fue entonces cuando llegó esa pregunta que siempre me ponía tenso por dentro pues era la que escondía mi mayor verdad, esa que nunca revelaba. Cuando tienes un secreto así puedes tomar dos caminos, uno es mentirle a todo el mundo y soltarle a cada uno un a elaborada mentira diferente para que al final acaben dándose cuenta de que no quieres contarselo a nadie, o bien, decirles a todos la misma mentira elaborada y resabida que tiene los matices justos de verdad para que todo el mundo se lo crea. Yo hacia tiempo que había tomado la decisión de que dirección tomar en ese aspecto, y era la segunda, para no dar lugar a equivocos. Aun así, y a pesar de que no se notase, me ponía tenso cuando me preguntaban.- Claro que te respondo- dije con una sonrisa pero sin mirarlo mientras le daba pinceladas a nuestra futura comida.- Cuando estaba en Hogwarts había un grupo de chicos que ya seguían las ideas del Señor Tenebroso. Yo no era amigo suyo, pero siempre he tenido una cualidad asombrosa para enterarme, de una manera u otra, de todo lo que pasa a mi alrededor. Yo no era amigo de esos chicos, de hecho, eran mayores que yo, pero cuando salí del castillo vi que las ideas que tenían quizás no eran tan descabelladas. Vi a magos haciendo más desgracias que milagros con su magia y simplemente no me parecían dignos, ya sabes, tenían un regalo que parecían estar desperdiciando en su incompentencia, que parecía que hasta no les pertenecía. Y luego vi lo que "los buenos" eran capaz de hacerle a los que no compartían sus ideas, no sé si me explico. Y empecé a plantearme que quizás lo buenos no eran tan buenos y los malos solo eran la conclusión de las circunstancias. Cuando me reuní con el Señor Tenebroso, me lo dejó tan claro, que no pude más que unirme a sus filas- dije con tranquilidad y fingiendo un deje de orgullo en la voz.

Verdaderamente, no era algo de lo que estuviese orgulloso y era una verdad a medias. Yo siempre había entendido todas las ideas, y las había compartido más o menos, pero cuando mataron a mi hermano, no me hicieron falta ideologías para apuntarme corriendo al bando contrario. Si podían matar a alguien tan bueno como él, es que algo fallaba.- Y tú? Cual es tu historia?- dije tras meter el pollo ya condimentado en la misma bandeja que él había usado y cerrar el horno para dejar que se hiciese con calma. Lo miré con una sonrisa mientras esperaba que me contase como había recibido él "la llamada"
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