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Sweet dreams... ON CHRISTMAS [Fly Chadous]

Drake Ulrich el Vie Dic 12, 2014 2:41 pm

Tener a mi madre aquí ERA UN INFIERNO. Al parecer mi hermano había cogido todo el mes libre de Diciembre, por lo que no dudaron en venir a Londres a darme una sorpresa y a quedarse conmigo durante todo ese tiempo. Yo tenía pensado ir para Italia por navidad para visitarles, pero al parecer ellos decidieron ARRUINAR mis vacaciones. Y aquí los tengo, viviendo la mayor parte del tiempo en mi casa… ¿Mi hermano? ¡Encantado! Vivo con dos preciosas mujeres con las que poder flirtear. ¿Mi madre? ¡Encantada! Le encanta Katerina y no para de tirarme directas indirectas de que sería muy buena madre de mis hijos y sobretodo buena nuera. Yo ya le tengo dicho que vuelvo a estar con Fly, pero mi madre es muy rencorosa y no se fia ni un pelo de Fly. Dice que estoy loco por volver con ella. Y yo le digo que sí, que estoy loco de amor. Es divertido porque ambos nos ponemos igual de dramáticos con estos temas y al final es imposible tomarnos en serio. Además, todos sabemos que Katerina es demasiado mujer para mí. Hasta mi madre. Esperaba que se diera cuenta pronto y dejase de comerme la bola con eso.

Para colmo, como si no tuviera suficiente con mi mono, con mis dos compañeras de piso, con mi novia bajita, con mi hermano y con MI MADRE… encima la vecina de la casa de al lado (esa que está buenísima, sí, porque por el otro lado hay una parejita de ancianos que son amor) se fue de viaje y me dejó su maldita cacatúa para que se la cuidara. No era la primera vez que me dejaba su cacatúa. UNA CACATÚA. Ese nombre no es alzar. Claro que no. CACA. Hace demasiada CACA. Encima se lleva mal con Poring y mi madre no la soporta. Una casa de locos, eso es en dónde vivo actualmente y durante todas las navidades: en una casa de locos.

Sabiendo el ambiente que hay, no creo que Fly quiera volver a pisar mi casa durante todas las navidades. ¿Con su cuñado, su suegra, un mono rebelde y una cacatúa cagona? ¡Já! Hasta Azkaban resulta más tentador.

Como necesitaba relajarme de tanto estrés familiar (porque todos sabemos que yo nunca tendré estrés laboral porque no hago nada en el trabajo), me tomé esa tarde libre. Y como estar solo me aburre, inconscientemente saqué el móvil del bolsillo y llamé a mi frutita del amor. A mi florecilla del desierto. A mi flor de pitiminí. A mi… Oc. Bale. Ya.

¿Flyyyyyyy? —canturreé cuando me cogió el teléfono. Era la madre—. ¡Hola señora Shadows! ¿Cómo está? Hac… —pero escuché a través del teléfono como pegaba un grito para llamar a su hija. Eficiente, oye. Antipática pero eficiente.

Comencé a caminar por las calles del Londres tranquilamente mirando a la nada mientras esperaba a que mi amorcito lindo se pusiera al teléfono. La echaba de menos, ¿se nota? Es que es más guay. Cuando una persona guay está lejos de ti más de tres días se nota, ¿sabes? No tardé en volver a escuchar una voz a través del teléfono. Era la madre, diciéndome que Fly estaba duchándose. ¡Qué limpia es esta mujer, oye!

¡Vale! ¿Podría dejarle un recado? —era una pregunta retórica en realidad, esperaba que no me cortase sin piedad— Dígale que estoy en la tienda “Dulces sueños” de la calle King Avenieu. ¡Gracias! —y acto seguido, escuché el sonido del teléfono colgar. Miré el teléfono con rencor. ¿Le habré hecho algo a esa señora en el pasado?

Continué caminando y tardé como cinco o diez minutos en llegar. Era Fly, tardaría veinte, media hora o quizás una hora en llegar, por lo que había elegido una tienda que me quedara “lejos” para amortizar el tiempo. Pero no, en realidad camino muy rápido. Cuando llegué, entré adentro —porque entrar hacia afuera es físicamente imposible, cojones—  y fui directo a la primera cama que encontré, tirándome de cabeza.

Sí, era una tienda de colchones de camas.

Y de sofás. Vamos, de mobiliarios PARA DORMIR. Era mi tienda favorita… es broma, en realidad no. Está en segundo puesto y nunca sabréis cual es la primera. No obstante, no había ido allí por simple capricho, sino porque la maldita cacatúa de los huevos de Satán había dejado mi colchón hecho mierda —literalmente— con sus heces y con su maldito pico. Además, ya era hora de cambiarlo. Supondría que Fly no tendría nada mejor que hacer que estar en su casa con su simpática madre, así que por eso la avisé. Además, ¿con quién voy a usar mi futura cama si no es con ella? Necesitaba opinión. Y luego de paso podríamos ir a algún sitio. Entre más tarde llegue a casa y más cansado estén todos, mejor.

La dependienta no tardó en venir.

Señor no puede quedarse dormido… —dijo amablemente.

Yo me levanté para que me viera la cara, pues reconocí su voz.

¡Drake! ¡Cuánto tiempo! —me saludó amistosamente, sentándose a mi lado para mantener una conversación. Era una buena amiga, o yo muy buen cliente— Hacía un montón que no te pasabas por aquí a probar los colchones. —se cruzó de piernas.


Última edición por Drake Ulrich el Lun Ene 05, 2015 2:41 am, editado 1 vez
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Fiona T. Shadows el Vie Dic 12, 2014 9:12 pm

Ese maravilloso momento del día en el que te levantas sin nada que hacer. En el que no tienes que ir al trabajo, no tienes planes. El único plan es no hacer nada. Que sí, que luego acabas aburrido de no hacer nada y de tocarte las pelotas a dos manos, pero en un principio suena como la idea más apasionante de la historia y que, después de trabajar durante toda la semana, no podría haber plan mejor. Pues así era el día de Fly, pero con una madre pesada que había decidido subir las persianas a voz en grito haciendo que Fly cubriera su cabeza con la almohada impidiendo que la luz golpeara su rostro. Porque los putos párpados son finos y por mucho que tengas los ojos cerrados, si alguien da la luz, la luz de da por culo. O sea, no literalmente, la luz no te toca el culo en ese sentido, pero sí que molesta.

- ¡Pero quieres dejarme dormir! – Gritó con las sábanas tapando todo su cuerpo y  con la almohada aún sobre su cabeza, lo cual hacía que su voz sonara mucho menos fuerte de lo que era el grito. -  ¿Cómo quieres dormir más? Llevas más de diez horas metida en la cama y no tienes intención de mover el culo, ¿O qué? Me parece perfecto que vuelvas a vivir con nosotros, pero si vives aquí, trabajas como todos. – Sin si quiera pensarlo se sentó sobre la cama y lanzó la almohada que tenía sobre la cabeza contra el cuerpo de su madre quien al parecer era una jugadora nata de Quidditch y atrapó la almohada al vuelo. - ¡Ya trabajo toda la semana, déjame dormir por un día! – Sí, era una conversación de besugas , que no de besugos, así que luchaban por quien gritaba más alto y quien acababa por tener la última palabra. – Sí, pero yo limpio, yo plancho, yo hago la comida, yo… - Antes de poder continuar la frase, un cojín salió disparado hacia su cara y esta vez no pudo frenarlo. - ¡Fiona! – Fly lanzó otro que sí fue interceptado por su madre, quien ahora apilaba dos cojines y una almohada en un pequeño sofá. – ¿Pero qué me estás contando? Si tienes un puto elfo doméstico que te hace todo y una varita. – El cojín salió esta vez contra la cara de Fly, haciendo que cayera hacia atrás y quedara tumbada en el colchón. – Mientras vivas bajo mi techo, cuidarás ese vocabulario barriobajero que tienes. – Y cerró la puerta.

Si, con dos cojones, dejando la persiana subida y a su hija tirada en la cama con un cojín sobre la cabeza. Fly lanzó el cojín hacia la puerta ya cerrada y salió de la cama con cara de pocos amigos mientras hacía burla a su madre. – Mientras vivas bajo mi techo blablablá. – Movió los labios sin decir nada y salió de la habitación con otro sonoro portazo. - ¿Cuántas veces voy a decirte que no des portazos? En una de estas tiras la casa. – Abrió la puerta y dio otro portazo aún más fuerte antes de salir corriendo en dirección al baño. Los golpes en la puerta no tardaron en aparecer. – Pero tú eres gilipollas, ¿En Noruega te comportabas como una puta niña malcriada? – Fly abrió la puerta con una sonrisa irónica de oreja a oreja. – Cuida ese vocabulario de barriobajera. – Pues si Fly decía muchas palabrotas, no era precisamente por haberlas aprendido fuera de su casa, ya que su madre era incluso peor que ella. Sí, eran iguales, y por eso en algunas ocasiones acababan tirándose cualquier objeto a la cabeza o pegándose gritos para luego comportarse como si nada.

A pesar de los gritos de su madre sobre lo mala hija que era como si no estuviera a un par de metros escuchando todo lo que decía llegaban hasta la ducha. Metió la cabeza en el agua y aún con esas, seguía oyendo a su madre, para que luego digan que las madres no son dramáticas. No, no. Seguro que antes de tener un hijo todas reciben un cursillo de “100 maneras de sacar de quicio a tus hijos”, “cómo tener una conversación con tu hijo y no dejarle decir nada”, “introducción a los guturales a la hora de regañar” y el infalible “a que voy yo y lo encuentro”. Grandes cursos para madres.

Una vez salió de la ducha acabó tirándose en la cama con la toalla mientras admiraba lo bonito que era el techo blanco. Super bonito, de estos que miras y luego te quedas dormido hasta que viene tu madre gritando OTRA VEZ. - ¿Qué dices? – Logró sentarse sobre la cama y con la cabeza ladeada miró a su madre sin entender qué gritaba. La mujer en lugar de seguir como un cavernícola sacado de un documental malo de la dos, se sentó en la cama y tomó la mano de su hija. – Ya sabía yo que eso de suspender la boda tan precipitadamente no podía ser porque te hubiera dado un punto. Que tú eres muy impulsiva, pero alguna neurona te queda viva todavía. – Fly siguió con cara de póker sin entender nada. Pero no tardó en entenderlo cuando la mano de su madre le dio un golpe en la sien. De estos que no duelen pero te descolocan haciendo que grites del susto. - ¡Pero qué haces! – Se levantó apartándose de su madre por miedo a otro posible golpe. - ¿Pero cuándo pensabas decirme que estabas otra vez con Drake? Ya sabía yo que estabas con alguien pero ¿Con él? Fly, por favor, ¿No tuviste suficiente con ocho años fuera que tienes que volver y acabar con el mismo chico? – Fly, que ahora andaba buscando ropa para salir de casa lo antes posible y librarse de una madre desequilibrada y menopáusica, giró sobre sus talones. – Me lo dice la que lleva con papá desde los dieciséis. – Siguió sacando la ropa como si tal cosa. - ¿No pensabas contármelo nunca? Deberías decirme que venga a cenar por navidad, cuando estabais juntos nunca le traías a casa cuando estábamos nosotros, ya es hora de que cambien las cosas. – Dejó la ropa sobre la cama y miró a su madre. – Mi novio, mi vida. Además de odiar ese tipo de cenas, odio la Navidad, no me hagas odiar todo más. Y ahora vete. – Su madre se levantó y salió por la puerta. Pasados pocos minutos entró de nuevo, mientras Fly acababa de colocarse decentemente el pelo. – Ah, me dijo que estaba en… No sé, en una tienda en King Avenieu que sonaba a dormir. Parecía más un motel que otra cosa. – Otro cojín salió disparado hacia la puerta. - ¿Y me lo dices ahora?

En menos de diez minutos ya estaba por la calle que su madre le había indicado, pero como no sabía donde narices estaba Drake, tardó más de la cuenta en dar con una tienda que cuadrara con la descripción del chico. No tardó en verle tirado en un colchón mientras hablaba con una chica, pero estaban tan preocupada de por qué era tan subnormal que había salido solo con una sudadera en pleno diciembre que ni les prestó caso cuando se dejó caer sobre la cama ignorando a los dos que parloteaban a un par de centímetros. – No sabía que fueras un puto indigente que necesita entrar a una tienda de colchones para dormir en una cama. – La chica se quedó con cara de no saber dónde se había metido y abrió la boca para hablar.

A ver, que sé que tienes un sueldo de mierda limpiando cacas de mono, pero creía que dinero para un colchón tenías. – Giró sobre sí misma y recogió la cabeza entre ambas manos mirando hacia las dos personas que antes hablaban tranquilamente. – Ah, olvidaba que te han desahuciado y ahora vives en el parque entre cartones y periódicos. ¿Al menos tienes dinero para ir a que te miren el herpes en los genitales?  Si necesitas dinero sabes que puedo prestártelo. – La chica aún con más cara de confusión se levantó mientras colocaba su ropa con cuidado. – Esto… Bueno, creo que necesitan ayuda en el pasillo tres. – Fly aguantó la risa hasta que perdió de vista a la chica y soltó una carcajada. – Ay, que divertido, ¿Podemos ir a otra tienda para que te humille?

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Drake Ulrich el Dom Dic 14, 2014 11:43 pm

Estaba tranquilamente hablando con mi amiga. Se llamaba Estrella. Era una mujer bastante simpática, probablemente un poco más joven que yo. Era la típica que estudiaba y trabajaba a la vez, vivía con su padre y tenía un perro. Sabía bastante de su vida, ya que siempre que iba nos poníamos a hablar. Me gustaba aquella tienda, era bastante guay, no tenías que estar de pie todo el rato, simplemente ir turnándote de sofá o cama para no superar el límite de tiempo, olía bien y encima el personal era adorable. Sobre todo Estrella, era de tamaño medio, rubia, de cara fina y ojos grandes y risueños. ¡Daban ganas de apachurrarla hasta la muerte!

Nos habíamos puesto a hablar esta vez de mí, ya que me vio con cara de pocos amigos. Y normal, si tenía como amigos a los locos de los que he huido es normal que tenga esa cara de zombi. Nuestra conversación fue larga y tendida y le conté que en casa tenía que lidiar con mis compañeras, mi madre, mi hermano, un mono, dos hurones, dos lechuzas y una maldita cacatúa. Por suerte mi madre no trajo a sus dos gatos. GATOS. ENVIADOS DE SATÁN. Ella no paraba de reírse de mí y era normal, pues mi casa ahora mismo debía de ser la pesadilla de cualquiera.

La conversación no dio mucho más de si cuando apareció Fly. A mí me cogió de improviso, ya que estaba de espaldas y simplemente la vi caer en la cama. Y ya está, después de todo lo que dijo, no me dio tiempo a reaccionar y Estrella ya se había levantado, incomodada, para irse con una excusa simplona al pasillo tres. ¡El pasillo tres es el de los cojines! ¿Quién narices necesita ayuda con los cojines?

Miré a Fly con reproche cuando Estrella se hubo ido lo suficiente y había desaparecido por el pasillo de los cojines. En realidad me daba igual lo que pensara Estrella, total, sólo la veía ahí dentro. Pero me caía suficientemente bien como para que me molestase un poquitín lo que pensase. Además, si se iba de la lengua podrían no dejarme entrar más nunca pensándose que soy un indigente. Iba a tener que venir vestido de marca la próxima vez.

Era mi amiga, jo… —me quejé al ver cómo se iba. Luego negué con la cabeza cuando dijo lo de ir a otra tienda para humillarme. Mi mundo se paró momentáneamente, recordando ciertas escenas: yo en el probador de una tienda intentando ponerme un suéter y que luego fuera imposible sacármelo, por lo que tuve que llamar a la dependienta para que me ayudara; yo en una tienda de pintura, abriendo un bote para ver el color y que se me resbalase de la mano y se me cayera todo encima de un cochecito de bebé; yo en una tienda de deporte, en dónde me pongo unos patines y me caigo de tal manera que me elevo casi un metro del piso. De culo claro. Después de esos pensamientos, vuelvo a la realidad. Ya mi amiga no estaba, sólo quedaba Fly, sea mujer que tienen un don innato para humillar a Drake de todas las maneras posible. Debió haber nacido con esa habilidad, si no no me lo explico— No te necesito para ridiculizarme, tsk.

Intenté aparentar falsa indignación molesta y antes de sentarme en la cama, acerqué mi cabeza a la suya para robarle un pequeño beso como saludo. Una vez sentado, di unos pequeños botes sobre ella, girando la cabeza para llamar la atención de Fly.

Qué pronto has llegado, sorprendente. ¿Estás enferme? —intenté ponerle la mano en la frente para tomarle la temperatura—Necesito un colchón nuevo, el que tengo ha… ha sido víctima de los ataques de una terrible cacatúa —dije seriamente. En realidad tengo la teoría de que mi cama fue el capo de batalla de una terrible pelea entre Poring y la cacatúa. Que por cierto, se llama Julia, pero es mucho más divertido llamarla cacatúa— Bueno y aparte de eso ya estaba bastante estropeado. Y ya es hora de que compre alguna cama aquí, que siempre vengo y nunca compro nada —Aunque en mi defensa diré que los sillones de mi casa son de esta tienda. Y los compré… los compró Katerina. LO ADMITO.

Y es que la gran mayoría de las cosas comunes que hay en mi casa la han comprado las chicas. Sobre todo compraban Katerina y Alicia, por lo que da un poco de mal sabor de boca recordar que algo lo compró Alicia. O por lo menos a mí. En fin, tampoco me entraba buen sabor de boca si pensaba en estas cosas, así que borrón y cuenta nueva.

Me levanté de la cama y me puse delante de Fly, tendiéndole la mano para que se levantara.

Ayúdame a encontrar el mejor colchón del UNIVERSO —recalqué, mirándola con perspicacia, dándole un cariñoso besito en la mano aprovechando que no se la había soltado— Si lo conseguimos, luego te invito a lo que quieras. ¿Has visto que generoso estoy hoy? Como tu madre, qué mujer más terriblemente simpática —fingí un escalofrío irónico a la vez que sonreía. Pero no sabía si me había salido demasiado bien mi teatralidad, por lo que decidí recalcarlo— Es ironía. Creo que nunca le he caído bien. Es por ser Hufflepuff, ¿verdad? El odio tiene que venir de familia, sino no me lo explico.
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Fiona T. Shadows el Sáb Dic 20, 2014 10:12 am

Había personas molestas, personas que hacían que cada momento se volviera sumamente incómodo. Y bueno, luego estaba Fly, que era un combo de ambas, más comentarios crueles especiales para Drake. Es más, podría escribir un libro sobre cómo humillar a tu pareja repetidas veces sin que ni si quiera se enfade, sólo se quede con cara de paisaje sin entender qué hacía con una persona cuya mayor diversión era divertirse a su costa. Total, podría hacerse millonaria, pues a día de hoy está demostrado que cualquier mierda comercial, por muy mal redactada que esté, se vende. Además, podrían hacer, posteriormente, una adaptación cinematográfica la cual se dividiría en tres partes en las que en dos y media no pasaría absolutamente nada, pero el relleno todos sabemos que queda bien. Menos en Naruto, que eso ya es pasarse. Que hay más relleno que serie en sí.

Haciendo alarde de su particular manera de meterse con Drake sin apenas intentarlo, la chica que estaba sentada en la cama y hablaba tranquilamente con él, buscó una escusa absurda para irse. Pero absurda, de las absurdas. Fly estaba convencida que ni si quiera existía ese tal pasillo tres, pero no ser lo diría a Drake para no romperle el corazoncito. Además, ella no conocía la tienda, por lo que era más que seguro que el pasillo tres existiese. – Ya, bueno, tú con salir de casa ya pierdes la dignidad y te pones solito en ridículo. Pero es mucho más divertido que lo haga yo, al menos para mí. Porque, claro, te humillas cuando yo no estoy y ¿Qué gracia tiene eso? Ninguna. – Efectivamente. Porque es muy divertido que alguien salga de casa y le ataque un pokémon en la hierba alta y le quite hasta la ropa interior, pero si no lo ves, no tiene gracia. E igualmente, si lo ves, pero tú no has sido el causante de todo aquello, pues tampoco. La gente, por regla general, prefiere ser el causante de cosas buenas, como de la alegría de otras personas. Pero como Fly no era una persona muy normal, pues prefería ser la causante de la humillación de Drake. Mucho más divertido. Además, era Hufflepuff, es que el pobre llevaba siendo humillado por sí mismo todas las mañanas al salir de la cama desde que el Sombrero Seleccionador le mandó a la casa que en lugar de Hufflepuff debería llamarse “los restos que en las otras casas no quieren”.

Pasó la mano bajó su pelo, elevando el final de este con aires de superioridad cuando Drake preguntó que si estaba enferma. – Un mago nunca llega tarde, ni pronto… Ya lo sabes. – Dijo acompañando a su movimiento de superioridad un tono de voz acorde. Gracias a esa frase siempre podía poner excusas para no llegar nunca a la hora. Todo gracias a un señor que se parecía a Dumbledore pero con cara de tener poderes para controlar el metal. Todo muy ilógico y confuso. Además, tenía cara de querer ser amigo de William dentro de un par de años, cuando fuera un paralítico calvo y con bultos en la cabeza. William sería la princesa bultos de los paralíticos. - ¿Qué haces? No me toques, o grito. – Abrió los ojos de par en par echándose ligeramente hacia atrás cuando la mano de Drake se aproximó sospechosamente hasta su cara. En verdad no parecía que fuera a hacer nada malo, pero por si acaso, se echó hacia atrás. – Cacatúa. – Sí, de todo lo que había dicho en aquella frase, fue la palabra Cacatúa, lo único con lo que se quedó. – Cacatúa. – Repitió. –Es una palabra graciosa. – Afirmó sin cambiar ni lo más mínimo el tono de su voz, hasta que comenzó a reír y paró de golpe. – Vale, ya. – Se encogió de hombros y repitió la información que había captado de Drake. – Vamos, que necesitas un colchón y como yo me acoplo a dormir de manera frecuente has pensado que sería magnífico que te ayudara. O más bien, que eres un perezoso y prefieres hacerlo en compañía, pero oye, yo me quedo con la primera opción aunque sepa que la cierta es la segunda. Espera... ¿Desde cuando tienes tú una cacatúa? – A ver, sus compañeras de piso (las que seguían vivas) tenían mascotas, pero lo de una cacatúa no le sonaba en absoluto. Estuvo a punto de dejarse caer hacia atrás, porque todo el mundo sabe que las camas son como imanes y atraen a las marmotas con una velocidad insospechada. Pero claro, Drake se levantó, teniendo la mano para que se levantara y, como debe ser, en lugar de tirarse en el colchón, elevó la mano para agarrar la de Drake y levantarse.

No, creo que lo de ser Hufflepuff en su caso fue lo de menos. – Se encogió de hombros. – Teniendo en cuenta que viene de una familia pursita y está casado con un sangre sucia, creo que ver que su hija sale con un Hufflepuff es el menor de sus problemas. – Afirmó con total sinceridad. – Lo que pasa es que siempre te ha visto como el tío que se tiraba a su hija, y quieras que no, eso para un padre incomoda. Bueno, para una madre, porque mi padre siempre ha sido más de sudar de todo. Creo que he salido a él. – Sí, definitivamente. Pero bueno, aún no sabía de quien había sacado la altura, porque sus padres y su hermano superaban el metro setenta y ella no llegaba ni a los armarios superiores de la cocina si no tenía a mano un taburete.

Sin decir mucho más comenzó a andar por uno de los pasillos, mirando con curiosidad cada cosa que había allí. Había sillones feos de cojones, de estos modernos que nadie en su sano juicio compraría; y también otros más antiguos que parecían sacados de la edad media, aunque ahí no tuvieran colchones de Lo Monaco, y menos sus anuncios horrendos que hace mucho  que no salen en televisión. – Vale, creo que deberíamos ir a la zona de colchones, que en la de sillones no creo que encuentres un colchón. – Dijo girando sobre sí misma y poniéndose de puntillas para darle un beso a Drake en la mejilla. Se dejó caer en uno de los sillones modernos y puso cara de incredulidad al comprobar que era cómodo. – Y cuénteme, ¿Cómo se siente al respecto? – Fingió tener un cuadernillo en la mano y tomar nota de lo que Drake decía, como si de un psicólogo en su sillón horrendo y moderno de trescientas libras se tratara.
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Drake Ulrich el Jue Dic 25, 2014 11:09 pm

Lo cierto es que sí, tenía una habilidad para hacer el ridículo que hasta a mí me sorprendía. Lo gracioso es que ya había empezado a aprender qué era ridículo y qué no, porque muchas veces hacía cosas simplemente porque me apetecía, sin ser consciente de que probablemente podrían dejarme en ridículo. Es que en realidad una de las cosas que menos me importaban era lo que pensasen de mí, solía hacer siempre lo que me apetecía simplemente porque así me sentía mejor. Pensar en los demás en ese sentido no estaba dentro de mi personalidad. Si hacía payasadas será porque soy un payaso, pero realmente nunca me ponía a pensar en mis acciones, ya que me salían naturales. Miré a Fly con cara de pocos amigos por sus palabras.

Tú me pones en ridículo con más caché, aunque es un poco más humillante. No es lo mismo hacer el ridículo sin querer, que a propósito. Es como si me pisaras con la suela de tu zapato de la talla treinta y seis, ¿sabes? —le expliqué para que se diera cuenta de lo doloroso que era. En realidad no, pero por cómo lo había dicho, parecía que sí. Realmente me daba muy igual que me dijera esas cosas, ya que como he dicho no me importa lo que opinen los demás y sé que Fly no lo dice en serio. Si lo dijera en serio sí que sería un problema—. Pero te dejo hacerlo porque sé que te hace feliz y me gusta verte feliz. Para veas qué bueno soy. —Lo que soy es tonto. Pero bueno, no me importa.

Fly siempre encontraba una excusa para llegar tarde, pero siempre. Pero hasta me sorprendió el hecho de que también tuviera excusa para cuando llega más pronto de lo normal. Fue entonces cuando le conté el motivo de mi presencia en aquel lugar tan sumamente aleatorio. La verdad es que no era tan aleatorio, ya que venía de vez en cuando. Tenía la manía de venir a estas tiendas a tirarme en todas las camas, sentarme en todos los sillones, abrir todos los armarios y, yo que sé, utilizarlo todo. Además, me encantaba el olor de las tiendas como aquellas. El olor a objeto grande nuevo era muy persuasivo y me daban ganas de comprármelo todo. Aunque creo que el olor me influye tanto porque desde que tengo uso de consciencia, todo me ha llamado por el olor. Antes de comer algo, siempre lo huelo, por ejemplo. Pero bueno, el caso es que le conté mi situación y ella sacó conclusiones, claramente. ¡Siempre conclusiones!

En verdad era para que la probaras y te gustara para cuándo tuviéramos sexo… —comenté divertido, siendo esta opción ninguna de las que dio— ¡Es broma! Fue por la primera en realidad. Quiero un colchón que consiga que yo esté quieto mientras tú te mueves todo lo que quieras y pegas patadas al aire. Y para eso, te necesito aquí —confesé divertido, encogiéndome de hombros—. Es la cacatúa de mi vecina de la derecha. Lo de la izquierda son esa pareja de viejitos que el otro día te dieron la naranja de su árbol. Pues por el otro lado tengo a una chica que vive sola. Se fue de vacaciones a no sé dónde y me dejó a su cacatúa. Así que imagínate lo que es vivir con Poring, con los hurones de Katerina, con la mascota de Bianca —que se me olvidó qué era—, con una cacatúa y, que no te he contado, con mi madre y mi hermano. Están aquí. He tenido que salir por patas del estrés y no se me ocurrió mejor sitio que éste. Y por mucho que tú me hagas bullying, te prefiero. —confesé divertido.

Ella me llamará “exagerado”, “batalla”, “simpintimplinquin”, pero soportar a mi madre era abrumador cuando se empeñaba con algo imposible. Y mi hermano y sus inexistentes dotes de ligón me sacaban de quicio. Encima Katerina se reía de todos sus chistes y le daba la razón a mi madre. ¡Katerina, pensaba que éramos amigos!  Y tú te preguntarás… ¿Qué es “simpintimplinquin”? Ni idea, pero seguro que Fly me llamaría así.

Solté una divertida -porque todas las carcajadas son divertidas en realidad- carcajada cuando dijo que su madre me veía como “el tío que se tiraba a su hija”. Dios, que mujer. En realidad fue Fly quién me violó a mí, yo era un chico inocente, con miedo a no saber hacer esas cosas. ¿Penetrar? ¡Ese verbo para mí no existía!  Fly me pervirtió. ¡Todo fue culpa de ella y sí, tú, lector, SABES QUE TENGO RAZÓN! Yo era un pobre Hufflepuff ingenuo e inocente y claro… mi pervertida y sexy novia me llevó al lado oscuro. Y siempre ha sido ella. Siempre. ¿Yo insinuarme? ¡Pero si es ella la que no para de mandarme señales! ¡Como esta! ¿Lo has visto? Ha parpadeado. Es una insaciable.

Vaya, qué mujer. Pero si soy adorable. Piensa eso porque no me ha conocido bien, siempre que me veía era en plan rápido así fugaz, todo muy sospechoso. Si hubiéramos tenido una charla larga y tendida¿Tendida?—, sabría que soy casto y puro y que no tocaría a su hija hasta el matrimonio —hice una pausa— O por lo menos hacerle saber que lo hago con amor, para que no me odie por la llamada de la naturaleza. —terminé confesando con diversión, enseñando los dientes ante una sonrisa.

Comenzamos a caminar y nos metimos por uno de los pasillos repletos de sillones. En un principio ni me di cuenta de que era de sillones y no de colchones, hasta que ella me lo dijo. Reí por lo bajo al darme cuenta, ya que realmente me daba igual en dónde estar. Estaba tranquilo en una ambiente zen con ella, así que cuando se tiró en uno de los sillones individuales súper feo pero por su cara aparentemente cómodo, me incliné hacia ella, poniendo ambas manos en los más feos, todavía, posabrazos. Me encantaban esos objetos que se llamaban como su función. Posabrazos: para posar los brazos. Lavamanos: para lavar las manos. Baño: sitio donde te bañas. Aunque en ocasiones como estas no sabía si había venido primero el sustantivo o el verbo.

Me siento bastante confundido. ¿Doctor, cómo le diría usted a su novia que la loca de su madre la ha invitado a cenar por navidad? —hizo una pausa para ver la cara de Fly— Complicado. Sí... No la culparía si dijese que no. —Porque en realidad a mi madre no le caía muy bien Fly, pero estaba empeñada en conocerla mejor para así poder cambiar de opinión. Aunque a mí me sonaba a cuento chino.
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Fiona T. Shadows el Vie Dic 26, 2014 4:06 pm

Poner en ridículo a los demás era algo maravilloso. Algo por lo que deberían pagarte. Vamos, que si a Fly le dieran un sueldo fijo por humillar a los demás, se haría millonaria e incluso dejaría de llegar tarde en el trabajo, o quedarse dormida en mitad de la oficina de aurores, aunque había que decir que si encontrabas la postura adecuada, aquellos asientos eran de lo más cómodos.  Y la colocación de las mesas hacía que pudieras dormir de tal modo que nadie viera que tenías la cabeza escondida o los ojos cerrados, aunque la opción de pintarse unos ojos a lo Jack Sparrow sobre los párpados aún no había quedado descartada. Las ganas de dormir sólo hacían que las personas dejaran volar su imaginación, imaginando así nuevos métodos para dormir sin que nadie se diese cuenta que estaban dormidos y no trabajando.

- Perdona, pero yo uso un treinta y siete, no te confundas con la otra. – Contestó como si Drake tuviera un amante. Porque claro, con esa cara de Hufflepuff era imposible que tuviera una, ya era suficiente que tuviera pareja y que encima fuera de Slytherin. Pero vamos, que si había conseguido llegar a Auror, podía llegar a muchas cosas. Como a trabajador del Fnac, todo el mundo sabe que Fnac es un sitio donde cualquiera puede trabajar y por eso todos los libros están desordenados y los discos fuera del género que le corresponden. Es un trabajo para pobres que no saben ni leer, por eso contratan a canis que no acabaron la educación obligatoria o a Hufflepuffs en su defecto que, para el caso, tienen el mismo número de neuronas útiles.

Estaba más que claro que alguien no iba a comprar un colchón con la persona que, por regla general, se acopla en tu casa para dormir (y no dormir) para que dijera “uy, este colchón es bonito, deberías comprarlo”. Pues no, vas con la persona con la que te acuestas a dormir (sólo a dormir, no seamos de mente sucia) para que mire lo cómodo que es el colchón y si le parece cómodo para pasar horas ahí tirado. No había que ser un Ravenclaw para llegar a tal conclusión. – Todos los colchones son iguales cuando se trata de ti, el hombre con la capacidad infinita para crear babas y dejarlas caer sobre el colchón. Lo único que tienes que buscar es que tu colchón sea inmune a tus babas radioactivas. – Afirmó como si todo aquello fuera muy serio y real.

Su cara se puso totalmente blanca cuando mencionó  la presencia de su familia en casa. Claro, era Navidad, esas fiestas estaban hechas para pasarlas en familia, menos Fly, que las pasaba con sus padres porque no tenía más familia, todo apasionante. Es lo que pasa cuando tus abuelos muggles están en un cementerio de fiesta rave con sus vecinos de lápida y los maternos han desheredado a su hija por acabar con un sangre sucia. Pero bueno, al menos mandaban alguna que otra gilipollez de regalo a su nieta, ya que después de tantos años sin verse, no sabían que trabajaba como Aurora. Como buenos ancianos, pensarían que con esa altura seguía estudiando en Hogwarts. – Normal que hayas huido de tu casa. No es que tu madre me caiga mal pero… Es una madre un tanto… Madre. – Si, una madre, madre. De estas que tienen hijos y esas cosas que hacen las madres. Era una madre, muy madre. Pero nunca se habían llevado especialmente bien, básicamente porque Fly era una ninja que no asistía a ningún lugar donde estuviera la familia de Drake y porque le había dejado sin decir mucho para cambiarse de país. Por ejemplo, vamos, que era normal que no le tuviera gran aprecio. – Me odia, ¿Verdad? – Preguntó con tono dramático al acabar de reflexionar acerca de las madres y el concepto de madre es una persona que tiene hijos.

Toda madre (persona que tiene hijos) ve a la pareja de su hija como la persona que se tira a su hija. Y toda madre ve a la pareja de su hijo como la tía a la que se tira su hijo, que orgullo de hijo que ha conseguido meterla en algún sitio. Sí, todos sabemos que es así, aunque en el caso de las madres quizá lo piensan menos y son más los padres los encargados de tener estos pensamientos de confusión y orgullo al mismo tiempo. – No hacía falta que tuvierais ninguna charla. Imagina que llegas a caer bien, me hubiera desheredado por dejarte e irme. Aunque fuera su culpa, me hubiera desheredado. – Porque había sido ella la de la brillante idea de mandar a su hija a estudiar fuera, recordemos este dato de valor.

Como cabía de esperar de una persona vaga, Fly se dejó caer sobré uno de aquellos cómodos sillones, tomando postura de psicólogo, que no de psicoanalista, porque los psicoanalistas son argentinos, como Rodolfo Langostino. – No va en serio. – Dijo totalmente seria. - ¿Me estás vacilando? Tu madre no me soporta, está claro que me estás vacilando. – Dijo convencida de sus palabras. Pero dudó. Claro que dudó. - ¿No? – Arqueó las cejas.  – Drake, que esa señora que tienes por unidad materna me envenena si ceno con ella. No me jodas, que me odia. – Añadió sin dejar de poner una mueca de terror. – Además, ya tengo planes para la cena de Navidad, tengo una familia y tal… Bueno, aunque dudo que se enteren que no estoy porque no celebramos la Navidad. – Hizo uso de memoria. En verdad jamás la habían celebrado, sí se daban regalitos y cosas así, pero vamos, que ese día había una cena de lo más normal y cada uno seguía con su vida como si tal cosa. O así había sido los años previos a que se fuera. – Si me aseguras que no acabaré en San Mungo con un lavado de estómago, me lo pienso. Pero convénceme, o algo.
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Drake Ulrich el Dom Dic 28, 2014 8:08 pm

Qué gran diferencia entre un treinta y siete y un treinta y seis... Para mí todas eran igual de minúsculas teniendo en cuenta de que yo llevo un cuarenta y cuatro. Aunque mi pie está perfectamente acorde con el resto de mi cuerpo, si hablamos de proporción. Todo mi cuerpo estaba perfectamente proporcionado, ejem. Puse los ojos en blanco y moví la mano en señal de: “memeces que no importa” cuando me corrigió el número de su zapato. Nunca compraría zapatos a nadie como regalo; los zapatos de toda la vida han sido montón de personales y siempre, absolutamente siempre, me equivoco con el número. Mañana volveré a pensar que el piecesito de Fly solo tiene una talla treinta y seis.

La otra me llega a la barbilla y  calza un treinta y nueve —comenté como si tal cosa, alzando una ceja en plan: Please bitch. Me ahorré decir que estaba de broma, porque el día que yo le pusiera los cuernos a Fly, las ranas criarían pelos, los cerdos volarían y  los peninsulares no tendrán pueblos a los que ir por navidad.

Mis babas eran complicadas. Por regla general solo babeas cuando respiras por la boca, ergo cuando tienes la nariz taponada. Pero yo no, yo babeaba siempre. Yo tenía la habilidad de respirar siempre por la boca cuando duermo, por lo que la baba, por gravedad, termina siempre en mi almohada. ¡Y no es que sean radiactivas! Pero al final entre tanta baba pues se queda mancha. Es lo más normal del universo. Yo lo que necesitaba era una cama perfecta y un recubrimiento de cama y de almohada en dónde no se notaran las marcas de mis babas. Eso es exactamente lo que necesito.

Mujer qué exagerada eres. Necesito un colchón perfectamente ergonómico para las lumbares y la espalda, que esté en perfecta sintonía con mi almohada antialérgenos. Es decir que la espalda se me quede perfectamente alineada de tal manera que pueda dormir durante horas y horas sin que me duela la espalda. —resumí tranquilamente. ¿Se creía que había venido a comprar un colchón sin saber lo que quería? ¡Claro que no! Necesitaba un colchón que solventara el problema de no poder seguir durmiendo porque te duele la espalda. Qué clase de mierda es esa.

Fue luego cuando le conté el problema que tenía en casa y el de la cacatúa. En realidad con la cacatúa no tenía demasiado problema, pero cuando se me juntaba todo se convertía en una auténtica tarea estresante. Yo era un chico sencillo con pocas neuronas, no podían ponerme en frente de un problema en dónde se veían afectado dos ardillitas, un mono, un cacatúa, mi madre y mi hermano. Era superior a mí. Ahí les dejé, peleándose por saber quién hizo esa caca encima del bolso de mi madre. Yo tenía mejores planes, desconocidos por aquel momento, pero seguro que eran mejores. Y Fly tenía razón, mi madre era realmente especialista. Era la típica señora rechoncha -más o menos del tamaño de Fly-, con el pelo rizado y el pelo pelirrojo de teñírselo, ya que las canas empezaban a salirle. Tenía una voz bastante molesta -sobre todo cuando va acompañada de un grito a las nueve de la mañana-, pero por regla general solía ser una persona atenta y detallista. Y sí, odiaba a Fly. No habré puesto a parir a Fly por teléfono con mi madre cuando me abandonó… pero claro, tenía mis motivos. ¡Eso sí, Fly nunca se enterará de que en parte es por mi culpa!

No te odia tía… —intenté sonar convincente, pero una pequeña arruga de cejas curvadas se me formó en el entrecejo, dejando claro que muy convincente no sonaba— Sólo un poco, pero ten en cuenta que en realidad apenas te conoce.

La verdad es  que nunca se me había dado bien caer bien a las personas mayores, o más bien no sabía cómo actuar… mi forma de actuar solía ser bastante personal y me cortaba frente a gente mayor que no entendía mi humor. Y diréis: es que tu humor es de gilipollas. Pues puede ser, pero aun así es incómodo. Con lo que me gustaba a mí poder tirarme un eructo después de comer, sentarme como me viniera en gana y soltar paridas a cada rato dejando fluir mi imaginación… Con personas mayores no podía porque me miraban con cara de rejuos a punto de exterminarme. Era incómodo, sí. De hecho, como la madre de Fly fuera un poco parecida a Fly, yo creo que en el fondo le caería mal. Le caigo bien a Fly porque me conoció con once años y ahí yo era amor. Es normal que después de eso me cogiera cariño. Si me llega a conocer en segundo seguro que no hubiéramos terminado así. Yo creo que la clave fue haberme conocido súper monoso de la muerte en… ¿Las tres escobas? ¿Caldero Chorreante? Nunca recuerdo en dónde narices fue. Bueno, irrelevante.

Claro que no. Te hubieras inventando cualquier chorrada y quedabas como la chachi y yo como el malo —Creo que la palabra “chachi” ya no es apta para gente de mi edad. Me siento ridículo diciéndola.

No sabía por qué tanto rollo siempre en las relaciones sentimentales con caer bien a los padres, en realidad… ¿Y si le caigo mal, qué? Total, no voy a vivir con ellos ni nada… Mientras Fly me quiera, me adore y me compre un loro, yo tenía suficiente. Pero una cacatúa no, un loro. Fue entonces, cuando fingió ser mi terapeuta, cuando le solté lo que mi madre me había pedido encarecidamente que le pidiera. La pobre mujer quería no odiar a mi novia, ya era hora, después de intentar que me case con mi compañera de piso.

No te estoy vacilando —intenté poner una cara seria. Odiaba, mucho, intentar poner una cara seria y reírme sólo por la situación aunque realmente no estuviera vacilando. Estaba tan acostumbrado a estar poco serio que al final nadie iba a tomarme en serio— No te va a envenenar, coño, además hace un pavo relleno que está súper rico —intenté animar el ambiente. Mi madre nunca había querido tener elfos domésticos ni cosas mágicas de esas, toda la comida era mérito suyo—. Te aseguro que no acabarás en San Mungo. Parece mentira, soy Hufflepuff y mi hermano salió Gryffindor, cada cual peor. ¿De verdad crees que mi madre puede tener mucha maldad? —sonreí ampliamente, negando con la cabeza.

Luego continué caminando, metiéndole presión a Fly para que se levantase para seguir a no ser que prefiriese quedarse allí sentada hasta que yo buscara un colchón adecuado para mis babeos y sus patadas. Mientras caminaba, me llevé una mano a la barbilla.

Pues fácil. La comida que hace mi madre es ESPECTACULAR. Y lo digo yo, que he comido mucha comida espectacular a lo largo de mi vida —enumeré con el dedo índice. Luego alcé el corazón— Segundo, mi madre quiere amarte, por lo que si no te ve el pelo, dudo que pueda hacerlo. ¡Además ya es hora! —luego alcé el dedo anular— Estará mi hermano, ese ligón empedernido. Podrás reírte de él cuánto quieras, fue Gryffindor, que en ocasiones es más triste que ser Hufflepuff. Sólo en ocasiones. —la miré en plan: no hagas hincapié en las casas ahora, ya sé que Hufflepuff es boñiguita de caca. Alcé el meñique— Es probable que Katerina y Bianca coman con nosotros. Así que podrás apoyarte en Katerina. Kate se lleva bien con mi madre, así que podréis hablar sin que te sientas presionada —sonreí divertido sólo al escucharme. Luego alcé el dedo gordo— Y me hace ilu. ¿A ti no te hace ilu? Bueno, mucha ilu no creo que te haga pero… Yo iría a cenar a tu casa aunque tu madre quisiera envenenarme. Para que veas como arriesgo mi vida por ti… —cogí un cojín de la estantería más cercana y se lo tiré.
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Fiona T. Shadows el Mar Dic 30, 2014 1:22 pm

Drake era la perfecta representación de la pereza, por lo que su cama debía ser cómoda y capaz de aguantar su presencia durante más horas de las habituales. Al igual que su mesa del Ministerio de Magia debía estar adecuada al peso de su cabeza de manera constante por quedarse completamente dormido sobre esta. Seguro que le había hecho algún tipo de encantamiento para que fuera tan cómoda como una almohada a pesar de tener el aspecto físico de una mesa para así poder dormir tranquilamente sin que nadie sospechase de lo vago que era. – No me digas que ahora te has vuelto un erudito en el tema de los colchones… - Murmuró la castaña negando con la cabeza. Aquel discurso que se había marcado Drake parecía sacado de una tienda de colchones. Seguramente en algún rincón de aquella tienda pondría una propaganda similar a las palabras que habían salido de la boca del Hufflepuff, pues su inteligencia no era suficiente para hilar palabras de más de dos sílabas sin provocarse automáticamente un derrame cerebral.

No sé si lo has pensado, pero no sólo necesitas que sea una cama cómoda. Sino una cama en la que pueda dormir una persona de casi dos metros sin que se le salgan los pies al final de la cama. – Ventajas de ser bajito. Jamás necesitaría mirar si su colchón era lo suficientemente largo a la hora de comprarlo, porque siempre le sobraría. A no ser que se mudara a la Tierra Media y decidiera vivir con Hobbits o enanos, entonces además de sentirse alta, necesitaría colchones adecuados a su altura.

La madre de Drake era el Satán de las madres. ¿Por qué? Simplemente porque la odiaba. Venga, ¿Quién en su sano juicio adora a una persona tan adorable como Fly? Era adorable, por favor. Nadie puede odiar a una Slytherin que ha martirizado a su hijo desde que fue enviado a Hufflepuff, le ha dejado para irse del país sin dar explicaciones y encima ahora ha vuelto con él. Vamos, que nadie puede odiar a ese tipo de personas, sólo la madre de Drake, que era especialita. Más tendría que odiar a su propio hijo y desheredarlo por caer en semejante mierda de casa. Pero claro, él no tiene la culpa de haber nacido inútil, ¿No? – Me juzga sin conocerme… No sé yo que es peor, que me odie conociéndome o que me odie sin conocerme. – Se encogió de hombros mientras se mantenía cómodamente tirada en aquel extraño sofá que, a pesar de ser feo de narices, era tremendamente cómodo. – Es como si yo te hubiese empezado a odiar por caer en Hufflepuff y no te hubiera dado la oportunidad de conocerte. – Afirmó creyendo totalmente en sus palabras. En verdad tenía cierta lógica. Bueno, no, porque cuando comenzó sus estudios en Hogwarts, Fly veía todas las casas como iguales, pero luego con los años y gracias a la inteligencia inexistente de Drake, consideró a los Hufflepuff como una casa de segundo nivel. Y segundo nivel por decirles algo bonito, porque realmente los veía los últimos en la escala evolutiva, ya que todos sabemos que por debajo de estos solo están los squibs, ya que los muggles al menos viven en la ignorancia del mundo mágico, mientras que los de Hufflepuff tienen magia y ven como el resto de personas pueden hacer cosas normales mientras que ellos son como oír hablar a Stephen Hawking.

Después de ocho años lejos el uno del otro y habiéndose encontrado hace un par de meses y haber vuelto tras menos meses aún, su madre tenía la brillante idea de invitar a Fly a la cena de Navidad. Lógica inexistente de madres. Vamos a ver, invítala cuando lleven quince años juntos y no te quede más remedio, o cuando se hayan casado y tengan hijos, ¡Yo que sé! Pero no tras tan poco tiempo juntos, por Merlín que parecía incluso más imbécil que su hijo a veces. – No me gusta el pavo. – Dijo totalmente seria. Si no le gustaba el pavo, ya tenía excusa perfecta para no ir. – No voy a ir a cenar por Navidad y decirle a tu madre “no señora, yo no como semejante mierda, pero aquí estoy acompañando a su hijo, ¿Puedo llamar al Telepizza después de saber que usted se ha pasado horas y horas encerrada en la cocina preparando tal cena que parece ser repulsiva?”- Volvió a encogerse de hombros con el mismo rostro serio, pues realmente lo decía en serio. – No es plan, no. – Y soltó una corta risita al final.

La idea de ver a su hermano no era tan mala. Oye, era simpático, y además incluso más retrasado que Drake. Que aunque parezca sorprendente, era posible. Un Gryffindor. Si esa familia podía ser peor, el hermano de Drake era la clave para serlo. – Debe estar frustrada por haber dado a luz a semejantes hijos. Vamos, es que tengo hijos y me va uno a Hufflepuff y otro a Gryffindor y, además de desheredarlos, me voy a San Mungo con una depresión. – Y cualquiera en su sano juicio también lo haría, está claro. Menuda mierda de casas. . – Te cae uno en Hufflepuff y es mala suerte, pero ya el segundo en Gryffindor… Eso es mala hostia.

Los intentos de convencer a Fly por parte de Drake no cesaron. Primero la comida, luego la fantástica utopía de llevarse bien con su madre, seguidamente la idea de reírse del retrasado de su hermano y, finalmente, ver a Katerina. Vale, al menos lo de Katerina era bueno. Aunque se parecía a un personaje de Lost, el cual Fly odiaba y deseaba su muerte, pero bueno, no pasaba nada, Katerina era mejor que Kate de Lost. PORQUE TODO EL MUNDO DEBERÍA ODIAR A KATE DE LOST. – Creo que ese golpe que te llevaste en el campanario ha acabado con las pocas neuronas que te quedaban sanas y salvas. – Y acto seguido, un cojín impacto contra su cara haciendo que su espalda quedase pegada contra el sillón. – ¿Tú qué eres? ¿Gilipollas? – Pregunta fácil, todo el mundo sabe que Drake es gilipollas, incluso el mismo Drake.

El cojín salió esta vez disparado contra la cara de Drake y Fly soltó una carcajada divertida antes de levantarse y salir corriendo hasta doblar la siguiente esquina y quedar lejos del alcance del cojín de Drake, como si de dos niños pequeños se tratara.
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Drake Ulrich el Lun Ene 05, 2015 2:40 am

El factor “cama grande para que no se me salgan los pies” lo tenía controlado. Sin duda alguna había sacado la altura, fuera de la media, superior de mi padre, ya que mi madre era tan canija como Fly. Quizás un poco más alta. Mi hermano era más o menos como yo, pero le sacaba casi siete centímetros de orgullo y piques. Después de todo este tiempo siendo alto, tenía que tener en cuenta ciertas cosas en mi día a día. Por ejemplo los marcos superiores de las puertas, que muy descuidadamente, normalmente, no estaban diseñadas para el percentil noventa y cinco de la población, o por ejemplo las mesas y sillas que no me dejan meter toda mi parte inferior debajo sin tener que soportar una incomodidad tremenda. Los chicos altos lo pasamos más en muchas ocasiones. Por suerte hay gente considerada que hace colchones para nosotros.

Estás hablando con un Ulrich, claro que lo he pensado. Llevo siendo alto mucho tiempo como para tener en cuenta esas cosas —le contesté— Aunque eso no es un problema, porque en casi todas quepo perfectamente Casi todas” Me gustaría recalcar. No se me habrán congelado los pies más de una vez.

El intento de Fly por intentar -lógicamente- dar un argumento válido contra el odio inexplicable de mi madre hacía ella, fue bastante gracioso. Estaba claro que, como había dicho ella antes, lo primero en lo que se fijaba una madre cuando estaba con otra persona su hija era en sí la hacía feliz. En el caso de Drake, o sea el mío, durante mis primeros siete años siempre había dejado a Fly como la chica de mis sueños y la mejor persona del mundo; sin duda mi persona favorita. Pero claro, las cosas cambiaron drásticamente con ciertos sucesos y, sin quererlo y más bien afligido y destrozado, pues mi madre atendió a eso más que a nada.

Que sí, que pudo haber vuelto, darme amor y hacerme, otra vez, el chico más tremendamente guay y feliz del universo… Pero mi madre es muy rencorosa, sobre todo cuando alguien hace daño a sus hijos. Pero oye, es normal.

Si te conoce —la miré con cara de: “no seas batalla”— Sólo que hace tiempo que no te ve. Es normal que quiera verte después de tanto tiempo, ¿no?

Siguiente excusa: el pavo. ¡Pero qué herejía de novia! ¿Cómo no va a gustarle el pavo si era uno de los mejores manjares del universo navideño? Solté aire y alcé una ceja ante sus palabras. La verdad es que cuando se trataba de alguna excusa, se la curraba como nunca, sin duda era una experta en ello. Cuando soltó esa risilla final, llevé ambas manos a su cabeza para despeinarla, molestarla y terminar abrazándola.

Deja de buscar excusas. Se lo diré y cambiará el menú, mujer. Dime algo que te guste y ella lo hará. Además de que a mi madre le encanta cocinar, seguro que terminar haciendo el pavo y otra cosa. Por eso no te preocupes, quejica —le solté tras la súper solución obvia que había decidido adoptar.

Mientras relataba lo traumante que sería tener un hijo Hufflepuff y otro Gryffindor, yo me propuse imitarla falsamente ofendido mientras teatralizaba estúpidamente sus movimientos y sus gestos. Vamos, como un gilipollas infantil. Aunque cualquier otro tolete como Fly seguramente se molestaba por estar ignorándole y pasando de ella mientras aparentemente me río. ¡Cómo si ser Slytherin fuera muy guay, tsk! Gryffindor era un poco mierda, pero Hufflepuff estaba muy guay. ¡De verdad, nunca se cansará! ¿Te imaginas que tengamos un niño en algún momento de nuestra vida y salga Hufflepuff? Yo creo que lo sacrifica, me deja por tener esos genes tan satánicos y luego se tira por un puente por haber creado semejante dolor humano.

Por un momento dejé de pensar en los sufrimientos que pasaríamos si nuestro hijo fuera Hufflepuff y pensé en lo guay que sería tener un hijo y que fuera a una casa guay (vamos, las guays que son Slytherin y Ravenclaw). ¿Yo con un hijo? ¿Fly con un hijo? Creo que me estoy emocionando demasiado.

Salí de mi ensueño cuando nombró nuevamente lo del golpe en la cabeza. De verdad que yo aun no me explico como ese mortifago, ¡que se supone que era una mujer!, fue capaz de coger semejante piedra y tirármela. Y lo que no entiendo es cómo sigo vivo. Soy un jodido Hufflepuff con suerte. Miré a Fly con los ojos entrecerrados. En realidad me hacía gracia la situación a la que me enfrenté en Hogsmeade vista ahora desde otra perspectiva, pero en su momento pensé que me moría del golpe.

Sí ríete, si me hubiera hecho daño de verdad no te reirías tanto… Mala novia —De hecho si me tocabas la cabeza aún tenía la cicatriz, había tenido que llevar una venda en la cabeza durante casi una semana. Parecía un puto retrasado, más todavía.

Entonces, ante un acto de rebeldía, le tiré un cojín simplemente porque se me apeteció. Ella me imitó, sólo que fue más inteligente al irse corriendo por el pasillo. Cuando pude volver a visualizarla, la vi al final, mirándome con esa sonrisa que… asdjfasdfasdf me encantaba. Dejé el cojín sobre ese sillón y apresuré el paso hasta ella.


*


¡Había llegado el día! Sin pavo. Cuando volví de comprarme el súper colchón supremo definitivo, hablé con mi madre largo y tendido para explicarle que el pavo no le gustaba a Fly. De hecho tuvimos un noventa por ciento de conversación en dónde le explicaba todo lo que tenía mi colchón y el otro diez por ciento dedicado al cambio de menú de Fly.

Todos los de la casa nos habíamos levantado especialmente temprano… Bueno, todos menos mi hermano y yo se levantaron pronto para limpiar y esas cosas nazis que se hacen antes de una cena de navidad. Mi hermano y yo nos quedamos hasta muy tarde jugando como para poder levantarnos a una hora decente. Casi al mediodía, le mandé una lechuza a mi querida esposa para informarle de la hora a la que cenaríamos y recalcándole que no llegase extremadamente tarde -como solía hacer- ya que mi madre era una señora paciente, pero no cuando se trata de su cocina. Era esa típica mujer que si se comía la comida fría no paraba de decirlo durante toda la cena con tono de voz en plan pobrecita. Sacaba de quicio y te hacía sentir mal.

Quise vestirme en plan bien, pero me dio tremenda pereza cuando realmente íbamos a cenar en casa, por lo que me acomodé con una camiseta gris y encima me puse un suéter que me hacía vestir, sorprendentemente, elegante. Unos pantalones de pinzas y unos zapatos. Cómodo y sin tener que soportar ni chaquetas ni corbatas. Me hacían ser súper sexy los trajes y las corbatas, pero tampoco quería tentar con mi sensualidad a mi novia delante de mi madre, ¿sabes? -además de que eran un tanto incómodas-.

A las nueve comenzábamos a comer, por lo que había citado a Fly a las ocho y media, dentro de media hora. Mientras preparaba la mesa salió mi hermano con un olor a desodorante que tapaba por completo casi el de la rica comida. Lo miré con un mohín de desagrado al verle, pero no por él, sino más bien por su vestimenta.

Me sorprende que ligues tanto con ese sentido de la moda y la combinación de colores —ironicé divertido.
Sí, porque el tuyo es divino —añadió, tirándose al sillón.
¡Gary, levanta el culo de ahí y haz algo! Ayuda a tu hermano o vete a avisar a las chicas —dijo mi madre desde detrás de la barra—. ¿Drake cuándo viene Fiona? —me preguntó. Mi hermano ya había salido disparado hacia las habitaciones de mis compañeras. Era mucho más divertido eso que ayudarme a preparar la mesa, claro.
Estará al caer, le dije que a las ocho y media. Y no la llames Fiona, que no le gusta. —le expliqué. Creo que es la vez tresciento ochenta y cinco que se lo digo.
Es que Fiona es precioso y Fly muy soso. ¿Sabes por qué no le gusta? —me preguntó cual cotilla. Yo me encogí de hombros.
Simplemente no le gusta, mamá.
No le gusta el pavo, no le gusta su nombre. ¡Qué tiquismiquis! —añadió levantando con gesto indignado la cuchada con la que revolvía no se qué cosa.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Lun Ene 05, 2015 5:38 pm

El mundo no sería mundo si Drake Ulrich no demostraba su carente inteligencia al menos cinco veces al día. Era igual que Alicia la del País de las Maravillas, pero en lugar de tener que pensar en seis cosas imposibles antes del desayuno él hacía seis inutilidades antes del desayuno. Del primer desayuno, claro, que a pesar de su altura era como un hobbit y necesitaba de dos desayunos.  - ¿En las de Hogwarts entrabas? – Alzó ambas cejas. Lo cierto es que cuando estaban en Hogwarts Drake dio el estirón y llegó a la altura que ahora tenía, dejando al resto de sus compañeros como pequeños enanitos a los que les faltaba un gorro puntiagudo y una barba blanca para decorar el jardín. – Seguro que tuvieron que contratar más elfos domésticos para fabricarte una cama donde no se te saliesen los pies para los últimos años. – Afirmó totalmente convencida sobre aquello. Porque estaba claro que en un mundo donde la gente utiliza las varitas incluso para atarse los zapatos, lo más lógico sería contratar elfos domésticos como si de niños chinos cosiendo balones se tratara (que no tartara, que viene de tarta, aunque te guste comer).

Toda madre con hijos en Hufflepuff y Gryffindor que aún no se haya suicidado por tal depresión de familia debía estar loca de atar. De atar como los zapatos con las varitas. O como se atan cabos para resolver un crimen y sentirte como el Sherlock Holmes del mundo mágico, que luego resulta ser un dragón que habita en una montaña con miles de tesoros robados a enanos y que muere a los seis minutos de película. Por ejemplo, que recordemos que todo esto es un ejemplo y cualquier parecido con la realidad es pura casualidad. Y claro, como estaba la pobre mujer en San Mungo ingresada por loca con una camisa de fuerza con el emblema de Hufflepuff y Gryffindor fusionados, pues odiaba a la gente. Eso era lo que pasaba, todos lo sabemos. – Sí, ocho años, día arriba, día abajo. – Dijo la chica rodando los ojos. En verdad más, pero bueno, era una estimación, que ella no era matemática. Ni si quiera se daban matemáticas en Hogwarts, normal que los magos saliesen luego retrasados y les timaran hasta los del McDonals cuando iban a comprar una hamburguesa de un euro. – No es normal tío, yo no quiero verla después de tantos años y no pasa nada. Si no me ha soportado nunca es mejor que no me vea y se quede en el recuerdo de no soportarme. Imagínate que ahora le caigo bien… Sería muy confuso. – Negó con la cabeza dando aún más vueltas al tema.

El pavo estaba malo. Vamos a ver, si hasta las personas españolas con doble nacionalidad que se iban a estudiar a Estados Unidos lo decían. Que sí, que yo lo sé. El pavo es el Hufflepuff de las comidas navideñas. Coño, que es insípido. Y encima te lo dan así como el que va al zoo y roba un pavo, te lo dan con plumas, ojos y de todo. Qué asco, por Merlín, qué asco. Si te lo dieran con plumas de pavo real, al menos te hacías un atrapa sueños o un disfraz de indio gay para Halloween, pero no. – Me va a odiar más aún por eso. Tú no le digas nada y ya está. – Se encogió de hombros. Pero Drake es una persona que insiste. Que insiste y existe, así que es pesado. De los pesados por naturaleza, lo llevaba en la sangre, había salido a su madre la señora con dos hijos que daban vergüenza. – Que haga lo que quiera, es una madre. Además, me odia, si le dices que haga patatas hará verdura porque me odia. Me odia, lo sabes, lo sé, lo sabe hasta la dependienta que ha huido al pasillo tres. – Dijo con tono dramático. Si es que al final pasar tanto tiempo con una persona dramática hace que el dramatismo se pegue. Como el ébola si eres negro, cristiano o una enfermera.

Para cambiar de tema como buena ninja, lazó un cojín. Pero el cojín volvió directo hacia su cara. Y luego salió despedido a hacia la de Drake antes de que ella fuera la que salía despedida rumbo vete tú a saber dónde para huir del cojín violento que no hacía más que golpear a la gente. No eran ellos quienes lo lanzaban, sino que era el cojín que era el Satán de los cojines. O de los cojones, según cómo se vea. – No seas quejica, si parecías la momia con esa venda. – Dijo la chica antes de doblar la esquina y perderse entre las estanterías llenas de cojines y cosas de camas. Cosas de camas, concepto.

***

¿A quién se le ocurre aceptar la invitación a una cena de Navidad en familia? Sí, efectivamente, sólo a ella. Había sopesado la opción de fingir tener anginas, o mejor, ébola, enfermedad que ahora estaba muy de moda, pero claro, no colaba porque era blanca, atea y de letras, así que no cumplía ninguno de los requisitos para padecer esa enfermedad. Descartada la opción de fingir una enfermedad, pensó en mudarse nuevamente a Noruega y no volver jamás, pero le daba pereza tener que hacer maletas, así que al final, acabó por vestirse para ir a casa de Drake a la hora prevista. Dio por hecho que llegaría tarde, así que pensó que lo mejor sería prepararse con horas de antelación para llegar a la hora prevista. E, insólitamente, lo logró. - ¿De qué quieres la pizza este año? – Preguntó su madre desde el pasillo. Había olvidado por completo avisar que aquel año pasaría las Navidades fuera. Vamos, que las celebraría, no como hacía normalmente.

Acabó de ponerse los pendientes y salió al pasillo mientras hacía un esfuerzo por llegar con las manos a la parte trasera del vestido. – Abróchame la cremallera, porfa. – Y su madre no dijo ni mu, sino que hizo caso a su hija (algo insólito) subiendo la cremallera del vestido. – Tu padre y yo pensábamos cenar en pijama como siempre. – Dijo la mujer cuando Fly giró sobre sí misma. – Eh… Drake me ha invitado a cenar en su casa, así que… - La mujer no dijo nada, se limitó a afirmar con la cabeza, ya montaría el drama en otro momento. Ahora debía huir antes del drama. Debía huir, pues su madre no tardaría en ordenar sus pensamientos y comenzar a gritar diciendo lo mala hija que era por pasar las Navidades fuera, que después de tantos años debían estar juntos aún cuando ni celebraban la Navidad… Ya se sabe, cosas de padres, si es que la mujer era Slytherin, no podía esperarse otra cosa de ella.

Un par de minutos después y tras ponerse los zapatos (con mucho tacón, como de costumbre, para no parecer tan hobbit al lado de Drake) se desapareció rumbo a la casa del chico, sin demasiadas ganas de volver a ver a su madre y a su hermano, ya que era un Gryffindor de cabo a rabo. Al menos estaría el mono, el mono era simpático, e inteligente si lo comparabas con esa curiosa familia. Y Katerina. Por Merlín, que estuviese Katerina o sino acabaría por suicidarse, ya que a las otras compañeras de piso no las conocía. Estaba… No, no sabía ni cómo se llamaban. ¡Cielos! Casi había olvidado que una de sus compañeras había muerto recientemente, menos mal que se dio cuenta antes de llegar, porque si hubiera preguntado por cómo estaban todos y dónde estaba la que faltaba, la cosa habría sido más violenta que una manifestación en Sol. – Mira, llego a la hora, soy eficiente. – Dijo en cuanto apareció en mitad de la cocina al ver la figura de Drake. Aunque luego se fijó en que estaba su madre. – Eh… Hola señora Ulrich. - ¿Se decía así? En verdad era violento porque Ulrich era el padre que estaba muerto, así que quizá debería haber saludado por su nombre pero no se acordaba cómo cojones se llamaba. Era la madre de Drake y el hermano con nombre de caracol de Bob Esponja. Y YA ESTÁ.

En ese momento, y gracias a Merlín porque a la señora progenitora no le dio tiempo a decir nada más, apareció el hermano de Drake farfullando sobre cómo todas las mujeres le dejaban tirado. Que si no estaba hecho para estar en una relación, que si Katerina (su nuevo amor) había preferido irse con su familia en Navidad a estar con él… Vamos, que se había ido. Se había ido dejándola con aquella familia de locos y con dos compañeras más de piso desconocidas. Perdón, una, recordemos que la otra había muerto. Hecho dramático que nadie recuerda, ni si quiera su otra compañera de piso que, seguramente, ignore al resto de la humanidad. Y eso hizo, porque no salía de la habitación, ya que se había ido a no sé qué sitio que no le importa a nadie.

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Drake Ulrich el Jue Ene 08, 2015 2:22 am

En realidad yo estaba súper sexy con la venda esa en la cabeza, fruto del ataque de una persona muy cercana tanto a mí como Fly, un ataque a muerte, de esos que duelen. Sin embargo, yo estoy sexy con todo lo que me ponga, hasta una venda de retrasado en la cabeza. Pero bueno, Fly es una orgullosa y no quiere aceptar que yo soy el sexy de la relación. No lo acepta tío, se cree que es ella… Igual que se cree la mujer de la relación. ¿De qué va? Ni que tuviera tetas. Aquí la mujer soy yo, totalmente claro. Ella es el hombre. Teniendo en cuenta, claramente, que las mujeres cocinan, son más cariñosas y más pegoste. Si esos tres adjetivos califican a la mujer, sin duda alguna, YO era la mujer.

Vaaaaaale… —terminé por acceder— No le diré nada de cambiar la comida para que no te coja más manía… —mentí. Iba a decírselo muy claramente, ya que mi madre le cogería más manía si va y come una mierda porque no le gusta. Además de que mi madre se motiva cocinando, entre más cocine, más se motiva—. Además, creo que ya roció el pavo con el veneno para ti —me encogí de hombros divertido, doblando la esquina detrás de ella para seguir con nuestro camino en búsqueda de la cama perfecta.


*

Voladores en mi interior, vitores en mi mente, ganas de aplaudir, de tirarme al suelo de rodillas para darle las felicidades, tenía ahora mismo una orquesta sinfónica de rock en mi interior tocando de manera frenética ante la llegada, A HORA, de Fly. Y todo de repente, ya que no tocó la puerta, sino que se presentó directamente en medio de mi salón simplemente apareciéndose. Me dio un susto de muerte al ver que aparecía de repente un pequeño hobbit (no tan pequeño esta vez) a mi lado, pero más susto se pegó mi madre, la cual pegó un pequeño gritito y se llevó la mano al corazón cual señora antes de un infarto.  

La reacción de Fly al ver a mi madre fue soberanamente graciosa, tanto que yo simplemente pude soltar una divertida carcajada. “EH… HOLA”, en serio, sublime. Por eso la quería tanto, porque hasta para esas cosas era la chica más mona y divertida de la historia, aun sin quererlo, claro. De detrás de mi carcajada, salió la voz de mi hermano, enfadado, mientras farfullaba montón de mierdas sobre sus amores. Típico en él. Era el típico don Juan que no liga. Ese. Que parece que liga pero que en realidad no liga. Ese.

Ay no grites —dijo mi madre con voz de señora cansada cuando Gary continuó diciendo cosas que no nos interesaba a ninguno de los presentes. Bueno, a mi me interesaba lo que fueran a hacer mis compañeras, pero no me interesaba las frustraciones de mi hermano. Mi madre salió de detrás de la barra y se acercó a Fly con las manos en alto, para sujetarle la cara y darle dos besitos, uno en cada mejilla—. ¿Qué tal estás, cariño? Hacía mucho que no nos veíamos. ¡Estás mucho más guapa! —dijo mi madre, mirándola de arriba abajo con gesto sorprendido. ¡Por Dios mamá, ni que antes fuera fea!— Y llámame Marie, que hace años que nadie me llama así.

Mamá, Fly siempre ha sido guapa —dije yo, acercándome por detrás para pasarle una mano por detrás del hombro y darle un beso en la cabeza, en un gesto protector y cariñoso.

Mi madre miró a Fly con una divertida sonrisa.

Qué pelota es… —y negó con la cabeza, dándose la vuelta nuevamente hacia la cocina.

Solté a Fly al notar como mi hermano me tocaba el hombro y me aparté hacia un lado. Mi hermano colocó su mano en su cintura y se agachó (ya que era CASI tan alto como yo, pues yo era el más alto de la familia) para darle un beso a Fly en la mejilla.

Wow. Menudo cambiazo —cogió la mano de Fly, SIN PREVIO AVISO y le hizo dar una vuelta para verla completamente de arriba abajo. Esas confianzas, hermanito...— ¿Te acuerdas de mí, no? —Coincidimos en Hogwarts varios años, por lo que se conocían básicamente de ahí, ya que Fly a Italia POCO FUE.

Mientras tanto mi mirada estaba clavada en el lateral del cuello de mi hermano, intentando quemarle con mi mirada. Que se ponga a ligar con Kate, con Bianca y hasta con la cacatúa. ¡Que intente enamorar a mi querido Poring! ¡Pero a Fly no! Aún así, mi mirada se tranquilizó y mis labios sonrieron al oler el pollo en salsa que había hecho mi madre y que, al abrir el horno, había salido todo el olor.

Me acerqué allí para ayudar a mi madre a llevar las cosas, tropezándome con una mierda de decoración que estaba en el suelo por culpa de mi mono. Había decoraciones navideñas por todas partes (mayormente rojas y doradas), al igual que un árbol de navidad en una esquina. Un día nos habíamos motivado los tres a decorar la casa, ya que a los tres nos gustaba recordar la navidad cuales niños pequeños. Pero tanto las ardillas de Katerina como mi mono no paraban de tirarlo todo y dejar las decoraciones por todos lados. Le pegué una patada a la decoración y comencé a llevar la comida a la mesa poco a poco.

Mientras tanto… mi hermano se había apoyado contra la parte de atrás del sillón para hablar con Fly.

¿Y cómo te va la vida? ¿En qué trabajas? Yo he conseguido empleo en el Ministerio, de relaciones muggles. Así que probablemente mi madre y yo nos mudemos a Londres… —y continuó contando su vida—. ¿Tenías alguna hermana? —añadió aparentado interés e intentando ocultar su descaro. Si es que no tenía remedio...

Mientras tanto, yo a unos pocos metros junto a mi madre, ella se me pone de puntillas.

Yo entretengo a Gary, ¡tú sálvala a ella! —me dice divertida al ver a Gary haciendo muy de Gary— ¡Gary! ¡Aquí ya, coge las papas!

Aproveché para llevar las salsas a las mesas y para ponerme al lado de Fly a la vez que Gary acudía a la llamada de nuestra señora madre.

Puedes sentarte —le ofrecí sonriente— Gracias por venir, hasta el último momento pensé que me pondrías alguna excusa… —confesé divertido. Era en parte broma y en parte verdad— Y te he comprado un regalo, ¡ya sé que tú no lo celebras! —me apresuré a decir— Pero yo sí y me encantaría dártelo luego sin que me mires mal, por eso te lo digo ya, para que te vayas adaptando —volví a sonreír.
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Fiona T. Shadows el Dom Ene 11, 2015 12:53 pm

Las personas normales avisan cuando van a llegar, llaman a la puerta o mandan una lechuza especificando la hora exacta a la que llegarían para no causar este tipo de altercados. Pero Fly no era una persona normal, y para una vez que no llegaba tarde no iba a preocuparse encima de presentarse de manera civilizada y avisando. La pobre madre de Drake tuvo suerte de no tener problemas de corazón, pues con la reacción que tuvo lo raro hubiese sido no pasar la noche en urgencias por un infarto. Una noche de lo más apasionante hubiera sido aquello, sin lugar a duda. Fly resistió la necesidad de reírse por la reacción de la madre de Drake, más por educación que por nada, pues ya que la odiaba, mejor no hacer que ese odio se incrementara nada más hacer acto de presencia en la cocina.

El hermano de Drake no tardó en aparecer farfullando a voz en grito. En verdad se parecían, pero sobre todo en lo exagerados que eran con sus propios problemas absurdos, como si fuese a llegar el mundo porque una mujer no le hiciese caso. Vamos a ver Gary, con esa cara ¿Esperas que alguien te haga caso? Por mucho que Katerina tenga cara de tener la única utilidad de ser un triángulo amoroso, en verdad no era así. En verdad no era una puta barata incapaz de hacer algo bien, eso seguramente lo sería en su vida paralela en la que se había estrellado con un avión en una isla en mitad del Pacífico al intentar salir de Australia sin éxito, por ejemplo. También podía ser una elfa enamorada de un enano, que todo es posible en esto mundo. Pero la opción de la isla desierta era muchísimo mejor, por lo que tendría que impedir a Katerina que volase a Australia, para que luego no tuviera que salir de allí, por si acaso. En esta ocasión Fly si rió al ver a Gary y la reacción de su madre, quien parecía haberse convertido en toda una señora mayor, y es que claro, ya tenía que tener sus años.

Antes de poder salir corriendo las manos de esa mujer se abalanzaron sobre su rostro. En un primer momento pensó incluso que eran para ahogarla, pero al final resultó ser para sujetarla y darle dos besos. ¡Como si fuera a moverse si no la agarraba! En fin, madres. – Eh… Gracias. – Alzó una ceja en plan “me estás llamando fea” pero no dijo nada, sino que se limitó a contestar. – Bastante bien, disfrutando de los pocos días que nos dan en el Ministerio de vacaciones. – Conversaciones banales. Conversaciones típicas de sí, todo bien, hagamos que pase el tiempo lo más rápido posible y no tengamos que estar demasiado tiempo juntas.

Por suerte Drake estaba rondando por los alrededores y ejerció de presencia activa acercándose a Fly y dándole un pequeño beso en la cabeza. Claro, como era alto, tenía que ser en la cabeza. No, no, no. En verdad Drake era mala gente, ahí riéndose de la altura de Fly en todo momento. Vale, es broma, sólo lo hizo para demostrar que era un pelota que si no decía cosas buenas se quedaba luego sin sexo. Y sin comida. Que cualquiera de las dos cosas sería horrible para un hombre, y más para un hombre como Drake de esos que anteponen la comida a poder respirar. Si pudiera respirar comida, lo haría, seguro.

El caracol de Bob Esponja con forma de hermano de Drake dejó su retahíla de comentarios acerca de sus propias desgracias sobre la desaparición de su futura mujer y saludó a Fly. Quien por algún casual, se acordaba de él. Sorprendente. En verdad era normal, habían coincidido en Hogwarts varios años y aunque fuera de “eh, hola, hermano de Drake” y “eh, hola, novia de Drake”, pues se conocían. Fly giró sobre sí misma cuando el hermano de Drake apareció, ya que tuvo la magnífica idea de tomar su mano para hacerla girar. Por Merlín, la gente no sabe la inestabilidad que puede haber en hacer movimientos bruscos sin avisar a una mujer que lleva tacones. – No. – Dijo totalmente seria. – Es broma, eres el Gryffindor pesado que acosaba a todas las chicas de los cursos superiores. – Afirmó con una sonrisa de oreja a oreja. – Y al parecer sigues siendo igual que antes. – La verdad es que Gary no dijo nada a eso, porque total, Fly llevaba razón.

Luego siguió hablando, porque tenía incluso más ego que Drake. Porque el ego de Drake, como buen Hufflepuff, era ego fingido, pues nadie que caiga en esa mierda de casa puede tener ego. En cambio para caer en Gryffindor lo que debes tener es mucho ego, sino es imposible que el Sombrero Seleccionador decida mandarte a esa casa. – Soy una indigente que intenta pegar el braguetazo con un Hufflepuff, una vida fascinante, ¿Verdad? – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Gary alzó una ceja y Fly, viendo que tenía pocas luces el chaval, decidió que  ser irónica en esa casa significaba que nadie te entendiese. – También trabajo en el Ministerio, en la Oficia de Aurores, como tu hermano. – Cara de Poker. Ese hombre vivía en su propia burbuja, si es que era incluso peor que su hermano y eso ya es decir. - Esa gente que protege el Mundo Mágico y eso. – Aclaró. Pero nada. – Que mandan a los Mortífagos a Azkaban. – Y ya pareció entender, pues su boca se abrió y sus ojos la acompañaron. Ya lo había pillado, si es que tenía pocas neuronas el pobre chaval, estaba claro porque no había ningún Ravenclaw en esa familia.

Cuando preguntó si tenía hermanas Fly ni si quiera tuvo tiempo para contestar. Hubiera vuelto a ser irónica y Gary no hubiera entendido nada, aunque estaba visto que si no le hacías un croquis sencillo no entendía ni el funcionamiento de un chupete. Por suerte la madre de Drake pegó un grito típico de madre llamando a su hijo, quien guiñó un ojo antes de irse a la cocina con su unidad materna. Drake apareció al tiempo que su hermano desaparecía. Fly soltó un suspiro y miró a Drake. – Y yo que pensaba que tú no podías ser el hermano inteligente. Está visto que no podía estar más confundida… - Negó con la cabeza antes de soltar una corta risita y seguir a Drake junto a la mesa. Se dejó caer en una de las sillas, dejando el respaldo a uno de sus lados en lugar de tras la espalda para así poder mirar a Drake. Dejó caer ambos brazos entre sus piernas y miro hacia arriba (más de lo normal, ya que ahora estaba sentada). – Sabes que si te digo que vengo, lo haré. – Rodó los ojos como si se sintiera insultada con ese comentario, en verdad tenía toda la razón del mundo, así que no dijo mucho más.

Alzó una ceja mirando a Drake con cara de pocos amigos. – Tú eres gilipollas. Y no es una pregunta, es una afirmación. – Se levantó de un bote y le dio un par de gopecitos a Drake en el hombro con la mano abierta. – Pero, ¿Tú sabes lo incómodo que es que alguien te regale algo y tú a él nada si no es su cumpleaños? – Abrió los ojos de par en par. – Al menos dámelo cuando no esté tu madre, que si no seguro que me odia más porque tú me regalas algo por Navidad y yo a ti nada. – Arrugó la nariz manteniendo la cara de pocos amigos.

Antes de poder decir mucho más, la voz de la madre de Drake apareció nuevamente. – Sentaos, sentaos, ya está todo listo. – Dijo la mujer con voz estridente. Fly, sin decir nada, miró a Drake una última vez manteniendo la cara de pocos amigos y se sentó donde segundos antes había estado sentada. Gary no tardó en llegar con un bol de patatas en las manos y casi se estampa con una de las sillas por ir medio corriendo para llegar antes a la mesa. – Quema, quema, quema. – Dijo antes de dejarlo sobre la mesa y pasándose las manos por la camiseta, dejando un par de manchas al final de esta. Gary se sentó en ese momento y nada más hacerlo su madre le propició un golpe con un cucharón de servir en la cabeza. – Te he dicho que trajeras las bebidas de la nevera. – Gary se frotó la cabeza donde había recibido el golpe y se levantó a por lo que su madre había pedido.
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Drake Ulrich el Lun Ene 19, 2015 9:24 pm

Estaba claro que quizás yo no era el más indicado para decir que era el más listo de la familia, pero Gary mucho menos. Habrá entrado en Gryffindor, casa que algunos consideran mejor que Hufflepuff, pero hasta porque la palabra “lealtad” en su vocabulario estaba más mutilada que cualquier otra. Mi hermano era un capullo integral y la verdad es que tiraban más dos tetas que cualquier amistad. Y haciendo memoria es que nunca le había visto con un amigo que le durase más de un año, siempre terminaba jodiéndole de una manera u otra. Yo en su momento tuve a Jace, que oye, bastante la aguanté hasta quinto. ¿Pero más amigos? Casi todos muggles y algún conocido de la oficina con la que salir a tomarse una cerves. No me vendría mal algún amigo.


No sé dónde me ves lo de “tonto” a mí —le miré de reojo. Siempre me había dicho de todo por ser Hufflepuff, lo tenía superado. Pero mira que intentar siquiera compararme con mi hermano… Si yo sacaba todo Supera las Expectativas y algún que otro Extraordinario, que mi hermano saliera del Troll era un milagro.— Pero sí, Gary no tiene muchas luces. Pensaba que lo recordabas de Hogwarts. —hablé en voz baja, ya que Gary apenas estaba a unos pasos y no quería herir sus sentimientos. Aunque probablemente se sintiera insultado por su poca inteligencia y quisiera demostrarnos lo contrario intentando mantener una conversación sobre cualquier mierda de la que no sabría nada.

La palabra de Fly era bastante para mí, por eso tenía fe en que viniera, pero no me habrá dejado botado más de una vez porque se queda dormida, quiere terminar de ver una peli o simplemente iba más lenta de lo esperado mientras se preparaba. Tenía más de una razón para desconfiar de ella en ese sentido, ya que si ella era en algo especialmente buena, era en eso: llegar tarde o dejarme botado. Pero no me importaba. Había veces que me venía bien que llegase tarde o que no quedásemos. En el fondo nos compenetramos bien… por eso estamos juntos, PORQUE SOMOS TAL PARA CUAL. Quien diga lo contrario miente.

Luego recibí una reprimenda por lo del regalo. Si ya sabía yo que no iba a ser muy permisiva con ese tema… Pero yo soy un motivado de la vida y me gusta hacer regalos, sobre todo a la gente que quiero. Me da igual que no me regalen y con más motivo si no celebra la navidad.

Es incómodo sí, pero… —Fruncí el ceño y la nariz ante sus palabras, escuchándola cual persona con culpabilidad— ¡Que sí! Te lo doy luego. No te me estreses mujer —le doy un beso en la frente, pues viendo lo cabreada que estaba no quería que me mordiera o me hiciera la cobra—. Sólo es un detalle, no te imagines nada raro ni de mucho valor. Ya sabes que en el fondo soy un cutre —admití divertido, para que no se sintiera con ninguna presión. Luego me acerqué a ella para susurrarle en el oído, pues esta vez no quería que me escuchara mi madre— Además, siempre puedes regalarme la mejor racion de sexo de mi vida como agradecimiento. —y me hice hacia atrás mientras me encogí de hombros para que no pudiera decir ninguna burrada en alto. Ni tampoco decirme que no.

Mi madre y mi hermano se acercaron ya a la mesa ya preparada con las cosas, mi hermano haciendo mucho más el estúpido que mi madre. Puse los ojos en blanco y me senté al lado de Fly. Mi madre se sentaría en frente mía y mi hermano en frente de Fly. Siempre y cuando trajera las bebidas que mi madre muy amablemente le recordó con un golpe en la cabeza. Total, muchas neuronas no podría matarle.

Qué buena pinta, mami —Dije con la boca echa agua. Me hacía gracia llamar a mi madre “mami”, pero toda la vida la he llamado así y, a no ser que esté enfadado o molesto, que la llamo mamá, siempre le llamaré mami.

Lo sé, ¡para algo me he pegado todo este tiempo cocinando! —dijo, quejándose, pero realmente estaba sonriendo, ya que le encantaba cocinar y mucho más en ocasiones especiales— Bueno, Fiona… —mi mirada se posó en la de ella con gesto de reproche— ¡Fly, Fly! Me chivado Drake que no te gusta el pavo, así que no he hecho pavo. He hecho cuatro solomillos de ternera y dos salsas diferente. Una de champiñones y otra de cebolla. Elige la que más te guste, pero con estos dos gochos que tengo como hijos es imposible que se pongan de acuerdo hasta para comer. —dijo con gesto agradable, sirviéndole la carne en el plato. Aunque lo demás dejaría que se sirviera ella misma o le serviría yo. Mi madre no era de esas madres que ponían millones de comida en los platos de los invitados o sus hijos, ya que sus hijos le habían enseñado que si se los ponía, se comían eso y más. Y luego mira, tan altos—. También hay huevos rellenos, langostinos con salsa rosa, papas arrugadas y… y… ¿qué más? —ni se acordaba, negué con la cabeza y cogí mi salsa para mi solomillo, la de champiñones— Bueno, sírvete lo que quieras. —Dijo, sentándose por fin para comer.

¿Quieres de esta o de la otra? —le pregunté a mi mujercita, con la salsa en la mano, para saber si se la pasaba o la dejaba en su sitio—. Esta está mas rica, te lo digo yo que soy tu fiel probador de comida —aseguré divertido.

Esta es más sabrosa —Dijo Gary señalando a la de cebolla. La verdad es que la cebolla ya de por sí estaba rica, pero la de champiñones es que no sabía a champiñones. Era una mezcla explosiva de sabor— y pica un poquito. Que pique mola. —Dijo, sirviéndose papas en el plato.

Yo me serví, aparte de mi gran solomillo, que el mío era el más grande pues me lo pedí cuando mi madre lo estaba friendo, montón de papas, dos huevos rellenos y rellene mi copa con vino tinto. Era el favorito de mi madre y por ella nos habíamos acostumbrado a acompañar la cena de navidad con vino tinto. Serví a mi madre sin pedirle permiso y luego me incliné hacia Fly, ofreciéndole con un movimiento de manos.

Creo que la última vez que comimos esto por navidad fue hace montón de años. Aun yo no había entrado ni a Hogwarts, creo… —Dijo Gary tras tomarse el primer trozo de solomillo nostálgico y hablar con la mejilla hinchada—. Me acuerdo porque Drake vino a casa flipando por lo guay que era Hogwarts y hablándonos de ti —Posiblemente tanto mi madre como Fly estuvieran mirando a mi hermano, por lo que también pudieron ver como una papa arrugada perfectamente arrugada le chocaba en la frente y caía en su plato.

¿No te han enseñado que no se habla con la boca llena? —pregunté divertido, haciéndome el despistado mientras empezaba a cortar mi carne.

Estos niños…—murmuró la madre, la cual se comía el huevo relleno tranquilamente. Ella, muy educada, terminó de tragar para mirar a Fly y dirigirse a ella entre la conversación de besugos y de hermanos estúpidos que Gary y yo estábamos teniendo en murmullos. Nada importante, por lo que es fácil de obviar— ¿Y tú qué tal, Fly? Hacía un montón de que no sabía de ti. Me ha dicho Drake que has vuelto no hace mucho. ¿Te han trasladado? —intentó averiguar mi madre.

Mi madre tenía poca información. Sabía que se había ido, sabía que había vuelto y… ya está. Lo que sabía eran las fechas, se había ido hace ocho años y había venido hace algunos meses. Pero por lo demás… La verdad es que ni siquiera sabía que trabajamos juntos. Pero no me metí en la conversación, sino que seguí insultando a mi hermano. Era más divertido.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Mar Ene 27, 2015 7:39 pm

Recordar a alguien a quien no veías desde hace ochos años ya era complicado de por sí como para acordarse del hermano tonto de ese chico de Hufflepuff con el que salías. Pues no, obviamente no recordaba ni que Drake tenía un hermano, pues mucho menos para recordar que además de Gryffindor, el pobre había salido gilipollas. Si es que estaba en esos genes mirados por un tuerto. Algo que parecía que jamás saldría de su boca salió, pues jamás pensó que podría decirle a Drake que era más listo que otra persona. Las moiras se confundieron con Hércules y Hades, la verdadera predicción era: Dentro de veintiséis años, siete meses, treinta días, dieciséis horas y tres minutos exactamente, los planetas se alinearán muy lindamente, y más gilipolleces que se resumen en que llamaría a Drake listo. Algo insólito.

- No puedo creer que exista en el mundo alguien capaz de hacerte parecer listo. O al menos, menos tonto. – Dijo fingiendo estar asombrada. En verdad no le consideraba tonto, había aprobado sus estudios, había sido capaz de entrar al cuerpo de Aurores… y todo esto siendo Hufflepuff. Si es que en el fondo tenía su mérito. Como se diría en asignaturas innecesarias universitarias, Drake era una persona eficaz, pues sus resultados habían superado a las expectativas que se tenían sobre él teniendo en cuenta sus capacidades, su entorno y la mierda de casa a la que pertenecía entre otros factores.

Una vez en la mesa, Drake tuvo la brillante idea (nótese la ironía, ya que lo único brillante de ese hombre serían los botones de su camisa) de decirle a Fly que tenía un regalo. No, más brillante fue comprarlo en primer lugar. La cara de la chica fue un poema en ese momento, pues no es solo que ella no hubiera comprado nada, es que era Navidad y la Navidad es un invento de las grandes superficies para que gastes dinero y Drake había caído en ese consumismo… Vale, eso no, pero era una excusa más para no comprar mierda innecesaria en cualquier fecha del año. – Eres gilipollas. – Dijo antes de que este saliese corriendo cuando su madre hizo acto de presencia. Fly le miró de manera fulminante y Drake debía agradecer de tener una novia parecida a Kitty Pride y no a Cíclope, pues de ser como ese estúpido con gafas, hubiera acabado fulminándolo con la mirada literalmente. Haciéndole picadillo y convirtiendo sus casi dos metros de gilipollez en casi dos metros de gilipollez en forma de cenizas, perfectas para guardar en un frasco de cristal y decorar la cocina. O mejor, pintarla con tizas como si fuera la sal en los talleres de manualidades infantiles. El regalo que toda madre quiere por Navidad.

Una vez Gary se llevó un buen golpe en la cabeza por subnormal (algo normal si el apellido Ulrich iba tras tu nombre) y volvió de la cocina, todos se sentaron a la mesa. Fly no pudo evitar soltar una pequeña risa ante la voz insistente de Drake hablando a su madre como si aún tuviera ocho años. Y como cabía de esperar, se había chivado. Porque era un niño de ocho años que se comportaba como un niño de ocho años. La chica rodó los ojos en dirección a Drake y escuchó con una sonrisa la cantidad de información que la mujer comenzó a contar acerca de la cena y de todo lo que había preparado. – No tenías que haber hecho más comida, si yo con lo que hay por la mesa me vale y así no tenías que cocinas más. – Pero por la mirada de la mujer estaba claro que cocinar le resultaba la mayor diversión existente en el mundo, por lo que sonrió de manera tímida y miró uno de los platos que se encontraba más cerca. – Tiene una pinta estupenda. – Afirmó sonriente. Pero antes de poder si quiera elegir que comer, dos manos cargadas de salsa ya estaba dispuestos a comenzar a comer y, por si fuera poco, a echarle comida a ella.

- Échame un poco de esa y si me gusta más ya cojo más luego. – Dijo mirando a Drake antes de que Gary cogiera sin ningún tipo de cuidado la salsera y vertiera gran parte de su contenido en el plato de Fly, haciendo que esta pegase un pequeño bote por el susto. – O haciendo caso a la amable sugerencia de Gary tomaré únicamente de la de cebolla, ya que no veo ni la carne con la poca salsa que me has echado. – Afirmó girando la cabeza para mirar al hermano más retrasado de la familia, pues Drake era el menos retrasado, lo que no hacía que no fuera también retrasado.

Lo cierto es que la salsa de Gary resultó estar buena, por lo que no se pasó la noche pensando en diferentes modos para matarlo, simplemente pensando que era gilipollas, algo que ya pensaba desde el principio. – Menudo hermano que estás hecho Drake, que ni vas a cenar a tu casa por Navidad… Te parecerá bonito. – Dijo divertida antes de escuchar el resto de palabras que salían de la boca de Gary. Luego no pudo evitar reír de lo que continúo a sus palabras. – Seguro que dijo que era un Hobbit insoportable. Ahora sólo dice que soy un Hobbit, porque ya me soporta más. – Continúo con la broma con el mismo tono desenfadado que antes.

Mientras Drake y Gary se lanzaban miradas de odio y engullían la mayor cantidad de comida posible en una carrera contra reloj el uno contra el otro, la madre de Drake tuvo la maravillosa idea de preguntar a Fly, quien casa se atraganta al escuchar su voz. Malditas madres cotillas. – Todo bastante bien, acabé de estudiar por Noruega y al final me quedé por allí más de lo previsto. – Tomó un trozo de patata y cuando la tragó siguió contestando. – Más o menos, tenía que volver a hacer unas cosas a Londres y entre unas cosas y otras acabé pidiendo el traslado. – Otro trozo de patata. – Mi madre ya me quería cerca también, no le hacía demasiada gracia ir a verme y yo no solía pasarme demasiado. – Afirmó encogiéndose de hombros. Más bien no se había pasado en la puta vida, pero eso era otro dato que no tenía demasiada importancia en ese momento.

Y como era de esperar, Gary hizo algo super apropiado, colocándose la servilleta en forma de sombrero sobre la cabeza sin darse cuenta de que la salsa que quedaba estaba a su lado, tirando todo su contenido sobre su propia ropa y colocándose el sombrero como si nada. – Mira mamá. – En cuanto la mujer giró para mirar a su hijo se encontró con toda la salsa manchando su camisa, haciendo que el color de su piel pasara a ser tan blanco que parecía un cadáver. Fly no pudo evitar romper a reír tapándose la boca con las manos mirando la cara de Gary sin entender lo que sucedía y la de su madre a punto de matarlo. – Pero mamá, que sólo es un somb… - Pero no tuvo tiempo de decir nada más, pues le dio un capón haciéndole callar. - ¿Un sombrero? Pero tú eres tonto, ¿Qué tienes? ¿Once años? Ay señor, que cruz me ha caído con este hijo tonto.
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Drake Ulrich el Jue Ene 29, 2015 12:44 am

Ya me había quedado claro que la idea de comprarle un regalo de navidad a Fly no fue la más inteligente. Me daba rabia -solo un poquito, tampoco mucha- no poder comprar lo que yo quisiera para quién yo quisiera sólo por el hecho de que si no es correspondido ellos quedan mal. ¿Y si tengo una novia maceta que no hace ningún regalo, qué? ¿No le regalo nada? No me parece correcto, no. A mi me gusta hacer regalos porque soy así de especial y me da exactamente igual que no me den nada a cambio. Soy feliz con verla feliz, para que veas que simplón soy.

Una vez comenzamos a cenar, hubo una escena tras otra. Primero Gary echándole esa salsa -rica pero peor que la mía- en el plato de Fly, cuando claramente había elegido la mía. Le miré con ojos entrecerrados, con un mensaje escrito en ellos que quería decir: “Morirás.” Luego, como de costumbre, Gary comenzó a hablar más de la cuenta, porque era un bocazas. En familia era una persona normal, pero cuando venía gente de fuera y sobre todo siendo una chica guapa -ya que le daba igual que esa chica muy guapa fuera mi novia- se volvía un idiota. Más de lo normal, ya que de por sí a pesar de parecer normal, era un poco imbécil. De pequeño nos llevábamos bien, pero con los años nos hemos vuelto bastante diferentes. Fly dirá que no y apostará por ello hasta el infinito, pero sin duda alguna yo salí el listo de la familia. Mis notas lo demostraban y al fin y al cabo, soy auror. ¿Qué es él? ¿Camarero en el Caldero Chorreante algunas noches? Increíble. Lo único bueno que tiene, es que como es tan desastre para independizarse, cuida de mi madre.

Yo siempre cumplo con mi obligación como primogénito. ¿De verdad crees que me perdería la comida navideña de mi madre? —le pregunté retóricamente a Fly, mirando luego a mi madre con amor. Porque yo a mi madre siempre la miraba con amor. Fue entonces cuando mi mujercita empezó a especular sobre lo que decía sobre ella cuando venía, con apenas doce años, a comer a casa por navidad.

Es gracioso, decía que… —empezó Gary, probablemente para inventarse alguna gilipollez que me dejase mal. Como siempre.

Decía que eras la única Slytherin decente que había en el colegio, incluyendo a Jace y eso que ese fue mi vecino desde que éramos pequeños —interrumpí a mi hermano para contar la verdad, ya que si no iba a saltar con mierdas varias que luego me tocaría tragarme por el resto de mi vida como anécdotas falsas— También decía que me hubiera gustado ir a Slytherin para estar contigo, cosa por lo que mi madre se disgustó —sonreí divertido— Y vamos, ya con el hecho de decirle todo lo que hacía contigo estaba claro que resaltabas entre todos mis demás amigos. Y claro que te soportabas, si eras un hobbit muy simpático. —añadí, mirando a mi hermano para que se estuviera callado— Y ya está. Solo que a mi hermano le gusta dramatizar las cosas.

Fue después de eso cuando, otra vez, comenzamos a empezar a decirnos mierdas de fondo. Y digo de fondo, porque lo importante en aquella habitación era el hecho de que Fly estuviera hablando con mi madre. ¿Estaría pensando que mi madre en esos momentos querría matarla? ¿O que le caía mal? Era un solete regordete, lo más amoroso de esta sala y eso que estaba yo también ahí dentro.

¿Y ahora estás ejerciendo como auror, verdad? —Se aseguró mi madre— Drake me ha dicho que ahora sois compañeros de trabajo… Si ya este niño se despista con todo, me imagino teniéndote tan cerca —y sonrió mientras cortaba la carne y se la llevaba a la boca—. ¿Y ahora vives con tus padres o sola? —añadió a la conversación en dónde intentaba sacar información a Fly. Dentro de poco le preguntaría por el DNI y su grupo sanguíneo. Tiempo al tiempo.

Después de eso Gary hizo su movimiento maestro, colocándose un sombrero en la cabeza. Oh sí, Ulrich, todo un movimiento de ser súper inteligente. Puse los ojos en blanco al escuchar a mi madre. Luego miré a Fly de reojo, esperando a que me mirase para mirarle con ESA cara. Esa cara que decía: “Y luego dices que yo soy el tonto.” Aunque no sé que hacía comparándome con Gary, ya que este niño no tenía ninguna dificultad a la hora de superarle.

¡Anda, vete a lavarte antes de seguir comiendo! —le dijo, dándole un golpecito en el hombro para que se levantara rápidamente. Mi hermano obedeció y se fue cabizbajo, mirándose sorprendido la mancha que tenía en la ropa, posiblemente preguntándose a sí mismo como había llegado eso ahí. Mi madre, indignada, negó con la cabeza, aunque al ver a Fly riéndose, decidió bromear en voz baja—. No estoy segura… pero creo que de pequeño se me cayó de las manos y se quedó así de tonto —se rio divertida ante la broma. Seguramente no se le hubiera caído nunca, pero a mí sí. Siempre que me quedaba a solas con mi hermano siendo los dos pequeños, él terminaba llorando. Creo que nunca se me dio bien sujetar bebés o mantenerlos a salvos—. ¿Y qué, tenéis planes para después de la cena? —preguntó mi madre.

Yo no había hablado absolutamente nada con Fly para después de, pues ya me parecía fascinante que viniera, por lo que si luego quería irse para la casa a dormir o gandulear, lo veía lo más normal del mundo. Aunque evidentemente, cualquier cosa era mejor si lo pasaba con ella. Me encogí de hombros, pues me miró a mí durante más tiempo. Eso sí, no hablé en ese preciso momento pues me había metido demasiado comida en la boca y aun estaba tragándola. Cuando me aclaré la garganta con la bebida, miré a Fly y luego a mi madre.

Pues no. O sí. ¿No sé? —pregunté a Fly, mirándola directamente y soltando una sonrisa. Luego miré a mi madre—. No teníamos nada pensado, ya veremos. —No le iba a preguntar ahí mismo a Fly porque yo era un novio considerado y no quería ponerla en un compromiso delante de mi señora madre.

Justo después, volvió a aparecer Gary, sin chaqueta y con media camiseta mojada por haberse limpiado. Desprendía olor a salsa de cebolla. Eau d’Onion by Ulrich.

No vi la salsa —comentó, como si tal cosa.

No me digas —contesté con esta cara.

Mi hermano me miró con cara de pocos amigos, volviéndose a sentar en su silla para seguir con la cena.
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