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Sweet dreams... ON CHRISTMAS [Fly Chadous]

Drake Ulrich el Vie Dic 12, 2014 8:41 am

Recuerdo del primer mensaje :

Tener a mi madre aquí ERA UN INFIERNO. Al parecer mi hermano había cogido todo el mes libre de Diciembre, por lo que no dudaron en venir a Londres a darme una sorpresa y a quedarse conmigo durante todo ese tiempo. Yo tenía pensado ir para Italia por navidad para visitarles, pero al parecer ellos decidieron ARRUINAR mis vacaciones. Y aquí los tengo, viviendo la mayor parte del tiempo en mi casa… ¿Mi hermano? ¡Encantado! Vivo con dos preciosas mujeres con las que poder flirtear. ¿Mi madre? ¡Encantada! Le encanta Katerina y no para de tirarme directas indirectas de que sería muy buena madre de mis hijos y sobretodo buena nuera. Yo ya le tengo dicho que vuelvo a estar con Fly, pero mi madre es muy rencorosa y no se fia ni un pelo de Fly. Dice que estoy loco por volver con ella. Y yo le digo que sí, que estoy loco de amor. Es divertido porque ambos nos ponemos igual de dramáticos con estos temas y al final es imposible tomarnos en serio. Además, todos sabemos que Katerina es demasiado mujer para mí. Hasta mi madre. Esperaba que se diera cuenta pronto y dejase de comerme la bola con eso.

Para colmo, como si no tuviera suficiente con mi mono, con mis dos compañeras de piso, con mi novia bajita, con mi hermano y con MI MADRE… encima la vecina de la casa de al lado (esa que está buenísima, sí, porque por el otro lado hay una parejita de ancianos que son amor) se fue de viaje y me dejó su maldita cacatúa para que se la cuidara. No era la primera vez que me dejaba su cacatúa. UNA CACATÚA. Ese nombre no es alzar. Claro que no. CACA. Hace demasiada CACA. Encima se lleva mal con Poring y mi madre no la soporta. Una casa de locos, eso es en dónde vivo actualmente y durante todas las navidades: en una casa de locos.

Sabiendo el ambiente que hay, no creo que Fly quiera volver a pisar mi casa durante todas las navidades. ¿Con su cuñado, su suegra, un mono rebelde y una cacatúa cagona? ¡Já! Hasta Azkaban resulta más tentador.

Como necesitaba relajarme de tanto estrés familiar (porque todos sabemos que yo nunca tendré estrés laboral porque no hago nada en el trabajo), me tomé esa tarde libre. Y como estar solo me aburre, inconscientemente saqué el móvil del bolsillo y llamé a mi frutita del amor. A mi florecilla del desierto. A mi flor de pitiminí. A mi… Oc. Bale. Ya.

¿Flyyyyyyy? —canturreé cuando me cogió el teléfono. Era la madre—. ¡Hola señora Shadows! ¿Cómo está? Hac… —pero escuché a través del teléfono como pegaba un grito para llamar a su hija. Eficiente, oye. Antipática pero eficiente.

Comencé a caminar por las calles del Londres tranquilamente mirando a la nada mientras esperaba a que mi amorcito lindo se pusiera al teléfono. La echaba de menos, ¿se nota? Es que es más guay. Cuando una persona guay está lejos de ti más de tres días se nota, ¿sabes? No tardé en volver a escuchar una voz a través del teléfono. Era la madre, diciéndome que Fly estaba duchándose. ¡Qué limpia es esta mujer, oye!

¡Vale! ¿Podría dejarle un recado? —era una pregunta retórica en realidad, esperaba que no me cortase sin piedad— Dígale que estoy en la tienda “Dulces sueños” de la calle King Avenieu. ¡Gracias! —y acto seguido, escuché el sonido del teléfono colgar. Miré el teléfono con rencor. ¿Le habré hecho algo a esa señora en el pasado?

Continué caminando y tardé como cinco o diez minutos en llegar. Era Fly, tardaría veinte, media hora o quizás una hora en llegar, por lo que había elegido una tienda que me quedara “lejos” para amortizar el tiempo. Pero no, en realidad camino muy rápido. Cuando llegué, entré adentro —porque entrar hacia afuera es físicamente imposible, cojones—  y fui directo a la primera cama que encontré, tirándome de cabeza.

Sí, era una tienda de colchones de camas.

Y de sofás. Vamos, de mobiliarios PARA DORMIR. Era mi tienda favorita… es broma, en realidad no. Está en segundo puesto y nunca sabréis cual es la primera. No obstante, no había ido allí por simple capricho, sino porque la maldita cacatúa de los huevos de Satán había dejado mi colchón hecho mierda —literalmente— con sus heces y con su maldito pico. Además, ya era hora de cambiarlo. Supondría que Fly no tendría nada mejor que hacer que estar en su casa con su simpática madre, así que por eso la avisé. Además, ¿con quién voy a usar mi futura cama si no es con ella? Necesitaba opinión. Y luego de paso podríamos ir a algún sitio. Entre más tarde llegue a casa y más cansado estén todos, mejor.

La dependienta no tardó en venir.

Señor no puede quedarse dormido… —dijo amablemente.

Yo me levanté para que me viera la cara, pues reconocí su voz.

¡Drake! ¡Cuánto tiempo! —me saludó amistosamente, sentándose a mi lado para mantener una conversación. Era una buena amiga, o yo muy buen cliente— Hacía un montón que no te pasabas por aquí a probar los colchones. —se cruzó de piernas.


Última edición por Drake Ulrich el Dom Ene 04, 2015 8:41 pm, editado 1 vez
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Vie Ene 30, 2015 6:18 am

Lo que podría haber resultado ser una cena de lo más normal, con conversaciones sin demasiado sentido con tal de que no llegara el silencio y con momentos incómodos por estar con la familia de otra persona, resultó ser todo lo contrario. El comportamiento infantil de Gary en todo momento hacia que fuera imposible borrar la sonrisa del rostro y ver cómo cada vez que intentaba hacer algo acababa por empeorar la situación era digno de ver. Si existía una persona en el mundo con menos dignidad incluso que Drake, ese era su hermano. Pero eso le hacía divertido. No era una persona que desearas tener cerca, pero era agradable de observar a cierta distancia, pues de estar demasiado cerca podría acabar matándote sin si quiera darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Fly se limitó a negar con la cabeza cuando Drake empezó a contar lo que había contado tiempo atrás. Sí, era cierto que por aquel entonces los alumnos de Slytherin eran incluso más insoportables de lo que eran ahora, pero Jace… Por muy amigo que hubiese sido de ambos, había que admitir que nunca había sido una persona decente. Vamos, que a ese se le veía a kilómetros de distancia que era un pequeño hijo de puta que no dudaría a la hora de cargarse a quien estuviera en su camino para conseguir lo que quería. Seguía, literalmente, todos los prototipos de los Slytherin a lo largo de la historia y no porque quisiera ser así, sino porque era así.

- ¿Tú en Slytherin? – Soltó una corta risita al ver la cara de su madre cuando Drake rememoró como le gustaría haber estado en esa casa por estar con ella. – En esa Sala Común te hubieran acabado matando. – Afirmó totalmente sincera. Vamos a ver, alguien como Drake en un nido de serpientes no duraba vivo durante mucho tiempo. Tenía un cartel en la frente donde ponía que era todo un Hufflepuff y el Sombrero Seleccionador habría cometido el error más grande de su historia desde que colocó al mariquita de Severus Snape en Slytherin.

- Entonces eso de dramatizar es cosa de familia. – Se encogió de hombros mirando a Gary quien contestó encogiéndose de hombros del mismo modo y afirmando levemente con la cabeza con cara de “que le vamos a hacer”, lo cual le resultó bastante cómico a la chica, quien volvió a reírse de la cara de Gary. Es que en verdad tenía una cara muy graciosa, como de actor que sólo hace comedias malas.

Mientras Drake y Gary mantenían una intensa conversación en la que cualquiera de los dos intentaba demostrar quien tenía menos neuronas útiles, la madre de Drake comenzó a sacar su vena cotilla. Y teniendo en cuenta que lo que se traían los hermanos Ulrich entre manos era una ardua batalla, la mujer tenía todo el tiempo del mundo para preguntar a Fly sobre cualquier gilipollez que se le cruzase por la cabeza. Vamos, que esa señora, como buena señora y madre, debía preguntar todo lo posible antes de que su hijo dijera “ya, mamá, basta”. Algo que Fly esperaba que no tardara en decir, porque al paso que llevaba podría jurar que sería capaz de haberle echado veritaserum en el vaso.

Sonrió ante la pregunta de la mujer, pues no había duda que la atención de Drake no era algo muy característico de su personalidad. – Sí, pero no necesita que haya nadie cerca para distraerse, consigo mismo ya tiene suficiente. – Dijo a modo de broma cambiando la vista hacia Drake, quien seguía en su ardua pelea con su hermano por ver quién de los dos era el macho alfa retrasado de la familia. Sin duda era una pelea de lo más igualada, pero Gary no tardaría en nombrarse vencedor con su movimiento maestro. – Por ahora estoy en casa de mis padres, pero estoy buscando para irme por las afueras, que ellos ni si quiera viven en Londres. – Eso de poder aparecerse era una gran ventaja, porque ir a trabajar de una ciudad a otra a diario debía ser muy duro. Pobres muggles que tienen que usar el coche o el transporte público para ir a trabajar.

La inteligencia, o más bien la falta de esta, surgió de la nada cuando Gary tuvo la brillante idea de colocarse un barco hecho con una servilleta sobre la cabeza sin darse cuenta que se había tirado más de la mitad de la salsa que aún quedaba con vida sobre la ropa. Fly no pudo evitar romper a reír, y más cuando la madre de ambos comenzó a regañarlo y Gary no tuvo otro remedio que salir huyendo antes de llevarse un golpe de cuchara en la cabeza. Porque hay personas que te dicen “te voy a dar” cuando ya te han dado con lo primero que tenían a mano, que en el caso de estar comiendo, puede ser desde una simple servilleta hasta una botella de cristal.

¿Planes? ¿Planes? Espera, ¿Tenían que hacer más cosas después de la cena? ¡Ya había sido suficiente esfuerzo aparecer ahí! Fly no dijo nada, pero por suerte Drake abrió la boca para contestar alguna de las preguntas de su madre, quien parecía la presentadora de un programa tipo Saber y Ganar o Pasapalabra, pues cada vez que abría la boca era para hacer alguna pregunta que siempre iba dirigida a Fly. Pero, por una vez, Drake fue el encargado de contestar.  – Ni lo había pensado. – Dijo encogiéndose de hombros y mirando a Drake. Suficiente había tenido que pensar por venir a cenar como para encima tener que pensar en qué hacer después de eso.

Gary no tardó en aparecer haciendo alarde de cómo los magos tenían cierto peligro a la hora de lavarse sin usar la varita, pues toda su ropa estaba cubierta por el agua, como si una cañería hubiese estallado. – Pareces un niño pequeño, normal que ninguna chica te haga caso. – Negó con la cabeza su madre mientras Gary tomaba asiento nuevamente con cara de pocos amigos. – Drake, deberías presentarle a tu hermano a alguna de tus antiguas compañeras de Hogwarts. – La mujer siguió comiendo como si tal cosa, mirando a Drake mientras Gary comía ignorándoles a ambos como si odiase al mundo. - ¿Cómo se llamaba esa chica tan pesada que siempre iba detrás de ti? ¿Melisa? – Preguntó la mujer.

En ese instante Fly soltó una carcajada al caer en quien pensaba la madre de Drake. – Sí, Drake, deberías presentarles, seguro que hacen una pareja encantadora. – Afirmó con una sonrisa inocente en el rostro cuando realmente se estaba descojonando de Drake y de sus antiguas amistades con aire de acosadoras.
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Drake Ulrich el Miér Feb 04, 2015 8:33 am

A ver, seamos sinceros: a los once años, ¿qué niño es capaz de ver el peligro de las otras casas? ¡Nadie! Yo no pensaba en que me iban a reventar el orto duramente en Slytherin cuando quería pertenecer allí. Obviamente, con lo monoso que soy -porque soy adorable, lo sé, lo sabes, lo saben todos- allí iba a durar poco y ahora soy consciente de ello. Pero en aquel momento… me daba igual. Yo pensaba: “la gente guay -Jace y Fly- están en Slytherin, ¿cuándo dejé de ser guay y por qué me toca llevar los colores de un maldito tejón retrasado?” Y claro, cualquiera no quiere pertenecer a otra casa. Finalmente, me di cuenta de que el tejón no era retrasado y que el amarillo me favorecía. Y vamos, el sombrero no se equivocó, yo suelto células de Hufflepuff por todos los poros de mi cuerpo.

La verdad es que por el momento no me preocupé de salvar a mi mujercita de mi madre. Mi señora madre estaba siendo buena con sus preguntas -ya que tenía mi antena puesta- y tampoco quería ser un metomentodo. Bastante ocupado estaba librando esta guerra verbal con Gary como para preocuparme por otra cosa.

Aunque no tuve que preocuparme mucho por mi hermano, ya que no tardó en hacer el gilipollas él solo con la servilleta y la salsa… Madre mía, ¿qué necesidad había de hacer esa tontería? ¿Se creería el único ser capaz de poder ponerse una servilleta con forma de sombrero en la cabeza? Yo lo hago, pero al final de la comida, cuando no haya ya nada sobre la mesa que manche o pueda caer sobre mi ropa. Negué con la cabeza a la vez que veía como se iba hacia el baño.

Fue entonces cuando caí, gracias a mi madre, de que quizás habría que hacer algo después. Por mi parte no me importaba darle el regalo y que se fuera si estaba cansada, aunque estaba más que claro que me gustaría hacer algo. Algo guay y tranquilo. ¿Dar una vuelta, ver una peli, tener sexo desenfrenado, jugar a la play o ver alguna serie? Ella contestó que no había pensado nada y yo simplemente me encogí de hombros. Con lo vaguita que es, terminará queriéndose ir para su casa, estaba claro.

Luego, volvió a aparecer Gary y yo no cabí en mi impresión cuando mi madre recordó a Melinda. Bueno, “Melisa”, según ella. En mi vida había tenido ninguna amiga que se llamara Melisa, pero bueno, mi madre no era muy buena con los nombres. Negué con la cabeza -y con una gran patata en la boca- a la vez que intentaba aguantar la risa, sobre todo con el comentario que añadió Fly, al cual contesté con una mirada de lo más divertida y, probablemente, con la cara totalmente roja de reírme y estar aun con la comida en la boca. Tras un arduo trabajo, me tragué esa papa con ayuda de la bebida y miré a mi madre, alternando con mirar a Fly.

No tengo ni idea de dónde está esa mujer. Perdí su rastro por allá en sexto… ¿No repitió? —pregunté confuso— Y no iba detrás de mí, mamá —recalqué. Era mi amiga y aunque al principio se motivó un poco, al final se volvió muy buena amiga mía—. Hubieran hecho una linda pareja, eso está claro. Aunque, a pesar de las circunstancias...—Dije mirando a Fly, divertido—...creo que es demasiado mujer para él.

¿Sabéis esas rubias tontas con más esmalte que neuronas? Esas son las que soportarían a mi hermano. Alguien así medianamente guapo, gracioso y con pocas luces.  

Justo después, mi madre miró la hora sospechosamente y me miró a mí. Yo, sin embargo, no le estaba mirando, sino que estaba ocupado cortando mi carne y metiéndome mucha comida en la boca. De repente, mi madre había adoptado una posición de mirada penetrante hacia mí persona, pero yo me había vuelto totalmente ausente, tanto que estaba pasando de ella complemente. Tanto, que incluso presté más atención a mis pensamientos que a lo que sucedía a mi alrededor. Mi madre carraspeó para llamar mi atención, pero yo, como buen hijo, pensé que se había medio atragantado y ni la miré. Eso sí, miré a Fly.

¿Qué, te gusta todo? —pregunté curioso y jovial, con una sonrisa cerrada, ya que tenía una bola de comida en una de las mejillas, dándome un aspecto infantil y gracioso—. Y bueno, por si te sabe mejor, Katerina ayudó a cocinar. Me dijo que lo sentía por no poder quedarse, pero que su familia la llamó a última hora, ya que en un principio pensaba quedarse aquí a cenar —le expliqué, por si era de su interés.  Al fin y al cabo, conocía a Katerina.

Mi madre durante todo mi diálogo, seguía mirándome, intentando captar mi atención. Al ver que no funcionaba, intentó llamarla con el diálogo.

Ah, sí. ¡Katerina! Tiene una mano exquisita para la cocina, aunque ella diga que es pésima. Yo creo que unas cuantas clases más y ya tendréis a una cocinera experta por aquí… —dijo mi madre. Yo la miré, notando entonces su mirada. Esa mirada. Esa extraña mirada. ¿Tendrá caca? ¿O quizás le duele la barriga? La miré con la misma mirada que ella a mí, aunque la mía era más en plan interrogante y la de ella en plan exclamación—. Me comentó que iban a tomar pavo. ¿Sabes? El pavo ha de estar mucho tiempo en el HORNO… —dijo mi madre, dando especial énfasis en la palabra horno.

Yo no entendía nada. Ni su mirada. Ni sus palabras. Nada. ¿Qué narices tenía su vaso que la ha vuelto majara? Fruncí el ceño y miré a Gary con cara de no saber qué narices pasaba. Luego cogí la servilleta y me la pasé por el rostro, por si me había manchado e intentaba decírmelo sin palabras. No obstante, fue bastante revelador la siguiente señal. Me pegó una patada por debajo de la mesa al ver que no le hacía ni caso y miró de manera muy reveladora a la cocina.

En ese momento, se me iluminó la bombilla que tenía como cerebro y sonreí a mi madre. Miré a Fly de reojo, a ver si se había dado cuenta de la escena. Me levanté un momento de la mesa y fui hacia la cocina, pasando a través de la barra, por lo que no se veía absolutamente nada del horno. Lo apagué y lo abrí, cogiendo los guantes y sacando una bandeja, la cual coloqué sobre la encimera. Desde la mesa no se veía nada, por lo que tras dejar otra vez el guante allí, volví a la mesa.

Me senté y me incliné hacia Fly.

Deja hueco para el postre, te va a gustar. Aunque a lo mejor te da pena comértelo...—añadí divertido, continuando con mi comida. Me quedaba apenas poco,  ya que siempre dejaba para el final lo más rico: las gambas. Comencé a comer de eso, mojándolas en la salsa rosa.
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Fiona T. Shadows el Vie Feb 06, 2015 3:21 pm

Las cenas y comidas familiares son incómodas por naturaleza. Incluso los desayunos y meriendas lo son, y ya no hablemos de tomar el aperitivo. O de visitar a la abuela moribunda del primo segundo de tu pareja. Que sí, que sí, que todo lo relativo a estar con la familia de tu pareja es incómodo por el hecho de pensar “esa persona sabe que me tiro a su hijo/a”. Y claro, eso es incómodo, a no ser que seas cristiano fiel a tus votos y mantengas tu virginidad hasta el matrimonio. Pues todo el mundo sabe que tras la boda las familias desaparecen porque no tienes que ir a visitarles por hacer un gesto bonito. Sino que como ya tienes un anillo en el dedo, tienes un seguro de vida para asegurarte sexo de por vida. A no ser que seas hombre y a tu mujer le duela la cabeza, que entonces no hay nada que hacer salvo llorar en silencio.

Y contrario a las habituales reuniones familiares donde te sientes como pez fuera del agua, Fly no se sentía precisamente incómoda. Por una vez en su vida, la madre de Drake parecía no odiarla, sino simplemente querer averiguar todo lo posible sobre ella. Una de dos, porque ya no la odiaba tanto o, la más segura de todas, porque quería conocer todo para poder escribir una nota de suicidio creíble y así no ser inculpada por asesinato en un futuro no muy lejano. Pero en fin, siendo la madre de un Hufflepuff y un Gryffindor tampoco es que pudiera pensar nada malo, ya tenía bastante con pensar en cómo mantener a una familia formada por retrasados mentales, que ya era mucho esfuerzo.

Por su parte, Gary parecía en su burbuja de subnormalidad y de dignidad inexistente, tirando la comida por encima y diciendo más tonterías incluso de las que decía su hermano mayor. Y luego estaba Drake, quien disimulaba para no meterse en la conversación entre su madre y su novia pero que estaba pendiente de cada una de las palabras que estas decían. Porque en el fondo era una maldita maruja cotilla.

- Hombre, siendo Hufflepuff ya sólo le faltaba repetir para que le hicieran más bullying aún. – Los ojos de la madre de Drake atravesaron la cabeza de Fly como si de un sable laser (porque un rayo laser es mainstream y poco friki) se tratara y esta sonrió mirando a la mujer. Luego le dio una palmadita en el hombro a Drake y fingió compadecerse. – Que no digo que a ti te hicieran bullying por ser Hufflepuff pero… - Gary tiró un vaso encima de sus pantalones y sin decir palabra salió corriendo de la habitación. Por una vez sí se había dado cuenta que se había manchado, no como su primer altercado con la salsa.

Fly volvió a reír a ver como Gary huía y su madre negaba con la cabeza, admirando el charco que dejaba mientras pasaba hacia el baño. Otra vez. – A este lo desheredo. – Afirmó la mujer con tono bromista antes de dar un trago largo de su copa. Bebé mujer, bebé, que con semejante hijo es lo mejor que puede hacerse.

Siguieron comiendo hasta que Gary volvió del lavabo sin pronunciar palabra alguna. Su madre lo miró de arriba abajo y resopló. Fly no sabía por qué resoplaba, así que giró la cabeza para buscar a Gary, quien salía del pasillo para volver a sentarse. Alzó una ceja mirando al chico y le dio un toque en el hombro a Drake para que mirase a su hermano, quien había encontrado el mejor método para no mancharse la ropa. - ¿Qué? – Preguntó antes de llegar a su asiento al ver como todos los ojos estaban clavados en él. – Si no hay ropa, no me mancho. – Y se sentó con un albornoz rosa en el que ponía “Bianca” bordado con letras doradas. – Espero que tu compañera de piso queme el albornoz después de esto. – Afirmó su madre antes de meterse un pedazo de carne en la boca.

Nadie hizo mención al atuendo de semejante individuo, pero Fly hizo un esfuerzo inhumano por no romper a reír. Durante el resto de la cena la madre de Drake parecía tener una china metida en un zapato y no podía estarse quieta, o algo así, porque no paraba de gesticular a Drake y él no se enteraba de nada. Fly tampoco, pero era normal porque no conocía el idioma secreto de golpear y poner muecas de la familia Ulrich, por lo que no le dio demasiada importancia al asunto. – Sí, está rico. – Dijo con una sonrisa. – Aunque sabe más a salsa que a carne, claro. – Afirmó mirando a Gary, quien al darse por aludido murmuró por lo bajo y agachó la cabeza para seguir comiendo sin decir nada, como si odiara al mundo y el mundo lo odiara a él.

Se mordió la lengua para no meterse con Drake delante de su madre. Para alguien que se acostumbra a meterse con los demás por regla general, aunque sean todo bromas, es difícil controlarse cuando es necesario. Pero lo hizo, dibujando una corta sonrisa y no metiéndose con Drake y el peligro que hubiera tenido de haber ayudado él a hacer la cena.

La madre de Drake volvió a hablar, pero esta vez su tono denotaba frustración. Más frustración que mandar a tus hijos a Hogwarts y que vuelvan perteneciendo a las dos peores casas de todo el colegio. Sí, efectivamente. Tenía peor cara que en ese momento, en el que seguramente se hubiera desmayado o ingresado en San Mungo por un ataque de ansiedad. Al parecer las palabras que dijo alertaron a Drake, quien salió despedido hacia la cocina. Porque claro, era mucho más lógico mandar señales de humo que actuar, mucho más lógico. Cosas de madres.

- ¿Postre? – Abrió los ojos de par en par al oír esa palabra con la llegada de Drake. En verdad no tenía más hambre, pero algún sabio dijo una vez que el estómago humano, por muy lleno que esté, siempre tiene un hueco para la parte dulce de la comida: el postre. En ese momento Gary habló con la boca llena, soltando un montón de babas y restos de comida sobre su plato. Su madre le propició una colleja en cuanto cerró la boca. – ¡Que no le digas a la chica lo que hay de postre! – Pero él volvió a mover los labios diciendo algo que sólo su madre parecía entender. - ¿Cuántas veces te he dicho que no hables con la boca llena? – Colleja.

- ¿Y ese que dice? – Preguntó en un susurro a Drake mientras su madre pegaba gritos a su hermano.
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Drake Ulrich el Lun Feb 09, 2015 8:14 pm

Me picaba un montón el pie, por lo que me quité el zapato haciendo palanca con el otro y me lo rasqué fervientemente con el otro. Fue cuánto más curioso que sin ningún pretexto a mi madre se le viniera a la mente mi amiga Melinda. Esa mujer de la que no sabía desde hacía años. No sabía cuándo había terminado Hogwarts, ni en dónde se había metido, ni si había muerto. Con lo dramática que era seguro que le pasó algo malo y ha estado depresiva durante todos estos años. Durante mi estancia en Hogwarts la había visto bastantes veces de manera depresiva, ya que en sí era una chica bastante dada a la depresión. Entre que no tenía padres -¡sorprendentemente, ¿eh?!- y que se hacía la víctima siempre con ese tema o con otro cualquiera, como para no. Además, era una vaga, no me extrañaría que hubiera repetido en algún curso superior, cuando ya apenas teníamos contacto.

El comentario de Fly fue muy de Fly. Se metía con los Hufflepuff y los relacionaba con el bullying. Estaba claro que ese comentario sólo podía pertenecer a Fly. La miré con reproche, ya que no a todos los Hufflepuff nos hacían bullying. A mí sólo me lo hacía ella y porque YO la dejaba, porque era una monada de hobbits al que yo adoraba. Pero ya está. A Melinda si, a esa pobre mujer le hacía bullying todo el mundo.

Ella era un foco de bullying, eso está claro —luego la miré de reojo cuando me dio una palmadita, sonriendo ampliamente ante su insistencia en meterse conmigo— Tú eras la única que me molestaba y porque yo te dejaba. Deja de compadecerte de los Hufflepuff, que siempre te he sacado tres cabezas, hobbit. Si te metías conmigo es porque yo te dejaba —solté los cubiertos y alcé los puños, en una pose de pelea— Y cuando quieras lo resolvemos como adultos —moví los puños como si fuera a darle.

En realidad nunca le daría y dejaría que me ganara, de hecho le estaba mirando con una mirada de cariño divertido que era imposible relacionarlo con que iba a pegarle.

Justo después mi hermano Gary volvió a hacer de las suyas. ¿Por qué Gary? ¿Por qué te empeñas en enseñarnos a todos cuán grande es tu retraso? ¿No te cansas nunca? Negué con la cabeza al ver que se iba corriendo como un retrasado. ¿De verdad Fly me comparaba? Gryffindor tendrá mejor fama que Hufflepuff, pero vamos… como para compararnos. Yo por lo menos sabía comer sin salirme del plato.

Cuando pensaba que Gary ya se habría humillado suficiente a sí mismo delante de la visita. De mi novia. De mi novia a la que esperaba que mi familia le pareciera normal ya que yo soy anormal, pues no. Se superó a sí mismo apareciendo con un albornoz rosa; el de Bianca. Ese que utilizaba cuando recién se acaba de bañar. Me llevé la mano a la cara y me tapé los ojos, pellizcándome el puente de la nariz al escuchar a mi madre.

Lo quemaré yo, no te preocupes. Después de esto no quiero ver a Bianca con ese albornoz, sería muy perturbador —puse los ojos en blanco y continué comiendo. Luego escuché lo que decía mi hermano—. Ah, claro, ¿y el albornoz qué es, un ente? Eres tan idiota que vas a ensuciar tu ropa y encima la de Bianca…

Luego miré a Fly con ojos sinceros, de esos que exigen sinceridad. No le dije nada porque tampoco quería ofender a mi madre dejándole claro que mi novia piensa que sus dos hijos son retrasados, pero con mi mirada pausada y de circunstancia le estaba dando a entender que hasta mi hermano era más retrasado que yo. Que en menos de una hora ya había hecho más el gilipollas que yo en lo que llevábamos juntos desde que habíamos empezado.

Fue después de eso cuando tuve que levantarme tras la insistencia de mi madre a sacar el postre del horno. Mi madre se había empeñado en hacer una tarta tradicional, pero las tartas son horribles porque siempre sobran y me las termino comiendo todas yo a deshoras en la noche y luego por el día me huele la tripa como nunca. Así que no, las tartas son malas para mi estómago. Así que finalmente opté por darle a mi madre una idea innovadora que sabía que le iba a gustar a Fly y mi madre como es una motivada de la vida y le encanta cocinar cosas nuevas, aceptó sin dudarlo.

Me senté nuevamente en mi sitio -y ni me di cuenta de que había ido a la cocina con un zapato menos- y fue divertido ver a mi hermano haciendo alarde de sus increíbles habilidades para quedar peor. Era increíble como lo conseguía cuando ya pensabas que no podía llegar a más.

Mamá, no creo que lo entienda. Tú tienes una habilidad desarrollada con él, pero nosotros tenemos oídos humanos todavía —dije claramente, antes de escuchar a Fly preguntar sobre la mierda que estaba soltando Gary. Por lo que mi madre le había contestado tenía idea de lo que estaba hablando, pero lo que era entenderle, no entendía una mierda— Te está intentando destripar el postre, pero no lo conseguirá —añadí sonriente—. Ahora lo traigo, qué está mucho más rico recién sacado del horno —le dije a Fly, para que no se llenara mucho de lo que le quedaba de comida para que pudiera comérselo perfecto y sin quedarse empalagosa al final de la cena.

Después de hartarme lo suficiente a gambas, me levanté de allí por petición sobre todo de mi madre, yendo a la cocina con un zapato menos. Aproveché para lavarme las manos en el grifo y, acto seguido, cogí la bandeja. Se trataban de cuatro bollos de repostería hechos a mano -POR MÍ y mi madre- con forma de animales, más concretamente de cerdos, ya que era lo más fácil de hacer. Estaban totalmente horneados, por lo que tenían un aspecto exterior de lo más apetecible. Estaban recubiertos de azúcar y por dentro había una explosión de nutella que dejaría a cualquiera reviviendo un orgasmo de sabor.

Los puse encima de la mesa, en un hueco que mi madre había despejado para mí. Eran cuatro bollos, pero uno de ellos era diferente. Uno en especial que me había dedicado expresamente a hacerlo distinto. Me incliné hacia Fly cuando volví a sentarme.

¿Adivinas cuál es el tuyo? —sonreí ampliamente— No te hará mucha gracia matarlo, pero créeme que merecerá la pena —dije divertido. Todo lo que lleve Nutella está rico, mucho más aquello que estaban a punto de comerse.

Gary estuvo a punto de coger el erizo, pero  mi madre fue la encargada de darle un golpe fuerte en el dorso de la mano.

Coge el cerdo. Y hazme el favor de hacerlo con una servilleta porque estoy viendo un pegote de nutella en el albornoz de Bianca. ¿No te he enseñado a comer encima del plato? —dijo mi madre, indignada por tener que repetir esas cosas a su hijo de veinticuatro años.

Yo negué con la cabeza y cogí un cerdo. Podría haber hecho cuatro animales distintos, pero lo cierto es que sólo quería tener el detalle con Fly. Los demás con cerdos íbamos bien. Mordí la cabeza de mi bollo y una explosión de nutella me invadió mis papilas gustativas.

¿Qué? ¿Mola, eh? —dije tras tragar el primer trozo, sujetando a mi cerdo de tal manera que la nutella no se cayera— Estaba entre hacerte un pingüino o un erizo, pero como estás que no cagas con los erizos últimamente… Además de que un pingüino era mucho más difícil —admití divertido, esperando que le gustara.
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Fiona T. Shadows el Miér Feb 11, 2015 12:20 pm

¿En qué mundo existían las personas que no hacían bullying a los de Hufflepuff? Por Merlín, si hasta su uniforme gritaba que les insultaras con ese color amarillo limón. Porque el amarillo es un color feo. Todo el mundo sabe que el amarillo es feo, sólo hay que ver cómo los pollitos son amarillos y nadie sabe porqué cruzó el pollo la carretera. Pero seguro que fue para que lo atropellase un camión y acabase rojo o para que un grupo de niños hippies sin padres lo adoptaran y tras engordarlo con amor y pintura de colores para camisetas hippies, lo vendieran a una multinacional para hacer alitas de pollo llenas de grasa. Eso estaba claro, más claro que las superficies tras ser rozadas por el pelo de Snape, aunque más que claras quedan brillantes. Su pelo es como el del calvo de Don Limpio, que brilla. Aunque lo suyo sea una calva y lo otro pelo con grasa. O grasa con pelo, ya no se sabe muy bien.

- Es que la pobre era Hufflepuff y tonta, lo tenía todo. – Admitió como si nada. Es que nunca le había caído muy bien la señora con cara de vampiro brillante. Digamos que eso de acosar novios ajenos, salir con cincuenta tíos y que los cincuenta acaben por cambiarla por otra (aunque eso le hacía gracia, ganaba puntos en carisma) y estar siempre en mitad de todos los problemas del catillo, no acababa de convencer a Fly. Además, Jace la odiaba, y Fly adoraba insultar a la gente con Jace. Eran mala gente, seamos sinceros.

Alzó una ceja fingiendo estar sorprendida por las palabras del chico y negó con la cabeza antes de posicionar una de sus manos en el hombro del chico. – Anda come, que si no comes, no creces. ¿O es que no quieres ser alto y fuerte como yo? – Preguntó con tono sarcástico al ver la nueva posición que había tomado el chico. – Más bien el resto de Slytherin no se metían contigo porque ya lo hacía yo por todos. – Admitió antes de seguir con su plato. ¡Fin de la discusión! Tío, que era un Hufflepuff, por muchos centímetros que sacase a los demás todos iban a meterse con él por los siglos de los siglos.

Como era obvio, Gary no tenía suficiente con tirarse comida por encima de su propia ropa, sin que quería tirar comida por encima de la ropa de los demás. ¿Por qué? Sería un tipo de hobbie suyo, quién sabe, si es que estos de Gryffindor son cada días más retrasados. Al final acabarán incluso teniendo una mención especial por su retraso como ya tenían los de Hufflepuff. Aunque para eso hacían falta miles de Gary’s, ya que un solo Gary no era suficiente para hacer que una casa degenerase tanto como para llegar a la altura de Hufflepuff. Debió de ser divertido ver la primera reunión entre los fundadores de Hogwarts. “Yo, Salazar Slytherin, sólo admitiré a aquellos cuyo linaje sea merecedor de la magia y cuya astucia supere cualquier tipo de barrera. En nombre de la inteligencia, yo, Rowena Ravenclaw, tomaré a mi cargo a todo aquel que tenga sed de conocimiento. Por mi parte cuidaré a los valientes, a aquellos que no temen el peligro, esos serán los alumnos de la casa de Godric Gryffindor. ¿Helga? ¿Alguien ha visto a Helga? Se habrá quedado en la cocina comiendo, le daremos a todos los demás. Perfecto.” Y así, señores y señoras, se fundó Hogwarts.

Pero como iba diciendo, Gary quería manchar ropa ajena, así que lo que hizo su brillante mente (o ese duende que tenía en el cerebro y le decía que quemase cosas y destrozase el resto) fue obligarle a ponerse el albornoz de una de las compañeras de piso de Drake. – Déjame ya. – Dijo Gary bajando la vista a su comida e intentando hacerse invisible ante los ojos de los demás.

Tras este panorama en el que habría que acabar incinerando el pobre albornoz de la tal Bianca (la cual tenía nombre de persona poco sociable que pasa de los demás cuando hablan con ella), Gary intentó hablar con comida en la boca. Pues si de por si se le entendía poco, imagínate teniendo la boca llena de comida. Ya ni hablemos. En fin, que el hombrecillo que intentaba realizar la proeza de hablar con la boca abierta lo intentó, pero no lo consiguió. Mientras que Drake se levantó a la cocina a apagar el horno. Más comida, si es que luego se quejan en África de pasar hambre, que tuvieran allí a la madre de Drake y verían como no pasaban hambre.

Tras volver de la cocina Drake trajo consigo una bandeja con varios bollitos. Bollitos porque eran chiquititos y monos, bueno, eran cerditos, pero para el caso, se entiende. Fly no pudo reprimir la risa al ver que uno de ellos era diferente. Concretamente era un erizo, aunque parecía una patata con cresta, pero para el caso, lo mismo. En verdad parecía una patata y no un bollo, es un dato muy importante en todo esto.  - ¿No puedo llevármelo y adoptarlo como segunda mascota? – Porque la puta lechuza que sólo servía para dejar todo lleno de mierda de lechuza no contaba como mascota, todo el mundo lo sabe.

Antes de que el pobre Gary pudiera sacar la cabeza de la comida para ir a por más comida, su madre ya estaba al acecho, clavando sus ojos de madre acechadora sobre él. Especialmente cuando estiró el brazo para coger uno de los bollos. Concretamente el que tenía forme de erizo. – Vale… - Dijo con tono de emo depresivo a punto de irse a su dormitorio a cortarse las venas el pobre Gary.

Mientras tanto (que no “de mientras”, la cual es una frase muy graciosa), el resto de personas estiraron los brazos para meter mano a la bandera. Y la bandeja no opuso resistencia porque era muy promiscua. –Si hubieras hecho un pingüino hubieras quemado la cocina. – Afirmó antes de darle un pequeño bocado en la parte de la cabeza al bollerizo. Nuevo nombre, concepto clave. – Si casi la quema haciendo un simple erizo… - Murmuró su madre antes de llevarse a la boca el cerdito.

Por su parte, y como se veía venir, el chocolate acabó en el albornoz de Bianca y el grito de la madre de Gary debió de asustar a los vecinos que vivían a cinco manzanas. Que no peras, manzanas. El resto de los asistentes a los que llamaremos Fly y Drake no tardaron en acabar con la cena, y con ayuda de la madre de este último recogieron la cocina y la mesa. Ya que Gary se había encerrado en el baño, donde se acababa de comer su bollito de cerdito mientras se limpiaba el chocolate en el albornoz de Bianca. Una cena de lo más normal, sutileza de Gary Ulrich.
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