Situación Actual
21º-14º // 5 octubre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Apolo MasbecthMejor PJ ♂
Circe MasbecthMejor PJ ♀
Alexandra B.Mejor User
Denzel S.Mejor roler
Ashanti ButtonMejor nuevo
Joshua EckhartMejor jugador
Sam & HenryMejor dúo
Eva WaldorfPremio Admin
Afiliaciones
Hermanas [2/4]
Expectro PatronumExpectro Patronum
Directorios [8/8]
Élite [36/40]
1zp6r0z.jpgSaint Michel UniversitéMagic WordsBelovedHogwartsExpectro PatronumExpectro PatronumExpectro Patronum
Redes Sociales
2añosonline

No más preguntas. (Daniel Deveraux)

Elia Deveraux el Sáb Dic 13, 2014 12:20 am

No pude resistir la tentación irrefrenable de comprar ese par de zapatos que vi en el escaparate. Pasé por delante sin prisa, y su color morado oscuro llamó mi atención. Los miré de reojo y tuve que parar para verlos mejor. El tacón era bastante alto y fino, con plataforma por delante también. Unos zapatos con mucho estilo, que combinarían a la perfección con mí vestido negro corto. Entré en la tienda y pedí mi talla sin ni siquiera interesarme por el precio. Salí de casa muy pronto, iba a llegar con antelación al lugar indicado de todos modos, por lo que me permití aquel capricho. Emergí de la tienda con una sonrisa de satisfacción pensando en una ocasión para poder usarlos. En clase no puedo, son demasiado elegantes.

Mi hermano había insistido mucho en vernos después de aquel tropezón en la mansión aquella donde hicieron el baile de Halloween, de modo que acepté quedar con él. No es que yo no tuviese ganas de verlo, pero me daba mucha pereza tener que contestar a todas sus incómodas preguntas sobre mi vida. Cuando encontré un trabajo se lo notifiqué por carta, creí que con esa aclaración sería suficiente. Pero no. Nunca es suficiente para Daniel. Él quiere saberlo todo, tenerme controlada. Más que nuestros padres. Es algo que odio. Caminaba despacio por las calles de Londres. Es una ciudad perfecta para una bruja que se hace pasar por muggle. La gente suele vestir tan raro que no creo que nadie se fije en alguien como yo. Por lo menos no se fijan en mi aspecto extraño, si de caso en mis sensuales curvas. Busqué un atuendo discreto ya que había quedado con mi hermano, no con un chico interesante.

Habíamos quedado en la zona comercial de Knightsbridge, un lugar con mucho ambiente y mucha gente un sábado por la tarde tan cercano a esas señaladas fiestas familiares. Todos buscando un inesperado pero sorprendente regalo para un ser querido. Lo que me recuerda que tengo que comprar un regalo a Daniel. No es un trabajo fácil, pero le debo eso al menos. Esperé a Daniel en el sitio acordado, una tienda de juguetes inmensa. Mirando un tren que daba vueltas en unas vías de plástico pensé en Daniel. Espero que no venga con aquella chica de la fiesta. Daniel se acercó y ella salió huyendo. El tren continuaba dando vueltas. ¿Te imaginas que tienen hijos algún día? Pude ver mi reflejo en el cristal y en mi rostro se reflejaba una mueca de asco y pánico. Deseé con todas mis fuerzas que las ganas de Daniel por vernos no se debieran a noticias tan trágicas como las que me estaba imaginando. Dejé de mirar el tren y me di la vuelta para centrar mi mirada en la gente. Lo que me apetecía era tomar un chocolate caliente en un sitio tranquilo para poder hablar con Dan, y quizás luego pasear por las abarrotadas calles.
avatar
Imagen Personalizada : Love me
RP : 10
PB : Natalie Dormer
Edad del pj : 24
Ocupación : Profesora de Runas Antigu
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : A mi misma
Patronus : Cacaculopedopis
Mensajes : 234
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t1052-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1078-mis-relaciones-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1077-cronologia-de-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1298-arcon-de-elia-deveraux

Invitado el Sáb Dic 13, 2014 1:16 am

Había tenido una semana tan horrible en el hospital que cuando llegó el fin de semana no me apetecía más que dormir. Por suerte todo se había calmado lo suficiente como para poder permitírmelo; por algo era el jefe. El viernes por la noche antes de salir del hospital di la orden de que solo me avisasen si había algún caso importante, de lo contrario los sanadores que trabajasen el fin de semana podían hacerse cargo. Yo no daba para más.

En cuanto llegué a casa me tiré en la cama sin descalzarme ni arroparme, aunque como en la casa había calefacción tampoco cogí frío. Tyler también me daba calor. Normalmente dormía en el sofá pero me sorprendí viendo a mi perro acurrucado junto a mí cuando abrí los ojos a la mañana siguiente. O a la tarde, según como se interpretase. Eran las doce del mediodía. Había dormido diez horas seguidas. Todo un récord, y bien visible en las muestras de cansancio de mi cara. Tomé algo para no estar con el estómago vacío: un par de trozos de pizza y un café cargado para despejarme. Tampoco quería comer mucho, había quedado con Elia y probablemente pararíamos en cualquier sitio a tomar algo.

Era un momento que esperaba con ganas. Hacía tiempo que no tenía ocasión de pasar una tarde a solas con mi hermana y ya lo echaba de menos. Además no habíamos tenido ocasión de ponernos al día desde nuestra última carta, pues después solo nos vimos en la fiesta de Halloween de la mansión y al estar con más gente no pudimos hablar con la tranquilidad de cuando estábamos a solas. Pero decidí que ya era hora de vernos y le había mandado una nota con el lugar, la fecha y la hora de nuestro encuentro, y ella no me había contestado para decirme que no. No podía dejar de pensar en ese supuesto trabajo que decía tener. Conociendo a Elia, podía ser de dj en cualquier discoteca muggle... A saber.

Bajé con Tyler a dar un paseo por el parque antes de regresar a casa y ducharme antes de vestirme. Elegí un conjunto casual y cómodo, un cambio a mi ropa habitual de hospital que mi cargo como director exige. También decidí afeitarme aunque solo para que Elia no me dijese otra vez que tenía barba de naúfrago. ¿Qué tenía de malo? Me encantaba mi barba. Dejé a Tyler de guardián en casa y como iba bien de tiempo elegí el transporte público muggle para llegar a nuestro punto de encuentro, una juguetería de una calle conocida. Mientras iba en el metro no dejaba de pensar en como la Navidad había llegado de repente y todo el mundo empezaba a estresarse por comprar regalos. A mí nunca me ha gustado celebrar las fiestas estos últimos años, normalmente las pasaba borracho o con resaca tratando de olvidar que estaba solo. Pero este año tenía a Brisa. Era distinto. Y eso significaba comprarle un regalo también a ella, no solo a Elia. Si no fuese por el primer encuentro entre ambas le preguntaría a mi hermana que tipo de regalo iría bien para mi novia... pero visto eso, tendré que improvisar.

Cuando entré en la juguetería vi a una figura familiar parada delante de un tren de juguete que no hacía más que dar vueltas. Miré a mi alrededor maravillado de ver tanto juguete mientras me acercaba a mi hermana a espaldas de ella. Finalmente me paré detrás de ella y le di unos golpecitos en el hombro antes de que ella tuviese ocasión de verme. Lo bueno de estar en una tienda con bastante gente es que te puedes ocultar fácilmente.

- Nunca bajes la guardia. - le dije. Otro en mi lugar habría dicho: "Hola Elia. ¿Cómo va todo? Ha pasado mucho tiempo, me alegro de verte". Pero mi familia nunca había sido lo que se dice normal: padre conservador, madre conservadora y sumisa a su marido, hijo mayor muerto, hijo mediano convicto rehabilitado (e inexistente a ojos de mis padres) e hija menos rebelde y libre. Nuestras vidas darían para una telenovela y su secuela. Cuando Elia se giró hacia mí, sonreí ampliamente. - Me alegro de verte Elia. Estás tan hermosa como siempre. - le abracé y le di un beso en la mejilla. Allí no había rostros conocidos así que no nos importaría a ninguno darnos muestras de cariño. O por lo menos a mí no me importaba lo más mínimo; Elia no dejaría de ser mi hermana pequeña, podía tomarme libertades como esa de vez en cuando. - ¿Cómo te va todo? ¿Alguna novedad? - Si mi hermana hubiese sido de otra forma, me preocuparía por el tipo de la máscara que estaba pegado a ella como una lapa en la fiesta. Pero conociendo a mi hermana como le conocía, sabía que aquello había sido cosa de la fiesta y que después ninguno se volvería a ver. O más le valía al tipo de la máscara.
avatar
InvitadoInvitado

Elia Deveraux el Jue Dic 18, 2014 12:42 am

No lo admitiría, pero estaba deseando ver a mi hermano. Sobre todo por la cara que pondría Daniel cuando le contase mis noticias. Por lo que le he dicho hasta el momento, manteniendo el misterio, Daniel puede pensar cualquier cosa de mi. Quizás cree que estoy trabajando como bailarina en algún club nocturno, o como camarera. Opina que no tengo buena mano para conseguir lo que quiero por mí misma, y se equivoca. Yo siempre consigo lo que quiero. Su cara de estúpido va a ser tan genial que me gustaría poder retratarla para verla siempre que quisiera. Quizás para mandarla a Corazón de Bruja y que viesen como es el Jefe de Sanadores en la intimidad. Me mataría…

Lo mejor de aquel encuentro fraternal es que Daniel también tiene cosas que contar. Conociéndole como le conozco, se que se va a centrar en mí y me va a hacer la entrevista más larga de mi vida. No se saldrá con la suya, pienso atacar con todas mis armas. Estamos entre muggles, no voy a usar la varita para lanzarle hechizos ni nada por el estilo. Suelo ser más sutil. Tengo mis trucos. Espero que no pregunte por el chico de la fiesta de Halloween, o tendré que preguntar por aquella caperucita malcarada, y no me apetece nada. Lo más seguro es que nos centremos en mi logro, y le haga mucha gracia saber que me paso los días rodeada de críos. De momento me he ganado su respeto y tengo unos alumnos bastante aventajados y aplicados, no me puedo quejar. Estaba bastante asustada en mis inicios. Otra cosa muy diferente es cuando me toca vigilar los pasillos o los jardines. Hay alumnos completamente salvajes. Me ven joven y me toman por una alumna de último curso. He quitado más puntos de los que he dado en lo que llevo de curso. La mayoría a alumnos patosos de Hufflepuff, y a serpientes que van lanzando hechizos sin ocultarse.

Estaba entretenida en la tienda de juguetes viendo como un tren daba vueltas en un circuito cerrado. Me apetecía estar con Daniel en un lugar más tranquilo para poder atender a sus preguntas con la mayor concentración. Este lugar es muy ruidoso. Se escuchaban niños probando juguetes. Madres gritando a sus hijos para que no fuesen tan brutos con dichos juguetes, y padres deseando poder jugar como lo hacen los niños sin miedo a que los miren mal.

Sin previo aviso noté una presencia tras de mí y esbocé una sonrisa. De estar en otro tipo de ambiente, ya tendría mi varita clavada entre las costillas de cualquiera que se acercase tanto a mí. Es diferente cuando estás en una tienda abarrotada de muggles y estás esperado a Daniel. Me giré al escuchar su voz. Que graciosa su frase. Es su manera de saludarme. Tan original que no me puedo quejar. Agradecí su cumplido con un ligero gesto de mi cabeza.  – Te has puesto muy guapo para estar conmigo. – Mi comentario, en cambio, no era tan bienintencionado como el suyo. Está claro que Dan se ha tomado todo el tiempo del mundo para afeitarse y vestirse como un hombre muggle de hoy. No es propio de él ir afeitado, con el rostro impoluto. Él es más de llevar barba de mendigo. Le abrecé con fuerzas, y le besé en la mejilla aprovechando que no iba a molestarme una asquerosa mata de pelo. Le debía ese abrazo desde que le vi en la fiesta, pero allí no se lo pude dar. También me apetecía, por supuesto. No deja de ser mi hermano querido, él único que me queda. Sus preguntas superfluas me hicieron reír a carcajadas. – Todo genial, hermanito. Seguro que tú tienes más novedades que yo. – Me agarré a su brazo de forma cariñosa para indicarle la salida de la tienda. – Podríamos ir a un sitio más tranquilo para ponernos al día con las novedades. ¿Te apetece que tomemos un té, o un chocolate caliente? – Tengo una naturaleza bastante golosa, y el chocolate se me antoja desde que llegué a esta zona de Londres. Con el frío y la buena compañía, no está de más tomar algo caliente y dulce. Salimos de la tienda de juguetes, con cierta dificultad pues la gente miraba los juguetes y no miraba por donde pisaba. En la calle no había tanta gente. Justo en la acera de enfrente había un local con buena pinta. ¿Para qué caminar más? Se me antoja un chocolate ya mismo. Señalé el lugar, y fuimos hasta allí. – Estás deseando que te cuente en qué consiste mi nuevo trabajo, ¿verdad? – Yo también lo estaba deseando, pero quería esperar a estas en un sitio tranquilo, en un ambiente de confianza.
avatar
Imagen Personalizada : Love me
RP : 10
PB : Natalie Dormer
Edad del pj : 24
Ocupación : Profesora de Runas Antigu
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : A mi misma
Patronus : Cacaculopedopis
Mensajes : 234
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t1052-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1078-mis-relaciones-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1077-cronologia-de-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1298-arcon-de-elia-deveraux

Invitado el Lun Dic 29, 2014 12:14 pm

Llevaba bastante tiempo sin saber nada de Elia, exactamente desde aquella fiesta de Halloween en que le vi fugarse con el tipo enmascarado. Sabía que mi hermana sabía arreglárselas sola, no era ninguna novedad, pero me alegró comprobar que seguía viva. Me puede llamar paranoico pero al igual que duermo con un ojo abierto y otro cerrado por si acaso unos mortífagos se deciden a atacarme en plena noche, lo mismo deberían hacer mis personas más cercanas. Y mi hermana no se libraba de esa. Y además sentía algo de curiosidad (si algo es igual a mucho) por saber en que consistía el trabajo de mi hermana del que presumia en la carta que me mandó. Sabiendo su carácter podía tratarse tanto de un trabajo de dj en una discoteca muggle como de un trabajo de dj en una discoteca no muggle. O quizá fuese camarera, aunque no en Las Tres Escobas. No, eso era imposible. El salón de té era demasiado refinado y contenía demasiado amor para el gusto de mi hermana y Cabeza de Puerco era demasiado mugriento. ¿Entonces?

Pronto lo averiguaría. Habíamos quedado en una juguetería muggle y allí acudí cuando me afeité y me arreglé de forma que sabía que le agradaría a mi hermana. A veces le tomo un poco el pelo (pero sin pasarme) pero por dentro me derrito cada vez que Elia me abraza o me sonríe. No puedo evitarlo: siempre será mi hermanita pequeña. Sonreí cuando vi a Elia dentro de la tienda y decidí aprovechar el ruido de la tienda para moverme sin que ella me viese y sorprenderle por la espalda. Pero enseguida le abracé con cariño y urgencia y le di un beso en su suave y lisa mejilla. Sonreí cuando ella dijo que me había puesto muy guapo para ella.

- ¿Ves que atento? Ya sé lo poco que te gusta que me deje barba... - dije chasqueando la lengua. ¿Por qué a Elia no le gusta mi barba? Vale, pincha, pero me da un toque maduro. Y sobre todo me tapa las marcas de los granos. A mi parecer son mucho más horribles que un poco de vello repartido por las mejillas. ¡Mujeres! Después quise saber qué tal le iba todo y sonreí más tranquilo cuando dijo que todo iba bien. Puse los ojos en blanco cuando dijo que seguro que yo tenía más novedades que ella. Como se nota que Elia no trabaja en el hospital, lo más interesante por allí es cuando ingresa un paciente con una rama de árbol brotando de sus orejas. Pero después, mientras Elia se agarraba ami brazo y nos dirigíamos a la salida de la tienda caí en la cuenta de que al igual que yo tampoco había olvidado a su acompañante de la fiesta, ella tampoco había olvidado a la mía. Brisa. Mierda. ¿Debía contarle a Elia sobre lo mío con Brisa? No, por supuesto. Más claro agua. Estaba pensando en posibles cambios de tema que no fuesen demasiado descarados en caso de que mi hermana sacase aquel tema de conversación cuando me dijo de ir a tomar un chocolate caliente. No pude evitar sonreír como un tonto. Que quisiese un chocolate caliente y no un whisky de fuego doble me demostraba otra vez que se trataba de mi hermanita pequeña; que yo le controlase el whisky que bebiese para no emborracharse otra vez delante de mí no tenía nada que ver. - El chocolate me parece bien. Hace tiempo que no tomo ninguno. - Ya ni recuerdo la última vez, solo sé que también fue con mi hermana.

Mi hermana señaló en un punto delante de nosotros y nos llevó hacia allí. Chocolate pues. Antes de que llegasemos siquiera a la puerta me leyó la mente y me dijo que seguro que me moría de ganas por descubrir en que consistía su nuevo trabajo. Torcí una sonrisa divertida y asentí aunque también estaba algo nervioso. Agárrate Daniel, ahora es cuando te dice que es stripper...

- Me muero de ganas por conocer tu secreto. - confesé. El misterio en torno al tema hacía que mis ganas aumentasen aún más. Justo llegamos ala puerta y la abrí para que mi hermana pasase delante; ante todo soy educado y las damas siempre van primero. Mi hermana no era siempre una dama pero tampoco podía reprochárselo, era bastante más joven que el viejo de su hermano. Nos detuvimos ante una mesa para dos vacía y alejada del ruido de la barra. Supuse que Elia lo preferiría, aunque a veces algo de ruido iba bien cuando no se quería ser escuchado. Pero no te emparanoies Daniel, ya te encargarás de poner medidas antiespía si la situación lo requiere. Esperé hasta que Elia se quitó el abrigo y se sentó y después hice yo lo mismo. En cuando estuvimos sentados apareció el típico camarero con delantal blanco, barriga cervecera y alopecia y se colocó sonriente delante de la mesa. Le miré con ojos entrecerrados cuando vi que miraba a mi hermana como si fuese un trozo de carne con ojos. - Dos chocolates calientes. - Me ahorré el por favor. Como siguiese mirando a Elia así es él quien me tiene que pedir por favor que no le tire el chocolate por encima.

Cuando el camarero se marchó a por nuestros pedidos (me aseguré de seguirle con la mirada hasta que desapareció en la barra y me alegró ver que no volvió a mirar a mi hermana de esa forma) y nos quedamos de nuevo solos mi hermana y yo, relajé el gesto cuando volví a mirar de nuevo a Elia y me encogí de hombros.

- ¿Qué? Te estaba mirando como si fuesen un manjar mejor que los de los banquetes de Hogwarts. - Pobres banquetes de Hogwarts y como los he degradado al compararlos con aquel ser... - Y en mi presencia nadie trata ami hermana como si fuese comida para dragones hambrientos. Ni hablar. - dije tajante y serio. - Pero en fin, no me cambies de tema. Cuéntame. ¿En qué consiste tu nuevo trabajo? - Mis apuestas estaban en un 50% camarera, 50% stripper. En cualquiera de esos dos casos estaba totalmente convencido de que nuestros padres no estarían al tanto; seguro que ambos veían a Elia como la próxima ministra de magia. Era su última esperanza para poder presumir de un hijo que aún estuviese vivo.
avatar
InvitadoInvitado

Elia Deveraux el Lun Ene 12, 2015 12:34 am

Pese al elevado grado de curiosidad que mi querido hermano estaría sintiendo en aquel mismo instante, se comportó bastante bien y fue educado al entablar una conversación normal entre hermanos en lugar de ir directamente al grano. Me alegré de verlo en un ambiente distendido y poder hablar con tranquilidad. La fiesta de Halloween no fue un buen lugar donde contarnos las novedades. Él estaba con esa caperucita zorrita, y yo me debatía entre el primo joven o el primo no tan joven. La juguetería no ofrecía mucha calma, pero en breve la abandonaríamos para ir a un lugar más tranquilo. Lo primero que hice fue hacerle saber lo guapo que estaba. Sabe que me dan horror los chicos con barba, y debo admirar que se haya afeitado para verme. Ahora parece estar de moda la barba y a mí me sigue pareciendo horrible. Seguro que ellos también prefieren que ciertas zonas estén desprovistas de pelo.

Dan quería saber mi secreto. Su imaginación le habría hecho más de una mala pasada imaginando a su hermana barriendo pisos o bailando semidesnuda. Para lo primero no hay bastante oro en el mundo, para lo segundo no tendrían que pagarme con dinero. Por primera vez en mi vida, estaba intentando sentar la cabeza, empezando con un trabajo bueno, estable, de provecho, y por suerte para mi, que me gusta. Propuse el ir a tomar un chocolate. El whisky es exclusivo para fiestas. Siempre que tengo que hablar con mi hermano sobre algo tomamos chocolate. Esta vez es un chocolate por algo bueno, la noticia de un trabajo. Dan va a pensar que quiero sentar la cabeza cuando se lo expliqué.

Me cogí de su brazo para salir de la tienda e ir caminando bien juntos de modo que podíamos ir hablando por el camino. Pero el camino fue corto. Cruzamos la calle y la conversación se redujo a señalar el lugar y poco más. Justo al entrar en la cafetería le afirmé que estaba deseando saber sobre mi nuevo trabajo. Y le dejé en vilo varios minutos. No sentamos en una mesa vacía. Fue dejar el abrigo, ponerme cómoda, y no tardó en venir el camarero. Por lo que sembré en mi cara una mueca de diversión casi infantil por hacer esperar a Daniel. Ni me detuve a mirar a la cara al camarero, viendo su oronda barriga no necesité ver nada más. En cambio Daniel lo siguió con la mirada hasta que desapareció en la barra. Me reí de mi hermano, que se indignó porque el camarero me miró demasiado. - Daniel el justiciero. - Apoyé mi codo sobre la mesa y reposé mi cabeza en mi mano abierta. En mi rostro continuaba reflejada la burla. Tengo suerte de que mi hermano no me hiciese quedar muy mal en la fiesta de Halloween. Tanto Brad como Matt se rieron de mi hermano el sargento.

Daniel se puso impaciente y preguntó directamente. Tras unos segundos de  suspense, lo solté. – Daniel, soy profesora de Runas Antiguas en Hogwarts. Ese es mi nuevo trabajo. No es ninguna broma. – Lo dije con el tono más serio que jamás en la vida he usado en presencia de mi hermano. – Me surgió la oportunidad este verano. No sé si la antigua profesora se ha jubilado o a muerto, lo mismo me da. El caso es que solicité el puesto y lo he conseguido. –Estaba disfrutando cada palabra. - Tú sabes que siempre se me dieron bien las Runas. No ha sido fácil tener que organizarme y planificar clases para esos críos odiosos, pero me gusta. – Le expliqué a mi hermano con entusiasmo. – Deberías verme en clase. Creo que me tienen como a un ogro, peor que McGonagall. Cuando me toca vigilar el patio me temen. He restado más puntos de los que he dado. – Mi tono era de satisfacción personal máxima. Y la cara de mi hermano algo indescifrable. El pobre estaría contento de ver progresar a su hermana, pero un tanto decepcionado viendo que he conseguido un buen trabajo sin esforzarme nunca por nada. Él en cambio es jefe de sanadores, si, pero su sueldo es el mismo que el de un sanador recién graduado. Es como si Dumbledore cobrara lo mismo siendo director que Filch limpiando rellanos. - ¿Qué te parece? – La opinión de Dan tiene valor para mí, aunque él no lo crea. Tampoco es que yo se lo haga saber.

El camarero no tardó en traernos el chocolate. Dejó primero el de Daniel y el mío lo deposito en último lugar, deleitándose. Lo miré sonriente. – Gracias. – Arrastré la ese de forma provocativa. El gordo seboso se fue radiante mientras yo esperaba la reacción de mi hermanito. Antes ha dejado claro que le molesta que me miren, me ha provocado.  

El chocolate humeante tenía un olor intenso y delicioso. Daban ganas de beberlo al instante, pero no quería quemarme la lengua y esperé. - ¿Qué tal en el hospital? ¿Pasan cosas interesantes? – Hay muchos trabajos aburridos, y ser sanador no parece serlo. Los pacientes pueden tener objetos pegados a su cuerpo, o más pelo del normal, o más orejas de las que son normales, pero no deja de darme cierta repulsión pensar en ese trabajo. Todo el día tratando con gente enferma tiene que ser deprimente.
avatar
Imagen Personalizada : Love me
RP : 10
PB : Natalie Dormer
Edad del pj : 24
Ocupación : Profesora de Runas Antigu
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : A mi misma
Patronus : Cacaculopedopis
Mensajes : 234
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t1052-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1078-mis-relaciones-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1077-cronologia-de-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1298-arcon-de-elia-deveraux

Invitado el Mar Feb 10, 2015 6:37 pm

La última vez que había visto a Elia fue en aquella fiesta de Halloween. Ninguno de los dos había estado cómodo en presencia del otro por la compañía: ella con dos tipos que no eran de mi agrado y yo con Brisa (que seguro que tampoco fue del agrado de Elia según sus miradas). Ninguno habíamos olvidado lo que había pasado esa noche aunque apenas estuvimos juntos unos minutos. Por eso no me pudo aclarar en qué consistía su misterioso y nuevo trabajo y no pude calmar mi miedo. Conociendo a Elia, su trabajo podía consistir de camarera o de stripper. La angustia de no saber cual de los dos era iba a terminar conmigo.

Por suerte no lo hizo. Con la excusa de las Navidades habíamos acordado vernos en una calle conocida de Londres para dar una vuelta y charlar. Y para que Elia me contase de una vez qué clase de actividad engrosaba su cuenta del banco todos los meses. Por ello, y porque en el fondo no podía evitar morirme de ganas de abrazar a mi hermanita como no pude en la fiesta, me despedí de mi barba y me afeité sabiendo lo mucho que ella la detestaba y fui a su encuentro aparentando unos años menos y dejando expuestas las marcas de acné que tan poco me gustaba enseñar.

Una vez juntos fue como en los viejos tiempos. Abrazo, intercambio de palabras para decirnos el uno al otro lo guapos que estábamos y Elia agarrada a mi brazo llevándome a tal o cual sitio. Esta vez era a un bar a por un chocolate caliente, algo que no se podía rechazar con el frío que hacía ese día. El no saber todavía en qué consistía su trabajo me tenía nervioso y no ayudó el que el camarero mirase a mi hermana como si fuese un halcón volando en círculos sobre su presa. Mi mirada habló por mí cuando los ojos del seboso se cruzaron con los míos. Tranquilo Daniel, céntrate en tu hermano y déjale. Ha captado el mensaje.

Elia se fijo en mí y me vi en la necesidad de justificarme… pero entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo. Quería distraerme y que me olvidase de que estábamos allí para que me desvelase por fin su secreto. Así que paré en seco y le pedí que me lo dijese. Ya había tardado suficiente en decírmelo. ¡Meses! Pensé que Elia seguiría con el silencio que tanto le gustaba mantener y que me ponía de los nervios pero finalmente lo soltó. Los primeros segundos me quedé con la típica cara que pondría un pez que lleva fuera del agua demasiado tiempo y se está quedando sin oxígeno. Mi cerebro se quedó paralizado unos momentos antes de volver a trabajar con toda su intensidad.

- ¿Profesora? – balbuceé torpemente después de recuperar el habla. - ¿Tú? ¿Profesora? – No pude controlarme. Me reí. Con la risa se fueron los nervios que me habían acompañado tantos meses así como el miedo de que me hubiese admitido con total tranquilidad que era stripper o camarera. Mi hermana, Elia Deveraux, había conseguido un empleo digno… y probablemente mejor pagado que el mío. En ese momento me dio igual que aquello fuese un local lleno de gente. Me levanté y antes de que pudiese zafarse de mí atrapé a mi hermana entre mis brazos y le di un abrazo como los que no le pude dar cuando era niña, lleno de cariño, ternura… y alivio. Mucho alivio. – Dios Elia, como te quiero. – dije cuando me separé y volvi a mi sitio como si nada. Ella me explicó que consiguió el puesto en verano y reí cuando mencionó a la vieja McGonagall. Pese a ser la jefa de Gryffindor fue una de las pocas profesoras del colegio que merecía mi respeto (no tuvo nada que ver que enfadada diese más miedo que Snape con el pelo limpio). Reí de nuevo cuando dijo que los alumnos le temían y que había restado más puntos de los que había dado. – El karma se restablece. Hace cinco años te quitaban los puntos, ahora los quitas tú. – Alcé una ceja incrédulo cuando Elia me preguntó mi opinión. - ¿Lo dices en serio? Desde que recibí tu carta diciendo que tenías empleo, lo que menos imaginaba era que fuese de profesora. ¡Y de Runas Antiguas nada menos! – Cualquier podía serlo de asignaturas como Adivinación o Estudios Muggles, pero Runas Antiguas requiere una preparación a la que al parecer mi hermana estaba dispuesta. Tras una pausa dramática de las que ella le gustaba tanto hacer, respondí - ¡Me encanta!

Iba a añadir algo más cuando apareció de nuevo el camarero barrigón con nuestras bebidas. Aunque al principio era evidente que se contenía por no mirar a Elia ante mi atenta mirada vigilante, sus gestos hablaron por él cuando tardó demasiado tiempo en dejar el chocolate de Elia. Le miré sin poder creérmelo con cara de pocos amigos. Menos mal que no soy religioso porque aquello fue para darle una santa ostia. Encima Elia parecía querer provocarme o un infarto o una pelea porque le dio las gracias como solo una mujer de claras intenciones sabe hacer. No me di cuenta ni de que el gordo se había ido; mi mirada estaba fija en Elia.

- ¿Se puede saber que te pasa? – le pregunté enfadado tratando (sin éxito) de no elevar el tono de voz. – Sabes que llevo muchos años reformado pero te juro que como el día de mañana te presentes en mi puerta con una barriga y un tipo como ese - dije señalando con la cabeza al camarero seboso que atendía a unos clientes unas mesas más atrás – os mato a los dos. – Lo dije medio en broma medio en serio. Jamás le haría nada malo a Elia, era mi hermanita. Estaba deseando que sentase la cabeza y el empleo era el primer paso, pero como buen hermano deseaba que el amor de su vida y el padre de los futuros sobrinos que tanto deseaba tener no fuese precisamente como aquel camarero.

Elia debió notar la seriedad de mis palabras, o quizá no le interesaba lo más mínimo, y cambió de tema, centrándose en lo rico y caliente que estaba el chocolate. Suspiré y meneé la cabeza mirando al techo; si no terminaban conmigo el Señor Tenebroso o sus mortífagos, seguro que lo hacía Elia de un susto como aquel. Bajé mi mirada al chocolate. Olía de miedo pero sabía que tenía que esperar un poco antes de poder beberlo o me abrasaría. Miré a Elia de nuevo cuando me preguntó como iban las cosas en el hospital.

- Como siempre, ya sabes. – me encogí de hombros. El trabajo en el hospital nunca había sido demasiado interesante y mi hermana lo sabía. – Lo más interesante que ha pasado últimamente ha sido tener como paciente a una auror que no me caía mal. – bromeé. Alguna vez le había hablado a Elia de lo mal que me caían, aquello sin duda le resultaría interesante. No era para tirar cohetes, claro, pero aquello era de lo más emocionante que podía encontrarme en un hospital; aún era pronto para comentarle mi relación con Elia, seguro que a mi hermana no le caía bien y tenía que estar preparado para cuando llegase el momento.
avatar
InvitadoInvitado

Elia Deveraux el Jue Feb 19, 2015 12:42 am

Mi mente había desarrollado una feliz fantasía en la que Daniel sacaba confeti y globos para dar una fiesta al enterarse de mi trabajo. No es para menos. Él me conoce mejor que nadie y sabe que clase de trabajo va conmigo. Es decir, ninguno. Por eso imagino globos y confeti. Dani se va a sorprender muchísimo. Yo, la eterna estudiante mantenida, trabajando en un lugar serio y con responsabilidades de verdad. Parece un chiste sin gracia. A mi favor diré que esperé unos cuantos meses para contárselo a mis padres, de manera prudencial. Por si me despedían el mismo día de empezar. Era una posibilidad bastante factible. Estaba casi segura de que colgaría por los pies al primer alumno que me mirara las tetas y Dumbledore me pondría de patitas en al calle. He podido resistir tal tentación de maltratar a los alumnos como una campeona y aún conservo mi trabajo. No es tan malo que miren, y más sabiendo que no lo van a poder catar jamás. No niego que hay algunos alumnos de séptimo que parecen muy adultos, pero no es mi estilo. Me gustan los hombres, no los críos.

Todo estaba yendo como la seda, por eso ha llegado el momento de confesar a mi hermano el secreto que he guardado con tanto recelo.  La noticia sobre mi primer trabajo es para celebrarla. Mi feliz fantasía se vio truncada, pues Daniel se limitó a mirarme y reír. Pero casi que fue mejor esa reacción de mi querido hermano que los globos y el confeti. Los meses que había tenido para pensar en mi trabajo y reflexionar sobre ello le habrían tenido nervioso. Él me conoce bien y sabe que no me gustan los críos. En su mente debieron pasar todos los trabajos posibles menos ese.

Me fue imposible rechazar los gestos de cariño de Dan. Estaba contento por mí y no me dio tiempo a reaccionar. Le abracé con una sonrisa. Se notaba su alegría y puede que su alivio. - Ya basta, Dan. - Mi hermano volvió a su sitio con un tierno comentario. - ¿Me quieres por que ahora soy profesora? - Cuando a Daniel le entraban ataques de efusividad extrañaba a mi hermano de antes, el que me ignoraba por completo. Sospecho que se volvió más cariñoso con la edad, y más sabiendo que soy su única hermana. No se lo reprocho. Su alegría me puso de buen humor. Esperaba mucho menos de mi, se le notaba en la cara. Algo así como camarera o limpiadora en algún hotel para magos.

Mi hermano estaba encantado con la noticia y su rostro sonriente me animaba a sonreír. Debe imaginar que soy una cabrona quitando puntos todo el día pero no es para tanto. No es tan difícil probar que alumno a sido y lo que no puedo es ser injusta. Normalmente la culpa es de los alumnos y alumnas de Slytherin, que son los que tienden a pensar que las bromas son divertidas y que las normas no van con ellos. Ya en mis tiempos los de la casa de las serpientes eran los más alborotadores, y siempre se libraban de los castigos. - Me alegro de que te encante tanto. Tu opinión significa mucho para mi aunque no lo admita. - Sonreí orgullosa. - Sé que te sorprende, y no te culpo. También yo estoy sorprendida. Creí que no aguantaría a tantos críos pero he descubierto que tengo más paciencia de la que parece. - A Daniel no puedo ocultarle mis miedos o dudas. Él es como un remanso de paz. Me atiende, me comprende y intenta no inmiscuirse.

El camarero feo y gordo apareció de nuevo, solamente le presté atención para chinchar a Daniel. Es mi pasatiempo favorito. Pudo aguantar mientras el camarero rechoncho de más nos servía, pero nada más se largó de vuelta a su trabajo mi hermano se puso serio. - Si llega el día en que me presento en tu casa con un tipo como ese, la barriga la tendrá él, no yo. - Usé mi tono de falsa disculpa para luego reírme en toda su cara. ¡Ay, Daniel! ¿Cuándo aprenderás? Me gustan los hombres apuestos y educados, no gordos y feos. - ¿No quieres ser tío? ¿O es que tienes intenciones de ser padre tu primero? - De ningún modo me puse a la defensiva, solamente quería incomodar a Dan. Por mi mente no pasaba la idea de ser madre ahora, y posiblemente tampoco dentro de unos años, ni mucho menos la idea de ser tía.

Aproveché que tenía la taza de chocolate enfrente para preguntar a Dan sobre su trabajo. En lo que él respondía, yo soplaba a la taza. Estaba deseando poder catar aquel manjar de dioses que olía de maravilla. El trabajo de sanador amenazaba con ser una mierda pero debo mostrar respeto preguntando. - Oh, un auror.  Deberías llevarte bien con ellos. - Mi modo de vida es el pacifismo. No de forma literal. Adoro incordiar a la gente, pero no pienso en matar a nadie. Mi posición no está cerca de los mortífagos ni lejos de ellos. Solamente pienso en vivir mi vida y hacerlo de la forma más divertida posible. - Tu trabajo es tan soso como tu. ¿No te aburre? - Mi idea era hablar de lo que fuese menos de lo que ambos vimos en la fiesta. Él estaba con una chica joven y rubia. Una zorrita que ni se dignó a presentarme. En cambio, se acercó a increparme mientras estaba conociendo a dos primos muy atractivos en compañía de la profesora Morrell.
avatar
Imagen Personalizada : Love me
RP : 10
PB : Natalie Dormer
Edad del pj : 24
Ocupación : Profesora de Runas Antigu
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : A mi misma
Patronus : Cacaculopedopis
Mensajes : 234
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t1052-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1078-mis-relaciones-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1077-cronologia-de-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1298-arcon-de-elia-deveraux

Invitado el Jue Sep 17, 2015 12:35 pm

Conociendo a Elia, que me dijese que era profesora era una noticia que no me esperaba. Camarera, peluquera, dependiente de tienda muggle o en el Callejón Diagon, eso sí podía esperarlo. Incluso stripper tampoco me hubiese sorprendido aunque después hubiese hecho lo imposible por devolver a mi linda hermana al mundo del desempleo. Pero ¿profesora? ¿Conociendo su historial de travesuras en Hogwarts? Definitivamente no. Por eso me alegré muchísimo y terminé riéndo y confesándole mi amor. Ella respondió como solo Elia pudo responder pero sabía que en el fondo le alegró que yo también lo hiciese.

- No seas boba - respondí divertido - Eres el único miembro de nuestra familia que merece la pena de ser reconocido como tal - sacudí la mano como quitándole importancia al tema. Algo que no dejaba de ser cierto pues llevaba tanto tiempo alejado de nuestros padres que se había convertido en algo natural. Después miré a Elia con ojos divertidos y tras guñar un ojo añadí - Y más ahora que eres profesora. - Seguro que nuestros padres estaban encantados de poder presumir de al menos, uno de sus hijos. Mientras, Elia siguió hablando de su trabajo y de como lo estaba llevando mejor de lo que ella misma pensó al principió. Mi sonrisa se ensanchó aún más - Me alegro de que te hayas dado cuenta de lo que te decía muchas veces en mis cartas cuando estabas en Hogwarts. No solo eres preciosa, hermanita, sino que eres una mujer muy inteligente y astuta. Vales para mucho más que poner bebidas en un bar cualquiera - mire alrededor como indicando que aquel lugar reforzaba mi argumento. Me daba igual que alguien me escuchase, no dejaba de ser un bar muggle y tanto Elia como yo sabíamos que tenía potencial para mucho más.

Mi tesis no tardó en demostrarse cuando un camarero barrigudo se acercó a nuestra mesa con los chocolates y se fijó en mi hermana como un león se fija en la hembra de su manada. El barrigudo se fue pronto y por suerte npo tuve que demostrarle que las serpientes son más peligrosas y venenosas que el más poderoso león (algo que aquel hombre no era ni mucho menos). Regañé a Elia y le dejé las cosas claras; quería sobrinos, claro, pero no quería un cuñado así. Ni de lejos. Su respuesta inmediata me tranquilizó pero aun así me prometí estar más pendiente de mi hermana; era lista pero siempre podían jugarle alguna. Sin embargo, lo que Elia dijo después hizo que el trago de chocolate que acababa de dar se fuese por otro lado y empecé a toser. ¿Yo padre? No había sido una idea tan descabellada con Lenore, pensaba mientras me limpiaba los restos de chocolate de la boca (menos mal que estaba afeitado, vaya desastre de bigote y barba si no), pero ahora... Aunque todo marchaba bien con Brisa, mejor de lo que hubiese imaginado posible, no sé si estaba listo para eso. Seguramente mi momento ya hubiese pasado pero esos pensamientos tan sombrios solo me pertenecían a mí. Aun así no pude quitar la sorpresa de mi cara. Esa pregunta me desarmó por completo.

- Las cosas van bien tal cual están, gracias. No necesito a ningún bebé llorón para ser feliz. - No quería hablarle a mi hermana demasiado de Brisa porque solo se habían visto apenas unos segundos en aquella fiesta de Halloween accidentada, pero lo cierto es que un bebe sería otro motivo de preocupación. ¿Y si viene detrás de nosotros la gente que no debe? Brisa y yo tenemos piernas para correr y podemos desaparecernos si es preciso pero un bebé solo saber llorar y hacerse todo en el pañal. - Y respecto a ti, claro que quiero ser tío pero no creo que tengas aún la suficiente madurez como para hacerte cargo de un bebé las veinticuatro horas del día. - a Elia siempre le ha gustado disfrutar de la vida y no creía que un bebé entrase en esos momentos en el concepto de disfrute de mi hermana.

Por suerte la conversación tomó otro rumbo y Elia pasó a preguntarme por mi trabajo. Lo cierto es que no había pasado nada interesante últimamente excepto el haber tratado a esa auror, Fly. Era la primera que conocía que me caía bien. Puse los ojos en blanco cuando Elia dijo que debería llevarme bien con todos los aurores.

- ¿Crees que disfruto odiándoles? Yo intento ser cordial con todo el mundo pero si los otros aurores son imbéciles no es mi culpa - suspiré. Los que había conocido hasta la fecha, menos la auror del otro día, eran tan creídos como los Gryffindor con los que me duelaba en Hogwarts. Torcí una sonrisa cuando Elia dijo que tanto mi trabajo como yo éramos sosos. - Bueno, no es como estar en Hogwarts y castigar alumnos cuando estoy enfadado solo porque se urgan en la nariz - bromeé. Sabía que le encantaría mi comentario - Ciertamente no tengo tiempo de aburrirme en el hospital. Cuando todo está más tranquilo, o actualizo expedientes o llega alguna urgencia que tengo que atender. No paro - suspiré. - Por suerte todo queda recompensado en mi nómina pero muchas veces es de lo más estresante. Apuesto a que tú no sabes lo que es eso - bromeé.



Off: tardé meses pero al fin contesté. Mejor tarde que nunca Embarassed

avatar
InvitadoInvitado

Elia Deveraux el Sáb Sep 19, 2015 4:51 pm

Cualquier persona podía halagarme y yo no sentía vergüenza ni pasaba un mal rato, pero con Daniel es diferente. Es mi hermano. Eso significa que es muy crítico conmigo ya sea para bien o para mal. Si me dice que hay algo que no estoy haciendo bien es porque no lo estoy haciendo bien, y si me halaga como ahora es para sentirme halagada porque no lo dice por quedar bien o como apunte en una conversación de besugos. Es la sinceridad de hermano mayor que sale a flote, y me hace sonrojar y paso un mal rato. - Ya vale, Daniiii. Vas a hacer que me entren ganas de abrazarte y todo. - De haber estado más cerca le hubiese dado un miniabrazo. Le sonreí simplemente y rogué para que se callase. El tema no tardó en dejarse en el olvido pues había un camarero rollizo que me hacía ojitos. Daniel se dio cuenta enseguida y me habló con tono amenazante de hermano. No quería verme con un tipo como ese y embarazada a los dos días. Eso no iba a pasar ni aunque hubiese barra libre en el pub de moda. Soy selectiva incluso borracha. El único sentimiento que me provoca ese hombre son arcadas. Las arcadas son un sentimiento que expresa asco. Aproveché el momento para preguntar si él tenía intención de ser padre ahora que tenía una vida estable y feliz con una víbora a la que yo no tenía muy vista. Por el momento no quería ser responsable de un niño llorón que solo necesita atenciones.

Daniel logró girar de nuevo la tortilla y dijo que yo no tenía la suficiente madurez para cuidar de un bebé. - ¿Pero que te has creído? Mamà a mi edad ya te tenía. La madurez la tengo, seguro, lo que pasa es que no la encuentro. - Me hice la dolida de forma falsa para después reír. Tengo la suficiente madurez como para no cagarla en una clase llena de críos adolescentes pero me sería imposible aguantar los berridos de un bebé tres horas seguidas. Por lo menos mis alumnos, aunque mal, saben expresarse y decir que es lo que les pasa. Los bebés no hablan, eso es un problema serio que imposibilita el entendimiento. - Sé que lo dices por mi ritmo de vida. Es cierto, un hijo no entra en mis planes. Adoro salir de fiesta con mis amigas, conocer gente y no parar en casa.

Cambié de tercio para continuar hablando del trabajo como jefe de sanadores de mi hermanito. Suena a puesto importante pero por lo que se intuye está más puteado que los sanadores normales. Cobra prácticamente lo mismo trabajando más. Lo más interesante que le había pasado últimamente era asistir a un auror y para mi sorpresa le cayó bien. Mi perversa mente imaginaba a Daniel dejando morir a los aurores lentamente sin darles solución a su problema o añadiendo problemas a sus enfermedades. Pero Daniel no es así. Su vocación le hace querer ayudar a todo el mundo. Le dije que su trabajo era soso y el contestó que no podía castigar como yo a los alumnos por hurgarse la nariz. - Que mi trabajo implique más diversión no significa que no tenga estrés. No sabes lo que es leer traducciones que se parecen más a una hoja sucia de pociones que a una traducción rúnica. Me estreso cada vez que un alumno pone caras raras ante una nueva runa. Y me estreso cada vez que debo corregir deberes. Muy pocos son los alumnos que ganan puntos en mi clase, Ravenclaws mayoritariamente. Los demás solamente vienen a perder puntos y ganarse mi ira. - Dibujé mi habitual sonrisa de superioridad. Daniel cero, Elia uno. Yo lo paso mejor en mi trabajo. Terminé de tomar mi chocolate con la elegancia propia de una dama, repasando bien mis labios con la servilleta. No quería salir de allí con los labios manchados como una cría de cinco años. Me miré en el servilletero que era de metal para cerciorarme de que no quedaban restos. - Daniel, me encanta verte pero se ha hecho tarde. ¿Nos veremos en nochebuena en casa, no? Nuestros padres siempre esperan que vayamos en estas fiestas tan señaladas, y estoy segura de que estarán encantados de conocer a tu novia. ¿Les has hablado de ella ya? Ni siquiera me has contado como os conocisteis... -  Se lo dejé caer sin sutilidades. Todos queremos conocer a la susodicha en un ambiente más formal. La fiesta aquella a la que fuimos no cuenta, además de que a penas la vi. ¿No íbamos disfrazados? No tardaron en desaparecer de la fiesta. A ver que opinan de ella nuestros padres, y a ver como me cae a mi. Dudo que pueda superar a Leonor, era maja.

Off: Yo siento el corte, pero si no cerramos el rol se nos juntan las navidades pasadas con estas jiji.
avatar
Imagen Personalizada : Love me
RP : 10
PB : Natalie Dormer
Edad del pj : 24
Ocupación : Profesora de Runas Antigu
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : A mi misma
Patronus : Cacaculopedopis
Mensajes : 234
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t1052-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1078-mis-relaciones-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1077-cronologia-de-elia-deveraux http://www.expectopatronum-rpg.com/t1298-arcon-de-elia-deveraux

Invitado el Dom Sep 20, 2015 8:03 pm

Debería haber seguido elogiando a mi hermana por su nuevo trabajo, y más cuando me dijo que como siguiese así tendría que abrazarme. ¿Qué es la vergüenza cuando tengo una hermana tan linda? De adulto me sentía culpable por haberme perdido su infancia pero gestos como esos eran mi forma de recompensarlo. Tuve que conformarme con su sonrisa, una sincera y de felicidad, no la típica sonrisa traviesa de alguien que sabe más de lo que parece que tantas veces he visto en Elia, pero valió la pena. Su sonrisa me hacía feliz y terminé sonriendo yo también.

Perdí completamente mi oportunidad de tener ese abrazo en cuanto se acercó el camarero barrigudo y tuve que reprocharle que coquetease con él y le diese falsas esperanzas. No es que no quisiese tener sobrinos. Sí quería. Pero uno: ese barrigudo no iba a ser mi cuñado. Definitivamente NO. Antes de que terminase su noche de bodas estaría en una bolsa de plástico, y eso era algo que también sabía mi hermana. Y dos: Elia no tenía ningún tipo de instinto materno. Era un ave libre, y un bebé sería su desgracia pues le cortaría las alas. Con el tiempo ambos serían infelices. Intenté mantenerme serio para que Elia viese que mis amenazas iban en serio pero cuando hizo su comentario sobre tener madurez pero no encontrarla terminé riendo yo también aunque pronto me controlé y paré, meneando la cabeza con los ojos en blanco. Pero Elia demostró tener la suficiente madurez como para saber que su vida no estaba hecha para ningún bebé. Asentí con la cabeza, dándole la razón. En cierto modo me sentía orgulloso de mi hermana; gente más irresponsable terminaba con bebés bajo el brazo y luego no sabía que hacer con ellos.

Pasamos a hablar del trabajo y terminamos bromeando sobre el estrés en nuestros distintos puestos. No creía capaz que mi nivel de estrés fuese igual al suyo, por suerte para ella, pero me demostró que estaba más equivocado de lo que pensaba. Y teniendo en cuenta lo mucho que a mi hermana le gustaba salir y disfrutar de la vida, tenía que ser el doble de estresante para ella.

- Vale, ahí tienes razón. Te lo admito. – después dijo que pocos alumnos ganaban puntos en sus clases, mayoritariamente Ravenclaws. Torcí la sonrisa. – Apuesto a que eso te encanta. – Elia había sido la única Ravenclaw en una familia cien por cien Slytherin. Reconozco que yo fui de los pocos alumnos Slytherin aplicados, la mayoría de gente de mi curso se dedicaba a hacer travesuras que a sacar buenas notas.

Ambos nos terminamos nuestros chocolates en silencio después de hablar de los trabajos, y después Elia se levantó. Sus comentarios me dejaron petrificado, tanto que no empecé a asimilarlos hasta más tarde, después de habernos despedido dándonos un beso y un abrazo (demasiado corto para mi gusto) y haber ido cada uno por su lado. No solo había mencionado a Brisa y había dicho de presentarle a la familia de forma oficial, sino que además había dicho que nuestros padres (esos que tan claro me habían dejado que no querían saber nada de mí cuando quise dejar atrás mi oscuro pasado) estarían encantados de comer juntos en nochebuena y de conocer a Brisa. ¿Sería algún truco de Elia para reconciliar a la familia?

Iba tan ensimismado que no me dí cuenta de que iba a cruzar una calle muggle cuando pasaba un coche. El pitido del claxon me despertó. Sacudí la cabeza y suspiré. Tendría que preguntar a Elia sobre el tema la próxima vez, yo solo no iba a sacar nada en claro…
avatar
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.