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Second chances. {Alyss FitzRoy} [PRIV. +18]

Caleb Dankworth el Lun 15 Dic 2014 - 1:42

Recuerdo del primer mensaje :

No había vuelto a hablar con Alyss desde que me largué escabulléndome de su casa a altas horas de la noche el día que me salvo después del ataque a Hogsmeade, pero no había olvidado del momento en el que yo, aliviado y feliz de estar con ella después de pensar durante unos angustiosos momentos que no iba a vivir para ver otro día en libertad, le había pedido que aceptase ir a una cita conmigo. Había pensado (había temido, más bien) que ella me rechazaría y me mandaría al diablo. Después de todo, ¿qué razones iba a tener ella para aceptar ir a una cita conmigo después de lo que pasó hace tantos años? Puse su mundo patas arriba, le hice mil promesas que en un inicio pretendía cumplir, y luego las rompí todas. No siquiera tuvimos tiempo de estar juntos durante suficiente tiempo antes de que yo la dejase de repente sin mucha explicaciones, diciéndola que quería que se fuese de Londres y que nunca volviese. Durante ocho años pensé que ella me había hecho caso y que nunca volvería a verla. ¡Cuántas veces resistí la tentación de buscarla y suplicarle perdón! Pero nunca lo hice, pues temía que aquello fuese una muy mala idea. ¿Y todo por qué? Porque tenía miedo. No, miedo no, tenía pánico de que ella estuviese en grave peligro y que yo no pudiese protegerla. No podía pasar por aquello otra vez, no después de la que ya sufrí una vez. Así que la dejé ir... Y ahora me doy cuenta de que probablemente fue una de las peores decisiones que he tomado en mi vida, y me alegro de que Alyss decidiese no hacerme ni puñetero casi cuando dije que la quería bien lejos de mí. La primera vez que la había visto hace unas semanas en las calles de Londres después de salir del trabajo había intentado alejarla de nuevo, al igual que había hecho hace años, pero no fue posible. Alyss ya no es una niña que se deja impresionar fácilmente, y aunque eso me molesta en algunos aspectos, en otros me satisface completamente.

Así que aquí estoy, intentando enmendar mis errores y recuperarla. El primer día que la había visto había decidido que no la vería otra vez, que la dejaría en paz y que ella jamás volvería a ser mía. Pero el destino nos había juntado otra vez, y no puedo negar lo innegable. Jamás la olvidé. No pude arrancarla de mi mente, de mi corazón, de lo más profundo de mi ser. Había estado con docenas y docenas de mujeres desde que dejé a la que había sido mi novia durante un breve tiempo hace muchos años, pero ellas nunca habían significado nada. ¿Cómo iban a hacerlo?

Me siento como un adolescente nervioso que no sabe qué hacer y que está aterrorizado de que las cosas salgan mal. Era irónico que en situaciones como está yo me convierta en todo un manojo de nervios, cuando el resto del día a día soy tan frío y siempre se perfectamente lo que hago. Se puede decir incluso que soy un hombre sin escrúpulos, debido a la manera de actuar que tengo a la hora de cumplir las órdenes que recibo como mortífago, e incluso en situaciones en las que no he recibido órdenes. Soy un asesino frío, cruel, y sádico, y también soy un mujeriego conquistador, siempre lo he sido... La vida es un juego, el mundo es la mesa sobre la que se juega, y yo soy uno de los jugadores más agresivos que hay... Y sin embargo, una chica, Alyss, puede convertirme en una copia de un chiquillo sin experiencia. Sé que esto es solamente temporal, que estos nervios y la inseguridad se deben a que ha pasado mucho tiempo y no sé precisamente como tratar a esta nueva Alyss. ¿Seguían gustándole las mismas cosas que antes? ¿Podía complacerla de la misma manera? ¡No estaba seguro de nada! Alyss había crecido y había cambiado. Antes era tan fácil de leer, y ahora es como que estoy mirando las páginas de un libro cubierto de jeroglíficos. No sé descifrarla del todo, no todavía, así que daría pasos pequeños hasta que descubriese cómo poder volver a conocerla tan bien como la conocía antes. A lo mejor, después de todo, está nueva Alyss es solamente una fachada y mi Alyss sigue ahí debajo de todas aquellas capas de dureza. Tendría que ver qué pasa esta noche.

Había pensado mucho en qué hacer para aquella cita con Alyss. Era una noche muy importante, pues era la primera cita en condiciones que tenía con Alyss en toda mi vida. Habíamos estado juntos durante un tiempo, sí, pero había sido un tiempo muy breve y que pasó de manera fugaz. No tuvimos tiempo de hacer todas las cosas que una pareja normal hace: ir a cenar a restaurantes, salir a fiestas, ir al teatro (o al cine, una de los inventos Muggles que me gustan), o viajar a lugares remotos... No, no habíamos hecho nada de eso. Habíamos estado aprovechando el tiempo que tuvimos juntos inmersos en otro tipo de actividades... Actividades para recuperar todo el tiempo perdido en el que estuvimos sin confesarnos nuestros sentimientos el uno hacia el otro. Todavía guardaba los recuerdos de aquellas noches como si hubiesen ocurrido ayer.

Visto que aquella iba a ser nuestra primera cita real, estuvo un par de días pensando en qué hacer. No quería meter la pata, después de todo. Así que decidí que era mejor empezar despacio, por lo más clásico. ¡Una cena! Sí, una cena en uno de los mejores restaurantes de Londres, donde podríamos pasar un buen rato juntos y hablar para conocer mejor las personas en las que nos habíamos convertido con el paso de los años.

Me vestí de manera formalmente informal, con unos pantalones negros, una impecable camisa blanca, y una chaqueta negra. Había que ir bien vestido pero no hasta el punto de parecer estirado, lo cual me parecía apropiado para la ocasión. Cogí uno de los coches de la familia, un Mercedes negro muy bonito y elegante, y conduje hacia Londres para ir a recoger a Alyss a su casa. Esta noche no quiero usar Aparición ni ningún método de transporte rápido, prefiero hacerlo todo con calma, y estar en el coche nos daría más tiempo para hablar y estar solos. Antes de salir de casa miré hacia el cielo, no muy convencido de que no fuese a llover. Fruncí el ceño, esperando que las nubes decidiesen comportarse bien hoy, pero cogí un gran paraguas negro por si acaso. Conducía durante bastante tiempo hasta que llegué a Londres, y entonces conduje por las calles hasta llegar a la calle de Alyss. Me había aprendido su dirección la última vez que estuve ahí, y pude encontrar el edificio sin problemas. Durante el camino me detuve un segundo en una floristería, donde compré un precioso ramo de rosas rojas como la sangre y de un aroma que olía a gloria. Flores, eso era algo que tampoco había hecho mucho en el pasado, pero ahora quería hacerlo.

Pensé que iba a tener que esperar e el portal y llamar al telefonía lo para que Alyss me dejase entrar al edificio, pero justo entonces una vecina abrió la puerta de entrada para salir a la calle y yo aproveche y me metí rápidamente. Subí las escaleras hasta el piso que era y llegué la la puerta del piso de Alyss. Durante un segundo me quedé paralizado, mirando a la puerta como sí esta de repente se hubiese convertido en un fuero Colacuerno Húngaro o algo por el estilo. Tragué saliva nerviosamente y me ajusté el cuello de la camisa, intentando relajarme. Tomé un profundo respiro, solté el aire... Y me sentí preparado. Soy Caleb Dankworth y puedo con esto. Todo va a salir bien. No, bien no. Todo va a salir perfecto.

Me paré delante de la puerta del piso de Alyss y adopté mi típico gesto pícaro antes de tocar el timbre. Esperé entonces a que ella me abriera la puerta, escondiendo el ramo de rosas detrás de mi espalda mientras me preparaba para recibirla con una gran sonrisa en mi rostro.


Última edición por Caleb Dankworth el Dom 17 Mayo 2015 - 9:42, editado 1 vez
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Invitado el Miér 22 Abr 2015 - 21:34

No supe hasta que punto podía llegar la estupidez humana hasta que pronuncié aquellas endemoniadas palabras. ¿En que diablos estaba pensando? ¿Otra oportunidad? Tendría que apuntar que ya iba por la 107 para que no se me volviese a olvidar. Puede que en el fondo hubiese algo, una pequeña llama, que se me había metido hasta el fondo en el pecho y que ni la más abundante lluvia podía apagar. Esa llama que se había encendido hacia tantos años, cuando mi mirada y la de Caleb se habían cruzado. Odiaba tenerla ahí, quemándome por dentro. ¿El amor es bonito? Una mierda. El amor te consume, saca lo peor de ti, te destroza y luego no es capaz de curarte. El amor es lo peor de ser humano, y puedo jurar por mi vida que habría dado todo lo que tenía para que ese sentimiento desapareciese de mi. Pero era imposible, quedaría ahí para siempre, y aunque finalmente la llama se apagase, las cenizas estarían presentes hasta el fin de mis días. ¿Cuantas cicatrices puede tener un corazón?

Caminé decidida hasta el fondo de mi salón y me quedé mirando al espejo mis heridas. Estaba destrozada, tanto por dentro como por fuera. El labio roto no dejaba de sangrar, por mucho que intentaba poner la mano sobre la herida para que cesase la hemorragia. Me eché el pelo albororado y mojado hacia atrás, esperando parecer algo un poco más decente. El maquillaje corrido, la cara magullada, la espalda dolorida. No podía estar peor. solo quería que Caleb se fuese ya y poder quedarme sola para reflexionar que punto del mundo sería lo suficientemente lejos como para no volver jamás a vivir esta tortura.

Oí su voz diciendo mi nombre tras mi espalda. No quería girarme y tener que enfrentarme a la temible lucha que era su mirada azul contra la mía. Su voz insistió, pidiendo que le mirase. Exhalé con aires cansados y me giré con desgana, dedicándole mi mirada más enfada e indiferente. Después de aquello, no era bienvenido. Pero su mirada era como el mar embravecido, no se iría hasta que tuviese lo que deseaba y destruiría todo a su paso con tal de lograrlo. Sin dejar de mirarle me escurrí el pelo y me volví a limpiar la poca sangre que quedaba en la comisura de mis labios, lamiéndolos después. -No tienes mucho tiempo. -le apremié, esperando a que se dignase a decir algo.

Podía notar su aliento sobre mi rostro, acariciándome suavemente con aquel aroma tan embriagador que tan loca me volvía. Empecé a odiarme ami misma, tratando de mantener la calma, mientras me daba cuenta de como me desataba por dentro. Tragué saliva y respiré hondo. Caleb se quitó la chaqueta mojada, que cayó al suelo de mi piso con un ruido sordo y mojado. Mi respiración se entrecortó al verle tan vulnerable, pero intenté disimularlo. Caer en las garras del oso tantas veces seguidas me estaba condenando a ser la mayor idiota de la historia.

Antes de que pudiera darme cuenta, el cuerpo de Caleb se había abalanzado sobre el mio, posando sus labios de manera brusca y desesperada sobre los míos. Contuve la respiración al mismo tiempo que mi mente se ponía en blanco. Solo podía pensar "¿por qué?". Por qué me dejaba, por qué volvía, por qué me besaba, por qué se iba con otras, por qué le importaba tan poco, por qué me seguía volviendo tan loca con tan poco. Intente pensar una buena razón para empujarle y echarle de mi casa y se me ocurrieron mil. Pero bastó una sola razón que lo apoyase para dejar que aquello continuase.

Se separó de mi por unos segundos. El mensaje de su mirada hacía cambiado por completo, ahora era de admiración, de deseo, de misterio... Iba a hablar, pero la ola volvió y nuestros labios se juntaron de nuevo como en un estallido de fuegos artificiales. Esta vez el beso fue más intenso, más vivido, e incluso más bonito. Nuestro contacto era sofocante, no podía encontrar el límite que me hiciese parar. Pero los malos pensamientos volvieron a mi con la misma intensidad con la que había vuelto aquel beso. Mordí su labio con más fuerza de la considerada romántica para que se distanciase de mi y me dejase hablar.

Le miré con ojos fulminantes y traté de estar lo más serena que podía, controlando el sube-baja de mi pecho extasiado. -Sabes que esto no arregla nada, ¿no? -le recriminé poniendo con fuerza el puño sobre su pecho. -No puedes llegar, besarme, y esperar que todo se arregle en un minuto. Son muchos años de dolor. -repliqué. No hacía más que buscar mis propias excusas para echarle. No sabía si me dolía más tenerlo cerca o tenerlo lejos.

Di un paso hacia atrás, dubitativa. Intenté no pensar demasiado, ¿que era lo que realmente quería? ¿Tantos años de sufrimiento por una noche de felicidad para que mañana Caleb no estuviese y yo volviese a estar rota? ¿Y si no se iba? ¿Y si se quedaba para siempre? Al fin y al cabo la vida era corta e incierta, las oportunidades escaseaban y a mi esta no se me iba a escapar. Respiré hondo de nuevo, empecé a temblar por dentro. -Pero ayuda a mejorarlo. -dije sin pensar demasiado antes de lanzarme con todavía más desesperación a los brazos de Caleb. Le agarré de la nuca y dejé que el beso fluyera, con toda la pasión que había estado acumulando durante el tiempo que había pasado. Acaricié su cuello y su rostro y dejé que mi cuerpo se pegase por completo al suyo. Me acababa de tirar a la piscina de tiburones.
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Caleb Dankworth el Lun 11 Mayo 2015 - 20:06

Pensaba que iba a tener que irme de allí sin ser capaz de solucionar la situación con Alyss, pero estaba equivocado. Justo antes de que fuese a meterme en el coche para marcharme ella abrió la puerta de su casa de nuevo, y me dijo que tenía diez minutos. Diez minutos. No es mucho, pero son mucho más que no tener nada. Sin dudarlo cerré la puerta del coche y lo dejé allí aparcado mientras corría a la casa para meterme en su interior.

Una vez allí seguí a Alyss hacia el salón. Cuántas cosas quería decirle, y qué poco sabía expresarlas en palabras. No suelo ser un hombre de palabras, soy un hombre de acción. Quería hacerla saber todo lo que pensaba, todo lo que sentía por ella y lo que ella significaba para mí. Cada vez que yo había perdido a alguien en mi vida una parte de mí había muerto con ellos, y Alyss no había sido la excepción. Ella no había muerto, pero durante ocho años fue como si lo hubiese hecho. Pero ahora ella había vuelto, y el peligro que me atormentaba se había esfumado, y tenía la oportunidad de hacer que esa parte de mí que había muerto con su partida resucitase.

Casi ni lo pensé, pero a falta de palabras hice lo mejor que podía hacer, besarla. Sabía que corría el riesgo de que ella me mandase a la mierda y me echase de allí aunque todavía no se hubiesen agotado los diez minutos que me había prometido, pero tenía que arriesgarme. En ese juego había que apostar o todo o nada, y yo lo aposté todo. Durante un segundo temí que ella fuese a apartarme de un empujón y a darme una bofetada, pero no fue así. Fui yo el que se separó de ella durante unos segundos para mirarla a los ojos y comprobar que estaba bien, o para buscar en ellos algo que me dijese que debía darme la vuelta y marcharme para siempre. Pero no encontré nada, y la besé de nuevo.

Sentí como si mi corazón estuviese dando un vuelco en mi pecho cuando Alyss me correspondió al beso. Nuestros labios se acariciaron con más intensidad y deseo que antes y mis brazos la envolvieron para acercar su cuerpo más al mío y sentir su calor. Cuanto había ansiado tenerla así de cerca de mí.

Todo iba bien, hasta que de repente Alyss me morió con fuerza. Siseé al sentir un leve escozor en el labio y me aparté de ella. Me pasé el pulgar por el labio, y cuando lo aparté encontré una gota de sangre en él. Sentí como si se me estuviese formando un agujero en el estómago. ¿Se había arrepentido Alyss de devolverme el beso? ¿Quería que me marchase? La escuché mientras hablaba, y puse mi mano sobre su mejilla con suavidad.

-Lo sé- admití. Era cierto, sabía que no podía ir allí y después de todo lo que había pasado entre nosotros besarla y que todos nuestros problemas desapareciesen. Ojalá fuese así de fácil, pero no lo era. Pero no sabía que más podía hacer en aquel momento.- Créeme, Alyss, sé que no tengo ningún derecho, y que lo que me merezco en este momento es que me mandes al diablo y nunca más me dejes acercarme a ti. Puede que incluso fuese lo mejor. Pero…- continué diciendo. Mi voz jamás había sonado tan vulnerable como lo hacía en aquel momento- tu ausencia ha estado matándome durante ocho años. Y continuará haciéndolo hasta que ya no pueda soportarlo más.

Alyss dio un paso hacia atrás, y por su expresión pude ver que se encontraba en medio de un debate emocional muy intenso. Yo la dejaría todo el espacio y el tiempo que necesitase, pero que me parta un rayo si no hago todo lo que esté en mi poder para no volver a perderla. Pero quería que ella supiese que la decisión era suya y de nadie más. Yo ya había tomado la mía.- Si quieres que me vaya, dilo y lo haré. Pero si quieres que me quede no volveré a dejarte sola nunca más. Lo juro.

Justo entonces Alyss pareció tomar su decisión. Se lanzó a mis brazos, haciendo que yo diese un paso hacia atrás y que la rodease con mis brazos para mantener el equilibrio, y nuestros labios volvieron a unirse con toda la pasión del universo. Fue una explosión comparable al Big Bang que creó el universo. Sin dudarlo ni por un instante la besé de vuelta, dejando escapar de mí por fin todo el amor por esta mujer que había estado guardando dentro de mí durante años. Me sentía como una volcán en erupción por primera vez desde el principio de los tiempos, o como una fuente de gran potencia que había estado tapada a la fuerza y que por fin había logrado liberarse con una energía arrasadora.

La intensidad y la pasión de nuestro beso hizo que yo diese varios pasos hacia delante y Alyss los diese hacia atrás, hasta que su espalda quedó apoyada contra la pared y mi cuerpo contra el de ella. En ningún momento dejé de besarla, y mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo. Su ropa estaba mojada, al igual que la mía, pero yo solo llevaba una camisa puesta y se me había pegado a la piel haciendo que pareciese que casi no llevaba nada puesto. Quería sentir a Alyss más cerca de mí, quería sentir el calor de su cuerpo que tanto había añorado durante todos esos años. Llevaba una chaqueta de punto que me impedía hacer eso, así que mis manos se la quitaron mientras que mis labios no dejaban de besarla, intentando recuperar todo el tiempo perdido.

Se me habían agotado los diez minutos, pero supongo que he conseguido quedarme más. Al menos una noche en la que podría reconquistar a Alyss. Si por mí fuese yo la reconquistaría unas mil y un millón de veces si ella me acepta de nuevo. La pasión de nuestro beso nos estaba dejando sin aire, y nos apartamos durante unos instantes para recuperar la respiración. Yo jadeaba suavemente, y el rápido movimiento del pecho de Alyss contra el mío estaba haciendo que la sangre me hirviese con ardiente deseo. No pude estar separado de ella mucho tiempo, y mientras ella recuperaba la respiración yo besé su mandíbula, recorriéndola hasta llegar al cuello, el cual besé con cuidado pero con pasión, con ternura pero con fuerza. Respiraba su aroma y me envolvía en él, en toda ella. No quería separarme de Alyss ni por un instante, y mis manos continuaron acariciándola hasta llegar a sus piernas.

Sin previo aviso sujeté sus piernas y la levanté, haciendo que rodease mi cintura con ellas, y mi brazo rodeó la suya para sujetarla cuando la separé de la pared. Dejé de besar su cuello y la miré a los ojos antes de volver a besarla en los labios.
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Invitado el Jue 14 Mayo 2015 - 20:33

Escuchar sus palabras no me hacía ningún bien. Sabía que Caleb podía ser muy convincente cuando quería, que podía hacerme pensar cosas que no eran ciertas y no estaba segura de que sus mentiras pudiesen beneficiarme. ¿Cuantas veces me había creído ya sus palabras? el mismo numero de veces que había salido escarmentada de aquella relación suicida. Necesitaba respirar, y aprender, algo que nunca hacía. Acababa de tener una clara prueba de lo que Caleb me ofrecía en el restaurante, hacía apenas 30 minutos, y aún así estaba dispuesta a darle otra oportunidad. Solo podía sacar celos, dolor, traición... ¿Y lo estaba aceptando con los brazos abiertos? Ya no me reconocía ni a mi misma.  

Giraba la cabeza y me retorcía en mis pensamientos, sin poder encontrar una respuesta lógica a lo que estaba pasando. Estaba harta de tener que contenerme, estaba harta de que me pasase lo mismo una y otra vez y que siempre fuese yo la que estaba en el lado perdedor. Tenía el premio justo delante de mi y mis ganas de cogerlo aumentaban por segundos. Necesitaba tirarme encima suyo y hacerle sentir todo lo que tenía dentro. Lo bueno, y lo malo.

Respiré profundamente y me lancé a sus brazos sin previo aviso, convirtiéndome en la jefa de aquella lucha sin espadas. Estaba enfadada y a la vez loca por sus huesos. le había visto tantas veces escapar de mi que me daban ganas de atarlo con cadenas a mi cama para que nunca volviese a hacerme daño con su partida. Era mi droga, me mataba pero lo adoraba. Me había convertido en una estúpida.

Nos juntamos en una explosión de pasión, con un beso mucho más pasional que el anterior. Agarré la cara de Caleb para que se mantuviese cerca de mi, para que no escapase. A la vez, mi mente recorría todos mis pensamientos a gran velocidad. Bueno, malo, ya que más daba. Estábamos como en el principio y quería disfrutar de aquello. Acabé contra la pared, con la presión del cuerpo de Caleb sobre el mio, con sus manos frías recorriendo mi cuerpo y dejando caminos de fuego. Se me erizaba toda la piel al tenerlo así de cerca, por su perfume, por su contacto. Mis manos recorrían su espalda mojada, buscando un pequeño resquicio de cordura en aquel mar de locura en el que nos habíamos convertido.

Caleb me liberó con fuerza de mi chaqueta mojada. Debajo había una camiseta que no dejaba mucho a la imaginación, pero el tener su cuerpo tan cerca no dejaba mucho a la vista. Le agarré del pelo y le volví a besar, buscando su contacto. Con esfuerzo él volvió a separarse de mi. Nuestros ojos hicieron contacto y casi salta una chispa que hace que se incendie la casa. Nos necesitábamos. Tiré con urgencia de su camiseta hacia arriba, liberándole de ella y dejando al descubierto aquel torso tan perfecto del que podía presumir. Siempre había sido así de perfecto.

Volví a estar contra la pared, y con un fuerte movimiento de brazos Caleb elevó mis piernas hasta ponerlas en torno a su cintura. Me agarré de él con fuerza, pegándome todo lo posible, respondiendo a sus besos con pasión. Mordí sus labios, esta vez con suavidad. -Sigues teniendo la capacidad de volverme loca. -le dije en su susurro antes de volver a besarle, acariciando sus hombros y su cuello. Eramos un tren a punto de descarrilar.

Con la fuerza de mi cuerpo le llevé hacia atrás e hice que se sentase en mi sofá, quedando yo encima de él. Aproveché la posición para volver a tomar las riendas del asunto, sonriendo con malicia. Yo misma me quité la camiseta, quedando con el sujetador negro al descubierto. Hacía mucho tiempo que no observaba la maravillosa mirada de Caleb al observarme. Me gustaba su tacto, me gustaba su presencia, y hacía que ardiese en fuego por dentro. -Mi casa, mis reglas. -sonreí, haciéndome notar poderosa ante él.
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Caleb Dankworth el Dom 17 Mayo 2015 - 19:26

Tener a Alyss entre mis brazos otra vez era algo que había soñado durante años pero que jamás había pensado que podría volver a ser real. Desde que la conocí, desde que me di cuenta de lo que verdaderamente sentía por ella aquello era una cosa que siempre había pensado que sería imposible. Recuerdo que la primera vez que la había deseado, que había querido posar mis labios sobre los suyos y hacerla mía me había asustado a mí mismo, porque Alyss apenas era una niña en aquella época, tenía sólo dieciséis años cuando la conocí, y yo era diez años más mayor, viudo y amargado y sin nada que ofrecerle más que mentiras y miserias. Más tarde, cuando su juventud ya no me parecía un problema, había aparecido el problema de su origen... Aquel había sido un problema mucho más gordo que el de su edad, pues de pronto tenía que ella pensase que mi único interés en ella fuese que era una FitzRoy, y su parecido con la primera persona que había ocupado mi corazón... Pero yo mismo había logrado entender que mis sentimientos hacia ella eran completamente independientes de cualquier cosa que había sentido en el pasado; era algo completamente nuevo y que era sólo para ella, y se lo había hecho entender. Luego, después de unos breves meses de felicidad, la había perdido para siempre por... circunstancias. Circunstancias de las que ella solamente sabía una parte que yo mismo me había encargado de explicarle. Pero no sabía toda la verdad, y esperaba que se quedase así. La verdad era demasiado horrible, demasiado dolorosa, demasiado brutal. La verdad debía permanecer oculta para siempre.

Cuando Alyss volvió a aparecer en mi vida pensé que me odiaría para siempre, y por eso el deseo de tenerla entre mis brazos y acariciarla y poseerla y hacerla mía y hacerme suyo otra vez me había parecido un sueño imposible, una fantasía inalcanzable. Lo había intentado, pues no había podido soportar saber que tenía a Alyss tan cerca y a la vez tan lejos. No podía soportar saber que estaba en Londres, literalmente trabajando cerca de mi propia oficina, pero que no iba a verla ni a hablar con ella ni a ser parte de su vida. Por eso había intentado volver a acercarme a ella, había intentando definirme ante sus ojos y conseguir que me aceptase de nuevo. ¿Lo había conseguido? No del todo, pero al menos había dado un paso hacia adelante en vez de dos hacia atrás.

Ahora estoy aquí, besándola, y ella me está besando de vuelta. Me está besando con toda la pasión del universo entero, y no me está diciendo que me de la vuelta y me marche de su vida para siempre. Me está dando una oportunidad de volver a estar con ella, aunque sea solamente una noche, y yo no podría ser más feliz de lo que soy ahora. Soy, sin lugar a dudas, el hombre más feliz de mundo. Dejé escapar toda la pasión de mi cuerpo, pero no la desesperación. Me estaba controlando para no agarrar a Alyss en aquel preciso momento y llevarla a dormitorio y arrancarla la ropa a tiras hasta que no quedase nada. No quería que aquello fuese rápido. Había estado esperando ocho años para ello y quería que fuese inolvidable en la medida de lo posible, pues no se de cuanto autocontrol soy capaz. Alyss me hace perder la cabeza, me hace perder la capacidad de manejar mis emociones y mis acciones. Es como una droga, me hace feliz y me mata a la vez, y lo único que quiero es más y más y más sin parar nunca, y cuando no la tengo me derrumbo. Quería una sobredosis eterna de ella.

Mientras besaba el cuello de Alyss y disfrutaba de su dulce sabor y su delicioso aroma, sus manos recorrieron mi torso, y entonces agarró mi camisa y tiró de ella, quitándomela y dejándome desnudo de cintura para arriba. Me separé de ella mientras recuperaba el aire y vi su mirada recorriéndome. Sentía como si su mirada fuese a hacer que mi piel estallase en llamas, y volví a besarla, incapaz de estar más tiempo con nuestros labios separados a pesar de que mi respiración agitada hacía que sintiese que iba a ahogarme.

Cuando la levanté para agarrarla y hacer que sus piernas rodeasen mi cintura ella me mordió el labio con suavidad esta vez, haciendo que gruñese de placer por lo bajo. Después de dejar escapar aquel gruñido la besé con más fuerza, con más pasión si aquello era posible. Nuestro beso era una explosión de calor y humedad que no quería que acabase nunca. En el salón solamente se oían tres cosas: la lluvia golpeando los cristales de las ventanas, nuestras respiración agitadas, y el sonido de nuestros besos. Aquello era música para mis oídos y una droga para mis sentidos.

-Eres tú la que me vuelve loco a mí...- murmuré apartándome de ella durante una milésima de segundo cuando la escuché decir que la volvía loca. Lo que yo había dicho era cierto, Alyss me volvía loco. Pero loco, loco. ¿Qué me había hecho esta mujer? ¿Qué clase de hechicería ha usado conmigo para atraparme de esta manera? Soy suyo, y jamás podré escapar. Aunque quisiera con toda mi alma, aunque lo intentase con todas mis fuerzas, nunca conseguiría arrancármela del alma. Puedo fingir perfectamente que puedo estar sin ella, pero eso ha sido siempre una mentira.

Alyss hizo fuerza y me empujó, haciendo que fuese hacia el sofá que teníamos detrás y que me quedase sentado en él con ella encima. Volví a gruñir desde el fondo de mi garganta, pero no me separé de ella y continué besándola mientras mis manos la acariciaban con suavidad pero con pasión. Alyss se separó de mí entonces y sonrió de una manera en la que nunca antes la había visto sonreír, pero que me arrancó una sonrisa pícara a mí, y la observé mientras se quitaba su camiseta y se quedaba en sujetador mientras continuaba sentada sobre mí.

La miré como un hombre ciego que ve la luz por primera vez. Para mí Alyss en aquel momento se había convertido en el centro del universo, y no había otra cosa que me importase. Mis ojos se iluminaron con un destello de deseo, de lujuria, de pasión y de amor. Sentía todo aquello por la mujer a la que ahora estaba mirando a los ojos, la mujer que había entrado a mi vida sin previo aviso y se lo había llevado todo por delante como un huracán y había dejado mi mundo patas arriba. Sentí su respiración haciéndose más profunda, vi sus mejillas volviéndose de un bonito color rosado, encendidas por el calor del momento, vi su pecho subiendo y bajando con cada respiro que daba. Dejé que mis ojos recorriesen cada centímetro de ella con detenimiento, como si fuese un cuadro del que quería memorizar cada detalle, cada forma, cada color...

-Como desees...- murmuré entonces cuando dijo que aquella era su casa y esas eran sus reglas, y acerqué mi rostro al suyo... pero no llegué a unir mis labios a los suyos. Me quedé a apenas milímetros de distancia de ella, con mi mirada clavada en la suya. Posé mis manos en su cintura entonces, sintiendo su piel cálida bajo mis palmas frías y haciendo que se estremeciera por el contraste, o a lo mejor por otras razones. No separé mi mirada de sus ojos en ningún momento mientras que mis manos se deslizaban por su piel, subiendo y bajando. Recorrí sus piernas, todavía cubiertas por sus pantalones, y luego volví a subir las manos y recorrí su torso lentamente, cubriendo cada centímetro de su piel. En ningún momento rompí el contacto visual, pues quería comprobar con mis propios ojos que Alyss todavía respondía a mis caricias como lo hacía antaño. Mis manos se deslizaron lenta y delicadamente sobre sus pechos, todavía cubiertos por su sujetador negro, y continuaron por su clavícula, su cuello, sus hombros, sus brazos...

Coloqué entonces de nuevo mis manos sobre su cintura y la hice ponerse de pie delante de mí. La altura de mi cabeza estaba justo a la altura de su estómago plano. Continué mirándola a los ojos mientras mis manos se dirigían a la cremallera de su pantalón, y de la desabroché. Comencé a bajar entonces los pantalones, quitándoselos de manera algo dificultosa pues eran bastante prietos y además estaban mojados, pero con paciencia llegaron hasta abajo. Se los quité junto con sus zapatos, dejándola solamente en ropa interior delante de mí. Estaba agachado frente a ella por haberla quitado los pantalones, y en vez de incorporarme rápidamente comencé a acariciar sus piernas y la besé justo por debajo de la rodilla, y mientras me iba incorporando para quedar sentado otra vez fui dejando un recorrido de besos y suaves mordiscos por su pierna. Subí por su muslo, acariciando su cálido interior y besando su exterior, hasta que llegué a la altura de su cadera, donde también la besé, y su estómago...

Quedé sentado con la espalda recta otra vez en el sofá, y cogí a Alyss por la cintura otra vez y tiré de ella hasta que quedó sentada sobre mí como antes. No pude aguantarme más y volví a besarla en la boca con la misma pasión e intensidad de antes, ahogándome en ella.
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Invitado el Mar 2 Jun 2015 - 9:27

Caleb respondía a mis provocaciones con pasión. Me gustaba pensar que la razón de ese comportamiento tan pasional era que realmente me echaba de menos, que todavía quedaba amor dentro de él para mi. Le había extrañado tanto que mi mente se perdía entre los delirios y la realidad. No pensaba que esto pudiese volver a suceder, y ahí estábamos, dándolo todo otra vez como aquella primera vez en su casa. La escena seguía siendo algo macabra en mi mente. No podía dejar de preguntarme si pensaba en mi hermana al estar conmigo, si todo este supuesto romance no era más que una manera de Caleb de reencontrarse con su esposa fallecida. Ella y yo no teníamos nada que ver por dentro, pero por fuera eramos prácticamente la misma persona. Quería que me quisiera por ser yo, al igual que yo le amaba por ser él.

El beso nos ahogaba con su pasión, no había apenas tiempo para respirar, solo para perdernos el uno en el otro. Respiraba con fuerza mientras agarraba a Caleb con todas mis fuerzas para que no se me volviese a escapar jamás. Mis piernas presionaban su cuerpo, rodeandole, mientras mis manos acariciaban su torso, ahora desnudo, con necesidad y pasión. Su piel era tan suave como recordaba, igual que sus labios eran igual de apetecibles. Sabía a puro veneno, Caleb era la maldad en persona y yo su ángel caído. Era tan precioso como el que más. ¿Quien dijo que el demonio tenía que tener cuernos y ser horrible y aterrador? Era la más pura belleza. Había que recordar que una vez había sido el preferido de Dios.

Senté a Caleb en el sofá con la fuerza de mis piernas, intentando doblegarle a mis intenciones. Me quité la camiseta con prisa, quedándome en ropa interior. Llevaba un sujetador negro de encaje más bonito de lo que se podía esperar de alguien que llevaba tanto tiempo sin estar con un hombre. -Como te echaba de menos... -dije con un susurro sexy en su oreja, a la vez que pasaba mis labios por ella con dulzura y tentación. Se iba a llevar una grata sorpresa, ya no era una niña tímida y sin experiencia. Esta vez, yo le llevaría al cielo a él. De una manera tan impresionante que nunca volvería a pasar por camas ajenas, porque no podría dejar de pensar en la mía.

Quede sentada sobre él, y sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, con lentitud pero firmeza, acariciando cada resquicio, cada centímetro de aquella piel tan blanca. Me dejé llevar por el placer de sus manos, por él de su mirada clava en mi con gesto de admiración. No retiré mi mirada de la suya ni un momento. Al llevar a mi cuello, posé mi mano sobre la suya, y la llevé hacia mi rostro en un gesto de ternura. De verdad le había echado de menos. Agarré con fuerza su mano, a la vez que esta estaba apoyada en mi mejilla, y me la lleve a los labios. Dejé sobre ella un suave beso.

Caleb me levantó entonces, dejándome frente a él, y empezó a quitarme los pantalones con dulzura. Debajo se encontró con una braguitas negras a conjunto con el sujetador. Todo estaba siendo muy dulce y delicado, pero pronto dejaría de serlo. La pasión sacaba mi lado más salvaje, y hoy Caleb sufriría las consecuencias de mis arrebatos de locura provocados por tenerle tanto tiempo tan lejos de mi. Descargaría todo lo que había cargado durante estos años hasta que ya no me quedasen fuerzas. Esta era nuestra noche.

Casi desnuda por completo volví a situarme encima de Caleb. El pelo mojado de color casi blanco me caía sobre los hombros. Traté de ser delicada, y poco a poco fui bajando mis manos, desde su rostro, por su cuello, por su torso... Me acerqué y le bese en el cuello, mordiendole, dejando de lado tanto cuidado. -Vamos a hacer que tiemblen hasta los cimientos. -dije con la fuerza propia de una jefa. Aún así no quería dominar a Caleb, solo provocarle hasta que él me dominase a mi. Besé de nuevo sus labios, cada vez con más pasión al tiempo que mis manos seguían bajando por sus pantalones mojados. Pegué mi cuerpo al suyo, dejando que sintiese mi calor, el tacto de mis pechos mojados sobre su torso. Le di un mordisco pasional en los labios al tiempo que un leve gemido se escapa de entre mis labios. Le necesitaba ya.

Desesperada por que me hiciese suya cogí su rostro entre mis manos, mirándole muy fijamente con el rostro sonrojado y la respiración agitada. -Vamos a la cama... -le susurré. No quería admitir que me moría por volver a repetir aquellas locuras con él, pero mi mirada lo dejaba claro. Le necesitaba, y ahora más que nunca.
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Caleb Dankworth el Jue 4 Jun 2015 - 8:38

Recordaba la primera vez que le había hecho el amor a Alyss. Había sido hacía ya muchos años, durante unas vacaciones en las que ella pudo salir de Hogwarts y quedarse conmigo. Por aquel entonces llevábamos muy poco tiempo de relación, pero yo ya le había dejado claro que mi casa era suya, al igual que todo yo era suyo y lo sería para siempre. Recuerdo como se lo recordé no solo con gestos, sino con palabras, y recuerdo como le había demostrado con hechos y no solo con palabras cuánto la quería, lo que ella me hacía sentir. Recuerdo nuestras primeras caricias, y nuestros besos, y la manera en la que su cuerpo se estremecía bajo el mío y la forma en la que yo temblaba ligeramente al hacerla mía. Había puesto tanto cuidado y ternura en aquellas caricias, y había recordado cada mínimo detalle de todas ellas durante todos estos años con una mezcla de emociones en mi interior. Sentía dolor al pensar en lo que había perdido. Pero, ahora que lo estoy recuperando, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. Y esta vez no sé si podría controlarme tan bien como lo había hecho en el pasado, no después de tantos años.

Había otras cosas que recordaba de aquella primera vez. Recordaba cómo Alyss se había separado de mí y me había pedido, con duda en la voz, que me quitase el anillo de casado. Llevaba dos años y medio viudo en aquel entonces, pero jamás me había quitado el anillo. Ni una sola vez. Pero lo hice aquella vez, por Alyss, y nunca más me lo volví a poner. Es difícil decir adiós a una persona a la que amas cuando te es arrebatada de repente, sin darte la oportunidad de decir adiós. Es injusto, es cruel, es difícil. Es casi imposible pasar página. Pero estuve dispuesto a hacerlo por Alyss, porque aunque era difícil era lo que ella merecía, así que lo hice y jamás me arrepentí. Ahora ella y solo ella es la mujer a la que yo amo, y pensaba demostrárselo hoy, y mañana, y el pasado mañana, y todos los días que viniesen después. Si tenía que quitarme mil anillos para demostrárselo, que así sea, y si tengo que ir hasta el fin del mundo que así sea también. Pero ahora mismo estaba demostrándoselo con mi cuerpo, y por el momento era suficiente.

Nuestra pasión explotó como una bomba, como una mina que lleva siglos escondida en el suelo y que algún pobre idiota ha pisado de repente, liberando toda la energía y la metralla con una fuerza arrasadora. Nuestros labios eran incapaces de mantenerse alejados del otro durante más de un par de segundos, y nuestras manos jamás abandonaban la piel del otro. Escuchaba lo que Alyss me decía, y estaba de acuerdo con ella. Iban a temblar hasta los cimientos, pero mi respiración estaba demasiado acelerada como para que de mi boca saliese más sonido que un jadeo. Mis labios recorrieron su piel después de quitarla los pantalones y los zapatos, dejándola únicamente en ropa interior. Alyss volvió a quedar sentada sobre mí, y su calor me envolvió cuando pegó su cuerpo al mío. Su piel y la mía ardían como si estuviesen al rojo vivo, y yo quería sentir su calor de manera más íntima. Puse una mano en la parte baja de su espalda y la atraje más hacia mí, hasta que era imposible que nuestros cuerpos pudiesen estar más próximos. Ella estaba sentaba justo encima de mí, y a través de su fina ropa interior negra podía notar lo mucho que mi cuerpo la necesitaba. La necesitaba urgentemente, a ella entera.

Un gruñido de placer escapó de mi garganta cuando sus labios besaron mi cuello, y recorrí su espalda desnuda con una mano, y su muslo con mi otra mano, sintiendo cómo se le erizaba la piel en contacto con la mía. Mi necesidad de hacerla mía no hizo más que aumentar a una velocidad de vértigo, hasta que se hizo insoportable y sentí que me iba a volver loco. Cuando me besó en los labios volví a devolverle el beso con una pasión salvaje, con una intensidad animal. Gruñí de placer otra vez contra su boca, dejándole claro cómo de loco me volví. Mis manos continuaban acariciando su piel, esta vez con más intensidad que antes, y abrí los ojos cuando Alyss se separó de mí mordiéndome el labio. Mis ojos brillaban con pasión, con deseo y con lujuria de manera intensa y a la vez intimidante. Las emociones especialmente fuertes sacaban un lado de mí que poca gente conocía.

Mis manos encontraron el broche de su sujetador en su espalda, pero no llegué a desabrochárselo, pues sus palabras me detuvieron. Eran casi como una orden, y sonreí con picardía, pues eran justo las palabras que yo quería oír. Me apoyé en el sofá para poder impulsarme y levantarme con Alyss en brazos, y la rodeé con ambos brazos sujetando su espalda y su trasero para poder cargar con ella, mientras que sus piernas permanecían rodeando fuertemente mi cuerpo. No aparté mi mirada de ella, y hasta se dibujó una sonrisilla en mis labios mientras me habría camino por la casa en dirección a su dormitorio. Nunca había estado ahí, las dos veces que había estado anteriormente en su casa siempre había estado en el salón, pero supe encontrarlo sin problemas. Recordé que tenía un perro, y me aseguré de que no estuviese allí antes de entrar en el dormitorio y cerrar la puerta. Apenas me fijé en cómo era la habitación que nos rodeaba, ya que solo tenía ojos para Alyss. Alyss, Alyss, Alyss, podría decir su nombre mil veces y nunca cansarme. Caminé hacia la cama, y dejé caer a Alyss con cuidado sobre ella. Mientras ella permanecía ahí tumbada yo llevé mis manos a mi cinturón y me lo quité, dejándolo caer al suelo con un sonido metálico, y a continuación me quité los pantalones, calcetines y zapatos, quedándome de pie delante de la cama y delante de Alyss solamente vestido con mis bóxers negros.

Continué mirándola fijamente mientras me subía a la cama lentamente, con movimientos suaves y elegantes como los de un felino. Mi mirada azul que parecía brillar en la oscuridad seguía clavada en ella, y el único momento en el que rompimos el contacto visual fue cuando yo quedé tumbado sobre ella, entre sus piernas abiertas y apoyado con los brazos en la cama para no aplastarla, y la besé. El beso fue menos salvaje que el último que nos habíamos dado, pero no menos intenso o apasionado. Quería saborear los labios de Alyss hasta saciarme, y probablemente jamás estaría saciado, siempre necesitaría más de ella. Mis manos recorrieron su costado, su cintura, su cadera, y cada rincón de ella que alcanzaban hasta que me separé de sus labios y enterré mi rostro en su cuello, besando su tierna piel. Pero no me detuve ahí, y mi boca continuó bajando por su cuerpo, besando cada centímetro de su piel. Hace años me había memorizado el cuerpo entero de Alyss, y pretendía volver a hacerlo. No había cambiado mucho, pero sí que se miraban algunas diferencias. Había crecido un poco, sus curvas se habían definitivo, estaba más fuerte... Tenía un tatuaje en el costado. Aquello era nuevo. Lo miré durante unos segundos mientras dejaba de besarla, y leí lo que ponía. Remember who you are. Mis dedos rozaron aquellas palabras grabadas con tinta en su suave piel, y volví a mirarla a los ojos.

-Eres mía- le dije entonces con una intensidad en mi voz capaz de ponerle los pelos de punta y hacerla estremecerse.- Eres mía... Y yo soy tuyo. No lo olvides- dije antes de besar su tatuaje con más intensidad que con la que había besado el resto de su piel, como si la estuviese marcando como mía.

Mis manos se colaron entre la cama y ella entonces, encontrando el broche de su sujetador de nuevo. Mis dedos hábiles y rápidos lo desabrochado en apenas un segundo, y se lo quité con cuidado para no tirar de ella. Cuando los tirantes estuvieron libres de sus brazos tiré la prenda al suelo, para que se reuniese con mis pantalones. Alyss era de pechos y curvas pequeños, pero era perfecta. La miré con deseo, como no la había mirado en tantos años, y efectivamente me dediqué a memorizar cada milímetro de ella mientras mis manos la acariciaban. Lo único que nos separaba ahora eran sus braguitas y mis bóxers. Nuestras zonas íntimas estaban juntas, separaban por apenas esos milímetro de tela. Yo podía sentir yo calor, que me llamaba a gritos, y ella podía sentir mi necesidad, que la llamaba con la misma desesperación. Pero me entretuve, dejando aquellas prendas en su sitio mientras mi mano izquierda subía por su costado hasta llegar a su pecho, cubriéndolo y masajeándolo. Mis ojos se entrecerraron con gusto al sentir su suavidad y la dureza de su pequeño pezón. Mientras mi mano lo atendía y mi otra mano estaba entretenida en su cadera, bajé mi cabeza hasta que mi rostro estuvo enterrado entre sus pechos, donde comencé a besarla. La habitación estera estaba llena con el sonido de nuestras respiraciones, nuestros jadeos, y mis besos en su piel. Poco a poco me fui haciendo camino desde aquella parte hasta la derecha, hacia su pecho descubierto. Comencé a besarlo alrededor, y dándole pequeños mordisquitos juguetones, y luego lo acaricié con mi lengua hasta que mis labios se cerraron en torno a su pezón, saboreando lo y acariciándolo y mordiéndole un poquito, muy suavemente, hicieron que se erizase y endureciese. En contacto con su piel estaba haciendo que mi cuerpo se estremeciese.

Tras unos cuantos segundos mi boca se separó de su pecho y mis labios rozaron su piel hasta que volvieron a estar contra su boca, besándola. La intensidad del beso hizo que mi cuerpo empujase el suyo, hundiéndolo más en la mullida cama.
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Invitado el Jue 4 Jun 2015 - 16:51

me costaba creerme la situación. Todo mi enfado se había desvanecido en un instante, y ahora solo estaba concentrada en Caleb. Los besos se habían transformado. Primero habían sido furiosos, luego ansiosos, y ahora pasionales. Cada instante que estaba cerca de él me daba un poco más de cuenta de cuanto lo necesitaba en mi vida. Por mucho daño que me hiciese, por muchas peleas, por muchos peligros. Era dependiente, de él y de sus locuras, del dolor que me provocaba. Ya no podía vivir sin él.

Estaba encima suya, dominando a la bestia. Cosa que nunca antes había sucedido. Siempre había sido él que había manejado la situación. Pero las cosas habían cambiado en muchos aspectos. Ahora yo era fuerte, capaz de manejarle. Capaz de ponerme encima suya y hacerle estremecerse. Me gustaba poder llevar la inciativa. Así que eché mi pelo largo a un lado para que no me molestase, y seguí besando y mordiendo su cuello con delicadeza. Dejé que las palabras saliesen solas de mi boca, dejándome llevar por mis instintos y mis deseos. Esta noche no me iba a privar de nada.

Sus manos recorriendo mi espalda y mi muslo me enloquecían. Pequeños gemidos se escapaban de mi boca entre los jadeos que me provocaba. No podía dejar de besarle, de acercar mi cuerpo al suyo. Podía sentirle justo entre mis piernas, y yo no dejaba de balancearme, provocandole, rozándome contra él. Acaricie su pelo con una mano mientras con la otra agarraba su hombro, en un gesto desesperado de que no se alejase de mi. Me ponía demasiado, aquello era enfermizo. Hasta había llegado a disfrutar de sus torturas, me estaba convirtiendo en una sadomasoquista, adicta a el dolor psicológico que él me provocaba. Y no siempre era psicológico.

Finalmente Caleb se levantó, llevándome encima agarrada a él con mis piernas. Me gustaba que respondiese a mis órdenes, aunque pronto la sumisa sería yo. Le conocía en la cama, y sabía que la parte que me había mostrado era la más clemente. Quería al Caleb más animal desatado en mi cama, quería liberar toda la tensión que había acumulado durante estos años. Quería que tuviese la mejor noche de su vida, y haría todo lo posible para complacerle.

Me dejó caer sobre la cama y le miré traviesa, traviesa y ansiosa. No podía despegar mis ojos de su profunda mirada mientras se desnudaba. Mi pecho subía y bajaba con fuerza, estaba alterada, fuera de mi. ¿Por qué solo podía pensar en él? Dos segundos sin tocar su piel ya se estaban convirtiendo en tortura. Observé con deleite como gateaba sobre mi cama, entre mis piernas abiertas, hasta situarse encima mío. Me dejé llevar, sin poder apartar la mirada de aquel cuerpo que tanto me gustaba. Volví a apretar mis piernas en torno a su cuerpo, esperando que no se alejase de mi nunca más.

Sus manos recorriendo mi cuerpo dejaban fuego por donde pasaban, y eso se notaba en mi rostro, que empezaba a desvelar todo lo que sentía por dentro. Mis manos acariciaban su espalda, tirando de él para que se juntase todavía más a mi. Besó mi cuerpo, besó mi tatuaje, me hizo gemir de placer y enloquecer de deseo. ¿Por que se me hacía tan angustiosa la espera? ¿Acaso tendría algún día suficiente de Caleb como para sentirme saciada? Lo dudaba, siempre querría más.

Dejé que retirase mi sujetador y que acariciase mis pechos, que los besase haciendo que calambres de placer recorriesen todo mi cuerpo. Poco a poco la locura se iba apoderando de mi, mis piernas se tensaban en torno a su cuerpo, mis manos apretaban su piel, toda yo estaba entregada a él. Pero no tenía pensando quedarme quieta, estaba harta de ser la dependiente. Era hora de hacerle probar un poco de su mas dulce medicina, era hora de que fuese él el que suplicase por más.

Así que con un giro brusco, me recoloqué, situándome justo encima de él. -Aquí mando yo, Caleb. -dije con autoridad, con mirada sedienta, al mismo tiempo que me sentaba justo sobre sus caderas, haciendo presión sobre el bulto que yo misma había provocado. Recorrí sus brazos desde los hombros hasta sus manos, agarrándolos contra la cama, empezando un leve vaivén provocador con mis caderas. Fijé mi mirada en la suya, observando su reacción. Al poco tiempo el ansia me consumo, y ya no pude esperar más. Me levanté, deshaciéndome de mi ropa interior justo frente a él. Y luego me encargué de hacer desaparecer la suya. Ya no había nada entre nosotros. Volví a gatear hasta él y me quedé apoyada sobre mis brazos, colocándome en la posición exacta. -Ya eres mío... -susurré, al mismo tiempo que acariciaba su rostro, dándole un pequeño beso en los labios. -Va a ser la noche más salvaje de tu vida. -anuncié, y poco a poco me dejé caer sobre él, haciendo que me penetrase lentamente. Mi rostro no pudo contener más las emociones, y todas salieron a flote dejando claro lo que estaba sintiendo. Un intenso e incontrolable placer. Me mantuve sentada sobre él, repleta de placer, por unos instantes. Entonces comencé a moverme, lentamente, al tiempo que ponía mis manos sobre su pecho. Me estaba volviendo loca.
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Caleb Dankworth el Mar 16 Jun 2015 - 23:41

Alyss siempre había sido dócil y sumisa, pero ya no. Muchísimas cosas habían cambiado en ella desde que la conocí hace tantos años, y desde la última vez que había estado con ella. No solamente su forma de vida había cambiado, y su forma de actuar y de pensar y muchas otras cosas, sino también su actitud en momentos como estos. Era más madura, y más segura. Durante un instante, que fue apenas una milésima de segundo, me recorrió la sombra de los celos. ¿La había enseñado a ser así otro hombre? ¿Había madurado en los brazos de alguien más? Sólo pensar en ellos amenazaba con hacer que me hirviese la sangre... Pero entonces aquellos celos se desvanecieron. No porque recordase que el día que nos reencontramos ella me hiciese entender que no había habido nadie más en su vida desde que yo la saqué de la mía, sino porque me di cuenta de que yo no tenía derecho a sentirme celoso. Alyss no había sido mía en años porque yo mismo así lo quise, ya fuese por las razones correctas o no. Alyss era una persona, y era adulta y era libre y tenía derecho a hacer lo que le diese la gana. Además, lo que pudiese haber pasado en el pasado entre ella y otros hombres no importaba, y eso sólo si los había habido, cosa que yo no sabía. Lo que importaba era que ahora estábamos en el presente, y en el presente Alyss era mía. Estaba entre mis brazos, y no en los de otro. Era mía, sólo mía, y yo era suyo, justo como le había dicho antes para dejárselo claro para siempre.

Mis besos y mis caricias volvían loca a Alyss. Lo escuchaba en sus gemidos que llenaban mis oídos, en su respiración agitada que pegaba su pecho a mi cuerpo, en el temblor que recorría su cuerpo y en la forma en la que su rostro estaba encendido como si hubiesen prendido fuego a la sangre en sus venas. Y yo me sentía igual, porque volverla loca me volvía loco a mí. No podía apartar ni mis labios ni mis manos de ella, su piel era mi adicción, y necesitaba más de aquella droga que era ella para mí. Quería una sobredosis de ella, y no me importaba morir intoxicado. Es más, ¿habría una forma mejor de morir?

Alyss me demostró entonces su soltura y su nueva fuerza cuando me empujó hasta hacer que yo quedase tumbado de espaldas sobre la cama.  La miré sorprendido y satisfecho, y posé mis manos en su cintura mientras la miraba fijamente con ojos cargados de placer. Toda ella estaba llena de autoridad y un alma dominante, y calmé el fuego que había en mi interior para dejar que fuese ella la que tuviese el control de la situación por el momento. Me moría de ganas de verla así, encima mía montándome, haciéndome suyo... No podía pensar en un placer mayor.

Alyss se encargó de quitarse la ropa interior que le quedaba puesta y de arrancarme a mí la mía, eliminando todas las barreras físicas que quedaban entre ambos. Ya nada nos impedía unirnos como deseábamos, y sentí mi sangre palpitando con fuerza en mis venas, llevando mi deseo a todas las partes de mi cuerpo.

-Siempre he sido tuyo- murmuré en respuesta a sus palabras. ¿Es que acaso no se daba cuenta? Desde el primero momento en que la vi había sido suyo, y jamás había dejado de serlo. Necesitaba que ella lo supiese y que no lo olvidase nunca. Correspondí a su beso cuando unió sus labios a los míos, cerrando los ojos para sentir su calor con más intensidad, y entonces gruñí de placer al sentir como se deslizaba fácilmente alrededor de mi hombría hasta que quedó sentada sobre mí. Yo llenaba su interior por completo, y la sentía más cercana que nunca. Su calor y su humedad me dejaban saber cuanto me deseaba.- Alyss...- jadeé su nombre, incapaz de esconder el deseo y el placer que había en mi voz.

Alyss comenzó a moverse sobre mí, provocando que descargas de placer recorriesen mi cuerpo entero. Mis manos continuaban sobre sus caderas, pero al principio no hice nada, dejando que fuese ella la que manejaba las riendas. Poco a poco fue aumentando el ritmo, y fue entonces cuando mis manos comenzaron a guiarla con suavidad pero con firmeza, dirigiendo su cuerpo sobre el mío hasta que adoptó una intensa rapidez. Su cuerpo subía y bajaba y mi miembro entraba y salía de ella rápidamente, haciendo que el placer fuese mucho más intenso de lo que había imaginado en un principio que sentiría con Alyss encima de mí. Realmente estaba siendo salvaje. Sus pechos rebotaban mientras me montaña, y yo la miraba directamente con los ojos entrecerrados por el placer. Nuestras respiraciones agitadas y nuestros jadeos ahogados de placer eran una música erótica que llenaba cada rincón de la habitación.

Me incorporé entonces, quedándome sentado sobre la cama. Yo seguía dentro de Alyss y ella seguía sentada sobre mí, pero mis brazos la rodearon y pegaron su cuerpo al mío, haciendo que sintiese como ardía su piel. Su aroma me volvía loco. La besé salvajemente en los labios mientras ella continuaba moviéndose sin cesar, haciendo que mi miembro la penetrase continuamente, y nuestros jadeos dieron paso a gemidos y gruñidos.

Perdimos el equilibrio y fuimos a caer juntos sobre la cama, pero antes de que yo quedase tumbado con ella encima me hice a un lado y conseguí que fuese ella la que quedó tumbada de espaldas, y yo quedé sobre ella. Me había delicado fuera de ella, y la ausencia de su calor y su humedad alrededor mío durante apenas un segundo fue insoportable. Con un movimiento certero y fuerte volví a penetrarla, haciendo que se moviese la cama y le diese un fuerte golpe a la pared de atrás. El fuerte gemido de Alyss hizo que me recorriese un placentero escalofrío, pero niñera suficiente...

-Quiero porté gritar mi nombre, Alyss...- susurré como una bestia hambrienta mientras la besaba y comenzaba a moverme en su interior con fuerza, y cada vez con más intensidad, haciendo que cada vez los golpes de la cama contra la pared fuesen más fuertes y se escuchasen como tambores de guerra. Hundí mi rostro en su cuello y besé su piel, y su barbilla, y sus labios...- Dime que eres mía... Dimelo, ¡dímelo!- necesitaba oírselo decir. Después de todo lo que ha pasado, quería que no quedase ninguna duda entre los dos.
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Invitado el Dom 16 Ago 2015 - 20:17

Al principio las cosas transcurrieron como en una película. Delicadas, con su propia banda sonora en mi cabeza y con mucha lentitud. Todo era perfecto, el amor resurgía como el ave fénix de entre sus cenizas. Nuestras miradas, cómplices, se desnudaban con la imaginación entre beso y beso. Todo era dulce, con toques picantes y ardientes que mantenían la llama humeante entre ambos. Yo estaba repleta del calor que Caleb encendía en mi, manifestándose en mis mejillas, que sonrosadas dejaban claros mis sentimientos. Caleb por su parte parecía muy motivado, excitado ante la nueva yo que se mostraba ante él. Todo había cambiado tanto que era como revivir el pasado con un desconocido. De vez en cuando intentaba pensar en como habría sido aquello con el Caleb del pasado. Pero estaba siendo muy bonito como para amargarlo con malos recuerdos. Estaba casi segura de que no se había comportado así con las chicas que yo solía ver salir de su casa en la madrugada.

Mis sábanas eran distintas con Caleb sobre ellas, y me encartaba la suavidad que me transmitían mientras reptaba sobre ellas para colocarme sobre él. Palabras lascivas empezaron a llenar el cuarto, y antes de que nos dieramos cuenta ya estabamos unidos de la manera más intima que existía. Sentirle otra vez dentro de mi, después de tanto tiempo, fue indescriptible. Los ojos se me iluminaron y se llenaron de lágrimas de irrefrenable placer, y poco a poco empecé a moverme con más energía, buscando la misma reacción en él.

Me agaché ligeramente para volver a crear contacto entre nuestros cuerpos, y jadeé en su oido mientras me deleitaba con el sonido de su respiración cada vez que volvía a entrar en mi. Cada vez me sentía más húmeda, más cálida y más receptiva. Aumenté a un más el ritmo, esta vez ayudada por las manos de Caleb, que se aferraron a mis caderas y me incitaron a llevar mis movimientos al extremo, creando una fuerte ola de placer que se reflejó en los rostros de los dos. Los gemidos se escapaban de mi boca sin que yo pudiese hacer nada para frenarlos.

De pronto un movimiento por sorpresa de Caleb me hizo caer sobre la cama, y el se situó sobre mi, dominandome y quitándome las riendas de la situación de entre las manos. En esa posición, volvió a penetrarme, esta vez con más fuerza, a lo cual yo respondí con un fuerte grito. Sus movimientos sobre mi, aunque ágiles y delicados, empezaron a aumentar de fuerza y de intensidad, llegando a hacer que la cama se tambalease contra la pared, creando un rítmico compás. Sus gemidos aumentaron y los mios con los suyos.

-Soy tuya... de nadie más... -gemí con dificultad demasiado ida de este mundo como para hablar con mayor racionalidad. -Caleb... oh Dios mio... ¡Caleb! -grité, no solo porque él me lo pidiese, sino porque ya no podía controlar mis emociones, que se acumulaban hasta explotar. Estaba a punto de llevar al Everest de las sensaciones, y sabía que no podría aguantar mucho más de esa manera. Mis dedos se clavaron en su espalda y mis uñas empezaron a crear un mapa de carreteras con cada nueva embestida. Le rodeé con mis piernas, acompañé con mis caderas, incluso llegué a morder sus clavículas. No aguantaría así mucho más.
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Caleb Dankworth el Vie 18 Sep 2015 - 17:41

Debía de estar en un sueño, o finalmente mi mente atormentada había llegado al punto en el que no podía aguantar más y se había bloqueado, encerrándome en un mundo de fantasía en el que poder escapar. ¿De qué otra forma podía sino explicar el hecho de que ahora estuviese aquí, con Alyss entre mis brazos, sin ningún tipo de barreras entre nosotros, y haciéndola mía mientras sentía cómo el placer más intenso del mundo me llenaba hasta la entrañas? Todo parecía demasiado bueno para ser real, pero lo era… lo era. Y no podía pensar en nada que fuese mejor.

Los dos dominamos y nos dejamos dominar, era como una suave lucha por el poder en la que tanto ceder como vencer era una dulce victoria, no había cabida para la derrota. Ella era mía y yo era de ella, y ambos nos convertimos en uno solo durante aquella deliciosa noche lluviosa. Ambos estábamos recordando increíbles momentos de tiempos pasados a la vez que descubríamos cosas nuevas el uno del otro. Yo estaba conociendo a una Alyss mucho más confiada y segura de sí misma y salvaje que la Alyss tímida e inocente de hace años, mientras que ella podía ver un poquito de mi lado más sumiso… el cual no tardó en desaparecer y ser reemplazado por mi lado dominante. Alyss quedó tumbada sobre la cama y la cubrí completamente con mi cuerpo mientras ambos volvíamos a unirnos, esta vez con más fuerza, hasta que ella acabó gritando mi nombre. Escucharla de aquella manera, ver su expresión consumida por el placer y su voz ahogada por el deseo hacían que toda la piel se me erizase y ardiese como si estuviese siendo lamida por un fuego indomable y devastador. Si así era como se sentía al ser quemado en el infierno, entonces que me manden derechito a sus profundidades sin juicio previo.

-Mía… Solo mía…- repetí las palabras que ella me dirigía a mí mientras la rodeaba con mis brazos y pegaba su cuerpo completamente al mío y mis movimientos se volvían más potentes, más rápidos, más profundos, tan intensos que la cama chocaba contra la pared con tanta fuerza que parecía que estábamos intentando demoler la casa entera. Quería llegar hasta lo más profundo, ocupar cada rincón de su interior, llenarla por completo para que nunca jamás olvidase esto, que era mía. Sentí sus uñas clavándose en mi espalda y sus húmedos músculos tensarse a mi alrededor a la vez que gritaba mi nombre, y aquella fue mi perdición.- Alyss…

Con un gruñido salvaje de placer que llenó la habitación entera y retumbó en nuestros oídos me descargué por completo en su interior, mientras mi cuerpo entero temblaba. Me quedé inmóvil sobre ella mientras mi mente desconectaba, envuelta en el más puro placer, y mi cuerpo escapaba de mi control. Coloqué mi rostro junto a su cuello y respiré el dulce aroma que la envolvía después de aquella pasión que nos había desbordado a ambos. Cada respiro me calmaba un poco más, hasta que mi cuerpo dejó de temblar y volví a tomar el control sobre él. Durante unos segundo me quedé así, sobre Alyss, todavía en su interior, sintiéndola pegada a mí. Cuando por fin salí de su interior con un cuidadoso movimiento y me separé de ella fue como si me estuviesen arrancando un pedazo del alma, pero no me alejé de ella sino que me tumbé sobre la cama a su lado. Respiré profundamente y la miré a los ojos entonces. No dije nada al principio, sino que con mi mano acaricié suavemente su vientre desnudo y su costado y su pecho y toda la superficie de su piel que podía alcanzar mientras que me acercaba a ella y depositaba un beso en su brazo, luego en su hombro, en su cuello, en su mandíbula y finalmente en sus labios.

-Te quiero- susurré entonces, casi inaudiblemente. Era la verdad, y después de todo eso tenía que decírselo.
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Invitado el Miér 30 Sep 2015 - 21:10

Aquella noche había empezando tranquila, pero desde el momento en el que todo se había puesto patas arriba la pasión había ido increscendo. El primer beso fue el desencadenante de todo lo que llevaba dentro y que tanto tiempo había estado reprimiendo. Caricias, mordiscos, locuras, que paso tras paso, como un camino de migas, no llevaron a la cama, donde dejamos que toda nuestra pasión se desatase. Dimos rienda suelta a nuestra locura, puede que demasiado.

Cada embestida de Caleb contra mi era como una corriente eléctrica que me recorría por completo. Según el sentimiento iba aumentando, cada vez me costaba más contener mis quejicosos gemidos. Lo estaba disfrutando, y por primera vez en mucho tiempo, no me sentía preocupada por nada más. La voz de Caleb en mi oido, que temblaba y jadeada, me ponía a mil. Quería más de aquello, mi cuerpo lo necesitaba, lo pedía a gritos. Se lo demostré con palabras, con besos, con mordiscos, y con mis uñas clavadas en su espalda, posiblemente haciéndole más daño del que en ese momento sentía. Sentía que a la velocidad que llevabamos, no podía aguantar mucho más, y así fue. En cuanto sentía que Caleb iba a llegar hasta el final, mi cuerpo se desató en una ola de sensaciones. Mis piernas sufrieron espasmos, mis labios se contrajeron, y mis piernas rodearon con más fuerza (si era posible), el cuerpo de Caleb.

Al segundo caímos muertos, sobre la cama. Hacía muchisimo que no estaba tan cansada. Yo no era muy habladora de si por si, pero en aquellos momentos menos todavía. Quería decirle mil cosas, pero era imposible que todo aquello saliese por mi boca con algún sentido. Me limité a imitar su frase. -Yo también. -susurré, mientras me deslizaba por la cama para acabar tumbada sobre su hombro, dejando que mi cabello rubio se extendiese por su pecho. Me sentía tan destrozada que no tardé en entrar en un profundo sueño.

OFF: Acabos de concebir un bebé :A
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