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Back in time [Alyss FitzRoy]

Invitado el Mar Dic 16, 2014 11:41 pm

Un día nuevo comenzaba y llegar al trabajo era una de esas cosas que me gustaban. Poca gente puede decir que le gusta su trabajo pero en mi caso era cierto y aunque no era el típico que aparecía en la oficina con dulces para todos y una sonrisa en la cara, por dentro sabía que había elegido mi profesión a la perfección.

Al llegar, el Ministerio estaba abarrotado, como cualquier otro día. Los inefables tenemos una reputación especial y por eso al verme, todo el mundo que sabía quien era me cedía el paso. He de reconocer que esa es otra de las ventajas de mi trabajo, que la reputación te precede. La gente sabe que tu puedes manejar cosas que incluso a los magos más poderosos pueden llegar a asustar y yo era una de las armas secretas del departamento. La otra era una chica joven que para su edad mostraba un talento que ya quisieran muchos otros, algo que hacía que yo me fijase en ella pero que intentase no mostrarlo demasiado hasta verla lo bastante receptiva para aceptar mis alagos.

Cuando llegué al que era mi despacho, antes de la hora como tenía por costumbre, el resto del departamento estaba vacio por lo que un silencio sepulcral dominaba la planta de manera que casi podías escuchar las voces del otro lado del velo aunque estuvieses a habitaciones de distancia. Me senté con tranquilidad, café negro en mano, a revisar con calma los memoradums y demás papeleo que empezaban a llegar. Por lo que decían, parecía que iba a ser un día emocionante.
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Invitado el Miér Dic 17, 2014 7:57 pm

Salí de casa con tiempo. Como siempre. Me gustaba hacer mi parada diaria en la pastelería para comprarme algo dulce. Los bollos que sirven en el Ministerio están malísimos, y mi estómago no aguantaba muchas horas sin tener algo que digerir. Aquel día escogí una suculenta mezcla de hojaldre y chocolate, que fui devorando de camino al Ministerio. La calle era monótona, con todas las personas vestidas de negro y blanco, uniformadas. Odiaba los uniformes. En mi puesto de trabajo era obligatorio llevar una vestimenta adecuada, sino ni loca me ponía lo que llevaba puesto. Parecía una secretaria de película porno barata, de esas que ni siquiera se desnudaban, que estaban de relleno. Con una falda negra ajustada y una camisa blanca metida por dentro, con una chaqueta que por suerte era de lana, porque si llega a ser de la misma tela que la falda habría pasado de secretaría a recepcionista, y eso no me hacía tanta gracia. Por lo menos me daban permiso para llevar el peinado que más me gustase, porque una de las cosas que más disfrutaba era trenzarme el largo cabello rubio de una manera diferente cada día. Puede que fuese un aspecto destacable de mi, incluso más que el detalle del conjunto de secretaría.

Entre al Ministerio como todas las mañanas. Con la cabeza alta y el rostro serio, saludando a los guardias de la entrada con un gesto de cabeza y vigilando mis espaldas. En un lugar como aquel había de todo, y nunca podías confiar en nadie. No estaría tranquila hasta que no llegase a mi despacho, me sentase y me tomase mi café. Necesitaba abandonar aquellos pasillos que rezumaban hipocresía y poder, hambre de dinero y de sangre. La gente me dejaba pasar. No había muchos inefables y me gustaba hacerme respetar. Si alguien sabía sobre los asuntos más oscuros de la institución, esa era yo. A nadie le convenía tener un enemigo en mi departamento.

Mi sección estaba vacía, como siempre. Cinco despachos puestos en fila, en completo silencio y con las puertas cerradas. Me gustaba esa paz. En el resto del Ministerio reinaba el caos, el desorden y la locura. Sin embargo los inefables eramos discretos. Por eso había elegido este trabajo. Quería soledad, que la gente me respetase para que no investigase mucho sobre mi vida, y silencio.

Me senté en mi silla, dejando la carpeta sobre el escritorio, y me quité el abrigo, cansada de mantener la espalda tan recta. Solo quería quitarme los tacones y ponerme a leer informes para poder irme temprano a casa. Pero cuando abrí la carpeta con los supuestos casos de desapariciones de los últimos veinte años, me encontré con los registros de borrado de memoria del último año. Eso no era cosa mía, estaba harta de que se equivocasen repartiendo informes. Me levanté malhumorada con la carpeta y me dirigí al despacho contiguo, llamando un par de veces antes de entrar. -Allen, creo que esto es tuyo. Los estúpidos de arriba se han vuelto a equivocar. -dije con sequedad, pero cortesía. Era un hombre joven y atractivo. Si Caleb tenía locas a la mitad de las mujeres, Allen se rifaba a la otra mitad. No sabía si se conocían, pero había mujeres de sobra para todas.

Entré con descaro a la sala y cogí una carpeta negra que había, aún sin abrir, sobre su mesa. Rompí el cierre y lo ojeé. Eso era. Y era de vital importancia. -Menos mal que no lo has abierto. Tendría que matarte. -bromeé con una leve sonrisa, tan leve que podía parecer que no estaba bromeando. Aunque ese no fuese mi auténtico carácter, era la actitud que debía mantener en el ministerio para que no me comiesen viva. O daba miedo, o me asustaban. Prefería que pensasen que suponía una amenaza.
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Invitado el Dom Dic 21, 2014 8:35 pm

Una de las desventajas de trabajar para una institución pública es la cantidad de papeleo bajo la que te sepultan todas las mañanas, tengas el trabajo que tengas, cada vez que haya una misión tendrás cincuenta formularios esperando ser rellenados cuando estes de vuelta en tu despacho. Yo que solía llegar en primer lugar, contaba con unos momentos de silencio para revisar mis papeles antes de que se me encargara algo que hacer, ya fuese trabajo de campo o investigación, pero esa mañana mi momento de tranquilidad con mi café se vio interrumpido por Alyss, mi compañera del despacho contiguo y que además era una belleza al parecer inalcanzable. Entró en mi despacho sin que nada pudiera pararla a pesar de que había llamado antes de entrar. Arrojó una carpeta sobre mi mesa y cogió otra que yo aun no había abierto mientras yo la observaba con una sonrisa divertida. Incluso cabreada era preciosa y sensual. Ni siquiera el uniforme que el Ministerio obligaba a llevar a las mujeres desmerecia su figura y su pelo blanco y trenzado era el toque que le daba esa aura exótica que tanto me gustaba.- Buenos días, Alyss- dije con tranquilidad sin que mi sonrisa desapareciera.

Cogí la carpeta que lanzó sobre mi mesa mientras ella habría la otra y ojeé lo que había dentro. Sí, ella tenía razón, se habían vuelto a equivocar.- Tendría derecho a un último deseo?- dije sonriendo travieso y levantando la mirada hacia ella cuando dijo que si la hubiera abierto tendría que matarme. Sabía que para alguien como ella, ser duro era una parte importante del trabajo para mantener a los demás a raya, entre ellos a los tipos como yo, pero gozaba diciéndole cosas salidas de tono de vez en cuando y haciéndola rabiar, aunque siempre intentando mantener un tono más o menos distante. Cuando había misión, ese colegueo o posible intimidad desaparecían, pero si lo que tenía ante mi era un registro de borrados de memoria con casos de gente que se resiste a ellos sin motivo aparente, mi cerebro se aburre.

- Recuerdas esto?- le dije tendiendole El profeta del día anterior. En la portada se veía un artículo sobre la aparición de medio cuerpo en un callejón.- Solo encontraron la parte superior del cuerpo de este individuo. Lo encontraron gritando en un callejón del Londres muggle y lo trasladaron a San Mungo, pero cuando intentaron curarlo se dieron cuenta de que no se desangraba, su sangre desaparecia y no había manera de parar la hemorragia evaporizante o curarlo, por lo que el individuo acabó falleciendo irremediablemente. Cuando se dieron cuenta de lo que pasaba, nos llamaron y acudí- expliqué mientras ella cogía el periódico- Ahora cuando he llegado, me han pasado una carta de San Mungo, han encontrado el resto del cuerpo en un de los apartamentos que hay sobre una de las tiendas del Callejón Knockturn. Las piernas aun se mueven y la sangre parece ser recien vertida, pero sin embargo están seguros de que son las piernas del individuo de ayer- finalicé mi explicación y espere a ver su reacción- Te gustaría venir conmigo a investigarlo?- pregunté buscando su mirada pero tragándome la sonrisa. No me importaban las desgracias ajenas, en mi trabajo eso era inconcebible, pero si un fenómeno como el que vivíamos me servía para pasar más tiempo con una mujer tan hermosa, bienvenida sea tal desgracia.
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Invitado el Sáb Dic 27, 2014 11:28 pm

Me sorprendía la inalterable tranquilidad de Jason. Incluso si había irrumpido en su despacho poniéndole todo patas arriba, era capaz de dedicarme unas palabras amables y de no mandarme a la mierda por interrumpirle. Eso era raro en el Ministerio. Había muchas cosas que ocultar, muchos secretos, y mucha mierda escondida por los rincones. A la gente no le gustaba que ningún extraño husmease o pudiese descubrir demasiado sobre él. El mundo mágico era peligroso, Jason y yo lo sabíamos mejor que nadie. La gente desaparecía, desaparecía de verdad, de un día para otro, sin dejar ningún rastro. No me creía que aquel hombre frío y con corbata no tuviese nada que esconder. Sería un reto, pero seguro que sacaba algo sucio de su manga, algo que me valiese a mi como escudo. Por si las moscas.

-No. Posiblemente tu último deseo sería vivir. Y entonces tendría que dejarte escapar. -bromeé algo menos tirante, tratando de mostrarme medianamente amable. No confiaba del todo en ese hombre, pero al no ser borde me lo ponía difícil. Si se hubiese comportado como un capullo habría tenido la excusa perfecta para largarme antes de que hubiese podido pedirme nada. Pero a Jason le gustaba jugar conmigo. Le hubiese advertido de que tuviese cuidado, pero era mejor ver como se quemaba el solito.

Justo cuando iba a desaparecer, el joven me tendió un periódico. Lo observe con mirada escéptica y levanté una ceja, leyendo el artículo para hacer memoria mientras le escuchaba. Tomé el papel entre mis manos. Leía muchos casos de ese estilo cada día, y como aquello en concreto no era asunto mío, no le había prestado mayor importancia. -Sí, lo recuerdo. -comenté, acordándome. -Una desgracia. -añadí, con tono irónico, cuando especificó que el hombre había fallecido.

Cuando terminó, me propuso acompañarle a investigarlo. Le miré dudosa. No estaba segura de si aquello era cierto del todo, o era la excusa perfecta para averiguar más sobre mi o rodearme en callejón Knocturn. Como ya he dicho, no hay que fiarse de nadie del Ministerio, y mucho menos si es amable contigo. -No sé si abandonar mi puesto de trabajo sería lo más adecuado. Sabes que estos temas no tienen que ver conmigo. -intenté escabullirme, pensando en alguna escusa. Aunque en parte era cierto, por otra parte los inefables eramos nuestros propios jefes. Muy poca gente sabía a que nos dedicábamos realmente, y no había nadie que nos vigilase, así que... -Pero bueno. Un poco de acción y aire no me vendría mal. -deduje en voz alta. -Está bien. -dictaminé, asintiendo con la cabeza y mirando fijamente a mi compañero. Luego salí de su despacho, me acerqué hasta el mio para coger mi gabardina negra, y volví hasta su puerta. -Te sigo.
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Invitado el Dom Dic 28, 2014 5:11 pm

Yo era consciente de que en muchas situaciones mi carácter, que tenía casi por mayor cualidad el adaptarse, era objeto de desconcierto de muchas persona. Un inefable jamás espera que otro sea amable, porque vemos muchas cosas a lo largo de nuestra carrera que nos obligan a estar siempre alerta y pendientes de todo lo que nos rodea. Yo lo sabía, Alyss lo sabía y todo el departamento lo sabía pero muy poca gente era capaz de hacerlo realmente bien de modo que tu alerta permanente no se notase en absoluto. Alguien como yo, acostumbrado a pasar inadvertido según la situación o a ser los deseos de otras personas, tenía una habilidad especial, que el Señor Tenebroso y el Ministro de Magia valoraban bien.

Cuando le pedí un último deseo a su "amenaza de muerte", su respuesta arrancó una sonrisa enigmática en mi rostro. Si hubiese estado hablando con otra persona que se dedicase a otra cosa, probablemente mi respuesta habría sido que la vida sería un deseo vácuo en comparación con disfrutar de su compañía, pero hay un momento y un lugar para los cumplidos, y no era ese, tenía la sensación de que para Alyss esa no era la respuesta correcta.- Al fín una mujer inteligente- dije mirándola a los ojos de manera que fuese mi mirada la que se insinuase y no mis palabras.

Sin embargo, toda esa palabrería era una simple introducción, porque aunque Alyss fuese uno de esos tesoros que a mi encanta desenterrar, el trabajo es más importante que las mujeres por lo que no tardé en presentarle un caso, que si le interesaba podría contribuir a hacer bien nuestro trabajo y también a que yo pasase más tiempo con esta belleza, investigando la composición de todas las capas de su personalidad. Al principio no parecía interesada. Una persona que se atiene a las normas no sale en busca de nuevas rarezas, se queda investigando y deja el trabajo de campo a gente como yo, pero esperaba que ella también tuviera el gusanillo de la aventura. Sin necesidad de que yo dijera ni media palabra, tan solo la miré con esa mirada penetrante que me caracterizaba, pero ella fue poco a poco cambiando de opinión por si misma hasta que finalmente cedió. Salió de mi despacho mientras yo cogía mi americana y salia a esperarla al pasillo. Atravesamos la puerta que llevaba a los despachos y la sala circular hasta dar al pasillo de los tribunales.

- Que crees que puede haber causado una partición de estas características?- le pregunté en busca de su opinión. Lo cierto es que estaba intrigado con todo el tema de la desaparición, la rotura del cuerpo y las características que rodeaban.- Parece una despartición radical, de estas que solo se dan una vez cada 20 años- Comenté mientras pensaba que una despartición de esas características no haría que la sangre se evaporase o se conservase fresca. Era un misterio que queria resolver, quizás pidiese la experta opinión de Stella para saber más.

Llegamos al vestíbulo tras subir en el ascensor y no tardamos en aparecernos en el apartamento propicio para cuya comunicación el Ministerio ya había facilitado la conexión mediante la red flu. Había allí un par de técnicos de San Mungo esperando por nosotros, concretamente por mi.- Allen- me preguntó el que parecía tener más autoridad y yo di un golpe seco con la cabeza en señal de asentimiento. Sin mediar más palabra nos indicó donde estaba el cadáver. Habían tenido el detalle de llevar la otra parte del cuerpo para asegurar su identica procedencia pero una parte estaba empezando a descomponerse y la otra aun parecia viva. Levanté una ceja y miré a mi compañera antes de acercarme para mirar con más detalle.
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Invitado el Lun Dic 29, 2014 9:20 pm

Ver su una sonrisa dibujarse lentamente en sus labios ante mi respuesta me desconcertó. No era propio de él sonreír si no estaba tratando de llevarse a alguna chica a la cama o de convencer a algún superior de que todo estaba bajo control cuando, por supuesto, no lo estaba. Era una sonría irónica, fría, distante. Estaba claro que se creía superior a la humanidad y eso hacía que me crispasen los nervios en su presencia. Pero mantenía mi calma exterior. Era consciente de que él sabía usar su atractivo para conseguir lo que se proponía, que cada mirada y cada sonrisa tenían un propósito. Pero no dejaría que todo eso surtiese efecto en mi. Había pasado mucho tiempo siendo incapaz de serle infiel a Caleb. Él mismo que se había tirado a medio Londres en mi ausencia. Y de hecho no contaba como infidelidad porque no eramos pareja. Ni lo somos ahora.

Mirándolo desde otra perspectiva, Allen no está tan mal.

-Soy inteligente por muchas otras razones. -respondí, colocándome el pelo que se me había quedado atrapado en el interior del abrigo por fuera. -Este tipo de decisiones arriesgadas y precipitadas son mero morbo. -esquivé su mirada. No me gustaba que se quedase mirando tan fijamente a mis ojos. Era como si leyese mi mente.

-Tiene pinta de ser una... -había empezado a hablar, pero Jason se me adelantó. -Despartición. -terminé, mientras caminábamos deprisa hacía el vestíbulo del Ministerio para tomar la red flu. -¿Has pensado en que no fuese voluntaria? Quiero decir, ¿quien es tan estúpido como para...? -mientras decía esa frase se me pasaron demasiados casos en los que la respuesta había sido precisamente que alguien había sido tan estúpido como para hacer algo MUY estúpido. -Olvida eso. Pero insisto en que pudo no haber sido voluntario. ¿Algún tipo de hechizo que pueda provocar algo similar? -él era el que lo investigaba, si hubiese sido yo la encargada, lo primero que habría mirado habrían sido los registros de hechizos con daños similares.

Utilizando la red flu del ministerio llegamos rápidamente al interior del apartamento en el que había tenido lugar al altercado. Uno de los vigilantes preguntó por mi compañero, al cual rápidamente dejaron paso. Pero para mi no iba a ser tan fácil. -Usted no puede pasar señorita. Solo personal autorizado. -me detuvo al más corpulento, que me sacaba por lo menos dos cabezas. -Soy personal autorizado. Fuera de mi camino. -le amenacé. Odiaba que me tratasen como a una intrusa. -Insisto. Largese. -repitió el gordinflón. Ladeé la cabeza, cansada, y saqué de mi bolsillo el carnet de identidad del ministerio. No esperaba que me dejasen pasar por una inefable, pero puede que mi apellido tuviese más poder del que imaginaba. Si apenas me acostumbraba a tener uno, tener autoridad sobre las personas por ello era todavía mucho más extraño.

Se lo puse frente a las narices al guardia, que lo leyó con dificultad y me miró de arriba a abajo. -Mis disculpas, señorita FitzRoy. Son las normas y ya sabe... -quiso arreglarlo, pero me daba igual, yo solo quería pasar. -Haces muy bien tu trabajo. -le respondí para tranquilizarle. -Pero vuelve a llamarme señorita y no podrás salir de tu casa en un mes. -odiaba aquel trato de cortesía. No solía abusar de mi nombre, pero si la situación lo requería mi querido padre me salvaba el culo. Y eso que estaba muerto.

Dicho esto me adelanté. Jason estaba esperándome frente al cuerpo. Me acerqué mientras me quitaba el abrigo. Hacía mucho calor en aquel lugar. Era curioso como cada parte de aquel hombre estaba en distintos estadíos de la descomposición. -Dame alguna pista, Allen. Estoy desarmada. -confesé, sin saber muy bien que opinar. No sabía si empezar a tomarme la licencia para llamarle Jason.
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Invitado el Dom Ene 11, 2015 7:13 pm

Los inefables tenemos un defecto que nos diferencia mucho del resto de magos del mundo: Nos creemos los mejores. Eso de pensar que tus ideas son las mejores se da en muchas personas, pero la mayoría de nosotros lo llevamos a un nivel superior, nosotros sabemos que nuestras ideas son las acertadas porque de nuestro acierto depende, en muchas ocasiones, que la sociedad no se venga abajo de puro pánico o que, además de eso, muera un montón de gente por cosas que nadie llega a explicarse del todo bien. Por eso, cuando Alyss me preguntó si había algún hechizo que pudiese hacer algo así, tenía la respuesta muy a flor de piel ya que había estado revisando ese mismo tema antes de que ella irrumpiera en mi despacho buscando documentos que en ese momento me parecían irrelevantes.- No hay ningún hechizo o maldición documentados que pueda hacer algo así. Lo más parecido es lo que hablamos, una despartición, pero en esos casos las dos partes separadas sufren el mismo deterioro con el paso del tiempo. Veamos lo que nos encontramos.-dije con total seriedad justo antes de que desapareciesemos tras las llamas para aparecer en el escenario donde ya me estaban esperando.

Oí a lo lejos como ella tenía ciertos problemas para pasar la barrera de seguridad que había puesto el Ministerio. Esta barrera consistía en un orondo hombre con unos humos muy altos así que supuse que no sería ningún problema para Alyss sortear tal obtáculo, y por lo que pasó parecía no estar muy equivocado en ese sentido. La obervé mientras se acercaba a donde yo estaba, quitándose el abrigo por el calor que hacía en aquel cuarto. Eso era una pista a mayores, con la elevada temperatura de la habitación y la humedad que se podía percibir en el ambiente, las piernas del hombre deberían estar en peor estado que el tronco, que fue encontrado en un callejón, lejos del tránsito y al fresco...Y sin embargo, estábamos viendo que había pasado todo lo contrario. Me desabroché el único boton que llevaba mi americana y me agaché a mirar más de cerca las dos partes del cuerpo cuando se puso a mi altura.

- Llámame Jason o empezaré a llamarte señorita FitzRoy - dije en broma, mirándola desde mi posición agachada con una sonrisa encantadora. Me volví a girar para concentrarme a fondo en mi trabajo y con un gesto de la mano la invité a agacharse a mi lado. Yo no me caracterizaba por hablar mientras investigaba, tampoco solía ir acompañado, pero ya que en esa ocasión lo estaba tendría que susurrarle a mi compañera mis conclusiones esperando que ella hiciera lo mismo para no levantar demasiado revuelo entre los sanadores.O aun mejor...- Caballeros, si nos disculpan nosotros tomaremos la investigación desde este punto- dije con voz autoritaria a todas las demás personas que había en la habitación que no éramos ni Alyss ni yo- Esperaré fuera- dijo el guarda después de que el resto de personas salieron entre murmullos. Siempre había murmullos cuando uno de nosotros aparecía.

Tras quedarnos solos, me tomé la libertad de hablar en un tono comedido pero normal.- A simple vista parece una despartición, como decíamos antes de llegar, pero el hecho de ue la descomposición sea diferente requiere un examen más exahustivo- dije sin mirarla centrándome en el cuerpo, concretamente en la parte superior- El tronco superior muestra una descomposición mayor a la normal, como si hubiese estado cerca de una fuente de calor, según explicaba el informe de San Mungo que recibí ayer. El experto con el que hablé decía que era extraño haberlo encontrado en la calle en un día tan frio, aun vivo, cuando ya se estaba descomponiendo como si estuviese dentro de una incubadora. -Expliqué casi como si estuviera poniendo mis ideas en orden. Observé el cuerpo y lo que describían parecía totalmente correcto, incluso parecía que la piel se estaba escurriendo de los huesos- Por otro lado, la parte inferior del cuerpo...-dije mientras me giraba hacia la mencionada- Parece estar todavía viva- aprovechó ese momento el medio cuerpo para sacudir un pie. Muy oportuno.- La sangre del primer cuerpo desaparecia y sin embargo esta se limita a caer, pero nunca se seca- dije mirando el charco- Con el calor que hace aquí, si esto fuera una despartición normal debería ser al menos al revés y el departamento de aparición estaría aquí en lugar de nosotros- dije con tranquilidad para a continuación mirar a Alyss- Te das cuenta de cual es el elemento que hace esta despartición tan especial?- dije mientras la miraba con una sonrisa que no pude ocultar. Me encantan los puzzles y los misterios.
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Invitado el Dom Feb 08, 2015 10:29 pm

Después del breve incidente con la mole que vigilaba el cadáver (o lo que quedaba de él), conseguí atravesar la seguridad y acercarme a donde estaba Jason esperando. Puede que fuese mi imaginación, pero así, agachado frente a aquellos restos, pensativo, me resultaba mucho más atractivo sexualmente. Puede que Caleb me hubiese tenido demasiado años cegada como para darme cuenta de lo que tenía en el despacho de al lado. Pero no estaba allí para ligar con Allen, estaba allí para ayudarle. O al menos para intentarlo.

Me agaché a su lado y miré aquellas piernas abandonadas en medio de la madera del suelo. Resultaba de lo más macabro, pero por alguna extraña razón no sentí ninguna impresión al verlo. Cuando Jason hizo aquel comentario como respuesta a mi forma de llamarle, no pude evitar sonreír. Sabía darme donde tenía las cosquillas. -Como quieras, Jason. -dije con tono meloso y suave, incitándole a llamarle Señorita FitzRoy para tener una excusa para lanzarle algún hechizo poco agradable. Quizás le atase a una silla para poder hacer con él lo que más me complaciese, quien sabe.

Después de aquello, y mientras yo seguía inmersa en mis pensamientos observando el cuerpo, Jason obligó a la gente que rondaba la sala a dejarnos a solas. Incluso el guardia gordo que se había interpuesto en mi camino finalmente desapareció. Estaba claro cual de los dos imponía mayor autoridad. Los tacones hacían que los pies me doliesen de estar en aquella posición tan incómoda, pero no creía conveniente librarme de ellos, así que apoyé una rodilla en el suelo frío, aún a riesgo de que se me viese hasta el carnet de identidad. Esas malditas faldas eran la cosa más incómoda que se había inventado en la moda inglesa.

Escuché con mucha atención todo lo que decía Jason, ya que aquel no era mi campo la mayoría de cosas que decía me parecían algo totalmente absurdo y fuera de mi conocimiento. Había leído informes, pero no sabía resolver ese tipo de casos. Yo era especialista en fenómenos paranormales, pero de otro tipo. Los cadáveres eran para Jason. Así que me limité a mirarle atenta y a tratar de ordenar las ideas en mi propia mente, esperando ansiosa una respuesta. Era curiosa por naturaleza. -¿No pudo ser encantado después de la muerte? O incluso...a la vez que se producía la aparición. Puede que por eso saliese mal y se produjese la despartición. -traté de dar ideas, arriesgándome a parecer tonta.

Finalmente me di por vencida y me levanté, estirando las piernas. -Que yo estoy aquí contigo en lugar de estar haciendo mi trabajo. Eso la hace tan especial. -respondí, algo frustrada por mi falta de conocimiento. -Algo en mi interior me dice que sabes la respuesta desde antes de venir. -le dije con tono suave, caminando hasta él. -No tenías que montar todo esto por un rato a solas conmigo, Allen. -bromeé. O no tanto. Pero no me gustaba tener partes descuartizadas cerca de mi.
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Invitado el Jue Feb 12, 2015 11:06 pm

Nada como un extraño cadáver para empezar bien el día. La escena donde habian aparecido las piernas de aquel hombre era de lo más reveladora y aún así no me estaba diciendo concretamente que había pasado. Si había algo que me gusta de los muggles eran sus métodos para descubrir las cosas, sobre todo cuando lo hacían como en las series de policías. Pero yo no era muggle y no tenía su equipo, tenía mi varita y a una mujer hermosa para inspirarme, con lo que mis posibilidades de descubrir lo que había pasado eran mucho mayores que las de cualquier muggle, real o ficticio.

Sonreí sin mirarla cuando me llamó Jason pero no le di más importancia a la conversación ya que tenía un tema más importante entre manos. Allí los dos agachados me dispuse a explicarle, una vez hubieron salido todos, cuales eran los hechos. Decirlo en voz alta también ayudaba a que yo organizase mis pensamientos por lo que cuando terminé de hablar algunas ideas factibles habían surgido en mi cabeza. Aun así escuché las palabras de Alyss atentamente, nunca me cerraba a una buena opinión en un caso como este- Puede que tengas razón. Es posible que lo obligaran a desaparecerse, no supiera y este fuese el resultado. Quizás para cubrir sus pasos hechizase las distintas partes del cuerpo para desconcertar a gente como tú y yo- dije pensativo. Era una posibilidad no muy remota la verdad...pero había algo que no me encajaba y tenía la sensación de que la respuesta estaba ante mis narices y no podía verla.

Sonreí a sus frustradas palabras y la miré antes de seguir expresando mis ideas. Me puse de pie tendiéndole una mano para ayudarla a levantarse en el caso de que la necesitase y contesté- No seas tan brusca conmigo, podría ofenderme- dije en un falso tono aniñado pero sin dejar de sonreir y mirarla a los ojos- Por quien me tomas? Nunca sería capaz de matar a nadie. Ni siquiera por una mujer tan preciosa- dije de nuevo en broma. Tenía la sensación de que ambos eramos muy conscientes que eso de matar o torturar no era precisamente un impedimento para mi a la hora de conseguir a una mujer, de hecho, era perfectamente capaz de hacerlo con ese fin. Había alguno que mereciese más la pena?

- Si de verdad quieres saber ante lo que estás te lo aclararé- dije recuperando cierta seriedad pero aun sonriendo de manera que se dejaba ver lo mucho que me gustaba mi trabajo- Lo que tiene de raro esto esque no hay ningún hechizo o maldición conocidos que pueda hacer eso- dije señalando el cadáver putrefacto y la sangre que se vertía todavía y no parecía acabarse nunca- No hay nada que pueda mantener eso- dije señalando a las piernas- con vida. Sin embargo...-dije mientras me agachaba a mirar la parte superior de la víctima. Con la varita hice girar la mano inerte y la abrí del mismo modo. En la palma de la mano derecha había un pequeño artefacto que pretendía ser un reloj de arena artesano. Estaba roto, claramente se había roto en la mano del hombre muerto pues tenía pedacitos de cristal insertados en la carne asi como trozos de arena que aun se movían ligeramente. Nadie mira nunca en los puños cerrados de un cadáver extraño, puedes encontrar cualquier cosa.- Esto si es interesante- dije señalando el giratiempo ilegal roto.

Me había fijado en la mano derecha por lo apretada que estaba aun a pesar de la descomposición, y parecía que había acertado- Desde un principio, esta escena me recordó a la cápsula temporal que tenemos en nuestro departamento, por eso sabía que ningún hechizo conocido podría hacer este efecto- Aclaré satisfecho- Solo faltaba descubrir que era exactamente lo que lo había provocado.- dije levantandome de nuevo y mirándola satisfecho- Temo que nos tendremos que llevar el cadaver para poder deshacernos de todo el estropicio que ha armado, además de para saber como consiguió fabricar un giratiempo tan rudimentario. Eso forma parte de tu trabajo, no?- dije un poco burlón con intención de picarla y hacerla reir a la vez. Mi terreno estaba cubierto, ahora le tocaba a ella lucirse.
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Invitado el Lun Feb 16, 2015 11:21 pm

Desde el principio el intercambio de miradas entre Jason y yo había sido algo divertido. Él me miraba, sabía que yo no sabía lo que estaba pasando, se lucía con sus palabras. Yo sin embargo le lanzaba pequeñas pullitas, le hacía cosquillas, le volvía a sonreír. Me encantaba aquel intercambio de juego sucio y de flechas que nos tirábamos directas al corazón. Puede que pareciese un juego, y para él no sería, pero para mi empezaba a ser un acercamiento demasiado intenso. No podía negar que me atraía, y cuanto más cerca estaba de él más fuertemente actuaba su imán sobre mi. Trataba de mantenerme fría e impasible, pero era difícil con aquella sonrisa maléfica frente a mis ojos, y aquel perfume embriagador saliendo desde su camisa. Era un hombre cotizado en el Ministerio, pero yo como compañera de aventuras, tenía preferencia.

Después de un rato de rodillas sobre aquel suelo tratando de analizar un caso que claramente escapaba de mis posibilidades, me levanté, harta de darle vueltas a la tortilla. La mirada de Jason me hacía pensar que sabía la solución y estaba jugando a las adivinanzas. A mi se me ocurrían juegos más divertidos.

Acepté su mano que me ayudaba a levantarme y me acomodé la falda, quedando postrada frente a él y frente a sus palabras encantadoras. Ya estaba acostumbrada a aquella miel sobre mis labios y no surtía efecto. O al menos no el mismo que habría surtido hacía años. -Podría hacer que matases por una mujer preciosa. No lo dudes. -le respondí al piropo con una provocación mayor. Ya me imagina a mi misma atándolo a una silla y haciéndolo sufrir de la mejor de las maneras.

Pero él se centró en su trabajo, y empezó a rebuscar en el cadáver de nuevo, con ayuda de su varita, mientras hablaba y empezaba a desvelarme la tan ansiada información. Observé impaciente, ansiosa por una respuesta. Vi como extraía de la mano cadavérica y fría del hombre, con dificultad por el rigor post-mortem, un giratiempo de lo más cutre estaba roto. -Ahora esto empieza a tener algo de sentido. -dije curiosa mientras tomaba de la mano de Jason el objeto. Este si que era mi campo, y la verdad es que lo primero que se me pasó por la cabeza fue el grado de mediocridad del objeto. Había visto muchos giratiempos ilegales, pero nunca uno tan mal hecho. Posiblemente no habría sido fabricado ni por un maestro, tenía toda la pinta de haber sido realizado en una casa por magia inexperta.

-Avisaré a los de fuera, que se lleven el cadáver. -dije mirando por un segundo hacía la ventana y refiriéndome a los tipos que había echado previamente mi compañero. -Sin embargo esto me lo llevo yo al departamento. Allí tengo lo necesario para aclarar como lo hizo. -añadí mientras lo envolvía en un pañuelo y lo metía en mi bolso. Me dispuse a ir hacía la entrada de la red flu para volver al Ministerio. -Es tarde. -dije mirando el reloj, que ya casi marcaba las nueve. -Pero un poco de compañía no me vendría mal. Creo que hay vino en mi despacho. -intenté convencer a Allen de que me acompañase y me ayudase con el caso. Solos en el departamento sonaba bien, y acompañados de una botella de vino sonaba mejor todavía.
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Invitado el Lun Mar 02, 2015 7:36 pm

Levanté una ceja y sonreí sin molestarme en ocultarlo ante la provocación de Alyss. "No tengo ninguna duda" pensé mientras me imaginaba alguna de las maneras por las cuales podría obligarme a matar por ella. Curiosamente, ninguna de ellas incluia una tortura propiamente dicha, todas acababan con un placentero y húmedo premio.

No me demoré demasiado en explicarle paso a paso mi teoría sobre lo que había pasado con nuestro cadáver y las pruebas en las cuales se sostenía: El muy idiota había usado un giratiempo ilegal y mal hecho y eso le había ocasionado lo que podría denominarse como una puerte parcial temporal. Me aseguré de que Alyss pudiera ver con claridad el objeto roto y clavado en la piel del cadaver y también de extraerlo porque tendríamos que llevárnoslo para examinarlo. Asentí cuando dijo que avisaría a los de fuera para trasladar al cadáver. - Diles que lleven ambas partes a la morgue del San Mungo pero que no lo toquen. Aun quedan detalles por descubrir sobre este hombre, es posible que estemos ante una anomalía temporal y si alguno de sus yos está vivo será necesario encontrarlo- dije con seguridad en mi mismo. Esa era la parte sucia del trabajo de inefable. Mucho más que tratar con cosas extrañas o cadáveres, lo sucio era no dejar ningún cabo suelto. Si ese hombre, en algún plano temporal se había visto muerto a sí mismo, sería necesario un recalibrado de memoria cuanto antes.Apunté con mi varita a la ventana de apartamento y esta se abrió, por ella salió un dragón enorme y plateado en dirección al Ministerio de Magia con un mensaje mio. Necesitaba personal para identificar al hombre y también para buscarlo en todas partes.

Las palabras de mi compañera interrumpieron el flujo de mis pensamientos mientras veia a mi patronus alejarse. Giré mi cabeza para mirarla y su sola imagen hizo que mis íntimos pensamientos sobre personas desaparecidas se esfumaran para dejar paso a un interés genuino por su proposición.- Noche, un misterio, vino y una de las mujeres más hermosas de la ciudad...eso sí es una proposición que nadie podría rechazar- dije con una sonrisa cautivadora. Me acerqué lentamente pero con seguridad a ella y le puse una mano en la parte baja de la espalda. Sonreí mientras la miraba fijamente a los ojos, como si estuviera leyendo en ellos sus mayores secretos y temores, y mi sonrisa se ensanchó aun más al bajar la mirada a su carnosos y apetecibles labios. Notaba como el calor que emaba mi cuerpo y la forma en la que la miraba era una invitación a tener más contacto físico con ella, pero en lugar de dar rienda suelta a ello, me limité a decir- Vamos?- con una sonrisa encantadora mientras con la otra mano la invitaba a ir ella primero.

La seguí por la estancia y nos encontramos a los técnicos al cruzar el umbral de la puerta.- Ya saben lo que ha pasado?- preguntó el mismo que le había puesto trabas a Alyss para entrar en la habitación cuando habíamos llegado. No le contesté, me limité a mirarle con una ceja levantada y una expresión seria que daba a entender que si lo habíamos hecho o no, no era asunto suyo. Continúe hasta la puerta de salida del edificio y allí esperé a Alyss para desaparecernos juntos- Te apetece un viaje conjunto? Así uno de nosotros podría descansar?- dije con una insinuación en la voz. Para aparecerse no hace falta estar pegados, pero en este caso podría ser un plus.
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Invitado el Miér Abr 15, 2015 8:26 pm

Después de toda aquella tarde ajetreada, con cadáveres partidos por la mitad, vigilantes gordos que solo sabían molestar y mucho papeleo sobre la mesa, lo que realmente necesitaba era un rato de descanso, en buena compañía. No lo hacía por despecho, pero a pesar de haberme tirado tantos años esperando a Caleb, ya era hora de que yo también lo superase, dado que él parecía tener las cosas muy claras. Si él podía ir de flor en flor, incluso después de mi regreso, yo podía deleitarme con mi compañero de trabajo. Esperaba que mi conciencia supiese estar callada, porque parecía un hombre de lo más apetitoso y no me lo quería perder.

Sonreí melosa a mi compañero, mientras terminábamos todo lo que teníamos que hacer en el lugar, y luego dejé que su mano se posase sobre mi espalda. Normalmente ya le habría dado un golpe, pero hoy tenía ganas de tener toma de contacto. Así que caminé con firmeza y sonido de tacones hasta lejos de la escena del crimen.

Pasamos por delante del vigilante, ignorándole, y nos situamos donde nos habíamos aparecido la otra vez. Miré a Jason de frente y escuché sus palabras. Sin apenas cambiar el gesto de mi cuerpo, me acerqué un paso más a él y rodeé su torso con mis brazos. -Cuando quieras. -le indiqué con travesura y una mirada que había atravesado un muro de hormigón armado. Cuando quería, podía ser mala de verdad, y lo de provocar era un don del que no me arrepentía ningún día de mi vida.
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Invitado el Dom Abr 19, 2015 8:19 pm

Es sorprendente lo que puede llegar a excitar el resolver un caso cuando eres un inefable. Nuestro orgullo se ven enchido y nos sentimos repletos porque hemos sabido hacer eso que otros muchos ni se plantean o de intentarlo solo rayarían la superficie del caso. Cuando descubres el por qué de que un hombre aparezca partido al medio en dos días distintos y con una anomalía temporal de por medio y además estás seguro de lo que hacer a continuación, te sientes tan jefe que el estar cachondo es casi el resultado más fácil de obtener. Por todo eso, tras resolver lo que teníamos entre manos, Alyss parecía mucho más receptiva a mi alagos que cuando nos habíamos encontrado aquella mañana e interpreté aquello como un trabajo de inefable y de seducción bien hecho.

Salimos del sofocante apartamento en el que habíamos estado encerrados todo el día tras dejar todo bien atado. La ayuda para buscar posibles cabos sueltos del caso ya estaba bajo aviso, el cadáver iba rumbo a un lugar seguro y el aparato causante de todo caos generado estaba, al fin, en nuestro poder. No nos paramos a dar explicaciones y nos perdimos por las calles en busca de un lugar donde desaparecernos. Le propuse a Alyss hacer una desaparición conjunta y aceptó, atravesándome con su penetrante y clara mirada. Le devolví la mirada con seguridad y sonreí con cada vez más ganas de descrubrir lo que venía después. Sus brazos me rodearon y pude sentir las curvas de su figura contra mi cuerpo. Si su taconeo ya me había parecido algo indecente que daba demasiado pie a mi imaginación en algún punto del día, sentir sus curvas hacía que mis fantasías con ella enloquecieran. La rodeé con un brazo con fuerza, acercándola más a mi, todo lo posible. Y con la otra saqué la varita y desaparecimos de allí.

La desaparición no era algo demasiado agradable, pues era como pasar tu cuerpo por un estrecho tuvo entre varias dimensiones, pero en ningún momento de todo el viaje hasta el Ministerio de Magia dejé de mirarla y sonreír con una mezcla de interés y malicia. Tardamos menos de un minuto en aparecer en la cabina de teléfono que llevaba al Ministerio. Abrí la puerta,tras soltarme de su abrazo y la invité a pasar delante de mi.- Las damas primero- dije con una sonrisa. No era común que dos funcionarios entrasen por la puerta de invitados, pero a veces ocurría y yo sabía el número que debía marcar.
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Invitado el Dom Abr 26, 2015 6:50 pm

De algún modo Jason había logrado salvarme de la monotonía que prometía mi tarde de trabajo, rodeada de papeles y de malos pensamientos. Siempre me quejaba cuando alguien me sacaba de mi rutina, pero luego lo agradecía. A veces olvidaba lo desdichada que era encerrada entre aquellas cuatro paredes. Hubo un día en el que mi destino habría sido ser sanadora o algo similar. Pero con los cambios en mi vida y en mi personalidad todo había experimentado un cambio de 180º, con ello mi futuro, y mi trabajo. Ser inefable estaba bien, ahora iba perfecto con la persona que yo era. Pero echaba de menos ser soñadora, alegre y divertida, despreocupada de la vida. Ahora no podía dejar de pensar en mis tormentos y mis horribles experiencias. La sonrisa sarcástica de Jason me hacía olvidar todo aquello por unos instantes.

Decidimos desaparecernos juntos, y yo no dudé en abrazarme a su cuerpo para que el ejecutase el hechizo. No era vaguería, era simplemente que estaba demasiado inmersa en otro tipo de pensamientos como para prestarle atención a mi varita. Estaba a punto de dar un paso que había estado evitando durante mucho tiempo. El paso que suponía huir de una vida con Caleb y empezar a rehacer la mía propia. Estaba amargada, pero tenía esperanzas de ser feliz algún día. No pensaba en Jason como candidato a futuro marido ni padre de mis hijos, pero ser capaz de estar con otro hombre era un buen comienzo, y sabía que en ese aspecto las cosas con él serían fáciles.

Cuando nos aparecimos en una de las cabina del Ministerio salí algo mareada. En realidad aborrecía aparecerme, pero no había más remedio. Le hice un gesto con la cabeza y empecé a caminar hacia mi despacho, en el más profundo de los sótanos, para ir al laboratorio e intentar descubrir algo de aquel extraño artilugio que habíamos encontrado. -Sígueme. -dije con una mirada penetrante. Entré a mi despacho, cogí una botella de vino (que llevaba ahí años, no me caracterizaba por mi alcoholismo), y se la planté a mi compañero entre las manos. Dejé dentro mi chaqueta y cerré con llave.

Acto seguido bajamos rapidamente hasta el laboratorio. Lo llamábamos así por llamarlo de alguna manera. No era más que un cuarto oscuro alumbrado por unos candelabros, lleno de libros y de frascos. A mi me resultaba agradable, era romántico en el sentido catastrófico de la palabra. -Adelante. -le invité abriéndole la gran puerta de madera y cerrándola después a nuestro paso. -Aquí nadie nos molestará. No creo que ya nadie use estos métodos para averiguar nada. -y sonreí pícara. Caminé hasta la mesa con paso lento y dejé la bolsita que contenía el giratiempo ilegal. -¿Nos ponemos manos a la obra? -insinué mirando la botella que llevaba entre las manos. Jason no era tonto y entendía la indirecta. Sus manos. A mi obra.
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Invitado el Lun Mayo 04, 2015 11:30 pm

Al llegar a la entrada de invitados del Ministerio, no tardamos prácticamente nada en bajar hasta el Atrio y de allí a nuestra planta, la más enterrada en el suelo. La seguí en silencio hasta su despacho donde me puso una botella de vino con una ligera capa de polvo por encima.Nunca la había visto beber nada que no fuese agua y tampoco la había visto teniendo una animada vida nocturna. No esperaba ninguna de esas cosas de ella después de todo el tiempo que llevábamos trabajando juntos en el mismo departamento y eso era algo que me intrigaba y me excitaba de ella. Cabía la posibilidad de que su vida fuese plena y feliz pero al entrar en el Ministerio cambiase de actitud para mostrarse dura y eficaz, o podía ser que realmente fuese así y entonces aparecían mis ganas de sacarla de esa rutina al menos por un rato y demostrarle lo que había fuera. Si podía ser arráncandole la ropa, mejor, pues aunque era una mujer indudablementer hermosa, la ropa necesaria para nuestro trabajo no le hacía justicia.

Vi como dejaba su chaqueta y volvía a cerrar con llave, guíandome hasta lo que yo conocía como el laboratorio que en escasas ocasiones se utilizaba. Debido a la hora que era, en el Ministerio quedaba ya muy poca gente y el departamento del último piso estaba completamente vacio. Éramos 4 en el Departamento de Misterios así que si no te los encontrabas allí sabías que no iban a aparecer ese día. Entré tras ella en la estancia y oi, después de sus palabras, como cerraba la puerta dándonos intimidad. Sonreí mientras le daba la espalda y con un toque de varita descorché la botella que hizo un leve ruido de succión.- Ya nadie aprecia las técnicas clásicas- dije a modo comentario sin esperar respuesta al respecto.

Oí el sonido de sus tacones mientras camiaba hacia la mesa que yo tenía delante. Dejó la bolsa con el objeto que habíamos encontrado y su mirada se clavó en mis ojos. Sonreí abiertamente a sus palabras y con un toque de varita dos vasos de vino aparecieron a su espalda. Me acerqué a ella, rodeándola con un brazo y notando de nuevo todas las formas de su cuerpo contra el mio. La miré fijamente a los ojos y luego a los labios, acercándome un poco más a ellos, como insinuándome. Pero entonces, repentinamente, la abracé más fuerte y, sin soltarla, la hice ligeramente a un lado. Mi varita estaba en la mano que la abrazaba y con la otra serví el vino en las dos copas de manera generosa. Dejé la botella sobre la mesa e inclinándome un poco para coger los vasos, conseguí tener a Alyss entre yo y la mesa, de manera que no tuviera escapatoria- Y como te gustaría empezar?- dije con un susurro sensual en su oido mientras cogía una de las copas. Me separé para darsela y cogí la otra para mi, pero sin soltarla del todo hasta que tuve mi copa en las manos. Guardé mi varita en el interior de mi chaqueta mientras la miraba, imaginando todo lo que me gustaría hacerle allí mismo, empezando por librarla de la opresión de esa falda que llevaba.

Aun estaba muy cerca de ella, esperando a que se dejase llevar y tomase la iniciativa. Era un reto para mi conseguir que diese el primer paso porque no me parecía algo que ella estuviese acostumbrada a hacer. Me relamí los labios con naturalidad tras el primer sorvo de vino- Delicioso- y me encargué de que se diese cuenta de como mi mirada paseaba curiosa de sus ojos a sus labios y a recorrer el resto de su figura.
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