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Back in time [Alyss FitzRoy]

Invitado el Mar Dic 16, 2014 11:41 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Un día nuevo comenzaba y llegar al trabajo era una de esas cosas que me gustaban. Poca gente puede decir que le gusta su trabajo pero en mi caso era cierto y aunque no era el típico que aparecía en la oficina con dulces para todos y una sonrisa en la cara, por dentro sabía que había elegido mi profesión a la perfección.

Al llegar, el Ministerio estaba abarrotado, como cualquier otro día. Los inefables tenemos una reputación especial y por eso al verme, todo el mundo que sabía quien era me cedía el paso. He de reconocer que esa es otra de las ventajas de mi trabajo, que la reputación te precede. La gente sabe que tu puedes manejar cosas que incluso a los magos más poderosos pueden llegar a asustar y yo era una de las armas secretas del departamento. La otra era una chica joven que para su edad mostraba un talento que ya quisieran muchos otros, algo que hacía que yo me fijase en ella pero que intentase no mostrarlo demasiado hasta verla lo bastante receptiva para aceptar mis alagos.

Cuando llegué al que era mi despacho, antes de la hora como tenía por costumbre, el resto del departamento estaba vacio por lo que un silencio sepulcral dominaba la planta de manera que casi podías escuchar las voces del otro lado del velo aunque estuvieses a habitaciones de distancia. Me senté con tranquilidad, café negro en mano, a revisar con calma los memoradums y demás papeleo que empezaban a llegar. Por lo que decían, parecía que iba a ser un día emocionante.
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Invitado el Jue Mayo 14, 2015 8:49 pm

Aquel laboratorio olía a madera vieja. Estaba claro que no se usaba muy a menudo, por el estado de los utensilios y la cantidad de polvo que se almacenaba sobre las mesas. La única que de vez en cuando le daba vida a aquel lugar era yo. Creía en los métodos modernos, pero había cosas que solo podían proporcionarte los antiguos. Aquellos libros escondían muchos secretos que la mayoría de gente del Departamento jamás conocerían. Solo hacía falta ojearlos y aspirar el olor que desprendían sus páginas para darse cuenta de la gran historia que escondían.

Me dí la vuelta mientras Jason descorchaba aquella botella, después de haber dejado la bolsita sobre la mesa con delicadeza y pensando en lo que suponía que estuviésemos en esta situación. Ya me había cansado de ser buena, solo se vivía una vez y era para vivirla bien.

Me quedé apoyada sobre la mesa, esperando que aquel hombre que tenía delante me sorprendiera. Sonreí disimuladamente cuando las copas aparecieron tras de mi. Iba a cogerlas, pero Jason se me adelantó, aprisionandome entre su encantadora presencia y la mesa, a la vez que servía las copas. Dejé que el contacto de nuestros cuerpos hiciese su efecto, insinuándome con la mirada a la vez que el se insinuaba con sus acercamientos. Cada vez estábamos más próximos y cada vez era más difícil controlarse.

Finalmente se distanció un poco. Respiré hondo y cogí mi copa cuando hubo terminado de servirlas. Observé como bebía el primer trago, sin despegar sus ojos de los mios. Era increíble el efecto que podía hacer sobre mi solo con aquellos gestos. -Podrías empezar por contarme como consigues siempre los mejores casos del departamento. -dije con sutileza, tratando de provocarle al insinuar que tenía algún tipo de enchufe. Ahí dentro todos los teníamos, pero quería jugar a enfadarle, a ver hasta donde podía llegar.

Seguí su iniciativa, bebiendo otro sorbo de vino después del suyo. Como sabía que su mirada se estaba paseando por mi cuerpo y mis labios, me relamí. La verdad era que se trataba de una buena presa, teniendo en cuenta que yo era una leona con poca experiencia en el ámbito de cazar. ¿O es que acaso era él el que me estaba cazando a mi sin yo saberlo?

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Invitado el Dom Mayo 17, 2015 7:10 pm

Si me paraba a pensarlo me resultaba curioso como alguien que siempre se ha resistido a mi, de repente parecía interesada aparentemente solo por mostrarle un misterio verdaderamente interesante y que, de hecho, yo era perfectamente capaz de resolver. Quizás Alyss pensaba que yo era un tipo más sin absolutamente nada que ofrecerle y al verme trabajar de primera mano vio que estaba equivocada. Me intrigaban los motivos por los cuales su actitud había cambiado respecto a mi, pero la situación en la que estábamos hacia que mis esfuerzos se concentrasen en otros aspectos de su personalidad que no fuera su dualidad respecto a los hombres.

Encerrados en aquel viejo laboratorio alquímico, no podíamos esperar tener más intimidad, silencio o romanticismo del que aquellas paredes agrietadas nos estaban proporcionando. Me las ingenié para insinuarme de una manera muy poco sútil cuando me toco servir las copas, pero me contuve de nuevo, ligeramente, cuando tocó bebérselas. Le pregunté como quería empezar, y uno podría pensar que me refería al trabajo sobre el giratiempo que habíamos encontrado, pero la verdad es que mi pregunta escondía otros muchos matices y segundas intenciones. Su comentario hizo que apareciese mi sonrisa más cautivadora- Me gusta hacer las cosas bien, de la mejor manera posible.- dije mientras me recreaba mirándola- Y eso los de arriba lo saben- dije con naturalidad. Lo que realmente mis palabras ocultaban es que todo aquello que buscaba hacer, lo hacía de la mejor manera posible. Eso incluia el trabajo, el sexo, la seducción, y deleitarme con los gritos de placer de una mujer desde el principio de la noche hasta el amanecer. Era el premio por un trabajo bien hecho en todos los sentidos, mucho mejor que el propio dinero en ocasiones.

- Me gusta descifrar misterios- dije tras mi primer sorvo y ver como ella se relamía. Me volví a acercar lentamente a ella, la rodeé con un brazo y le susurré- Y lo cierto es que ahora me gustaría descifrarte a ti- dije sensualmente en su oido dejando que mis labios paseasen sutilmente por su lóbulo.

Ella podía intentar jugar conmigo, podía intentar conquistarme o seducirme, pero yo estaba en la liga profesional y Alyss parecía que acababa de entrar en el equipo junior. Con hombres como yo es muy dificil jugar, pero en esta ocasión me iba a dejar vencer, solo por el placer de hacerlo más divertido y de ver como ella se crecía en su triunfo.- Y tu? Como has conseguido ser la encargada de todas las pruebas de laboratorio?- pregunté alejandome un poco de ella pero sin soltarla, manteniendome muy cerca y haciendo de mi cuerpo una invitación que al mismo tiempo pretendía mantenerse distante.

Mis ojos volvieron a viajar por los suyos, por sus labios, por todas las partes de su cuerpo que mi vista alcanzaba desde mi abrazo, y al volver a subir a sus labios, me mordí el inferior mio dejando entre ver las ganas que tenía de...descifrarla, por decirlo de algún modo. Mi mirada volvió a clavarse en la suya, cargada de deseo y con una sonrisa acompañándola.
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Invitado el Dom Mayo 31, 2015 7:43 pm

Me gustaba como Jason jugaba a provocarme. En cierto modo lo conseguía, pero me tenía por una mosquita muerta que no era. Cierto era que yo no estaba en su línea de ligues y romances de una noche, pero sabía jugar mis cartas mejor de lo que aparentaba. Desde que me había enterado de lo de Caleb y Abi estaba deseando demostrarme a mi misma de lo que era capaz. Crear una pelea entre Caleb y Jason puede que no me hiciese sentir mejor, pero una noche de placer no me vendría mal. Estaba ya harta de tener que contenerme por el recuerdo de un amor adolescente en mi cabeza. Era hora de soltar las riendas de todo lo que llevaba dentro, y caería de golpe sobre Jason. En el mejor de los sentidos.

Sonreí ante su manera de explicarse. Estaba segura de que las jefas sabrían muy bien que "bien" hacia las "cosas" mi compañero. Era un secreto a voces que era un buen amante, y esos secretos no aparecen porque si. Siempre hay un fundamento, y más teniendo en cuenta que en nuestro departamento no suele haber muchos rumores. Somos más bien los raritos y marginados del Ministerio.

Le di un sorbo al líquido rojo y me relamí, mientras Jason se acercaba con más palabras bonitas. No iba a conseguir comerme la oreja con esas zalamerías, pero le dejaría un poco más. No podía negar que me gustaba su actitud desafiante. -No soy un misterio fácil de resolver. -le reté, con firmeza. -Hubo un tiempo en el que fui una chica normal. Pero amaba tanto los misterios que me convertí en uno. Y aquí estoy. -susurré, con un leve temblor al notar los labios de Jason acariciando mi oreja.

Intenté mantenerme serena, aunque me costaba. Después de tanto tiempo sin dejarme caer en las redes de ningún hombre, la situación se volvía tensa con facilidad. -Soy muy buena en lo mio. Y los de arriba lo saben. -contesté imitando su actitud chula. Luego, apoyándome sobre la mesa y poniéndome de puntillas me senté sobre la misma. Jason estaba tan cerca que podía oler su aroma, era penetrante y profundo, como su mirada. Sonreí con malicia y le agarré de la camisa. -Vas a ver todo lo buena que puedo ser. -y dicho esto le rodeé con las piernas y le atraje hacia mi, besándole con pasión y firmeza a la vez que me dejaba llevar y acariciaba su pelo. Había caído en la tentación de la manera más dulce.
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Invitado el Dom Jun 21, 2015 11:10 pm

- También me gustan los retos- contesté con una sonrisa enigmática cuando afirmó ser un misterio dificil de resolver. Era algo que no me sorprendía en absoluto, es más, lo esperaba. Ninguna mujer fácil de descifrar merecía mi atención y sabía, desde que había conocído un poco a Alyss que ella no era de esas que yo excluyo por aburridas.

Le devolví la pregunta sobre como había llegado a la posición que ahora ocupaba y, en una especie de venganza, ella me respondió lo mismo que yo le había dicho a ella minutos antes, pero el final fue mucho más interesante que el que yo le había ofrecido. Mientras hablaba, se sentó sobre la mesa que tenía a su espalda y me apresó con las piernas. Yo me dejé mansamente, apoyando mi copa de vino en la mesa, un poco lejos de donde estaba sentada ella. Con las últimas palabras que dijo, levanté una ceja inconscientemente por su atrevimiento. Tras todo el juego preliminar no esperaba que saltase a la acción de una manera tan repentina, pero fue una sorpresa de lo más agradable. Sus manos rodearon mi cuello y me acercaron a ella momentos antes de que nuestros labios se juntasen. En medio del beso, sonreí. Cierto era que no tanía muy claro el por qué de que aquello finalmente hubiese pasado entre mi compañera y yo, pero tampoco iba a ser yo el que pusiese pegas o se fuese de caballero intentando frenarla. No buscaba ganarme su corazón, solo colarme de vez en cuando entre sus piernas y para eso sabía como jugar mis cartas cuando lo necesitaba.

Le seguí el beso con los ojos cerrados y correspondiendo a la pasión que ella me estaba mostrando al besarme. Sus manos se paseaban por la parte posterior de mi cabeza, lo cual hacía el beso más apasionado y agradable todavía. Sus labios eran tan dulces y húmedos como me había imaginado desde la primera vez que la vi. Mis manos se posaron en sus muslos y poco a poco fueron subiendo por encima de su ropa hasta sus caderas y de ahí, acaricié haciendo una leve presión hasta que mis manos encontraron sus nalgas y entonces la presión de mis manos creció. Subí mi mano derecha por su espalda y la acerqué todavía más a mi, pero justo en ese momento, separé mis labios de los suyos y comencé a besarla desde el lóbulo de su oreja hasta la base del cuello.
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Invitado el Vie Ago 21, 2015 9:08 pm

El juego se nos estaba yendo de las manos. Al principio del día no habría imaginado aquel final, y menos con Jason. Para que negarlo, me había fijado en él desde el primer momento en que había atravesado la puerta del Ministerio. Aquella sonrisa era imposible olvidarla. Pero siempre había tratado de contenerme, pensando en mi posición, en mi pasado, en mi futuro... Ahora me daba cuenta de lo idiota que había sido. ¿Por que dejar el pastel en la mesa para que otros lo prueben mientras tu te relames? Era mi trocito, e iba a disfrutarlo al 100%. Tenía muchas cosas nuevas que probar, y muchas ganas de probarlas. No creía que Allen fuese a resistirse a mis encantos, así que aproveché la ocasión.

Después de atraparlo en la jaula de mis piernas, empecé a besarle con pasión. Al principio fue un poco más tímido, incluso delicado, pero luego dejé que la fiera se desatase. Mordí sus labios provocadoramente y busqué el calor de su cuerpo. Mis manos recorrían su nuca, las suyas mi espalda, mis piernas, provocando que se me erizase la piel. Cuando agarró mis nalgas un jadeo salió de mi boca, respondiendo con una sonrisa pícara. Esto sí que era interesante.

Cuando sus labios se desplazaron hasta mi oreja y mi cuello, la temperatura dentro de mi empezó a subir por segundos. Era, sin duda, mi talón de Aquiles. Mi respiración se aceleró, y mis manos, con prisa, empezaron a buscar los botones de su camisa para librarle de ella. Quería contacto total, sin la maldita ropa estorbando. Estaba segura de que me complacería del todo lo que Jason escondía detrás de la ropa. -Tengo el secreto mejor guardado de todo el Ministerio aquí mismo... -dije, bajando ligeramente mi camisa para dejar ver la curva que insinuaban mis pechos y haciendo referencia a mi cuerpo. Estaba segura de que corrían muchos rumores sobre mi, pero él iba a ser ahora el único en poder confirmarlos de primera mano. Y de primera boca.
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Invitado el Mar Sep 01, 2015 10:31 pm

Alyss era un misterio para muchos de los hombres del Ministerio y no era ningún secreto que muchos habrían dado su brazo izquierdo por ver lo que esas faldas de tubo y esas camisas que llevaba ocultaban y que solo parecía poder disfrutar la soledad de su hogar. Muchos fantaseaban con colarse en su ducha, así por la cara, o en entrar en su despacho y encontrarla cambiándose y que de ahí saliese algo parecido al argumento de una película porno, pero lejos de las fantasías y de la imaginación morbosa de los hombres que se cruzaban en su camino, Alyss era un misterio. Y los misterios eran mi especialidad.

Tras haber casi resuelto uno de los casos que más desconcertados había tenido a todos, nos encontrábamos en el viejo laboratorio, enrededados uno en el otro de una manera que, aunque estaba presente en mi imaginación, no habría esperado que llegase a pasar por el momento. El deber había quedado en un segundo plano y allí me encontraba yo, atrapado entre las piernas de una mujer hermosa y misteriosa, con sus labios peleando con los mios por hacerse por el control y jadeando ante mi contacto. No me imaginaba una manera mejor de pasar mi jornada laboral.

Una de mis manos siguió en su trasero mientras la otra subía por su espalda. Lo único que nos separaba era la ropa que estaba empezando a ser un incordió por la barrera que suponía y por la temperatura que estábamos alcanzando. Mi boca pasó de sus labios al lóbulo de su oreja y de ahí bajó por su cuello mientras la respiración de ella se aceleraba y sus manos buscaban casi frenéticamente los botones de mi camisa para librarse de ellos. No tardó en desabrocharla entera y yo simplemente la dejé caer al suelo dejando mi torso desnudo. Separé mis labios de su piel un segundo para observarla cuando ella misma empezó a abrirse los botones de su ropa. Su comentario me hizo sonreir y levantar una ceja mientras la miraba con deseo. En parte, sus palabras la habían hecho parecer más inocente de lo que ella quería aparentar en ese momento, por lo que no dije nada mientras observaba como la curva de sus pechos se dejaba ver.

Mis labios volvieron a su cuello, retomando el camino en el lugar exacto donde lo habían dejado y continuando su travesía hacia abajo mientras mis manos sustituían a las suyas desabrochando su ropa. Cuando su camisa estuvo abierta del todo, mis labios recorrieron uno de sus pechos hasta el límite que marcaba su sujetador, al llegar ahí una de mis manos bajó hasta sus piernas, colándose entre ellas lentamente. Con la otra mano, subí hasta su espalda y desabroché la prenda que quedaba y que me estaba impidiendo las vistas de sus pechos. No tardé demasiado en abrir el cierre, y con esa misma mano, levanté la prenda dejando que mi boca siguiese, de nuevo, su camino, y se encontrase con uno de sus pezones. Jugueteando con él con la lengua, mordiéndolo débilmente.
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Invitado el Miér Sep 09, 2015 7:13 pm

Aquellas caricias estaban volviendome loca. Puede que sonase raro, pero la primera vez en mucho tiempo, incluso años, que me dajaba tocar así por un hombre. Me sentía muy estúpida por todo lo que Caleb había estado haciendo en mi "ausencia", y ahora estaba dispuesta a recuperar el tiempo perdido. Allen era un muy buen ejemplar para resolver mis problemas afectivos, así que no dudé en dejarle hacer lo que en el fondo tanto tiempo había estado deseando. Y para que mentirnos, yo también.

Yo también tenía mis deseos, aunque los ocultase muy bien. Le veía pasearse por delante de mi despacho, con aquellas camisas ajustadas que marcaban cada músculo de su espalda. También sabía interpretar sus miradas, aquellas miradas tan profundas y seductoras. Hasta ahora me había hecho la dura, como una roca. Pero incluso la roca más firme se acaba rompiendo si el agua no deja de arremeter contra ella.

Dejé que mis manos acariciasen su torso y su espalda. Las espaldas masculinas me volvían loca, especialmente la de los hombre como Jason. Mis labios buscaban los suyos, sedientos, besándolos y mordiéndolos con delicadeza. Me estaba dejando llevar demasiado, la fiera estaba suelta y no era nada fácil volver a amarrarla. Me encantaba sentir su contacto por todo mi cuerpo, sus labios recorriendo mi piel mientras sus manos me desnudaban. Un impulso me llevo a agarrar su cabeza mientras su lengua recorría mis pechos.

Cuando se detuvo, le miré fijamente y le di un leve empujón hacía atrás. Quedé de pie justo frente a él, y aunque sin tacones se notaba la diferencia de altura, tuve la fuerza suficiente como para sentarle en la silla que había detrás de nosotros empujándole de los hombros. Sin decir ni una palabra y con un gesto travieso dibujado en el rostro, dejé que mi falda negra cayera al suelo, dejando ver mi ropa interior negra. Luego, me agaché y tomé del suelo el cinturón de mi falda. Me senté sobre él, encargándome de que nuestras partes más intimas quedasen en contacto, y mientras le besaba de nuevo con pasión tomé sus manos y las até detrás de la silla. -No vas a olvidar esto en tu vida... -susurré a su oído, después de lamer con suavidad su oreja. Seguí besándole, mientras con mis caderas ejercía presión en el punto perfecto. Me gustaba el juego duro.
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Invitado el Mar Oct 13, 2015 10:36 pm

El juego preliminar con las mujeres era algo que muchos hombres solo hacían para mantenerlas contentas, pero cuando uno aprende de sus compañeras sexuales, sabe que unos buenos preliminares hacen que la mujer se libere, se sienta cómoda y te dé todo lo que quieres y más. A mi me encanta hacer sentir bien a las mujeres. Me fascina. Es uno de mis entretenimientos favoritos, y Alyss parecía ser uno de esos nudos de marinero que está esperando a que alguien lo bastante ábil lo desate.

Mis manos recorrían su cuerpo, disfrutando cada centímetro de su piel, calentándolo y recreándome en él. Mi ropa voló y la suya no tardó en seguirla y la primera visión que tuve de su desnudez se correspondía perfectamente con las fantasías que había provocado en mi. Su actitud distante y fria siempre había despertado en mi ganas de tumbarla en una mesa boca abajo y tomarla desde atrás. Que me sintiese llenarla mientras la mesa ejercía de soporte y límite para ella, sin inhibiciones ni cuidado. Pero a la hora de la verdad, me dio la sensación de que ella era una mujer a la que no le iban esas cosas...No podía estar más equivocado.

Mis labios bajaron de los suyos por su oído y su cuello hasta su pecho, que cuando se vió libre de ropa se convirtió en el lugar de recreo de mi lengua. Su respiración me instaba a seguir y y recorrerla entera con la lengua, pero quería más que aquel juego. Me separé de su piel mientras mi mano llegaba a su entrepierna y apretaba ligeramente la zona que tapaba su ropa interior. Busqué sus labios pero antes de coseguir besarla ella me separó y yo me dejé llevar, cayendo sobre una silla que había detrás de mi. Observé con la boca medio abierta y una sonrisa traviesa, como se sacaba la falda y dejaba a la vista la ropa interior que yo ya había tocado. Negra, mi color favorito. Su expresión hacía que algo en mi palpitase, pero no pude dejar de extrañarme cuando se agachó y cogió su cinturón. Se sentó sobre mi y mis manos se fueron directamente a sus caderas, donde me aseguré de que sintiese bien todo lo que le esperaba, pero mientras me besaba, ella cogió mis manos y las llevó a mi espalda, atándolas con el cinturón que había cogido. Gruñí con placer a sus palabras y cuando me besó de nuevo, mordí ligeramente su labio inferior.- Te tomo la palabra, preciosa- dije en un momento de separación pero sin despegarme demasiado de sus labios.

El hecho de tener las manos atadas le daba mucho más morbo al asunto, pero mi limitada movilidad no impidió que moviese las caderas buscando juntarme más a ella, queriendo que nuestras ropas se rompiesen y poder penetrarla una y otra vez. Quería humedecerla, tocarla, disfrutarla, pero era ella la que tenía el control y eso hacía que yo me pusiese más violento mientras la besaba y que mi pasión creciera.
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