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Fiesta Navideña Forman (solo invitados)

Matt Forman el Sáb Dic 20, 2014 12:55 am

Recuerdo del primer mensaje :

La idea era buena y yo le di mi consentimiento, pero no había sido nada fácil. Lluna, la elfa y yo estuvimos cerca de una semana con los preparativos para la fiesta de navidad. No puedo negar que me haga ilusión, porque me hace bastante. Juntarme de nuevo con mi amigo Caleb, conocer a su hijo, que venga Brad, conocer a algunos amigos de Lluna… Me atrae la idea, y a su vez me encuentro con un manojo de nervios impropios de mi. Esta mañana me levanté con la insistencia de Lluna, dando saltos en mi cama. Quería que preparase galletas de navidad para ella. Mientras tanto, con la casa limpia, nuestra ropa lista y la bebida preparada, a mi me apetecía quedarme un rato más en la cama. Lluna continuó incordiando hasta que la tumbé en mi cama y le hice cosquillas hasta que suplicó clemencia. Con ese despertar digno de reyes no tenía otra opción más que levantarme. Preparé las dichosas galletas de navidad para Lluna, y mientras se horneaban, hice algunas mejoras a mi pequeño piso. Un hechizo muy útil me sirvió para dar amplitud, por lo que la casa parecía más grande y podía albergar más personas. No puse límites a la hora de usar hechizos para insonorizar la casa. No vaya a ser que venga a quejarse uno de esos vecinos muggles que tengo y a los que no suelo ver nunca. Por supuesto, me cercioré de que las puertas de nuestras habitaciones quedasen bien cerradas. No vaya a ser que a alguien entre sin querer y se quede dormido, pues esto va a ser una fiesta.

Después de comer empezamos con la preparación de las mesas, distribuyendo la comida y la bebida en ellas. La elfa iba a quedarse ayudando toda la noche, para que a ningún invitado le faltase de nada. Mi madre estaba encantada con la fiesta, aunque insistía en celebrarla en la mansión. Le dije que era para inaugurar mí piso, con amigos. Y entendió que tanto Lluna como yo queríamos juventud y Rock and Roll a tope. Aceptó gustosa prestándonos a la elfa.

A las cinco en punto estaba todo perfecto. Las mesas con comida y bebida, la casa decorada con motivos navideños, la música, y por si a caso era verdad lo del amigo violinista de Lluna, tenía el piano afinado. Sin exagerar, mi querida sobrina estuvo más de dos horas en el baño, y salió aún sin zapatos y con el pelo medio revuelto. En menos de veinte minutos estuve limpio, afeitado y vestido. Elegí para la ocasión un traje gris bastante informal con camisa blanca y corbata negra.

- Lluna venga, sal. Los invitados estarán a punto de llegar.

Estaba esperándola en el salón, más amplio de lo habitual. Parecía una pista de baile esperando a sus dos bailarines. Mejor dicho, solamente faltaba la bailarina principal.



Off: Queridos convecinos, pueden ir entrando en la Fiesta Forman cuando deseen. La fecha concreta on-rol es el sábado 27 de Diciembre. Off-rol la fiesta estará abierta hasta el 20 de Enero más o menos. (Si la cosa no se anima, la cierro antes.) Las personas invitadas pueden traer una pareja si lo desean. Las que no traigan pareja y sean mayores de 22 años pueden dirigirse directamente a mí, gracias XD Se puede ir comentando la fiesta vía Twitter con el hashtag #FiestaForman. ¡Bienvenidos, y a divertirse!
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Lluna Forman el Sáb Ene 10, 2015 4:11 pm

Con Axel, Hannah y Zack.


Estaba sonriendo todo el rato, y no por compromiso, si no por diversión. Estab feliz en la fiesta, y todo estaba saliendo más o menos bien. Matt había desaparecido con el hermano de Circe, y el concierto fundamental de la fiesta no se estaba llevando a cabo. Aun así, yo hablaba con Axel, y con Zack y Hannah. Me gustó ver a Hannah en mi fiesta, no es mucho de este tipo de acontecimientos, o por lo menos es la impresión que da. En Hogwarts asiste a las fiestas casi por obligación. Como en Halloween, que O y yo la obligamos. Circe, por su parte, estaba hablando con el padre de Zack, y pronto se pusieron a bailar.

Axel y Hannah empezaron una agradable charla sobre Quidditch. Como vi a Hannah en su salsa, me abstuve de hablar y simplemente escuché. Hannah y aXel jugaban, pero Zack no. Está en su último año ya, pero podría apuntarse. Nunca viene mal tener a alguien en el banquillo. Un chico al que no le gusta el deporte, que raro. ¿Sería ya así de pequeño? Es extraño que de pequeños fuésemos tan amigos, y ni siquiera le gusta jugar a Quidditch. Axel pensaba como yo, y animó a Zack para que se apuntase. Cuando los de séptimo se gradúen, el equipo va a necesitar mucha gente.

Bromeé con Zack sobre su padre y la fama que tiene de conquistador. Le dije que esperaba que no intentase ligar con mis amigas. Zack dijo que eso era tarea suya, y me reí. Asentí contenta cuando dijo de bailar conmigo.

- Por supuesto. Cuando quieras.

Todo el mundo decía que las galletas de Matt están ricas. No se si lo dicen porque es verdad o por quedar bien. Sea como sea, me van a dejar sin.
Hannah y Axel parecían muy a gusto hablando sobre violines. Desconocía que Hannah fuese una entendida del tema. Les estaba escuchando con atención. Ignoro si un violín suena mejor que otro según su marca.

A Zack no le gustó ver a su padre bailando con Circe, su cara de asco fue épica. Le indiqué donde estaba el baño a petición de Hannah. Supongo que yo pensaría igual si el que estuviese bailando con mi amiga fuese Matt. Por suerte, mi tío seguía desaparecido. ¿Debería ir a buscarlo? Está con el hermano de Circe, no creo que se entretengan mucho. Quizás trabajan en el mismo departamento, y ya sabemos lo que Matt adora su trabajo.

Cuando recibí la carta de O se la dejé leer pues hablaba de él. No supe si O se sorprendía de que un Crowley me hubiese invitado a ir con él al baile, o se sorprendía de que tuviese amigos chicos en general. Más bien sería lo segundo. Parece que me tiene vigilada. Hace demasiado tiempo que no hablo con ella con tranquilidad. No quiero que piense mal, Axel es solo un amigo. Muy simpático, demasiado. Hice broma sobre que causamos sensación en el baile y dijo que era porque él fue conmigo.

- Más bien no están acostumbrados a verme con chicos.

Solo había que mirar la fiesta. Las mujeres predominaban, y más las invitadas que provenían de mi parte.
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Matt Forman el Mar Ene 13, 2015 1:22 am

Con Apolo,
en mi habitación,
con la puerta cerrada.



Con todo el ajetreo de la fiesta no me di cuenta del tipo de chico que me había pedido ver mi casa. Tuve oscuros pensamientos cuando quiso ver mis estancias y llevarme a un lugar más íntimo, pero no suelo pensar que quiero liarme con todos los hombres atractivos a los que conozco. Pensaría así si se tratase de una mujer, no estoy acostumbrado a que los hombres usen conmigo las mismas técnicas que uso yo con las chicas. Eso me pilló totalmente desprevenido. En ningún momento traté de apartarme o de alejarlo. Que me pille de sorpresa no significa que lo vaya a rechazar. Me gustó su espontaneidad y su presunción, por eso le devolví el beso apasionado. Más tarde me asusté al escuchar un sonido fuerte, pero al ver que solo era una decoración rota me sentí imbécil.

Me apetecía tanto seguir aquel recorrido por la casa, que abrí la puerta cerrada de mi habitación para enseñarle mi estancia más privada. Quise saber si me acompañaba, y me respondió que vendría detrás de mí. Primero, se quedó recogiendo los trozos del cristal roto. ¿De verdad? Deja que se encargue la elfa. Fue pensar eso y aparecer ella, tiene un oído muy fino. Apolo dejó que la elfa se encargase. Esa elfa sabía más sobre mi que mi propia madre. Esperé a mi invitado en mi habitación, mientras me aflojaba un poco la corbata.

Apolo no tardó en entrar. En ningún momento se me pasó por la mente que no fuese a volver. Cerré la puerta de nuevo con el hechizo, y usé un tono de luces menos brillantes en la habitación. No perdió el tiempo, ni siquiera me habló. Se lanzó de nuevo a por mí para quitarme la chaqueta y desabrochar mi camiseta. Mi cara reflejaba la misma mirada de caza que solía poner de joven con las mujeres, algo que no me solía pasar muy a menudo. Apolo me estaba llevando por un camino nuevo para mi, no por eso menos excitante. Le gustó ver mi torso desnudo. Yo le respondí con una sonrisa de las mías. Pasó sus dedos palpando mi desnudez, hasta llegar a mis labios y atraerme hacia él para fundirnos en otro beso. Lo estaba desenado. Mis manos no estuvieron quietas, ni mis labios, y le intenté quitar la chaqueta. A su vez, Apolo me deslizaba hacia atrás.

En mi vida siempre había llevado yo la iniciativa en mis relaciones, esta vez me estaba dejando llevar. No lo voy a admitir, pero mi experiencia en este campo es prácticamente nula. Apolo me dejó caer suavemente sobre la cama y él mismo se quitó la ropa que cubría su torso. No estaba nada mal tampoco. Se nota su juventud, pero tiene mucha iniciativa. Sus labios se encaminaron a mi cuello y le dejé hacer. En aquel preciso momento, cuando Apolo me estaba causando cosquillas excitantes, Neil apareció en mi mente. Recordé claramente como y cuando sucedió. Él se quedó en mi casa unos días del verano, tendríamos unos dieciséis años. Mi madre insistió en que mi amigo ocupase la habitación de invitados pero a nosotros nos parecía más divertido compartir habitación y aprovechar la oscuridad para hacer travesuras. Pensamos muchas cosas durante la primera noche. Que si quemar la cocina con la elfa dentro, atar y amordazar a una de mis primas que estaba de visita para torturarla. Pero de lo único que fuimos capaces la noche posterior fue de meternos en la misma cama a hablar de las chicas que uno y otro habíamos besado. Y lo que no es besar. Los dos nos excitamos notoriamente y en un arrebato de locura me puse a masturbarle. Neil me miró con los ojos muy abiertos, pero al rato se amansó y me dejó hacer. Aún recuerdo que él hizo lo mismo conmigo. Quedamos tendidos sobre la cama mirándonos, hasta que uno se corrió a manos del otro. La elfa lo supo. Ella tuvo que limpiar aquel bonito estropicio. Y la mañana siguiente Neil me cogió del cuello y me amenazó para que aquello que ocurrió no saliese de mi boca. Jamás se lo contamos a nadie. Y es por ese recuerdo que aún lloro por la muerte de Neil.

La pregunta de Apolo me devolvió a la realidad. Mi primera vez con un hombre de verdad. Neil era muy de verdad antes de ser asesinado. Pero aquello no fue una primera vez. Simplemente nos masturbamos. Apolo está aquí, semidesnudo encima de mi, en mi habitación, en mi cama, y con intención de llegar hasta el final. La cosa se estaba poniendo seria y quería seguir. No quería admitir ser un inexperto, pero Apolo se abría dado cuenta ya.

- Mi primera ver con un hombre.

Aquello iba a excitarle, al igual que yo me excité cuando Sandy me dijo que era virgen cuando estaba a punto de metérsela. La ventaja que tengo es que ambos somos hombres, y nos entenderemos bien. Sus besos estaban recorriendo mi piel, excitándome.

- Eso no significa que no sepa que quiero hacer.

Lo atraje de nuevo hacía mi, para poder rodar por la cama y que él quedase debajo. Sonreí triunfante. Quiero excitarle mucho. Notar su miembro duro y caliente en mis manos. Fui muy cuidadoso al quitarle el pantalón, dejando de momento su miembro detrás de sus bonitos bóxers. Como había hecho él, empleé a fondo mi boca. Besé primero boca, con pasión fiera, bajando luego por su torso y deleitándome en sus pezones. Bajé por su musculado abdomen. Me detuve a mirar la única prenda que le tapaba, y mirando a sus ojos con cara de “esto sobra”, tiré de la tela con los dientes hasta dejar al aire su pene. No lo dejé solo mucho rato, pues enseguida me puse a tocarlo suavemente.
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Caleb Dankworth el Vie Ene 16, 2015 5:21 am

Bailando con Circe.

La joven con la que me había puesto a bailar tras aceptar su invitación me estaba agradando. No sólo era increíblemente hermosa, sino que tenía un carácter poco común y muy atrayente. Siempre eran muchas las chicas y mujeres que me miraban, pero poquísimas las que se atrevían a hablarme, salvo aquellas que ya me conocen o las mujeres que están muy seguras de sí mismas y son más mayores, de mi edad. Las adolescentes, por norma general, se quedan calladas en una esquina, ruborizadas y tímidas. Circe no, Circe me había pedido bailar con una seguridad en la voz y en sus gestos y un leve coqueteo en su mirada que no me había dejado otra opción más que aceptar. Y lo había hecho con gusto, no todos los días se conocen a jovencitas hermosas e interesantes como ella. Además era de una muy buena familia.

Estuve en lo cierto al creer que era Slytherin. Los de las demás Casas siempre se empeñan en decir lo contrario, pero está claro que Slytherin es la mejor Casa. La mayor parte de los miembros de todas las familias de alta clase social y de sangre limpia están en Slytherin. En esa Casa están los modales, el dinero, el poder, la grandeza, y gran parte de la historia del mundo mágico, pues los mejores magos y brujas salen de ahí. Hay excepciones en otras Casas, pero casi siempre suelen salir torcidos al final.

-¿Ese no es Slytherin? Bueno, no tiene que ser muy mal si es amigo de Lluna. ¿Qué es, Ravenclaw tal vez?- pregunté. Dudo muchísimo que Lluna invitase a Gryffindors y Hufflepuffs, no parece ese tipo de chica.

Circe me preguntó que de qué conocía a Matt. Era una muy larga historia, pues hacía décadas que nos conocíamos, desde súper pequeños. Pero es una historia que puede ser resumida.

-Bueno, siempre que nos hemos tratado hemos tenido una buena relación, aunque llevaba diez años sin verla- comenté cuando dijo que no dudaba que mi relación con mi ahijaba fuese excelente. Yo quería que fuese excelente, pero soy un desastre de padrino. Luego contesté a lo de Matt- Nuestras familias tenían relaciones estrechas, así que nos conocemos casi desde bebés porque nuestros padres nos juntaron y somos amigos desde pequeños- le conté. No había mucho más que decir, aparte de la cantidad de idioteces que Matt y yo hacíamos juntos hace años, que no eran pocas precisamente. Muy maduros y serios por aquella época no éramos, aunque ahora las cosas parecían haber cambiado... Aunque si yo hubiese madurado de verdad no estaría bailando con Circe ni mirándola como la estoy mirando. Algunas costumbres nunca se quitan.- Pero no te aburriré con los detalles...

Sonreí levemente cuando la muchacha bromeó acerca de que el Sombrero podría haberme puesto en Gryffindor.- No me hubiese extrañado, era muy cabezota e impulsivo en mis años de estudiante... Aunque el Sombrero supo detectar más ambición que ganas de hacer el tonto, supongo, menos mal. Y sí, fui Slytherin.

La música iba cambiando para evitar que el ambiente y el baile fuese monótono, lo que hacía que los movimientos fuesen cambiando de manera repentina e inesperada, pero siempre manteniéndose elegantes, como debe ser. Siempre me ha parecido que la música clásica de baile es mucho mejor y más sensual que la música moderna que tanto adoran los adolescentes y los Muggles... Y los magos adultos de vez en cuando también, para qué mentir. Pero aquellos bailes en los que no habían pasos no normas y todo el mundo se restregaba contra los cuerpos de otros y cosas así llegan a ser muy vulgares y le quitan algo de emoción a la tensión que se crea con un baile clásico. Por ejemplo, cualquiera que haya bailado alguna vez un tango sabe a lo que me refiero. Esos pasos sensuales, esa música que ponía el vello de punta, las miradas intensas, la cercanía de los bailarines y a la vez la distancia requerida para el baile, como una barrera llena de prohibición... No se pueden comparar esos bailes con los de una discoteca, al menos en mi opinión.

En esta ocasión no estábamos bailando un sensual tango sino un baile que había tenido como objetivo en aquella fiesta se inocente, pero a veces lo que pretende ser inocente es precisamente todo lo contrario. Un cambio en el tono de la música provocó que hubiese un cambio en los movimientos de baile. Circe se separó de mí un segundo durante aquel movimiento, manteniéndose unida a mí en todo momento a través de nuestras manos sujetas, y dio dos vueltas sobre sí misma antes de ser atraída hacia mí de nuevo, de manera que nuestros cuerpos se quedaron pegados el uno al otro. Aquella era la intensidad de aquellos bailes, tan repentina y asombrosa, y reflejada sobre todo el nuestras miradas. Un buen baile es aquel en el que las miradas no se separan la una de la otra.
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Circe A. Masbecth el Vie Ene 16, 2015 7:39 pm

Con Caleb, pista de baile.

Como si de dos personas que se conocían de hace largo tiempos e tratara, ambos siguieron bailando al ritmo de la música, ajenos a cualquier tipo de mirada que pudiera enturbiar la situación. Entre los presentes no sería mal visto que dos personas bailaran a pesar de su diferencia de edad, y aunque muchos de los asistentes conocieran la forma de ser de Circe, se seguiría viendo como algo inocente al tratarse de un adulto y amigo del anfitrión, como si aquella situación no fuera más que un acto de educación para no menospreciar la situación que estaba teniendo lugar. Ambos provenían, seguramente, de familias conocidas, de familias habituadas a los excesos y a las grandes celebraciones, y aunque no conocieran ese detalle del otro, podían comportarse como si en uno de aquellos bailes estuvieran. En uno de esos bailes donde no importaba lo más mínimo el con quién pasabas la noche, sino cómo la pasabas, siempre y cuando la noche fuera con uno de los asistentes de gran apellido y linaje.

Mantuvo la mirada fija en el hombre, no apartando los ojos claros de los de su acompañante. De haber querido hacerlo, apartar la mirada hubiese resultado mil veces más complicado de lo imaginable, pues al tratarse de un hombre de semejante atractivo resultaba casi imposible. Por suerte no lo intento, no era una persona acostumbrada a pasar vergüenza en la situaciones, y ni mucho menos la idea de mantener contacto visual con un completo desconocido mientras seguían bailando y conversando le hacía sentir vergüenza alguna. – Efectivamente. – Contestó la rubia a la pregunta más bien afirmativa de su acompañante. No había duda que entre el tipo de personas que habían invitadas a la fiesta no había cabida para el supuesto valor que precede a los leones o la inutilidad de los tejones. – Axel Crowley, linaje de sangre limpia, guardián y prefecto, con buena posición económica… - Alzó una ceja al darse cuenta de todo aquello, pues conocía datos sobre Axel, pero nunca los había comentado en voz alta. – Todo un partido para Lluna. – No sabía si los intereses de su amiga giraban torno al chico, pero de hacerlo, sería totalmente comprensible.

Escuchó el corto relato sobre cómo Matt y Caleb se habían conocido y afirmó a sus palabras sin apartar ni en un solo momento la vista de sus ojos. Resultaba no sólo ser un hombre atractivo, sino que hablar con él no hacía que tus neuronas acabaran dormidas por tanto ego junto. Era agradable, no podía negarlo. Existía esa confianza que aparece en los desconocidos cuando tratan temas banales sin ningún tipo de problema.

Siguieron con aquel baile durante algo más de tiempo, incluso vio desaparecer a Apolo junto al anfitrión de la fiesta, quien guiñó un ojo al salir fuera de su campo de visión. No tenía ni la más remota idea de lo que se traía entre manos, pero seguramente no fuera llevarse la cubertería de plata de los antepasados de Lluna y su tío. Si se tratara de Odiseo, sí sería creíble. Sí, Odiseo. Al parecer era como Beetlejuice y si decías su nombre tres veces en alto aparecía. Pero ella sólo había pensado en él dos y allí estaba, ataviado con su mejor traje y con una sonrisa digna de alguien con dignidad. Circe intentó ocultar su cara de horror al ver a su hermano mayor allí, pues sabía de sobra que nadie en su sano juicio lo invitaría a una fiesta privada a no ser que se tratara de uno de sus clientes habituales. Lluna no tenía pinta alguna y Matt… Bueno, todo era posible, pero no lo veía como una opción.

Ahora quería salir de allí, y aunque la conversación se había vuelto más continua según seguían con el baile, su voz había frenado en seco al dar de lleno con el mayor de los Masbecth. - ¿Y a qué habías dicho que te dedicas? – Preguntó con una sonrisa algo forzada aún nerviosa por haberse topado con su hermano. Cuando sus cuerpos volvieron a encontrarse tras otro giro provocado por la propia música, separó ligeramente una de sus manos del cuerpo del hombre y la apoyo en su brazo, dando un corto pero firme apretón en este. – Podrías dedicarte al Quidditch profesional. – Afirmó a modo de cumplido, aunque era una persona que sí decía algo, no era por el mero hecho de agradar a los demás.

Sin importarle demasiado que tan sólo llevaran un par de bailes y apenas una media hora bailando, elevó ligeramente sus talones sobre el suelo, quedando de puntillas y a la altura del hombre, acercando su rostro a la oreja de este y hablando en un leve susurro. - ¿Qué te parece si buscamos un lugar más… - hizo una leve pausa. – íntimo? – Y dio un paso hacia atrás, volviendo a su altura habitual haciendo un leve giro sobre sí misma cuando la música lo predispuso. Al volver a acercarse al hombre sonrió de medio lado y señaló el pasillo colindante con un corto movimiento de cabeza cuando la canción en cuestión llegó a su fin.

Se separó de Caleb y pasó por la zona de bebidas para tomar una copa con zumo de calabaza entre sus dedos. Dio un corto trago, apenas rozando únicamente sus labios con el contenido y atravesó el pasillo hasta encontrar lo que resultaba ser una habitación. Apoyó la espalda contra la pared y esperó a que apareciese Caleb mientras movía el contenido de la copa.
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Caleb Dankworth el Lun Ene 19, 2015 8:48 am

Bailando con Circe.
Luego en el pasillo y en la habitación con Circe, interrumpiendo a Matt y a Apolo.

Circe me confirmó quién era el chico que era el único que no era un Slytherin en aquella fiesta, y me sorprendí al escuchar que era un Crowley. Conocía a varios miembros de esa antigua y prestigiosa familia de sangre limpia, pero como en los años recientes no me he relacionado mucho socialmente supongo que esa es la razón de que yo no reconociese al chico cuando le vi entrar en la fiesta. Se le notaba desde lejos el porte que tenían los miembros de su familia, y básicamente todos los magos de sangre limpia. Los demás pueden decir lo que quieran, pero los de nuestra clase social nos distinguimos mucho del resto de magos y se nota.

-¿Un Crowley? Vaya vaya. Sí que es un muy buen partido, desde luego... ¿Están saliendo?- pregunté con el mero propósito de cotillear, como todo buen padrino debe hacer. Viéndoles en aquel momento no parecían novios, pero sí muy buenos amigos. Así es como empiezan todas las buenas relaciones, y las más duraderas.

Seguimos bailando mientras varias cosas sucedían a nuestro alrededor en la fiesta. Un hombre llegó de repente y entró en el piso, y Circe le miró alarmada durante un segundo. Observé aquella reacción y alcé una ceja con curiosidad, preguntándome quién sería aquel hombre. Parece obvio que Circe le conoce, pero no pregunté. Ya cotillearía más tarde sí eso, u observaría. Sí, eso haría. Observar se me da muy bien, y aprendes más cosas haciéndolo que preguntando directamente. Además, ahora eso no es importante. Mientras bailábamos Circe me preguntó que a qué había dicho que me dedicaba, a lo que respondí con una suave sonrisa.

-No lo he dicho. Trabajo en el Ministerio, soy Desmemorizador. Borro las memorias de los Muggles cuando hay accidentes...- añadí, pues a lo largo de los años me había encontrado con gente que no sabía qué era un Desmemorizador, aunque por el nombre parezca obvio. Circe no parece una de esas personas, pero por si acaso añadí aquella pequeña información. Sonreí más ampliamente cuando ella me dijo que podría dedicarme al Quidditch profesional después de agarrar mi brazo durante un momento y sentir el fuerte músculo bajo la tela de la chaqueta y de la camisa.- Gracias- contesté a aquel comentario que era claramente un cumplido.- Aunque no sirvo para atrapar pelotas en el aire. Prefiero atrapar... otras cosas- murmuré. "Mujeres, por ejemplo," añadí mentalmente, aunque no lo dije, pero mi mirada sí que lo dijo.

No me sorprendí cuando Circe se detuvo y se puso de puntillas para susurrar a mi oído que deberíamos buscar un lugar más íntimo. No me sorprendí porque aquello es algo que suele pasar cuando paso algo de tiempo con mujeres y chicas hermosas en las fiestas, es algo a lo que me he estado dedicando desde que enviudé hace tantos años. Nunca dudaba en ir corriendo a buscar un lugar íntimo para pasar el tiempo con aquellas mujeres, sin importarme en qué lugar estábamos. Observé a Circe alejarse hacia la mesa de las bebidas para coger un vaso antes de irse al pasillo que me había señalado con un leve gesto de la cabeza, y la miré hasta que desapareció en él, lejos de las miradas de todos los presentes en la fiesta.

Nunca antes habría dudado de ir tras ella. Ahora, sin embargo, las cosas son un poco más diferentes. Dudé. No por su edad, que siempre había sido un dato que me daba absolutamente lo mismo mientras no bajasen de quince años, y está chica obviamente los tenía. La razón por la que dudaba era que la imagen de Alyss invadió mi mente de pronto. Desde que me reencontré con ella solamente he estado con una mujer, con Abi, y eso fue por circunstancias especiales... Pero no estoy con Alyss. Y, visto como están yendo las cosas, no volveré a estar con ella nunca. ¿Así que qué es lo que me detiene? Nada. Absolutamente nada...

Desaparecí en el pasillo donde había entrado Circe antes que yo, sin preocuparme de las posibles miradas que nos podrían estar echando las demás personas que estaban en la fiesta. El pasillo estaba oscuro y conducía a las habitaciones, cuyas puertas estaban cerradas. Encontré a Circe apoyada contra la pared y con el vaso en su mano. Mi intensa mirada azul parecía brillar en la oscuridad como la de un depredador, y mi media sonrisa ladeada era visible incluso en aquella suave oscuridad. Me acerqué a Circe con pasos lentos y calculados, y ella se fue alejando hasta quedar de espaldas con una puerta cerrada. La alcancé entonces y con cuidado la quité el vaso de la mano, posándolo sobre una mesita que había en aquel pasillo. Clavé mi mirada en Circe de tal manera que parecía que estaba perforando su alma, y me acerqué a ella hasta que su cuerpo quedó atrapado entre el mío y la puerta, sin poder moverse, sin escapatoria... No parecía que la quisiera, de todos modos. Alcé una mano y deslicé mi dedo índice suavemente por su mejilla, apartando un mechón de su pelo de su rostro, dejándolo más visible.

-Eres muy hermosa...- murmuré, estando muy cerca de ella. Hablé con el típico tono sensual que tantas veces he usado, y que tanto sé que funciona. Lo hago de forma subconsciente, es parte ya de mi naturaleza.

Fui a abrir la puerta entonces, pero al agarrar el pomo vi que estaba cerrada del todo. No quería quedarme ahí en el pasillo, así que saqué mi varita y con un rápido Alohomora no verbal abrí la puerta. Se oyó un suave "click" y la puerta se abrió de pronto. Como Circe estaba apoyada contra la puerta y yo estaba apoyado contra Circe, al abrirse la puerta nos movimos nosotros a la vez. La puerta se abrió del todo, chocando contra la pared. Circe quedó de nuevo atrapada entre la puerta y mi cuerpo, esta vez dentro de la habitación. Yo le daba la espalda al resto de la habitación y era mucho más alto que Circe, por lo que ninguno de los dos vinos de inmediato qué era lo que estaba ocurriendo allí dentro. Rápidamente guardé mi varita y alcé mis manos hasta colocar una en la cintura de Circe y la otra en su mejilla. Nuestro rostros estaban muy cercanos y nuestras miradas no se separaban.

Iba a acercar mi rostro al suyo y besarla. Nuestros labios casi se rozaron, pero en ese momento oí un ruido a mi espalda. Fruncí el ceño y giré la cabeza, viendo entonces la cama y lo que estaba pasando en ella. No estábamos solos, ahí estaban Matt y Apolo. Y no precisamente charlando.

-¡Joder!- exclamé, alarmado. Rápidamente y sin pedir perdón agarré a Circe y la empujé fuera de la habitación, e inmediatamente salí yo también, creando la puerta de un portazo y volviendo a cerrarla mágicamente. Parpadeé varias veces muy rápidamente, intentando quitarle la imagen de la cabeza. Miré a Circe entonces. No creo que haya llegado a ver nada, y espero que sea así.
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Circe A. Masbecth el Lun Ene 19, 2015 2:36 pm

Con Caleb en una habitación.
Interrumpiendo algo que no sé qué es porque no veo porque Caleb es alto. Pero AAAAAAAAH.

Se podía decir que prácticamente todos los magos de sangre limpia estaban emparentados de algún modo, por lo que si se ponían a ser técnicos, la mitad de allí serían primos cuartos por herencia del tío segundo que le gustaba fumar de pipa todas las mañanas mientras acariciaba al gato. Pero a ninguno le importaba en absoluto, todos sabían lo que eran y no dudaban en alzar la voz para demostrar al resto de mortales que su sangre era tan limpia como la del mismo Salazar Slytherin.  – No creo. – Se limitó a contestar la rubia. No conocía demasiados detalles de la vida privada de sus compañeros, más que nada porque no le importaba en absoluto lo que les pasara o dejara de pasar, pero por el comportamiento que ambos mostraban no parecía haber un romance oculto en alguna parte. Dudaba que en caso de haberlo fuera la primera en enterarse, pues no mantenía una estrecha relación con ninguno de ellos, pero ese tipo de cotilleos vuelan por el mundo mágico, especialmente en las revistas del corazón, aunque estaba demostrado que ahí se inventaban la totalidad del contenido. – Pero quien sabe, todos conocemos la fama que precede a Slytherin. – Podrían pasar los años que pasaran, pero la Sala Común de Slytherin seguiría siendo un hervidero de hormonas hasta el final de los tiempos.

Con aquel último comentario no sólo había echado piedras al tejado ajeno, sino que también sobre el suyo. Aunque, pensándolo bien, ¿No era obvio el tipo de persona que era cuando sin ningún tipo de reparo se acercaba a un hombre que seguramente le doblaría la edad? No era una persona con demasiados pelos en la lengua y mucho menos a la hora de actuar. No le importaba ni lo más mínimo lo que pudieran llegar a pensar los demás al ver cómo bailaban o dejaban de bailar, ellos no eran nadie para meterse en las vidas ajenas, y aunque tuvieran la poca decencia de opinar algo a sus espaldas, le importaba tan poco como la vida sexual de algún miembro de Hufflepuff.

El hombre resultaba trabajar en el Ministerio de Magia, por lo que la opción de poder identificar a su hermano, quien acababa de hacer acto de presencia, era más posible. Odiseo no era una persona que socializara con el tipo de persona que era Caleb, pero sí una persona que se hacía notar, especialmente en el ámbito del Ministerio de Magia, donde le habían otorgado un trabajo absurdo que antes no hacía nadie por el mero hecho de darle trabajo y que no rompiera la buena fama que había tenido su familia a lo largo de los años. Odiseo se dedicaba a hacer figuritas de papel para usarlas como mensajeros entre los diferentes despachos y, seamos sinceros, era un trabajo que llamaba la atención cuando lo hacía alguien a quien una nube de humo con olor a marihuana y otras sustancias estupefacientes acompañaba en todo momento. – O cuando torturas a uno y no quieres que tu diversión llegue a oídos de alguno de tus superiores. – Añadió la chica segura de sus palabras.  La mayoría de las personas que había en aquel lugar eran puristas y, conociendo la fama que ella misma y los de su condición tenían, no dudaba que estuviera ante un mortífago, o al menos ante un fiel seguidor de las creencias de Lord Voldemort. Da igual como fuera, torturar a alguien siempre era divertido y si podías encargarte de no dejar rastro alguno tras ello por ti mismo, mejor que mejor. Nunca hay mejor trabajo que el que uno mismo hace.

Alzó una ceja de manera descarada ante las palabras del hombre. Era agradable poder conversar con alguien que no tuviera el estúpido complejo de demostrar a los demás lo superior que era, como solía pasar en cualquier conversación con los miembros de su propia casa. Si le diesen un galeón por cada vez que escuchaba “yo” a lo largo del día, podría comprarse su propio ejército de dragones sin necesidad de robarle algún huevo a su hermano, aunque este se dedicase exactamente a la cría de estos.

Mientras daban alguna que otra vuelta, sus ojos eran incapaces de alejarse de la vista de Odiseo mientras giraban. Siempre lo acababa viendo, ahí de píe, quieto, observando. Parecía un gato esperando el momento perfecto para lanzarse contra la cortina y arañarla. Eso era lo malo de Odiseo, era tan impredecible que nunca sabías con qué podía saltar. Sólo sabías que las consecuencias de sus actos jamás serían buenas. La visita de Odiseo fue la chispa que encendió la mecha para querer salir de allí. Pero, ¿Salir de la fiesta cuando esta acababa de empezar? Ni mucho menos, tan sólo quería salir de la pista de baile, y si era acompañada de aquel hombre tan atractivo, mucho mayor.

Pasó entre las mesas, ajena al resto de los asistentes, y tomó una de las copas hasta llegar al pasillo. Apoyó la espalda contra una de las puertas cuando vio aparecer al hombre y  no pronunció palabra alguna mientras ambos quedaban a escasos centímetros. Mantuvo los ojos clavados en los de su acompañante sin decir nada, pues de contestar hubiera acabado por mostrar lo narcisista que podía llegar a ser a veces. Por Merlín, ya sabía que era hermosa, y más con aquel vestido. A veces es mejor mantener la boca cerrada cuando no se tiene nada bueno que decir, y por una vez, fue eso lo que hizo la chica.

Escuchó el pomo tras su espalda, pero la puerta no se abrió. Alzó una ceja y vio como la varita del hombre se elevaba hasta hacer que la puerta, esta vez, sí se abriera. Sonrió de medio lado al notar como la presión tras su espalda desaparecía, y dio un par de pasos hacia atrás para acabar pegada en la puerta, la cual ahora se encontraba abierta. Cualquiera que hubiera pasado por el pasillo se hubiera topado con una pareja pegada a la puerta y otra sobre la cama, algo no demasiado agradable si ibas al baño tranquilamente. Pero para Circe, tan sólo estaban ellos, pues en ningún momento se había fijado en la habitación, ni mucho menos en que en su interior ya había alguien.

Sus labios quedaron casi pegados, tan solo separados por un par de milímetros. Pero antes de poder a unirse, algo sonó en el interior de la habitación. Circe miró extrañada a Caleb, pues debido a la diferencia de altura era este el encargado de taparle lo que había en la habitación. Fuese lo que fuese, no pareció agradar al hombre, quien cambió su gesto seductor por una mueca de pánico y repulsión.

Ambos acabaron fuera de la habitación cerrando de un portazo. Circe no sabía qué narices había pasado, pero no podía ser nada bueno. - ¿Qué había ahí dentro para que tengas esa cara? –Preguntó con curiosidad. Era una persona tremendamente curiosa, pero por una vez su curiosidad no podría ser saciada. Al menos por el momento.  - Tienes cara de haber visto un fantasma. – Terminó con una ceja alzada. Lo mejor sería ir a la cocina a que tomase algo con azúcar, pues tenía una cara digna de película de terror.
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Apolo Masbecth el Lun Ene 19, 2015 10:46 pm

Con Matt en la habitación jugando naipes
Pero luego fueron abruptamente interrumpidos y culpados de no integrarse a la fiesta
así que ahora Apolo está solo en la fiesta viendo al estúpido de su hermano intentar vender hierba.



Apolo no podía negar que escuchar aquellas palabras del moreno le excitaba bastante. El saber que la primera vez del anfitrión de aquella fiesta sería con el rubio comenzaba a excitarlo. Se dejó hacer cuando le quitó los pantalones dejándolo en nada más que sus bóxer de seda negros con el bordado en plateado, eran sus favoritos y eran de una marca italiana prestigiosa. Cosas de muggles de las que podía disfrutar de vez en cuando.

- Pues entonces hagamos que sea especial - habló con su voz ronca mientras el otro le decía que sería su primera vez con un hombre. El rubio estuvo de agregar algo más pero prefirió callárselo y demostrar las cosas con hechos que solo soltar tonterías de sus labios. Cuando Matt comenzó a tomar el control de la situación, Apolo no tuvo tiempo siquiera a reaccionar pues ahora se encontraba debajo del moreno y comenzaba a sentir sus caricias en todo su cuerpo y esos labios que había deleitado minutos antes. Un pequeño gemido soltó el mortífago cuando sintió como la única prenda que llevaba encima comenzaba a descender por sus muslos y sus piernas tonificadas con la ayuda de los dientes de Matt hasta dejar ver su miembro viril aun dormido, mostrando señales de querer despertar pronto. Ahora el rubio estaba completamente desnudo mientras que el otro hombre aún seguía con los pantalones puestos. Estaban en desventaja pero eso no le preocupaba en absoluto.

El tacto suave en su miembro comenzó a ocasionar que este fuera creciendo poco a poco. Por un momento Apolo cerró los ojos para disfrutar más el momento. Ajeno a él estaba que fuera de la habitación se encontraba otra pareja que quería hacer de las suyas en esa misma habitación sin saber con lo que se encontrarían dentro. La puerta se abrió y el rubio escuchó aquello pero le tomó cerca de cinco segundos abrir los ojos y reaccionar. Alguien se había colado dentro de la habitación y los iban a descubrir. Su instinto fue sentarse de un salto sobre la cama y cubrirse su pene semi erecto mientras miraba hacia el umbral de la puerta. Pudo ver claramente el rostro de un hombre aterrado al descubrir a su amigo con otro hombre en la cama teniendo un encuentro carnal. Luego pudo notar que había una rubia con él y sabía exactamente de quien se trataba.

-  ¡Demonios!  - el rubio gritó una vez la puerta volvió a cerrarse y volvían a quedarse los dos hombres a solas en la privacidad de la habitación. Pero ya era demasiado tarde, el ambiente estaba arruinado, al menos para él. Se levantó a toda prisa de la cama y se colocó los pantalones lo más rápido que pudo. - Lamento que tu amigo nos haya visto, va a ser incómodo para los dos si él no sabía acerca de ti - Apolo dijo mientras se comenzaba a colocar la camisa y abotonarla sin darse cuenta que lo hacía mal, dejando un botón libre, el de la parte superior. Se puso la chaqueta encima y se acomodó el cabello lo más que pudo pues no pudo encontrar un espejo. - Creo que fue una mala idea en primer lugar. Es decir, parecía correcto cuando lo pensé pero ahora que hemos sido descubiertos, creo que fue una tontería, digo, la fiesta está llena de adolescentes, ¿qué clase de ejemplo les estamos dando? - el rubio hablaba un tanto alterado esperando que su hermana no lo hubiese visto, pero no le preocupaba que el momento fuese incomodo, sino la burla que podría venir de ella. La conocía perfectamente.

- Esto es lo que haremos. Saldré primero, espera unos minutos y sales tú, nadie tiene que saber lo que paso si tú no quieres que se sepa. Por mí no te preocupes - dijo mostrando media sonrisa aunque en realidad por dentro estaba enojado de haber sido interrumpido y que le mataran el ambiente. - Es una pena que no pudiese terminar lo de esta noche, lo pasé bien en realidad. Escucha, me iré en una semana, si quieres que continuemos donde nos quedamos o tal vez llevarla más despacio y salir a cenar o algo, búscame. Pero si no, lo entenderé - sonrió y salió de la habitación sin darse cuenta que le faltaba una prenda encima.  Su bóxer, que había quedado debajo de la cama y del cual ni siquiera se acordó. Matt tendría una sorpresa al día siguiente cuando los encontrará o su sirvienta al hacer el aseo.

Apolo se encontraba ahora en el pasillo. Su hermana y el otro hombre parecían estar en el pasillo pero se dirigían a la cocina así que el rubio aprovechó para escaparse hacia el salón principal, donde apareció la elfa delante de él con unos grandes ojos acusadores. ¿Sabría lo que estaba pasando? - ¿Qué? - preguntó al ver como no dejaba de mirarlo pero solo quería decirle sobre su camisa. El hombre se echó a reír cuando se dio cuenta que la llevaba mal abotonada y se la acomodó rápidamente. Entonces tomó una copa con vino de la charola que llevaba la elfa y le dio un sorbo a medida que inspeccionaba la sala.

Escupió un poco del vino sobre el rostro de la elfa al darse cuenta que su hermano Odiseo estaba en aquella fiesta. Lo vio frente a él, del otro lado de la habitación. Iba vestido con su mejor traje, pero estaba molestando a la única mujer adulta de la fiesta. Eso no le importaba al mortífago, le daba igual pues no la conocía. Lo que si le había hecho enojar es que su hermano estuviese ahí, los había seguido a él y a Circe, esa era la única explicación. Y ahora no sabía si afrontarlo y hacer una escena o simplemente ignorarlo e irse. Pero no podría irse sin su hermana quien seguro estaba en la otra habitación con aquel adulto amigo de Matt. ¿Debería interrumpirlos también? Todas esas preguntas rondaban la mente del rubio mientras seguía de pie, escuchando la música de fondo y pretendiendo estar disfrutándola. Los demás invitados estaban dispersos en la habitación.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Caleb Dankworth el Mar Ene 20, 2015 7:14 am

En el pasillo con Circe.

Cuando pregunté, como cualquier padrino cotilla, si Lluna y el joven Crowley estaban saliendo Circe me contestó que no creía que aquel fuese el caso. Me fijé de nuevo, y era cierto que no actuaban como novios así que efectivamente debían ser solamente amigos. No iba a añadir nada más a aquel tema, pero de pronto Circe hizo un comentario sobre Slytherin que me hizo reír, pues era cierto. Por su comentario veo que las cosas no han cambiado mucho desde que me gradué de Hogwarts, cuando tenía la mitad de años de los que tengo ahora. Por aquel entonces Slytherin era conocida como la Casa más promiscua de todas. Los alumnos de las demás Casas estaban muy calmados y los que tenían pareja solían estar en relaciones estables y de vez en cuando tenían alguna escapada. Pero los Slytherins no. La gran mayoría de los miembros de esa Casa se tiraba a todo lo que se meneaba, el sexo sin compromiso reinaba allí. Y los que sí que teníamos pareja, como era mi caso por aquel entonces, también contribuíamos a que aquella Sala Común fuese un lugar lleno de pecado. Queda claro que no yo ni Rose, que en aquel momento era mi novia, no éramos los alumnos más castos y puros del lugar, ya que concebimos a Zack durante nuestro último curso en Hogwarts... Es imposible determinar en cual de nuestras escapadas ocurrió aquel feliz accidente, pero me apuesto cualquier cosa a que fue en la dichosa Sala Común.

-Es una fama que se ha ganado a pulso- asentí ante el comentario de Circe, dando a entender por mi tono de voz que sabía perfectamente por qué decía eso, y mi expresión se volvió un tanto pícara. Circe tampoco tenía pinta para nada de ser dulce e inocente, así que supuse que ella era una de las que estaba contribuyendo a que Slytherin conservara aquella fama en el presente. Algunas personas tienen problemas con las chicas que son así, pero yo no tengo ninguno en absoluto. Es más, me divierte que las chicas se diviertan.

Cuando Circe me preguntó que a qué me dedicaba le contesté con la verdad, diciendo que era Desmemorizador. Llevaba dedicándome a eso desde que acabé mis estudios universitarios, los cuales fueron un poco complicados de hacer ya que tenía que encargarme de mi familia, pero mis padres me ayudaron con el cuidado de Zack... Durante un tiempo al menos, hasta que mi padre se cabreó conmigo y me dio una patada en el culo y nos echó a todos de casa durante casi un año. Siempre había querido trabajar en el Ministerio, pero no quería dedicarme a algo aburrido. La carrera de Desmemorizador me había parecido entretenida y prometedora, y rápidamente demostré talento para ello. Así que aquí estoy, tantos años después.

Casi me quedé de piedra durante un segundo cuando Circe dijo lo que dijo a continuación, pero aquella reacción fue de apenas una milésima de segundo y no se notó. Lo que sí se notó fue la manera en la que mi sonrisa desapareció de mi rostro durante un par de segundos para ser reemplazada por una expresión sería, y a continuación la sonrisa volvió a mis labios y a mis ojos, pero de manera más fría que antes. La verdad era que no me debería sorprender que la chica hablase de aquella manera y con tanta calma, visto la familia a la que pertenece y la gente por la que estábamos rodeados. Era fácil asumir donde yacía la lealtad de todo el mundo, pero aún así hay que tener un poco de cuidado.- Esa es una acusación muy seria, señorita Masbecth...- murmuré con aquella sonrisas fría y calculadora adornando mi expresión. Mi voz tenía un leve tono de diversión escondido en ella, pues aquella chica me agradaba cada vez más y más.- Y nunca se sabe qué oídos indeseables pueden estar escuchando...- eso era cierto. Incluso en lugares como está fiesta, donde aparentemente todos estamos en el mismo bando, puede haber alguien que sea la oveja negra del grupo. Un espía, un traidor a la sangre... Cualquiera. Un descuido, no importa cuán pequeño sea, puede ser desastroso. He tenido el no placer de comprobarlo varias veces en mi vida.- Pero... Creo no equivocarme al pensar que eso es algo que a ti te agradaría hacer. ¿O no?- a mí no me engaña, está chica tiene cara de querer unirse a nuestras filas. Por ahora no me decepciona.

El baile, la conversación, y las miradas coquetas no tardaron en hacer que desapareciésemos de la sala y desapareciésemos de la vista de los demás para entrar en un pasillo oscuro y vacío que llevaba a las habitaciones. Circe había quedado apoyada contra una puerta que yo abrí con magia, y entonces entramos en la habitación. Parte de mi cerebro me decía que me diese la vuelta y que saliese de allí, que estaba siendo un desvergonzado y un idiota. Circe era apenas una adolescente, y hace ya un buen par de años que soy demasiado mayor para una adolescente. ¡En unos meses tendré treinta y cinco años! ¿Y Circe cuantos tendrá? Ni siquiera he preguntado, pero espero que al menos tenga diecisiete o esté a punto de cumplirlos, porque sino en verdad soy un cabrón. Aunque, ¿lo soy? No me estoy aprovechando de ella, sino que ella ha venido a buscarme invitándome a bailar con ella y me ha invitado a seguirla hasta este rincón de la casa. Lo que sí que veo es que es suficientemente mayor para tomar sus propias decisiones, así que supongo que no tengo que escoger precisamente esta noche para tener una moral impecable.

Iba a besarla, pero oí un ruido detrás de mí y cuando giré la cabeza y vi primero a Matt allí no reaccioné completamente de inmediato. Lo primero que pensé es que le estaría interrumpiendo mientras estaba con alguna mujer, cosa que no sería la primera vez que pasa, pues hace años Matt era un completo terror de las nenas. Pero me fijé en que no estaba con una mujer, sino con Apolo, el hermano de Circe. Un hombre. Joder, que tenga que pasar esto justamente ahora... Aparté la mirada rápidamente para no ver en detalle el estado algo desvestido en el que estaban, e inmediatamente empujé a Circe fuera de la habitación y cerré la puerta tras de mí. No dije nada, aparte de soltar un taco provocado por la sorpresa. Pero mi cara había perdido todo color. ¡Joder, aquello no era algo que yo quisiera ver! Es... demasiada información.

Menos mal que les había oído a tiempo, o aquello podría haber sido mucho peor. No soy un hombre que contarle sus pasiones, así que supongo que nada más besar a Circe la habría arrastrado hacia la cama, donde habríamos caído sobre mi amigo y su hermano  mientras se encontraban inmersos en aquellas actividades que tan poco me aparecen ver no recordar. Aquello habría sido sin duda la cosa más embarazosa de mi vida, y un completo horror. Menos mal que no ha ocurrido.

Circe no se había enterado de nada, lo cual me provocó un gran alivio. No sé si sabrá algo acerca de su hermano y sus preferencias sexuales, pero si no lo sabe es mejor que está no sea la manera en la que se entere. Y en cuanto a Matt... ¡Joder, sabía que había tenido un pequeño desliz accidental hace muchos años, pero pensaba que había sido eso, un accidente! No esperaba ir a encontrarme con aquella escenita de pronto y con esos dos, pero bueno, podría haber sido peor. Mucho, mucho peor.

-Nada- contesté a la pregunta de Circe, y mi tono algo severo indicó que aunque insistiese no iba a contestar. Cerré la puerta con magia para que sólo pudiesen abrirla desde dentro.

El color volvió a mi cara después de eso, aunque es verdad que aún estoy un poco chocado. ¡Es lo que pasa cuando alguien no está preparado para estas cosas! Luego hablaré con Matt y le pediré disculpas. Sí, estoy muy sorprendido, pues jamás pensé que vería a Matt Forman en la misma cama que un ser con pene haciendo cochinadas, y es una imagen mental horrible, pero no es el fin del mundo. A mi amigo ahora le van los tíos, o estará borracho. A veces pasa, aunque a mí no, gracias.

Centré mi atención en Circe de nuevo. Espero que a ella no se le haya cortado el rollo, porque a mí no. Dejé que una sonrisa pícara y seductora se abriera paso hacia mi rostro de nuevo, dejando atrás la expresión horrorizada y sorprendida de antes, y cogí su mano para guiarla hacia el otro extremo del pasillo, donde había una esquina. La giramos y nos escondimos tras ella, lejos de la habitación y de la sala con los invitados, y entonces volví a dejarla atrapada entre mi cuerpo y la pared. Solté su mano, y mi mano izquierda se puso en su cadera mientras la otra acarició su mejilla y su pelo de manera tentadora.

-¿Por dónde estábamos...?- murmuré con tono pícaro antes de unir por fin mis labios a los suyos.

Su boca tenía un sabor que me atraía y me hacía querer más. Desde el principio no fue un beso cuidadoso, sino que fue intenso y apasionado, sin llegar a lo salvaje. Lo salvaje siempre debe guardarse para el dormitorio, pues si revelas todo lo que tienes al principio luego no queda nada para el resto. Mis labios acariciaron los suyos, mi boca exploró la suya, mi cuerpo se pegó al suyo, cubriendo cada centímetro que alcanzaba mientras mis manos se deslizaban por su costado. Su vestido era muy revelador, así que mis manos llegaron a acariciar algunas partes de su cálida y suave piel mientras continuaba besándola.
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Zachary S. Dankworth el Mar Ene 20, 2015 8:20 am

En el pasillo, pillando a mi padre y a Circe y muriendo del asco  :cebolla1:

Como es natural, en un grupo compuesto por adolescentes y alumnos de Hogwarts en la conversación surgió durante un momento el tema del Quidditch. Era algo inevitable en grupos como estos, pues es muy raro encontrarse con un mago o bruja que no juegue a aquel deporte mágico. A mí me gusta jugarlo, de pequeño lo gustaba bastante pero nunca llegué a meterme en el equipo de Slytherin en Hogwarts. A veces era por pereza, otras era por otras cosas. El hecho es que nunca me apunté, y ahora considero que es un poco tarde aunque muchos me dicen que no. Me di cuenta de que probablemente era el único ahí que no estaba en ningún equipo, y pregunté si ese era el caso, a lo que Hannah me respondió que probablemente así era. Después de escuchar lo que decían ella y los demás me día cuenta de que sí que era ese el caso. Axel me dijo que debería meterme, y comentó que el equipo de Ravenclaw estaba casi desierto.

-Bueno, eso nos conviene a nosotros, ¿no?- dije refiriéndome a Slytherin.- Cuantos menos jugadores tengáis vosotros, menos competencia tienen ellas- dije señalando con la cabeza a Lluna y Hannah, las jugadoras.- No se, nunca consideré meterme... Cuando llegué el equipo estaba lleno, luego estaba ocupado... Todos los años algo me ha distraído del Quidditch. Me gusta, pero tengo otros intereses... Aunque si se necesitan jugadores me lo decís, yo me apunto- dije con una sonrisa.- Y aquí tenemos una cazadora, una buscadora, un guardián... Vaya, debería meterme a golpeador y así tendríamos el equipo completo. Que pena que seas de Ravenclaw, desentonas- le comenté a Axel mientras me encogía de hombros.

Luego la conversación tomó diferentes direcciones, pues Hannah y Axel se pusieron a hablar de distintos tipos de violones. Se notaba que entendían de ese tema, y escuché con atención. La música es un tema que me gusta mucho y me interesa, y creciendo en una familia de la clase social como la mía lo normal era crecer rodeado de buena música. Me gustan todos los estilos y la gran mayoría de instrumentos. No le prestaba gran atención a las marcas, pues aquello me parecía un tema superficial. Lo que importa es la música, las notas, la manera en la que estas fluyen por el aire y flotan como hojas arrastradas por el viento de otoño. Hay gran belleza en la música clásica, una belleza triste y alegre a la vez. La música es un tipo de magia diferente al que hacemos con las varitas. La música moderna también tiene su belleza, e incluso aunque a veces era un poco difícil de encontrar ese es también es caso de la muscos clásica. La música es bella o no lo es, punto. Todo depende del sentimiento.

Le dije a Lluna que pensaba bailar con ella más tarde, a lo que ella aceptó alegremente. No la saqué a bailar en aquel miembro, pues se la veía entretenida conversando con Axel y es de mala educación interrumpir a la gente cuando está hablando con otros. Me puse a comer galletas y a mirar a mi alrededor. Puse la mayor cara de asco que había puesto en mi vida cuando vi a mi padre y a Circe bailando. ¡¿Qué se les ha perdido a esos dos bailando y hablando y mirándose de aquella manera coqueta?! ¡Qué asco! Bromeé diciendo que iba a potar, pero no sé si es una broma o va en serio. Mis tropas amenazaron con hacer que la broma se volviese una realidad. Hannah me dio un cuenco a modo de broma, y Lluna me indicó donde estaba el baño, a lo que contesté con una sonrisa sarcástica y un estremecimiento de asco.

Estaba acostumbrado a ver a mi padre con todo tipo de chicas. Al principio, cuando murió mamá, estuvo sólo y deprimido un tiempo, pero luego había empezado a ligar para desahogarse. No me había hecho ni puta gracia de pequeño, pero ahora le entendía. Luego se enamoró de mi tía Alyss, lo cual sí que definitivamente no me hizo ni puta gracia. Después de eso nunca me quejé cada vez que le veía u oía con alguna tía en la mansión o por ahí, pues cualquier cosa era mejor que verle con una mujer que era la viva imagen de mi madre... Pero ahora que le veo bailando con Circe, creo que preferiría mil veces verle con Alyss siendo una pareja de tortolitos insoportables en vez de verle cerca de Circe. No. No no y no. Me da un repelús que me muero al verle con la cara de ligar dirigida a la chica a la que odio. Y que me odia. Y que nos hemos besado. Y que nos hemos liado. ¡¿Es que nadie entiende la gravedad del asunto?!

Me distraje durante unos minutos, que fueron suficientes para que mi padre y Circe desaparecieran. Llamó la atención la aparición del hombre que había acompañado a Circe a la fiesta, y que acababa de salir de un pasillo. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi padre y Circe no estaban. Eso no era bueno. Nada, pero que nada bueno. Me puse pálido de nuevo, y mis ojos se abrieron como platos y se llenaron de pánico.

-Ahora mismo vuelvo- le dije a los demás, y me separé del grupo para ir al pasillo.

Al principio no vi a nadie en aquel pasillo oscuro y vacío, sólo puertas cerradas. Intenté abrirlas, pero estaban cerradas con magia. Me alarmé e intenté escuchar detrás de las puertas, pero no oía nada. Parecía que las habitaciones estaban vacías. ¿Pero entonces dónde estaban? Continué caminando por el pasillo hasta el fondo.

-¿Papá? ¡Papá!- le llamé sin obtener respuesta. Continué caminando hasta el fondo del pasillo. Todo estaba en silencio.- ¿Papá, estás aquí?

Aquello no tenía no pizca de gracia. No sé a donde habrán ido, pero me están poniendo de mal humor, los dos. Más les vale que estuviesen de vuelta en el salín cuando volviese y que todo hubiese sido un engaño de mi vista y que resulté que no se habían ido, porque si no me va a dar algo imaginándome cosas. Y creedme, son cosas que no quieres imaginarte a tu padre haciendo con una chica de tu colegio con la que te llevas fatal y luego te lías y luego te odias otra vez y que es más pequeña que tú. Dios, voy a tener pesadillas esta noche solo por imaginar eso...

Iba a darme la vuelta y marcharme para volver a la fiesta cuando me detuve al oír un sonido que procedía del fondo del pasillo, de una esquina que giraba a la derecha. Palidecí como un muerto al reconocer qué era aquel sonido, y luego me puse verde al darme cuenta de quién estaba ahí. No podía ser nadie más, pues sólo ellos faltaban...

Me apresuré hasta llegar al fondo del pasillo, tomando aire para no ponerme enfermo. Fue casi casi el vano, pues mi estómago se contrajo cuando llegué al fondo del pasillo y me encontré con aquel espectáculo.

Sé que no era para tanto a ojos de cualquier otro mortal, pero para mí aquello era el colmo de la porquería. El Apocalipsis. ¡El gran horror de todos los horrores! No se como no me quedé ciego al topame casi de bruces como mi padre estampando a Circe (¡A Circe! ¡¿No podía haber escogido a cualquier otra fulanilla de Hogwarts, tenía que ir a por ESA precisamente?!) contra la pared y besándola apasionadamente.

-¡JODER, PAPÁ, QUÉ PUTO ASCO!- exclamé sin poder aguantar lo, explotando como una bomba ante aquella imagen tan asquerosa. No había palabras para describir mi cara de asco. Con Circe. Había pillado a mi padre liándose con Circe Masbecth.

Que alguien me arranque los ojos, por favor.
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Matt Forman el Mar Ene 20, 2015 2:27 pm

Saliendo despavorido
de mi propia habitación
hacia el tumulto
(Axel y Lluna principalmente)
aparentando total normalidad.



Mi experiencia con hombres se reduce practicamente a cero si la comparo con mis multiples experiencias con mujeres. No por ello le daba poca importancia. Desde que pasó aquello con Neil me di cuenta de que me gustaban los placeres carnales sin hacer distinción entre sexos. No dudé enr esponder a Apolo que era mi primera vez con un hombre. Si bien se lo que es besar y masturbar a un hombre, jamás he llegado más lejos. En cierto modo incluso me intriga.  Alguna que otra mujer ha intentado darme placer introduciendo un dedo en mi, y no puedo negar que me gustó. Por eso es que tomé la iniciativa. Me moría de ganas por probar aquello nuevo y excitante a la vez. Le besé con pasión cada trozo de su piel descubierta hasta que llegué a la zona más importante. Quité sus bóxers con los dientes a la vez que observaba a mi presa. Enseguida me puse a tocar su miembro para notar como crecía en mi mano. A su vez, miraba a Apolo con deseo. En su mirada se podía leer que se moría de ganas por mostrarme de todo lo que era capaz.

Lo que yo no esperaba es que la puerta se abriese y mucho menos causando tanto ruido. Estaba seguro de haberla vuelto a cerrar tal y como estaba desde un principio. Cuando me giré a penas pude ver a Caleb y una melena rubia. Varias cosas pasaron por mi mente. La primera fue Lluna, esperaba que ella no hubiese visto nada. Pero era Caleb el que había entrado también. Pensé entonces en Caleb, quizás quería conocer mejor a alguna de las invitadas. Entonces pensé lo peor y lo más terrible. Quizás Caleb había iquerido llevarse a Lluna a una habitación para... ¿Para qué? De ser así yo lo mato.

Todo se había echado a perder. En esas condiciones no puedo seguir haciendo nada, y por lo visto Apolo tampoco. La fiesta vino a mi mente. ¿Cómo he podido ser tan descortés de desaparecer de la fiesta que se celebra en mi propia casa? ¿Qué pensarán los invitados?

- Mi amigo está curado de espantos. Por él no te preocupes.

Apolo empezó a ponerse toda la ropa que nos sobraba minutos antes. Yo hice lo mismo. Por suerte para mi la camiseta y la chaqueta habían caido de buena manera y no se habían arrugado. Anudé bien la corbata mientras asentía al escuchar como Apolo ponía nuestra sensatez en entredicho. En ese instante caí en la cuenta de que su hermana también es rubia. ¿Caleb había conquistado a una adoelscente? Debe estar mal de la cabeza. Adecenté mi pelo con las manos, como era mis cotumbre. Apolo fue muy amable al darme la oportunidad de salir de allí con total discreción.

- Te lo agradeco mucho.

No se si el mundo está preparado para aceptarme tal y como soy, de lo que estoy seguro es de que mi madre no. Odiaría que una tontería como esta me llevara a la portada de la conocida revista de cotilleos. No deseo que mi madre muera aún y menos de un infarto. También está Lluna... Debería sincerarme con ella.

Apolo me contó que se marchaba en una semana y que podía buscarlo para rematar la faena. O bien ir despacio, saliendo a cenar... Espera, yo no soy de esos. ¿Cenar?  Antes de que pudiera decir algo, Apolo había salido. Esperé unos minutos de rigor dando pasos de aquí para allá. Ahora debo salir a la fiesta aparentando que nada extraño a pasado aunque hace nada estaba aquí con un hombre apuesto y dispuesto cuando mi colega ha estado a punto de entrar con una rubia. Respiré hondo dos o tres veces y salí al salón. Todo despejado. Del modo más digno que pude me acerqué hasta el comedor y cogí un vaso de vino para templar los nervios. Lluna estaba tan ricamente hablando con sus amigos. Al ver que miraba mucho al chico del violín me percaté de que había prometido tocar con él en la fiesta. Apuré la copa de vino y me serví otra.  Bianca hablaba con un hombre desconocido para mi, y todos parecían divertidos y despreocupados. Me acerqué al grupo de adoelscentes.

- Axel cuando estés listo podemos actuar. Estoy seguro de que lo van a disfrutar. Te espero allí.

Mi sobrina me miraba con cara sospechosa. Debo hablar con ella, pero no ahora. Le di un beso en la mejilla y me dirigí con paso firme hacía el piano. Fijé la vista en el instrumento, buscando las partituras. Ignoro que clase de música va a preferir el chico, pero un piano y un violín juntos no dan mucho juego.



Off: Ruego me dilculpen por mis problemas técnicos de estos días. Caleb joder, para una vez que pillo cacho...


Última edición por Matt Forman el Jue Ene 22, 2015 10:14 pm, editado 1 vez
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Circe A. Masbecth el Mar Ene 20, 2015 2:40 pm

Con Caleb en el pasillo.
Traumatizando a Zack y esas cosas nazis.
Acosando a Apolo.
Despidiéndome de Lluna y compañía.
Utilizando cuerda huida... jiuiiuiji.

No conocía con lujo de detalles lo que podía suceder o no en el resto de Salas Comunes, pero no se imaginaba a ninguno de los miembros de Hufflepuff arrancándole la ropa a uno de sus compañeros en mitad de la Sala Común. Y para qué engañarse, ni el valor de los de Gryffindor les hacía merecedores de tal fiesta de hormonas, ni si quiera la inteligencia de los de Ravenclaw. Sin lugar a dudas Slytherin debía ser la única casa en la que podías tener miedo de sentarte en uno de los sillones por miedo a lo que hubiese sucedido allí. O más bien por miedo a saber quién habría estado ahí y haciendo qué. Era algo que mejor ni pensar, pues acababas con dolor de estómago y nauseas al imaginar a dos de tus compañeros dando tumbos por cualquiera de los rincones de la Sala Común. Que si era común, sería por algo. Su propio nombre lo indica.

Ningún comentario al respecto siguió esa afirmación, pues no se podía negar que la fama de Slytherin era merecida. El Sombrero Seleccionador mandaba a cada alumno a una casa según su forma de ser o habilidades y, al parecer, los que no destacaban por ninguna acababan en Hufflpuff, mientras que los mediocres con dotes para llevarse a la cama a cualquiera tenían la prioridad de acabar en la casa de las serpientes. Esa era una de sus múltiples teorías, pues tras años en Hogwarts aún no llegaba a comprender cómo llegaba a tener semejantes compañeros de casa. Había algunos pasables, otros incluso agradables, pero había un tercer nivel donde debía estar la gente merecedora de una buena patada en las pelotas.

¿Un desmemorizador? Ella casi hubiera por acabado necesitando uno al final de la noche, pero no adelantemos acontecimientos. Aquellos miembros del Ministerio de Magia se caracterizaban por su descripción y su buen estar, esa capacidad innata que poseen algunas personas para saber cómo comportarse en cada momento y así hacer que los demás se sientan cómodos, que confíen en ellos. Caleb sin duda gozaba de esas características. Ahora imaginemos un desmemorizador sin ellas, uno que no se preocupa por el resultado de sus hechizos y que trata a los muggles, en este caso, como si de escoria se trataran. Por mucho que lo fueran, tratándoles de este modo despertaban la duda, y por mucho que sus recuerdos hubiesen desaparecido como si el desmemorizador fuera un artista armado de lápiz y borrador, algo habría en su interior que le haría dudar. Que le haría saber, muy dentro de sí, que algo no iba bien. – No he dicho que tú lo hagas, aunque tampoco he dicho que no. – Afirmó con el mismo tono frío que usaba su acompañante. No conocía lo suficiente a aquel hombre para juzgarlo de pertenecer a unas filas o a otras, pero por el lugar en el que se encontraba contaba con más posibilidades si se decantaba por el lado de los Mortífagos.

Aún mientras sus pasos continuaban en aquel baile ajenos al resto de la fiesta, ambos continuaron con la conversación, sin importar demasiado lo que pudiera suceder o dejar de suceder a su alrededor. – Esa es una acusación muy seria, Caleb. – Imitó a su acompañante antes de alzar levemente las cejas. Desde que tenía uso de memoria había sido criada bajo unos ideales de pureza de sangre bien arraigados en su familia. Había algunos miembros de esta que no se caracterizaban por sus ideales, como podía ser el mayor de sus hermanos, pero otros no lo habían pensado si quiera a la hora de unirse a las filas de Lord Voldemort, siendo la gran inspiración para Circe. ¿Pensaba unirse a ellos? Era cierto que tenía intención de hacerlo, pero era algo que no se había planteado demasiado. Digamos que Circe no era el prototipo de persona apta para matar por intereses ajenos. No le importaba ni lo más mínimo lo que defendiese o dejase de defender Lord Voldemort, pero sí le gustaba poder disfrutar a costa de ello.

La rubia se perdió a través del pasillo sin si quiera saber que hacia donde se dirigía encontraría algo que no resultaría ser de su agrado. Tras la aparición de Caleb y la entrada en el dormitorio, las cosas sucedieron a una velocidad que le resultó incluso inentendible. En menos de un minuto los labios de Caleb habían estado a punto de rozar los suyos, y dos segundos después la puerta se cerraba nuevamente a sus espaldas, acompañando todo aquello con una cara de espanto por parte del hombre. La rubia no había llegado a ver lo que sucedía en el interior del dormitorio y, por Merlín, gracias que no lo vio, pues hubiera acabado por tirarle una mesilla de noche a su hermano en la cabeza por ser un invitado de mal gusto. O más bien, se hubiera pasado las restantes semanas hasta la vuelta a Hogwarts metiéndose con él y su sutil manera de acabar en camas ajenas con una facilidad impensable digna de su apellido.

Miró a Caleb durante un par de segundos poco convencida con su respuesta, pero prefirió insistir, no era el fin del mundo no saber qué le pasaba ahora mismo por la cabeza. Le importaban más otras cosas, las cuales volvieron a su posición anterior cuando la mano de Caleb zafó su muñeca y ambos desaparecieron nuevamente en el pasillo. No podía negar que era un hombre tremendamente atractivo y el hecho de saber que aquello no era precisamente bueno para ninguno acababa por agradarle aún más. Dudaba si quiera que él tuviera ni la más remota idea de la edad que ella tenía, pero en ningún momento había hecho indicio de pretender saberlo. Parecía mucho más entretenido con cortejar a Circe que en comprobar si era mayor o menor de edad. Y por su parte... Era Circe, no había que darle demasiadas vueltas en ese aspecto.

No dijo palabra alguna, sino que se limitó a unir sus labios cuando encontraron los ajenos, siguiendo el tacto divertido de la lengua del hombre con ayuda de la suya propia. Notó las manos del hombre posándose en su piel y sonrió pícaramente aún con los labios unidos a los de su acompañante. Si minutos antes no le había importado nada en absoluto que los juzgaran por bailar, mucho menos iba a importarle ahora si alguien lograba verlos en aquella situación. Pero la situación idílica no dudó demasiado. Tan rápido como habían acabado por separarse del resto de los asistentes, otro de los asistentes decidió acercarse a ellos.

Separó los labios de los del hombre y miró furiosa al imbécil que había tenido el descaro, no sólo de aparecer de la nada, sino de ponerse a gritar. – ¿Pero tú qué eres? ¿Subnormal? – Preguntó retóricamente al encontrarse con la cara de Zachary. Porque no había personas suficientes en la fiesta que tenía que ser ese subnormal el que decidiese irse a la aventura y encontrarles. –Sé que tu vida es insignificante y quieres joder la de los demás para sentirte menos mierda en el mundo, pero vete a molestar a otra parte, ¿Quieres, Zackary? . – Luego sus neuronas se recolocaron. Había estado tan pendiente de contraatacar contra el chico que no había caído en la cuenta de las palabras que habían salido por su boca.

Miró a Caleb con ambas cejas alzadas y luego a Zack. – Espera. – Volvió a mirar a Caleb, con una sonrisa nerviosa. Con una sonrisa de me río por no llorar. No había personas en el mundo que tenía que haberse topado con el padre de semejante despojo de la naturaleza. – Ay Merlín. – Se apartó de la pared alejándose de Caleb y quedó en medio de los dos. – Es tu hijo. – Dijo a modo de afirmación, con la voz temblando y casi a punto de salir de allí horrorizada. – Pero… - No logró articular más palabras, sino que miró a Zack poniendo una mueca de asco al mirarle de arriba abajo. – Creo que me voy. – Y sin decir nada, más, pasó al lado de Zack, recorriendo el pasillo para volver donde estaban el resto de personas.

En su camino se topó con Apolo, quien parecía estar igual de ajeno a los restantes invitados de la fiesta. – Vámonos. – Inquirió con tono amenazante a su hermano. – Ahora mismo. – No dijo más, pero su tono sonó lo suficientemente severo para saber que algo no iba bien. Sin decir nada, se acercó a la mesa donde estaba Lluna con un par más de personas y forzó una sonrisa, aunque su piel estaba incluso más pálida de lo habitual. – Nos vemos en Hogwarts chicos. – Dijo dándole un beso en la mejilla a su amiga. – Ya me contarás qué tal las Navidades y gracias por la invitación. – Sonrió de medio lado mirando al tío de Lluna, cuyo nombre ya había vuelto a olvidar. - Gracias por todo. - Y dicho esto, volvió a desaparecer dirección a la puerta, sin si quiera preocuparse por si su hermano decidía quedarse ahí o se tendría que ir sola. Le importaba una mierda, lo único que quería hacer era salir de allí. Ya.

OFF: JIJIJIJI en verdad me voy que no puedo postear hasta la semana que viene y no quiero dejar colgado a nadie. Me encantó la fiesta señores organizadores :A
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Apolo Masbecth el Mar Ene 20, 2015 9:54 pm

Sale de la fiesta con Circe y Odiseo.


El sabor del vino en los labios del rubio era un tanto amargo. No era tan bueno como el que llevó a la fiesta pero no estaba mal. La pobre elfa comenzó a maldecir por lo bajo mientras se retiraba con el rostro húmedo. Había sido un accidente y se había disculpado pero a ella no parecía importarle. Apolo se reía por lo bajo mientras la veía marcharse y en eso Matt aparecía en la habitación, pasando a su lado por escasos centímetros pero el rubio no hizo por hablarle, debían mantener las apariencias pues eso era lo que el moreno deseaba. La mirada de Apolo ahora se concentraba en la de su hermano que no parecía percatarse de su presencia y casi que prefería que fuese así, hacer una escena dramática en ese momento no estaría bien para los invitados a los cuales ni siquiera conocía.

Observó como el anfitrión, que minutos antes lo había desnudado, literalmente y no solo con la mirada, se encontraba hablando con los adolescentes y luego se acercaba al piano inspeccionándolo. ¿Matt tocaba el piano? El rubio estaba sorprendido pues desconocía aquello. Aunque realmente si se ponía a pensarlo, no habían hablado mucho, se sabía solo su nombre pero eso era todo. Habían decidido dejar la charla atrás y dedicarse a otra cosa más íntima. Esperaba que aquello pudiese remediarse en otra ocasión, si es que había alguna.

Parecía que un pequeño concierto estaba a punto de comenzar. Apolo ya no tenía alcohol en su copa y comenzaba a sentirse fuera de su ambiente en aquel sitio. Todos estaban platicando con alguien salvo él, así que tendría que hacer algo. Por suerte, ese algo llego directo a su sitio. Pudo ver a su pequeña hermana pasar justo frente a él solo para avisarle de que se tenían que ir. El mortífago sabía que tenía razón y ni siquiera opuso resistencia. - De acuerdo, te veo afuera, tengo que sacar la basura primero - le dijo mientras le dedicó una sonrisa y la observó despedirse de sus amigos. Apolo no tenía de quien despedirse, se había despedido del moreno en la habitación así que solo intentó cruzar miradas antes de salir y cuando por fin lo hizo le hizo una seña de que se retiraba. Por su mente pasó que estaría bien volverlo a ver en otra ocasión, ya se vería después.

Caminó a través de la sala hacia donde se encontraba la mujer adulta y Odiseo al cual tomó directamente de la corbata. - Nos vamos y vienes con nosotros - Lo jaló de esta y le obligó a salir de la casa antes de que el mayor pudiese hacer una escena. Cerró la puerta tras de sí con el hermano y Circe estaba ahí en las escaleras. - No puedo creer que nos siguieras Odiseo. No, ¡Sí que puedo creerlo ya que eres un imbécil con el coeficiente intelectual de un pez payaso! - tomé de la chaqueta a Odiseo y de la mano a Circe mientras nos aparecíamos en el vestíbulo de la mansión Masbecth. Las luces estaban apagadas y todo estaba en completo silencio, hasta que llegaron. - Me largo a dormir, paso de seguir discutiendo - Apolo subió las escaleras rumbo a su habitación sin querer saber nada más por esa noche. La había pasado bien después de todos los percances.



Off: Yo también me retiró porque no puedo dejar ir sola a mi hermana pequeña (?). Un placer rolear con ustedes y espero se repita pronto. Matt, deberías enviarle una lechuza a Apolo (?).
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Axel S. Crowley el Jue Ene 22, 2015 12:41 am

Lluna y Hannah en las mesas
Matt en el piano

En una primera instancia los chicos hablaron del Quidditch. Axel estaba en el puesto de Guardián desde hace casi tres o cuatro años, no lo recordaba. Aparte, también era capitán del equipo, algo que no pidió pero que el resto del equipo vio aconsejable. ¿Quién mejor Capitán que el pelota inconsciente de turno que, para más sensación, es prefecto? Lo tenían fácil para intentar reservar el campo cuando quisieran.

-El que desentona eres tú, que ni siquiera estás en el equipo.-Sonrió divertido, alzando una ceja ante la acusación del Dankworth.

Luego intentó mantener una conversación sobre música y, más específicamente, sobre violines, con Hannah, pero la chica parecía más tímida de lo que aparentaba a simple vista. No dudó en intentar incorporarse en alguna otra conversación, acercándose a Lluna para hablar tranquilamente.

El chico hizo un simple cumplido a la rubia a lo de causar sensación en el baile, a pesar de que ella intentó escurrir el bulto con otra afirmación que parecía tener más sentido. Desde que conocía a Lluna le había dicho que no era demasiado dada a hacer amigos, mucho menos con los chicos. Algo que le sorprendía a Axel, ya que entre ellos la amistad surgió de la nada y era una chica con la que mira, incluso creyó que sería la candidata perfecta para ir con ella al baile. Debía de ser muy tímida y se desinhibió con él con el estómago hecho trizas en la enfermería.

Zack, después de estar mirando bastante de cerca como Circe bailaba con lo que parecía ser su padre, decidió irse. No sabía que había de malo; Circe era una chica encantadora, aunque no debía de ser muy normal ver a una compañera de clase bailar con tu padre. A Axel se le haría tremendamente raro ver a Lluna bailar con su padre.

El chico apoyó la parte baja de su espalda a la mesa, observando a las dos chicas con las que se había quedado; dos Slytherin. Las miró a ambas, aunque se dirigió más a Lluna, a la iniciativa de que fuera ella la que eligiera lo que el tío y él tocaran. Como Axel se había dado cuenta de que Hannah entendía del tema, intentó introducirla para que eligiese junto a su amiga.

-Bueno Lluna, es tu fiesta, así que estás en la obligación de elegir lo mejor para el público… ¿Qué te apetece que toque con tu tío?-Preguntó el Ravenclaw.-No me he preparado nada, en realidad, aunque aproveché que lo llevé a Hogwarts para martirizar un poco a mi sala común y quitarme el polvo.-Le comentó tranquilamente.-¿Qué te gustaría? Por lo menos, una pista.

Lo cierto era es que así, sin haberse preparado nada, pues si le decían: “Eh, toca”, probablemente se pegase más tiempo eligiendo repertorio que tocando. Era un chico indeciso en cuanto a cuestiones tan simples se trata, ya que le gustaba que todo saliera bien. Además, se veía venir que tuviera que elegir él y no tener ni idea, sobre todo porque el tío podría excusarse diciéndole que él le acompañaba; por lo que no tendría buscar nada específico.

Hablando del tío de Lluna, de repente, montón de gente comenzó a salir del pasillo con cara de haber roto más de un jarrón de gran valor. Primero Zack, luego su padre, acompañado de Circe, su hermano y el propio Matt. ¿Qué narices habría pasado ahí dentro? La rubia Masbetch se acercó al grupo para despedirse con algo de prisa. Axel frunció el ceño.

-Me alegro de haberte visto. Nos vemos en Hogwarts.-Le guiñó un ojo en el minisegundo en que le prestó atención a Ravenclaw, la cual fue bastante poca pues parecía tener un petardo en el culo.

Después de eso, fue Matt el que se acercó a ellos. El Ravenclaw esbozó una sonrisa y miró a Lluna en el último momento cuando su tío ya se había ido.

-Tienes…-Miró al techo teatralmente, como si estuviera calculando el tiempo.-Tres minutos para decidir, en lo que nos preparamos.-Le metió presión, con un gesto juguetón. Miró a Hannah.-Ayúdala.-Le pidió, con un gesto amitoso.

Sin esperar ninguna respuesta, se dirigió a dónde estaba Matt, agachándose y quedándose de cuclillas para abrir la funda de su violín.

-¿Alguna preferencia?-Preguntó el Ravenclaw, sacando el violín y el arco.-Yo vine sin idea, le he pedido a Lluna que piense que le gustaría que tocáramos… aunque se ve que tiene tan poca idea como yo.-Añadió, apoyándose la barbada entre su hombro y su mandíbula. Pasó suavemente el arco por las cuerdas y, por oído, afinó aquellas cuerdas que creyó desafinadas.

El chico tenía algunas partituras en la parte de fuera de la funda, pero ni se acuerda de cuales eran. Prefería o partir de cero, o partir de alguna conocida o, directamente, ojeando las partituras de Matt.

-Esto está listo.-Informó a Matt medio ausente, ya que su mirada se había posado nuevamente en su amiga. Con el dedo índice, le hizo una señal divertida para que se acercara y dijera su veredicto.
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Lluna Forman el Vie Ene 23, 2015 12:00 am

Estaba tan bien poder hablar sobre Quiddicth en un tono divertido aunque con ciertas pullas entre Axel y Zack. El uno no era Slytherin y el otro ni siquiera está en el equipo. Yo no quería atacar a ninguno de los dos. Zack es alguien especial y me alegra mucho haberle encontrado de nuevo. Axel también es alguien especial, me ha ayudado mucho a abrirme al mundo. Y mírame, estoy dando una fiesta en la que hay más de cinco personas.

Finalmente la conversación sobre Quidditch dejó paso a la música. Axel y Matt aún tenían que interpretar ese gran dúo de violín y piano. Aunque mi tío estaba desparecido en combate. En lo que él aparecía, Hannah y Axel profundizaron en el tema de instrumentos y Zack se fue a buscar a su padre, que había desaparecido con Circe. Demasiados desaparecidos en esta fiesta. Me dio por reír al pensar en ello. El hermano atractivo de Circe tampoco estaba. Quizás están teniendo conversaciones de adultos y Circe luego nos pasa la información. Axel recordó entonces que había traído el violín como le dije, y me preguntaba que quería escuchar.

En un segundo apareció Circe arrastró con ella su hermano. Se acercó a despedirse de nosotros con mucha prisa y un tanto nerviosa y se fue, como también se fue el otro hombre. En ese momento Matt apareció en escena con el pelo algo trastocado. El muy coqueto habrá ido a mirarse el pelo. Se sirvió una copa y se acercó para hablar con Axel. También Matt tenía en mente lo del concierto. Matt se dirigió al piano sin hacer más comentarios. Se le veía afectado. Habrá bebido demasiado vino del que ha traído Apolo Masbecth. Axel me presionó para que eligiera una pieza en menos de tres minutos, y se acercó a donde estaba su piano, y Matt con el piano. Me quedé mirando a Hannah con los ojos muy abiertos.

- La idea de que toquen algo es mía. Ahora vuelvo, voy a … eso.

Señalé el lugar donde estaban Matt y Axel con sus instrumentos y fui hasta allí.   Axel estaba concentrado afinando las cuerdas y Matt distraído por algo que desde luego no era el piano. Lo estuvo afinando esta misma mañana.

- He pensado que sería bueno escuchar la sonata número 5 de Beethoven interpretada a la vez por piano y violín. Estamos en pleno invierno, pero la sonata primavera siempre alegra. - dije hablando directamente con Axel. - Matt suele tocarla, pero no puede tocar el piano y el violín a la vez. - sonreí emocionada. -  Después, si no es pedir mucho, un vals. Toda fiesta necesita un baile, ¿no? ¿Qué tal un vals?

Me daba la impresión de estar hablando con músicos expertos siendo yo una inexperta, pero seguro que Matt me ha entendido. No puedo pedirles algo de Ac Dc a violín y piano. En la fiesta hay más gente, un vals es agradable para cualquiera, y bonito para bailar. Me despedí de ellos con la mano y busqué a Zack con la mirada. Me debe un baile.

- Todo listo para disfrutar.

Le dije a Hannah al volver a su lado. Matt disfrutaba mucho tocando el piano y que lo observaran le creaba cierta tensión, en cambio hoy parecía más relajado que de costumbre aunque pensativo, o quizás distraído. Cuando todo esto acabe ya le preguntaré que ha pasado ahí dentro. Circe se ha marchado muy pronto, y sus hermanos también. Y la cara de Zack es un poema.
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Invitado el Dom Ene 25, 2015 8:07 pm

Buscando victima para venderle
Siendo arrastrado por mi hermano el idiota.
Yendome con los bolsillos vacios. Vaya suerte
Y una imagen bonita para combinar (?)


Era una verdadera pena. Una gran y lamentable pena, en realidad. Su  responsable y ejemplar hermano menor había descubierto su presencia. Justo cuando se estaba empezando a divertir atragantándose de canapes que se encontraban aquí y allá.  Había desistido en su intento de venderle drogas a la primera mujer a la que se le había acercado. Estaba tan ida de este mundo que no creía que necesitase ya su ayuda. Algún otro camello oportuno se le había adelantado. Maldito. Había tenido la misma idea que él. Que en un lugar tan repleto de personas dispuestas a malgastar su dinero seguro encontraría un comprador. El mundo de los camellos era muy duro y la competencia se encontraba en cada esquina. Una frase tristemente literal. Así que en ese instante, tras ver como su hermana menor se iba con un hombre tan anciano que seguro necesitaría algún tipo de… empujón para completar aquello que su hermana. Y estaba seguro de que era lo que se le pasaba por la cabeza a la hormonada mente de la rubia. Parecía que tenia la familia mas disfuncional de la faz de la tierra.

Le dio un trago a una copa que le pasaron. Vino. No le desagradaba del todo, era un poco afrutado y demasiado alta clase y él prefería cosas mas fuertes como… Absenta o un buen whisky de fuego. Algo al son del cual cantar alguna canción de borracho despechado. Pero bueno, al mal tiempo, mas canapés. Le dio otro trago mientras buscaba a su alrededor la siguiente victima con ojos expertos y abarrotaba su estomago de comida. Nunca se sabia cuando podría volver a comer tanto y tan gratis. Necesitaba a alguien aburrido. Probablemente joven, que tuviese un ligero bulto en uno de los bolsillos y que no fuese por una mano que escondia una erección. Necesitaba alguien con bolsas debajo de los ojos y, a ser posible, un incontrolable y ligero tic nervioso que lo delatase ante sus ojos expertos como un adicto. O también, necesitaba que su hermano lo soltara de la corbata. Había sido algo inmensamente sorprendido y verdaderamente atrevido de parte de su hermano, siempre tan preocupado de guardar las apariencias bien dobladas y planchadas dentro del closet... Si se entiende el doble significado.

- ¡Suelta que es mi única corbata!- le recrimina a su hermano que lo acaba de agarrar- Apolo, te acusare con nuestros padres. Y no los segui por ser un pez payaso, sino porque me lo pidieron – miente con total descaro. Como es bien sabido los drogadictos son excelentes a la hora de mentir.

Pataleó como un gato panza arriba, pero aún así no logró que su pedante y molesto hermano menor lo sacara de ahí. Una pena. Una verdadera pena. Justo cuando apenas empezaba a buscar victimas. Tendría que irse como había venido. Sin un centavo extra en los bolsillos. Ya se las pagaría ese mentecato que pensaba que solo por tener un nombre de dios era la gran cosa.
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