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TRAMA GLOBAL: Baile de Navidad II

Albus Dumbledore el Sáb Dic 20, 2014 9:44 am




La Navidad se acercaba un año más a Hogwarts, y todos los alumnos habían sido avisados para la celebración del baile de Navidad que tenía lugar cada año entre los muros del Castillo. Alumnos y profesores, ataviados con sus mejores galas, se agrupaban en el Gran Comedor, adornado especialmente para tal festividad. Luces tenues, un cielo abierto en el techo y nieve cayendo por todos los rincones que se desvanecía antes de tocar sus cabezas. La decoración había sido preparada minuciosamente para que todo fuera perfecto, con las mesas necesarias para que todos los alumnos pudieran compartir tal celebración al mismo tiempo que disfrutaban del baile en el que únicamente ellos eran los protagonistas.

El director, con su natural sonrisa iluminando el rostro pasó entre las mesas, aún vacías, esperando a que fuera la hora acordada. Cuando el sonido del reloj del campanario indicó que eran las nueve, alzó la varita haciendo que las puertas del Gran Comedor se abrieran de par en par, mostrando a los alumnos que esperaban en el hall de entrada la decoración Navideña donde pasarían la noche previa a su marcha a casa. Carraspeo para hacerse notar, a sabiendas que la mayor parte de los alumnos ya se había volteado para mirar el interior del Comedor y giró sobre sí mismo, pasando entre las mesas vacías y esperando a que los alumnos lo siguieran al interior de la estancia. Giró sobre sí mismo sin borrar la sonrisa del rostro. - Pasen, pasen, todo está listo para que comience la celebración. - Guiñó un ojo a un grupo de alumnos de primero que contemplaban ensimismados la decoración y subió hasta la platea donde, posteriormente, los músicos comenzarían a tocar.

- Que raro no veros con uniforme. - Bromeó el hombre, con su habitual tono ambiguo, dando la impresión de estar en su propio mundo. Escuchó a uno de los profesores toser, indicándole que no era manera de empezar un discurso, y no tardó en comenzar a hablar, aunque manteniendo el mismo todo. - Como cada año, la Navidad llega a Hogwarts, y con ella nuestro habitual baile. Las mesas están llenas de la cena que nuestros queridos Elfos nos han preparado para esta peculiar noche, y las bebidas están repartidas por toda la sala. Incluso tenemos nuestros particulares camareros para disfrutar de la velada. - Señaló hacia un rincón, donde un grupo de hombres rubios de trajes negros y pajarita no hicieron mueca alguna. - La pista de baile está lista para que todos disfrutéis de la noche y nuestra particular banda de música nos deleitará durante toda la noche. - Hizo una leve reverencia y se dispuso a bajar de la platea. - Y que comience el baile. - Y en dicho momento, la música comenzó a surgir de todos los rincones, inundando la sala y animando a los asistentes a bailar y disfrutar de la noche.


OFF ROL:
A partir de este momento queda libre la entrada para el baile y este permanecerá abierto hasta el día 20 de enero, dando un mes de margen a todos los personajes para rolear en esta zona.
A su vez, para facilitar las interacciones durante este post grupal, nos gustaría que al principio del post hicierais una breve especificación de con quién estáis y en que zona, para que todo usuario sepa si se está interaccionando con él y no existan problemas a la hora de pasar por alto el post de otra persona por no haber leído los posts de todos los asistentes. Aquí un ejemplo:

Spoiler:

Con Lord Voldemort en la pista de baile.

Texto del post.
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Leonardo Lezzo el Sáb Dic 20, 2014 12:14 pm

Esta era la última noche en Hogwarts este año, y se celebraba con un baile donde todo el mundo iba con sus atuendos más elegantes. A Leo no le gustaba especialmente la navidad, con sus villancicos y sus adornos de nieve. Lo que le gustaba era poder volver a Italia con su madre, y pasar unos días con ella. Tenía pocas novedades que contarle, pues le escribía casi diariamente. De momento estaba sacando buenas notas y se estaba esforzando al máximo para poder cumplir su sueño de trabajar como auror. Se levantó bastante motivado y con un humor excelente. En la sala común de Gryffindor todo eran chicas hablando de maquillaje, vestidos y chicos. Leo no tenía pareja para ir al baile. Esa era una tradición de toda la vida, igual que la de llevar ropa interior roja en Nochevieja. Tampoco le importaba lo más mínimo. En todas las fiestas de Hogwarts el chico lo pasaba bien. Se juntaba con amigos y amigas, comiendo más de la cuenta y bailando a su manera.

Su madre siempre era previsora, y le hizo comprar un traje nuevo este verano. Algo moderno. Su madre odiaba esas túnicas que más bien parecían vestidos, y dejó a Leo libre elección para elegir su ropa. El chico no tenía mucha idea, pues raras veces se vestía con tanta elegancia. Por eso no le resultaba tan diferente ponerse un disfraz o un traje. A media tarde los chicos de Gryffindor estaban en la sala común. Algunos ya estaban vestidos para el gran baile, y otros no. Leo era de los que no. En cambio, las chicas desfilaban por la sala común con vestidos largos y cortos, de vívidos colores y de formas diferentes. Los chicos daban su opinión con silbidos y aplausos a cada una de las chicas. Algunas salieron hacia la fiesta. Leo miró a sus amigos que querían ir bajando también. – Nos vemos abajo. – Subió a la habitación para ponerse el traje que estaba sobre su cama, sin arrugas ni manchas. Impoluto. Leo se vistió con cierta indiferencia y con rapidez. El traje era como todos. Leo miró la corbata, la sostuvo un rato entre sus manos y finalmente la tiró dentro de su baúl. La corbata siempre le causaba una molesta sensación de ahogo.

Nada más llegar al gran comedor pudo apreciar que las luces no eran tan brillantes como siempre. El decorado estaba perfecto, y algunas parejas ya bailaban en la pista. Con cierto aire de conformismo, Leo se acercó a la mesa donde estaba la comida. Cogió un vaso de cerveza de mantequilla y se quedó observando el ambiente.
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Arya Osborn el Sáb Dic 20, 2014 1:13 pm

Mesa de comidas con Leonardo Lezzo.

La mitad del curso se había pasado tan rápido como un suspiro, y de repente nos encontramos con que ya se acercaban las vacaciones y la Navidad. Había pasado unos buenos meses en Hogwarts, y tenía ganas de ir a casa y ver a mi familia, pero tampoco tenía prisa. Ahora lo que me tenía tanto emocionada como nerviosa era el baile de Navidad.

Era el primer año que me atrevía a ir. Mi naturaleza tímida y reservada siempre ha podido conmigo y hacía que no me atreviese a ponerme un vestido precioso ni maquillaje no un gran peinado como las demás chicas. Pero este año quiero que sea diferente, y me voy a atrever a hacer todo lo que hacen mis compañeras ara ser una alumna normal de este colegio. Quiero ponerme un vestido precioso y ponerme guapa y sentirme bien, aunque siga estando nerviosa. Pero si lo pienso, en realidad no hay ninguna razón para estar nerviosa. Era algo estúpido, así que antes de comenzar a arreglarme respiré profundamente y me miré al espejo con una sonrisa. Aquella noche me lo iba a pasar bien.

Les había encargado por carta a mis padres que me comprasen el vestido que yo quería. Se habían sorprendido mucho, pero mi madre había estado muy feliz de que yo por fin decidiese salir del caparazón que me había construido a mí misma para esconderme del mundo. El vestido no tardó nada en llegar, pues mi madre es genial comprando de todo y sabe perfectamente cual es mi talla, así que el vestido era maravilloso. Lo había tenido guardado en el fondo del baúl hasta aquel día, y cuando por fin lo saqué lo miré con un extraño brillo en los ojos. No podía esperar a ponérmelo.

No hice mucho caso a como se arreglaban las demás chicas, aunque sí que vi que estaban preciosas. Como siempre. Parte de mi nerviosismo a viene del hecho de que tengo miedo de no ser tan buena como ellas. Pero si no lo intento nunca lo conseguiré, ¿no?

Me puse el vestido, me peiné y me maquillé. Me miré al espejo antes de abandonar el dormitorio de las chicas de Hufflepuff. El vestido era corto, por lo que se podían apreciar mis piernas kilométricas, y era de color blanco y negro. Nadie nunca puede fallar con esos colores, y quedaba perfecto para un baile de Navidad que iba a tener un decorado de invierno. El vestido era de palabra de honor, así que se veía mi tatuaje. Era curioso cómo contrastaba mi personalidad en verano, cuando era mucho más atrevida, con la actitud que tenía aquí.

Me puse unos tacones negros, y el pelo lo llevé suelto y ondulado. Me puse un poco de maquillaje, suficiente para resaltar mi mirada, y labios rojos. Todo parecía estar bien, y espero que los que me vean opinen lo mismo. No voy con pareja, pero espero encontrarme con alguien en el baile, y quiero que me vean bien. Por fin salí del dormitorio y de la sala común y me dirigí al Gran Comedor para asistir al baile.

Nada más entrar me quedé mirando fascinada el decorado. No me puedo creer que me haya perdido los demás bailes aposta. El Gran Comedor estaba precioso, como si fuese la morada de una reina del invierno. Todo parecía estar hecho con hielo (o a lo mejor lo era, y la magia hacia que no se deshiciese y mantenía la temperatura estable para que no nos congelásemos). Sonaba una bonita música, y yo quería bailar y bailar. Sonreí mientras movía la cabeza un poco al son de la música, pero no me puse a bailar pues no tenía pareja y no quería parecer tonta y pasar vergüenza. Había gente allí ya, pero no veía ninguna cara conocida, y al no tener nada que hacer por el momento decidí irme a la mesa donde estaban las comidas y bebidas. Tenían pasteleros de todo tipo, y me comí uno pequeñito que estaba muy rico. Vi entonces que allí había un chico que estaba sólo. No le conocía muy bien, pero si que le reconocí de haberle visto por los pasillos. Es un Gryffindor muy guapo que está un par de cursos por encima de mí. Intentando evitar ruborizarme como hacía siempre que había alguien a quién no conocía bien cerca de mí (y más si era un chico guapo) intenté centrarme en los pastelitos.

Vestido:
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Invitado el Sáb Dic 20, 2014 5:39 pm

En pareja con Ruben Hansfeel
Entrada al Gran Comedor.

El día corría tranquilo dejando que las horas pasen sin preocupación, contrario a las emociones de Joahnne quien daba vueltas por la habitación. Esperaba esto desde el comienzo del curso, todos los bailes de navidad eran únicos y no esperaba más que esto. Autenticidad en una amplia expresión unida a la diversión. No utilizaba tal fecha para mostrar belleza o hablar de otras cosillas como la moda o el maquillaje, solo quería apreciar la decoración y la unión de las casas. No siempre se observaba a simple vista las relaciones, en esto se veía como un Ravenclaw podría bailar con un Hufflepuff o un Slytherin con un Gryffindor (como ocurrió una vez).  Todos se empecinan en bailar a la par de la canción que toca la orquesta, encargada por alumnos de Hogwarts y el profesor Filius Flitwick, o la banda contratada para tal acontecimiento. En esta oportunidad no iría sola, había decidido invitar a un amigo de su propia casa para pasar la noche.

No hay que pensar para mal, era una relación de amistad de hace varios años para no decir que desde que se pisó el castillo ocurrió. Las cartas entre los jóvenes corrieron en los días en cuanto a la pelirroja se le entregó la invitación al baile. La emoción que emanaba ella seguramente abrumo al Gryffindor aceptando tal opción, pues la pelirroja era bastante pesada cuando quería algo. No quería confiarse de aquello, debería tener una segunda opción puesto que Rubén muchas veces estuvo ligado con otras chicas. Tal vez le apetecía invitar a otra amiga antes que su mejor amiga, claramente Joahnne se enfadaría con él por no tenerle en cuenta. Solo en los primeros minutos, horas pero luego se las arreglaría. Igualmente, este acepto sin rechistar alegando que no iría con otra. “Espero que no le haya tomado una decisión difícil. Tal vez quería estar con otra chica.” Pensó cuando recibió la carta, sin embargo, pudo dejar aquella idea en otro lado de su mente.

Una carta, a continuación, dirigía a su madrina no fue más que el detonante para un regalo apresurado. La mujer junto a su hermana, su madre, tomaron la decisión de comprar un vestido diseñado a medida para la  ocasión. Cuando la pelirroja lo recibió no fue esperar más que segundas para agradecerles y a la vez para que no tomaran aquellas opciones de no preguntar. Sentía que debía algo por todo aquello, muchas veces se apenaba por los costos que hacía provocar. Para ella, conocía muy que las mentes de las dos hermanas era imposible de frenar pero intentarlo no costaba nada. Lo ocultó en su armario para que nadie husmeara que era lo que llevaría, quería que fuese sorpresa.

***

Faltaban minutos para que Dumbledore permitiese la entrada. Las mujeres con largos y cortos vestidos, dando pequeñas vueltas en el lugar para mostrárselo a sus amigas. Leonardo se veía a lo lejos esperando para entrar, ese chico lo había encontrado en frente de los trofeos. Le molestaba no haberlo conocido con anterioridad, ya que este se iría a finalizar el año. Por otro lado, Rubén la esperaría en la entrada para poder acceder juntos al Gran Comedor, la muchacha tenía que bajar desde la torre de Gryffindor hasta la planta baja. Pidió, Joahnne, que no bajasen juntos. Quería pasar tiempo con las chicas del dormitorio, antes de que estas se perdieran en la noche. Su vestido azul marino acariciaba las piernas que se elevaban por los tacones, su recogido no fue más sencillo. No deseaba perder tiempo, seguiría siendo ella solamente con vestido. Nada del otro mundo.

Tomó una bocanada de aire, en el comienzo de la escalera dispuesta a bajar. Sonrió al ver al chico esperándola, agitó su mano delicadamente como saludo. No podía correr y tirarse sobre él como siempre lo hacía. Al llegar le abrazó y le dio un beso en la mejilla. -¿Y cómo me veo?- da una pequeña vuelta imitando a una Slytherin que había ello aquello anteriormente. - Tú te encuentras muy guapo.- mencionó examinándolo.

Siempre me olvido de esto.:



Última edición por Joahnne Herondale el Dom Dic 21, 2014 3:40 am, editado 1 vez
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Invitado el Sáb Dic 20, 2014 9:47 pm

Suspiró con aburrimiento, sentada frente al espejo de su cuarto. La verdad no le provocaba nada ir. El gran comedor lleno de gente que reían y hablaban e intentaban socializar con ella. Sangre sucias, mestizos que parecían creer que ella tenia algún interés por ellos. Se quito un mechón de pelo del rostro. Era imposible hacer cualquier cosa con su pelo. Apostaba que todas las chicas del sitio irían con los mas complicados peinados. Trenzas por aquí, pelos recogidos por allá y ella estaba atorada con los crespos mas adorables de todo el colegio.

Se levantó, casi a regañadientes, sabiendo lo que le haría Circe si llegaba tarde. Había evitado por todos los medios salvarse. Alegando trabajos, aburrición, que Chuck estaba enfermo, que no tenia pareja. Lo que ella no sabia, es que en realidad sí que tenia pareja. Circe había tenido la brillante idea de pedirle que dejara una nota sobre la almohada de un chico y ella, en medio de su inocencia, lo había hecho. Sin saber que era su propia perdición.  Si lo hubiese sabido seguramente la hubiese incendiado o se la hubiese tragado. Cualquier cosa menos ir acompañada al baile y no tener excusa para irse temprano. Miró todo lo que había allí para cubrir sus hombros desnudos y engañar a las corrientes de aire frio que abundaban en el castillo. Pero la verdad no le provocaba nada. Tal vez si le decía a Circe que sentía frio la dejase subir y meterse en su cama, olvidándose de todo lo que sucedía en el inmenso comedor. Aunque era una esperanza vacía. Se acomodó la varita en sus medias. Uno nunca sabia cuando podía utilizarla. Estaba escondida bajo los pliegues de su vestido y nadie la vería.

Salió de su cuarto y atravesó la Sala Común sin dedicarle una mirada a ninguna de las personas que abundaban en esta, charlando y mostrando los vestidos que tanto esfuerzo les había costado escoger. Tal como había adivinado, hacia frio. Estaban en las mazmorras, como no iba a hacer frio se dijo a si misma, castigándose por semejante tontería de pensamiento. Sí, llevaba tacones. No era extraña a aquel tipo de zapatos, pero no eran su vestimenta favorita. No podía llegar tarde, se repitió. Sin embargo, la gente había decidido que el mejor lugar para charlar era la entrada, y salida, de la sala común. Un enorme cumulo de estúpidos estudiantes se encontraba frente a ella, tapando su única salida.. Al menos podía martillear el piso con la punta de sus zapatos en un gesto de clara impaciencia. Pasaron cinco minutos, luego otros cinco y cuando a esos se le sumaron dos, Robin se dio por vencida y abandonó los pocos buenos modales que le quedaban. Empujó al primero y aquello causo un efecto domino que le permitió abrirse paso entre la estúpida multitud. ¿Qué desgracia había hecho en su vida pasada para merecer aquella casa? Salió de allí sin mas, acompañada por los gritos de indignación de los demás alumnos, y subió hasta el Gran Comedor.

Si en su Sala Común había mucha gente, aquello era una marejada. Mujeres en vestidos largos, hombres con pajaritas. Mucha gente. Robin hizo una mueca en el interior de su cuerpo ¿Por qué le había hecho caso a Circe? Ya se lo pagaría. La próxima vez, ella gastaría la broma. Ninguna cabeza se giró, y Robin lo prefirió así. No le gustaba que la gente notara su presencia, prefería trabajar desde las sombras… O en este caso, esperar. Se encamino hacia una de las mesas, escuchando las palabras del detestable barbudo acallar el incesante chismorreo de las demás personas. No encontraba a Circe en ningún lado y su pareja parecía haberse olvidado de su existencia. Le dio un mordisco a una galleta de jengibre, desganada, esperando ser encontrada como alguna princesa de un cuento de hadas.

vestido, porque con el pelo no se pudo hacer nada:
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Ian Howells el Sáb Dic 20, 2014 11:01 pm

La chaqueta para gente demasiado seria. El chaleco para gente demasiado estirada. Estaba claro que Ian no era ni serio ni estirado, más bien un muchacho cuyo pasotismo suele resaltar más que nada en su forma de vestir. Vestirse de etiqueta para un baile no era lo suyo, por lo que optó por unos elegantes pero divertidos pantalones de cuadro, una camisa del mismo color pero distinto tono lila junto con los accesorios de unos tirantes, unos zapatos y una pajarita negra. Iba sencillísimo, pero él no necesitaba más para pasárselo en grande, cosa que tenía claro que iba a pasar.

En un principio pensaba ir sin pareja; los años anteriores, si mal no recordaba, había ido siempre con pareja, incluso en primer año, pero aquello no le parecía algo realmente relevante. Siempre se las arreglaba para encontrar a alguien o en el último momento o por casualidad. En cierta ocasión incluso encontró pareja justo antes de entrar al baile, preguntándole a una Slytherin que se encontró por las escaleras por el camino al gran comedor. Sin embargo, este año había sido distinto y había conseguido pareja, contra todo pronóstico, casi una semana antes. Aquel increíble suceso ocurrió en la sala común de Slytherin un día totalmente irrelevante…

*

Flashback del momento:

La luz de las velas iluminaba la oscura sala en un día sombrío y nublado… (dato totalmente irrelevante, pues daba igual qué día hiciera, ya que en las mazmorras siempre estaba todo totalmente oscuro). Las personas, carentes de ganas de estudiar, poseían un gesto cansado a aquellas horas de la noche después de la cena. Una mirada decaída… una pose curvada, un andar arrastrando los pies con pesar… Había silencio, un silencio casi sepulcral para ser un nido de serpientes, más las quejas de lo más débiles resonaban por los alrededores: “no quiero dormir, me da pereza subir las escaleras…”, “no quiero terminar la redacción de nueve mil quinientas cincuenta y dos palabras para Defensa contra las Artes Oscuras”, “me pica el dedo del pie…”

Ian ignoró cada queja y cada ruido y entró por la sala común ojeando un libro de herbología, ya que venía de una tutoría con el profesor. Cuando fue a subir las escaleras para ir a su cuarto, se encontró bajando a Circe. En un principio, sólo iba a despedirse con un guiño, pero algo le hizo pararse. Algo raro de ver; algo que Ian interpretó como una señal. Y nunca hay que ignorar a las señales.

Al ver los calcetines de la chica por la pantorrilla con esos pantalones cortos, hizo que se parase al lado de ella en medio de la escalera.

-Eh, ¿tienes pareja para el baile?-Preguntó el chico.

-Pos no.-Se encogió de hombros la chica.

-Ah, pos vamos juntos.

-Pos oc.-Respondió la rubia, continuando con su camino.

Ian colocó un gesto de aprobación en su rostro y, tras mirarle descaradamente el trasero, prosiguió con su camino hacia su habitación.

Fin del flashback (lo del trasero era arto importante y la descripción del principio también para darle emoción a la interesantísima conversación entre ambos).

*

Una vez terminó de meditar frente al espejo el sí llevar gorra o no, finalmente se decantó por la negativa. A sus amigos le parecía buena idea, por lo que eso era directamente que era una mala idea. Si más de dos hombres coinciden en un consejo de moda… definitivamente era uno malo.

No tardó mucho más en salir de su sala común. No se le apetecía esperar a Circe allí, pues estaba lleno de gente de un lado para otro, por lo que prefirió salir y subir hasta el Hall, para poder ver cómo estaba el ambiente. La esperaría en la entrada. Observó apoyado en una pared como bastante gente se encaminaba al interior, parándose encarecidamente en ciertos traseros femeninos que se realzaban con esos trajes.

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Zachary S. Dankworth el Sáb Dic 20, 2014 11:22 pm

Al principio no sabía si iba a asistir al baile de Navidad que se iba a celebrar en Hogwarts el día antes del comienzo de las vacaciones, pero finalmente sí que decidí ir. Tenía pensado en un principio ir sólo y encontrar a alguien por allí con quién pasar un buen rato, pero la oportunidad de ir con una hermosa pareja al baile se me presentó una noche de repente. Desde nuestra pequeña aventura en el Bosque Prohibido, Natalie y yo habíamos estado pasando mucho más tiempo juntos que en los últimos siete años, y nos habíamos hecho buenos amigos. Apreciaba y disfrutaba mucho de su compañía, incluso aunque no estuviésemos haciendo nada, y una noche cualquiera nos hallábamos en la Sala Común de Slytherin sentados en uno de los sofás delante de la chimenea. Hacia frío, así que nos habíamos bajado una manta de los dormitorios y nos la habíamos echado por encima para mantenernos más calientes de lo que ya nos mantenía el fuego de la chimenea, y nos pusimos a leer unos libros tranquilamente. No sé qué leía ella, pero yo me entretenía con un libro de pociones que había sacado de la Sección Prohibida con un permiso especial y lo examinaba con atención, interesado por su contenido peligroso. Estábamos ajenos a lo que ocurría a nuestro alrededor, a pesar de que la Sala Común estaba particularmente abarrotada aquella noche, pero fue difícil ignorar el grito que pegó una chica sobre algo del baile de Navidad. Creo que estaba teniendo problemas con su vestido. Aquello no me importaba, así que la ignoré, pero entonces de me iluminó la bombilla de la cabeza y miré a Natalie con curiosidad. Parecía obvio que una chica como ella ya tendría pareja para ir al baile (o al menos diez, los chicos se pelearían por ella) pero aún así pregunté si tenía pareja. Para mi gran sorpresa me contestó que no, por lo que yo la pregunté entonces que si quería ir conmigo. Sonreí cuando aceptó, y desde ese momento ir a la fiesta parecía mucho más interesante. Al menos estaba yendo con alguien con quien me gustaba estar, así que lo pasaría bien sin dudarlo.

Yo llegué primero a la entrada del Gran Comedor. Varias personas ya habían entrado al baile y estaba en la pista o en las mesas, y otros esperaban en la entrada a sus parejas. Algunos chicos de habían quedado en la Sala Común esperando a que terminaran de vestirse y arreglarse las chicas y saliesen de los dormitorios, y otros habíamos decidir ir directamente a la entrada del Gran Comedor y esperar pacientemente al pie de las escaleras. Yo miraba a la gente ir y venir mientras esperaba a que Natalie apareciese viniendo de las mazmorras. Le eché un rápido vistazo al interior del Gran Comedor para ver como estaba decorado. Estaba precioso, con nieve cayendo del techo, estatuas de hielo, y todo en blanco.

Mientras esperaba vi por allí algunas caras conocidas, entre ellas las de mi amigo Ian. Parecía estar él también esperando a alguien, y me pregunté quién sería su pareja en el baile, pues por lo que tengo entendido no tenía novia. Pero yo tampoco, y tengo pareja, así que puede ser cualquiera. Cuando nuestras miradas entraron en contacto le saludé con un gesto de la cabeza, pero me mantuve en el sitio donde estaba esperando; ya tendría tiempo de hablar con él más tarde, quizás.

No me había costado mucho arreglarme para la fiesta. Normalmente a estos eventos se suelen llevar las túnicas de gala que recomienda el colegio, aunque muchos prefieren optar por un atuendo más moderno, como trajes negros normales. Una forma de vestir era muy anticuada y la otra era demasiado moderna para un baile de Navidad de a Hogwarts, así que al final opté por llevar un frac negro. Elegante, pero no excesivo.

Esperé allí mientras seguía viendo a las parejas llegar y entrar a bailar. Todavía era pronto.


Atuendo.:
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Invitado el Dom Dic 21, 2014 2:57 am

En pareja con Joahnne Herondale
Entrada al gran salón para el baile.



Por fin el gran día del baile había llegado, tras la constante mensajería con Joahnne el joven de cabello castaño por fin pudo acordar un año de poder ir junto a su mejor amiga. Los años anteriores siempre se le habían adelantado y le habían propuesto otras chicas antes que ella, Rubén al no ser descortés siempre terminaba aceptando con la primera chica que se lo propusiese y esto no le daba nunca oportunidad de invitar a quien el quisiese.

El día ya había comenzado y la lechuza de la madre del chico aún no se aparecía, como cada año el chico dependía del atuendo que su madre le enviaba para el baile navideño. “¿Deberé ponerme el mismo del año pasado?” Pensaba mientras se miraba al espejo tratando de descubrir si no había crecido mucho como para que le entrase el mismo atuendo que el año pasado. Obviamente eso no sería posible, Rubén crecía más y más cada año, era imposible que el pequeño atuendo de poliéster del año pasado le entrase de una forma que lo hiciese ver bien. Sin embargo su preocupación desapareció cuando vio  entrar la blanca lechuza de su madre con un paquete adjunto de una carta. –Dios, Cherwie… pensé que no llegarías más-  Le menciono a la lechuza mientras le acariciaba su cabeza. Esta se posó a los pies de la cama mientras el leía la carta de su madre.

“Rubén, lamento la demora no encontraba nada que pudiese quedarte bien, no puedo imaginarte vistiendo cualquier cosa para el hermoso baile de navidad, aún recuerdo cuando me pasaba horas arreglándome solo para esa noche, jaja pero eso no importa. Prueba lo que te mande, es algo diferente a lo de los otros años, pero estoy segura que te vendrá como si hubiese sido hecho para ti.

-Un beso, mama.”


Vestimenta:

Un elegante esmoquin beige se encontraba envuelto dentro del paquete que Cherwie traía, acostumbrado a los trajes negros que solía usar cada año esto era completamente diferente, pero el muchacho confiaba en el instinto de su madre así que no dudo en utilizarlo. “Espero no mancharlo…” Pensaba viendo el claro tono del traje, pero que importaba realmente. No era un traje que utilizaría mucho más luego de esta noche, así que debería de sacarle el mayor provecho.

La noche llego y Dumbledore estaba a minutos de dar comienzo al baile, el muchacho yacía de pie junto a la puerta a la espera de su compañera. Esta apareció frente a el en la cima de las escaleras, vistiendo un elegante vestido azul camino hacia el. –Wuoo…- exclamo Rubén anonadado ante la apariencia de Joahnne. –Te ves preciosa… digo… amm.. te queda muy bien… si eso jaja…- Musitaba entre risas nerviosa con el rostro un tanto sonrojado ante la hermosura de la chica. -¿Entramos?- Le dijo a la muchacha mientras le ofrecía su brazo para acompañarle a entrar a la sala.
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Invitado el Dom Dic 21, 2014 3:56 am

En pareja con Ruben Hansfeel
Pista de baile.

El mármol de la pared se encontraba frio al tacto de la mano pálida, el nerviosismo se veía en el pequeño movimiento que hacían los dedos. Tanteaba un apoyo para no desmayarse en algún momento como una tonta damisela en apuros, en los años que habitaba Hogwarts nunca se había animado a un vestido con tal escote. Sus pechos se apretaban y se hacía una deliciosa curvatura aunque, claramente, lo que más amaba eran los tirantes de este azul marino. Dos de cada lado, uno caído delicadamente rozándose de la tersa piel y el otro ajustando sus hombros junto al torso. Le quedaba perfecto al cuerpo, la cintura no era más que unos puntos extras para tal hermosura de prenda. Se merecía varios cumplidos el que diseñó tal cosa.

Al llegar hasta aquel muchacho se emocionó y entendió que no era más que mera diversión, no importaría nada de lo que el resto pensara. Como muchas veces que se escuchaban rumores en los  pasillos, ocurriría lo mismo aquí y, como tantas otras veces, ella los ignoraría. Simplemente debía agradecer de tener a su mejor amigo aguantándole sus tratos, sus malos tratos. El traje de aquel se pegaba apropiadamente en cada recoveco de su cuerpo, el tono de este era una combinación de blanco y beige tanto que no se definía más que un color pastel. Joahnne no sabía tanto de eso así que le valió aunque prestó atención al chaleco ocre metalizado, algo que nunca le había visto a Rubén. Los años anteriores ninguno de los dos coincidió para reunirse en tal baile, sin embargo, había notado que su vestimenta de gala siempre era un traje negro y las corbatas o camisas cambiaban. En este caso, su madre se había arriesgado. Sí, la pelirroja se mantenía al tanto de varias cosas. Consiguió conocer a la mujer varias veces pero no era nada por lo cual perder los estribos, eran amigos y nada más aunque la madre una que otra bromilla de estar juntos tiraba.

Tomó la mano del chico, entrecruzó los dedos con este para sentirse segura. Hacía tanto que no usaba tacones de aquel estilo que ya se veía cayéndose de cara. –Creo que me caeré en cualquier momento si no recuerdo cómo usarlos.- su caminar parecía seguro, no era un andar patoso pero la sensación le carcomía su mente. –me parece que estará bien bailar esto. Me encanta la orquesta.- comentó mientras pasaba por el umbral en donde las puertas se encontraban abiertas de par en par. La decoración era fresca, navideña y blanca. El techo encantado para que nieve cayese de su máxima altura y las paredes parecían mármoles cubiertos de hielo. Tal vez llegaría a algún extremo para pegar la lengua en tal heladera y sacarse una foto titulada “Como ser idiota en cinco segundos.” Y abajo encontrarse un subtítulo “Mola demasiado esto aunque parezcas retrasada.” Joahnne sabía que en algún momento de la noche lo haría y no le molestaría que muchos le mirasen extraños. Ya sería otro año más haciéndose la tonta.

Se acurrucó un tanto en el brazo de Rubén, la cabeza con largos cabellos rojizos descansando en el hombro ajeno, le movió a uno de los lados para que le mirase así platicar. Al tener la mirada unida sintió un tanto de incomodidad, no siempre se encontraban tan pegados. Últimamente el chico se sonrojaba y decía "frases erradas" como había titulado Joahnne, esto no hacía más que las dudas se encontrasen con la chica. -¡Bailemos!- gritó emocionada para dejar aquello de lado, faltaba que rodara los ojos para ella misma por tal acción, no podía pensar en tales opciones. Vamos, los chicos habían sido amigos desde hace más de seis años como para incomodarse por tal sandez. Ya en la pista pidió que la mano masculina estuviese en la cintura femenina, el profesor entonaba la canción que la niña ansiaba escuchar desde hace días.
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Invitado el Dom Dic 21, 2014 4:23 am

En pareja con Joahnne Herondale
Pista de Baile

Los jóvenes tomados del brazo empezaron a  hacer ingreso al gran salón, adornado respectivamente a la ocasión. El techo encantado dejaba caer pequeños y mágicos copos de nieve mientras las parejas hacían ingreso al lugar. No importaba las veces que vieran esto, siempre era hermoso para la vista, en especial para los de primero quienes eran los más sorprendidos. El silencio invadió el lugar cuando el director Albus Dumbledore comenzó a decir sus palabras y deseos navideños hacia los estudiantes. Cuando este callo, un fuerte aplauso se escuchó mientras la orquesta comenzaba a tocar la primera pieza de la noche.

-¡Bailemos!- dijo emocionada y nerviosa Joahnne mirando entusiasmada al joven. –¡¿Pe-Pero ya?! ¿Segura no quieres tomar algo primero?- Le respondió Rubén nervioso por que no recordaba bien como bailar, no era algo que solía hacer mucho. Por lo general los años anteriores se limitaba a juntarse en los grupos y molestar con sus amigos, aunque siempre terminaba bailando con su pareja ya que no podía escapar para siempre.  Arrastrado hacia la pista de baile llevado por la mano de su pareja no le quedo más que aceptar.  –Vale, vale, pero no llores si te piso- Dijo desafiante ante el reto al ver el deseo de bailar en los ojos de Joahnne.

Con una mano en su cintura y la otra tomando la mano de ella, los muchachos comenzaron a danzar al son de la orquesta. Era apenas la primera canción y parecía que los chicos querían ser los anfitriones que dieran comienzo al baile, estos rodeados por sus compañeros de las demás casas y los profesores se perdían en el compás de la música. “No lo arruines Rubius” Se dijo a sí mismo en su mente mientras miraba sus pies tratando de no colisionar con Joahnne. El baile comenzó a ser más fluido y ya no parecía un movimiento forzado y recordado, el muchacho ya empezaba a disfrutar cada movimiento que hacía, pero no se daba cuenta que la única razón de esto era que su compañera de baile esta vez era la indicada. -Mi cuerpo ya recuerda- Le exclamo a Joahnne mientras la tomaba de la cintura apegándola mucho más a él. -No te quedes atrás zanahoria- Le dijo con una sonrisa mientras giraba con ella. La noche era joven y el baile estaba recién comenzando.
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Circe A. Masbecth el Dom Dic 21, 2014 10:36 am

Pista de Baile.
Con Ian Howells.

La idea de acudir al baile de Navidad era, por regla general, una idea que tendía a apasionar a la rubia. Adoraba llevar vestidos que en otras ocasiones no podía usar y pasar la noche en buena compañía. Pero aquel año, había sido muy diferente. Desde que el curso había dado comienzo había pensado seriamente si acudiría aquel año a la fiesta de Navidad, pues tendía a ir con alumnos cursos superiores al suyo que este año ya no se encontraban en el Castillo, y la idea de ir con alguien de séptimo aún no le llamaba la atención, pues aún no había encontrados más de dos neuronas útiles en el cerebro de alguno de los alumnos de séptimo. La opción de ir con Robin parecía la mejor de todas, pero pocos minutos antes  de mandarle la carta a la chica para comentarle si iban juntas, se topó con Ian en las escaleras. Sin si quiera darse cuenta de cómo narices había sucedido, le había dicho que sí a ir con él. No es que Ian y Circe se llevara mal, más bien todo lo contrario, pero ambos mantenían cierta distancia en ocasiones como aquellas. La mera idea de que alguien pudiera relacionar que fueran juntos significaba que tiempo atrás habían tenido algo, hacía que se le retorciera el estómago, pero esta vez ni si quiera lo había pensado al decirle que sí.

Para no desaprovechar el pergamino que iba a usar para mandar la carta a Robin, decidió partir este en tres y mandar diferentes cartas. La primera a la propia Robin, pidiéndole ir juntas como buenas amigas y, que a su vez, le entregara otra carta a uno de sus compañeros con el compromiso de no abrirla. Confiaba tanto en Robin que no dudó a la hora de entregarle esa carta a sabiendas que no se plantearía ni abrirla, y por eso su segunda carta le había llegado a Luke. No quería que Robin fuera sola al baile, y conociendo cómo era, estaba convencida que no tenía intenciones de ir; además, Luke era bastante mono, sangre limpia y compartían casa (bueno, ser Hufflepuff no era precisamente algo bueno para muchos), así que esa carta había sido algo bueno a sus ojos. En cambio, la tercera de sus cartas había sido todo lo contrario. ¿Qué mejor que ser humillada por tu pareja cuando esta te deja tirada para ir con otra persona? Pocas cosas, y por eso mismo le había mandado una lechuza a Danny haciéndose pasar por el novio de Rhea cuyo nombre nunca recordaba. Y ahora, la idea de ir al baile, parecía mucho más divertida.

Acabó de colocarse el pelo con cuidado sobre el hombro izquierdo y bajó las escaleras hasta la Sala Común con los tacones en la mano, donde acabó de ponérselos mientras la gente corría por no llegar tarde a la celebración. Negó con la cabeza mientras ataba la última tira de los zapatos y alzó la vista cuando vio una figura trajeada frente a ella. – Es tu última oportunidad para decirme que sí o me buscaré otra pareja. – Circe alzó ambas cejas al encontrarse a un alumno de cuarto curso que llevaba sus cuatro años en el castillo tras ella. – Quedan quince minutos para que empiece el baile, lo que deberías hacer es dejar de ser tan pesado y buscarte una pareja de verdad. – Afirmó la rubia bajando el pie al acabar de colocarse el zapato. Se levantó de la silla y siguió su camino hacia la salida. - ¿Al menos me guardarás un baile? – La voz del chico sonó en un susurro, pero no obtuvo respuesta alguna, pues Circe ya iba rumbo al piso superior donde había quedado con Ian.

- ¿Pajarita? ¿En serio? Parece que te has escapado del circo de los horrores. – Afirmó la rubia al ver a Ian y mirarle de arriba abajo. – Al menos estás bueno, sino me plantearía cambiar de pareja ahora mismo. – Añadió dibujando una sonrisa indiferente a todo. Lo cierto es que Ian estaba bien, para que negarlo. - ¿Vamos? – Y dicho esto, ambos entraron hacia el Gran Comedor, cuyas puertas no habían tardado demasiado en abrirse, mostrando la decoración navideña que sustituía el lugar en el que comían cada día, haciendo que pareciera un lugar totalmente diferente.

Nada más entrar vio a Robin a lo lejos, y por el momento seguía sola. Tomó la mano de Ian como si nada y le obligó a ir hasta la pista de baile, lejos de donde se encontraba su amiga. Escucharon sin demasiada atención el discurso dado por el director, soltando algún que otro comentario mientras este hablaba y, cuando la música comenzó a sonar, Circe se giró para quedar frente a su amigo. – Normas de la noche. – Exageró una sonrisa. – Uno, no hagas el ridículo. – Eso era inevitable siendo Ian. -  Dos, si un tío que esté más bueno que tú me pide bailar, te jodes y te quedas solo. Eso sí, como te pongas a bailar con otra y me dejes sola, será lo último que hagas en tu miserable vida. Y tres, estoy a otro nivel, así que ni te plantees la opción de que entre tú y yo pase jamás algo. – Hizo una breve pausa. - ¿Entendido, Howells?

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Natalie Corvin el Dom Dic 21, 2014 11:36 am

Zack Dankworth
Pista de baile

Desde que estaba en primero había conseguido siempre tener pareja para el baile, ya que siempre me lo terminaban pidiendo. Nunca había sido especialmente importante para mí, ya que solía ir casi siempre con amigos y nunca con esa persona con la que tener tu baile de novios. La verdad es que esa manera de ver el baile no solía ser la mía. Este año no había sido muy distinto y, durante una tranquila lectura en los sillones de la sala común junto a Zack, me dijo de ir juntos. Actualmente es uno de mis mejores amigos, por lo que no dudé ni un minuto en aceptar su proposición. Prefería ir con él antes que con cualquier otro; al fin y al cabo habíamos pasado bastante tiempo junto últimamente.
Llegado el día, mi hermano me había mandado un traje, elegante a la par de atractivo. Al ser un regalo de mi hermano era un traje en el que no había cabida a la sensualidad, por lo que era un vestido sencillo. Opté por un peinado igual de simple.
Termino de colocarme los pendientes y la pulsera sentada en mi cama y, tras echarme un último vistazo en el espejo, bajo de mi habitación a la sala común. Veo a muchísimas chicas ayudándose entre sí a atarse los lazos o ayudándose en los aparatosos y complicados peinados que habían decidido llevar con su traje. Yo siempre me había decantado por los peinados más sencillos o dejar el pelo totalmente natural. Además de que peinar toda mi melena de león africano no era fácil y muy pocas veces me tomaba la complicación de hacerlo.
Salgo de la sala común, notando como suenan mis tacones, altos y finos de color negro, sintiendo la mirada no sólo de algunos chicos, sino incluso de algunas chicas mientras caminaba. Apenas saludo a nadie, ya que la gran mayoría de las  personas con las que me cruzo son de cursos mucho más inferiores que el mío y, por regla general, apenas tengo contacto con ellos. Espero ver a mis amigas en el Gran Comedor y no complicarme con relaciones que no me llevarán a ningún sitio.
Subo las escaleras y mi mirada no tarda en divisar a Zack, trajeado con un elegante frac. Camino hacia él, saludando a las personas que me encuentro por el camino y que me saludan, la mayoría de mi casa, pacientes por sus parejas.
Cuando llego delante de Zack, lo miro de arriba abajo, con una sonrisa.
-Siempre he dicho que los hombres ganáis en uniforme, pero lo reitero, en traje estáis mucho mejor.-Le digo, curvando esa misma sonrisa para darle un beso en la mejilla como saludo.
Entonces en el interior escucho a Dumbledore dando por comenzado el baile, es decir, que ha terminado de decir su discurso anual y no he tenido que soportarlo. Observo el interior y una sensación, quizás de pérdida y emoción me recorre. Al fin  y al cabo, va a ser la última vez que vea esto, pues me graduaré este año. Y para muchos Hogwarts puede haber sido una etapa que desean acabar, pero a mí me ha encantado y se me hace inconcebible la idea de tener que volver a casa y terminar mis estudios aquí. Inconcebible e insoportable. Espero que mi hermano me adopte en su mansión de lujo.
-¿Entonces me sacas a bailar? Hay que celebrar que no hemos tenido que soportar la cansina voz del director.-Alzo mi mano y la pongo delante de él en alto, pidiendo la suya en un travieso gesto.-¿Te has dado cuenta de que es el último año que vendremos a un baile de navidad?-Le pregunto a la par que entramos.

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Última edición por Natalie Corvin el Dom Dic 21, 2014 6:49 pm, editado 1 vez
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Invitado el Dom Dic 21, 2014 11:53 am

Sola
Cerca de la puerta del Comedor

Estaba acostumbrada a este tipo de bailes ya que mi tío los hacía cada momento en casa, el porte y la elegancia eran un gran acompañante en esas situaciones. Algunos bailes son divertidos porque disimuladamente te enteras de las cosas más oscuras de la gente, pero este baile no era precisamente un acontecimiento esperado para mi. Tenía ganas de irme a mi casa y disfrutar de las Navidades con mi tío pero mis amigas me convencieron de venir aunque no tuviera pareja. ¿Una persona como yo con pareja en un baile? Eso si que sería un acontecimiento histórico.

Yo todavía no me había vestido y el resto de las chicas de mi sala común ya estaban por la mitad del atuendo, lo que ellas no saben es que yo ya he adquirido velocidad y sé vestirme con prisas, me gusta hacer esperar a la gente y luego aparecer en el momento indicado. Circe y Lluna iban con pareja, pues que las disfruten. Agarré una fiambrera y me puse a comer mi menú especial. Necesitaba ir comida a la fiesta porque los alimentos que se servían no satisfacen mi apetito y así no me preocupo de no probar bocado esta noche...O quizás si, quien sabe...

La sala común estaba casi vacía y fue en ese momento cuando comencé a vestirme. Abrí mi baúl y escogí un vestido color vino, como la sangre. En un abrir y cerrar de ojos ya estaba vestida, ahora quedaba el pelo. Lo toqué con mi varita y en un instante se convirtió en un bonito recogido. Agarré mi bolso, los zapatos de tacón y me marché al Gran Comedor. Una vez dentro eché un rápido vistazo al ambiente, estaba algo animado pero ni se compara con las fiestas de mi casa. Avancé lentamente sin dejar de mirar a mi alrededor pero tampoco avancé mucho, me senté en una de las mesas cercanas a la puerta, ahí tenía una gran vista de todos...Ahora a ver que se cuece en este lugar.


Vestido para el baile:


Última edición por Hannah Graham el Dom Dic 21, 2014 4:38 pm, editado 1 vez
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Axel S. Crowley el Dom Dic 21, 2014 4:13 pm

Solo (por ahora!)
Vestíbulo


El día del baile de Navidad había llegado. Axel tenía mil y una cosas que hacer después de irse de Hogwarts por navidades, pero aún había algo por hacer en el gran castillo: llevar a su amiga, su último año, al baile de navidad. Axel solía ser una persona dada a las grandes fiestas con necesidad de ir de etiqueta, no obstante, para ocasiones como aquella en dónde se requería formalidad pero no en gran medida, se decidió por un atuendo casual que ni fuera extremadamente elegante ni demasiado chabacano.

Así mismo, por norma general el Ravenclaw siempre iba al baile con pareja. Muy pocas personas llegaban a llegar a pedírselo, ya que él siempre se lo pedía a alguien. En ningún año ha repetido pareja, ya que siempre ha llevado o a amigas que ese año han sido especial para él o, como en el caso de quinto, a su pareja formal de aquel momento. Un craso error de pareja. No duraron más que esa navidad.

Una vez ya estaba preparado, no quería pararse demasiado en su sala común, ya que era consciente de los líos que había en ella en una fecha como lo era aquella. No obstante, para salir de su sala común tenía que pasar por ella, lo cual se le hizo un pequeño suplicio.

Que si Axel colócame esto, que si Axel sujétame lo otro, que si Axel que guapo estás, que si Axel eso no pega con eso… El chico consiguió poner los ojos en blanco prácticamente cinco veces en un minuto sólo con los comentarios de una de sus amigas. Por suerte, consiguió pasar de ella al ver a Tea en un rincón complicándose la vida en una fácil tarea que podría haber terminado hace diez minutos si llega a pedir ayuda. Siempre tan testaruda. Se acercó a ella y se colocó detrás, tapándole los ojos para llamar su atención. Después de eso y dándose cuenta de que aún no iba a dejar a Lluna esperando, mantuvo una conversación con su amiga, la cual parecía haber estado en coma durante más de seis meses, ya que apenas había sabido de ella a pesar de estar en el mismo curso. Tea cuando quería, podía desaparecer como si no existiera.

Cuando terminó de hablar con ella, más por iniciativa de él que de ella, salió pitando hacia abajo, colocándose las mangas de su chaqueta. Tenía la manía de no parar de tocarse las mangas, colocándoselas de manera elegante. Odiaba su propia manía, pero al fin y al cabo era muy difícil parar de hacerlo aun siendo consciente de ello. Una vez llegaba a los últimos escalones de las escaleras, pudo divisar a todos aquellos presentes que ocupaban el gran vestíbulo, todos expectantes para entrar al interior. Axel no bajó hasta abajo, sino que se sentó en el final de la escalera, en una columna que hacía del final de la barandilla de piedra. Los pies se le quedaron colgando y su mirada se quedó fija justo en frente, en el hueco inferior por donde subían todos los de Slytherin y Hufflepuff, saludando a aquellos que conocía y esperando a su pareja de baile.

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Leonardo Lezzo el Dom Dic 21, 2014 11:29 pm

Mesa de comidas con Arya Osborn.

Año tras año se podía ver lo mismo en la fiesta de navidad de Hogwarts. Comida y decoraciones espectaculares. La gente se animaba bastante a bailar con la orquesta, aunque Leo pensaba que un buen DJ sería más acertado. Todos sacaban sus mejes galas del baúl y se arreglaban con esmero para pasarlo en grande, celebrando el final de las clases y el comienzo de las muy esperadas  vacaciones de navidad. Lo que más le gustaba a Leo es que los elfos preparaban toda clase de comida, y sobre todo de dulces. Empezó tomando un refresco, pues no tenía mucha hambre,  pero los pasteles de chocolate le tentaron. Estaba absorto en sus pensamientos sobre que dulces probar cuando una chica solitaria de apariencia tímida se acercó a la mesa donde estaba Leo. Por más amable que fuese, le costó no mirar a la chica unos segundos. Estaba espectacular. Su vestido destacaba al ser tan blanco, y tenía unos adornos negros que la hacían destacar bastante. Además, la chica tenía un pelo larguísimo y muy bonito, y era muy guapa. Leo le dedicó una sonrisa para luego zamparse un pastelito. Se limpió los labios y las manos con una servilleta. Seguramente ese pastelito de chocolate fuese lo más dulce que había comido en la vida. El sabor del chocolate le impregnaba la boca y se quedó un buen rato como extasiado. Luego buscó algo con que enjuagarse la boca, y prefirió beber agua antes que más cerveza de mantequilla. Su vaso se quedó vació mágicamente, y apareció agua en él. Leo bebió, observando de nuevo a la chica. Su vestido tenía como muchas capas de falta, y daba la sensación de que la chica parecía una tarta de novios o algo así.

El Gryffindor la estuvo observando un rato, intentando que ella no lo pillara mirando. Parecía querer salir a bailar, pero todo el mundo estaba bailando con pareja. Los amigos del Gryffindor estaban en la pista de baile exhibiendo unos movimientos de lo más graciosos, todos con sus respectivas chicas. Leo sabía de sobra que sus dotes artísticas estaban encaminadas íntegramente al dibujo, no al baile. Pero su forma de ser, y su bondad, le hicieron acercarse a la chica. – Hola, soy Leo. – Se presentó formalmente, pues sabía que la chica podía ser una Hufflepuff de cuarto o quinto, pero no la conocía. – No soy un buen bailarín, jamás he bailado con una chica en un baile, - A cada palabra Leo se vendía mejor. - pero… me preguntaba si… ¿quieres que bailemos? – El chico estaba preparado para recibir un no como respuesta, incluso una respuesta nula, una bofetada o una mala cara. Había sido muy osado al acercarse a la chica sin más y pedirle bailar. Podía estar esperando a un chico, o a su novio, y Leo no quería problemas en un día tan bonito y festivo. Leo solo quería bailar y pasarlo bien en su último año en Hogwarts. Si ello indicaba que tenía que asaltar a todas las chicas bonitas del baile, lo haría.
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