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TRAMA GLOBAL: Baile de Navidad II

Albus Dumbledore el Sáb Dic 20, 2014 9:44 am

Recuerdo del primer mensaje :




La Navidad se acercaba un año más a Hogwarts, y todos los alumnos habían sido avisados para la celebración del baile de Navidad que tenía lugar cada año entre los muros del Castillo. Alumnos y profesores, ataviados con sus mejores galas, se agrupaban en el Gran Comedor, adornado especialmente para tal festividad. Luces tenues, un cielo abierto en el techo y nieve cayendo por todos los rincones que se desvanecía antes de tocar sus cabezas. La decoración había sido preparada minuciosamente para que todo fuera perfecto, con las mesas necesarias para que todos los alumnos pudieran compartir tal celebración al mismo tiempo que disfrutaban del baile en el que únicamente ellos eran los protagonistas.

El director, con su natural sonrisa iluminando el rostro pasó entre las mesas, aún vacías, esperando a que fuera la hora acordada. Cuando el sonido del reloj del campanario indicó que eran las nueve, alzó la varita haciendo que las puertas del Gran Comedor se abrieran de par en par, mostrando a los alumnos que esperaban en el hall de entrada la decoración Navideña donde pasarían la noche previa a su marcha a casa. Carraspeo para hacerse notar, a sabiendas que la mayor parte de los alumnos ya se había volteado para mirar el interior del Comedor y giró sobre sí mismo, pasando entre las mesas vacías y esperando a que los alumnos lo siguieran al interior de la estancia. Giró sobre sí mismo sin borrar la sonrisa del rostro. - Pasen, pasen, todo está listo para que comience la celebración. - Guiñó un ojo a un grupo de alumnos de primero que contemplaban ensimismados la decoración y subió hasta la platea donde, posteriormente, los músicos comenzarían a tocar.

- Que raro no veros con uniforme. - Bromeó el hombre, con su habitual tono ambiguo, dando la impresión de estar en su propio mundo. Escuchó a uno de los profesores toser, indicándole que no era manera de empezar un discurso, y no tardó en comenzar a hablar, aunque manteniendo el mismo todo. - Como cada año, la Navidad llega a Hogwarts, y con ella nuestro habitual baile. Las mesas están llenas de la cena que nuestros queridos Elfos nos han preparado para esta peculiar noche, y las bebidas están repartidas por toda la sala. Incluso tenemos nuestros particulares camareros para disfrutar de la velada. - Señaló hacia un rincón, donde un grupo de hombres rubios de trajes negros y pajarita no hicieron mueca alguna. - La pista de baile está lista para que todos disfrutéis de la noche y nuestra particular banda de música nos deleitará durante toda la noche. - Hizo una leve reverencia y se dispuso a bajar de la platea. - Y que comience el baile. - Y en dicho momento, la música comenzó a surgir de todos los rincones, inundando la sala y animando a los asistentes a bailar y disfrutar de la noche.


OFF ROL:
A partir de este momento queda libre la entrada para el baile y este permanecerá abierto hasta el día 20 de enero, dando un mes de margen a todos los personajes para rolear en esta zona.
A su vez, para facilitar las interacciones durante este post grupal, nos gustaría que al principio del post hicierais una breve especificación de con quién estáis y en que zona, para que todo usuario sepa si se está interaccionando con él y no existan problemas a la hora de pasar por alto el post de otra persona por no haber leído los posts de todos los asistentes. Aquí un ejemplo:

Spoiler:

Con Lord Voldemort en la pista de baile.

Texto del post.
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Ian Howells el Mar Dic 30, 2014 11:37 pm

Con Circe bailando

Damon podría cabrearse, estaba claro, pero durante todos estos años han pasado cosas muchos peores entre ambos y ahí seguían, dándose, METAFÓRICAMENTE, por culo una y otra vez. Nada de literalmente. Metafóricamente, recalco. Es una manera de hablar, que su habitación es muy heterosexual. En fin, el hecho de que le hubiera hecho esta jugarreta era una manera de ponerse por delante en su continuo pique que se traían desde pequeños. Probablemente, teniendo en cuenta lo bien que se conocen, no tarde más de una hora en darse cuenta de que probablemente haya sido todo una mala jugada de su mejor amigo/némesis de la historia.-Damon me ama. No podría vivir sin mí; no te preocupes por mi vida que no me matará. Por lo menos no por esto.

Ian soltó un bufido ante el comentario mordaz de la Slytherin. Un galeón por cada comentario sarcástico malévolo que soltara y se forraba, eso estaba claro. Ian esbozó una sonrisa.-Ella sí que está por encima de mi nivel.-Sólo hacía falta mirarla. Parecía sacada de una revista de modelo de ropa interior increíblemente sexy.-Por lo que no, no creo que cuele. Preferiría sacar el tema con Zack incluso.-Luego reparó en lo del listón más alto. ¿Qué tenía Zack de malo? Tenía barba, todo un punto, ya que Ian no tenía barba y se odiaba por ello. Tenía esa pelusa estúpida típico de adolescente sin mucho bello facial, además era un Dankworth. Ian no sabía mucho de familia prestigiosas, pero sabía que Masbecth, Harrelson y Dankworth lo eran. Más que nada por su altanería, no hacía falta ir mucho más allá ni leer grandes libros de generaciones familiares.-¿Qué tiene de malo Zack?-Preguntó curioso.  

No pudo evitar alzar ambas cejas a la vez -ya que intentó alzar sólo una, pero en vista del fracaso quiso aparentar alzando las dos-. Luego no pudo evitar ampliar una sonrisa que se volvió una fuerte carcajada. Incluso la pareja que estaba al lado le miró sorprendida.-¿Te besó para dárselas de macho alfa?-Continuó la risa.-Supongo que no debe sentarle bien que un chico de sexto le gane en popularidad, sobre todo llamando la atención de las chicas más atractivas.-Le guiñó un ojo, subiéndole el ego. Si es que se podía subir más.

La verdad es que Damon era serio, tenía esa elegancia más bien innata y poseía cierto don para caerle bien a todos aquellos de su casa. Ian era más bien ese amigo tocapelotas que iba con el tío guay y que mucha gente no soportaba. No hacía falta ser un experto para saber quién encaja en dónde y cuál es la posición de cada uno.

Escuchó como Circe le hablaba de su amiga, mientras el chico prestaba bastante atención. Le gustaban las chicas guapas, aunque si era amiga de Circe y, por lo que decía, no era muy sociable, probablemente no encajasen personalidades; aunque muy pocas personalidades encajan con la de Ian. Además de que, como todas las mujeres altaneras en este mundo, seguro que: “no estaba a la altura”. Qué manía. Ahí dónde le veían, Ian era una persona respetuosa, romántica, atenta, detallista, un gentleman en toda regla… Bueno, ¿a quién vamos a engañar?-No parece una chica muy sociable, pero por lo menos está buena.-Se encogió de hombros. No tardaría en escuchar de la boca de Circe un: “No está a tu altura”. Era sólo cuestión de tiempo.

Fue entonces cuando, algo remotamente impensable, chocó contras los pies de Ian. Nada más ni nada menos que una cabeza. Fue divertido meterse con ellos, pues se lo habían dejado en bandeja de plata. Ninguno comentó nada en especial, normal, pues realmente lo que había dicho lo Slytherin no estaba tan alejado de la realidad. Eran meros hechos. Cuando Circe se dio la vuelta, Ian le siguió. No iba a quedarse allí mirándolos, posiblemente fuera más interesante observar a un perezoso hiperactivo que a ellos.

Un poco más allá, Ian volvió a sujetar a Circe para seguir bailando. Tenía cierta parte divertida eso de bailar, aunque no le emocionara en exceso al chico.-Supongo que hay gente incapaz de coordinar ritmo con movimiento independiente de pies.-Se encogió de hombros.-¿Te apetece tomar algo?-Dijo, pues lo cierto es que el chico estaba SEDIENTO.-O quizás prefieras regodearte de la jugarreta que le has hecho a esas chicas. Yo lo haría, pero al parecer ninguna de mis víctimas tienen la decencia de aparecer por aquí. Demasiado cobarde veo en Slytherin.-Comentó con un mohín indiferente. Y dirían: ¿Y si te llega a pasar a ti? Seguro que no entrarías al baile. Al contrario de lo que podría pensar la gente, a él le daría totalmente igual. Solía sudar de todo, incluso de una broma que pretende dejarle como un chico “indeseable”. Él tenía claro que muy pocas chicas le aguantaban y que la gran mayoría prefería ir con otra persona. Menos Circe, en realidad a Circe le caía bien, sólo que era una antipática desde que nació y se hacía la dura. Estaba claro que era eso.
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Danielle J. Maxwell el Miér Dic 31, 2014 2:51 am

Arianne, Rhea y Fren
al lado de UNA MESA ALEATORIA

Dispuesta a no echar a perder mi noche por culpa de mi amigo tonto, decidí volverme un poco más social. O por lo menos no parecer que venía de un funeral, pues la verdad es que mi cara no debía de parecer muy sociable. Alice se lo estaba pasando bien con Gabriel, por lo que sólo debía de esperar a que llegara algún chico que me cayese bien, sin pareja, al que poder acoplarme para no parecer una forever alone. No sé, Nikolai, Jason, Evan… EJEM, Gryffindors. Aunque probablemente esos tres tuvieran pareja desde el mes anterior. En fin, me conformaré con la simple compañía de mi vaso de zumo.

De repente noté como una mano inocente me tocaba el hombro. Por un momento se barajaron todas las posibles opciones de personas existentes en el castillo, aunque descarté bastantes a la hora de interactuar conmigo. Pongo de ejemplo a Damon, él me hubiera… lanzado un panqueque a la cabeza o chocado de tal manera que la bebida de él o mía (o las dos) se vertieran “accidentalmente” sobre mí. Me di la vuelta y, agradablemente, mi vista se relajó y mis labios sonrieron al ver a Arianne. En realidad apenas hablaba con ella, ya que mi interacción social suele ser más bien nula a no ser que la gente me mime y acapare mi atención. Es decir, con galletas o cosas así.

Podría estar pasándomelo mucho mejor, de eso no cabe duda —contesté a su pregunta de cómo me lo estaba pasando. No me dio tiempo de preguntar por ella, aunque suponía que si estaba hablándome es que no tenía nada mucho mejor que hacer. Que no es me esté quejando, que me encanta que me vean y  vengan a saludarme, pero era un hecho de que hablar conmigo no era lo mejor que podría pasarle en esa fiesta. Asumamoslo. Luego me preguntó por mi pareja y yo me encogí de hombros. Normalmente cuando alguien invita a otro alguien suele estar todo el rato con esa persona, así, como quién no quiere la cosa, para compartir la noche con dicha persona, pero mi pareja había decidido no hacerlo— Pareja se supone que tengo, pero tiene alguna clase de retraso. ¿Y tú? —Retraso mental, no retraso de tiempo. Pero lo dije así para que pareciera lo segundo y no hiciera muchas preguntas sobre el tema.

Sonreí ampliamente cuando me dijo que aquella ropa nos quedaba mucho mejor que el uniforme. Pues la verdad es que yo siempre he considerado que el uniforme me queda de pena. Lo más guay era llevar corbata. ¿Pero por qué nosotras tenemos que conformarnos con el atuendo de satán -la falda- y los chicos pueden ir cómodamente por ahí? ¿Eh? ¿Por qué? ¿Dumbledore que clase de pacto con satanás has hecho para jodernos la vida así durante siete años? ¡Te odio! ¡Hoy odio a todo el mundo! Menos a Arianne.

Si la verdad. Yo he aprovechado para, por lo menos un día, no tener que ir con falda. No me gusta ponerme falda —saqué la lengua, teatralmente asqueada. Bueno, a veces me ponía, pero por regla general prefería los pantalones como toda persona normal.

Fue entonces, cuando otra vez, me tocaron al hombro. ¿Por qué la gente no viene por delante, coño? Me ponen en tensión cuando me tocan por la espalda, es en plan sorpresa y no sé que cara poner. Al darme la vuelta, otra vez, vi a Rhea y a FREN. Al ver a Rhea esbocé una pequeña sonrisa y la mantuve, en un arduo esfuerzo, cuando mi vista se posó en Fren durante un mini segundo, ya que por suerte Rhea cogió mi mano y me dio una vuelta para verme completamente. Confuso, ya que había venido de detrás. Aun así, sonreí cuando volví a quedar en frente de ella. Me coloqué al lado de Arianne, para introducirla en la conversación que ahora era de tres personas y Fren.

Gracias, tú también estás muy guapa —Ella siempre era guapa. No tenía mérito, pero bueno. Debía de admitir que aquel vestido le hacía todavía más guapa. Luego miré a Fren—. Tú no Fren, tú estás feo, como siempre —y le saqué la lengua. Era broma, estaba guapo. Muy guapo. ¿Desde cuándo era tan guapo? ¿Sabéis esa sensación de que cuando es tu amigo ves a las personas en plan feas, bajitas, con el pelo medio largo, tullido y sin nada de atractivo y de repente está con alguien y lo véis alto, con barbita, pelo perfectamente arreglado y cuerpo del diez? Eso me ha pasado con Fren. De todas maneras, le odiaba, así que no le iba a decir en ningún momento lo guapo que estaba, ya que su alma es horrible y merece el castigo divino—. ¿Ya se cansaron de bailar? —intenté, sin muchas ganas, entablar una conversación, mirando a Rhea mientras hablaba. Creo que prefiero a Gabri -toma confis- y Alice y hacer de celestina. O de candelabro, que para el caso es casi lo mismo...

No presenté a Arianne porque los cuatro éramos Hufflepuff, así que suponía que, como ellos son más sociables que yo, sabrían quién era sin ningún tipo de problemática. Además de que esos rollos sociales siempre se me olvidaban.
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Circe A. Masbecth el Miér Dic 31, 2014 5:08 pm

Con Ian Howells.
Bailando y luego en una de las mesas.

Damon e Ian eran idénticos en muchos aspectos, pero tremendamente diferentes en otros. Y eran esas diferencias las que hacían que Circe se decantara en unos aspectos por uno o por otro. En cuanto a un verdadero amigo (sí, a veces consideraba a las personas como tal) ese era Damon; Damon era su mejor amigo, aquel en quien verdaderamente confiaba. Pero Ian era impulsivo, incapaz de cerrar la boca, lo que hacía que al mismo tiempo sintiera admiración y odio. Le admiraba por decir lo que pensaba cuándo y cómo quería, pero le odiaba por ser tan parecido a ella en esos aspectos. – Cierto, seguro que prefiere dejarle el trabajo sucio a alguien que sepa disfrutarlo más que él. – Dijo en un susurro acercando su boca a la oreja del chico. Circe sólo actuaba por ella misma. No pensaba en hacer nada por o para los demás. Ella y ella. No necesitaba nada más y si acabar con Ian suponía su propio disfrute personal, lo haría encantada.

Cualquiera que escuchara la conversación entre aquellos dos pensaría que sólo eran capaces de meterse con los demás. Y lo cierto, es que no podrían estar más acertados. Ian y Circe habían pasado de insultarse el uno al otro para insultar a todo aquel que se cruzase en su camino. Incluso a meterse con aquellas personas que no habían acudido a la fiesta pero que conocían por haberse dedicado a mandarles cartas haciéndoles creer que tenían pareja cuando nadie en su sano juicio iría con ellos. – Que es Zack. – No pensó demasiado la respuesta. Eso era lo único malo que tenía aquel chico, ser él mismo. Ambos eran tan parecidos en algunos aspectos que Circe no lo soportaba, igual que a Ian en ocasiones. La diferencia es que Ian podía llegar a ser agradable, a ser odioso con el resto del mundo y por eso lo soportaba. Y, también por eso, había aceptado ser su pareja en el baile para aquella noche. Dicen que es mejor ir solo que mal acompañado, y si lo pensaba fríamente, Ian no era precisamente una mala compañía.

Lo que a Ian le parecía tan gracioso solo hizo que Circe negara con la cabeza mientras ponía los ojos en blanco. Ante la pregunta del chico prefirió darle una afirmativa a su pregunta con un fuerte pisotón. – No sé qué le ves de gracioso a eso. ¿Te parecería cómico que una descerebrada de Hufflepuff llegara y te plantara un beso delante de tus amigos? Porque ese imbécil es peor que cualquier Hufflepuff descerebrado. – Porque los Hufflepuff son descerebrados de nacimiento, pero un Slytherin descerebrado era digno de estudio, igual que ese imbécil. – Me tomaré eso como un cumplido. – Afirmó abandonando la cara de pocos amigos que habían invadido su rostro al ver las carcajadas de su supuesto amigo. Supuesto, porque eso no tenía ni puta gracia y él se estaba riendo en su cara.

Tras el incidente con la chica de cejas abundantes y su acompañante que parecía no entender el concepto de ir contraje a un baile, ambos siguieron como si nada hubiese pasado. Y es que, realmente nada había pasado. Al menos nada que les importase, pues los alumnos más inútiles solían acabar en el suelo por su falta de costumbre en bailes como aquellos, que las personas de alta cuna como podían ser los Howells o los Masbecth, conocían a la perfección. – No sé cómo son capaces de mantenerse sobre la escoba sin abrirse la cabeza.

Siguieron bailando durante un par de minutos aún echando cortas miradas a la gente viendo como más de uno acababa por perder el equilibrio y casi acababa en el suelo como aquellos dos. – Creo que prefiero tomar algo. – Afirmó la rubia mientras continuaba agarrada al chico. En cuanto la canción finalizó, se apartó de su amigo para ir rumbo a la zona de bebidas, donde tomó una copa de cristal con líquido anaranjado en su interior, sin duda zumo de calabaza. – En estos estúpidos bailes siempre preparan lo mismo. Los elfos son cada vez menos originales. – Siempre había lo mismo, estaba bien, pero ya cansaba la falta de originalidad.
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Invitado el Miér Dic 31, 2014 8:57 pm

Con Robin Castleberry
De las mesas a la pista de baile.

La respuesta de la chica  dejo algo descolocado a su compañero de casa ya que no se esperaba tener que sentarse recién llegado al baile esperando a saber por quien o más bien a saber por qué, si ya había llegado él que era su pareja a quien estaría esperando, "Tal vez esté en esos días del mes y necesite protección, lleva un vestido demasiado bonito para estropearle" pensó el chico, riéndose de sí mismo por la semejante estupidez que acababa de pensar sobre su compañera, ya que era tan improbable que se manchase como lo era el mero hecho de que Luke no hiciese el ridículo este año tan bien en el baile, era como una tradición, aunque esperaba que este año de verdad no le pasase nada, o al menos que no la pasase delante de tanta gente como los años anteriores, todavía había gente que lo recordaba por los calzoncillos de Batman y Robin que llevó el año pasado, un desafortunado incidente con el cinturón, pero al menos ha aprendido la lección de desconjurar su ropa antes de ponérsela para que esta no atente contra su integridad.

Jugando con algunas galletas que había en la mesa mirando a la pista de baile sin prestarle demasiada atención a nadie, reconociendo caras amigas como Gabriel con Alice, "Curioso pareja" y otras caras no tan amigas, como Circe e Ian, esos dos chicos eran tal para cual de hecho no le sorprendía para anda que hubiese asistido juntos al baile aunque conociéndolos a ambos no quedaba muy lejos la situación en la que ella le propinaría un buen mamporro después de que él le toque el culo o le diga alguna cosas fuera de lugar, si no es que la besa claro, que entre los SLytherin son un poco suelto.

Con gesto indiferente pasando la vista por todo el gran comedor decorado para el acontecimiento, algo cansado por estar allí sentado al lado de Robin quien no le prestaba ni pizca de atención casi sin pestañear mirando fijamente a la pista de baile, "Tal vez quiera bailar" pensó el chico ignorando su petición de permanecer sentados allí esperando por algo o por alguien, decidió a entablar conversación con un poco de acción incluida, -¿Qué te parece si vamos a bailar un poco?, esta música es más movida que al anterior- le propuso a su pareja de baile, mirándola fijamente a los ojos entre aquel voluminoso y brillante pelo, que inscribía curvas tan cerradas que cualquier coche se saldría de su trayecto si fuesen por ellas, se levantó de un respingó para meter la silla dentro la mesa y ofrecerle la mano, imponiéndose ante la chica, negándose a seguir allí sentado un minuto más sin hacer nada más que envidiar a todos los que se los están pasando bien, -Venga, vamos, prometo que no te pisaré ni una vez- una sonrisa se dibujo en su boca con aire pícaro incitando a la persona más pura a realizar la mayor de las travesuras.

Agarrando con delicadeza pero de forma determinada la mano de Robin para que no se le escapará fue con paso ligero sin llegar a acelerar lo suficiente como para que la muchacha se cayese con los tacones, entrando de lleno en la pista de baile, donde la gente se movía a ritmo de una canción algo más movida que daba la posibilidad de poder bailar algo separados los unos de los otros, poniéndome en frente de ella, dándole una vuelta acercándola a mi haciendo que la falda de su vestido girada con gracia levantándose un poco dejando ver mejor como Robin movía las piernas con gracias siguiendo el paso que el chico había hecho sin siquiera consultarle a nadie, -¿Estás preparado para pasarlo en grande?- le preguntó de forma juguetona sin darle tiempo a responderle empezando a moverse de un lado a otro con un gesto algo graciosos.

Vamos a darle duro:
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Invitado el Jue Ene 01, 2015 11:02 pm

Con Joahnne Herondale,
Pista de Baile.

El tiempo transcurría y el gran salón se llenaba de la alegría navideña de los jóvenes danzantes, el resonar de la suela de los zapatos en el brillante piso parecía no encontrar un final, en el momento que unos se cansaban llegan otros a ocupar su lugar. Algunos disfrutaban haciendo travesuras, otros simplemente disfrutando en grupos, mientras que estos dos solo pensaban en bailar.

-Me alegra que te haya gustado- Le menciono Rubén a la pelirroja ante el cumplido de su presente. Por dentro el chico estaba lleno de emoción, quería solo saltar y gritar “le gusto, le gusto” pero eso no pegaría bien ni dejaría una buena impresión posiblemente, pero por mucho que lo intentase ocultar su gran sonrisa marcada en su rostro mostraba lo feliz que se encontraba, incluso más que la propia Joahnne dueña ya del regalo. El muchacho no podía despegar sus ojos del cuello de la flamante pelirroja, aquel collar era lo único que le faltaba para tener un atuendo perfecto en esta noche.

-Obvio ¿a eso vinimos no?- Le contesto a la chica ante la propuesta de volver a la pista de baile. Sería un completo desperdicio el solo venir y comer, la noche estaba perfecta para bailar y ellos no desaprovecharían esto. La música se puso más eufórica y el ritmo más candente. –¡Ea! Esto ya tomo más movimiento- Le dijo el chico mientras apegaba más su cuerpo al de ella al ritmo de la música. Los chicos se amontonaban ante la euforia que causo el cambio de la música y tanto Rubén como Joahnne que se encontraban abrazados terminaron con sus cuerpos pegados el uno al otro, cara con cara y sus nariz apegadas en la punta. Como si el tiempo se hubiese detenido por un segundo Rubén fue capaz de oír la respiración de Joahnne, agitada y exaltada. Una sensación completamente extraña que descompuso de lugar por completo al extrovertido muchacho.
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Invitado el Vie Ene 02, 2015 7:35 pm

De metiche con los tejones Danny, Arianne, Rhea y Fren
al lado de una mesa ALEATORIA (según Danny)

Llevaba un buen rato mirando todo lo que ocurría a mi alrededor en el comedor, sin moverme de mi rincón. Circe bailaba con otro Slytherin...Lluna con el tal Axel de Ravenclaw, luego algunos tejones bailando y haciendo el pato como era de esperar de ellos. Suspiré resignada y saqué un trozo de pergamino junto a una pluma, me iba a poner a mirar los platos de comida a ver si por casualidad se me ocurría alguna buena receta para proponérsela a Will.

A la vez que caminaba alrededor de las mesas, me fijaba en mis compañeros de casa. Me daba algo de envidia por no tener a alguien para restregar a los tejones que alguien como yo sí llevaba acompañante, pero en el fondo pienso que la mayoría de las veces es mejor estar sola que mala acompañada. Llegando a una de las mesas cercana a mi punto de partida, apareció la lechuza de William, como sea que no puede irme a recoger a Londres, lo mato.


"Querida Hannah:

Me han dejado preparar unos canapés exclusivos para el baile del Gran Comedor y así puedes repartir entre tus compañeros, a parte de que lo hago para que comas algo antes del viaje de vuelta. Se encuentran en las cocinas, los elfos se han encargado de recoger el envío. Espero que sean de tu agrado.

Un abrazo, William Graham"


Leí la nota con detenimiento y acto seguido caminé directa a las cocinas, los elfos me reconocieron enseguida por la nota que llevaba y rápidamente me dieron una bandeja de plata repleta de canapés. Una parte eran de Hígado, yo sabía de que tipo de hígado se trataba pero la gente lo confundirá con el típico Fuaj de pato, o el paté este de tapa negra. Otros tenían trocitos de lomo...a simple vista es el lomo de cerdo de siempre. Me encanta la manera que cocina mi tío, hace que todo aparezca tan disimulado...Agarré la bandeja y me dirigí a las mesas, que dio la casualidad que en una de ellas había cuatro tejones...Entre ellos estaba Maxwell, una de las más famosas de su curso..Vamos a ver si esta gente sabe distinguir la alta cocina.

-Perdón...¿Quereis probar? Mi familia me los han mandado para que los reparta y bueno... Hablé tranquilamente señalando a Circe e Ian que se estaban picando con otra pareja, creo que eran una tejona y un halcón...lo que hay que ver. -Creo que ellos están ocupados así que preferí pasar primero por aquí...Hay de diferentes tipos, pillad el que queréis, se puede repetir. Indiqué mostrando la bandeja a las tres chicas para que la vieran...El protocolo dice que hay que estar tranquila y expresar serenidad, ahora comienza el desafío...Vamos a ver la capacidad culinaria de esta gente, y de paso me como uno que yo también tengo derecho que para eso son de mi tío.


Off: Si no os importa me meto un poco, es que llevaba desde el principio en una esquina y me apetecía estirar los pies (?)
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Invitado el Sáb Ene 03, 2015 7:08 am

Primero en las mesas y luego en la pista con Lukencio

La gente giraba en la pista, las parejas hablaban y se reían. Mas de uno había pasado ya a formar parte de las hormonas del asunto, agarrándose fuertemente a su pareja mientras lenguas y dedos empezaban bailes diferentes por su cuenta. La nieve que caía del techo parecía a veces nublarle la vista, pero sus ojos estaban potentemente amarrados a la figura delgada de Circe, que bailaba como si tal cosa con su rubia pareja. Estaba completa y totalmente segura de que todo aquello era su culpa, lo sabia por la forma tan deliberada en que la ignoraba. Suspiró para sus adentros, al verla chocarse con otra pareja –una muy torpe, si se le permitía- y se rindió. Nunca le prestaría atención. La rubia, como buena hija menor, estaba acostumbrada a salirse con la suya todas las veces y Robin no tenia mas remedio que caer en las redes de su engaño una vez mas.

Sus ojos se desplazaron a su obligada pareja. Era guapo. No era el hombre del año, pero tampoco hacia daño a los ojos. Era sangre limpia, por lo que sabia, así que sus padres no la asesinarían cuando tuviesen noticia de aquel baile. Porque Robin sabia que iban a tener noticias de aquel baile. A veces se preguntaba a quien le pagaban para enterarse de casi todos sus movimientos en aquel demacrado castillo. Parecía bastante decepcionado por su recibida. Seguramente esperaba la mas grata de las sonrisas y una afanosa necesidad de moverse por la pista. Cosa que, en realidad, si tenia. Al fin de cuentas, su color de piel no venia solo y ella no estaba aquí para romper el ritmo de que los negros no tienen sangre sino ritmo en las venas. No, a ella le encantaba bailar, sentir sus pies con vida propia y su cadera derretirse ante la música. Su propio pie se movía ya, marcando el compás. La música había abandonado el vals del comienzo y empezaba a tornarse mas moderna, mas agradable para la mayoría de los alumnos. Se mordió el labio inferior muy a su pesar, rindiéndose ahora a sus deseos. Entreabrió la boca para pedirle bailar, pero el chico le ganó y la invitó. Asintió, con una sonrisa calma pero mas alegre y tomó su mano.

Se dejó guiar entre las parejas, dejando que la melodía se llevase de su mente el recuerdo de la trampa de Circe y su buen trato hacia ella. El chico parecía amable, o todo lo amable que puede ser un Hufflepuff, y sabia que Circe nunca la metería en semejante problema de ponerla con un idiota. No, lo había hecho como un gesto amable hacia ella, para que no se pasara como un trestal toda la velada, pero eso no significaba que no la asesinaría en cuanto la viese. El chico se detuvo, prometiéndole que no la pisaría y Robin sonrió para sus adentros. Ella tampoco lo pisaría, eso lo tenia muy claro. El giro la hizo reír de buena gana, y la música terminó por llevarse toda la amargura que la sorpresa había traído. Una pequeña pero agradable sonrisa se abrió paso en sus labios, esos que tan comúnmente ocupaba una mueca de fastidio y desinterés. Su cuerpo se acopló al instante al ritmo, al cuerpo del otro, llevado por el instinto ancestral que hacia vibrar cada terminación nerviosa. Bailando se sentía como pez en el agua y los tacones no parecían ser mayor molestia para ello. Miró a su acompañante a los ojos, intentando recordar su nombre desde las profundidades de su mente. Luke. Así se llamaba, Luke. Suponía, si mal no recordaba sus modales, que aquel era el momento ideal para que ella abriese su boca de pajarito y ofreciera conversación. No que fuese especialmente buena en ello, pero debía intentarlo.

- Te pasare la cuenta de cobro si llegas a pisarlos- dijo, medio en broma aunque su voz aún conservaba un poco de la frialdad casi amenazadora de antes. No podía hacer nada respecto a ello, los viejos hábitos son difíciles de olvidar- aunque no te preocupes, creo que mis pies saben lo que hacen- sus extremidades respondieron al instante a sus palabras, rozando los pies de Luke sin perder el ritmo en ningún momento, sin pisarlos. Había decidido no decirle que su presencia allí, como su pareja, la había tomado por sorpresa.  Seguramente nunca se volvieran a hablar después del baile. Robin no era exactamente la mejor a la hora de hacer amistades. Así que ¿para qué arruinar una velada perfectamente agradable haciendo sentir a su pareja como un tonto?

Su cuerpo volvió a girar, llevado por la mano de Luke y Robin volvió a reír con una risa bajita, pero alegre. Ni sus padres podían culparla por disfrutar de un baile, aquello estaba bien visto. La verdad, y muy a su pesar, bailar la desinhibía. No del todo, no para olvidarse de si misma, pero si lo suficiente para dejar escapar risas juveniles y reír alegremente, para dejar a sus pies jugar con libertad. Lo suficientemente desinhibida para hacer conversación sin sentido, para interesarse por la persona que tenia en frente.

- Aunque sería un excelente regalo de navidad –dice, de nuevo  medio en broma- un nuevo par de zapatos. O una invitación a ver como tu elfo domestico los limpia con esmero.
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Natalie Corvin el Sáb Ene 03, 2015 1:04 pm

Con Zack, pista de baile/mesas

Me ahorro contarle quién me ha pedido nada, ya que me parece mucho más divertido escucharle a él. Río ante su forma de decir que la Gryffindor no era demasiado agraciada y niego con la cabeza lentamente cuando me dice la jugarreta que le hace pasar a un compañero de casa. La verdad es que debió de ser divertido estar al lado de ese pobre desgraciado cuando se dio cuenta de lo que había hecho sin querer.
-Qué malo eres. De aquí a Azkaban…-Ironizo con un gesto amistoso.-Yo después de estos días ya he descubierto en dónde se escondía el club de fan del que hablaba Corazón de Bruja. Fue una gran decepción...-Admito, mirándole con cara de pocos amigos. Supongo que no hace falta decir nada más para que de por hecho de que eran la gran mayoría personas que ni sabía que existían. Esas personas que pasan desapercibidos porque no tienen absolutamente nada en lo que destacar.
Hablando de últimos bailes y, bailes en general, salió el tema de los bailes en casa de los Dankworth. Teniendo en cuenta que era una familia conocida hasta por mis padres, personas retrógradas sin apenas socialización con otras familias, es que debían de ser conocidos; y sus bailes no se quedaban atrás. Río cuando matiza lo de las estaciones.
-Te tomo la palabra, Zachary.-Sonrío.-Seguro que son mucho más divertidos y completos que estos. Mejor música, mejor comida, mejor bebida y mejor compañía... Aunque no me refiero a mi pareja de baile, claro.-Digo antes que nada, con una risueña sonrisa en el rostro.
Me ha pasado más de una vez lo de conseguir pareja para el baile y haberme arrepentido. En ocasiones tenía que fijarme primero en el número que calzaba para saber cuánto dolor iba a tener que experimentar. Había gente que sin duda no estaba diseñada para bailar, pero por suerte para mí, el último año me ha tocado venir con no sólo una persona agradable sino también un auténtico y buen bailarín.
-No me cabe la menor duda.-Sonrío cuando me dice que tiene más estilo y elegancia. No hace falta más que mirarle para saberlo.-Las hacían, ¿no? Yo hace años que no asisto porque no me hace falta, pero creo recordar que McGonagall las daba.-Digo encogiéndome de hombros. Ahora no sé si las daría alguien, ya que McGonagall no está.
Momento nostálgico aparte, le pregunto sobre su futuro. Yo tengo ganas de irme de Hogwarts, pero me pongo a pensarlo y no tengo nada de ganas de tener que volverme una persona responsable que se tenga que vivir por su propia cuenta. No vengo de una familia rica con todo resuelto, ni de lejos. El único rico de mi familia es mi hermano y porque se ha sabido ganar la vida de todas las maneras posibles. Cuando me dice que más bien se decanta por inefable, frunzo el ceño.
-¿Inefable? ¿Eso qué es?-Ninguno de mis padres trabaja en el Ministerio y, si ya de por sí el departamento de Misterios no es conocido por lo poco que se ha de saber de él, imaginadme a mí, una chica que no tiene ni idea de esas cosas, mucho menos voy a saber cómo se llaman las personas que trabajan ahí dentro.
Me pregunta por mi plan de futuro e intento hacer una idea de por cuántas cosas ha pasado mi motivación laboral. Después de que me de un vuelta y volver a sujetarle, ladeo una sonrisa.
-Desde pequeña siempre me vi en algún lugar mandando, siendo la persona de máxima autoridad.-Comienzo a explicar, sabiendo que en realidad sería breve.- Luego cambié de opinión y me enfoqué más en el trabajo de mi tío de cuidador de dragones, me gustaba el riesgo que suponía y trabajar al lado de criaturas tan poderosas…Pero finalmente, como ya era el último año decidí informarme y los dragones son muy cabrones… -Digo esbozando una amplia sonrisa.-Y la idea de mandar me gusta, pero la de estar encerrada no. Me gusta mucho la labor de los desmemorizadores y por ahora es lo que más me gusta.
Justo cuando termino de hablar veo como aparece un elfo doméstico cerca de una mesa y llena una inmensa jarra de cerveza de mantequilla. Hubiera preferido algo con alcohol para hacer de esta noche todavía más divertida, pero aquella bebida era una de las pocas decentes que ponían.
-Acompáñame a beber algo, luego seguimos bailando.-Le pido con una sonrisa, sujetándole la mano para guiarle por el mismo camino que cojo yo para salir de toda aquella zona de baile sin molestar a ninguna pareja.
Me acerco a esa mesa y suelto a Zack para coger un vaso con una mano y la jarra con la otra, vertiéndolo en mi vaso. Cuando lo dejo sobre la mesa, bebo de aquello de tal manera que un divertido bigote de espuma se me queda. Me paso la lengua divertida mientras miro a Zack y luego me río, acercándome a él hasta quedarnos casi pegados por nuestros brazos. Veo que gente conocida se cruza con mi mirada y me saludan, devolviéndole el saludo con simpatía. En cierta ocasión, una chica con un vestido mucho más precioso que su rostro, se acercó a nosotros. No es de nuestro curso, pues me acordaría de esa cara.
-¿Bailas conmigo, Zachary?-Le pregunta, con una mirada que intenta ser inocente y linda. Por lo menos es Slytherin, si no iba a tener más de una desgracia en la vida.
Casi escupo la cerveza de mantequilla que tengo en la boca, pero consigo aguantarme la risa. No obstante, no puedo evitar hacerle una pequeña maldad a Zack. Una maldad amistosa, de esa de la que va a terminar riéndose, o devolviéndome, durante toda la noche.
-¿Oh, me lo quieres robar?-Pregunto con una falsa mueca triste, mirando a Zack con un brillo malicioso y morritos.-Sólo un baile, ¿eh?-Añado antes de que mi amigo pueda decir nada, mientras sonrío traviesa a Zack y le doy un leve empujoncito para que se una a aquella chica.
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Ian Howells el Dom Ene 04, 2015 2:31 am

Con Circe en una mesa

Una sensación cosquilleante hizo que al chico le diese un pequeño escalofrío. Que le hablasen cerca del oído le hacía cosquillas y rara vez podía tomarse nada de lo que le dijeran en serio. Aunque fuera en medio de clase y le contaran que alguien se murió, no importaba, él sonreía por las cosquillas y parecía no haberse tomado absolutamente nada en serio. ¿Aunque Ian tomándose algo en serio? Debía de venir de boca de la gritona de su madre y sobre algo realmente severo. Porque de ser otra cosa totalmente distinta, solía sudar de absolutamente todo.

No le parecía un argumento válido el “que es Zack”, pero viniendo de una mujer probablemente llevase más de un por qué detrás de esa simple afirmación. Por lo que Ian puso una mueca conformista y se encogió de hombros. “Que es Zack”, pues él no veía tan mal ser Zack. Un poco subido pero, al contrario que muchos de los de su casa, no parecía tener un increíble y enorme palo puntiagudo -muy puntiagudo- metido por el culo. A Ian le gustaba hablar con él, era divertido, afable y amigable. Alguien con quién poder tratar sin parecer el simpático del dúo. O como quién habla con una piedra. Ian parecía que a veces hablaba con una piedra. Y ni eso, incluso era más agradable hablar con una piedra.

Después de eso, Circe le contó su anécdota con Edward. Al chico le pareció cuánto más divertida, por lo que no dudó ni un momento en reír. No obstante, a la rubia no le hizo mucha gracia que el castaño se riera, pues recibió un pisotón como reprimenda.-¡Eh!-Se quejó aún entre risas, pues le había pisado justamente el dedo anular del pie izquierdo. Su hipotético caso hizo que Ian soltase un bufido.-En el momento sería un poco violento, pero después lo vería cómico. Vería como una imbécil me ha utilizado para sentirse mejor. Eso deja claramente a las personas en su nivel correspondiente.-Le guiñó un ojo.-Yo me río de todo, no te lo tomes a mal, como si no me conocieras...-Añadió, a la vez que le hacía dar una vuelta. La chica dijo que se lo tomaría como un cumplido.-Una amiga una vez me dijo que no estaba de más hacer un cumplido.-Sonrió encantador, una habilidad innata que poseía y que sin duda no hacía justicia con su personalidad.

Ian aprovechó para ofrecerle a la chica un descanso. Un descanso que realmente no necesitaban, ya que Ian no estaba para nada cansado, pero como cualquier hombre gandul, no era muy amante de pegarse todas las fiestas bailando a pesar de poder hacerlo. Prefería comer y beber y mantener su estómago bien repleto. La chica optó por beber algo e Ian dejó que pasase primero para perseguirle hasta dónde ella quisiera, ya que no tenía preferencia por nada. La chica se sirvió zumo de calabaza pero Ian arrugó la nariz inconforme. Sonrió cuando vio un poco más allá una jarra de Cerveza de Matenquilla. Se movió hasta allá y le pegó una colleja a uno de los chicos que estaba de por medio para que se quitara de su camino. Se sirvió un buen vaso, volviendo junto a Circe rápidamente y tomando un gran trago. Su comentario era de esperar para una chica inconformista, o más bien, para alguien acostumbrada a tanto y estando rodeada de tan poco.-Podría ser peor. ¿Se te apetece Cerveza de Matenquilla?-Le preguntó ofreciéndole de su vaso, aunque no recordaba a Circe tomándose ninguna anteriormente. Lo que si le faltaba a aquel sitio era a algún alma valiente que fuese capaz de alterar con alcohol todas las bebidas de la zona. Aquello se convertiría en un lugar de locos especialmente divertido. Se colocó a su lado y movió la cabeza hacia ella levemente.-¿Y de entre todos estos tíos…-señaló simplemente con la mirada al gran manojo de personas aleatorias que se le presentaban.-por quién me sustituirias?

La chica había dicho que si algún chico guapo se le acercaba, Ian tendría que aguantarse. No le importaba, se podría buscar a cualquier otra mojabragas sin pareja de la que aprovecharse. Eso sí, le gustaría saber por quién le cambiaría.-No te cortes, no me voy a ofender.-Sabía que ni se iba a cortar y que le daría exactamente igual que Ian se ofendiera, pero le hacía gracia mostrar cierto respeto inexistente entre ambos.
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Invitado el Dom Ene 04, 2015 5:47 pm

Mesas.
Gabriel & compañía.

La noche había empezado mal, luego había mejorado mucho, y finalmente había caído en picado. Y lo malo no había sido la caída, sino tener que ver la cara de aquella serpiente envidiosa y odiosa que tenía que ir insultando a todo aquel que se cruzase en su camino por donde fuera que pisase. Gabriel era un encanto, y gracias a él la noche no había sido todo lo horrible que había podido. Le debía una.

-Estoy segura de que un Raven puede tener amigos de lo más simpáticos en Slytherin. Pero no olvidemos que soy una tejona. Me huelen a kilómetros y solo quieren eliminarme del mapa. -le expliqué mientras volvía a acercarse a mi para bailar. Estuvimos así un par de canciones más, pero ambos estábamos agotados, y decidí que lo mejor sería volver para hacer compañía a Danny y al resto de la tropa. Había abandonado a mi amiga preferida. -No se como no nos han dado el premio a la mejor pareja. Está claro que no tienen criterio. -bromeé mientras caminábamos hacia las mesas.

-Creo que me he torcido el tobillo. -dije, con voz lastimera. La verdad era que no me dolía nada, solo el poco orgullo que me quedaba por culpa de las idioteces de Circe y compañía. -Será mejor que me vaya a descansar a mi sala común. -le dije con una gran sonrisa. Luego cogí mis cosas entre mis brazos y me dispuse a abandonar la sala. Pero unos segundos antes de salir corriendo me di la vuelta de nuevo, cayendo en la cuenta de que aún había algo que me faltaba por hacer. -Oye, Gabriel. -dije tirándolo de la chaqueta para llamar su atención de nuevo. -Gracias. Me has salvado de que ir sola al baile, otra vez. -una sonrisa sincera se dibujó en mi cara, que estaba algo sonrojada por la situación. Algo indecisa me acerqué a él y le di un suave beso en la mejilla a modo de agradecimiento. O mi rostro estaba ardiendo, o era él el que parecía una estufa. Un última mirada cerró la conversación y me alejé de allí.

Cuando ya hube arreglado todos mis asuntos desaparecí del salón, fingiendo cojera el tiempo suficiente como para asegurarme que mis amigos no me veían. Se me habían quitado las ganas de estar allí, y no quería amargar al resto con mis tonterías.
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Gabriel J. Blumer el Lun Ene 05, 2015 1:11 pm

Tras el incidente con aquellos dos individuos que, como cabía esperar, resultaron ser de Slytherin, ambos chicos siguieron bailando, ajenos a los comentarios que seguramente habría a sus espaldas sobre su falta de control de sus pies, su falta de ritmo y su incesante necesidad de moverse como si tuvieran epilepsia. Para sorpresa de algunos, no todos los alumnos venían de familias adineradas que celebraban bailes continuamente y obligaban a sus hijos a acudir, recibiendo previamente cientos de clases de baile para que fueran capaces de mantenerse en pie moviéndose al ritmo de la música cuando luego no eran ni capaces de memorizar un par de líneas de textos sobre historia de la magia. Pero claro, para las familias de sangre limpia que se las daban de seres superiores, era mucho más importante que sus hijos supieran bailar a que supieran contar hasta cinco sin saltarse tres números e inventarse dos por el camino. – No sé qué tienen todos en vuestra contra. Es cierto que el amarillo es el color más feo para el uniforme, pero por lo demás… - Dejó el comentario en el aire, pues conocía a varios tejones y casi todos le caían bastante bien. En general le caía bien todo el mundo, era una persona sociable. Demasiado sociable para algunos, ya que era capaz de entablar conversación con un completo desconocido por puro aburrimiento.

Dejaron de bailar para ir rumbo a las mesas mientras seguían con aquel tono desenfadado de dos personas que parecían conocerse de toda la vida cuando no hacía si quiera una hora que se habían presentado. – Todavía estamos a tiempo de ganar, somos unos bailarines dignos de admiración. – Dijo el chico entre risas. La verdad es que parecían dos patos mareados con patines, pero ese comentario era mejor obviarlo y seguir dándoselas de bailarines profesionales a la altura de aquellos que se pasaban la vida en clases de baile para demostrar que su cociente intelectual no era tan importante como su capacidad de mover los pies al ritmo de la música.

- ¿Segura? Si quieres nos sentamos un rato con Danny y seguro que ahí se te pasa. – Dijo el chico, tan inocente como de costumbre. Pero no, la chica tenía ganas de irse y Gabriel creyó totalmente que se había torcido el tobillo, por lo que se limitó a sonreír mientras ella acababa de recoger sus cosas para salir del Gran Comedor. El chico se giró con intención de ir a la mesa donde Danny se encontraba para poder pasar el resto de la noche con alguien, pues aunque aquellos bailes no le apasionaban, ya que había ido, no iba a marcharse tan pronto con lo que le había costado quitarse el pijama para bajar. La voz de Alice volvió a sus oídos y giró sobre sí mismo cuando notó que alguien le tiraba de la chaqueta. – Cuando quieras te doy clases de baile. – Bromeó el castaño antes de recibir un suave beso en la mejilla. El chico se limitó a mantener la sonrisa y verla marchar con la cara roja cual tomate.

Después de eso, no lo pensó dos veces y se acercó a la mesa donde estaba Danny con un par más de personas que no conocía. Ser tan sociable para luego no conocer ni a la mitad de los alumnos del castillo. En su camino hacia la mesa, cogió un canapé de color rosado y se lo lanzó a Danny, con la suerte de estamparlo en su mejilla. Sonrió de medio lado y saludó con la mano a la chica al ver que miraba hasta el imbécil que le había lanzado la comida a la cara. Segundos después, ya había dado un par de pasos hacia atrás y comenzaba a perderse entre la gente que bailaba antes de que Danny diese con él.
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Circe A. Masbecth el Lun Ene 05, 2015 3:16 pm

Con Ian.
Con el grupo de Hufflepuff + Hannah
Con Zackary y su nueva novia la orco.

Si existía una persona en Slytherin que parecía tener complejo de Hufflepuff tullido en su interior, ese era Edward y por esa razón y por su cara de querer subirse encima de una mesa a cantar, o jugar al baloncesto y cantar, o hacer cualquier cosa y cantar, no le soportaba. Eso y porque cada vez que abría la boca y no cantaba como en su cara se veía que deseaba, tenía ganas de cogerle por el pescuezo y estrellar su enorme cabeza contra el suelo para ver cómo esta se convertía en una piñata llena de sesos en lugar de caramelos.

Escuchó el argumento de Ian y, por raro que pareciese, le pareció válido. Afirmó con la cabeza antes de soltar un corto bufido, pues no era una persona que diera la razón a los demás por regla general, y se mostraría reacia a hacerlo aunque supiese que Ian tenía toda la razón del mundo y que, encima, le estaba diciendo un cumplido. Si es que a veces Ian parecía una persona agradable y todo, en lugar de un ser salido de las cavernas con un ego más grande que la cabeza de Robin con ese pelo afro. – A veces eres un grano en el culo. Y otras te consigo soportar, como ahora mismo. – Afirmó la rubia dándole un golpe con el dedo índice en un lado de la nariz. – Por favor, no me consideres tu amiga o harás que me sonroje. – Comentó Circe con fingida modestia. Claro que eran amigos, era de esas pocas personas dentro del castillo que realmente llamaba amigos, aunque luego se limitase a tratarlo como si de una mierda se tratara. Pero ella era así, así de amable con todo el mundo.

Pasaron entre la gente rumbo a la zona de bebidas. La mayor parte de los de Hufflepuff se encontraba ahí, demostrando que su Sala Común estaba junto a las cocinas por alguna razón y no había sucedido de manera aleatoria. La rubia optó por tomar un copa con zumo de calabaza, sin pensarlo dos veces a la hora de soltar un comentario ofensivo sobre todo lo que había en el lugar. No había duda alguna que el Gran Comedor tenía una decoración perfecta, pero la comida dejaba mucho de desear, resumiéndose a ser la misma de siempre. – No me apetece. – Dijo encogiéndose de hombros. Lo cierto es que no había probado la cerveza de mantequilla nunca y tampoco tenía intención de hacerlo en aquel momento.

Dio un trago a su bebida y miró a Ian cuando volvió a hablar, en lugar de perder su vista entre las parejas que se encontraban ahora en la pista de baile. – Por Damon, pero el pobre debe estar llorando en la Sala Común porque su pareja le dejó tirado. – Dijo sin ningún tipo de miramientos. Poder de la amistad. Dio otro trago acabando con el contenido de su vaso y lo dejó sobre la bandeja que llevaba un camarero que pasó en ese momento a su lado. – Lo que está claro es que no te cambiaría por ninguno de esos Hufflepuff tan aburridos del fondo. – Pues a un par de mesas de distancia se veía como Danny, Rhea y un par de Hufflepuff más que no conocía estaban hablando. Y entre ellos, Hannah. ¿Qué pintaba Hannah con toda esa gente? Casi que la prefería cuando odiaba el contacto humano y se negaba a cruzar palabra con cualquiera.

Tomó la mano de Ian ese momento y lo arrastró hasta el grupo de Hufflepuff donde la gente hablaba tranquilamente. Tan tranquilamente que hasta Hannah parecía amable y todo. – Hola chicos, os presento a Ian, para los que no le conozcáis. Es un encanto y se muere por bailar contigo, Rhea, pero es muy vergonzoso como para pedírtelo. – Y dicho esto, se giró sobre sí misma. Dio un paso hacia delante pero volvió sobre sus pasos para hacer una última aclaración. – Lo cierto es que le apetece que alguien le de un beso y como tú eres tan propensa a ello, he pensado que sería perfecto que os conocierais, y así dejaras de lado a tu novio el ciervo.  – Afirmó colocándose dos cuernos con ayuda de las manos. Y sin decir nada más, se encogió de hombros y salió rumbo a la pista de baile dejando a Ian con aquella gente. Al menos tenía a Hannah, que no daba mucha conversación, pero menos da una piedra.

¿Y el por qué de todo aquello? Porque acababa de ver como un ser salido de Mordor se había aproximado a Zack y no quería perderse detalle de aquello. Natalie por su parte, se había alejado de su pareja dándole un empujoncito para que bailara con aquel orco del que el mismo Gandalf tendría miedo. Una sonrisa divertida ocupó su rostro mientras seguía con la vista la reacción de la chica al estar tan cerca de un hombre que no fuera un trozo de cartón recortado y antes de que pudieran bailar, pasó entre medias dando un golpe a la chica y haciendo que se apartara, colocando una mano sobre el hombro de Zack y enlazando sus dedos con los de la mano opuesta del chico. – De nada por quitarte a ese bicho de encima. – Dijo la rubia con total indiferencia. - ¿Te diviertes?
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Invitado el Lun Ene 05, 2015 4:09 pm

El comedor lucia espectacular esta noche, sin lugar a dudas y esto solo hacía que Rhea estuviese aún más preciosa, lo que más maravillaba era la sonrisa tan resplandeciente que lucía esta noche, nada más llegar no pudo parar de sonreír y deseaba que no parase de sonreír así jamás, ya que me encantaba ver esa maravillosa sonrisa y una parte de mi deseaba que aunque fuese mínimamente… el brillo que tenía hoy, fuese por mí también y no por la belleza que emanaba del gran comedor, lleno de la misma gente de siempre pero más felices todos y más guapos.

Después de prometerle que al año siguiente le recordaría que se trajese la cámara para poder retratar como estaba el gran comedor, algo que a mí mismo no podría apetecerme más, que sin aun haber pasado tiempo junto a ella esta noche saber que al año siguiente me encantaría repetirlo, al parecer a ella también le gustó la idea. Después de mi simple pero cariñoso beso en la mejilla me sujeto y me atrajo hacia ella para que nos diésemos otro sutil pero cariñoso beso, esos que me gustaban tanto.

-Me encanta cuando haces eso.-le dije mientras contestaba a su sonrisa y le acariciaba suavemente la mejilla. Aunque aún no le había pedido salir realmente y éramos algo… “no oficial” sabía que estábamos muy bien juntos y que a ambos nos gustaba estar al lado del otro y que todo era mejor.

Mientras no adentrábamos en el salón note como ella no paraba de mirar alrededor como si estuviese buscando a alguien, entonces vi a esa maldita rubia que me había enviado una carta, con la cual anteriormente me habían relacionado aunque yo no hubiese ni intercambiado dos palabras con ella, pero eso no era lo importante… el contenido de la carta que me envió es lo que no paraba de preguntarme si era verdad o no. ¿La había besado Rhea?, tal vez sus besos le gustasen más que los míos, o tal vez… si le pidiese salir me diría que tenía dudas por culpa de ese beso… Era algo que no paraba de atormentarme de vez en cuando, por ello había traído la carta conmigo esta noche, para si surgía la oportunidad de hablar con Rhea, preguntarle qué había pasado y que me contase ella la historia. Estoy seguro que todo tenía una explicación y que esa Slytherin solo quería burlarse de mi como cualquier Slytherin quiere burlarse de todo Hufflepuff.

-Lo que tienen los bailes lentos es que son más pegados.-comencé a decir mientras me acercaba aún más a ella y cuando estábamos a escasos centímetros.- ¿estas segura de que no te desconcentraras a estar a una distancia parecida a esta?, porque a mi seguro que me apetece muchísimo…-y acabe volviendo a besarla.
Acabamos acercándonos a Danny y el resto, Arianne estaba por ahí también, un poco callada.

-Hola chicas, ¿qué tal?-entonces Danny comento lo preciosa que iba Rhea y lo feo que iba yo… la verdad es que cuando había salido del cuarto me sentía bastante bien y guapo, me gusta más llevar el esmoquin que la túnica a quién no le sienta bien un esmoquin, pero ahora que Danny lo decía tal vez tenia más razón que un santo ya que como se suele decir “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”…. Yo no era precisamente una mona, ni un mono pero es posible que ese dicho se pudiese aplicar a mí, o tal vez solo lo decía para tomarme un poco el pelo como suele hacer ella de vez en cuando.

-Está claro que no llego a vuestro nivel de belleza, pequeña Dan, pero he intentado hacer lo mejor posible. Eso si tú estás estupenda a ver cuántos caen rendidos a tus pies esta noche, ¿no?-comente dedicándole una sonrisa y posando mi mano en su cabeza.

-No aún no hemos bailado nada, a ninguno se nos da demasiado bien al parecer.-respondí mientras Rhea cogía una cerveza de mantequilla y se tomaba un buen sorbo disfrutándola igual o incluso más que siempre. De verdad que era algo que le encantaba y a mí me hacía gracia como se ponía siempre que daba el primer sorbo.

Entonces me di cuenta que con ese sorbo se le había quedado manchado un poco la boca, haciéndole un gracioso bigote de espuma, me posicione frente a ella, le dedique una sonrisa y pase mi dedo por dicho bigote de espuma, quitándosela y luego lo pase por esos labios que tanto me gustaban y me acerque para darle un beso y acabar de quitar el resto de espuma que yo mismo había dejado en sus labios. Seguro que un beso con sabor a cerveza de mantequilla le gustaría más que los besos normales.

De repente se acercaron dos personas mientras nos separábamos, eran la rubia insoportablemente pija y un chico que no había visto nunca, Circe, se dedicó a hacer ataques contra Rhea y contra mí, dándome a entender que era prácticamente el padre de Bambi por todo lo que había pasado…. Lo cual me dejo con una cara de pasmado que hasta yo mismo note que era abrumadora. Definitivamente más tarde tendría que preguntare alguna que otra cosa a Rhea.
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Ian Howells el Mar Ene 06, 2015 2:13 am

Hufflepuff y Hannah
Mesa

Lo que estaba claro, aunque Circe se negara a afirmarlo, es que tampoco hacían tan mala pareja. El chico bailaba bien, punto a favor. El chico no era sangre sucia, punto a favor. Ian era una persona con la que poder hablar sin temer quedarse sin conversación, punto a favor. Y ambos poseían una buena sincronización a la hora de meterse con la gente; no con cualquiera puedes tener eso. Después de su momento Gentleman perfectamente colocado en el momento idóneo, se movieron a otra situación, dejando de bailar.

Fueron a beber algo, a refrescarse la garganta, aunque Ian había optado más por una cerveza de mantequilla; algo no precisamente refrescante. Le preguntó, más por curiosidad que por otro motivo, que por cuales de los presentes le intercambiaría y su contestación no fue ninguna novedad. De toda la vida Damon había sido su favorito, suponía que por ese pequeño palo que en ocasiones parecía tener metido por el culo. En esas ocasiones era como Circe pero en versión masculina. Suponía que eso unía y fortalecía los lazos. Incluso Ian ha llegado a pensar que Damon tenía menstruacción femenina, pues no le había visto veces enfadado por absolutamente ningún motivo... Más o menos como las mujeres. La mirada de Ian se dirigió a los Hufflepuff.-Oh vaya, es todo un halago para mí que me pongas por encima de los Hufflepuff.-Ironizó y siguió bebiendo cerveza.

Sin absolutamente vaselina ni aviso, Circe sujetó la mano de Ian y tiró de él hacia la zona de los Hufflepuff sociales sólo entre ellos, parándose justo al lado de una rubia. Ian la miró descaradamente de arriba abajo, con una mirada que no designaba vulgaridad, si no más bien admiración. Una mirada encantadora que solía poseer el chico; aunque mucha gente supiera que precisamente no era un encantador.

La palabras de su amiga fueron divertidas, pero si habían ido allí sólo era con un propósito e Ian se lo olía. No tardó en hacerse realidad cuando Circe se dio la vuelta y se fue. Ian no le prestó atención, ya que estaba entre mercancía útil. Eran Hufflepuff, al fin y al cabo. Mientras Circe hablaba, Ian bebió tranquilamente de su cerveza de mantequilla; cuando se fue, Ian bajó la jarra y miró a la rubia.-Un placer.-Elevó su jarra y luego miró al novio, entrecerrando los ojos.-¡Espera! ¿¡Ustedes sois los hermanos que se dieron el lote!?-Preguntó con una sonrisa en el rostro.-Bueno, probablemente no seáis hermanos, ella es demasiado guapa para compartir genes contigo, lo siento tío.-Le dio un golpecito en el hombro. Luego miró hacia el otro lado y había una rubia en traje, la de la historia de Circe.-Ah, y tú eres esa que recibió una carta de invitación de tu amigo pero resultó tener otra pareja, ¿no? Debes de sentirte realmente decepcionada.-Comentó por lo bajo, dándole un codazo en plan amigotes, como si le importara los sentimientos de esa mujer que ni conocía. Con aquel traje no podía tratarla como a una chica. Era increíble que siendo Slytherin tan pasota tuviera tanta idea sobre cotilleos. Debería decirle a Juliette que dejase de pasarle Corazón de Bruja. Luego miró a la otra chica, que tampoco estaba nada mal y sonrió de lado.-De ti no se nada -su mirada se dirigió a Hannah, que realmente no la conocía, pero al estar en la misma casa y tener amistades compartidas, simplemente se sabía su nombre. Suficiente para una confianza falsificada para el momento-, ¡pero de ti sí! ¡Y tienes comida! ¿Hannah, qué haces aquí? ¿No conseguiste pareja y preferiste ejercer de camarera? Por lo menos has innovado con el menú. Un punto a favor.

Y le quitó un canapé cualquiera, llevándoselo a la boca. Tenía un sabor peculiar… ¿Paté? A Ian nunca le había agradado el paté, pero aquel estaba especialmente rico. Curvó las comisura de sus labios hacia abajo, dando su aprobación. Cuando tragó cerveza para bajar aquello, se acercó a la rubia del principio. Realmente no sabía como se llamaba, o creía que no lo sabía… Era un despistado nato para algunas cosas. Se puso a su lado.-Realmente no me había fijado en ti, por lo que no quería bailar contigo, Circe es una mentirosa.-Sonó cortante, mas simplemente le dijo la verdad.-No obstante, si a tu novio no le importa podría sacarte a bailar ahora que te he visto mejor. Prometo dejar las manos en la cintura y debo alardear de que sé bailar muy bien.-Estaba clarísimo que iba a decirle que no. Circe no parecía precisamente amiga de esta gente, por lo que por simple costumbre, quizás orgullo, le diría que no. Además de que Ian no era bueno en esas cosas, había tenido, sin duda alguna, un ochenta por ciento de negativas por parte de chicas y un veinte de afirmativas. Estaba acostumbrado, pero oye, no sea por no intentarlo. Un baile con una chica guapa siempre es bienvenido, además, le parecía realmente divertido hacer rabiar al novio.

Observó de reojo dónde estaba Circe y la vio bailando con Zack. Si Zack está libre... su mirada rápidamente buscó a la Diosa de las curvas, Natalie. Ahí estaba, sola y desamparada... ¿Zack, qué clase de estupefaciente te has tomado para cambiara Natalie por Circe, tío? A Ian le pasó por la mente ir a hablar con Natalie pero... no, le intimidaba. Se conformaría con los Hufflepuff y la camarera.
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Danielle J. Maxwell el Mar Ene 06, 2015 3:20 am

Con Arianne, Fren, Rhea, Hannah e Ian en las mesas.
Con Gabriel en... tío yo que sé, por ahí perdidos de la mano de Dios entre personas.


De repente me sentí popular. Estaba sola y… voilà, estaba alrededor de cuatro personas. ¡Y una Slytherin y todo! Teniendo en cuenta que está siendo simpática y agradable, probablemente esos canapés tengan pis de troll. Pero no, venga, no voy a ser la típica imbécil que dice que no a las cosas sólo porque son Slytherin, hay gente que vale la pena aun siendo Slytherin y debía de encontrarlas, por lo que no debía de aprovechar oportunidades como estas. Cogí un canapé, pero no me lo comí. Realmente no tenía hambre, pero me lo comería para no quedar mal con la pobre mujer que había tenido ovarios de acercarse a nosotros, a la terrible manada de tejones monosos de quinto y cuarto.

Con el canapé en la mano y un vaso vacío en la otra, sentí como la mano de Fren se posaba en mi cabeza a la vez que decía que estaba guapa. Ambos sabíamos que mi éxito con los chicos, al igual que con la socialización general en mi vida, era básicamente nula. Básicamente un cero a la izquierda. Soy Hufflepuff, voy de traje y no tengo muy buena fama. ¿Quién va a caer rendido a mis pies? Lo miré con cara de pocos amigos cuando me dijo eso.

¿No ves mi club de fan? Ahora mismo todos se pelearán por sacarme a bailar —¡Ni me invitas a bailar, amigo cutre! ¡O sea, me invitas al baile, pasas de mi culo y encima ni me invitas a bailar! ¡Mal amigo! Quitó su mano de mi cabeza y fue entonces cuando se acercó la bestia parda.

La gran bestia del inframundo, esa rubia tocapelotas de sexto de Slytherin, la viva imagen de los espécimen que todo el mundo odia de esa casa. Apareció con un cualquiera y lo dejó ahí, abandonado con nosotros después de haberse metido con Rhea y Fren. No entendí NADA, aunque realmente tampoco presté atención. Para cuando Circe se fue por dónde había venido, su amigo desconocido para prácticamente todos, comenzó a hablar como si de un loro se  tratara. ¿Alguien le había preguntado algo o simplemente empezó a hablar porque sí? Qué manera más poco cortés de interrumpir una desagradable conversación. Sólo por eso no me importó su actitud.

Aunque no tardó mucho en dejar de reflonflinflármela, ya que comentó algo en referencia a mí que me hizo saltar. ¿Cómo narices sabía él eso? ¿Tanto se me notaba? Lo miré con cara de pocos amigos y luego miré a Fren con cara de pocos amigos. Los miré a todos con cara de pocos amigos porque la verdad es que estaba cabreada con el mundo y, en aquel momento, no llegué, ni me acerqué, a la conclusión de que si él lo sabía sería por algo. Estaba demasiado cegada por el odio interior de Hufflepuff orgullosa que simplemente sentí como un canapé cualquiera hacía “plof” contra mi mejilla, manchándola de algo pegajoso.

Abrí la boca sorprendida y miré hacia dónde había venido: era Gabriel, saludándome felizmente. Lo miré con cara de poco amigos (para variar) y decidí que no quería pasar tiempo con la Slytherin sociable, ni con el Slytherin tocapelotas, ni con mi amigo tonto, ni con mi amiga Rhea ni con Arianne. Rhea y Arianne no tenían culpa. ¡Pero los demás eran muy raros! Además, tenía que vengarme de Gabriel.

Dejé el vaso sobre la mesa junto con el canapé de la Slytherin y cogí una servilleta para limpiarme lo pegajoso de la mejilla rápidamente. Le tiré la servilleta al Slytherin a la cara y luego me dirigí a Fren.

Me voy con el estúpido que me tiró el canapé. La venganza se sirve fría, ¿lo sabes, no? —le pregunté a Fren, con DOBLE SENTIDO. Porque Danny Maxwell puede ser muy de dobles sentidos. Pasé a su lado y le di un golpe con el hombro en su hombro, en plan pique, porque realmente estaba picada y soy una de esas chicas a las que se le nota cuando algo se le pasa. ¡Y es que no puedo evitarlo!

Caminé hasta dónde vi que se había ido Gabriel. Tenía ganas de estar con Alice, abrazarla y hablar de gilipolleces varias que me hagan reír, pero como no sabía dónde estaba y la última vez que la vi era con Gabriel, él era mi pista más cercana. Además, Gabriel aunque de normal me hiciera rabiar (aunque en realidad me hace reír con las estúpidas notas con frases a lo Yoda), ahora mismo me parecía una compañía aceptablemente guay. Porque “guay” es un adjetivo muy chachi.

Después de buscarle con la mirada algunos minutos, lo vi a través de algunas personas. Pasé cual contorsionista entre brazos, copas, vasos, comidas y personas y llegué a sujetar su mano con la mía para hacer que se parase. Luego le solté la mano, obviamente. No la iba a sujetar por la eternidad de las eternidades. Cogí un pequeño pastel de la mesa más cercana y se la estampé en la mejilla.

¡Vendetta! ¿Y si me llegas a manchar el traje con tu estúpida idea? —le pregunté falsamente indignada. Me hubiera dado exactamente IGUAL. Así hubiera tenido excusa para irme sin parecer todavía más desgraciada—. ¿Dónde has dejado a Alice? ¿Ya la sedujiste, la mataste y la enterraste en los jardines? Y... ¿ahora vienes a POR MÍ? —recité cual película de “miedo” de serie B, esbozando una divertida sonrisa.
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