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TRAMA GLOBAL: Baile de Navidad II

Albus Dumbledore el Sáb Dic 20, 2014 9:44 am

Recuerdo del primer mensaje :




La Navidad se acercaba un año más a Hogwarts, y todos los alumnos habían sido avisados para la celebración del baile de Navidad que tenía lugar cada año entre los muros del Castillo. Alumnos y profesores, ataviados con sus mejores galas, se agrupaban en el Gran Comedor, adornado especialmente para tal festividad. Luces tenues, un cielo abierto en el techo y nieve cayendo por todos los rincones que se desvanecía antes de tocar sus cabezas. La decoración había sido preparada minuciosamente para que todo fuera perfecto, con las mesas necesarias para que todos los alumnos pudieran compartir tal celebración al mismo tiempo que disfrutaban del baile en el que únicamente ellos eran los protagonistas.

El director, con su natural sonrisa iluminando el rostro pasó entre las mesas, aún vacías, esperando a que fuera la hora acordada. Cuando el sonido del reloj del campanario indicó que eran las nueve, alzó la varita haciendo que las puertas del Gran Comedor se abrieran de par en par, mostrando a los alumnos que esperaban en el hall de entrada la decoración Navideña donde pasarían la noche previa a su marcha a casa. Carraspeo para hacerse notar, a sabiendas que la mayor parte de los alumnos ya se había volteado para mirar el interior del Comedor y giró sobre sí mismo, pasando entre las mesas vacías y esperando a que los alumnos lo siguieran al interior de la estancia. Giró sobre sí mismo sin borrar la sonrisa del rostro. - Pasen, pasen, todo está listo para que comience la celebración. - Guiñó un ojo a un grupo de alumnos de primero que contemplaban ensimismados la decoración y subió hasta la platea donde, posteriormente, los músicos comenzarían a tocar.

- Que raro no veros con uniforme. - Bromeó el hombre, con su habitual tono ambiguo, dando la impresión de estar en su propio mundo. Escuchó a uno de los profesores toser, indicándole que no era manera de empezar un discurso, y no tardó en comenzar a hablar, aunque manteniendo el mismo todo. - Como cada año, la Navidad llega a Hogwarts, y con ella nuestro habitual baile. Las mesas están llenas de la cena que nuestros queridos Elfos nos han preparado para esta peculiar noche, y las bebidas están repartidas por toda la sala. Incluso tenemos nuestros particulares camareros para disfrutar de la velada. - Señaló hacia un rincón, donde un grupo de hombres rubios de trajes negros y pajarita no hicieron mueca alguna. - La pista de baile está lista para que todos disfrutéis de la noche y nuestra particular banda de música nos deleitará durante toda la noche. - Hizo una leve reverencia y se dispuso a bajar de la platea. - Y que comience el baile. - Y en dicho momento, la música comenzó a surgir de todos los rincones, inundando la sala y animando a los asistentes a bailar y disfrutar de la noche.


OFF ROL:
A partir de este momento queda libre la entrada para el baile y este permanecerá abierto hasta el día 20 de enero, dando un mes de margen a todos los personajes para rolear en esta zona.
A su vez, para facilitar las interacciones durante este post grupal, nos gustaría que al principio del post hicierais una breve especificación de con quién estáis y en que zona, para que todo usuario sepa si se está interaccionando con él y no existan problemas a la hora de pasar por alto el post de otra persona por no haber leído los posts de todos los asistentes. Aquí un ejemplo:

Spoiler:

Con Lord Voldemort en la pista de baile.

Texto del post.
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Zachary S. Dankworth el Mar Ene 06, 2015 7:01 pm

Bailado con Natalie.
En las mesas con Natalie.
Secuestrado por el orco de Mordor y arrastrado a la pista de baile en contra de mi voluntad.
Bailando con Circe (de nuevo secuestrado).

Natalie rió cuando le relaté como había engañado a aquel pobre compañero de Slythwrin para que fuese al baile con la Gryffindor fea. No se sí ahora estarán bailando por ahí o si la habrá dejado plantada con el vestido en el vestíbulo, cosa que creo muy probable aunque espero que no haya pasado, pues ver al chaval siendo torturado al bailar con aquella chica debía de ser un espectáculo de lo más entretenido.

-Ya ves, seguro que tienen una celda preparada con mi nombre y todo- dije con sarcasmo ante el comentario gracioso de Natalie. Oye, que a lo mejor ese sí que es el caso, después de la visita permanente que hizo mi tío hace años. Me imagine una vela fría en la prisión de Azkaban con un legro con el apellido Dankworth en él y a punto estuve de estremecerme.- ¿No les habías descubierto hasta ahora? Por favor, ¡sí es muy favila encontrar a tu club de fans! Sólo tienes que mirar a tu alrededor y mirar qué chicos están babeando... ¡Oh, mira! ¡Todos están babeando!- reí.- Y no les culpo... Pero te gradúas en unos meses y tu club de fans dejará de estar compuesto por adolescentes canijos y salidos.

Bailábamos y hablábamos. Con todo eso de que este iba a ser nuestro último baile de Navidad y eso parecía darle pena a Natalie, la invité a un baile en mi casa cuando ella quisiera. Claro que si aceptaba tendría que avisar de cuándo lo quería, pues tenemos que limpiar el salón de baile por todas partes. Lleva tanto tiempo cerrado que supongo que tendrá montañas de polvo. Nos haremos con más elfos domésticos que hagan todo el trabajo, los Dankworth no nos manchamos las manos con la suciedad de la casa. Natalie dijo que suponía que todo en las fiestas de los Dankworth debía ser mejor que en Hogwarts salvo su pareja de baile.

-Señorita Corvin, ¿está usted ligando conmigo?- bromeé en tono juguetón y pícaro mientras alzaba una ceja con un gesto divertido. Ignoré que usase mi nombre completo, cosa que solía detestar, pues ella no lo había hecho aposta, al contrario que otros...- Y claro que los bailes allí son mejores. ¡Hay alcohol! Cosa que a este baile le hace mucha falta, en mi opinión... Pero bueno, tengo alguna botella escondida en mi baúl para ocasiones especiales.

Bailábamos dando vueltas por la pista de baile y llamando la atención de los que bailaban a nuestro alrededor y de varias personas sentadas en las mesas. Es que entre que Natalie y yo somos una pareja de guapos y que bailamos como si fuésemos profesionales no había forma alguna de no llamar la atención. No es algo que me moleste. Veía por el rabillo del ojo como algunas parejas intentaban imitarnos y fallaban miserablemente, y aguantarme la risa estaba suponiendo todo un esfuerzo. Natalie y yo no tardamos en comentar y criticar la torpeza de los demás bailarines, sobre todo la de sus antiguas parejas de baile.

-Pues es una tontería que quitasen las clases- digo cuando Natalie dijo que ya no daban clases de baile.- Se están cometiendo crímenes en este baile por la ineptitud de la gente... ¡Crímenes!- exclamé de manera algo exagerada y dramática, pero no es para menos después de ser testigo de la torpeza de mis compañeros. ¿Cómo puede alguien ser tan pato?

Natalie y yo seguíamos charlando. Cuando me preguntó que qué iba a hacer después de graduarme no dudé en decirle que quería ser Inefable, pero ella no sabía qué era eso. Poca gente lo sabía.

-Son los trabajadores del Departamento de Misterios. Nadie sabe exactamente qué es lo que hacen, excepto que investigan campos muy peligrosos y poco conocidos de la magia... Mi padre me dijo que sabía que algunas de las cosas a las que se dedican es al Tiempo, la Muerte, el poder de la mente... Profecías... Incluso el amor- dije mientras ponía los ojos en blanco y continuaba guiando a Natalie por la pista de baile.- Dicen que esa es una magia muy poderosa, pero yo no me lo creo. Lo demás sí, y me muero por descubrir todo lo que ese departamento tiene que ofrecer. Tanto poder...- murmuré, y en mis ojos se reflejó la codicia que sentía. Soy una persona ambiciosa, y no me avergüenzo de admitirlo. Es lo único que te lleva a lugares altos en este mundo.

Le pregunté a Natalie que qué era lo que quería ella, y escuché con atención. No pude evitar reír por lo bajo cuando dijo lo de los dragones.

-Sí, tienen un pequeño problema de carácter- dije con sarcasmo.- Pero creo que se te daría bien. ¿Te acuerdas de las acromántulas?- me sorprendió cuando dijo que al final se había interesado por ser Desmemorizadora.- ¿En serio? Es un buen trabajo. Mi padre es Desmemorizador. No me cuenta muchas cosas, pero parece que está contento con su trabajo. Lo único de lo que se queja es del papeleo que hay a veces, pero no te puedes librar de eso en ningún trabajo, sea cual sea- dije mientras me encogía de hombros.

Por fin llegó en momento en el que Natalie quiso parar de bailar durante un rato y me pidió que la acompañase a las mesas a tomar algo. Lo hice y esperé a que Natalie terminase de servirse la bebida para servirme entonces yo. Reíamos por lo bajo sin decirnos nada, simplemente disfrutando de la compañía, y vi como a Natalie la saludaban bastantes personas. Entonces se acercó una chica que reconocí de la Sala Común, era una Slytherin que era como una peste. Una peste en todos los sentidos. Era fea como el culo de un babuino y me perseguía por todas partes cuando pensaba que yo no me daba cuenta, y la sutileza no era lo suyo. ¿Cuál era su nombre? Ni siquiera me acuerdo... Algo así como Josephine, tal vez, o al menos algo que terminaba en "-ine". ¿Geraldine? ¿Gwendoline? Ni zorra. Me pidió bailar y estaba a punto de mandarla a paseo cuando de pronto Natalie me dio un empujoncito y me mandó directo a los brazos de la fea, que me arrastró de vuelta a la pista de baile, contenta como no lo había estado en la vida. Giré la cabeza antes de desaparecer entre la gente que bailaba y vi como Natalie se reía con maldad, satisfecha con la travesura que me había hecho. La fulminé con la mirada, jurando venganza. ¡En cuanto vuelva pienso lanzarla a los brazos de un Hufflepuff!

Estaba a punto de morirme del asco viendo que iba a tener que bailar con ese orco, cuando de pronto una chica apareció y empujó al orco, poniéndose entonces a bailar conmigo. La fea casi se puso a llorar, pero no hizo nada. Miré quién era mi salvadora, y me sorprendí al ver que era Circe. No se si alegrarme o pensar que esto va de mal en peor.

-Gracias- dije al fin, pues es cierto que no tenía ni un poquito de ganas de bailar con la fea.- Sí, me divierto. O me divertía, antes de apareciese esa. No sé quien de las dos es peor, en verdad, si tú o ella, pero al menos a ti se te puede mirar a la cara. ¿Dónde te has dejado a Ian? ¿Ya te has aburrido de él?- pregunté mientras miraba a mi alrededor un segundo para ver qué había sido de mi amigo.

Mientras miraba a mi alrededor busqué con la mirada a Natalie. Mis ojos gritaban "¡Socorro!".
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Gabriel J. Blumer el Mar Ene 06, 2015 11:43 pm

Con Danny, en la pista de baile, cerca de las mesas y donde hay una cortina. Sí, hay cortinas.

El canapé dio en el punto exacto al que había apuntado. Ni un milímetro más arriba ni uno más abajo. Justo en el pómulo de la chica, deslizándose lentamente por su cara hasta que la chica lo quitó de su rostro. Una sonrisa divertida se dibujo en sus labios ante tal proeza, pues por regla tenía una puntería que distaba de ser precisamente buena. Lo cierto es que en aquel momento había tenido mucha suerte. Simplemente había lanzado el canapé con intención de llamar la atención de Danny pero por suerte para ambos se había estrellado contra su cara, sin rozar lo más mínimo su pelo o su traje. Suerte para ambos porque ella había tenido cierta facilidad para quitarse el canapé y sus restos de la cara y porque él no tendría que cambiarse de colegio para huir de una enfurecida Danny Maxwell tras sufrir una humillación pública en el baile de Navidad.

Antes de esperar a ver la reacción de la chica, Gabriel ya había pasado entre la gente rumbo a un lugar seguro. Pero sabía que cualquier lugar sería insuficiente para librarse de la ira de la Hufflepuff tras haber recibido un canapé en la cara. Danny no era una persona pacífica, era más bien todo lo contrario. Y Gabriel no era una persona tranquila, era una persona toca pelotas de campeonato, especialmente con alguien como Danny, que saltaba tan fácilmente ante sus comentarios y acciones. Como en aquel momento, pues ya la imaginaba con la cara roja como un tomate, humo saliendo por sus orejas, los ojos grandes como platos a punto de salirse de sus cuencas y los labios apretados mientras maldecía a Gabriel y a todos sus antecesores conocidos y desconocidos hasta llegar a la decimonovena línea por parte de padre.

Siguió pasando entre la gente chocándose nuevamente con una pareja, pero por suerte aquellos dos resultaron más simpáticos y no se quejaron cuando la copa del chico acabó recorriendo el vestido blanco de la chica. Bueno, en verdad empezaron a insultarle. La chica rompió a llorar. El chico intentó arreglar el estropicio con una servilleta. Ella lloraba más. A él le comenzaba a salir sangre por los oídos por tal sonido. En cualquier momento aparecerían los dementores para llevar a Azkaban a la chica por asesinato en primer grado. Lo cierto es que sólo le insultaron un poco y siguieron como si nada, pues con una varita todo tiene solución, incluso una mancha de ponche en un vestido blanco. Pero la idea de ver dementores en el Gran Comedor para dar un beso a una chica por gritar sonaba mucho más épica en su cabeza. Todo parecía mucho más épico en su imaginación, menos ese pequeño pastel que acabó estampado en su cara cuando giró entre un par más de parejas.

¿En qué momento había llegado Danny a su lado? No lo sabía, pero estaba casi seguro que aquel traje que llevaba le daba super poderes y por eso no llevaba vestido como absolutamente todas las demás chicas. - ¿De dónde sales? – Dijo sorprendido mientras usaba  la cortina más cercana para limpiarse la mancha de la cara. En condiciones normal hubiese usado la manga de la chaqueta, pero para una vez que iba “arreglado” (énfasis en las comillas”) no quería destrozar su propio atuendo. Y eso, había una cortina cerca, era cosa del destino.

Las conversaciones con Danny tenían el mismo sentido siempre, por lo que Gabriel se dedicó a asentir a sonreír a lo que decía. – Claro, tu amiga es tan fácil de seducir que tan sólo he necesitado un minuto. El resto del tiempo lo he dedicado en cavar un agujero en los jardines y llegar hasta ellos. Y cambiarme de ropa, que me había manchado con la tierra. – Dijo con un tono muy serio.

¿Acaso lo dudabas? – Dio un paso hacia delante, acortando la distancia entre ambos e intento alcanzar un canapé de alguna de las mesas, algo que resultó imposible y lo único que hizo fue darle un pisotón a Danny. – Esto había quedado mucho mejor en mi imaginación. – Dijo entre risas. En ese momento la música comenzó ser más movida, cambiando el típico vals que estaba sonando continuamente a ser música más bailable para personas que no tienen ni idea de bailar. Movió la cabeza al ritmo de la nueva música y tomó a Danny por la mano, haciendo que diese un giro sobre sí misma, sorprendentemente sin hacer que terminase en el suelo o contra una de las mesas más cercanas. - ¿Dónde te has dejado a tu super pareja de baile por la que te has puesto tan sexy?
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Arianne Anderson el Miér Ene 07, 2015 12:02 am

Mesas con Fren, Hannah, Rhea, Ian...
O eso creo. Ya sabeis, soy la Huffle callada.

*Me acerqué a Danny para poder hablar con alguien. Estaba bastante sola y ver que ella también lo estaba me animó a hacerlo. Danny parecía cabreada, o enfadada. A la gente no le gusta estar sola en las fiestas. Tampoco a mí me gusta, pero no tengo pareja y me tengo que aguantar. Lo paso bien viendo a otros bailar y reír, pero comer y beber sola es bastante deprimente. Me serví algo dulce mientras hablaba con ella. Estaba bastante triste. Tenía pareja para el baile pero se había retrasado. Sonreí de lado. * Yo siempre vengo sola. *De nuevo, usé ese tono neutro, ni triste ni efusivo, típico de una persona que conoce su destino y lo acepta tal cual. No me gustó saber que Danny estaba sola porque algún desalmado no había acudido a su cita. Y más, viendo que Danny estaba tan guapa con aquel traje de mujer. Asentí comprensiva cuando Danny explicó que eligió una indumentaria con pantalones porque odiaba llevar falda. El uniforme de las chicas en Hogwarts tiene falda. Entiendo que la odie porque es incómoda para ciertas tareas, aunque a mí me gusta. Tengo unas piernas torneadas y no me importa lucirlas. Aunque nunca subo mi falda como hacen algunas, que pasan de falda a minifalda escondiendo tela desde la cintura. Se acercaron a nosotros Fren y Rhea, una pareja de cine. Los admiraba con envidia sana. Danny quiso picar al chico llamándole feo, pero no era más que una broma. Fren parecía un galán de cine. Por un momento me pareció que todo el mundo estaba pendiente de no estar solo en la fiesta, y de ligar. Como eso a mi me da igual, mientras ellos hablaban me limité a asentir y sonreír. Sin olvidarme de comer. Estos elfos preparan comida bien rica.
Me asusté un poco cuando una Slytherin con cara de haber visto un fantasma se acercó a nosotros con algo en la mano. Me dieron ganas de gritar “¡¡todos a cubierto!!”, pero tenía la boca llena y cuando quise hablar, la muchacha se había acercado con comida y muy amablemente nos ofreció. * Eres muy amable. * Comidaaaa. Había mucha más comida en las mesas de la que la gente se iba a comer, pero es de mala educación no comer si te lo ofrecen, de modo que cogí un pequeño canapé muy selecto. Sabía a paté y quizás a aceituna. * Delicioso. * Me encogí de hombros con una sonrisa, y viendo que había otros con lomo, me atreví a repetir. Pero solo uno más, no quiero ser una glotona acaparadora. El de lomo estaba aún más bueno que el de paté.
Me extrañó tanto que otra chica de la casa Slytherin se acercara a nosotros. Era como si todos hubiesen tomado narcóticos alucinógenos. Y yo que leñes se que es eso. Pero es raro que hablen con nosotros los tejones. Nos presentó a Ian, un chico risueño y guapo, alegando que quería bailar con Rhea. Miré a Fren instintivamente. Que no se deje engañar, es imposible que un Slytherin quiera bailar con una chica de Hufflepuff. A menos, que quiera enfrentarse a Fren. Me sentí como una observadora, pero preparada para defender a mis amigos si se daba el caso. El chico parecía conocer todos los chismorreos de la revista de cotilleos. De mi, por supuesto, no sabía nada. Jamás salgo en ella. Será porque jamás hago nada fuera de lo normal. Le sonreí, como a todo el mundo. El chico también probó los aperitivos de la chica de su casa. De pronto me vino algo al pensamiento. ¿Y si los ha envenenado? Bah, imposible. Saben muy bien. Alguien tiró un canapé a Danny y ella salió directa hacía él. Me quedé mirando a mi alrededor. Estaba con demasiada gente desconocida para mí. Y lo mejor iba a ser huir o hablar. Opté por lo segundo. * ¿Cómo te llamas? * Pregunté a la chica de los canapés delicioso. Fren no debía estar de buen humor, de modo que intenté calmar el ambiente. * ¿Los has probado? Están muy ricos. * ¿Soy la chica que sale a altas horas de la noche anunciando cosas en la tele-tienda? Es la fiesta más rara a la que jamás he asistido. Aún así, estoy disfrutando.*
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Circe A. Masbecth el Miér Ene 07, 2015 11:21 am

Si echaba un vistazo por todo el Gran Comedor no había duda alguna que la persona idónea con la que ir al baile estaba frente a ella hablando como la cotorra que era. A veces se preguntaba sin Ian tenía algún tipo de mecanismo en su interior que le obligaba a hablar de manera aleatoria y sin freno, como si pasar dos minutos con la boca cerrada supusiera una auténtica tortura china. Pero sin contar que a veces sus monólogos rozaban lo absurdo, era simpático. Nunca lo diría en voz alta, o al menos no a él, pero Ian le caía bien. Le caía realmente bien. Era una de esas pocas personas en aquel castillo que consideraba como sus amigos, por mucho que se pasaran el día insultándose el uno al otro, pues a fin de cuentas, no eran tan diferentes. Y quizá, si no fuera por los altercados que tuvieron durante sus primeros años en los que  Circe se decantó por pasar tiempo con Damon y no con Ian, podrían ser mejores amigos. Pero no, por una razón u otra, Circe había optado por arrimarse a Damon. Cierto es que podría haber mantenido amistad con ambos, pero si existía una persona en Slytherin más egoísta que ella misma, ese era Damon.

Dejarle tirado no parecía una opción maravillosa si era la mejor persona con la que podía cruzarse en aquel baile, pero sí cuando eso suponía molestar tanto a su amigo como a un grupo de numerosos Hufflepuff. Ian le caía bien, pero no desperdiciaría la opción de amargarle la noche acercándole a un grupo de alumnos que deberían recibir una subvención por su discapacidad. Pero, lo mejor de todo, es que Ian era lo peor que podían echarse a la cara aquellos. Ian no tenía pelos en la lengua, no era cuidadoso y era demasiado cruel. No dudaba a la hora de decir lo primero que se le pasase por la cabeza y eso esperaba que hiciera. Circe no tardó en dejarle atrás junto aquel grupo y comenzó a escuchar la voz de Ian a sus espaldas. Echó un último vistazo al chico que ya había comenzado a dialogar con aquellos de manera poco agradable pero como si fueran amigos de toda la vida que se cuentan cómo les ha ido el año. Una sonrisa divertida surgió en sus labios al ver aquello, ya tendría tiempo para preguntarle a Ian si lo había pasado bien con aquel grupo de retrasados. Tan solo esperaba que no fuera cierto todo lo que dicen, pues como a Ian se le pegara lo malo de los demás, iba a acabar desheredado por su familia y viviendo bajo un puente con una vaca como mascota. Sí, como su propio hermano, aunque ese tenía casa, dios sabe cómo la pagaba. O más bien, sólo él, su vaca y su camello lo sabrían. Y  cuando hablamos de camello, no es precisamente el amigo de la vaca.

La rubia giró sobre sí misma con intención de buscar algo divertido qué hacer mientras su amigo mantenía una conversación de lo más interesante con aquel grupo pues, por una vez, Ian debía sentirse el inteligente de la conversación, algo insólito en su triste vida. Circe no tardó en ver lo que sería su diversión durante un rato, pues como buena hija mimada y malcriada, se cansaba de las cosas con una facilidad insólita, y lo mismo le pasaba con las personas. Primero había estado un rato con Ian y no es que se cansara de él, sino que necesitaba ampliar su círculo social, como solía decir su hermano.

La diversión vino en forma de persona trajeada y con cara de tener nauseas, las que vendrían provocadas por la nueva pareja que ahora tenía. No sabía dónde se había metido Natalie, pero al parecer había resultado ser tan mala persona como Circe, dejando a su pareja de lado y juntándolo con el primer ser sacado del mismo infierno que se cruzara en su camino. – Un placer. – Dijo con una sonrisa divertida mostrando los dientes.

Como cabía de esperar, la simpatía no vino por parte de Zachary. Era obvio que aquellos dos no se llevaban precisamente bien, pero a Circe le sentó como una patada en el estómago el comportamiento del chico. Sí, era cierto que sólo se había acercado por molestar y ver qué se cocía en la otra punta del Gran Comedor. Sí, también era cierto que si estaba ahí no era precisamente por quitarle aquel bicho de encima a Zack. También era cierto que nunca hacía nada bueno por los demás… Pero eso no quitaba que el comentario no le sentase precisamente bien. – Cuanta simpatía por tu parte. Estás hecho todo un caballero, no sé cómo tu pareja te ha podido dejar de lado con lo agradable que eres a veces. – Puso los ojos en blanco y siguió bailando intentando frenar su propia lengua y sus instintos por llamarle de todo menos bonito.

- Con ese grupo de Hufflepuff. – Indicó cuando dieron un giro y Zack tuvo en frente, a lo lejos, a Ian y a aquel grupo de Hufflepuff. – Aunque también está Hannah, no todo tiene que ser tan malo. – Añadió. Hannah no hablaba e Ian no era capaz de cerrar la boca, de aquello podría salir algo bueno. – Que tu pareja se aburra de ti no quiere decir que los demás nos aburramos de nuestras respectivas parejas. – Negó con la  cabeza. – Iba a decirte lo maravilloso e interesante que es Ian, pero mentir me aburre demasiado. – Sí, le caía bien, pero no era ni maravilloso ni interesante. Era simpático y entretenido. Pero ya. – Aunque al menos es más agradable que tú, Don palo metido por el culo.
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Axel S. Crowley el Miér Ene 07, 2015 10:11 pm

Lluna, en una mesa

A Axel no le parecía aburrido hablar sobre el futuro, es más le parecía a la vez terrorífico y emocionante. Tenía tantas cosas que hacer y tantos planes por desarrollar que no sabía ni por dónde empezar. Lo que no tenía tan claro era cómo terminar con su vida, pero no le importaba. ¿Un trabajo fijo? Lo tendría seguro si en algún momento quisiera sentar cabeza seriamente con toda la familia que tenía y los contactos que esa familia le proporcionaba. ¿Pero mientras tanto? Su mayor ambición era ser descubridor y aprendiz todo el tiempo que pudiera. ¿Ser el maestro? No le inspiraba ningún tipo de emoción, pues querría decir que su aprendizaje ha acabado y eso le parecía impensable. Como un auténtico Ravenclaw, pensaba que nunca se dejaba de aprender y pretendía dar a conocer todo aquello, que pudiese y quisiera, para la posibilidad de todos. ¿Su mayor aspiración? Hacerse famoso no por su apellido, sino por su nombre y sus descubrimiento. Quería escribir un libro, uno de esos libros que lo habían enamorado por su contenido.

Pero entendía perfectamente que había gente que aun no tenía ni idea de lo que quería hacer con su vida, algo perfectamente razonable para una persona entre los quince y diecisiete años. ¿A quién en su sano juicio se le ocurre preguntarle a un adolescente que quiere hacer con su vida? Nadie lo sabe a esa edad menos dos o tres, los demás se estresarán hasta la hora de verdad, en dónde tengan que elegir, lo hagan mal y a mitad de sus estudios decidan volver a cambiar. Y eso era así. Era normal que la gente joven sin idea no quisiera hablar de eso. Si le preguntaran a Axel, se pegaría mucho tiempo hablando sobre todo lo que tenía pensado.

Decidieron apartarse de la pista de baile por un rato y ambos se dirigieron a una mesa cercana, en dónde había suficiente bebida y comida para bastante gente. Axel le dio a elegir entre las dos bebidas que habían en esa mesa, pero realmente en otras había más variedad. Axel rio divertido, por lo bajo cuando Lluna dijo lo de la caza de Sangre Sucias. No sería mala idea.

-Sabiendo como son algunas personas, no me extrañaría que esa fuera la causa.-Dijo el chico. Había gente extremadamente cerrada de mente; no sólo en Slytherin, dónde suelen estar, sino en todas. Si encima se les van la cabeza, aquello podía írsele de las manos a los profesores.

Le sirvió la bebida a Lluna y se colocó junto a ella mientras bebía de su vaso. La imitó y probó la comida que estaba en la mesa, perfectamente colocada. Se notaba que estaban en un sitio mágico, o teniendo en cuenta que era una fiesta adolescente, todos los manteles tendrían una mancha de alguna bebida caída o más de una porción de comida en el suelo. Probó los canapés primero, aunque luego se decantó más por algo dulce. Prestó atención a lo que le decía la rubia y coincidía con ella. Desde pequeño ha vivido junto con elfos domésticos y a Axel le caían bien, era uno de los pocos Crowley que los trataba bien. La verdad es que su familia no era muy buena, ni con elfos ni con otros humanos, eran una panda de irascibles todos. La chica que quisiera a Axel, iba a dejarle cuando conociera a su familia, eso estaba claro.

-Que muy pocos-Corrigió el chico, pero no quiso parecer cortarollos, por lo que matizó lo siguiente-bajo mi punto de vista. La sangre es importante, pero he visto a gente mestiza -o incluso sucia, pero se lo ahorro por si alguien estaba con la antena puesta, mas esperaba que Lluna lo diera por hecho- mucho mejor que sangres limpias.-Continuó el chico.-Al final todo resulta ser cuestión de aplicación. Por mucho que haya un sangre limpia que es un estúpido y alguien que se cree superior sólo por tener sangre pura… más de una vez han sido eclipsados por alguien que en teoría, es inferior sólo por su sangre. Mis padres son muy cerrados con ese tema, pero no sé hasta dónde esa ideología es sana.-Sonrió, encogiéndose de hombros. Hablaba en tono normal, ni alto ni bajo, pero con el ruido que había, aquella conversación era sólo para Lluna.  

A Axel no le importaba dar su opinión lo más mínimo, sin temer ser juzgado por nadie, ya que cada cual puede pensar lo que le de la gana en base a sus propias experencia o lo que le han inculcado. Axel entró a Hogwarts con una mente totalmente distinta a la que tiene ahora, y, gracias a Merlín, ahora pensaba distinto. Había visto a sangre sucias patear culos de sangre limpias, eso sí, siempre en igualdad de condiciones. Los que más fardan de las sangre, siempre son los que van en manada en busca de demostrar su habilidad. Axel atendía a la diferencia de sangre, sólo que no lo demostraba. No le interesaba ganarse ningún enemigo sólo por menospreciar su árbol genealógico.

El chico habló sobre un tipo de baile más movido y a la chica le dio curiosidad. El chico se motivó con sus preguntas pero negó con la cabeza. Axel siempre había sido de bailar música clásica o parecida a ella. Aparte de eso, sabía moverse con música más movida pero a la vez elegante: swing, jazz, blues… Pero sobre todo el Swing. Había música de ese estilo que no era solo entretenida, sino incluso divertida. O por lo menos, él se lo pasaba pipa bailando con su hermana cuando los bailes cambiaban ese estilo más serio y cambiaban a algo más movido como el swing. Podías improvisar bailes hasta el punto que quisieras.

-¿Merengue?-Axel no sabía ni qué era eso.-¿Eso no es lo que se le echa a las tartas?-Preguntó ignorante en el tema. Un tema en el que no le importaba ser ignorante.-No sé que es eso. Pero me refería más al Swing y todo lo parecido a ello.-Dijo el chico para evitar más confusiones entre comidas de repostería y tipos de baile que Axel supiera bailar. Ella Fitzgerald era una artista que le encantaba para bailar.-¿Lo has escuchado, no?-Preguntó perdido.

Tras comerse lo dulce y lo salado, su propia subconsciente decidió de que el canapé salado estaba mucho mejor, por lo que repitió de ese plato.

-Aunque claro, tendremos que esperar a que la gente termine de pisarse con esta música para intentar cambiar el repertorio.-Dijo tras tragar.-Mientras tanto cuéntame, ¿hubieras venido sola al baile si no te lo hubiera pedido o tenías a algún chico en la mira?-Preguntó con una pequeña y simpática sonrisa en el rostro.
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Danielle J. Maxwell el Jue Ene 08, 2015 1:44 am

Gabriel por en medio de las mesas

Como era costumbre en una persona normal: si no está cómoda en una situación, busca la manera de acomodarse. Como yo no era una persona normal y estando al lado de Fren y de dos Slytherin no me sentía cómoda, pues simplemente huí. Eso de adaptarse no iba conmigo, yo más que un camaleón era una gacela asustadiza. Pero en verdad no estaba asustada, simplemente no estaba en mi zen. Aunque seamos sincero, nunca encontraré el zen en un baile de navidad, simplemente no ir vestida como normalmente iría me hace estar fuera de mi zen.

Fue divertido pasar por en medio de toda la gente intentando no chocar con absolutamente nada. Casi lo consigo por completo, pero realmente choqué con más de una espalda, de un brazo y posiblemente hice más de un traspié. Sin querer, claramente. Cuando los hago queriendo normalmente no me salen y termino cayéndome yo. No dudé ni un momento, desde que estuve cerca de Gabriel, en coger lo primero que vi en la mesa y pegárselo en la cara.

No se esperaba mi presencia tan rápida a su lado y es que yo soy flash cuando me lo propongo. Sonreí cuando sujetó una de las cortinas más cercanas y se limpió con ella, todo muy bonito. Observé a mi alrededor y vi a un profesor mirándonos mientras negaba lentamente con la cabeza al ver el gesto tan educado de Gabriel de limpiarse con una decoración. Reí por lo bajo y volví a girarme hacia él, sujetando las dos manos por delante de mí. Le pregunté por Alice de una manera especial y su contestación fue casi tan absurda como mi pregunta.

¡Lo sabía! ¡Le tengo dicho que no se deje seducir tan fácilmente! —bromeé. Yo sabía que Alice no se dejaba seducir fácilmente y que probablemente estuviese en una de las mesas comiendo con alguna de sus SÚPER AMIGAS DE SU CURSO. Me caían mal, qué conste. Deberíamos haber sido del mismo curso. Aun con una sonrisa divertida en el rostro, negué con la cabeza por nuestra conversación—. No en serio, ¿y dónde está? ¿Te cayó bien? Bueno, está en tu clase, ¿no? —le pregunté curiosa en plan vómito inesperado de preguntas aleatorias. Tenía que saber si mi trabajo de Celestina sería útil o no.

Entonces dio un paso hacia mí para estirarse a coger un canapé. Me fui a hacer a un lado para dejarle más hueco libre, pero me pisó un pie. Retrocedí hacia atrás con ese pie y lo miré entreabriendo la boca, formando una O de sorpresa por su sucia jugada.

¿De verdad querías un canapé o era una sucia artimaña para pisarme? —porque ni a mí me quedó tan claro. En realidad tenía un gesto en su rostro súper inocente. “Súper”. Es decir, no parecía malévolo y ni travieso y si hacía las cosas con una pizca de malicia ni se notaba. Debía de ser un buen compañero de travesuras, con él seguro que no me pillan.

Comenzó a sonar una canción distinta, mucho más movida que las anteriores (sí, esas canciones que me limité a escuchar porque no bailé ninguna). Yo también comencé a moverme de manera intuitiva, y sin previo aviso me cogió de la mano y me hizo dar una vuelta. Sonreí cuando mi cara volvió a mirar a la de él, pero puse los ojos en blanco cuando me preguntó por mi pareja y sobre todo por decir que iba “tan sexy”. Soy Danny, ese adjetivo no entra dentro de mi lista de adjetivos. Yo sólo puedo ser puntuada en una escala que va desde “orco de mordor” (recién levantada y enferma) hasta “¡QUÉ MONADA!”. ¿Pero sexy? ¿SEXY?

En realidad sonreí cuando dijo “sexy”, pues era muy guay que te lo dijera un amigo que no es GAY ni TONTO. Por lo que no cuenta ni Luke ni Fren. Y por lo que yo creía, Gabriel era hetero. Bueno yo que sé, no sé nada. Me enteré hace nada que Luke era gay y al parecer se supone que lo sabía desde hace mucho tiempo. A mí o es que me lo dicen directamente o las indirectas de “qué culito tiene ese” no me dice nada.

¿Tú alguna vez has invitado a alguien al baile y luego has ido con otra persona sin decirle nada a la primera? —le pregunté con los ojos entrecerrados, en plan pensativa. Aún tenía su mano cogida, en plan meciéndose en el aire sin ningún tipo de objetivo más que estar sujeta. Pero de repente la elevé, gesticulando con su mano también— ¡Ah, dato importante! —al levantar la mano le di a un chico en su copa y se la tiré por encima, pero no me di cuenta— Y esa primera chica a la que invitaste, técnicamente, ¡TÉCNICAMENTE! es tu mejor amiga. Pero la abandonaste por otra sin previo aviso. ¿Te crees que eso es normal? ¡No es normal! —le di un apretón a su mano en plan indignación enfadada y le solté, poniendo una mueca y suspirando mientras miraba al infinito, luego volví a enfocar la mirada en él— ¿Y tú qué? ¿Viniste sin pareja, no? Porque ninguna chica te hubiera dejado venir en vaqueros si fueras su pareja… —bromeé, con una risueña sonrisa en el rostro. Y porque si tuviera pareja no estaría AHÍ CONMIGO, BÁSICAMENTE.
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Rhea Jackson el Jue Ene 08, 2015 8:33 pm

Con...Un montón de gente (Danny, Arianne, Ian, Hanna y Fren)
En las mesas de bebidas


Yo nunca había tenido novio antes, y no se podía decir que ahora lo tuviera de una manera oficial, pero esperaba que de tenerlo así se pareciese a lo que tenía con Fren. Todo era más especial cuando el estaba cerca y la manera en la que yo le robaba un beso a él o él me lo robaba a mi siempre acababa consiguiendo que tras besarlo sonriese como una tonta aunque mi cerebro no encontrase un motivo concreto para sonreír. Creo que simplemente él conseguía hacerme sonreír.

Entramos en el Gran Comedor con la promesa de que el año que viene me recordaría que llevase la cámara. Seguro que luego me pagarían bien por esas fotos, sobre todo teniendo en cuenta el afán de los redactores de Corazón de Bruja por hablar de los alumnos de Hogwarts, pero lucrarme con esas imágenes no era mi intención. Simplemente quería inmortalizar la belleza de aquel momento: la decoración, las sonrisas de la gente, los grupos de amigos, la mirada de Fren cuando creía que yo no lo estaba mirando...todas esas cosas que algo me decía que no estarían presentes de la misma especial manera en el que sería mi segundo baile de navidad, pero tendría que conformarme con disfrutarlo una vez e inmortalizarlo la siguiente.

Decidimos no bailar de primeras, pero su argumento me decía que puede que acabásemos por no bailar, o por bailar muy pegados, porque era cierto que teniéndolo a esa distancia iba a costarme aguantar las ganas de besarlo todo el rato, sensación que parecía que él también iba a tener. Sonreí tras el beso mientras lo miraba. Le sugerí ir a por las bebidas y nos acercamos a donde estaban Danny y Arianne. Saludé a mi amiga con alegría justo antes de lanzarme a por una cerveza de mantequilla pero por algún motivo ella no parecía estar de muy buen humor. No sabía que le pasaba pero no me parecía propio preguntárselo allí en medio- Hola Arianne- dije con una sonrisa tras saludar a Danny y antes de tomar el primer sorbo de mi cerveza con el consiguiente gemidito posterior.

En ese momento, llegó una chica que yo no conocía más que de ver por los pasillos y solía verla bastante callada en general. Yo no interactuaba demasiado con la gente así que tampoco me había parado a pensar demasiado en quien era, me sonaba que alguien me había dicho que era de Slytherin, pero si no me molestan, yo a ellos tampoco. Fue muy maja y nos ofreció unos canapés que al parecer eran caseros. Sonreí pero negué ligeramente con la cabeza, seguro que estaban deliciosos pero yo estaba bebiendo cerveza de mantequilla y no quería mezclarla con sabores extraños de otras comidas. Quizás cogería uno cuando me terminase la que tenía en la mano...Mientras educadamente me negaba, Fren se acercó a mi y me limpió el bigote de espuma que se me había quedado tras el primer sorbo de la bebida. Pude notar a la perfección como la sangre iba hacia mis mejillas con la velocidad propia de un coche en un rally. Casi podía oírla derrapar en las curvas de mis venas. Sin embargo, a él no pareció importarle ni parecerle ridículo, es más, me paso el dedo lleno de espuma por los labios y luego me besó llevándose los restos que pudieran quedar. Nunca me había parado a pensar en como sabría un beso con sabor a cerveza de mantequilla pero al probarlo me di cuenta de que era una de esas pocas cosas especiales que aun hacían mejor el sabor de mi elixir. Le sonreí algo atontada cuando nos separamos sin darme cuenta en un primer momento de quien se había acercado a nosotros.

Mi felicidad tras el beso duró lo que mi cerebro tardó en reaccionar e identificar a la rubia que se había acercado con un chico a nosotros. Tan simpática y oportuna como siempre, se dirigió especialmente a mi diciéndome que el chico que la acompañaba quería bailar conmigo, y aunque yo no me creí nada en ningún momento, ella se molestó en aclarar que lo que quería era un beso, junto con la pullita de turno sobre que a mi me besaba todo el mundo y Fren tenía más cuernos que un vikingo en sus estanterías de la cocina. Ella se fue sin esperar a que el chico reaccionase, pero a él no pareció importarle lo más mínimo, y mientras tanto yo notaba como el color de mi piel pasaba a un gris piedra de la vergüenza. Lo que no tenía claro era si era vergüenza ajena o simplemente...que no me esperaba nada de todo aquello.

Mientras Circe se alejaba el chico, Slytherin casi con toda seguridad, empezó a hablar. Su primeras palabras hicieron alusión al parentesco entre Fren y yo. "Te has quedado atrasado" Pensé mientras mi cara adoptaba una expresión escéptica que se incrementaba mientras él seguía hablando. Las palabras que le dirigió a Danny y la expresión de ella me hizo levantar las dos cejas con sorpresa. Alguien la había invitado pero había ido con otra? No me extrañaba que estuviera de malas, pero sus palabras y acciones indicaban que esa persona era Fren. Lo miré durante un momento fugaz con la plena intención de salir de todo aquel embrollo y preguntarle sobre el tema. De todos modos, después de las palabras de Circe me veía venir una conversación, era lo mínimo después del pollo que yo le había montado a él...Y ya estaba temiendo el momento. La pobre Arianne pasó desapercibida pero casi fue algo bueno para ella dado la retahíla de cosas que estaba soltando el chaval. Danny no tardó en irse cuando un canapé voló por la sala para ir a toparse con su cara y me quedó todavía más claro que algo había pasado con Fren por como se despidió de él.

El chico Slytherin cuyo nombre no conocía me aclaró que en realidad no se había fijado en mi "Que me dices?" pensé sarcásticamente mientras en silencio lo dejaba continuar y cuando me invitó a bailar, por un momento pensé en decirle que sí solo por fastidiar, pero mi instinto me decía que me fastidiaría más a mi misma si bailaba el primer baile de mi vida con él de lo que, de hecho, lo fastidiaría a él.- Si bailando conmigo, movieses las manos de ahí, perderías más de lo que ganarías. Por suerte para ti, no tendrás que correr el riesgo- dije fria y sincera. Probablemente el chico no tendría culpa de nada, peeero si ante mi te presentas de la mano de Circe no puedes esperar que te trate bien. Es un hecho.- Quizás alguna de ellas esté más interesada- le sugerí al chico refiriéndome a Arianne o la otra chica. Suponía que no eran mujeres florero y que podían negarse sin problemas, yo tenía otros temas a los que atender aunque dejar a mi compañera allí sola rodeada de serpientes no me hacía ninguna gracia, por lo que no me alejaría demasiado. Pero debía hablar con Fren así que me acerqué a su oído - Podríamos hablar un momento?- pregunté en un susurró mientras le acariciaba una mano con uno de mis pulgares.
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Arya Osborn el Vie Ene 09, 2015 2:50 pm

Con Leonardo Lezzo.
Pista de baile.

Acompañé alegremente al chico, Leonardo, a la pista de baile cuando él me pidió bailar. Conseguí controlarme y no parecer una niñita que se pone nerviosa con todo, pero es que a veces no puedo evitarlo. ¿Qué chica no se pone nerviosa la primera vez que un chico la pide bailar en el baile de Navidad del colegio? ¡Y encima era guapo! Me sentía feliz de no tener que pasarme todo el baile sentada en una esquina poniéndome gorda con los pastelitos, por muy buenos que estén. Más bueno está Leonardo. Nada más pensar eso me puse roja como un tomate, pero despejé mi mente para olvidarme de aquello y fui a la pista de baile con el chico, donde nos adentramos en la marea de parejas bailando al son del vals.

Estaba preparada para que fuese Leonardo el que guiase el baile, pues es tradicional que sea el chico el que haga esas cosas, por lo que me sorprendió mucho cuando me dijo que quería que fuese yo quien le guiase a él. Sonreí cuando se excusó diciendo que el vals no era lo suyo.

-Por supuesto- dije, aún sonriendo, y con su mano en mi cintura y la mía en su hombro comenzamos a bailar al son del vals, que era uno bastante animado y rápido, no como otros que son muy lentos. Aunque claro, eso aumenta las posibilidades de que haya las pisadas y choques contra otras personas, pero por el momento parecía que estábamos a salvo.- ¡Es muy sencillo! Un paso por allí, un paso por allá...- dije con alegría mientras Leonardo y yo bailábamos.- No me creo que no sea lo tuyo, me has engañado. Lo haces muy bien.

Mi vestido no era el más adecuado para el vals, dando que para esos bailes las chicas solían ponerse vestidos largos y preciosos y el mío era corto, porque pensaba que no iba a bailar con nadie aquella noche. Pero me había equivocado, y la verdad es que me daba igual lo del vestido, porque estaba muy contenta y además el vestido me encanta. Estaba venciendo a mi timidez, lo cual era uno de mis objetivos principales, y aquello me alegraba aún más. Pensaba aprovechar un poco aquella repentina ausencia de mi característica y pesada timidez.- ¿Y cómo es que has venido sin pareja al baile? No tienes pinta de ser de los que tienen problemas para conseguirla- dije con un ligero rubor en mis mejillas.

Nos chocamos entonces con alguien, o más bien, alguien se chocó contra mi espalda. Era una pareja de Ravenclaw, que pidieron perdón y se alejaron rápidamente. Menos mal que se han chocado ellos contra nosotros y no al revés, porque sino yo habría parecido una patosa y una pésima guía de baile.
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Lluna Forman el Sáb Ene 10, 2015 1:57 am

Con Axel, en las mesas.



Hablar del futuro es algo necesario, algo que se debe hacer un día u otro, pero no hoy. Es el baile de navidad y quiero pasarlo bien. Quizás Axel está ya listo para terminar de ser un alumno y quiere ser un adulto con un trabajo normal. Yo solo quiero jugar a Quidditch. Y no es que sea una inmadura. Me quiero dedicar a eso. No deseo ser nada más. Quiero volar, y notar la cercanía del suelo, y a lejanía del mundo, y correr detrás de una maldita snitch rápida como un rayo. Pero antes de eso, tengo que pasar un montón de exámenes, soportar a profesores pedantes y aguantar alumnos imbéciles que se creen magos porque Ollivander les vendió una varita.

Caminamos hasta las mesas intentando que nadie nos pisara los pies. La pista estaba llena de gente patosa y torpe, con el mismo ritmo que un pedo. Me apetecía tomar algo y relajarme, y poder charlar con Axel tranquilamente. Bailar no me suponía un esfuerzo extra, pero si el tener que sortear patosos. Por supuesto, ninguna bebida de las mesas contenía alcohol. Dumbledore debe tener miedo que empiece la guerra si da bebidas alcohólicas a los adolescentes. Personalmente creo que hace bien. No es necesario el alcohol para divertirse. A mí nunca me ha hecho falta.  Pero no todos son como yo. Con alcohol, una fiesta escolar podía convertirse en una orgía o en una matanza. Axel me dio la razón, aunque no supe interpretar si por lo primero o lo segundo. La gente es guarra, y la gente es tremendamente intolerante. Se puede vivir rodeado de  sangre sucia. No pasa absolutamente nada. Lo que no pueden es pretender que se hable con ellos como si fuesen magos de verdad.

Como la comida estaba muy buena, pasamos a hablar de los elfos. Esos seres mágicos que preparan toda clase de delicias. Me fijé en que Hannah se había acercado a una mesa llena de tejones con  una bandeja de canapés. Sonreí y volví a mi conversación.

- Aquí donde me ves, no soy sangre limpia. – confesé por lo bajo. – Mi educación ha sido bastante clasista, la verdad. Aunque yo entiendo que un nacido de muggles pueda ser mejor que yo en algunas clases de magia. – lo entiendo, que no lo acepto. – Pero los elfos, o las sirenas, o cualquier criatura mágica, son dignos de admirar. Una vez le dije a mi abuela que la elfa debería tener un salario. No veas la que se formó, por poco le da algo. Y la elfa en sí, se puso peor. Les han enseñado así.

Me encogí de hombros, como si ese tema ya no tuviese solución. Los elfos nos sirven, ese es su cometido en la vida.

- Respecto a la sangre, creo que ya hablamos de ello una vez. La magia en si no sirve de nada si no la desarrollas y no la practicas. Por eso soy una Slytherin rara. No me dedico a fanfarronear por mi sangre, si no a estudiar y intentar sacar lo mejor de mí.

De nuevo, hablar con Axel era como hablar con alguien a quien conocía de toda la vida. Aunque se podía decir que nos conocíamos de hacía un año. Solamente un año. Nuestras opiniones no podían ser siempre conjuntas, pero me gustaba la manera suya de razonar las cosas. Es como debe ser. Las ideas que no puedes razonar, es que están equivocadas.

Podría pasarme la noche bailando. Lo sé porque no sería la primera vez. Y no me refiero solo a bailes clásicos. El rock, el de ahora, no se baila como el rock de antes. Simplemente improvisas. También me gusta bailar así. De momento la música no acompañaba, y me dediqué a terminar de beber mi refresco mientras observaba a mi alrededor. Hannah había dado canapés a las tejonas, y a Ian. Incluso Circe estaba allí. ¿Están seguros de que no hay alcohol en el ponche?

Axel dijo de bailar algo más movido, y pensé en ritmos caribeños. Ritmos latinos. Matt adora bailar así. Dice que hay un muggle que se llama Ricky, o algo así, que es un crac cantando y bailando. Yo no lo he visto, pero si he escuchado su música. Es muy movida, y me gusta. Axel no me entendió, pensando que el merengue era algo que se ponía en las tartas. Que también.

- Es un tipo de ritmo latino, como la salsa, la samba. Bailes muy movidos. - me hizo gracia la confusión. Sería raro bailar con un postre. Comprendí que Axel hablaba de otro tipo de música. – Si, se de que me hablas. ¿Olvidas que me he criado con el hombre orquesta?

Puedo presumir de conocer todo tipo de músicas del mundo. Y puedo presumir de saber bailar muchos estilos. Pero justamente el Swing no se como se baila. Seguramente Axel pueda ayudarme. Me resulta sencillo aprender.  Aunque la música seguía siendo la misma de antes, así que, imposible aprender.

- En alguna parte he leído que el tipo de música que se escucha en Hogwarts también es mágico, quizás si pensamos en Swing, suene Swing.

El himno de la escuela es el mismo para todos, pero solo la parte de la letra. Cada cual le puede dar el ritmo que desee. Puede que lo haya leído en Historia de Hogwarts. Muy típico en mi de leer cosas y luego darlas por ciertas. Mientras esperábamos un cambio de música, Axel me preguntó algo un tanto comprometido.

- Pues… iba a venir sola o con las chicas. – dibujé una sonrisa triste. – Tener pareja para el baile no es mi prioridad, pero me alegra de no haber asistido sola este año. Tú tenías otras pretendientes supongo.

Lo más seguro es que Axel contestase que si. Aunque técnicamente yo no le había preguntado. Es imposible que un chico así no tenga un buen repertorio de chicas donde elegir. Aunque, de ser así, ¿por qué me eligió a mi? En ese momento tuve la necesidad de aclarar algo.

- Dijimos que pareja de baile solamente. – mi tono de aclaración sonó un tanto alarmado. – Quiero decir, hemos venido como amigos. ¿No?

Si esto era una cita con beso al final de la noche, me gustaría saberlo ya mismo. Porque no creo estar preparada. Sé que he besado a chicos que me gustan muchísimo menos que Axel, pero él es especial. Es mi amigo.
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Leonardo Lezzo el Sáb Ene 10, 2015 2:19 am

Con Arya Osborn.
Pista de baile.


La chica parecía contenta con la idea de bailar, y Leo se mostraba más bien sonriente pero aterrado. No quería hacer daño a la chica, ni quedar como un patoso, pero él nunca había aprendido a bailar esas cosas. Si vas a una fiesta normal, de gente muggle y normal, te ponen música bailable. Sin pasos prediseñados. Bailas como te va pidiendo el cuerpo. Normalmente solo, sin pareja. En cambio, este baile exige coordinación, rectitud y a saber qué otras cosas. La esperanza de Leo estaba puesta en Arya. Si ella sabe bailar no se notará tanto que él no tiene ni idea. No se avergonzó de pedirle a la chica que lo guiara, pues él no sabía ni un paso. La música sonaba alegre, casi burlona. El Gryffindor puso sus manos donde creía que tenía que ponerlas, sin tocar partes importantes. Cualquier otro chico hubiese aprovechado el momento para tocar más de lo debido. Leo no es esa clase de chico. Aún así, sus manos se posaron firmemente en la chica.

Arya lo estaba guiando tan bien que Leo se sorprendió de sus propias habilidades. Miraba continuamente sus pies para no pisar a la chica. – No me mientas, soy un pato. – Para animarlo, la chica le dijo que lo hacía bien. Leo solamente intentaba seguirla sin pisarle los pies. Debería estar mirándola a ella, pero no se atrevía a apartar la mirada de sus pies. Agradeció que el vestido de Arya no fuese de esos largos, pues además de los pies, tendría el temor de pisar el vestido y dejar a la chica medio desnuda. Como suele ocurrir en las películas de humor. Y esta vez no sería gracioso.

Además de bailar había que hablar. Arya podía coordinar perfectamente esas dos acciones, lo había dejado claro desde el principio, pero a Leo le costaba pensar en un tema neutro y bailar a la vez. Agradeció que la chica hablase, pero no le gustó mucho el tema. Tenía que contestar a algo bastante incómodo. Leo no tenía una pareja. Ninguna chica le había impresionado tanto como para querer pasar mucho tiempo con ella, y menos para invitarla a un baile. Tampoco ninguna chica se lo había pedido. – No se lo he pedido a nadie. Es difícil. Y vosotras no ayudáis. ¿Por qué siempre vais en manada? – Leo lo preguntó con humor, sin reproches. No es que fuese un chico tímido, pero le costaba estar con las chicas. En los pasillos, que era un lugar ideal para abordarlas, siempre iban en grupos. Leo llegó al baile sin saber que iba a poder disfrutar de un baile sin pisotones, y de unas risas. – Tampoco tú has venido con pareja. No tienes pinta de ser de las que tiene problemas para conseguir a alguien. Eres muy bonita, estás preciosa y sabes bailar. – Una pareja chocó contra ellos, pero la culpa era de los otros. Leo se alegró de no ser el único torpe en la fiesta. Sonrió a la pareja, comprensivo. Como el baile era repetitivo, poco a poco fue dejando de mirar sus pies, y miraba a Arya. Su pelo largo se movía con los giros. El Gryffindor tenía fijación por el pelo de las chicas. Sonrió de modo bobalicón mientras la canción terminaba. - ¿Quieres seguir bailando o tomamos algo? – Una vez empezar, a Leo le daba igual bailar una o dos canciones más, pero los nervios y el baile le estaban dando sed.
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Gabriel J. Blumer el Sáb Ene 10, 2015 1:57 pm

Con Danny
Entre mesas y gente.

Cuando Alice dejó el Gran Comedor, Gabriel tuvo la brillante idea de pasar lo que restaba de noche con otra compañía. ¿Y quién mejor que Danny? La vio a lo lejos, sentada entre un grupo de personas con cara de pocos amigos y decidió salvarla de tal situación. Fue todo un héroes, si se piensa bien, pues aunque él no lo sabía, la salvó de matar a su no pareja de baile y de comer carne humana, lo cual jamás podría agradecerle porque no lo sabían.

El canapé impactó en la cara de la chica y Gabriel no lo pensó dos veces a la hora de huir. La había hecho para llamar su atención y hacer que se levantara para pasar un rato con ella, pero aún así huyó, lógica aplastante. Una vez dio con él (lo cual no tardó demasiado en suceder) le lanzó otro canapé a la cara. Menos mal que nadie se estaba quejando al ver a dos alumnos lanzándose comida como si aquello fuese lo más normal del mundo. Al preguntar sobre Alice, Gabriel fue tan absurdo como Danny, pues las conversaciones entre esos dos se basaban en insultos leves por regla general, se podría decir que ese momento era lo más cerca de una conversación normal que tendrían en su vida. – No es como tú, que eres imposible de seducir. – Dijo con tono de superioridad totalmente fingido.

Danny comenzó a soltar una retahíla de preguntas como si de frenar en seco o dejarle a su amigo tiempo para responder pudiera haber una explosión nuclear. El chico se limitó a alzar una ceja mientras escuchaba todas las palabras y, cuando por fin hubo silencio por parte de la rubia, comenzó a hablar. – Ya te lo he dicho, enterrada por algún lugar del Castillo. – Respondió manteniendo el mismo todo que antes. – Dijo que se había torcido un tobillo y se fue. – Se encogió de hombros, diciéndolo en voz alta parecía la excusa del siglo, pero hasta ese momento ni se lo había planteado. – A lo mejor me odia. O fue porque nos chocamos contra dos Slytherin muy simpáticos que nos insultaron. Bueno, a ella un poco más, quizá se fue por eso. – Ahora le había dado por pensar, algo raro en él, y parecía que todo tenía algo más de sentido una vez lo iba diciendo en voz alta. – Sí, es simpática. Habla menos que tú, lo cual es de agradecer ya que te da tiempo a decir algo sin miedo a que te arranquen la lengua para hablar. – Miró a Danny y afirmó con la cabeza, en plan “sí, esa eres tú”. – ¿Me habías preguntado algo más? – Claro, es que tantas preguntas seguidas, para acordarse de todas ellas.

En su intento fatídico por coger otro canapé y estampárselo en la cara, acabó por pisar a Danny. Tampoco lo hizo a propósito, pero ahora que lo había hecho, no era algo que le fuera a quitar el sueño aquella noche. – Una sucia artimaña para pisarte. Lo cierto es que el canapé en tu cara era la primera parte de la artimaña, y ahora te distraeré mientras un elfo doméstico que trabaja para mí está robando todo lo que hay en tu cuarto para venderlo en el mercado negro. Y ahora tendrás que ir al baño porque te duele el pie del pisotón y querrás limpiarte la cara. Entonces aprovecharé ese momento para llevar a cabo la sucia artimaña de quitarte los órganos y venderlos junto a tus efectos personales en el mercado negro. – Mantuvo el rostro serio, pues cuando intentaba tomarse las cosas en serio, acababa por creérselas incluso él mismo. – Soy tan malévolo como Snape recién levantado.

Cuando la música cambió hizo que Danny diese un giro sobre sí misma sin estamparla contra nada de lo que había a su alrededor y preguntó sobre su pareja, dando por hecho que alguien la habría invitado y por eso andaba esperando en las mesas. – Eh… - Pero Danny siguió hablando antes de poder responder, tirando a su vez una copa a un pobre chico que pasaba a su lado y se quedó con cara de cordero degollado. – No, no es normal, pero tú tampoco es normal. Seguro que te vio hablar sin parar y tuvo miedo de ir contigo. – Bromeó. – No sé, yo si fuera tú le lanzaría el ponche a la cabeza. – Se encogió de hombros. Método rápido y fácil de solucionar problemas, lanzar comida.

¿Pareja? Si no se acordaba ni del baile hasta que uno de sus compañeros de cuarto había llegado arreglado a la habitación hablando de su pareja y algo así como que sería una noche memorable. El pobre se creía que iba a ligar o algo, iluso. – A lo mejor mi pareja no es una estirada que sólo se fija en las apariencias y en el precio del traje que llevo. No todas las mujeres de este mundo son tan superficiales como tú, Danny Maxwell. – Inquirió clavando un dedo en el hombro de la chica. Luego sonrió. – Sí, está claro que vine sin pareja. – Dijo como si tal cosa. – Pero porque yo no quise, está claro que tengo admiradoras por todas partes. – A su lado una chica tropezó y rápidamente se levantó para ir con su pareja que aguantaba la risa por su caída. – Como esa, se puso nerviosa y mira lo que pasa. La tengo loquita. – Echó un vistazo a la chica. No sabía ni quién era.
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Danielle J. Maxwell el Lun Ene 12, 2015 3:16 am

Con Gabriel entre la muchedumbre

¿Soy imposible de seducir? Qué pregunta más reflexiva. Nunca había pensado ni en ese verbo… “Seducir”. ¿Eso qué es exactamente? ¿Que me digan cosas bonitas, me guiñen un ojo cual sexy y me digan cosas con doble sentido que yo no voy a pillar porque soy muy corta? Probablemente ante esos actos le diría a la gente lo increíblemente puke que es y le miraría con cara de pocos amigos por esos comentarios que no pillaría. Pero en el fondo de todo, me preocupé. ¿Alguien habrá intentando “seducirme” y no me he enterado? Aunque luego dejé de preocuparme, ya que mi mente se ocupó de recordarme, de un hostia mental, que no, que nadie en su sano juicio me habría intentado seducir. ¿Estamos locos? ¿Seducir a la Hufflepuff que tiene en al frente una diana de serpientes? ¡Por favor! No comenté nada de eso, porque realmente no tenía ni idea de qué decir. Simplemente fruncí el ceño y le miré con cara de circunstancia.

¿Alice se había torcido el tobillo? ¡Si la he visto hacer contorsionismo mientras salta por todos los sofás de la sala común! ¿Cómo se lo va a romper bailando? ¡Si es que este baile lento y de viejos no da ni para hacerse un esguince!

¿Un tobillo? ¡Hubiera sido más creíble que le dolía la cabeza! —bromeé divertida— Está claro que le caíste mal y buscó la peor excusa del universo para deshacerte de ti… —me metí con él porque me gustaba meterme con él. Era divertido y me gustaba divertirme. En realidad no desconfiaba de Alice, quizás de verdad se torció el tobillo, pero fingiendo que no era más divertido sólo para hacer de Gabriel menos dseable -aunque tampoco era muy deseable, me refiero a la compañía con Alice-. Pero ya podría haber venido a dónde estaba, decirme: “DANNY LLÉVAME A RASTRAS A LA SALA COMÚN, DAME UN MASAJITO EN EL PIE Y MÍMAME”, y yo lo hubiera hecho. Total, aquí tampoco estaba teniendo nada realmente especial. Y se me dan que te cagas los masajitos, así, como dato—. ¿Qué Slytherins? —pregunté curiosa. No se me haría difícil intentar adivinarlos, pero era más fácil preguntar—. ¡Eh! ¿Tanto hablo? Sería peor que no hablara, sería todavía más antisocial —y reí divertida. ¿Por qué tengo amigos? ¡Pues porque soy súper simpática y habladora! La gente que se queja de no tener amigos y encima no habla, ¡se lo merecen!

No me hubiera importado que me robara los órganos… ¿¡Pero robarme mis objetos personales de mi cuarto!? ¿Sabéis la cantidad de libras que he invertido en todos esos cómics y libros? ¡No! ¡Ni hablar! Eso era una amenaza seria.

No quieras ver a Danielle Maxwell detrás de tu culo por haberle robado sus objetos personales. ¿No lees Corazón de Bruja? ¡Que tengo un altar con cosas muy perturbadoras, tío, cuidado con lo que coges! —le di un golpecito en el hombro con diversión y broma, en plan: “no te metas con la tía equivocada” en plan choni—. Tú sabrás, tú sabrás… ¡Quién avisa no es traidor! —me encogí de hombros mientras retrocedía un paso.

La verdad es que lo de Corazón de Bruja me había llegado a la patata. Obviamente era mentira y cualquiera que me conociera lo sabría. Gabriel no me conocía tanto, pero creo que sabe suficiente cómo soy como para saber que no tengo un altar pornoso idolatrando a ningún Anakin Skywalker. Me había cabreado con Alice, pero ella no me haría eso, así que tras dos meses medio enfadada (porque en realidad soy una rencorosa y como no sabía quién había sido de verdad tenía que pagarlo con alguien), lo olvidé. Alguien me dijo una vez que no debía de importarme lo que piense de mí la gente que no me conoce, pues la gente que me conoce, sabe perfectamente como soy. Es un consejo sabio, como “Mira más allá de lo que ves” o “el pasado puede doler, pero según entiendo puedes huir de él o… aprender”. En plan Rafiki. Ese mono sabio que le gusta a todo el mundo y que tiene acento de cubano.

La idea de tirarle el ponche a la cabeza a Fren no era nada mala. Me giré como quién no quiere la cosa y le vi al lado de Rhea, riéndose felizmente. ¡Era súper mono, no podía tirarle un ponche y destrozarle la noche sólo porque fuese un imbécil integral! ¡No es su culpa ser imbécil, seguramente nació así! ¿Quizás se despistó? Pero tiene pecado haberse olvidado de invitar a una PERSONA al baile…

No es mala idea, oye… —dije al volver a mirarle— Pero creo que me vengaré otro día. Yo soy una buena amiga y aunque me haya abandonado a mi suerte y sin corazón, no voy a destrozarle su día. Soy Hufflepuff, ¿sabes? ¡Leales! Aunque lo de trabajador no me va muy al pego… —medio cerré un ojo, divertida por los mierdiadjetivos que tenía Hufflepuff asignados. En fin… Trabajadores, leales… Wow, qué épicos… Pero aún así molábamos. Molábamos sin ser especiales. Tsk. Digan lo que quieran, envidiosos.

Cuando relacioné lo de venir sin pareja con su forma de vestir, realmente lo dije a broma, ya que me sentí un poco -solo un poco, no se pasen- cuando me dijo lo de superficial. Si los hombres vestidos de trajes parecían pingüinos creyéndose inteligentes. Gabriel iba mucho más informal pero era el que menos tonto parecía de todos; además de que mientras vaya guapo, daba igual lo que se pusiera. Igualmente no dije nada, sino que simplemente sonreí ante su acusación. Tampoco me dio tiempo de decir nada en especial, ya que continuó con la conversación. Giré la cabeza cuando Gabriel señaló a una chica cualquiera que se tropezó, aludiendo que era una de sus admiradoras. Yo le miré con una sonrisa ladeada.

Claro que sí, ¿un Ravenclaw de sexto que se salta más clases de a las que va? —lo miré de reojo— ¡Estarán todas loquitas por ti! ¿Y con esos vaqueros? No entiendo como no tienes a una fila detrás de ti de enamoradas haciendo cola para bailar contigo… —me metí con él, luego me sobresalté en broma—. ¡Ya sé por qué no! Porque no sabes bailar —y le saqué la lengua.

Detrás de él, pude fijarme en mi némesis. Bueno, a ver, no seamos dramáticos, en UNO de los muchos que tengo. Estaba Damon, acompañado de no sé quién. ¡Espera no, esa no va con él! ¿Está solo? ¡Lo que me faltaba, no tenía distracción! Lo que sí llamó mi atención es que se sentara en una silla. ¡En una silla! No sé qué clase de perversión traviesa tengo en la mente, pero se me ocurrió una idea brillante. Bueno, brillante para mí, probablemente para todas esas personas que sufran las consecuencias no sería tan brillante… Eso sí, sería descojonante para quién lo viera.

Me acerqué a Gabriel y me puse de puntilla frente a él.

¿Te gusta Batman? ¡Tengo el último cómic que ha salido! Me lo envió mi abuela hace dos días. ¿Te gustaría leerlo? —Era una manera de EMBAUCARLE en mi plan— Te lo dejo leer hoy antes de que vuelvas a tu casa sin mi súper cómic si me ayudas en mi plan maestro… —y mi sonrisa se amplió, formando una maliciosa. Luego alcé el dedo índice— ¡No digas nada todavía, déjame contarte mi plan maestro primero!

Estaba de puntillas delante de él para parecer más convincente, pero ahora me acerqué para susurrarle en el oído, ya que si alguien me escuchaba podía chivarse y, aparte de tener un castigo preparado para cuando volviera, me iba a tener que ir directa a mi cuarto.

¿Sabes el hechizo Epoximise? —Estaba claro que lo sabía— Te reto, de camino a la puerta, a ver quién es capaz de hechizar más sillas. Pero por esta parte, por la derecha no, que están mis amigos  —además de que no estaban “de camino a la puerta”—. ¿Qué me dices? ¿No hay nadie a quién te gustaría ver con un agujero en el vestido en la zona del culete o en el traje? —Iba a ser muy gracioso en el momento, pero en el fondo no era una idea tan mala... total, si tienes los trozos con un Protego arreglas tu traje y punto. Sólo será la pequeña "humillación" del momento—. Yo si tengo a uno que acaba de llegar... Y si me ve me va a hacer la noche. Bueno, tengo a varios, pero los demás están entretenidos… —me froté las manos, separándome de él con una risilla malévola y un brillo de ojos que solía salirme cuando pensaba en cosas que no debía de pensar—. ¿Qué me dices?
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Invitado el Lun Ene 12, 2015 5:54 am

Con Rubén Hansfeel
Merodeando la pista de baile presenciando chusmerios.

Se había acostumbrado a la forma en la que su mejor amigo envolvía su cuerpo en un abrazo, en unas caricias las cuales siempre anhelaba cuando se encontraba con algún problema. Eso sonará egoísta pero era recubierta con sinceridad tal frase, profesaba cierta dependencia de su amigo. Recordaba que desde pequeña, desde que entraron a Hogwarts los dos a la vez, se habían hecho íntimos amigos hasta coincidir en algún comentario como ocurría en aquellas películas muggles que ella adoraba ver. Sí, esas que aparecen luego del logo de Disney o alguna película de buenas travesías entre amigos. Su amistad se encontraba firme con el paso del tiempo, se podía comparar con el vínculo entre hermanos puesto que ella en algún tiempo le había catalogado como tal.

Esta navidad era diferente y le encantaba, estaba teniendo tiempo con su amigo aunque suene raro teniendo en cuenta la relación de ambos. Ella creía que salir con su amigo, a una de las celebraciones, era una opción de segunda cuando te quedas sin ningún chico para que te acompañe en la velada. No es que menospreciara la compañía de Rubén pero ese pensamiento se había formado desde las primeras fiestas, en ellas sus parejas eran diferentes y mayormente eran chicos que le invitaban antes de que ella pudiese pedirle  a su mejor amigo. Como le era, también, difícil decir que no terminaba por aceptar con una sonrisa. “Todo pasa por algo” mencionaba en varias oportunidades.

La noche era especial, sus tacones no afectaban tanto a los talones como en un principio sentía. La sonrisa no decaía gracias a su compañero de baile, eso le agradaba a más no poder. Rubén le hacía la compañía perfecta para poder divertirse  y a la vez seguir queriendo estar en aquella planta, con personas que seguramente peleaban y otras que se besuqueaban.

Su muñeca hizo un movimiento diminuto mientras se elevaba su mano, tocó el regalo que le había entregado el muchacho cumpliendo con la parte del trato. Obtuvo el obsequio de su mejor amigo y no era un pijama de unicornio, no es que se quejase del anterior. Lo había usado hasta para dormir varias veces que no se mosqueaba ante comentarios de compañeros de casa, cuando bajaba a la sala común para poder disfrutar junto a la chimenea en el sofá. Era cierto que le formaba una buena cintura junto a su trasero pero no venía al caso, solo le agradecía porque era cómodo y fresco a la hora de entrar a la cama. También era ayuda para algún caso de emergencias sobre fiestas de disfraces, no quería ser la mujerzuela disfrazada de policía o de enfermera tratando de mostrar las nalgas. Prefería tener su cuerpo cubierto pero con un buen armado, no eran simples telas unidas que debías tratar de entender que formaba.

El escote dejaba que se admirase la curvatura que propinaban sus pechos junto a la gargantilla, podía decir que su castaño tenía buen gusto a la hora de elegir. Frotó su dedo índice contra la perla resguardada por aquel material más pesado, Joahnne no tuvo más que sonreír observándolo a los orbes del muchacho. “Me encanta como es, creo que no merezco a Rubén ni en un millón de años, es el mejor en todo. Creo que esta cadena no es nada comparada a mi regalo.” Se atrevió a pensar mientras sus tacones tocaron el piso decididos a caminar hasta la pista de baile. La música había cambiado para que esta fuese mucho más pegadiza y mejor de bailar para los jóvenes, sin tener que seguir una coreografía determinada por profesores. –Se habrán dado cuenta de que a nosotros nos gusta este tipo de música, o mejor dicho a la mayoría. Cualquiera de las dos me agrada con tal de pasarla contigo tonto.- comentó dándole un golpe en su brazo mientras lo abrazaba, más tarde, para estar dentro del bullicio que emprendían a armar los jóvenes.

No duró más que dos segundos para que los cuerpos de los dos se pegaran, las parejas se volvían extrovertidas en la pista de baile sin importar los comentarios de los demás. Algunos profesores se habían retirado del lugar, temiendo a que los unieran a la hecatombe. –Me encanta, no puedo creer que me lo hayas traído esta noche al regalo. El tuyo está en mi alcoba, me lo he olvidado de envolver teniendo en cuenta que tenía pensado dártelo mañana. Luego de todo el baile y las ceremonias preciosas, es como si me dieras un regalo anticipado, pero me gusta…- murmuró la pelirroja pasando un brazo por los hombros del castaño aferrándose al cuello.

Sus pechos se presionaban, el aire de Joahnne empezaba a ser difícil de regresar al cuerpo cuando se era expulsado. Una muchacha pisó el vestido azul de ella provocando que se fuese un poco para atrás, no tuvo más remedio que apretarse con su amigo. Tomó la tela con sus manos viendo un tanto rencorosa a la mujer que había osado no prestar atención. – Se me va a hacer inquietante estar bailando y mantener todas las capas del vestido en forma, terminaré con uno corto antes de que termine la noche.- se quejó mientras posicionaba una mejilla contra la del ajeno para poder hablarle al oído. Se daba cuenta que aquello no funcionaría por lo que se relajó, dejó sus hombros caer.- No importa, hay que disfrutar la noche. Que es verdad “tomó movimiento” muyayo.- rio ante el acento extraño en la última palabra. Se apegó lo suficiente en él para no algún problema con los otros pares, aunque dejo el espacio para mover su cuerpo con libertad.

Los minutos pasaban, su cuerpo se movía con vigor junto al contrario recortando la respiración propia. Las narices se rozaban pero no había más que diversión por parte de la chiquilla que mantenía los ojos cerrados. Cuando se dio el valor de abrirlos no pudo más que temblar entre labios, los dos se observaban con detenimiento. –Rubén…- mencionó mientras se movían con lentitud, sus oídos se volvían sordos con tanto ruido en el lugar. El brazo derecho que se mantenía aferrado a él comenzaba a tiritar levemente. “No puedo confundirme, esto no puede seguir.” Se cuestionaba teniendo en cuenta todas las veces que sintió un pequeño revoltijo en el estómago. Se acercó aún más conteniendo la respiración por algunos segundos, rozó la punta de la nariz con él. Temió que todo se derrumbara y tambaleara la relación como lo hacían las piernas largas de la fémina.
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Axel S. Crowley el Jue Ene 15, 2015 12:44 pm

Con Lluna, en las mesas

A Axel le sorprendió el hecho de que Lluna no fuera sangre limpia, puesto que en Slytherin debías de ser realmente especial para entrar, si encima no poseías sangre pura, era todavía más especial. Salazar no era precisamente el fundador más permisivo. Sin embargo, a pesar de sorprenderse, no le importó. Le parecía admirable que fuera mestiza y que hubiera caído en esa casa, pues, a contrario que muchas otras personas que se creen importantes por pertenecer a esa casa y que realmente están ahí por linaje familiar, creencias tan inculcadas que parecen saberlas de memorias sin propio criterio y puro clasismo, Lluna parecía haber pensado las cosas; no ser simplemente una fotocopia perfecta de sus anteriores generaciones. No le parecía el punto álgido de una pirámide que pisotea a los que están abajo. Era alguien con su criterio y sus ideas, aunque como todos, educado de una manera en especial.

Axel no se consideraba, ni de lejos, alguien especial. Como ella, había sido inculcado de una manera y era consciente de que la gran mayoría de su pensamiento, realmente no era uno propio, sino uno mutilado, uno que realmente ha adoptado por comodidad. Era consciente de la diferencia de poder entre familias y la diferencia de poder entre sangres. Era un chico que…si, no le importaría hacer una caza de sangre sucias, se apuntaría a ella. ¿Pero desearla? ¿Desear la muerte de un sangre sucia? ¿Desear su eliminación? ¿De qué sirve? ¿Con quién experimentarían entonces? Los nacidos de muggles podrían ser personas que no se merecieran el don que se les ha ofrecido, pero ahí en dónde están, son más un mundo de conocimiento que una basura a la que patear. La gente no lo ve, por orgullo o por estupidez. A Axel no le importaba. Él no solía dejarse llevar por las masas, mas hacía lo que creía correcto o, simplemente, una experiencia enriquecedora, fuera como fuese.

-¿Quién me iba a decir que me estoy juntando con una mestiza?-Preguntó como si le importara, más su rostro revelaba todo lo contrario, que no le importaba nada.-Lo mejor que haces es entenderlo, aunque te parezca inadmisible. Yo… creo que fue en segundo… en el salón de duelos. Recuerdo que un sangre sucia me desarmó y me tumbó. Desde entonces… me sentí tan mal conmigo mismo que más nunca. El pobre se graduó sin volver a ganarme ninguna vez. Eso sí, él se graduó y yo no. Ironías de la vida, ¿eh?-Sonrió divertido, aunque luego rio cuando escucho la historia del elfo y su salario mensual.-Suelen ser muy independientes y… ¿para qué iban a necesitar el dinero?-Se encogió de hombros en una pregunta retórica.-Lo tienen todo con un chasquido, menos su tan ansiada libertad…-¿Y un elfo libre qué hace con su vida? ¿No se aburren sin nada que hacer?

El chico bebió nuevamente de su bebida mientras la escuchaba. Ladeó una sonrisa cuando dijo lo de ser una Slytherin rara.

-Una Slytherin de sangre mestiza, a pesar de que a mí me parece de lo más interesante… A la gente no creo que le imponga demasiado.-Axel había asumido que era sangre mestiza, porque siendo sucia era imposible que hubiera ido a Slytherin.-Y sí tienes razón.

Empezaron a hablar de bailes más movidos, más que nada porque Axel había sacado el tema al recordar viejos tiempos bailando con su hermana. El Swing era divertido y, cualquier cosa que hicieras, parecía estar bien. Era un baile de locos, de puro movimiento intuitivo, hasta el más mínimo ritmo músical de ese tipo de música podía hacerte hacer cualquier cosa. Lluna comentó algunos bailes latinos, pero Axel de eso sabía más bien poco. La salsa la conocía, su madre en sus tiempos jóvenes, solía bailar eso, o de eso siemper alardeaba: “de ser la Crowley con más sangre en las venas”. La verdad es que después de su hermana, probablemente su madre fuera con la siguiente Crowley con la que mejor se llevaba, probablemente porque no era una Crowley de sangre.

El chico sonrió ante lo que dijo que la música podría cambiarse por arte de magia si realmente lo pensábamos. Estaba seguro de que podría ser así, pero Axel no iba a enfocar su atención en pensar en un tipo de música pudiéndolo enfocar en su acompañante.

Fue curioso, entonces, cuando el gesto de la rubia cambió al recibir la pregunta del chico. A él no le resultaba comprometida, de hecho, una de las preguntas más usuales en un baile de navidad, cuando veías a alguien “sola”, era preguntarle por su pareja. No había nada de malo en ir solo o sola. Lluna nombró a las “chicas”, como si Axel supiera quienes son el grupo de “chicas” amigas de Lluna con las que suele estar. El chico sonrió.

-Ah sí, “las chicas”, es un grupo muy conocido. Sois muy famosas por todo Hogwarts…-Ironizó bromista, sin ánimos de ofender. Sólo esperaba una sonrisa y unos nombres con lo que relacionarla. Aunque también podría recibir una cara de pocos amigos y un golpe en el hombro.

El chico solamente se encogió de hombros ante lo de las otras pretendientes. Si las tenía, nadie había tenido el valor de pedírselo. Y por su parte, sólo habría otra chica con la que le hubiera gustado asistir al baile. Y luego está Tea, que era su amiga presente siempre a su lado y que seguro que no había conseguido pareja, por lo que siempre era una opción disponible y divertida con la que asistir al baile. Pero por las demás… tenía muchas amigas, pero ninguna con la que quisiera asistir.

Entonces, el tono alarmado de Lluna, hizo que Axel dejase su vaso sobre la mesa y prestase atención. No sabía que le había pasado por la cabeza, pero Axel tuvo la necesidad de esbozar una ladeada sonrisa.

-Bueno, a no ser que tenga un encanto natural, creo que todavía no he flirteado contigo.-Bromeó para liberar tensiones, luego le guiñó un ojo.-Sí, sólo amigos. A no ser que quieras besarme al final de la noche, aunque sería un poco raro.-Frunció el ceño con un gesto divertido. Lluna le caía estupendamente, al fin y al cabo ahí estaba con ella el último día de Hogwarts antes de las navidades, era una chica que le intrigaba y sumamente agradable, pero siempre tuvo la intención de ir con ella como amigos al baile.

La música seguía igual de aburrida allí dentro, por lo que el chico frunció los labios y miró a ambos lados. El aula en dónde ensayaba el coro del colegio estaría libre y en esa aula habían centenares de vinilos en dónde seguro encontrarían música que bailar. Axel puso la mano hacia arriba delante de ella.

-En vista de que los DJs de los elfos nos odian hoy… ¿Me acompañas?-Sé de un sitio dónde podremos bailar lo que queramos y cómo queramos. Curvó una encantadora sonrisa.

Su otra mano se dirigió al plato, lleno de canapés y lo atrajo hacia él, dispuesto a llevárselo como cena a dicha aula si la chica aceptaba. ¿Qué mejor manera de acabar el último día que atiborrándose a canapés, tranquilamente, mientras bailaban hasta caer exhaustos? Realmente no necesitaban una pista de baile repleta de nieve de mentira para poder pasarlo bien. Y entre menos gente, mejor.


OFF: Te habrás dado cuenta de que estoy un poco ausente. La universidad me tiene a tope. Por mí cierro ya esto, porque no sé cuándo podré volver a postear y, al cerrar el día 20, no quiero dejar los personajes patinando aquí dentro. Si te parece bien… claro Smile
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Gabriel J. Blumer el Vie Ene 16, 2015 11:31 pm

Con Danny haciendo el ninja hasta salir del Gran Comedor.
Interacción con Luke y Robin.

Efectivamente, tal y como sospechaba. La supuesta excusa de su acompañante no podía resultar más falsa, pero como no le importaba ni lo más mínimo que se hubiera ido para deshacerse de él, no le dio importancia alguna, limitándose a encogerse de hombros cuando Danny comenzó a bromear para meterse con él. Danny Maxwell metiéndose con él, menuda novedad, ¿No? No, efectivamente eso era más irónico que ver a esos dos bailando, algo que no tendría lugar por desgracia para los Slytherin que seguramente se morirían de ganas por ver tal humillación por parte de ambos.

- Entonces debemos de caerle rematadamente mal los dos. No creo que se fuera a buscarte después de irse para que estuvieras con ella… - Dejó caer con una ceja alzada. La verdad es que no sabía por qué aquella chica había desaparecido, pero sí no se había llevado a su amiga consigo, por algo sería. O no, a lo mejor de verdad le dolía el tobillo y ahora estaba en la enfermería con más hielo que nieve falsa había en el Gran Comedor en ese momento.

- ¡Yo qué sé Danny! No me sé todos los nombres de los Slytherin que se dedican a meter con los de Hufflepuff, son demasiados como para llevar la cuenta. – Dijo como si estuviera molesto, propiciándole un golpe en el hombro. No le dio muy fuerte, pero sí con ganas de hacerle algo de daño, en parte Danny le caía bien, pero por otra no. Eran sentimientos encontrados. Le caía bien lejos, a varios metros de distancia y sin recibir insultos por su parte. Pero ya. – No quiero que llores después de esto, pero tu pareja de baile es una mesa, más antisocial no puedes ser. – Era triste, pero era cierto. Igual que la pareja del baile de Gabriel era la primera persona que pasara cerca y aceptara a pasar un rato hablando. ¿Para qué tener una pareja pudiendo tener muchas?

Sí, leía esa revista, pero como se limitaban a decir tonterías, pues no les hacía mucho caso. – Bueno, eso puedo revenderlo a alguna desquiciada sexual como tú, seguro que hay muchas por ahí. Como esa persona que nos mira desde la lejanía amenazante. – Señaló al fondo, cerca de la puerta. No había nadie, sólo la puerta ya que la persona a la que señalaba acababa de salir del Gran Comedor. – Sabía que hablábamos de ella y se fue a tu cuarto a robarte ese altar. Yo que tú me iría ya, no vaya a ser que te quite algo. – Alzó una ceja. – Y quien avisa no es traidor. – Contestó con el mismo tono de voz que había utilizado la chica.

- Sí, no hay duda que eres una persona encantadora. – Afirmó de la manera más irónica que pudo. – Un encanto, sin duda, no entiendo como siendo tan agradable tu pareja te ha dejado plantada para irse con otra, no tiene lógica alguna. – Siguió con la ironía. – O tu amiga se ha ido sin decirte nada, que malas personas, seguro que es todo su culpa y no la tuya por ser tan amable con todo el mundo. – El medidor de ironía podría llegar a estallar con todo eso, pero no importaba en absoluto.

Si no iba clase no es porque que no quisiera, era porque no podía. Nadie sabe el esfuerzo que supone salir de la Sala Común de Ravenclaw, bajar las escaleras para desayunar y tener que volver a subir para ir a alguna clase. Y bueno, es que pociones estaba en una zona sin luz y quería solidarizarse con aquellos que tienen miedo a la oscuridad. Si es que en el fondo era una persona muy considerada. – Saben que si estoy contigo no pueden acercarse, no vaya a ser que les saques un ojo con tu consolador con forma de sable laser. – Si eso no existía ya, sería el invento del año que le sacaría de la pobreza. – Eh, no mientas, que yo bailo estupendamente, lo que pasa es que no entendéis mi ritmo arrítmico. – Imitó a la chica sacando la lengua del mismo modo.

El tema de ir en traje o no lo consideraba secundario. Todos los chicos estarían incómodos con sus trajes ajustados y que o les quedan bien de una parte o les quedan de otra, pero nunca total, por mucho que algunos pareciesen modelos o actores de cine. No, a ninguno le quedaba bien un traje en su totalidad. Pero a él le quedaban perfectos los vaqueros, básicamente porque eran vaqueros y son el mejor invento de la humanidad desde la cama.

Como cabía de esperar, Danny volvió con su monólogo en el que nadie podía intervenir. Gabriel rodó los ojos y se cruzó de brazos mientras la chica relataba su magnífico plan maestro en el que tenía que usar un hechizo contra las sillas a modo de competición. – Danny, guapa. – Posó la mano en el hombro de la chica y se inclino ligeramente para quedar a la misma altura, aunque no es que fuera mucho más alto que ella. – Si voy en vaqueros es porque no me acordaba que había un baile. ¿Te crees que he tenido tiempo para hechizar algún bolsillo para meter la varita? – Antes de que contestase y siguiendo su ejemplo de no dejar margen para contestación, volvió a hablar. – Correcto, no he tenido tiempo. – Afirmó con la cabeza. – Pero si tantas ganas tienes de huir de esa persona, tengo el plan perfecto. – Guiñó un ojo mientras en su mente ideaba un plan, pues como cabía esperar de alguien como Gabriel, no tenía plan alguno por mucho que dijera tenerlo.

Sonrió cuando la bombilla sobre su cabeza se prendió e hizo girar a Danny sobre sí misma de un corto empujón y agarró su mano con fuerza. – ¡Cuidado que mancho! Llevo ponche y las manchas no se quitan ni con la varita. – Pegó un empujó a una pareja mientras tiraba de Danny entre la gente. Estaría llamando la atención, sí, pero saldrían de allí antes de que esa persona de la que Danny huía pudiera verles, o al menos alcanzarles. – ¡Qué he dicho que mancho! – Dijo pegando un empujón a otra pareja que no se quitaba del medio. Si hubiera tenido ponche de verdad se  lo hubiera tirado por la cabeza, por pesados.

Pasó entre un par más de parejas arrastrando a Danny y golpeó a una tercera pareja que se encontraba en medio. – Ah, hola Luke. Hola pareja de Luke. – Hizo una corta reverencia al estropearles el baile y pasar entre medias de ambos y siguió tirando de Danny hasta que por fin alcanzarlo la salida. – Ningún herido, y todo sin varita. Si es que estos magos sobrevaloran su magia, con lo efectivo que es gritar que manchas en un baile lleno de personas que se preocupan más por su atuendo que por lo que están comiendo.
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