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Rolling in the deep (Abi)

Invitado el Lun Ene 05, 2015 3:00 pm

Una reunión en Londres. Al parecer habían convocado a varios mortifagos para algunos trabajitos especiales. Desde hace tiempo iba con un grupo de mercenarios bastante conocidos y temidos. Ahora era uno más de ellos y había dejado de ir en solitario, aunque a veces me escapara a hacer alguna misión. Era un lobo solitario y siempre me ha gustado la soledad, no podía evitarlo.

Caminamos por las calles de Londres levantando miradas curiosas y otras no tanto de gente que nos veía como una panda de pirados. No les culpaba. Teníamos que llegar al edificio donde daría lugar la reunión pero antes tenía que hacer algunas compras. Cosas sin importancia. Poción multijugos, veritaserum.. Cosas que conseguías si te juntabas con malas compañías y yo de eso tenía la mejor de todas. Saqué un par de monedas y cogi la bolsa de tela con los botes que tintinearon hasta que les metí en la mochila de cuero.

Fui a la red flu y finalmente estaba delante del edificio. Era algo meticuloso sobre la gente con la que me juntaba, por lo que entré por separado y casi que fue mejor. Ya iba conociendo algunas caras y finalmente crucé la puerta, entrando junto a los demás mortifagos. Me fui a una de las esquinas, al final y apoyé mi espalda en uno de los pilares o lo que coño fuese eso.

Un destello rojo llamó mi atención y abrí los ojos al ver a Abi. Ni siquiera había pensado en que podíamos coincidir. Llevábamos mucho tiempo sin vernos y aunque llevábamos vidas distintas, nos unía el conocernos de toda la vida. Me escondí un poco para que no me viera y segundos después dijeron mi nombre para que me aproximara, al parecer tenían un trabajo para mí. Dos tíos que habían delante se apartaron dejándome al descubierto. Sonreí sabiendo que Abi ya me había visto y me acerqué a coger el papel con el nombre y el lugar de la persona que tenía que eliminar, era un mercenario para mi era lo normal...
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Abigail T. McDowell el Mar Ene 06, 2015 2:56 am

Algunas personas lo llamaban misiones, otras obligaciones, otras entretenimiento, pero yo siempre lo llamaba diversión. No era cuestión de cumplir algo de manera obligada. Si estabas allí y poseías esa marca era porque de una manera u de otra, disfrutabas limpiando la raña de mundo y tomándote la justicia por la propia mano de aquel que creó los ideales que ahora mismo sigues.

Por eso estaba yo allí esa noche, sentada en una de las sillas más cercanas a la mesa. Estaba con las piernas cruzadas, adoptando una pose elegante a la par de sensual. Llevaba el pelo suelto, ligeramente despeinado debido al viento que hacía, unas botas altas con tacón y una vestimenta prácticamente de cuero negro. Mi mirada no se lo molestó lo más mínimo, ni cuando entré ni cuando vi a gente entrar, en observar a los presentes. Muy pocos llamaban mi atención y, aquellos que realmente valen la pena eran los que se acercaban a mí y se relacionaban conmigo. Los demás tenían claro que yo era alguien muy por encima de sus posibilidades.

Una persona totalmente aleatoria, con bastante más potestad que muchos de los de allí, comenzó a repartir ciertos cometidos. Como a mí me conocía y estaba prácticamente al lado de él, no dijo mi nombre en alto, sino que deslizó una pequeña carpeta hacia mí dónde ponía los datos importantes de un sujeto que, técnicamente, había que eliminar. Era una misión para dos debido a la complejidad no sólo de la búsqueda, sino de su posible defensa, por lo que fruncí el ceño a la espera de poder preguntarle si iba a tener pareja.

Por desgracia, pareció leerme la mente, ya que no tardó en decir en alto el encargado de acompañarme en dicha tarea.

Scott Gray…

Mi mirada no se levantó del papel, pero mis labios curvaron una irónica sonrisa. No sabía exactamente que me había hecho sentir escuchar su nombre, pero sin duda no era tranquilidad. Tampoco me hacía especial ilusión compartir nada, en este momento, con Scott, pero como solían decir las personas profesionales, había que saber diferenciar entre el trabajo y la vida personal. Y sin duda, si tenía algún problema con Soctt, era totalmente personal.

Tampoco entendía porqué me habían juntado con alguien como él, pero entre antes nos fuésemos antes podríamos terminar con aquello. Puesto que él no me había saludado ni nada por el estilo, doy por hecho de que tampoco le hace especial ilusión entablar ningún tipo de relación más que por mero compromiso. Me levanté de allí y cerré la carpeta cuando Scott salió entre dos hombres. Lo miré con una maliciosa sonrisa en el rostro.

Hey Scotty… —dije falsamente cariñosa, curvando ligeramente la cabeza— ¿Ya te has cansado de jugar al escondite? Parece que después de todo eres capaz de madurar un poco —añadí frente a todos, consciente de que las risas que sonaron eran típicas y necesarias sólo para conseguir lo que yo quería: meterme con Scott.

Acto seguido, me di la vuelta, le dije al encargado de aquello algo que sólo él pudo oír en relación con la resolución de la misión y salí por la puerta. Me quedé en el vestíbulo de aquella casa, esperando a que mi compañero llegase mientras leía ciertos datos de interés del sujeto que tenía que eliminar. Al parecer Scott solía participar en situaciones como estas más a menudo que yo, suponía que me habían elegido a mí para ir con él más bien por la parte estratégica. Scott no es muy estratégico que digamos, es más de ir a saco. Por ejemplo, si hay que entrar en una casa, su método más eficaz sería ir de cabeza contra la pared más cercana y romperla. Cosas de ser licántropo.

Esperé a que saliera, aunque algo me decía que por mucho que me auto impusiera ser meramente profesional, no iba a poder callarme todo lo que en realidad querría decirle.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Vie Ene 09, 2015 10:13 pm

Esto era el colmo de mi mala suerte. Trabajar con Abi no era lo malo, pero acostarme con ella y luego desaparecer ai... De hecho, para ambos iba a ser incómodo hacer como sino hubiese pasado nada. Ni yo mismo sabía porque era tan gilipollas, sin más lo era.

Aunque intenté pasar desapercibido ella me vio y escuché las risitas de los demás cuando me llamó Scotty. Si sumas eso a que hace un segundo estaba escondido detrás de dos esperando ser invisible pues... Era incómodo. Cogi la carpeta dónde estaban todos loa datos que necesitaríamos para la misión. La abrí pero antes de leer alcé la vista y le respondí.

- Parece que no ha pasado el tiempo eh? Aquí está tu dosis de Scott, que no cunda el pánico. -

Yo no había hablado con nadie sobre Abi. No tengo ningún amigo ni compañero ni nada y ahora que lo pensaba era triste pero siempre había sobre valorado esa palabra. Un amigo era in título muy importante que le ponía a alguien, no llamaba así a cualquiera.

Después de todo, me acerqué al grupo de mercenarios para saber dónde nos encontraríamos cuándo acabara mi misión con la pelirroja. Por alguna razón extraña estaba bastante motivado con esto. Supongo que Abi es el único recuerdo "bueno" que he tenido a lo largo de mi vida. Sin entrar en detalles de familia y demás. A día de hoy seguía viviendo sin ataduras a nada ni nadie y no tenía pensado tenerlas ni a largo plazo.

Vi como Abi salía de la habitación y a los que tenían misiones asignadas les pedían que salieran para que entraran otros. Bueno, en algún momento estaríamos solos y volveríamos a vernos. El destino lo había querido de esta manera. Carpeta en mano y con una sonrisa de suficiencia salí de allí despidiéndome con la mano. Apoyé mi codo en su hombro pero casi me caigo antes de que me diera tiempo a hablar. Vaya, pues si que estaba tensa la cosa... Me pasé la mano por la nuca y hablé, odiaba los silencios incómodos.

- Bueno, cuánto antes acabemos esta faena, antes podremos volver a lo que estuviésemos haciendo. Juntos de nuevo como en los viejos tiempos eh? -

Reí aunque enseguida me puse serio al ver que a ella no le hacía gracia. Abi enfadada daba miedo, a mi me imponía y eso me estresaba. Pero aún no ne había pegado ni prendido fuego así que no iba tan mal. Teníamos que leer el historial y luego decidir como íbamos a hacerlo así que lo mejor era pararnos a tomar algo en ese mismo sitio y quitarnos eso de encima. Caminé a su lado haciendo que miraba lo que ponía y algo llamó mi atención. Al parecer dos presos de azkaban traían de cabeza al señor tenebroso y lo peor es que la habían liado mucho. Teníamos que ir básicamente a quitarlos de en medio, hacer como sino hubiesen existido. Tenían una hija a la cuál asesinaron cuándo ellos decidieron no obedecer su pacto. No me daba lástima. Cuando entrabas a algún sitio, sabias que salir traería consecuencias y las suyas habían sido esas, solo que la hija seguía viva y mintieron diciendo que era otra, cosa que había cabreado mas a Voldy. Suspire y luego hablé de nuevo.

- Tal como pinta lo que he leído tendria que sernos fácil y rápido pero las cosas siempre acaban volviéndose complicadas. Podemos decidir dónde vamos primero, aunque lo lógico sería ir a azkaban. Creo. -hice una pausa ante su silencio- ¿Qué tal todo pelirroja? -

No esperé respuesta y entré como si me hubiesen puesto un petardo en el culo en esa especie de bar. Di una palmada en la mesa y pedí una cerveza. La cogi y le miré esperando respuesta mientras me sentaba.
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InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Sáb Ene 10, 2015 2:47 am

No me importaba hacer una misión como aquella con él, de hecho hace algunos meses atrás incluso me hubiera gustado meterme en acción en la calle, para luego terminar la faena en mi casa junto a él. Actualmente, no era así. Scott había sido, tanto en Hogwarts, como fuera de Hogwarts, un muy buen amigo, a pesar de nuestros roces excesivamente sentimentales que en ocasiones ni yo me creía. ¿Yo amar? A mi hermano, sólo y exclusivamente. ¿Pero a otro hombre? Quizás el más cerca de ocupar una parte de mi corazón fue Scott, pero era imposible. Podría ser un hombre maduro, pero no para mí. Funcionábamos en la cama, pero en ningún lugar más. Era desatento y rara vez se preocupaba por las consecuencias de las cosas. ¿Son fallos? En absoluto; de hecho son ventajas. Pero no son cualidades de las que una se sienta agradecida cuando haces cosas por un amigo y ese amigo no sabe valorarlas. ¿Empleo en el Ministerio? Olvidado. ¿Quedarse en mi casa una temporada para ayudarle? Ya se ha olvidado. Ante todo había sido y supongo que sigue siendo, una persona en la que confiar, pero en aquel momento estaba bastante enfadada con él. Por regla general un comportamiento como ese en cualquier otra persona no me importaba. Pero todos sabemos que Scott no es cualquier persona para mí. Es mi idiota. Un idiota que nunca aprenderá y que parece tener una parte de él tan loca y rebelde que nunca madurará, motivo por lo que siempre ha sido y seguirá siendo una persona adulta con ese resquicio de inmadurez. Sin duda un buen amigo que por mucho que odie… nunca voy a llegar a odiarle.

Eso sí, yo era una chica tremendamente impaciente que no tiene tiempo para andarse con juegos como estos, por lo que iba a dejarle claro esta noche lo que había. No me importaba no ver a un amigo mío por un año, incluso por dos. ¡Incluso por ocho! Vivo ejemplo: Fly. Aunque esa amistad es un tanto extraña, no sé hasta dónde me convence seguir con nuestro roce siendo ella aurora… Lo que realmente me molesta, es la forma de irse. Y Scott era experto en diseñar las peores formas de irse.

Dejando a un lado el pasado, pues si comienzo a recitar cada una de las maneras que se me pasan por la mente no termino, lo importante es el presente. Había salido ya de aquella pequeña sala, esperando en el vestíbulo a Scott para empezar a idear un plan. No tardó en salir, haciendo un amago de gesto de confianza que corté rápidamente. Estaba distraída mirando el informe, pero dejé de hacerlo y elevé la vista cuando habló.

No tengas prisas. ¿Acaso no quieres pasar tiempo conmigo? ¿No me has echado de menos? —alcé una ceja ante la pregunta. Pregunta trampa que ni me interesaba la respuesta. Teniendo en cuenta mi cara de mala leche y mi actitud, lo más probable es que la respuesta fuera no. Y teniendo en cuenta lo sincero que era, lo más inteligente es que no lo dijera en voz alta o podría dar pie a un discusión. Soy mujer, me encantaba discutir sobre todo cuando tengo motivos y razón—. Hay bastante diferencia con los viejos tiempos… —dejé caer, dejando mucho que desear por mi tono de voz— Mucha. En los viejos tiempos estaríamos… —sonreí seductoramente— ideando un plan en la cama y no aquí.

Comenzamos a caminar para salir de allí. En el exterior hacía frío, pero no hice más que cerrarme la chaqueta antes de seguir leyendo aquello. Parecía un tarea fácil, pero a la vez complicada. ¿Dos mortifagos yendo a Azkaban de manera voluntaria sólo para acabar con dos presos? No me parecía una buena idea. Aquello estaba lleno de dementores y aurores… ambas cosas me dan asco. Scott habló, pero yo me tomé mi tiempo para pensar, pasando un poco de su culo.

Entré tras de él al interior del bar y me senté a su lado, elevando el dedo índice y corazón como señal al camarero, para que en vez de una cerveza, pusiera dos. Fue entonces, cuando cerré aquel informe y lo puse sobre la mesa cuando presté atención a las preguntas que Scott me había hecho hace unos segundos atrás.

Todo muy bien. Sigo cobrando una pasta, sigo viviendo en el mismo sitio y sigo disfrutando de la vida. ¿A ti cómo te va todo? —le pregunté, a la vez que oía como el camarero nos abría el botellín y nos lo dejaba sobre la mesa. Lo sujeté por la boquilla para que no se me calentara el contenido y le pegué un gran sorbo.

Me había costado pillarle el gusto a la cerveza muggle. Era amarga y tenía un sabor como raro… sobre todo acostumbrada a haber probado casi toda mi vida la dulce cerveza de mantequilla. Finalmente, ahora mismo la cerveza muggle es una de las bebidas más refrescantes que me gustan, además de que me encanta el alcohol y cualquier cosa que tenga es bienvenida.

Luego le di dos golpecitos con la mano al informe para cambiar de tema.

Los presos ya no están en Azkaban, por lo que ir a Azkaban es una chorrada —me metí con su idea por simple molestia. Es que si los presos estaban presos en Azkaban, ¿qué gracia tenía? Le haríamos un favor matándolos si están allí retenidos—. Está lleno de aurores y dementores y, personalmente, no quiero arriesgarme a acercarme tanto a la boca del lobo sólo para buscar información. Esa misma información podemos encontrarla en el Ministerio y estamos mucho más seguros, además de tener mucha más influencia. ¿No crees? —pregunté retóricamente, pues sabía que tenía razón. Era yo, claro que tengo razón.

Lo primero que teníamos que hacer era buscar claramente quiénes eran, sus últimos movimientos y saber por dónde se mueven. Sus contactos y, por ende, sus posibles escondites. Era fácil, al final del todo, era un conjunto de pequeñas pistas que te llevaban al premio. Porque sin duda alguna, si la misión era arrebatar una vida, aquello se trataba de un premio.

Podríamos colarnos en el Ministerio… —susurré y miré el reloj de mi muñeca; era bastante tarde— Podríamos encontrar información interesante y útil, pero no creo que nos de tiempo de terminar nada hoy. ¿Sigues teniendo prisa, machote? —le guiñé un ojo, volviendo a beber.

Parecía que lo difícil iba a ser dar con ellos, pues no me preocupaba nada, llegado el momento, enfrentarme a ellos. Al fin y al cabo estaba con Scott y, si en algo puedo estar segura de él, es que peleando es de los mejores.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Lun Ene 19, 2015 11:10 pm

Estaba enfadada. Pero era normal, yo siempre me ganaba sus enfados. Igualmente iba a seguir hablándole como si nada porque sino abririamos la caja de pandora e igual acabábamos a palos o en la cama, quién sabe. Suspire al recordar mis tiempos en Hogwarts. Joder habían sido buenísimos y había tenido a gente importante cerca mía.

Mis años allí los guardo como un tesoro, dado que por primera vez conocí la amistad y lo que quería ser llegado el momento. Nunca había tenido claro que iba a ser mortifago, simplemente salio y cuando uno llega a ser el elegido de Voldemort, acaba teniendo sus motivos para tal decisión.

- Lo de acabar en la cama no es necesario seguir en Hogwarts para hacerlo... aunque sí éramos más.... como decirlo.... -

Abrí la puerta y entre. Cogi la cerveza y le di un buen trago, la miré de reojo esperando un comentario de los suyos sobre mis problemas con el alcohol. Pero no llegaron. Apreté los labios después de beber y mantuve el botellin en mi mano apoyándolo en mis labios mientras la escuchaba.

- Bueno, siempre fuiste la inteligente de los dos. Yo no podría convivir con el enemigo pero está claro que a ti se te da bien fingir. -

¿Eso acababa de ser una pullita? Tenía toda la pinta. ¿Me divertía hacerlo? Muchísimo. Miré de nuevo el informe y moví la pierna pensando que era cierto lo que decía, pero me gustaba el riesgo. Ya me imaginaba dando de hostias a todo el que se nos pusiera en el camino. Un trabajo con Abi, era un trabajo bien hecho. En temas de follar o matar nos entendíamos a la perfección. Estos meses había estado meditando el porqué actuaba así, pero sin más, era complicado. Necesitaba desaparecer y aunque estaba dejando colgada a la única persona que cuando la necesito está pues yo era bastante bipolar. Me encantaba estar con ella pero me daba el síndrome de "huir cuál rata" cuando la cosa se volvía seria. Eso me daba más miedo que ir a Azkaban.

- Me alegro que sigan en tu mansión rodeada de todos tus lujos. Siempre consigues lo que te propones, por mi parte me gano la vida como puedo y sin hacer demasiado, así que me va perfecto. -

Bebí de nuevo terminandome la primera cerveza y pedí otra para mí y para Abi. Saqué el dinero y pagué. Cerré la carpeta dando por finalizada la recogida de información.

- Tengo todo el tiempo del mundo. Estando contigo parece que no pase. Vayamos al ministerio, será divertido ver de nuevo como respetan a la gran Abi. -
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InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Mar Ene 20, 2015 12:57 am

Scott y yo habíamos pasado por mucha más historia que en simple Hogwarts. Lo cierto era que en el castillo le conocí y teníamos, al principio, ese roce “inocente” malintencionado. Finalmente lo inevitable pasó y fue lo más cerca que estuve nunca de mantener una especie de “relación” con alguien. Me gustaría recalcar lo de “relación”, porque no sé si se puede llamar ni siquiera así. No obstante, fuera de Hogwarts no nos distanciamos demasiado, por lo menos cuando a él no le daba el trabe de irse a tomar por culo en ataques de ansiedad por pensar que lo nuestro iba demasiado en serio. ¿De verdad él tenía en mente que yo quería que nada se volviera serio? Era mi amigo y, estos últimos meses, incluso podría decir que años, después de cómo se ha comportado, tenía más que claro que mantener nada más allá de la amistad con derecho que tenemos con él, debe de ser muy cansino. Y lo cierto es que la idea de tener algo serio no me llamaba lo más mínimo. ¿Acaso no podíamos seguir como siempre? Hace años… Esos encuentros caída la noche en dónde nos emborrachamos hasta perder el uso de razón, en dónde nos volvíamos loco haciendo todo aquello que quisiéramos, follando dónde y cuándo quisiéramos sin que nada nos importase. El aliento a alcohol, el olor a guerra, la satisfacción de una buena noche… Hacíamos un buen equipo, sin duda. Pero supongo que los dos habíamos crecido y madurado. Él a su manera y yo a la mía. Una pena, porque eran años a los que no me importaría lo más mínimo volver un rato.

Te has ido muy atrás. Me refería más a esas ocasiones en dónde vas a mi casa, terminamos en la cama y por la mañana ya no estás. Esas ocasiones —sonreí irónica. Realmente estaba siendo irónica, pero no estaba tan enfadada como podría pensarse.

Claro que me molestaba que se fuera, con miedo a enfrentarse a lo que tiene delante cuando me conoce de casi toda la vida, pero yo tenía veintisiete años y realmente me importaba lo que hiciera una persona que básicamente huye. Cuando quisiera hablar o hacer lo que quiera, estaré ahí.

Entramos al bar y Scott no tardó en buscar un lugar dónde sentarnos y poder pedirnos algo para beber. Pidió un botellín para cada uno, algo que se bebe rápido y que es bastante suave para lo que teníamos delante. De no haber tenido que hacer nada, probablemente ahora mismo estaríamos frente a una botella de vodka. Su favorito, claro. Curvé una sonrisa ante sus comentario.

De eso no cabe duda —dije cuando me adjudicó el puesto de inteligente. Luego le miré a los ojos con lo de que se me daba bien fingir. Si quería entrar en ese juego, yo lo tenía muy fácil—. Vaya, ¿te habías dado cuenta? No quería herir tus sentimientos de hombre en la cama —me humedecí los labios, aludiendo a que había fingido con él en la cama.

En mi vida sólo he fingido una vez en la cama y fue en Hogwarts, con un imbécil muy engreído que poseía el pene más pequeño que he visto en mi vida. Y no, no sabía usarlo. A partir de ahí me pregunté… ¿De verdad? Si no me gusta lo que me hacen, se me nota. Por eso a partir de ciertas personas, he decidido ser yo aquella que lleva las riendas de la situación.

Le pregunté por su vida y, sin mucho cambio, seguía ganándose la vida igual que siempre: moviendo el mínimo dedo posible. Yo no podría ganármela así. Me gustaba el control y odiaba sentirme en desventaja; desprotegida. La verdad es que si no estuviera en mi puesto actualmente, no sabría dónde habría terminado.

No vivo en una mansión Scott. Pero si has estado en mi casa, entiendo que cualquier hogar te parezca estupendo en comparación con el tuyo, pero mi piso es de apenas cuarenta metros cuadrados —McDowell era un apellido conocido, sin duda alguna, pero no a la hora de referirse a personas con grande poder económico, ni tampoco por ser prestigosas familias de sangre puras. Los McDowell eran famosos por ser, por regla general, defensores de la justicia. Mi abuela y yo somos las únicas de la familia que decidieron experimentar, por lo que ni queriendo hubiera tenido las facilidades de mi familia.

Tras terminarse su botellín, yo le pegué el último gran sorbo a la mía. Pidió otra para cada una, invitándome a ellas. Entonces, se relajó, queriendo ir al Ministerio.

Qué cosas más bonitas me dices… —ironicé ante lo que dijo del tiempo— Es de noche, no creo que hayan muchas personas en el ministerio, por lo que creo que te vas a quedar con las ganas —vinieron las nuevas cervezas y bebí de ella, dejándola sobre  la mesa. Decidí dejar claro lo que íbamos a hacer—. Vamos al Ministerio y recogemos todo lo necesario. Luego vamos a mi casa, porque supongo que no tendrás ningún lugar mejor en dónde poder ir y mañana iremos en busca de nuestra víctima. ¿Ese es el plan, vale? —No sólo era cuestión de ir al Ministerio, coger un informe, leerlo y misteriosamente conseguir la respuesta.

Estábamos ante un caso real de desaparición. Necesitábamos buscar todo referente, leerlo y buscar relación con los casos conocidos. Entonces, sabríamos por dónde buscar.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Vie Ene 30, 2015 11:07 pm

No me gustaba demasiado pensar en los viejos tiempos, me recordaban a un buen momento de mi vida que había quedado muy atrás. Me veia como un chavalin empeñado en hacer lo posible por ser parte de los malos.

Abi sabía como herir con sus palabras, yo también pero por alguna razón extraña había aprendido a oír y callar más. No me convenía tener enemigos dentro de los mercenarios. Esa vida no era como la que podía llevar Abi, sabía que tenía responsabilidad y podía mover a la gente cuál títeres en sus manos, no obstante yo intentaba no meterme en el ojo de nadie que se propusiera joderme. Cuándo estaba en Hogwarts era sencillo hacer daño, incluso demasiado fácil. Y me encantaba porque sabía como jugar con sus sentimientos. Ahora sólo me apetecía tener para comer y para pagarme mis borracheras pero seguía disfrutando de mi trabajo, siempre sube que acabaría en algo así.

Suspire al oírla. Estaba enfadada y era normal pero tenía que sacar todo lo que pensaba de mí porque se estaría haciendo un favor a mi misma.

- Qué esperabas Abi? Que me levantara al día siguiente y te preparara el desayuno? Sé que no tengo ni idea de relaciones y que nunca he sido una buena pareja, pero me da igual. -

Mi voz sonó más dura y abrí con los dedos el botellin de cerveza para luego dar un trago. A ojos de mi hermana Amy yo era lo peor del mundo pues se habían encargado de meterle esa idea de mí. Me veía con un trabajo que me gustaba, ganaba dinero y básicamente no tenía que matarme mucho pero personas que apreciara o considerara amigos? Me bastaba con una mano para juntarlas a todas y mi pelirroja lo era.

De ahí que la buscara porque a pesar de no ser cariñoso ni empalagoso nunca, era humano en cierta parte y necesitaba ver alguien que me recordaba algo bueno de mi vida y de mí.

- Abigail te recomiendo que sueltes todo lo que sabemos que tarde o temprano vas a terminar soltando mientras me das de hostias. -

La miré desafiante, era todo un gustazo ver cómo se las gastaba Abi. Tenía una imagen algo equivocada sobre mí ahora, aunque en un momento fui buscando su ayuda era demasiado orgulloso como para aceptarla y seamos sinceros, tendría que morderme mucho la lengua estando allí. Jugué con la botella entre mis dedos y seguí bebiendo. Volver al ministerio. Vale, esta vez por el bien del trabajo y de la recompensa que vendría después.

- A sus órdenes. No seré yo quién te quite la ilusión de llevar la voz mandante en esta faena. Tengo curiosidad por ver algo más del Ministerio. En otra cosa no sé, pero estamos sobrados para esto y lo sabes. -

Me agache para coger la cazadora pero antes le hice una señal mirando los aseos y caminé hacía allí. Quién sabría cuando podría mear tranquilamente una vez nos pudiéramos en acción. Mire serio a un tío que había al lado e intentaba ver mi premio y cerré la puerta de los aseos con fuerza, suficiente para llamar la atención. Sonreí con complicidad a Abi y caminé hacia la puerta abriéndola y esperando a que saliera para ir al ministerio.
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Abigail T. McDowell el Sáb Ene 31, 2015 7:17 pm

No iba a quejarme si Scott se quedaba después de acostarse conmigo y me preparaba el desayuno, eso estaba claro. ¿Qué fuera lo que me esperaba? Pues claro que no. Para este tío todo debía de ser o blanco o negro. O se cree que absolutamente nada, o se cree que quiero empezar una relación con él, atarle a mi cabezal de la cama y tener hijos con él. ¿Desde cuándo somos amigos? ¿Es que no se ha dado cuenta de que yo quiero exactamente lo mismo que él? Es decir: nada. Yo no pido nada. Yo no quiero nada. No quiero un compromiso, tampoco quiero una relación. No quiero dependencia y mucho menos quiero obligaciones. ¿Qué es lo que quería? Pues no sé… ¿una muestra afable de amistad? ¿Acaso no somos amigos? ¿Tú te acuestas con uno de tus mejores amigos y luego te vas sin siquiera decirle adiós? No sé, nunca he sido muy dada a tener amistades que me importen, pero en mi pueblo esta actitud era de gente que no merecía ni la intención de ser amigos.

Puse los ojos en blanco ante su pregunta retórica y mucho más ante su comentario, un comentario que para mí no tenía ningún sentido, ya que, como siempre, se equivocaba. ¿Quería que se lo soltase todo? Eso era fácil. Sólo tenía que escucharme. Suspiré y me acerqué a él, mirándole a los ojos con el ceño ligeramente fruncido.

Scott, escúchame —le pedí— ¿Desde hace cuánto que nos conocemos? ¿Desde que  tenemos once años? ¿Hace cuánto ya… dieciocho años? —pregunté retóricamente, para que echara él las cuentas— Creo que me conoces de sobra, como para saber que, ni de coña, busco ninguna relación ni ningún trato especial por tu parte. Tú serás malo en las relaciones, pero creo estar segura de que yo sería peor —sonreí de lado— ¿Quieres saber por qué estoy molesta contigo? Porque se supone que somos amigos. Amigos desde hace dieciocho putos años y me tratas como a una maldita desconocida, a la que te tiras y a la que dejas de lado como una maldita cualquiera. ¿Que me lo haga un desconocido? Me la trae floja, me la suda, me la pela. Me da exactamente igual. Pero esperaba más de ti —confesé tranquilamente, para que abandonase de una vez por toda esa absurda idea de que yo quería algo serio—. Pero si tú quieres tratarme así. Muy bien, yo también te trataré como un mero conocido. Alguien que no me importa y a quién tratar como a un cualquiera. ¿Es justo, no? —finalicé mi explicación, mirándole con simple circunstancia.

Me hice hacia atrás y cogí mi botellín, terminándome su contenido en un largo trago que saboreé perfectamente, refrescándome la garganta. Scott podría hacer a partir de ahora lo que quisiera; yo ya le había dicho las cosas claras. Y sí, obviamente seguía molesta, pero por lo menos ahora sabía por qué era y no sacaba conclusiones precipitadas ni estúpidas. Yo queriendo una relación… por favor.

Después de eso nos pusimos manos a la obra, aunque Scott tenía que ir a liberar todo el líquido retenido. Aproveché yo también para ir al baño y no tardamos más de tres minutos en volver a vernos fuera. Fui hacia la puerta y pasé cuando me dejó pasar.

Cerca de aquí hay una cabina para entrar al Ministerio pero… —me hice la pensativa, pensando en los pros y en los contras— Mejor no la usamos, ya que registrarían nuestra entrada. Mejor ir directamente al interior a un sitio que no esté controlado —y le sujeté la mano, volviendo a entrar al interior del bar y volviéndole a guiar hacia el baño, precisamente el de chicos. Fuimos directos a través de todo el bar, hasta llegar a uno de los retretes, entrar al interior y cerrar la puerta. Una vez ningún muggle nos vio, me desaparecí con él de allí.

Sólo yo tenía permiso para aparecerme en mi despacho, al igual que el Ministro posiblemente lo tuviera en su despacho. Así que tras un segundo, aparecimos justo en medio de mi lugar de trabajo. Miré alrededor y estaba todo perfectamente recogido. Yo no lo había hecho, por lo que suponía que la pringada de mí secretaria se había pegado hasta tarde.

A ver, teniendo en cuenta lo que buscamos… ¿Empezamos por el Departamento de Seguridad Mágica, no? —le pregunté, por si él tenía una mejor idea.

Mi despacho estaba totalmente oscuro, pero los ojos se habían adaptado a la oscuridad y podías ver perfectamente su distribución. Yo me dirigí directamente a la puerta y la abrí lentamente, asomándome. Estaba todo igual, oscuro pero más iluminado debido a los pequeños focos de luces resplandecientes que se focalizaban en las paredes reflectantes, que eran prácticamente como espejos.

Sin hacer ruido, ¿vale? Probablemente no haya nadie, pero si lo hay, mejor no llamar su atención —le dije, antes de salir hacia afuera.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Jue Feb 26, 2015 12:51 am

Reconozco que Abi era esa persona a la que recurría cuando mi vida se ponía patas arribas. Es decir, cuando me sentía perdido o mas solo de lo que puedo sentirme siendo un lobo solitario, ya que siempre me había descrito de esa manera. Ella era una excepción de que se podía confiar en alguien y era quién me devolvía a la realidad y nunca, ni una sola vez, se lo había agradecido como merecía. Siempre salía huyendo cual rata después de pasar la noche con ella sin despedirme y con una dosis de energía.

Huía cuando realmente quién tenía miedo era yo. No me consideraba bueno en nada, menos en mi trabajo y demás. Cuando estaba en Hogwarts todo era muy distinto pero aún así después de Stella supe que no estaba hecho para ningún tipo de relación porque me volvían débil y en el mundo en el cual vivía significaba mi cabeza como premio para algunos ya que soy tan imbécil que de ningún modo permitiría que tocaran a Abi.

Claro que había pensado en el día en el que ella conozca a alguien "especial" y nuestros raros encuentros pasen a un segundo planos, o desaparezcan directamente. Aunque me jodiera que hiciese su vida con otro, yo tenía oportunidades pero era demasiado cobarde. Me gustaba que no fuésemos nada pero ambos notáramos ese lazo especial. Asentí ante sus palabras y solté un suspiro alegrándome de oírlas.

- Somos complicados en ese tema los dos, supongo que por eso nos llevamos tan bien desde hace tiempo. Si algún día debo dar la cara por alguien con seguridad te digo que solo sería por ti. Pero sé que eso ya lo sabes a pesar de... -frunci el ceño- Bueno, a pesar de todo, ya me entiendes.  -

Esperaba con eso dejarle un poco claro que no era una simple conocida a pesar de mi comportamiento pero no estaba en situación de rebatir nada y menos cuando tengo todas las de perder. Lo mejor era ponernos manos a la obra y dejar que las cosas salieran solas. Volvimos a los baños y en unos segundos nos aparecimos en su despacho del Ministerio. Reconozco que el sitio me ponía los pelos de punta y no llegaba a entender aún porque. Justo iba a levantar el pulgar a lo de no hacer ruido y tropecé con una papelera pequeñita que había en el suelo y que hizo ruido pero no demasiado para mi suerte. Puse los ojos en blanco.

- Maldita sea... -

La miré esperando una mirada asesina por su parte y cualquier comentario hacia mi persona, y hasta deseé escucharlo. Era ese tipo de cosas lo que me encantaba de Abi. Ahora si, con mas cuidado comencé a caminar para cotillear su despacho y las cosas que tenía. Cogí la foto que tenía en la mesa con su hermano y contuve un suspiro al pensar por un segundo donde estaría mi hermana.. De la cual no sabía absolutamente nada y si Abi la trataba así conociéndola de siempre, estaba claro que de mi hermana no sabía nada. No recordaba si alguna vez le había comentado algo pero antes de que viera algún sentimiento en mi rostro la dejé en la mesa y seguí mirando. Antes de que hablara o se moviera la cogí de la mano y la acerqué a mi posando mis manos en su espalda y acariciándola con la punta de mis dedos. Sonreí de lado al oler su perfume, o lo que fuera, ese olor suyo que tanto me gustaba. Puse mi frente pegada a la suya y cerré los ojos. Seguramente ella podía separarse y darme una hostia y estaba en todo su derecho pero no era raro en mí mostrar ese tipo de gestos. Finalmente acaricié su mejilla y junté mis labios con los suyos en un beso, abrazándola para pegarla mas a mi. Quizás no fuera un buen momento, pero me apetecía.

- Después de tantos años mírate. Trabajando en el Ministerio, no esperaba menos de ti pelirroja. -

Sonreí y mordí su labio inferior antes de separarme.
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Abigail T. McDowell el Jue Feb 26, 2015 3:19 am

Quería mucho a Scott, de verdad, era una persona muy importante para mí; no iba a negarlo… pero había veces que era más difícil de entender que una mujer. Tengo la teoría de que los hombres licántropos pueden llegar a ser tan extraños en ese sentido como las mujeres, porque si no, no me lo explico. Estaba claro que por mucha mierda que pasara entre nosotros —a no ser que fuera mierda seria digna de ser no ser justificada— siempre íbamos a estar el uno para el otro, pero por lo menos en el lenguaje que yo hablaba, eso no significaba ignorar al otro hasta que te hiciera falta. Pero bueno, por suerte, después de todo este tiempo ya entiendo también el lenguaje de Scott y puedo hacerme una idea de cómo es y cómo se comporta.

Sí, por suerte, te entiendo —contesté, ya que era toda una proeza llegar a entenderle. Aunque en el fondo, cuando le entendías le cogías cariño, ya que la manera de ser de Scott era simplemente única.

Después de eso, cambiamos un pocos los planes y decidimos ir al Ministerio como primer paso a nuestra misión. Le llevé a rastra a los baños de aquel local, de tal manera que para ojos ajenos, parecía que me lo estaba llevando al baño para que me hiciera el amor salvajemente. Pero no. No era para eso.

Me desaparecí con él de aquel sitio y aparecimos en mi despacho. Aparecerse en otro lugar del Ministerio era peligroso, ya que en algunas áreas no era posible y en otras había vigilancia. Había optado por ir a mi lugar de confianza que, al fin y al cabo, la que mejor lo conoce soy yo. Estaba oscuro, todo iluminado con un pequeño matiz verde propio de las pocas luces que iluminaban todo el ministerio. Le dije a Scott que no hiciera ruido pero…

...no sé de qué me sorprendo. Miré a Scott con ojos de asesina. En realidad me daba igual, al fin y al cabo en mi despacho ni cerca de él iba a haber nadie, pero me molestaba el simple hecho de que fuera tan patoso, sobre todo cuando le digo que tenga cuidado. De verdad, dan ganas de reventarle.

La próxima vez te dibujo un mapa y te pongo un aviso de proximidad —ironizo, mirándole divertida—. ¿O mejor te esposo y te arrastro detrás de mí?  —añadí, en voz baja y con el único motivo de meterme con él. Pero no, eso último no es una buena idea. La idea de esposar me parecía tremendamente pornosa. Me gustaba que me esposaran y esposar. No podía tomármelo como algo serio.

Abrí la puerta de mi despacho, asegurándome de que no había nadie fuera y perdiendo un poco de vista a Scott, al cual, la última vez que le miré, estaba observando la preciosa foto que tenía con mi hermano en mi mesa. Scott no tardó en acercarse a mí y lo supe por el ruido que hacía. No hacía apenas al caminar, pero al estar todo en silencio, cualquier movimiento se oía. Me di la vuelta para recalcarle el hecho de que no debía de hacer ruido, pero antes de poder decir nada, me sujetó por la cintura y me atrajo hacia él. Mis manos de manera inconsciente se quedaron pegadas a su pecho y teniendo en cuenta lo grande que era él y lo pequeña que era yo, era una posición que rebosaba totalmente protección, con sus manos alrededor mía. Cuando apoyó su frente en la mía, cogí aire profundamente. Su aroma era embriagador y me recordaba sin duda alguna a una época pasada. Aunque si quería sentir nostalgia, con eso no tenía suficiente, ya que me besó. Fue un beso lento pero intenso. El encargado de abrir esa brecha nostálgica. Un beso entre nosotros no significaba lo que significaba para otras personas. Un beso normalmente significa un antes y un después, pero ya nosotros teníamos un pasado y teníamos claro nuestro futuro, por lo que realmente, un beso era más una señal de apego, de haber echado de menos y de querer sentir al otro, que una señal simbólica de amor. Sin duda alguna, no era eso último.

Miré a sus ojos de manera traviesa cuando me mordió el labio.

No sé de qué te sorprendes, siempre he adorado ser el centro de atención, ser poderosa y controlarlo todo —digo, separándome lentamente de él— En mi puesto no lo controlo todo, pero casi.

Le sujeté de la mano y le saqué de mi despacho, cerrando la puerta detrás de mí para que nadie sospechara si pasaba por la zona. Luego le cogí de la mano, no como un acto de cariño, sino más bien de control. Así iba por dónde yo iba y sólo tenía una mano para toquetear cosas. Por un momento no supe ni a dónde iba, pues se me había ido la cabeza, así que en un cruce de pasillos, me paré momentáneamente. Sí, sí… Departamento de Seguridad Mágica. Cogí el desvío hacia la derecha y me metí en un ascensor, apretando el número que era.

Esta noche la puedes pasar en mi casa —le ofrezco, CON TODAS LAS INTENCIONES SOBRE LA MESA. Teníamos confianza, hombre. No había que andarse con rodeos para esas cosas. No entre él y yo. Sonreí de medio lado, traviesa— Así por lo menos, como mañana tenemos que seguir trabajando juntos, no podrás abandonarme cual diversión de usar y tirar —dije sarcástica. Lo dicho, me había acostumbrado, pero como era ahora mismo la manera más fácil con la que meterme con él, era lo primero que me venía a la mente. Nada más decírselo, se abrió la puerta, por lo que fui a salir de allí para seguir adelante. El siguiente paso era buscar la puerta de la sala de almacenamiento.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Jue Feb 26, 2015 4:14 pm

Te entiendo. Dos palabras que para mí podían ser mas que eso. Sonreí de lado al oírlas, por supuesto que me entendía, en el fondo siempre habíamos encajado como un puzzle, porque pensamos parecidos, decir igual sería hablar mucho.

Todo ese jugueteo, juntos haciendo una misión y demás me traía buenos recuerdos y no había dejado de sonríe ya fuese por provocarla o por diversión, desde que habíamos recibido la notícia de trabajar juntos. Era curioso, sabía que esa parte de mi a ella junto a muchas mas claro, la irritaban. Entrelacé mis dedos con los suyos cuando me agarró de nuevo la mano y salí detrás suya siguiéndola. Miré por donde íbamos hasta que llegamos y la miré vacilante. De nuevo estaba portándose bien conmigo.

- Ya que tenemos una misión entre manos y sé que nos llevará algunos días tu oferta me parece imposible de rechazar en estos momentos. -le guiñé un ojo.

En su casa podría hacerle lo que me había quedado con ganas de hacer en su despacho. Obviamente, su casa era la mejor opción ya que nadie nos sorprendería y nos librábamos de ser pillados ahí dándolo todo. Estaba colocado justo detrás de ella y tras oír la pullita que había soltado me acerqué despacio a su oído dejando que mi aliento le acaricia la nuca y hablé.

- Será mejor que vayas ampliando el repertorio pelirroja, pero no te preocupes tienes mil cosas que usar. -

Y era cierto. De hecho, acababa de animarla a meterse conmigo, me gustaba! Fue como nos conocimos en Hogwarts. Aunque para ser sincero, el primer día en la azotea jugando a la botella (Curioso juego) no me parecía para nada lo que se había convertido con el paso de los años. Incluso parecía frágil y tímida mientras ocultaba bajo esa fachada como era realmente. En mi caso, he sido siempre igual. Me metía con todos y era cruel con ellos. Hoy en día aunque no perseguía esas dos cosas con tanto ahínco la verdad es que nada había cambiado mucho. Suspiré para despedirme del feliz recuerdo que habían sido esos años en el castillo y volví a la realidad, parpadeando perplejo ya que no tenía ni idea de nada dentro del Ministerio y estaba portándome "bien".

- ¿Y bien? No conozco de nada este sitio Abi. No entiendo que ves de bueno este lugar, no aguantaría ni una semana trabajando aquí. Demasiado control, orden, organización.. Como quieras llamarlo, aunque es normal que sea así dado que es el Ministerio. -

Hice un gesto con la mano para animarla a que siguiera andando y encontráramos donde queríamos ir, me quedé varios pasos por detrás y me fijé en como caminaba. En la ropa que llevaba puesta y... Oh vaya, ese culo perfecto que por unos segundos se estaba llevando toda la poca concentración que era capaz de reunir para este caso. Chasqueé los dedos cuando se paró delante de la puerta y tras abrirla, entramos. Llevé mi mano a mi cazadora y saqué una pequeña linterna que tenía dejando cerca la varita por si tenía que sacarla por alguna emergencia. Aunque si alguien nos sorprendía que me viera con ella en la mano no era algo a nuestro favor, pero me daba igual.

- Bien, tenemos bastante que encontrar. Aunque no sé exactamente por donde empezar. Si fueses tan amable de explicarme... Ya que eres poderosa... Y lo controlas... Casi, todo. -

De todo lo que había dicho antes, menos lo de amable, lo demás era cierto. Mi voz sonaba con picardía buscando provocarla aunque no tuviera que hacer mucho esfuerzo. La alumbré con la linterna empezando por los pies y me paré justo a un lado de su cabeza para no deslumbrarla con la poquilla luz que salía. Sinceramente, yo jamás hacía papeleos, otros lo hacían por mi pero igualmente antes de que ella pudiese hablar ya estaba abriendo cajones y sacando informes para echarles un ojo. Era un impaciente. Busqué los nombres de las personas que teníamos que encontrar y los que no eran los dejaba. Encontré uno que llamó mi atención por el apellido Peter Cunlingus. Era gracioso, aunque fuese un poco. Lo dejé y seguí buscando esperando que Abi hablara y me dijera que buscar exactamente.
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Abigail T. McDowell el Vie Feb 27, 2015 3:12 am

Estaba claro que rechazar una proposición sexual viniendo de mi parte no estaba dentro de los planes de Scott, no ahora ni nunca. Sobre todo cuando en el paquete viene dormir en una cómoda cama y comida gratis para cenar y desayunar. Y aquí estaba, después de lo imbécil que se había portado, invitándole a mi casa. Debería dejar que se vaya a dormir a dónde sea que duerme ahora mismo. Adoraba mi faceta de no dar segundas oportunidades, pero se ve que con mi hermano y con Scott podía saltármela perfectamente sin apenas darme cuenta. Además… ¿qué más daba? Que hiciera lo que quisiera, yo sólo quería tener una ración de buen sexo esta noche con él.

Comenzamos a abrirnos paso a través del Ministerio y fue divertido el hecho de que Scott fuera el mismo que admitiera que tenía muchísimas cosas que echarle en cara. Y sí, tenía razón. Era tan desastre que en nuestra relación de amistad yo era la única capaz de poder echarle cosas a la cara al otro, porque al contrario que él y al considerarle en su momento la única persona en quién poder confiar y no querer perder, ejercí de buena amiga. Él no. Y por eso es consciente de que sin duda mi repertorio es bastante denso.

Adorable que admitas tus propios errores y defectos —dije, apartándome de él hacia adelante y tirando de él para que me siguieran. No me hacía gracia que hiciera lo que hace y que encima se sintiera orgulloso.

Yo había cambiado mucho como persona, pero él parecía ir en una misma línea. Aun así, decidí centrarme en lo que estábamos y dejar ese tema a un lado, ya que no tenía ganas de volver a cabrearme y mucho menos de recordar el pasado.

Durante el camino a la puerta en dónde estarían todos los informes almacenados, Scott habló. Habló en voz baja, por lo que fue todo un detalle teniendo en cuenta que yo no le había dicho nada. Su comentario no me sorprendió en absoluto, ya que siempre me decía lo mismo. Y era lógico: él era un puto desastre. No servía más que para estar o producir desastres. Era un inquieto, no podía estar con el culo quieto y por eso mismo no encajaba lo más mínimo en un lugar como este en el que trabajar.

El orden que anhela cada persona en el mundo mágico se rige aquí. Sin orden aquí, no habría orden fuera —dije claramente— Me gusta precisamente por eso. Puedo conseguir cualquier cosa porque está todo perfectamente controlado. Me gusta porque es una fuente de poder. Y me gusta tener el poder. Mi puesto no me da todos los poderes que hay, pero me da más que suficientes —añadí, acercándome a un pasillo más bien estrecho en donde habían puertas a ambos lados. Llegué a la que era y sujeté el pomo, girando levemente mi cabeza para mirarle— Sabes que me gusta el descontrol y el desorden. Pero sólo en la cama y en la batalla —alcé una ceja de manera traviesa y giré el pomo para entrar en la habitación.

Una vez dentro, nos metimos en una habitación totalmente oscura, cerrando la puerta detrás de nosotros. Scott optó por sacar una linterna, pero yo opté por algo mucho menos muggle, que fue sacar mi varita y conjurar un Lumus. Iluminé los nombres de las categorías, las cuales estaban sobre las estanterías y, en estas grandes cajas con letras, letras que te informaban de qué letra a qué letra pertenecían los apellidos de las personas que están ahí dentro.

Lo primero que busqué fue un cartel que pusiera en el exterior: “Azkaban”. Tras unos segundos dando vueltas por allí, lo encontré. Me acerqué a él, arrastrando a Scott detrás de mí. Fue entonces cuando me preguntó que qué tenía que buscar. ¿Este hombre tiene la memoria de un pez? Pero si lo hablamos hace menos de media hora. Lo miré con cara de pocos amigos y le señalé el cartel de Azkaban para explicarle el funcionamiento de una habitación de almacenamiento de información.

El cartel te informa de sobre qué estamos buscando, al poner ahí Azkaban, aquí podrás encontrar todos los presos que han pisado esa cárcel. Tanto los que ya están muertos como los que aún viven —Había una X y un O en la parte superior al lado de Azkaban, en un cartel— La X significa que están muertos y la O que aun siguen con vida. Por lo que tenemos que buscar en la O. ¿Fácil, eh? Hasta un niño de tres años podría hacerlo —dije, metiéndome con él.

Cogí el informe que nos habían dado en la sede y lo abrí tranquilamente, buscando los nombres de los dos presos que se habían escapado de Azkaban. Kyle Wise y Raven Taylor. Fruncí el ceño, ya que no me sonaba ninguno.

Mira por la T, Raven Taylor. Yo buscaré a Kyle Wise —me acerqué a los archivadores de la letra W hasta la Z y comencé a buscar rápidamente—. Date prisa porque no podemos llevarnos la información de aquí, tenemos que leer rápido y quedarnos con lo más importante. ¿Entendido? —le pregunté, ya que a veces tenía la sensación de que hablaba con una pared.

No tardé en dar con Kyle Wise. Era un hombre de treinta y ocho año, preso en Azkaban por matar a sangre fría a una familia entera. Alegó que fue por venganza, algo que, obviamente, no sirvió a la hora del juicio. Era de ese tipo de gente que, antes de ir a Azkaban bajo una mentira, iba a Azkaban orgulloso por sus actos. Observé sus datos de referencia y aparecía una dirección; probablemente su casa. Así mismo, aparecía un teléfono de contacto de algún familiar. Un poco más abajo pude percatarme de que no mató solo a la familia, sino que lo hizo acompañado de esa tal Raven. Fruncí el ceño, ya que era muy complicado fugarte de Azkaban, mucho más como para hacerlo en pareja. Un poco más abajo todavía se podía ver que dos mortifagos más, llamados Jasper y Bellamy estaban en medio de todo el embrollo, pero consiguieron zafarse de ir a Azkaban.

¿Tú qué tienes? —pregunté al ver cómo iba— Yo tengo un teléfono y una dirección. Además de dos posibles aliados o enemigos de esos dos. Pero por lo menos hay dos nombres, aunque no sé quienes serán, simplemente dice que estuvieron implicados en el delito que hicieron —dejé caer, cerrando el informe pues no había nada más útil y metiéndolo nuevamente en su archivador correspondiente.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Miér Mar 04, 2015 12:36 am

No era fácil mantener una relación de tanto años y después de tantas peleas, pero éramos complicados y es lo que había. Le irritaba que me comportara así y sabía que tenía miles de cosas que echarme en cara por lo que no me parecía una tontería del todo dejarlo claro. Además yo mismo sabía todos mis fallos no era imbécil. Le guiñé un ojo al escuchar lo de la batalla y la cama y contuve la risa. Eran ese tipo de comentarios los que hacían que Abi me gustara aún más.

Era cierto que en el Ministerio debía haber cierto orden pero a mi me repugnaba. Me encantaba el desorden, que todo estuviera patas arriba. No aguantaría ni un día, porque daria el cantazo metiendo la pata con cualquier cosa.

Escuché su explicación y solté un bufido. Obviamente sabía como iba eso donde guardaban la maldita información por orden alfabético pero... bueno, pensé que tendría que rebuscar, pero que demonios así es mucho más práctico. A pesar de ser magos ambos, yo usaba algunas cosas muggles, debo admitir que son bastante curiosos y la linterna me estaba siendo muy útil ya que así mantenía libre la varita.

- Raven Taylor, está bien. Gracias por tu explicación, ahora mi vida tendrá mucho mas sentido y será mas fácil. -bromeé picándola.

Ojeé el informe de la mujer que buscábamos y leí con atención sobre el delito por el que la habían mandado. Al parecer mataron a una família entera en un ajuste de cuentas y la hija mayor de la mujer tenía algún tipo de relación. Me sorprendió la cantidad de detalles que contenía ese informe sobre lo ocurrido.

- Básicamente, tengo lo mismo. Pero esto se trata de un ajuste de cuentas contra la família que asesinaron. Tenemos que ir con cuidado con los aliados, porque ahora no nos enfrentamos a dos, sino a dos mas seguramente. También tengo la dirección y nombre de la hija mayor que vivía con la familia que mataron, por eso creo que fue un ajuste de cuentas. Podemos ir a por los aliados y divertirnos sacándoles la información a tortas o buscar a la hija y hablar con ella en son de paz. Cualquiera de las dos opciones me es bastante válida. -

Saqué una cámara de fotos muggle e hice una foto al informe. Miré de reojo a Abi y reí al imaginarme lo friki que acababa de quedar eso. Luego guardé la cámara y la varita pero mantuve la linterna y apunte con ella a Abi. Empezando por sus pies y acabando en su cara.

- El mundo de mercenario te abre muchas puertas, uno de los compañeros siente adoración por los objetos muggles y como soy el único que le escucha cuando encuentra algo fascinante pues a cambio he de sacar algo. -

Era rastrero por mi parte sí, pero que mas da. Total, en este mundo hay que conseguir algo a cambio siempre, sino era una pérdida de tiempo. Cerré la carpeta y la dejé de nuevo en su sitio para acercarme luego a Abi en plan juguetón. Sabía que le pondría de los nervios que empezara a hacer de las mías ahí... Cogi su mano y la acerqué a mi.

- Ya tenemos lo que habíamos venido a buscar, podemos irnos o... Bueno, mejor irnos porque este sitio me corta bastante el rollo. -

Di un beso rápido en su frente y tire yo esta vez de ella para salir de allí antes de que apareciese alguien. No quería que se metiera en problemas, bastante tenía con tener que hacer esta faena conmigo como para que encima la pillaran a horas indebidas en el Ministerio.
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Abigail T. McDowell el Jue Mar 05, 2015 3:23 am

Cómo conocía a Scott desde que se sacaba los mocos con once años, sabía muy bien como era, además de tenerle un profundo cariño, por lo que por muy estúpido que se comportase, finalmente iba a terminar dándole otra oportunidad. Sabía que no lo hacía con maldad, porque Scott no tiene maldad para mí, simplemente que era un poco gilipollas. Pero cómo él sabía, él era mi gilipollas favorito, por lo que “perdonarle”, ya que soy una rencorosa de mierda y nunca termino de perdonar, estaba dentro de nuestras costumbres.

Una vez estuvimos en la habitación de almacenamiento de información, nos separamos cada uno para buscar los nombres de los dos sospechosos que teníamos. Por mi parte encontré datos relevantes pero que sin una historia detrás no tenían mucho sentido. Por suerte, lo que encontró Scott, junto con lo mío, formaban algo mucho más lógico y coherente. Asentí a lo que decía sin añadir nada, ya que era lo que él había buscado.

Antes de guardar su informe, sacó una cámara de fotos y le sacó una foto al informe. Yo alcé una ceja. ¿De verdad llevaba en los bolsillos de su pantalón una maldita cámara y una linterna? Cuando me iluminó con la linterna a la cara, arrugué el ceño y fruncí los labios, molesta porque me apuntara a los ojos. Su comentario me hizo gracia, por lo que curvé una sonrisa.

Si vas a un todo a cien muggle también encontrarás esas “fascinantes” cosas sin esperar por ese amigo —ironicé con sarcasmo. Una cámara de fotos… como si fuera la cosa más fascinante hecha por el hombre.

Me sujetó de la mano y me pegó a él, con ese gesto tan travieso que siempre tiene. Me ponía, no iba a negarlo. Pero no me apetecía lo más mínimo que se pusiera de ese rollo allí, ya que no estábamos ni en mi departamento ni nada. Podría aparecer alguien y meternos en un lío, por lo que agradecí el hecho de no tener que poner yo, como siempre, orden, sino que fue él el encargado de hacernos salir de allí. Algo que me gustó, viniendo de su parte.

Salí detrás de él y cerré la puerta antes de volver a sentir el tirón por su parte hasta llegar al ascensor por dónde habíamos venido. No nos podíamos desaparecer desde cualquier sitio del Ministerio, por lo que debíamos de volver a mi despacho o a alguna zona habilitada para ello. Teniendo en cuenta de que podían estar vigiladas, mi despacho era la opción más lógica.

Como nadie más había utilizado el ascensor en lo que estábamos allí (lógico, pues a esa hora apenas había gente en el Ministerio), simplemente entramos. Entré detrás de él, soltándole la mano y apretando el botón hacia la planta correspondiente sin dejar de mirarle. Cuando la puerta se cerró, me acerqué a él decidida, acorralándole contra la pared y me puse de puntillas para pasar mis manos por alrededor de su cuello. Entreabrí sus labios con los míos y los besé apasionadamente.

El ascensor se paró de golpe y se abrieron las puertas. Sólo entonces fue cuando me separé de él y miré al exterior. No dije absolutamente nada. Volví a mirar a Scott y me pasé una mano por los labios sensualmente, mirándole de arriba abajo y saliendo de allí la primera para caminar hasta mi despacho.

Una vez llegamos, cerré la puerta cuando entró. Podría haber hablado de lo de hace unos segundos, pero preferí hablar de lo que más nos concernía.

Si quieres un trabajo limpio lo más lógico sería buscar a la hija y hablar con ella para saber que sabe. Si nos hacemos pasar por aliados en vez de por enemigos, podemos conseguir sacarle algo —comenté tranquilamente— Si no nos quedamos satisfechos, vamos a buscar a los otros dos implicados. Alguno de ellos debe de saber algo —dije tranquilamente.

Miré el reloj que estaba en la pared de mi despacho. Era tarde y quizás no era la hora más adecuada para ir a visitar a la hija esa. No pareceríamos muy aliados responsables apareciendo de madrugada en su casa y preguntándole preguntas -lógico, no vas a preguntarle respuestas- súper acosadoras a una pobre chica de apenas dieciséis años.

Es tarde. Mañana podemos aprovechar el día para dar con ellos y sacar lo que queremos y utilizar la noche para dar con nuestras víctimas. O podemos ir ya, aunque no creo que parezcamos muy de confianza apareciendo a estas horas —le dije, dándole la opción, o por lo menos pareciendo que le doy la opción de decidir. Realmente yo no quería ir hoy, por lo que si él quería, intentaría buscar la manera de hacerle cambiar de opinión.

Apoyé la parte baja de mi espalda en la mesa y sujeté la parte baja de su camiseta para atraerle hacia mí lentamente. Luego, llevé mis manos a mi chupa, en dónde comencé a bajar la cremallera lentamente hasta abrirla, dejándose ver en su interior un corsé de lo más ajustado que me hacía un perfecto y llamativo escote.

Mejor mañana, ¿no? —esbocé una traviesa sonrisa, mirándole desde mi posición a los ojos, por lo que mi mirada era de lo más seductora— Así podemos idear un plan perfecto... entre las sábanas —sonreí pícaramente, llevando mi mano a la de él para poder desaparecerme en mi casa.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Mar Mar 10, 2015 11:08 pm

Cuando había trabajo de por medio y nos juntábamos siempre teníamos la manera de hacerlo y tener tiempo para otras cosas. Con Abi conocía aspectos de mí que creía inexistentes. Como tener gestos de afecto agarrándola para acercarla a mi y demás. Últimamente no había estado con chicas, estaba dejando atrás lo de ser un machote que se tiraba a todas. Fueron buenos tiempos no iba a negarlo, pero era algo que tendría que cambiar, supongo. Seguía sin ver nada malo el ir de flor en flor. Era joven y me consideraba bastante audaz con respecto a mujeres, me gustaba aún así, que mi mente siempre prefiriera a Abi, aunque nunca lo dijese.

- Sabes, los muggles me parece subnormales todos. Siempre con ese ajetreo suyo y esa manía de envidiar a todo ser vivo que tienen cerca. No tengo mucho pero al menos tengo lo que quiero y no me quejo. Cierto es, que no he tenido demasiados problemas para conseguir mis metas, pero creo que lo único bueno que tienen los muggles son objetos como este que son útiles y aunque los puedo hacer con magia, me deja vía libre para hacer ambas cosas. -

Caminamos hacia el ascensor y cuando me besó mis manos se posaron en su espalda, protegiéndola de alguna manera, no sabía de que pero me había salido ese gesto mientras correspondía el beso. Me hacia gracia que fuese mas bajita que yo y su pelo resaltaba por donde fuese. En Hogwarts era algo de ella que me atrajo al instante, era fácil localizarla, no todas se tiñen el pelo de un color tan llamativo, para mí mostraba alguien atrevido y original.

- Sería gracioso aparecernos ahora, pero seguramente nos miraría con desconfianza y se pensaría algo raro. Por lo que veo mucho más factible... descansar esta noche... y ya mañana ponernos manos a la obra. -

La observé mientras cerraba la puerta y cuando se acercó de nuevo. Me dio cierta sensación parecida a nostalgia por esos momentos que compartía con ella. Eran divertidos y tenían su punto sensual. Asentí con la cabeza cuando dijo de ir mañana y abrí los ojos cuando se bajó la cremallera y dejó ver su corse. Mi mirada fue a esa zona directo y no me preocupé por ser cuidadoso, era un hombre y me gustaba demasiado la anatomía de la mujer, me era un vicio demasiado difícil de controlar. Y encima Abi sabía perfectamente como realzar su silueta y llamar la atención de los hombres, al menos conmigo lo conseguía a la perfección. Mostré una sonrisa burlona y finalmente la miré a los ojos sin que me diera tiempo a soltar alguna coletilla de las mías sobre idear un plan entre las sábanas. Seguro que lo había hecho aposta sabiendo que soltaría alguna, pero ahora por un segundo había sentido esa adrenalina que me daba cuando me teletransportaba y al llegar a su piso, lo miré y solté una carcajada.

Me parecía curioso volver a estar en su piso y de nuevo en una situación así. Pero la última vez supe que no sería la última pero que si tendría que esforzarme porque Abi no me pateara el culo cada vez que recordara la de putadas que le he hecho. Pero aquí estábamos aún de pie y a pocos centímetros de distancia. Mi mano buscó su cintura y la otra su trasero para auparla levantándola del suelo, haciendo que quedara un poco más alta que yo. Fui directo a su labio inferior y mordí suave para estirar un poco y luego plantarle un beso, segundos después la dejé de nuevo en el suelo y me quité la chupa de cuero dejándola que cayera al suelo. De nuevo me acerqué llevando mi mano a su mejilla y la besé mientras mi otra mano acariciaba su espalda.
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