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Rolling in the deep (Abi)

Invitado el Lun Ene 05, 2015 3:00 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Una reunión en Londres. Al parecer habían convocado a varios mortifagos para algunos trabajitos especiales. Desde hace tiempo iba con un grupo de mercenarios bastante conocidos y temidos. Ahora era uno más de ellos y había dejado de ir en solitario, aunque a veces me escapara a hacer alguna misión. Era un lobo solitario y siempre me ha gustado la soledad, no podía evitarlo.

Caminamos por las calles de Londres levantando miradas curiosas y otras no tanto de gente que nos veía como una panda de pirados. No les culpaba. Teníamos que llegar al edificio donde daría lugar la reunión pero antes tenía que hacer algunas compras. Cosas sin importancia. Poción multijugos, veritaserum.. Cosas que conseguías si te juntabas con malas compañías y yo de eso tenía la mejor de todas. Saqué un par de monedas y cogi la bolsa de tela con los botes que tintinearon hasta que les metí en la mochila de cuero.

Fui a la red flu y finalmente estaba delante del edificio. Era algo meticuloso sobre la gente con la que me juntaba, por lo que entré por separado y casi que fue mejor. Ya iba conociendo algunas caras y finalmente crucé la puerta, entrando junto a los demás mortifagos. Me fui a una de las esquinas, al final y apoyé mi espalda en uno de los pilares o lo que coño fuese eso.

Un destello rojo llamó mi atención y abrí los ojos al ver a Abi. Ni siquiera había pensado en que podíamos coincidir. Llevábamos mucho tiempo sin vernos y aunque llevábamos vidas distintas, nos unía el conocernos de toda la vida. Me escondí un poco para que no me viera y segundos después dijeron mi nombre para que me aproximara, al parecer tenían un trabajo para mí. Dos tíos que habían delante se apartaron dejándome al descubierto. Sonreí sabiendo que Abi ya me había visto y me acerqué a coger el papel con el nombre y el lugar de la persona que tenía que eliminar, era un mercenario para mi era lo normal...
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Abigail T. McDowell el Jue Mar 12, 2015 12:24 am

A mí los muggles no me parecían subnormales, simplemente inútiles. El hecho de haberme creado con magia había hecho que cualquier cosa que hicieran los muggles de manera normal me pareciera una pérdida de tiempo. No era culpa de ellos no pertenecer a la evolución, pero aún así me sacaban de quicio. Luego habían excepciones; excepciones de personas que era realmente odiosas de lo increíblemente inútiles que podrían llegar a ser, lo cual lo relacionaban con lo subnormal que eran. Y también habían excepciones de muggles que eran realmente interesantes. Eran pocos, pero los había, ya que para mí alguien carente de magia no me parece interesante por el simple hecho de que me parece una persona improductiva. Pero los había, sin duda alguna. Además, debía de admitir que las cosas que han ideado los muggles para saciar sus “puntos flacos” y ser todavía más cómodos en vista de que no tienen magia, tal como la tecnología, es sorprendente, por lo que rara vez criticaba algo muggle por el simple hecho de ser muggle.

Asentí a lo que dijo Scott, pero a mí nunca me había dificultado un Lumus para hacer ningún otro hechizo, al fin y al cabo, la varita no tiene una especie de caja o límite en el que se van almacenando los hechizos y el Lumus está ahí taponándolo. No, no era así para nada. Pero podía entender que para alguien como él le resultara más cómodo usar una linterna convencional. No tenía nada de malo, pero sin duda alguna… Era extraño viniendo de un mago.

En el ascensor le devolví el beso que él me había dado en el despacho, con el único motivo de estimularlo. Soy una chica a la que le gusta la marcha y cuando está pensando en sexo… es raro que pueda controlarme, sobre todo cuando está todo bajo control. También era una chica responsable, de esas que no dejan que la pasión interfiera en el deber, pero en vista de que me he autoconvencido y que le he convencido de que no es momento para visitar a una pobre joven con el fin de interrogarla… no había deber para aquella noche más que disfrutar de la compañía que teníamos, ¿no?

En mi despacho, con la puerta cerrada y, aparentemente, todo en orden, lo miré seductoramente, dejando mis intenciones claras con mis acciones. No tardé en sujetarle y desaparecernos porque entre Scott y yo sobran palabras. No podría contar, ni siquiera aproximarme, a la cantidad de veces que habíamos pasado por situaciones así, pero estaba claro que era algo normal.

Aparecimos en mi casa y él no tardó en besarme. Me sujetó y me pegó a él y yo pasé las manos por detrás de su cuello. Le besé con pasión e intensidad y le mordí el labio antes de separarme y retroceder de espaldas hacia la puerta de mi habitación. Mi mirada era pura lascivia y mis manos se habían dirigido directamente a la chaqueta, para quitármela hacia atrás y dejarla caer en el suelo. Llegué al marco de mi puerta y me descalcé, tirando los zapatos al interior de mi habitación. Luego me apoyé en el marco y miré a Scott, llevando mis dedos a los cordones de mi corsé. Tiré de ellos lentamente para abrirlo y luego metí un dedo en mi escote, tirando levemente para pronunciarlo. Mi mirada alentaba a Scott de que prefería que lo hiciera él.

Se acercó a dónde estaba y antes de que pudiera sujetar cualquier cosa, yo le sujeté por la camisa y lo atraje hacia mí, apoyándolo contra el marco de la puerta de un empujón y volviendo a acaparar sus labios. Mientras tanto, mis manos se colaron por el interior de su camiseta, acariciando su perfectamente formado e increíblemente caliente -eso de ser licántropo hace que rara vez esté frío- torso. Subieron por todo él, llevándose con ellas la camisa. Me separé momentáneamente de él para quitársela, momento en el que esta vez yo quedé con la espalda apoyada en la otra parte del marco. Curvé mi espalda de tal manera que pegué mi cuerpo totalmente a él, sintiendo todo el calor que desprendía, una de mis piernas subió, acariciando toda su pierna, de tal manera que reposó en su cintura. Sin esfuerzo por ninguna de las partes, ya que Scott podía levantarme como si de una pluma se tratara -ya que de por sí no pesaba nada, mucho menos para alguien como él-, me aupó y yo aproveché para entrelazar mis piernas alrededor de su cintura. Mis manos se aferraron a su rostro y mis labios a los de él. Los besaba con deseo, saboreando el dulce sabor que poseían… Ese sabor que mezclaba la extraña dulzura que poseían sus besos con el peligro que una vez me dio besar los labios de aquel que me había confesado que era un licántropo.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Mar Mar 24, 2015 11:06 pm

Mi vida no se podía decir que era un camino de rosas pero la verdad es que con Abi todo se hacía mas llevadero. Esta situación me era tremendamente familiar y no me costaba nada dejarme llevar. Abi había cambiado con el paso de los años y como era de esperar, a mejor. Contuve una sonrisa cuando la vi provocarme de aquella manera y la jovencita pelirroja a la que besé por primera vez en la azotea se había convertido en una mujer fuerte, decidida y con poder.

Aparecimos en su casa y ahí supr que tendríamos toda la intimidad del mundo cosa que necesitábamos. Note sus dedos recorrer mi pecho y sentí un ligero escalofrío pero no era nada nuevo. Abi siempre provocaba reacciones así en mi. Incluso aunque fuera solo metiéndose conmigo.

- Tenemos tiempo de sobra... Una casa vacía para nosotros y... un calentón importante ambos... Supongo que las palabras ahora sobran en este momento. -

Supones bien. Me respondí a mi mismo mentalmente. Me acerqué mirando como tiraba de los cordones de su corsé después de dejar caer su chaqueta al suelo. Sus pechos se mostraban firmes y perfectos dado a la presión que ejercía el corsé en ellos. Abi nunca había ido sobrada en cuanto a pechos hablamos, pero tenia un peculiar encanto. Conseguía que fuesen perfectos. Al menos conmigo. Llevé mi mano a uno de los cordones y tiré despacio mientras mis labios buscaban su cuello. Mi otra mano acarició su espalda despacio y con delicadeza.

La aupe y suspire cuando rodeó mi cintura con sus piernas. Tiré finalmente dejando caer el corsé ayudando a dejar la parte de arriba al descubierto. Clave mis ojos en los suyos, mostré una sonrisa ladina. Tenía preguntas en mi cabeza a pesar de la situación que estábamos teniendo. Unos terribles celos me inundaban. Abi era capaz de conseguir al chico que quisiera y me molestaba el hecho de ser uno más pero era un tema que no iba a discutir con ella. Aunque si quería saber si había alguien mas...

Sin dejar de mirarla la tumbe en el sofá que había, aunque apenas había visualizado nada de la estancia. AA pesar de haber estado más veces no solía fijarme eb esos detalles casi nunca. Me acerqué después de quitarme la camiseta y tirarla a un lado y me coloqué en medio de sus piernas dejando que mis manos fuesen a juguetear con sus pechos. Besé sus labios con pasión, jugando con su lengua y después fui bajando, besando cada centimetro de su piel buscando así estimularla con caricias, lamentones e incluso algún bocado. Me pare justo en su sexo y la miré desde ahi con una sonrisa traviesa y provocativa. Roce con mis labios sus muslos y mis dedos empezaron a acariciar su sexo.
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Abigail T. McDowell el Jue Mar 26, 2015 11:57 pm

En aquel momento mi instinto más carnal me estaba diciendo: pasa de todo y tírate a Scott. Y sí, eso estaba haciendo precisamente en aquel momento. Le tenté, le seduje y lo atraje hacia mí para que no se volviera a separar en toda la noche. Me aupó en alto y me llevó al sofá de mi salón. Era de tres plazas y bastante ancho. Me había quitado la parte superior y me había acorralado entre el cuero del sofá y él. Sí, el cuero, esa maldita tela pegajosa que se te pega a todo el cuerpo cuando estás sudando. Y cuando se tiene sexo se suda mucho, la verdad es que no lo pensé cuando me lo compré teniendo en cuenta que lo uso mucho para eso. Fallo de la Abi del pasado.

Sus besos, sus caricias y sus manos me erizaban la piel y me hacían desearlo cada vez más, si es que eso era posible. Me encantaba el sexo y me encantaba Scott, pero si unían las dos cosas daba una combinación perfecta. Sus manos bajaron hacia mis muslos y se acercaron cada vez más a mi sexo. Cuando llegaron, le sujeté la mano y me levanté, obligándole a él a acostarse en el sillón. Me puse sobre él a horcajadas y acerqué mi rostro al de él.

No le dije nada, a pesar de que pasaron por mi mente más de una obscenidad, más de una indirecta y más de una petición. Pero no, simplemente le miré a los ojos con lascivia, pasando levemente mis labios por los de él para bajar por todo su cuerpo. Lo cierto es que las palabras sobraban. Él ya sabía todo lo que pasaba por mi mente en una situación como aquella. Pasaba todo tipo de deseo, de placeres y de fantasías… y él siempre se encargaba de hacer todo eso realidad.

***

Al día siguiente me despertó el sonido de mi cuervo picoteando en la ventana con su pico. Una y otra vez, una y otra vez… Mi rostro estaba adormilado, maquillado de mala manera debido a que no me desmaquillé antes de dormir. Scott seguía a mi lado, por fuera del sofá mientras que yo estaba durmiendo apoyada en su pecho -no por otro motivo de que no había otro sitio dónde apoyarse- por dentro, entre el respaldo y él. A él apenas lo tapaba nada, más que una suave sábana de cintura para abajo, mientras que a mí me tapaba entera. Observé a Scott y vi como sus ojos estaban profundamente cerrados y su respiración era lenta y pausada. Intenté no levantarle, pasando por encima de él para salir de allí y hacer que Corax dejase de intentar abrirse paso por el cristal de mi ventana. Pasé por encima de él sin despertarle, pero sufrí un contratiempo inesperado cuando apoyé el pie donde no había superficie, motivo por el cual caí al suelo sobre la moqueta. Puse los ojos en blanco y me volví a levantar con mala hostia, dirigiéndome desnuda hacia la ventana. La abrí y Corax me dio el correo, sin preocuparme lo más mínimo de que alguien me viera desnuda a través de la ventana. Miré por encima el correo. Una era una carta del Ministro, otra de mi hermano y otra de Caleb. Esperaba que Caleb dejase de preguntarme ya si me había venido la maldita regla... Las dejé las tres sobre la mesa que estaba sobre el sillón y volví a tirarme en el sofá, pasando mi cuerpo suavemente por el de él para despertarle. Volví a adoptar mi posición entre él y el respaldo y me tapé hasta los pechos con la sábana, mirándole desde allí abajo.

Salimos después de comer —¿Quién en su sano juicio sale a esta hora? ¿Qué hora serían, las diez de la mañana? Sin duda alguna era hora de dormir.

Mis pelos estaban totalmente despeinados, además se sentir cada mechón en una dirección distinta. Me daba un aspecto despreocupado y salvaje, típico aspecto después de una noche bastante alocada. Me puse a juguetear por puro aburrimiento con los pelitos de su pecho, haciéndolos un remolino para luego peinarlos. Me di cuenta de que se había despertado, por lo que le miré, apoyando mi mano en su pecho y mi cabeza sobre ésta, de tal manera que mi rostro estaba mirándole. Me quedé pensativa durante un buen rato, dándome cuenta de que hacía muchísimo tiempo en el que, realmente, no hablábamos de nuestras cosas. Luego me di cuenta de que eso era normal, pues cada uno tenía una vida privada que nos habíamos acostumbrado a quedarnos para nosotros mismos. Pero había algo, un pequeño detalle, del que nunca me enteré.

Nunca me has contado cómo te convertiste —le dije, de tal manera que sonara como una petición para que me lo contara. Como me contestara un: "No, no te lo he contado." Le reviento.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Sáb Abr 04, 2015 2:10 am

Clavé la vista en el techo y aunque por unos segundos todo era bastante confuso, de golpe vino a mi mente. Abi no estaba a mi lado y este era el momento en el que siempre cogía todas mis cosas y me largaba sin dejar rastro. Ahora no podría hacerlo ya que teníamos un trabajo entre manos pero me había pasado por la mente.

Estaba totalmente desnudo y la sábana me tapaba de cintura para abajo. Abrí los ojos cuando pasó por encima y la atrapé con mis manos para besar su frente. Estaba despeinada y me encantaba ese aspecto salvaje que tenía porque sinceramente, le hacía justicia. Sentí un nudo en el estómago al pensar que me había perdido situaciones como esta al largarme antes de que se despertara pero a una parte de mí le aliviaba no haberlas pasado. Era bastante nuevo para mí. Me imaginaba como en una viñeta cómica, despertándome cogiendo todo en silencio y una vez fuera salir corriendo como si me persiguiera el diablo. Esa situación si era familiar, y aunque ahora no iba de flor en flor como antes, la había hecho mil veces.

La miré a los ojos y pasé mi mano por su mejilla mientras se apoyaba en mi pecho y me miraba también. Alcé una ceja cuando me dijo que salíamos después de comer pero acabé aceptándolo, aunque antes me quejé un poco.

- ¿Después de comer? Creía que tendríamos mas sexo salvaje, ya sabes otra dosis de Gray. Pero no es mala señal que con una vez ya estés saciada. -

Y ahora, un silencio incómodo. La expresión de Abi me mostraba que estaba pensando en algo, que seguramente me incomodaría pero seamos sinceros, a mi siempre me duele incomodar todo. Así que no era nada del otro mundo. Tras escuchar su pregunta, recordé aquella vez que la pillé en los jardines después de transformarse en zorro como dios la había traído al mundo y como lo demás desapareció para centrarme solo en ella.

- Cierto. Nunca te lo he dicho. -

Antes de que saltara encima mía y probablemente se liara a hostias conmigo por la respuesta cortante mostré una sonrisa burlona para picarla más aún y alcé una mano para que no hiciera nada, aunque no me molestaría verla de esa manera, desnuda y despeinada. No estaba nada mal.

- En Hogwarts. Había una chica de la misma casa con la que a veces tonteaba. Al principio me limitaba a una relación cordial pero mas tarde acabamos saliendo. Me confesó que era licántropo y como tenía claros mis ideales creí que serviría mejor siendo hombre lobo. Era joven y solo pensaba en ser mas fuerte y válido. Ella se negó pero una noche la provoqué y le insistí de manera que acabó mordiéndome y aquí me tienes. No me arrepiento de mi decisión y lo volvería a hacer. -

En Hogwarts había conocido muchas chicas. Pero solo tres habían dejado huella en mi. Stella Moon, Circe Tattaglia. Y por último, Abi McDowell.
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Abigail T. McDowell el Miér Abr 08, 2015 8:42 pm

Si Scott no se quejaba no era Scott, eso estaba claro. Le dije que nos íbamos después de comer, ya que también tenía claro que Scott era un insaciable a la hora de quedarse lleno. Él tenía un agujero negro en su vientre, un pasadizo espacio temporal que hacía que la comida desapareciese cada vez que baja por su garganta. Y como no quería que estuviera quejándose todo el día… había que pensar en todos los obstáculo y un Scott hambriento era uno.

¿Sabes cuánto queda para comer? Podemos tener todas las raciones que quieras. Los dos sabemos que no tienes suficiente con una vez —sonreí curvando una sonrisa pícara.

Fue entonces cuando me volví algo filosófica. Lo cierto es que por las mañanas me da mucho qué pensar, creo que, contra todo pronóstico, es cuando más pienso. En esta ocasión, me puse a pensar en Scott. Lo tenía en frente, lo sé, pero era raro encontrármelo en frente cuando es por la mañana, por lo que inevitablemente le empecé a dar vuelta a nuestra relación pasada, a esa que habíamos tenido durante tantos años y que seguimos teniendo actualmente.

Había un detalle que nunca me había contado y lo cierto es que a pesar de saberlo, nunca le había preguntado más allá, que era lo realmente importante. Según tenía entendido se había convertido en licántropo en Hogwarts, pero claro... ¿Cómo narices se convierte un alumno en licántropo en puto Hogwarts?

Su explicación fue más que útil y lógica. Bueno, lógica para él. ¿Él era consciente de que ser licántropo no es una ventaja sino una maldición? ¿Qué tenía de bueno a parte de ser un poco más longevo, en todo caso? Todas las malditas lunas llenas te sometías a una transformación inhumana y dolorosa en dónde no tenías el control de la bestia que te domina. Sin duda alguna, el Scott del pasado no pensó muy bien aquello. Aunque yo no era quién para cuestionar su decisión, aunque desde mi punto de vista ser licántropo no tenía muchas ventajas. Bueno, ninguna.

Lo miré con sorpresa mientras me hablaba, esperando que en algún momento me soltase: “Es broma, un día fui gilipollas, me metí en el bosque prohibido en luna llena y dio la casualidad de que me mordió un licántropo”, incluso con esa historia tendría más lógica todo.

¿Fue elección propia, de verdad? —pregunté sorprendida, alzando levemente la cabeza para mirarle a los ojos. Podría decirle lo estúpido que había sido condenándose de esa manera, pero decidí ahorrármelo porque estaba claro que no opinábamos lo mismo— ¿Quién era esa mujer? No debía de quererte mucho si te condenó de por vida.

Aunque esa no era la pregunta realmente importante. Lo importante no era el por qué de haberlo hecho la otra persona, sino más bien el por qué de que a Scott se le ocurriera la estúpida idea de hacer aquello. ¿Por qué razón? ¿Qué razón lógica habría a aquello para condenar su vida?

¿Por qué lo hiciste? ¿Acaso no sabes que durante posiblemente una noche en tu vida puedes ser capaz de destrozar todo aquello que es importante para ti? —le pregunté casi retóricamente, aunque no añadí nada más porque me había dejado sin palabras.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Jue Abr 09, 2015 11:28 pm

Mi estómago era un pozo sin fondo de comida y cerveza. Normalmente hamburguesas, perritos o todo tipo de comida basura. Pizza y una cerveza bien fría era mi mejor opción. Miré al techo y entrecerré los ojos pensando algo que poder preguntarle, porque aunque sentía que la conocía de siempre, algo se me escapaba. Pasé minutos pensando, intentando buscar algo. Pero, a quién pretendo engañar? Soy una persona pasota. No preguntaba casi nunca nada a nadie y si lo hacía era por obligación o cosas así. Si tenia curiosidad por saber si Abi tenía este tipo de relación con algún chico mas, pero no iba a preguntarle.

Puse los ojos en blanco y suspiré. En ese momento tenía algo que me parecía divertido y cojonudo. Algo que podía ser solo con que Stella me mordiera, no tuve que pensármelo mucho. Si juntas un chico adolescente y algo flipado en ese momento con una mujer lobo pues pasan estas cosas.

- Abi hace mucho de eso. Por este tipo de preguntas no cuento nada a nadie. Vamos, soy Scott Gray. Siempre estoy metido en algún lío. Si no hubiese sido lobo habría encontrado el modo de destacar de otra manera. -hice una pausa- Hogwarts te daba esa sensación de ser inmortal y de que podías con todo. Sinceramente, pensé que sería algo bueno y que acabaría controlandolo, por lo que ahí era donde salía ganando. Evidentemente, me equivocaba. Pero si volviera atrás en el tiempo a mi doble retrasado y egocéntrico no le diría que no lo hiciese, porque fue un impulso y mejor ser lobo que vete a saber que otra cosa. -

Me levanté de la cama mientras sentía como me miraba y cogí los pantalones para ponérmelos dejando el torso al aire. Me pasé una mano por la nuca y le sonreí con picardía pese al tema de conversación que estábamos teniendo. Me resultaba raro que en el fondo no me molestara que sintiera curiosidad por saber de mí. Es decir, mi coraza siempre va a dejar ver que me molesta pero en el fondo no estaba tan mal.

- Creo que os conocíais, era Stella Moon. Tuve que cabrearla mucho aquella noche. Me advirtió de lo mismo que estas diciendo tu ahora. De las noches de luna llena, el daño que podía hacerle a las personas que quería.. -

En ese momento no quería a nadie! Por eso mi decisión. No había nadie que me preocupara herir, por eso tomé la libertad de elegir ser hombre lobo. Pero no me preocupaba, el pasado ahí quedaba.

- Lo cierto es que.. no está tan mal. Tengo control pelirroja, no es algo que me preocupe la verdad. Tengo hambre. -

Dado por anunciado que necesitaba llenar el estómago, comencé a caminar hacia la cocina seguido de Abi.
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Abigail T. McDowell el Mar Abr 14, 2015 11:23 pm

De verdad que intentaba entender a Scott, pero me lo ponía muy difícil. Yo no le veía lógica alguna a que para destacar tengas que condenarte casi dos noches al mes a pasar un sufrimiento inhumano. No, no tenía maldito sentido. Pero Scott ya de por sí y cómo él mismo decía, se metía en cada lío que incluso en lo absurdo sus decisiones se volvía todavía más absurdas. Suspiré cuando me contestó, ya que contestaciones como esas en dónde se resumen a: “Lo hice porque soy así y no me arrepiento aunque sea una puta mierda” me sacaban de quicio. Eso era orgullo, orgullo del malo, pero a lo bestia. No había conocido a ningún licántropo orgulloso de serlo, pero se ve que Scott era la excepción de la regla.

—   ¿En serio no lo cambiarías? Tío, estás fatal de la cabeza —dije sin ningún tipo de reparo. Total, yo no tenía pelos en la lengua— ¿Qué tenía de malo ser un simple humano? Es decir, ¿lo normal? Si fuera algo que te diera más ventajas que desventajas podía llegar a entenderlo… Pero no sé qué clase de estupefaciente te tomas como para pensar que convertirse en licántropo por decisión propia fue o puede haber sido una buena idea —contesté, mirándole seriamente— Dime algo peor que licántropo. Incluso creo que te hubiera mordido un vampiro tendría más cosas buenas. Y eso que comen puta sangre y eso tiene que dar puto asco —añadí asqueada. Él era consciente de mi aversión hacia la sangre.

La verdad es que si me hubiera dicho: “Lo hice por decisión propia, pero me arrepiento” pues tendría un pase, pero que encima diga que lo volvería a hacer de poder tener nuevamente la decisión… Me parecía increíble. Pero bueno, aun así era Scott y había aprendido a lidiar con esa maldición, por lo que iba a pasar del tema. Toda mi vida pensando que se había convertido en licántropo por algún desastre o desgracia y no, al parecer sólo porque y  idiota. De las cosas que se entera una al despertar…

Cuando me dijo la chica que la había convertido pude fingir no tanta sorpresa para que no se me desencajara la mandíbula. ¿Stella era licántropo? Abrí los ojos y entonces recordé el medio lío que se traían ellos dos en Hogwarts. Ahora todo tiene sentido. Ahora tiene sentido que Stella desapareciera ciertos días al mes. Menudas gilipollas las del cuarto pensando que se estaba enrollando con alguien por ahí a deshora. Sólo estaba convirtiéndose en lobo.

—   Debiste hacerle caso. Nadie advierte en vano —añadí, mirándole desde el sofá mientras buscaba mis braguitas por la zona.

¿Dónde narices estaban? Continué escuchándole mientras miraba debajo de la mesa. Luego miré encima de la mesa y las vi colgada a un pequeño jarrón. Las cogí y me las puse. Luego cogí la camisa de él, ya que no se la había puesto. Me la puse yo y me cerré los primeros botones para luego perseguirle hacia la cocina, pues, como he dicho, Scott parece tener a dos personas más que alimentar dentro de su vientre, pues lo que come no es normal.

Ya, tienes control... Eso dicen todo y luego te dejan a mitad del orgasmo —ironicé, mirándole con una ceja alzada para no darle más importancia al asunto. Estaba claro que estaba “disgustada” por lo imbécil que había sido mi amigo, de eso no cabía duda, pero lo hecho estaba hecho y no por eso iba a cambiar nada.

Me acerqué a la nevera y la abrí, aunque antes saqué una sartén y la coloqué sobre la cocina. Saqué de la nevera dos pares de huevos para hacernos huevos revueltos y un paquete de bacon en dónde habían muchas lonchas, ya que no la había ni abierto. Encendí la cocina y saqué los utensilios necesarios para batir los huevos; un cuenco y un tenedor. Los rompí y los eché todos allí dentro, comenzando a batir.

¿Por qué no funcionó lo tuyo con Stella? —pregunté por curiosidad— Es decir, te convirtió en licántropo y todo, eso parecía ir serio —dije con algo de diversión, ya que yo de relaciones de licántropos sabía poco, pero eso de confiar en una persona tanto como para saber que solo te va a morder y no a devorar vivo...— ¿Quieres un vaso de leche o vodka para desayunar? —pregunté, sabiendo su obsesión con la bebida y señalándole la nevera con la cabeza para que eligiera lo que quisiera, pues ambas cosas estaban allí.
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