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Read My Mind [Caleb Dankworth]

Fiona T. Shadows el Lun Ene 05, 2015 6:17 pm

Despacho.
Dos de la tarde.
Caleb Dankworth.


Los lunes eran días creados por el mismo diablo. Y más si eran lunes por la mañana. Y ya no hablemos si te tocaba ir a trabajar. Si te tocaba ir a la oficina a fingir que hacías cosas útiles, porque todos sabemos que un lunes no puede pasar nada bueno. Lo mejor que puede pasarte es que un autobús te lleve por delante y acabes el día en San Mungo, lejos del papeleo de la oficina. Porque claro, los Mortífagos siempre tocan los cojones por las noches, obligando a los pobres Aurores a trabajar fuera de su jornada y no cuando tenían que trabajar sí o sí. Vamos, que los Mortífagos no eran tontos y sabían que atacar un viernes por la noche significaría que todos los Aurores estaban deseando irse a casa y lo harían todo lo más rápido posible para irse. Pero si fueran aún más listos, notarían que si atacaran un lunes a primera hora de la mañana no habría ni dios que se enfrentara a ellos, porque los ronquidos que reinaban en la oficina de  Aurores por la mañana serían capaces de derribar el propio Ministerio de Magia.

Pero no, Fly no estaba durmiendo. ¿Por qué? Porque había quedado con William, y por eso no dejaba de mirar el reloj, como si mirarlo más veces hiciera que los minutos corrieran y corrieran como la liebre de las fábulas infantiles. O como cuando abres la nevera y ves que no hay nada, pero aún así vuelves a abrirla pasados cinco minutos, pensando que un agujero espacio temporal puede haberse formado y el supermercado ha ido mágicamente a tu casa para traerte eso que tanto te apetece en el momento en el que abres la nevera. Pero no, los minutos seguían pasando a una velocidad digna de Irene Villa sin prótesis, y Fly se aburría como una ostra, frase que no tiene sentido porque todo el mundo sabe que las ostras son muy divertidas y se montan unas fiestas de las buenas con la Sirenita y sus amigos.

Se echó hacia atrás en la silla y, por suerte, no acabó en el suelo, pues esas sillas eran menos estables que la mente de Dolores Umbridge. Y eran cómodas. Oh, eran demasiado cómodas. Eran como las nubes. Eran placer divino. Si la nube de Goku fuera como aquella silla hubiera dejado de ir subido en ella a todas partes para vivir toda la serie durmiendo. Eran como algodón de azúcar pero sin sabor. Eran maravillosas… Y se quedó dormida. De esto que parece que han pasado cinco minutos pero en verdad han pasado dos horas, pero como el resto de tus compañeros de trabajo resulta ser más vago aún que tú, pues nadie lo nota. Y eso era exactamente lo que había pasado. Pasó ambas manos por su rostro cuando consiguió abrir los ojos y miró el reloj horrorizada. ¡Por Merlín! Si eran las dos. William habría estado esperando dos horas. ¡Dos horas! ¿Cómo había dormido dos horas si sólo habían pasado cinco minutos? Nada tenía sentido. El mundo se estaba volviendo loco, como si un señor con coleta intentase dominar el mundo como Hitler lo hizo en su momento con su bigote. Bigote y coleta. ¿Casualidades? No lo creo.

Dio un salto (muy peligroso teniendo en cuenta su altura y que acababa de despertarse) y salió corriendo del despacho. Por suerte no se cruzó con nadie, pues a las dos de la tarde la gente seguía durmiendo. Nadie saber por qué razón, pero bueno, a las dos estaba la gente durmiendo deseando que llegaran las tres para salir a comer y hacer el cambio de turno. Corrió por los pasillos, subió un par de escaleras y volvió a bajarlas al darse cuenta que se había confundido de dirección y que usando un ascensor la vida sería mucho más sencilla. Se metió en el ascensor, esperó a que se moviera. Lo llamó otra vez, pero no a gritos, sino con el botón. Volvió a meterse y por fin, después de una hazaña digna de aparecer en la Odisea de Homero, llegó hasta el departamento adecuado. Un letrero con letras del tamaño de su cabeza anunciaban que era la entrada al Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas. Para resumir, el sitio donde arreglaban cosas, que los magos se complican mucho con los nombres para que las cosas parezcan más importantes de lo que realmente son.

Dio un par de golpes a la puerta del despacho, pero no hubo respuesta. ¡William tenía que estar realmente enfadado! Aunque lo que realmente pasaba es que no habían quedado, que había sido todo fruto de su imaginación porque William libraba los lunes. – Venga William, no me odies. – Volvió a llamar a la espera de recibir respuesta, pero no la hubo. Se apoyó en la pared con los brazos cruzados. – Eres odioso, no puedes enfadarte tanto porque llegue dos horas tarde, ¿Sabes? Tú que eres un valiente Gryffindor tendrías que bendecirme con tu perdón del que tanto presumís, jodidos narcisistas, que luego nos decís a los de Slytherin, pero mira que sois rencorosos. – Nada. No había respuesta. – William, no me seas dramático. ¿Estás en esos días del mes?

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Caleb Dankworth el Lun Ene 05, 2015 7:48 pm

No suelen gustarme absolutamente nada los lunes por la mañana. No es solamente por el hecho de que tengo que ir a trabajar al Ministerio, sino que es por el hecho de que no trabajo en los fines de semana, y los lunes me toca arreglar todo el papeleo de las desmemorizaciones que habían hecho mis compañeros durante el fin de semana. Y el problema es que la gran mayoría de mis compañeros de trabajo son unos verdaderos inútiles... ¡Y para qué hablar del jefe! Ese hombre lo único que hace es sentarse en su despacho a chutarse cosas. La única razón por la que no le he lanzado una maldición por la espalda todavía es porque de vez en cuando le mango un porro y me relajo un poco en la oficina.

Bueno, el caso es que no me desperté de muy bien humor. Tras haberme duchado y vestido (todavía medio dormido) bajé al primer piso de la mansión para ver si estaba ahí Zack desayunando, pues no le había encontrado durmiendo en su habitación. Pero Zack no estaba desayunando en el comedor, ni tampoco estaba en la cocina ni el el salón. Normalmente no me importaría no encontrarle, pues Zack es mayorcito y puede levantarse pronto e irse de casa a hacer lo que le de la gana, pero no podía evitar preocuparme. Menos mal que él siempre lleva un móvil encima, al igual que yo (odio a los Muggles y me encanta masacrarlos y bañarme en su sangre, pero he de admitir que tienen inventos muy útiles, maldita sea) así que le llamé. Cogió la llamada bastante rápido y me dijo que había salido a dar un paseo por el jardín... No me extraña que no le haya encontrado, pues nuestro jardín no es precisamente pequeño. Dejé de preocuparme y colgué tras despedirme, y luego me fui en la Red Flú a trabajar.

Hoy era el único que estaba trabajando en mi departamento aquel lunes por la mañana. Por la mañana me encontré todo a oscuras, y me tocó abrir la oficina y encender las luces y ponerlo todo en orden. Lo habían dejado hecho todo un asco, pero yo no pensaba recoger el papeleo de los demás. Dentro del cuartel de los dememorizadores había varios despachos pequeños para cada desmemorizador, más pequeños que el del jefe. Antes había cubículos, pero los trabajadores de habían revelado en contra de aquella mierda y ahora tenemos despachos. Pequeños, pero al menos algo es algo.

Dejé mi puerta abierta, pues no tenía que esconderme de nadie hoy dado que estoy solo en el cuartel, al menos hasta después de comer. Tenía una montaña de papeles encima de mi mesa y puse los ojos en blanco, fastidiado ante la cantidad de trabajo que tenía que hacer. ¡¿Por qué tenía que haber tantos Muggles a los que dememorizar?! ¡Si los mortífagos los matásemos a todos no tendríamos tanto trabajo, y sería mucho más divertido!

Normalmente vagueo en el trabajo, y hoy lo único que quería hacer era terminar todo el papeleo lo más rápido posible y salir pitando del trabajo en cuando llegase la hora de comer y viniesen los demás pringados a los que les ha tocado trabajar hoy. Me senté y cogí los primeros papeles que pillé, los que estaban encima de la montaña de papeles y carpetas, y los leí. Eran los informes de los trabajos que habían tenido que hacer mis compañeros en el fin de semana. Había habido de todo. Muggles cuya memoria había tenido que ser modificada por haber sido testigos de magia accidental en magos menores de edad, Muggles que habían una pelea de gatas entre dos brujas que se habían peleado en plena calle por culpa del amante de una y el marido de la otra y que habían acabado sacando las varitas en vez de las uñas, Muggles que habían presenciado un ataque mortífago... Me detuve al leer aquel último informe y lo leí detenidamente. Un par de mortífagos habían ido a un barrio de Londres, habían volado varios edificios y media calle por los aires y habían dejado tras ellos un gran destrozo y muchos muertos. Bufé indignado. ¡No me habían invitado a la fiesta! Si me hubiesen llevado con ellos habría volado por los aires todos los edificios y la otra mitad de la calle y no habría dejado Muggles a los que desmemorizar.

Me puse a archivarlo todo, que era para lo que estaba yo ahí esa mañana. Menudo rollo. Odio el trabajo de oficina, prefiero estar en la calle haciendo trabajo práctico... Pero hoy no tengo suerte, y me toca currar a lo duro...

Pasaron las horas, hasta que de pronto eran las dos de la tarde. Me quedaba todavía un rato hasta ser libre, así que seguía trabajando. Con una mano movía la varita, haciendo levitar papeles por el aire para que se organizasen a sí mismos, y con el otro me bebía un buen vodka que había colado en el trabajo metido en una petaca. Me mantenía mucho más activo y despierto que el café, mientras no me pase. Solamente había bebido unos sorbos y la petaca estaba llena.

Estaba trabajando cuando de pronto alguien llamó de manera algo brusca a la puerta del departamento, sobresaltando me y casi haciendo que se cayesen todos los papeles al suelo. Salí de mi despacho y me dirigí a la entrada del cuartel general de desmemorizadores, donde la persona seguía llamando sin obtener respuesta. Oí entonces la voz de una mujer llamando a William de manera un tanto cansina. Puse los ojos en blanco y me iba a dar la vuelta para volver a mi despacho, ya que no me interesaba abrirle la puerta a alguien que buscaba a William, mi compañero de trabajo más odioso. Ese hombre sí que es cansino, con su desconfianza y su manía de intentar pillarme siempre haciendo algo ilegal. Nunca lo consigue, pero no desiste. A ese sí que debo lanzarle una maldición por la espalda algún día. Debería haberlo hecho hace años, en Hogwarts. El tío era el Gryffindor más coñazo con el que me topé en todos mis años en ese castillo.

Pero no pude ignorar a la mujer, pues la tía seguía llamando a la puerta y hablando. Gruñí por lo bajo y volví a caminar hacia la puerta. Guardé mi varita en mi bolsillo para dejar una mano libre, pues en la otra mano tenía la petaca. Tomé un sorbo de vodka justo antes de abrir la puerta.

-William no est...- antes de poder terminar la frase la mujer que había estado llamando a la puerta entró en el cuartel, o más bien tropezó y casi cayó dentro de él, pues había estado medio apoyada en la puerta y había perdido el equilibrio cuando abrí la puerta de manera tan brusca. Menos mal que no se cayó al suelo, pues no estaba de humor de agacharme para ayudar a nadie. Suspiré antes de poner mi típica falsa sonrisa encantadora que solía poner en el trabajo los lunes por la mañana.- William no está- repetí, esta vez sí acabando la frase.

Vi entonces el rostro de la mujer, que era muchísimo más baja que yo. Menos mal que me había tragado el vodka, porque si no me habría atragantado seguro. ¡Era ella! ¡La maldita Aurora que me dejó convertido en una estatua de hielo en aquel asqueroso edificio en ruinas!

Maldita sea, y yo que estaba tan contento pensando que con suerte me la había cargado...
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Fiona T. Shadows el Lun Ene 05, 2015 11:17 pm

Si se hiciera un estudio sobre la tasa de suicidios en el primer mundo, la gran mayoría de estos se produciría un domingo por la noche, y un pequeño porcentaje el resto de días, ya que los suicidas que deciden lanzarse a las vías del tren sin razón alguna un día cualquiera son numerosos. Pero mucho más numerosos son los trabajadores y estudiantes a los que el fin de semana se les queda corto y, hartos de tantas horas y horas de sufrimiento deciden acabar con sus miserables vidas para no tener que madrugar al día siguiente. ¿Y por qué no suicidarse el lunes? Pues muy fácil, a pesar de perder un par de horas de sueño por tener que suicidarse, se libran de madrugar. Porque claro, tú te despiertas el lunes por la mañana y ya no cuenta, ya no tienes ganas de acabar con tu vida porque ya te has despertado. Algún día alguien hará un estudio sobre este tema e incluso se harán grandes documentales que pondrán en la dos a la hora de la siesta para que duermas. A la misma hora que esas películas malas de Antena 3 en las que una mujer tiene que buscar a su hija adolescente que o ha huido de casa o ha sido secuestrada. Y, en algunos casos, también hay un marido de por medio. Vamos, que las películas malas y somnolientas de Antena 3 son a la inversa que las películas de Disney donde ninguna princesa tiene madre. Y diréis, mis queridos lectores (ola k ase?), “pero si Aurora, de la Bella Durmiente sí tiene madre”. Pues bueno, su madre no hacía nada con su vida y para más datos, en la nueva versión de Benéfica si sale ni me acuerdo. Que seguro que sale, pero cualquiera que vea semejante bodrio prefiere olvidar todo lo relacionado con esa película, si es que puede llamarse película.

Y yendo a temas más relevantes como la traumática historia de los personajes de Disney donde un 5% de ellos tenían una familia completa, indaguemos en el tema de las familias de los alumnos de Hogwarts. Pues todo el mundo sabe que, para ser admitido en Hogwarts, previamente necesitas tener un historial familiar digno de un psiquiátrico o, de recordemos, película mala de Antena 3. Si tienes padres, es prácticamente imposible entrar a Hogwarts, a no ser que estos sean unos desequilibrados mentales que te meten droga en las magdalenas por la mañana (ya que los padres no saben lo que es un muffin, eso es muy del dos mil doce). Y luego tienes que tener un par de hermanos, a  ser posible alguno que intente matarte u otro que esté muerto. Y mejor aún si lo has matado tú y ahora vives con un trauma infantil digno de Luke Skywalker al enterarse que su padre era el Fernando Alonso de la galaxia muy lejana en la que vivía.

Y de verdad, yendo a temas más relevantes que tienen algún tipo de valor y que no se trata de meras reflexiones para que el lector se plantee qué tipo de droga estaba fumando en ese momento la persona que lo escribió, llegamos a ese magnífico momento en el que Fly corrió por todo el Ministerio de Magia como Heidi por el prado, ya que su altura era parecida, sólo le faltaban las cabras y un abuelo con muy mala leche, ya que todos los abuelos son personas adorables y amigables, las abuelas son las que como buenas mujeres albergan toda la mala hostia en forma de bofetada. O de “te voy a dar” cuando ya te han cruzado la cara con el cucharón de la sopa. Porque soy una taza, una tetera, una cuchara, un cucharón. Y la canción sigue, pero es cosa de muggles. Muggles, muggles.

Una vez llegó al despacho de William (o al que creía que era el despacho de William) llamó un par de veces sin recibir respuesta alguno. Había dos opciones posibles. En primer lugar, la menos probable, que se hubiera enfadado por haberle dejado tirado y ahora estuviera llorando en una esquina mientras amenazaba con cortarse las venas con una cuchara de madera. Y segunda, y mucho más posible, que tras recorrer el Ministerio de Magia buscando a su amiga con la que había quedado, un grupo de desatascadores de oídos hubiera aparecido de la nada con sus super desatascadores de oídos mágicos y con capa (muy importante lo de la capa) y le hubieran golpeado hasta la muerte o, en su defecto, hasta dejarlo sordo. Por lo que el pobre William, creyendo que su vida seguía siendo tan maravillosa como siempre, estaría en la oficina rellenando papeles sin darse cuenta que alguien aporreaba la puerta como si no hubiera un mañana. Cuando todos sabemos que habrá un mañana, a no ser que un Galimatazo se lo coma. Y un Galimatazo es una persona sumamente gorda y enorme, como Falete. Falete es un Galimatazo transexual y flamenco. Olé mi armah.

Un agujero espacio temporal debió abrirse, ya que la puerta desapareció en ese preciso instante tras su espalda, haciendo que Fly casi se diese de bruces contra el suelo. Pero no, como sólo estaba medio apoyada, pues sólo se medio cayó. – Ah, pues qué bien, oye. – Dijo colocándose el jersey como si nada hubiese pasado. No, no había pasado nada. Aquel desconocido no había visto como casi se abría la cabeza contra el suelo, pero de haberle identificado (cosa que no pasaría ni aunque hubiera peleado con él sin máscara porque no tenía memoria) hubiese actuado del mismo modo. Si es que en el fondo se llevaba bien con los Mortífagos, era un puto caso perdido. - ¿Y le has visto?  ¿Tenía cara de estar enfadado? Seguro que me odia. ¿Tú odiarías a alguien por dejarte tirado durante una hora y media y no dar señales de vida? – Hizo una leve pausa para coger aire, más que para otra cosa. – No, tú tienes cara de no odiar a alguien por dejarte tirado. – En verdad tenía cara de lunes por la mañana, todo el mundo tiene cara de odiar al mundo los lunes por la mañana. Pues hasta que no son las cuatro de la tarde no deja de ser lunes por la mañana, está claro.

Miró al hombre de arriba abajo como quien mira un escaparate lleno de piruletas de fresa y sonrió de medio lado. En verdad le sonaba. De algo, pero vete tú a saber de qué. Tenía cara de persona que sobrevive a un avión estrellado en una isla pero capaz de morir en una avioneta que cae por un barranco. Este tipo de personas poco comunes que luego se convierten en vampiros, pero de los que no brillan. – Espera. – Sí, espera. – Es lunes. – Sí, dato obvio. – No trabaja hoy. – Otro dato aún más obvio. – Soy gilipollas. – Negó con la cabeza mirando al suelo. Oh, el suelo, magnífico invento eso que ves cuando te miras las puntas de los pies. Y en ese tránsito para mirar al suelo encontró algo. ¡Algo!

Sin decir nada, entró al despacho como Heidi por el campo (porque Pedro por su casa es mainstream) y en su camino cogió la petaca del hombre, sentándose sobre la primera mesa desocupada que vio. Ya que estaban las dos únicas desocupadas y luego había puertas con despachos donde estaría la gente trabajando. Esa gente que trabajaba, pobrecillos. – Supongo que trabajas aquí. – Dio un trago a la petaca, como si fuera suya. Esperaba que no fuera escrupuloso, o mejor, que lo fuera. Bebida y petaca gratis. – ¿No es pronto para beber… - Dejó la pregunta en el aire, haciendo un par de círculos cortos en el aire con la mano libre para que dijera su nombre.
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Caleb Dankworth el Mar Ene 06, 2015 12:38 am

Odio trabajar los lunes en la oficina en completa soledad, pero ya que me toca hacerlo porque mi jefe fue un verdadero hijo de la grandísima puta cuando repartió los turnos, pues me gusta que me dejen tranquilo. Cosa que llegadas las dos dejo de ser posible, pues alguien empezó a llamar a la puerta del cuartel de los desmemorizadores y a llamar a William. De todos los desmemorizadores que hay aquí (bueno, tampoco hay tantos, somos cuatro gatos, pero aún así) tenía que ser William al que venían a buscar... Una cosa que me gustaba de los lunes era que no tenía que ver su cara fea de Gryffindor idiota por ningún lado.

Intenté ignorar a la persona de la puerta, de verdad que lo hice. Pero mi paz y mi tranquilidad habían sido interrumpidas y masacradas, así que no tuve más remedio que ir a la puerta para abrirla y decirle a la cansina que estaba ahí que se perdiese por allí, pero no tuve oportunidad de hacerlo pues la mujer casi se parte la cara contra el suelo. Fue una pena que no ocurriese, habría sido un buen espectáculo, y muy merecido se lo habría tenido por fastidiar mi tranquilo trabajo.

Mi cara al ver a la Aurora contra la que luché en Hogwarts hace unos meses debió de ser todo un poema, pero quité aquella expresión antes de que la mujer pudiese verme bien y darse cuenta de eso. La dije que su querido William no estaba allí, y la Aurora me hizo mil preguntas, entre ellas que si yo me enfadaría si alguien me dejase plantado una hora y media. Abrí la boca para contestarla, pero parecía que ella era incapaz de dejar de hablar durante siquiera un solo segundo y comentó que yo no tenía pinta de odiar a alguien por eso. La miré con una expresión en los ojos un tanto siniestra. Cuanto se equivocaba.

-Soy yo el que suele darle el plantón a la gente, así que sería muy hipócrita si me enfadase cuando alguien me hace lo mismo...- comenté como quien no quiere la cosa, aunque aún con los ojos entornados. Tomé otro sorbo de vodka antes de terminar de hablar- pero nadie es perfecto, y resulta que uno de mis defectos a veces es la hipocresía. Si alguien me deja plantado muere.

La Aurora se tomó la libertad entonces de recorrerme entero con la mirada de arriba abajo, cosa a la que estoy acostumbrado que hagan absolutamente todas las trabajadoras de este maldito ministerio. Pero a esta mujer no se le cae la baba como a las demás. O es miope, o tiene mal gusto. Sabiendo que ha escogido la carrera de Aurora a pesar de haber mencionado antes que perteneció a Slytherin entonces sí, me decanto por la segunda opción. En vez de mirarme con la cara de salidas con las que me miraba el resto de la población femenina y parte de la masculina (para mi gran desgracia), esta mujer me miraba con una expresión distinta, como si estuviese pensando... Entorné los ojos de manera casi amenazadora, pero no llegó a eso.

"Como se te ocurra la brillante idea de reconocerme te clavo una viga en la cabeza en vez de en la pierna," pensé.

Hablando de clavar cosas... Mis ojos de deslizaron fugazmente y de manera imperceptible a su pierna, donde le había clavado la estaca astillada de madera con saña. Ya que no la había matado esperaba al menos haberla dejado tullida o algo, pero ni eso. ¡Ni siquiera cojeaba! ¡¿Qué timo es este?! Seguro que se lo habían arreglado todo en San Mungo. Deberíamos bombardear y destruir aquel lugar. Ya que los mortífagos no podemos ir allí y encima atienden a nuestros enemigos, ¿de qué nos sirve? De nada.

La Aurora se dio cuenta entonces de que su amigo William no se encontraba allí porque los lunes libraba. Esbocé una sonrisa burlona y sarcástica.

-¡Bravo!- exclamé con sorna, y me abstuve de aplaudir.- Exacto, los lunes no trabaja. Lo cual puede significar una de dos cosas. Una: te has equivocado y tu cita es otro día. O dos: el que te ha dejado plantada ha sido tu novio a ti- dije entonces, poniendo de nuevo mi falsa sonrisa encantadora.

Tenía intención entonces de decirla que se perdiera por ahí y cerrarle la puerta en las narices, pero antes de que pudiera hacer aquello la mujer se autoinvitó al despacho. Era tan bajita que se escabulló a mi lado, pasándome de largo, y se puso a caminar por ahí. La gente bajita es muy graciosa porque sus pasos son cortos y rápidos, como los de un animalillo. Esta chica parecía un Hobbit, o un alumno de primero. "Para el caso, lo mismo, no hay muchas diferencias..."

Estaba a punto de detenerla, pero con un movimiento rápido me robó la petaca.

-¿Pero qué coño...?- mascullé entre dientes casi inaudiblemente antes de cerrar la puerta y ponerme a caminar detrás de la Aurora.

Esta se metió en el primer despacho vacío que encontró, el mío, y se sentó sobre la mesa, que tenía encima todavía varios documentos, carpetas, algún objeto personal y fotos familiares. Soy un bruto, pero mi familia es sagrada para mí, y no hay mayor orgullo. Al menos con las fotos ahí tengo algo agradable que ver cuando me toca trabajar con el papeleo. Hablando de papeles, todavía había algunos revoloteando por ahí mediante magia.

-Sí, trabajo aquí- ¡obviamente! Intenté no fulminarla con la mirada cuando bebió un trago de mi petaca.- Caleb- dije cuando noté que quería saber mi nombre.- ¿Y tú eres?- al menos descubriendo su nombre no tendría que volver a referirme a ella como la "Aurora tocapelotas". En cierta manera tenía que agradecerle el estado en el que me dejó. Si no Alyss no me habría llevado a su casa a cuidarme y no estaría a punto de tener una cita con ella este fin de semana.- Nunca es demasiado pronto para beber- dije encogiéndome de hombros.
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Fiona T. Shadows el Mar Ene 06, 2015 1:23 pm

Ir a buscar a William se había convertido en toda una aventura y no precisamente por haber acabado perdida entre los pasillos del Ministerio de Magia, porque los magos, con más ego que nadie, creían imposible la opción de perderse y por eso jamás colocarían un puñetero mapa en todo el edificio donde pusiera “usted está aquí”. No, no, ellos creían firmemente que todo ser humano capaz de trabajar en el Ministerio de Magia nacía con el don de la orientación. Pero vamos a ver, señores y señoras del Ministerio de Magia, si contratan a antiguos miembros de Hufflepuff, ¿Cómo esperan que la gente no se pierda? Si ese tipo de personas está en el mundo porque tiene que haber de todo. Que todos sabemos que ser Hufflepuff es una discapacidad por la que deberías recibir una subvención del gobierno, pero con esto de la crisis no hay dinero para pagar a esos pobres discapacitados que no tienen nada. Porque, veamos: Gryffindor, valientes; Ravenclaw, inteligentes; Slytherin, astutos. Y luego llegó Helga Hufflepuff (que con ese nombre no se podía esperar nada bueno de ella) y decidió acoger a todos los demás. Conclusión, Hufflepuff son las sobras. Algo cruel viniendo de los pensamientos de alguien con amigos en esa casa, pero lo primero es ser realista.

En fin, William estaría tranquilamente en su cama, disfrutando del lunes libre cuando Fly decidió que era el día en el que habían quedado. ¿Por qué? Muy fácil, ambos se caracterizaban por ser trabajadores poco eficientes, por lo que quedaban cada día para tomar café (en verdad no, porque el café está malo), hablar de cualquier gilipollez y, en definitiva, escaquearse del trabajo el máximo tiempo posible. Problemas del primer mundo.

Una vez en la puerta de su despacho y sin recibir respuesta alguna, Fly no se movió. Sí, podría haberse ido indignada por el enfado de William, pero no lo hizo. No tenía nada mejor que hacer, así que se quedó en la puerta esperando, hasta que esta se abrió de par en par haciendo que casi se diese de bruces contra el suelo. Gracias al instinto de supervivencia que únicamente aparece en las personas en los momentos más peligrosos o vergonzosos, no acabó en el suelo, sino que simplemente tropezó para actuar como si nada hubiese sucedido. Allí se encontró a un hombre, que no a una mujer, o a una cabra. No, no, se encontró con un hombre. Tenía cara de tener metido un palo por el culo, pero eso era algo muy común en el Ministerio de Magia, algo que Fly atribuyó a que era lunes por la mañana y Estopa diría que sólo veo nubes por la ventana. Pero, en definitiva, al ser lunes, la gente tenía más cara de pocos amigos que el resto del día. Algo que a una persona tan indiferente como Fly, le daba lo mismo.

Mientras la voz del hombre relataba sus maravillosos sucesos en los que era él quien dejaba de lado a la gente, Fly ya había dejado de prestarle atención. ¿Habría un gato por ahí suelto? ¿Y por qué un gato? No sé, porque son animales de Satán que se dedican a arañar cortinas y por un momento deseó que le arañaran la lengua a ese hombre para que no parara de gritar y así dejara de oír su voz relatar algo que nadie le había preguntado. ¿Seguía hablando? Sí, sí, ese hombre seguía hablando por alguna razón. Maldita gente que habla sin razón alguna como ella misma, maldita sea esa gente cotorra.

Auto invitándose a la oficina, ya que no era un vampiro que necesitara ser invitado a una casa, pasó como si tal cosa. Miró al hombre una última vez y tiró de su petaca como si tal cosa. Que William no trabajaba los lunes. ¡Tócate las narices! Bueno, si eres Voldemort no, que no tienes. Debe ser muy duro no tener nariz, especialmente cuando estás constipado. ¿Cómo te suenas los mocos? Seguro que caen por la nariz como si de una cascada se tratara, sin que nadie pueda impedirlo. Todo un sufrimiento. Pobre hombre, así había salido de hijo de puta el pobre. – Sí, es obvio que trabajes aquí. – Rodó los ojos, era una respuesta absurda para una pregunta aún más absurda. – Aunque podrías ser el de la limpieza y te tocaba limpiar este despacho. O un ladrón robando memorias… - Dio otro trago. – Eso no se guarda en botecitos como en las pelis con los cerebros. – Se encogió de hombros respondiendo su propio intento de pregunta.

Escuchó el nombre del hombre (que rima) y afirmó con la cabeza. Caleb, un nombre curioso. En verdad no, era un nombre más, pero era raro. No conocía a ningún Caleb. Pero si le sonaba… ¡Coño, el compañero pesado de William! O sea, no era pesado, pero William daba mucho la coña con él, por lo que era un tema pesado. Un tema muy recurrente, como mi compañero de trabajo no me da buena espina, como si de un pescado se tratase. – Fly. – Afirmó la castaña a modo de presentación. Para qué decir, sí, me llamo Fiona pero como me da pereza mi nombre es mucho mejor Fly, pues nada, mejor el apodo simplemente. Total, no iba a volverlo a ver en la vida, tampoco pasaba nada.

“Nunca es demasiado pronto para beber”. Acababa de sonar a momento dramático de película. Nunca es demasiado tarde para morir. O algo así, es que esas frases de películas absurdas no eran su punto fuerte. – No sabía que esto fuese una reunión de alcohólicos anónimos. – Arqueó una ceja y cerró la petaca, lanzándosela al hombre para que la cogiera al vuelo. Dio un pequeño salto para levantarse de la mesa y giró sobre sí misma, colocando ambas manos sobre sus caderas mientras miraba el despacho. Nunca había entrado a esa zona del Ministerio, era curioso de ver. - ¿Y aquí que hay? – Dijo toqueteando un par de papeles que había sobre la mesa y tirando un marco de fotos a su paso. - ¿Y esto? – Miró, una foto con gente. Aplauso. – Anda mira, este eres tú. Aunque más joven. – Saludó a la fotografía, quien parecía bastante más amable que el Caleb de carne y hueso. - ¿El niño quién es? – Era joven para tener hijos, ¿No? Sí, era joven. Para Fly todo el mundo era demasiado joven para tener hijos, porque los hijos no se tienen. Aparecen. Y no son necesarios en  el mundo.
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Caleb Dankworth el Miér Ene 21, 2015 6:28 pm

Algo común de trabajar en el Ministerio de Magia es que todos los días pasa algo inesperado. ¿Cómo iba a ser de otra manera, si trabajamos en un edificio bajo tierra que está absolutamente lleno por todas partes de magos y brujas medio chiflados y de magia de todos los tipos? Todos dicen que Hogwarts es un lugar en el que todo tipo de cosas pasan, pero el Ministerio es peor, mucho peor. Sobre todo cuando ocurren sorpresas como la que me estaba llevando yo hoy mientras trabajaba solo en la oficina.

De todas las personas que trabajan en este maldito edificio, tiene que venir buscando al estúpido de mi compañero la Aurora que casi me deja frito en Hogsmeade. Por su culpa podría haber acabado en Azkaban. Sí, ya sé que gracias a que me pateó el culo me reencontré por segunda vez con Alyss, el amor de mi vida y a quien yo pensaba que no iba a ver más, y gracias a ese encuentro tengo posibilidades de volver con ella. ¿Pero qué esperáis, que le dé las gracias a la Aurora? ¡Jamás! Si me la hubiese encontrado por la calle la habría volado en pedazos en un segundo, pero como me la he encontrado en el trabajo y no en la calle tendré que reprimir mis instintos asesinos que desean explotar. Tomé aire, y lo solté. A veces se me da mal controlar mis malas pulgas. Será porque es lunes. Otros días soy de lo más encantador, incluso con la gente que me cae mal, o incluso con los que me caen aún peor.

La Aurora se autoinvitó a mi oficina y se metió en el despacho. ¿Por qué la gente tiene la manía de cotillear en los despachos ajenos? Casi todo el mundo lo hace cuando tiene la oportunidad, y no lo entiendo. Supongo que es la naturaleza de la raza humana, meter las narices en todo…

Observé a la Aurora (que tenía pinta de ser una adolescente. ¿Los Aurores no deberían intimidar o algo?) y respondí a su pregunta cuando me preguntó que si trabajaba aquí. Eso era obvio, y se notó en mi tono de voz. Entonces ella añadió sus propios comentarios, y reí por lo bajo sin poder resistirlo. ¿Qué se ha fumado esta chica al tomarse los cereales del desayuno? Seguro que mi jefe ha ido colando droga por otros despachos, no me extrañaría lo más mínimo. Estaba ahora de un mejor humor que antes, pues la tía no era antipática precisamente. Aunque seguía cayéndome mal por ser la maldita Aurora que me dejó roto, rompido y rajado durante toda una noche después del ataque, pero siempre había aparentado ser un tío excelente delante de todo el mundo para evitar sospechas. Además, es amiga del idiota de William, que siempre intenta meterme en problemas, así que considero que es mejor caerle bien a esta chica. Ya en la calle y con mi máscara de mortífago, algún día, intentaré vengarme.

-He oído que los botecitos con cerebros los tienen en el Departamento de Misterios, aparentemente, así que los ladrones que se vayan allí y dejen mi despacho en paz- dije encogiéndome de hombros.- Aquí no guardamos nada, nos dedicamos a borrar y adiós muy buenas. Solo hay papeles…- y si guardásemos las memorias que borramos, solamente tendríamos recuerdos de sucios Muggles, que no sirven para absolutamente nada. Aunque a lo mejor sería una buena forma de espiar a la gente importante del mundo Muggle y atacar para sembrar el pánico…

Nos presentamos diciendo nuestros nombres. El suyo era muy curioso. ¿Fly? ¿En serio? No creo que sus padres le pusiesen ese nombre, seguro que es el diminutivo de algo… Pero no pregunté, si eso ya me enteraría algún día. Fly, le pega. Mi expresión fue bastante neutral, lo que para un lunes por la mañana era una expresión simpática, hasta que Fly bebió de mi petaca. Respondió a mi comentario sobre por qué estaba bebiendo vodka con otro comentario gracioso, y sonreí de medio lado, haciendo que mi rostro volviese a tener el gesto encantador y a la vez sarcástico que tanto me caracterizaba. Agarré la petaca al vuelo cuando me la lanzó y tomé un sorbo pequeño.

-Bueno, no es una reunión, dado que estoy solo en la oficina- dije. Aunque si mi jefe estuviese aquí esto sería la reunión de Alcohólicos y Yonkis No Tan Anónimos. Le ofrecí la petaca esta vez yo.- ¿Quieres más? Tengo un par de botellas escondidas por ahí.

Ofrecer alcohol, el primer paso para una amistad. A los mortífagos nos convenía tener amigos entre las filas de los Aurores, por cuestiones de espionaje y de saber qué era lo que iban a hacer aquellos idiotas antes de que lo hicieran. La Aurora se puso a cotillear los papeles que había sobre mi mesa.- Informes de las desmemorizaciones del último mes. Un tema aburrido, la verdad. Lo divertido es desmemorizar, no informar sobre ello- dije, y entonces Fly tiró una de las fotos que había sobre la mesa. Era una con Zack de hace unos años. Preguntó que quién era. Nadie se cree nunca que es mi hijo a primera vista, por la poca diferencia de edad.- Es mi hijo Zack- dije con una sonrisa llena de orgullo que se me dibujaba en el rostro cada vez que hablaba de Zack. Soy un padre muy orgulloso, sí, y me alegro de ello.
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Fiona T. Shadows el Mar Ene 27, 2015 7:40 pm

La idea de cómo era el despacho de los desmemorizadores era una idea más bien inexistente para Fly, básicamente porque siempre se había imaginado a William yendo a trabajar a una enorme sala abovedada con paneles metálicos y un enorme pasillo flotante sobre un vacío, y al fondo del pasillo había una mesa con un casco lleno de cables a través de los cuales le pasaba la información de su trabajo, o más bien, de los casos que tenía que buscar para borrar sus memorias. O bueno, eso se debía a su parecido con un personaje de ficción, porque siendo sinceros jamás había pensado dónde narices trabajaría su amigo, más bien lo imaginaba entrando a través de una puerta y… Fin. Ahí acababa toda su imaginación prodigiosa, pues nunca había tenido la curiosidad por saber dónde trabajaba el hombre, hasta que Caleb había abierto la puerta haciendo que casi se diese de bruces contra el suelo y se encontrase un pasillo con diferentes puertecitas que llevaban a los despachos de los desmemorizadores. Y, como su pequeña cabecita, tardaba en conectar la información, entró en el primer despacho que encontró abierto, el cual resultó ser el del hombre que abre puertas para tirar personas al interior de habitaciones.

Por algún casual, unió la idea de cerebros flotantes con la de desmemorizador, pero rápidamente la desecho tras las palabras del hombre, quien parecía saber del tema. Más que nada porque trabajaba allí, no por otra cosa. - ¿Y qué hay en los papeles? – Preguntó con curiosidad. Fly siempre había sido una persona que se caracterizaba por preguntar la primera chorrada que se pasara por su mente, y tras tantos meses conociendo a William nunca había hablado en profundidad de su trabajo. – Ponéis el nombre de la persona a la que le borráis los recuerdos, algunos datos sobre él, lo que vio, dónde lo vio… ¿O cómo va eso? – Su voz sonaba aún con más curiosidad que antes, como si de una niña dispuesta a aprender se tratara, pues la castaña siempre había sido así. Los años habían pasado pero seguía siendo como una niña deseando aprender y conocer más del mundo.

Al parecer el hombre no era un amargado trabajador del ministerio como eran el resto de personas que solía encontrarse por los pasillos. Sí, esas personas que te miran con cara de superioridad por medir más que tú y por mucho que saques pecho para enseñar la insignia de auror te siguen mirando como si fueras un alumno que pasea por los pasillos en una excursión sobre “¿Qué quiero ser de mayor?”. Pero ese hombre no, bueno, al menos ya no. Porque al principio parecía tener la misma cara de persona amargada con la corbata demasiado apretada y demasiados palos metidos por el culo. Pero tras ese momento incómodo, se volvió algo más amable, llegando incluso a ofrecerle algo de beber. - ¿Has visto mi tamaño? Si bebo mucho más acabaré haciendo eses por el pasillo. E imagina que dan un aviso de ataque o una de estas cosas serias que pasan de vez en cuando. – Negó con la cabeza y con una de las manos. – Quita, quita, que acabaría volando más edificios y muebles de los que ya hago volar normalmente. – Porque una cosa muy importante para los aurores era el sigilo, el salvar a los demás, el preocuparse por mantener el orden… Y luego estaba Fly, ese subgrupo formado por una única persona dentro de los aurores que prefería correr detrás de un mortífago y reírse de los golpes que se llevaba que preocuparse de salvar a alguien. Porque, vamos a ver, ¿Qué gracia tiene salvar a alguien? Es mucho más divertido atacar y ver cómo se da golpes o se congela la otra persona. Y eso lo sabía bien su acompañante.


Haciendo alarde de su falta de cuidado al tocar las cosas, se puso a toquetear todo lo que se encontró a su paso. Desde un ejemplar de El Profeta de aquella misma mañana en cuya primera plana un alegre hombrecito de barbas blancas y pelo abundante en las orejas saludaba a las cámaras antes de desaparecerse por una de las chimeneas del Ministerio de Magia una y otra vez. Un par de plumas, un tintero, pergamino usado. El sueño de un cleptómano, o más bien de un enfermo de síndrome de Diógenes. Entre todos los golpes a ciegas que dio acabó por tirar una fotografía y, como cabía de esperar, la sujetó entre ambas manos para ver quien había en ella. - ¿Tienes un hijo? ¿Qué edad tiene? –  En la fotografía aparentaba tener tres o cuatro años, por lo que ahora no tendría muchos más dada la edad aparente de su padre. – Te mantienes muy mal. – Dijo rápidamente sin dar tiempo a responder a Caleb. – Parece que han pasado más de diez años desde esto y estás mucho más viejo. – Alzó una mano y se corrigió antes de que dijera algo. – Que no te llamo viejo, sino que parece que han pasado muchos años cuando como mucho habrán pasado siete u ocho. – Alzó una ceja. -¿No?

Vamos a ver es que a nadie en su sano juicio se le ocurriría ver esa foto y pensar que tenía tantos años, porque eso significaría que su hijo ahora sería mayor. Y si era mayor, es que o Caleb tenía acceso a la piedra filosofal o a la fuente de la eterna juventud o que era un promiscuo. Y por sus pintas, pegaba más lo segundo.
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Caleb Dankworth el Mar Feb 03, 2015 8:26 am

Aunque había sido algo borde y grosero con la Aurora al principio (algo normal teniendo en cuenta todo lo que pasó, aunque ella no tiene ni idea de lo que me hizo gracias a que mi hermoso rostro estaba cubierto por una máscara durante el ataque) pero al final opté por ser más simpático, aunque todavía las cosas no eran todo risas y juergas, pero al menos ya no estaba actuando como sí quisiese tirarla por la ventana de un rascacielos. Lo mejor que se podía hacer para sobrevivir en este mundo como mortífago, y más si encima trabajaba en un lugar tan lleno de enemigos como lo era el Ministerio, era actuar como que soy un dulce bombón. Bueno, no puedo fingir tanto, pero al menos caer bien no se me da terriblemente mal. Puedo ser encantador con cualquier persona cuando me lo propongo, y eso siempre es bueno. Soy un falso, eso es pecado. Arderé en el infierno por toda la eternidad por eso, sin contar además por la cantidad de muertes y torturas que hay a mi nombre. Qué bonito.

Observaba a la Aurora con curiosidad mientras ella se dedicaba a revolver mi despacho sin que nadie la hubiese invitado a hacerlo, pero a ella eso le daba igual. Los Aurores siempre me han parecido todos unos idiotas, pero esta chica. No me lo parece. Simplemente me parece que está mal de la cabeza, pero eso no es ser idiota. Yo estoy mal de la cabeza. Y vale, sí, a veces soy un idiota, sobre todo con los líos de faldas, pero eso es culpa del alcohol y no de mi cerebro. La Aurora no parecía estúpida como los demás Aurores que me he encontrado, sino que va a su bola. Era una Aurora bastante atípica en todos los sentidos, realmente. Tal vez incluso me hubiese caído muy bien a primera vista de no haber sido porque me congeló el culo. Pero pelea muy bien, y eso es algo que admiró mucho en las personas.

-Sí, ponemos quien ha estado implicado en el accidente mágico con testigos Muggles, quién o qué ha sido el causante del accidente, que excusa se ha dado a los Muggles no desmemorizados, qué recuerdos han sido modificados y cómo... Esa suele la parte más difícil del trabajo, porque no solamente les borramos la memoria, se la cambiamos- dije. Tomé un sorbo de mi petaca antes de continuar hablando y explicándole a Fly aquel aspecto de mi trabajo. Antes no había hablado mucho y cuando había hablado había sido borde, pero ahora estoy hablando amablemente. Aunque el papeleo es un coñazo, me encanta mi trabajo, y hablar de él me agrada.- El problema es que hay que encontrar la excusa perfecta para no desequilibrar la memoria de los Muggles, hay otros desmemorizadores que ponen cualquier excusa, pero eso es malo. Es como un juego de dominó, si algo falla y cae, se crea una cadena y se producen más fallos. La mente es como un puzzle, y cuando les borramos los recuerdos le quitamos una pieza y hay que buscar otra que encaje exactamente en el hueco, o el resultado es un desastre y un dolor de cabeza para nosotros. Una vez un equipo de desmemorizadores le borraron la memoria a un grupo de Muggles y a cada uno le plantaron un recuerdo distinto. Menuda panda de inútiles, aquello fue un caos...- resoplé, recordando cómo yo fui uno de los que mandaron a arreglar el estropicio. Aquello fue cuando apenas acababa de empezar a trabajar, con mis tiernos veintipocos años. Me encantó mi trabajo desde el primer día, aunque lidiar tanto tiempo con Muggles sin matarles o torturarles es todo un milagro.- Perdona, me voy por las ramas- me disculpé con una leve sonrisa. A veces hablo mucho, sobre todo cuando bebo, y la petaca ya está casi vacía de vodka. Observé entonces a Fly. Llevaba una vestimenta poco usual en brujas y más típica de Muggles, y para nada tenía pinta de Aurora. Además, no veía su insignia por ningún sitio, así que tengo que ocultar que sé a qué se dedica, por razones obvias.- ¿Y tú en qué Departamento trabajas? Nunca te he visto por aquí.

Rechazó la petaca cuando se la ofrecí, diciendo que se emborracharía mucho y aquello podría ser un desastre. Se me ocurrió que a partir de ahora debería dedicarme a emborrachar en secreto a todos los Aurores para que cuando pase algo metan la pata en vez de salvarle el pellejo a los demás. Fly a lo mejor podría provocar una explosión y matar accidentalmente a todos los de su bando. Reí por lo bajo ante la idea, pues me había resultado graciosa.- Bueno, a lo mejor volar cosas por los aires podría ser una nueva estrategia de defensa- dije encogiéndome de hombros.

Cuando Fly tiró la foto y vio a Zack en ella y me preguntó que quién era le dije que era mi hijo, lo cual la sorprendió mucho. Estoy acostumbrado a esas reacciones, pues aparté de que siempre he parecido más joven de lo que soy, soy muy joven para tener un hijo de esa edad. La mayoría de los de mi edad tenían hijos pequeños, o estaban empezando a tener hijos, o todavía no los tenían. Y el mío ya ha cumplido la mayoría de edad en el mundo mágico. Se me hace muy raro pensar en eso, pero me gustaba haber sido padre tan joven. Estaba agradecido, en verdad, pues haber tenido a Zack en mi vida era una de las mejores cosas que me habían pasado. Reí por lo bajó de nuevo al oír los comentarios que hacia Fly respecto a mi supuesta edad, aunque no era nada que no hubiese oído antes de la boca de otras personas.

-Tiene diecisiete años- contesté, sabiendo que aquello la iba a sorprender todavía más.- este año se gradúa de Hogwarts. Han pasado catorce años desde que se hizo esa foto- dije, mirando la foto en las manos de Fly. Rose había sido la fotógrafa, así que ella no salía en la foto, pero Zack y yo la saludábamos con grandes sonrisas en el rostro mientras estábamos de pie enfrente de nuestra mansión en un cálido día de verano.- Así que en realidad me mantengo bien, y no soy viejo, sólo tengo treinta y cuatro años- unas matemáticas simples y todo el mundo se daba cuenta de que en Hogwarts yo no me dedicaba a estudiar, precisamente. Es el defecto de Slytherin. Tantas parejas habían hecho cosas en los sofás de aquella Sala Común a lo largo de los años que es posible que sí una chica se sienta ahí durante largos periodos de tiempo quede inseminada artificialmente.
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Fiona T. Shadows el Mar Feb 03, 2015 7:36 pm

Era irónico que pasando la cantidad de horas que pasaba con William jamás le hubiera preguntado cómo funcionaba exáctamente su trabajo. Sí, sabía que tenía un horario que solía cumplir, que iba a una oficia y ahí desmemorizaba gente. Pero no sabía si salía para desmemorizar o venían sus víctimas a su despacho, no sabía sí él se dedicaba a un tipo de muggles en concreto u otro… La verdad es que no sabía tantas cosas que se sentía demasiado Jon Nieve en aquellos momentos. La próxima vez que le viera le echaría en cara que no le contaba nada, aunque era más bien que jamás había sentido la necesidad de hacerle aquellas preguntas con las que estaba golpeando en aquel momento al desconocido con afición por beber en sus horas de trabajo. – Pues suena divertido. – Dijo encogiéndose de hombros. El concepto de diversión podía cambiar entre unas personas y otras, pero lo que estaba claro es que nunca sería como el de Fly, pues su concepto de diversión distaba tanto del conocido como el de buenas personas como el de las malas. Vamos, que no consideraba divertido torturar muggles ni irse como una hermanita de la caridad a dar de comer a hambrientos en un comedor social, eso eran demasiados límites. Ella prefería torturar mortífagos y luego dárselos de comer a indigentes en un comedor social. O sin eso último, pues sería raro. Pero era un punto intermedio de los dos, lo que hacía que en ocasiones ni si quiera fuese considerada una buena persona. ¿Acertado? Ni Jon Nieve lo sabe.

Escuchó el monólogo fruto de la motivación de Caleb atendiendo a todas sus palabras. Aunque según salían estas de su boca, nuevas preguntas golpeaban su mente. Por regla general no era una persona que tendía a prestar demasiada atención a los demás, básicamente porque se aburría con facilidad de las conversaciones, pero en ese momento estaba prestando atención. Al menos más de la normal, pues estaba escuchando todo lo que decía mientras pensaba en lo divertido que sería meter en la cabeza de otras personas recuerdos que no eran los suyos. Por Merlín, menos mal que no había decidido ser Desmemorizadora o Desmemorizador con vagina, que sino el Mundo Muggle estaría lleno de desmemorizados con recuerdos de t-rex intentándose hacer un selfie, de ovejas asesinas, de tomates verdes que lanzan tomates bebes rojos… El mundo sería todo un caos. – Te perdono. – Dijo como si tal cosa cuando este se disculpó por el monólogo que se había marcado. Pero en lugar de dejar la conversación ahí, volvió a preguntar sin importarle que volviera a marcarse un segundo monólogo en lo que llevaban de conversación. - ¿Y qué es lo más gracioso que has metido en la mente de algo? ¿Y borrado? – Antes de darle tiempo a responder, hizo alarde de su inexistente capacidad para mantener la boca cerrada durante mucho tiempo y volvió a hablar. – Creo que sería la peor desmemorizadora de todo el Ministerio, seguro que me echarían y todo. Porque eso de meter recuerdos falsos en cabezas ajenas parece tan divertido…

- En el lugar más peligroso de todos, porque si sonríes te tiran una mesa a la cabeza por no ser una persona seria y controladora. – Dijo con tono serio como si aquello fuera realmente cierto. Que parte de verdad tenía, porque seamos sinceros, en ese departamento eran todos demasiado serios para seguir viviendo, si el único que no era serio era Drake y eso era porque era Hufflepuff, ergo retrasado. – Auror. – Ladeó la cabeza antes de seguir rebuscando por la mesa de Caleb como si fueran amigos de toda la vida. – Lo sé, debería ser seria, responsable e imponer. Pero no hay nada qué hacer. – Hizo un par de círculos con una mano y volvió a mirar al hombre.

Tras el alboroto resultante en la mesa de Caleb, Fly comenzó a hacer preguntas. Como no, como había hecho pocas, pues necesitaba hacer más. Esta vez fueron encaminadas a un ámbito más personal, indagando en las personas de la foto y preguntando acerca del hijo del hombre, quien saludaba alegremente desde el marco que ahora sostenía entre sus dedos. – Joder. – Dijo situando una marcada pausa entre las dos sílabas de la palabra. Luego siguió escuchando el relato del hombre, quien resultó no ser precisamente viejo, sino precoz a la hora de tener hijos.

Miró al techo pensativa y luego a sus dedos, haciendo un par de cuentas simples pero que seguía haciendo con los dedos para usar como apoyo. Abrió los ojos de manera exagerada. – Slytherin, ¿Verdad? – Sólo en esa casa alguien hubiera tenido un hijo en Hogwarts. - ¿Verano o Sala Común? – Inquirió como si tal cosa. A ver, que todo el mundo sabe que la Sala Común de Slytherin es un picadero, pero oye, quizá el hombre era un Gryffindor valeroso que había sido violado en uno de sus veranos sin poder guardar su virginidad hasta el día de su boda. - ¿Y su madre que edad tenía? – Miró la foto y la movió de un lado a otro como si pudiera ver al resto de personas que estaban alrededor de los fotografiados. Pero nada, no apareció nadie mientras balanceaba el cuadro. – Tío, si tenías… ¿Diecisiete? – Tampoco estaba segura y le daba pereza volver a contar. – ¿No te da miedo que tu hijo siga tus pasos y de regalo de graduación tengas que pagarle una guardería para tu nieto?
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Caleb Dankworth el Miér Feb 04, 2015 6:56 pm

Me puse a hablar casi sin darme cuenta de que lo estaba haciendo. Me habían preguntado por mi trabajo, así que la parte de mí que es un adulto responsable que se alegra de tener un trabajo estable y que encima le gusta se desató y tardé un poco en darme cuenta de que había dominado la conversación durante el último par de minutos. Me disculpé con Fly, pero a ella no pareció importarle, e incluso parecía que me estaba prestando atención. Dijo que parecía divertido, y asentí dejándola saber que así era. Entonces Fly me preguntó que cual era el recuerdo falso más gracioso que había metido en la mente de alguien y cual era el recuerdo más gracioso que había borrado. Medité durante unos instantes, pensando en mi respuesta. Había tenido una carrera larga trabajando como desmemorizador, y los recuerdos que había borrado y modificado eran innumerables.

-Pues...- murmuré, intentando recordar. Maldita sea, este es el problema de tomarte en serio tu trabajo, que cuando llega la hora de contar anécdotas no te acuerdas de nada- creo que el recuerdo más divertido, o mejor dicho más absurdo, que he borrado en mi vida fue el de un pobre Muggle que por alguna razón acabó de comió algo que tenía una droga mágica especial hecha con polvos de hadas, y media hora después le encontramos corriendo y bailando desnudo  por todo Trafalgar Square con la cabeza transformada en la de un ciervo con una cornamenta enorme. Te puedo asegurar que modificar las memorias de los testigos fue bastante entretenido- reí por lo bajo.- Y el recuerdo más gracioso que le he metido a alguien en la cabeza... Bueno, a un pobre hombre le atacaron unos vampiros y le mordieron en el cuello. Los sanadores le curaron, pero se le quedaron unas marcas como de chupetones por todo el cuello y el cuerpo entero. Vemos, que para explicar eso le plantamos el recuerdo de que había visitado un burdel de lujo en el que había participado en una orgía.- Lo siguiente que supimos de aquel hombre fue que su mujer se había divorciado de él, le había quitado la casa, estaba cobrando una pensión enorme, y le había quitado la custodia de los niños. Decidí no mencionar aquel pequeño detalle.

Fly mencionó entonces que sí ella se dedicase a esto seguro que la echarían por ser un desastre, y alcé una ceja con curiosidad. Me apoyé contra la pared y crucé los brazos sobre el pecho.- ¿Ah sí? ¿Y eso por qué, qué clase de recuerdos le meterías a los pobres e inocentes Muggles en sus cerebros?

Por entablar una conversación le pregunté a Fly que a qué se dedicaba, aunque se de sobra que es Aurora. Pero claro, ella no sabe que yo lo se, y no puedo dejar saber que lo se porque la acabo de conocer, supuestamente, y entonces no sería lógico que yo lo sepa. Esto de tener doble vida de mortífago a veces hacia que te comieses el coco con las cosas más estúpidas del mundo. Fly me contestó con algo de sarcasmo burlón al principio, y luego incluso ella admitió que debería tener una pinta más intimidante pero que no había nada que hacer. Me encogía de hombros.- Bueno, el tamaño no importa, ¿no? ¿No dicen acaso que las mujeres pequeñas son las más matonas?- a mí no hace falta que me lo digan, que he experimentado en mi propia persona los efectos del enfado de esta mujer. Si es que en verdad las mujeres daba igual en qué bando estuviesen, como se cabreasen se te cae el pelo.

Contesté a las preguntas que hizo ella sobré Zack, y me hizo gracia ver la cara que puso al darse cuenta de que yo había sido padre adolescente y ahora tengo un hijo muy mayor a pesar de que yo todavía soy bastante joven. Casi todo el mundo reaccionaba igual cuando se enteraban, y reí cuando Fly llegó a la conclusión obvia y me preguntó que sí yo había estado en Slytherin.

-¡Bingo! ¿Eso lo has intuido porque conoces nuestra fama o también fuiste Slytherin?- pregunté.- Sala Común... O al menos, eso creo- dije, dudando lo durante unos instantes.- El aula de Pociones también es otra posibilidad- habíamos sido jóvenes muy temerarios, Rose y yo. No quiero ni pensar qué hubiese pasado si nos hubiesen pillado, pero al mismo tiempo pensar en eso me hizo reír. Fly preguntó por la madre de Zack, y vi como examinaba la foto en busca de alguien más en ella. Las fotos de Rose que antes había tenido sobre la mesa las había quitado de ahí cuando aquel asunto se volvió demasiado doloroso, y las tengo guardadas en los cajones junto con otras fotos. Sólo había quedado una foto de Rose sobre la mesa después de que todas las demás fuesen guardadas en los cajones, pero esa última la quité cuando empecé a salir con Alyss, pues no me parecía correcto, y no sabía qué hacer. Era todo muy confuso. Cuando Alyss y yo nos separamos no había vuelto a sacar la foto de Rose, pero la tenía siempre guardada cerca de mí.- Su madre tenía la misma edad que yo. Casi me mata cuando se enteró de que estaba embarazada- sonreí, recordando aquellos momentos del pasado. Rose preparó una poción que funcionaba como test de embarazo, y cuando el resultado salió positivo me tiró el caldero a la cabeza. Fly me hizo entonces la pregunta que muchos me hacían sobre que sí no tenía miedo de que Zack hiciese lo mismo.- Algo de miedo tengo, pero espero que sea más listo que eso. ¡Aunque si pasa espero reaccionar mejor que sus abuelos!
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Caleb DankworthMinisterio

Fiona T. Shadows el Vie Feb 06, 2015 9:22 pm

Curiosear acerca de cualquier cosa era uno de sus hobbies favoritos. Durante años su hermano había insistido en que no podían compartir sala común y que ella debía estar en Ravenclaw con el resto de personas cuya mayor afición es mantener la cabeza entre los libros o indagar sobre cualquier tema. Con el tiempo había saltado a la vista que la casa más acertada había sido la elegida por el propio Sombrero Seleccionador cuando tenía once años. Pero eso no quitaba que mantuviese alguna de las características propias de otras cosas, como era la curiosidad en este caso. Y esa curiosidad que en muchas ocasiones mata al gato (algo que alguien que odia los gatos no le importa) hizo que quisiera conocer más acerca del trabajo de Caleb.

Escuchó la historia mientras una sonrisa divertida se dibujaba entre sus labios y una sonora carcajada escapó entre estos antes de cubrir la boca con ambas manos. Notaba como las lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas y es que el simple hecho de imaginar una gran cornamenta acompañada de la cabeza correspondiente en un cuerpo humano le hacía mucha gracia. Por alguna razón, imaginaba que la cabeza del ciervo no retransmitía al hombre lo que veía. Como si se tratara de una máscara colocada sobre su cabeza y que tapaba sus ojos, impidiendo que viera por donde iba, golpeando de este modo todo lo que encontraba a su paso. Por alguna otra razón sin lógica, le imaginaba sin camiseta y en calzoncillos, calcetines blancos y chanclas, corriendo de un lado a otro y chocándose contra las farolas y las señales que indicaban donde estaba el metro.

De por sí era una persona con una risa demasiado fácil, y una de esas risas que cuando comienzan se alargan más de lo previsto, haciendo que no pudiera frenar las carcajadas en dicho momento. - ¿Va en serio? – Preguntó retóricamente cuando pudo volver a hablar. - ¿Y no descubristeis quién había sido el culpable? – Volvió a reír. – Joder, ¿A quién se le ocurre hacer semejante poción? – En verdad era un genio, esa poción era algo que de haber tenido en sus tiempos en Hogwarts habría probado con media sala común. Como aquel día que probó las galletas que transformaban en canario gigante a quien las tomaba. La sala común acabó llena de plumas y su primo escupiéndolas durante meses.

Escuchó el segundo relato, aunque este era más original, el simple recuerdo del anterior nublaba por completo el interés de la chica. – Si le hubieseis puesto cabeza de ciervo seguro que hubiera sido más increíble. – Afirmó antes de pasarse ambas manos bajo los ojos para hacer desaparecer las lágrimas que quedaban en ellos.

Hizo una breve pausa tras la pregunta de Caleb y se cruzó de piernas sobre la mesa del hombre, colocando uno de sus codos apoyado sobre su muslo mientras que la mano sostenía su mentón, como si realmente estuviera pensando algo muy complejo. – Pues no sé. – Se rasco el pómulo, pero antes si quiera de poder dar tiempo a su acompañante a responder, abrió los ojos y la boca más que antes y comenzó a hablar nuevamente. - ¡Ya sé! – Casi se cae al suelo del brinco que pego, pero rápidamente volvió a asentarse sobre la mesa. – En verdad no. Pero cualquier muggle que necesitara ser desmemorizado acabaría con recuerdos como el de la orgía, estoy segura. Tener que meter recuerdos en la cabeza de alguien es perfecto para divertirse a su costa, como hacerle creer a alguien que es un pato. Imagina a un humano que cree que es un pato. En verdad cuando alguien acababa retrasado en Hogwarts por un encantamiento mal hecho y se creía que era un pato me resultaba gracioso. – Era simple, pero era de risa fácil.

Al hablar sobre el trabajo de Fly saltó a la vista que, obviamente, no imponía mucho. Pero por algún casual el hombre tampoco se sorprendió mucho. Fly lo atribuyó al simple hecho de conocer a aurores de Hufflepuff, lo que hace que hasta la persona menos amenazante te parezca que tiene sentido a la hora de ser auror. Y mucho más útil, claro está. Lo que no pensó, obviamente, es que ambos ya se conocían y que Caleb no era más que otro mortífago. Y no uno cualquiera, sino el simpático que le había atravesado una pierna con una barra de hierro. Ese simpático por el cual había estado en San Mungo durante casi una semana sufriendo las amenazas de Daniel cada vez que la pillaba fuera de la cama. Maldito Daniel, que estricto era, eso de ser Sanador y encima Jefe, le sentaba mal a cualquiera. Estos médicos que se las dan de dioses… - Espera. – Alzó una mano guardando silencio tras oír la frase referente a las personas pequeñas. – Eso es que la tienes pequeña. – Dijo muy seria. Luego sonrió de medio lado y se encogió de hombros. – Cualquier mujer es matona, especialmente un lunes a primera hora de la mañana. - ¡Espera, era lunes a primera hora de la mañana! En verdad Fly era un tanto hiperactiva, por lo que esa regla no se le aplicaba, ya que por tener sueño lo tenía a todas horas.

Slytherin era la casa de la promiscuidad. En lugar de tener una serpiente como insignia deberían tener un preservativo, y así al menos no habría accidentes como el de Caleb y su hijo de diecisiete años que seguro que acababa dejando otro bombo por ahí. – ¿Yo Slytherin? Por favor, que insulto. Esas serpientes que sólo actúan por su propia conveniencia y que no les importa lo que tengan que hacer para conseguir lo que quieren. – Negó con la cabeza mientras permanecía con los ojos cerrados. Luego los abrió y afirmó con la cabeza. – Sí, también Slytherin.  

Es que eso de ser Mortífago y Slytherin estaba muy visto, y total, siendo Auror haces lo mismo pero sin tener un tatuaje en el brazo y sin matar gente. Bueno, a veces, que todos somos humanos y hay Mortífagos toca pelotas que a veces se caen desde azoteas, o a los que les aplasta una puerta de metal o atraviesa una viga de madera… Ya sabes, gajes del oficio. – Dijo con tono bromista. Ella jamás había matado a nadie, pero siempre le resultaba divertido volar cosas, y eso hacía que muchas veces algún que otro Mortífago hubiera acabado con un brazo de menos o con un par de brechas.

Joder tío, espero que no fuera en la de pociones porque sino seguro que tu pobre hijo te salió tonto de los olores que había por ahí. Si lo raro es que no acabaras cogiendo cualquier enfermedad por la falta de higiene de ese puto sitio.- Joder, si a ella le daba pereza tener un hijo alguna vez en su vida, ya ser abuela… Por Merlín, que trauma, mejor ni pensarlo. Lo mejor era tener erizos, los hijos son mainstream. – Seguro que es más listo y tira a la madre desde una torre para hacer un aborto natural. – Hizo una pausa.  – Es broma. – Al menos un poco.
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Caleb Dankworth el Dom Feb 22, 2015 10:42 pm

Fly quiso que le contase alguna historia divertida sobre el recuerdo más ridículo que le había quitado a un Muggle y el recuerdo más ridículo que le había implantado a uno en la mente. Pensé un poco hasta que recordé uno de los mejores días en mi trabajo, en el que habíamos encontrado a aquel hombre corriendo desnudo por atrafagar Square con su cabeza convertida en la de un ciervo. En cuando le conté aquella historia, Fly comenzó a reírse a carcajadas. Su risa era contagiosa, e hizo que yo también me riese sin quererlo. La vida da muchas vueltas. ¿Quién me iba a decir que iba a estar riéndome así con la mujer que casi me mata y a la que casi mato (vamos, que casi nos matamos el uno al otro) hace apenas un par de meses? Qué locura. Seguía cayéndome mal la mujer. Es Aurora, defiende a los Muggles y a la escoria que los de mi bando estamos intentado hacer desaparecer de la faz de la tierra, y es una grandísima cabrona (o al menos lo es cuando pelea) pero en estos momentos me está cayendo bien. Así sería mucho menos difícil aparentar ser uno de los buenos para ocultar mi verdadera identidad, pues si me hubiese caído tan mal cuando no estamos peleando como cuando sí, entonces tendríamos un problema.

-Va en serio- afirmé, asintiendo con la cabeza y riendo al ver la expresión en el rostro de Fly. ¡Si hasta estaba llorando de la risa! Y no es para menos, pues aquella situación había sido la cosa más divertida del mundo.- No, no lo descubrimos. Nosotros no hacemos las investigaciones. ¿No es ese vuestro trabajo, pillar a los que joden a los Muggles?- nosotros ya teníamos suficiente trabajo con borrar y modificar la memoria, y los Aurores son unos vagos, así que se dediquen ellos a investigar. Aunque no se si descubrirían muchas cosas, pues no han demostrado ser muy buenos en su trabajo. Lo único que tiene que hacer es encontrar mortífagos y aquí estamos, justo delante de sus narices.

La primera historia había sido tan graciosa que la segunda no le hizo tanta gracia, y además era algo que se escuchaba a menudo que los desmemorizadores hacíamos para encubrir los accidentes raros que habían tenido los Muggles.- No puedo ponerle ese recuerdo a un Muggle. ¡Perdería mi trabajo!

Le pregunté a Fly qué recuerdos metería ella para ver qué clases de cosas malvadas se le ocurrían, y así de paso me podría dar ideas y entretenerme un rato. Como ella no se dedica a esto pues no se le ocurrió nada al principio, pero luego le vino una idea a la cabeza y dijo que sería divertido hacer creer a alguien que era un pato. ¿En serio, un pato? La miré alzando una ceja con expresión divertida.- En mis años en Hogwarts nunca vi a nadie que pensase que era un pato, pero ese sería sin duda divertido-dije.- ¿Quieres una demostración? Puedo hacer que tengas un recuerdo falso de lo que quieras. Luego lo modificaré para que sepas que ese recuerdo no es real- le propuse entonces con una sonrisa pícara. Ya que estábamos hablando de meter recuerdos falsos y divertidos en la mente de la gente, ¿por qué no hacerlo de verdad? Era algo completamente no profesional, por eso era genial.

Era curioso que los Aurores contratasen a gente con pinta tan poco intimidante, pero eso explicaba por qué los mortífagos nunca nos les tomamos en serio. Vemos a los Aurores con pintas como la de esta chica, que parece una alumna de segundo de Hogwarts, y nos echamos unas buenas risas. Claro que luego las puñeteras tías con pinta de tener dice años nos congelan el culo y la cosa ya no tiene tanta gracia. Comenté que las mujeres pequeñas eran las más matonas, y le di un trago a mi petaca. Todavía estaba bebiendo cuando Fly contestó a mi comentario con algo que no me esperaba, y estuve a punto de atragantarme. La miré con gesto de pocos amigos pero a la vez con la sombra de una media sonrisa pícara.- No tengo ningún problema en demostrar que eso es una grandísima mentira- dije, incapaz de mantener el gesto serio.- Y prefiero que las mujeres sean matones por la noche, por la mañana en el trabajo dan mucho dolor de cabeza.

Incluso antes de que Fly confirmase que sí que había estado en Slytherin, se notaba. No era noble como los Gryffindor, cosa que había comprobado al pelear con ella, y no parecía tener la estupidez de los Hufflepuff, ni tenía los aires de un Ravenclaw. Nunca había visto a un Slytherin convertido en Auror, pero Fly sí que tenía pinta de ser Slytherin por como actúa, aunque de una manera diferente al resto de los de nuestra Casa. Era curioso.

-Se te nota- dije, y entonces escuché lo que dijo sobre que ser Slytherin y mortífago estaba muy visto. Yo conocía a mortífagos que venían de otras Casas, sobre todo de Ravenclaw, pero es cierto que los Slytherin somos una plaga entre las filas del Señor Tenebroso. A este paso me parece casi un milagro que no nos estén investigando a todos por el simple hecho de haber pertenecido a esa Casa ni que estén vigilando a los alumnos que hay ahora mismo en el colegio, pues más de la mitad se unirían a nosotros al graduarse.

Fly habló de matar mortífagos y tuve que usar todas mis fuerzas para no coger la varita en ese momento y hacerla volar en mil pedazos. Era por culpa de gente como ella que yo ya no tengo un hermano mayor y que muchos de mis compañeros están muertos o encerrados en Azkaban. Es curioso que eso me haga sentir tanta ira, ya que por culpa mía y la de los demás mortífagos seguro que hay mucha gente a la que Fly conoce que está muerta. Ambos bandos estamos atrapados en un ciclo interminable de odiarnos los unos a los otros por culpa de la guerra, pero nadie pensaba pararla. O al menos los mortífagos no pensábamos hacer tal cosa. Me forcé a mí mismo para esbozar una sonrisa, la cual pareció muy natural. Tengo un gran talento innato para mentir y que parezca que estoy en el bando de esta gente.- Sí, gajes del oficio... Pero se dice por ahí que hay algunos compañeros tuyos que disfrutan torturando a los mortífagos que arrestan, e incluso matándoles. Hay algunos que se meten en esa profesión precisamente para poder saliese con la suya simplemente porque tienen la placa de Auror- no estaba diciendo ninguna mentira. Muchos Aurores abusan de su autoridad, no se podía negar. Lo he escuchado por los pasillos, y los he visto con mis propios ojos detrás de mi máscara.

Fly se rió cuando dije lo del aula de pociones. La tensión que había dentro de mí desapareció un poco. Me estaba cayendo bien la Aurora, a pesar de lo que había pasado hacia meses, pero pensar en los Aurores que se cargaban a los míos me había molestado. Sonreí divertido con su comentario.- Snape todavía no era profesor cuando yo estaba en Hogwarts, así que ese aula estaba muchísimo más limpia, te lo aseguro- abrí los ojos escandalizado cuando Fly hizo esa broma. Sabía que era broma, era obvio, pero la imagen mental no era bonita. Es irónico como para algunas cosas soy una salvaje y para otras soy tan moral. Reí, manteniendo aún los ojos muy abiertos.- ¡Espero haberle dado una mejor educación que eso!- exclamé medio riendo.
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Fiona T. Shadows el Miér Feb 25, 2015 11:52 am

El trabajo de los Aurores era muy relativo. Algunos únicamente se dedicaban a viajar entre los Ministerios con los diferentes casos para mantener alerta a los países; otros tenían trabajo de oficina archivando casos y viendo cuáles podían resolverse; otros estaban de un lado para otro buscando indicios de magia que pudiera dañar a los muggles; otros se encargaban de la seguridad del propio Ministerio y Ministro de Magia (que ya me dirás tú para que quiere alguien proteger a Batman cuando encima es de los malos) y otros… Otros se dedicaban a descansar en la oficina hasta que saltaba la alarma. Esos que a veces recibían una documentación y tenían que ir a investigar la zona y que eran los primeros que se apuntaban a una salida peligrosa en cuanto tenían la oportunidad. En ese grupo se encontraba Fly, pues alguien que es incapaz de permanecer mucho tiempo en el mismo sitio, es imposible que se dedique a juguetear con documentos durante todo el día.

- Depende de dónde trabajes. No todos los Aurores hacemos lo mismo, sino esto sería más desastre de lo que ya es. – Afirmó la castaña mientras movía los pies sobre la mesa del hombre de manera infantil. Era bajita y, por tanto, sus pies no lograban alcanzar el suelo, por lo que los movía de manera divertida para entretenerse mientras hablaba con Caleb. O más bien porque la opción de estarse quieta dos minutos no entraba dentro de sus planes. – Creo que hay una categoría dentro de los Aurores que se dedica a trabajar con vosotros, pero como no me incumbe, no tengo ni la más remota idea.

Alzó una ceja cuando Caleb mencionó perder su trabajo. Pero vamos a ver, si ahí cualquiera hacía el subnormal y no le despedían. ¡No pasaba nada! – Como persona que te conoce desde hace diez minutos tengo que decirte que no tienes pinta de preocuparte mucho por perder tu trabajo por ponerle un recuerdo absurdo a un muggle. – Dijo totalmente seria. Era verdad, Caleb tenía cara de trabajar y entretenerse con ello. Aunque para Fly todo el mundo debía ser así, ya que no entendía la gente que trabajaba y ya, que no le gustaba su trabajo. Para eso que se busquen uno nuevo, como peluquero de mascotas. – Además, no creo que pase nada por implantar recuerdos falsos. ¿A quién se lo va a decir? Y es más… ¿Cómo narices va a notar que son falsos? – Alzó ambas cejas y negó con la cabeza sin apartar los ojos del hombre. Todo eran excusas para ser productivos y  no pasar un buen rato. ¡Qué gente más aburrida trabaja en el Ministerio de Magia, por Merlín!

Cuando el hombre “amenazó” con implantar recuerdos nuevos en su cabeza, la chica se limitó a echarse hacia atrás alzando ambas manos en pose de seguridad o más bien de “quita bicho de Satán, a mí ni me toques”. – Como vea que sacas tu varita con intenciones sospechosas te mataré y diré que fue en defensa propia. ¡Y lo será! – Añadió con tono dramático. En verdad se estaba descojonando por dentro, pero que te amenace una persona que mide poco más de metro y medio tiene que resultar muy cómico. Especialmente cuando te ha pateado el culo en otra ocasión y ni si quiera lo sabe. ¿Lo ves? ¿Para qué desmemorizar a la gente si otros ni se acuerdan de con quien se duelan? Trabajo innecesario, todos al paro ya.

Matar mortífagos era algo que resultaba estar bien visto en el cuerpo de Aurores. Cuando cualquiera llegaba de una misión y en lugar de haber capturado a alguien decía que lo había matado, el resto lo celebraba y todo. Fly no le veía la gracia, básicamente porque cualquiera de esos mortífagos muertos podría haber sido su hermano. Y para ser sinceros, cualquiera de esos mortífagos podría haber sido Abi, que por mucho que sudase del tema, estaba más que claro que trabajaba para ese grupo por mucho que Fly girase la cabeza para hacer que no sabía nada. Es lo que tiene que te caiga bien la gente. – A ver, es divertido perseguirlos, no te digo que no. Pero de eso a matar a alguien… - Se encogió de hombros, lo cierto es que si nunca has matado a nadie ver cómo alguien celebra haberlo hecho no tiene mucha gracia. – En mi caso sí es verdad que estoy ahí porque me divierte, para qué engañarnos, pero no es porque tenga una placa de Auror. – Buscó entre su ropa. – Básicamente porque nunca sé dónde la tengo. – Dijo a modo de broma. En verdad estaba en alguna parte que sabía. Estaba desordenadamente ordenada en algún lugar que ya recordaría.

- ¿Y qué? Esa clase siempre ha sido antihigiénica, seguro que tu hijo salió retrasado por los vapores de esa clase. – Dijo a modo de broma. Pero como hay gente que no pilla el fino humor no inglés de Fly, decidió aclararlo antes de ganarse un enemigo. Porque sí, hay gente que se toma fatal las bromas y te odia de por vida sin si quiera conocerte. Maldita gente. – Es broma.

¿Ser abuelo tan joven? Joder, si ya daba pereza tener hijos ya tener nietos ni te cuento. – Mira el lado bueno, en Navidad podrás comprar pañales y biberones y no tendrás que pensar demasiado que regalarle a tu hijo. – Dijo con tono divertido mientras pegaba un saltito de la mesa y se bajaba de esta.

Como persona curiosa que era, esta vez se fue a las estanterías, toqueteando los libros que había por ahí y las figuritas que podían encontrarse. Y más mierda que queda a la imaginación del lector, claro, no había solo figuritas y libros. Se giró sobre sus talones y apoyó la espalda en la pared y miró a Caleb. – Entonces, ¿William ha muerto y has escondido su cadáver por aquí? – Preguntó con tono dramático, aunque ya había quedado claro que no trabajaba aquel día, claro. – Y me ha dejado tirada en mi mañana de lunes en la que deambulamos por Londres en busca de lugares donde perder el tiempo. – Recapituló y se acercó al hombre antes de agarrar su brazo y tirar de él hacia la puerta. – Pues te nombro mi compañero de no aburrimiento de hoy. – Añadió. Y sin decir más, abrió la puerta y salió rumbo al piso de arriba tirando del brazo de Caleb. Confianzas. Que bonitas las confianzas entre desconocidos.
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Caleb Dankworth el Dom Mar 22, 2015 8:22 pm

Cuando le pregunté a Fly que si el trabajo de investigar las cosas raras que le pasaban a los Muggles no era tarea de los Aurores me contestó confesando que como eso no era a lo que se dedicaba ella, no tenía ni idea. Así va el cuerpo de Aurores, es un desastre por la falta de organización y el completo desinterés de casi todos los que trabajan ahí. Puede que a la hora de duelarse fuesen competentes, pero la mayoría de ellos no hacían nada más, y mucho no podían ni hacer la o con un canuto. Fly no tenía pinta de tonta. Es más, parecía bastante espabilada, y yo sabía que era buena en los duelos. Pero si el resto de sus compañeros es tan pasota como ella no me extraña que ocuparnos de ellos cada vez sea tarea más fácil. Pocas veces en mi vida me había encontrado con Aurores realmente buenos. El mejor con el que me había topado había sido mi suegro, Ezra FitzRoy, uno de los mejores en duelos mágicos que he visto en mi vida, serio, trabajador, intimidante, y que no tenía piedad con sus enemigos. No por nada había llegado a ser el Jefe de Aurores en su época. Cuando él estaba al mando los Aurores sí que valían para algo, pues sólo dejaba entrar a los mejores en sus filas. Pero la muerte de su hija le llevó a beber en exceso, como a mí, sólo que él no supo controlarlo... El alcohol le hizo perder su puesto pero incrementó su rabia, y a mí ni ca dejó de molestarme. ¿Adónde le llevó eso? A acabar muerto y enterrado a seis metros bajos tierra después de que yo le hiciese arder en llamas a causa de lo que estaba pasando con Alyss por su culpa... No hay nada más satisfactorio que ver a un Auror, a un enemigo, morir gritando de dolor delante de tus ojos... En Hogsmeade me habría gustado hacer lo mismo con la Aurora con la que en ese mismo momento estaba hablando, pero desgraciadamente aquella oportunidad se me escapó de las manos como humo o agua escabulléndose entre mis dedos...

Me hizo gracia que Fly dijese que yo no tenía pinta de ir a preocuparme mucho si me despedían, y me crucé de brazos sobre el pecho mientras la miraba con una ceja alzada. ¿Acaso tanta pinta de pijo tengo? Eso suele ser lo que lleva a la gente a pensar lo mismo que está diciendo ella en estos momentos, y siempre lo encontraba gracioso, sobre todo porque hace años perder el trabajo habría sido una pesadilla para mí. Maldito mi padre y malditas sus formas de querer disciplinar me, quitándome el dinero durante un aló entero para que yo me buscase la vida solo. Luego recuperé mi herencia, obviamente, y después mis padres murieron y me lo dejaron todo.- ¿Ah sí? ¿Y qué te hace pensar eso? ¿Tengo pinta de conseguir trabajos fácilmente o de que me doy baños de oro?- pregunté con tono divertido.- La verdad es que tienes razón, perder el trabajo no sería una tragedia... Pero eso no quedaría muy bien en el expediente, ¿no crees? Si dejo el trabajo prefiero que sea porque me da la gana a mí. Además, si no trabajo acabaré volviéndome loco, necesito algo que hacer- confesé. Era cierto, si estaba todo el rato en casa acabaría desquiciándome a mí mismo todavía más. Fly se preguntó entonces cómo alguien se iba a dar cuenta de que sus recuerdos eran falsos.- Bueno, pues normalmente cuando vas por la vida creyendo que en algún momento has sido un pato, se lo mencionas a alguien. Y ese alguien piensa que estas loco. Y si no te das cuenta de que son recuerdos falsos o piensas que ha sido un sueño o algo entonces acabas encerrado en un hospital mental- en más de una ocasión alguno de mis compañeros de trabajo había metido la pata y ese había sido el destino de algún que otro muggle.

Me ofrecí a hacer una pequeña demostración, pero no lo hice con ninguna mala intención. Si tuviese malas intenciones en aquel momento ya habría hecho algo para perjudicar a la Aurora, pero estábamos en el Ministerio, lugar donde no me apetece meterme en líos por mucho que el Ministro sea de los nuestros, y además la chica había conseguido algo que hasta el momento había parecido imposible: caerme bien. La vida es muy irónica y da muchas vueltas. Durante meses había odiado a esa Aurora y ahora me está entreteniendo bastante. Las relaciones humanas son tan complicadas.... Volviendo al caso, le ofrecí hacerle una demostración, pero ella no quería ni probarlo. Reí con su reacción y su comentario.- ¡Tranquila, tranquila! No te voy a hacer nada, sólo me preguntaba si tenías curiosidad por saber cómo se siente uno al tener un recuerdo falso ridículo. Al ser consciente de que es falso se sentiría como si hubiese sido un suelo muy detallado- expliqué, pero no insistí. Si no quería una demostración me ahorraba el trabajo de hacer todos esos encantamientos complicados.

Por cuestiones más bien obvias, Fly y yo teníamos opinions diferentes acerca de la mania de sus compañeros de trabajo de matar a los míos. Ella no sabía que eran los míos, claro, o ahora mismo estaríamos retomando lo que dejamos pendiente en Hogsmeade el día del ataque. Ella parecía no darle muchas vueltas a ese tema. Típico. En situaciones como esta demuestro ser uno de los hombres más hipócritas del mundo, pues que un mortífago se queje de que estén matando a los suyos cuando básicamente nuestro trabajo es liquidar a todo el que se nos ponga por delante, y torturarlos horriblemente si teníamos tiempo… Pero obviamente voya  defender a los míos, no a los Aurores. Odio a los Aurores, sin importer que cuando no están trabajando e intentando matarme o encerrarme en Azkaban de por vida puedan llegar a ser tolerables y majos.- Deberías buscarla- dije cuando dijo que no sabía dónde tenía su placa.- No puedes ir por ahí diciendo que eres Aurora sin poder demostrarlo. ¡Pierdes autoridad!

Solté una risotada cuando dijo que a lo mejor mi hijo había salido retrasado por culpa de los vapores del aula de Pociones, y volví a mirarla con una ceja alzada y expression divertida. Era imposible que esta chica no se hubiese fumado nada antes de venir aquí, dice todo lo que se le pasa por la cabeza casi sin filtro. Eso era gracioso, y también un buen cambio de aires después de estar trabajando todos los días con gente que parece que les han metido un ladrillo por el culo. Ni siquiera un palo, ¡un ladrillo!- No es el caso, puedes estar tranquila- dije con una sonrisa suave. Volví a reír con el comentario de los regalos de Navidad.- Eso es certo, aunque nunca tengo mucho problema con los regalos de Navidad. Somos una familia muy pequeña y nunca hay mucho que pensar, no me estreso. ¿Y tú tienes pensado tener hijos?- pregunté con curiosidad. Los Aurores solían tener los hijos muy tarde por culpa de sus carreras, y eso era si al final decían tenerlos. Era más difícil para las mujeres Auroras, que no podían compaginar tan bien luchar contra nosotros con cuidar una familia.

- Ganas no faltan- dije medio en broma medio en serio cuando preguntó que si había matado y escondido a William por ahí.- Perdona, es tu amigo pero a mí no me cae muy bien- dije con sinceridad, encogiéndome de hombres con cara de “qué se le va a hacer”.- ¿Te ha dejado tirada? Vaya, qué descortés. Necesitas buscarte nuevos amigos- fue entonces cuando pasó lo inesperado. Fly se acercó a mí y me agarró del brazo, tirando de mí para arrastrarme fuera del despacho. Estaba tan sorprendido que no pude reaccionar resistiéndome, así que la seguí. Sacudí la varita rápidamente para hacer que todos los papeles y las cosas que estaban desordenadas volviesen a su sitio justo antes de que la puerta del despacho se cerrase detrás de nosotros, y salimos del cuartel de Desmemorizadores.- ¡¿Adónde me llevas?!- pregunté con curiosidad mientras la seguía por el pasillo del Ministerio hacia los ascensores.- Esto es un secuestro,- bromeé mientras el ascensor nos llevaba rápidamente a otro piso.- Me gusta- comenté entonces.- ¿Qué vamos a hacer? ¿Me llevas a algún sitio alejado y solitario donde puedas abuser de tu autoridad y violarme? Se que este cuerpo y esta cara son tentadores, pero solo tienes que pedir, no hace falta ir a los extremos- dije con tono extremadamente sarcástico y bromista.
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Fiona T. Shadows el Jue Mar 26, 2015 10:55 pm

Lo cierto es que aquel hombre tenía aspecto de putero que sólo bebe Bourbon y que se cree superior al resto de la humanidad por tener algo así como una cara bonita para la mayor parte de las tías. Pues para Fly tenía más bien cara de señor que sufre un accidente de avión junto con su hermanastra rubia y tonta a la que se tira porque la ama con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento y que se hace amigo de un señor calvete con cara de tener nombre de filósofo. Y además de todo esto, siguiendo a su amiguito para filosofear, se cae desde una avioneta llena de imágenes de la virgen maría llenas de droga y le tienen que amputar una pierna por la gravedad de sus heridas internas para que al final decida morir para no ser una pérdida de medicamentos para el resto del equipo. Sí, efectivamente, tenía más pinta de ese tipo de señor que del de aficionado a la bebida y a las chicas iguales.

- Más bien de que no te importa demasiado tu trabajo y si estás aquí es por guardas las apariencias más que otra cosa. No te veo una persona que hace su trabajo por ayudar a la Comunidad Mágica, aunque la mitad de los que trabajan aquí lo hacen por una miseria de sueldo y  no porque se sientan bien trabajando. – Admitió. Sabía de sobra que William hacía su trabajo porque le gustaba ayudar a los demás, pero aquel tipo no tenía ninguna cara de ser una hermanita de la caridad preocupada por los demás. – Con lo gratificante que es no tener absolutamente nada que hacer pero sí tener dinero para irte de vacaciones, de cenas, de fiesta… Todo son quejas. – No entendía cómo la gente podía decir que se aburrían de no hacer nada. La gente esa amargada que decían que en verano tenían muchas vacaciones y se aburrían… ¿De qué va esa gente, tío? No saben nada, Juan de las Nieves.

Se encogió de hombros ante la respuesta del hombre. Ella no le veía sentido. Si piensas que alguna vez has sido un pato pues no se lo dices a nadie, no vaya a ser que piensen que le das a las drogas y te internen en un centro de desintoxicación o, peor aún, comiencen a pensar que realmente en otra vida fuiste un pato y te dejen de lado por no ser una oca. ¿O el cuento era al contrario? – A lo mejor es un mal sueño, o cosa de drogas. No sé, si me dices ahora que piensas que cuando estabas en Hogwarts tenías un cuerno de unicornio no voy a pensar que un desmemorizador  ha metido recuerdos falsos en tu cabeza, más bien que eres retrasado. O que te esnifabas todas las especias que encontrabas por el aula de pociones. Como los niños muggles con el pegamento. – La cultura muggle llegaba a ser fascinante a veces. Fly no había cursado estudios muggles en Hogwarts, pero siempre le había parecido algo realmente gracioso y a veces incluso se arrepentía de no haber ido a aquella clase para ver las gilipolleces que los muggles hacían al no tener magia para nada.

Los objetos y Fly no eran amigos. Ni las puertas, porque se daba con ellas. Ni las baldas superiores, porque no llegaba a ellas. Era una persona amigable de manera selectiva, y por eso, perdía las cosas fácilmente. Ahí su placa. Como Drake, pero Drake había perdido su placa de verdad de la buena. Ella simplemente la había dejado vete tú a saber dónde. Pero en un vete a saber dónde que posiblemente estaría al alcance de su mano, pero que simplemente no se había dado cuenta de ello. Era desordenada, pero vivía en su desorden ordenado. - ¿Midiendo un metro cincuenta y cinco tengo alguna autoridad? No, pues eso. Con placa o sin placa voy a seguir pareciendo un Hobbit y me va a seguir importando una puta mierda lo que puedan creer que impongo o no. – Para ser sinceros, alguien con el aspecto físico de Fly no atemorizaba, pero sus formas y su mal carácter una vez que la conocías si lo hacían. Durante sus años en Hogwarts tuvo mala fama por caer en Slytherin, porque claro, decías “yo soy slytherin” y todos usaban cuerda huída por si les golpeabas con una plancha en la cabeza o algo por el estilo. Ya luego la conocían y pensaban cómo el sombrero podía haberse equivocado tanto a la hora de seleccionar a aquella pobre chica. Pero no, una vez habría un poco más la boca demostraba que ser purista no era necesario para ser un tanto hijo de puta.

Casi se cae al suelo del ataque de risa que le entró en aquel momento. Tener hijos. Sí, y dos conejos, tres cerdos y un caballo. Ya de paso, una granja entera. No, no, la idea de tener hijos estaba muy lejos de las ideas de vida de Fly y más si pensaba que el padre tendría que ser Drake. Imagina que los pobres desgraciados salen a su padre y acaban en Hufflepuff. Los ahoga en la bañera, vamos. – No, tío, no. – Dijo tras reír. Reír mucho. Varios minutos. En serio. Ataque grande de risa. – Aún soy joven para pensar en hijos. – Bueno, no, en verdad no, pero cualquier excusa era buena. – E imagina que alguno cae en Hufflepuff. Lo mato.

- Pobre William, en el fondo en un encanto. Demasiado moralista para mi gusto, pero buena gente. – Sí, era como Pepito Grillo, que te hacía pensar si las cosas estaban bien o mal, y para alguien como Fly eso no era lo adecuado. Pero no pasaba nada. Nada de nada, ni mucho ni poco. Como decían en Café Quijano, filósofos y pensadores. Y también algo así como músicos, pero no demasiado.

Como persona impulsiva que era, tiró del hombre en dirección al a puerta. Básicamente porque estar mucho tiempo en un mismo sitio era más aburrido que ver la teletienda a las tres de la tarde. Porque todo el mundo sabe que la teletienda hay que verla a altas horas de la madrugada, sino no tiene sentido alguno. – A un mundo ideal, Aladdin. – Dijo diendo una vuelta sobre sí misma al soltarlo a la salida del cuartel. Como si eso fuera un cuartel, eh, que en verdad eran cuatro mesas mal puestas. – No te ofendas, pero no eres mi tipo.  Tienes demasiada pinta de “hey, nena, mírame, soy un tipo malo”. – Se encogió de hombros y se dirigió a la salida. Pero algo pasó en ese tránsito.

Un patronus con forma de mono apareció de la nada con la voz de Drake en su interior diciendo que era urgente que apareciese en el cuartel general. No dijo que cuartel, pero era el de la Orden. Seguramente se trataba de una misión de vida o muerte, como que no encontrara el cola-cao y necesitara tomarse uno con urgencia. – Esto… Trabajo. – Le guiñó un ojo al hombre y sin decir nada más, desapareció.
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