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For Reasons Unknown [Roselyn K. Birdwhistle]

Circe A. Masbecth el Sáb Ene 10, 2015 1:10 am

For Reasons Unknown

▲Aula 11. ▲Viernes, dos y veinte de la madrugada. ▲ Roselyn K. Birdwhistle ▲


¿En qué momento había decidido que salir de la Sala Común era buena idea cuando pasaban ya las dos de la madrugada? Había perdido la noción del tiempo dando vueltas por la Sala Común intentando conciliar el sueño. Se había tirado sobre el sillón principal varias veces, había comenzado a leer una novela con personajes planos, argumentos predecibles y redacción mediocre que tanto gustaban a los adolescentes hoy en día, había intentado volver a la cama, incluso se había planteado ir a las cocinas en busca de algo que llevarse a la boca. Pero nada parecía ser suficiente para conciliar el sueño. Le quedaba el respiro de ser viernes por la noche, de no tener que madrugar para ir a clase al día siguiente, lo que no significase que no le importase pasar la noche en vela sin poder dormir.

Estiró ambas piernas sobre el sillón en el que había decidido intentar dormirse y optó por dar un nuevo paseo por la Sala Común. Un par de pasos y ya había perdido las ganas de seguir intentando dormir encerrada entre esas cuatro paredes. Echó un último vistazo a las escaleras que conducían a los dormitorios femeninos de las alumnas de Slytherin y se colocó la camisa de cuadros del pijama para salir fuera. Una ráfaga de aire frío golpeó su rostro en cuanto dejó atrás el calor de la chimenea de su propia Sala Común. La rubia se apresuró a cubrir sus brazos con la tela del pijama y sus zapatillas resonaron por las mazmorras vacías. Alzó la varita que por una vez se había acordado de bajar a la Sala Común y pronunció un lumus apenas audible mientras seguía caminando por las mazmorras.

Nadie. Nada. No había nadie por los pasillos, ni una respiración. El silencio se encargaba de reinar en el castillo a aquellas horas de la mañana y Circe lo agradeció, pues de haber encontrado a cualquier persona habría acabado por usar la varita como arma arrojadiza con tal de no tener que soportar a alguien alardeando sobre el horario fuera de la cama. Soltó un corto bostezo tapándose la boca con la mano libre y siguió caminando hasta llegar a la primera planta, donde se topó con un par de cuadros que no tardaron en farfullar sobre lo molesta que era la luz a tales horas de la madrugada. La rubia hizo caso omiso de sus palabras y siguió caminando hasta que el alarido provocado por una de las mujeres de los cuadros hizo que girase sobre sí misma para ver una sonrisa macabra en el rostro de la mujer, quien comenzó a sollozar en ese mismo momento.

La rubia no entendía qué narices sucedía. Pero no tardó en averiguarlo cuando el Barón Sanguinario hizo acto de presencia pasando a través del cuadro en el que se encontraba la mujer, quien se escondió saltando de cuadro en cuando, como si cambiar de hogar hiciera que la aparición del fantasma de Slytherin fuera menos traumática. La chica siguió con la mirada los movimientos del fantasma, quien siempre se comportaba como si fuera el único ser sobre la faz de la tierra. El fantasma de Slytherin era un caso perdido, siempre ajeno a lo que sucedía a su alrededor, siempre en silencio, como si las personas que se encontraban a su alrededor no fueran merecedores de escuchar su voz. O quizá alguien le había arrancado la lengua cuando vivía, no lo sabía con exactitud, y tampoco tenía demasiadas ganas de averiguarlo. Era una persona curiosa por naturaleza, claro que lo era, pero tenía que admitir que aquel fantasma imponía a pesar de ya estar muerto.

Giró sobre sí misma e ignoró la presencia del fantasma que siguió su camino atravesando la siguiente pared que se cruzó en su camino. Circe hizo lo mismo, pero en lugar de atravesar una pared, lo hizo con una puerta abierta, cosas de humanos que no tienen la capacidad para ir atravesando la materia sólida.

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Invitado el Lun Ene 12, 2015 5:20 am

Dentro de las habitaciones femeninas reinaba un increíble silencio, a penas se escuchaban las tenues respiraciones de sus integrantes, nada parecía ser capaz de romper aquella especie de hechizo que rodeaba el lugar haciendo que pareciese un lugar encantador y como no serlo con la entrada de la blanca luz de la luna por uno de los grandes ventanales alrededor de la torre; sin embargo no todo el mundo se encontraba dormido y pese a que así pareciera entre las sombras se escondía el cuerpo de la joven de castaños cabellos quien observaba de manera perdida el paisaje que mostraba la ventana. Todo un espectáculo si se preguntase a algunos de los integrantes de la casa de las águilas, la vista desde allí era verdaderamente envidiable.

Aunque Roselyn no se encontraba muy concentrada en el espectáculo que daba el calamar gigante cuando efectuaba una pequeña vuelta en el agua, sacando tentáculos a la superficie como si saludase, no, claro que no. Ella estaba más concentrada con una pequeña discusión interna acerca de que era lo que tendría que hacer, era demasiado tarde pero aun así no tenías deseos de dormir, tenía las pociones para dormir sin sueño pero a esas alturas no tenía un verdadero deseo por meterse a la cama como el resto de sus compañeras. La disyuntiva de que hacer no duró mucho tiempo más, lentamente se deslizó hacía la puerta luego de tomar la prenda azulada que la cubriría del frío y tomando un par de pantuflas para mantener sus pies calientes llegó a la sala común con tranquilidad antes de salir escaleras abajo.

¿Donde iba? Ni ella misma lo sabía, pero mientras más bajaba más deseos de recorrer el castillo inundaban sus pensamientos, y aunque no fuera cierto que desconociese el castillo, siempre se encontraba entretenida en seguir buscando pasillos, puertas, salones sin utilizar o entradas secretas e incluso hacerlo con la compañía de la noche le parecía más tentador. Cuando llegó al tercer piso escuchó un pequeño ruido que la tomó por sorpresa, el maullido de un gato, se encontraba más que segura de que no era Milenko, su gato de angora blanco por lo que ello solo significaba una cosa, la Señora Norris; un escalofrío recorrió su columna vertebral antes de que comenzase un rápido descenso saltando de dos en dos los escalones. No era su intención que la castigasen ni mucho menos que le quitaran los puntos que con tanto ahínco ganaba para su casa.

Saltó el último par de escalones que la llevaron a la planta baja, escondiéndose en una de las tantas aulas que se encontraban vacías a esa hora sin siquiera cerrar la puerta, sabía de la agilidad de los gatos pero consideraba casi imposible el hecho de que pudiera haberla seguido en tan poco tiempo ya que después de todo debía buscar al celador, apoyó su menuda figura contra uno de los muros sumidos en penumbras y esperó, comenzando a contar snitchs en voz baja. Como una mera formalidad para estar consciente del tiempo transcurrido. "Cuarenta y nueve snitchs, cincuencia snitchs..." resonaba en su cabeza uno tras otro de sus pensamientos, casi segura de que nadie iba a encontrarla aunque llevándose un verdadero susto cuando la iluminada figura del Barón Sanguinario pasó a su lado ignorándola totalmente. Suspiró en voz baja antes de llenar sus pulmones del preciado oxigeno para así poder salir de la sala donde se encontraba.

Con un pequeño lumus iluminó la punta de su varita para así tratar de descubrir donde se encontraba, más cuando consiguió la iluminación suficiente para verificar su localización una figura a simple vista femenina se introdujo por la puerta; escondió la varita debajo de su pijama intentando no hacer ruido intentando dar si se trataba de un alumno más o simplemente perdería parte de su orgullo al verse descubierta por un profesor.

- ¿Circe...? - Preguntó unos pocos segundos más tarde, encontrándose con aquella despampanante rubia con quien había compartido alguna clase en el pasado. Aunque para asegurarse la tomó por la muñeca, atrayéndola hacia ella.


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Circe A. Masbecth el Vie Ene 16, 2015 10:15 pm

Los fantasmas de Hogwarts tenían la estúpida manía de interactuar con los alumnos. Tenían la estúpida necesidad de comunicarse con los vivos, como si eso hiciera que estuvieran menos muertos y les sacase de su monótona y aburrida vida sin sentido en la que no estaban vivos, pero tampoco acababan de estar totalmente muertos. Circe no los soportaba, del mismo modo que no soportaba si quiera a sus propios compañeros o, al menos, a una gran parte de estos. Pero lo bueno de sus compañeros es que se encuentran en un estado temporal, aún podían morir, no como los fantasmas, pues estaba segura que al imbécil del fantasma de Gryffindor tan solo lo intentaron decapitar para que así cerrara su enorme bocaza, algo que no resultó ser acertado, pues aún muerto su cabeza quedó con la capacidad para proferir sonidos, y aunque no tuviera muchas neuronas, era capaz de organizar oraciones de más de dos palabras aunque carecieran de todo sentido. Podían haberle arrancado la lengua antes de matarlo, al menos su lastimera voz no resonaría por los pasillos de todo el castillo cuando intentaba hacer amigos. ¡Y ya no hablamos de Myrtle! ¿Alguien habría sentido pena alguna por su pérdida? Seguro que lo único que lo único por lo que lloraron familiares y compañeros su muerte fue porque volviera en forma de fantasma, molestando con su simple presencia.

Como cabía esperar, el único fantasma que se salvaba de ser insoportable era el de Slytherin. Pero porque no hablaba, pues ser Slytherin no salvaba a nadie de ser insoportable, retrasado e innecesario en el mundo. Había compañeros de casa que resultaban ser peores incluso que alguno de Hufflepuff. Circe no soportaba a la mitad de los alumnos, pero no por ser de una casa o de otra, o de venir de un tipo de familia u otra. Ella usaba cualquier pretexto para meterse con los demás y por muy sangre limpia y Slytherin que fuera alguien, eso no le libraba de acabar en su ámbito de hostilidades. Y por esa especial forma de ser, no soportaba que sus compañeros de casa no intentaran ver que había personas más allá de sus propios cánones, por mucho que luego ella se metiera con todos de igual modo.

Sus pasos se encontraron con la penumbra de la estancia vacía y no tuvo que pasar mucho tiempo para que buscara a tientas con la simple iluminación de su varita, un camino por el que pasar entre las mesas del aula sin propiciarse algún que otro golpe o acabar tirada en el suelo. Pero algo interrumpió su camino según avanzaba por la habitación vacía. Una mano aferró su muñeca y al no haber oído voces ni pasos a su espalda aquello le pillo por sorpresa. - ¿Quieres matarme de un susto? – Preguntó retóricamente elevando el volumen de su voz como muestra de nerviosismo hacia la situación. Su voz sonó seria y amenazante, como si un oscuro final fuera a ser el que le esperaba a la chica del pijama azul. Realmente sonó así por su propio nerviosismo al no espetar toparse con nadie en mitad de la noche y como modo para protegerse si se trataba de cualquier estúpido que salía de la cama a deshora.

Pero una sonrisa ocupó sus labios al ver el rostro pálido de su amiga. No era cualquier persona, sino una merecedora de su simpatía. Apartó el brazo aun aferrado por la mano ajena y soltó un corto suspiro antes de sentarse sobre la mesa que se encontraba a su espalda, dejando que sus pies colgasen por delante sin alcanzar el suelo. – Estás muy lejos de tu nido, aguilita, ¿Insomnio? – Preguntó sin ningún tipo de reparo. – Si te hubieras topado con cualquier otro imbécil de mi casa a lo mejor hubieras tenido un duelo en mitad de la noche. – Alzo ambas cejas e inmediatamente formó una sonrisa. – Suerte que yo soy mucho mejor compañía.
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Invitado el Miér Ene 21, 2015 7:55 pm

Largos pasillos, oscuridad absorbente, silencio absoluto, una de las principales características del castillo de Howgarts en mitad de la noche, como si ninguna alma rondara por sus alrededores aunque ciertamente si que era rondado y no solamente por algunos alumnos poco locuaces que buscaban la adrenalina de los encuentros clandestinos o capacidades para hacer alguna travesura que tendría desenlace el día siguiente, claro que no; fantasmas, cuadros encantados, seres mágicos que vivían en aquellos lares desde hace mucho tiempo antes de que alguno de los alumnos de la última generación pusieran un pie allí. Sin embargo, los cuadros dormían como cualquier persona mientras que los fantasmas rondaban de un lugar a otro como lo que eran, almas en pena que buscaban cobijo entre las paredes, no era nada sorprendente y si lo hubiera solo sería la sensación que quedaba en tu cuerpo luego de ser atravesado por una de esas criaturas incorpóreas. Como si de alguna manera hubieran robado un poco de ti con su halo grisáceo, Roselyn se mordió la lengua, maldiciendo el momento en que siguió a la Dama Gris que parecía dispuesta a rondar por los mismos lugares a los cuales se acercaba el Barón Sanguinario, este último le daba una sensación que no podía describir y si fuera por ella lo evitaría todo el día, aunque nunca pudiera adivinarse donde aparecería.

Castañeteó los dientes durante unos cuantos segundos, un poco por los nervios, un poco por el frío, estuvo a punto de reír cuando vio una pequeña muestra de nerviosismo por parte de la serpiente, pero se reservó la reacción para otro momento. Susto mutuo, sin lugar a dudas.- No soy una amenaza para ti, pero podría darte un buen dolor de cabeza - No pudo evitar que una sonrisa un tanto socarrona se formara en sus labios, aquel lado más normal en ella afloraba en la presencia solo de conocidos y la rubia de llamativa melena era una de esas personas conocidas a quien se mostraba como era. Incluso se podía tomar la licencia de ser una ácida con ella porque su compañía la hacía sentirse tranquila, tan normal como podía serlo. En cierta manera incluso agradecía su suerte por haber dado con la joven en mitad de la noche.

Acomodó un par de cabellos detrás de su oreja mientras se limitaba a apoyarse contra pared, un pequeño halo de luz dejaba a la vista la figura de Circe por lo que podía verla sin necesidad de esforzarse demasiado. Hasta el momento no había sentido tanto el frío de la noche, pero limitó a cerrar un poco más su suéter sin decir mucho más.- Pesadillas mejor dicho - Se encogió de hombros, no tenía nada que ocultar de aquellos molestos sueños.- Dudo que algún estúpido se atreviera a un duelo en medio de la noche, donde obviamente podrían castigarnos. Aunque estúpidos hay de sobra... - Levanto sus manos con un gesto distraído, atenta a su alrededor por si alguien se acercaba.- Pero dime, mi mejor compañía... ¿Que te trae por aquí? ¿Buscando a alguien para hechizar? ¿O quizás la curiosidad pudo más contigo y quieres parecerte más a una pequeña águila?... Curiosa y estudiosa -

Era consciente de lo mala leche que podría ser su "amiga" pero eso solo hacía más divertida las cosas, el comportamiento que tenía era más que llamativo. Se acercó hasta ella luego de unos cuantos minutos en los que guardó silencio, sentándose a su lado en la mesa, dejando una distancia entre ellas mientras la veía con algo de curiosidad. El silencio reinaba nuevamente en el ambiente, dejando escuchar a penas un eco de lo que parecía ser el maullido de la Señora Norris, aun se encontraba alejada de su ubicación pero si se relajaban demasiado podrían ser encontradas.
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Circe A. Masbecth el Mar Ene 27, 2015 7:40 pm

No se caracterizaba por mostrar fácilmente cómo se sentía, más bien todo lo contrario. Acostumbrada a vivir en una casa con cuatro hermanos mayores la simple idea de mostrar debilidad parecía un chiste de mal humor, pues por mucho que hubiera sido la predilecta para la mayoría de ellos por el hecho de ser la menor, no quitaba que fuera una hermana más. Y los hermanos están para lo bueno y para lo malo. Están cuando no puedes salir de la cama por un dolor de estómago, cuando tienes pesadillas y te cuelas en sus camas en mitad de la noche, incluso para robar helado en mitad de la madrugada. Pero también están para recordarte que fuiste la última en llegar, que antes de tu llegada se vivía perfectamente y nadie echaría en falta que no estuvieras. Son hermanos, están hechos para inventarse que hay monstruos bajo la cama y que si te despiertas en mitad de la noche una mano puede amarrarte el tobillo al intentar ir al baño. Y por algunas de esas razones, había aprendido a morderse la lengua cuando algo hacía que sus nervios saliesen a flor de piel. Vivir con cuatro hermanos mayores te hacía inmune a los sustos o más bien a mostrar que te habías asustado.

- ¿Tú a mí? Por favor, Ros, parece que no sepas con quien estás hablando. – Dijo con descaro hacia la chica. Por suerte, ambas conocían perfectamente con quien se encontraban y por esa misma razón a ninguna parecía importarle que la otra hablase de un tono o de otro. Eran personas muy diferentes pero por alguna razón llegaban a congeniar bien. Se podía decir que Roselyn era una de las pocas personas que había en el castillo que Circe realmente echaría de menos si desapareciera, pero por suerte ambas compartían el mismo curso, e incluso algunas clases comunes gracias al horario de sexto curso.

Una vez dejó car su peso sobre una de las mesas, siguió los movimientos de la chica mientras sus ojos comenzaban a acostumbrarse a aquella oscuridad restante. Su varita había quedado apagada en el bolsillo de la camisa de su pijama y apenas recordaba haberla guardado. Hacía las cosas y luego caía en la cuenta de ellas, pero sus ojos ya habían comenzado a acostumbrarse a la falta de luz, por lo que la varita permaneció inmóvil en su pijama. No lograba ver con claridad el rostro inocente de su amiga, pero si su silueta e incluso los rasgos más superficiales de su rostro. – Es viernes por la noche, ¿No es penoso estar encerrada entre estos muros de piedra? – Contestó a la pregunta de su amiga utilizando otra pregunta. No sabía exactamente por qué había decidido que intentar conciliar el sueño paseando por el castillo sería mejor idea que hacerlo desde su Sala Común, pero sus pocas ganas de cruzarse con algunos de sus compañeros habían tenido mucho que ver. – El día que quiera ser como  uno de vosotros me degradaré por persona, y te aseguro que ese día no es hoy. – Y jamás lo sería. No sentía desprecio por la casa de su amiga, lo único que le gustaba era utilizar cualquier resquicio en la conversación para atacar a los demás. Era algo que le salía solo y por mucho que intentase mantener su lengua pegada al paladar era incapaz de lograrlo.

Apoyó cada mano a un lado y sostuvo su propio peso al echar la cabeza hacia atrás, quedando así mirando hacia el techo. - Alguien debería matar a ese maldito gato. - Soltó un corto bostezo y nuevamente el aullido del gato de Filch resonó, mostrando lo vacío que se encontraba el castillo a aquellas horas de la noche. - O usarlo como señuelo para que ese Squib que tiene como dueño acabe encerrado en algún escobero durante lo que le queda de vida. - Echó un corto vistazo a su amiga. - Que no debe ser tampoco mucho. - Lo peor de las palabras de Circe es que no salían de su boca sin razón, sino que realmente creía firmemente en todo lo que decía, y la idea de torturar a aquel pobre hombre no le parecía precisamente mala.
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Invitado el Vie Feb 06, 2015 7:13 pm

Era increíble como el humor del ser humano podía cambiar casi de forma drástica dependiendo solamente por la situación en la que se encontrase, o simplemente, como lo era en ese caso, frente a que persona fuera a parar; había personas que podían dejar atrás esa capa de frialdad que demostraban ante la mayoría de la sociedad y ser quien realmente eran porque simplemente se encontraron con una persona que les cae bien o porque dicha persona es un amigo suyo. Cosas que podían solamente suceder con tu familia cercana, padres, hermanos y hasta algunas veces primos, también podían compartirse con relativa facilidad frente a ese ser en quien confías para mostrarle tus rarezas sin miedo a parecer un estúpido, o por lo menos aquel era el pensamiento de Roselyn en dicho momento, quien frente a su amiga rubia no podía ser menos que ella misma, una a veces contradictoria chica que se perdía en sus pensamientos tan rápidamente como podías decir la palabra "pato", a sabiendas de que la contraria tampoco duraría en mostrar aquellas facetas que solía esconder de miradas indiscretas.

- Claro que se con quien hablo... ¿Podría considerarte la princesa de Slytherin, no? - El sarcasmo y la burla era evidente en su tono, pero sin embargo no sentía ninguna clase de disgusto frente a quien se encontraba, inclusive se podría decir que era todo lo contrario. Ni ella misma podía decir porque se comportaba de dicha manera con Circe ¿Le caía bien? Claramente, su ácido humor era una de las cosas que solían alegrarle los días que se encontraba sumida en la estupidez de gran parte del castillo y no porque ella se considerara una genio, sino más bien porque... Porque estúpidos hay en todos lados.

- No es como si pudiéramos encontrarnos haciendo otra cosa... A menos que sepas de buenas fiestas en el mundo mágico todos los viernes .-Casi fue un hecho inevitable cuando se sentó en la mesa al lado de la chica, su cabello rubio se notaba casi con claridad en la oscuridad y si bien su pijama no era nada demasiado llamativo estaba segura que podía vislumbrar la especie de estampado que presentaba este, pero eso no fue lo que hizo que una gran carcajada hubiera buscado brotar de sus labios, claro que no. Intentó guardar silencio de la mejor manera posible, cubriendo su boca con tal de no reír para ser encontradas, pero aun así se escucho una risa ahogada provenir de sus labios.- Tengo una pregunta ¿Si sería mucho pedir que te degradaras a ser una Ravenclaw...? ¿Convertirte en una hufflepuff sería como instarte a que saltes de un precipicio? - Sonrío ladina, dejando su cuerpo caer en la superficie bajo ellas mientras trataba de concentrar una expresión serena en sus facciones, pero era que simplemente Circe le causaba tanta gracia con su sinceridad cínica que no podía evitar reírse a pierna suelta cuando salía con tales tecnicismos acerca de lo bajo que se encontraban todos de ella y aunque en dicho momento se había contenido, aun una sonrisa se dibujaba en sus labios. Flinch las podría encontrar en medio de las risas y querer hacer uso de las torturas medievales que guardaba en su retorcida mente.

Dio media vuelta su cuerpo, quedando apoyada en su codo como si en dicho momento estuviera posando para una revista de modas y no observando el perfil de su compañera a su lado.- No deberías meterte con la pobre gata, no es su culpa que el conserje la haya escogido para una vida de encontrar chicos por los pasillos y como única recompensa caricias de un maloliente ser - Un poco cruel había sonado, pero no podía esperarse menos de ella, adoraba los gatos y en la manera que la señora Norris era usada le resultaba un poco molesto aunque la gata no pudiera quejarse por los tratos ni decir nada a favor.- ¿Crees... Crees que nos castigarían mucho tiempo si encerramos al conserje en un armario de escobas?... - Enarcó una de sus finas cejas, tratando de mostrar un gesto desinteresado en dicho momento pero algo la hacía evitarlo, tal vez era la hora de la noche o que quizás se encontraba demasiado dopada por el sueño gracias a que no dormía por las pesadillas, pero la idea de Circe le había sonado, interesante.

Nuevamente el maullido se escuchó, esta vez un poco más cerca.- ¿Circe? -
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Circe A. Masbecth el Sáb Feb 07, 2015 12:36 pm

Sin lugar a duda tenía un ego descomunal. Un ego capaz de ocupar una estancia vacía sin dificultad alguna y Roselyn lo sabía a la perfección. Y lo que también sabía a la perfección era ser ella misma junto a la rubia, pues el carácter que ambas tendía a ocultar ante el resto de sus compañeros no tardaba en salir cuando permanecían a solas. Pocas personas podrían hablar con ironía a Circe sin recibir un comentario humillante o un buen golpe sin importar no tener la varita a mano, pero Roselyn era una de ellas. Una de esas personas que sin importar lo que dijeran se llevarían una sonrisa y algún comentario vacío de maldad, contrariando con aquellos que escapaban entre sus labios de manera habitual. - ¿Y para cuando me darán mi corona? – Preguntó poniendo una mueca de tristeza infantil en el rostro.

Antes de acudir a Hogwarts había vivido junto a su familia en Londres. En una gran casa con una gran familia en la que ocupaba el último lugar, el lugar que había acabado por darle el puesto de la princesa de la casa para todos los miembros de esta, siendo consentida por cada uno de ellos y sintiéndose como el centro del mundo gracias a su forma de vivir previa. Con su entrada a Hogwarts las cosas no habían cambiado demasiado. Nunca había tenido una relación cercana con las chicas de su edad, eran completas desconocidas con las que pasaba tiempo y compartía conversaciones sin demasiado interés. En cambio los chicos siempre habían sido diferentes, y quizá por eso a la hora de elegir compañía en Slytherin cambiaba de Damon a Ian sin problema. Por otra parte estaban las personas de otras casas, y tal como lo era Roselyn, existía Robin, con quien podía estar sin molestarse en aparentar buena cara.

Pasó ambas manos sobre su cabeza tocando el aire y representando una tiara imaginaria sobre esta. – Me gustan esas con flores de colores claros, pero creo que con mi pelo irían mejor unas de color azul o rosa. Aunque no querría parecer una ninfa de los bosques, sería mejor una de oro y piedras preciosas, ¿No crees? – Bajó las manos con una sonrisa divertida. Jamás había tenido el típico traje de princesa que toda niña sueña con tener cuando es pequeña, y tampoco era algo que hubiese echado de menos. No necesitaba el atuendo si ya tenía el espíritu y los caprichos para ello.

Para ser sinceros, a su entrada en Hogwarts jamás había considerado una casa como mejor que otra, sino que cada persona tenía ciertas virtudes por las que era elegida en una casa u otra. Pero con el tiempo, le habían demostrado que subnormales, había en todas las casas, pero que abundaban en Hufflepuff. O eso decía Robin. En cuanto a los leones, destacaban por su narcisismo y aires de superioridad, llegando incluso a superar a los de su propia casa. Y de Slytherin y Ravenclaw no había mucho que decir. Eran las dos casas que se salvaban de la purga, pero eso no quitaba que hubiera retrasado en ambas casas. Zack y Edward eran el ejemplo perfecto de ello. – Más bien saltaría del precipicio directamente. – Se encogió de hombros. Para qué engañarse, si estuviera en esa casa hubiera acabado volando su Sala Común y a todos los que hubiera en ella.

Ambas permanecieron cómodamente sobre las mesas sin importarles demasiado el lío en el que pudieran meterse. De cualquier forma, si eran lo bastante rápidas y llegaba un profesor, Circe podría bajarse de la mesa y argumentar que como prefecta estaba fuera de su cama vigilando que no hubiera nadie por las mazmorras y sus inmediaciones. Pero aquello no se lo iba a creer nadie, pues por estar fuera de la cama la excusa de ser prefecto era insuficiente e imaginar a Circe cumpliendo alguna de sus responsabilidades en ese ámbito era tan insólito que sería increíble para cualquiera que lo viera.

Los maullidos de un gato indicaban que su paso cada vez estaba más cerca. La mayor parte de los alumnos tenían uno por mascota, por lo que las posibilidades de encontrarse con las Señora Norris tampoco eran muy elevadas, aunque teniendo en cuenta que el trabajo específico de aquel animal era dar con alumnos que cometían ilegalidades nunca se sabía. – Seguro que es una animaga que tuvo la mala suerte de encontrarse con ese Squib y este encontró el modo de hacer que se mantuviese en su forma animal de por vida para así no estar tan solo. – Negó con la cabeza. – Porque los gatos son demasiado listos como para aguantar a Filch durante tanto tiempo. – Circe adoraba inventar historias. Era una mentirosa horrible, por lo que casi nunca mentía, pero sí adoraba contar historias que golpeaban su mente en cualquier momento.

No le había dado importancia a los maullidos de aquel gato y se lo seguiría sin dar. O al menos esa era su intención, por lo que continuó cómodamente sentada mientras hablaba con su amiga. – Quizá nos castigarían por soltarlo. Estoy segura que si Filch desapareciera lo único que se montaría en este castillo sería una fiesta. – Afirmó con total tranquilidad.

El maullido sacudió otra vez el silencio de la madrugada y esta vez lo hizo mucho más cerca que las veces anteriores. La voz de su amiga hizo que desviase su vista, la cual se perdía en la nada, hacia ella. Dibujó una corta sonrisa en los labios y sin pensarlo dos veces dio un salto para bajar de la mesa. – O nos reímos durante días del conserje y de su gato o tendremos una mascota nueva. No hay nada que perder. – Eso o poder torturar a un alumno que diera por perdido a su pobre gato.

Giró sobre sus talones y salió de la habitación con total tranquilidad dispuesta a encontrar a aquel gato y divertirse con las consecuencias futuras sobre su dueño.
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Invitado el Jue Feb 12, 2015 3:37 am

La ravenclaw no era una chica demasiado extravagante, mucho menos alguien que se considerase el ser humano más importante sobre el planeta, claro que no, pero quizás sea ella una de las razones por las cuales contrastaba también con el humor de la joven Circe, los opuestos se atraen y no es solamente en el ámbito amoroso que eso sucede, por eso solía haber parejas de amigos tan distintos entre ellos. Porque siempre entre la multitud de seres humanos puedes encontrar alguien con quien ser tu mismo, sin temores de que sea aquello que puede pensar de ti, con quien eres un tremendo idiota pero pese a ello te seguirá tratando con la misma naturaleza de antes. Roselyn conocía a Circe, y Circe conocía a Roselyn, era tan simple y sencillo como ello por lo que se podrían considerar una especie de dúo especial.

- Yo creí que tu eras alguien más de las joyas, algo como esmeraldas y diamantes; sabes bien que no quiero incursionar en los colores de tus descontentos pero opino que te verías bien con cualquier cosa - Le dedicó un pequeño guiño, divertida, no sabía si a ciencia cierta la hubiera visto en la oscuridad, pero tampoco era relevante pues solo estaban allí para relajarse lisa y llanamente. A lo largo de su estadía en Hogwarts había conocido muchas personas, de la gran mayoría de las casas, con cualquier tipo de sangre corriendo por sus venas, pertenecientes a bandos distintos y poseedores de personalidad tan extravagantes y distintas que podrías pasarte una tarde hablando de ellos como si verdaderamente te interesaran; no es que la chica tratara de ser una cínica ni nada parecido, pues había sentido curiosidad hacía dichas personas en su momento pero aun no había encontrado alguien a quien se sintiera cómoda llamando amigo. Si solo tal vez sus hermanos estuvieran cerca de ella en dicho momento, las cosas serían distintas, confiaba plenamente en los gemelos pero aun así estos habían desaparecido hacía mucho tiempo de su vida.

- ¿Tan malo hubiese sido ser una Hufflepuff? Después de todo simplemente son casas y colores, además de algún animal mordaz que intenta parecer intimidante.- Negó un par de veces, como si su propio comentario le hubiese causado risa pese a no haber sido así, siempre lo había visto así, incluso desde antes de llegar a la escuela pensaba que todos eran bastante parecidos, es decir, ojos, manos, pies... ¿Magia? Al fin y al cabo lo único que los hacía diferentes del todo era comportarse como unos verdaderos idiotas o ser tan buenas personas como cualquier ser benevolente que existiera sobre la tierra, a ella le seguiría dando lo mismo en que casa se encontraba pero de cierta manera se encontraba feliz de encontrarse en donde lo estaba.- Tu que crees Circe... ¿Hubiera sido una buena serpiente? Mira que puedo ser una princesa cuando quiero - Si, nuevamente se estaba burlando, como si hablara con cualquier persona. Pero ello no era verdaderamente importante, lo que si lo era, por ejemplo, era poder relajarse un rato antes de pasar su noche en vela.

Era simplemente perfecto, siempre le había gustado aquella espontaneidad que presentaba la rubia ante cada nueva situación, como si realmente no le tomara demasiado tiempo pensar que era lo que iba a hacer a continuación o como si simplemente no le importara las repercusiones de sus acciones; ella nunca se le hubiera ocurrido pensar que podría secuestrar a la señora Norris cuando salió de la cama aquella noche, pero bien se decía que solo se vive una vez y si no se veía capaz de aceptar y tomar riesgos algunas veces, simplemente terminaría como una anciana achacosa con una vida sin nada que poder contar. Una vida tan aburrida que daba lastima. No lo pensó nuevamente, después de todo había sido su idea en primer lugar, y salió tras la serpiente, intentando no hacer demasiado ruido como para echar a perder el plan, aunque tampoco es como si tuviera uno, solo eran dos chicas quienes iban a raptar un gato esperando que nadie las encuentre y castigue en medio de la noche.

- Creo que sin Flich el nivel de promiscuidad aumentaría a grandes rasgos dentro de esta escuela solo en cuestión de segundos. .- Negó un par de veces, lo cierto era que sin ese squib dentro de las cuatro paredes las cosas se saldrían de control en cuestión de minutos, y sería jodidamente interesante de ver.- Lo de la mascota nueva me parece una genial idea, Milenko necesita alguien con quien salir a jugar; aunque tendrías que prometerme que no le harías nada malo a la gata por capturarla -

Sabía que el pedido estaba de más, Circe no era tan cruel como aparentaba, pero Roselyn tenía un especial cariño hacía aquellas pequeñas bolas de pelo por lo que no se vería capaz de efectuar alguna artimaña con el afán de molestar al conserje. Un nuevo maullido, cada vez más cerca de su ubicación como si de alguna manera aquella ingeniosa gata las hubiera estado seguido desde que salieron de sus salas comunes, solo sería cuestión de segundos que dieran con el animal. - Tengo una idea - Mencionó en voz baja, tomando la mano de la rubia para así esconderse detrás de una armadura cercana a ellas.

Luego, simplemente como si estuviera jugando con su propio gato, sacó un pequeño ratón de juguete del bolsillo de tu pijama, lanzándolo al centro del pasillo.- Veremos si la señora Norris es una gata común y corriente.-
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Circe A. Masbecth el Vie Feb 13, 2015 3:53 pm

Siempre había considerado la separación en casas como una estupidez, básicamente porque el comportamiento que una persona puede tener, su forma de ser o su carácter a los once años no será, posiblemente, el mismo un par de años después. Que con once años seas valiente no demuestra que en cinco años un grupo de acromántulas enfurecidas intenten acabar con tu vida y tengas incluso miedo de salir de tu casa. Entonces, ¿El sombrero llegaba y te cambiaba de casa en cualquier momento? Para nada, no lo hacía. Se fiaba de lo que veía en el interior de la cabeza de un simple de once niños y decidía mandarlo a una casa u otra según lo que predominaba en él, sin darse cuenta que esta división lo único que hacía era acrecentar las diferencias entre unos y otros.

En aquel momento, seis años después de poner por vez primera un pie en Hogwarts, seguía pensando igual que cuando tenía once años, y seguía creyendo que estar en una casa u otra no les volvía diferentes, sino era su forma de comportarse lo que les diferenciaba. La mayor parte de los de Slytherin se sentían superiores per pertenecer a la casa de las serpientes, pero por parte de Circe, lo único que le agradaba era compartir Sala Común con su mejor amigo, llevar los mismos colores que habían llevado sus hermanos antes que ella y que el verde le quedaba perfectamente con su color pálido de piel y su rubia melena. Si hubiera estado en cualquier otra casa se hubiera comportado como hasta el momento, pero eso no quitaba que no se metiera con los demás por ser de una casa o de otra. Circe siempre buscaba cualquier excusa para meterse con los demás y visto que la gente se ofendía por acabar en Hufflepuff, ¿Qué mejor método para meterse con ellos que atacar ese punto débil? Con Robin seguía haciéndolo y tras tantos años, seguía enfadándose con ella. - ¿Malo? Hubiera sido peor, el amarillo es un color horrendo, me pasaría el día encerrada en la Sala Común para no tener que vestirme con ese uniforme. – Afirmó como si todo fuera cierto. Seguramente de caer en Hufflepuff su primer año hubiera sido así, pero porque el amarillo era un color horrendo.

- Dudo que hubieras sido tan buena serpiente como águila. – Fue sincera y concisa, pero como buena persona incapaz de no hablar cuando estaba cómoda, siguió soltando las primeras palabras que revoloteaban por su mente. – Sin duda te preferiría como serpiente, al menos habría más neuronas por la Sala Común y tendría una compañera que por ella sola supera a todas las que tengo ahora juntas. – Apreciaba a sus compañeras, pero si tenía que elegir con quien compartir dormitorio, no serían su prioridad. Incluso prefería cambiarse al dormitorio masculino por la compañía. – Te molestaría todas las noches cuando no pudiera dormir y te tiraría del pelo hasta que te despertaras. – Afirmó con una sonrisa divertida y juguetona. Con Roselyn tenía la confianza que con otras personas no tenía y eso lo agradecía en cada encuentro que tenían, pues por mucho que fuera una persona que se movía por comentarios crueles y por la felicidad de ver el dolor en el rostro ajeno, también apreciaba un momento de tranquilidad con las personas que sí que valoraba.

La conversación dio su giro particular al escuchar los maullidos de un gato. La mayor parte de los alumnos tenían uno, eso o una rata, ¿Quién tenía una rata? ¿Y un sapo? Poca gente, todos optaban por tener un gato, y otros incluso una lechuza, algo que Circe no entendía debido al asco que le causaban aquellos animales tan sucios. – No pienso nada hacerle al estúpido gato, ni que él tuviera la culpa de tener un dueño que lo deja solo en mitad de la noche sin ser consciente que cualquier alumno podría divertirse a su costa. – Lo cierto es que teniendo en cuenta cómo eran sus compañeros no le extrañaría que más de una mascota perdida en la noche hubiera acabado con un miembro menos, el pelaje destrozado o simplemente no se hubiera vuelto a saber de ella jamás.

Como no era una persona que pensara demasiado las cosas antes de hacerlas, no lo pensó ni un momento a la hora de salir del aula vacía en el que se encontraban para encontrar aquel gato perdido. Y por suerte, su acompañante no dudó en decir que sí a su iniciativa y tirar de su brazo para esconderse ambas tras la armadura más cercana. Circe se mordió el labio inferior reprimiendo la risa por aquel comportamiento tan infantil, especialmente cuando Roselyn sacó un ratón de juguete de su pijama y lo lanzó al pasillo. Apoyó su espalda en el pecho de su amiga y esperó a que el gato apareciese. Y eso hizo. Por desgracia, no era la señora Norris, sino un gato blanco de gran tamaño y con varios kilos de más, por lo que le costaba bastante moverse con la agilidad propia del resto de los de su especie. – Pues vaya. – Dijo algo desanimada al ver como no se trataba de la gata de Filch.

Apoyó la cabeza en el hombro de la chica y miró hacia su rostro. - ¿Vamos a por él o lloramos en silencio porque no era la gata estúpida? – Preguntó retóricamente mientras rebuscaba en su pijama para que su amiga no le impidiese lanzar un encantamiento contra el gato. Pues eso fue lo que hizo, de su varita salió un haz de luz plateado que envolvió al gato petrificándolo. Dio un corto saltito para separarse de Roselyn y giró sobre sus talones con una sonrisa de lo más infantil invadiendo su rostro.
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Invitado el Miér Mar 04, 2015 6:59 pm

Siempre le había parecido curiosa la variedad de criaturas mágicas que podían encontrarse en, valga la redundancia, el mundo mágico; uno normalmente encontraría a estos personajes como sacados de historias infantiles quien en realidad no tenían un plano dentro del universo normal. Sin embargo al ser maga Roselyn no solo descubrió que la hechicería recorría sus venas, sino también que era uno de estos seres mas no así la más rara y curiosa como lo era el sombrero seleccionador ¿Este en serio seria capaz de hurgar en la mente de toda persona que lo use? ¿O simplemente sería una vil ilusión que usaron los fundadores para poder repartirse a la escasa cantidad de alumnos que encontraron a Hogwarts cuando abrieron sus puertas por primera vez? De poder leer las mentes, tendría que rebuscar de gran manera para comprender los misterios de la mente humana hasta poder encontrar algo que lo ayudara a decidir el destino de cientos de chiquillos asustados quienes no saben como comportarse ante lo que aparentemente era un objeto inanimado; muchas veces se había preguntado si el sombrero hizo una buena elección al dejarla en la casa del saber, y si bien realmente no le importaba demasiado descubrir si estaba en un acierto o no, se sentía cómoda con los de su casa.

Quizás porque todos eran quienes buscaban el saber y saciar su curiosidad siempre tratando de aprender más.

Y por esas mismas razones trataba de comprender porque a veces había tanto problemas en las casas, despreció de un lado a otro, burlas, bromas pesadas, hechizos malsonantes ¿Todo eso simplemente por el color de sus uniformes? ¿O había más significado detrás de aquellas palabras burdas? A veces pensaba que si, otras, no veía más que una manera cavernaria de comunicarse, dejando en claro quien era más "evolucionado" - Oh, vamos. Ya dijimos que todo te quedaría bien. Un poquito de amarillo no te mataría - Separo un par de centímetros su índice del pulgar, tan solo demostrando una mínima parte de ello que horrorizaba a la serpiente. Y hablando de ellas, quizás no hubiese sido tan buena Slyterhin pero siempre podía intentar ser una vanidosa orgullosa, después de todo la práctica hace al maestro.-Todo es cuestión de práctica. Puede que tengas razón, pero es algo que lamentablemente no sabremos... Después de todo somos seres que vivimos separados por la naturaleza - Sonaba dramática adrede, pero una escena de matiz romántico se formaba entre sus pensamientos; una serpiente enrollada bajo el árbol de un fino cuervo, confesando su amor profundo y sin prejuicios hacía el ave, quien irremediablemente caía en las garras, metafóricamente hablando, del reptil. ¿Como terminaba la historia? Simple, a veces las serpientes podrían ser unas embusteras y devorar hasta el más audaz animal.- Si fuéramos compañeras de cuarto, te enseñaría uno o dos trucos acerca de callar ronquidos con parecido animal.- No es como si le diera mucha atención a las chicas que dormían junto a ella en la habitación femenina, pero a algunas bellas durmientes era difícil ignorarlas.

Aunque siempre se decía que debían darse otras oportunidades en esa situaciones no lo veía muy factible, después de todo las aves no contaban con nueve vidas como los gatos. Y hablando de tales animales... Concentro su vista sobre el pequeño juguete que solía cargar en su pijama, lanzando como una simple presa sobre el suelo de piedra, con aspecto tan inocente y que aun así podría significar una trampa para la mascota diagonal ayudante del conserje. Quizás un sapo hubiese sido mejor compañía para alguien como Flinch, después de todo tenían cierto parecido.

Sorpresas de la vida, el pequeño animal que se había sentido atraído al juguete no era siquiera parecido a lo que estaban esperando, y si no fuera porque no tenía grandes planes para hacer con la Señora Norris, se hubiese sentido decepcionada. Aquella criatura felina le recordaba a su propia mascota, con la mera diferencia de que ella prefería controlar con lo que alimentaba al pequeño Milenko para que este no tuviera los problemas de sobrepeso que tenía su nuevo amigo frente a ellas; no pudo evitar sentirse irremediablemente atraída ante la bien denominada bola de pelos pero antes de que siquiera se alejase de su compañera, con mucha más agilidad Circe lo petrifico. Roselyn lanzó un pequeño chillido por la sorpresa, frunciendo del ceño para luego voltear en posición de regaño, la típica de brazos cruzados que utilizaban las madres para el momento de gritarles de todo a sus adorables hijos, menos que eran bonitos.- Circe... - Menciono en tono de reproche.

El gato solo las observaba con aquellos ojos dorados, lo único que tenía en libre movimiento luego de verse víctima de la jugarreta de unas chiquillas aburrida.- Eres una niña traviesa. El gato no te hizo nada - Reclamó en broma ante la llamativa actuación contraria. Si la chica no le cayera tan bien seguramente hubiera dicho unas cuantas palabras en su contra, en plan "Los gatos también sienten" quizás debería crear una rama de trabajos para cuidar y proteger a los gatos del mundo mágico, así como lo hacían los muggles. "Centro de Ayuda, Cuidado y Cepillado Ronroneos" o abreviado "CACCR"... Mejor no, era pésima con los nombres.

- ¿Sabes...? - Preguntó tomando al gato bajo su brazo, como si aquel fuese un extravagante accesorio usado a modo de cartera.- Te tomaría una foto cada vez que tienes esas sonrisas, seguramente dejarías de intimidar a muchas y enamorarías hasta a las más reservadas chicas.- ¿Hablaba en serio? La sonrisa ladina en sus labios parecía no mentir, pero era divertido decir esas cosas entre ambas. Circe siempre le pareció guapa, del modo no sexual, obviamente.
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Circe A. Masbecth el Jue Mar 05, 2015 10:46 pm

Era caprichosa. Era coqueta. Era el tipo de persona que no se pone algo por el simple hecho de sentirse cómodo, que no hace algo por el mero hecho de hacerlo. Era alguien que disfrutaba con el más mínimo detalle y le gustaba controlar todo para que no saliese fuera de lo que era verdaderamente importante bajo su punto de vista. Era impulsiva, pero a la vez lo suficientemente para ser consciente de que debía actuar conforme a una manera de ser si quería lograr la atención que tanto adoraba. Irónicamente, había sido la hija menor de un matrimonio de cinco hijos y siempre lo había tenido todo. Siempre había sido el centro de atención para cada miembro de su familia en  cualquier momento que lo precisase y eso hacía que, por mucho que pasaran los años, le encantase seguir siendo ese centro. Esa parte vital de un todo.

- El amarillo no le queda bien a nadie. Bueno, está claro que a mí me quedaría menos mal que al resto, pero con este color de pelo no pega mucho que digamos. – Rubio con amarillo era una mala conversación. Sí, definitivamente lo era, pero nada igual el color de pelo que tuviera, seguiría pensando que el amarillo era la aberración de la naturaleza en lo referente a los colores.

Imaginar compartir dormitorio con Roselyn sonaba de lo más divertido. Era cierto que se llevaba bien con sus compañeras de dormitorio, pero no lo suficiente. Estaba segura que todas ellas la imaginaban como la típica rubia que pasaba horas mirándose en el espejo y que no sabía si quiera escribir su nombre. ¿Y sabes qué? Que mejor que pensaran eso, así no tenía que darles explicaciones de lo qué hacía o por qué lo hacía y podía contar con libertad absoluta para pasar más tiempo en el dormitorio masculino que en el propio. Atrapó las manos de su amiga entre las propias y acercó su rostro al suyo con pose dramática. – Oh, cruel destino, ¿Por qué nos separaste dándote a ti la inteligencia y a mí todo lo demás? – Preguntó manteniendo el tono dramático. Luego soltó las manos de la chica como si nada de aquello hubiese tenido lugar y siguió con la conversación con total tranquilidad.

Los pasos traviesos de ambas chicas hicieron que abandonasen su ilegalidad en el interior de una silenciosa clase para inspeccionar los pasillos. Podrían meterse en un buen lío con todo aquello, pero a ninguna le importaba lo más mínimo recibir un castigo si podían pasar un rato juntas. Eran ese tipo de personas que se mete en líos sin si quiera darse cuenta, o que de darse cuenta no se plantaría dar la vuelta atrás para ignorar cualquier acción con resultado fatal.

Sus pasos no tuvieron tiempo de recorrer una gran distancia, pues tan rápido como salieron de la habitación, se escondieron tras la figura de una armadura metálica que decoraba el corredor, esperando el momento en el que el felino decidiese pasear por aquel lugar. Lejos de cumplir su promesa, la varita de Circe se elevó haciendo que el gato quedase petrificado en mitad del pasillo, sin ningún tipo de movimiento. Ahogó una risita y se acercó al animal con paso divertido, como si una música resonase en su cabeza y debiese moverse al ritmo que esta marcaba. – Yo a él tampoco. Sólo quería verlo con más atención y si no se estaba quieto no podía hacerlo. – Se excusó de la forma menos original posible. Tenía un gato aguardando en su dormitorio, estaba claro que no necesitaba petrificar un gato ajeno para verlo.

- Si enseñaras esas fotos por ahí te saldría competencia para conseguir mi congelado corazón. – Dijo con voz divertida mirando cómo su amiga tomaba al gato entre sus brazos como si de permanecer estático en el suelo pudiese marcharse sin permiso. – Eso o nadie volvería a saber de la hermosa Roselyn Birdwhistle por atreverse a intentar acabar con la reputación de Circe Masbecht. – Añadió alzando ambas cejas de manera divertida.

En ningún momento borró la sonrisa divertida entre sus labios, ni si quiera cuando unos pasos a sus espaldas resonaron, haciendo que Circe tirase del brazo de la chica hasta doblar la esquina más cercana. Pegó la espalda a la pared mordiendo su labio inferior cuando una voz acompañó a los pasos. – Sé que estáis ahí. Salid ahora mismo. – La voz del Filch, quien de pillarlas buscaría cualquier excusa para impartir daños físicos a ambas rubias.
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Invitado el Dom Mar 15, 2015 8:42 pm

Muchas veces pensaba lo mucho que podría distar su personalidad en comparación con chicos de otras casas, o inclusive de la misma a la cual ella pertenecía, si bien era curiosa, inteligente y hasta un tanto soñadora como el resto de personas que compartían sala común con ella muchas veces se consideraba así misma un ser antisocial que prefería pasar inadvertido frente al resto con tal de no meterse en problemas. Se encontraba tan distinta así misma que no entendía porque podía llegar a ser amiga de alguien tan carismática como lo era Circe, pero tal vez su lado más cuerdo le dijera que era gracias a que los opuestos se atraen de una manera que terminan concordando mejor de lo que esperase.

Por alguna razón no pudo evitar imaginar a cierto profesor vestido con una túnica amarillo patito o quizás amarillo canario, un color que debido a su tonalidad podrían sacarte un ojo sin que te lo propusieras. Un escalofrió la recorrió ante tales ideas, si la chica decía que amarillo con rubio era malo, imaginar amarillo con negro se le hacía mucho peor aun.- Pues... Imagina, yo creo que a Snape le quedaría mil veces peor que a ti - Se encogió de hombros, aunque podría haber algo peor que eso seguramente, solo se le ocurría eso.

Si no hubiese sido porque debían guardar silencio al encontrarse casi de contrabando en los pasillos del castillo Roselyn reiría con ganas, aquellas carcajadas que suelen escucharse con grandes ecos porque simplemente todo el mundo hacía silencio para escucharlas, volteando como búhos con tal de descubrir quien reía de aquella manera.- ¿Eso solo quiere decir que me consideras puro cerebro? - Negó un par de veces, copiando aquellos gestos de dramatismo que utilizaba su amiga, tan solo llevando una mano contra su frente para suspirar de manera actuada.- Y yo que ilusamente pensé que mi belleza podría competir con la tuya - Llevó ambas manos a su rostro, como si con tal gesto intentara ahogar el llanto que brotaba de sus labios al no ser tan guapa como la serpiente. Sin embargo no pudo evitar reír un par de veces antes de mirar a la chica y dedicarle un pequeño guiño, le causaba tanta risa actuar de esa manera. Si lo único que tenía era inteligencia, era feliz con ello.

Los pasos de ambas féminas casi no causaban sonido alguno a chocar contra los duros suelos de piedra de los pasillos, podrían haber pasado simplemente por fantasmas de carecer de un cuerpo palpable. Aunque los espectros casi habrían aprobado su sigilo, como el de un gato.

Gato como el que ahora permanecía inmóvil frente a ellas, el pobre animal seguramente no tenía nada de la culpa que dos chiquillas aburridas lo atacaran pues pensaban que se encontrarían con otra mascota, le resultaba gracioso la situación. Aunque a su parecer la respuesta que recibió por aquel hechizo fue aun más graciosa, y ciertamente resultaba graciosa.- Eso me hace pensar algo ¿Sabes? -Murmuró acariciando a su nuevo gato-cartera, o gatotera para abreviarlo.- ¿Significa que cuando quieres apreciar a un chico que te gusta con mayor atención, también lo hechizas? Siempre pensé que en dichos momentos solo utilizabas sus bonitos encantos - No podía evitar imaginarse una situación parecida tan solo que protagonizada por un hombre. Sería más complicado que una cosa que apenas pesaba kilo y medio con mucha suerte; aunque el gato obeso que se encontraba bajo su brazo seguramente pesaba más que ello.

- Yo creo que todo el mundo desconoce que ya tengo tu corazón encantado gracias a mi increíble personalidad.- Le lanzó un pequeño beso a su amiga, casi con coquetería antes de dar una pequeña vuelta, presumiendo a su pequeño amigo como si de una modelo se tratase.- Auch. Mira que me haz llamado por mi nombre completo, creo que tu amenaza va muy en serio - Mentira, nunca creería una amenazaba así, ni aunque la dijera la misma Circe Masbecth.

No supo muy bien en que momento, ni porque la tomaron de esa manera tan brusca o por lo menos no captó el nerviosismo oculto de la rubia junto a ella hasta que escuchó la voz del celador. Un escalofrió recorrió su columna vertebral, erizando no solo su piel sino también hasta el más fino de sus cabellos, mordió su labio inferior intentando fundirse de alguna manera con la pared, sin embargo ella era tan tangible como un objeto común y corriente; carente de transparencia de cualquier fantasma.- Hay que salir pitando de aquí -Gesticuló en voz baja, intentando que su voz no saliera más que un susurro el cual bien podría haber sido un chillido a causa de sus nervios. Debía pensar con calma.

Llevó consigo a la serpiente, jalando de su mano mientras intentaba moverse casi en silencio, intentando no ser demasiado brusca con sus movimientos. Se encontraban casi al final del pasillo pero si eran lo suficientemente rápidas, llegarían hasta la escalera para poder perderse unos pisos más alejados de allí.- Debemos correr, Circe. O seremos carne de cañón de Flich - No quería imaginarse que clase de horrorosas torturas podrían llevar sobre sus cuerpos, el tipo estaba realmente loco.
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Circe A. Masbecth el Lun Mar 16, 2015 11:00 am

¿Considerar a Roselyn un mero cerebro? Por el momento no había perdido la capacidad de ver y en cuanto a la chica lo menos destacable resultaba ser su inteligencia. No quería decir, ni mucho menos, que careciese de ella, sino más bien que lo primero que llamaba la atención de esta era su aspecto físico, el cual no era precisamente algo que pudiese causar nauseas o pesadillas a los más pequeños. No se podrían narrar historias sobre su nariz torcida y la verruga que decoraba su punta, ni de sus cabellos enmarañados como si de un estropajo se tratase, ni si quiera de sus ojos rojos como la sangre. Roselyn no era como las brujas que los muggles imaginaban ante sus hijos para que miraran dos veces bajo la cama antes de acostarse. Más bien era como el prototipo de hada, salvo por la falta de cerebro y la capacidad de volar sin usar escoba. – ¿Tienes que tomarte todo tan a lo literal? Creo que es por eso que aún no tienes novio. – Dijo dibujando una sonrisa entre sus labios.

Acudió al uso de su dedo índice para pasarlo de manera divertida por el cuello de la chica hasta llegar a su boca, donde dibujó el final de una sonrisa imaginaria con el dedo. – Entre eso y lo callada que eres con el resto de personas. Seguro que todos te tienen por una viuda negra capaz de matarlos si se atreven a intentar cortejarte. – Escapó una risita entre dientes antes de seguir hablando. Porque Circe hablaba. Hablaba mucho. Pues podía tener la fama de alguien frío y cortante, pero no se caracterizaba por saber mantener la boca cerrada durante mucho tiempo. – Como se nota que no te conocen cuando estás a mi lado y pareces una persona capaz de hablar y todo. – No es que Roselyn fuera callada, es que… Sí, sí lo era. Lo que era sorprendente es que ambas chicas no sólo se hubieran conocido, sino que hubieran decidido, por una cosa o por otra, que merecía la pena incluso ser amigas.

Rodó los ojos y puso incluso un gesto intimidante ante la pregunta de su amiga. Circe y Roselyn jamás habían discutido, ni si quiera por tonterías, y eso era extraño teniendo en cuenta el veneno del que Circe era portadora. Pero el gesto que asumió su rostro en dicho momento pudiera haber hecho pensar que allí comenzaría esa primera discusión. Pero no apareció, claro que no lo hizo. – El día que conozca a un chico que me guste pensaré usar ese método. – Alzó ambas cejas y finalmente dibujó una sonrisa divertida entre sus labios. - ¿Te imaginas que realmente me interesase alguno de esos trozos de carne con dos neuronas? No, no. – Negó sonriente. – Además, el único que me interesa no precisa de ningún tipo de encantamiento. – Ilusa ella, quien creía que realmente aquello era cierto, cuando lo que resultaba ser no era más que el encaprichamiento de un adulto a quien le gustaba jugar con ella.

- Claro que va muy en serio. Mis amenazas siempre tienen consecuencias, rubita. – Afirmó manteniendo la sonrisa en todo momento, lo que hacía que su amenaza no sonase precisamente creíble. No tuvo tiempo de decir nada, ni si quiera de afirmar que las consecuencias no tardarían en llegar pues, retóricamente, llegaron sin pedir que viniesen.

Circe no dijo nada. Sino que se limitó casi a palidecer y salir agarrada a la mano de su amiga. Ni si quiera vio donde quedaba el gato. Ni fue consciente de si su amiga lo había llevado consigo o lo había dejado petrificado en mitad del pasillo. Ahogó la risa tapándose la boca con la mano libre, pues en momentos de tensión, dicen que es cuando la risa ataca, y en aquel momento estaba haciendo alarde de ello.

Ambas corrieron y frenaron en seco tras doblar a través de varios pasillos. Intentó no perder el equilibrio tirando de la parte superior de su pijama por si este decidía salir corriendo como ellas lo habían hecho de Filch y sonrió ante las palabras temerosas de su amiga. – Corre hacia la torre de Ravenclaw y el lunes nos vemos en clase. – Le dio un corto beso en la mejilla y sallió corriendo hacia el pasillo por el que habían venido, a sabiendas que se encontraría con Filch.

Estaba a punto de cruzarse con él con la varita en alto cuando cayó en la cuenta de algo. Ella no iba a meterse en problemas por salvarle el culo a su amiga. Sí, era su amiga, pero ella no era ninguna Santa Teresa, ni si quiera por la amistad. Tan rápido como pudo giró sobre sus talones volviéndose a colocar la parte superior del pijama y antes de lo previsto alcanzó a Roselyn, tirando nuevamente de su mano por las escaleras que se movían sin rumbo certero. – Al final cambié de opinión. – Dejó escapar una sonora carcajada, la cual se vio avivada por los gritos de un Filch desesperado por alcanzar a las alumnas.

Circe saltó de un escalón en otro hasta finalmente llegar al piso más alto del castillo, en la puerta de la Torre de Ravenclaw. Empujó a su amiga para que hablase a la pared, o hiciese lo que narices tenía que hacer, pues Filche estaba cada vez más cerca y habían sustituido el silencio por la velocidad. - ¡Venga!
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Invitado el Vie Mar 27, 2015 1:01 am

- No tengo novio porque los buenos hombres se fijan en ti - Respondió con completa tranquilidad, encogiéndose de hombros, siempre le parecería que la rubia tenía mucho más belleza de lo que se jactaba. Además su personalidad extravagante de decir lo primero que se te viene a la cabeza era un atractivo especial que a veces conseguía atraer más personas de las que alejaba, muchas personas tenían una atracción a ser tratados de manera ruda por chicas como Circe; los chicos no eran algo precisamente necesario en su vida, podría entretenerse dentro de sus libros. Además allí podría encontrar historias interesantes, de como los muggles veían a los magos, cosas de ciencia o simplemente estudiar algo... Ahora que lo pensaba con más tranquilidad, sonaba un tanto aburrido todo lo que hacía a diario, pero era tan común para su día a día que no podía evitar hacerlo por inercia.

La carcajada que brotó de sus labios fue rápidamente amortiguada por su propia mano, no podía darse el lujo de reír libremente a esa hora por más poco escondidas que se encontrasen.- Mis cuerdas vocales son tan especiales y sensibles que  mi voz solo puede verse escuchada por personas estrictamente inteligentes. Ya sabes, esas que hablan más de dos frases juntas sin tener que sobreexplotar sus cerebros al punto de que comiencen a humear sus orejas - Llevó ambas manos a los costados de sus orejas, señalando estás con sus índices y para luego alejarlas de si con un gesto que simulaba estar quemándose por dentro. Sabía que muchas veces podía repeler el contacto humano a través de su personalidad tan cerrada y centrada, pero para los curiosos que se atrevían a hablarle podrían descubrir que era sencilla. Capaz de mantener una charla que no fuera meramente intelectual.

Pese al gesto que gritaba "No preguntes" Roselyn presa de aquella curiosidad casi de carácter infantil se mostró verdaderamente interesada por la respuesta de su amiga. Así que tenía un chico en mente, eso era nuevo, normalmente los chicos se interesaban en ella y así la jovencita los rechazaba sin ton ni son.- ¿Vas a decirme quien es el afortunado por tener tu atención, o tendré que sacartelo con alguna poción? - Sonriente le dedico una mirada que decía "Tu y yo tenemos que hablar seriamente" ¿Pero desde cuando la ravenclaw le importaban los temas amorosos del resto? Desde nunca, pero si se trataba de su amiga, meramente debería saber el nombre de aquel personaje que la había atraído en primer lugar; cosas como ellas no sucedían todos los días. Así como tampoco que Flinch apareciera por los pasillos en el momento indicado en el cual ellas paseaban tranquilamente por allí, como buenas niñas que eran.

Por un momento se quedó en blanco en aquel final del pasillo, mirando en la dirección por donde corrió la serpiente como si la mera desaparición de ella por entre los muros de piedra fuese a darle una respuesta lo suficientemente buena para todas las preguntas que rondaban por su mente en aquel mismo momento.

¿Circe iba a dar el pellejo por que ella se salvara? ¿En serio? ¿Y que seguiría entonces, comenzaría a hacer protestas por los derechos de magos impuros o muggles? Eso era una completa y total locura, pero de todas maneras Roselyn no se negó a huir despavorida a penas tuvo la oportunidad, no porque fuese demasiado gallina, solo a veces lo era, sino más bien que no quería perder aquellos bonitos puntos que tanto le costaba conseguir en clases. Aun llevaba el gato bajo su brazo, en ningún momento lo había soltado, ni siquiera cuando quiso callar a la rubia por las constantes risas que escapaban de sus labios, por alguna razón lo tenía pegado a ella o tal vez eso pareció hasta que casi lo deja caer al vació por el susto que le dio la chica al regresar con ella.- Creo que las clases se han adelantado para nosotras - Se burlo antes de seguir a la chica saltando por las escaleras como si pareciera una mona detrás de otra.

Llegaron tan rápidamente a la entrada de la torre de Ravenclaw que por un momento la chica no supo que responder ante el ímpetu de su amiga porque abriera la puerta.- Eh... - Fue lo único que se le ocurrió decir mientras escuchaba la voz de Flinch casi llegar a donde se encontraban, poco más y seguramente sentiría su respiración tras ella, pero su cerebro se tomó vacaciones en aquellos vitales instantes.- ¿Acrómantulas gigantes? - Preguntó sin mucha convicción al águila de bronce que custodiaba la entrada, quien no cedió a su respuesta. Dió la palma de su mano contra su frente, intentando despertar sus neuronas con aquel golpe.

- ¡Ahora voy a agarrarlos, malditos renacuajos! - El gritó del conserje resonó a sus espaldas, casi como si se encontrara a tan solo unos pasos de ella, y así el nerviosismo de la chica con bolso de gato aumentó en grandes maneras.- ¡Babosas carnívoras! - Chilló luego de recibir la adivinanza nuevamente, con la buena suerte de que esta vez el pasadizo se abrió frente a ellas. Ni siquiera esperó que este diera paso para ambas, solo se lanzó de un salto hacía el otro lado, jalando a la chica junto consigo.

Un golpe secó se escuchó en la sala común de las aguilas, y luego de ello un completo silencio que solo se interrumpía ante el tenue crepitar del fuego dentro de la chimenea. El cuerpo del gato que Roselyn llevaba consigo se encontraba aun petrificado a un par de metros de ellas, quienes se encontraban sobre el suelo luego de haber tropezado con las prisas al entrar.- Creo que... No volveré intentar capturar a la gata de Flinch de nuevo - Suspiró en voz baja, antes de reír en voz baja.

Se puso de pie, tomando la mano de Circe para llevarla al sofá, donde se dejó caer con pesadez.- Deberás quedarte hasta que nuestro celador desaparezca -
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Circe A. Masbecth el Vie Mar 27, 2015 2:50 pm

- ¿Buenos hombres? Creo que no he tenido el placer de cruzarme con ninguno de esos por Hogwarts. – Admitió la rubia. O sí lo había hecho, habrían resultado tan insignificantes que no les habría hecho caso alguno por el mero hecho de no tener nada que llamase su anterior. Como bien se ha dicho, Circe era una niña caprichosa, y con las personas era de igual modo. – Deben de estar escondidos en sus Salas Comunes para que el resto de alumnos no los mate por ser mejores que ellos y quitarles las oportunidades con cualquier chica. – Se acababa de imaginar a Damon custodiando con su bate de golpeador una puerta llena de hombres que luchaban por escapar de su tiranía. Pero ese comentario prefirió guardárselo para sí, pues ir predicando que Damon era una persona celosa en todos los aspectos no resultaría de buen gusto. Al igual que Ian lo era un tanto, pero como era tan despistado y le perdía cualquier mujer sin importar quién o cómo fuese (menos su amiga la gorda, a quien se limitaba a hacer bullying cada vez que se cruzaba con ella), no contaba.

Roselyn podía llegar a ser una persona que a simple vista resultase muy misteriosa. Era callada y siempre parecía estar al margen de cualquier situación para aquel que no la conocía lo suficiente. Era la típica Ravenclaw perdida entre las páginas de sus libros a la que nada causaba el interés necesario para salir de ellos, o eso podían creer muchos. Pues las personas que tenían la suerte de poder conocerla, conocían de primera mano que se podía hablar con ella de cualquier cosa y que era como una joven más de su edad, algo más tímida, pero lo era. O al menos más tímida al lado de alguien que soltaba lo primero que pasaba por su mente sin razón alguna por el mero hecho de dejar suelta su lengua.

Podía decirse que pocas veces había sentido interés real por alguna persona. Que su interés no iba más allá de lo puramente físico y de darse una alegría de vez en cuando. Veía a las personas como un mero medio para conseguir un fin, por algo había ido a parar a la casa de Salazar Slytherin. Era ambiciosa en todos los sentidos de las palabras, y no consideraba a las personas diferentes de un simple objeto. Menos en contadas ocasiones. Quizá Roselyn era una de las personas que se salvaban de esa purga cuidadosamente realizada por la rubia, pues al fin y al cabo sí la consideraba realmente una amiga, del mismo modo que Robin podría ir a parar a este saco junto con su familia y un par más de amigos realmente cercanos. ¿Y el resto del mundo? El resto del mundo no eran más que meros peones en el tablero de ajedrez que resultaba ser su vida, o al menos, así los veía ella. - ¿Eso es una amenaza? – Alzó ambas cejas con un gesto divertido entre sus labios. No se sentía orgullosa de sus propios sentimientos, más bien se odiaba a sí misma por haberlos desarrollado. O se odiaría a sí misma cuando se diera cuenta que no eran más que meros caprichos de una niña que no sabe lo que quiere y que cualquier cosa le parece un mundo. – Veamos… - Apoyó la espalda ligeramente contra la pared y alzó los ojos al techo, perdiendo su vista en las rocas que lo formaban.

- Está en Hogwarts, compartimos con él algunas clases, es alto, carismático, miembro de Slytherin… - Pensó qué más podía decir de Derek. Tampoco le conocía cómo podía conocer al resto de sus amigos, tan sólo era un capricho y no necesitaba demasiada información para tenerlo. – Ojos claros, suele llevar un poco de barba, le gusta molestar a cualquiera que se encuentre en su camino, tiene más autoridad que cualquiera de nosotros juntos y… Suele darnos clase de Adivinación. – Derek y Circe llevaban prácticamente desde principio de curso viéndose a escondidas en Hogwarts y la chica estaba completamente segura de que aquello era algo real y no un mero juego para uno y un capricho absurdo para sí misma.

En su huída para dar el esquinazo a Filch, Circe tuvo la idea de salvar a su amiga perdiéndose ella en un mar de problemas. ¿Pero desde cuando ponía ella la mano en el fuego por otra persona? Era su amiga, sí, pero antes de todo iba ella. Por lo que antes si quiera de doblar la esquina donde Filch se encontraba esperando para atraparlas, viró sobre sí misma y comenzó, nuevamente, a subir escaleras arriba. No tardó en dar con su amiga, agarrando de su brazo y haciendo que subieran lo más rápido posible. Era un maldito culo inquieto, por lo que no parar quieta no suponía ningún problema para ella.

La puerta de la sala común de las águilas no se abría. Roselyn contestó el interrogante y no hubo respuesta, tan sólo la ausencia de esta. Volvió a intentarlo y lo consiguió, haciendo que ambas chicas entrasen a todo correr dejando a Filch a punto de atraparlas y vociferando en el exterior a la vez que golpeaba todo a su paso. – Ese hombre ha perdido el juicio de tanto hablar con su maldita gata. – Sentenció antes de seguir los pasos de su amiga y tirarse en el sofá del mismo modo. Dejó caer su cabeza hacia tras, quedando así mirando el techo de la Sala Común y admirando cada objeto allí presente. – No sé porque me imaginaba que sólo tendríais habitaciones en esta Sala Común para no distraeros de vuestros estudios. O una segunda biblioteca. Pero aquí podéis montar fiestas y todo, que calladito os lo teníais las águilas. – Bromeó mientras apoyaba la cabeza en el hombro de la chica y cerraba los ojos. - ¿Me cuentas un cuento o te vas a tu cama a dormir?
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