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Recuerdos en llamas (Elia Deveraux)

Invitado el Dom Ene 11, 2015 11:40 am

Últimamente no había mucho movimiento con los mortífagos, Lord Voldemort solamente se dedicaba a pensar y pasear en solitario con su serpiente. Muchos de nosotros atendíamos asuntos por nuestra cuenta, ya fueran importantes o por pura diversión. En el Ministerio tampoco había mucho movimiento, la gente se estaba adaptando al ritmo de trabajo después de la Navidad y muchos de ellos parloteaban que echaban de menos a sus hijos. Yo por suerte no tengo ese problema, no tengo hijos y tampoco los tendré. La vida en mi despacho era muy monótona, firmando documentos enviados desde los Ministerios extranjeros y aguantando a mi secretaria...Necesitaba algo de diversión, me estaba oxidando y aburriendo demasiado.

Me acordé del estrago que ocurrió en el pueblo aquella noche, la cara de sufrimiento que dejé al gilipollas de Daniel. Decidí ir al lugar aquel a ver cómo estaba después de aquello, así de paso buscaría carnaza fresca. Me coloqué mi gabardina de terciopelo negro y me aparecí cerca de la estación de tren, lo que yo decía...Todavía había partes que no habían sido reconstruidas, eso demuestra que el caos que organizamos fue un éxito.

Tras un rato paseando por las calles, llegué a la estación. Las vías ya estaban en funcionamiento pero la estructura de la estación todavía no estaba acabada. Sonreí malévolamente debajo de mi bufanda, que ganas de volver a sentir el éxtasis de aquella noche...Cerré los ojos plantada delante del escenario, recordando cada segundo de aquella pelea...La sensación de tener la sangre de otros en tus propias manos, ese olor que te recorre los sentidos...Volví a sonreír y bebí de mi café, no había mucha gente por la zona así que puedo tomármelo con mucha calma.
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Elia Deveraux el Dom Ene 11, 2015 10:25 pm

Necesitamos un descanso después de los excesos navideños, dijeron. Saldremos de tranquis, dijeron. Antes de las dos estaremos en casa, dijeron. Nunca pasa nada bueno después de las dos, dijeron. Y entre lo dicho y lo hecho, bien dicen las viejas que hay un buen trecho. El martilleo continuo que hay en mi cabeza desde que me he despertado esta tarde me dice que ayer no tuve un descanso, que este finde no salí de tranqui, que antes de las dos no estuve en casa, y que efectivamente las mejores cosas pasan después de las dos de la mañana. Tara y Mandy me convencieron para estar con ellas este fin de semana. Mi trabajo me lo permite, y mi cuerpo lo necesitaba. Odio pasar los fines de semana en mis aposentos leyendo o preparando clases. Es sumamente aburrido. De modo que el viernes cogí mis cosas y me quedé en casa de Mandy.

Cenamos en casa, pedimos comida india y reímos juntas al rememorar viejos recuerdos. Algunos gloriosos, como cuando Tara ganó un concurso en una discoteca por ser la mejor bailarina. Jamás la habíamos visto bailar en un podio, pero ese día se coronó. Otros recuerdos más desastrosos, como cuando Mandy y yo estuvimos saliendo con el mismo hombre unas dos semanas. Entre risas, alguien tuvo la maravillosa idea de salir a tomar una copa. Una sola copa, dijeron. Una nada más. Y salimos. Tomamos una detrás de otra, seguido de chupitos y de juegos en las máquinas de marcianos.

Recuerdo que ligué con un chico atractivo. Del uno al diez, puede que fuese un ocho, o un siete. Un tipo normal pero con encanto especial. Ese tipo de chico que tiene ojos oscuros y sonrisa traviesa, con una edad comprendida entre los veinte y los veinticinco. Sé que vino conmigo hasta casa de Mandy y no a dormir precisamente. Mi cuerpo me agradeció bastante aquel tiempo de esparcimiento. Ahora mismo, caminando hacía el andén para poder volver a Hogwarts a tiempo, aún recuerdo el placer que me dieron sus caricias. Era un muggle tonto, y nada más despertar lo tiré de la cama y le ordené de malas maneras que se marchase. Todo el mundo sabe que tengo un mal despertar. Eso no quita el hecho de que, a pesar del martilleo en mi cabeza, me sienta bien conmigo misma.

Me vestí cuidando mi imagen de profesora seria, aunque mis ojos delataran que no hacía no dos horas que me había levantado de la cama. Debí coger las gafas de sol. ME vino un bostezo anormalmente grande, de esos que te hacen cerrar los ojos aunque no quieras, y tal cosa hizo chocar mi maleta de mano contra una mujer que parecía un toro negro con ese abrigo oscuro. – Disculpa. – Murmuré sin vocalizar demasiado. Y quise proseguir mi camino con los ojos vidriosos a causa del tremendo bostezo.
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Invitado el Sáb Ene 17, 2015 5:43 pm

Hacía algo de frío, era normal en la época del año en la que estábamos. Muchos me hubieran dicho que me fuera de juerga y de copas para matar el tiempo, pero preferí irme a echar un vistazo a ese lugar tan encantador que sigue igual que en mi época de estudiante. He visto cómo los dueños de los locales han cambiado tantas veces de dueño, ya sea porque han muerto o porque son unos inútiles que no sirven para nada. Era Domingo, y se veían los últimos alumnos que apuraban las horas de libertad que tenían los din de semana, ya sea para comprar artículos de broma, como para llenar sus arcas con golosinas y azúcar intravenosa.

Tras acabar de ver a los alumnos, mi vista se centró en la estación medio destruida del tren. Fue una pena que no me cargara también las vías pero tuve cosas más interesantes con las que jugar, ya fuera Deveraux o la muchedumbre que lo animaba desde la retaguardia. Bebía y bebía del vaso que tenía en la mano, hasta que una chica que iba con indas gafas de sol y una maleta se chocó contra mía. A juzgar por su aspecto, parecía que había estado el fin de semana de juerga...Esta juventud...Ya no saben ni cómo divertirse sin acabar hechos mierda, y eso que cuando yo era más joven, la bebida era incluso más fuerte que la de ahora.


-Tenga cuidado señorita...Si quiere algo para matar la resaca, quizás pueda aconsejarla. Me giré sin inmutarme bebiendo mi café. Yo también fui igual de joven que ella, y no se...La chica aparenta de buen ver...Quizás aún siga borracha y pueda complacerme...Hace tanto que no lo hago con una mujer. -Como decía mi madre, quien tiene una buena noche no puede tener un buen día...Yo también tuve mis noches de diversión. Sonreí ladeada y volví a beber de mi vaso, vamos a ver si esta presa no sale corriendo...
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Elia Deveraux el Mar Ene 20, 2015 10:36 pm

Estaba intentando que mi bostezo no me afectase a todo el cuerpo. Tengo la bonita costumbre de estirar todos los músculos de mi cuerpo después de bostezar, pero no podía hacerlo allí mismo. De modo que pegué mucho los brazos a mi cuerpo y tiré mi cabeza ligeramente hacia atrás. Aquello bastaría por el momento. En aquel instante me entró frío y traté de abrigarme pasando hasta arriba mi abrigo. Hoy es uno de esos días en los que me gustaría tener el pelo corto para poder ponerme un gorro de lana sin que al quitármelo parezca que abuso de las drogas. Al pensarlo mejor, prefiero mi melena larga y ondulada ya que me hace parecer más femenina. No fío de las mujeres que llevan el pelo corto.

Iba tan atareada que no vi a la mujer y hice chocar mi bolsa con ella justo cuando acababa de soltar mi segundo bostezo.  Me disculpé como una señorita que soy y no esperé reacción. Por eso aquella voz que me hablaba me sonó tan extraña. Su tono despreocupado y su desfachatez me hicieron parar en seco. Mi resaca era terrible, sobre todo por el hecho de no haber dormido lo suficiente. Me quedé mirando a la mujer de mala manera. Como se atreve a decirme que ella puede aconsejarme. Ya se como curar la resaca. Beber cerveza, comer cosas grasientas y dormir. Eso me había faltado esta mañana. No he comido mucho, y lo poco que ha entrado en mi organismo han sido todo líquidos. Necesito carne grasienta. Me apetece una hamburguesa. En el transcurso de mis pensamientos me di cuenta de que seguía parada mirando a la mujer. - ¿Cree tener un remedio milagroso para la resaca? Me gustaría saberlo. - No reconozco a esta mujer pero ha tenido la desfachatez de hablarme y intenta ser más lista que yo. No me gusta. Puse mi cara de suficiencia esperando su respuesta.

La mujer era bastante hermosa. Nada del otro mundo. Alta, bastante alta en realidad. Morena,con el pelo largo. Tiene el pelo largo, es de fiar. Sostenía en su mano un vaso de café o alguna bebida caliente similar. Miré con descaro el reloj de la estación como dando a entender que tenía prisa. El tren iba a salir en menos de media hora y no podía llegar tarde. Soy una profesora seria, por favor.
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Invitado el Mar Feb 10, 2015 8:15 am

Prácticamente había venido al pueblo de Hogsmeade porque me aburría en Londres y me apetecía ver como estos pobres ilusos intentan reconstruir el pueblo después de lo sucedido hace unos meses, da igual que lo pongan como estaba antes, la vidas que nosotros de solamos nunca volverán a caminar por estas calles, y eso es una motivación para seguir haciendo lo que me apetece, matar...

Pensaba que no me encontraría a alguien en mi observación de la estación, pero por lo visto alguien ha llegado a mi encuentro...No de una manera muy elegante, pero apreció. Era joven, se le notaba tras esas gafas oscuras...Era más grande que un alumno así que posiblemente sea una profesora...¿La asignatura? No te pases, yo soy aproximada con la edad de las personas, no con su profesión.

Llamé su atención comentándole que si había salido de fiesta, que yo podría ayudarla con la resaca. Bajo esas gafas pude notar una mirada de repulsión hacia mi persona, era normal porque yo también hubiera hecho lo mismo. -Tranquila, no es nada del otro mundo...Tan sólo tienes que beber mucha agua o zumo, comer y maquillarte porque la cara... Hablé sin inmutarme, haciéndome la simpática. Se que no caerá tan fácil porque estos jóvenes cada día nacen más listillos y eso jode muchos planes, no es mortífaga, no me suena mucho su cara...Vamos a seguir con nuestra táctica a ver si puedo sonsacarle más y quizás explore muchos más campos...

-Ai perdona que desconsiderada...Me llamo Rebecca Kreiss...La hermana pequeña de mi amiga murió aquí aquella noche del ataque y vine para recordarla Puse cara triste y suspiré dando pena...Todo lo que dije era mentira pero siempre hay que decir algo que no es para poder sacar un tema de conversación. Cambié mi cara a una sonrisa afligida y le volví a preguntar, a ver si ella me pregunta más cosas y así la pillo y la violo...En realidad no, no soy de esas mujeres necesitadas. -¿Eres profesora? Pregunto porque es raro ver una mujer de tu edad por aquí, no te lo tomes a mal. Y paso de preguntar más, odio eso...Ni que fuera una entrevista, yo te pregunto y tú me contestas. Pero si consigo sacar información de su intimidad quizás pueda reportar un informe al señor oscuro, creo que el aburrimiento de haber venido puede que salga productivo y todo.
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Elia Deveraux el Vie Feb 13, 2015 12:25 am

La mujer me habló con unas confianzas que me hacían desconfiar. Mi cerebro repasó lentamente su cara para averiguar si la conocía de antes pero la información no se procesaba bien. No, no me conoce. Ni yo a ella. ¿Para qué me habla? Cree tener un remedio milagroso contra la resaca cuando el único secreto que existe para ello es dormir, mear, y beber muchos líquidos. Una cerveza muggle o un whiskito cortito tendrían el mismo efecto. No puedo beber hoy, es domingo y debo ser una mujer responsable.

Miré a la mujer con mi habitual cara esperando su cura milagrosa. Agua, comida y maquillaje. Un estupendo consejo de la mujer perfecta. - Muchas gracias por tu aportación. Intentaré maquillarme. - No me gusta ir por ahí pintada como una puta, o una puerta, o una puta puerta. El maquillaje es para las viejas que quieren tapar sus arrugas, para las jóvenes que quieren tapar los cráteres típicos de la adolescencia, y para los hombres raros. No para mi. Estoy en esa edad perfecta donde no existen arrugas marcadas ni acné.

La mujer sólo intentaba ser amable pero yo no me sentía así en absoluto. Más bien tenía ganas de gritarle a la cara que se fuese a la mierda, lejos de mi. Que aún tengo que llegar al colegio y sufrir otra semana de clases aburridas con alumnos hormonados. Estaba pensando una forma amable de irme cuando ella empezó a hablar de nuevo para presentarse. Oh, no. Sin más, se puso a contarme sus dramas. Mi cara de “me importa un pimiento” dio paso a mi cara de “oh, lo siento, pero tengo sueño”. - Que fatalidad. - Intenté ser amable y mostrar mi pesar pero mi voz sonó falsa. Sé que hubo una ataque y algunos alumnos del colegio pusieron sus vidas en peligro. Debería preocuparme por su seguridad pero mi principal misión es que aprendan el sistema rúnico, no que sigan vivos. Un nuevo vistazo al reloj me hizo saber que no había pasado ni un minuto desde que choqué con la mujer. - Soy Elia Deveraux. - Ella se presentó sin ofrecer su mano. Tampoco hizo ademan de darme dos besos como suelen hacer los europeos. Estoy tan acostumbrada a los dos besos de rigor que me quedé inmóvil. Ese incómodo momento para mí lo aprovechó la mujer para indagar sobre mi. ¿A qué viene tanto interés? - Así es, Runas Antiguas. - Asignatura que mis queridos alumnos zoquetes no valoran, pensé. - ¿Y usted? Parece buena en Adivinación. - ¿Para qué me pongo a preguntar si no quiero hablar más?
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Invitado el Dom Mar 29, 2015 12:40 pm

Todo estaba a pedir de boca en estos momentos, recordaba todo lo ocurrido aquella noche. Lo más gracioso es que los inútiles del pueblo se pusieron manos a la obra para restaurar todo lo dañado ese día, que si la librería esa que se iba a inaugurar, las casas, la estación de tren...De la estación me llevo muy buenos recuerdos, sobretodo cuando casi mato al idiota de Daniel Deveraux delante de sus seguidores, es una pena que ese populacho no pueda ahora contar cómo su héroe quedó derrotado y medio quemado por mis cadenas...Que satisfacción siento cada vez que veo su cara de sufrimiento.

Mientras recordaba todo esto, me topé con una mujer rubia con unas gafas de sol que casi le tapaban toda la cara...A juzgar por la hora y por el lugar, pude suponer que la chica era profesora...Y acerté, me dijo que era profesora de Runas Antiguas, que desperdicio de asignatura. La cursé por mi madre, ya que ella sabe leer runas y porque así tendría una buena nota asegurada para mis EXTASIS. -Runas Antiguas, me gustaba esa asignatura cuando fui a Hogwarts, felicidades por elegir ese camino Dije haciendo ver que me alegraba, pero en realidad le estaba diciendo que iba a cobrar sin trabajar mucho porque a esa asignatura no va ni dios, por lo menos en mi época.

Antes de saber que era profesora, ella se presentó como Elia Deveraux...Vaya...así que esta chica es Elia...la hermana que tanto nombraba la rata asquerosa de Daniel, espero no equivocarme pero esta chica tiene todas las papeletas de ser otro de mixi blancos...Quizás pueda llevármela a mis terrenos y así poder extorsionar al sanados amiguito de los niños. -Deveraux...¿Eres hermana del director de San Mungo? Es un hombre muy bueno con sus pacientes. Pregunté haciéndome la nueva, como esta niña asienta a mi pregunta, voy a por ella y la amordazo...Nah, mejor la dejo huir y ya poco a poco nos veremos la caras...Hay que ser sutil, no hay que espantar a la presa. De repente me acordé que le debía un secreto para la resaca, evidentemente le voy a decir parte de verdad y parte de mentira, seguramente no siga mi consejo pero yo ya he realizado mi buena obra del día.. -Para curar lo de tu resaca, tienes que beber mucho zumo, caldos naturales y mucho sexo, el sexo es fundamental ya que disfrutas y luego duermes plácidamente....Te levantas con muy buen humor al día siguiente. Menuda trola le acabo de meter, aunque seguramente capaz que me estoy equivocando y haya un estudio que diga que el sexo cura todas las enfermedades, si eso es cierto, entonces yo viviré muchos años mas...Ui espera, que eso ya lo hago por genética, así que puedo ser una salvaje el tiempo que me de la gana...Me gusta.
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Elia Deveraux el Jue Abr 02, 2015 9:33 pm

Mi mente no trabajaba de modo normal debido a las escasas horas de descanso. Por eso continuaba hablando con aquella señora de forma cordial en lugar de soltar algún improperio o de marcharme sin más explicaciones. Pero la mujer parecía interesada en hablar conmigo. De buenas a primeras me vino a dar trucos infalibles contra la resaca y en realidad no me estaba diciendo nada nuevo. ¿Qué quiere? Estaba esperando que me hablase de eso que los muggles llaman dios, o algo parecido. Pero al mujer era una bruja. Dijo que estaba en la estación para recordar a alguien que había muerto allí en el ataque. ¿Y a mi qué me importa? Me presenté por educación pues ella me había dado su nombre. Entonces empezaron las preguntas típicas personales que haces a una persona a la que acabas de conocer. Sonreí desfallida cuando dijo que amaba las Runas en el colegio. - Es sólo un trabajo. Tengo un alma inquieta, puede que mi camino sea otro dentro de unos meses. - No estaba intentando sonar misteriosa, estaba hablando con total sinceridad. Tengo una personalidad fuerte que hace que me aburra muy fácilmente de las cosas. Por esa razón no me duran  las relaciones con los chicos. Cuando empiezo a conocer a uno me doy cuenta de que hay otro que tiene cualidades mucho más interesantes. Ha sido siempre así. Puede pasar lo mismo con este trabajo. Cualquier día me levanto por la mañana y me doy cuenta de que odio a muerte a esos crios, y decido fugarme a Brasil, o a la China. Quien sabe.

Quise saber en que trabajaba ella pero esquivó mi pregunta haciendo ella otra pregunta sobre mi hermano.  En ese momento mi mente maltrecha me jugó una mala pasada. ¿Y si es ella la nueva novia de Dan? Pero no lo era. La putita aquella era rubia y esta es claramente morena. - Si, es mi hermano. No sé si es bueno con los pacientes y espero no comprobarlo nunca. - Contesté con desdén. Si, es mi hermano y le quiero. Pero si un día me pongo enferma o me ataca una bestia parda prefiero que me atienda otra persona. Daniel se pondría histérico y me colmaría de atenciones que no necesito. Quizás Rebecca Kreiss vaya a pensar que tengo una mala relación con mi hermano. Me da igual lo que piense.

Miré de nuevo el reloj un tanto impaciente. El tren iba a tardar en salir un buen rato, no podía ponerlo como excusa para dejar de hablar con esta extraña mujer. Ella en cambio no tenía prisa y continuaba dándole vueltas al tema de la resaca. Me hizo reír con su nuevo remedio. - ¿Sexo? ¿En Hogwarts? - Pregunté con cierta ironía. - No negaré que hay ciertos profesores muy atractivos, pero si me estás diciendo que tenga sexo con alumnos definitivamente no. - Y puse cara de asco para rematar la faena. Los chicos de diecisiete tienen potencia sexual y ganas de follar siempre, además no quieren compromisos, son limpios y saben guardar un secreto. Por norma general... Siempre hay excepciones. Pero no quiero fastidiar mi nuevo empleo. Estoy a gusto. Rebecca debe ser una de esas reporteras de la famosa revista Corazón de Bruja. Por eso ha venido a por mi en cuanto me ha visto.  ¿Cómo me llamaron la última vez? Ah, si, ninfómana. Querrá cerciorarse de que sus informaciones son certeras esta vez. Esperé impaciente su nueva pregunta.
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