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It's something [Priv. Leonardo Lezzo]

Invitado el Mar Ene 20, 2015 10:47 pm

Una mueca se entreveía en las facciones de la chica, reflectora de la más profunda molestia que alguien en un lugar como aquel podía demostrar en dicho momento y a su conciencia no podía ser para menos. Se encontraba en el santuario del saber, la cuna de todo conocimiento, el salón que encerraba los más profundos misterios tan solo en... Libros. Así es, no era una sorpresa que la ravenclaw se encontrara en dicho lugar del castillo pues era una de sus zonas predilectas para introducir la nariz entre los libros, ya sea porque se encontrara recurriendo a información para terminar alguna tarea o porque quizás se encontrara en su tiempo de ocio buscando algo con lo que podría entretenerse. Siempre le había parecido una actividad reconfortante perderse entre aquellos pasillos en la busca de algo lo suficientemente rebuscado o extraño para divertirla, después de todo le servía para saciar su curiosidad casi infantil de las nuevas cosas que podría descubrir en el mundo mágico o hasta fuera de él. Sin embargo esa última ocasión, no se encontraba haciendo nada por goce.

Claro que no, Roselyn se encontraba a la orden del día buscando algo que pudiera ayudarla en su tarea de Adivinación pero la tarea le parecía tan infructuosa como querer sacar agua de un pozo seco ¿Por que? Simplemente porque no se sentía capaz de siquiera poder comenzarla, el día no había comenzado muy bien y no parecía dispuesto a mejorar, eso era claro desde el primer momento que salió de la cama luego de una noche sin pesadillas y se tropezó con uno de los zapatos de sus compañeras, golpeando de lleno el suelo helado, haciendo una marca bastante notable, que logró cubrir luego de un par de intentos, pero que la había llevado de malas y que la había hecho retrasar a su desayuno, teniendo que saltearlo, para finalmente llegar tarde a clase y que por ende la profesora le diera por castigo tarea extra. Llegada la instancia la cosa no mejoraba por las chiquillas que cuchicheaban acerca de la última edición de corazón de Bruja y acerca de lo guapo que eran los chicos de la biblioteca; si tan solo pudieras llamarles la atención.

Bufó en voz baja antes de levantarse a recoger algunos libros, revisando algunos estantes que se encontraban a un par de metros de la mesa donde se encontraba, no encontraba nada que ayudase mucho a esa altura, por lo que tuvo que fijarse en unos estantes más altos, a los cuales, como no, no alcanzaba a llegar pese a su buena talla. Contuvo un suspiro, dando un pequeño saltito para llegar a rozar el lomo de uno de los tomos de adivinación que necesitaba, casi estaba por alcanzarlo más cuando casi lo sentía entre sus manos toda la estantería vibró, consiguiendo que varios libros cayeran sobre ella con un poderoso estruendo.

- Genial... - Casi gimió compungida en sarcasmo, varios alumnos reían en silencio mientras otros menos reservados lo hacían en voz alta. Claramente nadie iba a ayudarla, así que solamente se limitó a agacharse. Comenzando a recoger los libros uno por uno. Todo sería más fácil si a la bibliotecaria no se le diera por casi morder a los alumnos que acomodaban nuevamente todos los libros con magia; aunque intentaba que su ánimo no decayera, no se las daría de optimista pero tampoco deseaba amargarse cuando aun le quedaba medio día más al que enfrentarse. Debía mantenerse serena.

Las cosas no podían empeorar... ¿Cierto?
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Leonardo Lezzo el Miér Ene 21, 2015 1:09 am

Despertar por la mañana era toda una odisea para alguien que se acuesta tarde estudiando y sabe que al despertar tiene que desayunar en cinco minutos para volver a la tarea. Además de estudiar, hay deberes y trabajos a montones. Leo se sentía tan desanimado esa mañana que ocultó la cabeza bajó la almohada cuando llegó la hora de levantarse. Al poco rato se sintió culpable y salió de la cama de un salto. Se puso el uniforme que estaba mágicamente limpio y planchado encima de su baúl, y salió al mundo. Los alumnos más jóvenes estaban dispersos por la sala común. Algunos terminando deberes a última hora y otros correteando en calzoncillos jugando al pilla-pilla. Leo pasó por allí con la cabeza gacha y la mochila en el hombro. El desayuno no le ocupó más de tres minutos. Por la mañana el Gryffindor no solía tener mucho apetito. De nuevo con la cabeza gacha puso rumbo a la biblioteca.


Había intentado hacerse un horario de estudio y cumplirlo a rajatabla, el problema era que llevaba tres asignaturas con retraso. Entre ellas Historia de la magia. A Leo no se le daba bien recordar fechas, ni mucho menos a que se debían tantas peleas y revoluciones entre magos y criaturas mágicas con razonamiento humano como las sirenas o los centauros. Además se le daba mal explicarlo y tenía muy malas calificaciones en sus redacciones.


La biblioteca estaba llena de la típica gente que hay siempre en aquel lugar repleto de libros. Por una parte las niñas que van allí a hablar. Cuando sería mejor usar el gran comedor, el pasillo, o cualquier aula vacía para ese fin. También está la gente solitaria que va allí a estudiar porque no tiene otro remedio que confinarse en ese lugar medianamente silencioso para gozar de un ambiente tranquilo y sin distracciones. Leo estaba caminando por un pasillo buscando un sitio tranquilo y vacío donde aposentarse cuando en el pasillo de al lado se escuchó un fuerte estruendo. Su capacidad de concentración se vio reducida y no tardó en ir a fisgonear. Allí encontró una chica con larga melena agachada en el suelo recogiendo libros. - ¿Te has hecho daño? - El chico no dudó en ayudar a la chica a recoger los libros. No habían muchos pero eran pesados. Todos sobre Adivinación. Una vez recogidos leo sonrió ala muchacha. Parecía agobiada. En su túnica vio el escudo que podía dar a entender que la chica estaba estresada porque tenía que obtener unas buenas calificaciones para que su casa no quedase mal. - Soy Leo. ¿Estás bien? - Leo insistió una vez más en preguntar por la chica, mientras tendía su mano en tono amistoso. La chica no tenía signos visibles de haberse hecho daño pero parecía angustiada. Siempre viene bien tener alguien con quien desahogarse.
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Invitado el Miér Ene 21, 2015 7:06 pm

Continuo recogiendo los libros uno a uno, algo molesta porque estos fueran demasiado pesados como para que pudiera colocar todos de una sola vez en la estantería, momentos como esos la hacían pensar que quizás seria una buena idea entrenar un poco o siquiera entrar una temporada en el equipo de Quidditch para poder tener un poco más de fuerzas en su cuerpo y que la ayudaran en momentos de apuro como esos. Negó un par de veces, no venía al caso pensar en cosas como esas y en cambio continuó recogiendo los libros; solo la animaba pensar que aquellos no eran demasiados y en tal caso no tardaría mucho tiempo para poder regresar a sus estudios.

Sin embargo en medio de su pequeño predicamento un joven se acercó en su ayuda, quizás demasiado rápido como para que Roselyn reaccionara a tiempo para decirle que podía hacerlo por ella misma.- Ah... - No atinó a decir nada ante su pregunta, después de todo no era que se encontrara perfectamente en dicho momento pero tampoco iba a contarle todos sus problemas a un simple extraño. Frunció suavemente la nariz cuando una pequeña migraña atacó la zona derecha de su cabeza, cercano al lugar donde recibió el golpe en la mañana, no se veía marca alguna porque con un hechizo pudo cubrirlo, más el dolor seguía allí. Acarició dicha zona un par de veces con gesto distraído antes de asentir.- No me hice nada... Gracias - Por primera vez dirigió su vista al chico frente a ella, un poco más alto y de la valiente casa de los leones, parecía bastante normal y se podría decir que de alguna manera ¿Amigable?. Quizás he ahí la razón de la ayudara.

Miró la mano tendida frente a ella, estrechándola luego de algunos segundos con cierta renitencia que en algún otro momento podría haberla descrito como timidez o algo parecido, no lo sabía a ciencia cierta.- Roselyn. Y si estoy bien - Finalmente soltó su mano, subiendo unos un tanto su mirada para poder verlo a los ojos, le llevaba unos cuantos centímetros pero lo suficiente para verse mayor que ella y tal vez lo fuera. En los siguientes segundos movió su mirada a la estantería que estaba a su costado, cayendo en cuenta que habían guardado el libro que ella necesitaba; frunció los labios, bufando en voz baja y consiguiendo que unos cuantos cabellos se movieran de su lugar. Era más que claro que no podría llegar, pero aun así volteó para darle la espalda al chico; se atrevió a estirar su brazo nuevamente, a penas y si rozando el lomo del libro por su parte baja, como si de alguna manera estuviera efectuando una caricia sobre él. Fueron solo unos cuantos segundos pero le bastaron para perderse otra vez en sus pensamientos, no era algo que le costara mucho pues tenía una naturaleza callada, realmente curiosa y reservada por lo que faltaba mucho para abstraerse en su mundo.

No sabía muy bien que hacer, pero recordó que había alguien a su lado, alguien lo suficientemente alto para poder ayudarla.- Yo... -
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Leonardo Lezzo el Vie Ene 23, 2015 12:55 am

El chico no esperaba escuchar tanto ajetreo en la biblioteca, por eso se acercó a ver que estaba ocurriendo. Tremendo escándalo no podía ser provocado aposta o la señora Pince iba a sacar al causante a rastras hasta el pasillo. No es que Leo fuese un fisgón, pero cualquier excusa era buena para no ponerse a estudiar de inmediato. Sin duda, aquel estruendo era una manera perfecta de posponer sus tareas. Lo que el Gryffindor no se esperaba era encontrar a una muchacha recogiendo libros del suelo, libros que probablemente ella misma habría tirado en un descuido. Sin ni siquiera preguntarle nada se puso a ayudarla mientras que los demas alumnos se reían o hablaban sobre ello. Es más fácil ayudar. No pasa nada por tirar unos libros. Esa biblioteca está demasiado abarrotada y sus estantes son demasiado altos. Leo se alegró de que no fuese una maniobra de distracción de niños de segundo curso que intentan escaquearse de cumplir algún castigo o de, simplemente, estudiar un poco. A Leo tampoco le apetecía estar estudiando y debía hacerlo.

Preguntó a la chica Ravenclaw si se encontraba bien. Los libros podían haberle golpeado la cabez al caer, y ciertos libros son muy gordos y pesados. Pueden provocar una hemorragia o una brecha en la cabeza sin problemas. Por suerte ella estaba bien. Un poco aturullada por el escándalo que había provocado y por las risas, que suponen pasar vergüenza y eso a nadie le gusta.


Una vez pasado el mal trago y habiendo devuelto los libros a su lugar, Leo quiso ser amable y se presentó formalmente tendiendo su mano. La chica se llamaba Roselyn y a primera vista al Gryffindor le pareció muy bonita y muy tímida. A penas miraba al chico a los ojos. Mirar a los ojos es una cualidad que no todo el mundo posee. Esa cualidad indica que la persona en cuestión es directa, sincera y , en ocasiones, un poco atrevida. - Encantado. - La amabilidad es otra cualidad casi innata en el chico.


Se quedó quiero observando a la chica, sobre todo su pelo. Por una vez en la vida, Leo se había topado de frente con una chica que no era pelirroja. Las relaciones del Gryffindor no eran als más extendidas, pero si solía cruzarse con chicas pelirrojas como Yvette o Joahnne. Quiso hablar de algo con Roselyn pero no supo que tema sacar. La mayoría de las chicas huyen del Quidditch porque no quieren que se las relacione con un deporte tan poco gramuroso, y dicen no entender de equipos ni de faltas. Las clases son demasiado ovbias y aburridas. Precisamente Leo estaba buscando escapar de sus deberes, no quería hablar sobre ellos. Tampoco quería ser pesado y la chica estaba pendiente de coger un libro y lo más seguro es que quisiese estudiar. Para eso se va a la biblioteca, y no para charlar. El chico se percató de que ella no llegaba a su objetivo, de modo que la ayudó. - Lo siento, no sabía que lo necesitabas. - Miró el libro un instante y luego de lo entregó. - De modo que adivinación... ¿Te gusta? -  Leo confiaba en que la chica sería lo bastante valiente como para mandarlo a la mierda si quería estudiar y que la dejaran en paz. Por lo pronto, él prefería conversar. Eso si, en voz leve y relajada.
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Invitado el Dom Ene 25, 2015 5:31 am

Roselyn normalmente se encontraba relajada en un ambiente como la biblioteca, un lugar que resultaba ser callado donde de manera tranquila podía distenderse o por lo menos eso intentaba ser la mayoría del tiempo en el cual las chiquillas no pasaban por el lugar con la intención de cotillear e incluso llegar a algún coqueteo. Había espero las risas cuando los libros cayeron sobre ella más no la amabilidad de aquel castaño que se detuvo para poder ayudarla, por lo menos hacía la tarea más sencilla, más el hecho de que en algún momento pudieran cotillear de aquel casual encuentro lograba que no se encontrara del todo tranquila, solamente por el mero hecho de que tendría que seguir aguantando chismes sin sentido. Su territorio seguiría invadido por quien sabe cuanto tiempo más y la idea no era para nada atrayente.

Acomodó un poco sus cabellos antes de recibir aquel libro entre sus manos, normalmente controlaba su melena con algún broche o intentaba peinarlo de cierto modo pero con la salida temprana de su habitación a penas y si se había preocupado por su aspecto pero cuando sintió aquella inquisidora mirada sobre ella no pudo evitar actuar con inercia, finalmente tomando el grueso tomo de adivinación entre sus manos.

- Más bien es una tarea de castigo... No es el mejor día - A penas y si levantaba el tono para hacerse escuchar, más bien de alguna forma parecía encontrarse susurrando o tal vez mejor decir murmurando, sin esforzarse por sonar demasiado alta. Se encogió de hombros, no era que adivinación le fuera difícil pues había muy pocas materias que le presentaran algún desafió pero el día no empezó bien y el dolor de cabeza en sus sienes le molestaba en más de una manera, pero quizás distenderse un poco la ayudaría... Pero solo un poco.- Preferiría hacer alguna tarea de pociones o transformaciones - Hizo una pequeña mueca, distraída, no era buena con eso de las charlas pero lo intentaría un rato a ver si daba frutos. Cambio el libro de brazo, pesaba un poco más de lo que imaginaba pero podía mantenerlo así que se dedicó a mantenerse frente a Leo intentando pensar algo para decir; frunció ligeramente la nariz con gesto distraído, observando el símbolo de la pechera en la vestimenta del chico como si eso fuera lo más interesante del mundo. No lo había pensando hasta dicho momento, pero no solía cruzarse con gran cantidad de leones, normalmente sus "relaciones" se limitaban a hablar con los de su propia casa y algunos slytherins que denotaban un carácter curioso pero al estar frente un gryffindoriano no sabía que clase de comportamiento esperar, aunque estaba segura de que no todo sería sonrisa y buenos tratos como los tejones; por eso mismo evitaba a esos últimos.

Aun ensimismada en sus pensamientos, intentó cambiar el libro de brazo, casi dejando caer este al sobresaltarse un poco por el brusco movimiento que hizo esté entre sus manos.
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Leonardo Lezzo el Vie Ene 30, 2015 12:12 am

Si es verdad lo que dicen sobre la gente de la casa Ravenclaw, la chica no querría ser molestada pues una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres. Leo no opinaba lo mismo. En su humilde opinión, lo mejor de las personas era poder relacionarse unas con otras y disfrutar de las cosas, reír. No por más saber es uno más feliz. Al escuchar el estruendo quiso saber a qué se debía y al ver a la chica rodeada de libros en el suelo quiso ayudarla. En ningún momento tenía la intención de molestarla, ni impedir que hiciera su trabajo tranquila. Pero tenía que ser ella la que lo echara, pues Leo no pretendía empezar aún sus estudios. Se había levantado más perezoso de lo normal y con muy pocas ganas de abrir los libros. La cara de la chica daba a entender que se sentía molesta por algo. Para poder provocar una conversación, el chico tomo como referencia el libro de adivinación que la chica había estado buscando. Estaba muy alto y el Gryffindor se lo entregó. Debió ser al bajarlo que se le cayeron todos los libros encima. Para ser simpático preguntó a la muchacha si le gustaba la adivinación, a lo que ella respondió que era un castigo. – No te imagino siendo una chica mala como para recibir castigos. – Leo continuaba siendo amable aunque sus palabras se podrían malinterpretar.

Lo que Leo no esperaba era cruzarse con una Ravenclaw tan típica, pues dijo que prefería hacer tareas sobre pociones o transformaciones. ¿Quién en su sano juicio quiere hacer tareas sobre pociones? Todo el mundo piensa que el profesor Snape quiere ver morir envenenados a sus alumnos, o algo peor. Leo no concebía la idea de que a alguien le gustase asistir a la clase de las mazmorras y hacer deberes sobre ello. Era sumamente raro.- Si, claro. Lo mejor para pasar la mañana es un buen tocho de deberes de pociones. Si le sumas tarea de historia ya, día perfecto. – Se burló Leo de forma inocente. No quería burlarse de la muchacha, pero le parecía sumamente aburrido pasar la mañana encerrado en la biblioteca. Se dio cuenta de que el libro de adivinación pesaba y la chica no dejaba de cambiarlo de brazo. – Déjalo sobre la mesa, si te cae en el pie te lo rompe. – Por alguna extraña razón, el Gryffindor estaba más juguetón de lo normal.  Estaba seguro de que molestaría a la chica con su comportamiento. No pretendía juzgarla sin conocerla, pero parecía bastante aburrida. – Si quieres que me marche y te deje hacer los deberes no tienes más que decirlo. Estoy retardando todo lo posible el empezar mi día de estudio. Es lo que tiene el último año, ¿verdad? Suele ser aburrido estudiar tanto. – Además de las asignaturas propias del colegio, Leo debía apuntarse a los cursos de aparición. Es como sacarse el carnet de conducir para los muggles. La aparición es el método de transporte más rápido y eficiente, sin contar que puedes morir si no lo haces bien. Otra tarea que sumar a la lista de Leo.
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Invitado el Vie Feb 06, 2015 7:41 pm

Era curiosa la forma en la cual empiezas tu día de malas por la única razón de que los planetas parecían alinearse para poder hacerte la vida imposible durante veinticuatro horas que cualquier ser, quien tuviera aunque sea medio cerebro, rogaría porque terminase sin llegar a empeorar más de lo que ya llevaba. Pero a veces Merlín no era un ser misericordioso y simplemente te mostraba la otra mejilla, algunas veces hasta las mejillas del culo, ignorando todos y cada uno de tus intentos por seguir adelante. Odisea de la vida... No esperaba la aparición de un curiosos, pero podría ser alguien afable, o por lo menos lo estaba intentando - No es que sea precisamente mala, es solo que el profesor se tomó a mal que entrara en clases después del comienzo y supongo no le agrado que no me mostrara horrorizada por ello .- Y era lo cierto, realmente le había dado totalmente igual que el profesor pudiera darle una especie de castigo, de todas maneras lo hizo, pero el hombre parecía tener la intención de ver alguna expresión en el rostro impávido de Roselyn y a no conseguir lo que quiso, más tarea para ella. Aunque no espero compañía, esta parecía igual que todos pese que iba a estudiar; Snape podría ser alguien que buscara matar a sus alumnos, pero eso hacía divertida la clase - ¿Sera que historia de la magia no es tu mejor asignatura? - Solo se dedicó a tantear el terreno, más que por curiosidad que por querer burlarse del león.

- Quizás si cae sobre el tuyo conseguiría restarle unos buenos centímetros a tu estatura - Frunció ligeramente el ceño, estuvo a punto de morderse la lengua tras ese comentario, había sonado un poco más mordaz que de costumbre pero simplemente el dolor de cabeza la estaba poniendo de malas como para serenarse lo suficiente y ser la típica chica callada que ignoraba a todo el mundo, sin embargo sabía que si el gracioso Leo lograba sacarla de sus casillas, no iba a poder regresar a la biblioteca en un largo tiempo.- Y yo estoy tratando de ser amable, aunque no lo parezca - Aclaro en voz baja, suspirando antes de acariciar un poco sus sienes y dejar el libro apoyado contra una de las estanterías mientras lo sostenía con su otro brazo.- No estoy en último año, pero supongo que para una persona a quien no le gusta pasarse un día en la biblioteca si debe ser horrible tener que siquiera tener que estudiar un poco - Se encogió de hombros mientras observaba de reojo al chico, no parecía alguien malo, pues si bien había sido amable con ella al ayudarlo no parecía darse cuenta de que las cosas que decía no podían ser bien recibidas, aunque Roselyn hacía su mejor intento por mantenerse serena.

- Aunque estudiar tampoco el una tortura, si no lo haces ten por seguro que cuando intentes hacer el exámen de desaparición una de tus bonitas piernas podría tomarse unas vacaciones es Hawaii.- Hizo una pequeña mueca, aquel comentario no fue con mala intención, solo explicaba lo que era claro para todo el mundo. Después de todo... ¿Quien querría perder alguna extremidad por flojo?
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Leonardo Lezzo el Mar Feb 10, 2015 12:38 am

Sabiendo que la biblioteca es un lugar donde se va a estudiar en silencio Leo hablaba en voz baja pero hablaba. Justo cuando estaba leyendo un poco de enfado en el rostro de la chica en apuros se dio cuenta de que estaba ante una verdadera belleza. Escuchó que ella contaba como había sido su castigo y al Gryffindor le pareció una soberana tontería. Roselyn confesó no ser mala, solamente había llegado un poco tarde. - Ese profesor es un poco borde, ¿no? - Leo ya no cursaba adivinación. No le gustaba la asignatura ni el profesor. Esa clase era como ver la tele a partir de las tres de la mañana un sábado. Cartas, té, bolas de cristal y muchos idiotas queriendo saber sobre su futuro. El futuro no está escrito, cada cual construye el suyo. El chico pensaba que hay que ser muy tonto para creerse todas esas chorradas de la adivinación, por eso dejó aquella clase absurda.

Había conseguido charlar un poco con la muchacha a pesar de su poca receptividad y la conversación simple y tonta que Leo le ofrecía. Se burló de ella cuando dijo que prefería hacer deberes de pociones o transformaciones diciendo que él prefería hacer deberes de historia para tener un día perfecto. Roselyn entendió su indirecta y preguntó al chico si historia no era su mejor asignatura. - No, no lo es. Me hago un lío con las fechas y los nombres. Resulta muy tedioso estudiar esa asignatura. Prefiero encantamientos o defensa. - A la chica inteligente de Ravenclaw quizás le resultaba normal que un Gryffindor prefiriese acción antes que teoría, y lo cierto es que así es. Leo disfruta en las asignaturas donde conoce cosas interesantes sobre la magia y además puede usar la varita, o la escoba. La historia es interesante pero aburrida. Leo ignoró su comentario cruel sobre el libro pesado. Le dijo a la chica que lo dejara sobre la mesa para que no se cansara, no para recibir un ladrillazo como respuesta. La ignoró sin más. Roselyn dijo que trataba de ser amable y Leo se rio tan fuerte que la bibliotecaria le hizo callar con un sonoro shhhh. - Perdón. - Musitó el chico. En un arrebato de sinceridad y locura, el Gryffindor propuso marcharse y dejar estudiar a la chica pues él mismo tenía que estudiar y se le acumulaban peligrosamente las tareas. Además, los comentarios de la chica empezaban a no ser simpáticos. - Que no me guste estudiar no significa que no quiera hacerlo. Soy el primero que quiere sacar buenas notas y todo eso, pero el sacrificio es demasiado grande. - Leo se imaginaba en la sala común manteniendo agradables charlas sobre temas interesantes, no estudiando. Lo malo era que sus compañeros también tenían que prepararse para el último curso.

De nuevo la belleza de la chica le entretuvo. Su pelo enmarcaba una cara bien bonita, con unos ojos claros y una boca dulce. Boca que soltaba comentarios sinceros pero hirientes a la vez. - Dudo mucho que el examen de aparición me aburra. Es algo que es práctico, porque lo voy a usar y es cómodo; y práctico, que no hay que estudiar demasiado para aprobar si no saber realizar la aparición completa. - Le resultó desagradable aquel comentario sobre perder una pierna, aun así no se marchó. La chica había ignorado su ofrecimiento de marcharse y dejarla estudiar. - No soy tan vago y patoso como imaginas. - Se sorprendió dando explicaciones a la chica hermosa que tan desagradable había sido con él.
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Invitado el Sáb Feb 14, 2015 3:45 am

Quizás estaba siendo un poco cruel con el chico, realmente lo sentía así de cierta manera pero de cierto modo se veía incapaz de evitarlo, era la sangre que corría por sus venas lo que la hacía sentirse tan molesta cuando en realidad en león no tenía ni la más mínima culpa de que su día hubiese comenzado de tan mala manera y aun así se mantenía junto a ella pese a su mala predisposición ¿Su parte veela actuaba de nuevo? Podría ser, odiaba ser tan temperamental cuando siquiera lo deseaba.- Suele serlo, muchos alumnos opinan que desea tengamos un final trágico y totalmente tortuoso - Y tal vez no se equivocaba, durante una de sus clases había sido acompañada por otro griffyndor y el chico también había hecho un comentario alusivo hacía lo estricto que podría ser el molesto. A la chica realmente no le importaba pues a veces las clases solían ser interesantes, obviando el tema de que no siempre salía bien eso de leer hojas de té o imaginar figuras dentro de las bolas de cristal.

Por una vez que intentaba ser amigable, las cosas salían mal, seguramente cuando intentara ser cruel sería una burla porque inevitablemente parecería sorprendente adorable; las clases no le parecían malas, incluso era entretenido estudiar pero bueno, ella era una cerebrito de Ravenclaw, mas ello no significaba que no existiera alguna asignatura que le costase o le fuera tediosa. - No suelo ser demasiado rápida en Defensa, pero creo que... Una materia realmente tediosa suele ser aritmancia- Dentro de la escuela, no eran demasiado extrañas aquellas diferencias entre alumnos, entre casas también había favoritismos, tanto hacía algunas clases como de profesores hacía alumnos. No supo bien porque, pero aquella estridente risa consiguió que se sonrojara sin remedio, presa de la vergüenza que significaba que alguien se riera de lo que podía decir o hacer pero intento disimularlo acomodando sus cabellos. Sinceramente, no buscaba espantar a nadie, de querer hacerlo se la pasaría gritando como una loca por los pasillos para que así nadie se le acercase, pero como socializar tampoco era uno de sus puntos fuertes resultaba complicado poder hablar con alguien y encontrar algún tema que le interesase.- Supongo que por esa razón suele premiarse a los que hacen más sacrificios en la escuela. Ya sabes, ellos que ni siquiera toman el tiempo de alimentarse con el bien de estudiar - "Tu no, por ejemplo" hubiera agregado, pero no lo veía una buena idea, además ya había conocido a un par de chicos así y no siempre se tomaban bien las cosas.

La gente solía malinterpretar sus comentarios, no pasaba muy seguido que fuese ácida o sarcástica, pero cuando lo hacía era con afán de dañar a alguien, y ese era el tipo o por lo menos no de manera consciente.- ¿Alguna vez intentaste aparecerte? Ya sabes, como práctica - Preguntó con verdadera curiosidad, alguna vez habría leído libros que hablen de ello pero imaginaba que la práctica solía ser algo más complicado, sin embargo aun no era su tiempo para aprender ello.- No era mi intención ofenderte - Disculparse no era lo suyo, tampoco solía hacerlo seguido, pero intentaba hacerlo cuando sabía que había hecho algo mal.

- Podría ayudarte si así lo necesitas - Se encogió de hombros, dejando finalmente aquel libro sobre la mesa antes de regresar a mirarlo. Su cabeza ya no dolía tanto.
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Leonardo Lezzo el Mar Feb 24, 2015 10:06 pm

El humor de la chica no gustaba nada a Leo. Pensaba en girarse de culo y seguir con su tedioso día de estudio pero por algún extraño motivo continuaba allí hablando con la chica. A pesar de que tenía que sacarle las palabras con sacacorchos, Leo quería escucharla hablar. No solamente para atrasar el temido momento de ponerse a estudiar, si no porqué quería escuchar su voz. Eso le llevó a hablar del profesor de Adivinación. Todo el mundo coincidía al decir que es un tanto borde con los alumnos. Roselyn comentó lo que suelen decir los alumnos. - Yo dejé su asignatura. No me parece interesante y que anuncien mi muerte cada dos minutos me cansa. - Briana, su madre, solía decirle que todas las disciplinas mágicas tienen su lugar en Hogwarts, y por eso Adivinación es una asignatura competente e interesante. Leo, que no pensaba lo mismo, no quiso discutírselo. Pero le hizo ver que había otras asignaturas que lo iban a preparar mejor para su futuro puesto de trabajo y finalmente dejó aquella asignatura.

Si Roselyn trataba de ser amable, Leo no lo advirtió. Más bien al contrario. Ella parecía decidida a ser borde para ver si el chico la dejaba estudiar de una vez por todas.  Le hizo gracia al Gryffindor que la chica de Ravenclaw no se considerara rápida en Defensa. Cuando se trata de acción no debe ser buena ya que es algo que no se puede aprender en una biblioteca. Después de reírse, a Leo le supo mal y hasta incluso le dio pena la chica. Se está perdiendo todo un mundo ahí fuera. Por eso trató de no enfadarse cuando Roselyn le atacó de nuevo con ironías. - ¿Es mejor ganar premios que comer y reservar un tiempo al ocio? - Leo no quería ser borde, pero el hecho de que la chica hablase de saltar comidas por poder estudiar le puso de malas. Por eso sacó unas chocolatinas del bolsillo de su túnica y se las ofreció. Las había comprado el fin de semana en el pueblo pensando ya en sus muchas horas de estudio. - No me gustaría verte morir de hambre por ganar un premio por tus buenas calificaciones. - Leo había conocido chicas que dejaban de comer para verse más guapas. No era el caso de Roselyn, ya que era atractiva de más. Ella dejaría de comer por estudiar. El chico de Gryffindor no podía dejar de pensar en ello. Más sabiendo los ricos manjares que les esperan siempre en el Gran Comedor. Antes prefiere repetir el último curso que perderse una comida.

Roselyn trató de incordiarlo por otros medios. Le dijo que si no estudiaba lo suficiente podía perder sus piernas en el examen de aparición. Es más, ya se había apuntado al curso de aparición que se impartiría en Hogwarts para todos los alumnos de séptimo y estaba deseando poder empezar. - De momento no lo he intentado. No soy tan inteligente como tu, y antes de perder las piernas prefiero esperar a que empiece el curso de aparición donde habrá una persona profesional que me enseñe. - En raras ocasiones se ponía serio y borde con las chicas, pero aquella atractiva y remolona chica estaba sacando lo peor de él. Da chica de nuevo se disculpó con él y se ofreció a ayudarlo. - ¿En el estudio o en la aparición? - Preguntó un tanto desconcertado. Leo no sabía a qué se estaba ofreciendo Roselyn ni si lo hacía con buenas intenciones. Dada su buena predisposición a pensar bien de la gente y que la chica había cambiado su forma de  hablar tan descortés, Leo la escuchaba embobado.
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Invitado el Miér Mar 04, 2015 9:42 pm

No pensaba que todos los seres de la escuela fueran buenos, ni mucho menos, conocía a Peevees y a otro par que dejaban mucho que desear, sin embargo no podía evitar encontrarse algo confundida por las reacciones del león. Ella solo estaba siendo sincera y de cierta manera cordial, e intentaba hacer su mejor intento. O por lo menos un poco - Supongo que es la única diversión que encuentra entre alumnos bordes y pocos dispuestos a estudiar - No, no se encontraba justificando a nadie, mucho menos a un profesor como el que era la asignatura, pero si se ponía en su lugar a pensarlo con seriedad no le sorprendería que esas fueran las razones del hombre. Después de todo solo tenía que verse así misma en aquellos momentos para saber que le encantaría hacerle la vida imposible a "ciertas personas" que se encargasen de molestarla.

No podía entender como le sucedían aquellas cosas, solamente había comenzando con buscar un libro que realmente necesitaba para unas redacciones y ahora estaba intentando ser lo más amable posible con un chico quien parecía ignoraba todos sus intentos por ser una persona normal, amable, cordial. Pero dichas cosas le resultaban casi imposibles. Quizás le faltaba práctica en eso de las relaciones sociales, aunque no era su primera opción a la hora de divertirse claramente, tenía algo muy distinto por "diversión" y eso ciertamente contrastaba con los chicos como Leo; su personalidad mayormente apacible distaba del resto a veces. Tendría que haberse ido por su camino, y lo supo con mayor realidad al escuchar aquella risa que ciertamente, le causo vergüenza.- Este es mi ocio, aunque muchas personas no lo crean. Me resulta verdaderamente entretenido poder leer algo en la biblioteca sin tener que dar explicaciones de porque no ando buscando ropa de moda o hablando de chicos.- Se encogió de hombros, odiaba tener que dar esas mismas estúpidas explicaciones a alguien quien parecía dispuesto a insultar su comportamiento u horas de ocio, pero por cortesía no veía la necesidad de mandarlo al diablo como bien parecía merecer de a momentos.- Gracias... Pero cuando me muero de hambre, no lo hago adrede - Respondió al gesto, ligeramente sorprendida por el ofrecimiento pero sin llegar a negarlo. Chocolate, uno de sus dulces favoritos.

Guardo el paquetito en uno de sus bolsillos, apoyando su hombro contra la estantería a su lado, algunas veces perderse las comidas por encontrarse ensimismada en sus propios pensamientos resultaba menos ventajoso de lo que podía apreciarse a simple vista, así que lo pensó mejor y sacando la chocolatina, la abrió para darle una pequeña mordida. Se pudo ver una algo parecido a una sonrisa en sus labios.- Nadie ha dicho que seas más o menos inteligente que yo, solo pregunte si alguna vez lo intentaste. Nunca falta un curioso, pero bien se dice que la curiosidad mato al gato.- Ignoró el tono que utilizó para dirigirse a ella, ya entendía que no sacaría nada bueno siguiéndole el juego, así como tampoco buscando la manera sutil de insultarlo. Lo intentaría un poco más, quien no lo intenta, no triunfa.- En el estudio, no seré Hermione Granger, pero alguna clase podría darte. Solo si quieres - No era un ofrecimiento que hiciera con normalidad, incluso prefería estudiar sola antes que verse enfrascada en una explicación tediosa de como hacer la tarea, pero, podría sacar algo bueno de ello. Aunque también podría arrepentirse de tal opción, solo había una manera de saberlo.
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Leonardo Lezzo el Mar Mar 10, 2015 1:11 am

Todo el mundo puede hablar con una persona a la que no conoce. Lo difícil es encontrar un tema que los dos dominen. Estando en Hogwarts hay cierta ventaja. Puedes hablar sobre las clases o sobre los profesores. En ello encontraron un punto en común la Ravenclaw y el Gryffindor. Lo que ocurría, es que el punto de vista de la chica y el del chico no eran iguales. Según Leo el profesor de Adivinación es un borde. La chica, en cambio, opinaba que el pobre profesor se aburre de tener unos alumnos poco eficientes y la única manera de soportar sus desdicha es siendo un borde. La expresión de Leo señaló que no estaba para nada de acuerdo pero no quiso discutir con la chica y guardó sus opiniones para otro momento.

El Gryffindor empezaba a hacer juicios sobre Roselyn sin saber si eran o no acertados. Le estaba pareciendo una chica demasiado preocupada por los estudios y poco amable. Él había sido buena persona al ir a ayudarle con los libros, y ella lo trataba como si fuese un mueble mal ubicado. Ese modo de hablar de la biblioteca como si fuese un jardín lleno de flores y no una sala de torturas llena de libros le parecía surrealista. Era como si la muchacha más bonita del mundo fuese también la más antipática. Entonces Leo cayó en la cuenta de que quizás Roselyn quería destacar por su inteligencia y no por su físico. En aquel momento dejó de tener malos pensamientos. Leo sintió lástima al pensar que su ocio era quedarse encerrada estudiando. No esperaba que todas las chicas estuviesen en los pasillos hablando sobre ellos, o sobre los profesores guapos, pero tampoco imaginaba que ciertas chicas pasaban tiempo en la biblioteca por mero placer. Surrealista. Y más cuando olvidaban una de las necesidades más básicas. Por eso rebuscó en su bolsillo y le regaló una chocolatina. Roselyn lo aceptó sin más. - Yo me traigo chocolatinas para que mis horas de estudio se hagan más llevaderas y no morir de inanición. - El fin semana pasado Leo pisó el Gran Comedor una sola vez, y fue para comer algo en menos de cinco minutos. Las chocolatinas pueden ser un gran aliado contra el hambre, siempre y cuando hagas ejercicio y quemes el exceso de grasas. El azúcar ayuda a Leo a mantener la mente despierta. Leo sonrió contento al ver que la chica no moriría de hambre hoy. Pero no puede ofrecerle chocolatinas eternamente, debería empezar a proveerse ella misma.

Primero guardó la chocolatina y después lo pensó mejor y la sacó para morderla. Leo sonrió más aún al comprobar que su teoría era cierta. La chica estaba casi muerta de hambre. Le dio un pequeño mordisco que resultó muy sensual. Leo movió su cabeza muy deprisa, como para salir de un sueño. No se puede negar que la muchacha es de lo más bonita, y al fin y al cabo el Gryffindor es hombre. Hablando de la aparición Leo dejó bien claro que no iba a probar  sin ayuda de los instructores, no quería morir de una manera tan idiota y dolorosa. Ella hablaba como si lo hubiese intentado y lo hubiese hecho bien a la primera. - Prefiero ser un gato vivo y entero. - Roselyn se ofreció a ayudar al chico, y este preguntó si en aparecerse o en estudiar pues no le quedó claro. Leo no sabía si hablaba en serio o intentaba burlarse de él. - ¿En que curso estás? - Si Leo estaba en séptimo y no le sonaba haber visto a la chica en sus clases significaba que ella era más pequeña. Más que nada porque no hay más cursos. ¿Cómo iba a darle clases alguien que esté en cursos inferiores? Leo fue a por sus cosas, que se habían quedado en el pasillo contiguo y volvió enseguida. Le mostró el libro de Historia de la Magia a la Ravenclaw. - No soy idiota, pero no consigo recordar las fechas de las revoluciones y convenciones. - Habló de nuevo con un tono bajo de voz para no molestar a nadie. Tenía la esperanza de que la chica tuviese un método infalible para recordar eventos sucedidos hace mucho tiempo. Leo esperaba no dispersarse más pues Roselyn le parecía una chica muy atractiva a pesar de su genio.
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Invitado el Dom Mar 15, 2015 11:11 pm

Quizás en un principio debería haber comenzado hablando de otra cosa con alguien como lo era Leo, era clara que su falta de tacto se notaba a grandes distancias, pero muchas veces hacía su mejor intentando para que las cosas salieran bien, aunque de todas maneras debería seguir practicando para no dar malas impresiones, sin embargo aquellas no le importaban realmente, ella era feliz con su forma de ser por más extraña que le resultara al resto de personas. Pero se encontraba dentro de sus últimos años en la escuela, no podía pasar toda su vida siendo alguien antisocial que nos sabía como mantener una charla normal, el día de mañana le gustaría hacer algo de su vida y necesitaría lo que llamaban "relacionarse" para tener un buen desempeño; pensaba mucho las cosas. Eso era más que claro, y no pareciese que le resultase algo demasiado bueno al león.

No podía imaginar que clase de chico era verdaderamente el portador de los colores rojizo y dorado, claramente no se comportaría de la misma manera con una chica como lo era ella que con algún otro de sus compañeros o inclusive con una chica que le gustase; hasta el momento le daba la sensación de ser alguien normal, que como lo era la gran mayoría que no se encontraba en su propia casa, aunque no todos, le interesaba más algo de acción que encerrarse dentro de la biblioteca. Sabía de personas como él, después de todo tenía dos hermanos mayores que se la pasaban las tardes jugando en el patio de la casa, aunque a pesar de ellos mismos saco ese gran gusto por la lectura, era curiosidad casi innata que fluía dentro de su cuerpo. Además siempre prefería pasar inadvertida, siendo una chica sencilla que no se preocupaba demasiado por su aspecto, el tipo de persona que se pasaba por alto. Sin embargo el griffyndor tendría otras cosas que ofrecer, era estudioso y además le gustaban los deportes, dos personas de mundos completamente distintos que se encontraban al hacer la tarea.- A veces hago algo parecido, pero no muchas veces encuentro el comedor abierto cuando salgo de mi sala común - Se encogió de hombros, a su parecer el tiempo pasaba volando. Y si ya era demasiado tarde, por más prefecta que fuese, la regañarían al encontrarla fuera de la cama a altas horas de la noche.

Agradecía realmente que el chico le haya regalado aquella chocolatina, no le gustaba pasar por alto algo importante como la comida pero inclusive un dulce como aquel podría ayudarla a recuperar un poco de su tan habitual carácter. Además algo de azúcar como aquello ayudaba a mantener despiertos sus sentidos, después de todos los azúcares mantenían alerta a cualquier persona; no pudo evitar pensar en su gato mascota luego de escuchar tal analogía por parte del chico. Recordó a su pequeño Milenko, y realmente preferiría que tanto él como el chico se mantuvieran enteros - Pues... Me encuentro en sexto año - Respondió en voz baja antes de observar como el chico daba media vuelta, en ningún momento dejo de comer aquel dulce que tenía entre sus manos. Ya había dicho que era menor, no le sorprendía la pregunta del castaño, después de todo solo se cruzaban en contadas ocasiones. Por un momento pensó que su simple ayuda le habría ofendido, sin embargo al poco regreso con sus cosas y Roselyn sonrió casi de manera imperceptible, caminando hacia el escritorio que estaba cerca de ellos, en donde previamente había dejado aquel libro tan pensado que causo que ambos se encontrasen en primer lugar.- Eso no es muy difícil en verdad, solo debes probar con alguna técnica de ayuda memoria. Cosas como el método fonético numérico o algo de ese estilo, conozco un par. Además, seguramente puedes sacarlo rápido - Movió una silla mientras sostenía el chocolate entre sus labios, intentando hacer el menor ruido posible antes de tomar el libro de las manos del mayor, dejo este sobre la mesa mientras atraía a Leonardo junto a ella.

- ¿Que revolución? - Preguntó, antes de relamerse los labios para quitar todo rastro del dulce, dando otra pequeña mordida a este.
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Leonardo Lezzo el Dom Mar 22, 2015 10:39 pm

La belleza de Roselyn le hacía sentirse atraído de una forma extraña. Su carácter no lo atraía tanto. A pesar de su melena rubia y sus ojos curiosos, la indiferencia de la muchacha hizo que el Gryffindor se planteara el volver a su sitio en la biblioteca y ponerse a estudiar de verdad. Pero esa cosa extraña que notaba no le dejaba irse del lado de la chica. Quería que ella le hablara más y más, aunque fuese para insultarlo. Leo sabía que no debería permitir más insultos ni malos modos de la Ravenclaw pero estaba como hechizado. Llegó a la conclusión que la chica quería ser conocida por su inteligencia y no por su belleza, quizás por eso su mal genio. Leo continuó tratándola con buen talante a pesar de sus malas palabras. La situación se había normalizado un poco e incluso invitó a la chica a una chocolatina. La pobre dedicaba demasiadas horas al estudio y pocas a ella misma. Le confesó al Gryffindor que encontraba el gran comedor cerrado cuando terminaban sus interminables horas de estudio. - Puedes ir a las cocinas cuando eso pase. ¿Sabes donde están? - No todo el mundo sabe donde se esconden. Leo lo descubrió por casualidad no muchos años antes. - Quizá para ti es amoral o repulsivo ir a la cocina a robar comida pero te aseguro que los elfos de la cocina están encantados de recibir visitas. Y te dan de comer cualquier cosa que les pidas. - Muchos Gryffindor celebraban festines nocturnos gracias a esos pequeños seres tan bondadosos. Postres, bocadillos, zumos, galletas... La cocina de Hogwarts era algo parecido a un restaurante 24 horas. Algo que no tenían eran pizzas. Leo estaba deseando que llegase el verano para volver a Italia y comer pizza una semana entera.

Roselyn se ofreció para ayudar a Leo con sus estudios. Después de comprobar que no se burlaba de él, pues el ofrecimiento fue algo que le desconcertó bastante, aceptó recibir su ayuda. La muchacha que lo había llamado vago a la cara quería ayudarle. Leo quiso saber en que curso estaba. Ella quería ayudarlo pero si él está en último año no cualquiera puede ayudarle. Hay materia muy complicada en su curso que ni siquiera una persona con inteligencia inmaculada como Roselyn podría resolver. Efectivamente ella estaba un curso por detrás. Leo pensó que sería bueno estudiar en compañía y no dudó en recoger sus cosas del pasillo contiguo para volver a donde estaba la muchacha. Nada más volver le mostró su odiado libro de Historia. Explicó a su nueva maestra extraoficial que lo que peor llevaba eran las fechas. Le sonaba a chino todo eso de las técnicas fonéticas. - Por ejemplo. - Abrió la página que tenía marcada con un pergamino sucio con dibujos de caras de gárgolas. - La Convención Internacional de Brujos que fue en 1289. ¿Cómo me aprendo eso? - Leía del libro tan cual, para no equivocarse. - Estoy pensando seriamente en apuntar las fechas en mi mano. El problema es que la tinta se emborrona muy fácilmente y hay tantas fechas que no sabría cual es cual. - Leo sonaba desesperado y agobiado. Después de estudiar durante horas Historia de la magia no podía conciliar el sueño, y números y más números pasaban por su mente como su fuese un baile de números. Todos bailaban.

Se quedó mirando a Roselyn como si tuviese la respuesta a su falta de memoria. Ella estaba comiendo chocolate tranquilamente. Sin prestar la menor atención a lo que hacía, Leo sacó otra chocolatina y se puso a comer. El azúcar que tan bien alimentaba a sus neuronas le iría bien para afrontar aquel cúmulo de nombres y fechas. Algo imposible sin chuletas. Después de tragar y asegurarse de que no le quedaban restos de chocolate en las comisuras de los labios bufó. - Yo creo que puedo ser auror sin tener una buena nota de Historia. Es más importante Defensa o Encantamientos. - Leo intentaba subsanar sus fallos en unas asignaturas sacando mejores notas en otras. Lástima que con eso no fuese suficiente.
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Invitado el Mar Mar 31, 2015 1:16 am

Relacionarse con otras personas no solía ser tan complicado, o por lo menos eso pensaba alguna veces Roselyn pues a veces conseguía encontrar personas con quienes tenía más cosas en común pero dado el caso no parecía estar sucediendo como esperaba. Leonardo daba el aspecto de ser un chico amigable de buenas a primeras, pero quizás el humor tan poco sociable que presentaba la Ravenclaw no era lo mejor para hablar con alguien como él; y eso que ponía su mejor esfuerzo, claro que si. O por lo menos se encontraba convencida de que lo estaba intentando, después de todo no todos los días se encontraba con chicos como lo era él.- Creo... Creo que tan solo he pasado un par de veces por las cocinas, y fueron las veces que lo encontré estrictamente necesario - Se encogió de hombros, sabía que los elfos eran amigables ya que ella solía hablar con ellos cada vez que encontraba alguno de pura suerte en algún recoveco del castillo. Pero como siempre, a su parecer, los estudios se encontraban antes que las nociones básicas del ser humano como lo eran la comida y el sueño. Quizás ese era el ideal de las águilas, sacrificar sus vidas por un conocimiento mayor y... Sonaba ridículo.- Los elfos son muy amigables... - Serían incontables las veces que se encontró con algún otro alumno allí abajo, pero tal cual era su personalidad los ignoraba tal cual lo hacían ellos con su persona, por lo que la ignorancia mutua era algo demasiado normal para alguien como ella.

Dar clases definitivamente no era su fuerte, después de todo aun no tenía en mente que era lo que haría una vez terminaría la escuela y si bien la enseñanza era una de las ideas que surgían para su futuro, no estaba realmente segura de que fuese una buena idea, a veces podía ser alguien falta de paciencia si se levantaba de malas y el encontrarse a si misma gritando como una desquiciada a sus alumnos no le parecía la mejor idea del mundo. Pero de todas maneras se encontraba más tranquila de que el chico aceptara su ayuda, la diferencia de años no podría ser una complicación demasiado grande dado a los gustos de la rubia por seguir aprendiendo más y más; el conocimiento remediaba los problemas alguna veces. Y en esa ocasión esperaba que fuese así. Una vez que hubiese terminado aquel dulce atrajo una silla también para ella, sentándose a un lado de Leo para observar con curiosidad aquel estudio que complicaba un tanto la existencia del joven, normalmente cosas demasiado estresantes para cualquier tipo de persona, Roselyn comprendía cual llegaría a ser su problema, después de todo cuando comenzó con una materia como lo era Historia de la Magia paso muchas noches en vela hasta comprender un método factible que la ayudara con la comprensión.- Creo que si te apuntas las fechas en la mano, el que se borronee no sería tu único problema. Algún profesor podría descubrirlo - Un amago de sonrisa apareció en sus labios, encogiéndose de hombros antes de ojear el grueso ejemplar frente a ella.

Era algo que todavía no había tenido el gusto de leer, pero suponía que no sería demasiado complicado dada la explicación que dio el león.- ¿Alguna vez escuchaste de aquellas técnica donde se suplantan letras con números? - Se agachó para poder tomar un pergamino de su morral, sacando junto a ellos un tintero y pluma para garabatear unas cosas sobre el papel y finalmente escribir "Convención Internacional de Brujos, 1289", luego englobó dicha frase en un circulo y dibujó un par de flechas.- Por ejemplo, 1 por la I o el 8 por B y el nueve como una P, pues si lo volteas tiene apariencia con dicha letra - A medida que iba explicando escribía lo dicho sobre el pergamino.- Entonces podrías poner Convenc1ón suplantando dicha letra por el número... ¿Entiendes? - Le gustaba encontrarse explicando aquella tarea al joven, si bien su encuentro había sido un poco accidentando y entre ambos existían ciertas asperezas, poder ayudar con algo en lo que era bueno le resultaba reconfortante. Solo esperaba que el chico no se tomará a mal su forma de explicar.
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