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Two girls, sisters power [Circe A. Masbecth]

Invitado el Vie Feb 06, 2015 9:38 pm

Two girls, sisters power
Eris C. Masbecth & Circe A. Masbecth
Alrededors de Hogsmeade|| Sábado 09:45Hs.

Un día soleado, los pájaros cantaban por los alrededores y la temperatura estaba confortable pese a la época del año en donde se encontraban, pequeños grupos de personas comenzaban a hacer aparición en las afueras de aquella ciudad mágica cercana a la escuela de hechicería, todo auguraba que aquel sería un día bastante tranquilo, lo suficiente como para salir a dar un paseo o simplemente tener una amigable jornada acompañada de aquellos seres queridos... Si, demasiado perfecto para el pensamiento de Eris, quien si bien se encontraba verdaderamente feliz porque iba a encontrarse con su hermana después de tanto tiempo no podía concebir que el día estuviese a su favor pues normalmente cada vez que hacía planes el clima se ponía en su contra para que buscase otra cosa que hacer; sin embargo no iba a concentrarse demasiado en ello, claro que no. Tenía mejores cosas en las que pensar.

Traía su cabello totalmente suelto en la espalda, vestía ligera como para no sentirse sofocada a medida que pasase el tiempo, no tenía nada planeado para hacer pero sabía que a medida que el día llegara a su cenit se le ocurrirían cosas para hacer. Aunque simplemente podrían charlar sobre cosas sin sentido y comprar ropa como mujeres normales, Eris sabía que su pequeña hermana Circe a veces no se conformaba con simplemente ello por lo que se sentía orgullosa de tenerla en su familia ¿Quién no lo estaría? Era una digna Masbecth con todas las letras, no como ciertas ovejas negras de las cuales no valía la pena ni siquiera pensarles; un quedo suspiro brotó de sus labios mientras se detenía frente a una tienda de túnicas, observando su reflejo frente al vidrio de allí sin siquiera preocuparse en ver aquella tela tan costosa y trajes tan bonitos.

Miró su reloj de muñeca, 9:45. Estaba segura que la rubia no tardaría en llegar, después de todo no había dudado en amenazarla con aquellos hermosos regalos que le mandaba cada cumpleaños.- Más te vale llegar a horario, pequeña - Se dijo a si misma, conteniendo una pequeña risa a medida que seguía caminando, algunos magos pasaban a su lado saludándola a lo que ella solo respondía de la misma cortes manera. Se sentía feliz, ahora iba a poder pasar más tiempo de sus hermanos más pequeños, sería cuestión de tiempo para poder juntar a todos sus seres queridos una tarde a hacer "destrozos" como hacían antes de pequeños. Y pensar que cuando joven había sentido celos de Circe por haberse robado su tan adorada atención, ahora simplemente adoraba a la niñita como si fuera su propia hija.

- De seguro anda rompiendo corazones por todo Hogwarts - Y con dicho pensamiento, se detuvo a la entraba de Hogsmeade. A la espera de ver a los alumnos de la escuela, y entre ellos, a su hermana.


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Circe A. Masbecth el Sáb Feb 07, 2015 12:36 pm

Odiaba el día en el que llegaba el correo, pues ver volar sobre su cabeza tal cantidad de lechuzas no era agradable teniendo en cuenta el asco que le daban. Y ya ni hablemos cuando una de ellas se posaba en la mesa de Slytherin para entregar algo a sus compañeros más cercanos. Su cara podía ser todo un poema viendo como aquel bicho plumífero se acercaba para dejar caer la mercancía y emprendía el vuelo nuevamente. Pero la mañana del jueves el hecho de ver lechuzas de aquí para allá pareció no importarle, pues una carta cayó de lleno sobre la zona en la que se encontraba. Esta vez no se trataba de la edición diaria de El Profeta ni de una carta de su madre preguntando por cómo iba el curso y acosando a la menor de sus hijas para que fuera responsable y no siguiera el camino del mayor de sus hermanos. La letra sobre el sobre indicando su propio nombre era tan reconocible como la propia voz de la dueña, y fue esa carta la encargada de darle la primera alegría de la mañana.

Por fin era sábado, el día que tanto había esperado para ver a su hermana. Se habían visto recientemente durante las Navidades, pero en esas fechas tan señaladas lo último que podías hacer era sentarte tranquilamente a hablar, pues la preparación de cenas, festejos y regalos se cobraba la mayor parte del tiempo. La rubia no odiaba madrugar, pues consideraba que si saliendo pronto de la cama aprovechaba el día, estaría todo a su gusto. Y ese era su plan para la mañana del sábado. Por lo que salió temprano de su dormitorio, dejando a sus compañeras aún en la cama y bajó a por algo para desayunar.

En poco más de veinte minutos acortó la distancia que separaba Hogwarts de Hogsmade con la simple compañía de una chica de tercer curso de su misma casa que por primera vez visitaba Hogsmade. Era una niña pelirroja ataviada con un gorro negro y un par de trenzas a cada lado de su cabeza, con una sonrisa tímida y con una voz apenas audible. La rubia, quien no tenía nada mejor que hacer, no dudó en servirle de compañía para guiarla por el sendero hasta el pueblo donde había quedado para ver a su familia.

Al final del sendero logró ver a su hermana, por lo que aceleró el paso y se despidió de la chica girando sobre sí misma. Terminó de acortar la distancia restante entre ambas y se fundió en un cálido abrazo con su única hermana. Eris era muy similar a Apolo, por lo que la relación entre ambas siempre había sido bastante buena, o ese era su recuerdo, pues cuando tan sólo era un bebé la relación no era precisamente buena debido al puesto que había comenzado a ocupar como pequeña de la familia. Por su parte, Adonis aún parecía no haberse recuperado de ese mazazo emocional y seguía siendo el niño que odia al bebé nuevo.

Dio un paso hacia atrás para separarse de su hermana y posó la mano izquierda de manera amenazante en su hombro. - ¿Cómo que tu hermana favorita? ¿Acaso es que tienes por ahí otra hermana perdida y  no me has dicho nada? – Farfulló con un fingido tono de molestia. – Dime su nombre y dirección y ya me encargaré yo de ella. – Tras esto una sonrisa se dibujó en sus labios antes de volver a abrazar a su hermana.

Cualquiera que conociera a Circe sabía que no se caracterizaba por ser una persona cariñosa, pero, oh, lo que podía llegar a cambiar si se trataba de su familia. Su familia lo era todo en su vida, y aunque a veces discutieran, no les cambiaría por nadie. Ahora que en el castillo tan sólo quedaba uno de ellos, añoraba cada momento al lado de los demás, por lo que no dudaba en aprovechar cualquier minuto para disfrutar de su compañía. – Te he echado de menos. – Dijo aún entre sus brazos.

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Invitado el Mar Feb 10, 2015 12:12 am

Se mantuvo impávida durante un rato más, observando a su alrededor en busca de que llegase alguna pista de que los alumnos de Hogwarts comenzaban a salir temprano para un día en las afueras de ese gran castillo, pero durante un largo rato pareciese como si nadie estuviese a acercarse a las inmediaciones de Hogsmade por lo menos al cabo de unos cuantos minutos más. Un suspiró brotó de sus labios en lo que apoyaba su espalda sobre alguna columna de una tienda, observando casi ansiosa el camino, por el cual al cabo de un par de minutos más apareció aquella mujer a quien estaba esperando, porque claramente ya no era su pequeña niña a quien mimaba como malcriada, aunque que más daba, lo haría por más que le dijeran que no. Casi corrió a su encuentro, siendo feliz al finalmente poder estrecharla contra su cuerpo con fuerzas.

- Claro que no tengo otra hermana; aunque ten por seguro que si la tuviera no sería ni una décima tan guapa de como lo eres tu - Rió en voz baja, abrazando con fuerzas el cuerpo de la menor mientras inspiraba aquel tan característico perfume que destilaba la niña aferrada a su cuerpo.

Podía recordar el tiempo cuando apenas la había conocido, ser el centro de atención había sido algo tan perfecto para ella que no podía concebir tener que ser dejaba en un segundo plano para que ahora la nueva princesa de la casa fuese una niña que nadie había esperado; de saber que la chiquilla era tan buena desde el primer momento en la que la vió no hubiese dudado en malcriarla tanto o más como lo hizo el resto de su familia, menos Adonis, cuando los jefes de familia la trajeron en brazos. Con el tiempo se convirtió en su niña favorita, y por mucho que odiase admitirlo en voz alta, era más perfecta de lo que pudiera imaginar y eso sería subir demasiado el ego de la chiquilla.- Yo también te eche de menos, pequeña.-

Darle aquella clase de cariño era algo que adoraba, por lo que no pudo evitar agacharse unos cuantos centímetros para así poder besar la frente de Circe, acariciando su sedoso cabello al mirarla a los ojos.- A partir de ahora no podrás separarme de ti aunque lo ruegues, y veras que te arrepentirás de tenerme como hermana - No pudo evitar soltar una gran carcajada tras aquello, tomándola de nuevo entre brazos, solo que esta vez haciéndola girar entre sus brazos. Eran realmente todo un espectáculo para todos los que las observaran al pasar ¿Pero para que negarlo? Así era el amor fraternal.

Cuando la dejo en el suelo peino nuevamente sus cabellos después de aquella improvisada vuelta, acomodando su propia ropa al quitar unas cuantas arrugas que habían aparecido por el traqueteo del abrazo; después de todo la mayoría de los Masbecth buscaban mantener siempre una buena apariencia pese a que a veces se dejasen llevar por las emociones que significaban encontrarse cerca uno del otro.- ¿Ya desayunaste, Circe? - Preguntó dedicándole a la susodicha una mirada casi maternal.- Espero que te estés alimentando bien, eh? Porque si no es así yo misma me asegurare de que lo hagas - Toda la vida preocupándose por ella, tratándola como si fuera su propia pequeña hija. Dio una mirada general a su alrededor, dependiendo de la respuesta de la rubia podrían pasar una agradable mañana antes de que aquella tuviera que regresar al castillo, pero tenía un par de sorpresas para ella que seguramente iban a encantarle.

- Si ya comiste, podríamos ir a ver unas cuantas cosas. Tenemos mucho de que hablar.-
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Circe A. Masbecth el Miér Feb 11, 2015 9:27 pm

Apenas hacía unas semanas que había dejado la mansión Masbecth para volver a Hogwarts, pero eso no significaba que no añorase ya a su familia. A pesar del carácter frío que tendía a mostrar la chica con sus compañeros, no era ni mucho menos así con su familia. Quizá pocas personas conocían esa faceta preocupada y cariñosa de la chica, pero eran las suficientes, pues tan sólo eran aquellas personas por las que sentía verdadero cariño.

Al ver a su hermana a lo lejos no lo pensó ni dos veces a la hora de acelerar sus pasos y perder de vista a la chica que acompañaba hasta el pueblecito. Podían mandarse todas las cartas del mundo, pero ninguna de ellas llegaría a sustituir el calor de un abrazo de una de las personas que más te importan en el mundo. Y eso lo sabía a la perfección, pues por mucho que tuviera amigos en Hogwarts, nadie podría igualar a su propia familia, especialmente a Eris, quien resultaba ser como una segunda madre para ella. Una madre menos estirada y más cariñosa, pero al final y al cabo eran familia. O eso creían.

Tras fundirse en un cariñoso abrazo, la rubia dio un paso hacia atrás para mirar a su hermana con una sonrisa divertida ocupando todo su rostro. - ¿Vas a secuestrarme y meterme en un zulo para que no tenga que estar con esos estúpidos con los que comparto Sala Común para que así no me despegue de ti? – Preguntó con tono sarcástico ante la afirmación de su hermana. – No creo que seas tan insufrible como ellos. Ni aunque lo intentes. – Digamos que tenía un grupo de personas que le caían bien, pero las que no soportaba eran bastantes más. Damon era el mejor de sus compañeros, pero había días que no le soportaría ni su madre, lo mismo que pasaba con Ian, por mucho que siempre estuviesen pegados. En cuanto a las chicas… Estaban más pendientes de la imagen que querían dar a los demás que de pasar un buen rato, algo que jamás había ido con el carácter despreocupado de la rubia.

Llegó un segundo abrazo en el que los pies de la rubia abandonaron su posición en el suelo para girar ante el comportamiento de la única de sus hermanas. Aquello le pilló de sorpresa por lo que no pudo evitar dejar escapar una sonora carcajada entre sus labios una vez sus pies recobraron la postura en el suelo. – Cualquiera que nos mire pensará que somos idiotas. – Afirmó aún riendo.

La pregunta de su  hermana llegó casi tan de sopetón que no tuvo tiempo de reaccionar ante la pregunta. – Eh… Sí. – Dudó por un segundo. ¿Había desayunado? Madrugar hacia que a veces no fuera consciente de lo que había hecho un día u otro, pero estaba por jurar que se recordaba a sí misma sentándose en la mesa de su casa con un zumo y una tostada. – ¿Acaso no ves lo guapa y alta que estoy? – Contestó con una segunda pregunta al interrogante de su hermana. Lo cierto es que Circe se alejaba de ser una chica que no llamase la atención, pues con aquel cabello largo y rubio quizá no contrastara con sus compañeras, pero sí superando el metro setenta de altura, llegando incluso a rozar la altura de sus compañeros de casa. No es que comiese lo suficiente para crecer o no hacerlo, sino que el cuerpo de cada uno es un mundo aparte.

- Seguro que vas a encerrarme en ese zulo para que no me separe de ti. Pues que sepas que mi madre me dijo que no me fuera con desconocidos y que no aceptara caramelos de los desconocidos. – Sacó la lengua de manera divertida, como si de un juego infantil se tratase. – Aunque teniendo en cuenta que aceptando caramelos de desconocidos podría haber acabado con una sobredosis con seis años, será mejor que no haga caso a esos consejos. – Afirmó haciendo alusión de manera indirecta al mayor de sus hermanos. Sabía que la relación de Eris y Odiseo no era la mejor del mundo, pues teniendo en cuenta su apego con Apolo, era imposible que pudiera desarrollar un vínculo de verdadero aprecio con el mayor de sus hermanos.

Por su parte, Circe adoraba a cada miembro de su familia, por mucho que en ocasiones fueran como una piedra en el zapato. Incluso apreciaba a Adonis, aunque estaba a años luz de llegar al aprecio que sentía por cualquiera de los otros, claro. Dio un par de pasos hacia delante, alejándose del camino por el que había llegado rumbo al pueblo. - ¿Por dónde empezamos? – Preguntó con tono divertido girando sobre sí misma y ladeando la cabeza como si de una niña pequeña cargada de energía se tratase. Pues, lejos de la realidad, Circe era como una niña pequeña llena de energía.
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Invitado el Jue Feb 19, 2015 8:11 pm

Cuando se encontraba con algunos de sus hermanos, con la clara excepción de Odiseo, no podía evitar sentir una sensación cálida y agradable que se expandía por su pecho hasta el punto de querer reír con ganas por verse con sus seres queridos. Si, su familia mantenía las apariencias, eran seres aristocráticos, una de las familias más antiguas y adineradas de todo el mundo mágico por lo que el apellido Masbecth era altamente conocido hasta en las zonas de las más baja calaña, sin embargo dichas apariencias, o más bien también llamadas facetas, quedaban en un segundo plano cuando de encuentros familiares se trataba. Aunque también dependía mucho de los seres que se reunían... Todos los hermanos sabían a quien deseaban dar por aludido ¿No?

Pero no estaban allí reunidas para pensar en cosas como esas, todo lo contrarió y pese a quizás en dicho momento no pensaran exactamente las mismas cosas, Eris estaba segura de una cosa. Estaban juntas porque querían pasar no solo rato entre chicas, sino también familia y poder juntarse un rato en medio de sus atareadas vidas significaba que en cualquier momento podrían hacer todo tipo de destrozos. Dicho en el buen sentido, claramente.

Llevó el índice a su labio inferior, haciendo una pequeña mueca que demostraba por una parte desconcierto pero así también diversión.- ¿Quién te hablo de mi zulo secreto? ¿Eh? - Frunció un poco el ceño, aparentando seriedad.- ¿Fue Apolo? Porque si fue él te por seguro que será el siguiente en pasar una larga temporada dentro de mi pequeña base secreta - Rió en baja, moviendo sus manos de un lado hacía otro intentando quitarle la seriedad que había impuesto en el asunto. Era increíble lo apegada que era a sus hermanos, pero quizás sería porque aun no encontraba muchos personajes allegada a su edad, siquiera recordaba a sus compañeros de casa o a un par de profesores que fueron sus docentes cuando más joven y eso que a penas habían pasado unos cuantos años desde que ella dejo de ser una reconocida serpiente en la escuela de magia y hechicería; era un poco difícil de creer teniendo en cuenta que siempre fue social, con quienes se lo merecían.

La risa de su hermana la lleno de goce, con cosas como ella se sentía capaz de recordar el tiempo que pasaban juntas cuando ambas era unas niñas, donde entre los juegos siempre podían encontrar momentos para los escondites o el típico juego de perseguirse por la casa. Aunque solo cuando sus padres no estaban cerca para decirle que ello no era algo para señoritas de alta clase como ellas.- ¿Y que importa lo que piense el resto...? Nosotras somos perfectas -.

Negó un par de veces, suspirando con aquel ceño fruncido que tendría toda madre si llegase a descubrir que su pequeño pimpollo no se alimenta adecuadamente para su edad y aunque no fuesen madre e hija, Eris no se reprimiría si tenía que regañar a la pequeña rubia quien a veces solía ser tan distraída que olvidaba las cosas más simples como lo era comer o cosas de ese estilo. Sin embargo siempre intentaba solucionarlo con aquellos comentarios tan vanidosos que tenía toda la familia acerca de los buenos genes que transmitían sus padres, pese a que ellas desconocieran quien transmitió verdaderamente sus genes.- Siempre haz sido guapa, por favor. Es algo de familia pero vaya que ahora me haz tentando a que te guarde en mi zulo y no te comparta con tus compañeros nunca, nunca más - No pudo evitarlo, era su pequeña niña.

Así que simplemente se agachó lo suficiente para dar un sonoro beso en la mejilla de su hermano, aquellos con el ruidoso muak al final pero a diferencia del de los niños pequeños, quienes eran los que lo solían dar normalmente, mucho menos baboso.

- ¿Que te parece si vamos a ver si encontramos algo de tu gusto, y por ser una hermanita tan adorable y puntual, te lo compro? - Le dedicó un pequeño guiño a la menor antes de comenzar a caminar, tomando la mano de está para que no se quedase atrás de ella en ningún momento. Claramente iba a sacarle provecho al día, no solo hablando con su querida rubia sino también malcriandola a base de regalos como siempre le había gustado hacer desde que comprendió que la niña era realmente adorable. - Aunque si no te gusta esa idea solo podemos dar unas cuantas vueltas mientras nos podemos al día - Se detuvo un segundo, observando a la rubia.

- Anda Circe, cuéntame de tu vida en Hogwarts... ¿Que tal las clases? Y lo más importante - Con notable sonrisa en sus labios se acercó un poco al rostro de la chica.- ¿Cuantos corazones rompiste hasta ahora...? -
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Circe A. Masbecth el Dom Feb 22, 2015 10:02 pm

Decir que las familias de alta cuna permanecían unidas por meras apariencias no podía ser más farsa en aquel caso. Por su parte, era cierto que sentía cierto desdén por las normas establecidas por sus padres y tendía a pasar el mayor tiempo posible lejos de estos, pero en lo relativo a sus hermanos era raro el día en el que no pensara un rato en ellos y deseara tenerlos un poco más cerca para pasar un buen rato con ellos. Como en aquel momento, en el que dejaba atrás la vida que tenía en Hogwarts para estar más pendiente de su hermana que de cualquier otra cosa que pudiera estar a su alrededor. Eris era de esas personas que hacían que olvidara el resto, que se centrara únicamente en una cosa y pasara un rato único a su lado.

- Por supuesto que fue Apolo, ¿Quién sino? Creo que ese hermano al que encerraste antes de que yo naciera aún no escapó para decir que sigue con vida. – Dijo con tono dramático como si tuvieran un hermano más que Eris se había encargado de esconder en un zulo donde sólo ella podría verlo. – Oh, por favor. – Puso un tono dramático a juego con el de su hermana. – No lo encierres o me odiará por el resto de su vida. – Aferró sus manos a las de su hermana con un gesto dramático que acompañaba a su tono de voz y luego no pudo evitar dibujar una sonrisa entre sus labios.

Alzó la barbilla con orgullo ante el comentario de su hermana, pues aunque lo que había dicho no era más que una broma entre dos personas que sienten confianza la una por la otra, no podía ser más narcisista. Circe se adoraba tanto a sí misma que no le importaba ni lo más mínimo lo que la rodeaba en la mitad de los casos y que alguien le recordara lo preciosa que era sólo servía para alimentar ese egocentrismo por el que tanto se caracterizaba.

Tras recibir el sonoro beso por parte de su hermana, se limitó a poner cara de niña pequeña a quien le incomoda que su abuela le tire de los mofletes cada vez que se ven, pero lejos de aquella situación, a Circe no le desagradaban ni lo más mínimo las muestras de aprecio por parte de los miembros de su familia. – Creo que por Hogsmade no encontraremos nada de nuestro gusto. ¿O acaso me ves comprando artículos de broma o golosinas? – Preguntó con tono burlón. Nunca se había caracterizado por adorar los dulces o gastar bromas necesitando pagar por ello. Y en Hogsmade, o se iba a aquellos locales, o acababas en Las Tres Escobas con una jarra de cerveza de mantequilla entre tus manos, eso sí te gustaba aquella bebida, pues Circe ni se había planteado probarla a lo largo de sus quince años. – Siempre podemos mirar. –Afirmó entrelazando los dedos de su mano con los de su hermana.

- Creo que abrieron una librería nueva hace tiempo. Aunque luego aparecieron unos enmascarados y volaron medio pueblo, supongo que oirías algo de aquel asunto. – Dijo dejando caer que su hermana tenía ciertas tendencias mortífagas. Más que nada porque había visto la marca en el brazo de Apolo más de una vez y aquellos dos eran como uña y carne.

Alzó una ceja ante el interrogatorio de su hermana. Negó con la cabeza y soltó su mano para adelantarse por el camino de la calle principal del pueblo, donde ya comenzaban a encontrarse los más madrugadores de los viandantes. – Por mucho que pasen los años seguirás siendo una cotilla, ¿No? – Preguntó sin esperar respuesta antes de entrar a la primera tienda que apareció al doblar una de las esquinas.

Se trataba de una habitación amplia y llena de estanterías con libros antiguos. No se trataba de la librería de la que habían hablado previamente, sino de una mucho más vieja y posiblemente más interesante. Además, contenía objetos extraños por todas partes. Al abrir la puerta una campanita alertó de la entrada de nuevos visitantes y un hombre de edad avanzada alejó sus ojos de la lectura del periódico de aquel día para dedicarles una mirada a las jóvenes que entraban. Por el resto de la tienda, no había absolutamente nadie, seguramente debido a la hora que era. – Las clases tan aburridas como siempre. Los profesores siguen siendo tan aburridos como cuando tú estudiabas en Hogwarts. Aunque hay que decir que últimamente hay alguno que merece la pena mirar. – Afirmó haciendo alusión a profesores como podían ser el de Adivinación, Herbología o Encantamientos.

- Y en cuanto al resto… ¿Acaso no lees Corazón de Bruja? – Preguntó como si aquella revista enunciase la verdad y no contuviese una sarta de mentiras. Tomó una caracola y jugueteó con ella entre sus dedos. – Creo que lo último que leí es que tenía una romántica relación con Dankworth padre y Dankworth hijo. Y algo relacionado con Ian Howells, que como mamá lea eso acabará por desheredarme por juntarme con el Howells equivocado. – Eran una familia de renombre, pero a Ian no había ser humano que lo soportase o lo viese como un buen partido. Pero como todo, era totalmente mentira. - ¿Qué crees que hará esto? – Preguntó tendiéndole la caracola a su hermana tras haberla colocado en su oreja y no haber escuchado el típico sonido del mar que esta traía consigo.

- ¿Y tú qué me cuentas? Seguro que ya hay algún pobre al que le hayas echado el ojo y esté a punto de ponerte una orden de alejamiento. – Dijo con tono burlón dejándole la caracola a su hermana y curioseando más aún por la tienda si era posible. – ¿O quieres mantener en secreto al afortunado para que no sufra un interrogatorio y sea investigado por toda tu familia? – Preguntó con cierta curiosidad. Eran una familia controladora, había que admitirlo.
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Invitado el Dom Mar 08, 2015 8:06 am

A la joven morena, ahora rubia gracias a los exóticos tintes con los cuales daba tratamiento a sus hermosos cabellos, siempre le había parecido extraño ciertos comportamientos de las familias mágicas, para comenzar ¿Por que había tantos familiares? Es decir, estaba bien encontrarse con parientes lejanos, pero tener grandes tapices que expliquen como se llamaba el bisnieto de tu tátara suegro le parecía una burla. Eso la llevaba a creer que por esas normas y reglas que se traían desde años de Merlín, comenzaban los conflictos actuales entre las familias, por lo que a veces agradecía internamente no vivir entre locos como aquellos, exceptuando Odiseo que ese estaba peor que cabra, y tener hermanos como los que tenía. Personas con quienes podría compartir pensamientos como aquellos sin que la tachasen de rara, y en donde podía conseguir abrazos, caricias y mimos sin explicaciones o quejas; adoraba pasar tiempo con su hermanita, lograba sacar su lado más tierno y el que solo le gustaba usar con esas personas especiales.

- Es un alivio para mi que Percy no haya escapado, recuerdame cuando nos despidamos que debo ir a alimentarle - Respondió con toda la seriedad del mundo, como si aquel chico escapase y fuese tan solo unos años mayor que Odiseo; por alguna razón a sus padres les agradaba la idea de ponerles nombres relacionados con la mitología griega a sus hijos, aunque Eris agradecía aquello ¿Que mejor ser la diosa de la discordia? Y hablando de discordias.- Sabes que amo tanto como tu a Apolo - "O quizás más" .- Pero si vuelve a hablar de él tendré que llevarlos a ambos lejos del mundo - Dio como ultimátum, antes de estallar en las risas que ya le costaba contener.

No lo había pensado de esa manera, era cierto que Hogsmade no era un lugar para los gustos de las jovencitas, de alguna manera sentía que su edad de las cervezas de mantequilla y bromas pesadas para joder a algún compañero que le caía mal había pasado hace ya una eternidad pese a su edad, pero dado que no podía sacarla de los límites del castillo sin un permiso especial tendría que conformarse con eso. A la próxima haría algo más interesante y ella se aseguraría de hacerlo. Cumpliría los caprichos de su pequeña niña mimada tal cual hacía con ella sus padres o Apolo.

- Tu no deberías estar tan al tanto de esas cosas, son cosas para adultos - A veces ella también tu lado sobreprotector, después de todo sabía que el mundo de los mortios era cruel para una niña como lo era aun su hermana. Así que la mantendría alejados de ella todo el tiempo que pudiera, aunque aun así no pudo evitar acariciar su antebrazo ante su observación.

Escuchar hablar a su hermana de aquella manera siempre conseguía no tan solo enternecerla, si no también llenarse de cierto orgullo. Después de todo tenían comportamientos bastante parecidos, no idénticos pues cada una tenía sus matices, pero muchas veces solo dejaban verse como realmente eran con su familia o ciertas personas que fueran de su increíble confianza. Intentó seguir el paso a la menor, esquivando ciertos peatones que caminaban a su lado hasta llegar a la tienda; parecía pintoresca.

No pudo evitar que la risa brotara a causa de las palabras de su hermana, meterse a leer tales revistas de chismentos era muy poco ético a su parece, aunque siempre podría encontrar cosas con las cuales molestar a ciertas personas.- Circe, esas revistas dicen que hasta andas con mujeres - Negó un par de veces, casi con tono de reproche, aunque para ella que su madre fuera tan controladora era algo estúpido. -Si necesitas hogar, mira que puedes venir conmigo, no te daré una fortuna pero te revuelca con quien quieras - Se burló en voz baja. Los pequeños retoños de los Masbecth se metían con quienes deseaban, así fuera el peor de los Howells o el hijo del lord tenebroso.

-¿Yo? - Preguntó casi sorprendida por la curiosidad de su hermana, aunque no es como si dramatizara un poco sus gestos como hacía cada vez que se encontraba con su familia, claro que no.- Hablas de cotilla cuando tu eres igual Circe, pero para tu mala suerte no víctima reciente de mis acosos - Se encogió de hombros, no había ningún hombre que le interesase de momento más que su hermano y no porque quisiera involucrarse sentimentalmente con este.- Creo que todos los hombres se volvieron homosexuales durante mi estadía en Hogwarts.-

Jugueteo con la caracola en su mano un par de veces, como si probaba el peso que esta tenía, era más ligera que las que acostumbraba recoger de las playas cuando salía de vacaciones, sin embargo era una caja de resonancia natural así que no se tomó la molestia de llevarla a su oreja.- ¿Objeto decorativo? Lejos del mar no sirven para mucho más que ello - Al dar media vuelta se fijo en una de las estanterías más altas tomo lo que parecía ser una piedra preciosa que al lado tenía un cartel que decía "Piedra lectora de sentimientos".- Mira, esta cosa dice que cambia de color según tu estado de ánimo - Con ojo crítico la puso entre ambas, esperando a que cambie de color y cuando finalmente lo hizo tomó una tonalidad anaranjada.- El naranja no es mi color... ¿Que opinas? - Preguntó, extendiendo el papel con las explicaciones a su hermana.
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Circe A. Masbecth el Miér Mar 11, 2015 9:04 am

La voz bromista de ambas hermanas se encargaba de inundar el ambiente, pues tras las palabras de una iban las de otra acompañadas siempre por varias risas, demostrando que el peso de su apellido no hacía menguar su sentido del humor. Quizá cerca de sus padres las cosas fueran más serias, pero referente a los hermanos, no podían ser una familia más normal. Más normal en cuanto a relaciones, pues si te ponías a pensar cómo resultaban ser cada uno de ellos te topabas con que no podían ser personas más extrañas.

- Nos llevarás al Tártaro de vacaciones y jamás volveremos. Nos dejarás con esas criaturas que tanto te gustan para que nos devoren una y otra vez los órganos hasta que te canses de vernos sufrir, ¿Verdad Eris? – Dijo tomando la mano de su hermana y acercando su rostro sin dejar de lado el tono de voz cargado de dramatismo. – Las leyendas eran ciertas, oh, gran Eris, Diosa de la Discordia, compadécete de nosotros y no nos hagas sufrir de tal modo. – Una sonrisa ladeada surgió en su rostro antes de girar sobre sí misma y seguir con sus pasos como si aquella conversación hubiese sido lo más lógico que dos hermanas pudiesen decirse la una a la otra.

- ¿Te recuerdo que fue en Hogsmade? No sé, un sitio al lado de mi colegio. El único sitio al que puedo ir cuando es fin de semana… Y que sorpresa, ¡Pasó un fin de semana! – Dijo con el tono de voz cargado de ironía antes de rodar los ojos. No soportaba ese tipo de comportamientos. Soportaba todo de sus hermanos, pero no que quisieran protegerla como si de una niña se tratara. Ella no se consideraba una niña, aunque no pasara aún la mayoría de edad. Era madura y no necesitaba la protección de nadie. Ella misma sabía sacarse las castañas del fuego sin que nadie tuviese que prestarle su ayuda. Por Merlín, si ella misma se había encargado de perseguir a una estúpida alumna con complejo de héroe por todo el bosque hasta torturarla y dejarla tirada y congelada en la hierba, mientras a escasos metros un alumno moría ahogado. No había necesitado la ayuda de nadie para hacer sentir mal a aquella chica. No había necesitado la protección de sus hermanos ni su ayuda. ¡Ya no necesitaba ser protegida en todo momento!

- ¿Y qué hay de malo? Apolo anda con hombres y sigue siendo el heredero de la familia. – Sí, es que el pobre Odiseo había sido desheredado sin razón ni fundamento. O más bien, con demasiadas razones y fundamentos. – Pero todo lo que pone ahí es mentira, como si no lo supieras. – Pues aunque jamás había visto el nombre de su hermana en la revista daba por hecho que en su época como estudiante habría protagonizado más de una página de aquella revista cuyas palabras eran tan mentira como el color rubio de cabello de su hermana.

Alzó una ceja ante la afirmación de su hermana. Claro que era cotilla, lo que pasaba es que la mitad de las veces le importaba una mierda lo que decía la gente y eso hacía que no se enterase ni de la mitad de las cosas que sucedían a su alrededor porque no tenían nada que ver con ella y no le afectaban en lo más mínimo. – Seguro que hay algún hombre loco por tus huesos. – Dijo con tono jugueton mientras seguía tocando los objetos que había en el interior de la tienda. – Con lo guapa que eres no puedo creerme que aún no me des sobrinos. – Añadió en tono de reproche. Al paso que llevaban, Eris tenía el papel de dar los primeros herederos de la familia, teniendo en cuenta que Odiseo y sus porros alejaban a toda mujer y que aún no había manera de fecundar a un hombre para desgracia de Apolo.

- No suena, menuda mierda. – Afirmó dejando la caracola como si tal cosa. Siempre había creído que sonaban por muy lejos del mar que estuviesen, pero esa caracola debía estar rota. Luego tomó entre sus dedos el papel que su hermana le tendió y leyó en voz alta. -  Emociones mezcladas, adorable, irresistible, preocupado, ansioso, nervioso, pensamientos intranquilos, desorientado. – Leyó la retahíla de adjetivos que afirmaban ser el resultado del naranja y se encogió de hombros. – Eso es que estás menstruando. – Añadió sin darle mucha importancia a lo que un collar pudiera decir o dejar de decir. – Estos objetos siempre dicen tonterías, parecen hechos por muggles.

- Eso o quiere decir que eres una mujer tremendamente sexy que está preocupada por no encontrar al amor de su vida, lo que crea nerviosismo y hace que se desoriente en el ámbito sentimental mientras busca de manera desesperada al hombre que llene el vacío de tu cama. – Cada uno tiene su libre interpretación de las palabras, y esa era la de Circe. - ¿Lo ves? Te dije que andas desesperada por encontrar a un hombre y esta piedra me da la razón. Y las piedras nunca mienten.
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Jue Mar 26, 2015 7:23 pm

¿Otras familias tan ancestrales serían como ellas? Estaba claro que no se debía tomar a las ligeras el hecho de que ahora se encontraban solas y que en presencia de sus padres o algún otro familiar se comportaban de una manera totalmente distinta, hasta con algo de clase por así decirlo, pero normalmente lo hacían para mantener las apariencias al pie de la letra. No todo el mundo mágico podría aceptar que dos chicos como lo eran las hijas de los Masbecth hablaran con tanta ligereza de ciertos temas, pero era algo inevitable. Sus personalidades se complementaban tan bien que sus charlas eran totalmente naturales.

- Hablas como si mis preciosas mascotas no fueran pequeñas criaturillas del bien que deben ser alimentadas y darles afecto como a cualquier persona normal - Chasqueó la lengua algo ofendida, realmente adoraba a sus animales pese a que no sean precisamente preciosos, amigables o perfectos.- De seguro si Apolo te tortura, hasta te gusta - Una risa brotó de sus labios ante la tan "creíble" actuación de su hermana. A veces pensaba que esa chiquilla podría tener una gran vida como actriz, muchos hombres más babearían por ella tras ver sus grandes dotes en el dramatismo y otro par de cosillas.- No prometo nada, si sufren solo sabre que hice bien mi trabajo. Además, no los convertiría en animales - Le dedicó un guiño, no era la única traía conflictos por la mitología.

Rodó los ojos, cruzándose de brazos antes de suspirar en voz baja, negando tan solo un par de veces. A veces la chica podría resultar ser totalmente obstinada cuando se lo proponía, pero debería entender que sus hermanos se preocupaban por ellas por más madura que aparentara ser.- No puedes quejarte porque tu familia intente cuidarte. Bien sabes que Apolo lo hace conmigo, y nosotros por ti - Odiseo era otra historia, inclusive podría caer muerto por allí y verdaderamente no les importaría a nadie, o quizás tan solo a sus clientes insatisfechos por la mala calidad de su producto.- Que no quiera que te metas en ciertas cosas por tu edad no tiene nada de malo... Bueno si y es el que no me hagas caso - Nuevamente suspiró, no podía hacer nada contra la obstinación de su hermana, pero no podía culparla por ser así. Era un gesto clásico de la familia, y cada quien hacia lo que quería, cuando quería por más repercusiones que ello pudiera tener.

Casi gimió con hastió por la insistencia de su hermana, por más encantadora que Eris fuese, no atraía hombres como las abejas a la miel. Tenía la mala suerte de que su adorada hermana fuera super insistente con los temas amorosos - ¿En serio es tan importante tener un hombre en la vida? - Se encogió de hombros como si aquello no fuese verdaderamente importante, y desde su perspectiva no lo era.- Deberían crear un método mágico para tener hijos, sin ayuda de esperma ni nada de ello. Seguramente tendría hijos muy guapos sin la ayuda de nadie - La idea le parecía de lo más absurda, realmente nadie podría tomársela en serio, pero aun así la chica mantuvo una expresión de seriedad absoluta como si creyera en todo lo dicho. Seria el fin de la existencia masculina sobre la tierra, pero si eso ayudaba a que todo el mundo no se metiera con sus conquistas, mejor.

Seguía pensando que el que Apolo le fueran los hombres era un total desperdicio, él si daría hijos muy guapos, pero por más concentrada que estaba en ello no pudo evitar reír con las palabras de la rubia menor.- Solo amplifica sonidos - Explico de manera tierna, tal cual lo haría una madre a su hija. Aunque dado el caso la diferencia era casi mínima, las hermanas mayores muchas veces actuaban de madre.- Juraría que el color de la menstruación podría ser algo más como ámbar, porque decir que es rojo es un cliché. Supongo que si es muggle, no vale la pena - Acarició su mentón hablando en voz baja, la idea de llevarse la piedreciella le resultaba atractiva. O por lo menos eso le pareció hasta escuchar las palabras de Circe, tendría darle a la chica unas clases de sutileza, o la idea de cotillear sobre la vida de otra persona, aun tenía otros hermanos después de todo.

- Estoy tan preocupada por llevarme a un hombre a la cama, como tu lo estas por teñirte el cabello de verde moco. Unirte a la casa de Hufflepuff y predicar por el bien muggle - Una sonrisa ladina bailó sobre sus labios, tomando una de las mejillas de la chica para así pellizcarla entre sus dedos.- Pero si dices que puedes presentarme un buen partido... Podría intentarlo.- La idea no le sonaba mal, sino más bien fatal. Pero quizás de ella manera conseguiría que su familia deje de atosigarla con el ámbito amoroso. Eso o moriría en el intento, solo para hacerlo más trágico.

- ¿Que dices? - Preguntó divertida, antes de jugar con la piedra entre sus dedos. Caminando por el resto de la tienda.
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Circe A. Masbecth el Vie Mar 27, 2015 2:50 pm

Ambas hermanas paseaban por aquella tienda con un volumen de voz que cualquiera podría escuchar y, a pesar de no mantener una conversación nada seria, si resultaba ser un tanto personal. Pero a ninguna de ellas le importaba. Ninguna tenía por qué estar pendiente de los oídos ajenos que curiosearían sobre los trapos sucios de su familia, pues, realmente, aquella familia tenía más trapos sucios que muchas otras. Por una parte estaba Odiseo, quien ya había sido desheredado de la familia por vender sustancias ilegales desde que estudiaba en Hogwarts; Apolo, cuyos particulares gustos habían supuesto un pequeño trauma para sus familiares al enterarse que no daría herederos, o eso creían todos; Adonis, mejor ni hablar de Adonis, pues su particular modo de comportarse lo convertía en un ser de lo más extraño e insoportable, al menos para Circe; Eris, quien resultaba ser la más normal de todos ellos, con su único afán por las criaturas mágicas y cierto interés hacia uno de sus hermanos, algo que por parte de Circe resultaba ser desconocido; y finalmente ella misma, quien siempre acababa metida en todo tipo de problemas por su carácter, eso y que ni si quiera pertenecía realmente a la familia.

- Si te dicen que no pienses en elefantes rosas será en lo primero que pienses. Si le dices a un adolescente que no se meta en problemas será lo primero que haga en cuanto crea que no estás mirando. – Los adolescentes podrían ser un peligro incluso para sí mismos por su incapacidad para medir los riesgos. Esas personas en miniatura, aún en tránsito entre el niño y el adulto, que se creen capaces de todo. Se creen que no pueden sufrir daños, que nada puede sucederles y que, lo que sus mayores les dicen que no hagan, es un reto, y no una advertencia.

Siguió jugueteando con todo objeto que se ponía al alcance de su mano, pues tenía una incapacidad innata para mantenerse quieta, para no tocar todo lo que estuviese cerca, como si una fuerza invisible atrajese su mano al resto de objetos que decoraban la sala. Si hubiese un cartel de “prohibido tocar” hubiese sido la primera dirección que sus manos hubiesen tomado a la hora de jugar con los objetos allí presentes. Pero, por suerte, todo allí estaba para ser manipulado. Para que manos y brujas curiosearan y se llevaran a casa lo que más llamara su atención. – Claro que no es importante. – Se giró mientras lanzaba una pequeña bola de color rojizo hacia el techo y volvía a recogerla con la mano opuesta. - ¿Para qué uno pudiendo tener varios? – Guiñó un ojo sonriente. Circe no se caracterizaba por su capacidad para elegir a un solo hombre con el que estar, pues opinaba que cada persona tenía diferentes características que había que conocer. Tantos hombres, como mujeres, para ser sinceros.

- Deberías decirle a Apolo que te preste esperma. He leído que los muggles tienen clínicas donde sin necesidad de hombres te dejan embarazada y con Apolo mantendrías la pureza de sangre y te saldrían hijos realmente guapos. Aunque posiblemente estúpidos al ser hermanos. Y por ser vosotros, que tampoco sois muy listos. – Aquello último era todo una broma, pues dudaba que su hermana tuviese el instinto maternal a flor de piel a esa edad, pero todo era posible. Total, algunas de sus compañeras habían terminado con un regalito tras una noche en la Sala Común de Slytherin, la cual resultaba ser lo más parecido a un club de citas que podría encontrarse en todo Hogwarts.

- Pues que sepas que los muggles son… - Hizo una breve pausa para pensar algo bueno sobre aquella degradación del ser humano, pero nada surgió entre sus labios. – Bueno, son. – Se encogió de hombros, no había mucho que decir al respecto de aquellos seres que parecían vivir siglos por detrás de los magos en cuanto a avances se refería. – Suficiente.

- Creo que cualquier hombre que te presentara sería insuficiente. Que si demasiado bajo, que si pocas neuronas, que si muy muggle, que si no sabe vestir… - Comenzó a andar por la tienda de un lado a otro pasando entre las estanterías moviéndose al ritmo que  marcaban sus propias enumeraciones. – Eres una quejica, señorita Masbecth. – Afirmó recostándose en un sillón mientras jugaba con un cojín de terciopelo a juego con este entre sus dedos. – Además, ¿A quién pretendes que te presente yo? ¿A uno de mis compañeros que como mucho puede tener diecisiete años? También están los profesores…  Cuando hagas prácticas en Hogwarts verás que no están para nada mal. - Dio un par de golpes en el reposabrazos para indicar a su hermana que tomase asiento y siguió hablando. - A ver, dígame señorita, ¿Cómo quiere usted a ese pretendiente?
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Circe A. MasbecthUniversitarios

Invitado el Vie Abr 17, 2015 11:10 pm

La vida de la familia solía ser tan pública. Eris no dudaba que todo el mundo mágico conocería a los hijos de los Masbecth's con sus formas de ser tan peculiares y algunas veces chocantes. ¿Era una familia unida? ¿Se querían? Esas cosas si quedaban al completo desconocido para el resto de los magos, no como su conversación.

- ¿Por que elefantes rosas? Creo que eso de ver tantas películas muggles te ha jugado en contra y deliras en cuanto a tu imaginación.- Rió en voz baja, negando un par de veces. Por más que no paseara por el mundo "normal" muy seguido, si había escuchado alguna vez dicha analogía.- Pero tu podrías ser una buena niña y hacerle caso a tus mayores... ¿No crees? .- Eso sería pedir demasiado, sabía del culo inquieto de su hermana. Que por si fuera poco siempre se encontraba haciendo algo que no debía.

Tomó una pequeña bola de cristal, jugueteando con ella al pasarla entre sus manos como si hiciese malabares. Sería todo un caos si llegaba a caerse de sus manos. Además de que el dueño la regañaría, risas, gritos, vetos de por vida y bla bla bla - Eres todo un caso... ¿No puedo conseguir uno y quieres que intente buscar varios? ¡No hago milagros!.- Realmente el interés de los hombres sobre ella casi ni existía, por lo que no se esforzaba en lo más mínimo para atraer pretendientes. Prefería pasar su día aprendiendo sobre alguna nueva criatura sobre la cual desconociera o enfrascarse en una búsqueda acerca de esos mismos seres; aprendía mucho más de las bestias que de los hombres. Aunque pensándolo bien podría comparar ambos...

Joder, sonaba despechada.

- Tengo todo un encanto de hermana... - Rodó los ojos con ironía.- Tener los hijos de Apolo no me parece una buena idea, andaría reclamándome toda la vida porque los malcrío y por si fuera poco tendría verdaderos motivos para llamarme enferma a diario. Descartado.- Como si realmente hubiese pensando que eso era una buena idea, si alguna vez había tenido esa clase de sentimientos por su hermano había mantenido ocultos estos durante toda su vida, y como aun se encontraba con vida podría continuar escondiendo dichos pensamientos en lo más profundo de su mente. Aunque no podía evitar darle la razón a su hermana, si serían guapos.

Sonoras carcajadas brotaron de sus labios cuando la chica no tuvo mucho por decir de aquella raza que se encontraba tan distanciada de ellos. Tenían su propio mundo pero ello no evitaba que se vieran en desventaja, después de todo aun continuaban con guerras por ideales tontos... Pero, no, no podía objetar mucho en contra de ello si lo pensaba bien.

Se encogió de hombros, como si las palabras de la rubia la ofendiesen.- No puedes esperar que no ideales tan bajos ¿Cierto? - Siguió a su hermana, observando cosas de entre las tiendas como si buscase algo que fuese de su interés. Aunque tan solo terminó por sentarse a un lado de su hermana, recostándose también para apoyar su cabeza en los muslos de la menor; cosas que solían hacer juntas antes, pero con otras formas.- Paso de tus compañeros, no deseo ser niñera de otro chiquillo como tu - Le sacó la lengua, tomando gesto pensativo antes de cerrar sus ojos.- ¿Damos por hecho que tiene que ser guapo, cierto? Porque si no es así créeme que no tendré que ni pensarlo... - Entreabrió sus ojos, acariciando una de las mejillas de la chica mientras se perdía en sus propios pensamientos.- ...Sabes que no soy una romántica Circe, pero tiene que ser alguien inteligente. Que sepa lo que hace. Debería ser un reto y no dejarse mandar de buenas a primeras o las cosas dejan de ser interesantes muy rápido... Y en cuanto al amor ¿Crees que eso existe actualmente? -

Algunas veces, Eris, solía tener pensamientos bastante negativos acerca de las cosas banales como aquellas. Que si sentimientos, que si compartir toda una vida juntos. Patrañas.
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Circe A. Masbecth el Lun Abr 20, 2015 4:59 pm

No entendía la necesidad de mantenerse al margen del mundo muggle, pero había sido criada en un ambiente purista donde estar de la mano de aquellos que carecían de magia estaba mal visto. Con los años había aprendido a dejar a un lado las convicciones de sus familiares y formular unas propias, por lo que juzgaba a magos y muggles bajo el mismo patrón. A diferencia de la gran parte de magos que seguían a Lord Voldemort, por no decir todos, ella consideraba de la misma calaña al muggle idiota que al mago idiota, por mucha sangra pura que llegase a tener. Si apoyaba a un bando o a otro, era por pura conveniencia.

- Pues elefantes verdes, ¿Qué más da? – Sí, era posible que todo fuese cosa de las películas muggles, pues si había algo que apasionaba a la chica era el cine, pues consideraba que era el único punto a favor que tenían los muggles sobre los magos. Quizá el conocimiento de aquella diferencia era el que había hecho que cogiese como optativa Estudios Muggles, pues su curiosidad era aún más grande que las ganas de superar al enemigo, ya que dicen que no hay mejor forma de enfrentarse a alguien que conociéndolo. – Podría. – Se encogió de hombros resumiendo de aquel modo su respuesta. Claro que podría ser una niña buena y hacer caso a las palabras de sus hermanos e incluso de sus padres, pero no era lo que le gustaba. Y Circe se caracterizaba precisamente por eso, por hacer lo que le gustaba y parecía sin esperar que las consecuencias fueran unas u otras. No tenía control propio de las consecuencias de sus actos.

Los hermanos eran totalmente diferentes entre ellos, pues aunque guardaban ciertas similitudes, también era cierto que si coincidían en muchos otros aspectos era por mera casualidad. Por ejemplo, sus padres afirmaban que Eris y Apolo eran como dos gotas de agua, pero eso se debía a que apenas los conocían, pues por muy parecidos que fuesen también tenían cientos de diferencias. Por ejemplo, Apolo se caracterizaba por ir tras todo ser viviente con un mínimo de atractivo y Eris parecía no tener ojos en ese sentido. – Dile a Apolo que te pase uno de sus ligues de una noche y lo cambias de acera, tampoco es tan complicado, ¿No? – Dijo con tono divertida aún toqueteando todo lo que se ponía al alcance de su mano. Seguramente había algún cartel de “prohibido tocar” por alguna parte, pero si lo había visto, su mente se había encargado de obviar aquella información tan poco útil.

Una parte de ella quería tener sobrinos a los que consentir y molestar al mismo tiempo pero por otra parte no quería, pues eso significaría dejar de ser la pequeña y mimada por todos sus hermanos. Aunque, ciertamente, dudaba que aquello cambiase. Era lo suficientemente consentida y caprichosa como que para la aparición de un nuevo miembro en su familia lograse eclipsar su existencia. Su ego no lo permitiría.

Ya había tomado asiento mientras jugaba con el cuelo de los reposabrazos del sofá entre sus dedos, dando cortos pellizcos a este como si pudiese causarle algún tipo de dolor. – Yo no soy ninguna niña, te recuerdo que casi tengo dieciséis y puedo ser más madura que cualquiera, con la diferencia que es mucho más divertido no tomarse las cosas en serio. – Podía ser madura, claro que podía, pero eso significaba que tendría que tener responsabilidades y obligaciones y eso era algo para lo que no estaba hecha. Prefería mil veces molestar a los demás, ser un continuo tormento y dolor de cabeza para el resto y eso no cambiaría por muchas velas que se sumaran a su pastel anual de cumpleaños. – Pero sí, mis compañeros son como niños, les falta tener un chupete y un babero. Porque pañales juraría que ya llevan. – No quería imaginar lo que sería tener como familia política a alguno de sus compañeros porque tuvieran algo con su hermana, pero confiaba plenamente en el criterio de su hermana como para no dejarse engatusar por los encantos de un par de adolescentes con las hormonas a flor de piel.

- Creo que te gustaría el de Encantamientos. Si lo vieras tendrías las bragas por los tobillos y es inteligente, y agradable, la verdad. – No sabía cuáles eran sus ideales pues se encargaba de mantenerse al margen de la guerra de palabrería que existía entre los alumnos en su clase pero era un hombre con carácter.

¿Qué si creía en el amor? No, claramente no lo hacía. No esperaba encontrar a esa persona que haría que te surgiese un nudo en la garganta al tiempo que las mariposas golpeaban tu estómago y acabaran por dolerte las mejillas de tanto sonreír. – El amor es un fuerte dolor de pelotas pero que por mucho que te haga sufrir, no quieres que desaparezca. – Dijo encogiéndose de hombros. En aquel momento, era lo que ella consideraba que era el amor, pues desconocía lo que realmente era. – Hoy en día cualquiera cree que está enamorado, todos luchan por encontrar al padre o a la madre de sus hijos y que eso sea su felicidad. Encontrar una media naranja que, absurdamente, acabará por ponerse amarga. Eso no dura, las personas se acaban cansado y fin. – Ladeó la cabeza. - ¿Acaso buscas que tu felicidad dependa de otra persona? Es de gilipollas. – Circe era una malhablada por naturaleza, el prototipo de persona a la que sus padres amenazaban con limpiar la boca con jabón.
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