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To feel a little love | Priv. Rubén Hansfeel {+18}

Invitado el Dom Feb 08, 2015 3:28 am

PartyHard en Londres |Antes en las Tres Escobas| Fin de Semana| Con Rubén Hansfeel


¿Viste cuando das vueltas en la cama porque no entiendes lo que te ocurre? ¿Cuándo no consigues dormir y tiendes a morder tu labio inferior o te levantas a tomar  agua? ¿Cuándo la mayoría está saliendo de sus alcobas a pasar tiempo con amigos? Joahnne lamentaba haberse distanciado de Rubén por el simple beso en el Baile de Navidad. Bueno, para ella no era un beso simple, era su primer beso y encima robado. Decepción y asombro era lo que sentía en el momento de ese choque de labios, hasta ahora perduraba el primer sentimiento. ¿Cómo le decía a Rubén lo que en verdad sentía sobre él? ¿Por qué todavía no lo había hecho? ¿En qué momento ocurrió todo ese mar de sentimientos confusos? Sus preguntas  rebuscaban respuestas en la mente de la pelirroja pero no conseguían sus objetivos.

La frente chocaba contra la almohada, su oxigenación estaba acabando. “Hey, que no me mataré.” Sus brazos se posicionaron sobre la almohada esponjosa y empujó, se alzó como si fuese una sirena en el agua. Vaya comparación. La espalda se encontraba arqueada y la melena la cubría como a sus hombros. La carta ya había sido mandada mediante Kirlya hacia Rubén, dentro de una hora aproximadamente se juntarían ambos jóvenes en las tres escobas. Aquella posada del mundo mágico que quedaba en Hogsmeade, un pueblo que se conocía bastante bien la pelirroja. ¿Estaba gastando tiempo haciendo de morsa? ¿Se creía la reina de los manatís? Pues claro, la pelirroja tenía un tanto de miedo por lo que ocurriría en la taberna, pensaba que las palabras se le atorarían en la garganta cuando quisiese formular una oración coherente.  Tenía el lugar íntimo que deseaba para la tranquilidad, pero no se encontraba con el mismo espíritu, el cual tuvo al mandar la carta, le había agarrado una especie de cobardía. –No, Rubén no tiene derecho a ponerme así.-  tomó la valentía que tanto hacía alarde en su personalidad y se visualizó en la posada, sentada allí conversando con su mejor amigo. Esto no haría que cambiase la relación entre ambos. No, que no. Se debía preparar, que ya llegaba tarde por tanta morsidad.

Las prendas saltaban de un lado al otro, estaba peor que una adolescente antes de que venga el chico ideal para tener la primera cita. “¿Esto es una cita?” se cuestionó sonrojándose, al darse cuenta de su sonrojo no tuvo más opción que tirarse sobre las faldas y camisas que había ya tirado anteriormente. Dio un bufido de exasperación y comenzó en su búsqueda. Los pantalones fueron fáciles de conseguir, eran azules, comunes y corrientes haciendo que sea sencillo combinar (y no preocuparse). Tenía ya preparado el abrigo, un sweater que había usado para otra ocasión de color rojo vino con pequeñas tachas doradas que hacían juego ¿Con qué? Pues con algo deberá hacer juego. ¿Debajo de ello? Joahnne estaba peor que su madre cuando debían asistir a reuniones de doctores de su padre “¿Qué vestido llevo? ¿Este recogido o el otro? ¿Y si las otras esposas piensan que ya estoy vieja? ¿Se notan mis arrugas? ¿Y si Samantha viene y me dice que me veo fea?” todas esas preguntas y muchas más se hacía la madre de la pelirroja, esta ya se estaba identificando con respecto a la paranoia antes de salir. Terminó eligiendo al azar, cerró los ojos y tomó lo primero. Una camisa sencilla de color blanco, mangas cortas, con bolsillos pequeños en su pecho y botones negros cortando la claridad. Suspiró  y trató de capturar una bocanada grande de oxígeno. Recogió su cabello en una coleta, una gomita le sujeto por unos minutos. Los nervios le hicieron quitarse aquello para quedarse con el cabello suelto.

Un golpe. Se había pegado en la frente para reaccionar. –Basta, te tranquilizas pelirroja sin alma. Es tu mejor amigo y luego saldrán a bailar para festejar los buenos amigos que son con el otro.- se recriminó, hablando sola espantando a su gato. El calzado no fue más que unas botas marrones que encontró a la vista. Salió corriendo del lugar ignorando los saludos de sus leones queridos como también los molestos comentarios de algunas serpientes. Estaba empecinada en hablar con Rubén y aclarar todo, también era culpa de que iba con el tiempo corto. Llegaba tarde por veinte minutos y ya lo estaba viendo pensando que le habían plantado.

Luego de unos minutos de caminata llegó a su destino, no era un día frío pero si fresco. Correntadas de aire hacían que sus brazos tuvieran frio, sin mencionar que no se había abrigado lo necesario. Posicionó la mano en la manecilla y empujó para adentro la puerta haciendo sonar la campanilla, esa que chillaba cada vez que alguien entraba por encima de sus cabezas. Alzó el brazo derecho para saludar a su amigo, aquel que le había hecho despertar por las noches para hablar en la sala común de Gryffindor o robar panecillos antes de que los alumnos entraran al comedor a desayunar. “¿Cuánto le habré hecho esperar?”


mochu:


Última edición por Joahnne Herondale el Dom Abr 19, 2015 2:36 pm, editado 2 veces
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Invitado el Dom Feb 22, 2015 1:57 am

Una larga noche era lo que le esperaba a los jóvenes estudiantes de Hogwarts, sin ninguna clase de conocimiento de en lo que terminase, los grandes amigos separados por un pequeño incidente navideño, para poder conversar civilizadamente lo ocurrido. En los últimos días los amigos parecían distantes productor de un beso proporcionado por Rubén hacia la pelirroja al término del dichoso baile. Acción que no trajo consigo más que una nube de confusión y arrepentimiento por parte del muchacho, producto de la actitud resultando de Joahnne. ¿Era realmente un beso lo suficiente para destruir una amistad? La pregunta volaba por la mente pensando si la pelirroja decidiría evitarlo y no volver a hablarle más. Entusiasmado luego de una pequeña conversación a través de cartas decidieron juntarse para poder hablar las cosas y aclarar todo el asunto. Un acto un tanto extremista considerando que los chicos pertenecían a la misma casa y no necesitaban más de veinte pasos para encontrarse a conversar, sin embargo el que fuese de esa forma le permitió tomar una decisión confianzuda a ir al encuentro.

“Dios… dije eso pero… ¿qué pasa si ya no quiere hablarme más?  o ¿si solo quiere decirme que no seremos más amigos… ?” eran las ideas que abrumaban la mente del joven mientras buscaba en sus cajones ropa para el encuentro. No necesitaba nada realmente especial, pero el chico sentía que debía estar presentable este día “Como ir a funeral… si nuestra amistad muere… al menos que me pille con mi mejor traje” Se decía bromas a si mismo tratando de calmar sus nervios. –¿Que debería llevar Cherwie?- Le pregunto a la blanca lechuza quien reposaba sobre el barandal de su cama moviendo su cabeza. –Ok, ya enloquecí- Dijo suspirando mientras tiraba la ropa que encontraba inapropiada. Los minutos pasaron y desesperado se frustro, tomando lo más casual que encontró. Una casaca de cuero con una camisa blanca junto con unos jeans del mundo muggle era el atuendo que llevaría para esta tarde. –Espero que no le desagrade…- Dijo con una mueca en su boca al descontento de su inseguridad por su ropa.

Nervioso llego a las Tres Escobas, poniendo su mano en el pomo de la puerta se detuvo a pensar. “Un momento… y si ya llego…? Sería muy descortés que llegue tarde… Salí bien a la hora…? Dios… Voy peor que una mujer, al diablo todo”. Empujo la puerta escuchando la campanilla por sobre su cabeza, girando la mirada en el interior en busca de la peculiar cabellera roja de su compañera y amiga. No la encontró por ninguna parte, lo que le produjo una leve sensación de relajo que no duraría mucho. El muchacho camino entre los magos que yacían ya en el lugar, disfrutando un pequeño trago o simplemente riendo con sus amigos, no vio caras conocidas hasta llegar a una mesa cerca de una de las ventanas. Cuando Rubén fue a tomar asiento pudo oír nuevamente la campanilla que venía de la puerta. Una larga cabellera roja se asomó por ella dejando al descubierto la llegada de su amiga por lo que no tardó en hacer señas con sus manos para decir en donde estaba. Esta se acercó a la mesa en donde se encontraba, sin nada preparado ya que acababa de llegar al igual que ella, como era posible que no se encontrasen por el camino, bueno era mejor de esa forma, o eso era lo que Rubén pensaba.

Parecía como si hubiesen pasado meses desde que no hablaban, pero en realidad solo unas semanas, solo evites y excusas por parte de Joahnne que no dejaban claras sus intenciones ni lo que ella realmente quisiese. –Hola Joan... te ves bien. Toma asiento, ¿pedimos algo?- Le pregunto a su amiga un tanto nervioso por la actitud que ella pudiese llegar a tomar. “Cálmate Rubén es solo ella, tu amiga, nada más, no puede ser nada más, así tiene que ser”. Se decía a si mismo rechazándose sin siquiera oír la opinión real de la pelirroja, pero sus actitudes eran lo que le hacían sentir al joven confundido con sus sentimientos, tratando de convertir una amistad en amor.
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Invitado el Lun Mar 02, 2015 7:21 pm

La campañilla resonó sobre su cabeza, su rostro sereno marcaba los pasos con delicadeza. Algunos voltearon para ver quién ingresaba en el local, típico de la situación. Compañeros se encontraban allí, saludaron y continuaron sus conversaciones como si el saludo fuese un tiempo libre de los chismes, o de las habladurías sobre las materias. Joahnne no se acercaría a saludar a cada uno, venía con el objetivo de aclarar algunas cosillas con Rubén. Su mejor amigo. Aquel que estuvo en las buenas y en las malas, en los momentos de frustración o de tristeza, también compartió alegrías aunque en este último tiempo la cabeza de la Gryffindor era una tormenta de arena, no  sabía con claridad sus verdaderos sentimientos. Sin embargo, estaba decidida que esa amistad perduraría,  ya sabía de varias parejas que comenzaron siendo mejores amigos y ahora no son nada. Ella amaba la compañía y la protección que le otorgaba el león, tal vez le encantaría ver lo cursi y lo dedicado que podía ser con ella si fuesen novios. A pesar de eso, si ellos tenían una discusión o alguna pelea que les hiciera cortar como pareja, no volverían a verse. Eran extrañas esas relaciones donde del amor se pasó a la amistad, no le gustaría a Joahnne tal experiencia.

Esquivó a algunas personas que corrían sus sillas al querer retirarse del recinto, pidió disculpas a los que empujaban que chocaban contra ella. Llegó hasta Rubén el cual se encontraba guapo, por no decir que Joahnne le encantaba ese atuendo y como le sentaba. “Regla número uno de la noche: no pienses que es guapo, piensa que se vistió bien para la fiesta pero no digas que “esta bueno”, “que es mejor que comer pollo con la mano” o “muero por morderle el cuello”. Además no soy vampiro, a no ser…” se enumeró ciertas cuestiones hasta que la interrumpió su amigo. Ella se sentó acomodando la mochila a un lado, rascó su nariz con el dedo índice fijándose en el móvil. Hacía añares que no usaba diariamente ese aparato, así se conectaba con algunas personas del mundo muggle para hacer estas quedadas. No se habían olvidado de ella y la relación se mantenía, a veces pendía de un hilo pero un rato entre “chicas” bastaba para que no se rompiera por completo. Vio la hora y la dirección, estaba todo arreglado solamente faltaba avisar cuando iría.

-Podríamos pedir un poco de cerveza de mantequilla, yo la quiero caliente que vine un poco fría de afuera. Además me gusta tomarla en jarra y no en botella. Ah, tenemos poco tiempo para hablar sobre… bueno eso, dentro de una hora comienzan con toda esa “hazaña” de fiesta– murmuró mientras observaba la barra, detrás Madame Rosmerta atendía a unos cuantos clientes. Rubén dijo lo que le apetecía aunque Joahnne daba unas risitas por un mensaje de texto, su amiga había estado bastante centrada en un chico de la escuela que hoy tal vez se le declararía en la fiesta. Ya estaban grandes, algunos ni siquiera querían estar en una relación estable pero les valía pasar una noche con la otra persona. La pelirroja, como esa chica, seguía pensando que “una noche” no es más que esperanzas pérdidas, demasiado románticas tal vez. –Perdón, estaba hablando con Stella. Parece que esta noche alguien va a terminar en pareja.- alzó la vista y se encontró con aquellos ojos, esos los cuales vieron lo profundo que era su ser aquella noche de navidad. El colgante seguía presente en su cuello desde que Rubén lo había regalado, no se lo había quitado en ningún momento más que para bañarse. Esto era un tanto masoquista cuando lo ignoraba por los pasillos, quería estar cerca de él pero prefería evitar el tema.

-Digo, Stella tenía a un chico en su mira parece que lo conoció en la escuela. Y ahora está prendada horriblemente a él, me ha mandado mensajes pero como sabe que vivo lejos y tengo otros costos verás que el crédito en el móvil no dura por eternidades. Ni el mío así que esta noche nos pondremos al día aunque si ella estará en su plan “Quiero novio” lo dudo. –rio mientras proseguía con la conversación.- Es demasiado dulce eso, a pesar de que está hace más de dos años intentando invocar un novio. Es demasiado exasperante en ocasiones, por eso lo digo, tiene que tener un chico dispuesto a soportar sus males de humor. Ella siempre quiso tener novio en el colegio y que la acompañara hasta en la universidad, como si fuese la vida de alguna adolescente de película. ¿Sabes que yo también tenía el sueño de enamorarme en el cole…gi…o…?- preguntó callándose en el final de la frase. “Regla número dos de la noche: no digas cosas de ti sobre el amor, el que quieres tener un compañero para toda tu vida, ni tus ilusiones románticas.” Se recalcó antes de cambiar el tema rotundamente, algo demasiado obvio pero era mejor ni aclarar eso. – Voy a pedirme la cerveza de mantequilla ¿Tú quieres algo?- Nerviosa. Al decir tales palabras se levantó del asiento de manera apresurada, golpeándose una de las piernas con las patas de la mesa, no hizo más que una mueca de disgusto. Se retiró a pedir cuando Rubén se había decidido, no pasó mucho tiempo para que le atendieran en la barra. Prefería eso, levantarse y darse un respiro para plantearse lo que hablarían en los siguientes minutos. Ya lista, volvió a la mesa con lo encargado y aires renovados.

-Bueno, te reuní acá para hablar sobre mi plan secreto de tener mi habitación atestada de dulces y helado. Nah, que es broma. Voy a ser sincera… No quiero romper nuestra amistad, es algo demasiado fuerte para mí y no quiero que te sientas mal. Creo que los dos tal vez sentimos cosas extrañas por tanta compañía del otro en este último año, tal vez malentendimos lo que en verdad sentimos. Cariño por el otro, como si fuéramos hermanos pero lo confundimos con “amor”. –trató de explicarse Joahnne mientras le otorgaba a su acompañante una sonrisa ladeada. Esperó por sus palabras, dependía de él saber si se iban a ir cada uno por su lado o si asistirían a una fiesta como los mejores amigos que siempre fueron.
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Invitado el Miér Mar 18, 2015 8:02 pm

¿Que era el amor realmente?  La pregunta que no dejaba de rondar por la cabeza de Rubén, era acaso el sentimiento de ver su roja cabellera revolotear por los pasillos de todo el castillo de Hogwarts, o el simple hecho de ver su cálida sonrisa al disfrutar las pequeñas bromas en su rostro. Tal vez era solo el sentimiento de la necesidad de verla feliz, un sinfín de emociones que solo provocan girar los ojos ante la pelirroja. Un beso podría ser muchas cosas, para Rubén fue un impulso en busca de algo más, producto de la necesidad de tener más sobre su mejor amiga, ya no le bastaba ese sentimiento, el buscaba algo muchísimo más intenso.

-Por supuesto, tomemos algo sería un desperdicio haber venido aquí y no tomar nada- exclamo Rubén ante la aceptación, mientras se acomodaban en el lugar. No tenían planeado pasar mucho tiempo ahí, era más una previa para hacer las paces y poder divertirse una vez más como amigos o eso esperaba Rubén, ya que tenía la idea de que una relación asustaba a la muchacha de la manera que solo el rechazo sería la solución. Antes de poder exclamar una palabra para conversar Joahnne soltó una pequeña risa al revisar su móvil, al parecer estaba mensajeandose con una amiga quien le estaba contando sus dramas de pareja. El joven desmotivado bajo la mirada al sentirse rechazado de esa forma, no era realmente un rechazo directo pero si un acto que le hizo sentir que no poseía la atención de la chica. –No pasa nada- Dijo sonriendo de forma cortes para no hacer notar lo que sentía. “Soy un idiota” Pensó mientras se hundía en su mente hasta imaginar lo mala noche que podría ser, esto hasta que alzo su cabeza contemplando el blanco cuello de la chica. El collar que le había regalado para navidad adornaba su cuello de forma elegante. -No pensé que…- Susurro mientras Joahnne no dejaba de hablar sobre su amiga, manía que había tenido de toda la vida, el empezar a hablar de algo y no detenerse hasta que terminara o se quedase sin aliento, lo que ocurriese primero. El joven sonrió al ver tal acto pensando “Idiota” sobre si mismo.

Sentados en el bar esperando llegar a un acuerdo Rubén se perdía en los labios danzantes de su amiga balbuceando incoherencias como siempre, alejándose completamente de lo que de verdad importaba. No estaba tomando atención a los comentarios sobre su amiga, si no ansioso por lo que diría sobre lo ocurrido en navidad, pero eso no parecía llegar a punto hasta detenerse al hablar sobre el colegio. –¿Enamorarte en el colegio? ¿Eso es enserio?- Le pregunto ante su callar. Esta sin contestar su pregunta solo se levantó a buscar una cerveza.  –Ok…?- Dijo Rubén frunciendo el ceño ante el rápido cambiar de la chica –¡Tráeme una también!- Le dijo exclamando desde la mesa.

Esta volvió con las cervezas en sus manos poniéndolas sobre la mesa, se sentó y por fin hablo de lo que realmente le importaba a Rubén. Un disparo en el pecho o una flecha en el corazón, seguramente alguna de esas acciones representaba el golpe que sintió dentro de el al escuchar las palabras de la chica. “¿Solo amigos no…?” Se dijo en su mente al escucharla. Este bajo la mirada y tomo la jarra para servirse un poco antes de poder soltar palabra alguna de su boca. –Es verdad- dijo. –No me gustaría arruinar nuestra amistad así, las cosas estaban bien como hasta ahora. Supongo que te debo una disculpa por lo de navidad, yo también quiero seguir siendo tu amigo eres como una hermana para mí y no quiero acabar con esto.- Termino para beber otro gran trago de la jarra. Le entrego una gran sonrisa mientras se levantaba de la mesa –Por cierto… te queda bien, digo el collar- Se acercó a ella y puso su mano en su cabeza acariciando su cabello al punto de despeinarla. –Bueno ¿amigos?- Le dijo con una gran sonrisa como la que solía darle cada vez que hacían algo juntos. No podía optar a más, era esto o nada, pero el muchacho disfrutaba tanto de la compañía de la chica que no le importaba si estaba el friendzone durante toda su vida, mientras estuviese junto a ella. –Bueno… ¿vamos a la fiesta? O ¿pasamos por algo antes?- Le propuso mientras la contemplaba.
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Invitado el Jue Mar 26, 2015 5:22 am

Todo esto la estaba volviendo loca, desde el asunto con Rubén hasta el otro asuntillo con la fiesta. Si él no quería lo mismo que ella los planes de la pelirroja de arruinarían a la par de la amistad con aquel muchacho, no sabría cómo soportar ese distanciamiento. Sí, habría un distanciamiento si una de las dos partes de negaba a volver al pasado o si la otra no aceptaba el cambio que se haría en eso de los “títulos”. Suspiró Joahnne calmándose delante de la barra. Nadie armaba una manual de como meter a tu mejor amigo en la friendzone, ni mucho menos como apaciguar el ambiente y volverlo ameno para ambas partes. No sabía cómo plantarse delante de aquel muchacho que muchas veces le había hecho suspirar, menos como decirle que no quería arriesgar una amistad de unos cuantos años por un beso o por sentimientos encontrados. Por lo que ella conocía se podría decir que a Rubén no lo habían visto con alguna joven en plan “novios de manita sudada” ni mucho menos de “chiquilla de una noche”. Tal vez debería ir como picaflor para encontrar al “verdadero amor”, una onda Circe Masbecth o como Lluna Conde que se pelean por los hombres como si fuesen trofeos. Sí, leía demasiado Corazón de Bruja pero no lo dejaría de lado en ningún momento. Volviendo al asunto, Joahnne no entendía como ahora tendrían que ir a una fiesta haciendo que nada había pasado en la fiesta de Navidad. Intentar bailar y beber como si fuesen muggles dejando atrás todo el mundo mágico. No, no podía ser más infantil el dejar dicha cuestión de lado por unas cuantas horas de la noche.

Posicionó los codos sobre la tabla que servía para sostener todas las jarras, desde cerveza de mantequilla hasta hidromiel en botella. Una de las palmas sostenía su barbilla delicadamente, sin mucha presión como para dibujarle una marca rojiza en la zona. Su cerebro parecía que se había empecinado a deslumbrarse con las botellas ordenadas que se encontraban detrás sobre las repisas, su mirada viajaba de un extremo al otro prestando atención a lo que algunos hombres pedían. Su ensoñación se rompió. Las manos ásperas de un hombre rozaron el brazo de la muchacha provocando que la mano que sostenía la mandíbula saliera despedida hacia delante, parecía bastante grande así que no tuvo más remedio que correrse hacia un costado por las dudas de estorbar. Nadie sabía cómo alguno podía estar de loco y empezar una pelea por una sutil mirada o por no quitarse “de su paso”.  Mejor prevenir que curar, la mesera atendió a la pelirroja a los minutos del incidente. Le extendieron los pedidos a Joahnne la cual los tomó dedicando una sonrisa, sin antes pagar obviamente. Dos jarras de cerveza de mantequilla espumeante. Pensó en el mundo muggle de inmediato, cualquiera pensaría que estaba loca por tomar tales cosas, más teniendo en cuenta la variedad de energizantes que producen al año. Negó con su cabeza, revolotearon algunos rizos. Llevó consigo las jarras, la espuma blanca y rechoncha se encontraba perfecta para tener unos bigotes blancos. “¡El Bigote!” recordó que en una de las partidas de League of Legends (aquel videojuego muggle bastante popular en estos tiempos) había cierto personaje robusto con un gran bigote, por no decir un gigante bigote, gritando tal frase como si estuviese vendiendo. Se alegró de haber recordado aquello puesto a que su ánimo cambió por los delirios mentales cotidianos.

Corrió la silla con su pierna y se sentó dejándole la jarra a Rubén en el frente, por malos cálculos cayó un poco en la mesa dejando una mancha blancuzca. Su dedo índice pasó por encima desparramando la espuma para que esta desapareciera con el tiempo. La conversación iba con el objetivo de aclarar los tantos, sin embargo quedó impactada por las palabras siguientes de Rubén. Eran dubitativas pero a la vez llenas de desilusión, lo conocía. ¿Cómo no conocer a tu mejor amigo luego de tantos años a la par? Antes de querer contestar algo, el joven detalló que estaba conforme y esta vez eran acompañadas las palabras con una sonrisa dejando perpleja a la pelirroja. “¿Está en contra de esto o a favor?” se cuestionó en un punto hasta que mencionó la fiesta, con un movimiento rápido de las manos se aferró a las contrarias llamándole la atención. –Sí, me ha encantado el collar que me regalaste, no me he despegado de él a pesar de todo este asunto.- aclaró la muchacha llevando una de las manos al dije acariciándolo.- Y no, no hay nada que esperar. Tenía pensado cambiarme pero creo que mejor será ver cómo va el ambiente por allí para ver que me pongo. Mucho tiempo pasó desde que fui a una fiesta “adolecente”.- hizo comillas con sus dedos sonriéndole.

*******

Luego de hablar varias trivialidades como quién fue primero, si el mono o la comadreja, hasta como podían los hombres usar el mismo jean por una semana y que el mundo no acábese (caso contrario a las mujeres) llegaron al lugar. Un poquito de volar por aquí, polvitos flú, y otras cosillas que mejor ni mencionar. - ¡Entremos!- exclamó mientras salía corriendo hacia la entrada de la casa, una bastante grande en donde la música ensordecía (no se quería ni imaginar cómo podría ser por dentro). La puerta se abrió de en par en par dejando a la vista una pareja besándose más que apasionadamente detrás de la muchacha. “Creo que puedo ver cómo le toca la campanilla…” pensó asqueada la pelirroja, su mirada cayó encima del rostro amigo y las acciones siguientes fueron un tanto predecibles. Amigas, un encuentro, abrazos, grititos tontos y un Rubén confundido. –Te presento, este es Rubén mi mejor amigo. El que te hablaba las otras veces. Me ha apoyado demasiado desde que me transferí al otro colegio.- pura mentira, no se había “transferido” a un colegio normal pero era mejor no entrar en detalles.

La música estallaba los tímpanos de los visitantes aunque varios parecían haber perdido la audición, la bebida blanca pasaba de mano en mano. Los bailes eran más que sugerentes y las piernas de las muchachas estaban completamente descubiertas, Joahnne se encontraba en lo contrario. Tratando de conversar con Rubén después de varios minutos de gritos para llegar a ver cuál era el tono a implementar, su mano sostenía un vaso descartable con algo que ni ella conocía aunque al ser dulce le encantaba. -¿Te está gustando la fiesta?- exclamó muy cerca del oído y bastante fuerte, en un ambiente normal esto habría provocado un zumbido en el sentido ajeno.

Los vasos continuaron, Joahnne ya no le molestaba mostrar como el alcohol le afectaba. Se había animado (por no decir que de lo ebria que comenzaba a estar había perdido la vergüenza) a subirse encima de una mesa con otra rubia a bailar, moviendo las caderas de un lado al otro, subiendo y bajando en el lugar. Rubén se había mostrado bastante dócil aceptando los vasos con alcohol o trayendo a la muchacha otro más, se habían prometido antes de entrar a la fiesta que ambos se cuidarían aunque eso se lo habían pasado por una oreja hacia la otra. En este momento, la pelirroja de Gryffindor se encontraba abrazando a su mejor amigo mientras gritaba el estribillo de la canción. Fuera de control.
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Invitado el Dom Abr 05, 2015 2:28 am

Una noche sin limitaciones era lo que le esperaba a los jóvenes desenfrenados, después de un viaje de vuelta al mundo de los muggle para retomar aquellas formas de  diversión que añoraban cuando estaban en casa. La música retumbaba en las paredes con el eco de la fiesta, cuerpos de jóvenes danzantes eran los que rellenaban ese espacio de juventud, alegría y locura. Una experiencia que hace mucho no se podían permitir, dentro de Hogwarts no se permitían cosas como el alcohol o cosas por el estilo, por lo que no era común encontrarlos dentro de las grandes paredes del castillo, pero aquí se encontraban, dentro de los suburbios de Londres en una fiesta llena de muggles, celebrando el cumpleaños de la amiga de Joahnne. No de la mejor forma que Rubén se podría haber imaginado, sin embargo, ya se había resignado a sus ideas y fantasías de amor, el amor no cabía dentro de una amistad, era demasiado grande para meterlo dentro de ella, por lo que prefirió seguir con lo que tenía, con lo que lo hacía feliz y eso no era más que la sonrisa de aquella vigorosa pelirroja.

El alcohol no era algo que atrajese realmente a Rubén, pero en su estado actual solo quería distraerse y olvidar, por lo que no rechazaba vaso que le ofrecían, mientras se perdía entre los desconocidos jóvenes para el danzando con cualquiera, inclusive hombres. Su cuerpo se movía conforme a la música sin titubeos e imponente, sin embargo su mente está completamente en otro lugar, volando en las nubes, como si se hubiese puesto en modo automático mientras le sonreía al mundo. Entre las vueltas por la multitud los jóvenes magos se volvieron a reencontrar con una sonrisa y tomándose de las manos a danzar juntos, Joahnne exclamo preguntando si estaba Rubén disfrutando de la fiesta, a lo que este mirando para todos los costados un poco atontado por lo alto de la música: -Si claro, WUOOO!- dio una vuelta con Joahnne separando parejas una vez más. Para el ya no era más que una causa perdida y se había resignado a la situación, “solo limítate a vivir el momento” se dijo a sí mismo mientras se apoyaba en una pared para descansar un poco. En el acto vio la locura de la pelirroja, producto de la euforia de la fiesta subiéndose sobre la mesa bailando junto a una pronunciada rubia, seguramente de tratos fáciles. Mientras contemplaba el acto dos chicos se acercaron al exhausto muchacho, -Eh, te vez cansado tío, prueba esto, te revivirá en un plisplas- exclamo uno de los chicos ofreciendo un pequeño vaso con whisky. –Ammm… ¿eso no es fuerte?- Le pregunto dudosos a los tipos, -no que va, prueba prueba- Dijo el otro mientras le ponía el vaso en sus manos. Este lo miro y pensando “al diablo” tomo de golpe el trago. Un ardor fuertísimo en la garganta no provoca más que la tos del inexperimentado joven. Los tipos inmediatamente comenzaron a reír ante la acción del chico. –Agggg… mierda!- Exclamo fuerte mientras movía la cabeza, -Jajajaja, Quieres más?- Insinuó uno  de los chicos retando a Rubén. –Dame eso- Le quito la botella mientras se mezclaba entre la multitud en dirección a Joahnne, perdiéndose de la vista de los chicos.

Rubén estiro la mano tomando la de Joahnne bajándola de la mesa, -ven, ven, tienes que probar esto- Le menciono a la pelirroja mientras caminaba con ella hasta los sillones de la casa. –Se la quite a unos tipos hace rato, es tan.. agg dios, tienes que probarlo.- dijo sonriendo mientras tomaba un vaso que yacía sobre la sobremesa, este lo lleno sin más y se lo ofreció. Su mente se encontraba ya un tanto dilucidada por las bebidas que había consumido antes y su intención no era más que jugarle una broma a su amiga con el fuerte ardor de la pureza del whisky, así que esperando su reacción se dispuso a observar como llevaba el vaso a su boca.
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Invitado el Miér Abr 15, 2015 3:42 am

Sus piernas estaban humedecidas por el sudor, el baile y el alcohol le estaba haciendo estragos en su cuerpo y con la temperatura de este. Su corazón se agitaba con cada nota de los temas que se presenciaban en aquella habitación, la casa estaba iluminada en cada esquina, en cada recoveco. La música estallaba por cada ventana junto a los jóvenes que gritaban exaltados, las bebidas no estaban prohibidas. Todo lo contrario. Los vasos descartables contenían diferentes alcoholes, algunos tenían combinaciones mortales que podrían llevar a uno al coma alcohólico. Joahnne solamente se limitó a tomar de un mismo tipo y ella controlarse, aunque a este punto cualquiera pasaría con un vaso y la pelirroja se lo arrebataría sin permiso alguno. El calor la sofocaba pero estaba en su auge, la rubia frotaba su trasero por la parte trasero de Joahnne. Ambas bajaban moviendo las caderas para luego subir sensualmente. El problema de la Gryffindor era que estaba más que abrigada, el jean no se ajustaba al calor y todas las muchachas llevaban faldas, short o vestidos.

Su amiga, la muchacha que la invitó a la fiesta, tomó la mano de la pelirroja arrastrándola hasta el cuarto de esta. Le tiró un short por la cabeza junto a una camisa a cuadros. –No te quiero ver muerta por el calor, se notan en tus mejillas ruborizadas.- la joven se acercó y olió los labios de Joahnne.- Esta bien, el alcohol también tiene la culpa.- sentenció mientras la pelirroja reía dejando ver su bracier al cambiar de atuendo. Unas pantis blancas se ocultaban nuevamente por el short de jean claro. –Muchas gracias Stella, igual podría haber seguido en esa mesa. No estoy al borde del delirio, todavía sé lo que está bien y lo que está mal. Tampoco veo a Pikachu volando en una nube con Goku.- bromeó mientras salía por la puerta de la habitación. Su brazo fue apretado y esto detuvo el paso, giró y la observó. -¿Qué ocurre?- preguntó con curiosidad, la mano derecha tomó un mechón ubicándolo por detrás de su oreja. –Si necesitas una habitación, y no me digas nada de esto, tengo la de huéspedes. La llave estará en la puerta del lado de adentro, ya avise a la mayoría que nadie ocupara habitaciones, no quiero que mi casa se convierta en un motel pero tú eres mi amiga y tu “amigo” parece muy empeñado en hacerte feliz.- finalizando la oración se retiró dejando a una Joahnne perpleja.

“No, ya habíamos hablado con Rubén que no ocurriría nada entre nosotros… Sé que no le pregunté exactamente que quería pero esperaba que se olvidara de mí, seguramente esta noche apuntará el número de alguna. Se lo veía muy atento ante los movimientos de la rubia que bailaba conmigo. Además ¿Está loca Stella? ¿Cómo puede pensar que me acostaré con mi mejor amigo? ¿O habrá hablado del moreno que miraba a la mesa?” Se engañaba la pelirroja mientras bajaba las escaleras.  La mesa continuaba solitaria como la había dejado, unos minutos después de que Joahnne había sido obligada a bajar la rubia se fue a besuquearse con un moreno de gran tamaño. Subirse allí fue espectacular, liberada de ropas que anunciaban un derretimiento. Su cuerpo se veía más enamorado  a la música que pasaba el DJ contratado. Sin embargo, parecía que nadie la quería encima de allí. Rubén tomó la mano de ella apretándola con delicadeza hasta tumbarla en un sofá.

-Parece que encontraste el sentido a tu vida mi querido amigo, cuidado que puedes terminar viendo rinocerontes con alas de mariposas o tal vez una cebra psicóloga.- bromeó la muchacha ante la efusividad de Rubén, parecía que la bebida le había sentado bien al castaño-rubio. El vaso se pasó a las manos de la pelirroja, esta sostuvo a centímetros de sus labios y respiró hondo antes de mandarse el líquido. El ardor en la garganta le ganó a su rostro varias muecas de desagrado, su lengua degustaba los restos de la sustancia mientras que el vaso era extendido a su amigo. -¿Me quieres matar? Sabes que no tomó cosas tan fuertes.- murmuró enojada aunque esto a los segundos se esfumó. –Aunque me ha gustado…- observó al muchacho con una sonrisa luego de tantos desagrados. Vio otra botella cercana, tenía un cuarto del contenido. Una bebida blanca, Vodka. –Mira, probemos esta.- al pronunciar aquello salió de la comodidad del sofá y tomó la botella por el pico. No parecía la Joahnne de todos los días, sin hablar de que ahora tenía un short ajustado marcando su trasero y una camisa prendida de forma provocativa.

Nuevamente en el sofá, la pelirroja estiró las piernas por encima de las de él para sentarse muy pegada a la figura de su amigo. Aferrándose a la botella dio un sorbo, el alcohol recorrió la garganta y ocurrió algo parecido a lo que pasó con el whisky. Rió de forma descontrolada e irregular, no estaba acostumbrada a ir probando como si nada le afectase. Luego de un par de tragos se obtuvo una pelirroja más que salida. La cabeza le daba vueltas pero parecía un dolor de cabeza soportable, se prometió que ya se le pasaría. Abrazó con un brazo la espalda del joven, elevó su mirada conectándose como muchas veces. Ambos estaban ebrios pero eran capaces de razonar, o eso se quería suponer. Los labios de él se mostraban tentables ante los pensamientos de la pelirroja, pequeños y no carnosos como el de las mujeres. El cuello estaba al descubierto, quería enterrar su cabeza en aquel recoveco y dormir hasta el día siguiente. Igualmente, ese deseo no era tan grande como el de besarlo. Los centímetros se acortaban y ella no quería más que presionar ambos cuerpos. Los segundos pasaron como también la distancia que los alejaban, sus ojos no sabían qué mirar. Labios u ojos. El tiempo finalizó, la música los envolvía y les formaba una burbuja ante tanto bullicio. Sus labios se pegaron, el uno al otro, solamente uno debía dar la iniciativa que no duró en llegar.
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Invitado el Jue Abr 16, 2015 12:26 am

La música retumbaba en las paredes de la casa, hasta tal punto de hacerlas vibrar. Ya era avanzado en la noche y los muchachos empezaban a alocar sus instintos, dejándose llevar por el frenesí de la fiesta y del ambiente. El aire parecía incluso empezar a ponerse toxico por el humo de unos cigarrillos que fumaban un par de tipos en una esquina. Habían jóvenes de todas las edades, probablemente entre dieciséis y veinte años de edad, todos amigos y conocidos de la amiga de Joahnne, una fiesta que parecía un tanto pasada a llevar por el descontrol. No era un tipo de ambiente al que Rubén estuviese acostumbrado, para él las fiestas eran los trajes de galas y los bailes que ocurrían en el castillo, no estaba acostumbrado a festejar de la manera desenfrenada que tenían los muggles, dejándose llevar por sustancias que podrían dañar su cuerpo solo para su diversión, ¿pero era eso realmente diferente a lo que ocurrió en el mundo mágico? La verdad es que no, y es por eso que el muchacha no pensó en nada más que divertirse y dejarse llevar por todo lo que ocurriese dentro de ese desenfrenado hogar.

Joahnne, esta vez con ropa más ligera camino junto a Rubén de la mano hasta llegar a la sala sentándose en el sofá. Rubén no se percató en que momento la pelirroja decidió cambiar sus atuendos por algo mucho más ligero y provocativo, se preguntó si lo había hecho con magia o venia prepara para la ocasión, sin embargo prefirió reservar sus opiniones y no hacer comentario alguno por el momento. La chica tomando el vaso de whisky procedió a beber un trago de la bebida que tan ansiosamente le ofreció Rubén, esta sin más motivo que jugarle un broma y volver al ambiente de somos amigos de toda la vida que hasta entonces habían tenido. Sin temor la pelirroja se tomó todo el whisky del vaso, acto al cual solo pudo responder con muecas graciosas por el ardor del licor. –Jajajaja- Estallo en carcajadas Rubén mientras veía el sonrojado rostro de Joahnne, sin embargo esta risa se detuvo al oír las palabras de la chica confirmando como le había gustado. –¿Pero estas loca? Joder si a mí me pico un huevo jaja- dijo sorprendido al escuchar eso. De inmediato Joahnne tomo del mesón que estaba junto al sofá una botella de licor que alguien había dejado ahí, llena hasta la mitad, -¿Vodka?- Le pregunto dudoso al no saber el nivel de alcohol de esa bebida. Sin embargo antes de pronunciar algo más para intentar detenerla esta tomo la botella por el pico y se zampo un trago completo de la botella, tal cual borracha en una cantina. Esta estiro los pies poniéndolos sobre el acomodándose a su lado, Rubén sin mucha opinión a juicio solo actuó por instinto y se abrazó a ella rodeándola con un brazo.

-Dame eso- Le quito la botella de la mano y tomo un trago largo hasta que el ardor de su garganta fue insoportable para beber más, un deseo increíble de lanzarse sobre su amiga le había robado la mente y lo único que pudo hacer para evitarlo fue beber. Sin embargo, esto no había ocurrido como él lo hubiese deseado, el deseo se incrementaba a medida que pasaba los segundos y parecía que el alcohol lo único que lograba en él era nublar su uso de la razón, Joahnne parecía convertida en otra persona junto a él, sin embargo seguía siendo la misma chica, la misma que hacia nacer todos esos sentimientos dentro de él. No podía soportarlo más, el deseo era cada vez más intenso y las cadenas del control desaparecían paso a paso de cada segundo, parecían estar encerrados dentro de una burbuja, donde no existía nada que no fuesen ellos dos.

Los rostros de los jóvenes se juntaron a tal punto que podían oler y sentir la respiración del otro, por sobre la música y todo lo que ocurría alrededor de ellos, estos eran tan nítidos como si estuviesen en un cuarto completamente vacío. La punta de su nariz roso la de ella, provocando un escalofrió desde el cuello por toda su espalda, impulsándolo hacia adelante, juntando cada vez más sus rostros acercando sus labios a los de ella. –Joahnne…- murmuro mientras ponía su mano en su roja mejilla. El muchacho se fue levantando lentamente del sofá dejando a la pelirroja recostada en él, para luego ponerse sobre ella aprisionándola con sus brazos. Ya no existía razón en ese momento, las personas que estaban a su alrededor no existían, y el chico solo era movido por sus impulsos. Apega su cuerpo al de ella desde la cintura hasta su pecho sintiéndola completamente debajo de él, deteniéndose al mirar su sonrojado rostro, y sin más titubeos pego fielmente sus labios a los de ella, semiabriendo su boca sintiendo sus cálidos labios pegados a los de él, perdiéndose por completo en el sabor de sus rojos labios.
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Invitado el Dom Abr 26, 2015 2:50 am

La fiesta se encontraba en su apogeo, la máxima expresión de gloria. Seguramente hablarían de aquello toda la semana en la escuela de su amiga, todos mencionando la buena música que pasaba el DJ con tal de tener contentos a los demás. También se hablaría de los besuqueos que se podían admirar desde cualquier punto de vista de los participantes en la casa, la saliva corría de una boca a otra sin vergüenza alguna. Algunos, la mayoría, eran menores de edad pero ya a estas alturas es bastante común que sucedan estas cosas. Es 2015, un año donde las generaciones jóvenes son más rebeldes, libres (llegando a veces a libertinaje) y con una pisada bastante grande. No se podía ocultar que el alcohol hacia efecto en los cuerpos de cada persona presente, todos se debilitaban por saciar su sed con otro vaso descartable más de aquellas sustancias que te lanza a realizar acciones para nada típicas de uno.

Joahnne era una de esas, la cual por culpa del alcohol se había soltado montada en una mesa, moviendo las caderas y provocando que sus rizos saltaran de un lado al otro. Rubén la había interceptado para hacerla probar otra bebida blanca, ella no pudo con su genio e intentó probar todo lo que se hallaba a su vista (más precisamente, el vodka y el whisky. Combinación fatal para “casi” primerizos). Rubén no hizo más que consentirla en aquel degustar, los mejores amigos comenzarían a ver que no era bonito quedar en la friendzone.

El ambiente comenzaba a ponerse caliente, la temperatura subía para la pelirroja que observaba los labios de su amigo. “Solamente quiero tocarlos… ¿Qué se sentirá morderlos?” las preguntas en su cabeza comenzaba a ser más rápidas, volviéndose un remolino. Se encontraban tan cerca, no podían evitarlo. La fuerza de atracción era bastante fuerte como para separarse del núcleo que se estaba formando por los sentimientos de ambos. Sus narices se rozaron y ambos lloraba por unir los labios. El sofá los acunaba mientras se besaban apasionadamente, los labios de ella se movían inexpertos por los de él. Los murmullos, los gritos descontrolados, los bailes quedaban en un segundo plano ante tal hecho, los jóvenes de Gryffindor no podían más que dar todo de sí para que el otro quedase admirado. El calor en su pecho comenzaba a bajar, una sensación rica para admirar. Su espalda se arqueaba en busca de que sus pechos se presionaran, cuando esta subía ella podía sentir como un fuego se acumulaba y emanaba de su cuerpo. Cualquiera al tocarla podría decir que tenía fiebre pero ella sabía muy bien que era algo más que eso.

Los labios comenzaban a transformarse de un rojo intenso por la presión, eran besos inexpertos hasta que ella demandó más. Su lengua delineó los labios de él para que este permitiera el paso de aquella pequeña extremidad, cuando este acceso se abrió comenzó la batalla. La lengua de ella se movía alrededor de la de él mientras el aire salía de ellos, no le importaba asfixiarse mientras que sus labios estén pegados. Sus narices se frotaban cuando cambiaban de posición para darle paso a la maravilla que ocurría en las bocas de ambos. La mano derecha de ella tomaba el cabello rubio de él para estirarlo de forma bruta, le estaba gustando demás todo eso. Se comenzaba a sentir adicta a aquella acción, no había nunca imaginado que pasaría esto. “Estoy besando a mi mejor amigo. ¡ME ESTOY COMIENDO A RUBÉN!” Pensaba, o intentaba hacerlo, cuando sus besos se volvían demandantes de algo más.  –Quiero más…- murmuró al separarse del rubio, su cuerpo suplicaba mucho más en aquella noche. Su corazón saltaba dentro de ella lleno de emoción, dispuesto a dar más que amor.

Tomaron bocanadas de aire antes de volver a la aventura que era explorar la cavidad bucal del contrario, las manos de ella acariciaban el cabello y el rostro. Una de las piernas abrazaba la cintura de él, la razón se estaba perdiendo. “¡MIERDA! Estamos en una habitación llena de gente.” Se maldijo a ella misma al escuchar unas risitas que la desconcentraron de su tarea principal, besar a su mejor amigo.

-E-espera Rubén, acá no podemos seguir…- tartamudeaba y pisaba sus palabras, estaban bastante cerca como para escuchar las oraciones perdidas de su acompañante. –Sé dónde podemos continuar.- la cara de él era todo un poema y ella amaba aquello. Le dio una de sus mejores sonrisas y trató de levantarse de aquel sofá que estaban siendo más que ultrajado de toda inocencia. Como ella dentro de unos minutos. Tomó la mano de aquel hombre y lo dirigió a un lugar que aprovecharían ambos. Las escaleras no fueron un obstáculo a pesar de que estuviese más ebria que nunca, su visión se había trastocado un poco pero era aceptable. Hubo unos cuantos traspiés pero las manos de su amigo la ayudaron a estabilizarse en seguida.

La puerta se abrió, ella dejó que entrara antes de cerrarla nuevamente. La habitación de invitados, la tan deseada habitación. Cerró con una sonrisa aunque esta desapareció cuando se dio vuelta, su boca fue invadida nuevamente mientras el cuerpo se apegaba a la madera que mantenía separados a los jóvenes del resto de la fiesta. El cerrojo se cerró gracias a él, su espalda chocaba continuamente. No era molestia, era un toque que le hacía perder los estribos. Él posesivo, ella receptiva.
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Invitado el Jue Abr 30, 2015 8:03 pm

El contexto de la fiesta ya parecía estar llegando a su fin, y los jóvenes desenfrenados solo buscaban dar espacio a su frenesí de pasión. Sentimiento que probablemente llevaba oculto desde hace ya mucho tiempo y que no se había podido presentar por las limitaciones que ambos amigos se daban. Esta noche era distinta, el alcohol había hecho de las suyas y la noción del respeto y cortesía se habían esfumado por completo. La escena no era más que la de dos animales buscando satisfacer las necesidades que su cuerpo les reclamaba y de las cuales ya no había ninguna clase de limitación que pudiese detenerlos.

La puerta de la habitación se cerró retumbante, aislando a los apasionados jóvenes en la habitación de invitados. Sus labios aun con rastros de saliva ajena demostraban un rojo irritado producto de los incandescentes besos de su pasión. Rubén empujado por Joahnne choco contra la puerta mientras le empujaba de un beso, esta se separó recostándose suavemente en la cama levantándose levemente con los hombros mientras observaba la mirada penetrante de Rubén. Este palpo la puerta para sentir el seguro de la puerta, cerrándolo sin dudar, el no deseaba interrupciones, no estaba lo suficiente mente ebrio como para no entender la situación, una interrupción seria simplemente inaceptable y el no permitiría que nada arruinase esta noche.

-Joahnne…- Suspiro su nombre mientras jadeaba suavemente, se acercó a ella con pasos sigilosos omitidos por el resonar de la música dentro de cuarto. Las palabras sobraban, estaban siendo guiados por el instinto, Rubén tenía en claro que es lo que sucedería de aquí en adelante y no tenía planeado detenerse, lo deseaba con todo su ser y eso era lo que más le impulsaba a dar cada vez más un paso adelante. Este llego a la orilla de la cama y subió sobre ella mientras ponía sus manos a la cintura de Joahnne apoyándose en la cama subiéndose sobre ella. –No resisto más Joan…- no pudo terminar su nombre cuando apego sus labios una vez más a los de ella. Sus lenguas mezclaban su saliva de boca en boca mientras parecían descontrolarse cada vez más ante la situación, el calor que produjo el momento acompañado de las fuertes bebidas se hacían cada vez más insoportables, Rubén desato su camisa y se la quitó quedando con el pecho completamente desnudo. Tomo la mano derecha de ella y le hizo acariciar su pecho, concretamente su corazón. El palpitar intenso no se detenía, Rubén no hizo palabra alguna pero sus ojos reflejaban perfectamente lo que el quería decir. “Este fuego en mi corazón solo lo produces tu”.

Sus manos bajaron hasta sus muslos que quedaban al descubierto producto del pequeño short que ahora vestia acariciándolos firmemente, Rubén buscaba hacer a la pelirroja completamente suya. Caricias firmes apretaban el cuerpo de Joahnne mientras él acercaba su boca hasta su cuello, ahogándose con el olor de su perfume mientras comía su cuello dejándole marcados chupones en él. Su otra mano entro por debajo de su camisa a cuadros, suavemente le dejo sentir el palpar de su mano mientras subía lentamente mientras el apegaba su respiración a su boca, subió su mirada para contemplar su rostro, para tener la aprobación de su mirada antes de entrar en lo más profundo de lo que había estado nunca de su mejor amiga.
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Invitado el Dom Mayo 10, 2015 4:16 pm

¿Desde cuando Joahnne pensó que podría acostarse con su mejor amigo? No, ni ella sabía exactamente cuál fue el momento que le produjo tomar aquella decisión, arrastrarlo a la habitación de invitados de la casa de una amiga. La amiga en cuestión accedió, hasta tiró todos los dados para ver si ocurría algo de tal calibre. La pelirroja había subido las escaleras como Dios le ayudó, es decir, sola y con poca estabilidad.  La muchacha ardía, como si todo su cuerpo fuese fuego y ella estuviera por explotar. Le podía todo aquello, los labios sonrojados por los bruscos besos entre ambos y su cuerpo receptivo a cualquier caricia. Ambos deseaban algo más que conversaciones amistosas, más que besos en los labios del otro acariciando mejillas. Quería mucho más Joahnne.

El joven había osado estamparla contra la puerta, la madera aquella era la que los dividía de los demás y esperaba que sus voces también fuesen acalladas por la puerta o por la música a todo volumen que llegaba del piso inferior. Los labios se frotaban de forma brusca los primeros segundos hasta que ambo coordinaron sin decir palabra, su lengua exploraba la cavidad del contrario esperando encontrar algo más que la vez anterior. Lo encontraba. El incendio de la pasión, ningún incendio es mayor. Deseaba más  y seguiría ese instinto. En un movimiento rápido se liberó de su agarre, las manos quedaron en el aire mientras ella huía de la escena. Produjo una risa melodiosa por el gesto que componía el rostro de Rubén hasta tumbarse en la cama, de allí lo llamó con un aire de sensualidad. Sus codos la mantenían semi levantada mientras esperaba como ese león la poseía nuevamente. Observó como este tanteaba la puerta, otra risita fue producida por Joahnne. Conocía las intenciones. En eso recordó a un comentario de Ian, en una clase de Herbología. “Es lógico que quiera meterte algo.” No le disgustó rememorar dichas palabras, seguramente tenía razón ese Slytherin pero en este momento no daría créditos al chico imposible.

La pelirroja se sentía un tanto subida de tono, el alcohol estaba pegando más fuerte  y ella se dejaba llevar por lo que el cuerpo gritaba con locura. El cerrojo estaba puesto y nadie podría interrumpirlos, este era el momento donde debía parar la Joahnne cuerda pero esta ya no estaba presente. Seguramente la pelirroja cuerda se arrepentiría de haberlo hecho con alcohol encima pero llegados a este punto dudaba que recordara toda la escena, detalle por detalle.

Se apoyó encima de ella, sostenido por sus manos y codos. Ella dejó caerse por completo en la cama adornada con un cubrecama rechoncho. El cabello revuelto por detrás de ella dejándole un aura de inocencia y fogosidad a la vez, todos los sentimientos estaban siendo encontrados en ese acto de amor o de calentura. No podía decirse que fuese demasiado coherente decir amor con alcohol encima pero era válido.

Los besos llegaron y con ellos el fuego de su interior se intensificó. Tomó la mejilla izquierda del chico mientras le besaba los labios, las bocas marcaban una profecía prohibida de como unos amigos, unos mejores amigos, rompían su pacto de unas horas antes para darle paso al frenesí de sentir los cuerpos de ambos. Un acto carnal que podría ser fatal para relación de ambos pero que ellos mismos dejaban que sucediera. Mordía y lamía el labio inferior del muchacho, terminaría seguramente con un color rojizo e hinchado. Al separarse de ella sintió como se despedazaba, la seguridad que habían marcado se estaba disolviendo. Temía a que el muchacho estuviese enojado, como si hubiese caído en la cuenta que esto estaba mal y él no quería aquello. Sin embargo, no sucedió. El temor se desvaneció cuando observó como él se quitaba de encima la camisa dando a conocer su físico. Muchas veces había visto a Rubén sin camisetas puestas pero nunca de aquella forma, lo devoraba con la vista y él se dejaba. No había vergüenzas. La mano ajena la tocó, quería algo y ella no comprendía el qué hasta que lo sintió. Su corazón. Palpitando debajo de la mano fina de la fémina que admiraba con devoción la criatura que se mostraba ante sus ojos, era como si estuvieses tocando el movimiento de un caballo, como si el corazón galopara por esa situación. Por ella. Sus miradas se cruzaron, indescifrables querían tanto del otro que no se podía contar en palabras. Esa sería otra historia más que larga.

Mordió su labio inferior, marcándolo por dentro. Un pequeño tic que tenía y que conservaba con el paso de los tiempos. Su piel estaba expuesta, era como una exposición de pinturas. Esas pinturas eran las partes del cuerpo de la pelirroja que rogaba por ser admirada y acariciada, para que el joven que tenía le mimara. Quería que este pudiese sentir las pinceladas de la pintura, las texturas de su cuerpo. Como eran de firmes sus piernas, como eran de pequeñas sus muñecas o como su cadera se mostraba femenina y diminuta ante grandes manos. Manos que parecían tocar continentes, quería que la controlasen, que ella fuese aquel mundo rodeado. Su cuello fue invadido, como si fuese una guerra para ver quién era capaz de dominar los territorios del otro con mayor rapidez. Sentía como el pulso chocaba contra los dientes y la lengua del muchacho que marcaba el cuerpo de ella como si fuese de su pertenencia, eso le agradaba. Le gustaba la idea de pertenecerle. Ella acariciaba los hombros del hombre que quería poseerla, duros y persistentes. Sus manos recorrieron el pecho descubierto de él buscando algo más, quería dominarlo como lo hacía él con ella.  La mano traviesa de Rubén subía por el costado, por debajo de su camisa a cuadros. Le miró, quería decirle sin palabras que dejaba que él, únicamente él, sería el que la despojara de sus ropas.  No era una muchacha tan formada como otras de su edad, tenía pequeños pechos y su tez era pálida mientras que el cabello furiosamente era de un rojizo anaranjada como si fuese una zanahoria. –Puedes arrebatarme de todo, todo lo que es mío será tuyo… pero si todo lo que es tuyo fuese mío. – comentó entre jadeos, suspiros escondidos en deseos pasionales.

Una mano nerviosa de ella intentó ayudar a obrar contra la despedida de una camisa, que ni siquiera era de su pertenencia. -Estas en mi lista de sueños cumplidos. Y en el de pecados compartidos…- murmuró, aquel fragmento de una canción era más que cierto en aquel momento. Era un sueño, un sueño que antes no podía tocar siquiera de puntitas pero que ahora lograba abrazar con brazos y piernas. Un pecado compartido, un pecado ante la amistad de años. Tal vez se arrepentirían, tal vez no. Sus dedos se movían con ímpetu. Los botones quedaban liberados y ella comenzaba a mostrar más piel de la que había dejado ver, dejaba ver de una forma que nunca se mostró. Una prenda de color negro se dejaba lucir por debajo de tales cuadros, la oscuridad aquella remarcaba la palidez de ella. No podía más.

Besó los labios de él con furia, se movían como si fuesen amantes de hace años. La camisa desapareció por un costado de la cama como había sucedido con la de él. Una pierna abrazó las caderas de él intentando transformarse en uno solo, pero con eso no bastaba. Con su otra mano rayó la pintura de él, las uñas recorrieron la piel tersa de su espalda. Ahogando suplicas entre besos.
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Invitado el Sáb Mayo 30, 2015 3:02 am

Los segundos de aquella noche avanzaban tal caracol cruzando la carretera, lentamente cada acción decidiría el paso a continuación, era un camino sin retorno, pero uno del cual ninguno de los dos muchachos tenía ni la más mínima intención de mirar atrás. Encerrados en un cuarto en una casa ajena, en medio del bullicio de una tremenda fiesta de la cual ni siquiera conocía el anfitrión, Rubén solo estaba aquí por un motivo y su razón se había convertido en dejar de ser el amigo incondicional de Joahnne para convertirse en algo mayor. Sus cuerpos acalorados sobre la cama del cuarto de visitas seria el anfitrión de este momento, llevado a cabo producto del alcohol y el frenesí de la noche. Aquel joven probablemente jamás hubiese esperado terminar la noche así, como en este momento, teniendo a su pelirroja amiga semidesnuda completamente a su merced, dispuesta a entregarle todo a lo que su esencia abarcaba, su cuerpo, su pureza y su ser.

-Joahnne…- Murmuro Rubén entre un pequeño gemido, el solo acto de estar sobre ella ya lo tenía completamente loco, su cabeza y su razón empezaban a irse por las nubes poco a poco. Sus manos recorrían su cintura acariciándola suavemente mientras acercaba su rostro a su cuello embriagándose con el grato olor de su perfume, mezclado con su esencia de mujer. Un calor intenso se apodero de él, a tal punto que sintió la necesidad de desnudarse, quería eso, lo necesitaba. Lanzo su abrigo sin fijarse donde pudo haber caído con la oscuridad del cuarto, que solo era apaciguada por la pequeña rendija de luz que venia del pasillo entrando por los sutiles espacios entre la puerta y la luz que podía entrar desde la ventana, la cual se perdía entre las blancas cortinas de la habitación. Sin control su camisa paso a correr la misma suerte, perdida entre la oscuridad de la noche, después de todo ¿Quién se preocuparía por donde deja su ropa en esta situación? Excitado Rubén exclamo: –Todo lo mío es tuyo Joan…- Con el pecho desnudo se acercó una vez a su rostro y la beso apasionadamente, perdiéndose en el sabor y el calor de sus labios mientras tomaba sus manos entrecruzando sus dedos con los de ella.

Tras unos intensos minutos en donde lo único que importaba era saborear y sentir la boca de su compañero Rubén pudo separar los labios de la que se había convertido en su amada. Ya no podría verla como una amiga, no después de todo lo que ocurriría en esta noche. Puso sus las palmas en su estómago y las fue subiendo lentamente mientras la acariciaba. Llego hasta su negro corpiño e introduciendo sus manos por debajo de este, era la primera vez que él podía llegar a sentir algo así, era la primera vez que estaba con una mujer, jamás se le paso por la mente que la primera mujer con la que estaría seria su preciada amiga, sin embargo así iba a ser.

Lo levanto dejando al descubierto sus blancos pechos, con sus erguidos pezones demostrando la excitación por la que estaba pasando. Rubén acerco su rostro a uno de ellos y torpemente froto su nariz en la punta de este, levanto la mirada para contemplar el rostro de Joahnne en la oscuridad. ¿Querría más? Se preguntó mientras acercaba su boca a él. Su mirada se clavó con los ojos de Joahnne mientras el mordía suavemente con sus labios su erguido pezón, con su otra mano apretaba suavemente su otro pecho, como si de un delicado masaje se tratase. Estaba un tanto borracho, pero aun lo suficientemente lucido como para no perder el control, era su preciada amiga y al mismo tiempo que quería hacerla disfrutar, no quería hacerle daño.

Las palabras para esta noche sobraban, solo hablaban sus cuerpos. Su boca se separó de sus pechos y acariciando su suave cintura llevo sus manos hasta su cadera, él sabía lo que necesitaba, quería el cuerpo completamente desnudo de ella para él. Contemplo su rostro sonrojado por la acción que él estaba a punto de realizar, tomo el botón de su pequeño short y lo separo soltando el único artefacto que lo separaba de ese límite, acto seguido comenzó a bajar su pequeño short por sus largas y blancas piernas, dejándola únicamente en sus bragras.
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Invitado el Miér Jul 22, 2015 6:24 am

Sus orbes clavándose en los de Joahnne eran imposibles de evitar, todo el cuerpo de la muchacha pedía que le viesen de forma acaramelada con intenciones de algo más allá. Y no, no se refería al infierno o al cielo. El deseo era terrenal, el deseo de la carne del otro. Cada trozo de piel anhelaba por las caricias de su amigo, le quemaba por dentro tal pensamiento provocándole remordimiento y a la vez pasión, opacando al anterior. Mechones de cabello se adherían a su espalda blanquecina que comenzaba a tener una lámina de sudor, no era para nada atractiva tal referencia pero la situación que los mejores amigos vivían quitaba importancia a esas pequeñas asquerosidades. Rubén había cerrado la puerta, nadie entraría. O eso era lo que esperaban ambos.  Sería problemático que se les descubriera, las noticias volarían. Literalmente, las lechuzas se moverían de un  lado al otro. Seguramente aparecerían en Corazón de Bruja. La pelirroja no era muy amiga al hecho de que se publicaran intimidades ajenas, si estas eran una farsa no había tanto problema. Se podían desmentir. Pero cuando la situación era puramente verdadera, era muy difícil que los magos la olvidasen.  

Joahnne estaba en su éxtasis, observaba con la poca luz que residía en la habitación, se habían quedado sin ella al encerrarse. La muchacha subió por la cama tanteando con su brazo algún interruptor. Esos de los que hay para encender las lámparas, nada extraño. Al hallar la base, intentó encender la lamparita. El resultado fue una iluminación cálida, sin ser llamativa y la cual dejaba que las miradas de ambos se encontrasen examinándose. Sus ojos se adaptaron rápidamente mientras Rubén hacía de lo suyo.  

Rubén 1 - Camisas 0.  Ambos se encontraban expuestos desde la cintura para abajo, Joahnne había permitido que las manos del Gryffindor recorriesen en ella eliminando lo que quisiese. La pelirroja estaba un tanto intimidada en cuanto a su busto, no era de gran tamaño y sabía que los hombres se fijaban tanto en eso como en las curvas traseras. El alcohol ayudaba a que no entrase en alguna crisis por el estilo. El chico no pareció incomodarle el tamaño, todo lo contrario. La nariz acarició con delicia el pezón de Joahnne provocándole un salto junto a un gemido, su cabeza se tiró unos centímetros hacia atrás  cerrando los parpados. No pudo siquiera articular palabra alguna porque ya estaban siendo devorados sus pechos por los labios del contrario, la mano de ella pasó de la cama hacia la cabellera del hombre que le estaba haciendo ver las estrellas. Gimió nuevamente, suspirando por tales mimos.  La lengua se mueve del pezón hasta el sur del seno marcándole un ritmo que la vuelve loca, una lenta travesía. Sus ojos están cerrados, sin ver nada mientras disfruta de las sensaciones que manda la caricia propiciada por su amante. Una de las manos de él masajea con ímpetu el otro pecho que quedó sin tocar por su lengua, ambas atenciones cumplen el objetivo. Hacerle sentir placer a Joahnne.

Rubén 2-Shorts 0.  Las manos no se quedaban quietas, el deseo carnal aumentaba con cada segundo pasado. Rubén se posicionó encima de ella y desprendió el botón principal de sus pequeños pantalones. Joahnne no pudo más que gemir al sentir como sus dedos tocaban indirectamente la zona por debajo de su cintura. Su ajustador había quedado olvidado, Joahnne se había encargado de retirárselo. En algún lugar de la habitación se encontrarían como ahora sus pantalones. Las bragas eran la única prenda que se mantenían presentes cubriendo la anatomía, las manos jugueteaban por sus muslos y ella ya no quería sentir ese fuego subiendo hacia el centro de la entrepierna. Lo quería dentro. ¿Cómo sabía que deseaba aquello si nunca había tenido experiencia sexual? No lograba entenderlo ni ella, sin embargo el deseo de tenerlo encima se hacía presente y tal vez con eso lo asociaba al acto sexual. Se impulsó con sus codos y quedó sentada sobre la cama, abriendo las piernas para permitir que él se sentara entre ella. Los labios corrieron en busca de los de Rubén, mordisqueó el labio inferior ajeno provocando un quejido. Con esa ventaja le robo un beso, comenzando a adentrarse con su lengua acariciando la zona y jugando con la de él. El brazo derecho pasó por el hombro desnudo y varonil, tenía ansias de morderlo, de marcarle. Alejó su boca de la de él y se apoyó en el hombro contrario, sus dientes tocaron y mordieron. La lengua tampoco se quedaba atrás, quería dejar contraste alguno.

Joahnne 1- Pantalones FUERA. Quería que la posean, quería experimentar y quería locura en esa habitación antes de que la noche se esfumara entre sus manos. Las manos corrieron por la cintura del castaño tratando de localizar el botón de sus pantalones, al encontrarlo no perdieron tiempo en investigar con ciencia exacta como abrirlos. ¡Cómo si eso se pudiese analizar! Con desesperación bajó gran parte de la prenda, no podía quedarse quieta. Ni sus besos podían quedarse en nada. Robó poderío nuevamente de la boca de Rubén mientras se ayudaba con las manos de él para despedirse del jean. Tomó distancia, quería embelesarse de lo que nunca se había atrevido a vigilar, en ninguna oportunidad.  Unos bóxer apretaban la cintura del muchacho y gran parte de sus muslos, el miembro estaba erecto. Eso se podía más que admirar por culpa de la ropa interior, Joahnne estaba descontrolada, la curiosidad natural le podía. La mano femenina pasó encima de aquello, tanteando el terreno como si hubiese minas a punto de estallar. Bueno, algo sí estaba por explotar en su mano.  

La mirada subió hacia los ojos de Rubén. No había retorno para lo que estaba ocurriendo y mucho menos para los pensamientos combinados de ambos. –Hazme tuya Rubén…- exclamó entre un suspiro, el corazón le latía sin miedo alguno y su sangre parecía contener fuego en cada célula.
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Invitado el Dom Dic 13, 2015 8:49 pm

Los muchachos encerrados en el placer de sus cuerpos parecían estar aislados del resto del mundo, centrados en un único motivo, el de entregarse mutuamente. No percibían el alto sonido de la música, o los gritos y risas de los demás miembros de la fiesta, tan solo eran capaces de percibirse el uno al otro como si se encontrasen dentro de una burbuja de cristal, donde los únicos seres humanos en la tierra fuesen ellos dos. Prácticamente casi desnudos Rubén acariciaba la blanca y tersa piel de su mejor amiga, si es que aun podía llamarla así, con solamente unos bóxer que dejaban a mostrar una notable erección en su persona, producto de lo excitante que le parecía el torso desnudo de Joahnne, con solamente cubría el último punto de su cuerpo con unas pequeñas bragas blancas.

El alcohol en el cuerpo le había dado el valor, pero aun así no era suficiente para lo que venía a continuación, ya que sabía perfectamente que esto dependería de ambos. A pesar de tener a Joahnne prácticamente casi desnuda frente al seguía existiendo duda en su mente, ya no podría verla nuevamente con los mismos  ojos de siempre después de lo de esta noche, y tenía el miedo de ser rechazado nuevamente como ocurrió en el baile de navidad. Acerco su rostro hasta su ombligo y comenzó a dar pequeños besos en él y por su estómago hasta llegar a su cuello. Dejo caer suavemente su cuerpo junto al de ella para sentirla completamente. Él sabía que con este acto ella podría sentir el pene erecto frotándose en sus piernas en esta posición le susurro preguntándole: -¿Estaría bien si nos volvemos uno…? – No espero por respuesta y con su mano frotándola por su pecho bajo por su estómago en dirección a su entrepierna.

Sus largos dedos explorando el cuerpo de la que ya era su amada se escabulleron por debajo de los tirantes de sus bragas, estirándolos sutilmente para desplazarlos hacia abajo por sus piernas. Con el cuerpo acalorado ya podía sentir la transpiración en su espalda y el calor en su propio aliento, cada segundo que pasaba era como una noche entera en un sauna, con la diferencia que el calor no era producido por el vapor, si no por el simple hecho de tener a semejante belleza debajo de él. Se detuvo a los segundo de aquello y tomo la mano de Joahnne, la llevo hasta sus bóxer y le hizo realizar la misma acción que el hacía con ella. Con un dudo en la garganta le dijo –Si lo bajas… ya no habrá vuelta atrás… si dejas que te lo baje… entenderé que lo deseas con la misma locura que lo estoy deseando yo en estos momentos…-
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Invitado el Vie Dic 25, 2015 11:28 pm

El calor de su cuerpo delataba que estaba encendida, que la excitación había entrado en ella y no la abandonaría hasta quedar satisfecha con las caricias del susodicho. Se encontraba entregada la pelirroja, el ambiente entre ambos era exquisito, se podía apreciar con solo permanecer en la misma habitación que ellos. Claramente, nadie más los vería por el cerrojo que habían dado antes de tirarse en esa cama como amantes prohibidos. Joahnne no estaba dispuesta a perder a su mejor amigo, si bien este si quería intentar algo más, ella temerosa rechazaba la idea y sentimientos sobre esa posible relación. No era capaz de pensar que luego se podrían agarrar de las manos e ir caminando por los pasillos de Hogwarts, planeando citas para disfrutar en Hogsmeade o dándose besos en los recónditos lugares del castillo mientras se saltaban alguna clase. La pelirroja no se podía dar esa idea, no creía que fuese posible.  Sin embargo, ella lo amaba. Ella estaba decidida a amarlo en secreto aunque parecía que ahora su plan se venía abajo. La fiesta estaba en su auge, como el casi coma etílico que tenía nuestra protagonista.

Ya sabía que iba a tener una resaca increíble el día siguiente, o tal vez no lo pensaba. En su mente solo rodaba el simple pensamiento de poder ser una con aquel chico, el deseo sexual crecía con el paso de los minutos. La ropa que tanto la había molestado quedó tirada en el cuarto como si fuesen herejes al cubrirle el cuerpo. La muchacha no emitía más que gemidos y suspiros por las manos que acariciaban su piel. Era el momento de hacerlo experimentar a él, que él disfrutara de lo que le estaba propiciando a ella. El bóxer del ajeno no hacía más que estorbo, la erección quería mostrarse ante ella, como si quisiera decir “mira, esto es lo que me pasa por ver tu belleza” un poco grosero, si se analizaba de principio a fin pero ella le bastaba. Ella estaba más allá de la cordura, y solo quería dar a conocer su lujuria. Que no era como cualquiera chica fina que le avergonzaría pegar gemidos teniendo en cuenta que había gente en la casa, gracias a la música se podía disimular un poco la situación. Tampoco quería mostrarse que sería para el castaño un “la meto, la saco y listo. Me corro y termino esto.”. Bueno, no quedaba otra, el alcohol la estaba haciendo sacar su peor parte y no se mostraría avergonzada, ese sentimiento no era coherente con lo que había provocado tomar más de una botella.

La sensación placentera que le daba a la pelirroja mientras desparramaba besos por su ombligo era inigualable. Sensualmente la estaba matando. Cuando los labios tocaron la curvatura de su cuello y sintiendo a la vez la erección en su entrepierna, decidió Joahnne darse el permiso de cometer un error. De entregarle la virginidad en esa condición. Las palabras que estaban dedicadas a ella eran desdibujadas al captarla por sus oídos, parecía que le estaba estropeando más que un sentido el tener más alcohol que agua en su cuerpo. Y eso que el cuerpo humano está compuesto por un 70% de agua.  “¿En serio me está diciendo aquello? Por todo el amor divino, quiero que me haga suya más que nada en el mundo.” La efusividad de sus pensamientos se vio en sus accionares. Las manos de la pelirroja tocaban la erección con gentileza pero quería arrancar la tela que estaba entre ambas pieles. –Rubén, ya estamos grandes… nos haremos cargo luego de las responsabilidades, ahora disfrutemos por favor…- con dificultad pronunciaba esas palabras entre suspiros de sensualidad.

Con sus manos firmemente bajo el pedazo de tela que tenía todavía en el cuerpo el muchacho, levanto su trasero para que el pudiera quitarle sus bragas y tirarlas en la habitación. Ella hizo lo mismo con él pero no dejaría que él hiciera todo el trabajo de dar placer. Una vez desnudos ella tomó los hombros de su mejor amigo y lo empujo a la cama, tenía que dar las gracias de que aquella cama era matrimonial. O el trasero de su amante quedaría estropeado luego de caer con brusquedad al suelo. Deshizo esa idea, no tenía que agradecer nada. Solo quería hacer el amor o follar duro, ya no sabía cuál era la diferencia. Su cabeza le hacía eco pero no sería una excusa para parar, si tenía que caer en un coma etílico que fuera después de haber sido una con él.

Se sentó a horcadas una vez él estaba acostado en la cama, su entrepierna se movía lentamente sobre el pene erecto saboreando aquella posición. Sabía que él degustaría más que ella, seguramente, de aquella maniobra. Obviamente, no iba a quedar todo ahí. “Le haré disfrutar lo que él me hizo disfrutar hasta ahora.” Pensaba Joahnne mientras sus piernas le ayudaban a sentarse en las piernas del muchacho. No quería perder el contacto visual, era algo fundamental para el acto próximo. Sus manos inquietas acariciaron el miembro, el dedo índice le acaricio suavemente la cabeza del pene y sin pedir permiso alguno apoyo sus labios allí, un beso dulce. Su lengua no se quedó atrás, trató de abarcar gran parte, lamiendo y dedicándole más que un minuto a ello. Sus dientes acariciaban el largo para agregarle un poco más de emoción al asunto, Joahnne seguía mirándolo a los ojos, sus manos acariciaban la cintura y cerraba aquellos parpados solo para degustarse egoístamente de él.
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