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¡Nessi, tanto tiempo sin verte! (Desmi y Felixio)

Invitado el Sáb Feb 14, 2015 11:40 pm

Era una mañana como cualquier otra. Con el sol en alto como cualquier otro extraño día en el que en Escocia salía el sol. Era, creía Odiseo, un domingo. O tal vez un Jueves. Los días de la semana nunca habían sido su fuerte, especialmente cuando estaba drogado. Que era básicamente todo el tiempo. Pero esta mañana que parecía ser una mañana como cualquier otra no lo era. Precisamente aquella, no lo era.

Le dejó una cantidad absurda de heno a Mildred, con un montón de zanahoria y un tantico de hojas de marihuana. No iba a estar en todo el día y probablemente en un par de días mas, así que la vaca debía tener algo de comer. Sabia que en caso de emergencia el animal se pasaría al jardín de algún vecino. Su vaca no era tonta. Es mas, Odiseo a veces sospechaba que era mas inteligente que él, pero tal vez eso se debía a que sus drogas mermaban considerablemente su capacidad para ser un individuo funcional, aún menos un individuo inteligente. Una vez tuvo cubierta esa parte se fue hacia su amado Eulelio y le entregó un mensaje para que se lo llevara a su hermana pequeña favorita, Circe. Era responsabilidad de la rubia cuidar del encantador animal cuando él estaba de viaje. Y es que sí, se iba a ir de viaje.

Como todos sabían, el lago Ness era el epicentro de las plantas alucinógenas de Escocia. Nada mas podía explicar el hecho de que tan poca gente hubiese visto al simpático de Nessi. Con lo buena gente que era ese hombre. Siempre le indicaba donde estaban las algas con mas efectos alucinógenos. Suspiró, pensando en que iría a visitar a su viejo amigo y cerrando los ojos. Se apareció. Pero nunca había sido bueno apareciéndose. Ni siquiera estando sobrio era bueno en ello. Así que se apareció en medio de un concierto de esos que estaban a reventar de gente. A su izquierda estaba un tipo inmensamente parecido a Desmond, pero con la nariz torcida. Menos mal o estaban todos muy drogados (como él) o pensaban que era parte del concierto porque solo hubo una gritería general antes de que Odiseo lograse escabullirse.

La siguiente aparición fue mas exitosa y lo dejó justo detrás de un árbol, donde ningún muggle podía verlo aparecerse. Estaba muy satisfecho con su aparición cuando recordó que no había pasado ni por Desmond ni por Felix. Si no pasaba por ellos seguramente estarían tan drogados que no lo recordarían. Así que se devolvió, volviendo a aparecer en el concierto y aprovechando para ofrecerle al guitarrista algo de droga, que compró gustoso. Ese era el tipo de negocios que le gustaban a Odiseo, con la gente tan drogada que no tiene problema en comprar un poco más.

Primero apareció en la habitación de Desmond, que se encontraba echado en su remedo de cama, durmiendo a pierna suelta. Tomó una camisa, un pantalón y el saco mas abrigado que encontró. La verdad no prestó mucha atención a sí estaban limpios. Ni su ropa ni la de Desmond solían estar limpias mucho tiempo, por no decir nunca. No sabia si estaba muy despierto y sospechaba que no, así que lo zarandeo y le dijo que lo iba a llevar a un concierto donde había un tipo muy parecido a él, que decía que podía llegar al martes en treinta segundos. Lo cual era especialmente impresionante teniendo en cuenta que hoy era viernes. Lo zarandeó un poco más y se volvió a aparecer. Pero como ya hemos mencionado, aparecerse no era lo de Odi y en vez de ir al concierto, donde ya había prometido droga al baterista, acabó en la habitación de Felix. Esa que quedaba a tiro de piedra de su propio cuarto. Compartir piso era muy útil cuando todos vivían drogados. Siempre estaba claro de quien era la aguja.

Felix estaba en una especie de trance. Aunque la posición no era precisamente de yoga. Una de sus piernas salía de debajo de la mesa, un brazo por entre un montón de ropa y su cabeza, con los ojos abiertos y la boca murmurante, descansaba sobre un bulto de comida para su burrocornio. Al menos este estaba vestido. Debía haber probado una de esas drogas que Odi ponía en la alacena con notas de “no estoy muy seguro como funcionan” o “esta creo que nunca la he probado”. Lo levantó, sosteniéndolo en su hombro mientras rebuscaba en su bolsillo algo que echarle a la cara para revivirlo. Al final encontró un montón de bolitas de polvo y se las lanzó en la cara. Era conocido por todos que las pelusas de los bolsillos eran el mejor remedio para unas drogas nuevas. Tomó un saco de encima de algún lugar y se lo echó encima de la cabeza. Una vez tuvo a sus compañeros de desventuras medianamente despiertos y vestidos, se volvió a aparecer, con una nueva esperanza de ir al concierto. Pero no, esta vez se encontró en un lugar parecido al que había estado antes. Dejó caer a sus bultos adormilados en el suelo y se sentó en una roca, canuto en mano, a esperar que despertasen.

¿Estaría hoy Nessi o seguiría hibernando?
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Desmond D. Kowalewicz el Lun Feb 16, 2015 3:28 pm

Había amigos. Amigos hijos de puta. Y luego estaba Odiseo, esa persona que te hace madrugar. Porque madrugar es un pecado, especialmente si te crees Jesucristo y tu promedio de estar tirado fingiendo tu muerte para no hacer nada son tres días. Y Desmond, siguiendo su pasado, adoraba dormir. Meterse entre las sábanas. O más bien, meterse lo primero que pillara, por lo que la noche anterior había acabado metiéndose unos polvos de color rosa que había encontrado en la encimera de la cocina. En un primer momento pensó que podían ser migas de pan que lo llevarían a la casa de la bruja de Hansel y Gretel, pero al darse cuenta que las brujas estaban en todas partes y que ninguna en su sano juicio daría de comer a niños muertos de hambre, descartó esa opción. Eliminada la opción, quedaban que fueran esporas de unicornio (porque los unicornios se reproducen por esporas) o polvo de hadas. Madre mía, la alegría que se llevó al dar por hecho que Peter Pan había estado en su casa con campanilla y le habían dejado polvos de hada para ir a verles al País de Nunca Jamás.

Iluso de él, se echó los polvos por encima y comenzó a dar brinquitos como un gusano que intenta ser una mariposa. Pero nada, nada en absoluto. Así que optó por la mejor de las opciones y la que más practicaba por regla general: esnifárselo. Si no puedes volar con polvos de hada, métetelos por la nariz como si no hubiera un mañana. Es que rima y todo, todo un poeta de la edad contemporánea.

Como cabía de esperar, la noche fue muy movidita. Pero no recordaba nada, tan sólo luces de neón y pantalones de cuadros amarillos. ¿Quién se vestía de amarillo si no era basurero? Nada, nada, sería todo un mal sueño que seguramente no tendría nada que ver con salir en taparrabos al balcón y cantarle al basurero a las tres de la mañana una saeta. Pero una saeta de esas que se cantan en fiestas, no de las que se montan y se usan en ese deporte tan raro con pelotas y palos. El golf, sería el golf.

Intentó abrir los ojos cuando la voz de Odiseo le alertó que tenían que ir a un concierto a conocer a un hombre que se parecía a él. O que era él, algo así, no lo entendió muy bien, ya que se limitó a girar sobre sí mismo y darse la vuelta en la cama ignorando la presencia de Odiseo. Pero mira que era insistente, tanto nombre que daba sueño para ir jodiendo haciendo madrugar a la gente. Normal que sus padres le hubieran desheredado, ellos soñarían con un hijo dormilón y no con uno que parecía tener una alarma en la cabeza que obligaba a todos los demás a despertarse. Las drogas y su amor hacia los muggles no habrían tenido nada que ver, seguro que no.

Se había vuelto a quedar dormido y aún no recuerda cómo, acabó vestido y con dos capas de abrigos y bufandas. Nunca sabía cómo llegaba a los lugares especialmente a su cama, pero de eso a no recordar cómo se había vestido había todo un paso. Sería culpa de la resaca, los efectos de las drogas y el madrugar. Sobre todo el madrugar.

Un par de horas después (que para él fueron como milenios) Odiseo se apareció llevando consigo a dos bultos que resultaban ser sus amigos. Eran bultos porque estaban más dormidos que despiertos, y si habían pasado la noche entre drogas y otras sustancias, lo normal era sentirse más bulto que persona.

En cuanto se aparecieron en una explanada a escasos metros del lago, Desmond cayó al suelo. Se podría decir que era culpa de aparecerse tan tempranamente, pero la verdad es que era el tipo de persona que dormía donde fuera y cómo fuera, por lo que se acopló en la hierba en postura fetal y comenzó a dormir otra vez.
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