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I need a Heroine (?) [Emily Matthews] (Flashback)

Invitado el Miér Mar 04, 2015 4:12 am

Lunes 27 de Diciembre del 2014
Cornualles ,Suroeste de Reino Unido
Alrededores del bosque

Hacían varios días que al chico le habían dado las vacaciones de Navidad, pero no por ello las estaba disfrutando como él hubiese preferido, el hecho de pasar todas las fiestas con su abuela en la casita al suroeste de la península no le desagradaba cuando tenía diez años tal vez incluso disfrutaba con doce pero ahora tenía diecisiete y como todo en la vida y cuerpo de un adolescente cambia. El chico hubiese preferido mil veces estar en cualquier otra parte del mundo incluso se conformaba con estar en cualquier otra parte del país, e más preferiría estar en cualquier otra parte del condado, pero no era así. Resignado a pasar lo que le quedaba de vacaciones allí su único entretenimiento era el baloncesto a pesar de hacer bastante frío y leer junto a la chimenea encendida e incluso a veces iba a dar paseos por el bosque y de paso practicar un poco con algunos hechizos ya que al estar en el último curso de Hogwarts ya se le permitía hacer magia fuera del colegio. Pero en lo que más estaba poniendo empeño era en un libro que su abuela le había comprado seguramente con dobles intenciones sobre el antiguo arte de la Animagia.

El chico se pasaba el día y las noches leyendo aquel tomo explicativo acerca de la Animagia haciendo que el rubio tuviera cada vez más ganas de probar de lo que trataba el libro, sabiendo que era una practica difícil pero con su cabezoneria no se daría por vencido tan fácilmente al menos no sin intentarlo hasta caerse al piso exhausto y sin fuerzas. Y por esa razón pasaba tanto tiempo en el bosque porque era allí donde lo intentaba. Solo llevaba dos días con este intentándolo pero y de momento no había conseguido nada.

-Bueno veamos, hoy es él día Luke- dejó el libro el libro en una roca abierto por la pagina donde se explicaba que al comienzo de algo tan importante como aquello el mago no solo necesitaba conocerse a sí mismo si no también conocer su animal totémico, aunque eso Luke lo tenía más fácil porque ya conocía su patronus y es que en ambos caso el animal estaba relaciona , o al menos la mayoría de veces. Así que se quitó la chaqueta y cogió la varita concentrándose con todas su fuerzas visualizándose con cuatro patas, cola y bigotes, con ese color claro moteado y con unas orejas grandes y potentes, lo más característico de un lince.

El silenció inundó el ambiente durante unos pocos minutos, con el chico de pie sujetando la varita con la mano que le empezaba a sudar por el objeto a pesar de el frío que hacía, y con un movimiento grácil de la varita pronuncio con el tono firme casi tiritando, -Animagus- acabando el recorrido sobre si mismo. Abrió primero un ojo para ver que había pasado abriendo el otro después dándose cuenta de que no había conseguido nada util, ni si quiera unos bigotes monos o que sus ojos cambiasen a penas de color, absolutamente nada, -Esto es inútil y muy frustrante- dijo en voz alta regresando hacía la piedra volviendo a ponerse la chaqueta y sentándose para seguir leyendo el libro. Ya sabía que no había hecho nada y la verdad es que no pretendía convertirse en lince en el segundo día pero si al menos algún indicio de que podía hacerlo.El asunto estaba haciendo que el chico se sintiera bastante estúpido por creerse que podría hacer algo de aquello con lo difícil que era, pero a pesar de ello no perdió la esperanza o al menos de momento.

Un chasquido de una rama rota en los alrededores hizo que levantara la cabeza del libro y que se pusiese nervioso, -¿Hola?- dijo en voz alta esperando encontrar respuesta, pero no fue así. Quitándole importancia volvió  a escuchar otro sonido pero esta vez eran gruñidos, los cuales provenían justo de detrás de unos árboles de los cuales una manda de cinco lobos se dejó marcando su territorio enseñando los colmillos afilados con el gesto regañado y tenso en pose defensiva, -Ho...hola- dijo cerrando el libro con cuidado, sabiendo que aquellos animales no podían entenderla, -Yo, ya... me iba, jeje- aquella conversación era de chiste, pero el chico no dejaba de informarles a los caninos de que se iba y que se tranquilizaran que no pasaba abosulatemente nada, mientras estós se esparcían alrededor de la piedra donde el rubio estaba sentado. Se levantó de la piedra cayendo al piso con cuidado de no alarmar más a aquellas bestias que lo miraban con odio más que como su presa, como si fuese otro animal que hubiese invadido su territorio, como si hubiese conseguido cambiar su olor corporal por el del lince, "Menos da una piedra".

Dando pequeños pasos para poder salir por el flanco que no estaba protegido por los lobos el chico cometió el error de tropezar y hacer un aspaviento con las manos haciendo que uno de los lobos, de los más grandes se decidiera atacar por fin saltando sobre el chico, quien con la varita a mano conjuró un Desmaio con un potente grito contra el animal en el aire por no querer hacerle daño conjurando un Expulso el cual sería mucho más eficaz. Eso fue el toque de salida para que empezara la cacería. Luke no se lo pensó dos veces echando a correr por el bosque perseguido por dos de los cuatro que quedaban, como si fuesen los matones de aquel aquelarre peludo.

Caídas torpes por resbalar con la humedad del suelo y las raíces que sobresalían, movimientos poco atléticos y la ropa que llevaba más el libro que pesaba hacían que los lobos le fuesen ganando terreno al chico hasta que uno de ellos consiguió agarrarle la pernera del pantalón haciendo que cayese al suelo rodando con el animal. Una patada en el hocico y un Expulso potente junto con un quejido del animal por el dolor que le tuvo que suponer aquellos, "Me has obligado" pensó el chico justo cuando se estaba levantando y otro de los lobos se le lanzaba a la espalda haciendo caer otra vez pero sin la posibilidad de poner defenderse ya que estaba de espaldas, y el animal se ensalzaba con la capucha de la chaqueta que para su suerte era bastante gruesa.
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Invitado el Miér Mar 11, 2015 11:10 pm

Con el paso del tiempo las navidades se habían hecho menos dolorosas. De hecho, con el paso del tiempo todo se había hecho menos doloroso para dar paso a la nada. Antes pasaba estas fechas con mi familia, rodeada de su calor y lo que yo creía que era su amor. Cuando eso terminó era Ash la que me brindaba su hogar, y fuese ese mismo hogar el último en el que me sentí como en casa. Pero lo bueno no dura eternamente, o eso dicen. La época oscura de mi vida vino de la mano de la que ahora debía considerar...mi madre, y mi amante y en algunos momentos mi dueña. Esa mujer que sabía que la odia y disfrutaba de cada fibra de mi odio como si eso la alimentase. Por eso, había días en los que fingia amarla. Días en los que fingía que estar con ella era lo único que necesitaba para seguir viviendo. Y por algún motivo eso la ponía nerviosa, todos sus "hijos" dependían de ella porque ella así lo quería, pero si dejábamos ver esa independencia, el castigo era peor que el amor que Alexandra podía darte, porque cuando te quería te torturaba físicamente, pero cuando te castigaba, su indiferencia hacía que fuese tu propio cerebro el que te torturase. Era difícil para un vampiro desvincularse de su creador, y ella lo sabía y sólo hacía que yo la odiase más. Por todo eso, yo era de esas que ella tanto adoraba que solo aparecían cuando eran llamadas. Yo me pasaba el día durmiendo y la noche perdida por el mundo, cuanto más lejos de casa mejor.

Quizás fue el destino, quizás fue el viento, el que me llevo a Cornualles en aquella noche del 27 de Diciembre. O quizás fuese mi lobo que quería volver a donde fue engendrado, pero el caso es que dadas las 10 de la noche, me encontraba yo en lo más profundo del bosque que había a las afueras de la ciudad. Era un bosque oscuro y frondoso en el que parecía que podías encontrarte todo tipo de cosas que podían potencialmente atacarte cuando menos te lo esperases. Pero eso no me preocupaba ni cuando creía que era una niña normal, ni en mi infancia como bruja y mucho menos ahora. La naturaleza siempre me había respetado del mismo modo que yo la respetaba a ella. A veces, incluso, para saciar mi nuevo apetito, iba a por gente que maltrataba su alrededor, como cazadores furtivos, que por desgracia eran casi todos magos en busca de unicornios o cualquier otro tipo de criatura. Estaba saciada en ese sentido gracias a ellos la mayor parte del tiempo, pero en días como ese, la noche llegaba y mi apetito crecia. En medio de aquel bosque no esperaba encontrar alimento, tendría que acercarme al pueblo para poder saciarme aunque luego tuviera que justificarme a mi misma una y otra vez que solo mataba para sobrevivir.

Sin embargo, parecía que quizás no fuese eso lo que podía hacer hoy porque en la quietud del bosque, una manada de lobos rompió la calma con sus gruñidos de ataque. Sin inmutarme demasiado, puse cierta atención en los olores que llegaban a mi desde la dirección en la que los oia. Helheim se puso de pie al instante y señaló hacia el lugar. Resultaba curioso, pero suponía que el también estaba oyendo y oliendo lo mismo que yo. Entre todos los lobos, se olía y oia a un humano que olía muy extraño, como si hubiese algo de felino en él. Intrigada me dirigí hacía allí y escondida entre las sombras pude apreciar el panorama. La manada de lobos estaba atacando a un chico, un mago que no parecía adulto del todo pero que debía haber alcanzado la mayoría de edad porque estaba usando la magia. Que curioso.

Helheim, mi precioso lobo negro, salió de entre las sombras y aulló a la luna de aquella clara noche. Era un lobo muy dominante para su corta edad, pues apenas tenía un año, y por eso, en general, el resto de lobos levantaban la mirada cuando aullaba, aunque no perteneciese a su manada. Cuando percibieron mi olor, el silencio se hizo de nuevo en el bosque. La manada de lobos retrocedió ligeramente antes de que yo saliese de entre las sombras y cuando me vieron aparecer, con la calma que caracteriza a los de mi especie, rugieron asustados y se retiraron raudos con el rabo entre las piernas. Los ojos rojos y el apetito de un vampiro no son algo que haga sentir seguro a ningún animal cuando el vampiro en cuestión así lo quiere. Mi expresión al salir de las sombras era amenazadora y mi lobo solo respaldaba eso.

Cuando los animales hubieron desaparecido, Helheim, haciendo gala de su simpatía que no había heredado de su padre, se acercó a la cara del chico y comenzó a olerle con curiosidad. Yo incliné la cabeza hacia un lado y mientras mis ojos, aun rojos por el hambre, relucían en la noche, vi como mi preciosa mascota le daba un lametón en la cara al chico en símbolo de amistad.- Tienes un olor curioso, sabias?- dije con tranquilidad. Mira tú por donde, creía haber encontrado la cena.
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Invitado el Sáb Mar 21, 2015 3:26 am

Un sentimiento bastante difícil de explicar, una mezcla entre miedo por la posibilidad de morir, de fastidio por la posibilidad de que no encontraran su cuerpo, de lastima porque lo mal que se sentirían sus padres y de fracaso por haber conseguido llegar hasta aquel punto y morir por unos lobos, le encogió el corazón al chico, quien se había quedado muy quito mientras un lobo de la manada seguía mordiendo la capucha de su chubasquero cuando se oyó un aullido un poco flojo y algo agudo y sin previó aviso el lobo cesó en sus intenciones de sobrepasar la capa de ropa que separan sus fauces de la cabeza del chico. Luke abrió los ojos mirando hacía el suelo aún sin moverse mucho por si aquello seguía detrás esperando cualquier movimiento para seguir atacando.

Cuando sintió que el peligro había pasado se dio la vuelta poco a poco, encontrándose de frente con un lobo diferente a los otros, con el pelo más oscuro y de menor tamaño. la mirada del chico reflejaba terror, cuando se pensaba que todo había pasado va y se encara con una de esas bestias que intentaban comérselo antes. Se quedó muy quieto mientras el animal lo olisqueaba con curiosidad, con las orejas gachas y moviéndose lentamente a la defensiva de cualquier movimientos brusco que el rubio pudiese hacer con la yugular del mismo al alcance de sus colmillos, acabando por darle un lametazos en la mejilla al chico. Luke cerró los ojos pensando que aquello solo era el principio de la cena, como cuando alguien saboreaba una pequeña porción de un filete para luego trincharlo con el tenedor y llevárselo a la boca pegando grandes mordidas sin tener que recurrir al cuchillo, cuando al abrir los ojos al escuchar una voz, vio como el lobo se había separado de él un poco con el gesto relajado y las orejas altas simbolizando que estaba tranquilo y no pretendía atacarlo.

El chico desvió la mirada del animal que seguía a su lado para enfocarla en la figura femenina que se alzaba en frente de él, de piel clara y pelo moreno, con algo extraño en ella, algo que Luke aún no conseguía saber con certeza, "Tal vez sea maga también" pensó el chico reclinándose lentamente para no darle al lobo la sensación de que era peligroso para acabar sentado, se limpió las manos de las hojas secas del suelo y la tierra, -Pues juro que me he bañado antes de salir de casa- dijo bromeando con el tono algo nervioso, y la mirada saltando del lobo a la que parecía su dueña sin parar.

-Oye, no estaba haciendo nada malo, solo estaba dando un paseo y esos lobos pues sintieron mi presencia, entrarían hambrientos o simplemente no les gustan los humanos, y no los culpo, hay muchos cazadores, y bueno, no sé, fue todo muy raro, y está claro que esto no te interesa- terminó diciendo a susurros. Cuando se ponía nervioso Luke solía hablar más de la cuenta, en este caso no era diferente y empezó a relatar su explicación de los sucedido como si aquella mujer le hubiese pedido explicaciones, como si fuese la ley en aquel bosque, -Bueno creo que tengo que darte las gracias ¿no?- le preguntó aún en el suelo, con el brillo de la luna alumbrando a la chica a contraluz, haciendo que la silueta no tuviera mucha más expresión que un árbol, -O a lo mejor, no- y volvió a mirar al lobo el cual no se había movido de su lado en todo aquel rato, sentado allí parado mirándolo a él y de vez en cuando a su dueña, tal vez buscando el permiso para poder abalanzarse sobre el chico.
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Invitado el Miér Abr 01, 2015 1:34 pm

No son pocas las veces que un humano no puede fiarse de su instinto. Todo lo que ha creado el hombre a lo largo de su historia a minado su parte animal y hecho también que desprecie esa parte de sí mismo, considerando que quienes la tienen más a flor de piel son inferiores. A los animales adiestrados les pasa un poco lo mismo. Se acostumbrar a las comodidades y se olvidan de sobrevivir o de... simplemente escuchar lo que les rodea. Pasar a ser criaturas campechanas que solo reaccionan cuando algo ya es insalvable en la mayoría de los casos y que, de cualquier modo, en esas mismas situaciones, no saber reaccionar correctamente. Nuestra hambre por vivir cómodamente nos ha llevado a no saber sobrevivir...y por eso yo hacía mucho que ya no me fiaba de mis instintos aunque mi parte animal estuviese más a flor de piel que nunca cuando tenía hambre. A veces recurría a Helheim para guiarme a la hora de juzgar. Era joven, pero era de esos patitos feos afortunados que heredan de sus progenitores todas las cosas buenas...menos el color. Mi lobo sabía juzgar, de algún modo, todo lo que le rodeaba, por eso, cuando lamió la cara del chico, probablemente le salvó la vida, ya no solo de que otros lobos lo olieran y viesen en el trazas de otro lobo más dominante, si no de que yo me lo comiera pensando que en vez de pasear cazaba.

Cuando mi lobo volvió a mi lado, estiré la mano para acariciarle entre las orejas como le gustaba mientras el chico se incorporaba y hablaba. Sonreí silenciosa a su broma pudiendo notar los nervios y el miedo que sentía. El seguramente no viese de mí mucho más que mi silueta y eso no debía contribuir a su tranquilidad, pero aun así no me moví. Tenía el visto bueno de mi lobo, pero ahora necesitaba el mio. Oí la explicación que me dio sin que yo se la pidiera y volví a sonreír. Era gracioso cuando alguien estaba asustado y hablaba mucho, sentado en el suelo, en vez de atacar a la figura que lo asustaba. Eso me daba margen para ver cosas de ellos que si me atacaban sin más nunca llegaría a ver. Me acerqué a él silenciosamente y me senté a su lado con total tranquilidad. Estaba lo bastante cerca como para que la luz de la luna dejase a la vista mis rasgos y con ello mis ojos que destelleaban rojo sin que, en esas circunstancias, pudiese hacer nada para evitarlo. Mi vestimenta no era nada elegante para ser en teoría una criatura tan seductora. Alexandra siempre iba arrebatadora, pero si algo no había conseguido arrancarme, eran mis converse negras y desgastadas, por lo que, si no me veias los ojos y los colmillos, ese chico y yo no parecíamos muy diferentes. Cuando me senté a su lado, mi lobo me siguió y se tumbó a mi lado, apoyando su cabeza en mis piernas cruzadas para que le diese mimos. Estaba claro que ya no corría peligro el chaval.

- Has perdido la varita?- pregunté como si hubiese obviado todo lo que él me había dicho antes. Cogí la mia y he hice un lumos que ya dejaba muy a la vista mi aspecto- Puedo ayudarte a buscarla si lo necesitas- dije sonriendo amablemente para no asustarlo más- Fueron a por ti por tu olor. - Aclaré manteniendo la sonrisa- No dudo que te hayas duchado antes de salir de casa pero...hueles a...una mezcla de humano y gato montés...lince, tal vez?- le volví a preguntar.

Lo observé de arriba abajo bajo su atenta mirada mientras hablaba. No llevaba armas y los cazadores solían llevarlas aun que fuesen magos. Hay criaturas que no son tan fáciles de atrapar, por eso supuse que él no lo era. Por eso y porque si lo fuese, al ver mis ojos se habría abalanzado sobre mi. Soy una presa valiosa en algunos mercados.- Soy Emily, Emily Matthews- dije tendiéndole la mano a modo saludo y esperando que eso le diese pie a darme su nombre.

Mi cerebro era muy consciente de que el chico no debía ser mi presa. No lo merecía. Parecía buen chico, probablemente un alumno de último curso o un desafortunado repetidor en Hogwarts. Yo no mataba a gente así y mucho menos a niños. Pero sus arterias principales me estaban llamando a gritos y no sabía cuando podría esperar hasta que mis colmillos aflorasen y mi hambre mandase todo a la mierda. "Aguanta, Em" Oi a mi madre en mi cabeza. Esa voz era la única que conseguía templarme.
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Invitado el Lun Abr 06, 2015 2:41 am

Ya el sol se había ocultado lo suficiente como para que el bosque solo estuviese alumbrado por una tenue luz, unos pocos rayos que aún se negaban a desaparecer por el horizonte dejándole paso a la Luna, envuelta en un manto que degradaba su color desde el azul añil más brillante y bonito hasta el amarillos rojizo más vivo y despampanante, una combinación de colores que definía muy bien el concepto de la luz. El chico podía respirar tranquilo ya que lo peor había pasado, se había encarado con otro lobo de menor tamaño pero con un aspecto igual de agresivo, o al menos eso le pareció al chico hasta que el animal le lambió la mejilla en símbolo de paz y tranquilidad. El canino no pensaba hacerle daño al rubio y lo dejó muy claro, bajando las orejas y moviendo la cola a su lado, esperando por su dueña la cual estaba allí de pie, frente al joven de espaldas a la luna que describía así su silueta esbelta y elegante sin dejarle ver mucho más para que el chico pudiera ponerle cara a la chica, cosas que supuso, que estaba allí delante.

No sé levanto sin embargo no dejó de hablar explicando lo que había pasado, algo nervioso, porque se había librado de una manada de lobos pero seguía estando en una situación un tanto desventajosa para su integridad física, callándose al fin cuando el cuerpo en penumbra que se levantaba sobre el chico e fue acercando poco a poco hasta quedar a su lado sentándose como si se tratase de una amiga del rubio de toda su vida, una actitud que desconcertó al chico pro que hizo que se relajase, hasta que vio bien el rostro de la chica, como efectivamente había intuido, una piel pálida con un pelo oscuro que acompañaban a una expresión fría y de rasgos marcados, con unos ojos algo perturbantes para Luke.

Se tensó por un momento cruzando las piernas, juntando todo su cuerpo cada vez más, encogiéndose dirían algunos, algo muy acertado, el chico se había puesto aún más nervioso que con los lobos al ver que los ojos de la mujer eran de un rojo intenso, brillante que casi reflejaba la poca luz que había en el ambiente, un color de ojos que haría llorar al tipo al más duro del mundo de encontrarse con ellos en una situación como la del chico.

"Oh joder, esto no me puede estar pasando a mi" pensó el chico agarrando la tierra al alcance de sus manos sin pronunciar palabra respirando de la forma más fingida que podía para no empezar a hiperventilar y desmayarse allí mismo. Una pequeña sonrisa tímida y nerviosa se dibujó en el rostro del chico cuando le escuchó decir lo de su varita pasando a un gesto de no entender muy a lo que se refería, "¿Mi olor?, ¿lince?" se preguntó, con el gesto fruncido suavizándolo cuando se había dado cuenta de lo que había conseguido, -Lo he conseguido- dijo murmurando, mirando al suelo, sonriendo esta vez olvidándose de lo que acababa de vivir, -Lo he conseguido- dijo esta vez más alto mirando de nuevo a la chica, quedando otra vez con la misma cara de palo que tenía antes, -Verás he estado practicando la animagia y esta vez ha sido la primera que he conseguido resultados aunque no hayan sido muy visibles- se rió de nuevo levantando la comisura derecha un poco, volviendo a recibir una bofetada por parte de la realidad. Estaba allí en el claro de un bosque alejado de la mano de dios acompañado por un lobo joven pero fuerte y lo que el chico creía que era una vampiresa. Sus ojos y el color de la piel le habían dado eso a entender, pero no descartaba la idea de que simplemente fuese una chica de piel clara y gesto sombrío que tenía de mascota a un lobo domestico y se paseaba por ahí con lentillas rojas piestas, alguna especie de chica gótica o adoradora de Satanás, fue lo que pensó el chico.

Dio un pequeño brinco cuando Emily se presentó y le extendió la mano para, por un momento el chico dudo, y miró fijamente a los ojos de la mujer, que se apoderaron del cuerpo y de la mente del rubio, inundándolo de una extraña sensación que le decía que no pasaría nada malo, que ella no era su enemiga, una sensación que muchos habrían ignorado. -Me llamo Luke, Luke Everdeen- le dijo intentando aparentar estar calmado estrechándosela mano con una leve sonrisa que pasaba más por mueca que por gesto.

-Encantado Emily- dijo con tono preocupado, -Muchas gracias de nuevo- volvió a repetir incorporándose poco a poco para no alarmar al animal que reposaba sobre los pies cruzados de la chica, -Y muchas gracias por el ofrecimiento pero encontraré yo solo la varita además es tarde y seguro que tendrás algo mejor que hacer que ayudarme otra vez- se pasó la mano por el pelo albortándoselo un poco, sonriéndola de forma patosa e inocente.

El chico estaba de pie, frente a la mujer esperando una respuesta sin quitarle los ojos de encima a su mirada y al animal, que de momento no se había preocupado ni por levantar la vista o si quiera abrir los ojos para ver que era lo que estaba pasando en aquel momento, a decir verdad el animal estaba bastante tranquilo junto a la chica, y eso era algo extraño, o al menos Luke lo creía así, los vampiros no eran criaturas con las que andar de un lado para otro y normalmente los animales los evitaban como a los hombres lobos o las veelas, seres que desprendían una atmósfera de muerde que los animales percibían y de la cual huían.

-Bueno, me voy ya antes de que oscurezca más- dijo despidiéndose levantando la mano, y dándose la vuelta para empezar a caminar en dirección opuesta a donde estaban la dueña y su mascota, con un sonido de tierra húmeda y hojas secas bajo sus pies que dejaban un rastro sonoro a varios metros revelando su ubicación y el camino que estaba tomando.
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Invitado el Sáb Abr 11, 2015 1:23 pm

Mi caracter era algo que no se veía demasiado bien entre la comunidad vampírica. Se habían encargado mucho de dejarmelo claro. Ya sabía y no se me olvidaría jamás que un buen vampiro come y folla siempre que tiene ocasión y que las circunstancias y el carácter de cada humano eran cosas de humanos y no problema de los vampiros. En cuando a los chupasangres se refería los humanos eran comida, no amigos. Pero desde el principio y a pesar de todas las amenazas y vacíos, me había importado bien poco la opinión de la comunidad de vampiros en lo referente a mi comportamiento. Yo no iba a comerme a gente inocente a no ser que fuera terriblemente necesario. Y no pensaba acostarme con nadie en un futuro próximo ni aunque lo fuera. A Alexandra le encantaría que un día llegase oliendo a virgen y habiendo tenido sexo...por eso me encargaba de que no pasase a pesar de que mis instintos de vampiro se encendiesen.

Luke no corría ningún tipo de peligro conmigo. Aunque estaba habrienta, era un chico demasiado inocente, por lo que había visto de él, como para pasar a formar parte de mi lista de víctimas. Cuando, después de explicarle lo de su olor, me contó el motivo, solo me dejó más claro aun que no merecía morir. Sonreí divertida y admirada al ver su ilusión por haber conseguido al menos el olor del animal en el que se quería transformar. Yo no notaba nada amenazador en mi aspecto, pero él podía percibirlo como algo muy diferente. Sin embargo, adopté mi expresión más humana, siendo mi condición delatada solo por mis ojos- Enhorabuena!- dije con alegría. No lo conocía de nada, pero su ilusión era vigorizante- La siguiente vez que lo intentes igual te sale pelo y unos adorables bigotes.- dije manteniendo la sonrisa.

Me presenté, diciendole mi nombre y tendiéndole la mano para que la estrechara. Accedió a hacerlo pero se veía que tenía ciertas reservas. No es que pudiera echarle en cara el escuchar a su intución.- Me gusta ayudar- dije con tranquilidad levantando mi varita que aun conjuraba un Lumos y alumbrando un poco el terreno con la esperanza de encontrarla- Ahi está- dije señalando a una parte bastante oscura lejos de la luz que se proyectaba. Me levanté con tranquilidad y la recogí tendiéndosela con una sonrisa.

Estábamos el uno frente al otro, sin que nadie pareciese saber que decir cuando él rompió el silencio diciendo que se iba. Helheim, totalmente calmadito y tumbado a mi lado levantó las orejas y yo incliné la cabeza hacia un lado con preocupación pero no dije nada. Levanté la mano como había hecho él y lo vi alejarse pensando que...mis poderes habían acabado con mi don de gentes. Me iba a retirar cuando oí un ruido entre los árboles. El olor a quemado fue lo siguiente que percibí y un corazón parándose lo último. Eso sonaba a cazadores. Reaccioné dando un salto y corriendo detrás de Luke, no tardé ni medio segundo en alcanzarlo con Helheim tras de mi que tardó poco más en llegar. Sin avisar de mi presencia simplemente me limité a hablar- Sé que probablemente no te fies de mi. Es más, es posible que me tengas miedo. Pero has de creerme cuando te digo que no es seguro estar por aqui a estas horas- dije con tranquilidad caminando a su lado.- Y has de confiar en mi cuando te digo que hay un cazador a pocos metros de aquí, y es probable que nos ataque pensando que lo hemos visto o pensando que somos presas.-Dije con simpleza y una mirada fria y distante. No me gustan los cazadores.

La prueba de lo que decía no tardó en llegar. Un hechizo nos pasó rozando la espalda y yo me puse delante de Luke para hacer de escudo. En cambio, otro vino del lado contrario casi al momento. Saqué mi varita y en un momento lancé sendos hechizos en las dos direcciones. Toda la amabilidad que podía haber podido mostrar desapareció en ese momento, era hora de cenar furtivo.
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Invitado el Mar Abr 21, 2015 12:18 am

La noche ya estaba con plena presencia sobre la cabeza de los dos, bajando las temperaturas además de la luz en el bosque haciendo que el chico se sintiese más nervioso frente a Emly, a pesar de que esta no había dado signos de ser un problema y mucho menos la cría de lobo que la acompañaba, el rubio no podía evitar sentirse algo incomodo e incluso preocupado por su bienestar. Encontró la varita relativamente rápido, gracias a la ayuda de la chica, la cogió del piso y la sacudió un poco para quitarle la tierra húmeda que tenía ensuciándose las manos, que se restregó por la parte de atrás del pantalón, despidiéndose luego con la mano mirando al lobo, que se había levantado la vista para mirarlo con ojos brillantes e inofensivos, por un momento dudó si quedarse pero de todos modos ya era tarde y tendría que volver a la casa de su abuela donde estaba pasando las navidades, solo, ya que la mujer no estaba en condiciones para vivir allí ya, así que con más urgencia debía irse de allí antes de verse envuelto en cualquier cosa de la que no podría escapar y de lo que nadie sabría nada, porque si allí había un vampiro, ¿quien le decía que no podría haber más?.

Mientras caminaba con le paso ligero y pisando firme pensó que la chica lo seguiría para matarlo, una presa facil con la que poder saciar, definitivamente el chico había visto y leído demasiadas historias de vampiros con las que seguramente esa noche tendría pesadillas y al parecer no estaba del todo equivocado, no tardó en dar un pequeño salto a una rama enorme del camino cuando se topó con Emily delante de ella, que sin darle margen empezó a hablarle, "¿Peligro?,¿cazadores?, ¿qué?" pensó antes de soltarle, un "Aléjate de mí, mujer, mi sangre no es sabrosa" cuando llegó el lobo con la mirada algo amenazante esta vez, y sin poder poder responder un hechizó les pasó cerca. El chico apretó las manos y la mandíbula algo asustado, y buscó su varita en la chaqueta mientras Emily se ponía delante de él, para protegerlo, otro hechizo de un lateral fue en su dirección sin éxito, y antes de que él chico pudiese defenderse ella tomó la iniciativa algo ventajosa ya que tenía mejores reflejos y seguramente más puntería que los atacantes lanzando dos hechizos sin titubear en ambas direcciones.

Se hizo el silencio por un momento, un silencio de lo más dramático, con la varita en mano y tensados todos los músculos el chico dio un pequeño paso para ponerse al lado de la mujer, con el animal en su otro costado mirando en varias direcciones a la vez, -¿Les habrás dado?- preguntó murmurando, perdiendo del miedo o la desconfianza que antes podría tener en ella y su mascota.

Un rayo verde casi les alcanza por la espalda impactando contra un rol, el lobo se viró gruñiendole a la oscuridad, y el chcio se medio ladeo paraobtener más rango de defensa, al parecer habían más de dos, eso o se movían muy rapidos. Un chasquido de una rama, fue el detonante de lo que sería una batalla campal, entre los que al final eran dos cazadores y dos personas que se acababan de conocer, "Y ya me he visto envuelto en una situación que pone en peligro mi cuello, estaba tardando demasiado" pensó conjurando un Protego cubriéndolos a los tres, pero sobre todo al animal ya que era por quien más se preocupaba el chico, porque tanto él como Emily podían defenderse de los hechizos pero el lobo solo podía correr, y tener la suerte de no ser acertado por ninguno. Lanzó un Reducto en la dirección en la que le vino el último fogonazo de luz del hechizo contrario, sintiendo que esta vez le había dado, y  sin poder impedirlo, el lobo fue en busca del cazador, seguramente para terminar la faena o para asegurarse de que no tendríamos más problemas con ese, pero antes de que puede llegar un rayo rojo le alcanzó en el costado dejándolo tirado en el piso después de hacerle rodar un poco por la tierra.

-Mierda- dijo el chico saliendo corriendo tras él, resbalándose un poco cayendo a su lado en cuestión de segundos, -Mierda, mierda mierda, ¡¡Emily!!- gritó, de inmediato, rompiendo una parte de su camisa, sin saber porque y para que, pero era lo que normalmente se hacía en esos casos, aunque con personas, no tenía ni idea de idea de salvar a aquel lobo.

Un quejido por parte del cazador caído le alertó de que estaba cerca y quitándose la chaqueta se la puso encima al animal y lo cogió como pudo, oyendo los quejidos del animal, -Tranquilo, todo va a ir bien- dijo susurrándole con el todo débil e intentando aparentar estar tranquilo. se incorporó rápidamente sin saber que hacer, con el cazador apunto de levantarse del suelo y Emily había desaparecido de su vista, ¿Los había abandonados?, el chico estaba tan nervioso que no podía sumar dos y dos, e hizo lo primero que se le ocurrió, esperando que todo saliese bien, echó a correr hacía la casa de su abuela, donde con un poco de suerte tener algo para ayudar al animal, alcohol, vendas o incluso intentar buscar algún hechizo sanador en los libros de su abuela.
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Invitado el Lun Mayo 04, 2015 11:36 pm

Cuando un vampiro sale a cazar es como si una maldición antigua y peligrosa cayese sobre él. Nuestra hambre es anti-natural casi y por eso es la suerte y la naturaleza la que juega contra nosotros cuando estamos hambrientos. Yo era una excepción dentro de mi mundo y lejos de hacer que la maldición se alejara, había ocasiones en las que solo la hacía más poderosa.

Lo que había comenzado siendo un encuentro fortuito se había convertido en un duelo entre dos magos totalmente formados y cargados de ira y dos desconocidos acompañados por un lobo que en principio no podían ser más diferentes. Había empezado viendo como Luke se alejaba de mi, triste por haberme convertido en algo tenebroso que hacía que la gente que realmente podía llegar a gustarme se alejase de mi. Pero cuando uno de los cazadores mató a su presa lo bastante cerca para que yo lo notase, todo empezó a complicarse. La manada de lobos que había atacado a Luke cuando lo encontré no era nada en comparación con dos cazadores. Los animales matan por instinto y por hambre y puedes hacerlos recular mostrándote más fuerte que ellos. Los humanos matan por codicia e ira en muchas ocasiones y cuando les demuestras que eres más fuerte, su orgullo los ciega y en vez de retirarse encaran a la muerte hasta que esta les vence. Cuando encontré a Luke, ya bastante lejos de donde habíamos compartido nuestro corto encuentro, la ira de los cazadores que había descubierto yo ya estaba demasiado próxima a nosotros y cuando el primer hechizo nos pasó rozando, el resto de cosas que pasaron después se precipitaron. Ataqué en las dos direcciones de las que parecían venir las maldiciones, intentando proteger al chico y a mi propia mascota. Y por un momento se hizo el silencio, solo interrumpido por el comentario de Luke al que no contesté. La noche amparaba mi aspecto, pero si en ese momento pudiese verme el rostro si habría tenido miedo. Mis ojos color sangre refulgían en furia y hambre y podía oir casi con total claridad los latidos del corazón del cazador que estaba más cerca de mi.

Un nuevo rayo de luz nos pasó rozando y Luke, con gran destreza se encargó de protegernos hasta que otro rayo rompió su hechizo protector. Estábamos espalda contra espalda con Helheim en el medio que no paraba de gruñir y enseñar los dientes en las dos direcciones. Ante mis ojos surgió una figura de la oscuridad. Él no lo sabía pero yo veía perfectamente como sonreía al reconocerme como una presa más. Los vampiros estaban muy solicitados en algunos círculos del mercado negro y ahora cualquier cantamañanas se creía capaz de derrotar y capturar a uno. Mientras Luke parecía arreglárselas a mi espalda, le mostré los colmillos a mi adversario, cuya sonrisa se amplió al reconocerme como una mujer. Maldita vanidad la suya. Me apuntó con su varita y unas cuerdas de plata salieron de la misma con total inteción de atarme. Un simple movimiento de mi mano no solo las desvió, si no que las hizo desaparecer. Me acerqué a él con lentitud mientras me lanzaba un hechizo tras otro, todos destinados a retener o derrotar a un vampiro. Todos ellos fueron desviados con una frialdad salida del odio que le tengo a los cazadores y a los abusones mientras le iba ganando terreno aunque el retrocediera. Aprovechando uno de sus hechizos, lo esquivé y me acerqué del todo a él. Lo cogí por el cuello y lo levanté en el aire con una fuerza que nunca se espera que alguien como yo tenga. Ahora él ya no sonreía, pero tampoco lo hice yo pues no tardé en un oir un gemido de mi mascota que había recibido el impacto de una maldición que el cabrón que tenía agarrado habia conjurado de puro miedo.

Grité cortando la noche y no llegué a oir, en mi furia, como Luke me llamaba. Ya me había innundado de mi propia naturaleza y ahora no había humano capaz de pararme. Ahora que habían herido a lo único que quería en el mundo, mi hambre clamaba venganza, no paciencia o cariño, solo quería sangre. Por eso, teniendo cogido por el cuello al cazador y elevado en el aire, lo estampé contra el suelo con toda la fuerza que poseía. No le dió tiempo ni a gritar antes de que con un rugido casi inhumano mis colmillos se hundieran en la piel de su cuello, tirando a la vez de su cabeza y su cuerpo para hacerme más hueco. Bebí con hambre canina y avidez de aquel cuerpo que no tardó en estar inerte. Bebí con furia hasta que no quedó apenas ningún fluido dentro de aquel horrible hombre. Y cuando terminé, arranqué mis colmillos de su yugular con enfado y por puro instinto tiré tanto de las dos partes de su cuerpo que acabé separando la cabeza del resto del cuerpo de aquel cadaver.

Me levanté del suelo en silencio y algo menos hambrienta, pero no más calmada. Aun podía oir a lo lejos los pasos de un chico corriendo y el latido de Helheim, débil y asustado, peleando por sobrevivir. La preocupación por mi lobo me mantuvo alerta, pero con Luke estaría mejo que conmigo, masacrando a esos dos de los cuales no me importaba quienes fueran o lo que dejasen atrás. Me giré en la oscuridad para encontrar al otro cazador, que me miraba horrorizado por haber sido testigo de lo que acababa de pasar. Intentaba huir, pero Luke lo había herido y estaba claro que correr no iba a ser algo que pudiese hacer con normalidad en un tiempo. Me acerqué a él con una sonrisa perversa en los labios y la cabeza de su amigo agarrada en mi mano derecha por los pelos. Se quedó de piedra al ver como lo adelantaba con toda traquilidad y se quedó en el sitio al ver la cabeza de su amigo en mis manos- Era un hombre atractivo, creo- dije mientras levantaba mi premio como si estuviese interpretando una obra de Shakespeare.

Lancé la cabeza del primer cazador lejos y en un movimiento que el segundo no vio, volví a ponerme a su espalda. - Ñam- susurré casi sensual al oido del hombre antes de agarrarlo del cuello y tirarlo de espaldas al suelo con un solo movimiento. Me monté sobre él en lo que en otras circunstacias podría haberse considerado una postura sexual y arremetí contra su yugular mientras lo mantenía totalmente inmovilizado teniendo sus manos sujetas bajo mis firmes rodillas. Tardó todavía menos en apagarse que su compañero, pero para cuando hube terminado, el hambre y la ira ya habían desaparecido. Me puse de pie con la elegancia propia de los mios y miré con asco las pruebas de lo que había hecho. No me arrepentía ni siquiera un poco, pero tenía asuntos más importantes a los que atender que a las piezas de dos cadáveres que no relacionarían conmigo.

Cerré los ojos en la oscuridad y me concentré para poder escuchar y oler, muy a lo lejos, a mi pobre máscota. Rastreé la zona y el pueblo como si de un perro me tratase y logré encontrar a Luke y a Helheim dentro de una de las casas, en el piso de arriba. Subi por la fachada, casi totalmente empapada en sangre y con la mayoria de mi ropa rasgada por el forcejeo del primer hombre que había matado. Encontré una ventana que daba a la habitación donde estaba Luke con mi lobo y la luz de la luna me dio de llenó mientras petaba en el cristal.
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Invitado el Jue Mayo 07, 2015 2:41 am

-Venga lobito tu eres fuerte- dijo el chico con el tono inundado de desesperación y autentica preocupación, solo había visto al animal una vez y no lo conocía ni hacía una hora, pero el chico sentía su malestar y dolor como si fuese él quien hubiese recibido aquel certero golpe en el costado. Puso al lobo encima de la cama de la habitación de invitados,pensó en dejarlo en el sillón, pero sería más fácil limpiar las sabanas de la cama a la mañana siguiente que limpiar el tapizado del sofá.

Salió de la habitación para ir al baño con ambas manos ensangrentadas buscando gasas y algo de alcohol para poder limpiar la herida y evitar que se infectara, ni por un momento se le había pasado por la cabeza ir a buscar primero el libro de hechizos a ver si encontraba alguno que lograse curarlo porque el rubio dio por hecho de que de encontrarlo, que lo dudaba, tardaría un rato en poder ponerlo en practica asegurándose de no poner en peligro al lobo que gemía de dolor en la habitación contigua. Al menos si lo limpiaba y lo curaba podría hacer algo luego de estabilizarlo.

Entró de nuevo en la habitación cargado de cosas que dejó caer al lado de el animal, -Ya he vuelto, espera, no te levantes- le decía sin obtener respuesta obviamente, o al menos una respuesta con un vocablo que él entendiese al cien por cien aunque los aullidos del lobo reflejaban un dolor inhumano, -Esto te va a doler pero te ayudará- y posó la gasa con betadine en la herida del lobo haciendo que este le gruñera enseñándole los dientes encarándose de inmediato con él.

En ese momento entró la mujer por la ventana que llevaba allí todo el rato y el chico no se había dado ni cuenta llevaba un rato pendiente del animal herido que había perdido total consciencia de donde estaba y a quien había dejado atrás. Emily le agarró la cabeza al lobo para que se estuviera quieto infundado en él una paz interior que antes no tenía, el animal se sentía seguro al lado de la chica, se sentía protegido de cualquier mal. Miró a Luke con los ojos iluminados en rojo y la cara algo manchada, y este desvió la mirada tan rápido que le tomó un momento enfocar la herida y volver a pasarle la gasa con el betadine, está vez el lobo gimió de forma ahogada, intentando ser silenciosa, quedándose muy quieto tensando todos los músculos de su cuerpo con las orejas gachas y el rabo entre las piernas, estaba totalmente asustado y tenía motivos.

Después de usar un par de gasa el chico consiguió limpiarle y cubrirle la herida por completo, -Voy a buscar una cosa ahora vengo, intenta que no se mueva- aquella frase que acababa de decir le salía con el tono de madurez que nadie se hubiese esperado escuchar del chico, ni él mismo dio crédito a su forma de actuar, pero algo había cambiado desde que había ingresado en el colegio y lo estaba demostrando con creces en ese momento. Fue a su cuarto limpiándose la sangre ya casi seca en los pantalones vaqueros y quitándose el abrigo para tirarlo al suelo sacando la varita primero, encendiendo la calefacción de la casa al apuntar al radiador, un hechizo que su abuela le había enseñado. Se agachó y buscó debajo de la cama un tomo gordo y polvoriento que limpió con la manga de la camisa larga que llevaba puesto, era un libro de magia a través de los tiempos que su abuela le había regalado esas navidad, un libro donde aparecían todos lo hechos históricos del mundo mágico, los personajes históricos más relevantes y los hechizos, conjuros y pociones que se habían utilizado durante los últimos siglos, y como no una parte estaba dedicado a los hechizos, conjuros y pociones de sanación.
Volvió al cuarto y se sentó en el piso mirando como Emily acariciaba al lobo con ternura, como si fuera su mejor y único amigo, o más que eso como si fuera su familia, una sensación que el chico comprendía por completo pensando en lo mal que lo pasaría de ser JarJar, su perro, el que estuviese en el pellejo del animal blanco tendido en su cama.

Metió las narices dentro del libro buscando con el dedo indice algo que le pudiese ayudar, -Esto puede servir- dijo en voz baja acercándose a Emily para enseñarle el libro, -¿Quieres hacerlo tu?, no sé si yo podré- le preguntó sabiendo que no solo era vampiro si no que además era maga, cosa que había demostrado hacía un rato en el bosque en medio de aquel altercado en el que se vio envuelto, "Curiosa y peligrosa combinación" pensó mirándola a los ojos, primero a uno y luego al otro con el gesto serio y decidido, pero ocultando el verdadero nerviosismo y la curiosidad que sentía por aquellos dos peculiares personajes a los que les estaba dando cobijo en su casa en aquel momento.
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Invitado el Dom Mayo 17, 2015 7:12 pm

La carrera y rastreo hacia donde Luke había llevado a mi mascota me habia resultado más intenso y estresante que matar a dos personas. Una vez mi ira se calmó, me parecia que me habia comportado de una manera ridícula dando prioridad a mis instintos como vampiro en vez de a la seguridad de Helheim al que había dejado en manos de un desconocido que además era un niño. Aunque el lobo hubiese dado señales de que era una persona de confiar, mi parte humana desconfiaba de todo pues mi experiencia me habia demostrado que desconfiar hasta de los más próximos era la única manera de sobrevivir. El único ser que sabía a ciencia cierta que jamás me traicionaría era el que ahora mismo estaba en manos de un desconocido, herido, indefenso y sufriendo. Cómo podía ser tan egoista?

Corrí todo lo que mis piernas y mis capacidades dieron y en unos segundos que a mi me parecieron años, logré encontrar el lugar donde estaba mi lobo negro y el que parecía ser su nuevo héroe. Observé por la ventana como Luke dejaba dulcemente al lobo sobre una cama y desaparecía, para aparecer de nuevo cargado de gasas, antisepticos y demás cosas para tratar la herida. Si mi corazón no hubiese estado tan preocupado por la seguridad del animal, sus cuidados y atenciones me habrían conmovido. Observé como Luke trabajaba, en silencio y desde fuera de la casa, pero cuando vi como Helheim enseñaba los dientes, no pude resistirme a entrar incluso sin ser invitada. Cegada, me daba igual si lo que le estaba haciendo era bueno o malo, nadie podia hacer sufrir a Helheim en mi presencia. Me acerqué de manera que casi parecí una aparición y tuve que hacer acopio de todo mi autocontrol para no parecer amenazante o peligrosa. Lo que importaba era la seguridad del lobo, y Luke tenía un temperamento más frio y capaz que el mio en ese momento. Con tanta ira encima, enfentrarme a un dragón, que era mi trabajo, habría sido fácil y hasta más divertido de lo habitual, pero curar a lo único que te importa en el mundo te involucra a un nivel que no te permite mantener la cabeza fría.

Respiré profundamente un par de veces al entrar en la habitación. Me llegaba el olor a sangre de mi lobo, el cual era un olor muy desagradable para un vampiro, pero para mi en concreto era doloroso. Olí la sangre de Luke, cuyo aroma ya era totalmente humano y pude oir como su corazón iba totalmente disparado, igual que el de Helheim y el mio. Parecía sentir su dolor y eso de algún modo perverso y extraño me hizo sentir tranquila. Mi amigo estaba en buenas manos, o al menos en unas que se preocupaban. Me senté en la cama, apoyando la cabeza del lobo negro sobre mis rodillas mientras la sujetaba con dulzura entre mis manos. Nada más sentir el contacto de mi fria piel, noté como el animal se relajaba y como, del mismo modo, yo lo hacía un poco también. Estábamos hechos para estar juntos por lo que mi presencia le tranquilizaba, pero seguía con dolor y totalmente asustado. Comencé a acariciarlo de la manera que sabia que le gustaba y relajaba al tiempo que intercambiaba una mirada fugaz con Luke. Estaba haciendo un buen trabajo, pero decidió salir una vez más de la habitación. No tenía ni idea de a por qué iba esta vez, pero esperé en silencio, acariciando al animal con todo el cariño que aun quedaba en mi cuerpo y sin motivo aparente para mi, su temperatura corporal empezó a subir ligeramente, lo que interpreté como buena señal por toda la sangre que había perdido.

Luke volvió con un libro en las manos y no lo miré hasta que volvio a dirigirse a mi. Estaba demasiado concentrada en la respiración de Helheim. Mis manos blancas como la nieve se paseaban por su pelaje negro y, como siempre, el frio de mi tacto no parecía importarle, pero me estaba doliendo demasiado verlo así. EL chico buscó una página en el libro que había traido y se dirigió a mi. No dije absolutamente nada, me limité a echar un vistazo rápido al libro en la parte que decía cual era el hechizo y como usarlo. Fue apenas un segundo. Separé una de mis manos del pelaje del lobo que gruñó ante la ausencia. Saqué la varita y sin pronunciar palabra, la paseé por encima del cuerpo del animal, pasando más despacio sobre la parte herida. El mundo desapareció a mi alrededor a mi manera de verlo. No había nada más para mi que nosotros tres en aquella habitación y mi concentracion estaba toda en el hechizo que estaba realizando. Cerré los ojos para que la imagen de la herida y el charco que se había generado en las mantas no me distrajese y pasé la varita sobre el lobo una y otra vez mientras mi otra mano seguía acariciándolo. Poco a poco, en mi mano, empecé a sentir como su pulso se estabilizaba y volvía a subir su temperatura. Abrí los ojos y la herida estaba casi cerrada del todo.

- Por suerte no fue una bala- dije soltándo un suspiro después de mis palabras cuando ya la herida estaba cerrada del todo. El pobre animal estaba agotado. Me agaché sobre su cabeza, sintiendo muy de cerca todos sus signos vitales. Eran pausados y débiles, pero lo bastante poderosos para saber que por la mañana estaría mucho mejor.- No sé como agradecértelo- dije levantando la mirada hacia Luke, que seguía allí. Mis ojos seguían rojos y probablemente mi aspecto fuese el de un depredador que se acaba de cobrar varias jugosas presas, pero mi expresión era la de una persona preocupada, una niña triste que había estado a punto de perder lo único que le importaba.

Me habría gustado abrazar a Luke, pero no sabía si debía. No sabía si se sentiría cómodo con esa muestra de cariño viniendo de una desconocida que acaba de matar a dos personas y podía hacer lo mismo con él. Bajé la mirada, triste, hacia mi lobo, acariciándolo todavía. Tendría que hacerle una poción para evitar infecciones.
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Invitado el Dom Mayo 24, 2015 3:43 am

Las personas llegan a nuestras vidas por una razón y esa razón es que debemos aprender algo de ellas, algo que todavía no sabemos o no hemos perfeccionado por lo que al conocerlas sentimos esa necesidad de escuchar, sentir y compartir para que así el aprendizaje sea más llevadero, o al menos esa era la idea que el rubio tenía en la cabeza, aunque de momento no supiese que tendría que aprender aquella mujer. Por un momento sintió bastante lastima del lobo pero también de la chica, aquella mujer, vampira, maga que estaba sentada en su cama sentía mucho más que muchas otras personas normales que el chico había conocido en su ida, sentía por su amigo, un animal, una relación de lo más noble a su parecer, que poniéndose en su lugar imaginándose esa misma situación con cualquiera de sus mascotas lo entristeció.

El chico dio un suspiro de alivio al ver como el hechizo sanador del libro de su abuela había funcionado, por un momento pensó lo pero pero gracias a Merlin aquello había funcionado. El chico se sentía bien consigo mismo por haber sido capaz de ayudar al animal porque aunque no fue él quien conjuró el hechizo si fue quien tuvo el semblante frío y sereno como para reaccionar y buscar la solución más lógica. El le sonrió al escucharla decir lo de la bala, dándole la razón en su interior ya que sabía que de haber sido una bala aquello hubiese acabado de otro forma totalmente diferente el animal no podría haber sobrevivido. Se sentó en el piso algo alejado de la cama y cerca de la puerta no por miedo o para tener la salvaguarda de poder huir porque sabía lo que era Emily y sabía las capacidades que podían tener quienes eran como ella así que salir corriendo escaleras abajo solo sería un esfuerzo físico para él, -No tienes que darme las gracias, no podría haberlo dejarlo allí malherido- se limitó a decir acurrucándose un poco. Empezaba a tener frío pero necesitaba tomarse unos minutos para poder digerir aquello que le había pasado.

Se levantó y se acercó a la cama, mirando al lobo de pelaje negro que ya estaba mucho mejor, la respiración la tenía más calmada y parecía que le dolor estaba casi extinto, -Será mejor que os quedéis un poco más para que pueda descansar- le dijo sin mirarla a los ojos. Aquellos ojos rojos penetrantes que le atemorizaban solo de pensar de lo que podía ser capaz de hacer, dándose cuenta de las pintas que llevaba, dejando claro la suerte que habían corrido los dos cazadores.

El chico salió de la habitación y bajó a la cocina, sin hacer mucho ruido, aunque sabía que la mujer que estaba en su cuarto lo estaba oyendo absolutamente todo, abrió un par de muebles y cogió dos boles que, en uno puso agua y en el otro abrió un par de latas de carne en conserva que tenía guardadas para los pocos días que le quedaban allí, cogió un paquete de cereales y subió de nuevo a la habitación y dejó ambos cacharros en el suelo cerca de la cama, -Cuando descanse un poco debería de comer algo- dijo con el tono serió.

El chico ya no estaba tan preocupado, ya el lobo parecía estar mejor y seguramente se recuperaría del todo pero aún así seguía con la duda en su cabeza sobre el porque aquellos hombres los habían atacado. Cogió su manta de Batman y se volvió a sentar en la esquina que estaba antes tapándose con ella y empezando a comer de la caja de cereales, sabía que invitar a la mujer era una estupidez pero aún así le hizo un gesto con la caja por si quería coger algunos, al ver que negó con la cabeza siguió comiendo el, en silencio, mirando a la cama y al pecho del lobo como respiraba.

-¿Por qué nos han atacado?, ¿lo sabes?- decidió preguntarle al fin arriesgándose a que la mujer hiciera lo que el chico llevaba temiendo toda la noche, pero en lo que ya no pensaba tanto porque si de verdad quería matarlo lo habría hecho desde que lo vio en el bosque.
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Invitado el Lun Mayo 25, 2015 9:21 pm

Tengo que reconocer que soy una persona egoísta. Soy egoísta porque sé a ciencia cierta las desgracias que acarreo a las personas que me rodean y en vez de aislarme me dejo llevar por mi instinto humano e intento ser feliz. Aunque en el fondo de mi corazón sé que si quise suicidarme fue por algo, y que Alexandra no me lo permitiera no fue un acto de piedad, fue un castigo por lo que yo le había hecho a ella. Pero mi instinto social desaparecía cuando alguien que de verdad me importaba sufría...por suerte no había nadie, salvo Helheim. Me había encargado de vengarlo. Me había encargado de terminar con la vida y fortuna de aquellos que le hirieron...pero tendría que terminar conmigo misma para ponerlo del todo a salvo y eso era algo para lo que ya no tenía valor suficiente. Sin embargo, Luke tenía la templanza necesaria para no dejarse llevar por la ira y el odio. Él un chico que no me conocía de nada, había cogido a mi mejor amigo en brazos, lo había puesto a salvo y lo había curado, o al menos sabía sabido lo que hacer para conseguirlo. Daba igual lo que dijera, le estaría eternamente agradecida.

Sonreí a sus palabras, mirándolo mucho más calmada que cuando había entrado por la ventana. Asentí en silencio mirándolo cuando se acercó a mirar al lobo. Luke no me miraba a mi y lo entendía. Debía de dar bastante miedo... Luke salió de la habitación y yo me quedé allí en silencio, pendiente de la respiración del lobo que estaba totalmente calmado con su cabeza sobre mis piernas, llenándolas de pelos, como debía ser. Sonreí calmada, sin que nadie me viera pensando en la suerte que había tenido de que Helheim nunca se equivocase al juzgar a la gente.

El chico volvió a entrar en el dormitorio cargado con dos cacharros, uno con agua y otro con carne, y un paquete de cereales para él.- Tienes razón- dije a su afirmación y vi como se envolvía en una manta y se ponia a comer cereales. Sonreí y negué con la cabeza cuando me ofreció. Yo no comía eso, él probablemente lo sabía, pero fue todo un detalle que me ofreciera. Al verlo envuelto en la manta de batman y con sus cereales, me dio una idea. Apunté con la varita al lobo y a su alrededor apareció una calentita manta que le ayudaría a descansar más cómodamente. Al sentirla sobre él, Helheim olfateó hasta encontrar mi brazo y me dió un lametazo de agradecimiento. Sonreí de nuevo mirándolo y suspiré, dejando salir todo lo malo que se había apoderado de mi esa noche. Me apunté a mi misma con la varita y una nueva ropa apareció sobre mi cuerpo, la sangre desapareció y mis ojos comenzaron a volverse marrones poco a poco. Ya no tenía ni pizca de hambre y ahora que mi amigo estaba a salvo, tampoco tenía rabía. Todo iba recuperando su lugar.

Escuché la pregunta de Luke y me mordí un labio con tristeza- Es por mi culpa- confesé con cierto cansancio en la voz- Los vampiros nos hemos vuelto una criatura de élites al parecer. Algunos nos quieren de mascotas, otros coleccionan colmillos- dije con resignación y algo de asco. No tenía nada en contra de los vampiros, ni lo tenía cuando era humana. El amor de mi vida había sido un vampiro y nada ni nadie la sustituiría jamás. Pero siempre había odiado a los que consideraban a otros seres vivos como premios u objetos.- Las vampiresas al parecer somos más raras y difíciles de conseguir. Y si tenemos sangre mágica ya es como si te tocase la lotería. Supongo que me habían visto y me buscaban...todo esto es culpa mia. Lo siento muchísimo, Luke. Tú no tenías porque haberte visto envuelto en esto.- dije mirándolo con mi expresión más humana sin dejar de acariciar al lobo- La mayoría de los cazadores ni siquiera saben a que se enfrentan realmente cuando van por un vampiro...y las vampiresas somos mucho más territoriales y por lo tanto más peligrosas...eso les encanta- dije con asco. No me gustaban los hombres, pero cuando intentaban matarme me gustaban mucho menos.

- Cuantos años tienes Luke?- le pregunté con tranquilidad. Quizás la pregunta más normal había sido si aquella era su casa o la había allanado, pero lo que verdaderamente quería saber era su edad. Quería saber si todavía era un alumno como yo suponía y como era la vida en Hogwarts ahora, si es que ese era el colegio al que iba.
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Invitado el Mar Mayo 26, 2015 1:34 pm

El chio se había sentado en el mismo lugar de antes, rodeándose con la manta de Batman y el paquete de sus cereales favoritos, aquella imagen debía de ser muy divertida y un tanto descabellada porque aunque el chico sabía perfectamente lo que era Emily ya no estaba tan nervioso o temeroso como antes, estaba más relajado, y fue el ver como ella cuidaba del animal lo que hizo que el chico calmase su temor de ser asesinado a manos de una criatura despiadada y mortal aquella noche, ese acto de generosidad y preocupación por parte de la castaña al envolver al lobo en una manta fue lo que hizo que el chico viese a la mujer más humana que aquellos desalmados que lo habían herido de gravedad.

Aquella pregunta salió de sus labios casi sin voluntad pero con mucho intereses por conocer la respuesta, como si en lo que dijese la chica el rubio fuera a encontrar la cura a todos los males, así de interesado estaba, pero intentaba no acelerarse al escucharla decir por primera vez aquella palabra, la palabra que definía su condición, despojándolo de lo humano que el chico veía en ella por un momento pero sin preocuparse porque como ya había pensado antes, si ella hubiese querido matarlo ya lo habría hecho. Por un momento sintió autentica lastima de la mujer, en sus palabras notó rencor y asco, pero también un dolor y un sufrimiento que el chico nunca había sentido y esperaba no sentir nunca, un sentimiento de soledad al ver como el mundo te repudiaba y a la vez te codiciaba por pura materialidad, por puro capricho. El chico seguía comiendo los cereales mientras la mujer le explicaba, haciendo que su interés creciera más por cada palabra que ella decía.

Dejó de comer con su pregunta y tragó, por un momento dudó si contestar, no por nada malo si no porque no había entendido muy bien la pregunta, o tal vez él no estaba familiarizado con aquellas situaciones y esa pregunta era de lo más normal cuando salvas a la mascota de una vampiresa de dos cazadores, -Tengo diecisiete años- contestó de forma rotunda sin dar rodeos en la respuesta y con el tono algo confundido, y entonces se interesó mucho más por saber el porque de esa pregunta, pero decidió hacer otra diferente, tal vez por cambiar de tema o porque de lo que estaban hablando antes le interesaba más, y aunque pensó en preguntarle a ella también su edad, no quería ofenderla y que lo dejara seco así que prefirió no tentar a su suerte, -¿Crees que mandarán a otros?- preguntó dejando el paquete de cereales en el suelo, -Es decir¿ eran dos sujetos específicos, o forman parte de una organización furtiva?- no puedo evitar sentirse como un autentico imbécil cuando escuchó la pregunta que le acababa de hacer, se había leído muchos libros y cómics donde aparecían personas parte de una organización que tenían fetiches con seres u objetos, y por un motivo u otro lo relacionó con esa situación que acaba de vivir.

El lobo se despertó justo en ese momento con un quejido y sacando la lengua, no llevaban mucho tiempo hablando pero si había pasado al menos una hora desde que habían llegado a la casa. El chico se levantó y cogió el cacharro del agua para ponerlo en la cara frente al animal por si quería beber, sonriendo al ver como sacaba la lengua para empapáserla en el cacharro, -Parece que está mejor- dijo volviendo a su sitio haciendo unos movimientos extraños para volver a meterse bajo la manta. La noche era bastante fría, y teniendo en cuenta que estaban en invierno al rubio no le sorprendía nada.

Volvió a mirar a Emily esta vez a los ojos, llevándose la sorpresa de que los tenía marrones de un oscuro intenso que se hacía notar con la poca luz que había en el lugar, volviendo a surgir en su cabeza la misma duda que antes, -¿Y tu cuantos años tienes?- le preguntó volviendo a llevarse unos cuantos cereales a la boca.
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Invitado el Jue Jun 11, 2015 9:46 pm

Supongo que aquella situación no debía ser nada convencional para Luke. Estar en una habitación, comiendo cereales mientras sobre la cama hay una vampiresa que acaba de matar a dos personas y un lobo herido. Pero las mejores cosas de la vida pasan cuando haces cosas no convencionales, o eso me había empeñado en creer siempre. No estaba muy segura de que fuese capaz de llegar a considerar jamás las heridas de Helheim como un buen momento, pero quizás salía de allí algo bueno. Era el mismo lobo el que me recordaba cada día que no había mal que por bien no viniera.

Luke me preguntó por los cazadores y no pude evitar contestarle con toda la sinceridad del mundo. Quizás él no necesitaba saber esas cosas, quizás era más feliz en un mundo en el que se ignoraban ciertos detalles y la maldad del mundo se veía parcialmente oculta por un velo fino pero opaco... pero cuando vives así siempre acaban destapándote los ojos y la luz de la verdad te ciega tanto que al no saber reaccionar tampoco sabes sobrevivir. Supongo que todo lo que había visto en mi vida me había vuelto cínica. Intenté desviar el tema preguntándole su edad, pero en cuanto me contestó volvió a insistir en el tema. No sabía porqué pero no me apetecía demasiado explicar por qué alguien me perseguía y quería cazarme. Supongo que a los judios tampoco les gusta que les pregunten porque los nazis los odiaban. Aun así contesté con una sonrisa ante su pregunta medio conspiranoica- Confio en que sean solo dos individuos aislados. No quiero a los iluminati detrás de mi, la verdad- dije riendome un poco al final. No sabía si Luke conocía la existencia de los iluminati pero confiaba en que fuese lo bastante curioso para preguntarme si ese era el caso.- Como somos algo preciado, los cazadores no suelen compartir con otros las localizaciones de sus presas a no ser que necesiten ayuda para capturarlas. A estos dos se los veia lo bastante confiados como para no pedir ayuda así que no creo que tengamos visitas inesperadas, ni aquí ni fuera.- dije con plena certeza de que nadie me había seguido hasta allí. No había humanos en la tierra capaces de correr lo que yo y un vampiro no se aliaría con un furtivo. Sería su fin.

Mientras hablábamos el lobo reaccionó, sacando la lengua pero sin abrir del todo los ojos. Parecía que estaba realmente cansado así que lo miré con tristeza mientras veía del cuenco que Luke había traido. Lo cogí con la mano para que el chico pudiese volver a acomodarse y lo dejé en el suelo de nuevo cuando el animal sació su sed y volvió a caer en un profundo y calmado sueño. Podía oir su corazón...ni siquiera soñaba como otras tantas veces.- Sí, eso parece. Creo que ahora mismo solo necesita una buena siesta.- dije mirando al lobo con cariño sin haber parado de acariciarlo en ningun momento.

Levanté la mirada para preguntarle a Luke si aun estaba en Hogwarts cuando me topé con sus ojos mirándome directamente. Era raro para mi que un humano me mirase de una manera tan directa y sincera. Solían mirarme con miedo o atracción, o incluso ambas, pero lo que parecía predominar en su mirada en ese momento era curiosidad. Sonreí amplia y francamente a su pregunta- 24- dije con simpleza. Me imaginaba que el pensaría que quizás era mucho mayor. Quizás se imaginaba que tenía cientos de años bajo la apariencia joven que poseía pero...no. Había sido una chica que parecía mucho mayor de lo que era a los 17 años y en esa apariencia me había quedado. No era una mala edad para hacerlo la verdad, pero a algo en mi le habría gustado envejecer.- Vas Hogwarts?- pregunté sin poder contener más mi curiosidad- Yo fui a Hogwarts no hace tanto...-dije mientras apartaba la mirada con una expresión soñadora. Me acordaba de un montón de cosas vividas en el castillo, algunas parecían sueños y otras pesadillas. Recordaba a mis amigos, a Drake, a Fly, a Allie y sobre todo a Mel. Recordaba ir a clase de Ashley solo por verla ya que del mundo muggle ya sabía yo lo suficiente. Recordaba herbología, pociones y CCM con cariño, alegrandome de seguir ese camino que siempre había ido tanto conmigo. Y también recordaba la sombra del murciélago que me había hecho lo que soy ahora...

Lo miré esperando una respuesta. No sabía cuando tiempo había estado con la mirada perdida recordando, supongo que habrían sido segundos a pesar de la avalancha de recuerdos de mi cerebro...Pero acostumbrada a estar sola, una pierde la noción del tiempo cuando se sumerge en sus pensamientos.
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Invitado el Vie Jun 12, 2015 5:18 am

El chico esperó impaciente a que la mujer le contestase a su pregunta. Sentía mucha curiosidad por saber cuantos años tendría y en su cabeza empezó a recordar infinidad de películas de vampiros de la época del renacimiento o de la edad media, historias de amor y tragedias en las que el tiempo hacía mella en todo menos en ellos, una clara desventaja la inmortalidad desde su punto de vista, pero la respuesta que recibió no fue la que se esperaba, frunció el ceño entre extrañado y algo decepcionado, por el simple hecho de que todas las preguntas que se le habían ocurrido sobre la marcha de otras épocas se iban a quedar sin respuestas, se llevó unos cuantos cereales a la boca y escuchó la pegunta de la mujer y lo que decía luego viendo como se abstraía de la conversación seguramente recordando algo.

Un silenció inundó la habitación que el chico rompió después de unos pocos minutos, -Sí, estoy en mi último curso- dijo con sinceridad, no sabía muy bien porque pero se sentía seguro con Emily, no le daba malas vibraciones a pesar de ser lo que era, así que mentirle no era algo que ni se le pasase por la cabeza al muchacho, -¿Tu llegaste a terminar el colegio?- le preguntó, notando que aquello le había tocado la fibra sensible a al mujer, -Yo espero poder aprobar, no soy malo, pero hay asignaturas que me cuestan un poco como historia o pociones, soy un patoso mezclando sustancias, no sé como sigo de una pieza- empezó a comentarle para quitarle algo de hierro al asunto, notando como la chica seguía algo pensativa, ¿habría sido él con aquella pregunta tan inofensiva?. Se quedó callado y volvió a coger otros pocos cereales.

-¡¡Luke!!- oyó desde la planta de abajo, era su abuela que acababa de llegar preocupada por su nieto que no la había llamado aquel día, -Mierda se me olvidó llamar- dijo en voz baja dando un salto poniéndose de pie, -Vale, no hagas ruido o nos meteremos en un problema, vengo ya- le dijo a la chica cerrando la puerta a sus espaldas y bajando las escaleras.

-Abuela, ¿qué haces aquí?, estoy bien, solo se me olvidó llamarte, estuve practicando en el bosque y se me hizo tarde, y estoy cansado, de hecho iba a irme ahora a la cama- dijo fingiendo bostezando estirando los brazos, -¿Viniste sola?, con lo tarde que es, ¿te as a quedar?, hay bastante polvo, no he limpiado...- se calló de inmediato al ver que su abuela le estaba sonriendo, no sabía mentir muy bien pero a ella menos, -¿Que me estás ocultando muchacho?- le preguntó la anciana mirándolo con una sonrisa picara, -¿Yo?, nada, ¿qué iba a ocultarte?-, son imaginaciones tuyas- replicó, -Entonces, no te importará que suba, ¿verdad?- le repuntó dirigiéndose a las escaleras, -No, bueno sí, quiero decir, es que tengo el cuarto tirado y no quiero que lo veas así, ropa interior en la lampara, platos sucios por el piso, tengo que limpiarlo lo sé- le interrumpió el paso en las escaleras pero sin conseguir que dejara de avanzar y subiera, -Tonterías, estoy curada de espantos, apártate muchacho- le dijo siguiendo el camino hacía la habitación de su nieto, -¡¡Espera, no entres!!- le grito casi en susurros, haciendo la que mujer se diera al vuelta encarandosele, -Verás, estoy con alguien- le dijo haciendo que la anciana arqueara una ceja, el chico se llevó una mano a al nuca, -Bueno es...- no pudo acabar, -Así que estás con alguien ¿eh?- le dijo la mujer, -Ya decía yo que era raro que quisieras pasar aquí solo las Navidades-, la mujer se empezó a reír a carcajada limpia, -Bueno pues entonces no os molesto más, ¡¡Soy una abuela enrollada y liberal!!- dijo eso último alzando un poco la voz, -Espero que sea guapo- susurro, -Pero no te olvides más de llamar o la próxima vez vendrá tu madre a llevarte a rastras y no yo, esa mujer está empeñada en que vas a morir por todo, la edad no perdona a nadie ¿no?- dijo volviéndose a reír, dirigiéndose a las escalera, -Bueno me voy ya, que si no me pierdo mi programa, pasadlo bien y no te olvides de llamar- le dijo al chico bajando las escaleras y dando un portazo al cerrar la puerta de la casa de nuevo.

El chico se había quedado de piedra, no comprendía como lo había conseguido pero lo había hecho, evitó el desastre total a pesar de haberle tenido que mentir, a pesar de que no fuese así del todo, ya que fue la anciana quien se había creado su propio engaño. El chico suspiró aliviado y fue a su habitación abriendo la puerta, -Ya se ha ido, solo estaba preocupada, pero no se ha enterado, que...- paró de hablar al ver que ni Emily ni el lobo estaban ya en la habitación y la ventana estaba abierta con la cortina ondeando por el viento que entraba, -¿Emily?-.
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