Situación Actual
21º-14º // 5 octubre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Apolo MasbecthMejor PJ ♂
Circe MasbecthMejor PJ ♀
Alexandra B.Mejor User
Denzel S.Mejor roler
Ashanti ButtonMejor nuevo
Joshua EckhartMejor jugador
Sam & HenryMejor dúo
Eva WaldorfPremio Admin
Afiliaciones
Hermanas [2/4]
Expectro PatronumExpectro Patronum
Directorios [8/8]
Élite [36/40]
1zp6r0z.jpgSaint Michel UniversitéMagic WordsBelovedHogwartsExpectro PatronumExpectro PatronumExpectro Patronum
Redes Sociales
2añosonline

Break time. [Davina Abrasax]

Ben A. Winslow el Dom Mar 15, 2015 12:02 am

La vida del ministro no era nada sencilla, siempre con reuniones que atender, papeleo que firmar y visitas que hacer. Por suerte McDowell hacía la mayor parte del trabajo, más bien su ayudante, pero aun así resultaba tedioso tener que soportar con buena cara a los aurores y los defensores del bien. Si ellos supieran realmente lo que por mi mente pasaba. Muchos desconfiaban de mí por mi apellido, sin embargo pocos se atrevían a acusar a mi familia de practicar las artes oscuras.

Hoy no era una excepción, tenía que acudir a Las Tres Escobas a calmar los ánimos de varios comerciantes del pueblo. Querían mayor presencia de aurores, realmente sólo querían pedir y pedir sin tener en cuenta que mi tiempo era oro y lo estaba desperdiciando con esta panda de insulsos que no sabían defenderse ellos solos. En realidad el único motivo por el que había accedido a reunirme con ellos no era otro que tener la ocasión de ver a  mis hijas. Mi pequeña Ophelia cada día me sorprendía más, estaba demostrando su valía y mi orgullo no dejaba de crecer por ella. Por otro lado, estaba Davina, continuaba con sus grandes notas y demostrando ser más de lo que todos creían. Estar pendiente de sus logros resultaba complicado, ocultar su filiación no había sido fácil, pues en ciertos aspectos físicos se parecía a mí.

- Mañana mismo enviaré a la división de bestias para que investiguen estos altercados, pueden estar tranquilos, haré todo lo que esté en mi mano para que sus locales y sus clientes no sigan padeciendo estos extraños ataques. – Expuse con seriedad y calma, intentando apaciguar sus inquietudes y quejas constantes. Según los relatos, extrañas criaturas acosaban a algunos viandantes en la entrada de los locales. Ninguno de los relatos coincidía en cuanto a descripción de la criatura. Lo cual me llevaba a pensar que el alcohol les afectaba más de lo que creen.

Con esas palabras todos se dieron por satisfechos y no dudaron en retirarse a sus respectivos locales agradeciéndome mi compromiso para con ellos. Si no es porque mis hijas acuden a este pueblo prácticamente todos los fines de semana, me importaría un pepino lo que pasara en estos parajes.

Las calles estaban casi desiertas, apenas un par de alumnos y algún adulto con destino fijo. Mi destino no era otro que pasear por el pueblo con la esperanza de encontrarme con mi pequeña Ophelia, esperaba hubiera accedido a encontrarnos, pues no había recibido respuesta a mi carta.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Keanu Reeves
Edad del pj : 46
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : Lord Voldemort
Mensajes : 84
Puntos : 42
Ver perfil de usuario

Davina Abrasax el Dom Mar 15, 2015 1:05 am

El fin del invierno comenzaba a alejarse, y yo me alegraba de eso. Me gustaba el invierno, el paisaje cubierto de nieve y el lago congelado eran cosas preciosas de ver, pero el frío no es nada agradable. No echaría de menos tener que abrigarme con cinco capas de ropa para poder salir del castillo sin sentir como si el frío tomase la forma de afilados cuchillos que se me clavaban en los huesos. Prefería la primavera, con temperaturas normales no muy cálidas pero no frías, y pronto llegaría esa estación. Y después llegaría el verano, y después mi último curso en Hogwarts. No estaba muy preocupada por los Éxtasis, había estudiado suficiente en todos estos años como para estar segura de que los aprobaré. No soy arrogante, solo me conozco muy bien y sé que no tengo nada de qué preocuparme, así que estresarme en vano como están haciendo los demás me parece estúpido. Lo único que me estresaba era decidir a qué me iba a dedicar cuando me graduase dentro de un año. Tengo que ir a la universidad, obviamente, ¿pero a estudiar qué? ¿Cómo pretenden que escoja una sola cosa? Es imposible.

Había decidido tomarme el día completamente libre y no pasarme ni por un segundo a la biblioteca a estudiar. Me gusta adquirir todo el conocimiento que se pueda tener, pero convertirme en una rata de biblioteca no es precisamente mi mayor ambición. Necesito salir, que me de el aire, estirar las piernas, relajarme... Y, precisamente porque quiero relajarme, fui sola a Hogsmeade. Dejé a mis amigos y a mis amigas atrás, pues últimamente Hogwarts para e ser el reino del Drama en vez de una escuela de magia y hechicería. Que tengan sus líos y sus broncas ellos solos hoy, yo pensaba pasar una tarde tranquila.

Iba caminando tranquilamente por el pueblo, con las manos metidas en los bolsillos de mi chaquetón de invierno para mantenerlas en calor, pues me había olvidado los guantes. Iba algo distraída cuando de pronto alguien me llamó, y suspiré fastidiada al reconocer esa voz masculina que me llamaba por detrás. Se trataba de Gregory, un Gryffindor de séptimo curso que es más pesado que un saco de harina. Tenía la costumbre de ligar con todas las chicas que le parecían guapas, y me habría sentido halagada de no ser porque el chico también tenía la mala costumbre de que cuando le decías "no" le entraba por un oído y le salía por el otro. Yo ya le había dicho que no mil veces, y con razones de peso. Gregory era alto, fuerte, increíblemente atractivo... y tenía el cerebro más pequeño que un guisante. El coeficiente intelectual de un Trol era superior al de Einstein comparado con este chico. Lo único que quería era que me dejase en paz, pero no parecía llegarle el mensaje al cerebro. Claro, su actividad cerebral no le da ni para eso.

Gregory insistió en pedirme salir con él. Le dije que no por las buenas. Insistió otra vez y de nuevo se lo dije por las buenas, aunque a regañadientes. Insistió una tercera vez e hice como que no le había oído y seguí caminando. El mensaje siguió sin registrarse en su cerebro, y el muy idiota me agarró del brazo para obligarme a girarme y mirarle a la cara. ¡Pues tendrá que ser por las malas!

-Vamos, Davina, no seas así...- me dijo con una sonrisa que me hizo querer partirle la cara. Pero me guardé la violencia física para otro momento, e hice algo mucho mejor: saqué mi varita y le apunté con ella.

-¡Que me sueltes, pedazo de orangután retrasado!- exclamé ofendida, y un hechizo le mandó volando unos veinte metros hacia atrás. Se estrelló de espaldas contra el suelo y yo tenía la intención de girarme para marcharme de allí con la cabeza muy alta y muy digna, pero en ese momento me fijé en que Gregory había caído justo en la esquina de la calle precisamente en el momento en el que un hombre de mediana edad iba a girar esa esquina, aquí que Gregory había caído de manera muy estrepitosa y humillante a los pies de ese hombre. Bajé mi varita y miré al hombre, quien me sonaba muchísimo de algo... y caí entonces en la cuenta de que era nada más ni nada menos que el mismísimo Ministro de Magia, Benjamin Winslow. Un poco de color acudió a mis mejillas, pero no de vergüenza sino de rabia dirigida hacia Gregory, que seguramente acababa de hacer que yo pareciese una bruta a ojos del hombre más importante del mundo mágico en el Reino Unido.- ¡Perdón!- me disculpé con el hombre, y me sentí agradecida de no haberle tirado a Gregory justo encima. Le lancé una mirada a Gregory que parecía la de un basilisco; si los ojos pudiesen matar, los míos en ese momento lo habrían hecho. Gregory intentó levantarse, pero le dolía demasiado el culo y se quejó.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Marie Avgeropoulos
Edad del pj : 18
Ocupación : Estudiante para inefable
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 760
Lealtad : Indecisa
Mensajes : 174
Puntos : 99
Ver perfil de usuario

Ben A. Winslow el Miér Abr 01, 2015 1:16 am

Ojalá fuera siempre tan fácil librarse de sus quejas. Decir una frase concisa y todos contentos. Sin embargo era un tema que tenía cierta importancia para mí, mandaría a Brad Forman personalmente a investigarlo. No iba a arriesgarme a que mis hijas sufrieran algún daño. No, desde luego que no. Aunque todo me indicaba que era causa de algún efecto secundario del alcohol, o a saber si directamente tomaban sustancias psicotrópicas. Otro tema que debía tratar con Odiseo Masbecth.

La oveja negra de los Masbecht había causado demasiados estragos en el castillo. Muchos padres se habían quejado de su oleada de lechuzas ofreciendo drogas a alumnos, incluso la revista corazón de bruja se había hecho eco de ello, o eso me comentaban los ofendidos. Aunque el más indignado a la hora de expresar esta cuestión fue el elfo doméstico, Lrog. Ese pequeño despojo había planeado capar a Odiseo por su ofrenda a mi pequeña.  Merecía una buena reprimenda por tremenda osadía, aunque no podía negar que en parte llegué a pensar hacerle lo mismo.

Las calles de Hogsmeade estaban más bien desiertas, partiendo del hecho que las condiciones climáticas no acompañaban. Hacía frio, mucho frio. Por eso me coloqué bien el abrigo, metí las manos en los bolsillos y comencé a andar. Con paso tranquilo y firme, mirando a mi alrededor en busca de mi pequeña Ophelia. Si bien no había respondido a mi carta, estaba seguro de que las probabilidades de encontrarla en este lugar eran muchas. Bastante altas.

Doblé una esquina y un cuerpo cayó a mis pies. Extrañado miré al joven que se debatía en un intento de levantarse. Simplemente lo miraba, desconcertado. ¿De dónde ha caído? Será de esos tan idiotas que pierden la escoba en pleno vuelo, pues no tendría sentido de otro modo. Cuan errado me hallaba, pues una voz dulce me hizo elevar la vista y observar a la joven que se presentaba ante mí. Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro, una sonrisa que podría mal interpretarse por terceros, sin embargo para mí tenía un fin claro. La verdad era que ante mi estaba mi hija, Davina. Ya no era tan pequeña ni tan indefensa.

¿Por qué pides perdón? – Pregunté sin más, aunque esa mirada que cruzaron el muchacho que descansaba a mis pies y ella me dio una ligera pista de los motivos. – Cuándo una dama como usted lanza a un joven como éste por los aires, siempre hay un buen motivo. Nunca debe disculparse por ello. – Comencé a hablar, dedicándole una sonrisa a la joven y mirando con más detenimiento al joven. No me resultaba conocido, lo cual me hacía descartarlo como un posible amigo de mi otra hija. – ¿Alguno de los dos podría contarme que ha ocurrido exactamente? No me gustaría tener que verlos a ambos en el tribunal de Wizengamot por realizar magia fuera de Hogwarts. – Dije con un tono cercano, más que nada por tener ante mí a Davina.

Seamos sinceros, de no ser porque era mi hija me importaría un comino lo que pasara. Es más, quizás les lanzara un obliviate después de divertirme un poco a su costa. El obliviate era uno de los hechizos que más me gustaban realizar. Teniendo en cuenta que trabajé unos años como desmemorizador, lo dominaba a la perfección.  

Me fijé de nuevo en el rostro del muchacho, esta vez memorizándolo bien. Fuera lo que fuera que me contaran, nada iba a quitarme el placer de vérmelas después con este mequetrefe que osaba encarar a una de mis hijas. Debía aprender a respetar a las mujeres, pero sobre todo a no jugar con una Winslow, aunque nadie lo supiera.

avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Keanu Reeves
Edad del pj : 46
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : Lord Voldemort
Mensajes : 84
Puntos : 42
Ver perfil de usuario

Davina Abrasax el Lun Abr 06, 2015 8:34 am

Al final había acabado lanzando a Gregory por los aires, y es que se lo tenía bien merecido. Le habría hecho más de haber podido, pero aquel no era ni el lugar ni el momento adecuado. Lo que no tenía previsto era que el mismísimo Ministro de Magia, al que reconocía de ver su rostro en el Profeta día sí y día también, pasase justo por ahí y que Gregory casi le cayese encima. Menos mal que se cayó delante, y no encima, o yo habría muerto de la vergüenza. Le pedí perdón al hombre, pues no sabía qué más decir, y quería dejar claro que no le había tirado a aquel idiota encima aposta. El ministro Winslow miraba a Gregory un tanto desconcertado, y a mí me sonreía. Aquello me desconcertó a mí, pero no lo dejé ver en mi rostro. Mi expresión ya estaba demasiado ocupada dejando ver lo enfadada que estaba con Gregory por todo el numerito. Sonreí de medio lado cuando escuché lo que me decía el ministro. Parecía menos severo ahí en persona que en las portadas de los periódicos, donde parecía un hombre frío, severo y distante.

-Le pedía perdón por casi tirarle encima a semejante despojo de la naturaleza encima, no por la acción en sí- aclaré entonces con la cabeza bien alta. Mi tono no era prepotente, pero dejaba claro que yo era una persona segura de lo que hacía y de lo que quería. Quería quitarme a Gregory de encima y lo había conseguido, así que efectivamente el "perdón" no era por eso, sino por casi golpear al Ministro con su cuerpo de retrasado. Sin saber por qué realmente le devolví la amable sonrisa al ministro.

Gregory nos miraba a ambos como si se le fuese a caer el alma a los pies o como si quisiese que la tierra se lo tragase. ¿Habría reconocido al ministro? Espero que sí, porque si no lo pasaría menos mal y con menos vergüenza. Pero juzgando por su expresión de animalito indefenso acorralado por perros viciosos y sanguinarios, parece que sí que le había reconocido. Abría y cerraba la boca constantemente, como un pececillo fuera del agua, incapaz de formular frases coherentes. Me sentí bien por haberle puesto en aquella situación, a pesar de que yo podría haberme metido en problemas también por haberle mandado a freír puñetas con la varita. A veces yo parecía Slytherin en vez de Ravenclaw.

El ministro exigió una explicación a lo que acababa de suceder. Abrí los ojos con sorpresa cuando me di cuenta de que, efectivamente, había hecho magia fuera de Hogwarts. ¡Se me había olvidado! Entrecerré los ojos y volví a fulminar con la mirada a Gregory. Debería haberle dado un buen puñetazo en toda la cara. Yo estaba punto de comenzar a hablar para responder a la pregunta del ministro cuando de repente Gregory me señaló con el dedo cuán niño de parbulitos.

-¡Ha sido ella, está loca!- exclamó, intentando defenderse a sí mismo, pero lo único que consiguió fue quedar como un cerdo. Volví a fulminarle con la mirada. ¡Será cabrón!- Yo sólo quería hablar con ella.

Tenía suerte de que estuviésemos en pleno Hogsmeade y de que el adulto delante de nosotros fuese el ministro de Magia y yo no quisiese quedar mal ni meterme en problemas, porque si no le habría volado por los aires en ese preciso momento y tendrían que mandarle los restos diminutos que quedasen de él a su madre en una caja de pino.

-Dudo mucho que el ministro tenga tiempo para escuchar tus mentiras infantiles, Gregory- dije entonces con un tono calmado pero serio y amenazador. Gregory me miró ofendido, pero al final bufó y se dio media vuelta para comenzar a marcharse de allí. Miré entonces al ministro.- Le pido disculpas. Estoy segura de que no tiene tiempo como para perderlo siendo testigo de semejante subnormalidad adolescente- dije apenada. A nadie le gusta que la primera vez que ves a alguien tan importante sea en circunstancias poco deseables. Sí conoces al ministro debería ser en algún sitio o evento importante, no porque has tenido una pelea en plena calle y le has tirado a un idiota encima. Guardé mi varita en mi bolsillo.- Se me había olvidado que Hogsmeade también está incluido en la norma sobre no hacer magia fuera de Hogwarts, disculpe- he visto a mucha gente metiéndose en líos por eso. A veces los del Ministerio tenían un palo muy largo y muy grueso metido por el culo.

Y ahora que lo pienso, ¿que hace el ministro en Hogwarts? Seguro estaría esperando a ver a alguno de sus hijos, o a los dos. El profesor guapo de Herbología era su hijo mayor, y O., la popular chica de Slytherin, la menos. No les he visto saliendo del castillo, pero a lo mejor vendrían después. O a lo mejor el ministro estaba allí por asuntos del Ministerio. Después del ataque que hicieron los mortífagos hace meses no es raro ver a muchos trabajadores del Ministerio por aquí.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Marie Avgeropoulos
Edad del pj : 18
Ocupación : Estudiante para inefable
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 760
Lealtad : Indecisa
Mensajes : 174
Puntos : 99
Ver perfil de usuario

Ben A. Winslow el Lun Abr 13, 2015 11:49 am

La situación no podía ser más extraña. Ver a mi hija enfrentándose a un chico cualquiera, lanzarlo por los aires y que sorprendentemente caiga a mis pies…digno de una película. Aunque esto era la realidad, y como tal no podía ser de otro modo que una mera casualidad. Unos segundos antes y me hubiera caído encima, o unos segundos después y me los podía haber encontrado duelándose. Suerte para el chico que no fuera esa última opción. Si no lo pasaría muy, pero que muy mal. Mentiras, de todos modos lo iba a pasar mal.

Su rostro se había grabado en mi mente, más tarde iría a dar con él, lo buscaría por Hogsmeade y le haría arrepentirse de cruzarse en el camino erróneo. Nadie iba a agredir a mis pequeñas y salirse con la suya. Vamos que no.

Por otra parte, era la primera vez que me encontraba con Davina frente a frente, escuchando su voz dirigirse a mí. Un momento tierno para muchos, para mí uno de los mejores momentos que había vivido. Hablaba con seguridad, lo cual decía mucho de su forma de ser. Para criarse con muggles no tiene un carácter débil ni se achanta ante una autoridad. Me gustaba eso de ella. – Sus palabras dicen mucho de usted, y de estar en lugar de este joven, temería volver a encontrarme en su camino, señorita. – Dije ignorando por completo la presencia del joven.

Poco tardé en hacer una pregunta más concreta, quería conocer que había sucedido realmente y nada mejor como preguntar  para salir de dudas. ¿Qué podría decir que me disgustara? Nada, si había empezado ella me sentiría orgulloso y si sólo se había defendido también. El único que saldría mal parado era el joven palurdo que a mis pies se encontraba.

Contuve la risa y mi rostro no reflejaba nada ante la situación. Que el tal Gregory no tardara ni dos segundos en eludir su culpa demostraba su carácter débil e insignificante. El mundo estaría mejor sin él, no me cabe duda. Tampoco es que supiera qué había ocurrido entre ellos, sólo necesitaba saber que mi pequeña Davina no se encontraba a gusto con ese chico. Era razón más que suficiente para no creer ninguna palabra que dijera el chaval. Davina no tardó en fulminarlo con la mirada y comenzó a disculparse de nuevo. Negué con la cabeza sutilmente.

- No crea señorita. No podía haber tenido mejor testigo, evitaremos el papeleo propio del departamento de uso indebido de la magia con una simple carta mía. Aunque deberá relatarme exactamente qué ha ocurrido aquí. – Carecía de sentido todo el paripé, mi insistencia no era otra que conocer la verdad y de paso pasar más tiempo con ella. – Ya que su compañero ha decidido huir cual comadreja, lo cual habla en su contra, está en sus manos evitar acudir al ministerio. – Añadí señalando a Gregory, que ya se había apartado unos dos metros de nosotros y seguía corriendo.

- Claro está que Hogsmeade no es parte de Hogwarts, de ser así no podría estar ni yo aquí. – Dije con tono burlón, intentando sacarle una sonrisa y ganar algo de confianza. – Si me permites y para endulzarle un poco la tarde, me gustaría invitarla a un té, así se relajará un poco y podrá contarme con mayor detalle. – Mi tono de voz no cambió en ningún momento. Siempre impasible. Aunque en mi interior los nervios me dominaban, nervioso estaba por caer bien a mi hija, por poder tener un contacto directo con ella. Sería más fácil si Ophelia y ella se conocieran, pero algo me decía que mi otra hija no se relacionaba demasiado con los que creía sangresucias.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Keanu Reeves
Edad del pj : 46
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : Lord Voldemort
Mensajes : 84
Puntos : 42
Ver perfil de usuario

Davina Abrasax el Miér Abr 15, 2015 5:26 pm

No era una persona que soliese avergonzarse por las cosas, pero sí que me avergonzaba que me encontrase una de las personas mas importantes del mundo mágico del Reino Unido en una situación tan patética como en la que estaba ahora. Todo era culpa del idiota de Gregory por no entender lo que significaba la palabra "no". Y ahora aquí estamos, dándole explicaciones al mismísimo Ministro de magia. Bueno, yo le estaba dando explicaciones, Gregory simplemente se dedicó a quejarse cual niño pequeño para después salir corriendo. Patético. Me disculpé con el Ministro, obviamente, pero el hombre dijo que no debía disculparme. Sus palabras me sorprendieron, y me halagaron también. Había en su voz cierto toque de... ¿era eso orgullo? Qué tontería, no podía ser, ¿por qué estaría orgulloso? A no ser porque ve que algunas de las brujas de la nueva generación no somos completas inútiles, al contrario que algunos de los nuevos magos.

Me disculpé de nuevo porque la actitud de Gregory me estaba dando vergüenza ajena, porque él estaba quedando mal. Niñato idiota. Me iba a meter en problemas por culpa de él seguramente, pues me había hecho perder los papeles y los del Ministerio suelen ser muy estrictos con los casos de menores haciendo magia fuera de Hogwarts... Aunque la ley dice que se puede hacer magia para defenderte. Esto cuenta, ¿no? Por suerte no tuve que pensar mucho en aquello ni permanecer enfadada, pues las palabras del Ministro de nuevo me tranquilizaron. Aunque su expresión no dejaba ver emoción alguna, y su pose y aura eran de los más intimidantes y poderosas, estaba resultando ser un hombre muy amable... O al menos lo parecía ahora mismo. Me sorprendía aquello, pero a la vez lo agradecía. Hice un pequeño gesto de agradecimiento con la cabeza, acompañado de una sonrisa.

-Muchas gracias, es usted muy amable- la educación ante todo, si no me iba a meter en problemas lo que hay que hacer es no dar razones para que cambie de opinión. Gregory, sin embargo, sí que parecía que iba a meterse en problemas...

Había tenido el pequeño lapsus mental de pensar por un momento que Hogsmeade estaba excluido de la norma que decís que no se podía hacer magia fuera de Hogwarts. Al darme cuenta de lo estúpido que era aquello casi quise darme un golpe en la cabeza, pero me contenté con simplemente poner los ojos en blanco y poner cara de "¡obvio!". Sonreí un poco entonces y algo de color acudió a mis mejillas, como siempre que me daba cuenta de que me había equivocado en algo.- Ya, eso es cierto...

Si pensaba que el ministro había dejado de sorprenderme, estaba muy equivocada. De repente me invitó a un té, diciéndome las razones que tenía para ello, y le miré mientras alzaba las cejas. Vaya, esta salida a Hogsmeade sí que está tomando giros inesperados. ¡Té con el ministro de magia! Aquello podía ser interesante, y quería aceptar. Pero a la vez no, porque estoy segura de que el Ministro de magia tiene mejores cosas en las que perder su tiempo... Pero a la vez tampoco creo que ese sea el caso, ya que si estuviese ocupado no me habría invitado. Además, era descortés rechazar una invitación de un superior, y por otra parte mi naturaleza extremadamente curiosa me prohibía decir que no. Le sonreí de manera encantadora.

-Acepto, muchas gracias- dije con tono de voz muy seguro, y caminé hacia adelante para acercarme más a él. Cuanto más cerca, más imponente resultaba. Había algo curioso en él, pero no sabia el qué...
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Marie Avgeropoulos
Edad del pj : 18
Ocupación : Estudiante para inefable
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 760
Lealtad : Indecisa
Mensajes : 174
Puntos : 99
Ver perfil de usuario

Ben A. Winslow el Mar Mayo 05, 2015 11:03 pm

No todos los días uno se encuentra a su hija ilegítima lanzando por los aires a un chico que la molesta. Mucho menos literalmente hablando. Me enorgullecía ver esa actitud en ella, tenía más carácter del que tenía su madre. Aunque bueno, su madre aparte de guapa tenía pocas cualidades más, desde mi punto de vista. Es una simple muggle, eso ya resta demasiado, aunque suma puntos si estás algo desilusionado con tu mujer.

La situación no pintaba bien para el chico, con él me las vería más tarde, iba a saber lo que es sufrir de verdad. Iba a encargarme de que jamás volviera a molestar a mi pequeña. Ahora tenía que aprovechar la situación que ante mí se brindaba.  Poder hacer de mini héroe ante ella y ganar su respeto. Charlar con ella y conocerla un poco más. Es por ahí por donde deben empezarse las relaciones, un trato cordial y luego ya va entrando la confianza.

Sonreí cordial ante sus reacciones, primero por su forma de agradecer mis halagos y luego por cómo se disculpaba por olvidar que Hogsmeade no era lugar para hacer magia. Quizás era el hecho de crecer rodeada con muggles, la falta de un padre que le recordara donde podía o no usar magia. Quizás simplemente había sido un lapsus momentáneo, fuera como fuese no iba a repercutir en su imagen sobre ella. Aunque hubiera tenido la culpa, para mí era inocente de cualquier cosa. Tal como hacía con Ophelia. Son diferentes, sí, pero no quita que las trate por igual. Es decir, son mis pequeñas, siempre tendrán un trato especial por mi parte aunque Davina no sea consciente de ello.

Invitarla a un té fue algo difícil, me costó más de lo esperado además de encontrarme nervioso por formular esas palabras. Por parte de la chica se veía una determinación asombrosa, una seguridad en sí misma que podría achantar a cualquiera. Sonreí una vez más a Davina y caminé junto a ella hacia la tetería. Muchos la trataban como un lugar para parejas, sin embargo yo lo veía como el lugar perfecto para tratar temas de modo calmado y sin miradas extrañas desde la barra o aguantando al borracho de turno.

No tardamos en llegar, lo cierto es que estábamos más cerca de lo que cualquiera pudiera imaginarse. La campanita de la puerta sonó y una mujer corrió a recibirnos. –Buenas tardes, señor ministro. Acompáñeme. – Dijo con una amabilidad abrumadora y nos indicó donde sentarnos, una de las mejores mesas que había. – Tomaré un té verde con una cucharada de miel y dos gotas de limón. Además pónganos unas pastas. – Dije a la camarera y miré a Davina. - Puedes pedir lo que quieras. – Añadió sin perder la sonrisa. Cualquiera que viera la escena podría pensar que trataba de flirtear con ella, cuan descabellado podría ser eso.

- Por tu destreza con la varita, diría que estás en séptimo ya. Quizás me equivoque. – Comenté sin más para romper el hielo, no sabía por dónde podía empezar la conversación. ¿Cómo entablas charleta con una hija que no sabe que es tu hija?
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Keanu Reeves
Edad del pj : 46
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : Lord Voldemort
Mensajes : 84
Puntos : 42
Ver perfil de usuario

Davina Abrasax el Dom Jun 21, 2015 12:21 am

Me sorprendió mucho que el Ministro de Magia me invitase a un té después de aquel encontronazo tan extraño que habíamos tenido por culpa de Gregory, pero a pesar de mi gran sorpresa acepté. Era de mala educación rechazar las invitaciones, además de que no todos los días se tenía una oportunidad de charlar con el Ministro, uno de los hombres más importantes y poderosos de la comunidad mágica británica. Sentía mucha curiosidad, y había algo en aquel hombre que me extrañaba e inquietaba. Tal vez era el hecho de que casi no mostraba emociones. Tal vez era el hecho de que cuando lo hacía, su rostro mostraba una extraña mezcla entre nerviosismo y satisfacción. No entendía a qué se debía aquella sombra de emociones en su rostro, pero eran emociones que desaparecían tras pestañear fugazmente, como si nunca hubiesen estado ahí. Tal vez conseguiría interpretar mejor su expresión después de tomar un té y charlar un rato... y aunque no lo hiciese, tomar algo con el Ministro era mil veces mejor que estar merodeando sola por Hogsmeade con el frío que hace.

Caminamos juntos hacia la tetería del pueblo. Miré a ver si había alguien que conociese ahí dentro, o algún Slytherin. No estaba haciendo nada malo, pero era bastante fuera de lo común ver al Ministro tan tranquilo con una alumna de Hogwarts a la que acababa de conocer. Si yo perteneciese a una prestigiosa familia de magos pues a lo mejor aquello tendría más sentido, pues podría estar hablando conmigo sobre asuntos de la familia, esos asuntos que tratan entre ellos los sangre limpias... Pero yo era una simple Ravenclaw hija de Muggles, así que efectivamente era extraño que yo estuviese en compañía del Ministro. No me llevaba mal con su hija, O., pero no me gustaría que alguien fuese a ella con algún chisme. Si aquello ocurría pues tampoco pasaba nada, aclararía las cosas y ya. ¡Fíjate que problema! Ninguno, en realidad.

Una mujer nos guió inmediatamente y con mucha amabilidad y educación hacia una de las mesas. Claro, cualquiera trataría bien al Ministro si entrase en su local, para quedar bien con él. Nos sentamos en la mesa a la que nos condujo, que estaba en un lugar cálido y cómodo de la tetería, y nos preguntó qué queríamos. Yo no sabía qué pedir, pues tampoco quería abusar del Ministro. Bueno, no abusaba de su amabilidad porque él es un hombre muy rico y sería muy difícil abusar en él en una tetería, pero todo era cuestión de educación. Sin embargo, en cuanto me dijo que podía pedir lo que quisiese me sentí más tranquila.

-Un té blanco, por favor- le pedí a la señora con una sonrisa educada. Me gustaban todos los tés, pero el té blanco era uno de mis favoritos. Aunque el Ministro había pedido el suyo con miel y limón, yo no pedí que le pudiesen nada en especial. Me gustaba tan cual, sin nada que contaminase su sabor.- Muchas gracias por la invitación- le dije al Ministro cuando la señora se alejó con el pedido.- Esto era lo que menos me esperaba cuando salí de la Sala Común esta mañana.

Dentro de la tetería hacia calor, y como afuera todavía hacia frío a pesar de que se acercaba la primavera me había abrigado para salir y ahora sentía como si estuviese metida en un horno. Me quité el chaquetón de invierno y lo colgué detrás de mi silla. Debajo llevaba puesto un jersey fino de rayas anchas blancas y azules de tono claro sobre un top blanco que me mantenían caliente, y unos vaqueros normales y botas de invierno. Era una vestimenta muy Muggle, pero todos los magos y brujas jóvenes preferían vestir de aquella forma cuando no estaban en Hogwarys en vez de ponerse las túnicas preferidas por los magos de edad más avanzada, aunque últimamente sólo los más ancianos todavía se vestían así. Aquello les hacía más difícil camuflarse en el mundo exterior. Miré al Ministro entonces, sin saber muy bien qué decir, pero él ya se había encargado de romper el hielo.

-No, estoy en sexto- contesté cuando asumió que estaba en séptimo. Sólo se había equivocado por un curso.- Todavía me queda un año más en Hogwarts, y mucho por aprender...- cuando me había enterado cuando tenía once años de que era bruja jamás habría imaginado que había tantas cosas en el mundo mágico. Me sorprendió muchísimo descubrir aquel inmenso mundo y todo lo que tenía que ofrecer. No era como en las series o los libros, donde sólo había un par de trucos que llevaba un tiempo aprender a manejar.

Iba a hablar entonces, pero la mujer volvió con el té y las pastas. No sirvió a cada uno nuestro té y entonces yo estiré el brazo y cogí una de las pastas. Le di un mordisquito en vez de metérmela entera en la boca, a pesar de que era pequeña, para no llenarme la boca de migas. Odiaba hablar con la boca llena y odiaba tenerla sucia, así que tras tragar le di un sorbo al té. Estaba buenísimo.

-¡Um!- exclamé suavemente mientras dejaba la taza sobre la mesa de nuevo.- No todos los días uno se encuentra al Ministro de Magia por el pueblo, señor Winslow- comenté entonces.- Imaginaba que su trabajo le mantendría ocupado en lugares muy lejos de aquí, o en el Ministerio. ¿Qué le trae por aquí?- últimamente pasaba de todo por el pueblo y en el castillo, así que dudaba que dijese algo que le sorprendiese, pero tenía curiosidad.

De repente me di cuenta de una cosa.- ¡Oh, qué despiste el mío! Discúlpeme, no me he presentado- yo sabía quién era él, obviamente, pero él no tenía ni idea de quién era yo no de cómo me llamaba.- Soy Davina Abrasax. Es un placer conocerle, señor Winslow- dije mientras le tendía la mano.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Marie Avgeropoulos
Edad del pj : 18
Ocupación : Estudiante para inefable
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 760
Lealtad : Indecisa
Mensajes : 174
Puntos : 99
Ver perfil de usuario

Ben A. Winslow el Miér Jul 08, 2015 10:16 pm

En la tetería de Hogsmeade me encontraba en ese momento, tomando un té tan tranquilo con mi hija ilegítima. Algo inesperado pero que había deseado en muchas ocasiones. Ahora tenía la excusa perfecta, la acompañaba para calmar sus nervios. Aunque creo que el que más nervioso estaba era yo. Hacía muchos años que no tenía este nerviosismo, desde aquel día en que me casé. Pero la situación actual era completamente diferente, estaba sentado frente a mi hija. Si bien había sido fruto de un romance pasajero y repugnante por el hecho de ser su madre una asquerosa muggle, pero ella era perfecta. Tenía mi sangre y eso ya la hacía especial, sin importar quien fuera su madre o donde se hubiera criado. Quizás debí haber acabado con aquella mujer en el momento que nació, así ella se hubiera podido criar en un entorno mágico. Pero ya era tarde, ningún giratiempo me permitiría cambiar esa situación.

Sonreí con amabilidad a su agradecimiento, para mí era todo un placer tenerla a mi lado en ese momento. Lo peor de la situación es que no sabía cómo romper el hielo, increíble que me encontrara en esa situación. Sin saber cómo avanzar ni como iniciar siquiera una conversación con mi hija. Mira que me había enfrentado a situaciones peores, pero esta situación era totalmente nueva para mí. Sabía en qué curso estaba, pero por disimular y alagarla a la vez, rompí el hielo con una pregunta tonta. Me mostré interesado pero con cierta distancia, la apariencia ante todo. Me gustó su actitud, esa determinación y consciencia de que todavía tenía mucho que aprender. Y tanto que tenía que aprender todavía. – Le queda por delante el curso más complicado. ¿Tiene claro que hará cuando termine Hogwarts? – Tenía curiosidad, era indiscutible. ¿Qué padre no quiere saber a qué se dedicará su hija? Con Ophelia lo daba un poco por perdido, pues no tenía nada en claro. Creo que se tomará un año sabático antes de decidir nada. Quizás me sorprenda y saque algo en claro durante su último año en Hogwarts, pero no apostaría nada.

En ese momento regresó a la mesa la dueña del local y nos sirvió los tés y las pastas. – ¡Muchas gracias! – exclamé con una sonrisa encantadora. La mujer asintió y se retiró con la misma. Tomé una de las pastas y me limité a observar a Davina, haciendo tiempo para que mi té tomara la consistencia necesaria. Sonreía sin más, esperando a que hablara, pues se veía cierta predisposición por su parte a ello. No pretendía ser yo el que llevara siempre la conversación, pues sería extraño ver al ministro entrevistando a una alumna sobre su vida personal, por no decir que podrían tacharme de pederastra.

Poco tardó en preguntarme que hacía por el pueblo. Una pregunta normal pero cuya respuesta no iba a proporcionarle. No podía hacer cundir más el pánico. – Como cualquier otro padre. He venido a Hogsmeade para ver a mi hija. – Respondí aprovechando la ocasión para dar un pequeño trago a mi té. Fue una pausa ambigua, podía haberse interpretado de muchas maneras, pero por si generaba dudas me apresuré para añadir. – Aunque no he tenido la fortuna de encontrarme con ella. – No sabía cómo describirlo, por una parte estuve muy tentado a dejar la frase abierta y esperar a que creyera que podría ser su padre, pero la razón ejercía mayor presión en mí. Nadie debía saber que era mi hija, no por el momento. Reí levemente a sus últimas palabras, estrechando su mano cuando la tendió.

- Un placer conocerla. – Respondí con delicadeza. Mi risa se interpretaría como una reacción a su despiste y su tardía al presentarse, pero lo cierto es que había sido una risa al simple hecho de que se presentara cuando la conocía a la perfección. – Tiene un nombre muy bonito. – Comenté sin perder en ningún momento la sonrisa encantadora que solía acompañar mi rostro a diario. – Estando en sexto, conocerás a mi hija. – Comenté a modo de pregunta. Curiosidad sentía por saber cómo se llevaban. ¿Serían amigas? Lo dudaba, O. ha tenido siempre las ideas claras con los sangresucias, y como nadie sabía que Davina era mestiza, probablemente hayan tenido más de un mal encuentro.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Keanu Reeves
Edad del pj : 46
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : Lord Voldemort
Mensajes : 84
Puntos : 42
Ver perfil de usuario

Davina Abrasax el Sáb Jul 11, 2015 3:49 am

Aunque la tetería de Hogsmeade nunca me había llamado en especial la atención, tenía que admitir que era un sitio agradable. ¡Y menuda sorpresa, estaba tomando el té con Ben Winslow, el Ministro de Magia! En Hogwarts y en Hogsmeade siempre pasaban cosas raras e inesperadas, pero sin duda interesantes.

Siempre me había imaginado al Ministro de Magia como un hombre más... ¿Atemorizador? No sabía si esa era la palabra que buscaba, pero era lo que más se le acercaba. No era imponente la palabra que buscaba, ya que el hombre imponía por todos lados. Pero imponía de una manera de lo más curiosa. Le observaba con cuidado, sin descaro y sin ser maleducada, y vi que era un hombre capaz de poner orden en cualquier lugar y situación y ante cualquier persona, un hombre con poder y status, con seguridad, porte, y mano firme. Todo eso se notaba de él a la legua. Pero a la vez había acierta... cierta despreocupación en él, cierta comodidad, o familiaridad, que le hacía verse como un hombre normal y corriente ante mí, para nada intimidante. Era algo muy curioso, sin duda.

Hablamos de cosas mundanas, normales. Era una conversación tranquila y despreocupada, lo cual hacia toda la situación bastante curiosa y un pelín absurda. ¿Cómo había acabado yo en una tetería con el Ministro hablando de cosas normales? Aunque obviamente un hombre como él no hablaría de temas a los que estaba acostumbrado con una chica como yo. ¡Política mágica, por ejemplo! ¡Los acontecimientos recientes en el mundo mágico! Aunque yo era perfectamente capaz de mantener conversaciones serias con los adultos, y las encontraba de lo más fascinantes, obvio el ministro no querría hablar de temas tratados en el trabajo. Eso sí que sería extraño.

Le corregí cuando asumió que estaba en séptimo, y me dijo que me quedaba por delante el curso más difícil. Asentí y a la vez me encogí de hombros.- Depende de por dónde se mire. Es el más complicado a niveles emocionales, creo yo. Es el último curso, hay decisiones importantes que tomar, está el estrés sobre el futuro, hay mucha incertidumbre, miedo a los cambios, presión... Pero a nivel académico creo que quinto es el más difícil de todos. En séptimo están los ÉXTASIS, pero la materia que cubren es la materia avanzada vista en los últimos dos cursos, y ya tenemos la experiencia de los TIMOS para saber qué es lo que nos espera. Sin embargo en quinto tienes que memorizar cinco años de estudios para un examen que no tienes ni idea de cómo va a ser- y aquí estoy yo, hablando mucho como siempre y siendo una doña sabelotodo. No lo puedo evitar, y tampoco me importa, pero se notaba millas que era Ravenclaw. Y a mucha honra. El Ministro me preguntó que si sabía qué iba a estudiar y me quedé pensativa.- La verdad es que no tengo ni idea. ¡Hay tantas opciones!- exclamé, y se notó en mi mirada que básicamente me fascinaban todos los campos profesionales que se ofrecían y por eso tenía problemas para decidirme. Recordé entonces cual había sido mi ambición cuando estaba en tercero y cuarto, y me puse algo colorada. Decidí compartir la idea de que creativa mente había tenido a los trece años.- ¿Sabe una cosa? Me encanta la ciencia Muggle. Soy hija de Muggles, por eso la he estudiado, y todos los veranos me pongo a mi día. Pues hace unos años pensé que sería fascinante ser científica. Astrofísica, o tal vez ingeniera genética, pero en vez de usar los métodos Muggles que no les permiten a dllos avanzar más rápidamente con sus descubrimientos, aplicar la magia a mis proyectos- ¡la cantidad de avances que podrían hacerse para ambos mundos!- Había muchísimas otras opciones, y en todas los avance que se harían aplicando la magia al conocimiento Muggle revolucionarían todo, pero al final decidí que lo Muggle seguiría siendo un hobby al que dedicarme cuando quiera y que lo mejor sería buscar un empleo mágico. El Wizengamot y el Departamento de Misterios son lo que más me llaman la atención por ahora- madre mía lo que me había enrollado...

Mientras comíamos pastitas y bebíamos té continuamos hablando. Tuve curiosidad por saber qué hacía él en Hogsmeade, y me dijo que había venido con la esperanza de ver a su hija.- Oh, eso está muy bien. Qué pena que no la haya podido ver- intenté recordar si había visto a Ophelia Winslow por algún sitio antes de venir aquí, pero no me sonaba haberme cruzado con ella después de las clases del viernes. De repente me daba un poco de cosa que el padre de Ophelia estuviese aquí conmigo en vez de ir a buscarla. A lo mejor ella estaba por el pueblo y él no la veía por mi culpa... Pero oye, ella le puede ver siempre, yo sólo tengo una oportunidad para hablar con el Ministro, no la voy a dejar ir, aunque fuese sólo para tomar el té.- A lo mejor después tiene más suerte. A mí mi madre no me puede visitar, como es Muggle no puede venir aquí- dije son pena. Menos mal que mi padrastro tampoco podía venir. Y padre no tenía, así que nada.

Me estrechó la mano cuando me presenté por fin formalmente, pues hasta entonces él no sabía mi nombre. Me dijo que tenía un nombre muy bonito, y le devolví la sonrisa, agradecida.- Muchas gracias- le dije.- Y por favor, ¡tutéeme!

Me preguntó si conocía a Ophelia y asentí.- Sí, claro. Coincidimos en varias clases siempre, pero hemos hablado poco. Ella está siempre con los de su Casa- no tenía nada en contra de Ophelia, en varias ocasiones que había coincidido con ella me había caído bien. Otras no tanto, porque le salía el lado Slytherin que no siempre agradaba a todo el mundo.- También conozco a su hijo, obviamente. Es uno de mis profesores favoritos- lo decía de verdad, no para hacer la pelota.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Marie Avgeropoulos
Edad del pj : 18
Ocupación : Estudiante para inefable
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 760
Lealtad : Indecisa
Mensajes : 174
Puntos : 99
Ver perfil de usuario

Ben A. Winslow el Jue Jul 30, 2015 1:44 am

Desde luego al acudir esa tarde a Hogsmeade no pensé ni remotamente que podría acabar tomando un té y charlando animadamente con mi hija Davina. Lo tenía como algo tan remoto el poder charlar con ella, tener un contacto tan directo me ponía nervioso. No podía engañarme a mí mismo, interiormente parecía un flan. Notaba mariposas en el estómago, si es que eso era posible.

En este momento de la conversación hablábamos de su futuro, tenía mucha curiosidad. Así que presté mucha atención a sus palabras, inclinándome hacia delante, apoyando el codo sobre la mesa. El interés que tenía era grande, conocer sus ideas de futuro me ayudarían a ayudarla mejor. Regalos anónimos y ayudas casuales como hasta la fecha. – En ese aspecto llevas razón, los TIMOS son más complicados que los EXTASIS en el sentido de que estos últimos son más orientados a tu futuro y no requieren de un nivel de exigencia como los TIMOS, pero eso no quiere decir que no tengan su complejidad. – le advertí al final, no era cuestión a estas alturas de que se relajara.

Mi postura cambió cuando comenzó a hablar sobre trabajar en el mundo muggle. ¿Por qué? ¿Por qué desperdiciar su vida trabajando con esos seres despreciables? No podía perder también a una hija de ese modo, por culpa de esos asquerosos individuos. No iba a permitirlo, encontraría el modo de evitar tal descalabro mental.

Me relajé cuando escuché sus siguientes palabras, Winzengamont  y el departamento de misterios. Buenas elecciones. – Si te decantas por cualquiera de esas dos opciones no dudes en enviarme una lechuza, las prácticas en Winzengamont no son fáciles de conseguir. – Dije con una dulce sonrisa, estaba tendiéndole la mano abiertamente, era la primera vez que iba a mostrar ayuda sin usar artimañas descaradas como en anteriores ocasiones. Pero debía aprovechar la ocasión.  – Alguna ventaja debe tener tomar un té con el ministro. - Añadí guiñándole un ojo. Me estaba relajando por segundos, hablar de ese modo  ayudaba. Además ahora tenía frente a mí la ocasión de volver a recibir noticias suyas sin que fuera a escondidas.

Como excusa para no alarmarla, le dije que había ido a ver a Ophelia, la realidad no siempre es buena compañera. Mas dichas palabras habían revelado datos interesantes, extrañaba a su madre, y no mencionó nada de su padrastro, no debe agradarle demasiado. Llevaba tiempo si saber nada sobre sus relaciones familiares, quizás debía indagar un poco. Además, su madre seguía siendo un vínculo muy grande con el mundo muggle.

- Ophelia es muy suya, pero estoy seguro de que os podríais llevar muy bien. – Agregué al final, dudando por unos instantes si comentar algo al respecto de Tom o no. Si mi mujer estuviera aquí ya me habría regañado por no nombrarlo en primer lugar. – Era buen estudiante, como profesor debe ser bastante bueno. – Comente con un tono más normal, sin perder la sonrisa. La apariencia ante todo, y si bien no era desconocido por la comunidad mágica que nuestra relación no era de lo más cercana, las cosas habían cambiado y aparentar era mi especialidad.

- ¿Desean algo más? – preguntó la camarera con una sonrisa. La puerta se abrió de golpe, un hombre de mediana edad irrumpió la atmosfera de calma. – ¡Está en el pueblo! Ha atacado a un alumno de Hogwarts. -  Todos los presentes se alarmaron, así que decidí actuar. Me levanté – ¡Calmaos todos! Nadie más va a resultar herido, el departamento de criaturas mágicas está actuando para atraparlo. – Dije con seriedad, aunque estaba casi seguro de que el ataque no lo había producido la criatura que ellos creían.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Keanu Reeves
Edad del pj : 46
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : Lord Voldemort
Mensajes : 84
Puntos : 42
Ver perfil de usuario

Davina Abrasax el Lun Ago 17, 2015 12:25 am

Estaba estudiando mucho todos los días todo lo que estudiábamos en clase para que no se me olvidase y no retrasarme, así cuando llegasen los exámenes no tendría problemas y no me estresaría. Los EXTASIS el curso que viene serían difíciles, sí, pero no me preocupaban en exceso. Todo el mundo siempre les tenía pánico porque eran unos vagos que esperaban a dos semanas antes de los exámenes para ponerse a estudiar, y se encontraban con montañas y montañas de material que memorizar. Pero si hacías como yo, repasando todos los días la materia dada en clase para mantenerla fresca en la memoria, entonces no había por qué temer.

Cuando el Ministro me preguntó acerca de mis intereses para el futuro le conté que me interesaba tanto la ciencia Muggle como algunas carreras mágicas. No podía mentir, me fascinaba la ciencia Muggle, pero la verdad es que dedicarme a ella requeriría que me alejase del mundo mágico, y el mundo mágico me encantaba. Era por eso que cada vez estaba más convencida de que podría seguir estudiando todo lo que me gustaba como hobbie, pero tendría una profesión mágica. La magia me fascinaba tanto o más que la ciencia. Algunos dirían que la magia es incluso una rama avanzadísima de la ciencia, aunque a los típicos magos puristas que se creen por encima de todo lo Muggle les daría un infarto si alguien sugiriese aquello delante de ellos.

-Muchísimas gracias señor Winslow- dije con una amplia sonrisa de agradecimiento cuando el Ministro me dijo que le escribiese en el futuro para ayudarme a conseguir las prácticas. Aquel último comentario suyo estaba resultando ser muy cierto.- Pues la verdad es que sí. Es usted muy amable, de verdad. Y no quiero que piense que soy una interesada por aceptar su oferta de ayuda. Muchos de mis compañeros me mirarían mal en este momento, estoy segura de ello. Yo, al igual que ellos, soy una firme creyente de que las cosas deben conseguirse por mérito propio. Pero, ¿no es acaso mérito propio el saber utilizar y aprovechar las oportunidades que te brinda la vida?- pregunté entonces retóricamente. Aquello era algo que siempre algo que había hecho, aprovechar las oportunidades. Algunos de mis compañeros siempre me decían que parecía una Slytherin cuando hablaba así.

El ministro opinaba que su hija y yo podríamos llevarnos bien. Puede que sí, pues yo tenía una mente muy abierta y me llevaba bien con bastantes Slytherins… ¡Incluso había salido con uno!- Puede que algún día tenga la oportunidad de hablar más con ella, paso bastante tiempo con otros Slytherin así que a lo mejor algún día coincidimos en el mismo grupo- dije. Asentí cuando comentó que Thomas debía de ser buen profesor.- Lo es, yo disfruto mucho sus clases, aunque no tanto de los deberes. Pero bueno, ni siquiera los Ravenclaws estamos tan locos como para disfrutar con los deberes de ninguna clase…

Acababa de tomarme mi té y las pastitas cuando vino la camarera para preguntarnos si queríamos algo más. No nos dio tiempo a decir nada, pues en aquel momento alguien apareció corriendo en la tetería gritando que algo había atacado a un alumno. Fruncí el ceño, confundida. ¿Qué estaba en el pueblo? ¿Por qué había atacado a un alumno? ¿Qué estaba pasando? Desde la puerta abierta se escuchaba como otras personas gritaban lo mismo a lo lejos por el pueblo. Si seguían así de histéricos iban a desatar el pánico en el pueblo. El Ministro se levantó e intentó calmar a la gente, y le miré sorprendida. ¿Había una criatura peligrosa suelta por el pueblo? ¿Por qué, qué era? Antes de que yo pudiese abrir la boca para preguntar qué estaba pasando otra persona entró corriendo a la tetería y fue donde el Ministro.

-¡Señor Ministro! Menos mal que está usted aquí… ¡Venga, venga! ¡Tiene que ver esto!

El hombre casi agarra al Ministro a obligarle a seguirle, pero me daba la impresión de que aquello habría sido una muy mala idea. El hombre se apartó y el Ministro salió de la tetería para ir a donde le indicaban que fuese. Yo no lo dudé ni un segundo en acompañarle, y le seguí hacia el lugar donde el hombre indicó que se había producido el ataque al alumno. Caminamos hacia casi las afueras del pueblo en la dirección en la que se iba a Hogwarts. Fue allí donde nos encontramos a un montón de gente en círculo alrededor de alguien que había tendido en el suelo. En cuanto nos acercamos y la gente vio al Ministro se apartaron, dejándonos echarle un mejor vistazo a la persona que había sido atacada por la criatura desconocida.

-¡Es Gregory!- exclamé con voz ahogada nada más verle, reconociéndole. Tenía los ojos cerrados y se veía claramente que estaba herido. ¿Estaba muerto o inconsciente? Miré al suelo entonces, encontrando marcas de pisadas cerca, pero no se veía claramente de qué eran. No tenía miedo, pues las criaturas a las que verdaderamente temía era a los licántropos y por el día y la hora que era no podía haber ninguno suelto. No era de noche así que no podía ser un vampiro tampoco, y el resto de criaturas peligrosas que se me ocurrían no deberían suponer una terrible amenaza para un grupo grande de personas. Eso si solo había una criatura, claro, pero no parecía haber evidencia de lo contrario.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Marie Avgeropoulos
Edad del pj : 18
Ocupación : Estudiante para inefable
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 760
Lealtad : Indecisa
Mensajes : 174
Puntos : 99
Ver perfil de usuario

Ben A. Winslow el Miér Oct 07, 2015 10:19 pm

No dudé ni un instante en pedirle a Davina que me avisara en caso de optar por estudiar algo relacionado con Winzengamont, era la ocasión perfecta para hacer algo por ella de forma consciente y lograr que nuestra relación se estrechara. Un buen punto de partida, a mi ver. Además, su respuesta me resultó de lo más agradable. Orgullo sentí al escuchar como esa garra y capacidad para aprovechar lo que la vida le ponía a su disposición sin pensar en que era una manga descarada. No le importaba lo que pensaran y su avaricia y ansia de lograr lo que deseaba primaba de modo notable.

Sonreí complacido ante la idea de que se relacionaría más con Ophelia y reí por pura cortecía ante sus palabras sobre Thomas. Había que estar más que chiflado para disfrutar con los deberes.  Aunque algunas ratas de biblioteca disfrutarán con ellos, seguro.

Estaba disfrutando del té y sobre todo de la compañía. Estaba logrando algo que no esperaba hace unos meses, estaba disfrutando de mi momento padre-hija con la mediana. Davina, mi pequeña bastarda. Mi mirada se perdía en la suya, uno de los rasgos que más se parecían a mí, su pelo castaño...sin embargo su rostro se asemejaba a su madre, lo cual ayudaba. Si fuera mi vivo retrato tendría un grave problema. Uno grave, sobre todo con Margareth.  

La calma se vio interrumpida de golpe y porrazo por unos gritos y afirmaciones horrendas. Un alumno había sido atacado y debía mantener la calma, hacer que se calmaran. Un hombre me pidió que fuera, y con gesto preocupado salí de la tetería, dejando unos galeones en la mesa. No podía irme sin pagar, por mucho alboroto que hubiera. - Guíeme, por favor. - Pedí al hombre y le seguí.

Frente a nosotros se presentó un grupo de gente, en casi un círculo perfecto. Todos bien pegados unos a otros frente al cuerpo de un chico. Estaba herido, bastante malherido. Davina lo reconoció al instante, la sujeté por los hombros para sujetarla, no debía acercarse demasiado. - ¿Estás segura de que es Gregory? - Pregunté, todos alrededor cuchicheaban. - No deje que se acerque más. - Le dije a una señora mayor que a nuestro lado se encontraba.

Yo me acerqué al cuerpo del chico, poniéndome a su lado de cuclillas y tomándole el pulso, estaba vivo. - Por favor, todos vuelvan a dentro. Los alumnos deberían volver cuanto antes al castillo y los adultos entren en los locales. El departamento de criaturas mágicas vendrá en una hora a supervisar la zona, por mi parte voy a llevar a este joven a San Mungo lo antes posible. - Todos los presentes parecían descolocados, pero no iba a dejar que el joven muriera, ya había aprendido la lección. En cuanto a la supuesta criatura, nada tenía que ver el ataque de ahora con el verdadero problema. Sin dudas Lrog se había ganado una buena propina por tal escenificación.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
PB : Keanu Reeves
Edad del pj : 46
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Limpia
Galeones : 0
Lealtad : Lord Voldemort
Mensajes : 84
Puntos : 42
Ver perfil de usuario

Davina Abrasax el Sáb Oct 17, 2015 1:07 am

Hubo una gran conmoción cuando anunciaron de repente que había habido un ataque en Hogsmeade. Era lógico que la gente se asustase, pues a nadie le gustaba que pasasen cosas malas donde estaban o donde vivían, aunque francamente deberíamos estar todos acostumbrados ya. Entre criaturas peligrosas, alumnos locos, y mortífagos, Hogsmeade no daba ya más para ataques. Seguimos al hombre que había venido a buscar al ministro hasta el lugar donde decía que había sido atacado un alumno, y efectivamente encontramos allí un cuerpo tendido y ensangrentado y del que no se podía adivinar a simple vista si estaba vivo o muerto. Pero yo reconocí su ropa y su rostro y supe que era Gregory.

-Segurísima- asentí cuando el ministro me detuvo agarrándome de los hombros y me mantuvo donde estaba, impidiéndome acercarme a Gregory. Me sentía algo mal, porque no soportaba a Gregory y antes había echado pestes sobre él en mi mente, pero que fuese un grandísimo capullo no significaba que me alegrase de que le hubiese pasado esto. ¿Qué criatura andaría por ahí suelta haciendo esto? ¿Estaría todavía por la zona, acechándonos? Sabía que no debía hacer magia en Hogsmeade siendo menor de edad, pues me lo había recordado antes el mismísimo ministro, pero no me sentiría segura sin mi varita en la mano así que la agarré por si acaso, aunque esperaba no tener que verme obligada a utilizarla.

El ministro tomó el mando de la situación y se puso a dar órdenes sobre lo que cada uno tenía que hacer, mandando a todo el mundo a que nos fuésemos a lugares donde estuviésemos seguros. Los habitantes del pueblo se fueron a sus casas y a sus negocios para encerrarse allí, y los alumnos de Hogwarts que habían estado paseándose por ahí para aprovechar el fin de semana se pusieron en marcha todos en grupo de vuelta al castillo. Yo no quería irme, pero debía hacerlo y lo más seguro sería que fuese con ellos, pues una persona que anda por ahí sola es una víctima fácil, como lo había sido Gregory. Por suerte él todavía estaba vivo y el ministro iba a ayudarle. No podía marcharme así sin más, así que antes de unirme al grupo de alumnos que se habían puesto de camino al castillo volví a acercarme al ministro, que todavía no se había marchado. Iba a despedirme rápidamente, pues él no podía perder tiempo en ocuparse de Greg.

-¡Señor Winslow!- exclamé para llamar su atención, ya que yo estaba acercándome a sus espaldas. El se giró y yo me detuve y le di la mano durante un segundo para no entretenerle mucho.- Ha sido un verdadero placer, y quería darle muchas gracias por todo- dije, queriendo ser educada y correcta, además de que era cierto que el rato que había pasado con él había sido muy agradable e interesante. Le eché una mirada preocupada a Greg entonces. Estaba preocupada porque sentía empatía por el resto de seres humanos, pero Gregory seguía pareciéndome un capullo y un neandertal retrasado.- Por favor, tenga cuidado con él- dije, aunque estaba seguro de que el ministro sabría manejar la situación a la perfección.- ¡Adiós!

Me di la vuelta y corrí para unirme al grupo de alumnos que se marchaban rápidamente al castillo, mientras que el ministro se desapareció de allí con el herido.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Marie Avgeropoulos
Edad del pj : 18
Ocupación : Estudiante para inefable
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 760
Lealtad : Indecisa
Mensajes : 174
Puntos : 99
Ver perfil de usuario

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.