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You Look Like My Next Mistake. {Matt Forman}

Arabella K. Morgenstern el Dom Mar 15, 2015 4:55 pm

Habíamos tenido que viajar mucho últimamente con el equipo de Quidditch por culpa de la gran cantidad de partidos que teníamos por todo el Reino Unido y por varias capitales de Europa, pero por fin estábamos de vuelta en Londres y teníamos unas semanas de descanso antes del siguiente partido. Teníamos que entrenar, obviamente, así que no estábamos de vacaciones, pero eso era mejor que tener que jugar un partido día sí y día también. Aquella noche la teníamos completamente libre, y uno de mis compañeros me invitó a tomar algo. Nunca había hablado mucho con él, pero acepté salir aquella noche con él. Al menos era atractivo, así que no estaría perdiendo mucho mi tiempo.

Tal vez llamaríamos demasiado la atención en el mundo mágico, y lo que queríamos era un descanso y no tener que lidiar con gente que nos reconociese y bien irse a molestar. Decidimos entonces que lo mejor sería ir a algún lugar en la zona muggle de Londres. Me llevó a un bar que estaba muy lleno de gente, pero conseguimos entrar y encontrar un sitio en la barra. Llegó el barman a preguntarnos qué queríamos, y pedimos unos chupitos de tequila. Me bebí yo mucho más rápido que él el chupito de tequila y apenas puse mala cara al sentir la quemazón en la garganta, pues había tenido muchos años de práctica. Era curioso pues mi compañero, Francis, era aparentemente más mayor que yo, cuando en realidad yo le sacaba poco menos de mil setecientos años. Me pasa lo mismo con todos los humanos, y lo encuentro realmente gracioso, sobre todo cuando ellos piensan que soy una jovencita inexperta e inocente e intentan actuar como machos protectores.

-Tal vez debería haberte llevado a un sitio más apropiado para una señorita- dijo Francis en ese momento, viendo que allí había más de un borracho. Lo dicho, de repente intentan actuar como machos protectores...

-Ah, ¿y yo soy una señorita?- pregunté con tono algo burlón y sonrisa coqueta. No sé ni para qué me esfuerzo, pues Francis me estaba aburriendo y mucho.

-Claro, ¿qué vas a ser sino?

"No tienes ni idea..." dijo una vocecita traviesa en mi mente.

Me quedé sola durante un rato cuando Francis tuvo que levantarse para ir al baño rápidamente. Me alegraba de que se hubiese ido, pues sinceramente Francis era tan aburrido como era bien jugador. Cualquier otro hombre habría sido mejor compañía que él, pero nadie más había estado disponible. Miré a mi alrededor. Muchos hombres me estaban mirando con descaro. No me había arreglado en exceso para salir, solamente llevaba unas mallas negras que dejaban adivinar mi figura, un top negro, tacones altos, el pelo suelto, y algo de maquillaje pero no mucho.

Dejé de mirar a mi alrededor y a los hombres que me miraban, y me bebí un segundo chupito mientras esperaba a que Francis volviese para retomar aquel torturador aburrimiento. No me di cuenta de que alguien a quién yo conocía muy bien acababa de entrar en el bar...
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Matt Forman el Miér Mar 18, 2015 6:29 pm

A los veinte años fin de semana significaba beber y ligar. A los treinta el significado era el mismo pero las obligaciones mucho mayores. Intentaba reservar un fin de semana al mes para salir y distraerme. El único problema es que no tenía con quien salir y hacerlo solo es un tanto triste. Llegado el momento adecuado, hubiese con quien salir o no, salía a tomar unas copas y relajarme. Mi trabajo puede llegar a ser muy estresante. Este semana unos cerebros engancharon al torpe de Harold y por poco se ahoga. Tuvimos una reunión que duró casi una jornada entera y me tuve que poner serio. Son como niños jugando con juguetes nuevos de navidad. De vez en cuando necesitan un toque de atención y a mi no me supone un esfuerzo ponerme fuerte. Me enerva su estupidez. No quiero más muertes en mi Ministerio hasta por lo menos Agosto. Que pasen unos cuantos meses entre una muerte y otra o empezaremos a llamar la atención. No quiero perder autoridad como Jefe de asuntos Misteriosos.

Soy sublime. Puede notarlo nada más entrar en aquel club cutre. Un bar muggle normal, vamos. Me gustan este tipo de antros porque siempre se encuentra a gente interesante, en su mayoría magos que buscar relajarse o divertirse. Las féminas empezaron a preguntarse que había debajo de aquel entallado traje. Mis músculos no son exagerados pero si lo suficientemente marcados como para ser sexy. Mientras me acercaba a la barra aproveché para hacer un barrido con mi mirada y localizar a mis posibles compañeras de juego. O compañeros. Junto a la barra había un hombre solo de rostro atractivo y de marcadas facciones. Sus ojos oscuros se encontraron con los míos. Puede ser divertido.  Pedí un vodka con limón, algo refrescante y que a su vez deja un buen aliento. Una chica que no consigo recordar me hizo ese apunte una vez y no lo he olvidado.

Mientras daba un buen sorbo a aquel elixir con sabor a limón me fijé en el resto de la estancia. En una mesa sola estaba ella. ¿Arabella? Mi acto reflejo fue girar la cara hasta quedar mirando dentro de la barra. El camarero se acercó pensando que quería algo.

- Otro.

Mi vaso no tardó en ser vaciado, todo de un trago. El camarero obedeció mi orden. Giré levemente la cabeza. No puede ser ella. Yo mismo la maté. Maldita Arabella. Tiene más vidas que un gato. ¿Cómo lo hace? Sigue igual de perfecta que la última vez que la vi. Sin arrugas, sin canas. Aunque según mis cálculos debe tener unos veinticinco años. Jamás ha querido rebelarme que tipo de criatura es porque teme que un día encuentre la forma de acabar con ella definitivamente. No soy yo el que debería ocultarse. No le tengo miedo a esa mujer. Es más, debería ir a saludarla. Los modales ante todo. Soy un caballero. Cogí mi copa con elegancia y me fui aproximando a su mesa.

- Te ves muy hermosa, y eso que yo te daba por muerta. ¿Qué te trae por aquí?

Me tomé la libertad de sentarme en su misma mesa. No estaba sola pues había otro vaso. Seguramente un pobre diablo que estaría en el baño intentando que su pene de pequeño tamaño se pusiese erecto temiendo no poder satisfacer a una mujer como Arabella después de haber ingerido demasiado alcohol. O eso suelo pensar de los hombres que pasan demasiado tiempo en el baño. Por suerte, el alcohol me ayuda a excitarme con más facilidad.
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Arabella K. Morgenstern el Dom Mar 22, 2015 7:50 pm

Francis todavía no había vuelto, pero yo no tenía ninguna prisa por que lo hiciese. Me lo estaba pasando estupendamente sola, disfrutando de los chupitos de tequila cuyo contenido iba desapareciendo a una velocidad alarmante. Estaba distraída, así que no me di cuenta de quién había entrado en el bar, a pesar de que todas las mujeres y también algunos hombres le estaban mirando. Pero él sí que me vio a a mí y ,siendo el sinvergüenza que ha sido siempre, se acercó a donde yo estaba. Cualquier hombre con un mínimo de decencia se habría mantenido a al menos un kilómetro de distancia de mí después de lo que pasó, pero no Matt Forman. No, Matt es como yo. Él hace las cosas mal, y si piensas que te va a pedir perdón puedes esperar sentado porque no lo va a hacer. Él hace lo que hace, y punto.

Yo tenía la vista clavada en un punto perdido enfrente de mí y no me fijé cuando Matt se puso a mi lado. Sin embargo sí que le escuché. En cuanto mis oídos captaron el sonido de su voz todas las alarmas de mi cuerpo se dispararon y giré la cabeza a una velocidad alarmante. Menos mal que no había estado bebiendo en aquel preciso momento, o habría acabando atragantándome o tirándolo todo por ahí. Mis ojos oscuros y abiertos como platos de la sorpresa de encontraron entonces con la intensa mirada verde de Matt, y sentí que durante un segundo me fallaba la respiración. ¡Él no podía estar aquí! Bueno, sí que podía, pero no tan pancho. ¿Cómo puede tener tanto descaro después de todo lo que hizo? Cualquiera que le mirase jamás pensaría que estuvo a punto de matarme... dos veces. La primera fue un accidente, lo sé, y se lo perdoné, a pesar de que por culpa de él perdí algo muy valioso y querido para mí, algo que me había costado superar... Pero la segunda no fue un accidente. Me dio por muerta y dejó mi cuerpo tirado por ahí como si fuese una bolsa de basura.

Sabía que no podía evitarle para siempre, que en algún momento me le cruzaría, pues el mundo mágico era muy pequeño. Pero las vidas de los humanos son muy cortas, y había pensado que a lo mejor conseguiría evitarle durante varios años y que no me le encontraría hasta que fuese un anciano indefenso. O a lo mejor moría antes y no me lo tendría que volver a cruzar en la vida. Pero el destino había preparado para nosotros algo diferente y aquí estamos ahora, cara a cara en un bar perdido en medio del Londres muggle.

-Matt- la primera palabra que fui capaz de pronunciar fue su nombre, que apenas fue un suspiro entre mis labios a causa de la sorpresa. Pero la sorpresa fue rápidamente reemplazada por un huracán de rabia, y aquella fuerte emoción se reflejó en mis ojos. ¿Cómo se atreve a hablarme así, tan tranquilo, después de cómo me dejó?- ¿No es obvio?- pregunté retóricamente cuando me preguntó que qué hacía ahí, y levanté uno de los chupitos de tequila e el aire y me lo bebí rápidamente, posándolo luego de nuevo en la mesa con fuerza.- No sé de qué te sorprendes, no es la primera vez que me das por muerta y resultas estar equivocado- dije con veneno en mi voz y en mi mirada, pero aún así un escalofrío recorrió mi espalda cuando le miré a los ojos. Maldita sea, está igual que siempre. ¿Por qué tiene que ser tan sexy? En todos los años de mi vida, pocas veces he conocido a un hombre tan sexy como él. Era irresistible el condenado. Debería haberle arrancado el corazón del pecho hace tiempo y haberme quedado tan tranquila.

Francis todavía no llegaba. ¡¿Qué estaba haciendo?! No le soportaba, pero en aquel momento lo único que quería hacer era que volviese y dejar de estar sola con Matt. Aquello no podía acabar bien, nunca acababa bien.
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Matt Forman el Jue Mar 26, 2015 6:53 pm

En un lugar público y lleno de muggles es improbable que una mujer se ponga a gritarte por haberla matado. Además está aquí mismo, ante mis ojos, viva. No puede enfadarse por haberla matado porque técnicamente no lo hice. Ella en cambio me rompió un par de costillas y esa zona me duele cuando va a cambiar el tiempo o cuando hago movimientos bruscos y repetitivos. Yo ya me entiendo. El comportamiento más racional hubiese sido salir del bar lo más rápido posible y no mirar atrás, lo que dice de mi que no soy una persona muy racional y ella no me da miedo. Me guío por mi instinto y ahora mismo me apetece causar molestia a una resucitada de entre los muertos. Arabella, la mujer más hermosa con la que me he topado. Y algo más que toparse diría yo. Nos conocimos hará unos ocho años, o más. Puede que diez. Yo me había graduado con excelentes notas y tras un periodo de estudio intenso sobre el trabajo en el departamento de Misterios había conseguido un puesto allí. El mismo puesto que ocupó mi padre durante tantos años. Todo el mundo podía pensar que Matt Forman era un joven prometedor con la cabeza muy bien amueblada. Todos se equivocaban. Deseaba terminar el trabajo pronto un viernes y salir de fiesta hasta el domingo. Todo eso sin pasar por casa ni siquiera. Mujeres y más mujeres. Chicas dulces sin rostro que adornaron los mejores momentos de mi vida. Un día llegó ella. Arabella destacaba entre la gente. Con esa mirada tan profunda e hipnotizante no pude decirle que no a nada. Jamás la consideré algo más que una buena amiga con derechos. Podíamos salir, divertirnos y terminar la noche juntos si no salía un mejor plan. Normalmente no salía un mejor plan que ella. Esos ojos, esa fogosidad... Pero tanto ella como yo teníamos otros rollos con otra gente. Una sanadora, la secretaria de alguien del Ministerio, chicas sin importancia. Se podía suponer lo mismo de Arabella. Cualquier hombre caía rendido a sus pies.

Al principio era divertido verla ligar e irse con otros. Incluso me excitaba verla con otros hombres sabiendo que ella siempre volvía conmigo al final. A pesar de no querer nada serio con ella, empezó a fastidiarme el verla con otros. Tuvimos varias peleas por culpa de unos celos sin base alguna. Tanto por mi parte como por la suya. Somos demasiado parecidos. Cuando estamos cerca las cosas pueden ir muy bien o pueden explotar escandalosamente. Y eso pasó cuando ella me dijo que estaba embarazada y que yo era el padre. Venga ya. Se había acostado con medio Londres. Ese crío podía ser hijo de cualquier imbécil. La cosa se complicó. Nuestras peleas solían ponerse muy feas y las palabras malintencionadas dieron paso a hechizos malintencionados. Ella no usaba magia, no del modo en que yo la uso. Es algo más que una bruja. Me di cuenta aquel fatídico día. Perdió al bebé y la creí muerta a ella también. Pero volvió. Más guapa si es que se puede y con un humor bastante más malo. Después de aquello creí que me enfrentaba a una vampiresa o una criatura parecida. Su inmortalidad me causaba terror y curiosidad. Aquí tenemos la prueba de que sigue siendo inmortal, pues en nuestra segunda pelea de muerte creí haberla matado definitivamente. La pude haber quemado, el fuego acaba con los vampiros o eso dicen. Pero una parte de mi no quería destruirla de ese modo, así que me decidí por abandonar su cuerpo en un contenedor muggle de basuras orgánicas.

Me acerqué sin temor a su mesa. En un ambiente tranquilo como este no va a decirme nada aunque por dentro esté deseando matarme ella a mi. Para mi desgracia soy sublime pero no inmortal. Para su desgracia su magia parece inferior a la mía. Apliqué una frase bonita como para pretender ligar con ella y me senté en su mesa. El hombre que la acompañaba se había ausentado un momento. Estaba bebiendo mucho. A lo mejor no le afecta el alcohol como a un humano. Su respuesta fue fría como el hielo tal y como esperaba. La di por muerta, debe guardarme un rencor inimaginable.

- Me alegra haber estado equivocado. ¿Puedo tomar una copa contigo?

Nuestras miradas se cruzaron y el odio podía leerse en sus ojos castaños. No aparté la vista y sonreí como si fuésemos viejos amigos que se encuentran de casualidad en un bar. Es lo que sería si no hubiese intentado matarla unas dos veces. La capacidad de Arabella para sobrevivir nunca deja de sorprenderme pero no es el momento adecuado para preguntar sobre el tema. Es mejor que me centre en mantener mis ojos en ella y con los reflejos alerta. En cualquier momento me lanza la botella de tequila a la cabeza. Es lo que merezco aunque me alegro de verla viva.
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Arabella K. Morgenstern el Lun Abr 06, 2015 12:07 am

¿Habría muchos problemas si agarraba la botella y se la rompía a Matt en la cara delante de todo el mundo en aquel preciso momento? Le sacaría los ojos con mis propias garras, pero había dos problemas: el primer problemas era que Matt tenía los ojos demasiado bonitos y aquellos sería un desperdicio. El segundo problema era que en dos minutos tendría a los del departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas encima a prestándome y poniéndome esposas y un bozal, y eso era algo que no me apetecía lo más mínimo. Romperle una botella en la cara parecía ser la opción más segura, y a ninguno de los Muggles que había a nuestro alrededor les parecería raro. Bueno, se alarmarían, claro, pero no sería la primera pelea de bar que han presenciado.

Matt actuaba tan campante y contento, como si yo fuese una vieja amiga a la que hace sólo una semana que no ha visto. Nadie diría que nos dimos una paliza y nos medio matamos el uno al otro, pero su magia fue más fuerte que mis ganas de no desgarrarle en pedacitos y acabé metida en un contenedor de basura, dada por muerta. Nadie diría que años antes de que eso ocurriese nos habíamos peleado otra vez, solamente que esa vez yo sí que estaba en clara desventaja. Nadie puede pelear ni defenderse adecuadamente estando en una etapa tan avanzada del embarazo. Perdí a mi hija. Tardé meses en recuperarme de aquello, y creo que nunca me recuperé del todo. Haber perdido a mi niña era algo que cargaría conmigo por el resto de la eternidad, pues nunca en mis más de mil setecientos años de vida he formado mi propia familia, nunca. Que me quedase embarazada de Matt fue un accidente, y al principio me había horrorizado, pero luego había pensado que a lo mejor aquello no estaba tan mal. Al menos el padre de mi hija sería el hombre que más me había atraído en toda mi vida en vez de un cualquiera. Pero Matt no quería tener hijos, y yo respetaba eso. Había intentado alejarme y tener a mi hija yo sola y criarla y vivir el resto de mis días en paz... Pero a quién voy a engañar. No he tenido una vida tranquila desde que nací hace casi dos milenios en Grecia, y las cosas no iban a cambiar ahora. Debería haber matado a Matt, porque por su culpa yo no era madre, y dudo que en el futuro quiera volver a intentarlo. Debería haberle torturado hasta que me suplicase morir... Pero no lo hice. Debería haberlo hecho, pero había ocasiones en las que Matt podía conmigo. Así que en vez de matarle cometí el error de volver a meterme en la cama con él una y otra y otra vez hasta que volvimos a pelear. Y aquí estamos otra vez.

-¿No tienes alguna otra chica a la que molestar?- le pregunté irritada cuando preguntó que si podía tomar una copa conmigo. Este hombre era increíble. Pero por supuesto que no se va a dedicar a molestar a una muggle cualquiera cuando tiene la oportunidad de venir a molestarme a mí, que es algo que no ha podido hacer en mucho tiempo. A las muggles las tiene todos los días a su completa disposición, y yo acabo de volver de entre los muertos por segunda vez.

Francis salió del baño en aquel momento. Sí que ha tardado tiempo... Se dirigió hacia nosotros y frunció el ceño, sorprendido al ver a otro hombre ocupando su puesto, y por la manera en la que Matt y yo nos mirábamos se notaba que no era un hombre cualquiera que se había acercado sino que era alguien a quién yo conocía. Francis llegó a mi lado y miró con recelo a Matt, cono siempre hacen los hombres cuando se sienten amenazados. Casi puse los ojos en blanco, aunque la verdad es que no me extrañaba que Francis se sintiese amenazado al mirar a Matt. Puede que Francis fuese famoso y atractivo en la manera en la que los deportistas famosos suelen serlo, pero Matt Forman era mucho Forman, y por mucho que quisiese arrancarle la cabeza en aquel momento no podía negarlo. Le miré otra vez. ¡Maldita sea, los años le sientan bien!

-Arabella, ¿quieres que nos vayamos a otro sitio?- me preguntó entonces Francis.- Conozco un lugar perfecto.

Le miré durante unos instantes, preguntándome si realmente quería irme. Luego volví a mirar a Matt. Sí, quiero romperle una botella de tequila en la cara, pero no quiero darle el gusto de hacerle pensar que me tiene asustada o algo. No le tengo miedo después de lo que pasó. Volví a mirar a Francis y le sonreí amablemente, desconcertándole un poco porque supo qué significaba aquella sonrisa.

-Lo siento, Francis, pero voy a quedarme un rato aquí. Te veré mañana en el campo- la verdad es que prefería quedarme ahí con Matt que tener que aguantar un sólo segundo más la compañía extremadamente aburrida de Francis. Él intentó esbozar una sonrisa, aunque se notó que era algo forzada, y asintió con la cabeza. Nos despedimos y se fue, y entonces volví a mirar a Matt.

Bebí otro chupito de tequila. Ya sólo me quedaban dos de los que me habían servido. Matt antes había dicho que se alegraba de haber estado equivocado cuando pensaba que me había matado hacía ya tiempo, pero en vez de contestarle lo único que había hecho había sido fulminarle con la mirada. Tiene un descaro que no se lo cree ni él. Aunque, viendo la expresión en su rostro, no sé si dice la verdad o si se está burlando de mí. Es imposible saber qué pasa por la cabeza de ese hombre a veces.

-Ya son dos veces que piensas equivocadamente que me has mandado al otro mundo... O yo soy muy buena sobreviviendo, o tú eres muy malo matando- dije, esbozando una sonrisa un poco descarada entonces, como las de antaño.
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Matt Forman el Mar Abr 14, 2015 6:24 pm

Pensar en el odio que Arabella estaba reprimiendo en aquel instante para no empezar a gritar y destrozar el mobiliario del bar encima de mi me daba cierta satisfacción. Si monta una escena en este lugar muggle los del Ministerio van a tener mucho trabajo y eso le puede costar muy caro a Arabella. Debe controlar su genio y eso que hay en ella que no termina de ser humano. Me divierte hacerla enfadar en lugares públicos. No quiero reconocerlo pero me gusta verla viva y verla tan bien. Los años no pasan por ella y su belleza sigue siendo radiante como la última vez que la vi desnuda. Aún puedo imaginarla desnuda. La vi tantas veces como pudimos. Si alguien me preguntase si estuve enamorado de ella respondería claramente que no. No entiendo el amor de esa forma. Pero si sé que fue alguien especial. Mírala. Lo sigue siendo. Arabella es única en su especie. Hemos tenido nuestros malos momentos pero siempre los hay de mejores. No quiero que sea distinto esta vez. Ella se hace la dura hasta que finalmente cae en mis brazos otra vez. Quise tomar una copa con Arabella pero su contestación fue fría. Preguntó si no tenía yo a otras chicas a las que molestar. La respuesta estaba clara.

- No hay ninguna mujer como tu en este bar ni en ningún lugar del mundo.

Si aquel patán con el que estaba en el bar no hubiese salido del baño la contestación de Arabella hubiese sido algo como: no voy a perdonarte con unas palabras bonitas. Yo sé que con unas pocas no, pero con unas cuantas si. Es como funciona nuestra relación. El tío estreñido invitó a Arabella a ir a otro sitio. Los miré desafiante. No conozco a ese intento de hombre pero Arabella debe saber quien es su mejor opción. No la puedo culpar si se va con él. La he tratado muy mal y casi la mato. Es algo que tener en cuenta. Pero ese casi debe valer algo... Ella es inmortal y no puedo matarla. Sin saber su punto débil no. Si se queda podremos charlar animadamente sobre lo que ha sido de nosotros en estos años.  

Supe lo que iba a contestar al ver su cara. Aquel tipo también lo supo. Hay un Forman aquí, ¿qué esperaba? El hombre no tuvo más remedio que marcharse con la colita entre las piernas. Me acomodé en la silla para conversar con Arabella y terminar mi copa, quizás pedir otra. Ella estaba ocupada con sus chupitos. Estaba pensando. Me quedé mirándola más por precaución que por otra cosa. En cualquier momento puede lanzarme algo a la cabeza y no quiero sangrar en un lugar público lleno de muggles. Saldría en las noticias y no me gusta. Ni siquiera me gusta salir en la revista de cotilleos mágicos. Al fin habló. Lo hizo para reírse de mi mala puntería a la hora de matarla. Me reí.

- No soy malo matando, eso te lo puedo asegurar. Pero es que tu no eres esa dulce veinteañera que aparentas a primera vista. Eres algo más.

No me iba a confesar de buenas a primeras que clase de criatura era. En estos años estuve investigando y llegué a la conclusión de que no puede ser una vampiresa porque estuvo embarazada. Los vampiros no pueden tener hijos por más que las películas de muggles lo hagan creer. Los vampiricantropos no existen. Que nombre tan estúpido. Tampoco es una mujer normal. La última vez demostró una fuerza sobre humana. No tiene poderes como los magos y brujas, es algo más. Algo más fuerte me atrevería a decir. Sé que si lo deseara podría matarme con facilidad. Pero no lo ha hecho. En cambio yo... De verdad tuve una mala época con ella. Eramos como un matrimonio viejo y bipolar. Muy felices a ratos, muy enfadados a otros. Y en los ratos muertos, nos tirábamos cosas a la cabeza. Aún así, Arabella es la mujer de mi vida. No podemos estar ni juntos ni separados. Ha sido ella la que ha decidido quedarse. Para bien o para mal, se ha quedado. A mandado al otro a dormir solo y se ha quedado conmigo. Quizás cuando le cuente novedades de mi vida no le guste.

- Te ves tan guapa como siempre. Por ti no pasan los años. - tomé un buen trago de mi vodka. - Quiero que me cuentes todo. ¿Dónde has estado? ¿Por qué no me has buscado? Creí que volverías... Y aquí estás. ¿Cuantos deseos de matarme sientes ahora mismo?

La otra pregunta que tenía en mente la reservé para cuando el ambiente estuviese más calmado. Recién nos pusimos a hablar como personas civilizadas, no voy a hablarle de sexo o va a pensar que estoy desesperado. Y lo cierto es que no lo estoy. Es que al verla me han venido viejos recuerdos. Me es tan extraño ver a Arabella viva como vestida.
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Arabella K. Morgenstern el Lun Mayo 25, 2015 10:00 pm

Mis sentimientos hacia Matt en aquel momento eran… extraños. Sí, extraños, no había otra forma de definirlos. Era una mezcla de opuestos que iban a estallar como una bomba de un momento a otro. Por un lado quería arrancarle la cabeza, como era natural, pero me parecía una estupidez meterme en problemas por culpa de él cuando llevo tantos años estando tan tranquila y sin ningún escándalo negativo en mi vida. Por el otro lado era innegable la atracción que aún sentía por él. Era el hombre más sexy que había conocido en mi vida, era un buen amigo cuando no le daba por ser un capullo monumental (lo cual, por desgracia, ocurría el noventa por ciento del tiempo), y era un hombre demasiado interesante como para mandar al demonio. No, no le arrancaría la cabeza, al menos no por el momento. En realidad, no tengo que hacer nada para vengarme de él por haber intentado matarme, solo tengo que dejar que el tiempo pase. El tiene la desgracia de ser humano. Envejecerá y en algún momento perderá todo lo que hace felices a los humanos, pues el tiempo siempre les quita todo, sea lo que sea, hasta que al final les quita la vida. Y cuando él sea un viejo miserable yo todavía seré tan joven como lo he sido en tantos siglos, y lo seguiré siendo durante todavía más siglos. Tendré todo un futuro por delante y un abanico de posibilidades para ser feliz, y pronto olvidaré que un humano mortal se pasó de la raya conmigo. Aquello no tendría ninguna importancia con el paso del tiempo.

De todas formas, no le iba a tratar bien después de aquello, así que le dije que se fuese a molestar a otra chica, pues ahí había muchas, pero su respuesta fue la típica contestación de galán que hace que las chicas se derritan. Puse los ojos en blanco y le sonreí de manera encantadora.

-Eso ya lo sé, querido, es muy obvio- dije con todo el descaro del mundo cuando dijo que no había más mujeres como yo.- Pero eso no significa que no puedas ir a molestar a cualquier muchachita mediocre que encuentres por ahí que se muera por tus huesos. Mira, esa de ahí te está mirando con mucho interés- dije, refiriéndome a una morena de pelo corto que parecía que se iba a comer a Matt con la mirada. Parecía la típica chica que haría cualquier cosa para conseguir a un hombre como él y se tiraría de un puente si él se lo pidiese. A mí, sin embargo, me estaba lanzando miradas asesinas muy poco sutiles.

Mandé a volar a Francis cuando volvió después de su larga ausencia. ¿Por qué? Porque por mucho que no tenga un trato muy bueno con Matt en aquellos momentos, cualquier hombre era mejor compañía que Francis. Era muy bueno con el Quidditch y muy malo con las mujeres. La única razón por la que había salido con él aquella noche era porque es mi compañero y amigo, pero jamás pasaría de eso. Como veía que Francis me iba a inducir a que me durmiese del aburrimiento, preferí quedarme con Matt, porque aunque en el fondo sigo teniendo ganas de matarle, al menos con él me entretengo. En cuanto Francis se marchó y Matt volvió a hablar su hipocresía me dejó sorprendida. ¿Cómo puedes intentar matar a alguien, dejar su supuesto cadáver en un contenedor, y luego decirle a esa persona que te alegras de ver que sigue viva? En serio, si la hipocresía y la bipolaridad fuesen humanos serían una sola persona y se llamarían Matt Forman. Comenté que debía de ser muy malo matando, debido a que ya van dos veces que sobrevivo a sus ataques, aunque el primero fue más o menos un accidente. El dijo que me aseguraba que no era malo matando, y reí por lo bajo. Le miré interesada cuando dijo que yo no era lo que aparentaba ser, que era algo más. Vaya, parece que dentro de esa cabeza tan bonita no tiene solamente serrín. Me terminé el chupito que tenía en la mano y le miré con lo más parecido a una sonrisa sincera que había esbozado en toda la noche.

-¿Ah no? ¿Y qué crees que soy?- pregunté con curiosidad, queriendo escuchar sus teorías. Al principio, cuando Matt me conoció, a primera vista debió de pensar que era una Muggle. Tal vez una Squib, porque yo sabía que él era un mago y él me había visto metida en la parte mágica de Londres y en Hogsmeade en más de un par de ocasiones, pero jamás habíamos hablado mucho del tema. Lo que estaba claro era que yo no era maga, pero tampoco era Muggle. Nunca le había revelado mi verdadera naturaleza, pero tenía curiosidad por saber cómo reaccionaría. Seguro sería gracioso ver su reacción si se entera de mi verdadera edad. Pensar en aquello casi me hizo reír suavemente, pero lo único que hice fue sonreír ligeramente.

Matt se veía algo pensativo, y no dejaba de mirarme. Yo ni dije nada, simplemente le dejé a lo suyo mientras me terminaba todos mis chupitos. Entonces él habló, piropeándome, y volví a dirigirle una sonrisa. ¿Creería él que mis sonrisas eran sinceras o vería que estaba debatiéndome entre mandarle a freír espárragos o continuar soportándole?

-Oh, muchas gracias- le dije con tono dulce y encantador cuando me dijo que estaba tan guapa como siempre. Sonaba como una chica joven y soñadora a la que le estaban diciendo la cosa más bonita del mundo. Luego volví a hablar, y mi tono fue algo más burlón.- A ti sin embargo te están saliendo una canas.- La verdad era que Matt, aunque era más mayor que la última vez que le vi, todavía era joven. Y yo ya había notado antes que la edad le siente de maravilla, pero no lo se lo iba a decir. Le miré a los ojos mientras él me hacía preguntas sobre dónde había estado y por qué no le había buscado. Aquella pregunta me hizo reír y mirarle con mala cara.- Matt, me tiraste en un contenedor después de intentar matarme- le recordé. ¿No le daba eso pistas sobre por qué no le había buscado?- Si te hubiese buscado te habría matado. Así que decidí que mejor me ahorraba el esfuerzo y me tomé unas vacaciones. Decidí ir a visitar mis países de origen. Tanto tiempo en Inglaterra me aburre, y tenía curiosidad…- confesé. Era cierto, antes de ponerme a trabajar de jugadora de Quidditch me había dedicado a explorar mis raíces, aunque ya nada es como era antes. El mundo había cambiado mucho, y lo único que queda de los tiempos de mis padres son monumentos, ruinas, y exposiciones en museos o ilustraciones en los libros de historia.- Crecí en Italia, así que fui allí primero, a Roma.- No había pisado Roma desde que me largué cuando tuve el problema con mi hermano adoptivo, Faustus. Ver todas aquellas ruinas había sido algo muy melancólico y emocional, pero estaba acostumbrada a que eso pasase cuando visitaba lugares en los que había vivido hace mucho tiempo.- Pero nací en Grecia, en Atenas. Mi padre era de allí, era un mago. Estuve con dos de mis hermanas mayores- ver las ruinas de Grecia no me dio tanta pena como Roma, pero sí que fue raro. La había visitado cuando todavía era muy joven con mi familia adoptiva, así que había visto como era en la Antigüedad, y más adelante la había visitado con mis hermanas mayores, a las que veía de vez en cuando, cada cincuenta años o por ahí.- Y luego me fui al país de mi madre, Iraq. Mira, nos conocemos de hace tantos años y no creo que te dijese alguna vez que soy medio iraquí y medio griega criada como italiana…- Se me hacía raro llamar a ese país Iraq en vez de Akkadia, como se llamaba en los tiempos de mi madre, o Babilonia, pero si decía cualquiera de esos dos nombres Matt iba a darse cuenta de que definitivamente tengo más de los veinticinco años que él cree que tengo. Sonreí con encanto.- Es un país precioso, pero ir de turismo allí es muy estresante, todos los muggles se están matando entre ellos- el estado de ese país era una pena, sobre todo si lo comparaban con la grandeza del imperio que una vez había sido. Si mi madre levantase cabeza moriría otra vez.- Y luego me fui a Egipto a ver a mis otras hermanas y ahora aquí estoy, de vuelta en Inglaterra y jugando al Quidditch profesional. ¿Y tú qué te cuentas, Matt? ¿Qué travesuras has estado haciendo en estos años sin mí a tu lado?- ya que le estaba concediendo el beneficio de no romperle algo en la cabeza espero que me entretenga con sus historias.

Entrecerré los ojos cuando me preguntó que cuántas ganas tenía de matarle ahora mismo y le lancé una mirada asesina. Tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para que mis ojos no se volviesen de color rojo y me delataran en medio de aquel bar. Este hombre adora provocarme. Que haya decidido no arrancarle la cabeza no significa que no me gustaría hacerlo. Está en mi naturaleza, después de todo.- Estás jugando con fuego, Matt… Pero supongo que so te gusta.
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Matt Forman el Jue Jun 04, 2015 7:32 pm


La noche se había animado más de lo previsto. ¿La razón de ello? Arabella. Su actitud era mucho mejor e la esperada, para que negarlo. Había intentado matarla en dos ocasiones. La típica pelea de pareja que se te va de las manos. Ambos tenemos un carácter fuerte y más vale no vernos enfadados. Tampoco es que fuésemos pareja, pero algo había. Por su parte no había disculpa posible. No puedo reprochárselo. Había sido un verdadero cabrón con ella siempre, y más al abandonarla en un contenedor de basura al creerla muerta. Durante nuestra primera discusión fuerte perdió al bebé que esperaba por mi culpa. Bebé que no podía ser mío. Arabella no mantenía ningún tipo de fidelidad porque nuestro acuerdo no era de ese tipo. El hijo podía ser de cualquiera. Pero me dio celos. Muchos celos en realidad. Si ella estaba con más hombres no me importaba en absoluto, siempre y cuando yo no los viera o no supiera de que hombre en concreto se trataba. Pero que ella tuviese un bebé de otro era una prueba física de que había estado con otro hombre. Cuando pasó la tormenta me aseguró y me juró que el bebé era mío. Cosa aún peor. Yo era muy joven por aquel entonces y no esperaba tener descendencia tan pronto. Tampoco lo espero ahora y ya tengo una edad más madura.

Arabella se mostraba altanera, creída, superior, suprema... Cada insolencia suya hacia mí le daba poder y la hacía feliz. ¿Qué supone aguantar unas pocas palabras malas si al final de la noche consigo que no me mate ella a mí? Estaba tan emocionado de volver a verla que no me fijé en nadie más. Ella podía creer que mis palabras eran puras mentiras pero no. Me resultaba maravilloso encontrarla de nuevo, viva y como siempre. De guapa, que no de simpática. Ella fue la que me avisó de que había una joven morena mirándome con mucho recelo. La miré de arriba a abajo para calibrar la oferta. Me gusta. No es la típica mujer anoréxica con cara bonita. El conjunto me gusta. Pero he venido a jugar. Como dicen en los concursos de la tele; me da igual si lo pierdo todo, yo he venido a jugar. El premio gordo es muy goloso, no me conformo con el premio pequeño.

- Realmente me gusta, pero nos hemos encontrado y quiero saber más sobre ti. Tenemos que celebrarlo. - alcé la copa y bebí sin esperar a brindar. - Además, te lo creas o no, he madurado. Ya no busco sexo por el simple placer de follar.

Pedí otra copa y terminé lo poco que me quedaba de un trago. El vodka siempre entra bien. En ese momento volvió el tonto aquel del baño y Arabella lo despachó en un momento. Se queda conmigo. Eso quiere decir que se alegra de verme aunque me siga odiando profundamente. Vamos a pasarlo bien. Debo medir mis palabras o esta mezcla de vampiresa y diosa va a intentar matarme a mí. Tuve que justificarme ante ella por no haberla matado. Mis dotes de asesino estaban más que probadas, desde los dieciséis años. Por alguna razón que se escapaba a mi conocimiento no había podido acabar con ella. Lo cual significa que no es una bruja normal y corriente. Debe tener parte de criatura mágica. Con esas características solamente me viene a la mente la especie vampírica. Lo descarto porque dicen que los vampiros son fríos y yo bien sé que ella puede ser más caliente que un Fiendfyre. Ella estaba deseando escuchar mis teorías para reírse un poco.  

- He meditado mucho sobre ello. A pesar de lo que estés pensando ahora mismo, me alegra verte de nuevo. Hay algo en mi que me decía que iba a volver a verte. Ya volviste una vez. Es algo que un simple humano, sea mago o muggle, no puede hacer. De modo que tu eres algo más, Arabella. No doy con el resultado pero divago entre vampiresa, sirena...

No me atreví a decir lo siguiente. Reía interiormente al pensarlo. Había escuchado hablar de unas criaturas llamadas arpías desde niño. Mujeres horrendas que comían niños. Criaturas peligrosas pero bastante humanas. También me abstuve de decirle algo sobre las Veelas. Es un truco demasiado viejo ya y ella lo conoce bien. A ella no tengo que conquistarla. Aún así le dije que estaba guapa y no era una mentira ni un cumplido con segundas intenciones. El tiempo no había hecho mella en ella. Según ella en mi se notaban los años y las canas. ¿Perdona?

- ¿Canas? - me reí al escuchar su pobre intento de dejarme mal. - Hay un sitio donde no tengo canas.

Grosería canalla que me podía salir cara. Esperaba de verdad que no se marchase por una contestación tan simpática por mi parte. Una vez creada la atmósfera de confianza le pregunté por su vida para ponernos un poco al día. Me contestó entonces a mis varias preguntas. Primero que todo, no me había buscado para no matarme. Sentía odio por mí. Algo normal cuando intentan matarte. No hace falta que me lo explique. Lo entiendo. Entendería incluso que saltara encima de la mesa y me atravesara con un tenedor. Sería razonable. Quiso tomarse un tiempo y viajó por muchos países. Lugares en donde tenía familiares o donde habían vivido sus padres. Que mezcla tan extraña de etnias. Italia, Grecia e Iraq.

- No, jamás me habías contado eso.

Hice un comentario en una de sus pausas pero la dejé continuar muy atento a sus palabras. Al parecer su gran viaje le había dado paz y había vuelto a Londres tranquila, sin ganas de matar. O eso espero. De todo lo que me comentó me quedé con la última parte.

- ¿Arabella Morgenstern? ¿Eres tu la jugadora de la que tanto suele hablar mi sobrina? - pregunté asombrado. Si Lluna lo supiese me haría pedirle un autógrafo.  - No está mal. Tengo entendido que eres muy buena. Claro, tienes súper poderes...

Mis bromas podían resultar caras. Arabella podía aguantarlas mientras yo me emborrachara y después esperarme en el callejón al salir y rebanarme el cuello para beberse mi sangre. Me adivirtió que estaba jugando con fuego. ¿Qué tipo de criaturas dominan el fuego? No, está claro que no es un dragón, no tiene alas. El alcohol me estaba empezando a afectar y sonreía de todos modos, aún sabiendo que Arabella podía enfadarse. No es lo que pretendo. Debía contestar a sus preguntas también. Y con total sinceridad.

- Me gustaría poder decirte que mi vida ha sido un asco sin ti y que he estado fatal al pensar que yo mismo te había matado. Pero no. Supongo que nada ha cambiado. Me centré en mi trabajo y me ascendieron a Jefe de departamento por méritos propios. He salido de marcha cada vez que he tenido ocasión y he ligado con muchas mujeres y con algunos hombres... - lo dije en tono serio pero fijándome en su expresión. - No me he casado, no he tenido hijos y no he encontrado a la mujer perfecta. En resumen, estoy de lujo.

Mi totalmente verdadera historia podía enfurecer a Arabella al saber que nada había sido malo en mi vida a pesar de lo que le hice. La vida, el destino o lo que sea, no me había tratado mal ni me había hecho pagar mi asesinato. Sigo viviendo tal y como quiero, haciendo todo lo que quiero y cuando quiero. Tengo una suerte que te cagas. Y mucha suerte de tener una familia que me apoya, cosa que no voy a mencionar ante una mujer cabreada y con poderes que desconozco. Si tanto me odia antes de ir a por mí iría a por ellas y eso no se lo pienso permitir.
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Arabella K. Morgenstern el Sáb Jun 13, 2015 5:22 am

Al principio, cuando Matt me encontró en aquel bar de manera tan inesperada y se sentó a tomar una copa conmigo me sentí incómoda y enfadada. Es lo normal después de todo lo que pasó. Le hablé con tono un poco hostil, preguntándole que por qué no se iba por ahí y me dejaba a mí en paz. Incluso le señalé a una tipa que estaba en el otro extremo del bar babeando por él y todo, para ver si se levantaba e iba con ella y a mí me dejaba sola. En el pasado eso había ocurrido en algunas ocasiones, estábamos juntos en algún lugar y entonces él veía a alguna mujer linda y yo encontraba a algún hombre atractivo y ambos nos íbamos por diferentes caminos. Era un juego sucio y atractivo el que jugábamos, porque después de divertirnos cada uno por nuestra cuenta siempre volvíamos a juntarnos y terminábamos lo que habíamos empezado. Aquello era la belleza de no tener ataduras, lo atractivo de la libertad. Era todo muy erótico y bonito, hasta que las cosas se pusieron turbias precisamente por culpa de ese comportamiento liberal que ambos teníamos. Matt se giró y miró a la chica, que en cuanto vio que él se había girarlo a mirarla casi tiró el vaso que tenía en la mano por culpa de la emoción. Yo tuve que aguantarme la risa. Por muy molesta que estuviese con Matt siempre me iban a hacer gracia las reacciones de algunas jóvenes e incluso de chicas no tan jóvenes cuando Matt estaba cerca de ellas. Antes disfrutaba mucho de las miradas de odio que me lanzaban cuando estaba a su lado. Matt dijo que la chica le gustaba, pero que se quedaba conmigo. Aquello me dejó ver, al menos en parte, que él realmente quería quedarse conmigo aquella noche después de haberme encontrado por sorpresa. Alcé las cejas cuando dijo que había madurado.- ¿En serio? Vaya, eso sí que es un notición. En el pasado habría pensado que el día que tú madurases sería el día que caería un meteorito gigante en la Tierra y nos extinguiríamos todos- dije con algo de burla en la voz, porque el Matt que yo conocí hace años era un irresponsable vividor de la vida. Y no era capaz de mantener el pene metido en los pantalones.- Y dime, ¿qué buscas en el sexo ahora? No me digas que ahora te importan los sentimientos...

Matt demostró que no era tonto cuando dijo que sabía que yo era más que una humana. A muchos otros les llevaba muchísimos más años darse cuenta de eso, y solamente lo descubrían cuando ya había pasado tanto tiempo que era imposible que yo siguiese teniendo exactamente el mismo aspecto físico si no era porque no era humana. Tuve curiosidad por saber qué pensaba él que era yo. Seguro que iba a ser divertidísimo escuchar sus teorías, ya que dudaba mucho que adivinase que era una arpía. Las leyendas que hay sobre nosotras nos representan como mujeres horribles mutad pájaro y mitad mujer, feas y carnívoras, muy sangrientas y altamente peligrosas. No se equivocaban en lo último, pues en el pasado he tenido... accidentes. El primero fue el que ocurrió con mi hermano Faustus, y no fue el último. Matt dijo que si sabía que es lo que soy, pero que divagaba entre vampiresa y sirena. Alcé las cejas sorprendida. Bueno, al menos ha dicho dos especies que son inmortales.- No soy ninguna de las dos- dije, pero eso él ya lo sabía.- Me parezco a las vampiresas en varias cosas, pero no puedo ser una porque me dejaste embarazada y eso a ellas no puede pasarle- no dije ese "me dejaste embarazada" con rencor ni pena ni absolutamente ningún tipo de emoción negativa, sino que simplemente lo dije y ya. Me encogí de hombros.- Y sobre lo de sirena... Te has equivocado de elemento- yo vuelo, no nado. Le dediqué una sonrisa y una mirada traviesa entonces, muy diferente a la mirada de odio que le había lanzado antes cuando le vi por primera vez.- Y si fuese una vampiresa ya que habría incado el diente- aquello podría tomarse como una amenaza o como algo muy sexual.

Matt se rió cuando le dije que tenía canas, aunque la verdad era que estaba guapísimo y tan irresistible como siempre, y dijo que había un lugar en el que no tenía canas. Era el típico comentario que debería haberme esperado por su parte. Dice que ha madurado, pero en el fondo está exactamente igual que antes y... No, no voy a reírme. No voy a reírme. Mi mente hizo un esfuerzo por controlar los gestos de mi cara y mantener una expresión de poker ante aquel comentario, pero no pude evitarlo. Me recordó de repente a tiempos del pasado. Hay que ver las cosas tan idiotas que hace que una se acuerde del pasado. Suspiré y me puse las manos sobre la cara, de manera que podía parecer que me había molestado el comentario... pero cuando las aparté después de un largo suspiro no pude ocultar la sonrisa divertida de mi rostro. Para qué negarlo, quiero arrancarle la cabeza pero a la vez le he echado de menos. Era un hombre con el que me había divertido demasiado en el pasado.- Sí, ya me imagino...- murmuré algo distraídamente.

Contesté a su pregunta, contándole donde había estado y qué había hecho. Viajes, viajes, y más viajes. Mi vida entera consistía de viajes. Si estás en el mismo sitio durante toda la eternidad te acabas aburriendo, así que para evitar eso había vivido por todo el mundo. Mencioné brevemente que me dedicaba al Quidditch profesional, y Matt se sorprendió. Yo me sorprendí más cuando mencionó que su sobrina hablaba mucho de mí.

-Sí, soy yo- asentí cuando me preguntó si yo era Arabella Morgenstern.- ¿Tu sobrina habla mucho de mí? Qué encanto. Creo que nunca la he conocido- sabía que se llamaba Lluna y que Matt la quería mucho y que vivía con él. Aquello de me hacia raro, ya que por lo que tenía entendido Matt era muy paternal con Lluna pero yo ese lado de él jamás lo había conocido. Reí cuando dijo que debía de ser buena porque tenía superpoderes.- ¡No los tengo! Y yo soy muy profesional, jamás usaría trucos en el campo- dije con una pinta muy inocente. Aunque cierto es que si usase las alas durante los partidos sería todavía más buena, porque colaría mejor que con la escoba y podría apartar las Bludgers de mí.

Le pregunté a Matt que qué había sido de su vida y escuché lo que decía. Hice una mueca cuando dijo que su vida no había sido un asco sin mí.- Oh, y yo que esperaba que te estuvieses arrastrando que la más absoluta y asquerosa miseria atormentado por tus pecados- dije con el tono más sarcástico del mundo. Claro que había imaginado que Matt se lo habría estado pasando en grande incluso sin mí.- Enhorabuena por el ascenso- le dije mientras escuchaba el resto de cosas que me decía. Me miró muy serio mientras me dijo que había ligado... ¿con hombres? De todas las cosas que me había contado, aquella debió de ser la que más perpleja me había dejado. Matt, el hombre más mujeriego que había tenido el placer y la desgracia de conocer, ¿ahora ligaba también con hombres? Lo dicho, ha llegado el Apocalipsis. Pero si esperaba que aquella noticia me enfadase y ofendiese o cualquier cosa negativa se iba a llevar una sorpresa. Me reí por lo bajo.- Vaya, eres una caja de sorpresas. Aunque ya decía yo que tenías demasiado buen gusto vistiendo para ser al cien por ciento heterosexual- comenté con una ligera sonrisa.

Esto era raro, pero... me alegraba que no se hubiese casado y no hubiese tenido hijos. Si de repente me hubiese enterado de que tenía hijos me habría enfurecido, porque no sería justo que pasase lo que que pasó cuando estuvo a punto de ser padre conmigo, y que luego formase una familia feliz después de que yo me quedase sin mi hija. Y si se casase... pues sería una pena. Puse cara de incredulidad cuando dijo que no había conocido a la mujer perfecta, y me señalé a mí misma con la mano.- ¿Cómo que no has conocido a la mujer perfecta? ¿Yo qué estoy, pintada en la pared?

Hubo muchísimo follón en el bar entonces, y miré detrás de Matt. Unos tipos se habían emborrachado muchísimo y estaban armando muchísimo jaleo, era desagradable. Con sus gritos y exclamaciones casi no se podía por nada, y no quería tener que gritar para poder hablar con Matt. Además, creo que ya habíamos bebido bastante...

-¿Te apetece salir de aquí?- le propuse, alzando la voz sobre el ruido que hacían esos tipos.
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Matt Forman el Jue Jul 02, 2015 6:04 pm

El encuentro había sido inesperado y temido por mi parte, aunque finalmente no estaba yendo nada mal. Después de matar a Arabella tuve pesadillas con que volvería de entre los muertos para matarme. Por suerte, los años de separación y sus viajes por el mundo la habían tranquilizado bastante. Eso me tranquilizaba también a mi. Dentro del bar lleno de muggles no íbamos a montar ningún follón. Aunque en algún momento tendría que irme a casa y con la oscuridad ella podría aprovechar para vengarse de mi. No se lo puedo reprochar. De estar yo en su lugar no dudaría en atacar aquí mismo, rodeados de muggles como estamos. Hablando y poniéndonos al día me di cuenta de que su tono de voz y su manera de expresarse iba cambiando. Primero estaba como reticente a hablar conmigo y ahora incluso me hacía preguntas personales. Algo hemos avanzado. Por eso me atreví a confesar que me alegraba de haberla encontrado. También le comenté que había madurado en este tiempo sin vernos lo cual le causó risa. Arabella estaba convencida de que nos extinguiríamos antes de que yo madurase. La verdad es que el sexo fácil ya no me interesaba tanto como antaño.

- ¿Quién ha hablado de sentimientos? No estoy diciendo que me tenga que enamorar de una persona para poder follar con ella. Quiero decir que me he dado cuenta de que me gusta conocer a las personas, saber sobre sus gustos y disgustos.

Eso es madurar. Me he dado cuenta de que el sexo fácil no me satisface del todo. No es tan malo como pensaba el repetir con una misma persona y llegar a conocerla más. De hecho, Arabella fue la primera. Empezó siendo solo sexo para luego parecerse a una amistad. Luego más sexo, celos y algo tan parecido a una relación que daba asco. ¿Eso significa que ella me hizo madurar? Espero que no se de cuenta y piense que he logrado mantener conversaciones de más de dos horas antes de tener sexo con alguien por méritos propios.

Una cuenta pendiente entre ella y yo era su naturaleza inmortal. No conozco a nadie que tras morir dos veces vuelva buscando morir una tercera. Desconozco que clase de criatura pueda ser, pero tengo mis opciones. Le expliqué mis dos alternativas y ambas fueron denegadas. Yo mismo pude deducir que no se trataba de una vampiresa puesto que nunca me succionó la sangre y era cálida como cualquier mujer. Los vampiros son fríos, pálidos y no pueden salir durante el día. Arabella incumplía esas tres reglas. Además de que estuvo embarazada y los vampiros no pueden tener hijos. Ella misma se encargó de recordármelo. Hace mucho tiempo que no pienso en ello. ¿Un hijo? Creo que era niña... Si hubiese nacido tendría unos poderes extraños y sería única en su especie. Un bicho raro. ¿Sería bruja? Mi madre no me perdonaría el haber tenido descendencia con una criatura semi-humana. Eso si que sería motivo para desheredarme y no el tener tendencias homosexuales.

Pensé que si podía ser una sirena. Son seres poderosos que llegan a vivir muchos años. Igual no son inmortales, pero su poder les ayuda a sobrevivir a experiencias que un humano no resistiría. Me negó ambas opciones pero en ningún momento hizo intención de decirme de que se trataba. Lo que si hizo fue provocarme con su amenaza sensual.

- Me has hincado el diente más de una vez y no ha pasado nada. ¿Por qué no me quieres decir qué eres? Juro que no volveré a intentar matarte. Por lo menos no en los próximos dos o tres años.

Es el tiempo que podía tardar a enfadarme con ella o cansarme de sus insolencias. Dudo que los celos actúen en mi de una forma tan radical si ella continua con su vida. Hasta el momento, yo he continuado con la mía. Y ahora entiendo mejor que nunca que ni ella ni nadie es de mi propiedad. Puedo ponerme celoso, por supuesto. Eso significa que una persona me importa. Pero no llegar a ese punto de querer matarla. Ahora que sé lo que me pierdo si la mato, prefiero verla viva. Y prefiero que ella no lo sepa.

Al ponernos al día me di cuenta de que ella era la jugadora de Quidditch profesional de la que mi sobrina siempre está hablando. Tiene un póster en su habitación y un par de camisetas con el apellido de Arabella. Es decir, que Lluna admira a Arabella. Menos mal que no sabeque intenté matarla dos veces y a punto estuve de tener una hija con ella. Finalmente he admitido que ella no sería capaz de mentir en algo así y que estaba embarazada de mi. Es tan extraño pensarlo que prefiero no hacerlo, me duele la cabeza. Me está afectando el alcohol. Me despertó el instinto protector hacía Lluna. Arabella mencionó que no la conocía.

- No me interesa que la conozcas mucho. No vaya a ser que se te crucen un día los cables y decidas hacerle algún daño para hacerme daño a mi. Si eso pasa, juro que encontraré la manera de acabar contigo definitivamente. De modo que... Espero que mi sobrina pueda continuar admirando tu trabajo y llegue a ser tan buena jugadora como tu, pero sin conocerte.

A lo mejor le estaba dando ideas, a lo peor podía ponerlas en práctica. Me inundó un sentimiento de miedo, pena y tristeza a la vez. Perder a Lluna sería lo peor que podría pasarme en la vida. Me volvería loco. Asentí como si hubiese estado escuchando lo que Arabella decía sobre no usar sus poderes en el campo. De ser ella, yo lo haría. El equipo sale ganando y que les den a los otros. Definitivamente no comprendo el juego limpio.

También ella quiso saber sobre mi vida después de tanto tiempo y la verdad es que todo eran buena noticias. Me había comprado un piso en pleno Londres donde disfrutaba de mi soledad e intimidad. Me habían ascendido a Jefe de Inefables. Mi familia es perfecta... Nada me ha ido mal desde que dejamos de vernos. Es decir, desde que la maté.

- Tuve mis malos momentos pensando en ti, pero lo superé. Eres alguien a quien quiero en mi vida y a la vez alguien a quien no quiero volver a ver. ¿A ti no te pasa? Me conoces bien, conoces mis debilidades y mis puntos fuertes. Eres la persona con la que más intimidad he compartido...

A ella le parecieron más interesantes mis ligues con hombres que otra cosa. A su parecer, mi buen gusto indicaba que no todo en mi eran células heterosexuales. Que discriminación. Me visto bien y tengo buen gusto porque es una cualidad mía, nada tiene que ver con mis gustos sexuales.

- ¿Nunca te conté que tuve mis experiencias homosexuales en Hogwarts? Veo que no me conoces tan bien como yo pensaba.

¿Nunca le hablé sobre Neil? Parece que guardo pequeños secretos en personas diferentes. Lo de Neil solamente lo sabe Caleb. A estas alturas, cualquier persona que lea Corazón de Bruja sabe que a Matt Forman le gustan tanto los penes como las vaginas. Incluso madre debe saberlo. Ella que siempre ha querido que crea un núcleo familiar sólido. A punto estuve de tener una hija y no llegué a conocerla, como para intentar tener una mujer o compartir la vida diaria con una. Alguien acabaría muerto. Maldito carácter mío.

- Tu no eres la mujer perfecta. Estás buena. - miré a las chicas de la barra. - Estás más buena que la mayoría de mujeres con las que me cruzo y además no envejeces, pero estás muy lejos de ser perfecta. No te tires flores.

Arabella puede sacarme de quicio en cualquier situación. Lo bueno de ella es que es tremendamente sensual y siempre está dispuesta para tener sexo. Es arriesgada, no tiene vergüenza, es inteligente, pero es terriblemente posesiva, controladora, manipuladora... Es una mujer.

El bar empezaba a ser ruidoso y yo empezaba a marearme por el calor y la bebida que había tomado de más. Acepté encantado el salir del bar. Cuando quise levantarme de la silla tuve que apoyarme en la mesa ya que me mareé un poco. Ha sido una mala idea beber tanto sabiendo que Arabella debe tener una ganas terribles de devolverme el mal que le hice en su día. Me acerqué a ella para que escuchase mis palabras.

- He bebido demasiado, lo mejor será que me vaya a casa. ¿Me acompañarías?

Esa pregunta puede tener varios significados. Yo le atribuyo por lo menos tres. Uno sería que me acompañe a mi casa para tener sexo. Siempre que bebo me pongo cachondo con facilidad y ella lo sabe de sobra. Al igual que sabe que me pongo excesivamente agresivo cuando estoy borracho y me enfado. Lo segundo sería que le estoy ofreciendo a Arabella su venganza en bandeja. Bien podría matarme y descuartizarme para luego esconder mis pedazos en los armarios de la cocina o debajo de mi cama. Y tres, y definitivamente el significado que tiene hoy para mí, quiero una tregua. Quiero que vuelva a confiar en mí y seamos amigos sin tener que pedirle disculpas ni soltar un discurso sobre lo mal que me sentí después de matarla por segunda vez. Casi tan mal como la primera.
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Arabella K. Morgenstern el Vie Jul 10, 2015 8:56 pm

Me hacia gracia escuchar las teorías que Matt tenía sobre mi naturaleza. Era obvio que era una criatura, pues no podía hacer magia así que no era una maga pero no era una Squib ni una Muggle porque poseo cualidades que ellos no tienen. Matt se había dado cuenta de ello, más pronto que otras personas y más tarde que otras, pero lo había hecho, y no conseguía averiguar cual era mi verdadera naturaleza. Eso era culpa de los estereotipos que había sobre las arpías. Las historias que se cuentan de nosotras son tan oscuras y repugnantes que parecía imposible que yo fuese una. La mitad de las historias que formaron los estereotipos son verdad, pero no todas.

-¿Qué hay de divertido en decírtelo? Pero tal ve sería mejor... mostrártelo, en ve de decírtelo- le propuse entonces, ofreciéndole la posibilidad de saber qué era yo realmente si él quería verlo. Pero no aquí, obviamente. En otro momento, en otro lugar, preferiblemente sin alcohol de por medio y con el humor calmado. En cuanto dejase de ocultar las garras con las que había destripado a más de un hombre dejaría de autocontrolarme para no hacerle daño. Matt era el único hombre al que jamás había querido hacer daño, incluso cuando me lo estaba haciendo él a mí. Fui una idiota.- ¿Dos o tres años? Vaya, eso me hace sentirme muy tranquila- dije con sarcasmo.

Si Matt volvía a hacer lo que me hizo ya en dos ocasiones... No sé qué haría. Estaba harta de no luchar, lo haría. Me defendería como debería haber hecho en las otras dos ocasiones, debería haber ganado yo aquellas peleas absurdas, debería hacer sido él el herido, el que sufriese. No yo. Tenía claro que, si algo pasaba, no le daría la oportunidad para hacerme daño una cuarta vez. Es más, ni siquiera debería dejar que existiera la posibilidad de que me hiciese daño una tercera vez. Debería llevarle a algún rincón oscuro lejos de los ojos de testigos y destriparles, arrancarle la cabeza y tirar su cuerpo en un contenedor y hacerlo arder hasta que no quedasen de él más que cenizas. Pero no iba a hacer aquello. Supongo que iba a ser una idiota y dejar que Matt viviese tranquilo siempre, hasta el fin de sus días, y a saber qué pasará en el futuro.

Cuando dije que no conocía a su sobrina, noté que Matt se ponía algo tenso, y le miré con curiosidad. Me dejó muy claro que no quería que conociese a su sobrina para evitar que la usase para vengarme de él. Aquello me ofendió, y a punto estuve de enfadarme de verdad cuando le oí acusándome de aquella manera tan sucia. Yo no haría eso, y me insulta que siquiera se le pase por la cabeza. Pero vi emociones en los ojos de Matt que jamás había visto antes en ellos. Miedo. Tristeza. Todo por pensar en la posibilidad de que yo le quite a sus sobrina. Vaya. Parece que lo imposible es posible, después de todo. Matt Forman tiene un corazón dentro del pecho y es capaz de querer a otro ser humano que no sea él mismo.- ¿En serio crees que caería tan bajo? Puede que haya otros que usen a los inocentes para hacer pagar a los culpables, pero yo no soy ese tipo de persona- mascullé con voz sería, dejándole claro que si algún día le quería hacer pagar por cualquier cosa, iría directamente a por él.

Pasamos a un tema de conversación menos tenso. Yo bromeé diciendo que había estado segura de que él habría estado arrastrándose en la miseria por lo que me hizo, y él me dijo que yo era alguien a quién quería en su vida y a la vez no. Conocía ese sentimiento a la perfección.- Claro que me pasa lo mismo. Me ha pasado antes, cuando te he visto por primera vez. Quería marcharme, o mejor, darte una patada y sacarte yo misma a ti del bar- confesé, y esbocé una sonrisa algo triste.- Pero no lo he hecho. Somos demasiado parecidos.

Lo que dijo sobre los hombres me sorprendió. Obvio lo del bien gustó en el vestir era una broma, él tenía buen gusto él solito sin influencia de su sexualidad.- No, nunca me contaste mucho de ti, en verdad- la nuestra había sido (¿o era todavía?) una amistad misteriosa y extraña. Había secretos, secretos por todas partes. Ese era en parte el origen de muchos problemas, aunque no lo pareciese. La comunicación es importante entre las personas, incluso entre nosotros. Tal vez su recién descubierta madurez le ayude a darse cuenta de eso.- Ni tú me conoces tan bien a mí. Estoy segura de que hay más cosas que tú no sabes de mí de las que yo no sé de ti- básicamente porque le sacaba dieciséis siglos de edad y había tenido más experiencias que no se podían contar cuando fingías ser una chica que como mucho tenía veinticinco años. Como mucho.

Puse morritos cuando me dijo que no era la mujer perfecta. El alcohol me ayudaba a tener una actitud muchísimo más despreocupada que la de antes, y por eso actuaba y hablaba como si todo lo anterior a esta noche en este bar no hubiese pasado. Por ahora.- ¿Por qué estás tan convencido de que no envejezco?- pregunté con curiosidad.- Nos conocemos de hace varios años, sí, y no he cambiado casi nada, pero eso puede ser porque tengo buenos genes. Mi madre murió sin una sola arruga- dije. Aquello era verdad, pero con trampa, ya que era inmortal... ¡Claro que era inmortal! Pero para los humanos aquello era cuestión de genética.- ¿Cuántos años piensas que tengo?- como me diga cuarenta sí que le pego.

Había demasiado ruido en el bar y por eso le ofrecí irnos. Él también quería irse, pero porque había bebido. Fue entonces cuando dijo que quería ir a su casa, por lo que pensé que había llegado la hora de despedirnos. Pero, para mi gran sorpresa, me ofreció a acompañarle. Mi reacción hacía unos años habría sido predecible; habría aceptado de inmediato, a no ser que tuviese un previo compromiso. ¿Pero ahora? Me daba igual con qué intenciones me estuviese invitando a ir con él, me había quedado petrificada. Pero no petrificada en el buen sentido, como hacían las jóvenes que eran invitadas por apuestos jóvenes que les gustaban y se ponían nerviosas. Me quedé petrificada durante unos instantes por el miedo, y ese miedo se notó en mis ojos. No pude ocultarlo; aunque sólo fue durante unos instantes, el medio estuvo allí. Tenía miedo porque apenas hacia media hora que me había reencontrado con Matt después de que me diese tal paliza que a punto estuve de morir. Él pensó que me había matado, y había sido la segunda vez que lo había hecho, aunque la primera que había sido intencional. La primera vez que me atacó fue casi por accidente, y fue un estallido involuntario de magia. Pero los recuerdos me invadieron la mente de pronto, y mi instinto autoprotector me gritaba que le mandase a la mierda, que no iba a caer en su trampa otra vez. Lo peor era que me recordaba a mi hermano adoptivo, Faustus. Me recordaba a uno de los peores días de mi vida, y aquello me hacia temblar.

¿Pero qué estoy haciendo? Estaba siendo estúpida. Puedo ir con Matt. Confiaba en que no iba a hacerme nada, no otra vez. Y si por alguna razón lo intentaba, sería la última vez que lo hiciese. El miedo que durante unos segundos me había invadido fue empujado a un lado, desterrado de mí, y sonreí levemente.

-Claro- asentí con suavidad. Nos levantamos, pagamos la cuenta, y nos marchamos.

La calle estaba muchísimo más fresca que el interior del bar. Se había hecho más de noche y hacía frío, y tirité un poco. Aún quedaban unos días hasta que llegase la primavera. Caminamos por las calles que comenzaban a ser desalojadas por los ciudadanos de Londres, aunque muchos seguían por ahí disfrutando de sus horas libres. Miré a Matt.- ¿Sigues viviendo donde siempre o te has mudado?- yo sí que me había mudado. Si iba a buscarme a mi antiguo apartamento no me encontraría.
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Matt Forman el Dom Jul 19, 2015 4:52 am

Arabella jamás iba a confesarme su naturaleza. Si lo hiciera yo podría conseguir información y matarla más fácilmente. O eso es lo que ella puede pensar y por eso no quiere contármelo. No la puedo culpar, ya van dos veces que intento matarla. Suelen decir que a al tercera va la definitiva. No siendo deseos de matarla en este momento pero sé que eso puede cambiar. En ocasiones es demasiado dura y a veces es demasiado blanda, y sea como sea, es una mujer que me gusta y que me impone. Si lo pienso detenidamente su muerte me tranquilizó en cierto modo porque ella conoce demasiadas intimidades mías. Así como mis debilidades. Es la única mujer con la que he hecho excepciones y puede que la quisiera a mi modo. Y eso me asustaba.

- No estoy seguro de querer verlo sin saber antes que puedo esperar. No suelen gustarme las sorpresas.

Sus palabras me hacían intuir que no me lo mostraría ahora mismo, ni hoy, pero estaba dispuesta a mostrarse tal y como es. Puede que sus poderes sean tan fuertes que pueda matarme sin mover un solo dedo. Eso me asusta. Nunca he tenido miedo al pensar en Arabella pero la idea de morir no me atrae. Tampoco la creo capaz. Ha tenido dos ocasiones para mostrar sus poderes y no lo ha hecho. ¿Me quiere? ¿Que clase de criatura no mata a alguien que le intenta matar?

- Es broma. No voy a intentar matarte de nuevo. A menos que me des verdaderos motivos...

Se me ocurren un par de motivos que no le voy a mencionar para no darle ideas. A bote pronto vamos a intentar llevarnos bien. Cuando Arabella y yo nos llevamos bien la vida puede ser muy divertida. Además, ya no tengo motivos para estar celoso de otros hombres que se acerquen a ella. Jamás he tenido motivos reales. Ella y yo nunca hemos sido pareja ni nada parecido. Es un sentimiento que no entiendo.

Al ponernos al día caí en la cuenta de que Arabella ahora es una jugadora famosa de Quidditch a la que Lluna idolatra. Se me escapó mentar a mi sobrina y Arabella pareció interesada en conocerla. Le di mis motivos para que eso no llegue a pasar y ella se mostró un tanto molesta. Dijo no ser ese tipo de persona que se vale de inocentes para hacer daño a sus enemigos. Bueno, pues yo lo haría. Por eso lo he pensado. Sea como sea, Arabella y Lluna nunca se han cruzado y pueden seguir igual.

- No quiero darte ideas, pero es un buen método. Siempre funciona. Es algo que he hecho...

Me dejó un poco más tranquilo saber que si un día se enfada conmigo vendrá directamente a por mí. No me perdonaría si a Lluna le pasase algo por mi culpa. De todos modos no iba a presentarlas. Si Lluna se llega a enterar de que conozco a esa famosa jugadora que ella tanto admira se va a enfadar.

Nuestra conversación se había vuelto más normal a medida que iba transcurriendo la noche. La mejor parte era saber que Arabella, a pesar de las indirectas, no me culpaba de nada. Es más, la encontraba como siempre. Muy guapa, divertida, bromista y tranquila. Al verme tuvo instintos asesinos, y no la culpo, pero se ha resistido. Supongo que no ha tenido otro remedio porque estamos rodeados de muggles.

- Aún estas a tiempo de sacarme del bar a patadas, pero me alegra que no lo hayas hecho.

No quería mostrarme débil ni contarle lo realmente mal que lo pasé con su supuesta muerte, por eso me hice el duro. Al intentar cambiar de tema le conté que sigo tan ligón como siempre. Y al parecer nunca le conté a Arabella mi tonteo con los chicos. ¿No le hablé de Neil? Supongo que cuando la conocí estaba dolida con Neil y con lo que pasó, y me lo callé. Desfogué con ella mi odio por los hombres. Quiero decir que como Neil y yo no tuvimos oportunidad de hablar nunca pensé que había más hombres que me gustasen. Hasta que no me topé con aquel chico rubio... y luego con Apolo. Mi vida está llena de conquistas pero últimamente me he decantado por el sexo masculino.

- Podemos ponernos a prueba. ¿Jugamos a las preguntas incomodas? - dije levantando el vaso dando a entender que jugar a las preguntas con alcohol siempre es más divertido. - Pero no hoy.

Mi cuerpo no estaba acostumbrado a tomar tanto y tan seguido. Vino, alguna que otra copa mezclada, pero jamas tantas seguidas. Sentía esa agradable sensación que te da el alcohol. Como si flotara en el espacio y mi cuerpo fuese más maleable y flexible. Esa ilusión de falsa felicidad me inundaba.

Una pregunta le surgió a ella y tuve que pensar muy bien como contestar. Sabía que no envejecía pero ella alegaba tener buenos genes. Como los de su madre. Cierto es que ciertos maquillajes pueden esconder todo tipo de marcas en la piel pero a Arabella la he visto de madrugada sin maquillaje, y desnuda. Conozco casi tan bien su piel como la mía. Sé que no envejece y no cambia.

- Aparentas tener unos veintiiii... – me quedé enganchado por no saber como seguir. - ¿Tres? - siempre es mejor quedarse corto, es algo que todas las mujeres agradecen. - Pero jamás he visto marcas en tu piel, ni acné, ni granos, ni rojeces. Quizás tienes una piel perfecta y punto, pero da la sensación de que no han pasado los años por ti. Y demuestras conocimientos que la gente joven no suele tener, no sé como explicarlo.

Le propuse acompañarme a casa y me dijo que si. Estaba convencido de que me iba a dar una negativa pero nuevamente fallé en mis predicciones. Madre hace años que intuye que no heredé su don. Salimos a la calle y el aire fresco me reconfortó bastante. Arabella en cambio parecía tener frío. Le tendí mi chaqueta. Puede que mañana deba tomar poción antimocos pero ahora mismo no necesito ropa. Tengo calor y una leve sensación de euforia. Hace demasiado tiempo que no tomaba de este modo.

- Si fueses un vampiro no estarías de piel de gallina. Anda, ponte mi chaqueta.

La pregunta que me hizo me tuvo pensando unos instantes. Cuando Arabella y yo estábamos juntos ella tenía un apartamento en Londres donde solíamos vernos. Yo he vivido siempre en la mansión Forman aunque alquilaba pisos en Londres donde poder llevar una vida placentera lejos de los ojos chismosos de mi madre. Fue hace un par de años que decidí comprar un piso y mudarme allí.

- Me he mudado. Compré un piso cerca de Trafalgar Square. No está lejos.

Miré los edificios un poco desorientado. Entonces me entró una terrible desgana al pensar que debía llegar hasta mi piso para poder sentarme a descansar. En ese momento llegó a mi olfato un olor dulce, como de panqueques con chocolate caliente. Son claros signos que desvelan que me encuentro en ese punto entre la embriaguez extrema y la resaca. Un punto intermedio en el que estás bien pero comerías un jabalí entero sin a penas respirar. Al llegar a casa podría comer algo y después descansar. O quizás hablar con Arabella hasta que se haga de día como hacíamos antes.

- Lo he decorado yo. Verás que gay me ha quedado.

Me reí del mi propio chiste aunque no tenía ninguna gracia. Son als consecuencias de beber desmedidamente, se sueltan más tonterías de las normales porque el filtro que tenemos en el cerebro se apaga. Estábamos cerca y me dispuse a buscar las llaves. No estaban en el pantalón de modo que me asusté bastante. Fui a palpar el bolsillo interno de la chaqueta y me di cuenta de que Arabella la llevaba y también las llaves. Que susto más innecesario. Al llegar al portal le indiqué a Arabella que ese era el lugar. Me aproximé a ella con claras intenciones de coger las llaves con sumo cuidado sin dejar de mirar sus ojos. O la veo tan preciosa como siempre, o la bebida realmente me ha afectado. Mi habitual instinto depredador quiso darle un beso allí mismo, pero me contuve. He madurado tanto que ni el alcohol me hace cometer estupideces.  Una vez conseguidas las llaves abrí el portal y subimos hasta el piso con el ascensor. Inventos muggles, susurré para mi. Abrí la puerta de casa y dejé que Arabella pasara primero. Aquel piso nada tenía que ver con mi antiguo apartamento. Este era de mi propiedad con un estilo curado y propio.
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Arabella K. Morgenstern el Vie Jul 31, 2015 5:12 pm

Matt decía que no le gustaban las sorpresas, y que por eso prefería que le dijese cuál es mi verdadera naturaleza en vez de verla con sus propios ojos cuando yo decidiese mostrárselo. A punto estuve de reír, pues sabía que aunque le dijese lo que era aquello no iba a evitar que se llevase una sorpresa cuando me viese con alas, garras, y ojos rojos. Tal vez podría hacer que mis ojos se volviesen rojos durante un segundo para que así viese una mínima parte de lo que le esperaba. Daba igual que los Muggles estuviesen ahí, si alguno me veía culparía al alcohol o pensaría que tenía lentillas raras. Pero no lo hice, preferí mantenerle con la duda por el momento.

-Espero que no me des razones tú a mí- repliqué cuando dijo que no intentaría matarme otra vez a no ser que le diese razones para intentarlo de nuevo. Nunca me había defendido de él, pero a partir de lo que pasó la última vez había decidido que me defendería y atacaría si al final era necesario. No voy a volver a ser una idiota nunca más. Pero a lo mejor hay una esperanza para ambos, una esperanza de que su recientemente adquirida madurez y mi inagotable paciencia nos permitiesen estar para siempre tan bien como lo habíamos estado durante nuestros buenos tiempos.

Fue curioso darme cuenta de que no conocía a su sobrina. Yo sabía que Matt quería mucho a su sobrina y cuidaba de ella, pero me era difícil imaginándomelo de esa manera. Despertó mi curiosidad, y luego me provocó indignación cuando pensó que podría llegar a usar a la chica para hacerle daño a él.

-Si lo que quieres es no darme ideas estás fallando miserablemente- dije con una media sonrisa algo siniestra, una sonrisa que me salía muy bien después de haber estado viviendo en este mundo dieciocho siglos con todo tipo de gente con todo tipo de malas intenciones.- Ya sé que funciona. Hubo una época en la que no era tan buena como ahora... Aunque parezca que no rompo ni un plato- dije con tono algo irónico- eso no es verdad, aunque estoy reformada.

Continuamos hablando un rato de temas variados hasta llegar al que me sorprendió ligeramente, que era que Matt disfrutaba de la compañía de hombres tanto como disfrutaba la de mujeres, cosa que yo nunca supe. Aunque le conocía bastante bien, y casi me atrevo a decir que soy una de las mujeres que mejor le conoce (seguro que sus amigos le conocen mejor, por eso no dije que era la persona que más le conocía) , no conozco absolutamente todos sus secretos, aunque sí muchos. Aunque claro, él también es una de las personas que mejor que conocen a mí, y sin embargo no sabe casi nada de mí, lo cual es irónico. Teniendo tantos años como tenía y al haber estado fingiendo tener muchísimos menos, jamás le había hablado de nada de mi vida real. Me hizo gracia cuando propuso lo de las preguntas incómodas. La última vez que jugué ese juego con alguien había acabado revelando que mi amante más pésimo había sido el rey Enrique VIII. ¡Con razón ninguna mujer le duraba nada!- Está bien, cuando tú quieras- asentí, y a punto estuve de fruncir el ceño. ¿Ahora estaba haciendo planes futuros con Matt? Sí qué ha sido inesperada esta noche, pues hace apenas dos horas pensaba que no le iba a volver a ver en lo que le quedaba de vida. En verdad debería decirle que no quería verle ni para jugar a ese juego tan divertido, pero no podía evitarlo.

La otra cosa que Matt dijo que me hizo mucha gracia fue que parecía que yo tenía veintitrés años. Se ve que no tenía ni idea pero prefería quedarse corto a no pasarse de la raya y ofenderme, pero claramente yo tenía que tener muchos más basándonos en cuantos años llevábamos conociéndonos.- Te has quedado un poco corto. Pero sólo un poco- dije con una sonrisa traviesa y un tono irónico tan ligero que era apenas perceptible, como si estuviese hablando en serio. Escuché entonces lo que él decía con interés, sorprendiéndome por lo bien analizada que me tenía. Los detalles no se le escapan con facilidad a Matt.- Te entiendo- dije cuando dijo lo último. Se refería a mis referencias históricas de vez en cuando, a los momentos en los que se mencionaba algo incorrecto de la historia del mundo y yo lo corregía inmediatamente tan convencida como si hubiese estado ahí (lo cual era verdad en la mayoría de casos), mis modales, costumbres, comportamiento... Había muchas cosas, pequeñas, que me señalaban como de otra época. A veces incluso era la manera de vestir, pero eso solía pasar menos. Volví a sonreír traviesa.- No se te escapa una, ¿eh? Pero a lo mejor sólo es que soy una empollona y por eso sé otras cosas- mi secreto no iba a ser revelado hoy.

Ambos decidimos irnos del bar. Los dos habíamos bebido, pero a Matt el alcohol le había afectado más que a mí. Yo tenía siglos y siglos de práctica bebiendo y mi tolerancia era buena, aunque mis sentidos estaban un poco nublados y mi filtro estaba algo afectado, pero no destruido. Estaba en el punto en el que llevar tacones era una verdadera lata pero podía caminar. Hacía frío debido a la época del año en la que estábamos. Cuando había salido no había pensado en ponerme ropa de abrigo, y el top negro que me había puesto a juego con el resto de mi ropa no me protegía de las bajas temperaturas. Matt me sorprendió al quitarse su chaqueta y ofrecérmela. Me sorprendió de la manera buena, pues no recordaba que Matt fuese un hombre que hiciese aquel tipo de detalles amables. Cogí la chaqueta con una leve sonrisa en mi rostro.- Muchas gracias. Mira, poco a poco vas descartando detalles. Dentro de nada me habrás pillado- dije con tono un poco bromista mientras me colocaba la chaqueta sobre los hombros. Era muy grande para mí, así que me cubría entera y la manera en la que me abrigaba daba mucho gusto. Me reí con el comentario que hizo más tarde sobre la decoración de su nuevo piso.- Seguro que te ha quedado genial.

Le seguí hacia su nueva casa, a la que no tardamos en llegar. Vi cómo se ponía a buscar las llaves y comenzaba a preocuparse cuando no las encontraba. Me di cuenta de que estaban en el bolsillo de la chaqueta que me había dado pues sentía cómo pesaba más aquel lado de la chaqueta que el otro. Iba a ir a meter la mano en el bolsillo para darle las llaves, pero antes de que pudiese hacerlo Matt se dio cuenta de lo mismo y se acercó a mí. No apartó sus mirada de la mía, y me di cuenta de que yo misma era incapaz de apartar mi mirada de él, como un imán que era atraído con fuerza hacia el polo opuesto sin ser capaz de luchar contra la potente fuerza magnética. Me di cuenta de que Matt y yo estábamos más juntos en aquel momento de lo que habíamos estado en toda la noche. Debería apartarme de él, no debería dejar que se acercase a mí… Quería apartarme, o apartarle a él, pero a la vez no quería. Era como si mi propio ser estuviese dividido en dos: un lado quería matar a Matt, descuartizarle y darle de comer sus restos mutilados a los perros callejeros, y el otro lado quería agarrarle y… ¡besarle! ¿Qué locura verdad? Después de todo lo que había pasado me sentía estúpida y bipolar, pero… En el fondo sabía que le había echado de menos en mi vida, pues ya me había pasado aunque hubiese intentado reprimir el sentimiento. Había decidido no matarle y darle una nueva oportunidad de ser alguien en mi vida en vez de mandarle a freír puñetas porque todos mis años de vida me habían dado una lección. La vida de los humanos es demasiado corta. Si dejaba que la parte de mí que le odiaba se hiciera más fuerte le mataría, pero luego le echaría de menos. Total, dentro de relativamente pocos años para mí él iba a acabar desapareciendo para siempre, ¿así que qué me cuesta enterrar el hacha de guerra? Al menos por el momento.

Subimos a su apartamento. Al que entré yo primero. El sonido de mis pisadas producidas por mis tacones resonaron en el interior de la casa mientras yo me paseaba por la entraba, todavía con la chaqueta de Matt puesta a pesar de que allí dentro la temperatura era mucho mejor. Miré con curiosidad el interior del piso, examinando los detalles. Era todo muy moderno y elegante, diferente de mi propio estilo, pero me gustaba. A pesar del aspecto moderno daba una sensación muy hogareña, y aunque lo hogareño no era algo que soliese relacionar con Matt sí que tenía todo un estilo que parecía muy propio de Matt. Era curioso.

-Me gusta, te ha quedado todo muy bien- dije con un tono y una expresión sincera, sonriéndole mientras le miraba. Tal vez le estaba sonriendo de una manera tan encantadora y a la vez juguetona a causa del alcohol. Comencé a tener calor, así que me quité la chaqueta y se la devolví, dándole las gracias. Volví a mirarlo todo, y llegué al pasillo. Desde allí podía ver las habitaciones. Una de las puertas estaba abierta y se veía el interior, y por el estilo deduje que era la habitación de su sobrina. No comenté nada al respecto, pues a lo mejor no le hacía gracia que yo me diese cuenta de que vivía con su sobrina durante las vacaciones (aunque aquello era obvio) después de la conversación de antes.- ¿Vas a ofrecerme algo de tomar o ya has bebido demasiado?- le pregunté alzando las cejas. Me quité los tacones, pues estaban haciendo demasiado ruido.
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Matt Forman el Dom Ago 16, 2015 3:35 pm


El exceso de alcohol en sangre me daba soltura a la hora de hablar y decía cosas que podían molestar a Arabella. Como lo que le dije sobre Lluna. Lo cierto es que lo pensaba de ese modo. Que Arabella conozca a mi sobrina no es algo que quiero que pase porque puede utilizar  ami niña para hacerme daño a mí. Es lo único del mundo que no sería capaz de soportar. Pueden hacerme a mí lo que sea pero que nadie toque a mi familia. Es algo propio de los Forman el estar muy unidos, y más después de la muerte de mi padre a manos de aurores cabrones. Y se lo dije tal cual lo pienso porque es una técnica que yo he usado para intimidar. Admitió que también había hecho uso de malas artes en un pasado y le sonreí con complicidad.

- ¿Ahora eres buena? ¿Una santa? Pues si que hemos cambiado...

Tampoco había pasado tanto tiempo. Quizás un par de años. A lo sumo tres o cuatro. Arabella continuaba siendo la misma en aspecto pero quería parecer más buena. Y yo quería parecer más maduro. El paso de los años hace que las personas cambien a mejor y a peor, que no todos los cambios son para bien, y en mi caso ha sido para bien. Mis ideales más arraigados persisten. Saber que Arabella estaba reformada me daba ganas de continuar hablando con ella y saber que me había perdido en estos últimos años. La culpa de que dejáramos de vernos fue mía, lo admito. Por eso seré el que intente recuperar la buena amistad que un día existió.

Hablamos de muchos temas, como suelen hacer los amigos. Dejando algunos apartados para otro día, otros para más tarde y algunos para no sacarlos nunca más. Dejaríamos para otro día el juego de las preguntas incómodas y por el momento nos centraríamos en las cómodas. Como lo es la verdadera edad de la misteriosa Arabella.  Mi suposición es que podía tener unos veintiséis. Hace por lo menos cinco años desde que se quedó embarazada, y cuando me lo contó parecía una niña asustada. Según ella me había quedado corto pero no me corrigió. Será mejor dejar el tema. La edad de una señorita no se debe preguntar. Otra cosa es si ella me la quiere decir. Si no quiere es tonto insistir. Aunque su forma de hablar de ciertos temas me hacía pensar que posee una madurez o una inteligencia impropia de una chica de su edad. Negué exageradamente lento con la cabeza cuando dijo ser una empollona.

- Una empollona jamás reconoce serlo. Lo sé porque convivo con una. No es que se pase el día estudiando, pero seguro que tiene más libros favoritos que amigos. Y no digo que eso sea malo. Pero a ti no te veo de ese modo. Tu tienes un secreto oscuro que no quieres revelarme.

No quería contarme nada y lo acepté. Vaciamos los vasos antes de salir del bar. Al pasar por la barra pagué la cuenta, como de costumbre. Al levantarme de la silla pude notar mi estado adelantado de embriaguez. No me encontraba así desde hacía años. Salimos a la calle y me notaba muy caliente a pesar de la fría brisa. Yo no notaba nada pero Arabella sí. Por ello le cedí mi chaqueta siendo a la par simpático y caballeroso.

Le dije de ir a mi piso y no se negó. Para distraerme le dije que le iba a gustar la decoración. Mis pies eran pesados aunque mi cuerpo parecía ligero. Sentía muy poca vergüenza, mucha menos de la normal, y veía posible cualquier cosa.  Cualquier cosa menos besar a Arabella. Me contuve con todas mis fuerzas al llegar al portal y buscar las llaves en la chaqueta de mi propiedad que ella llevaba puesta. El modo en que la tapaba me parecía muy sexy. La dejé pasar primero y exploró el piso. Me di cuenta de que mi mente no funcionaba al cien por cien al ver fotos de mi sobrina repartidas por todo el piso. Arabella ya sabe como es Lluna. Cerré la puerta y me aflojé un tanto la corbata y la camisa. Es al costumbre nada más llegar a casa cuando vengo en estas condiciones. Tengo demasiado calor ahora mismo. Si no me quito también los pantalones es para que Arabella no se piense lo que no es. Me tiré en el sofá y atraje las botellas del mueble bar con magia. Ella se quitó los tacones, y quise suponer que se estaba poniendo cómoda. Le sonreí con cara de idiota.

- El paseo me ha sentado bien, voy a tomar la penúltima. ¿Qué te sirvo?

Rellené uno de los vasos con más vodka y esperé a que Arabella me pidiese para llenar el suyo. Le hice un hueco en el sofá para que se sentase a mi lado si quería. Alcé el vaso de nuevo para brindar aunque lo único que quería era beber. La bebida estaba fría y calmaría mi calor.

- Brindemos por tu carrera como jugadora profesional de Quidditch.

Nada más decir eso dejé el vaso sobre la mesa causando un sonido a cristal roto, pero fue solamente una falsa alarma. Me dirigí con paso firme a la habitación de Lluna y saqué un póster gigante del equipo de Arabella. Nunca me había fijado que una de las jugadoras era ella. La tuve ahí todo el tiempo para darme cuenta de que en realidad no estaba muerta, y no me di cuenta.

- No tengo derecho a pedirte un favor como este, lo sé. Pero te estaré eternamente agradecido si le firmas este póster a mi sobrina.

Miré a Arabella con cara de perro abandonado con el póster en la mano. Al igual que esos pobres que se sitúan cerca de supermercados para dar pena. Si algún día Lluna se entera de que conozco a su jugadora favorita y no le he hecho firmar algo me mata. Y su enfado es algo con lo que no podría vivir. Por eso me rebajo de esta manera, para tener contenta a mi sobrina y porque llevo un pedo que hace que me la sude pedir un favor a alguien como Arabella.
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Arabella K. Morgenstern el Sáb Sep 19, 2015 3:08 am

La noche estaba yendo infinitamente mejor de lo que podría haber ido, pues cierto era que podría haber sido un verdadero y espantoso desastre. El desastre habría culminado con la cabeza de Matt separada del resto de su cuerpo y siendo lanzada hacia el otro extremo del bar para que se golpease contra la pared como una pelota y salpicase sangre por todas partes. Habría sido lo más lógico, pues Matt había cometido una de las mayores gilipolleces que un hombre podía cometer en el mundo, y eso era cabrear a una arpía, una criatura notoria por asesinar brutalmente a hombres por pura diversión. Pero Matt tenía la suerte de que, por razones que podían no parecer muy lógicas ni razonables, no quería hacerle daño. ¿Será que en el fondo tengo un corazoncito? ¿Será que he bebido demasiado alcohol? ¿Será que me parece una pérdida inútil de tiempo hacer un esfuerzo para asesinar a una persona que en unas cuantas décadas (si tenía suerte y aguantaba hasta entonces) desaparecerá para siempre del mundo? En realidad era una mezcla de todas esas cosas, pero el caso era que Matt tenía suerte de que yo fuese lo suficientemente idiota como para llevarme bien con él por el momento.

-No- negué riendo cuando preguntó si ahora era una santa. ¡Ni de lejos!- Solo digo que estoy en un momento muy tranquilo de mi vida- tenía que tener etapas de tranquilidad y paz o me volvería loca. Todavía recuerdo la locura que había sido el siglo XX… Iba a necesitar mucha tranquilidad en el siglo XXI para recuperarme de todo el jaleo de esa época, aunque las experiencias de este siglo me estuviesen haciendo casi imposible conseguir una tranquilidad estable.

Después de aquella conversación tranquila en el bar decidimos irnos de allí, sin que la noche acabase en tragedia. Caminamos hacia su nuevo apartamento mientras conversábamos tranquilamente, de manera agradable. Qué extraño era aquello. Sinceramente si esta mañana alguien me hubiese dicho que esta noche iba a cruzarme con Matt Forman y no le iba a arrancar la piel a tiras sino que iba a acompañarle a su casa como si nada no le hubiese creído, habría dado a esa persona por loca. Tal vez debería darme por loca a mí misma, sobre todo después de las sensaciones y emociones que me recorrieron el cuerpo entero durante aquel breve momento en la puerta del portal…

Su apartamento me gustó, y se lo hice saber. Me quité su chaqueta y los tacones para estar más cómoda a la vez que él hacía lo mismo con su propia ropa y se tiraba en el sofá, que tenía pinta de ser caro y cómodo. Sacó unas botellas de alcohol y me preguntó qué quería.- Una copa de vino. O lo mismo que estás tomando, como prefieras- dije con una amable sonrisa mientras me acercaba al sofá donde estaba él y esperaba a que me sirviese mi propia copa. Cuando lo hizo me senté en el mismo sofá pero a una distancia prudente de él, pero sonreí y alcé la copa cuando él propuso un brindis.- Gracias, Matt. Brindemos también por que a ti te vaya la vida tan bien como hasta ahora- dije antes de beber de mi copa.

Le miré cuando se levantó de repente y desapareció en el interior de una de las habitaciones para salir segundos después con un póster en las manos. Fruncí el ceño al principio, sin saber qué se traía entre manos, pero lo comprendí de inmediato en cuanto vi de qué era el poster y Matt comenzó a hablar. Reí un poco por lo bajo, pues aquella situación me parecía graciosa, y asentí con la cabeza.- ¡Claro! Dame una pluma o un bolígrafo y yo se lo firmo con mucho gusto– dije, y cuando tuve en las manos algo con lo que escribir le firmé el poster a la sobrina de Matt justo donde estaba mi imagen. Me fijé en el poster entonces, era de hace algún tiempo. No me extrañaba que Matt no se hubiese fijado en que yo era la buscadora del equipo, pues cuando hicieron la foto para el poster yo tenía mi color de pelo natural y estaba muy rubia, no castaña oscura como ahora. Tal vez me lo dejaría otra vez rubio. Miré a los demás del equipo. Ahí estaban el entrenador, y Jayce, y Francis…- Mira, ahí está el pobre al que has hecho huir en el bar- me reí con ese tipo de risita graciosa que tienen los borrachos… Uy, comienza a subírseme el alcohol. No debería haber mezclado, había bebido demasiado tequila en el bar y ahora esto… Bueno, qué más da.

Vacié la copa entera y, de manera contraria a lo que sería inteligente, pedí una segunda cuyo contenido no tardó en desaparecer tampoco. Estaba definitivamente muy contenta, aunque no estaba borrachísima.

-Bueno, creo que yo debería irme ya a mi casa… Es tarde- murmuré entonces, mirando a mis manos en vez de a Matt. Fui a intentar levantarme, pero todo el alcohol que había en mi cuerpo hizo que mi intento de levantarme tuviese los efectos completamente contrario. En cuanto me puse de pie me dio vueltas el mundo entero y me tambaleé de manera un poco cómica. Perdí el equilibrio y un instante después ya me había caído de nuevo en el sofá, pero en vez de quedar sentada me quedé tumbada y caí sobre las piernas de Matt. Le miré sorprendida a los ojos y entonces comencé a reírme. Aquello era ridículo, pero estaba muy contenta.
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