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Uno de esos dias (Remus)

Invitado el Jue Mar 19, 2015 7:37 pm

No quería salir de la cama. Le daba una pereza monumental. Excesiva, inmensa. Como del tamaño del Big Ben. Era tan pesada y caía sobre sus hombros como un piano. Nadie debería estar obligado a hacer tareas en días como aquellos.Podía a ver el sol primaveral acariciar el pasto y escuchar los árboles cantar y el ruido que hacía Chuck al tener hambre. Esto Último fue lo que la disuadió o. Con un quejido salió de entre el agradable calor de sus cobijas y alimentó al camaleón. El animal le lanzó una mirada recriminatoria, molesto por todo el tiempo que le había hecho esperar. Distraída y entorpecida aún por Morfeo, Robin acercó sus dedos al lomo del animal. Quienes creen que los camaleones son animales lentos y pacíficos fueron hallados culpables de inocencia ante el mordisco que se llevó Robin. Una magnífica forma de empezar el día. Gruñó en dirección a Chuck y tras una última mirada añorante a su cama, se fue a seguir la rutina de la mañana. Se duchó,tomándose un largo rato. Todos habían aprovechado aquel fin de semana para irse a Hogsmeade. No los culpaba, si ella no hubiese perdido una apuesta con Circe y tuviese que hacer sus trabajos además de los suyos también lo hubiese hecho.

El día demostraba ser cada vez más prometedor. Al salir, Robin se dio cuenta que en medio de su somnolencia había olvidado llevar ropa y varita. Iba a ser un magnífico, se dijo mientras atravesaba los dormitorios vacíos en dirección al suyo, abrazada a su toalla como si fuese la última tabla de un naufragio. No se molestó en escoger su ropa con esmero. Estaba segura que como pintaba el día aún si se ponía su ropa favorita todo iba a ir de mal en peor. Así que se puso lo primero que encontró o, cualquier cosa. Si nadie había visto incursión nudista, nadie vería sus fachas de camisa holgada y vaqueros oscuros. Los tacones se los pondría alguien con menos seso, lo suyo eran unas zapatillas.

Como si fuese poco, los libros no aparecían en ningún lugar. Los malditos libros habían decidido irse de fiesta. Finalmente tras una agotadora búsqueda encontró los libros debajo de un montón de ropa de una de sus compañeras de cuarto. No se dio cuenta cuánto había perdido verdaderamente hasta que vio la lista de deberes de Circe. Herbología, encantamientos adivinación, defensa, transformaciones. Un pie de nota le decia que, como regalo, ella haría las tareas de Cuidado e Historia. Gracias, Circe, eres encantadora. Metió todo lo que pudo en su mochila y el resto lo llevó en brazos. Se iba a dañar la espalda a este paso. Era un día definitivamente magnífico.

Salió de la sala para adentrarse por los pasillos desiertos del castillo. Parecía que los de primero y segundo año habían sido tragados por la tierra. Mejor para ella. Soportar enanitos insoportables en este día maravilloso era lo último que necesitaba. Si había algo positivo de ser Hufflepuff era el hecho de estar junto a la cocina, donde todos los elfos se afanaban por complacerla. Su humor había mejorado considerablemente para cuando salióo de su breve incursión a la cocina. Tres croissants calientes, con centro de chocolate, un muffin y una galleta le arreglaban el dia a cualquiera.

Siguió su camino, encontrándose que, como no, todas las escaleras que necesitaba se movían justo cuando iba a llegar a ellas. Un viaje de quince minutos se volvió cde poco más de media hora. Seguramente Circe le estaba echando mal de ojo o algo desde Hogsmeade. La biblioteca apareció ante ella y a Robin nunca le había parecido una visión tan dulce. Tomó, sin embargo, una de las mesas más alejadas de la entrada. Descargó su pesadísima carga y con la lista de Circe en mano, y la suya propia, se fue en cacería de libros. Se tardó un buen rato, pues parecía que todos los títulos que necesitaba estaban jugando a las escondidas. Cuando tuvo lo que consideraba un buen montón se encaminó hacia su mesa. Pero el mal de ojo de Circe la perseguía y acabó por chocar con un librero, haciendo caer la mitad de los libros y los suyos propios.

- En mi vida pasada debí ser un verdadero monstruo-murmura debajo de su aliento, dejándose caer, resignada con su destino.


Última edición por Robin Castleberry el Vie Mar 20, 2015 4:00 am, editado 1 vez
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Invitado el Vie Mar 20, 2015 12:57 am

Sus ojos se resistían a abrirse aún teniendo en cuenta que la claridad que ya penetraba por las ventanas de aquel cuarto casi comenzaba a abrasar su piel. Gruñó levemente tapándose la cara con las mantas que cubrían el resto de su cuerpo, maldiciendo para sí mismo al que estaba seguro que había dejado las cortinas abiertas de par en par. Sirius probablemente se habría encargado de hacer que en su ausencia por el viaje a Hogsmeade que Remus había rechazado para poder estudiar durante aquel fin de semana, fuese un infierno desde la primera hora del mismo día en que estos había partido rumbo a aquel pueblo que prácticamente era el sueño de cada uno de los que se encontraban estudiando en aquel lugar, realmente necesitaban aquel desahogo semanal, mensual o lo que cuadrase, una mera escapatoria de la rutina que sufrían durante toda la semana entre libros, varitas y hechizos cada día más complicados. Rodó por la cama deshaciéndose de la manta que cubría su cuerpo por completo, estirando el brazo derecho para comprobar que Skip no había entregado nada durante aquella noche, aquel maldito animal tendía a hacer las entregas más importantes cuando le venía en gana, cosa que le había costado algún que otro despiste bastante peliagudo que obviamente no pudo achacar a las cada vez mas continuas travesuras del animal.

Finalmente y tras varias intentonas de volverse a la cama, logró levantarse de esta, no sin antes observar un pequeño agujero en la parte baja de la chaqueta de su pijama, necesitaba uno nuevo, pero aquel era tan cómodo y lo había acompañado durante tanto tiempo que le daba hasta pena el pensar que pronto tendría que deshacerse de él y cambiarlo por uno nuevo. Se revolvió el cabello suspirando levemente, a paso lento fue agarrando las prendas que usaría a lo largo del día para después poner rumbo hacia las duchas, sabia por experiencia que el dejarse la ropa atrás podía ser fatal, aunque contando que sus compañeros no estaban por allí desperdigados a la espera de la oportunidad de la broma diaria probablemente habría dado lo mismo que se pasease hasta su cuarto en ropa interior, pero tampoco iba a tentar a la suerte.

No le había llevado más de cinco minutos el ducharse y sentirse decente de salir a dar una vuelta por el colegio, concretamente en busca de su alimento matutino que a juzgar por lo vacía que estaba la sala común, asumía que ya estaría servido en el Gran Comedor. No había optado por una vestimenta del otro mundo, unos pantalones vaqueros y una camiseta de manga larga, no es que hiciese frío, pero tampoco estaban las cosas como para ir de manga corta, el castillo no era precisamente lo que se podía considerar caliente y su salud ya era bastante débil durante ciertos días del mes como para acrecentar aquello con una posible gripe. Salió tras guardar la varita, no le gustaba salir sin ella. Cuando el retrato que daba entrada a su sala común, se giró para hacer una leve reverencia a la mujer que protegía sus dormitorios - ¡Buenos Días! Es un placer ver que está tan bella como siempre - La mujer comentó algo acerca de que todos los muchachos que allí se hospedaban debían ser así de corteses e hizo aquella reverencia tan de la época a la que probablemente pertenecía, cosa que Remus contestó de igual modo bajando las escaleras que parecían haberle estado esperando.

No le costó demasiado escaquearse entre algunos de sus compañeros de curso que al igual que él habían optado por quedarse para estudiar o al menos fingir que lo hacían y agarrar un par de aquellos bollos que solo con olerlos le hacían sentirse como si en el paraíso se encontrase. Uno de los pequeños alumnos de primero le miró de soslayo, como si le hubiera molestado aquella incursión en la bandeja que tenía justo de frente a él, quien había sido mirado de mala manera por el joven solo sonrió levemente, guiñándole un ojo a este para después agarrar otro bollo sujetando el anteriormente obtenido con los dientes. La biblioteca estaría vacía a aquellas horas, cosa que le hacía sentirse con más ganas aún de llegar a esta y disfrutar de aquel silencio constante que tanto le ayudaba a calmarse, a sentirse totalmente normal, como todos los demás estudiantes que se habrían ocupado de llenar las mesas más centradas o aquellas que se encontraban coronadas por los grandes ventanales que daban la luz necesaria para que el leer en aquel lugar no hiciera que se les cayesen los ojos.

Al entrar saludó con una sonrisa a la mujer que se encontraba allí parada, no estaba muy seguro de por qué estaba así, pero no iba a cuestionarselo, pero un ruido hizo que dejase de preocuparse por aquello para acercarse a de donde había venido aquel estruendo, apresurándose en recoger alguno de los libros que parecían haber querido atacar a la muchacha - ¿Estás bien? - Cuestionó mirando los títulos de algunos de los libros, si era su día de suerte encontraría algo con lo que pasar el rato en aquel montón de libros que yacían desparramados por alrededor de la joven.
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Invitado el Vie Mar 20, 2015 4:27 am

Apartó uno de los mechones de pelo que le caían sobre el rostro con el dorso de la mano mientras se daba unos segundos para simplemente mirar el montón de libros que tenia ante ella con actitud derrotada. No faltaba mucho para que viniese la bibliotecaria a mejorar el día con un regaño sobre el adecuado uso y cuidado de los libros. Lo único que le faltaba. Y pensar que llevaba menos de una hora levantada. Finalmente consiguió algo de valor y tomó el primer libro. No era ninguno que necesitaba, pero igual lo tomó y lo apretó contra su pecho. Debía recogerlo todos sin miramientos. Para su sorpresa, antes de que llegará la bibliotecaria llegó un chico. Sus ojos se alzaron y se encontraron con un rostro conocido, pero nunca antes conversado. Todos sabían quienes eran los merodeadores, si no hacían mas que meterse en problemas. Estaba el idiota, el sexy, el aburrido y el feo. O al menos era así como le gustaba a Circe llamarlos. Parecía que la rubia tenia amigos por todos lados y ella era tan solo su mejor amiga que se pasaba la vida sin conocer a nadie. Pero ese no era el punto. Ante ella estaba ante el tranquilo. Lupin. Le regaló una media sonrisa cansada y estuvo a punto de responderle con un “genial” sarcástico cuando, como esperaba, la bibliotecaria apareció con la furia de una tempestad.

-¡Jovencita! ¿Se puede saber que forma es esta de tratar a los libros?- y después vino toda la cantaleta que la bibliotecaria se sintió obligada a dar. Robin se preguntaba si le pagaban extra por ello o ser molesta era parte de sus requisitos para el puesto.

Se disculpó sin verdaderas ganas y tras asegurarle a la molesta señora que todo iba a volver a estar en su sitio logró espantarla. Para aquel momento ya había recogido una buena cantidad y se apresuró a empezar a ponerlo en las estanterías de las cuales había caído. Tal vez, en algún momento, el cerebro de Robin haría uno mas uno y recordaría que todo era mas fácil con una varita. Pero en aquel momento para lo único que hizo uno mas uno fue para recordar que aún tenia compañía.

-Sí, perdón, estoy bien, mas que bien, genial- su voz salió tan tranquila y ligeramente fría como siempre- tan solo… estoy teniendo uno de esos días que te hacen preguntarte si no te habrán echado algún conjuro para la mala suerte. Tal vez no debería haber salido de la cama.

Acabó por poner los libros que tenia en los brazos en la estantería y les dedicó una mirada antes de volver a sacar dos o tres que reconoció como suyos. El proceso se repitió un par de veces hasta que se encontró satisfecha con el resultado y se agachó a recoger los que verdaderamente necesitaba. El chico seguía allí y Robin le dedicó una mirada algo confundida. No sabia que hacer ahora, no era conocida precisamente por ser la mas conversadora y amable de todas las chicas de Hufflepuff. Es mas, creía que aquella era la conversación mas larga que había sostenido con alguien que no fuese Circe en aquella semana. Debía buscarse una vida, se dijo, acomodándose como podía la enorme cantidad de libros en los brazos. Luego miró a Lupin con una mirada curiosa, los ojos ligeramente entrecerrados y la cabeza un poco ladeada antes de hacerle un gesto con la cabeza para que la siguiera. Tenia miles de trabajos que hacer y un poco de procrastinar no le haría daño. En verdad no quería hacer ni el primero de los deberes.

Finalmente llegó a su mesa de trabajo y dejó caer el montón de libros sobre esta con un suspiro de tranquilidad. Ahora debía sacar la pluma y el pergamino… y se le había olvidado todo se dio cuenta de pronto, a punto de echarse a llorar. Sin embargo apartó eso de su mente mientras rebuscaba entre su mochila hasta dar por fin con la comida que se había robado de la cocina, aún tibia, y ponerla sobre la mesa. No era especialmente conservadora, pero tenia entendido que compartir comida era una forma universal de hacer amigos. A menos que fueses un hombre extraño en la calle y a la persona a la que te dirigieses fuese un niño. Sacudió la cabeza, intentando deshacerse de aquellas ideas provocadas por su mente distraída y estresada. Tomó uno de los croissants y se dejó caer en una silla, mirando al chico.

- Convérsame- casi le rogó, aunque sonó casi como una orden, antes de darle un mordisco a su desayuno. Su estomago, que había estado rugiendo enojado segundos antes, le agradeció esto y Robin casi pudo ver como una enorme boca dentro de su estomago se tragaba una vez mas el trozo de pan. Merlín, la estaba perdiendo, pensó mientras estiraba la mano para frotarse el puente de la nariz.
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Invitado el Vie Mar 20, 2015 3:13 pm

No tuvo tiempo de vaticinar que la arisca bibliotecaria estaba ya al acecho para regañar a la chica a la que él había ido a ayudar. Aquella mujer era como un grano en el trasero, daba igual que solo estuvieses estudiando, si la solapilla de alguno de los libros se asomaba siquiera al borde de la mesa, iría como alma llevada por el diablo a regañar al incauto alumno que hubiera osado "maltratar" aquel libro parte de la colección de reliquias del colegio, o al menos así las llamaba esa mujer. Ser parte de los Merodeadores y por consecuente amigo de Sirius Black y James Potter no le daba tampoco demasiados privilegios a la hora de entrar en aquel lugar, de hecho solía ser vigilado desde que la puntera de sus zapatos entraban en casi cualquier lugar, pero después de un pequeño incidente con unos libros que terminaron volando por la biblioteca las cosas estaban un poco más tensas para él. Tragó saliva mirando primero a la chica y luego a la bibliotecaria la cual ya había llegado a la altura de ambos, aunque para su sorpresa, no hubo ninguna advertencia para él, simplemente una serie de regaños ya conocidos por todos los alumnos que contasen con más de medio año en Hogwarts, era como un clásico, tu curso no había comenzado hasta que aquella mujer te regañaba por primera vez o eso le habían dicho a él cuando había puesto sus pies en el colegio de magia y hechicería que ahora era su casa, además siendo el prefecto solía ser él el que les dijese aquello a los nuevos, aparte de otros cientos de cosas como que de ser posible, evitasen a los dos gamberros que se contaban entre sus mejores amigos para no perder más puntos.

No tuvo tiempo de atajar la regañina que sin comerlo ni beberlo le había tocado aguantar a él. Por lo que simplemente continuo ayudando a colocar los libros con tranquilidad, notando la mirada de la bibliotecaria clavada en su nuca cuando acabó con la muchacha a la que ahora acompañaba, cosa que hizo que se le erizase la piel, aquella mujer era un ser despiadado, no entendía de otra cosa que no fuesen los regaños y atosigar a los adolescentes que estudiaban plácidamente, algunos tanto que hasta llegaban al séptimo sueño.

Su maniobra de despiste para no ser regañado fue simplemente seguir con las manos en los libros, tratándolos casi como si se tratasen de bebés, aunque la realidad es que no tenía demasiado claro el como se debía tomar a un bebé en brazos, lo más cerca que había visto uno había sido en las fotos de los álbumes de sus padres o incluso alguna de un hermano pequeño de uno de sus compañeros, le parecían seres horrorosos, bien era cierto que él había sido uno, pero estaban tan arrugados y rojos que se parecían más a uno de los pasteles que solían servirse durante el periodo de Navidad en el Gran comedor que a una persona.

Asintió levemente al escuchar a la muchacha, entendía tan bien aquellas palabras que algo se revolvió en su interior, solo quedaba una semana para empezar con aquel ritual incómodo que presagiaba toda luna llena que se acercaba a la fecha - Deberían llevarnos los libros a la sala común - Dijo convencido con aquella leve sonrisa que solía caracterizarle en los días que se encontraba bien, salvo que sus amigos hubieran decidido hacer alguna tontería y él tuviese que tratar de disuadirlos sin éxito. Se acercó un poco a la joven para que la bibliotecaria simplemente no alcanzase a escucharle - La que no debería salir nunca de la cama es ella, siempre está así de insoportable con todos. - Chasqueó levemente la lengua tomando un par de libros de los que habían caído, teniendo la suerte de que coincidían con lo que debía estudiar.

No era demasiado dado a socializar con cualquiera que se encontrase, al menos no ir más allá que dos palabras cruzadas, un cumplido amable y continuar por su camino sin siquiera mirar atrás, pero al ver el gesto de la muchacha no iba a ser maleducado y rechazarlo, además, compartir mesa con una chica que a simple vista no era demasiado fácil de catalogar. Se sentó frente a ella dejando los libros que previamente había cogido dejándolos aún a un lado de él, no en frente - No soy alguien de muchas palabras, ya sabes, aburrido - Se frotó la nuca con una de sus manos, era un hecho que todos los que conocían a los merodeadores lo tenían como al merodeador muermo, el que siempre intentaba que las cosas fuesen bien y no perjudicase a ninguno, sin tener demasiada suerte. Miró a la joven que parecía tener algo de hambre a juzgar por el modo en el que había mordido a aquel indefenso dulce. Arqueó un poco la espalda - Soy un maleducado -Negó con la cabeza riendo levemente - Soy Remus Lupin ¿Tú eres...?
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Invitado el Sáb Mar 21, 2015 11:24 pm

Si tuviese un galeón por cada vez que la bibliotecaria la había regañado, tendría lo suficiente como para pagarle a Odiseo la escoba. Llevaba seis años en Hogwarts y había caído una multitud de veces en sus garras. Seguramente la hubiese acusado de racismo si no fuese porque no conocía a la primera persona que se hubiese salvado de su regañina. Siempre tenía algo que decir sobre la forma en que tratabas los libros. Esa mujer necesitaba un novio o una vida. Y pronto. Las palabras de Remus le sacaron una risita que se apresuró a guardar mordiéndose los labios. Si la bibliotecaria descubría que se estaban burlando de ella el sermón nunca terminaría. Tal vez era porque vivía tanto tiempo entre libros que una vez que empezaba a hablar con seres humanos parecía no poder detenerse.

Y, sentada, tuvo también la epifanía de que ella necesitaba de consentir tanto a Circe, se reprime mirando el montón de libros que había ante ella, esperando para ser manoseados, llorados encima, llamados nombres, a punto de ser lanzados por la ventana. Lo típico que hace todo estudiante desesperado con demasiados trabajos. La rubia tenía suficientes hombres a sus pies a los cuales esclavizar como para que encima ella engrosara las filas de su ejército de esclavos. Su croissant no duró demasiado vivo. La mala suerte le abría el apetito. El chico la había seguido, hasta se había sentado frente a ella, y Robin se sentía inmensamente agradecida por eso. No era una persona que normalmente buscase la compañía de desconocidos, pero de vez en cuando estaba bien romper la monotonía. Además, cualquier cosa para apartar el momento en que debería empezar a imitar la letra de Circe, que siempre era un dolor de cabeza. Medio sonrió al escucharle decir que no era una persona de muchas palabras.

- Yo tampoco, o mejor dicho, yo también soy aburrida- admitió mientras estiraba su mano hacia la servilleta que contenía su desayuno. Tomó el segundo de sus croissants y empujó el tercero y último hacia el chico. No le agradaba comer sola. Ver a alguien masticar no era un gran entretenimiento. Además, con lo delgado que estaba probablemente necesitaba un poco de relleno en los huesos. Cuando dijo que era un maleducado frunció ligeramente el ceño ¿A qué se refería? Si aún no había puesto los pies sobre la mesa o nada por el estilo. Cuando se presentó negó divertida con la cabeza y rió también, porque ¿por qué no?- Robin Castleberry. Un placer.

Después de eso, dejó caer el silencio unos instantes. No quería que la bibliotecaria apareciera de nuevo y les diese otra regañina a cuenta de que la biblioteca no era un lugar social, que allí se venia a estudiar y que jovencita, deje de comer en este mismo instante. Que falta de respeto. En ese silencio aprovechó para morder un par de veces su pan. Empujó con una mano uno de sus pesados libros, haciéndolo caer. Vamos por el silencio, ahora tenia que distraerlo de su torpeza. En días como esto parecía ser que lo único que lograba ser era torpe. Y si la hubiese visto correr semi desnuda por la sala común… Sacudió ligeramente la cabeza, deshaciéndose de ese recuerdo. Nadie debía enterarse nunca de eso.

- Y dime Remus, ¿te puedo interesar en un trabajo sobre los encantamientos explosivos? –empuja con el dedo un libro, suspirando- o tal vez 25 centímetros de hechizos de defensa… -suspiró, porque eso era uno de sus pasatiempos favoritos- pensar que los dos estamos desperdiciando un hermoso día metiendo la nariz en un libro- mira añorante por la ventana unos segundos antes de devolver la mirada al chico. Estaba hablando una inusual cantidad para ella y la garganta empezaba a hacerle cosquillas de incomodidad. Pero tampoco quería hacer trabajos y necesitaba mantener al chico allí de alguna forma. El día tenia que mejorar de alguna forma, así fuese con compañía inesperada- tal vez con un suicidio colectivo. Podemos probar alguna poción, debo tener alguna receta aquí. “Suicidio para principiantes” tal vez después pueda hacer un ensayo sobre ella y ganar puntos extra desde la tumba.

Se pasó una mano por el pelo, acabando por perder la poca compostura que le quedaba. Horror, un completo desconocido la estaba viendo a ella perder la compostura. Sus padres estarían tan emocionados al respecto que era posible que corriese el mismo destino de sus hermanos. Aquello le sacó una sonrisa amarga. Después se dio cuenta de lo que estaba haciendo y miró de nuevo a Remus.

- Lo siento mucho, olvida todo eso. Estoy hablando de más.
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Invitado el Dom Mar 22, 2015 11:51 pm

Como todo el colegio ya sabía, aquella mujer era como un ser recién salido del averno, sin sentimientos hacia los incautos alumnos que tan solo querían avanzar en sus trabajos usando los libros que la biblioteca dejaba a su alcance. No sabría como explicar realmente como se sentía al entrar a la biblioteca si le prohibían usar la palabra "delincuente" pero lo cierto es que aquella muchacha el único error que había cometido había sido el de no mirar correctamente por donde se abrían paso sus pies y terminar estampada con multitud de libros a su alrededor y aquella especie de Medusa petrificándola con su gélida mirada. Al menos había logrado que la joven , aunque era obvio su interés por no mostrarlo para no ser del todo crucificada, que se riese y no pareciera tan seria como segundos antes de su encuentro, podría decirse que Remus no estaba demasiado acostumbrado a tratar con rostros demasiado sobrios, le ponían nervioso.

Aquella torre de libros no podía pertenecer solo a aquella muchacha, o eso, o era tan despistada que podría tener casi literalmente cientos de trabajos que hacer simultáneamente y los cuales dudaba que pudiese acabar en su etapa de estudiante, aunque realmente no sabía que edad tendría, si sería mayor o menor que él, de todos modos aquellos libros parecían ser, como poco, para dos personas, lo cual le era realmente familiar contando con que en más de una ocasión se había encargado de hacer los proyectos de Sirius y James solo por evitar que Gryffindor siguiese en declive en lo que a pérdida de puntos se refería, dejarse el lomo para conseguir que su casa fuese por encima del resto y que los dos cazurros de tus mejores amigos se dedicasen a torpedear aquello solo por el simple hecho de pasárselo bien. Suspiró hacia sus adentros, definitivamente aquellos dos no eran ni medio normales, Peter incluido ya que este, tan solo se posicionaba de parte de alguno de los previamente nombrados, Remus era como el rival a batir y era algo que le cansaba.

- No será tanto, seguro que eres una chica agradable - Sonrió levemente, era como si le saliese sistemáticamente, ser agradable a veces era algo que le costaba más de un malentendido, pero aun con aquellos precedentes evitarlo para él sería totalmente imposible. Inclinó la cabeza levemente - Un placer entonces...¿Robin? ¿O eres de las que prefiere que las llamen por el apellido? - Se llevó una mano a la nuca jugando suavemente con el cabello de dicha zona, no hacía mucho había tenido una discusión (unilateral ya que solo el otro discutía y eso parecía enervarlo más) con uno de los alumnos de Ravenclaw, probablemente de haber sido un Slytherin no lo habría ni recordado, pero visto lo visto...No quería movida en la biblioteca. No supo muy bien como responder al ofrecimiento de aquel bollo, pero estaba seguro de que rechazarlo no sería de buena educación. - Gracias

No quería ser maleducado, pero el silencio quizás era lo que la muchacha buscaba. No es que el fuese el más hablador del patio, pero tampoco le gustaba demasiado el hecho de estar callado mirando a la chica, pareciendo un acosador silencioso no le hacía demasiada ilusión. El libro lo hizo salir un poco de aquel momento incómodo, inclinándose sin levantarse de la silla para agarrar el tomo que había sido deslizado hasta el suelo para echarle una ojeada sobre la mesa, por la pinta, no debía de estar en su nivel, o al menos eso pensó al leer algunas de las palabras que estaban en el interior de aquel libro.

- ¿Encantamientos explosivos? - No pudo evitar que una leve risotada saliese de sus labios, negando con la cabeza levemente - Realmente soy de los que prefiere un día con las narices dentro de un libro, aunque no de estudio, claro, aunque dadas las fechas en las que estamos quizás el desviarme me haría bajar las calificaciones - Desvió un poco la mirada para ver hacia la ventana, dadas las fechas ver aquel sol brillar en lo alto del cielo, deslumbrando al chico hasta hacer que este bajase levemente la cabeza, cerrando los ojos para ver como aquellas lucecitas producto de mirar directamente a una fuente de luz. - Seguro que si pillas a algún alumno con los exámenes finales acechándole se ofrece a ser tu conejillo de indias, le quitarías un gran peso de encima. - Se limpió la mano a la camiseta, negando otra vez ante la disculpa de la chica - No tienes que disculparte, realmente es un tema digno de estudio y que probablemente en este o cualquier colegio Muggle sería digno de mención. - Elevó las cejas divertido, pegando la espalda a el respaldo de la silla, mirándola con curiosidad - ¿Sería mucha indiscreción preguntar en que año estás?
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Invitado el Lun Mar 23, 2015 11:08 pm

Tal vez lo que necesitaba eran unas vacaciones de su propia vida. Meterse en el cuerpo de alguien con una vida menos complicada, tal vez alguien sin una pata, o con un cáncer leve. Alguien que no tuviese a sus padres, ni dos hermanos desaparecidos, ni una amiga a la que hacerle los trabajos, ni fines de semana sin compañía. O tal vez lo que necesitaba era un trozo de chocolate y que la bibliotecaria se tomase unas vacaciones con todo pago por el resto de su tiempo en el colegio. Su “desayuno” se acabó prontamente y Robin se encontró satisfecha, con el estomago moderamente lleno, pero sin estar psicológicamente preparada para la tarde de trabajos que le quedaba. Tal vez podía pedirle a algún elfo domestico que lo hiciera por ella… Pero dudaba que los elfos domésticos contaran con inteligencia tal para terminar siquiera uno de sus trabajos, así que no le quedaba mas que auto esclavizarse. Un gusto y buena suerte.

-Robin… Berry- se sorprendió a si misma diciéndole aquel segundo apodo, casi nadie la llamaba así, aparte de su hermano y ella nunca ofrecía aquello como una opción. Pero el chico le agradaba y suponía que todo el mundo tenia derecho a recibir varias opciones de cómo llamarla- como te sientas cómodo, ninguno me incomoda- Ndidi le incomodaba, pero él no tenia porque saber eso. Solo Circe, y los profesores, siempre tan cotillas, sabían su segundo nombre.

Debía haberse agachado, y casi lo hizo, pero fue el chico el que alcanzó el libro primero, y lo hojeó. La verdad hubiese podido escoger otro “Cuidado de floripondius boreales” no era verdaderamente el libro mas entretenido. La planta en sí no era la mas agradable, así que el libro era tan solo una extensión de su desagradabilidad. Le dedicó una sonrisa en tono de disculpa antes de tomar el libro y devolverlo al montón, donde aparentemente iban a esperar un tiempo sin ser usados. Se rió con lo del alumno en exámenes finales, casi con tristeza.

- Claro, el siguiente que entré va a acercarse a nosotros y rogarnos por hacer algún trabajo, dirá que, es mas, lo hará gratis y prometerá sacarnos una buena nota. Lo que sea para estudiar mas para los finales- aquello era tan poco probable como que ella un día descubriese que era blanca. Se rio otro poco, tomando uno de sus rizos entre sus dedos y estirándolo juguetonamente. Si había una ventaja de tener el pelo rizado era que un gran juguete desestresante. Y que nunca podía verse mal, porque como solo podía estar desordenado… Pero era desestresante, al fin de cuentas, y Robin no tenía que prestarle demasiada atención a su cuidado. Hacia mucho tiempo se había resignado a que no podía domar aquella bestia que vivía sobre su cabeza, tomando decisiones propias. Se volvió a reír cuando siguió su broma. Rara vez alguien seguía sus bromas, porque rara vez hacia bromas, pero era un cambio refrescante y bien recibido. Luego le preguntó si sería mucha indiscreción y puso su mejor cara de niña ofendida, que era, en realidad muy buena –claro que sí, eso nunca se le pregunta a una dama- dejó que su voz la traicionara con un deje bromista en sus palabras- La última vez que mire, estaba en sexto. Ya solo me queda este año y otro de tortura, si sobrevivo.

En realidad no, en realidad era una buena estudiante… Entre lo que cabia. Tenia que ser una buena estudiante, pero hoy no tenía ganas de ser una buena estudiante, así que volvió a mirar por la ventana con aire soñador.

- Y dime Remus… ¿Lupin? Yo no pregunte como preferías que te llamase. Supongo que de los dos soy yo la que tiene peor educación –giró el rostroa mirarlo, ladeando la cabeza ligeramente – ¿hoy también tienes profundos deseos de pasarte el día en la biblioteca? Si quieres que te sea honesta, me siento bastante irresponsable en este momento y planeó dejar estos libros a esperar que su madre venga a recogerlos… Si quieres quedarte lo entendería, pero… creo que yo… no. Supongo que no lo querrás, te ves como alguien que tiene suficiente irresponsabilidades en su vida como para disfrutar una mas.

Ahora venia uno de esos momentos en los que el chico se disculpaba amable y educadamente, diciendo que prefería quedarse allí en vez de ir con ella y a ella no le quedaría otra opción que irse sola, porque si cambiaba de opinión repentinamente se vería… bueno, no muy bien. Vamos por ti Robin, excelente movida. Recién conseguiste compañía y ya la vas a perder una vez mas. Nunca debería apostar su vida en una partida de ajedrez o no viviría para contarlo. También puedes volver a la sala común e hibernar hasta estar segura de que el chico se haya ido a su sala común y volver a hacer todos los trabajos que tarde o temprano debes hacer. Aunque preferiblemente mas tarde que temprano.
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Invitado el Mar Mar 24, 2015 4:44 pm

Los trabajos de aquella época del año eran quizás más estresantes que los del resto del curso. El saber que el final de las clases estaba tan solo a un par de meses de distancia conseguía que la mayoría de los alumnos, o al menos aquellos que se preocupaban realmente por su futuro académico. No es que las clases fuesen de dificultades astronómicas, pero sí que era necesario que todos los alumnos se bajasen un poquito a estudiar al menos un poco cada día, cosa que por lo que veía cada semana no era algo que entendiesen, viendo como dejaban todas sus tareas para más tarde, percatándose de que muy pocos dedicaban una hora diaria a repasar sus deberes o simplemente hacerlos cosa que le parecía estúpida ya que aquellos "despistes" tendían a hacer que su casa perdiese puntos y sí, se estaba refiriendo a sus amigos que al parecer eran los seres más despistados y/o desinteresados que tenía en su curso.

- Supongo que Robin está bien, es un alivio que no hayas comenzado a soltar improperios - Asintió levemente, solo recordar el antiguo encontronazo hizo que se estremeciese ¿ Por qué algunos de los estudiantes de aquel lugar eran tan ariscos? Vamos, si ni siquiera había sido maleducado con él, tan solo lo había tuteado, asunto que pareció tomarse peor que si le hubiera hecho una maldición imperdonable a su mascota, había sido una reverenda locura la que aquel muchacho había desatado en torno al pobre Lupin.

Era una locura la cantidad de libros que había agarrado aquella joven y es que para una sola persona aquello sería casi una oda al suicidio, ni siquiera él que no solía tener demasiado aprecio a su estabilidad mental en lo que respectaba al estudio se habría enfrascado en la caza de tales ejemplares como los que había alcanzado a leer en aquel montón, pero no iba a ser él quien diese el sermón a la joven ya que pasaba de ganarse más nuevos apodos en referencia a ser el "pepito grillo" del colegio.

- Deberíamos probar entonces, aunque hoy dudo enormemente que ningún incauto se pase por aquí, que probablemente la mayoría de los estudiantes estén en Hogsmeade disfrutando de su tranquilidad - Se encogió de hombros levemente, él no había ido por que de verdad quería acabar algunas cosas, probablemente poco legales ya que tenían que ver con el Mapa del Merodeador, últimamente había experimentado una serie de fallos que no eran normales, poniendo nombres de gente que era imposible que se encontrase en el colegio, pero claro estaba, aquel no era un tema a tratar con aquella chica. En un principio casi sintió el impulso de correr pensando que realmente había ofendido a la muchacha, por lo que cuando esta contestó de aquel modo sonrió visiblemente aliviado, si había algo que caracterizaba a Remus era que para su desgracia, sus emociones se reflejaban rápidamente en su rostro, motivo por el cual le costaba a horrores mentir, también aquello era motivo de burlas por parte de sus mejores amigos, pero era algo con lo que tras cinco años había aprendido a vivir - Vaya, pareces más joven...¿Tortura? Llámame masoquista, pero a mi me gusta estar aquí, es un ambiente ya familiar.

Para él todo lo que le supusiera estar a salvo de dañar a nadie, como sucedía en Hogwarts, era mejor que estar en el mundo muggle. Aunque amaba a sus padres, podía reconocer el cansancio que suponía para estos el tener que lidiar con su licantropía, por lo que agradecería toda su vida a Dumbledore el haber sido tan bueno con él y haber librado a sus padres de la carga que este suponía.

- Como gustes, menos John, llámame como prefieras y para nada eres maleducada, descuida - Nunca había entendido aquello de ponerle dos nombres a una persona y más cuando el segundo era de apenas 4 letras y solo servía para que su madre lo regañase y para ocupar sitio en sus exámenes. Se encogió levemente de hombros, negando levemente con la cabeza - Solo había venido a por un libro para pasar el rato - Elevó el libro que había agarrado del montón que esta había hecho caer estrepitosamente contra el suelo - Como ya dije, todos están en Hogsmeade y la sala común está realmente aburrida.

No tenía demasiado claro por donde iban los tiros, pero supuso rápidamente que sería por que era ella la que no tenía demasiadas ganas de permanecer en la biblioteca y a juzgar por su propio razonamiento anterior, supuso que se había percatado de que sus ansias por tener aquellos libros apilados frente a ella serían un suicidio neuronal en un día en el que el sol parecía brillar mas fuerte que cualquier otro.
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Invitado el Dom Abr 19, 2015 1:06 am

¿Comenzado a soltar improperios? Frunció ligeramente el ceño y ladeó un poco la cabeza, sin entender porque lo decía. Seguramente la respuesta estaba a una pregunta de distancia, pero Robin dejó que aquel misterio siguiera su curso. Seguramente el misterio sería mas interesante que la historia en sí. Maldijo a todos los alumnos con buena suerte que estaban pasando su día en el pueblito ese, comiendo dulces hasta reventar y bebiendo cerveza de mantequilla. Intentando colarse en bares para mayores de edad, sin éxito, pero, sobre todo, no sentado en la biblioteca tras vivir un día de esos que parecían recordarte que en tu vida pasada seguramente fuiste un seguidor de Hitler o algo. ¿Qué? ¿Pensaban que los magos no sabían de Hitler? Pues saben. El desgraciado tenia una habilidad extraordinaria en confundirlos con judíos. Pero se iba por las ramas. Esperaba que Circe le trajese algo como recompensa, aunque lo dudaba seriamente.

John, que parecía ser el segundo nombre del chico.

El rostro del chico era un libro abierto, tan contrario de lo que solía ser al suyo. Ni siquiera Robin entendía porque su normal rictus de frialdad no estaba presente. Tal vez es que estaba demasiado cansada para pretender que era la hija perfecta. Al menos nadie la vería aquí, pero Robin no se daba el lujo de bajar la guardia demasiada veces. Sus ojos barrieron nerviosamente a su alrededor, como si buscara a alguien entre la multitud. No, Kofi se había ido a Hogsmeade también y aún si estuviese allí, ella no dudaba de la lealtad de su hermano menor. Tal vez era tonto de su parte no dudar de ella, especial en una familia como la suya, pero de alguna tontería debía morir.  Sus ojos viajaron un segundo a la lejanía.

Su voz la volvió a traer a la realidad, como las voces siempre solían hacer. El chico accedió a salir con ella y con una sonrisa, Robin se levantó. No se iba a molestar en poner los libros en su lugar, eso era trabajo de la gruñona bibliotecaria, que se lo merecía. Esperando a que el chico se levantase también, se apresuró a dejar la biblioteca atrás y bajar los escalones hasta llegar a los jardines. Sí, aquello era lo que necesitaba aquel día, se dijo a si misma mientras cerraba los ojos y abría sus pulmones al aire fresco que corría como una gentil brisa. Era un día increíblemente agradable para estar vivo, aún cuando había empezado tan mal. Ahora el problema era… ¿qué hacer? Se giró para mirar de reojo a su acompañante. Suponía que ya que había sido su idea salir de allí, también debía ser su idea que hacer a continuación, y la verdad estaba algo seca de ideas. Se mordió ligeramente el labio inferior, en busca de algún milagro mental que le dijese que hacer. No es el momento para irse de vacaciones, cerebro, se te debe ocurrir algo.

- Ya que eres menor que yo, creo que es mi deber ilustrarte en uno de los mejores lugares de todo el castillo. Espero que no lo conozcas ya, porque eso sería muy vergonzoso –sin decir mas, y con una media sonrisa, empezó a caminar, esperando una vez mas que la siguiera. Su cerebro había tenido una idea medianamente decente y esperaba que eso le ayudase a salvar el día. Así que tras unos minutos de caminata y subir una pequeña colina, extendió su mano hacia el paisaje. Poca gente que ella supiera sabia de aquel lugar. Una pequeña colina en un lugar alejado del castillo que permitía tener una vista bastante agradable del lago negro. Un árbol hacia cómodo el sentarse bajo él, protegiéndote del viento y el sol si llegase a ser necesario. Robin sonrió, satisfecha consigo misma mientras se guardaba las manos en los bolsillos- no soy la persona mas sociable del mundo y me agrada poder alejarme del ajetreo que puede ser el castillo. Este es mi pequeño refugio y te estoy dando permiso para usarlo de vez en cuando- bromea con lo del permiso, pero si le esta dando acceso a uno de los lugares mas sagrados que tenia en aquel lugar- Tu turno de compartir algo con la clase, Remus.
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Invitado el Lun Abr 20, 2015 3:52 pm

¿Improperios? ¿En serio? Si no le había ya parecido un pedante por su vocabulario quizás aquella palabra habría hecho que la joven ya pensase, definitivamente que era algo como un diccionario andante que usaba las palabras que le venían en gana aún si estas podían no ser del todo entendidas por el receptor de la conversación. Quiso disculparse por aquello o al menos decirle lo que significaba, pero puesto que la muchacha ni siquiera se molestó en preguntar, probablemente ni se había fijado en aquella palabra estúpida que casi sin quererlo se había escapado de sus labios con rapidez. Entrecerró levemente los ojos tomando aire, no sabiendo muy bien como referirse a ella ante el asunto de que esta era mayor que él , aunque tan solo fuese un año, debía mostrar respeto a sus superiores ¿No? Al fin y al cabo era prefecto y debía cumplir con todos los estereotipos mostrados para tal puesto, asunto que en ocasiones, como aquella, no le gustaba demasiado o no se le hacía cómodo.

¿Como se supone que debía llamarla? Usar el segundo nombre dado quizás sonaría demasiado atrevido...Definitivamente sería Robin para él.

Enarcó muy levemente las cejas, no necesariamente en señal de nada, simplemente aquella chica olía a nerviosismo y quiso golpearse por aquello, sus instintos animales últimamente estaban bastante despiertos, cosa que al pasar por las clases de pociones no era precisamente un aliciente para asistir a estas, los olores se veían magnificados y el dicho de que "los perros huelen el miedo" se adaptaba a más de un sentimiento humano, entre ellos, el que desprendía la chica, que fácilmente podría ser captado por cualquier persona mínimamente observadora ser percataría de los movimientos que la chica hacía, probablemente inconscientemente como buscando algo o bien que la pondría más nerviosa o que la calmaría, de algún modo Lupin se encontraba tratando de averiguar cual era el motivo de aquello.

Obviamente sin preguntar, de hacerlo podría toparse con una mala contestación o un "¿A ti que te importa?" al cual no tendría respuesta y perdería quizás la única compañía agradable que lograría en el día contando que sus amigos andarían de fiesta haciendo trastadas por Hogsmeade y que probablemente cuando volviese a su cuarto se encontraría a la pobre lechuza de Sirius destrozada del cansancio por la cantidad de viajes que había tenido que hacer para llevar el alijo de pergaminos de broma y bombas fétidas de su dueño al castillo.

La voz de la muchacha lo sacó de su ensimismamiento acerca del cansancio de la lechuza y de como debía llamar al a chica para sacarle una leve sonrisa - No soy del tipo de chico que investiga los aledaños de la escuela, descuida, seguro es sorprendente - Asintió levemente poniéndose en pie cuando esta lo había hecho, echando una última mirada a los libros que quedaban sobre la mesa, probablemente terminaría pagando los platos rotos de la bibliotecaria por aquello, pero ya estaba acostumbrado, además, estaba más que seguro de que solo lo regañaba por deporte, los libros eran colocados casi siempre con magia por lo que no le costaba tanto como le gustaba exagerar. - Y no creo que fuese vergonzoso, oye, sería una muestra de que somos parecidos y podemos compartir un lugar común - Se encogió levemente de hombros siguiendo a la chica, si dijese que los ojos no se le habían ido hacia el trasero de esta en más de una ocasión estaría mintiendo, pero el no ser exageradamente descarado le hacía tener aquel margen de apartar la vista si la chica le miraba. No tardaron demasiado en llegar a aquella pequeña colina, que realmente, no conocía - Vaya, parece un sitio bastante relajado para leer o ... Puede que estudiar, a veces el castillo es demasiado ruidoso - Tomó aire llenando sus pulmones de aquel aire fresco que le embriagaba, elevando las cejas - ¿Mi turno? - Chasqueó levemente la lengua mirando a su acompañante - Si te digo que el único lugar que podría considerar secreto es el baño de prefectos te haría pensar que soy endiabladamente aburrido? - Sonrió levemente, entre avergonzado y sintiéndose mal por no poder ofrecerle a la chica lo mismo que ella le había ofrecido a él.
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Invitado el Lun Abr 27, 2015 7:33 pm

Parecía que ambos, además de otras cosas, tenían la tendencia a dejar escapar sus pensamientos con facilidad. Eso o que Robin estaba siendo especialmente aburrida. La verdad es que años de años en compañía de sus padres no eran lo que podía llamarse el ambiente adecuado para un autoestima fuerte o duradera. Por fuera Robin parecía ser un hielo inquebrantable y hasta una persona agradable cuando quería, pero por dentro… Frunció el ceño y apartó con fuerza aquellos pensamientos de su cabeza, rechazándolos en aquel momento. No, no en aquel momento. Aquel momento debía ser agradable. Era para pasárselo bien. Para olvidarse de todo lo demás en una escapada inocente.

La brisa de la tarde revolvió su pelo de forma agradable, acariciándole el cuello como un amante pasajero y a Robin se le escapó una pequeña sonrisa relajada, mientras sus ojos se cerraban y sus pulmones se llenaban de aire fresco y puro. El día parecía haberse confabulado para ser especialmente agradable a la par de llenarla de tareas. Ella, por lo tanto, le había dicho no muchas gracias al día y se había ido a confabular a otro lado, a su lugar favorito, con su compañía recién adquirida. Asintió a lo que decía de que el castillo podía ser ruidoso. Casi siempre lo era. La gente pululaba de un lado a otro, corriendo y gritando… O eso le parecía a ella. Tal vez estuviese exagerando un poco. Sí, definitivamente exageraba un poco.

- Puedes usarlo cuando quieras- le dice, sonriendo de medio lado mientras sus ojos exploran las lejanías del paisaje. Cuando le dice que lo mas secreto que conoce es el baño de los prefectos Robin se gira a mirarlo, con un brillo divertido en los ojos- No, nada aburrido te consideraría. Te consideraría aburrido si no me colaras. Yo te mostre mi lugar, lo único justo es que tu me muestres el tuyo- pero que mal había sonado eso.

Abre la marcha, sin decir nada mas, en dirección a susodicho lugar. Puede que hubiese dicho que quería estar afuera, pero ante la tentadora oferta de ir a conocer un lugar tan prohibido como el baño de prefectos ¿cómo podía decir que no? Decía el mito que corría sobre los baños de los prefectos que eran amplios y tenían agua de todos los colores. Que había chocolates y espejos… Y compartimientos privados o una piscina publica. No se le pasó por la cabeza que lo que estaba haciendo estaba prohibido y que si se metía en problemas iba a salir muy mal parada. No, hoy no quería pensar tanto y hacerle caso a la vocecita que vivía en el fondo de su cabeza, controlándola.

Finalmente llegaron frente a la puerta del baño de los prefectos. Robin se paró frente a ella, con una pequeña sonrisa traviesa. La verdad es que la curiosidad la corroía y aunque dudaba que Remus fuese a romper las reglas solo por lo que había dicho, no perdía las esperanzas de que lo hiciera. Le dedicó una mirada, esperando a que reaccionara. Un paso. Y otro. Y otros dos pasos que sonaban diferente, pasos que parecían acercarse por un pasillo cercano que no veían. Una risa que a la morena le parecía cargada de crueldad, pero en realidad solo reía inocentemente de algún chiste que sus oídos no lograban captar. Una risa que conocía demasiado bien, una risa que temía casi tanto como a la voz de sus padres y en aquel lugar, mas. Sus ojos se abrieron con verdadero pánico, su cuerpo se tensionó y su mano se agarró al brazo de Remus, dedicándole una mirada apremiante.

- Ábrelo- le ordenó, con una voz en la que se dejaba entrever un deje de miedo- ya.

Tenia que esconderse. Tenia que desaparecer de aquel lugar antes de que el dueño de esa risa depositara sus ojos sobre su cuerpo. No podía verla. No debía verla. Su corazón bombeaba contra su pecho y la vocecita del fondo de su cabeza saltaba de dicha mientras le repetía que se lo había advertido, que siempre debía obedecerla. No se le cruzó por la cabeza que después tendría que explicarle a Remus el porque de su repentino cambio o su miedo. Solo quería huir y lo mas rápido posible.
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Invitado el Jue Abr 30, 2015 2:08 am

No es que Lupin fuese el colmo del entretenimiento, es más, solía ser tachado del aburrido del grupo cosa que personalmente no podía reprochar a nadie. Era diferente a sus compañeros, de hecho hasta los más serios habían tachado a Remus de ser de esos que respeta demasiado las reglas y por ende convertirse en un ser anodino, carente de intereses juveniles o simplemente por ser aquel que no tiende a demostrar el gusto que sus homólogos mostraban por el riesgo de hacer travesuras ya que tenía bastante con la de los Merodeadores, de los otros tres, claro estaba. Aunque realmente mentiría si no dijese que alguna si la había disfrutado, aunque no soliera ser el perpetrador de las locuras de sus mejores amigos, si que en más de una los había ayudado lejos de que de él fuese esperado el comportamiento cuerdo y adulto, no dejaba de ser un adolescente y con ello acababa por dejarse llevar por sus compañeros.

Lo cierto era que aquel lugar era de lo más agradable que había conocido en Hogwarts, era cálido y a la vez refrescante, obviamente no se referia a la sensación física, si no que tenia aquel halo de tranquilidad que hizo que se sintiese realmente relajado, aunque realmente no había pensado que su confesión acerca de su sitio "Secreto" fuese a desencadenar aquello y por mucho que agradeciese aquel hallazgo no podía meter a alguien que no fuese prefecto en los baños solo por un favor, no lo hacía ni con Sirius o James y aunque Robin pareciese más centrada que estos , no podía saltarse de aquel modo las normas, por más que le daba vueltas sabía que no sería capaz de hacerlo aún si su vida dependiese de aquello y podía sonar realmente extremo, pero era realmente de aquel modo o al menos eso pensaba al no haberse enfrentado a una situación real de vida o muerte.

- Sería justo si fuese legal, no puedo hacer eso, además lo único que tiene de especial es una bañera, no se por que tenéis ese fetiche con ese baño - Se frotó la nuca visiblemente incómodo, claro que quería darle algo a cambio por haberle mostrado aquel lugar, pero no entraba en las negociaciones hacerla entrar a un lugar en el que solo podían entrar los prefectos. - Ya te dije que soy aburrido, mis amigos me lo dicen a menudo y al parecer tienen toda la razón del mundo - Se encogió levemente de hombros suspirando pesadamente , sabía que aquello le iba a ser difícil de cumplir.

Siguió a la joven tratando de disuadirla en su empeño, lo cierto es que si, los baños de los prefectos tenían muchas cosas que los normales no tenían, pero tampoco entendía realmente la emoción que mostraba todo el mundo por entrar en ellos, aunque aludiendo a los comportamientos de estos, los que normalmente veía por los pasillos, podía entender que la palabra prohibido hacía que un resorte de inconsciencia saltase en los cerebros de medio Hogwarts lo cual a la larga se terminaba haciendo verdaderamente molesto para él, quién solía ser chantajeado por quienes querían entrar allí sin tener el permiso pertinente.

Una vez allí delante negó con la cabeza varias veces - No puedo hacer eso, lo siento, pero no está permitido y además así tendría poco sentido el que estuviese vetado para los alumnos que no sean prefectos - Aun cuando la chica lo ordenó con aquella voz tras escuchar lo que pareció una risotada bastante fuerte fue capaz de negarse, por lo que simplemente agarró a la chica para apartarla de los pasos que se acercaban. Conocía tan bien aquellos pasillos que era como si formasen parte de un intrincado mapa que se guardaba en el cerebro, caminando atropelladamente debido a que la diferencia de estatura con la muchacha era algo abultada, llegando a una pequeña abertura que daba a la pequeña sala donde eran guardados algunos trastos viejos, haciendola pasar primero - No sé por que te has asustado, pero aquí estarás segura si es por la gente que estaba a punto de pasar. Sé que probablemente te haya decepcionado, pero no puedo romper las reglas.
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Invitado el Jue Abr 30, 2015 7:33 pm

El día iba tan bien. Tan despreocupado y tranquilo que Robin creyó que podía escaparse de su destino tan solo un instante.  De su vida, de todo lo que la perseguía como una sombra. Pero las fantasías no pueden durar mas de unos instantes y allí estaba la realidad, tocando a la puerta con una sonrisa malvada, tan poco bienvenida como un testigo de Jehova. La risa estaba ya casi encima suyo, acercándose a su cuerpo, poniéndole la piel de gallina, llenando su mente de recuerdos amargos. Tal vez debería haber escuchado a Remus y no haberlo obligado a ir hacia el baño de los prefectos. Tal vez, en primer lugar, no debería haberle dirigido la palabra y haberse quedado tras su mascara de frialdad como siempre hacia. Debía haberse quedado haciendo tareas, debía haber recordado que aquel día había empezado mal, que no podía mejorar. Ella no tenía tanta suerte.

Cuando creía que su día iba a acabar en dolor, Remus la arrastró hacia el armario mas pequeño en el que había estado hacia mucho tiempo, pero no se quejó en lo mas mínimo. Se dejó llevar, aún medio aterrorizada y cuando la puerta se cerró tras de sí, recordó respirar, tomando una bocanada de aire. Su cuerpo se tardó unos segundos en dejar de temblar, así era su miedo de grande. Sabia que ello no le iba a pasar desapercibido al chico. Si podía sentir su respiración sobre su cuello, pues le sacaba varios centímetros, el temblor de su cuerpo, por breve que hubiese sido, iba a ser notado. Apoyó su cabeza en la pared y cerró los ojos. Su cerebro volvió a la realidad y empezó a registrar cosas. Primero: Remus era un idiota. Segundo: aquello no era el baño de prefectos. Tercero: Remus era un idiota, pero ella era una idiota aún mas grande por confiar en él. Cuarto: y la verdad sea dicha, le había salvado el trasero. Por muy cobarde e idiota que fuese sino fuese por él, la realidad le hubiese caído encima. Así que se puso en puntas de pies y suavemente, depositó un beso en sus labios. Necesitaba tranquilizarse, y encontró cierta calma en aquel breve contacto y con la calma, vino la furia que desataba el haber mostrado aquel lado humano y débil de si misma, Robin recordó porque era como era, porque siempre alejaba a las personas y se alejó de él todo lo que pudo, que no era demasiado.. Su rostro volvió a ser la mascara de piedra que siempre era y sus ojos buscaron en silencio los del chico, regalándole una de las miradas mas cargadas de dulzura, amor y agradecimiento… Mejor dicho, lo asesinó con la mirada.

- Eres un idiota y un cobarde- su voz sonaba como si acabase de ser importada de la mismisa Antartica- John.

Una parte de sí, una parte que estaba muy al fondo, sabia que no era culpa de Remus todo aquello. Pero a aquella parte pronto le metieron una media en la boca y la taparon con cinta. Nadie quería escuchar a esa parte de sí, no ahora. Su voz sonaba cada vez mas fría, pero mas cargada de odio. Si no fuese porque no podía ni moverse adecuadamente, Robin hubiese adornado su mejilla con la marca de su mano. Pero no podía, así que Remus se había salvado. Se quedó callada, escuchando atentamente para ver si era seguro salir de aquel lugar. Luego se estiró hacia la puerta y con cierto esfuerzo logró salir del pequeño lugar, tan solo para encontrarse que la suerte de aquel día no hacia mas que mejorar. Allí estaba el profesor de Herbologia, pasando, y era imposible por todas las leyes físicas y mágicas que no los hubiese visto. Además, ella era negra. Todo el mundo la veía siempre.

- Genial- susurró, quitándose para dejar salir a Remus. Presentía un sermón sobre el uso adecuado de las habitaciones de limpieza.


Última edición por Robin Castleberry el Miér Mayo 13, 2015 2:30 am, editado 1 vez
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Invitado el Dom Mayo 03, 2015 3:55 am

Por más que lo pensase no podía meter a nadie en aquel lugar, era una ilegalidad que podría costarle un castigo bien gordo a cualquiera de los dos y con ello una pérdida de puntos bastante palpable para sus respectivas casas además de una obvia reprimenda extra por ser un prefecto incumpliendo aquello, incluso podrían quitarle ese título y con ello manchar su expediente académico lo cual no le hizo especial ilusión y fue lo que le llevó a encerrarse en aquel lugar que realmente no era de su agrado pero simplemente ver a la chica de aquel modo despertó en el la empatía suficiente para esconderla pero no para meterla en el baño de los prefectos. Era una situación incómoda probablemente para ambos, pero el comportamiento posterior de la chica lo dejó perplejo a la par que nervioso.

Habia sido tan raro e inesperado que realmente no supo contestar a ninguna de las dos acciones de la muchacha, entre la primera que le había tomado totalmente por sorpresa y la segunda que le había dejado totalmente frío se había generado un total lío en su cabeza que no le dejó asumir del todo la manera en la que los hechos acababan de desarrollarse. Primero un beso, luego una mirada que habría dejado helado hasta al mismísimo Yeti y luego aquellas palabras que le dejaron todavía mas confuso de lo que ya se encontraba. Nunca entendería a las mujeres. Osea, eran impredecibles y en ocasiones totalmente bipolares, como en aquella ocasión precisamente en la que por más que pensaba en que acababa de pasar no lograba encontrar algo lógico que sacar de todo aquello. De haber sido un poco más asustadizo, aquella mirada lo habría hecho salir corriendo como alma llevada por el diablo pero simplemente le pareció una reacción exagerada a lo que acababa de suceder, aunque estaba más que claro que no sabía toda la historia ya que de haberla sabido se habría percatado del por qué evidente cambio de humor y el terror que pareció asolar a la morena.

- Si, soy una persona bastante responsable, la verdad - Comentó a modo de defensa, Lupin solía ser manso, pero también podía ponerse a la defensiva como en aquel momento y es que no le pareció justificado, ni los insultos ni la forma de actuar tan repentina de la chica.

El estar casi cuerpo con cuerpo de la chica no mejoraba la situación que parecía haber desencadenado el odio hacia su persona de la chica, no lo reprocharía, pero tampoco iba a quedarse callado si era insultado como en aquel momento. Suspiró pesadamente mirando a la chica, que probablemente de ser alguien tipo Superman ya habría fulminado, literalmente, ya que figuradamente ya sentía un hueco en su pecho debido a aquella mirada, ya estaría totalmente deshecho en el aire cargado de polvo de aquel lugar. La chica salió del lugar cuando pareció escuchar que no había peligro, pero la posterior exclamación hizo que Remus se pusiera totalmente alerta y al salir sus peores presagios se cumpliesen. No supo muy bien que decir por lo que simplemente saludó al profesor con una inclinación de cabeza. Si bien había evitado una leve llovizna ahora le tocaba aplacar el temporal que se le venía encima.
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Invitado el Dom Mayo 03, 2015 11:26 am

La mayor parte de los alumnos aún se encontraba por Hogsmade, incluida su hermana con la que había pasado las últimas horas. Aún trataban de recuperar aquellos años perdidos en los que O. se encargaba de ponerle al día de todo lo sucedido en su vida. A veces dudaba que su cerebro pudiese almacenar tal cantidad de información de golpe, por lo que en más de una ocasión rogaba por que la voz de su hermana desapareciese y diese paso a la calma. Pero así no era O. Ella tenía que hablar, que contarle todo lo que le había pasado a lo largo de los últimos ocho años y, seamos sinceros, ocho años son muchos años. Había comenzado con su entrada a Hogwarts, con cómo había sido seleccionada a la casa que había visto crecer a todos sus familiares años antes, pasando por los primeros amigos que hizo al poner un pie en Hogwarts hasta pasar por los veranos en la casa del lago junto a sus padres.

Aquellas conversaciones parecían hacerse eternas y cuando por fin lograba zafarse de ellas, el cansancio podía con su cuerpo. En lugar de pasar la tarde merodeando pro Hogsmade o incluso quedando con alguno de sus compañeros de trabajo para tomar una cerveza fuera de la monotonía que envolvía el castillo, había optado por ir de vuelta a Hogwarts con toda la tranquilidad del mundo, lo que le había llevado un par de horas en lugar de lo que tardaba habitualmente.

Caminaba sin rumbo por el castillo cuando decidió que sería mejor subir a su despacho a dormir un rato. Era pronto, sí, lo era. Pero aquella conversación con O. había hecho que su mente se quedase en un estado de ensoñación y sus párpados estuviesen venciendo el pulso a su propio cuerpo. Aquellos párpados pesaban como si alguien hubiese colocado pesas en sus pestañas. Pero su camino hacia su despacho no fue tan fácil como había pensado en un primer momento.

Apenas restaban unos metros para terminar el pasillo cuando escuchó una puerta cerrarse con violencia tras de sí. No le dio demasiada importancia, pues Hogwarts estaba lleno de alumnos que rondaban edades entre los once y los diecisiete años, lo que hacía que sus comportamientos en más de una ocasión fuesen dignos de niños de tres años, exceptuando esas hormonas que volaban en todas las direcciones y que parecían apropiarse del cuerpo de todos y cada uno de los alumnos. Si en el pasado Slytherin se había caracterizado por tener el índice de promiscuidad más elevado, en los últimos años el resto de casas estaban intentando ganar la carrera y llegar al mismo tiempo a la línea de meta.

Avanzó por el pasillo cuando, de pronto, una de las puertas más cercanas se abrió ante sus ojos, expulsando a dos alumnos. El hombre alzó una ceja mirando el espectáculo, pues daba la impresión de que la puerta se había abierto como la boca de un monstruo para regurgitar aquello que había comido horas antes, con tal mala suerte que habían logrado escapar de su paladar y ahora huían por su vida. Una escena un tanto cómica que nada tenía que ver con la chica de cabello rizado y su acompañante que ahora se encontraban frente a él. – Les recomiendo que la próxima vez que quieran usar una habitación de picadero utilicen alguna que no esté repleta de escobas y productos de limpieza. Dudo que a Filch le haga gracia encontrarse algún que otro… Regalo de su parte. – Dijo con total ironía mientras pasaba entre ambos chicos. Avanzados un par de metros viró sobre sí mismo y frenó en seco, quedando en pie frente a ambos. – No me esperaba tal comportamiento por parte de ningunos. Robin, eres una de mis mejores alumnas y jamás has dado problema alguno. – Los ojos clavados en los de la chica, quien por regla general aparentaba ser el prototipo de Hufflepuff tranquila, restando que apenas sonreía como el resto de ilusos de su casa, que parecía que vivían con una flor en el culo. – En cuanto a ti, Lupin… Deberías cambiar de amigos, las influencias de Potter y Black nunca fueron buenas.

Negó con la cabeza sin apartar la vista de ambos y acabó de hablar. – Los quiero mañana a primera hora a ambos en mi despacho. El invernadero 3 necesita una buena limpieza y tendrán el honor de llevarla a cabo, ya que tanto les gustan los productos de limpieza. – Esta vez sí, giró en dirección a su despacho, dejando a ambos chicos donde se encontraban. – Y agradezcan no ser de Ravenclaw, sino además de perder veinte puntos para cada casa no saldrían de su Sala Común en lo que queda de curso.

OFF: Lo de los puntos es coña. Puro postureo.
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