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Black is the new...Hell [Prv. Sirius]

Invitado el Vie Mar 20, 2015 5:22 pm

Un bostezo se escapó de los labios de Remus. Llevaba un buen rato sentado en la cama de la posada leyendo algunos títulos que había obtenido en una de las tiendas de Hogsmeade. Era una lectura endiabladamente aburrida y monótona, el protagonista del libro parecía haber conseguido todo lo que tenía por mera suerte, ni se había esforzado ni había trabajado apenas por ello. Cerró el libro tirándolo sobre el pequeño escritorio que coronaba la habitación, era un lugar realmente deprimente el que se extendía ante sus ojos, pero Las tres escobas era de lo mejor que podía encontrarse para pasar las pocas noches que le permitía ir a Hogsmeade como un alumno y no como el monstruo en el que cada luna llena era forzado a convertirse. Elevó la vista, algo cansada después de unas cuantas horas de lectura para ver la hora que era, le parecía realmente extraño el no encontrarse ya con James o Sirius aporreando su puerta para que saliese a hacer quien sabe que tonterías por el pueblo, ya eran conocidos incluso en aquel lugar, cosa que hacía que mas de uno de sus habitantes temblase ante el paso de los muchachos, los cuales iban siempre precedidos de silencio y expectativa por lo que fuera que harían minutos más tarde.

Dejó caer sus piernas a un lado de la cama, obviamente el que no daba a la pared y con un pequeño salto se puso en pie, debía encontrar a aquellos que se hacían llamar sus amigos para al menos vigilarlos, ya que amedrentarlos con posibles castigos no servía de demasiado, parecía que todo les daba igual, incluso si aquello significaba ocasionar la pérdida de puntos para Gryffindor. Se miró en uno de los espejos antes de salir del cuarto, su color de piel no estaba pálido aún, no parecía un ser enfermizo y débil aunque según sus cálculos, en tan solo un par de días comenzaría su declive físico hasta la siguiente luna nueva en la cual se encontraría como nuevo, pero claro estaba, antes tendría que sufrir la nueva tortura de una luna llena. Pudo ver una pequeña cicatriz visible en su cuello, pasando un dedo sobre esta, le parecía tan extraño que nadie hiciese cábalas del porqué siempre parecía tener una herida nueva...No iba a tentar a su suerte, era mejor no pensar en ello.

Al salir de la habitación se topó con una mujer de cabellos alborotados que se giró hacia él como si del mismísimo anti-cristo se tratase, quiso disculparse pero no le dio tiempo ya que esta desapareció del lugar de una manera un tanto siniestra, aunque debía reconocer que el verla cual Medusa correteando por el pasillo emitiendo aspavientos extraños le había hecho tener ganas de reír, las cuales obviamente fueron opacadas por su sentido común el cual pese a sus compañías estaba totalmente intacto. Caminó con tranquilidad bajando las escaleras, la posada parecía vacía y era algo bastante perturbante ¿Tanto tiempo se había entretenido? Enarcó ambas cejas llegando a los últimos escalones, viendo que el ambiente lúgubre del resto de la estancia desaparecía allí, para su tranquilidad.

Buscó con la mirada una figura conocida y no tardó demasiado en encontrarse con la de aquel que le levantaba continuos dolores de cabeza. Sirius Black. Se acercó con tranquilidad poniendo ambas manos sobre los hombros de este - Buenos ojos te vean - Apretó suavemente estos sentándose luego a su lado - Creí que estabas con James ¿Donde lo has abandonado? - Elevó ambas cejas, esperando, por supuesto, una contestación inesperada o sin sentido.
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Invitado el Vie Mar 20, 2015 9:16 pm

¿Acaso importaba cómo había llegado? Lo importante para el castaño era que estaban en pleno fin de semana y que no existían esas responsabilidades que le obligaban a ir con el uniforme de Gryffindor a todas partes y le impedían moverse cómodamente. Además, que por muy bien que afirmase que le quedaba todo, incluso hasta él admitía que perdía encanto con la túnica.

Como todo fin de semana, Sirius se escabulló de buena mañana de su Sala Común y no tardó en encontrar lo que sería su entretenimiento para todo el día. Cabellera negra, ojos verdosos y con diversas pecas adornando su rostro. Y otra rubia de ojos oscuros. Y no olvidemos de la otra morena de ojos castaños. Lo cierto es que desconocía la casa a la que pertenecían, sus cursos o si tenían un nombre. Con sonrisa altiva y tan dicharachero como de costumbre, Sirius entablaba conversación con aquellas chicas mientras tomaban un par de jarras de cerveza de mantequilla.

Mientras ambos conversaban alguien llegó por la espalda del chico, colocando sendas manos sobre sus hombros y haciendo que Sirius pegase un bote sobre su silla al no esperarse aquello. La inconfundible voz de Remus hizo que se voltease. – Creo que prefería quedarse en la biblioteca estudiando. – Dijo apoyando la mano en el mentón. – Ah no, ese eres tú todos los fines de semana.  Y los lunes. También los martes. A veces los miércoles e incluso los jueves. Y nada de olvidarse los viernes. – Imitó la imitación de cejas echa por su amigo por el mero hecho de molestarlo, aunque sabía que la paciencia de Remus Lupin algún día aparecería en los libros de Historia. Eso o algún descubrimiento tras tantas horas de estudio.

En ese momento la desgracia llegó a su vida. La catástrofe. El apocalipsis. Un destino peor que ser el orgullo de su familia. Una fatídica visión, casi peor que encontrarse a su madre recién levantada a primera hora de la mañana. Las tres féminas que le acompañaban y que, por supuesto, conocían su fama, se habían levantado y se despedían con la mano de la manera más cortés posible para salir de allí. – Pero no os vayáis, todavía nos estábamos conociendo. – Dijo con tono dramático y admirando el contoneo de las tres figuras femeninas que ahora encontraban la salida del local. – Mira lo que has hecho.

Apuntó al chico con el dedo índice y volvió a abrir su gran bocaza, la cual era difícil que mantuviese mucho tiempo cerrada. – Tú y tu… - Le señaló a todo él en diferentes partes del cuerpo. – Tu presencia. ¿Así quieres que consiga mi harén, Lunático? Contigo no hay forma, eres un repelente de mujeres. – Dio un trago largo a su cerveza de mantequilla hasta terminar con el contenido de esta. Como si de un alcohólico se tratara, dejó de golpe su jarra vacía sobre la mesa, haciendo que sonase de una manera exagerada pero sin llegar a romper el cristal, claro.

Si había algo que podía caracterizar a Sirius, eso no era su seriedad. Tenía un carácter dispuesto y poco común, algo que siempre había sido considerado algo malo entre los miembros de su familia y algo más que satisfactorio entre sus amigos. Era difícil verle sin una sonrisa en el rostro o sin dejar escapar una serie de palabras sin sentido que, de unirse, seguían sin tenerlo. Era bromista hasta decir basta, de esas personas que desearías que un día perdiesen la voz y no pudieran volver a recuperarla, pero la santa paciencia de su amigo resultaba ser una virtud al lado de tanta parafernalia.

- Dime Remus, ¿Tú me quieres o también huirás de mí como esas personificaciones de la belleza? – Su tono denotaba tanto ironía como drama en todo él, pues Sirius adoraba tanto el drama como la propia ironía. El problema era que cuando tenía que ser verdaderamente dramático, le daba la risa.
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Invitado el Sáb Mar 21, 2015 12:23 am

En primera instancia ni siquiera se había percatado de la presencia de aquellas jóvenes, pero por otro lado ni siquiera les había prestado atención, Sirius era bien conocido por sus múltiples intentonas de ligar con todo aquello que pudiera ponerse una falda y ya tuviese la edad adecuada para poder maquillarse. Era una de las cosas que más envidiaba de su amigo, la facilidad que este parecía tener para hablar con casi cualquier ser, humano o no, es más, si un día se lo encontraba hablando con un sapo no le sorprendería ni lo más mínimo, era como si tuviese un encanto que el propio Remus no alcanzase a ver detrás de tanta holgazanería.

No podía negar que las muchachas estaban bastante bien, pero tampoco es que le sorprendiese, el día que viese a Sirius intentando ligarse a una chica fea probablemente se preocuparía y mucho por su amigo. No sabía si las jóvenes habían huido por haberle identificado o por que realmente estaban esperando una oportunidad para escaparse del bocazas de su amigo lo cual no le habría sorprendido absolutamente nada, muchas aguantaban a aquel joven solo por el hecho de ser un Black y cuando abría la boca se daban cuenta de que no era otro que el descarriado de la familia, la oveja negra por llamarle de algún modo.

Se sentó en el taburete de al lado, despidiendo a las chicas con una sonrisa, obviamente más dedicada a su amigo que a estas ya que por una vez podía ver cierto aire de fastidio en la mirada de su ahora acompañante. - Que vosotros seáis un par de holgazanes malogrados no me va a hacer caer en ello a mi también - Lo empujó con suavidad en gesto de camaradería, ninguno de sus amigos era precisamente conocido por ser de los más estudiosos de Hogwarts, si no más bien por lo contrario aunque tras la llegada de Lily a la vida activa del grupo podría decirse que al menos James si que había decidido bajar un poco más los codos, aunque era obvio que sería durante poco tiempo, el esforzarse no iba demasiado con el carácter de este. - Probablemente estudio por vosotros, el día menos pensado me veo haciendo los exámenes en vuestro lugar - Negó con la cabeza pidiendo una cerveza de mantequilla, el haber visto a su compañero con una había despertado sus ganas por saborearla también.

Sabía como iba a reaccionar ante el abandono de lo que su acompañante llamaría diosas o quien sabe que tipo de apelativo extremadamente exagerado les habría puesto a aquel trío de muchachas que tampoco eran para tanto, negó con la cabeza mirando su reacción, riéndose después - ¿Lo que he hecho? Creo que se han dado cuenta de tus nada nobles intenciones y han decidido escaparse antes de ti, las chicas listas saben en que percales evitar entrar, no las culpo - Se encogió de hombros aun riéndose levemente, agarrando la jarra de cerveza de mantequilla que ya había sido ubicada frente a él, dándole a esta un trago, limpiándose la espumilla que se había quedado en su labio superior con la manga de la camisa. - No soy yo, son ellas, asúmelo, si vas de tres en tres dudo que ninguna caiga en tus oscuras redes de seducción, poco productivas por lo que veo - Se rió levemente negando, echando una visual a la gente que se agolpaba en las mesas, muchos de ellos eran los chicos de Hogwarts, sin embargo también podían encontrarse varios habitantes de Hogsmeade, algunos de ellos bastante desencantados con la presencia de los estudiantes.

Si no lo tenía claro antes ahora si que se había quedado totalmente grabado en su cabeza, definitivamente su amigo no tenía remedio.- Tranquilo, Canuto, puede que no sea una personificación de la belleza, pero para mi desgracia, sigo queriéndote aunque vayas a decir una tontería nada más vuelvas a abrir esa maldita boca- Resopló levemente sabiendo lo que vendría a continuación, algo tipo "Lo nuestro es imposible" o quien sabe que burrada le vendría a la cabeza en aquel momento, aunque dudaba enormemente que el chico pensase realmente lo que decía.
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Invitado el Sáb Mar 21, 2015 12:20 pm

Podía querer a sus amigos sobre cualquier otra cosa. Realmente, lo hacía. El hecho de haber crecido en una familia tan complicada como la suya había hecho que Sirius buscase una nueva familia en aquellos a los que llamaba amigos. Y eso eran James, Remus e incluso Peter para él, pero eso no quitaba que la mayor parte del tiempo el Cataño dejase escapar todo tipo de bromas contra sus amigos. Por aquel entonces no podía llamarse maldad lo que tenía, simplemente era su forma de ser a sabiendas que la paciencia de su amigo no le jugaría una mala jugada en ningún momento. - ¿Y cuándo dices que empezarás a hacer esos exámenes? – Preguntó entusiasmado. Sirius y James no eran malos estudiantes precisamente, pero no se caracterizaban por pasar largas jornadas en la biblioteca, por vivir rodeados de libros o por hacer sus trabajos con esfuerzo y dedicación.

Suerte que tenían a Remus entre ellos. Remus era la cordura que a veces tanto les faltaba, la voz de su conciencia, aquel que se encargaba de guiar sus pasos o mejor dicho, de no dejar que sus pasos fueran por el sendero equivocado. Sirius, de algún modo, agradecía tener a Remus, pero no era algo que fuese predicando a viva voz.

Cuando las tres féminas dejaron vacía la mesa, Sirius se limitó a mirar cómo se alejaban entre la gente y no tardó en recriminarle a su amigo la marcha de las tres chicas. Lo cierto es que nada de lo que decía iba en serio, pues hasta él mismo era consciente de la fama que se había ganado y que por mucho que tuviese un ego que pesaba incluso más que su propio cerebro, aquellas tres chicas acabarían por marcharse. Remus únicamente se había limitado a acelerar el proceso. – Remus, me decepcionas. – Un tono tajante y seco, como si por un minuto quisiese ser como su padre, un señor amargado cuya sonrisa jamás había visto la luz. - ¿Cómo puedes pensar que yo, Sirius Black, orgulloso miembro de la noble y ancestral de la casa de los Black, no tendría buenas intenciones con tres bellas mujeres? – Tener un apellido tan conocido en el mundo mágico y con un lema propio le hacía propicio a los chistes. A los chistes que él mismo se hacía sobre cargar con el apellido que, de haber sido un miembro verdaderamente orgulloso de su familia, le hubiese llenado de responsabilidades por dejar en buen lugar a su familia. De un modo u otro tenía la responsabilidad opuesta, la de dejar a su familia en el lado opuesto en el que estaban, pero nadie esperaba que lo hiciese, por lo que se podía tomar el asunto con mucha más calma.

Tan rápido como aquellas tres chicas se habían levantado dejando a ambos amigos solos, Sirius olvidó el tema de la discusión. Discusión, por llamarlo de algún modo. – Tú eres una personificación de la inteligencia, no puede tenerse todo en esta vida a no ser que seas yo. – No tenía el orgullo hacia sí mismo que tenía James, pero lo cierto es que a Sirius le sobraba egocentrismo. – Pero aún así, a pesar de esas cicatrices que te haces en tus noches locas, de lo sensible que te pones una vez al mes, de lo responsable que eres… - Hubiera podido seguir enumerando, pero lo cierto es que le daba bastante pereza. – A pesar de todo eso, yo te quiero Remus. – Colocó una mano sobre el hombro ajeno y asintió con la cabeza. – Pero como amigo, no te emociones.

Fue a dar un nuevo trago a su jarra de cerveza cuando encontró que estaba vacía. Miró el contenido de esta viendo la mesa al final de la jarra y se limitó a encogerse de hombros. – Lo que no entiendo, es que con la de trabajos que tenemos que hacer y que… ¡Remus, estamos en marzo, tan sólo quedan tres meses para final de curso! ¿Qué haces fuera de la Biblioteca? – Antes de dar tiempo a contestar a su amigo, Sirius alzó la mano y negó con la cabeza. – No me lo digas, no me lo digas, has discutido con tu novia la bibliotecaria y ya no te deja vivir con ella en la Biblioteca.
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Invitado el Sáb Mar 21, 2015 3:03 pm

Admiraba la habilidad de Sirius a la hora de escuchar tan selectivamente las palabras que le eran dedicadas, el como había pasado olímpicamente de que lo había llamado holgazán para centarse tan solo en la parte irónica de sus palabras la cual era evidentemente la de hacer los exámenes por ellos. Era un don que compartía con James, ambos eran igual de selectivos para escuchar las palabras de Lupin, algo que quizás hubiera exasperado a cualquiera, pero Remus simplemente había nacido con el don de la paciencia lo cual ayudaba mucho a aquella amistad que mantenía con aquel par de gamberros. - Cuando Colagusano tenga novia te haré un examen, ya puedes esperar sentado - No era maldad lo que iba encerrado en aquella frase, pero era cierto que las posibilidades de ligar de alguien como Peter eran más bien nulas o al menos estaban por debajo de una media normal.

El encontrarse en un grupo de gente que prácticamente parecía haber desarrollado alguna alergia a cualquier objeto con solapas y hojas escritas era algo bastante extraño ¿Como diantres habían llegado a juntarse? Se había hecho tantas veces aquella pregunta que ya casi era como un sistema el que la respuesta simplemente saltase en su cerebro "La familia no se elije" y al fin y al cabo era lo que eran aquella pandilla de cabezotas irresponsables, eran un pilar casi central de su familia y le habían aceptado tal como era, con sus grandes defectos y sus pequeñas virtudes, pero claro estaba no era un tema que tratar con aquel cazurro que se ubicaba a su lado.

Negó con la cabeza enarcando las cejas sin perder aquella sonrisa que salvo que hubiera situaciones extremadamente serias o se encontrase mal no solía perder, no tenía remedio, simplemente había que aceptar que Sirius era una persona que no iba a ser normal en su vida, incluso si lo intentase probablemente fallaría, aunque viendo lo que les rodeaba, la normalidad no era un buen plan para ninguno ¿Que sería de Hogwarts sin Los Merodeadores? Probablemente un lugar más tranquilo y que haría que todos se muriesen lentamente del aburrimiento - Tienes razón, disculpe oh gran señor de la magia, debería postrarme ante tu impecable linaje - El dramatismo era algo que obviamente se le daba mejor a su amigo que a él mismo ya que le costaba a horrores no reírse cuando aquellas situaciones se daban, sin embargo Sirius hasta a veces, pocas realmente, parecía ser serio aunque tan solo fuese por breves segundos y aquella ilusión fuese más falsa que un Slytherin delante de un profesor. - ¿Debería flagelarme yo mismo o me mandarás a alguno de tus elfos domésticos? - No pensaba que aquello fuese a ofender a Canuto, de hecho si realmente pensase que podría hacerlo en serio habría cerrado la boca ya que no era del tipo de persona que iba ofendiendo libremente a la gente solo por el hecho de pasárselo bien, aunque a veces dudaba que Sirius o James tuviesen aquella misma idea de la ofensa hacia otros.

Negó nuevamente bebiendo otro trago de su cerveza de mantequilla, era alguien sin remedio y por lo que parecía su ego no tenía fronteras ni físicas ni místicas, era simplemente lo que se conocía como caso perdido, si alguna vez le llegaba una pizca de madurez probablemente sería un presagio del fin del mundo tal y como lo conocían - Yo que estaba ya preparando tu vestido blanco para nuestra boda...Me rompes el corazón - Se llevó una mano al pecho como si realmente estuviese molesto con aquello, estirándose después sus entumecidos hombros. Chasqueó la lengua levemente mirando al frente como un grupito de chicas cuchicheaba señalándoles, lo que le hizo girarse hacia su acompañante - Mira, ahí tienes a las chicas de tercero, igual puedes pervertirlas con tu gran talento para ligar - Elevó las cejas divertido, había decidido pasar por alto aquellas palabras que le hacían parecer más una mujer durante sus días de periodo que un licántropo, aunque realmente no estaba seguro de quien de los dos tenía peor humor durante las temporadas que les correspondía ser algo más débiles por llamarlo de algún modo.

- A diferencia de ti, mis trabajos para el Lunes están correctamente escritos y colocados en mi baúl para evitar que nos quiten más puntos por vuestra vagancia - Se aguantó las ganas de volver a golpearle como previamente, no quería aguantar a Sirius quejándose por maltrato o por que le había hecho algún tipo de daño irremediable en su brazo y que no podría hacer sus trabajos y él, como causante de la lesión,debería hacerlos por él, se encogió de hombros - Lo mío con ella ya no tenía futuro, demasiado callada, tendré que estudiar en el cuarto a partir de ahora, por las noches, luces encendidas...Ya sabes, lo que tiene una ruptura es que te hace molestar a tus amigos.
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Invitado el Dom Mar 22, 2015 3:28 pm

Cada miembro de los Merodeadores era algo único e inigualable. No existía medio alguno de sustituir a uno de ellos sin que el grupo se tornase en algo diferente que ninguno quería ver. Eran los cuatro, sólo ellos y sin ningún tipo de cambio, y por mucho que se metieran los unos con los otros, cada uno aportaba algo al grupo que hacía que sin ellos, las cosas no fueran las mismas. Incluso Peter. El callado y siempre tímido Peter, quien a veces resultaba ser la sombra de sus amigos, tan fácil de influenciar y con el don de la palabra escondido en uno de los múltiples bolsillos de su túnica. – Me encargaré personalmente de pagar a alguien para que salga con Peter y así se te quitará esa sonrisita del rostro. – No era que no creyese que Peter no podía encontrar novia por sí solo, sino que su timidez sumada a la sombra que ejercían sus amigos sobre él, hacían que Peter pasase desapercibido para la población femenina. Eso y que Sirius se encargaba personalmente de dejarlo en mal lugar siempre que le resultaba posible.

Aquellos comentarios hacia su amigo carecían de maldad, pues de estar él delante hubieran sido idénticos, incluso más abusivos por el mero hecho de ver como las orejas del chico se tornaban al rojo por la vergüenza que le llegaban a causar las palabras de sus amigos.

Todos eran diferentes en prácticamente todos los aspectos de su vida, empezando por la seriedad que caracterizaba a cada uno de ellos. Remus era la cordura que tanto necesitaban, Peter se encargaba de seguir los pasos del bando que tuviese más poder en la discusión, James sabía encontrar cuales eran los momentos en los que las bromas estaban de más y Sirius… Haber pasado tantos años en una casa donde su entretenimiento favorito era volver loca a su madre había hecho que no supiera cual era el momento para dejar de bromear, lo que en más de una ocasión le había metido en problemas.

- Ahora mismo te mandaré a ese que suele ir con la túnica de Slytherin. Incluso esos señores malhumorados que se hacen llamar mis padres le dieron un dormitorio en nuestra casa. Tachando a los nacidos de muggles de escoria pero dando cobijo a elfos domésticos y tratándoles como iguales. – En parte era broma y en parte no lo era. Sirius sentía repulsión hacia aquella especie mágica gracias al elfo doméstico de su familia, y si a eso le sumabas que le encantaba fingir que no tenía un hermano y decir que era un elfo doméstico, todo le resultaba incluso más cómico. – Rúcula, Recoleto, Réprobo, Rebato... Juraría que su nombre comenzaba con "r". - Apoyó la mano en el mentón, pero lo cierto es que en ese momento no recordaba de verdad el nombre de su hermano. No era que fingiese que no existía, es que para Sirius, verdaderamente no existía su hermano.

Alzó una ceja por pura inercia sin si quiera darse cuenta de la reacción que había tenido su propia cara y se vio obligado a seguirle el juego a su amigo como siempre hacía. No había hueco para la seriedad en aquel tipo de conversaciones, pues bajo el juicio de Sirius la vida ya era lo suficientemente seria como para no bromear. – Creo que te equivocas, pero el que iba a ir de blanco eras tú. ¿O qué quieres que haga con la peluca rubia de Marilyn que mandé hacer con pelo humano exclusivamente para ti? Además, el tupé me quedaría mejor. – Dibujó sobre su cabeza la apariencia de un tupé, pero su pelo no aguantó lo suficiente y cayó sobre su cabeza nuevamente, tomando ese aspecto despeinado que llevaba siempre.

Giró la cabeza para ver a las féminas a las que se dirigía su amigo, pero prefirió ignorar sus palabras. Era cierto que podía haber ido y desplegado una simple parte de sus encantos y hacer que las bragas de aquellas chicas no se recuperaran del shock, por lo que prefirió quedarse con su amigo, como si le hiciese un favor de ese modo. – Si hicieras mis trabajos nos quitarían menos puntos. Es todo culpa tuya, que sólo piensas en ti. – Culpó a su amigo y en ese momento se apartó ligeramente por si recibía otro golpe por parte de este. Que violento.

- ¿Y para qué están los amigos Remus? Creo que me subestimas, así que el lunes a primera hora iremos directos a la Biblioteca para que arregléis vuestra relación. Ella era la mujer de tu vida, ¡Lo sabes! – Agarró el brazo de su amigo y lo zarandeó ligeramente. – O mejor aún, te buscaré una novia nueva con la que ahogues tus penas cada noche y no me despiertes por estudiar. – Y dicho esto, tiró del brazo de su amigo en dirección a la barra.

Una vez allí apoyó sendos brazos y sujetó su cabeza entre las manos mirando a las personas que entraban y salían del lugar, buscando la pareja ideal para su amigo. Pero nada, o eran demasiado guapas para Remus o demasiado feas incluso para él. Definitivamente, Remus moriría soltero.
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Invitado el Lun Mar 23, 2015 1:09 am

Chasqueó la lengua con aún aquella sonrisa en sus labios, sabía que el poder económico de su amigo daba de sobra para hacer lo que acababa de decir, pero no le pondría tan fácil el salirse con la suya, obviamente no pensaba llegar a la situación de hacer un examen por él, además de que sería totalmente ilegal, probablemente acarrearía el tener que llegar a hacer alguno más ya que Sirius conseguiría que hiciese más tareas por él, deberes, más exámenes...Quien sabe qué más, además de que probablemente James se subiese al carro solo por vaguear un poco más - No vale que su pareja sea una profesional, además, debe de querer a Peter, no a tu dinero - Asintió satisfecho, sería capaz de encontrar alguna excusa más con tal de conseguir salirse con lo que él quería. Usar a Peter para aquello era realmente cruel, pero había sido la primera cosa que se le había ocurrido, probablemente acabaría por disculparse con él regalándole alguna cosa que este quisiera y él pudiera permitirse o le dejaría copiar de sus deberes, así era Remus, se sentía culpable por aquel tipo de tonterías que no eran mas que bromas estúpidas en aquel momento para salvarse de hacer tareas ajenas.

Era difícil haber predicho que aquel variopinto grupo acabaría convirtiéndose en algo tan sólido como lo eran. Estaban unidos, más de lo que nadie podría imaginar y es que Los Merodeadores, como eran conocidos a voces por los pasillos de Hogwarts eran un núcleo tan compacto que probablemente si fuesen privado de uno de sus miembros sufriría un revés irrecuperable.

Eran como los tres mosqueteros y D'Artagnan, de tener que apostar por quien sería D'Artagnan probablemente apostaría por James, casi todos los que los rodeaban sin ser demasiado cercanos a ellos, ubicarían a este como su líder, aunque la realidad es que como núcleo que eran, todos participaban en todo, o al menos eso solían hacer, pero aquello no quitaba que algunos (James y Sirius ya que Peter no era lo suficientemente valiente) tomarse sus libertades y acabar por ser Remus el que pagaba los platos rotos disculpándose con todo aquel que era afectado por las fechorías de sus mejores amigos, aunque aquello no quitaba que él participase en algunas de aquellas bromas, si las consideraba poco peligrosas no solía quejarse o tratar de disuadirles, simplemente hacía aquello si las ideas eran tan descabelladas como para preocuparse, lo que solía pasar normalmente y ya había perdido la cuenta.

Le costó un poco asumir a que se refería, pero cuando comentó lo de "tratarlo por igual" supuso a quien se refería - Dudo que ese elfo acepte tus órdenes, además - Se señaló negando con la cabeza, riendo levemente - ¿De veras te crees que va a tocarme? Vamos, si cada vez que pasa por mi lado parece como si se hubiese topado con la gragea más desagradable de toda la caja - Se cruzó de brazos respirando profundamente, la gente de aquella calaña lo ponía enfermo ¿Limpiar el mundo de la magia? La magia se veía salpicada por la suciedad de ideales tan retrógrados como los de aquella familia, sacando, por supuesto, a Sirius de aquel bote, pese a ser un Black, era lo contrario a lo que los ideales de esta familia representaban, era más auténtico en todos los sentidos y era lo que Remus admiraba de él, que pese a la adversidad, a tener a su familia en el asiento de enfrente viendo como le juzgaban, no había cambiado ni un ápice ni con él, ni con ninguno de sus amigos, podía ser muchas cosas, pero estaba jodidamente orgulloso de poder decir que era amigo de Sirius Black.

Negó con la cabeza, llevándose las manos a su descuidado cabello - A mi me quedaría mejor el tupé ¿No ves que tu pelo largo le va mejor a ese traje? Vamos...Si hasta iba a dejarme mi sueldo en un traje con incrustaciones de brillantes y tu tienes mas cuerpo, a mi me sobraría, no tengo tanto culo como tú - Se encogió de hombros levemente como dando a entender que no había otra solución. - Además el look Marilyn te pega más a ti, ya sabes, yo soy el sensible de la relación y tu eres el show, eres tú el que debe brillar - Sonrió levemente consciente del poco sentido que tenía aquella conversación, pero ¿Que iba a pedir? Las conversaciones con Sirius nunca podían ser serias por ende, la normalidad era algo muy difícil de alcanzar en aquel tipo de charlas esporádicas.

- Para nada, lo nuestro era una relación tóxica para ambos ¡No se fiaba de mí! Me hacía escribir todos los libros que sacaba de la biblioteca y no puedo con la desconfianza, Sirius, es algo que me estaba consumiendo - Asintió levemente frotándose las sienes con suavidad, negando con la cabeza - A partir de ahora deberás ser un buen amigo y sacármela de la cabeza, además de aguantar mis cambios de humor que ahora, serán más frecuentes - Negó con la cabeza dando otro largo trago a su cerveza de mantequilla - No quiero a otra, soy un espiritu libre, Sirius, navego solo por esta vida.
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Invitado el Lun Mar 23, 2015 11:26 am

La diferencia principal entre los comentarios del uno y del otro era la intención con la que se hacían. Mientras que Remus se sentiría mal en un futuro no muy lejano por mencionar a Peter en aquella conversación, Sirius lo vería como una conversación más carente de interés como para tener que disculparse con su amigo. ¿Disculparse? Hablamos de alguien que tiene el orgullo propio en tan alta estima que sería más fácil que le diese un abrazo a su madre a que se disculpara. – Ahora mismo a Peter le tienen que estar pitando los oídos por tu crueldad. ¿Qué clase de amigo eres? A saber lo que dices de mí a mis espaldas. – Le encantaba. Lo adoraba. Poner un tono dramático y fingir que el resto de personas a su alrededor se comportaban de manera errónea era tan divertido que no rechazaba la oportunidad de poder hacerlo. Lo importaba la situación ni el momento, si podía acusar a alguno de sus amigos por sus actos, no se lo pensaba ni un minuto. Especialmente a Remus y sus propios remordimientos, pues, ciertamente, era la mejor persona del grupo.

El nacimiento de un hijo en una familia que ya contaba con otro hijo podría resultar un problema a veces cuando el mayor de los hijos tenía miedo a perder el cariño de sus padres. Pero cuando nunca lo había tenido, aquello no importaba demasiado, y el odio que Sirius sentía hacia su hermano no se debía a la envidia, sino al asco que sentía por verle arrastrarse por el cariño de sus padres. No comprendía cómo las personas debían comportarse según lo que sus padres les guiaban cuando estaba claro que no era precisamente correcto. Regulus ya era el orgullo de su familia y cuando por fin se uniera a los Mortífagos, lo sería aún más. Sirius estaba seguro que una de sus misiones sería intentar matarlo por ser un traidor de sangre. Pero prefería ser un traidor de sangre antes que tener el encefalograma plano como él.

- Ya, por más que le tiro calcetines se niega a irse de casa. Creo que no me considera su amo. – Se encogió de hombros con el gesto serio. Lo que decía era cierto, en más de una ocasión le había lanzado ropa a su hermano con la intención de salvarlo del encantamiento que asolaba sus pensamientos y que no le dejaba utilizar el cerebro adecuadamente, pero nada había surtido efecto. Pero le seguía lanzando la ropa sucia. – Remus, una cosa es tocarte, otra azotarte para que sufras. Creo que estaría encantado de golpear a un mestizo y más si eres amigo mío. Y menos mal que no sabe nada de tus juergas nocturnas. – Lo único que ambos hermanos Black tenían en común era el odio hacia los amigos del otro. Regulus no soportaba que alguien que portaba su apellido se rodease de nacidos de muggles y mestizos, y Sirius, simplemente, no soportaba a los amigos Slytherin de su hermano, ese tipo de personas cuyas únicas aspiraciones eran la de “purificar” la sangre de todo el Mundo Mágico para que sólo aquellos de linajes puros permaneciesen vivos.

La conversación que estaba resultando entre aquellos dos podría bien ser tachada por una de dos locos que dicen únicamente lo primero que pasa por su mente. Y en caso de Sirius, acertarían de lleno. Tenía el don de la inoportunidad y le gustaba hacer alarde de ello siempre que podía, como en aquel mismo momento, donde ser Elvis o Marilyn parecía el mejor tema de conversación posible con tal de dejar al otro en peor lugar, algo que ninguno de los dos parecía conseguir con demasiada eficacia.

Logró arrastrarlo. Tiró de su brazo sin ningún tipo de miramiento para cambiar su posición, dejando ahora la mesa vacía para situarse en un lugar donde podrían ver con mayor facilidad quien entraba y salía del lugar. Con los ojos perdidos entre las personas que se sucedían en Las Tres Escobas, Sirius siguió metiéndose con su amigo de la mejor manera posible. – No quería decírtelo pero me alegra saber que ahora eres feliz estando lejos de ella. Lo mejor con las relaciones tóxicas es acabar con ellas. Ya era hora de que encontraras el valor suficiente para dejarla. – Puso una mano en el hombro del chico como si le intentara tranquilizar, cuando lo único que hacía era usarlo como apoyo para mirar si había alguien interesante a su espalda. - ¿Un espíritu libre? ¡Vaya Remus, me sorprendes! ¡Cuánto me alegra oír eso! – Una sonrisa se formó en sus labios.

Claro que toda aquella conversación carecía de sentido. Claro que todo lo que estaban diciendo no eran más que palabras carentes de utilidad alguna, pero eso animó a Sirius en cuanto a lo relacionado con los espíritus libres. – Navegar solo no significa que no dejes que nadie suba a tu barco. A veces hay que entrar al puerto para no aburrirse con la monotonía del mar. – Ladeó la sonrisa, pues lo que estaba buscando llegó de manos de la camarera tras la barra, quien se acercó para ver si querían tomar algo más. – Dígame usted, hermosa mujer, ¿Considera que mi amigo tendría oportunidades de vivir una noche de pasión con alguien tan… - Pero no pudo acabar la frase, pues la mujer comenzó a farfullar sobre lo desvergonzados que eran los jóvenes de hoy en día y cómo faltaban el respeto a una mujer casada. – Creo que no eras su tipo, pero seguro que podemos encontrarte una.
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Invitado el Mar Mar 24, 2015 4:00 pm

Negó con suavidad al escuchar las palabras de su amigo, era un hecho que este acabaría por apelar a sus remordimientos para meterse con él, siempre lo hacía y Remus parecía no aprender de aquellas continuas burlas ya que siempre volvía a caer en estas, suspiró negando con la cabeza señalando a su compañero - ¿Decir algo de ti a tus espaldas? Pero si siempre estás pegando la oreja a cualquier cosa que digamos, además, es más fácil decirte las cosas directamente, al fin y al cabo te enterarías de todos modos - Se encogió de hombros tomando aire con tranquilidad, no iba a demostrarle a Sirius que realmente se sentía mal por aquel comentario hacia Peter que fácilmente podría ser arrojado sobre sí mismo ya que su éxito con las mujeres era más bien nulo, al igual que su interés por estas en aquel momento, no había encontrado a nadie que realmente le hiciese sentir algo por una mujer, de todos modos, aún era joven, por lo que aquel tema era de total irrelevancia para él cosa que parecía que su amigo no lograba entender o simplemente no compartía, el ligotear con todas no era más que una pérdida de tiempo de lo que realmente importaba en aquella época.

Nunca llegaría a entender lo que Sirius sentía en relación a su hermano menor. La repulsión hacia este probablemente si la entendía, el muchacho era de esos que se consideraban Puristas y apoyaban los cuestionables ideales de algunas de las familias de magos más antiguas. Aunque era obvio que siendo Lupin hijo único, no lograría ni siquiera acercarse a los sentimientos de su compañero. La familia Black era conocida por sus sendos ideales sobre la pureza y no era un secreto que el comportamiento de Sirius con los que ellos consideraban indignos de la magia no les hacía precisamente felices. Le costaba también a horrores el entender por qué este había salido tan desviado de lo que su familia quería para él, habiendo sido educado por estos suponía que lo lógico hubiera sido que al igual que su hermano fuese un Slytherin arisco y altanero con sendos aires de grandeza, sin embargo se encontraba ante un joven de Gryffindor que se rodeaba de lo que su familia siempre habría considerado "chusma".

Una carcajada se escapó de los labios de Remus, el simple hecho de imaginarse a Sirius persiguiendo a su hermano por la casa lanzando sus calcetines, muy probablemente usados era una imagen cuanto menos cómica - ¿No has pensado que solo obedece a tus padres? Quizás es por eso que tus calcetines no surten efecto, deberías probar a darle unas medias de tu madre - Asintió siguiéndole el juego a quien parecía creer que aquello era una práctica totalmente normal con un miembro de su propia familia, asintiendo levemente al escuchar lo que este había dicho a continuación - Si supiera acerca de precisamente ese tema probablemente estaría más que emocionado por rellenar lo que fuera necesario para echarme de este colegio o, en caso de ser  posible, torturarme en público como castigo por manchar, aún más, la pureza de sangre de Hogwarts - Se encogió de hombros levemente, si por algo eran conocidos la mayoría de los puristas no era precisamente por su amor a otras especies que manchasen el historial de Hogwarts como institución educativa, cierto era que de no haber sido por Dumbledore, probablemente jamás hubiera pisado la institución nombrada, al menos no en el papel de un alumno.

Si alguien estuviese escuchando las burradas que ambos soltaban por sus adolescentes bocas probablemente no se creería de que una de ellas pertenecía a Lupin, el único miembro de aquel grupo con un poco de sentido común. Pero lo cierto es que de vez en cuando también necesita deshacerse un poco de aquella imagen y dejarse llevar por un poco de diversión, aunque aquellos momentos podían contarse con los dedos de una sola mano y sobrarían dedos, quizás era por aquello por lo que Sirius y James solían llamar más la atención, por ser los divertidos del grupo, él por ser el aburrido y Peter el desapercibido.

Se habría quejado si le hubiese dado tiempo pero se topó ya con su compañero agarrándole de aquel modo en el que de haber querido zafarse se habría liado una buena ya que probablemente alguien habría pensado que el pobre de Remus se habría roto algo, ser tan delgado no le hacía precisamente tener una imagen de tipo duro y consistente frente el resto, hasta había llegado a oír que solo estaba con los merodeadores por que estos le amenazaban con golpearlo, cosa que siempre le había hecho mucha gracia - Quizás deberías haber mencionado que sabías de sus malas costumbres, he odio que a ti ni te dejaba entrar en la biblioteca ¿Que le hiciste para volverla tan desconfiada? Al principio era una mujer muy dulce - Mentira, aquella mujer siempre había sido un ser despiadado sin sentimientos por algo que no tuviese hojas, era realmente escalofriante ver como trataba mejor a un libro que a una persona. - Un espíritu libre no implica que me vaya a ir a ligar con toda mujer que se me cruce, como hacéis tu y James, olvídalo - Advirtió señalando con el dedo índice al receptor de aquella advertencia, se conocía bien aquella sonrisita.

Y no estaba equivocado, o al menos eso demostró el comportamiento de su amigo con aquella mujer que pareció sentirse realmente ofendida por el desafortunado comentario de su amigo - ¿Estás loco? ¿Te recuerdo que esa mujer trabaja aquí? - Consciente de que aquello sería algo que el descarado que tenía por compañero no iba a entender, añadió - Ella sirve la comida aquí, Black - Lo empujó levemente sin casi poder evitar que una risa se escapase de sus labios aunque tratase de evitarlo para no hacer que el otro se creciese - No necesito otra mujer, estudiaré en el baño de prefectos, pero no nos metas en líos tan rápido.
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Invitado el Miér Mar 25, 2015 5:32 pm

Era el tipo de persona que vivía en su propio mundo pero que aún así parecía enterarse de todo lo que sucedía a su alrededor. Bien podía deberse a que en la Sala Común de Gryffindor era más que frecuente ver a los alumnos de cursos inferiores contándoles todo tipo de anécdotas a los Merodeadores, como que un grupo de Slytherin de séptimo curso habían intentado meterse con ellos pero se habían echado atrás al saber que eran sus amigos. Historias que más que anécdotas sonaban como mentiras en sus oídos, pero a Sirius le agradaban del mismo modo. James y él adoraban ser el centro de atención, el centro de todas las comidillas. Les apasionaba escuchar su  nombre salir de las bocas ajenas aunque no trajeran nada bueno consigo. No importaba como les nombraran, lo importante es que lo hicieran.

Cuando Sirius tenía poco más de cinco años ya apuntaba maneras, pues antes tampoco había tenido mucho que opinar. A esa edad fue cuando empezó a perder el aprecio de unos padres que tampoco se caracterizaban por dar grandes dosis de cariño a sus dos hijos. A esa edad fue cuando empezó a escaparse de casa para conocer muggles y traer recuerdos a las paredes de Grimmauld Place. A esa edad empezó a discutir en las comidas familiares sobre la pureza de sangre, diciendo que él sería más feliz teniendo un muggle como hermano que al que le había tocado. Regulus y Sirius jamás habían tenido una relación cercana, y en más de una ocasión Sirius lo había tirado en el balde de la ropa sucia con intención de liberarlo de su fatal destino como esclavo en su casa. Su misión había fracasado, pero no por ello se desanimó y con aquel pretexto lanzaba prendas sucias a su hermano intentando que dejase de seguir las estúpidas ideas inculcadas por su familia. – No, porque también obedece a Kreacher. Creo que es su verdadero hermano biológico, los dos tienen las mismas orejas en punta, la cara de amargura y retraso mental.– Sirius odiaba a los elfos domésticos. De haberse criado en otra familia lo más posible es que le fueran seres indiferentes, incluso despertaran su simpatía, pero en ese caso no. En cierto modo Regulus y Kreacher eran muy parecidos, pues ambos decían que sí a todas las peticiones, ambos se guiaban por los pensamientos de otras personas y no por los propios, y ambos parecían tener metido un petardo en el culo que les impedía sonreír. – ¿Tú tocarías la ropa interior de tu madre si fuese una vieja loca antihigiénica? Remus, los magos son tremendamente sucios, no sé si no te has dado cuenta, y estos malditos puristas presumen de sangre limpia pero desconocen la existencia del jabón. – Por alguna razón que llegaba a desconocer, las casas de los magos tendían a ser sucias, destartaladas y con un desorden peor que el de una pocilga. Sirius, rompiendo también con eso, era desordenado, pero vivía en su desorden higiénico donde sabía dónde tenía cada cosa.

La Biblioteca era un lugar fascinante. A veces iba, hace un par de años. Tuvo una época de ir con la excusa de estudiar para pasar el tiempo con alguna que otra chica, pero era cierto que la bibliotecaria no le quitaba el ojo de encima, quizá porque ya conocía su mala fama. – Puede que fuese por no usar la biblioteca para estudiar precisamente los libros. No sé si me entiendes. – Concretamente compartiendo saliva por la biblioteca, algo que a la mujer amante de los libros y la tranquilidad no había parecido sentarle para nada bien.

- Perdona, pero James y yo no ligamos con toda mujer que se nos cruza. Sólo aceptamos aquellas que no dañan a la sensibilidad de nuestros ojos. – Por su parte, James últimamente parecía más centrado. Más centrado en llamar la atención de una chica, no en otros ámbitos como podrían ser los académicos. Pero Sirius no. Sirius pensaba seguir disfrutando de su soltería lo que le quedaba de vida. Pensaba seguir teniendo el mismo carácter de siempre, y rápidamente lo demostró intentando que la camarera del local fijara los ojos en Remus, pero en lugar de eso, se fue horrorizada del lugar. Al igual que Remus, quien no se fue, pero también quedó horrorizado. - ¿Y qué? A lo mejor ahora nos hace ofertas por lo educado que has sido con ella. – Pues al lado de Sirius y su aparición estelar, cualquiera parecía tener educación.

Se recostó ligeramente sobre el taburete, haciendo que las patas delanteras se elevaran y aguantó en aquella posición mientras que con un brazo impedía que su cuerpo cayese hacia atrás. – Los libros sí, pero tus amigos no. Llevo desde septiembre pidiéndote que me dejes entrar en ese baño. ¿Sabes lo que les gusta a las chicas ese maldito baño? Eliminas mis posibilidades de triunfar. – Dijo el chico fingiendo estar molesto antes de volver a una posición menos peligrosa para su seguridad. – Deberías dejar de estar tan obsesionado con los libros, sólo te relajas una vez al mes y eres mucho más divertido. Deberías aprender de tu otro yo, Jekyll.
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Invitado el Jue Mar 26, 2015 11:54 pm

Lo cierto era que en aquel lugar el frío comenzaba a calar sus huesos, por sendos segundos solo quería volver a la sala común de su casa para poder calentarse al lado del fuego de la chimenea que solía estar siempre encendido y por lo general siempre rodeada de alumnos de los cursos inferiores estudiando como si no hubiese mañana. Si algo tenía de ventajoso el ser amigo de Sirius y James, o simplemente formar parte de los merodeadores era que cualquier alumno de cursos inferiores, rápidamente buscaría la manera de hacerles sitio en los sofás cercanos al fuego, ya fuera por realmente ser educados o solo para poder decir que estuvieron cerca de uno de los Merodeadores o que uno de estos les dirigió la palabra, era casi enfermiza la admiración que algunos sentían por las fechorías de aquel grupo que todos conocían en Hogwarts, ya fuera para bien o para mal.

En cierto modo agradecía ser hijo único en una familia que pese a ser en parte mágica siempre le enseñó acerca de la cultura muggle, nunca cerraron sus puertas a aquello que muchos en la comunidad mágica veían como un insulto, nunca renunciaron a él tampoco cuando dejó de ser un mago en potencia para convertirse en un licántropo por el cual debían escaparse de su residencia cada poco tiempo para no levantar sospechas de que algo raro sucedía, aquello era algo por lo que Lupin tendía a sentirse culpable desde que había tenido uso de razón. Incluso sus padres habían sacrificado su tiempo y casi su libertad para poder enseñarle en casa, para que no tuviese que vivir su periodo de "incubación" por llamarlo de algún modo, rodeado de gente, aquellos días previos a la luna llena, el aspecto de Remus era el de un crío enfermizo, pálido, con ojeras y su ya natural delgadez hacía que los padres de otros niños solo lo mirasen casi con desprecio, alejando a sus pequeños del "niño enfermo" para evitar contagios, lo que obviamente no sabían es que aquel contagio era totalmente imposible. No pudo evitar negar con la cabeza al tiempo que una risa se escapaba de sus labios - Vamos, igual Kreacher lo trajo de un cubo de basura y está encariñado con él, ya sabes como son los elfos cuando se empeñan en que algo les pertenece y más cuando son un elfo de la Casa Black - Se encogió de hombros, aquel elfo era un verdadero dolor de cabeza para todos los que le conocían, era arisco, altanero y aun por encima se jactaba de la pureza de sangre de sus amos cuando estos solo lo trataban para pedirle que hiciera las tareas correspondientes para un sirviente, un simple esclavo con aspiraciones mayores a las que jamás podría optar, pensándolo bien, entendía en cierto modo el comportamiento de aquel elfo presuntuoso, nunca lograría lo que tanto ansiaba, eso agriaría el carácter de cualquiera. - ¿En serio? No sé, aquí no suele oler tan mal, solo Severus, pero que él no tiene demasiado aprecio al agua no es nada nuevo ¿Todos los puristas son así de cerdos? Me alegro de no llevarme bien con ninguno como para que me invite a su casa , o repeler tanto a tus padres que no quieran verme a menos de 50 metros. -  Quizás la enseñanza acerca de la higiene personal no era demasiado bien vista por eso de hacerles usar inventos muggles para llevarla a cabo, pero era realmente desagradable el pensar que los magos puristas no se lavaban al menos una vez al día, o si era pedir mucho, una vez al mes.

Ante aquella afirmación dudaba si preguntar sería lo más correcto ya que esperaba una respuesta peor que la que ya había dado, así eran sus amigos, gente poco previsible a la cual a veces no debía preguntar acerca de sus intenciones o simplemente ignorar sus palabras - ¿Y te sorprende que te tenga enfilado? A saber que cosas les hacías ver a los pobres libros, inocentes de tus fechorías - Negó con la cabeza riendo después, ya no buscaba motivos normales para aquellos comportamientos, simplemente era así.

- Las cuales son casi todo el colegio, vamos, solo os he visto hacerle caso omiso a aquella pobre muchacha que solo estaba pidiéndoos que le indicaseis donde estaba la clase de transformaciones y lo único que le pasaba era que el acné la había atacado quizás con demasiada fuerza - Aún recordaba la cara de desconcierto de la chica cuando fue el propio Remus quien se ofreció a llevarla al aula tras el comportamiento poco agradable de sus compañeros dando gracias de que la chica no preguntase el porqué de aquello. Aunque bien era cierto que James parecía ahora enfocado en una sola mujer, en su compañera prefecta concretamente, no podía decir que su amigo tuviese mal gusto, Lily era una chica preciosa, pero quizás demasiado inteligente para caer en las redes de James, pero todo se vería. - O te envenena el desayuno, o una cerveza de mantequilla, nunca se sabe, es genial vivir bajo ese riesgo.

Ya tardaba en quejarse por algo y si podía ser por que no le dejaba entrar al baño de prefectos parecía que a Sirius se le ocurriría alguna otra cosa con tal de hacerse la víctima - Tienes que gustarles tú, Canuto, no el baño, además no vas a lograr entrar en él, intenta convencer a Lily para que te deje - Se encogió de hombros, si lo dejaba entrar en aquel lugar, quien sabe que barbaridades haría, o quizás muchos las sabrían pero Lupin prefirió simplemente no pensar en ello por si acaso - Hyde no es consciente de sus actos y obligaciones, por eso es más desinhibido, lo cual no lo hace divertido, lo hace peligroso.
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Invitado el Vie Mar 27, 2015 2:51 pm

Haber nacido en el seno de una de las familias mágicas más importantes y conocidas hacía que todo fuesen ventajas. Había sido criado bajo todo tipo de lujos, con una educación preparada e individualizada exclusamente para él. Pero también tenía sus inconvenientes, aunque nadie parecía verlos. Se trataba de un clima hostil donde el amor familiar no tenía cabida, donde lo único importante era mantener la pureza de sangre sin importar el aprecio con el que crecieran los pequeños. Quizá ahí había estado el foco de todo. Quizá esa falta de sentido maternal desarrollado por su madre había propiciado en Sirius un carácter como el que tenía y una curiosidad hacia lo desconocido que a veces igualaba a las brillantes mentes de los de Ravenclaw, donde de ir a parar hubiese sido menos decepcionante como hijo.

A diferencia de Sirius, Regulus era el orgullo de su familia. Incluso Kreacher era más orgullo para su familia de lo que lo sería jamás Sirius. Sirius era el eterno olvidado, al que siempre se dejaba de lado por ser diferente y a quien no le importaba lo más mínimo aquello, pues le alegraba ser tratado como el bicho raro de su familia. Lo que había despertado en él un modo de ver la vida en el que si no recibía represalias por ser diferente es que algo estaba haciendo mal. Era un niño rebelde desde que tenía uso de memoria, pero no una rebeldía controlable, sino una que a veces causaba más problemas de los que podía llegar a solucionar. – Le vio con esa cara de deficiente mental que pensó que eran familiares. – Se encogió de hombros. Lo cierto es que en su familia siempre los había visto a todos con ese tipo de cara, pues personas incapaces de pensar por sí mismas que se guían por las creencias de generaciones pasadas no acababan de tener mucho sentido. Era como si en una generación anterior se hubiese puesto de moda llevar un tutú rosa y ahora todos fueran con el tutú rosa, predicando que de no tener un tutú rosa no eras merecedor de su atención. Pues lo mismo resultaba ser la pureza de sangre. Era un vergonzoso lastre que las familias llevaban encima y que lucían con orgullo, tachando de inferior a quien no lo tenía. La lógica del tutú rosa.

- Iba a decirte que algún día te llevaré a mi casa para que lo compruebes pero es posible que si consigues salir de ahí con vida lo hagas en trocitos que Kreacher se encargará de tirar muy gustosamente al río. – Aquel elfo era un sanguinario, lo debía haber heredado de su prima la loca. Básicamente porque ambos tenían las mismas ojeras y su cerebro parecía funcionar a la misma velocidad en la que les costaba procesar las cosas más de lo normal. – Remus, es todo un orgullo para un Black tenerte entre sus amigos. – Pasó un brazo tras el hombro del chico con una sonrisa de oreja a oreja antes de continuar la frase que no quedaría como de tan buen amigo. – Especialmente para uno que selecciona cuidadosamente sus compañías para que su familia lo odie más a cada día que pasa. – Apartó el brazo del hombro de este y le dio un corto golpe con el puño en el pecho.

- Severus es mestizo, ¿Por qué diantres se junta con ese tipo de gente? A lo mejor piensa que uniéndose a los mortífagos le hacen un … - Se señaló el brazo como si clavara una aguja en este. - ¿Cómo se llama cuando le sacan sangre a alguien y te la ponen a ti? – Su amigo era el listo, el que vivía dentro de los libros y amaba a la bibliotecaria en secreto. Él no, él estaba en el mundo porque tenía que haber de todo. – Mi teoría es que Evans le rompió el corazón cuando lo colgamos por los tobillos. Por eso de llamarla… ¿Sangre sucia? Sí, creo que fue eso lo que dijo, ya ni me acuerdo. – Y eso que había sido aquel mismo año. – Entonces, está muy dolido. El pobre Severus con el corazón roto… ¿No te da pena? – Puso una mueca triste en el rostro antes de ocuparlo nuevamente por una sonrisa. – No, a mí tampoco. Yo creo que no se ducha desde la primera vez que Evans le tocó el pelo, por si no volvía a hacerlo. – Sirius tenía teorías absurdas para todo, pero contando la cantidad de grasa que tenía acumulada aquel pelo, su teoría podía ser incluso acertada a pesar de aparente falta de sentido.

- Yo no le hacía nada a los libros. Eran ellos los que me atacaban cuando me apoyaba ligeramente en las estanterías. ¡Y a ellos no les regañaba! Una vez incluso tuve que ir a la enfermería del golpe que me di, creo que por eso suspendí el último examen de Historia de la Magia. – Por eso y porque había llegado cuarenta y cinco minutos tarde a clase y sólo le había dado tiempo a poner el nombre en el examen. Lo sorprendente de Sirius era que, por regla general, aprobaba con buena nota casi siempre. No tanto como Remus, claro, pero tendía a hacerlo cuando se presentaba a los exámenes. Y de no hacerlo, siempre buscaba una excusa para que alguien lograra repetírselo.

- Ya, bueno, es que no nos gusta hacer feos a nadie Remus. Es mejor que toda mujer se sienta bien consigo misma. No hacemos más que propiciar la alegría de las mujeres y ya de paso la nuestra propia. – Claro, él lo hacía para que toda mujer fuera feliz, no porque a él le encantara coquetear con ellas y ser el centro del mundo. - ¿Crees que deberíamos ir a tomar algo a Cabeza de Puerco o prefieres que muera envenenado la próxima vez que vengamos? – Luego pensó su pregunta y la posible respuesta de su amigo. – Mejor no contestes.

Convencer a Lily Evans, quien podía ser incluso más responsable que el propio Remus, de dejarle entrar en el Baño de Prefectos en compañía femenina era una misión imposible. Si con Remus era improbable, con Evans era imposible. – Evans me dejará entrar el día que Colagusano se eche novia. – Contestó con la misma afirmativa usada por su amigo pocos minutos antes. – Hyde me sigue cayendo mejor. – Lo cierto es que no. A Sirius no le hacía ninguna gracia encontrarse con la forma de licántropo de su amigo. Con los años habían conseguido reducirlo, por denominarlo de algún modo, pero seguía siendo todo un peligro tanto para los demás como para sí mismo.

Era divertido bromear sobre la forma de licántropo del chico pero lo apreciaba lo suficiente como para saber que no era algo agradable para su amigo. Remus debía haberlo pasado realmente mal al convertirse en aquello, pero al menos contaba con el apoyo de cada uno de sus amigos.  - ¿Me acompañas a Zonko o tienes algo mejor que hacer?
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Invitado el Lun Mar 30, 2015 3:06 am

Nunca podría saber lo que habría sido vivir en una familia de seno totalmente mágico, su padre había escogido "ensuciar" la línea sanguínea de su familia al enamorarse de una muggle y a su vez el propio Remus nunca tendría una familia totalmente sana debido a su condición de licántropo, era algo con lo que tendría que lidiar, con que si alguna vez llegaba al mundo un hijo suyo podría estar infectado con la licantropía por su propia culpa, nunca se había parado a pensar en aquello activamente, es decir, tenía 15 años ¿Qué chico de 15 años piensa en que su futuro hijo tendrá sus genes y su maldición? Probablemente solo alguien como Remus se pararía a pensar en aquello realmente, así era él, como había oído en alguna ocasión, era un "viejoven" por que no vivía correctamente su juventud, si no que se cargaba de responsabilidades que no estaban acordes a su edad.

Estuvo a punto de reírse ante la afirmación de su amigo, pero realmente y en cierto modo, se compadecía de él, vivir en un ambiente tan carente de amor y con tanta repulsión hacia él o sus amigos no podía ser demasiado fácil para un chico de tan solo 15 años, por muy fuerte que este tratase de parecer con aquellas continuas pullas hacia su hermano ¿Quien no quería que su familia al menos le echase un cumplido? Por pequeño que fuese, Remus solía ser de aquellos jóvenes a los que un simple "Lo has hecho bien hijo" le daba fuerzas para pasar el resto de la semana aun si esta estaba plagada de exámenes o desafíos físicos de algún tipo, era un chico bastante simple en aquel tipo de asuntos, a veces lo era tanto que se sentía hasta idiota, pero era lo que le había tocado vivir y que sus padres pudieran vivir tranquilos durante casi todo el año, que pudieran sentirse orgullosos de él aún estando lejos era algo que realmente le llenaba el bote de la autoestima - O quizás simplemente quería conquistar a una parte de la familia para chupar algo de tu herencia, ya sabes, heredar por casamiento, quizás Kreacher tiene intenciones ocultas con Regulus que pasan por llevarlo al altar - Se frotó el mentón en un intento estúpido de parecer serio, chasqueando la lengua pocos segundos después - Te verías genial de padrino de bodas, seguro que te dejan presenciar la ceremonia y te dejan comer los entrantes del banquete - Asintió levemente tomando aire.

- ¿Tirarlos? Yo creo que me mantendría en los sótanos de tu casa para lograr sacarme el mayor numero de alaridos posibles, Kreacher tiene cara de elfo loco perturbado, como esos de las pelis muggles de terror. - Un escalofrío recorrió su espalda, era realmente desagradable el simplemente pensar en lo que aquel elfo loco podría hacerle en caso de que sus "dueños" le dejasen tomarlo como rehen solo con el pretexto de ser un mestizo, ya no sabría lo que le pasaría de que estos se enterasen de que era un licántropo. - Osea ¿Solo eres mi amigo para molestar a tus padres? Eso ha herido mi corazón, que lo sepas, tendrás que invitarme a una buena comida para lograr arreglar esto - Negó fingiendo sentirse dolido, sabía bien que Sirius no iba por aquel lado, de hecho hasta se había reido levemente tras decir aquello, aquella era de ese tipo de relaciones en las que pocas cosas lograrían molestar al contrario, ni siquiera cuando alguno de ellos se pasaba podía enfadarse.

Ante aquella pregunta no pudo evitar reírse, la verdad es que nunca lo habría pensado, una transfusión de sangre limpia ¿Cambiaría aquello lo que los mortífagos o seguidores de Voldemort lo que pensaban de los mestizos? Dudaba enormemente que ninguno de ellos se ofreciesen a poner su preciada sangre limpia en el cuerpo de uno de esos seres que osaban manchar la limpieza de aquellos linajes que les seguían ciegamente. - Transfusión. Quizás eso piensa, pero ¿Crees que esa gente va a dar su sangre a un perversor de la magia? Yo creo que para eso habría que quitarles la sangre a la fuerza y dudo que Severus sea capaz de algo así - Se encogió levemente de hombros, la manera en la que aquellos hombres se referían a lo que ellos llamaban "sangre sucia" le revolvía el estómago, era un comportamiento enfermizo y poco comprensivo. Si Hogwarts había aceptado enseñar a aquellos que tenían el don de la magia ¿Quienes eran ellos para vetarlos de aquel modo? Ni siquiera hacían nada malo, solo existir. - Posiblemente, yo pienso que directamente tampoco se lavaba antes para parecer como sus queridos magos de sangre limpia, a ver si de algún modo la suciedad le hacía parecer de un linaje antiguo y respetado.

Tomó aire levemente negando nuevamente con la cabeza, ya era un tic que se le quedaba para las posibles conversaciones con su amigo - Sirius, las estanterías son para los libros, no para que intentas poner una pose sexy para cualquier colegiala que se acercase - Se encogió de hombros riéndose levemente, metiéndose luego las manos en los bolsillos - Y no culpes a los libros de que tus neuronas se pongan en huelga, eres tu quien lo permite, si estudiases un poco más no suspenderías nada, cosa que muestras con tus notas, que no son malas si te lo propones. - Sirius solía ser reconocido precisamente por sus escarceos amorosos en la biblioteca, aunque fueran mentira, daba igual, a la bibliotecaria le valía para echarle la culpa de cualquier cosa que pasara en aquel lugar "sagrado".

- Eres un caradura Sirius - Negó levemente riéndose, sabía como eran ambos de sus amigos con las mujeres que se les acercaban, primero solían evaluarlas en la distancia, después usaban algún tipo de maniobra estúpida para que estas se fijasen en ellos y luego uno de los dos lograba hacerse con la atención de la fémina en cuestión y ya a partir de ahí, Remus ya pasaba de preguntar por si acaso daban mas detalles de los que él estaba dispuesto a escuchar . Se encogió de hombros cuando su amigo se auto-contestó a la cuestión propuesta, era obvio que no lo quería muerto.

No pudo reprimir una carcajada, la verdad es que había mas posibilidades de que el propio Remus cediese a que Lily se hiciera siquiera la idea de dejar pasar a Sirius a aquel baño con alguna muchacha incauta - Mira, ese día lo tendrías completo, yo te haría un examen y Lily te dejaría entrar al baño de los prefectos, estoy seguro de que ya estás a punto de salir corriendo a convencer a alguna de primero de que Colagusano es un partidazo - Chasqueó levemente la lengua, suspirando, dudaba que nadie pudiera considerar a "Hyde" mejor compañía que nadie, era un monstruo con el que dudaba que nadie lograse tratar y menos divertirse - Pues tendrás que acostumbrarte a que tu compañía sea Jekyll, ya sabes, es físicamente imposible que estuviese aquí con mi alter-ego.

- Claro, será mejor que estar aquí viendo como la gente entra y sale no es el mejor entretenimiento ideado por ti hasta la fecha - Se estiró un poco tratando de desperezarse y dejar a sus músculos ligeramente más preparado para el paseo que le esperaría a continuación, para tomar aire y estirar del todo las piernas.
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Invitado el Miér Abr 01, 2015 6:50 pm

Desde la llegada a casa del mayor de los Black, la relación con el elfo doméstico de la familia jamás había sido buena. No recordaba el momento exacto del nacimiento del odio entre ambos, pero Sirius jamás había sentido simpatía hacia aquel ser, y en realidad, hacia ningún elfo doméstico. Mientras que consideraba al resto de criaturas mágicas como seres de igual categoría que los magos, esto no sucedía con los elfos, los que consideraba seres no solo inferiores, sino merecedores del odio de los magos. No había tenido la oportunidad de conocer a muchos más elfos, pues el de su familia era más que suficiente para soportar la agonía de aquellos seres que no luchaban por sus derechos y que pasaban de generación en generación, sirviendo a magos a cambio de… ¿Nada?

Por el contrario, Regulus siempre había sentido predilección hacia aquel elfo. Quizá porque este había ocupado el papel de hermano mayor con él, por las similitudes físicas que ambos compartían o por la manera que tenían de decir que “sí” a todas las órdenes que el matrimonio Black ponía. – No, no, yo creo que lo suyo es real, que no tiene interés monetario. No me gusta Kreacher, pero tengo que admitir que haría feliz a mi hermano, incluso quizá le haga sonreír alguna vez. Estoy seguro que no es cuestión de dinero, lo suyo es amor. Ambos son tan arrastrados, tan fáciles de moldear… La pareja perfecta. – Lo decía todo completamente en serio. No en el ámbito amoroso, pero apostaría su mano derecha a que Regulus sentía más amor hacia su elfo doméstico de lo que jamás había sentido hacia su hermano. Si es que hasta el día que nacieron debió de ser un suplicio para el pobre Regulus. – Remus, por Merlín, ¿Desde cuándo no me he visto yo genial? Además, te aseguro que con traje ninguna mujer sería capaz de resistirse a mis encantos. – Como de costumbre, un egocéntrico, pero lo cierto es que no mentía. Por razones desconocidas, James y Sirus parecían tener un público de lo más amplio y variado. – Sí, ya soy consciente que sin traje también soy irresistible, pero con traje, más aún. Tendrías que verme, todo un galán. – Al final de aquello rió, pues hasta el mismo Sirius Black tenía límite para su egocentrismo. Siempre y cuando James no estuviera de por medio.

Apoyó la mano en el hombro ajeno y puso un gesto serio, incluso de preocupación. Era realmente dramático, no la situación, sino Sirius. Era una persona que se había criado en el ambiente perfecto para despertar las artes dramáticas en uno mismo, lo que facilitaba la creación de excusas para no hacer las tareas y mendigar a Remus por un triste pergamino de tan sólo mil palabras sobre los usos de la sangre de dragón. – Lo siento Remus, tarde o temprano te acabarías enterando, y todos sabemos que es mejor enterarse así y no por terceras personas. Imagínate que James se chiva sobre la mentira que es nuestra amistad, no podrías superarlo. – Soltó un corto suspiro admirando las dotes de su amigo en aquel momento para fingir del mismo modo que él lo hacía. Aquella escena parecía sacada de una telenovela y que un par de marujas estaban viendo mientras planchaban en el salón y comentaban a voz en grito con la plancha sobre lo que Remus de todos los Santos acababa de descubrir. Porque sin nombre largo, no hay novela.

Aprender palabras muggles era una gran afición del chico para poderlas soltar en cualquier conversación con su familia (si es que los gritos podían denominarse conversaciones, claro), pero en conversaciones como aquellas no le importaba lo más mínimo usar el apoyo del diccionario con patas que resultaba ser su amigo. – Ah, eso. – Transfusión. Lo cierto es que era una palabra rara, era lógico que se le hubiese olvidado. – Eso de compartir no va mucho con ellos. Ni que se fueran a morir por donar sangre al pobre Severus. Normal que no tenga amigos, si es que nadie lo quiere. Primero los puristas que no quieren darle su sangre, luego Lily que se enfada porque es pelirroja, James que se pasa el día molestándole, tú que no haces nada porque no lo haga… Menos mal que yo soy un angelito. – Parpadeó de manera exagerada, como si todo aquello fuese cierto. Pero era cierto, en parte. Salvo lo del angelito, todo tenía su parte de verdad.

- Remus, no sé cómo lo haces, pero siempre acabamos hablando de mí y de lo sexy que soy. Sé que te mueres por mis huesos pero no sé cómo decirte que tu falta de pecho y eso que te cuelga entre las piernas son grandes problemas que necesitan solución si quieres seducirme. – La biblioteca jamás había sido su lugar favorito pero, sorprendentemente, sí el de muchas bellas féminas merecedoras de su atención, por lo que en más de una ocasión se pasaba por allí a saludar. Ni si quiera sabía cómo funcionaba la biblioteca, la verdad. – Si tú me apoyases haciéndome las tareas tampoco suspendería nada. Pero claro, el señor Lupin sólo piensa en aprobar él y que los demás no lo hagamos. Todo el rato diciendo que tenemos que aprender por nosotros mismos y que copiando lo tuyo no se aprende… La imitación es la mejor forma de admiración y yo te admiro. Ya lo he dicho Remus, te admiro. – Hizo una leve pausa dándole dramatismo al asunto. - ¿Ahora me harás los deberes?

Con toda aquella conversación la conclusión más sencilla sería que Peter necesitaba una novia ya. La necesitaba no sólo para ser feliz y airear sus penas, sino para que Sirius pudiese ser feliz. Peter no pensaba en los demás, ahí siendo tímido y soso, eso no animaba a las chicas a acercarse. Si fuese más… Si fuese menos Peter alguien se fijaría en él y solucionaría la vida de Sirius. Que egoísta era Peter, casi más que Remus. – Algún día alguien se fijará en Colagusano y ya me reiré… Ya me reiré. – Repitió negando con la cabeza y con pose seria.

En cuanto la primera palabra salió de los labios de su amigo a forma de afirmativa a su pregunta, el chico ya había dado un salto y se encontraba en pie al lado de la barra. No sólo eso, sino que ya estaba andando rumbo a la puerta, la cual no tardó en abrir y llevarse el golpe de frío en la cara. – A todo esto, ¿Cuánto queda para tu día especial del mes? No vaya a ser que entremos en una tienda y te dé por morder de la dependienta. – Sirius alegaba continuamente que Remus comía carne y personas siempre, sin importar que no estuviese en su “día del mes”.
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Invitado el Vie Abr 03, 2015 4:52 am

A veces el rechazo de Sirius hacia su familia parecía ser tan solo una fachada con la que protegerse de la evidente falta de cariño otorgada por aquellos que se suponía, debían ser los seres más afectuosos con él. Tal vez era un simple razonamiento de Remus ante los continuos desplantes que veía a estos hacerle a su amigo solo por no ser un maldito imbécil purista cuadriculado. Le resultaba estúpido el hecho de que lo "marginasen" solo por no haber caído en Slytherin, como si a donde te mandase ese sombrero hiciese que tu familia te mirase con otros ojos, era su familiar, el hecho de que no fueses lo que estos ansiaban no debía hacer olvidar aquello. Muchas de las "tradiciones" del mundo mágico le parecían un completo sinsentido, pero era la vida en la que se había incluido al entrar a Hogwarts con tan solo 11 años, aunque debía decir que lo había movido más el hecho de que sus padres vivirían tranquilos sin tratar con su licantropía que el mero hecho de ser mago.

Casi se le escapa una carcajada, la cual fue capaz de reprimir hasta poder mantener la compostura y que ya las numerosas miradas que les avasallaban desde que habían comenzado a intercambiar palabras se duplicasen rápidamente ante una risotada poco apropiada quizás para el tema que estaban tratando que lejos de ser algo normal, no eran más que tonterías - ¿Tu crees? Mira que a los elfos les gusta más el oro que a un tonto un lápiz y Kreacher no parece precisamente de esos que se deja mover por sentimientos , es más, dudo que ese ser tenga alguno que no sea inducido por su estatus de esclavo para tu familia, piensa que Regulus se casase con esa cosa y un mini Kreagulus te llamase tío al mismo tiempo que te mirase con el desprecio del elfo y la sonrisa socarrona de tu hermano - Lo cierto es que la imagen en sí le producía escalofríos, realmente podría ser un ser terroríficamente cruel y al mismo tiempo tener aquellos ojos azules que ahora tenía frente a él, en serio, mucho mal rollo era el que le causaba esa imagen - Déjame que discrepe, amigo mío, algunas solo con oler tu ego corren como si fuesen llevadas por el mismísimo Diablo, como has mencionado hace no demasiado, "Tu reputación te precede" - Se encogió de hombros negando con la cabeza, había oido a multitud de muchachas suspirar al paso de Sirius y James por los pasillos del colegio, pero aquello solo haría crecer su ego, si es que eso era físicamente posible, cosa que realmente dudaba. - ¿En serio? No sé yo si creerme eso, como se dice en el mundo "muggle" La mona aunque se vista de seda, mona se queda - Soltó una leve risilla negando con la cabeza.

Apartó con cuidado la mano de su amigo de su hombro, aguantando todavía la pantomima de persona herida ante las palabras de su amigo, suspirando largamente al tiempo que levantaba la vista hacia su compañero, negando con la cabeza - La comida sigue siendo necesaria, o de lo contrario les diré a tus padres que realmente eres un Black, pero es demasiado peso para ti y por ende buscas la manera de hacer que te vean con malos ojos, pero que eres el mejor hijo que tienen, incluso por encima de Regulus, y ambos sabemos que no quieres eso ¿Verdad? - Estaba seguro que si alguien los estaba escuchando ya se estaría planeando llamar a San Mungo para encerrarles por perturbados, además de que no entenderían demasiado el fin de aquella conversación, aunque lo más interesante de todo aquello es que esas conversaciones no tenían intención alguna de llegar a un fin, simplemente les ayudaban, por lo menos a la parte de Remus, a olvidarse un poco de los problemas que tenía a su edad, en la que se suponía que la única preocupación debían ser las chicas y los estudios...O las chicas a secas como era el caso de sus amigos.

Ciertamente los sangre limpia no solían ser gente demasiado agradable con nadie fuera de sus círculos, incluso se había visto obligado a lidiar con algunos de primero en los pasillos por tonterías tales por no dejar una pluma a un compañero solo por el hecho de ser mestizo, era una locura ver como algunos críos de tan solo once años ya tenían incrustado en sus cerebritos el asunto de la pureza de sangre, para Lupin era una vergüenza que sus padres directamente les obligasen a pensar de aquel modo, ya que enseñándoles aquellos "valores" desde bien pequeños solo lograban pequeños seres ariscos y desagradables - Si bueno, angelito, lo peor es que te lo crees - Se encogió levemente de hombros - Si no hago nada es por que es alguien que no merece ser defendido o por lo menos no tengo motivos para hacerlo, es una persona a la que no le tengo ningún tipo de aprecio, hasta podría decir que es la única persona por la que siento verdadero desprecio. - Bien conocido era Lupin por no ser de ese tipo de persona que odia a sus semejantes o los desprecia, pero Severus era la excepción que confirmaba la regla, y es que era de lo más desagradable con todo el mundo, hasta había faltado al respeto a Lily cuando esta era la única que realmente le ayudaba en algo.

Daba igual el tema que estuviesen tratando, Sirius siempre terminaría por orientar la conversación hacia él y su atractivo físico, aunque el mismo Remus debía reconocer que en aquel preciso instante se la había dejado totalmente a tiro aunque ciertamente le había hecho gracia lo que había dicho a continuación - Descuida, puedo vivir sin tocarte, reprimiré mis impulsos ante tu gran atractivo - Negó levemente con la cabeza suspirando obviamente en broma, ni le atraía Sirius más allá que como amigo, ni pensaba deshacerse de sus atributos masculinos por nada ni nadie - Si me admiras, deberías copiar mis comportamientos, no mis escritos, Canuto, lo que tienes, dicho desde la mas total sinceridad y mi profundo afecto hacia nuestra amistad, es mucha cara , escribir no ha matado a nadie, estudiar, tampoco, por lo que hacer ambas cosas no te hará daño a no ser que te pases apretando la pluma y te empapes de tinta los puños de las camisas, que entonces los elfos que hacen la colada querrán despedazarte en pequeños trozos para introducirlos en el pastel de carne

Las esperanzas de que Peter no encontrase pareja lo hicieron hasta sentirse mal, si algo caracterizaba a su amigo era su buena memoria, selectiva, eso si,pero buena al fin y al cabo. El día que Peter apareciese con una novia formal le haría tragarse sus palabras y tendría que acceder a hacer lo que había prometido inconscientemente, pobre de él y de sus muñecas si aquello sucedía, los pergaminos de mil palabras se convertirían en textos malditos para él y terminaría por odiar a su amigo y su memoria. - Si te ríes seguro que la muchacha huye despavorida pensando en que estarás pensando y cual serán las consecuencias, ademas Peter correría a pedirnos la bendición a todos por si tu o James preferís a la chica para vosotros...Que vida mas triste.

Se le veía entusiasmado a la hora de salir disparado hacia Zonko y no le culpaba, aquella tienda era un pequeño paraíso terrenal en un pueblo que no le traía demasiados buenos recuerdos, cuando el aire frío chocó con su cara, sacudió la cabeza levemente para espabilarse del todo y salir del amodorramiento que le causaba el cálido ambiente en Las tres escobas . - Es el sábado día 4, aún queda, descuida, aún no he comenzado a sentirme enfermo por nada y ponerme pálido casi al nivel de Lily, puedes estar tranquilo, no voy a mutilar a la dependienta por ahora - Se encogió de hombros levemente saliendo de las tres escobas por delante de su amigo.
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