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Black is the new...Hell [Prv. Sirius]

Invitado el Vie Mar 20, 2015 5:22 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Un bostezo se escapó de los labios de Remus. Llevaba un buen rato sentado en la cama de la posada leyendo algunos títulos que había obtenido en una de las tiendas de Hogsmeade. Era una lectura endiabladamente aburrida y monótona, el protagonista del libro parecía haber conseguido todo lo que tenía por mera suerte, ni se había esforzado ni había trabajado apenas por ello. Cerró el libro tirándolo sobre el pequeño escritorio que coronaba la habitación, era un lugar realmente deprimente el que se extendía ante sus ojos, pero Las tres escobas era de lo mejor que podía encontrarse para pasar las pocas noches que le permitía ir a Hogsmeade como un alumno y no como el monstruo en el que cada luna llena era forzado a convertirse. Elevó la vista, algo cansada después de unas cuantas horas de lectura para ver la hora que era, le parecía realmente extraño el no encontrarse ya con James o Sirius aporreando su puerta para que saliese a hacer quien sabe que tonterías por el pueblo, ya eran conocidos incluso en aquel lugar, cosa que hacía que mas de uno de sus habitantes temblase ante el paso de los muchachos, los cuales iban siempre precedidos de silencio y expectativa por lo que fuera que harían minutos más tarde.

Dejó caer sus piernas a un lado de la cama, obviamente el que no daba a la pared y con un pequeño salto se puso en pie, debía encontrar a aquellos que se hacían llamar sus amigos para al menos vigilarlos, ya que amedrentarlos con posibles castigos no servía de demasiado, parecía que todo les daba igual, incluso si aquello significaba ocasionar la pérdida de puntos para Gryffindor. Se miró en uno de los espejos antes de salir del cuarto, su color de piel no estaba pálido aún, no parecía un ser enfermizo y débil aunque según sus cálculos, en tan solo un par de días comenzaría su declive físico hasta la siguiente luna nueva en la cual se encontraría como nuevo, pero claro estaba, antes tendría que sufrir la nueva tortura de una luna llena. Pudo ver una pequeña cicatriz visible en su cuello, pasando un dedo sobre esta, le parecía tan extraño que nadie hiciese cábalas del porqué siempre parecía tener una herida nueva...No iba a tentar a su suerte, era mejor no pensar en ello.

Al salir de la habitación se topó con una mujer de cabellos alborotados que se giró hacia él como si del mismísimo anti-cristo se tratase, quiso disculparse pero no le dio tiempo ya que esta desapareció del lugar de una manera un tanto siniestra, aunque debía reconocer que el verla cual Medusa correteando por el pasillo emitiendo aspavientos extraños le había hecho tener ganas de reír, las cuales obviamente fueron opacadas por su sentido común el cual pese a sus compañías estaba totalmente intacto. Caminó con tranquilidad bajando las escaleras, la posada parecía vacía y era algo bastante perturbante ¿Tanto tiempo se había entretenido? Enarcó ambas cejas llegando a los últimos escalones, viendo que el ambiente lúgubre del resto de la estancia desaparecía allí, para su tranquilidad.

Buscó con la mirada una figura conocida y no tardó demasiado en encontrarse con la de aquel que le levantaba continuos dolores de cabeza. Sirius Black. Se acercó con tranquilidad poniendo ambas manos sobre los hombros de este - Buenos ojos te vean - Apretó suavemente estos sentándose luego a su lado - Creí que estabas con James ¿Donde lo has abandonado? - Elevó ambas cejas, esperando, por supuesto, una contestación inesperada o sin sentido.
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Invitado el Dom Abr 05, 2015 12:05 am

Quizá era culpa de las continuas faltas de respeto de Sirius hacia su familia lo que había hecho que tanto Kreacher como Regulus despertaran un particular odio común hacia su persona. Un odio que no era ni mucho menos único, pues si te apellidabas Black y no odiabas a Sirius, serías desheredado como el mismo Sirius. Pero fuera de aquel gusto particular por odiarlo o por seguir órdenes de seres superiores denominados “padres” que ambos compartían, Sirius sí los veía como seres iguales. Consideraba a su hermano como una aberración de la naturaleza a la altura de los elfos domésticos, a los que simplemente odiaba por la existencia de Kreacher. Pero no dudaba que realmente el elfo apreciase a su hermano tanto o incluso más de lo que apreciaba a su madre, pues la devoción de Kreacher hacia su madre no tenía lógica alguna. – Antes de nada, ¡Esa imagen ha sido muy desagradable, Remus! – Dijo con una mueca de asco en el rostro, pues realmente estaba asqueado al imaginar aquel sobrino nacido del mismo diablo. – Y seguidamente… ¿Quién crees que se quedaría embarazado? – Eso sí era más de su curiosidad. Cualquiera de los dos resultarían ser aberraciones a la naturaleza, claro.

Mantuvo la sonrisa en todo momento escuchando como él mismo perdía el control de sus palabras y el propio Remus, el aficionado al orden, la perdía del mismo modo, dando lugar a una conversación cuya lógica estaba más perdida que la higiene de Severus. No pudo evitar frenar la sonrisa incipiente en sus labios al escuchar aquella afirmación muggle, no por discrepancia, sino porque a veces no entendía las expresiones como aquella. Se había criado entre magos, personas que, a fin de cuentas, eran muy literales. Intentaba entender lo máximo posible el mundo muggle y siempre preguntaba sobre aquello pero aún le resultaban desconocidos muchos aspectos como aquel. - ¿Y por qué una mona iba a vestirse de seda? No entiendo porque algunos muggles visten a sus mascotas con ropa como si fuesen bebés, pero tampoco he visto nunca a uno con una mona como mascota. – Dijo con tono serio. Realmente era una pregunta, no una broma.

Observó la reacción de su amigo y fingió estar totalmente ofendido cuando este apartó su mano del hombro, como si aquello fuese un comportamiento que denotase odio hacia su persona, como si estuviese realmente ofendido por aquello. Abrió los ojos da manera exagerada y dejó la boca en forma de “o” sin escapar sonido alguno, simplemente mirando a su amigo mientras este hablaba. – Oh no Remus, jamás les digas eso. ¡No sabes lo que es que tus padres se sientan orgullosos de ti! Ver aquellos ojos cargados de brillo cínico cada vez que traes un muggle en casa y lo torturas, o cada vez que repudias a cualquier ser humano cuya sangre no está a la altura de la tuya. Es demasiada responsabilidad Remus, ¡Y tú eres una buena persona! No puedes hacerme eso, amigo. – Volvió a apoyar la mano rápidamente en el hombro del chico, como si fuese un gesto necesario para darle más dramatismo al asunto cuando lo único que hacía era ser una molestia. – Imagina… ¡Imagina que vuelven a ponerme en su testamento! No, no, no podría dormir por la noche del peso sobre mis hombros, me ahogaría en la desesperación, me saldrían arrugas y canas. Y tú  no quieres eso, ¿A qué no? – La conversación hacía tiempo que había dejado de tener sentido, pero a ninguno parecía importarle. Aquello era mejor que hablar sobre cómo realmente se siente sin tener una familia o cómo pueden ser los efectos secundarios de comerte a la gente cuando hay luna llena. Era mejor dar paso a las bromas, dejar brotar las sonrisas y escapar las risas haciendo que se convirtieran en la banda sonora de sus vidas.

Severus Snape era el odio en común de los cuatro Merodeadores. Pues James y Sirius eran más afines a mantener relaciones de odio con otras personas aunque fuese por los breves momentos que duraban sus bromas, pero Remus y Peter no eran así. Peter era… Bueno, era Peter, no había mucho más que decir. Y Remus era la responsabilidad, la cordura del grupo. Y si la cordura del grupo despreciaba a alguien, era porque lo merecía, lo que servía como aliciente para el resto del grupo a la hora de meterse con Snape, quien de por sí no tenía amigos y aquellos cuatro hacían que quien se plantease acercarse a él sin el miedo a coger una infección por la suciedad de su pelo, saliese corriendo en cuanto escuchase sus insultos y degradaciones. - ¿Verdad que no lo merece? – Negó con la cabeza. ¿Cómo ese iba a merecer la simpatía de alguien? Nadie podía tratarlo bien, simplemente no lo merecía. - A veces tienes que hacer caso a tus amigos, Remus. Si nosotros despreciamos a alguien es porque lo merece, no como tú, que necesitas años para darte cuenta de eso…

A veces dudaba de la brillante inteligencia que todos afirmaban que Remus poseía, pues en más de una ocasión no parecía darse cuenta que si sus amigos le halagaban no era por verdadero aprecio, sino por conseguir algo a cambio. Quizá era ese el rasgo más característico de Sirius que podría haberlo desviado junto al resto de su familia  a Slytherin, pero en el fondo de su fachada apreciaba a Remus, aunque eso no lo dijera directamente. – Podría darme una embolia de pensar tanto, o salirme llagas de escribir… No me gusta correr ese tipo de riesgos, además, con un amigo tan maravilloso como tú es un riesgo innecesario. – Era cierto que en más de una ocasión era el propio Remus el que les ofrecía su ayuda, pero ayuda no era lo mismo que ofrecerles copiar los resultados, por lo que su ayuda no resultaba ser la ideal a no ser que se encontraran con ganas de trabajar, algo prácticamente imposible en el ámbito de las tareas, pues cuando ese trabajo iba dirigido a sus verdaderas aficiones podían ser las dos personas más trabajadoras existentes sobre la faz de la tierra.

Imaginar a Peter con novia era algo extraño. Jamás le había imaginado al lado de una, quizá porque estaba más pendiente de ver cómo quedaría cada chica a su lado y no al de su amigo. - ¿Y tú que, Remus? ¿También vendrías a pedirnos nuestra bendición o a cedernos a la afortunada? – Si James y Sirius iban tras toda mujer, Peter y Remus resultaba ser exactamente lo opuesto.  Y no porque fueran tras hombres, no. Sino porque parecían no despertar ningún tipo de interés en ellos, algo que el propio Sirius no llegaba a comprender.

No tardaron demasiado en dejar atrás Las Tres Escobas y perderse por las calles de aquel pequeño pueblo mágico situado a escasos kilómetros de Hogwarts. A Sirius le fascinaba aquel lugar, por muy visto que lo tuviese, pues cada rincón estaba tan alejado de su casa sin ser el castillo que lo adoraba. – Juraría que recibí una invitación para algo sobre esas fechas, pero definitivamente pasar una romántica velada en la Casa de los Gritos contigo será un plan mejor. – Afirmó con una sonrisa. Una fiesta de un miembro purista de la sociedad mágica y de agrado para su familia no era su plan ideal para las vacaciones, además, no pensaba salir de Hogwarts en esos días. Aunque ahora aquellos planes cambiaban, pues una noche la tendría cargada de entretenimiento al lado de Remus y el resto de los Merodeadores. – Haré un gran esfuerzo por no ir, sabes lo mucho que me entusiasman esas fiestas de la alta sociedad donde tienes que comportarte como el adulto que no eres y bailar música carente de ritmo. – Abrió la puerta de Zonko con una sonrisa propia de un niño emocionado por la llegada de la Navidad esperando ver los regalos que lo esperaban bajo el árbol.

- Necesito un par de pergaminos insultantes, deberíamos llevar varios cada uno por si alguien nos ve con el mapa se crea que son todos pergaminos de estos. – Dijo mientras cogía un par y pasaba entre las baldas. – Oh, y zumo sabor a vómito, será perfecto para el desayuno de los de Slytherin una de estas mañanas. Y James quería coger… Remus, no mires, que luego te enfadas. – Salió corriendo y entre sus manos cargó un par de bombas fétidas y caramelos con diferentes efectos secundarios para luego volver al lado de Remus, a quien cargó con los pergaminos y el zumo mientras que él seguía cogiendo cosas.
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Invitado el Lun Abr 06, 2015 11:14 pm

Una pequeña carcajada se escapó de sus labios ante el evidente gesto de asco de su amigo, bien cierto era que la imagen mental de un hijo de aquellos dos no debía ser algo demasiado agradable, ni física, ni psicológicamente. Regulus era cruel, si, pero no dejaba de ser un muchacho que aparentemente lo que hacía, lo hacía para mendigar el cariño paterno que dudaba que llegase, pero Lupin estaba seguro de que Kreacher solo lo era por mera diversión, por que realmente le gustaba ser de aquel modo tajante e hiriente. Se encogió de hombros levemente mirando a su acompañante - Tú has empezado alegando que puede haber amor entre ellos, lo lógico sería que procreasen para quitarte del todo la poca herencia que te pueda quedar legalmente para su vástago además, la imagen te la has hecho tu solo, canuto, no es mi culpa que tu mente enferma trabaje rápido para lo que le interesa - Negó con la cabeza frotándose después la nuca, pensativo - Quizás Kreacher por eso de que tu hermano perdería su figura y sería muy antinatural...¿Quien es el que pregunta bizarradas eh? Yo solo hablé de descendencia, no de que tuviera que ser entre los dos, vientres de alquiler, ya sabes.- Lo cierto es que no sabía del todo si aquel término era usado en el mundo mágico como lo era en el mundo muggle, pero si no, ya se lo explicaría.

De vez en cuando no ser el muchacho calmado por el cual todo el mundo lo tenía era algo liberador para él. No es que fuese de aquel modo las veinticuatro horas del día, pero si que se había convertido en casi un hábito el no salirse de aquellos márgenes auto-impuestos por sí mismo. Sus amigos se encargaban de la parte divertida, por llamarlo de algún modo, el hacer las trastadas, montar lío en las clases...Aquel tipo de cosas que Remus solía encargarse de parar y de las cuales, a veces, le habría gustado formar parte aunque no pudiese activamente - Es una frase hecha, el sentido es que los monos, por mucho que se vistan como humanos no dejan de ser monos, no es literal, aunque en algunos circos si que tienen a monos con trajes de personas, incluso en las ferias de las ciudades a veces hay quien tiene macacos con trajes graciosos para hacerles fotos con quien quiere hacérselas - Él miso tenía una foto con un macaco vestido de Hulk en alguna de las fiestas a las que sus padres le llevaban en los veranos, había visto bastantes distintas por el hecho de que no solían pasar demasiado tiempo en cada ciudad debido a su licantropia. - Y lo de vestirlos...Supongo que es algo extendido, probablemente por los chinos - Asintió, al fin y al cabo casi todas las cosas raras llegaban a occidente impulsadas desde oriente.

Casi le dio un ataque de risa cuando habló de aquel modo, pero consiguió mantener la compostura, la gente alrededor parecía comenzar a darse cuenta de la conversación poco normal que ambos mantenían, pero tampoco fue algo que le llamase la atención, en el mundo mágico, aunque nadie lo reconociese, eran una panda de cotillas de cuidado, probablemente tendrían algún hechizo para oír a través de la puerta o simplemente escuchar nítidamente conversaciones ajenas . Negó con la cabeza esta vez sin apartar la mano de este - Es algo con lo que tendrías que vivir, Sirius, quizás hasta te dejasen sus propiedades y podrías ver la cara de Regulus inyectada en odio mientras su amado te obedece a ti ya que serías el dueño de todos, igual incluso el comenzaría a hacerte caso...¿Sigues viendo el orgullo paternal de tu familia como algo malo? - Se rascó con cuidado la barbilla - Igual de torturar muggles ya no estoy tan seguro de que sea agradable, ya sabes, mi madre es muggle y solo imaginar que conoce a tus padres me hace sentir escalofríos - Encogió un poco la espalda haciendo que esta crujiese levemente para eliminar la molestia que esta le causaba al haber estado tanto tiempo sentado - Hay mujeres que encuentran las canas sexys, quizás te ayudaría mucho a ligar un poco con mujeres algo más maduras que las niñas a las que cortejas y lo del testamento me ayudaría a mí ya que mi buen amigo Sirius cuidaría de su amigo Remus con sus ingentes cantidades de dinero. - Evidentemente estaba bromeando, cosa que no pillaría nadie que los escuchase, simplemente pensaría que estaban locos.

Al principio, la relación de los merodeadores con Severus era simplemente tirante, el Slytherin despreciaba a los jóvenes tan solo por pertenecer a Gryffindor, quizás envidiaba que él no pudiera tener a nadie que conectase del modo en el que lo habían hecho los cuatro merodeadores, o quizás el estatus de la familia de Black. El odio mutuo se acentuó con los años aunque de lo que Remus estaba seguro era de que el desencadenante final de todo aquello había sido el incidente en el que el tipo de pelo grasiento había atacado a Evans al grito de "Sangre Sucia" - Hay quien comete errores, siempre pensé que Severus era alguien cegado por la envidia o por algo semejante, pero cuando insultó a Lily de aquel modo vi que no había buenas intenciones en él, tan solo veía por sí mismo y eso no es aceptable para mí - Suspiró levemente cruzando los brazos, entrecerrando los ojos. Era molesto el sentirse de aquel modo con alguien a quien veía prácticamente todos los días, pero Severus era, literalmente, una rata, sucia y su presencia alteraba a casi todos los que lo conocían minimamente - Soléis juzgar por igual a todos los slytherin, Sirius, si me fiase de vuestro criterio odiaria a todo el mundo de esa casa, sin importar el qué y eso tampoco es algo lógico, pedazo de bruto.

Siempre admiraría la habilidad de Sirius de hacer que todos sus intentos de aprovecharse de cualquier asunto que le librase de hacer deberes, tareas o lo que fuera que fuese a hacer, sonasen como algo totalmente normal y lógico. Pero se había topado con una piedra de difícil erosión, Remus era aquel tipo de persona que sabía cuando era realmente necesario para ellos una ayuda y cuando era simple vagancia, aunque también en algún punto de su estadía en Hogwarts había permitido que aquellos dos patanes que tenia como amigos copiasen de sus deberes o incluso haberles hecho algún trabajo para que estos pudieran seguir atendiendo a sus escarceos amorosos. - Hay ungüentos con los que las llagas se van en casi medio segundo y no te preocupes, nadie se ha muerto por pensar demasiado y aunque hubiera sido de ese modos, dudo mucho que llegases a tal nivel de concentración con tu habilidad para distraerte con todo lo que te rodea, las embolias no serán precisamente tu problema, descuida - El pelotilleo de su amigo le hizo reírse, pero ya sabía a que atenerse con Black, entre comillas claro estaba ya que era un ser bastante poco predecible.

La pregunta de su amigo le hizo negar con la cabeza casi sin haber llegado a pensar en ella, era casi como si le hubiera preguntado si le llamaría Severus a algún hijo suyo - Ni de broma, si algún día encuentro pareja trataré de alejarla de vosotros cuanto pueda, si no me durará tres días y huirá despavorida en cuanto le dirijáis tres palabras - Dudaba que fuera a tener pareja en algún momento, por lo menos en un futuro próximo por lo que no le preocupaba demasiado el tema de presentar a su pareja a los animales de sus amigos.

Cierto. La fiesta de la cual le había llegado la invitación había sido convocada justo en aquella noche. No es que fuese del tipo de persona a la que le gustan las fiestas, es más, probablemente solo iría a saludar para luego escaquearse, con la de gente que probablemente habría dudaba enormemente que se percatasen de que uno de sus cientos de invitados se hubiera escapado de la fiesta sin hacer ruido, pero la luna llena volvía interferir en su vida, nuevamente y sin ser demasiado sorprendente para él - Quizás deberías plantearte ir, no tenéis por qué sacrificar vuestras vidas sociales por mi enfermedad, quizás hasta encontraríais a alguien con quien pasar un rato mas entretenido - Le dio levemente con el codo en señal de camaradería, le sentaba mal el hecho de que no fuera a asistir a aquel evento solo por que la luna llena lo dictaba, era como si les hiciera perder sus vidas solo por que él no podía hacer otra cosa más que correr desbocado por el bosque o permanecer amarrado en la casa de los gritos . Entró en Zonko algo despistado, agradeciendo a su amigo el que hubiera abierto la puerta aunque el propio Remus hubiera tenido que colarse para que esta no se le cerrase en las narices.

- Si nos confiscan todos ya verás que risa como pintarrajeen el mapa - Agarró los pergaminos y el zumo mientras esperó por su compañero, prefirió no preguntar el que iba a comprar, pero pudo hacerse una idea. No pensó demasiado en aquello cuando una chica se cruzó frente a él y al sobrepasarlo hizo que este se girase para no perder la visión, no solía pasarle el hecho de que una chica llamase su atención, pero aquella muchacha le había parecido bastante llamativa, quizás por los rasgos asiáticos. Volvió al mundo por que escuchó las palabras de Sirius - ¿Y tú has traído dinero para pagar todo esto?
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Invitado el Mar Abr 07, 2015 9:55 pm

Se podría decir que se había criado en un hogar dividido. No por razones de ideales, sino porque en su familia jamás había existido un vínculo de amor entre ninguno de los presentes en ella. Aquello que se suponía que era el cariño entre padres e hijos no era más que una mera ilusión con la que ninguno de los hijos del matrimonio había contado. Eso solía dar lugar a niños con problemas, aquellos que no muestran cómo son realmente o son reacios al contacto social. En el caso de Sirius, la cosa salió bien para él, pues rápidamente encontró una familia en Hogwarts, el único lugar que consideraba verdaderamente un hogar. Y luego estaba Regulus, quien por suerte, contó con cariño en casa. No con el de sus padres, sino con el del elfo doméstico de la familia, por lo que las bromas hacia aquella relación eran más que frecuentes en el círculo de amigos de su hermano mayor. - ¿Qué poca herencia van a quitarme? Mis padres tenían aún esperanzas de mí pero el día que puse un pie en Hogwarts y el sombrero me mandó con los degenerados a Gryffindor debieron cambiar su testamento a todo correr por si esa misma madrugada les daba un infarto a ambos o se quemaba la casa. Imagina que la fortuna de los Black hubiese ido a parar a las manos de un traidor de sangre y encima Gryffindor. – Era cierto. Estaba completamente seguro que eso era lo que sus padres habían hecho. – Deja de usar malditos tecnicismos de gente no mágica, no entiendo la mitad de lo que dices. – Le espetó algo molesto. Odiaba no entender las cosas cuando le hablaban, era como estar en una clase de pociones. - ¿Quién narices alquila un vientre? Eso no puedes quitártelo y dejárselo a otra persona, ¿O sí?

Seguía sin entender lo que Remus estaba explicando, por lo que se limitó a sonreír y a asentir como si estuviese totalmente de acuerdo con aquello o como si lo que su amigo le estaba diciendo tuviese algún sentido para él. – Entonces, los chinos visten a los monos. ¿Tienen monos de mascota? – Sí, había intentando fingir que entendía lo que su amigo le estaba diciendo, pero la curiosidad podía con él. Era una persona curiosa, y quizá era eso lo que hacía que se metiese en todo tipo de problemas sin poder evitarlo. Era como si los problemas tuviesen una fijación con él y no podían parar de perseguirlo en todo momento.

Adoraba ser una vergüenza para su familia. ¿Acaso había algo mejor? Sí, posiblemente haber sido un orgullo para ellos si hubiesen sido unos padres normales. No lo decía, jamás lo hacía, pero añoraba tener una familia. Un grupo de personas que lo hubieran cuidado y protegido cuando era niño, que le hubiesen enseñado verdaderamente lo que estaba bien y lo que estaba mal. Una familia como sus amigos tenían. Tenía una buena relación con los padres de James y ya aquello le parecía suficiente. Eran sus figuras paternas de referencia, pero seguían sin ser sus padres. – Lo sigo viendo como algo horrible. Creo que nunca tuviste el placer de conocer al Señor y a la Señora Black. O como yo prefiero llamarlos, el Señor Desquiciado y la Señora Amargada. – Dijo con tono bromista. Sus padres no eran los mejores del mundo, y podría decir que eran mejor que nada. Pero no, mentiría. Era mejor no tenerlos.

- Creo que prefiero mi pelo tal y como está. Creo que sin él perdería mi encanto natural de rebelde sin causa. – Pasó la mano izquierda por su cabeza, descolocando cada mechón que se encontraba a su paso, si es que alguna vez estos habían estado colocados. Era tremendamente egocéntrico y  adoraba usar su pelo como arma en aquellos ámbitos, pero eso no hacía que fuese capaz de coger un peine y colocarse el pelo. – No necesito ningún padre que me deje el testamento. Algún día me haré rico y te demostraré que sin pasarse el día encerrado entre libros puedes tener una vida de provecho. – No, no lo haría. No sabía ni lo que haría cuando acabase Hogwarts, como para pensar en un futuro tan a largo plazo. Quizá debería plantearse seriamente lo que hacer.

- Con esa cara lo que fue un error fue su nacimiento. – Dijo de forma cruel y despreocupada mientras escuchaba a su amigo comentando la apasionante historia de Severus Snape y su odio hacia todo ser con más higiene corporal que él. - ¿Cómo va a tener ese buenas intenciones? Remus, a veces eres demasiado inocente. Ese tipo de personas no actúan para ayudar a nadie, sólo lo hacen por ellos mismos y si era amigo de Lily por algo sería, y seguro que era algo relacionado con las Artes Oscuras y ese amor que tiene por ellas. A lo mejor creía que con un pelo de su cabeza podía encontrar la inmortalidad o vete tú a saber el qué. – Jamás había sentido aprecio por aquel chico. Ni aprecio, ni pena. Simplemente era asco. Quizá porque le recordaba tanto a los ideales de su familia que no necesitaba más razones para odiarlo. - ¿Y qué interés tienes tú en Slytherin? No me digas que ya le has echado el ojo a alguna serpiente y lo mantienes oculto porque quiere purificar tu sangre. – Posó la mano en el hombro del chico y le habló totalmente serio. – Remus, cuando se entere de tu problema menstrual te dejará. Eres una aberración para todo purista.

- Haces bien. No es que huiría, es que cambiaría de pareja. Somos mejor partido que tú, Remus. – Dijo con tono egocéntrico. Ni de lejos consideraba que era cierto, pero eso no quitaba que sus comentarios siempre mostraran que era una persona segura de sí mismo con un ego digno de hacer sombra.

Jamás iba a fiestas de etiqueta y menos con apellidos de renombre en el Mundo Mágico. A no ser que fuese para dejar aún más en evidencia a su familia, pero en caso de ir a aquella fiesta tendría que pasar todas las fiestas fuera de Hogwarts, lo que supondría dormir en su casa o debajo de un puente, y no conocía puentes disponibles en aquella época del año. – Sacrificaré mi vida social por mi mejor amigo, que no te quepa duda. – No tenía nada mejor que hacer que pasar la luna llena en compañía de Remus y el resto de los Merodeadores. Quizá existiese un plan mejor, pero no para ellos. Eran algo así como una familia, y si se necesitaban, estarían presentes, por lo que no abandonaría a Remus en luna llena cuando podía estar con él.

- Si piensan que son pergaminos normales no los confiscarán porque no han hecho nada malo. Y si descubren que son una broma de Zonko simplemente no los veremos hasta final de curso. Además, sé donde guardan todo lo que confiscan y es de fácil acceso. – Tenían que estar preparados para cualquier cosa. Además, le habían quitado tantos artículos de Zonko que tenía que recuperarlos con frecuencia a la habitación donde los almacenaban. - ¿Dinero? – Alzó una ceja fingiendo sorpresa y luego sonrió de medio lado mientras acababa de coger un par de caramelos más para dejarlos sobre el mostrador y animar a Remus a que colocase lo que le había dejado amablemente sobre los brazos del mismo modo. – Ya sabes lechuza a Hogwarts y todo a nombre de la familia Black. – El hombre tras el mostrador sonrió conforme y guardó todo.

- No pensarías que iba a cargar con todo eso, ¿No? – Sirius tenía sus métodos para conseguir las cosas. Por algo tenía algún tipo de parentesco con su familia y en algunos rasgos, por mucho que lo negara, coincidían. - ¿Tienes que ir a comprar algo o prefieres ir yendo a Hogwarts a devorar libros en tu amada biblioteca? Mira que yo creo que aún la bibliotecaria sigue loca por ti…
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Invitado el Miér Abr 08, 2015 5:22 pm

Pese a lo cruel que podría parecer aquella afirmación de su compañero, lo cierto es que por mucho que hubiera salido de los labios de Sirius no le parecía una idea descabellada ¿Dejar la herencia de su familia a alguien que al haber caído en Gryffindor se iba a mezclar si, o sí con sangre sucia? Eso era inaudito para una familia como la de los Black, puristas reconocidos en todo el mundo mágico y no solo por sus evidentes riquezas, si no por ser conocidos por mantener la pureza de la sangre Black a toda costa, sin importar por encima de qué o quien tuvieran que pensar, lo que llevaba a Remus a pensar acerca de cuan enfermizo podía ser el poder para aquellos magos - Piensa que legalmente una parte de sus propiedades o riquezas tiene que serte dada, aunque sea una mínima parte que probablemente será lo que te toque pero oye, menos es nada ¿No crees? - Se encogió levemente de hombros aguantándose la risa ante las preguntas de su amigo, la verdad es que si él nunca hubiera escuchado aquella expresión habría pensado lo peor, pero no le costaría demasiado explicárselo, probablemente quedaría más claro que el asunto de los monos vestidos - A ver... No es literal, no puedes prestar tu vientre solo, es físicamente imposible, se les llama vientres de alquiler a las mujeres que se prestan a tener los hijos de otro, por ejemplo, una pareja que no puede tener hijos por que la mujer o bien no puede mantener al feto sano o tiene problemas de ese tipo "contratan" a una mujer sana para implantarle el embrión y que ella lleve el embarazo, o incluso parejas homosexuales, es como un préstamo, realmente - La verdad es que sonaba algo disparatado, pero dentro de lo que cabía, aquello era muchas veces el método a la desesperada de engendrar de muchas parejas.

No estaba seguro de que realmente hubiera entendido el concepto de que era tan solo una frase hecha para referirse a quien se cree que por vestirse con ropas mayores a las de su estatus sigue pareciendo igual de pobre o corriente que con ellas puestas, pero simplemente asintió levemente con la cabeza - Alguno si, pero suelen ser monos tipo macaco, pequeños e inquietos, no te los imagines con gorilas por que no es el caso - Rió levemente al imaginarse el mismo la escena, los chinos no eran conocidos por su gran poderío físico, por lo que dominar a un gorila sería como si intentasen domar a una criatura tipo Gozzilla, peligroso y de total inutilidad ya que si el animal se volviese contra ellos, serían empotrados contra todo lo que al gorila se le diese por lanzarlos, causando una macabra obra de arte como aquellas que había observado alguna vez en uno de los museos de Londres.

Realmente nunca había tenido el placer de conocer a los padres de Black, solo había coincidido alguna vez con los de James, unos eran alegres y parecían mostrar orgullo por lo que fuera que su hijo les contaba que hacía en Hogwarts, mientras que sus propios padres eran algo más apocados a la hora de relacionarse ya que muchos veían mal la unión de un mago con una muggle, aunque probablemente hubiera cientos de matrimonios de aquel estilo a juzgar por la cantidad de mestizos que poblaban el lugar - No, nunca los he conocido, pero sin ánimo de ofenderte, creo que puedo vivir sin conocerlos, me alegra haber conocido al único Black que no quiere que los que son como yo, incluso sin saber todo sobre mí me permiten el vivir sobre su mismo mundo - Si ya le aborrecían, si se enteraban de su condición de licantropo, puede que todavía quisieran acabar con más ahinco con su existencia.

- Las canas no harán que la forma de tu cabellera cambie, solo lo hará un poco más blanquecino, no es nada malo, dentro de lo que cabe, creo que hay pociones para mantenerte el cabello negro durante más tiempo si te asusta la edad, aunque empezar con ese miedo a los 15 es bastante preocupante - No le parecía tan descabellada la idea de que Sirius lograse hacerse rico sin depender del dinero de su familia, tenía talentos para bastantes cosas, quizás poco adecuadas para su edad o simplemente poco legales, pero muchos magos vivían al límite de la ilegalidad, aunque Sirius podría ser fácilmente una celebridad con su multitud de escarceos amorosos en la escuela, quizás algún día se convirtiese en ese caza fortunas atractivo o simplemente lograse crear una broma que revolucionase el mundo, prefería no pensar en ello - Bueno, deberás pensar en tu gran amigo que estudiaba cual rata de biblioteca y sacarlo lo que será su evidente pobreza adquirida por no cobraros cuando os ayuda con los ejercicios.

- Quizás cuando era un bebé era algo más agradable de ver, osea, dolería menos a la vista. digo yo - Estaba ya mas que claro que aquel muchacho asqueaba por completo a todos los merodeadores, puede que a Peter no, pero diría que sí solo para arrastrarse como normalmente lo hacía por el apoyo de James y Sirius, así era Peter y así lo habían aceptado desde el principio, buscando la aprobación de quienes supuestamente admiraba. - No todos los Slytherins odian al mundo, Sirius. Siente o sentía algo por Lily, estoy seguro de que algo más allá de simple repulsión, pero optó por alejarla y hacerse mas enemigos de los que ya tiene, antes hubiera dicho que Severus era un rival inteligente, pero con ese paso solo ha demostrado ser uno más de esas serpientes desagradables a las que por desgracia se le suman más activos desagradables que agradables - Tenía amistades en esa casa, pero lo cierto es que estos tendían a mirar a todo el mundo por encima de sus hombros, como si realmente fueran inferiores, como si simplemente estuviesen ahí de prestado y ellos fueran los dueños, por llamarlo de algún modo, de Hogwarts - Descuida, mi interés no se enfoca en nadie ahora mismo, puedes estar tranquilo, no tendrás que escucharme hablar de mis problemas amorosos por no ser aceptado.

- Motivo demás para que si me fijo en alguien no lo sepáis hasta estar casados o inmóviles, tengo que continuar mi linaje de algún modo o por lo menos, divertirme un poco ¿No crees? - Negó con la cabeza, lo cierto es que el tema de continuar con su linaje era una simple broma, no iba a trasladar sus genes enfermos a una pobre criatura, no entraba en sus planes futuros aunque le gustase llegar a formar una familia.

- Algún día deberéis proponeros el no quitaros de vivir otras experiencias por la luna llena - Agradecía enormemente el gesto de los chicos por ayudarle a pasar aquellas noches, pero seguía sin ser consciente de lo que sucedía mientras que ellos probablemente lograrían recordarlo todo y dudaba muchísimo que pasaran por alto los posibles comportamientos animales de Remus en su forma de lobo. - Pero como sé que sois unos cabezotas, poco importará que sea yo el que diga nada acerca de que deberíais disfrutar de esas oportunidades aunque yo no pueda - Se encogió levemente de hombros - Aunque sepa que vais a pasar olímpicamente de mí, como lo hacéis siempre.

- Eres consciente que como prefecto eso debería preocuparme ¿Verdad? Es más, no debería permitirte esto y aquí estoy colaborando contigo en tal treta - Negó levemente con la cabeza dejando lo que estaba sobre sus brazos sobre el mostrador tras escuchar a su amigo poner todo a nombre de su familia y quedarse como si tal cosa, aunque no le sorprendiese prácticamente nada y viendo la cara del dependiente sabía que aquella información le había llegado como le llegaban los regalos de navidad a cualquier niño, con una ilusión embriagadora por haber atendido a un Black, aunque fuera literalmente la oveja negra de la familia. - Olvidaré que recuperas ilegalmente material confiscado, esta conversación no ha tenido lugar y si te preguntan, yo no sé nada, no quiero manchar mi historial

- No, para nada, pensé que me lo ibas a cargar a mí - Se rió levemente negando con la cabeza, lo habría visto capaz de hacerlo, pero por suerte había derivado aquella tarea en las lechuzas - Tengo hambre, además , ya apenas me quedan chocolates en Hogwarts y los que dan con el desayuno están tan rancios que podrían usarlos para pulir las Bludgers, ¿Te importa que vayamos por Honeydukes? - Elevó las cejas casi poniéndose en camino sin esperar una respuesta, lo cierto es que dudaba que fuese a ser una negativa.
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Invitado el Sáb Abr 11, 2015 10:13 pm

Cualquier mago que siente aversión hacia los muggles y su cultura hubiese obviado el comentario de Remus, pero Sirius no era así. A Sirius le gustaba conocer más y más de aquellos seres que resultaban ser tan parecidos a ellos al mismo tiempo que parecían ser tan diferentes. Le gustaba la gente no mágica, le agradaba ver cómo se esforzaban por conseguir cosas que ellos podían obtener con el simple movimiento de su varita. Eran como pequeños Hufflepuffs trabajadores que intentaban lograr cualquier meta sin importar el esfuerzo que esta supusiera. – Eso tiene más sentido. – No comprendía como alguien podía alquilar su vientre, por lo que no dudó en preguntar y la explicación de Remus, como todas las del chico, fue totalmente acertada. Remus era inteligente, pero no el tipo de inteligencia que te permite plasmar información en un pergamino y olvidar todo rápidamente días después. No, era un tipo de inteligencia que no necesitaba de libros ni de apoyo extra, sino que existía en él y se encargaba de aumentar con sus ansias de conocimiento, algo de lo que carecía totalmente su amigo. Sirius consideraba Hogwarts su hogar, sí, pero no lo consideraba un lugar útil para aprender algo que no fuese cómo conseguir a una mujer en menos de veinticuatro horas. – Los muggles a veces son raros. Raro pero brillantes. ¿Cómo se les ocurren esas cosas? – Toda pregunta que tenía hacia el mundo muggle se la lanzaba a Remus, pues tenía la suficiente confianza con él para que no pensase que se estaba volviendo loco y que no se sintiese mal por cree que lo juzgaba por tener media familia no mágica.

Ya era tarde, ya se había imaginado a un gorila gigante con un bonito tutú rosa mientras daba vueltas por un salón de baile rodeado por espejos. De algún lugar tendría que haber salido aquella imagen, pero la imaginación de Sirius era algo que estaba en continuo funcionamiento sin importar la hora del día. Parecía que su mente podía estar completamente dormida o desconectada, pero podría seguir imaginando cualquier cosa que él mismo considerara necesaria, quizá de ahí su capacidad de inventiva a la hora de hacer bromas.

Mientras que los padres de Sirius preferían mantenerlo al margen de sus reuniones sociales, actuar como si Regulus fuera su único hijo y que Sirius no merecía la pena ni ser nombrado, Sirius hacía algo similar con su familia. Jamás había presentado a sus amigos a aquellos dos seres que se hacían llamar sus padres, pues consideraba que ya tenía suficiente con que compartiesen oxígeno en el Gran Comedor con su hermano y sus miradas de odio hacia la mesa de Gryffindor. No es que le importase lo más mínimo mostrar que tenía una familia patética que preferiría no tener, sino más bien que no quería que estos se encargasen de faltar al respeto a sus amigos. Los Black eran una familia purista desde sus inicios. Se tenían tan creído aquello que trataban a cualquier persona con un simple mestizo en su árbol genealógico como una vergüenza para la magia, y eso hacía que faltasen al respeto de cualquiera, insultándolo por la familia que tenían, como si aquello lo eligiese uno mismo. - ¿Cómo puedes decirme eso, Remus? ¡Necesito que nuestra familia te acepte y que tú aceptes a mi familia! Sino esta relación no tienen ningún futuro… - Dijo manteniendo el tono dramático que llevaba usando toda la conversación, pero esta vez una sonrisa ocupó sus labios, pues ni él mismo podía creerse que Remus juzgara a alguien sin conocerlo o que su familia diese el visto bueno a una amistad con un mestizo que encima era licántropo.

- Lo bueno del pelo blanco es que no se cae, así que si me saliesen canas, jamás me quedaría calvo. Aunque está claro que jamás me quedaré calvo, mi pelo es demasiado bonito como para irse de mi bonita cabeza. – Ni si quiera se había planteado quedarse calvo o tener canas, lo veía como algo tan lejano que no merecía la pena si quiera preocuparse, pero ya que estaban hablando del tema, no le importó hacer alusión a ello, además, era una de sus múltiples excusas para no estudiar y cargar con el trabajo pesado a otro. A otro cuyo nombre era Remus Lupin y estaba a su lado. – ¿Pensar en mi gran amigo que estudiaba pero que no me ayudaba con mis tareas haciendo que perdiese puntos para Gryffindor y que mis calificaciones bajasen? Creo que deberías comenzar a cambiar si quieres recibir algo de ayuda montería por mi parte. – Ladeó la cabeza. – Peter y tú tenéis muchas cosas en común. Con eso de las ratas, digo. – Soltó cambiando de tema drásticamente, pues con aquel comentario Peter era lo primero que se le había venido a la cabeza.

Conocía a miembros de Slytherin que, realmente, merecía la pena conocer, pero por orgullo propio no lo admitiría delante de su amigo, pues prefería que este creyese que odiaba a todos los Slytherin como si por pertenecer a aquella casa fueses automáticamente purista y odioso. - ¿Lo ves Remus? Has perdido cinco años de tu vida pensando que Severus podría tener algo bueno en alguna parte bajo su grasiento pelo, si hubieses hecho caso a tus amigos habrías ganado cinco años de indiferencia y comentarios crueles. Y nosotros hubiésemos ganado a soportar menos charlas sobre no juzgar a los demás y dar segundas oportunidades. – Era lo que tenía que Remus fuese la voz de la conciencia de aquel grupo, que también parecía que actuaba como la madre de sus amigos en cientos de ocasiones.

- Que profundo eres a veces. – Dijo con una sonrisa en los labios. La mitad de los comentarios del chico salían de su boca sin razón alguna, simplemente porque era demasiado espontáneo como para mantenerlos ocultos o pensar antes de hablar, pero Remus siempre se tomaba en serio todo aquello que decía. – Seguro que estás enamorado de Peter y no se lo quieres decir para no tener que hacerme los deberes ni dejarme entrar al baño de prefectos. Pero yo sé que es correspondido, Peter también te ama Remmus, deberías declararte. Este amor tan bonito no puede vivir oculto para siempre.

Podía ser una persona que aparentaba no preocuparse de nada ni de nadie, pero su amigo lo sabía de sobra. Sabía de sobra que no era así. Que realmente apreciaba a aquellas personas de su círculo más cercano y valoraba cada gesto por su parte, por lo que no se lo pensaba ni dos veces a la hora de sacrificar cada noche de luna llena para que Remus no estuviese solo en aquella condición. – La próxima experiencia para la luna llena será vestirte como los chinos visten a los monos y llevarte a una fiesta de gala. Pasarás desapercibido. – Si no fuese porque podría ir matando a todo el que se cruzara en su camino, no sonaba como una idea tan mala.

Era cliente habitual en aquella tienda, por lo que sabía a la perfección dónde estaba cada cosa y dónde encontrar más si se acababan. También sabía dónde colocaban los nuevos productos, pero aquel fin de semana parecía que todo seguía como siempre, sin nada nuevo. – Antes de prefecto eras mi mejor amigo, así que deberías hacer una lista de prioridades donde mi nombre aparezca antes que tu cargo. – Eso lo decía completamente en serio, aunque dudaba que su nombre se encontraba a escalones de distancia de la responsabilidad de Remus. Es más, estaba seguro que su nombre no estaría solo en ningún escalón de la lista, sino que estaría al lado de algo como “mantener a Sirius lejos del baño para prefectos” o algo similar.

Tras cargar toda aquella compra a la cuenta de los Black que días después odiarían a su hijo más aún por gastar el dinero familiar en tonterías sin contar con su consentimiento, salieron de la tienda buscando una nueva dirección. Esta vez la tienda de dulces Honeydukes, la cual se encontraba en la misma calle principal, a un par de locales de distancia. - ¿Los bichos como tú comen chocolate? Yo pensaba que sólo tomabas carne cruda. – Dijo muy serio mientras caminaban por la calle principal acortando la distancia hacia la tienda. – Pero mejor que comas chocolate, no vaya a ser que una noche te de hambre y amanezca con un brazo menos. – Abrió la puerta de la tienda dando paso a su amigo y lo siguió hacia el interior del local, comenzando a juguetear rápidamente con los dulces entre sus dedos según pasaban por los pasillos llenos de estanterías con objetos de colores por todas partes.

Cogió un ratón de azúcar chillón por la cola y este comenzó a gritar, por lo que lo soltó rápidamente con el resto de sus compañeros. Mejor sería tomar otro dulce menos gritón, como babosas de gelatina, que por alguna razón le encantaban. - ¿Tienes dinero o necesitas que lo cargue a la cuenta de los Black como regalo por ser el día de…? – Hizo una leve pausa. – Bueno el día que sea hoy.
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Invitado el Mar Abr 14, 2015 12:33 am

Muy probablemente sus palabras estarían cayendo en saco roto. Sirius no era de aquellos a los que le gustaba excesivamente prestar atención si no era algo realmente interesante para él o de lo que pudiese sacar tajada a la larga y dudaba que el tema relacionado con los vientres de alquiler fuera a ser algo que le sirviese para algo, bueno si, para desquiciar a sus padres con términos que obviamente no conocerían y se percatarían de que eran nada más y nada menos que términos empleados por muggles - No se trata de que tenga sentido, Sirius, se trata de que se hace, para ellos por ejemplo el usar una varita para ordenar su cuarto es un total sinsentido, aunque un sueño para muchos - Asintió levemente encogiéndose de hombros, realmente había muchas cosas que desearía poder hacer en su casa en Londres, pero al estar la magia prohibida fuera del colegio su tarea diaria de arreglar su cuarto se hacía excesivamente aburrida de incómoda - Si te contase muchas otras cosas lo pensarías con más razón, los vientres de alquiler no son más que la punta del iceberg en cuanto a "rarezas" muggles se refiere, debería enseñarte más cosas, probablemente alucinarías. - Estaba seguro de que cualquier mago lo haría, al fin y al cabo tenían entre otras cosas asuntos como la tecnología e incluso aquellos juegos recién llegados de realidad virtual que era como si te encontrases dentro de un videojuego, probablemente cualquier persona del mundo mágico se vería totalmente anonadada con ese tipo de inventos actuales que incluso a él, acostumbrado al mundo "real" le resultaban tremendamente perturbadores o al menos lo era la rapidez a la que ascendían en calidad todos aquellos objetos.

Por la cara de Sirius estaba seguro de que su imaginación ya se había pasado a China y sus monos disfrazados bailando con aspectos bastante ridículos y es que incluso en ocasiones el propio Remus había pensado que era una suerte que los animales no tuviesen sentido del ridículo o los asesinatos de seres humanos por parte de mascotas serían bastante habituales y es que no era para menos, no hacía mucho, en el ultimo verano había visto a un pobre perro con un tutú rosa correteando por las calles del centro de Londres, una tragedia para el pobre animal que parecía asfixiado.

De estar alguien escuchando aquellas palabras de su compañero probablemente se pensaría que estaban teniendo algún tipo de discusión de pareja, cosa que en más de una ocasión había hecho que Remus se sintiese bastante avergonzado ya que su compañero parecía carecer que dicho sentimiento mencionado previamente, era como si tan solo tuviese que dar a un botón para suprimir totalmente la vergüenza que una conversación como aquella podría despertar en cualquiera que se pasara por alrededor de ellos. Negó lentamente con la cabeza elevando las cejas - Lo siento, no estoy preparado para que tus padres me despedacen, quiero disfrutar un poco más de mi vida, entiéndelo, lo nuestro puede ser pasajero y conocer a tus padres arriesgando mi vida para nada es un poco tonto ¿No crees? - Se encogió levemente de hombros sonriendo levemente, de vez en cuando le sentaba bien el relajarse un poco, siempre siendo el prefecto que controlaba todo, siempre siendo el alumno casi impoluto que la mayoría de los profesores adoraban. De todos modos sus palabras no eran del todo mentira, si los padres de Sirius diesen con él, probablemente pondrían el grito en el cielo si se percatasen de que era un licántropo y aun por encima mestizo, algo así como manchar la sangre mágica a lo campeón, pasándose todos los principios de los puristas por donde la espalda perdía el nombre, literalmente.

- ¿Ves? Son todo ventajas, no sé por que temer tanto al pelo blanco, es mucho mejor canoso que calvo - Se encogió levemente de hombros, estaba seguro de que con el paso del tiempo y el estrés casado por sus compañeros sería él quien terminaría con el pelo canoso, aunque saber que de no tener el cabello blanco acabaría cual bola de billar fue algo que realmente le ilusionó de aquella conversación sin sentido. - No seas caradura, que te he ayudado mil veces con tus deberes e incluso he hecho resúmenes para ti, pero se acercan los TIMOs y eso no puedo hacerlo yo, tienes que estudiar para aprobarlos o de lo contrario no podré ser ese gran amigo que tanto necesitas, osea que ya te estás poniendo las pilas este año y te prometo, que haré tu primer trabajo del año que viene así sean 2000 palabras hablando sobre las propiedades beneficiosas del pus de bulbotubérculo, pero no me dejes vivir en la pobreza - Murmuró medio en serio medio en broma, a veces Sirius se motivaba si le ofrecías algo que realmente quisiera o simplemente le restase esfuerzo a la hora de estudiar - No me gustan las ratas realmente, pero bueno, gracias por la comparación.

- Es que lo vuestro con Severus fue odio a primera vista, no te puedes fiar completamente de esas sensaciones, quizás lo feo que es no influía como para que se convirtiese en un adolescente con cierta falta de higiene personal y una total ausencia de personalidad - Aunque lo cierto era que Severus se había mostrado como un verdadero imbécil desde el primer día de clase, incluso en el tren ya había hecho "amigos". Cuando alguien tiene tanto talento para hacerse odiar, no es necesario pensarlo demasiado, pero Lupin solía ser más de aquellos que gustaban de dar una segunda oportunidad, o incluso una décima, pero tras la manera que había tenido Snape de dirigirse a Lily, todo se había tornado bastante claro para él, si en 5 años no había cambiado aquel irritante comportamiento, no lo iba a hacer más adelante, le gustaba que lo odiasen, era un maldito hecho que había sido corroborado durante años por multitud de personas.

- Lo soy siempre, pero como pasáis mas tiempo intentando no escuchar lo que digo no siempre os percatáis de que soy todo un filósofo - Se encogió levemente de hombros sin dar demasiada importancia a las posteriores palabras de Sirius, negando con la cabeza-  Tranquilo, no te voy a quitar a Peter. se que lo vuestro es legendario, también que será una relación corta y no contará para entrar en el baño de prefectos, lo siento - Empujó suavemente a Black negando con la cabeza, seguirle el juego no era habitual pero de vez en cuando, MUY de vez en cuando siempre venía bien.

- Dudo enormemente que logres vestirme en ese estado, pero si lo consigues será mejor que corras, por que mi parte humana buscará la manera de devolvértela con creces - Asintió levemente negando con la cabeza, no era del todo cierto, Remus no era capaz de vengarse de ninguna de aquellas bromas, aunque fuesen pesadas nunca le sentaban lo suficientemente mal como para llegar a vengarse ya que a los dos minutos casi había olvidado lo que le había sentado mal - Probablemente lo pasaríais bien, pero no lo reconocerás nunca me da la impresión, una fiesta no deja de ser una fiesta, la hagan los puristas o los nacidos de muggles .

- Y lo sigo siendo, solo que tengo ciertas obligaciones que antes no tenía, las cuales tu y Potter os encargáis de torpedear a la mínima que tenéis ocasiones - Negó levemente suspirando, si era cierto que había puesto sus prioridades en orden aquel último año, pero para nada estaban por encima de sus amigos, su familia al fin y al cabo. Intentaba que fuesen por el buen camino, que no se metiesen en tantos problemas como el año anterior, aunque por mucho que lograse que no tropezasen con los mismos, se encargaban de topar con nuevos y generalmente más desagradables o difíciles de arreglar, con la edad parecían ir a peor en vez de madurar un poco como cualquier muchacho, aunque también debía asumir de una vez por todas que esos dos escapaban de la palabra "responsabilidad".

Le hizo gracia la rapidez con la que su amigo apeló a su naturaleza carnívora para meterse con el, la verdad es que había tardado bastante y supuso que el mencionar el chocolate fue como dejárselo en bandeja de plata sin duda alguna - Pues si, aunque algunos dicen que pueden dejarnos ciegos e incluso matarnos, pero ya ves. soy un rebelde, me gusta el chocolate - Lo cierto es que era algo así como una batería para los días previos a la luna llena y es que más de una persona se había percatado de que su aspecto durante aquellos días era más parecido al de un cadáver viviente que al de un estudiante, solo durante los periodos de exámenes tenía explicación para aquello y le sorprendía que nadie preguntase más, quizás presuponían que sus escapadas mensuales no eran más que aburridas salidas de estudio o algo semejante - No te preocupes, dejaría lo suficiente para que no lo amputasen, si no se me terminaría muy rápido el tentempié nocturno.

Se sobresaltó al escuchar a aquel ratón de azúcar chillón, haciéndole casi soltar la multitud de dulces que ahora cubrían sus brazos, no eran demasiados por que sus ingresos no eran para tirar cohetes, pero si se había hecho con unos cuantos calderos de chocolate, calaveras de chocolate y ranas de chocolate, también había agarrado una bolsa contundente de varitas de regaliz, colocándolas sobre la mesa para pagarlas contando los galeones cuidadosamente - Puedo permitírmelo, pero gracias, no quiero que tus padres me odien más sin conocerme por pensar que hago adicto al azúcar a su hijo - Dicho esto el hombre le tendió la bolsa llena de aquellos dulces y tras tenderle una regaliz a su amigo salió de la tienda por delante de este - Vayámonos de vuelta ya, esto está bastante muerto y necesito terminar un trabajo importante.

Off: Ya mando a cerrar esto, señor Black~
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