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Caída pero no desastre (Sirius Black)

Invitado el Lun Mar 23, 2015 5:07 am

Después de clases se había distraído terriblemente en los jardines. Bueno... en realidad no se había distraído, se había subido a una rama alta y se había entretenido leyendo un viejo libro que había encontrado. Pero para su mala suerte, esa distracción, con el clima que hacía, le había producido sueño. Y sin lugar a dudas había terminado profundamente dormida, el libro se había caído y ella casi se había ido al suelo. Por suerte, su cuerpo se había despertado a tiempo, junto con la brisa fría que pudo haberla enfermado. El atardecer se acercaba y ella se bajó rápidamente. Pero el frío se había metido en sus huesos y suspiró resignada por ello.

No había otra solución.

Antes de que tuviese su ronda, debía darse un baño caliente. Para levantarse el ánimo, fue en camino al Baño de los Prefectos, pensando en que un profundo baño perfumado, entre lirios y pino le vendría bien. Tal vez la mente de Emma iba demasiado distraída o ella misma no notó que por estar tan dormida su túnica estaba mal puesta. No supo con seguridad que fue, pero cuando llegó al quinto piso, justo en ese momento, la escalera se movió para alejarla de su objetivo y su pie pisó su túnica al mismo tiempo. El resultado fue que su libro salió volando hacia atrás (por segunda vez en el día), escaleras abajo y ella misma cayó sentada, dándole la espalda a las escaleras, mientras se deslizaba por ellas medio piso abajo. Cuando la traviesa escalera se detuvo, ella se sintió mareada y francamente frustrada. Un ligero insulto en alemán escapó de su boca y golpeó con su mano la baranda de la escalera. Algo torpe, Emma se arregló el cabello rubio y se levantó, sintiendo su trasero dolorido y el codo derecho raspado por la caída.

- Genial... luzco como una niña... -murmuró para si con su ligero acento alemán, mirando hacia atrás para encontrar su libro.

Por lo menos no había caído hasta el piso de abajo. Por lo menos seguía de una pieza. Por lo menos... No, no había mucho que agradecer en ese momento.


Última edición por Emma Vanity el Miér Mar 25, 2015 6:46 pm, editado 1 vez
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Invitado el Lun Mar 23, 2015 12:05 pm

Salió corriendo para doblar la primera esquina que encontró en su camino. Apretó la espalda contra la pared y esperó a que el chico de Slytherin pasase dando voces y gritando su nombre como si le fuera la vida en ello. Ahogó una carcajada, pues de haber sido descubierto se hubiera metido en más de un problema y vio como la figura del chico con la cara ahora llena de forúnculos se alejaba rumbo a los pisos inferiores. ¿Qué hizo él? Todo lo contrario, ir hacia los pisos superiores.

Con una sonrisa radiante y las manos metidas en los bolsillos delanteros del pantalón del uniforme comenzó a recorrer el pasillo del tercer piso rumbo a las escaleras, justo el camino opuesto que había hecho aquel chico de séptimo al que ni si quiera conocía. Con saber que era uno de los alumnos que se había aficionado a proteger a su hermano tenía más que suficiente para reírse a su costa, y eso fue suficiente para desatar en el Gryffindor las ganas de reírse de los demás, algo que resultaba ser más que habitual en alguien como Sirius.

Un golpe sordo y una voz. Una voz que podría haber dicho cualquier cosa, pues no entendió nada de lo que era. La curiosidad del chico hizo que se desviase de su trayectoria y acabase visitando las escaleras a un par de pisos sobre sus cabezas, encontrándose un libro en su trayecto. Un libro sin dueño. Y los libros no hablan, por lo que la voz debía proceder de otra parte, posiblemente de la dueña del libro. Ya la imaginó, larga cabellera rubia, ojos verdes y sonrisa tímida. Sería su salvador del día tendiéndole el libro que había perdido.

Pero sus ojos fueron a encontrar a la dueña, quien no estaba tan alejada de la figura femenina que su imaginación había recreado. – Vanity, ¿Esto es tuyo? – Y dicho eso, lanzó el libro contra la figura femenina con la que compartía más de una clase. Emma y Sirius no se llevaban tan mal como dos alumnos de casas rivales podrían llevarse, pero tampoco tan bien como para que el resto de personas admiraran su manera de enfrentarse a los prototipos propios de sus casas por el poder de la amistad. Simplemente parecían tolerarse, algo alejado de la realidad, al menos de aquella que se proponían esconde de los ojos curiosos.

¿Qué habría sido de Sirius si alguien descubría que sentía simpatía hacia una Slytherin sangre limpia? Sus padres podrían llegar a sentirse incluso orgullosos, algo que el castaño se negaba a dar como válido. Él era la vergüenza de su familia y lo seguiría siendo hasta que alguno de sus padres sufriera un infarto por el estrés que el mayor de sus hijos les provocaba. – Tengo entendido que los libros no vuelan por mucho que los lances. Estoy por jurar que sirven para leer, pero tampoco estoy muy seguro. – Dijo con tono bromista sin acortar la distancia entre ambos y apoyándose en la barandilla de la escalera, la cual ahora permanecía sin ningún tipo de movimiento.
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Invitado el Lun Mar 23, 2015 6:27 pm

La voz de Sirius le hizo dar un respingón, mirando su libro en las manos del chico, en el aire y por suerte en sus manos. Por un segundo le fulminó con la mirada, porque solo Black podría decidir que la mejor manera de darle un libro a alguien era lanzándolo- ¿Lupin no te ha dicho que son algo delicado? -consultó, sacudiéndole el polvo de la gruesa portada, pero sonrió ligeramente. No podía enojarse con un cuervo por robar cosas brillantes, ni con un perro por perseguirse la cola. Por ello, no podía frustrarse con Black por ser... Black....

Se mordió la comisura del labio para no reír por la ingeniosa respuesta y aprestó el libro contra su pecho- Me sorprende que deduzcas que son para leer. Casi imaginaría que creías que son para ocultarte atrás de ellos y fingir que estás dormido -con la mano libre se arregló la túnica y de paso se acarició la adolorida espalda baja con total discreción- Para nivelar una mesa o atrancar una puerta -como algunos de sus compañeros creían que era.

Emma se apoyó contra la baranda de las escaleras, agradeciendo estar en la parte superior de las escaleras- Pero, respondiendo tu pregunta... No planeaba que volara, me he caído. Esta escalera quiere que le lance unas termitas africanas por casi matarme -susurró, mirando con cierto odio a los escalones. Pero relajó su vista y observó a Sirius de arriba a abajo. Algo acelerado aún por la carrera, la túnica arrugada, el cabello algo despeinado, las mejillas sonrojadas y aun sus ojos brillaban por la emoción...- ¿Has realizado una broma, verdad? ¿Y a alguien de mi Casa... verdad? -era más una confirmación porque tenía toda la cara de culpable encima. Casi parecía que se enorgullecía de ser el motivo principal de chismes de los Slytherin por ser Black, Gryffindor y juntarse con todo el mundo... casi todo el mundo.

Bueno, a Emma le daba igual, en realidad encontraba más divertido ver a sus compañeros despotricar contra Sirius Black y luego ver a algunas chicas admitir en secreto que era un peligroso veneno que gustarían probar o... como una chica de séptimo había dicho "Una mancha en la reputación que hasta una Slytherin estaba dispuesta a tener". Eso siempre le daba gracia. Porque sabía que si Black se enteraba de todo eso... Oh... Eso sería interesante- ¿Cómo te sentirías si supieras que tu rol de rebeldía no hace que hablen mal de ti en Slytherin? ¿Y si te dijera que hablan bien de algunas personas? Muy bien -soltó, subiendo un escalón sin mirar hacia atrás y sin darle la espalda a Sirius.
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Invitado el Lun Mar 23, 2015 7:59 pm

Decir que la seriedad estaba a kilómetros luz de lo que resultaba ser Sirius Black era quedarse corto. Era la eterna sonrisa que vivía entre sus labios, la eterna despreocupación, eso era lo que le caracterizaba. Siempre alerta para cualquier comentario fuera de lugar, siempre alerta para hacer volar su propia imaginación y la ajena con los comentarios precisos. No precisaba de confianza o de una buena relación para hacer estos, pues muchas veces eran las personas con las que peor se llevaba las que sacaban más humor en sus palabras. Algo que, por desgracia, no causaba aquella Slytherin. Algo que, por suerte, no sabría nadie fuera de aquellos dos, ni si quiera su inseparable sombra con gafas y con un orgullo comparable al suyo propio.

- Quizá lo mencionó alguna vez. – Afirmó el joven con una sonrisa afable en el rostro. Ver los colores de las serpientes suponía, por regla general, que sus alarmas se encendieran. Que aquella palabrería que lo caracterizaba se tornara en la hostilidad más profunda con tal de humillar a los demás. A veces veía en sí mismo algunas características consideradas propias de los Slytherin, pero sí el sombrero había decidido que estaría mejor con los leones, sería por algo. – Pero ya sabes, le gusta demasiado explicar las cosas y hablar sobre las consecuencias que puede tener robar un examen del despacho de un profesor. O de las de embrujar las escobas del equipo de Quidditch de otra casa. O de las de cambiarle el color al gato de tu compañero de habitación… Habla tanto que ya dejas de escucharlo. – Rodó los ojos de manera cómica como si su amigo fuese la continua madre de las reprimendas. Algo que, en parte, era cierto. Pero, en parte, no lo era, pues Remus acababa metido en todos los líos que sus amigos provocaban.

Pasó la mano zurda por su pelo, colocando – o más bien descolocando – los mechones del flequillo sin borrar la sonrisa del rostro. – A ver, su uso más común es para leer. Pero lo de nivelar una mesa sigue siendo el uso primordial entre los miembros de tu casa. – Dijo con tono divertido. Era el tipo de persona sin pelos en la lengua, por lo que cualquier comentario le parecía bien y acertado, aunque estuviese fuera de lugar. Aunque teniendo en cuenta el trato existente entre ambos, era posible que incluso sacase una sonrisa a la chica. – Entonces, tú cuando te caes, lanzas libros a diestro y siniestro, ¿No? – Preguntó como si no entendiese el concepto de caerte con un objeto entre las manos y lanzarlo a varios metros de distancia por pura inercia. – ¿Yo haciendo bromas? ¿Por quién me tomas? Yo soy un orgulloso miembro de Gryffindor que no haría nada para manchar la reputación de mi casa. Jamás se me ocurriría hacer semejante acto de vandalismo que pudiera suponer la pérdida de puntos. – Su voz cargada de dramatismo y sarcasmo por todas partes. ¿Los puntos? A lo largo de sus cinco años en Hogwarts había perdido más puntos de los que había conseguido ganar. Es más, estaba completamente seguro que sumando los que James y él habían perdido podrían igualar la puntuación total que conseguía Gryffindor cada final de año. – Si uno de tus compañeros llega a la sala común pareciendo una fritada de arroz ríete de él en mi honor. – Hizo una leve reverencia a la chica con la misma sonrisa de siempre.

Giró sobre sus talones dando la espalda a la chica y a las escaleras, pero no tardó en girar ligeramente la cabeza para ver el rostro ajeno y poder contestar. – Mantén cerca a tus amigos, pero también a tus enemigos. – Se encogió de hombros e hizo un gesto a la chica para que lo siguiera por el pasillo. Permanecer en mitad de las escaleras no era lo que consideraba un plan apasionante para pasar las horas, por lo que prefería mantener los pies en movimiento. – Si tengo un admirador secreto entre las serpientes dile que me gusta el chocolate con leche y el blanco. Y la cerveza de mantequilla con canela, no sé si la has probado, pero si no, te debo una desde ya. – Afirmó siguiendo los pasos por el pasillo vacío.

A aquellas horas parecía no haber nadie en el maldito castillo, como si se hubieran evaporado o la tierra se los hubiera tragado. - Por mero interés profesional, ¿Qué dicen de mí esas víboras? - Alzó ambas cejas mirando a la chica con el gesto más serio, intentando hacerse el interesante. - ¿Hablan de mis ingeniosas ocurrencias o quizá de mi belleza comparable a un Adonis griego? - Hizo una leva pausa y giró sobre sí mismo, comenzando a andar hacia atrás con los ojos clavados en los de la chica. - Y lo más importante ¿Están buenas o son aberraciones de Satán? - Sí, no le importaba que algún chico lo admirase o tuviese una buena opinión suya, tan sólo si alguna chica lo decía. No había que hacer feos a nadie. Dicen que en el amor y en la guerra todo vale, incluso una sangre limpia purista con aires de grandeza.
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Invitado el Lun Mar 23, 2015 10:41 pm

En el fondo, muy en el fondo, agradecía haber pasado de la primera impresión con Sirius, porque todo el mundo necesitaba un par de risas, aun si eran internas. Slytherin necesitaba más gente como Potter y Black, también como Lupin e indudablemente un poco de dulzura e ingenuidad de Pettigrew. Solo para variar el orgullo y egocentrismo que rondaba mucho en su Casa y le hacía pensar si no habían sido todos cortados de la misma manera. Por lo menos la mayoría...

- Por Merlín... -negó, solo imaginar que alguien intentara enseñarle a Black un par de lecciones básicas de comportamiento y decoro. Uh.... debía ser terríblemente complicado- Nunca quisiera estar en los zapatos de Lupin. Mira que hablas de él como si fuese esa esposa que solo te pasa regañando y diciéndote que recojas tus cosas. Pobre criatura

Aunque quisiera enojarse no podría. Realmente era verdad, algunos de sus compañeros, aquellos que podían comprar la tarea y otros que encontraban innecesario demostrar que realmente se esforzaban en los estudios, actuaban de manera curiosa. La idea de que Slytherin debía ser el mejor iba de la curiosa mano de no pararse a las otras Casas y por ende dedicarse del todo al estudio en público no era bien visto- Eres terrible... y tienes la razón -se lamentó, por lo menos de manera general. Aunque por supuesto habían grandes mentes que se salvaban y aquellas a las que ella apreciaba.

Le fulminó con la mirada, mirando alrededor. Por suerte nadie la había visto. Obviamente que había lanzado el libro en el aire. No era tan fanática de la literatura como para poner en primer lugar al libro que su propia seguridad- No se tú. Pero cuando estoy por caerme o me caigo, me gusta tener las manos libres para poder amortiguar el golpe o proteger mi cara. También para frenar la caída. Así que... si, el libro tenía que irse. El echo que volara por los aires fue algo que no planee. Tú sabes... no planee mi caída con días de anticipación. Aunque si hubiese planeado la caída no hubiese terminado con el codo raspado. -se encogió de hombros, fingiendo una total naturalidad, aunque francamente si estaba frustrada de haberse caído de la manera más... estrepitosa posible y que con quien se encontrara en su momento de desgracia hubiese sido Black.

Rueda los ojos, pero sonríe. Todo el noble discurso de Black lo había escuchado cientos de veces. Una comedia más, un acto más- Francamente, deberías pensar ser actor, tienes todo lo necesario. Yo iría a verte en escenario. -el carisma, el atractivo y el don de hacer creer a mucha gente cualquier cosa. Lo había visto ella misma. Pero como ley silenciosa que al parecer Lupin, Evans y otros prefectos como Emma misma, no se hacía nada de tales locuras que merecían castigo. Tal vez porque bajar todos los puntos que debería bajar haría demasiado fácil ganar las cosas y eso era extremadamente aburrido. Gryffindor ya tenía de por si cuatro grandes impedimentos que hacían travesuras en grupo, cobrar todas las travesuras sería... poco competitivo- Si es Swelgerh a quien le hiciste la maldad, será un honor reírme de él -era lo de los chicos que se juntaba con Regulus Black porque, simplemente, era un Black y no hacía la tarea nunca, pero si forzaba a otros que se la hicieran. Ayer le había "pedido" a Emma que le hiciera sus deberes mientras él le introducía a Regulus para que lo "guíe"... ella sabía que era para que también le diera haciendo los deberes como otras chicas de Slytherin. Ella misma le había dado con una pila de pergaminos por "pura casualidad" y se había ido a su habitación completamente frustrada. Si él o uno de sus amigos había recibido un castigo, estaría feliz de verlo mal. Ni siquiera ocultaría la risa de gusto que tendría.

Miró sobre sus hombros al quinto piso y suspiró resignada. No, no se daría ese buen baño pronto. No antes de la ronda de prefectos. Pero se resignó y siguió a Black por los escalones, poniéndose a su misma altura. Aunque él no quisiera admitirlo, tenía demasiados rasgos Slytherin, los poderosos y positivos, lo cual siempre le hacía pensar a Emma que era un espécimen de lo más curioso, pero totalmente original. Y era lo que más le agradaba de él, que fuese tan único aun entre los Gryffindor- Sería muy raro que supiera de tus gustos. Pero... encontraré una manera. Siempre es agradable recibir regalos gratis ¿No? -enmarcó una ceja, imaginándose diciéndole a sus compañeras los gustos de Black sin levantar ninguna sospecha. Imposible... tentador reto- Nunca la he probado con canela. En realidad, debería hacerlo, suena delicioso -le gustaban las cosas picantes, por eso cargaba con ella una bolsa de caramelos rojos, de esos sabor a canela que casi nadie disfrutaba.

Lo mira con diversión, porque lamentablemente no cree mucho su seriedad. Ella había logrado despertar su curiosidad, inevitablemente, una que apuntaba a su ego y era de las cosas que siempre vendrían bien ser alimentadas. Una carcajada se escapó de sus labios y metió sus manos en los bolsillos de su ropa, mirándolo caminar en frente de si- No lo sé... Ellas son muy bonitas y cotizadas... Pero lamentablemente hablan más de que eres un travieso. Ya sabes... lo interesante que sería saber si eres travieso en todo. Pero no se juntarían contigo en público. Tú sabes, su reputación. Y bueno... la tuya. Porque se vería muy bien si te haces de novia una Slytherin, según he entendido. Te "salvaría". Pero ¿Jugar con ellas? Creo que eso empeoraría tu reputación. -se encogió de hombros.
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Invitado el Miér Mar 25, 2015 5:33 pm

La imagen de un Remus ataviado con un batín rosa, zapatillas de estar por casa a juego y rulos por toda su cabeza apareció al momento. Por alguna razón, si Remus debía ser la esposa de alguien, debía tener ese aspecto para que Sirius se lo tomase algo en serio. Aunque claro, ver a su amigo en aquellos zapatos no sería plato de buen gusto, más bien uno de esos que te dan nauseas, algo que le pasaba a Sirius con las espinacas. Le gustaba su sabor, pero una vez las tenía demasiado tiempo en su boca le causaban nauseas. Remus vestido de mujer y con rulos sería algo similar, le gustaría verlo pero acabaría por retorcerle el estómago. – Y encima no sabe cocinar, una decepción como esposa. – Dijo culpando a Lupin por todo. Sirius era experto en pasar responsabilidades; era capaz de ver la culpa ajena en palabras que, claramente, iban en su contra con la intención de haberle ver que su comportamiento no era el preciso.

- Yo no me caigo, me dejo caer con estilo. – Afirmó el chico haciendo un corto y preciso movimiento con la cabeza para mover su cabello de la manera más egocéntrica posible. Podría pecar de parecer un ególatra, pero en el fondo no lo era tanto. Era cierto que se tenía en una alta estima considerable debido a la familia que había hecho que ser diferente no hiciera más que elevar su amor propio. Era cierto que se creía superior a los demás en muchos aspectos. Pero también era cierto que no era mala persona por ello y que, realmente, no consideraba a los demás como personas de menor categoría, a no ser que cargaran el apellido Black a sus espaldas o que fueran puristas. Es decir, si compartían alguna característica con su familia, era posible que sí los considerara como seres inferiores. – Tal y como sospechaba… - Colocó la mano en su mentón con intención de hacerse el interesante y luego dejó que una pequeña sonrisa se mostrara en sus labios. – Tan sólo te has caído porque sabías que pasaría por aquí y necesitarías de un héroe a mi altura. – Alzó la cabeza manteniendo aquella pose de elegancia propia de los miembros de su familia y, que de algún modo, contrastaba con su personalidad.

Siempre estaba metido en líos, o al menos en problemas. Muchas veces no era descubierto, y en otras no llegaban a sospechar de él, pues había tantas personas en el castillo que podría ser cualquiera, el problema era cuando la gente se acostumbraba a que James y él fueran los causantes de todos los problemas, eso hacía que los ojos acusadores se tornasen en torno a ellos en cualquier momento y en cualquier lugar. Sirius adoraba ser el foco de todas las atenciones, pero en momentos como aquellos prefería pasar más desapercibido para librarse tanto de los castigos merecidos como los que no.

Había tantos Slytherin en el castillo que lo odiaban y tantos Slytherin en el castillo a los que él mismo odiaba, que aunque le presentaran una lista de nombres y rostros de aquellos a los que había gastado una broma no sabría identificar cual era cada uno. - ¿Y ese quién es? – Alzó una ceja. – Creo que era de séptimo, pelo rubio engominado, tez blanca, ojos… No sé cómo tenía los ojos. Cara de no tener muchas luces y andaba algo encorvado. – Hizo una corta descripción del chico al que había atacado en los baños, pero tampoco sabía a ciencia cierta sí algo era acertado o no, pues con ver la túnica de Slytherin había tenido más que suficiente para divertirse durante un rato a su costa. - ¿Te ha hecho algo? Tú dime cómo es ese tal Swelgerh y no volverá a montar en escoba hasta que se gradúe del dolor de culo que tendrá. – Amigo de tus amigos, era una frase que podría considerarse hecha exclusivamente para Sirius. No es que considerase a Emma su mano derecha o carne de su carne, pero sí despertaba en él cierta simpatía y eso hacía que la protección saliese a flote.

Acompañado por la chica y sin preocuparse por dónde estaban yendo o dejando de ir, el chico avanzó por el pasillo más cercano, alejándose de las escaleras cuya finalidad era la de hacer que los alumnos llegasen tarde al mayor número posible de clases. – Claro que lo es, y más de los Slytherin, la mayoría de vuestras familias parecen tener un árbol en el jardín que da galeones. – Al igual que su familia, claro. Todas las familias puristas parecían estar estrechamente relacionadas con tener grandes cantidades de dinero en Gringotts.

- ¿En serio no lo has probado? – Abrió los ojos de manera exagerada como si realmente no se creyera que no lo había probado, ya que la mayor parte de la gente se limitaba a comerse la comida y no echarle nada para ver si podía haber una mejora. O envenenarte, todo era posible. – Vale, te debo una cerveza de mantequilla con canela. ¿Crees que en las cocinas tendrán? – Y dicho esto, tiró de la mano de la chica e hizo que ambos girasen sobre sus talones para cambiar de rumbo, esta vez hacia las escaleras que cambiaban de dirección. Tenía la intención de llegar a las cocinas, si es que no acababan en el séptimo piso por placer de las escaleras.

Interesarse por una de aquellas Slytherin puristas no estaba en su lista de placeres diarios, pero no iba a rechazar a nadie por su interior, aunque propiamente debía considerarse al contrario. Sirius Black no estaba hecho para las relaciones, por lo que considerar el interés en algo puramente físico no resultaba estar de más en su caso. – Es mucho más divertido si nadie puede enterarse, ¿No estás de acuerdo? – Alzó ambas cejas de manera divertida, pues ellos no estaban alejados de ese tipo de “relación” secreta. - ¿Yo con novia? ¿Te imaginas? Y encima una Slytherin loca… Quita, quita. – Dijo entre risas apoyándose en la baranda mientras las escaleras los guiaban a los pisos inferiores del castillo. – Mis padres estarían orgullosos de mí pero yo creo que vería como viable saltar desde la Torre de Astronomía antes de ver su orgullo paternal. – Y era cierto. La mitad de lo que hacía era por el hecho de avergonzar a sus familiares, era tan divertido que podía permitírselo.

- Entonces tú cometido es fácil, mi joven amiga, debes presentarme a la Slytherin más desneuronada de todas y ayudarme a empeorar mi reputación. – Dijo como si de un héroe se tratara. – Aunque si me vieran perderme por estas escaleras contigo seguro que arderían en celos. – Añadió antes de bajar de la escalera para montar en otra que, con suerte, los llevaría hasta el piso donde se encontraban las cocinas.
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Invitado el Miér Mar 25, 2015 6:45 pm

Emma fingió asombro con tal revelación. Aunque realmente no conocía a muchos chicos que supieran cocinar. En realidad...- No me digas, Black... -abrió los ojos con cierta sorpresa- ¿Sabes cocinar? Y para aclarar, crear cócteles no entra en "cocinar" -le advirtió, con una pequeña sonrisa. El comentario de Sirius le hizo cubrirse la boca para no soltar una carcajada y llamar la atención de todo el piso pero ¿Cómo no hacerlo? La idea de "caer con estilo" y "Black" solo le daba como conclusión una imagen bizarra del Gryffindor cayendo de costado, en "pose sexy", con una rosa entre los dientes y llevando pantalones de cuero solamente. Oh... debía dejar de espiar los libros de literatura rosa de su hermana donde los hombres de las portadas parecían perder siempre las camisas...

Aunque, si era objetiva...

Si... a Black le quedaba el cuero.

Pero no se lo iba a decir.

Solo lo miró con diversión, guardando su pequeño pensamiento y retiró sus manos de su boca, para mostrar que estaba conteniendo una enorme sonrisa. Emma golpeó suavemente el hombro de Sirius, mientras negaba ligeramente- Siguiendo tu teoría, Black, deberías estarme cargando en brazos ¿O qué clase de héroe eres? Una supondría que los Gryffindor sabrían esas cosas, su fundador alardeaba mucho de ser un gran héroe ¿No les enseñan eso en su Casa? -consultó, con total inocencia, como si fuese normal que hubiese un tipo de "adiestramiento" en cada Casa. Los Gryffindor a ser héroes y caballeros de brillante armadura, los Ravenclaw a lucir intelectuales y sabios, los Hufflepuff a ser cálidos y amables y los Slytherin a tener una actitud fría y glamurosa de novela gótica.

La sorpresa se pintó en su rostro y por un momento quedó rezagada de la caminata, pero rápidamente alcanzó a Sirius. En realidad, no esperaba que él se ofreciera a defenderla. Ni sus hermanos se ofrecían a eso y se suponía que eran los mayores. Por un momento se sintió pequeña y al descubierto, pero rápidamente se recuperó. Su mano se metió al bolsillo de su túnica y tomó un pequeño chocolate envuelto de los que tenía y le entregó uno a Sirius en la mano, porque era la forma en que sabía agradecer o premiar las cosas buenas que la gente hacía- Descuida, ya me encargué de él. No es muy brillante. Pero creo que a quien atacaste fue uno de sus amigos -chasqueó los dedos, buscando el apellido- Melkor... Tu hermano ha escogido una compañía poco brillante. Swelgerh y Melkor son parte del grupo que le guía en el glorioso camino "Slytherin". Actúan como culto. -negó. Emma se llevaba con personas que aun creían en la pureza de sangre y todo eso. Pero no se comportaban como tontos de culto. Pero habían otros, (Slytherin o no), que tenían metida la idea de limpiar el Mundo Mágico.

Pero de repente se vio llevada a una nueva dirección. Ese era el problema con ser bajita y tan delgada, no podía ni oponer resistencia a situaciones así. Black simplemente la llevó y ella luchó por mantenerse a su paso- Hey, Piernas-Largas ¿Y qué más he estado comiendo mal? ¿Las tartas de calabaza? ¿Debía ponerles ranas de chocolate? -consultó, porque si iba a probar algo nuevo, prefería aprovechar la oportunidad. Le encantaban las nuevas oportunidades.

En realidad, Sirius Black enamorado si debía ser un encabezado de periódico- Imagínate, una novia celosa, controladora, que te diga "Ciruelita de mi Alma como apodo y te pida que le envíes besos volados de un extremo del pasillo a otro -se rió con crueldad, imaginándose la escena aunque también sintió escalofríos- Oh... y te diría qué vestir, te haría escenas por preferir a tus amigos a ella... Oh... Por Merlín, Black, ten una novia, sería muy divertido. -era inevitable, Emma era muy madura en varias cosas, excepto en las relaciones románticas. Ni siquiera mostraba interés en tener novio, tal vez porque todo se complicaba cuando las cosas se ponían serias. Además, necesitaba un chico inteligente que entre besuqueos pudiesen hablar de cosas interesantes. En fin, algo imposible.

Lo siguió por los escalones, agradeciendo la falta de alumnos alrededor y se paró junto a él, empujándolo con su hombro- Siempre puedo decir que te engañé con mis "encantos femeninos" para encerrarte en un armario como "venganza" por tus actos en contra de la Nación de Slytherin. Y si te preguntan a ti, puedes decir que usaste tus encantos masculinos para "usarme" y darles una lección al lado femenino Slytherin. Todos ganan con un poco de astucia. Aunque eso ya lo sabes ¿No? -le guiñó un ojo, amistosamente y suspiró, mirando el techo- Si salieras con una mestiza Slytherin ¿Crees que sus cerebros explotarían por la contradicción? Tu familia feliz que sea Slytherin y enojados porque es mestiza. -e hizo el sonido de una explosión como si eso fuese a ocurrir a sus mentes.
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Invitado el Vie Mar 27, 2015 2:51 pm

Lo cierto es que, por muy surrealista que pudiese parecer, Sirius sabía cocinar, pues si te crías con unos padres que desearían no haberte tenido como hijo, significa que en cualquier momento pueden echarte algo no deseado en la comida. O eso pensó Sirius durante años al ver que la comida de su casa estaba tan sumamente asquerosa, por lo que se las ingeniaba para no comer jamás al tiempo que su familia y prepararse él mismo la comida. - ¿También quieres que te demuestre mis dotes culinarias? Deberías saber que soy todo un partido como hombre. Divertido, guapo, inteligente, se cocinar… ¿Tú qué dirías que me falta? – Sonrió de medio lado con aquella pose tan egocéntrica que con una simple sonría poseía. En un combate de ego no sabía quién se autoproclamaría vencedor, si él o James, pero lo que estaba claro es que por separado eclipsaban cualquier ego que pudieran tener los demás.

Una mueca fingida de dolor ocupó su rostro al recibir el pequeño golpe de la chica, pues como ya había quedado claro previamente, era un excelente actor. Su campo favorito era el dramático, pues lo de meterse en un papel era algo que disfrutaba como cualquier riña con su madre. - ¿Quieres que te coja en brazos? – Tampoco le dio tiempo a negarse ni a oponer resistencia, sino que sonrió de medio lado como preámbulo a lo que iba a suceder inmediatamente. – Sus deseos son órdenes para mí. – Y dicho esto pasó sendas manos bajo las piernas de la chica, elevando el cuerpo completo de esta entre sus brazos. – ¿Era esto o preferías que te cogiera como si fueras un saco de patatas? – Preguntó de manera retórica antes de volver a posar los pies de la chica en el suelo. – Serías un bonito saco de patatas, no te lo niego. – Colocó su túnica que de por sí ya estaba arrugada pero que con aquel “heroico” movimiento se había destrozado aún más si acaso era posible.

Había cuatro casas, con siete cursos diferentes y un montón de personas que no le importaban lo más mínimo. Y es que los Gryffindor, por mucho valor y caballerosidad de la que presuman, no se caracterizan por la ayuda al prójimo o por preocuparse de todos aquellos con los que comparten pasillos y aulas. Y Sirius, tal y como eran la gran parte de sus compañeros, no se preocupaba mucho de lo que ocurrí a su alrededor. Era alguien que no brillaba por su capacidad para saber lo que sucedía a su alrededor, pues estaba tan pendiente de sí mismo y de sus amigos que el resto resultaba incluso aburrido. – Él tampoco es precisamente brillante. – Sentenció el chico. La relación entre ambos hermanos no era mala, era simplemente nula. No se soportaban, y ante tantos años viéndose en casa, habían decidido que en Hogwarts no eran más que dos desconocidos. Pero ninguno podía evitar reírse del otro si coincidían en el Gran Comedor o se cruzaban por los pasillos. Lo llevaban en los genes, y tantos años de riñas no se borraban tan rápidamente.

Si algo podía distinguir a Sirius del resto de sus amigos era la incapacidad para estar en un mismo sitio durante mucho tiempo. Parecía que sus piernas cobraban vida propia y aquello le impedía estar en un mismo lugar durante más de dos minutos, excusa que había usado en más de una ocasión para cambiarse de sitio en clase o molestar a sus compañeros. Aunque jamás había necesitado usarlas, simplemente se movía sin parar, molestaba sin parar, hablaba sin parar… Y no daba explicaciones de nada. – Las tartas de calabaza mejoran con nata y las ranas de chocolate… - Se rascó el mentón y pensó. ¿Con qué mejoraba eso? – Si las tomas con naranja es un buen contraste. Pero con tomarlas solas ya tienes suficiente.

- ¿Ciruelita de mi alma? Ese nombre da diarrea sólo con oírlo, Emma. – Dijo soltando una carcajada a las palabras de la chica. Por Merlín, ¿Sirius Black con una pareja estable a la que dar explicaciones de cada paso que daba? No, no lo más parecido a una pareja que tendría serían Remus, James y Peter. Uno por pesado controlador, otro por ser como su sombra y el otro por no dejarlo de lado al nombrar al resto. – Sabes que sería necesario un filtro de amor muy fuerte para que yo tuviera novia, ¿No? Y si no, ya lo sabes. No creo que haya en el mundo mujer capaz de hacer que siente la cabeza durante más de dos semanas. – Afirmó con un tono dramático, como si tener novia fuera la peor catástrofe posible. Pues, en parte, para él lo era.  – Mejor imagínate tú con un novio celoso y controlador, a mí déjame de historietas románticas. – Lo cierto es que no le molestaba para nada que se metiera con él en esos ámbitos, pero era mucho más divertido que pareciese lo contrario.

Siguieron bajando escalones rumbo a las cocinas y manteniendo aquella conversación tan poco propia entre alumnos de dos casas tan rivales como lo eran las suyas. – Sí, además tienes cara de rubia tonta, todos se lo creerían. – Bromeó. O no, era rubia, podía pasar por ser tonta. Aunque contrariamente a los prototipos, no pensaba que fuera para nada tonta.

- Si esa mestiza fuese purista y consiguiera que me tatuara una calavera que vomita serpientes, lo más posible es que volverían a heredarme. ¿Ves normal que con quince años ya esté desheredado? – Sí, y con once. El día que puso el pie en Hogwarts y el sombrero seleccionador se encargó de demostrar la clara diferencia entre Sirius y el resto de su familia, su familia se encargó de mantenerlo lejos de la fortuna familia. Si sus padres morían, heredaría más Kreacher que él.

No tardaron en llegar a las cocinas, y el chico abrió la puerta con cuidado, mirando que los elfos domésticos no estuvieran cerca, ya que no se caracterizaban por su simpatía y él no se caracterizaba por sentir algún tipo de aprecio hacia ellos. – Entonces, te tengo que enseñar lo que es la cerveza de mantequilla con canela y la tarta de calabaza con nata, ¿No? – Era todo retórico, pues tenía más que claro que eso era un sí. – Busca en esa zona de la cocina que yo buscaré en la otra. Si encuentras cualquiera de los ingredientes para nuestra cita romántica házmelo saber. – Cita romántica y Sirius Black no eran conceptos que fueran de la mano, por lo que todo aquello no eran más que palabras sin sentido que salían de su boca.
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Invitado el Vie Mar 27, 2015 6:50 pm

En un impulso tomó el mentón de Sirius, de forma juguetona, como si tratara con un pícaro niño que eclipsaba a todos- ¿Qué te faltaría...? -preguntó, como si en verdad fuese una pregunta extremadamente importante, lo soltó y se llevó su propia mano a su mentón, meditando la respuesta. Cuando la tuvo lo regresó a ver, con una pequeña sonrisa- Por lo que he leído, los mejores partidos tienen un aire melancólico o trágico a su alrededor. A las chicas les gusta eso, al parecer. -hablaba de su género como si fuesen otra raza que a lo mucho estuviese estudiando y no siendo parte de- A las chicas que les gustan los sujetos malos y atrevidos, ya las tienes en el bolsillo con eso. Yo creo que si de vez en cuando desvías la mirada al horizonte y dices "Es complicado...", algo melancólico, algo misterioso, las tendrás a tus pies -aseguró, con un profundo asentimiento. Emma no se daba cuenta que técnicamente tener esa charla era "hablar con el enemigo" de su propio género.

No se lo vio venir, pero cuando fue levantada en aires, una de sus manos fue noblemente a su boca a ahogar un grito de sorpresa para que nadie escuchara y la otra rodeó el cuello de Sirius para no caerse. Cuando la bajó, lo observó con asombro y el corazón latiéndole con fuerza- Eso fue demasiado divertido -tuvo que admitir, pero levantó su dedo índice en dirección del rostro de él- Pero no lo hagas en un lugar donde puedan vernos, Black -aun había una reputación que mantener. Y para Emma era que no cualquiera podía ir por ahí abrazándola, tocándola, acercándose a su espacio personal o, cargándola en brazos- Me pregunto ¿Qué tan loco sería ser cargada como un bonito saco de papas mientras vuelas una escoba? La vista del suelo debe dar vértigo -se mordió el labio inferior, eso sonaba demasiado arriesgado que le gustaba.

No dijo nada sobre Regulus y Sirius. Ella misma estaba en la posición de hermana menor a la que sus hermanos preferían evitar cuando estaban en Hogwarts. En el fondo no era agradable, aunque ella fingía que no era la gran cosa, pero sentir la distancia si era algo pesado, más cuando estaba acostumbrada a que bromearan a su costa, la regañaran y también la premiaran en rara ocasión cuando hacía algo bien. Pero así eran los hermanos mayores... simplemente raros. Tal vez Regulus pensaba igual que ella.

-¡Hey! -no pudo evitar reír, de manera relajada- No es mi culpa que Sirius y Ciruela, por alguna extraña razón vayan bien juntos. tal vez alguna chica ya hizo poemas con esa palabra... -aventuró, de manera casual, mientras se arreglaba la túnica por tanto movimiento- La verdad es que me agrada más la idea de verte conquistando chicas, como un Giacomo Casanova del Mundo Mágico. -concluyó pero la idea de un novio.... peor aun celoso y controlador, le dio escalofríos- No estoy hecha para ese compromiso del... noviazgo -hizo una mueca, como si fuese una horrible palabra- Además, el único chico que podría interesarme y aun así, no para novio, sería uno inteligente e ingenioso, divertido pero que se pueda poner serio al charlar. Y eso, mi querido Black, al parecer es pedir mucho. A menos que conozcas alguien y creas que la idea de besuquearse conmigo en un lugar oscuro no le parece desagradable -por eso de ser Slytherin, muchos chicos habían mantenido cierta distancia con ella justamente por la Casa de la que provenía, lo cual hacía que ella misma perdiese el interés en los mismos. Pero si bien ella veía muy complicado eso de tener novio, no podía negarse que era adolescente y poder tomarse las cosas relajadamente con alguien no era malo. En realidad, Emma apoyaba la idea de que algunos amigos podían tontear sin ser incómodo si sabían manejar bien el asunto. Claro que también, Emma no sabía mucho de sentimientos.

Rodó los ojos por su encantador comentario y le dio un pequeño codazo sin importarle que hiciera sus caras de dolor profundo dignas de grandes escenarios, aunque francamente las disfrutaba- Rubia, Sytherin, con dinero y sangre pura. Mira que estoy condenada para que suponga lo peor de mí. -se encogió de hombros y sonrió de lado- Bueno, a mi me creerían, dicen que si una bolsa de papas tuviese lindas piernas la seguirías, Black. Para mi suerte, ya concluiste que soy una bonita bolsa de papas. Irónico, yo te veo con estándares más altos...

Cuando escuchó al propio chico hablar de la famosa forma en que su familia lo desheredó no le parecía lógico. No entendía por qué los Black y otras familias hacían ese tipo de cosas, Sirius era su hijo ¡Por amor a Merlín! Aun y siendo como era ¿No veían el potencial que tenía? La madre de Emma vería en Sirius un gran provecho, pero bueno... la madre de Emma no era purista a muerte- Me parece estúpido que les importe tanto cosas tan tontas. Actúan como una vieja monarquía y lo que la Historia a demostrado es que tarde o temprano esas se desmoronan. Yo veo tu situación diferente, creo que te salvaste antes de que todos ellos se fueran abajo y te arrastraran. -y a pesar de sonar seria, no profundizó más en su idea, pues en realidad estaba pensando muchas cosas alrededor de los puristas, porque inevitablemente se estaba viendo involucrada. Cada día sus compañeros parecían sumergirse más en esas ideas y ella se veía más acorralada en ese tipo de conversaciones.

Ya en la cocina solo negó en silencio, estuvo a punto de decirle que para ser cita romántica era la mejor que había tenido con un Gryffindor. La única, también. Pero no pensaba subirle el ego, aun dentro de una broma. Solo un par de veces había entrado en la cocina y había aprendido a mantenerse lejos de los elfos cuando estaban ocupados o se pondrían de mal humor por interrumpirles el camino.

Alcanzó a ver un tarro con canela sobre unos estantes altos y si bien el sentido común diría que usar magia era la mejor opción, Emma prefería hacer las cosas por si misma. Así que sin pensarlo, se subió sobre el mesón, tocó los estantes y los movió para confirmar que eran de roble y resistentes. La chica se subió a ellos, escalando por su falta de altura pero aprovechando la ligereza de su cuerpo para poder hacerlo- Siempre ponen estas cosas demasiado alto -concluyó, cuando por fin llegó a la parte más alta, bajó de un saltó desde las repisas al mesón y desde ahí se sentó y se deslizó al suelo- Lo que me sorprende de todo esto -comentó, acercándose a Sirius- es que de todos los ingredientes que podrías ponerle, sea canela el que escogieras -respiró hondo, sintiendo el aroma picante y delicioso- Mis licores favoritos son con canela, mi padre me los enseñó cuando estuvo en centro y el sur de América -se movió por la cocina y encontró cerca del fogón la nata.

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Invitado el Sáb Mar 28, 2015 9:59 pm

Muchos opinaban que la mayor parte de los alumnos de Gryffindor eran unos orgullosos y narcisistas por el mero hecho de haberse topado con personas como Sirius Black o James Potter en su vida y es que ambos chicos tenían tal nivel de amor propio que sería imposible que no se creyesen a un nivel superior que el resto de personas. El entorno que rodeaba a Sirius había propiciado aquel carácter y forma de ver las cosas, haciendo que su ego estuviese tomándose un par de copas junto a su amor propio cerca de la luna. – Sin duda soy atrevido y… Según más de un Slytherin soy toda una mala persona por desperdiciar mi situación gracias a mi apellido con estúpidos nacidos de muggles y mestizos. –Aseguró sin perder en ningún momento aquella sonrisa que surgía en su rostro cuando alguien hablaba de él. Era un narcisista por excelencia, algo que pegaba más en la casa de las serpientes, pero algo tenía que haber heredado de esa familia suya. – Entonces si me convierto en todo un misterio para las chicas tendré incluso más a mis pies… Eres una gran fuerte de información, señorita Vanity. – Hizo un gesto de cortesía con la mano, como si se quitase el sombrero que no llevaba sobre la cabeza a modo de agradecimiento a sus palabras.

Como persona incapaz de mantener los pies en la tierra, hizo que los de su acompañante emprendieran el vuelo tomándose de manera literal sus palabras. Acompañó la risa de la chica y no borró la sonrisa de su rostro a pesar de las aparentes amenazas que esta dejó escapar entre sus labios. – Si alguien nos hubiese visto sólo tendría que haberte tirado de golpe al suelo. – Se encogió de hombros de manera totalmente exagerada, incluso infantil. - ¿Eso ha sido un reto? Lo cierto es que el Quidditch no es mi punto fuerte, pero no tendría problema en llevarte como un saco mientras volamos. – Jamás se había planteado formar parte del equipo de Quidditch de su casa. Lo cierto es que aquello atraería incluso más miradas, pero no llamaba para nada su atención. - ¿No prefieres cambiar escoba por moto? Tengo una en Londres, un poco muggle, pero estamos trabajando para que eso cambie. – Llevaba dos veranos trabajando con ayuda de James y Peter, pues de enterarse Remus lo que conllevaría serían discusiones sobre el peligro de los objetos voladores, especialmente si eran motos muggles que ya de por sí eran peligrosas sin separar las ruedas del suelo.

- Deja de describirme a mí a la perfección, sabes que lo nuestro es imposible. Sé que tu corazón se acelera cada vez que estás a mi lado pero lo nuestro no tendría futuro. – Su voz seguía cargada de su egocentrismo natural, pues por mucho que considerase a Emma como una amiga eso no quitaba que fuese incapaz de no actuar del mismo modo que lo hacía con el resto de féminas del mundo. Sirius era así, incapaz de no comportarse tal cual era con las chicas, por mucho que las considerase sus amigas, debía ser del mismo modo con ellas que con cualquier otra.

Las familias sangre pura de gran parte de los alumnos de Hogwarts consideraban que juntarse con los Black sería el mejor partido para sus hijos, siempre y cuando ese Black no llevase consigo el nombre de Sirius. Desde que había puesto un pie en el castillo las miradas ya se habían clavado en él por los rumores que circulaban sobre sus inclinaciones no puristas, pero en cuanto el Sombrero marcó la diferencia entre este y el resto de sus familiares, el resto de familias puristas del mundo mágico puso los ojos en él como persona non grata con la que, bajo ningún concepto, debían entablar conversación sus hijos. Lo cierto, es que a Sirius aquello le sonaba tan a chiste que hacía lo posible por hablar con esas personas para que saliesen huyendo de él como si tuviese la lepra, o eso hacía durante su primer año, pues el tiempo había hecho que actuase, simplemente, como si no existieran. Y en caso de hacer que existieran, sólo usaba aquello para molestarlos. En cambio, la familia de Emma parecía ser diferente, o al menos, ella no había salido despavorida buscando ayuda cuando tuvo que compartir pupitre con el chico. – Tanto tener hijos entre familiares que luego les salen los hijos retrasados. Yo salí con la belleza y la inteligencia, y mi hermano… Bueno, él al menos salió, que viendo lo que le cuesta pensar, lo mismo ni se habría acordado de respirar. – En todo momento del que disponía lanzaba cualquier tipo de insulto contra su hermano, menos cuando este estaba delante. No porque no le escuchara, sino porque hacía como si no existiese. – Eso de no seguir al resto del rebaño, ¿No?

Por suerte en la cocina no había rastro alguno de los elfos domésticos. No porque fuesen desagradables, que lo eran, o porque fuesen feos, que también. Sino porque no les agradaba encontrarse visitas en sus dominios, como les gustaba denominarlos. Al encontrarse fuera del horario de comidas, estarían limpiando o encargándose de arreglar problemas por el castillo, incluso quizá alguno estaba tomando el aire tranquilamente, pero allí, no había rastro de ninguno de ellos. – Irónico teniendo en cuenta lo bajitos que son los elfos. – Contestó el chico mientras miraba en las baldas inferiores. No había rastro alguno de lo que buscaban, aunque por suerte la aparición de la canela no tardó en llegar a manos de Emma.

Al fondo de uno de los muebles encontró un par de barriles de Las Tres Escobas con cerveza de mantequilla de aquel local. Tiró de uno de ellos e hizo fuerza para elevarlo sobre el mueble, donde sería mucho más sencillo manipularlo. – Me gusta la canela. – Se encogió de hombros. Era una persona simple en esos ámbitos, pero le gustaban los contrastes de sabores.

Cogió un par de jarras y las llenó cuidadosamente, dejándolas sobre la mesa y cogiendo la canela que había encontrado la chica y echando un poco en la parte superior de ambas jarras. Tomó una de ellas y se la ofreció a la chica. – Prueba. – Dio un trago a la suya propia y siguió buscando. Definitivamente, los elfos no habían preparado un pastel de calabaza exclusivo para ellos, por lo que sería mucho más sencillo…

- He encontrado calabaza, pero no pastel. ¿Te atreves a hacer uno o tienes miedo de prender fuego a la cocina? – Inquirió a modo de reto mientras sacaba una calabaza, un par de huevos, azúcar y seguía buscando la harina. – Deberían tener carteles sobre dónde tienen cada ingrediente, yo aquí no encuentro nada. – Dijo rebuscando ahora en las baldas superiores de la cocina, más a tientas que otra cosa.

Tocó un par de paquetes y los fue bajando para ver que eran sin encontrar la harina por ninguna parte. - ¿Ves la harina por alguna par… - Pero dejó la frase sin acabar, pues acababa de encontrar la harina. O más bien, la harina lo acababa de encontrar a él al coger uno de los paquetes y abrirse este por su parte inferior, cubriendo su cabello y parte de los hombros de blanco. – Vale, ya la he encontrado.
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Invitado el Dom Mar 29, 2015 8:23 pm

Ella no creía que era cosa solo de Slytherin pensamientos así. Porque si existiera una Casa malvada o con tendencias negativas, sería mucho más fácil poner en sobre aviso a toda la comunidad mágica para que vigilaran a todo aquel que había sido seleccionado como Slytherin. Porque eso significaría que eran elitistas, aprovechados, crueles, soberbios, puristas y quién sabe qué más cosas. Pero mejor no decir que ella misma conocía miembros de otras Casas que apoyaban la idea de que se debía mantener la pureza de sangre y apartarse de los mestizos e hijos de muggles, contando entre ellos a Hufflepuff, porque no significaba que fuesen santos o buenos solo por ser leales. En realidad, las más grandes dictaduras se conseguían justamente con ese poder de lealtad y no en los grupos inferiores sino en los puestos más altos- Un apellido, posición social, hasta tu Casa, lo que sea… Simplemente son impulsos para llegar alto. Pero de la misma manera que una hija de muggles puede ser Premio Anual, un Slytherin de renombrado apellido puede terminar siendo un conserje. Ni todo el impulso del mundo puede salvar a los cortos de luces o completamente inútiles que no saben hacer nada por su cuenta –bien decía su madre que para saber mandar había que saber hacer. Sino ¿Cómo iba alguien a saber que le estaban estafando? Por suerte, conocía muchos Slytherin que brillaban por su intelecto y propias habilidades, no eran solo hijos de familias importantes, eran destacados por sí mismos.

Emma se encogió de hombros, metiendo las manos en su túnica- Soy una fuente de información andante. Personas, libros, entorno, sociedad, Historia. La información es poder. Pero a diferencia de los que aman tener su nariz metida en libros, a mí me gusta analizarla, sacar resultados. Eso es lo que me puso en Slytherin y no Ravenclaw, supongo. Soy objetiva y no nublo mi juicio con tonterías como riñas absurdas o tradiciones subjetivas. El día en que desees que te explique sobre cómo conseguir tu propia fortuna y usarla para distinguir a los interesados de tus más leales amigos, solo tienes que preguntarlo. –sonrió de lado, de manera casual, aunque suponía que eso no podía interesarle al chico. Black podía ser una compañía agradable y estaba realmente impresionada de eso, sin contar que lo había tomado como un reto personal en clases para vigilarlo, pero era interesante descubrir que entre bromas y chistes tenía conceptos sólidos de lo que estaba ocurriendo.

La idea de la motocicleta hizo brillar sus ojos. Solo las había visto algunas veces y en una ocasión se había apoyado contra una mientras un chico tocaba el violín en una calle de Londres, el verano pasado. Pero solo eso- En realidad eso es un nuevo reto, Black. Si es una moto, hay cosas mucho más divertidas por hacer con ella. Pero si la logras tener lista y aun tienes la idea en mente, podría salir con algo que sea emocionante para ella –obstáculos, una carrera nocturna- ¿Y cómo le están quitando lo muggle? ¿Va a lanzar fuego o la harán volar? ¿Invisibilidad? ¿Durabilidad? –había un mar de posibilidades… Aunque, parecía que Black estaba elevando sus puntos de carisma con esa motocicleta ¿Pero acaso intentaba ser imparable con las chicas? Pobres, pobres todas ellas- Debe ser tentador salir de aquí e ir a Londres, hay muchas cosas que quiero probar de esa ciudad y no he podido

Rodó los ojos por su egocentrismo ¿Existía alguna chica en el mundo que pudiese mantener a este chico relajado por más de dos segundos? ¿Alguna persona? ¿Podían hacerlo Potter, Pettigrew o Lupin?- ¿Acelerarse mi corazón? –soltó una carcajada y luego lo pensó bien y con total sinceridad lo miró a los ojos- En realidad si lo haces. Te puedo asegurar que es verdad. Cada que me haces reír siento que mi corazón se acelera. Así que en eso tienes razón –le dio ese beneficio, tal vez no fuese amor ni nada por el estilo, solo diversión y buena compañía. Obviamente que Black era atractivo, increíblemente atractivo, se había dado cuenta de eso desde que lo vio, aun recordaba que su mano había temblado tanto cuando él se sentó a su lado en clases que tuvo que apretar el puño para que su pluma no se cayera y no lo miró el resto de la clase. Pero con el tiempo se había acostumbrado al encanto de Black y ahora podía mirarlo y no caer en el mismo embrujo que otras chicas, ella encontraba mucho más interesante el ingenio del Gryffindor y su acelerada forma de ser - Tal vez no entiendo a las familias puras inglesas. Mi madre es alemana, es sangre nueva a las puras que hay aquí. Pero tenía entendido que mi padre iba a casarse con una Rosier, pero ha tenido preferencia por las extranjeras –se notaba ligeramente en su acento alemán, como iniciaba con cierta fuerza el principio de cada oración y la concluía de la misma manera ligeramente rotunda, como las “p” y “t” se atoraban un poco en su boca, solo un poco y el arrastre ligero de la “r”. Pero todo eso era casi imperceptible a menos que estuviese enojada, después de todo se había criado en Inglaterra- Su familia es guerrera, con corte marcial, militar. Ellos participaron, a su forma, en las Grandes Guerras –“von Bismarck”, hasta la rama muggle era conocida en Alemania por ser el pilar que preparó las dos Grandes Guerras y levantó a Alemania. El lado mágico también había aprovechado la guerra, por supuesto, habían visto el impacto del poder muggle y sacado provecho para sus fortunas, pero su madre se había separado de ellos. A su forma era pacífica, pero se unió a un hombre que también quería luchar sus guerras, de poder y reconocimiento, pero guerras a fin de cuentas- Ella nos educó para ser los mejores, allá en lo que queramos ¿No es lo que tú estás haciendo? Te esfuerzas por ser el mejor repudiado de los Black, el mejor de lo peor. Me parece admirable… intrigante, pero admirable. Supongo que no podría ser una Black –se encogió de hombros, no podría soportar la idea que su familia la limitara.

No veía a su hermano Mark siendo Slytherin, él había sido un buen Gryffindor, iba a ser medimago, no podía ver a su hermano Christopher como un Slytherin, él era un Ravenclaw que quería innovar en la alquimia, como Nicolas Flamel o ¿Carrie? Ella era una Gryffindor de médula, amante de la literatura muggle, si alguien la alejara de eso sería como cortar una parte de ella. La única deshonra que podrían traer a la familia sería ser mediocres, seres del montón, sin características únicas.

Pero prefirió no pensar en eso y concentrarse en la búsqueda de ingredientes o en los nuevos sabores. Como el que tenía en frente de ella. Ni siquiera dudó cuando tuvo el jarro en sus manos, mezcló el contenido ligeramente con una cuchara y bebió unos tragos, sintiendo las burbujas golpear su nariz. Al separarse, sonrió con agrado y se relamió los labios- Increíble –suspiró de puro gusto y agarrada de la jarra, bebió otro trago, mirando alrededor, buscando la harina- Claro, desconsiderados elfos que no ponen etiquetas para los invasores de su territorio –bebió otro trago, buscando por los cajones inferiores y sacando un bol, una batidora manual y un recipiente para hornear- En mi vida he hecho repostería, se hacer arroz, papas y freír cosas, salgo del paso para sobrevivir –lo que le hizo pensar que debía practicar sus habilidades, hasta que escuchó la voz de Sirius y eso le hizo regresar a ver.

Y no pudo evitar soltar una carcajada poderosa- Tienes un aire de Nick Casi Decapitado ¿Te lo habían dicho? –dijo entre risas, dejando su jarra y avanzando al chico completamente sucio. Emma se mordió el labio inferior y buscó hasta encontrar sirope de chocolate, con su dedo índice escribió en el pecho del chico “Sirius Black”- No quisiera confundirte con un postre y meterte al horno –bromeo, quitándole algo de harina de los hombros antes de apartarse por su propia seguridad- ¿Seguro que quieres cocinar? No se cómo vayas a terminar… Aunque me tienta decirte esto: Falta la mantequilla –la idea de ver a Sirius cubierto de mantequilla como un desastre andante era totalmente tentador.
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Invitado el Miér Abr 01, 2015 6:50 pm

Nunca había entendido que lo diferenciaba del resto de magos. Qué era lo que tenía su sangre que lo hacía, supuestamente, superior al resto de magos que poblaban el Mundo Mágico. Él se veía igual a ellos, siempre lo había hecho. Desde bien niño se consideraba igual al resto de niños que jugaban con pelotas y cuerdas por la calle, que corrían y que saltaban, que se caían y se levantaban. No veía diferencia alguna, y ahí había recaído su principal problema. ¿Un Black que se sentía a la altura de un muggle? ¿Qué no se sentía superior por la pureza de su sangre? ¿Qué su mayor prioridad no era mantener lejos a muggles y mestizos? Ahí empezaba todo y los años sólo habían alimentado esas diferencias. – Regulus Black, conserje de Hogwarts. Suena perfecto. – Bromeó con tono jovial pasando ligeramente del tema. Las conversaciones serias no eran su punto fuerte, pues ya conocía de sobra que la sangre no marcaba la diferencia entre las personas y jamás entendería a aquellas personas que insistían en creer lo contrario. La misma Lily Evans era una alumna modélica cuando apenas un par de años atrás no conocía la existencia de la magua fuera de la literatura o las películas. El mismo Remus tenía unas calificaciones envidiables cuando su madre era muggle y, a demás de todo aquello, su sangre podría ser una de las más sucias del colegio al tratarse de un licántropo. Y Slytherin, donde los nacidos de magos estaban por todas partes, no se consideraba precisamente por la inteligencia de sus integrantes salvo en contados miembros.

- No sirve de nada saber mucho si no le des utilidad. – Se encogió de hombros. Él no era de esas personas que aprendían por el mero hecho de superar un examen, sino por el de interesarse por algo que realmente despertaba su curiosidad, de ahí que sus resultados académicos en determinadas materias dejaran mucho que desear. – Me interesa más ver cómo las mujeres de Hogwarts forman ideas sobre mí. Es bueno saber que incluso en Slytherin tengo mis propias fans, además de tenerte a ti, claro. – Dijo con cierto desdén, pues ni mucho menos consideraba que la chica pasase horas anotando en sus pergaminos su nombre al lado de grandes corazones y con una sonrisa risueña ocupando su rostro. Pero las descerebradas de sus compañeras, quizá sí. Y Sirius no se caracterizaba por dejar de lado a ninguna mujer, bien lo decía el propio Remus, y si Remus decía algo, razón no le podía faltar, ni mucho menos.


No hacía demasiado tiempo que había conseguido hacerse con una moto y cuando el tiempo lo propiciaba, James y él se dedicaban a probar en ella nuevos cambios que a vista de muchos no serían los acertados debido a la peligrosidad que conllevaban. – Si ya era irresistible, saber que tengo una moto me hace incluso más sexy, lo sé. - ¿Egocéntrico? Como ninguno. – Lo muggle sigue ahí, tiene que parecerlo si no quiero que mis padres comiencen a sentirse orgullosos de mí. – Sus padres sabían de sobra que el mayor de sus hijos se había hecho con una moto y lo odiaban un poco más si era posible por ello. Un objeto tan muggle siendo de la devoción de uno de sus hijos, toda una vergüenza para los Black. Una vergüenza más, si era posible avergonzarse más de Sirius. Si por un casual descubrían que estaba haciendo que dejase de ser un objeto muggle podrían apoyarlo… No podía permitirse ser el orgullo de su familia. Ni pensarlo. – Todo eso y además tendrá alas con escamas de dragón y todo. – Su voz sonaba como si incluso se creyese lo que estaba diciendo, pero no tardó en arreglarlo. – Por ahora sólo intentamos que vuele. Intentamos, recuerda esa palabra, porque por ahora sólo hemos conseguido que se levante un par de centímetros del suelo y en menos de un minuto ya está otra vez en él. – No, sin Remus la magia parecía no dar mucho de sí y más teniendo en cuenta que James y él se distraían con la primera piedra que veían en el camino.

- Tu padre hizo bien en buscar el amor lejos de Inglaterra, aunque si tu madre fuese una Rosier creo que seríamos primos por alguna parte. Estoy por jurar que mi tía tiene ese apellido por alguna parte. – Se rascó la cabeza como si de esa manera sus pensamientos se reordenasen y se le aclararan las ideas. Pero no, nada de eso sucedió. Simplemente echó la vista atrás sobre su propio árbol genealógico, en el que había tantos apellidos que era difícil recordarlos todos.

Admiraba que muchas personas hubiesen recibido una educación previa a Hogwarts, pues la suya se había basado en “cien métodos infalibles para torturar a un nacido de muggles”, “cómo humillar física y psicológicamente a los mestizos” o “clases avanzadas de sermones de madre”. Lo cierto es que siempre había visto su infancia como algo para dejar en el olvido, y lo único que hablaba de ello era a modo de broma. – Y lo estoy consiguiendo. Iba a decir que seré el primer Black en ser repudiado por su propia familia y tachado del árbol genealógico, pero en cuanto mi prima se casó con un sangre sucia y tuvieron  a su primer hijo se me adelantó en mi misión. – Fingió estar algo decepcionado por no haber conseguido haber sido borrado del árbol antes, pero admiraba a Andromeda más que a ninguno de los miembros de su familia. Realmente sentía devoción hacia ella, y era a la única familiar que realmente apreciaba en su familia.

La cocina resultó estar más desorganizada incluso de lo que Sirius pensaba. Él era desordenado, pero vivía en su propio desorden ordenado donde sabía dónde resultaba estar cada cosa, por muy desordenada que estuviese. – A no ser que cambies el azúcar por la sal no suele salir mal. Bueno, o sí dejas el horno demasiado tiempo encendido, que la comida quemada a mí no me acaba de convencer. – Más de una vez casi había prendido fuego a su casa, pero claro, eso también tenía que ver con que ese horno no lo usaba nadie, ya que quien cocinaba era el elfo doméstico y Sirius ni quería pensar cómo hacía la comida.

La harina hizo acto de presencia cayendo de lleno sobre su cabeza y el castaño se limitó a limpiarse el cabello con ambas manos hasta que Emma hizo la gracia. Sonrió de medio lado ante su comentario y antes de poder contestar ya se encontró con el sirope de chocolate en su pecho. – Que graciosa eres tú, ¿No? – Preguntó retóricamente antes de volver a sacudirse, pero esta vez sobre ella, haciendo que parte de la harina dejase su pelo para caer en el de la chica. – Pues busca tú la mantequilla, yo estoy ocupado siendo Nick Casi Decapitado. – Afirmó mientras se quitaba la túnica con el emblema de Gryffindor ahora cubierta por harina y chocolate.

Cogió un par de huevos y se dispuso a batirlos en un bol, pero no lo hizo. Sino que estalló uno en la frente de la chica y el otro en la parte de la coronilla. – Ahora ambos somos pasteles. – Se encogió de hombros y se alejó para, ahora sí, dedicarse a partir la calabaza para poder comenzar con todo aquello.
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Invitado el Miér Abr 01, 2015 8:50 pm

Emma no era fanática de los muggles. Le despertaban curiosidad, como cualquier criatura y ser diferente, eso lo había heredado de su padre. Pero su madre se había encargado de meterle una buena advertencia sobre lo peligrosos que eran los muggles y letales que podían ser contra la magia. Según su madre, la razón por la que el Mundo Mágico permanecía oculto se había transformado en un método de conservación. Los muggles eran destructivos, letales, experimentaban, eran peligrosos. Claro que Emma creía que exagerada y que los magos también podían ser destructivos, letales y peligrosos. Aun así, ella había tenido una buena educación, una con la intención de aprovechar oportunidades, de saber que una buena relación podía traer beneficios a futuro. Claro que eso Emma no lo tenía tan en claro, ella creía que su educación alemana no era por snob, sino por normas de correcto comportamiento. Eso había hecho que sin darse cuenta se reevaluara esos límites sobre qué amigos tener o con quién entablar conversación. Aun así,  esa idea apenas se estaba formando en su mente y aun no estaba segura de a quien confiársela, porque sabía que era algo muy serio para una Slytherin el tener que juntarse con los de su Casa y tipo de sangre. Por eso, en parte veía la razón por la que Regulus actuaba como actuaba, pero admiraba más el cómo era Sirius, plantándose con un valor que ella aspiraba a tener.
- ¿Por qué no le piden ayuda al profesor de Estudios Muggles? No solo le gustan las cosas muggles… parece saber cómo funcionan –porque Emma había visto fans de las cosas muggles, que actuaban como si en su vida hubiesen visto un automóvil o las revistas muggles fuesen en otro idioma que debían descifrar. Solo fanáticos que no entendían mucho. Pero ese profesor parecía saber de qué hablaba. La Slytherin lo pensó un poco, escuchando los problemas que tenían con la moto. Obviamente ella no sabía nada de eso pero era buena encontrando soluciones- Además… si le piden ayuda, podrían traerla acá, trabajarla aquí, más rápido y siendo un proyecto con asesoramiento de un profesor, estoy segura que Lupin les ayudaría. Porque apuesto mi insignia de prefecta que él no tiene ni idea de la moto y por eso no han podido solucionar su problema. Pero si el profesor les ayuda, aun como un “secreto”, sería fácil convencer a Lupin. Por eso los profesores lo adoran –ofreció. No solo buscaba ayudar a Sirius, la idea de ver la moto ¡De subir a ella! Era demasiado tentadora, tal vez por eso su cerebro estaba buscando las mejores opciones para que la pequeña travesura de Sirius y James saliera pronto a flote.
Emma sintió escalofríos ante la idea de ser prima del Gryffindor, se le hacía… raro- Mi padre se casó dos veces, las dos extranjeras. Creo que él temía enterarse en un punto que su esposa era su sobrina lejana o algo así. –o eso decía su madre cuando se hablaban de los árboles genealógicos- Tendrás que superar a tu prima, no debería ser difícil para ti. No se… conviértete en Auror… o… –sonrió- ¿Qué tal obtener un empleo muggle? Que te haga servir a otros muggles. Mesero, voluntario… en algo bueno, donde ayudas muggles y ni siquiera te pagan. Eso los enojaría. Ve acumulando puntos. Yo, en tu lugar, escribiría un libro “Mi infancia entre puristas” y ventilaría sus secretos, lucrándome en el proceso. Eso debe ganarle a un bebe mestizo ¿No? –siempre que decía mestizo sentía que hablaba de algo así como un medio vampiro o medio troll- Aunque tu prima si tuvo valor… –abrió los ojos, sorprendida, al darse cuenta de lo que todo eso significaba- Si era Black era Slytherin ¿Eso hizo… una Slytherin? ¿Me la presentas? –se le escapó, con ligera emoción y desvió la mirada, riendo como si fuese una broma. Aunque no lo era, Emma estaba desesperada por conocer otros Slytherins que en lugar de seguir el camino de Salazar o del Señor Oscuro, habían sido buenos, habían sido valientes, forjando su historia, como Merlín.
La chica ahogó un grito cuando la harina cayó sobre ella ¡No! Ella tenía ronda más tarde, no podía ir con el resto de prefectos luciendo como un fantasma, iba a ser obvio dónde se había metido ¡Maldito Sirius Black! ¡Maldita sea! Bien, debía enfocarse, no podía dejarse llevar ¿Soluciones? ¿Alguna…? Bien… Solo debía salir de ahí a tiempo para darse un baño rápido y cambiarse ¿Por qué no le extrañaba que Sirius le hiciera la vida un poco más complicada, ligeramente más divertida con su presencia?- Tengo tantas ganas de acusarte con tu señor marido cuando lo vea para las rondas… No tienes idea cómo espero que Lupin esconda sus tareas por un mes para que no se las puedas copiar –se sacudió la harina y se dispuso a buscar la mantequilla cuando un doble “Crack” sonó contra su cuerpo.
Oh…
¡Maldito Sirius Black!
Emma tuvo que cerrar los ojos a tiempo, mientras el líquido frío y viscoso baja por su cara y cabello hasta tocar su cuello, dándole escalofríos- Hijo de… –se mordió el labio inferior, caminando a tientas hasta el lavavajilla, se lavó la cara y cabello con agua helada mientras murmuraba insultos en un florido alemán que podría sonrojar a cualquier dama…. Que supiera alemán.
Emma fulminó con la mirada a Black, apretando su cabello para que no goteara mientras este se le rizaba ligeramente en las puntas por la humedad. No le prestó mucha atención a eso y terminó imitando al chico, quitándose la túnica- Creo que la peor parte es que no es la primera vez que me revientan huevos encima… Ni siquiera eres el primer Gryffindor… –ese era el problema de ser la menor de cuatro hermanos, dos de ellos en la Casa de los leones. Al final las bromas caían más sobre ella. La Slytherin levantó las manos en señal de tregua pero con una sonrisa ladeada en su rostro que parecía ocultar algo- Por el bien del pastel, hasta que esté listo, no volvamos esto una guerra de ingredientes. –propuso. Regresó a ver alrededor y encontró la mantequilla justo a un lado del grifo ¡Casi se había lavado las manos con eso! ¿Quién ponía la mantequilla en donde iba el jabón? Emma acercó su nariz y olió. Si, mantequilla… ¿Quién demonios ponía su mantequilla junto al lavavajillas? Agh…
- La encontré… –y de un salto se subió al mesón, junto a los ingredientes y utensilios, los miró como si fuesen instrumentos alienígenas, intentando recordar cómo su madre cocinaba aunque a duras penas tenía sentido de esas cosas- Dado que eres el fuerte y varonil aquí, Nick Casi Decapitado ¿Qué tal si abres la calabaza y sacas lo de adentro para el pastel? Pero intente no comértela.
Emma frunció el ceño y apartó uno de sus mechones húmedos que cayó sobre su rostro, sintiendo su ropa ligeramente húmeda en la espalda por culpa de su cabello- Veamos… –tomó el bol en su regazo, puso dos tazas de harina, una de leche y un par de huevos… luego regresó a ver al chico, francamente a la deriva con lo que hacía- Esto es demasiado bizarro… –mezcló media taza de azúcar y comenzó a batir a mano, con un movimiento rápido y circular de la muñeca, sintiendo como la masa comenzaba a tomar forma, algo grumosa, pero mirándola como si en cualquier momento pudiese tomar vida y lanzarse contra su cara- Si esto sale bien, podrás agregar a tu lista de encantos la repostería… Y yo borrar de mi memoria que me estás enseñando a hacer un pastel –todo eso era extraño, solo faltaba que los elfos entraran y comenzaran a cantar. Así de fuera lugar se sentía. Emma se mordió el labio inferior cuando el aroma de la calabaza llegó a sus sentidos- ¿Has probado el biscocho de manzana y vino? Es delicioso… ¿Crees que le quedaría bien a esto ponerle algún licor dulce? Como… crema de arándano
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Invitado el Jue Abr 02, 2015 1:49 pm

No sólo era un egocéntrico, sino que era un cabezota. Pedir ayuda a alguien era demostrar que no era capaz de lograrlo por sí mismo, una señal clara de debilidad que sus genes de Black hacían que le costase admitir como válida. No le gustaba pedir ayuda, ni si quiera al propio Remus con las tareas, por lo que tendí a, directamente, copiárselas cuando no estaba presente, aunque fuese perfectamente consciente que el chico se enteraría. – No creo que sea muy buena idea. Seguramente le diga a William que nos ayude, pero traerlo a Hogwarts… Creo que acabaría metido en algún problema por nuestra culpa y aunque adoro los problemas, prefiero no meter en ellos a gente que no me cae del todo mal. – Admitió como si el trato con aquel profesor fuese de lo más normal. Lo cierto es que era con el profesor que más confianza tenía, y se veía capaz de preguntarle sobre la moto, incluso lo haría la próxima vez que se viesen. Pero sabía que ayudar a un alumno a modificar una motocicleta muggle y que este fuese a usarla aún con el peligro para su seguridad y para la propia comunidad mágica que conllevaba consigo, no era una buena idea. Dumbledore no dudaba a la hora de perdonar cualquier cosa, pero no quería poner al profesor en un apuro.  

No conoces lo suficiente a Lupin. Si cree que algo no está bien no nos ayudará y se dedicará a mirarnos mientras nos juzga por ser tan desconsiderados y malas personas. – Algo que hacía mucho. Remus siempre intentaba impedir que sus amigos se metiesen en problemas, pero rara vez lo lograba; y tras no lograrlo, no intentaba que saliesen limpios del asunto, sino que los observaba desde la lejanía, juzgando cada uno de sus actos.

Desde los famosos veintiocho apellidos de familias puras del mundo mágico en aquella zona del mundo habían pasado años y años, lo que hacía que aquellos veintiocho estuviesen más que mezclados entre sí, haciendo que cualquier hijo nacido de aquellos famosos veintiocho tuviese la misma sangre que cualquier otro primo lejano. Parecía que todos estaban estrechamente relacionados aún sin darse cuenta, incluso James y Sirius tenían cierta relación consanguínea, pues se habían encargado de buscarlo para presumir de ser familia. – Aquí todos son familia. Hasta mis padres son primos, creo que por eso mi hermano salió medio tonto. – Siempre usaba aquella interjección como excusa para cualquier cosa. Que suspendía un examen, era porque sus padres eran primos; que se olvidaba que Remus se transformaba en lobo aquella noche, era porque sus padres eran primos. Todo valía, jamás era su culpa. – Mi infancia entre puristas. – No pudo evitar soltar una sonora carcajada. – Te nombraría en los agradecimientos “A mi querida amiga Emma, la única Slytherin sangre limpia merecedora de mi simpatía selectiva y la persona que me animó a escribir esto.” – Era capaz de hacerlo, sino fuese tan sumamente vago, incluso se pensaría hacerlo realmente.

- Claro, seguro que te caería genial. Es mi único familiar que no está loco. – Dijo el chico emocionado. Adoraba a Andromeda, era la única persona que le hacía pensar que las personas podían cambiar, aunque ella jamás había sido como el resto de su familia. Sí, había sido Slytherin y había pasado sus años en Hogwarts entre puristas, pero abandonó esas estúpidas creencias cuando se enamoró. Era muy tópico, pero al menos, había cambiado y visto que no importaba la procedencia de las personas. – Antes era la típica Slytherin. No quiero decir que tú seas típica, claro. Tú hablas conmigo aunque soy un traidor de sangre, vamos. – Sonrió de lado. – Pero ella ni eso, era el prototipo de Slytherin purista que no se acercaba a un mestizo si quiera y con los años se dio cuenta de que las cosas no son blancas o negras, sino que hay una gran variedad de grises. – Se encogió de hombros. Andromeda siempre había sido particular, pero desde que había conocido a Ted, parecía que había vuelto a ser la niña pequeña con la que jugaba cuando eran críos.

Aún escuchaba la voz de su amiga de fondo sin importarle lo más mínimo lo que estaba diciendo. Estaba demasiado pendiente de su venganza cogiendo dos de los huevos con los que pensaba hacer el pastel, pero ahora lo que pensaba era en estamparlos en la cabeza de la chica. Y eso fue lo que hizo, volviendo tranquilamente a lo suyo cuando la voz de la chica se convirtió en una oleada de palabras que no entendía en absoluto. Suponía que a su madre deberían estarle pitando los oídos en aquel momento de tantos insultos referentes a su persona, o que el mismísimo diablo se estaría traumatizando al escuchar tanta palabra salir de la boca de la rubia. Pero como Sirius no entendía prácticamente nada de alemán, se limitó a seguir a lo suyo como si aquello simplemente fuese el ruido de la calle. - ¿No he sido el primero? Que decepción. – Dijo alejándose ligeramente por si acababa con otro huevo roto. Y no precisamente de la cocina.

Por suerte Emma llegó en son de paz, así que Sirius se limitó a asentir, dando por válida la tregua. – Sé que soy todo un macho, pero mejor la meto en el horno antes ni no quieres comerte esto más que crudo. – Afirmó el chico dejando de mirar la calabaza como si fuese un juguete o un objeto digno de estudio. Lo metió en el horno y lo puso a algo menos de 200º. – Ahora a esperar, que esto en menos de media hora no se hace. – Dijo sentándose en la encimera mientras veía cómo la chica seguía con los ingredientes.

- La verdad es que no, te parecerá sorprendente pero eso del alcohol en cualquier sitio no me gusta. – Si, parecía que todos los alumnos de Hogwarts adoraban emborracharse y echar alcohol hasta donde se evaporaba y no servía de nada, pero Sirius no. – Ni si quiera en la comida, me sabe rara. No está mala, pero es raro. – Dijo entre risas mientras metía el dedo en el azúcar y se lo llevaba a la boca. – Si quieres echarle algo haz la prueba. El que encuentres algo por esta cocina de elfos desordenados y tan poco amables con los seres humanos ya es otra misión.
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Invitado el Sáb Abr 04, 2015 3:59 am

Emma se encogió de hombros. En realidad no estaba segura sobre qué opinar del profesor de Estudios Muggles, parecía alguien que sabía de lo que hablaba, así que lo respetaba por eso. Pero también actuaba con mucha confianza y de manera muy relajada. Tal vez porque era estadounidense o quién sabía el motivo. Pero Sirius había señalado un excelente punto en ese momento. No importaba lo que Emma pensara sobre el profesor, no creía que este fuese a romper las reglas para ayudar al chico. No importaba que fuese sobre una cosa muggle que seguramente encontraría emocionante. Aunque notó como Sirius llamó por su primer nombre al profesor, tal vez se llevaban bien. La Slytherin esperaba que sí, sería genial ver a esa moto volar, toda ayuda serviría. Pero no se ofrecía a la tarea, no sabía de esos temas.

…no actuaba como una buena prefecta al pensar esas cosas.

Le costó creer que Remus fuese así ¿No era amigo de James Potter y Sirius Black? ¿No debía, por ende, apoyar o encontrar divertido alguna cosa que hicieran ellos? ¿Aunque sea alguna? Tal vez era el freno para esos dos, todo el mundo tenía uno. Hasta ella misma tenía alguien que evitaba que aceptara cualquier apuesta que pudiese peligrar su vida simplemente por la adicción a la adrenalina. Aunque las veces que habían hablado con Remus, sea por rondas, en la biblioteca o por alguna clase, no le había parecido alguien tan regañador- Todos estos años como su amigo ¿Y no han logrado animar un poco a Lupin a romper las reglas? Porque conmigo es gracioso y sociable. Le he contado de algunas cosas que he hecho o quisiera hacer y no me ha visto mal, a pesar que algunas van contra las reglas, solo ha bromeado con bajarme puntos. Supongo que con ustedes es diferente, es más él mismo. –se encogió de hombros- Aunque… tal vez le hace falta divertirse con algo que no sea una pícara travesura de las suyas. Les… podría recomendar un lugar que conozco… –se mordió el labio inferior, dudando- Es un bar, algo de jóvenes… no exactamente para bailar y eso. Lo armaron unos exs alumnos, creo, es algo oculto. Tal vez no sea del gusto de Potter y tuyo –porque por alguna razón se los imaginaba más bulliciosos y animados que las personas que conocía Emma en ese bar, donde había sillones bajos y mesas casi al nivel del suelo, el lugar estaba rodeado de humo de pipas de varios sabores y la música se metía en la piel, era… íntimo y casi clandestino- Pero podría gustarle a Lupin. Tal vez necesita ligar y ahí es más íntimo para eso

La idea de estar familiarizada con medio alumnado le dio escalofríos. No quería pensar eso, pero si los Vanity eran ingleses, obviamente ya llevaban tiempo mezclándose a gusto y disgusto por generaciones. Ahí debía tener primos, tíos y todo eso de tercer, cuarto y quinto grado- Esto es oficial… si me obligan a casarme, exigiré que sea con un extranjero… Ya no confío ni en Alemania –negó. La chica se rio al escuchar el agradecimiento y sonrió- ¿Puedes esperar a que terminemos Hogwarts, no? A que yo esté instalada en otro país y no lleguen todas las familias purista que están emparentadas con tu familia, o sea, todos, a querer castigarme. Me gustaría pasar mis años de estudio divirtiéndome, no siendo castigada por tu agradecimiento. Pero… si llegaras a contratar alguien para que escriba el libro y se publica. Prometo leerlo. Te haría firmarlo –jugó, guiñándole el ojo.

Los azulados ojos de la chica se clavaron en Sirius mientras lo veía poner la calabaza en el horno y susurró más para si- No-tenía-idea –ella no hubiese hecho eso, para Emma era algo más simple, sacar lo de adentro y a la torta o cortar en pedazos y para la masa. Como se hacía con otras frutas. Le alegraba tener a Sirius enseñándole ese tipo de cosas, aun si había terminado medio empapada con el agua del grifo- Pero… ¿No se cocinaría la calabaza cuando ya esté en la torta y esta esté en el horno? -Emma se entretuvo mezclando bien los ingredientes y buscó equilibrar con leche hasta que pareció la masa tener una consistencia espesa, sin grupos pero movible. En realidad batir era un buen ejercicio para los bateadores, ayudaba en la muñeca. Lástima que ella fuese cazadora y ese ejercicio no le sirviera de mucho en ese momento, excepto cansarle la mano- En mi casa se cocinan muchas cosas con licor. En especial con cerveza común. El alcohol se va y solo queda el sabor –lo que le recordó… estiró su mano y agarró su cerveza y bebió un poco para refrescarse- Hay un licor de canela que mi madre usa en la tarta de manzana que es delicioso –se encogió de hombros y dejó el cuenco a un costado para que la masa reposara- Pero son gustos y lo respeto. –por lo menos en Hogwarts, si estuviese en su casa estaría metiéndole algunas cosas más a la tarta. Pero era educación básica respetar los gustos de otros, más si iban a compartir ese algo juntos.

- Además, no sabría cuánto agregarle, no es la misma medida que con carnes –apoyó sus manos atrás de su espalda, sobre el mesón y dejó caer su cabeza hasta mirar el techo, suspirando- Mejor probemos cómo queda. Además, prefiero estar preparada cuando entren los elfos. Tal vez deberíamos hacer una trinchera con los sacos de papas y lanzarles con todo hasta que el postre esté listo. Después de todo esto ¿Y no probar nuestra creación? Sacrilegio. Más aun considerando que hay cerveza de mantequilla –giró el rostro hacia la dirección del chico, levantando su jarra y dando otro sorbo justo antes de entreabrir los ojos, pues estaba muy relajada ahí, en esa calma tan curiosa- ¿Alguna vez has querido entrar al baño de prefectos? –porque eso si sabía, Lupin le había dicho que ni a Potter ni a Black les había dado la contraseña ni una sola vez, era casi como su forma de “vengarse” de sus amigos. Así que fue inevitable preguntar- Imagino que Lupin te ha contado todo sobre ese lugar ¿No? –susurró, con una sonrisa ladeada.
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