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Caída pero no desastre (Sirius Black)

Invitado el Lun Mar 23, 2015 5:07 am

Recuerdo del primer mensaje :

Después de clases se había distraído terriblemente en los jardines. Bueno... en realidad no se había distraído, se había subido a una rama alta y se había entretenido leyendo un viejo libro que había encontrado. Pero para su mala suerte, esa distracción, con el clima que hacía, le había producido sueño. Y sin lugar a dudas había terminado profundamente dormida, el libro se había caído y ella casi se había ido al suelo. Por suerte, su cuerpo se había despertado a tiempo, junto con la brisa fría que pudo haberla enfermado. El atardecer se acercaba y ella se bajó rápidamente. Pero el frío se había metido en sus huesos y suspiró resignada por ello.

No había otra solución.

Antes de que tuviese su ronda, debía darse un baño caliente. Para levantarse el ánimo, fue en camino al Baño de los Prefectos, pensando en que un profundo baño perfumado, entre lirios y pino le vendría bien. Tal vez la mente de Emma iba demasiado distraída o ella misma no notó que por estar tan dormida su túnica estaba mal puesta. No supo con seguridad que fue, pero cuando llegó al quinto piso, justo en ese momento, la escalera se movió para alejarla de su objetivo y su pie pisó su túnica al mismo tiempo. El resultado fue que su libro salió volando hacia atrás (por segunda vez en el día), escaleras abajo y ella misma cayó sentada, dándole la espalda a las escaleras, mientras se deslizaba por ellas medio piso abajo. Cuando la traviesa escalera se detuvo, ella se sintió mareada y francamente frustrada. Un ligero insulto en alemán escapó de su boca y golpeó con su mano la baranda de la escalera. Algo torpe, Emma se arregló el cabello rubio y se levantó, sintiendo su trasero dolorido y el codo derecho raspado por la caída.

- Genial... luzco como una niña... -murmuró para si con su ligero acento alemán, mirando hacia atrás para encontrar su libro.

Por lo menos no había caído hasta el piso de abajo. Por lo menos seguía de una pieza. Por lo menos... No, no había mucho que agradecer en ese momento.


Última edición por Emma Vanity el Miér Mar 25, 2015 6:46 pm, editado 1 vez
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Invitado el Dom Abr 05, 2015 12:04 am

Eran las peores influencias que podían actuar sobre una sola persona y aunque, contrariamente, Remus fuese la mejor influencia que podría actuar sobre James y Sirius, no conseguía ser suficiente. Remus era el pepito grillo de ambos, su conciencia, por llamarlo de algún modo. La voz de la cordura que les pedía a gritos que se comportaran como era conveniente aunque en muchos casos no le hiciesen caso alguno. Era el pilar que de algún modo lograba unirlos con respecto al resto del mundo, pues sin él podrían estar perdidos en un mar de problemas. Lo que no quitaba que en más de una ocasión la responsabilidad callase y se dejase mal influenciar por las palabras y actos de sus amigos. Y es que así solían acabar las cosas. – Claro que lo hemos animado, pero tú eres prefecta, si te dijera que Remus se deja mal influenciar por nosotros con facilidad le perderías el respeto que aún le tienes. Que no sé cómo le tienes respeto, pero oye, cada uno es cada uno. – Dijo con tono bromista. Remus no era la persona más animada del mundo, pero tampoco era una estatua de piedra. -  Hay dos opciones con él. Siempre intenta que no nos metamos en líos pero somos dos contra uno, así que siempre tiene las de perder. La primera opción es que nos mire mal y se ponga a estudiar, pero tampoco nos frena. Y la segunda es que se una a nosotros, la cual es mi favorita. – Por muy diferentes que pudieran llegar a ser, Sirius lo consideraba un hermano. Sirius consideraba a sus tres amigos como su propia familia, como aquella que había podido elegir y a la que no había tenido la desgracia de ser asignado por razones genéticas. Tenía más en común con cualquiera de aquellos tres que con todo su árbol genealógico junto.

- Entonces… - Según las palabras de la chica, Sirius ya se había encargado de formar su propia conclusión al margen de la realidad. – Eso es que tú también piensas que Remus necesita urgentemente encontrar una novia. – La sonrisa no se borraba de su rostro, pues si ya de por sí adoraba sonreír, hablar de meter en problemas a los demás o bromear sobre ellos le hacía sonreír incluso más. – Es demasiado serio, ¿No? Yo creo que a las mujeres eso les echa para atrás. Debería ser más abierto, soltarse, yo creo que es demasiado tímido para los demás. Con nosotros no es así, pero claro, crear una imagen hacia el resto del mundo que no es acertada. Debería transmitir más seguridad… - Divagó mientras pensaba qué podría cambiar de Remus para que encontrase una novia. - ¿Tú le ves con alguien en particular? Haría el esfuerzo de tacharla de mi lista de conquistas para presentársela a Remus, mira que buen amigo soy.

Todo el mundo resultaba estar emparentado si era sangre pura, pues al final eran los hijos de muggles los que saldrían menos retrasados al no tener mezclas de sangre entre sus propios familiares. – Casarse está sobrevalorado. ¿Aún no has pensado que con todos esos chicos con los que has estado puedes haber compartido más que saliva? Me apuesto diez galeones a que más de uno tenía algún tipo de relación sanguínea contigo. – Dijo con tono divertido. Bueno, ni que a él no le hubiese pasado lo mismo. Aunque claro, ambos estaban igualados. Emma por tener antepasados en otro país y él por no hacer feos a las nacidas de muggles por el miedo a lo que dirían los de su casa, más bien, porque adoraba dar que hablar en su familia. En más de una ocasión se había planteado mandarle cartas a su madre contándole con quién estaba en cada momento para provocarle un infarto por no tener un linaje mágico a sus espaldas, aunque había pensado que, teniendo en cuenta el historial clínico mental que tenías su madre, era posible que matase  a las familias de aquellas chicas. Por lo que descartó la idea.

- Te encontrarían en cualquier lugar del mundo y te arrancarían la piel a tiras por hacer que el peor de los Black sacase a la luz los trapos sucios de las familias de sangre limpia con mejor reputación del mundo mágico. Serías una vergüenza para todos y harían lo posible por encontrarte, acabando contigo y todo el que tenga relación contigo. – Dijo con una sonrisa radiante, tomándose con total sentido del humor aquella conversación y lo que suponía para ambos.

El horno comenzó a calentarse con la calabaza en su interior para poder seguir haciendo el pastel – Luego hay que meterlo otra vez cuando ya esté hecho. La primera vez que intenté hacer esto no seguí las instrucciones que me dieron diciendo que era absurdo hornear antes y después y el resultado fue… - Puso una mueca de asco. No es que estuviese malo, es que la pasta había quedado medio cruda y sabía muy extraño, especialmente la textura. – Especial. – Sentenció, por decirlo de algún modo. – Eres alemana, los alemanes tenéis fama de beber mucho y comer salchichas. Bueno, y de matar judíos, pero Hitler era austriaco, así que eso es confuso. – No atendía nada en clase, pero enterarse de la historia del mundo muggle para molestar a su familia era algo que sí que hacía. – Lo único que me gusta cocinado con alcohol es el pollo con cerveza. – Afirmó cogiendo su jarra y dándole un sorbo con el que casi acaba con el contenido de esta. – Todo es probarlo. – No es que en casa tuviese gente que cocinase comida decente, no tenía mucho donde opinar.

- Siempre podemos hacer otro mañana y ponerle lo que quieras. O cualquier otro día, y si no sabemos cómo sabrá, le obligamos a un niño de primero a probarlo a cambio de un par de puntos para su casa, que son muy ingenuos. – Dijo a modo de broma mientras miraba el horno como si de una televisión muggle se tratase y aquello fuese la película del año.

Puso una mueca de dolor en el rostro cuando habló del baño de los prefectos, aquel preciado lugar con el que sobornaba a Remus para poder entrar pero jamás lo había conseguido. – Nunca me mencionó nada. – Dijo de manera indiferente. – Pero tú… Tú podrías dejarme entrar, te aseguro que no haré nada malo. – Afirmó con una sonrisa infantil, como si de un niño que no ha roto un plato en su vida se tratara. – Sabes lo mucho que me gusta conocer los secretos de Hogwarts y sería toda una decepción irme de Hogwarts sin haber logrado entrar a una simple habitación…

En aquel momento una de las puertas internas de la habitación sonó, como si una cerradura se estuviese abriendo o un pestillo. Sirius cogió su jarra de cerveza y tiró de Emma, haciendo que ambos acabasen agachados por debajo de uno de los muebles cercanos al horno. - ¿Crees que comen carne humana? ¿Y qué nos mataran cuando nos descubran? – Preguntó de manera dramática antes de darle un trago a la cerveza, demostrando que realmente no estaba nada preocupado. La dejó en un lado del suelo y comenzó a andar de cuclillas para ver quién o qué había entrado, aunque estaba claro de qué se trataba.
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Invitado el Dom Abr 05, 2015 6:13 am

Emma se preguntó lo mismo ¿Por qué le tenía respeto a Lupin? Tal vez porque se veía tan cansado y agotado a veces, que daba la impresión que se estaba esforzando en gran medida por su futuro, no solo por calificaciones. Y tal vez era el único que tenía en claro algo de su vida, bueno o malo. O simplemente era por ser prefecto. También a Evans le tenía respeto, aunque no pudiese decirlo en voz alta, como si vivieran en una sociedad de castas. Una sonrisa se formó en los labios femeninos cuando notó la manera en que el chico hablaba de su amigo. Aun cuando bromeaba a su costa constantemente y hasta jugaba un poco con él, se notaba que Sirius tenía un gran afecto por esos amigos que tenía. Ella podía apostar que si alguien le preguntaba a Sirius Black quienes eran su familia, sus mejores amigos, él no dudaría y tal vez la respuesta se repetiría en ambos campos. Algo que ella no tenía, ni siquiera podía asegurar de por sí, si tenía un mejor amigo o amiga. Al final del día, Emma se había reservado de la gente, con un pequeño muro, tal vez porque estaba en Slytherin y era más difícil congeniar en ideas o mostrarse tal cual sin ser juzgada- Admiro que Lupin se mantenga en sus convicciones. Yo en su lugar ya me hubiese rendido a la diversión y travesura hace mucho…. Mucho tiempo. Él sigue intentándolo –y eso era bueno, habían características humanas fascinantes en otras Casas.

No sabía cómo se había metido en el mundo de “Conseguir una cita para Remus Lupin” pero curiosamente le parecía divertido. En realidad, sin borrar su sonrisa, llevó su mano a su mentón y acarició con su dedo índice su labio inferior, meditando- No novia. No aun. No puedes montar al chico en la escoba profesional sin iniciar con la de entrenamiento que asegura que no se rompa los huesos. Créeme, cuando quise aprender a volar mi padre me dio la escoba profesional y no quieres saber en cuantas partes se rompió mi fémur –negó- Necesitamos que se suelte. Porque por Merlín, yo sé que Lupin es agradable y simpático. Pero a fuerza de rondas y chocolates he llegado a algo que se podría decir congeniar. No es como si estuviese relajado todo el tiempo –miró el suelo un momento, buscando ideas- Hay que relajarlo ante la potencial presencia sexual femenina. Hay que presentarle alguien divertida, relajada que no esté al siguiente día esperando que sean novios o algo… Mira que lo que queremos es demostrarle que además de ver, puede tocar, no que salga espantado porque lo acose alguna enamoradiza de esas que hay... Además, Lupin es atractivo. Pero no tanto como tú, tú sigues siendo mi Gryffindor favorito. –bromeo, como siempre, sincera y objetiva. Emma era así, no le apenaba como a otras chicas el decir que alguien era atractivo. Claro, eso también era un lío cuando se lo decía a un profesor y este terminaba más incómodo que ella- Una chica que sea su escoba de entrenamiento… Una no muy usada, dispuesta y bonita que pueda gustarle. Tú sabes sobre él ¿Cómo le gustan las chicas? ¿O no hablan mucho de eso? –intentó pensar en chicas, en especial algunas que conociera y no fuesen a lanzarse sobre Remus a marcarlo como “Mi propiedad” por todos lados después de unos besos.

Y ahí estaba Sirius Black, dándole pesadillas por el resto de su vida- Primero: Créeme, si no quiero novio, menos quiero casarme. Pero eventualmente reglas son reglas y tendré que hacerlo. Tal vez decida seguir tu camino de rebeldía cuando esa hora llegue –negó con fuerza- Y mucho más importante… Gracias por arruinar mis próximas aventuras pasionales… Ahora me hará feo ver un sangre limpia… voy a enfocarme en lindos mestizos y traviesos hijos de muggles… –bromeó, aunque ya no podría ver un sangre limpia igual ¡Genial! Sirius había arruinado su vida escolar en una broma…

Por Merlín que era bueno molestando, alguien debía darle un premio…

Luego Emma lo golpearía con el premio.

Tal vez lo más patético de la declaración de Black era que… si tenía resistencia al alcohol y le encantaban los embutidos. No… solo faltaba que fuese buena con algún arma muggle y declararse la guerra a otro país. Aunque… los alemanes ahora se dedicaban a ayudar a otros países, hasta en el Mundo Mágico era así, voluntariados y demás, todo en pro de demostrar que ya no eran el país malo y tenebroso que habían sido ¿Haría lo mismo Inglaterra cuando vencieran a su Señor Tenebroso? ¿Se dedicarían a ayudar a otros?- No he matado a nadie… a ver si cuando lo haga resulta ser judío –se encogió de hombros, con una ligera expresión de surrealismo por ese comentario- El pollo con cerveza es delicioso… No me hagas extrañar la comida de mi casa. No cuando estamos haciendo un postre. –pidió, porque ya estaba con ganas de una buena jarra de cerveza de verdad, no la de mantequilla que era una golosina más bien y de la cual ya se había acabado sin darse cuenta.

Emma soltó una carcajada y negó ligeramente- Desde que soy prefecta he logrado que alumnos hasta de tercero hicieran cosas por puntos… necesito una moral que me recuerde que está mal hacer eso. Pero es demasiado divertido. Los beneficios de ser prefecta no acaban si sabes cómo usarlos –sonrió encantada, recordando la vez que había hecho a un niño cantar el himno de Hogwarts mientras bebía jugo de calabaza. Casi se había convertido en una pileta andante y todo eso solo por dos, supuestos, puntos. La Slytherin negó ligeramente, encogiéndose de hombros- Black… Black… Me encantaría mostrarte el baño de prefectos ¡En serio! Sería genial, hay unas burbujas que siempre digo “Estas le gustarían a Black”, pero Lupin y Evans nos tienen casi sobornados a todos los prefectos para no enseñarles a Potter y a ti esos baños. Ya te digo, muy serio el chico. Hay que relajarlo. Mira que ponerme a mí en una situación donde no puedo enseñarle el mejor lugar del castillo a mi Gryffindor favorito… Pero di mi palabra, no rompo apuestas ni juramentos. –sonrió, igualmente angelical a él- Aunque podría buscar la forma de librarme del juramento con Lupin….

Pero esta se borró de inmediato cuando Sirius la empujó al suelo con él. Desde su posición, buscó a los elfos y alcanzó a ver a cuatro de ellos, caminando por la cocina y ya rebuscando entre las cosas.

- El amo Dumbledore es bueno… Nos da caramelos…
- Hufflepuff es bueno… bueno…
-No como Slytherin ¡No!
-¡No! ¡Slytherin malo!
Más pasos y pareció que uno golpeó una de las bolsas de papas. Emma se asomó ligeramente y volvió a esconderse.
-Y esos traviesos de Gryffindor… ¡Traviesos! Siempre dejando desastre… ¿Quién limpia? ¿Quién?
-¡Nosotros! Malcriados… El amo Dumbledore les permite mucho ¡Mucho! Traviesos…

Emma observó a Sirius, muy de cerca y sonrió como niña- Tal vez con nosotros hagan una excepción y nos cocinen con el postre –jugó, levantando su mano lentamente y jalando consigo el recipiente de la mezcla. Después de tanto trabajo no iba a dejarlo ahí ¡Era suyo!- ¿Atacamos con nobleza o persuadimos con astucia, estimado caballero? –invitó, permitiéndole al Gryffindor escoger el camino de la aventura.
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Invitado el Lun Abr 06, 2015 4:22 pm

El primer día que pusieron un pie en Hogwarts no hubieran llegado a imaginar el ritmo que sus vidas acabarían tomando ni que aquellas personas que conocieron durante su primer año se convertirían en su verdadera familia. Y las familias no tienen siempre cosas buenas, sino que también pasan por malos momentos. En el caso de su amistad apenas había espacio para lo malo, pero sí para los problemas. Cada uno tenía una historia a su espalda, aunque la que más pesaba era la de Remus y el apoyo que tenían que darle. Seguramente esa historia a su espalda fuese la causante de haber determinado un carácter más serio que el del resto, que siempre intentaba aportar la cordura de la que carecían los demás. – Teniendo en cuenta que eres una Slytherin y que estás hablando con un Gryffindor traidor de sangre que todos los de tu casa parecen odiar sin que nadie nos vea, creo que ya te has rendido a la diversión y la travesura. Sabes que si nos vieran aquí tendríamos que inventar cualquier historia para justificar que estemos hablando o si quiera compartiendo oxígeno… Eso ya es una travesura dentro de lo posible. – Afirmó el chico convencido de lo que decía. A él tampoco le apasionaba que le descubrieran hablando tranquilamente con una sangre limpia. ¿Y si empezaban a pensar que era un buen Black? Menuda decepción sería para sí mismo, los últimos cinco años de faltas de respeto y bromas pesadas no hubiesen servido de nada. Ni los previos a estos dejando en evidencia a su familia en todo momento.

Imaginar una pareja para su amigo resultaba complicado, pues nada sería suficiente para él, no porque pidiese mucho, sino porque no se conformaba con cualquier cosa. Siempre vería defectos y se culparía a sí mismo por no estar cómodo con la relación. Lo más posible es que estuviese arrastrando una relación destinada al fracaso durante meses por no hacer daño a la pobre chica que andaría tras él y lo acosaría en todo momento. – No veo a Remus con un ligue. Es mucho más serio, no os ve como objetos con los que es divertido pasar el rato, es más… romántico. – No sabía si esa era la palabra adecuada, pero sí sabía que Remus no soportaba que sus amigos anduviesen por allí besuqueándose con unas y con otras sin hacer verdadero caso a ninguno. – No te digo que haya que encontrarle la mujer de su vida, pero creo que una novia destinada al fracaso le vendría bien. Que no tenga muchas luces tampoco, claro. – Cualquiera de las opciones le parecía mala para Remus, siempre pondría alguna queja ante cualquier chica. – Está claro, él tiene la inteligencia y yo todo lo demás. – Afirmó con un tono de superioridad tan suyo como de costumbre. No es que creyese que Remus no tenía nada más que inteligencia, sino que adoraba echarse flores a sí mismo.

- Le gustan… - Hizo una breve pausa para pensar. Nunca había hablado de ese detalle en concreto con Remus, básicamente porque le consideraba un ser asexual que no encontraría una mujer hasta los cuarenta. - ¿Qué más da? Supongo que le gustarán… No, no lo sé. – Con James era más fácil, era como decir que tipo de chica no le gustaba a James, pues todas eran válidas para el Gryffindor. – Podríamos organizarle algo en la biblioteca, es donde pasa más tiempo. Un choque repentino con una chica guapa, tímida pero interesante. De esas que valoran realmente lo que pone en los libros y aprender. Luego hablarían y Remus diría “oh, es una gran amiga” como siempre dice y ahí acabaría nuestro plan. – Sí, definitivamente se lo imaginaba así. Remus mandando a la friendzone a toda mujer desde tiempos inmemoriales.

Sirius siempre había considerado el humor como su mejor baza. Como el arma definitiva en todo momento. Si había un mal momento, se enfrentaba a él con humor. Si quería dejar a alguien en mal lugar, tan sólo debía usar el humor a su favor. Si simplemente necesitaba animar a alguien, ahí estaba el humor. Era su arma definitiva, la única necesaria en su vida, y en aquel momento la estaba usando en todos sus sentidos con Emma. – Otro día podemos hacer pollo. Teniendo en cuenta que vivimos en un castillo con elfos domésticos que cocinan todo lo que queramos para nosotros y que estamos aquí en la cocina haciéndonos nuestro propio postro me siento estafado. ¡Yo no pago la matrícula de este colegio para que no me alimenten! – Añadió con un tono dramático antes de volver a meter el dedo índice en el azúcar. Era una persona que se caracterizaba por lo dulce. Era dulce en sí, ¿No? Sí, el se consideraba una persona ciertamente dulce, y por tanto, debía tomar azúcar para mantener aquello. Eso y su nerviosismo natural y ganas de hablar en cualquier situación por mala que fuese.

- ¿Evans también? Y eso que va de buena… - Sabía de sobra que Remus rehusaba la idea de dejarle entrar al baño de los prefectos, bien porque cabía la opción de que lo destrozara o porque se llevara a cualquier mujer o mujeres a pasar un buen rato allí dentro, la cual resultaba ser su idea inicial para el uso del baño de prefectos. – Venga Emma, no me hagas esto. ¿Cómo vas a mantener tu palabra con esos dos a cambio de romperme a mí el corazón? ¿Dónde está esa humanidad tuya que te diferencia del resto de cafres de tu casa? – Mantuvo la voz de no haber roto un plato en su vida a juego con su cara, como si fuese posible que Sirius Black no tramase algo malo en cualquier momento de su vida. Los problemas parecían ser su segundo nombre, o más bien, su verdadero apellido que no se correspondía con el resto de esos seres a los que acostumbraba a llamar familia biológica. – Tiene que haber un vacío legal. Venga, si te dijeron que no pueden enseñarnos los baños, eso no significa que no puedan prestarnos a uno de nosotros la llave y nosotros vamos por nuestra cuenta y riesgo. Bueno, yo, que James está liado con sus conquistas y sabes que yo prefiero el riesgo de saltarme las normas. ¿Cómo no vas a dejarme entrar, Emma? – Fingió estar doblemente dolido por aquello, cuando realmente lo que quería era conseguir entrar a aquel lugar de una maldita vez. Aún tenía otros dos años, tiempo al tiempo.

La conversación dio un giro completo cuando la puerta de la cocina comenzó a abrirse, lo que supuesto un tiempo necesario para que Sirius tirase de Emma y ambos quedasen fuera del campo de mira de las pequeñas criaturas que ahora comenzaban a inundar la estancia con sus voces. Sirius ahogó la risa entre sus manos al escuchar la conversación tan animada de los pequeños seres a los que tanto odiaba. Le recordaban tanto a Kreacher que le parecía que merecían una muerte lenta y dolorosa. Sí, Sirius Black tenía algo en común con su familia, y es que era una persona cruel y de mente bastante cerrada. No cerrada en cuanto a la sangre, sino que una vez tenía una idea, esta parecía tomar forma propia en su mente y ser imposible de borrar. – Pastel de Vanity Black. – Dijo en un susurro. Lo cierto es que sonaba bien, más bien a marca de ropa cara, pero sonaba bien.

Escuchó la pregunta de su amiga y no le dio tiempo si quiera a pensar qué hacer. Sonrió de medio lado y sacó la varita abriendo el horno con ella y haciendo que la calabaza a medio hacer se elevase por encima de sus cabezas hasta salir despedida contra una de las paredes donde se hizo añicos. Los elfos comenzaron a gritar para ir a limpiar aquello y Sirius aprovechó para tirar un par de baldas para sembrar más el caos. - ¡Ahora! – Cogió su túnica llena de harina de encima de la mesa y salió corriendo hacia la puerta por la que habían entrado, aprovechando la confusión de los elfos para salir de allí esperando que Emma hubiese hecho lo mismo.

Corrió varios metros alejándose de las cocinas y frenó en seco apoyando la espalda en una pared, mirando hacia el techo y esperando que Emma no tardase mucho en llegar, si es que no la habían pillado aquellos seres y le tocaba volver sobre sus pasos e ir a por ella.
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Invitado el Mar Abr 07, 2015 3:27 am

Emma sonrió traviesa, en realidad era un buen halago que mencionara tal “atrevimiento” de su parte. Entre más se acercaba la tormenta, ella sentía que más se ponía en duda muchas cosas que había dado por hechas. El mismo hecho de que entablara amistad con Black o más aun, que sus personas más estimadas fuesen mestizos, le hacía preocuparse por ellos. El tiempo le había hecho madurar y le enseñaba que no podía simplemente disfrutar su propio bien. Al final y su corazón tenía una lealtad que seguir… Maldita sea- Siempre nos podemos justificar. Apuestas. Alcohol. Sexo. La gente es fácil de convencer si les das algo que morder y destrozar en el proceso –se encogió de hombros. Simple… la vida era simple en ese sentido. Un poco de qué hablar y la gente se calmaba. Un escándalo pequeño y no veían el escándalo mayor.

Lo complicado era la tormenta.

La chica soltó una risa discreta, negando con fuerza- Ustedes los hombres casi no hablan ¿Verdad? –le picó justo en la punta de la nariz a Sirius- ¿Has hablado del tema con Lupin? Porque nosotros hemos tocado el tema algunas veces. Al igual que yo, en su momento quiere una pareja formal. Pero ahora no. Somos jóvenes. Él mismo me ha dicho que no quiere nada formal ahora –enmarcó una ceja, recordando la conversación- Me dijo que… tiene muchos “problemas” encima, mucho estrés con qué lidiar aun. Y no podría con una novia, no aun. Pero como joven adolescente en sus quince años, –y así lo había dicho el Gryffindor- si le gustaría tontear con chicas, divertirse. No como tú, Black, ni como Potter. Pero si algo. Lupin no es un santo. –Emma podía jurar que un par de veces lo había atrapado mirándola a ella o a Evans y luego cayendo en un profundo e incómodo silencio de auto-tortura. La chica le había dado indirectas amables diciéndole que eso no le molestaba, que era normal y más siendo amigos, pero el chico actuaba reacio a hablar de eso. Lupin era tímido al final del día, eso era tierno- Lo que puedo sincerarte… es que creo que es algo masoquista. Tal vez busque una que le domine ¿No te parece que tiene esa cara? Pasivo al inicio. –tal vez luego no. Eso no podía saber Emma, tampoco lo conocía así.

- La biblioteca es un buen lugar, en todo caso. Hay algunos lugares que me gustan… –sonrió de lado y se cortó. No estaban hablando de esos lugares que le gustaban. Y mejor no decírselos a Black o los mancillaría y no sería lo mismo para la pobre Slytherin. Pero le alegró los ánimos, realmente Sirius tenía algo encantador en él sin tener que estar coqueteando o poniendo esa voz de galán que había oído en otras ocasiones. Simplemente haciéndola reír le animaba- En realidad no es mala idea… Al diablo los elfos. Creo que conozco a una Hufflepuff que se lleva bien con ellos y podría decirme cuando no están por largo tiempo. No has probado pollo a la cerveza como el que me enseñó mi madre. Las visitas adoran ir a casa cuando mi madre hace ese platillo y de postre da su tarta de manzana –porque su madre cocinaba. A pesar de tener elfos. Para su madre era muy burgués no saber hacer ni una sola tarea ni trabajar. Y los burgueses eran lo peor, eran como los “nuevos” millonarios, intentando actuar como realeza sin saber que la verdadera nobleza hacía mucho por sus familias y se lucía con sus invitados. Así que en la casa Vanity se sabía hacer las cosas por si mismos- Creo que a Evans le gusta torturarlos. No la culpo, ponen unas caritas muy lindas cuando se les niega algo –Potter y Black… aunque no creía que Remus los torturara por las caritas que sus amigos hacían.

Ahí estaba, esa carita. Justo esa carita le gustaba. Ver a Black usar todo ese arsenal por información- Cariño, no, no. Aunque amo que me pidas o me ruegues, no puedo. Le di mi palabra a Lupin. Y no podría romperle el corazón a él. La humanidad que justo mencionas me prohíbe hacerle eso a Lupin ¿Has visto cómo se pone cuando no se le cumple algo? Por Merlín… sí parece un husky siberiano fuera de mi ventana. Me mata… Y los perritos son mi perdición –era inevitable. Si Emma veía un perro no podía dejar de abrazarlo, acariciarlo y mimarlo. Tal vez por eso no le permitían tener uno, se lo llevaría a la cama y dormiría con él. Y lo peor eran los perros grandes, eran sus favoritos. Y Lupin podía poner la cara de uno. No. En eso era igual que Black cuando se reía y esas carcajadas y parecían ladridos. Esos dos la ganaban por tiernos. Pero se mantuvo firme y solo acarició el mentón de Sirius, con una pequeña sonrisa en sus labios- Por muy lindo que seas cuando te pones así. La respuesta es no ¡Tú sabes lo difícil que es lidiar con Lupin cuando no se le cumple algo importante! No algo pequeño, algo importante. Ponte en mi lugar, tendrías que tentarme muy bien para que la carita de Lupin no me haga negarme. Y eso esta imposible –en especial cuando Remus estaba entre sus amistades más cercanas, junto a Roselyn y la alocada de Marlene.

Vanity Black”….

Eso sonaba demasiado bien, había que registrarlo antes que otro lo hiciera. Una buena marca de algo… de algo interesante…- Tú escribe tu libro, yo haré pasar a la historia algo llamado “Vanity Black –susurró, imaginando como esas dos palabras podían darle una gran venta a un producto bien direccionado. Pero no hubo tiempo para más, el caos se regó frente a ellos y apenas pudo aferrarse a su túnica mojada y tomar harina que había sobrado, para lanzársela a los elfos, creando la “bomba de humo” más ridícula del mundo. La chica se deslizó sobre el mesón y salió corriendo por el corredor, siguiéndole el paso a Sirius. Al regresar a ver sobre su hombro, notó a un elfo siguiéndola y ella comenzó a correr con mayor velocidad. Cuando vio al Gryffindor en el corredor, corrió junto a él y sin detenerse lo tomó de la mano y comenzó a guiarlo hacia la Sala Común de los Hufflepuff, que quedaba cerca de la Cocina, curvó justo en el corredor indicado y contó los barriles apiñados contra la pared llena de tapices hasta llegar al quinto y llevó a Sirius contra el tapiz junto al barril señalado, pero este se movió, como una cortina invisible y pasaron a un corredor oscuro que dejaba ver lo que ocurría fuera.

El elfo pasó por el corredor a toda velocidad y Emma tapó la boca del chico con su mano, negando. El corredor terminaba en una pared y en menos de un minuto el elfo regresó caminando, totalmente enfurruñado y maldiciendo a los jóvenes impertinentes. Aunque estaban ocultos, podían oírlos si no tenían cuidado. La chica se separó, apoyándose contra la fría pared, que le hizo recordar que su cabello seguía húmedo- Quinto barril, a la derecha. El escondite de Helga Hufflepuff –comentó, respirando hondo. Solo porque su madre se llamaba igual que dicha fundadora se había dado cuenta en tercer año, que en ese corredor si se contaba las letras: H-e-l-g-a, estaba la respuesta. El quinto tapiz era falso y daba a ese corredor- Empapada y sin pastel… Voy a darle a Lupin el lugar de mi favorito Gryffindor y vas a culpar a esos elfos engañosos… –bromeó.
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Invitado el Mar Abr 07, 2015 9:54 pm

Muchos Slytherin, como podía ser Emma, preferían que nadie los viera cruzando palabra con aquellos que osaban repudiar la creencia en la pureza de sangre. Por su parte, Sirius prefería todo lo contrario, que todos pensasen que repudiaba a los nacidos de magos, algo que había hecho que sus padres lo odiasen más si acaso eso era posible. – Así que es cierto… ¡Te avergüenzas de nuestra amistad! Emma, yo creía que éramos amigos, que no te importaba lo que pensaran esos estúpidos puristas con tal de estar a mi lado. Oh, destino, ¿Por qué me haces esto? – Apoyó el reverso de la mano sobre su frente, fingiendo ser una dama desvalida a punto de desmayarse. – No, en serio Emma, creía que me querías. – Abandonó la pose que había adoptado y le dio un golpe en el brazo a la chica con el puño cerrado sin apenas fuerza. – Que dolor tan grande, dudo que supere este mazazo emocional. Ahora tendré que ir a ahogar mis penas con cualquier chica fácil que me encuentre por el castillo.

Decir que hablaba con Remus de mujeres hubiese sido una mentira. Básicamente porque cuando salía aquel tema tanto uno como el otro lo pasaban por alto. Sirius hablaba de mujeres a todas horas, pero no sobre las que les gustaban a sus amigos, sino sobre cualquiera que apareciese ante sus ojos. No hacía feos a nadie, todas eran merecedoras de su atención. Y por muy caballeroso que pareciese eso, para Remus, quien usaba la cabeza, no lo era. – Eso dice él, pero ¿Tú le ves estando con una y a los cinco minutos con otra? Por Merlín, Remus tiene moralidad o algo similar, acabaría enamorándose de cualquier mujer que le hiciese caso. O peor, haciendo daño a la chica por no sentir nada por ella y robarle el corazón. Remus es encantador, no puedes negármelo. Tímido y un poco soso a veces, pero encantador. – Se encogió de hombros. – Claro que quiere divertirse, pero le veo yendo tras alguna que no le haga caso y llorando por los rincones mientras cientos de chicas van tras de él y de su caballerosidad. – Escuchó la afirmación de la chica y soltó una sonora carcajada, no pudo evitarlo y si quiera lo intentó. - ¿Pasivo? – Volvió a reír. – Creo que deberías decirle eso a él. En la intimidad, claro.

Los elfos domésticos, a juicio del castaño, no servían para nada. Los veía como criaturas inútiles cuyo único propósito en la vida era ser maltratados por magos que no hacían más que mangonearles sin dar nada a cambio. No entendía ese funcionamiento, y quizá esa era una de las razones por las que los odiaba tanto, siempre de la mano del elfo doméstico de su familia, claro. – Creo que en Navidades las cocinas están más vacías, por eso de ser menos alumnos en Hogwarts. A veces nos juntamos todos en la misma mesa a cenar, incluso. – Había pasado todas las Navidades de los cincos años que llevaba en Hogwarts allí, por lo que conocía la dinámica y el funcionamiento de todo aquello. – Así que acepto tu invitación a una cena de pollo a la cerveza. Deléitame con tus dotes culinarias, Vanity. Yo busco el mejor lugar de Hogwarts donde nadie nos descubra y tú te encargas de la cena. – Cenar no era tan fácil como parecía a simple vista, pues ambos tenían una reputación que mantener, y lo que debían era buscar el lugar más recóndito del castillo donde nadie diese con ellos.

Sus últimas conversaciones con Remus y aquella con Emma habían hecho que se plantease un nuevo reto para antes de acabar sus estudios. Debía lograr entrar al baño de los prefectos como fuera. Y bueno… Tampoco podía ser tan complicado. Conocía a un par de prefectos, lo único que necesitaba era que mostraran la suficiente confianza con él. O que Lupin y Evans no se hubiesen encargado de pedirles encarecidamente que no les dieran paso a aquel placer divino llamado baño. – No tiene porque enterarse. – Alzó ambas cejas ante la insistencia de su amiga por la imposibilidad por darle acceso a aquel baño. – Claro que sé lidiar con él, te recuerdo que compartimos dormitorio desde primer curso e incluso dormido siento que tiene un ojo clavado en mi nuca para controlar que no haga nada malo. – Volvió a insistir, aunque sabía que Emma no era el camino para dar con la entrada al baño. – Siempre puedo pedirle a Roselyn, y ya de paso entro al baño con ella. No estaría mal, ¿Sabes? Es realmente preciosa, quizá sea su tipo y todo. – Como todas. A Sirius todas las chicas de Hogwarts le parecían preciosas, pero Roselyn tenía un extra por ser prefecta.

- Querido diario, hoy Emma me ha negado la entrada al baño de los prefectos, pero está obsesionada con pasar tiempo conmigo. Creo que me ama pero aún no se ha dado cuenta. Niega sentimientos y quiere unir nuestros apellidos escribiéndolo continuamente en pergaminos rodeado de corazones. Tiene una obsesión malsana conmigo y me obliga a escribir libros sobre nuestro romance inexistente. – Fingió escribir en un pergamino imaginario con su pluma a juego.

El resultado de aquel intento de cocina tan sólo lo sabrían los elfos domésticos que ahora buscaban por la cocina a los causantes de aquel pequeño destrozo, pues el chico tampoco se había esmerado mucho con su salida triunfal. Tan sólo buscaba el método de poder distraer a aquellas criaturas tétricas de piel arrugada y orejas puntiagudas para poder salir corriendo lo más lejos posible sin ser atrapados. Y eso hizo, lanzando varios objetos y logrando una especie de distracción, si es que podía considerarse como tal, antes de girar sobre sus talones y correr fuera de las cocinas. Por suerte, Emma hizo lo mismo, siguiendo el camino trazado por la carrera precipitada de Sirius por el corredor.

Ambos volvieron a reunirse, pero los pasos de los elfos seguían corriendo a toda velocidad tras ellos, gritando en una lengua que Sirius no entendía. Eso o hablaban demasiado rápido como para entender alguna de las palabras e insultos que escapaban por aquella boca plagada de dientes putrefactos. Notó la mano de la chica zafándose y sin saber cómo, vio como un par de elfos corrían frente a ellos sin si quiera verlos. Miró extrañado a su alrededor sin entender cómo había sucedido aquello. – Siempre es bueno conocer este tipo de cosas. – Afirmó ante la explicación de la chica. – Venga Emma, sabes que ese puesto es totalmente mío. Además, empapada estás mucho más sexy. – Afirmó apartando un mechón del rostro de la chica quedando así a escasos centímetros de ella. – Pero sí, te debo un pastel. Y tú a mí una ducha, ¿Ves normal que tenga chocolate en la camisa y aún huela a harina? – La harina no había sido culpa de la chica, pero eso tampoco importaba. – Aunque tú hueles a huevo, claro.
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Invitado el Miér Abr 08, 2015 7:30 am

Al diablo la piedra filosofal, de tanto reír, Black la iba a volver inmortal si es que era verdad aquello sobre que la risa daba un año más de vida. Los dedos de la chica se deslizaron por el cabello de Sirius, justo por el frente, en el mismo momento en que él le daba ese golpe amistoso- Lo hago por tu bien. Si nos vieran juntos habría esperanzas para ti, dirían. Un milagro, susurrarían. Peor… tus padres buscarían a los míos para motivar nuestra amistad o quien sabe qué más para “regresarte al camino correcto”. Rechazarte es mi acto de afecto definitivo, negarte es mi muestra de lealtad… Trágico –suspiró, antes de sonreír- Pero verdad

La chica negó suavemente. Esto era lo que ocurrían cuando dos personas tenían en alta estima a la misma persona… hablaban de ella. Aun si era para burlarse de a su costa- No cinco minutos. Pero si en salida una, en otra ocasión que se logre sacarlo del castillo, otra chica. No todo es rápido como te gusta, Black. Hay chicos que le dedican tiempo aun a las conquistas más frívolas. Lupin podría ser uno de esos chicos -…cómo debía estarle ardiendo las orejas al chico. Pero debían estarle doliendo. Emma se unió a la risa del chico, sin poder evitarlo, aunque lo había dicho muy en serio y con toda la franqueza sobre el rol pasivo de Lupin- Definitivamente, persiguiendo a quien no le haga caso. Por lo menos me consulta las cosas que no comprende… –se mordió el labio inferior, recordaba haberle dicho a Remus que él era un Dante ante las puertas de los Círculos del Infierno Femenino, eso volvía a la Slytherin en la versión femenina de Virgilio… una que no podía parar de reír por la ternura del chico y su inocencia en muchos temas- Pasivo… totalmente pasivo… los vírgenes tienen ese encanto. Pero no tengo corazón para decirle algo así –había que cuidar el orgullo del chico, por supuesto. Una dama no iba por ahí rompiendo hombrías, eran partes muy delicadas en los jóvenes. Literal y simbólicamente hablando.

No supo cómo se había metido en eso, pero acababa de plantearse una cena, donde ella cocinaría para Sirius Black y que la realizarían a solas… sin invitar amigos en común (Que por Merlín debía haber). En lugar de sorprenderse, eso le hizo reír. Las ideas más locas ocurrían cuando él estaba cerca. Le hacía replantearse su propia realidad o qué tipo de ocurrencias había estado viviendo antes de arriesgarse con el chico- Entonces, que así sea. Pero espero que me impresiones gratamente con el lugar. Yo planeo hacer lo mismo con mi parte de la ecuación –porque así era ella, no daba medias tintas de nada. Le gustaba destacarse, mostrar que no había otra persona mejor que ella, aun en una tontería como esa. Y si era en cuestión de cocinar algo que su madre le había enseñado, pues demostraría que había sido una alumna excepcional. Eso y no quería darle excusa a  Sirius para que se burlara de ella el resto de su vida.

Los ojos de Emma se abrieron y le dio un golpe en el brazo como advertencia- Oh no… deja a Roselyn fuera de tus planes, galán de piernas largas. Te recuerdo que es media veela, intentarás acercarte y quedarás como bobo. No quieres perder tus neuronas por sus encantos y humillarte así. Y por sobre todo… es mi Roselyn. No me ves a mi saltando sobre tu Potter o tu Lupin ¿No? Tú mantén a tu amigo de ahí abajo –señaló con la mirada a los pantalones de Sirius- lejos de Roselyn o Marlene. Y no intentes usarlas de chantaje, ellas saben defenderse bien ¿Podrías decir lo mismo de Potter o de Lupin? –claro que bromeaba, ni por un momento había dicho todo eso en serio. Además, en su vida pensaría meterse con Potter o Lupin. El primero porque estaba realmente enamorado de Evans y no era de meterse en el camino, ni como juego, sin importar lo mucho que le pareciera apuesto Potter y Lupin… él era su amigo. Sí, era guapo, pero ocupaba el mismo lugar que Roselyn y Marlene.

Ya en un lugar mucho más seguro, respiro hondo, tocándose el pecho para evitar que su corazón se saliera de lugar. Si no fuese porque tenía ronda de prefectos, estaría más tranquila. Pero no quería la humillación de ser regañada en frente de sus otros compañeros- ¿Quieres agregar a ese diario tuyo que Emma planea castigarte muy severamente? ¿Por qué? Una lista interminable que no alcanzaría en esas hojas invisibles. Y pon como pie de página que si pusiera corazoncitos en mis pergaminos solo sería para enviárselos a tu madre y animarla a que planeara tu matrimonio a tus espaldas. Solo tendría que cambiar mi apellido por el de otra Slytherin de buena familia. –se distrajo con la mano del chico y sonrió de costado- La venganza sería atarte a alguien aburrida que te dijera caza. No que pasaras bien en mi compañía ¿No crees? –miró al chico de arriba abajo y deslizó su dedo índice sobre el Black de chocolate, lamiéndolo para sentir el sabor concentrado- Me parece que agregarás a tu parte de la cena ese pastel, pero hecho por ti. –se levantó en punta de pies, apoyando sus manos en el pecho del chico y deslizó su nariz por la mejilla de Sirius, inhalando despacio, buscando el aroma señalado entre la colonia del chico y su aroma natural- Te recuerdo que tu torpeza… –susurró- fue la que te llevó a la harina que huelo ahora. –se separó un poco, para verlo a los ojos- Yo tengo ronda, no puedo ir oliendo a huevo. Y tampoco es el tipo de aroma con el que me gusta ser asociada. Así que la ducha la necesito yo más. –se mordió el labio inferior y espió hasta confirmar que el pasillo estaba despejado , por lo que salió al pasillo.

El tapiz era mágico, atravesarlo era como pasar por un fantasma, sin perturbarlo. Lo regresó a ver y sonrió de lado, haciéndole una señal para que se acercara- ¿Algún lugar para tomar una ducha rápida que no implique entrar en mi Sala Común? Oh… Gran Conocedor del Castillo. Me lo debes por el escondite que te acabo de mostrar. Y podrías darte una ducha también, si te animas –le ofreció, como si fuese algo natural y de todos los días invitarlo a algo así.
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Invitado el Miér Abr 08, 2015 9:43 am

Ser un orgullo para sus padres parecía ser la peor tragedia a la que se había enfrentado. Imaginar sus tétricas sonrisas dibujadas en sus rostros tan poco acostumbrados a la felicidad no parecía la mejor idea que había tenido hasta el momento. Recibir nuevamente la herencia que le correspondía por derecho en su apellido y volver a ser admirado dentro d su familia como cuando aún estaba en el vientre materno. Definitivamente no. – Yo tengo una reputación que mantener, pero creo no ser el único. ¿Qué pensarían de ti si te vieran hablando con un traidor de sangre de mi categoría? Los mestizos son pasables, incluso en Slytherin tenéis alguno, pero… Por Merlín, imagina lo que dirían a tus espaldas, te ganarías el título de traidora de sangre que yo cargo a mis espaldas. – Intentó repartir la culpa, pues ambos eran los que tenían que perder si eran descubiertos hablando sin una varita de por medio.

¿Por qué tenía que conocer sobre la vida amorosa de Remus? Él no se interesaba por la suya, él debía hacer lo mismo. O más bien, Sirius pregonaba a los cuatro vientos sus conquistas y quizá era eso algo que Remus, quien consideraba personas a las mujeres, prefería no saber. No es que Sirius no viera a las mujeres como personas, sino que las consideraba primeramente focos de su interés sexual. – Pues nada, te dejo el marrón de buscarle un ligue a Remus. Búscale algo complicado entonces, algo que esté tan fuera de su alcance que acabe tirándose de los pelos porque no le hacen caso. ¿Quieres eso? ¿Vas a hacer sufrir de tal forma al pobre Remus? Tú sí que no tienes corazón. – A él no le importaba lo más mínimo con quien estuviesen o dejasen de estar sus amigos con la condición de que fueran felices, y ver a Remus tras un imposible no parecía ser un motivo de felicidad para este. Pero si Emma insistía en ello, no sería él quien se pusiera entre las ideas de una mujer y su objetivo final. – Pobre Remus, y encima luego irás diciendo por ahí que es tu amigo cuando le consideras un pasivo. No tienes corazón, Vanity, te lo repito.

La idea de una cena cocinada por alguien que no fuese un elfo doméstico sonaba de lo más apetecible. Principalmente por el odio que estas criaturas despertaban en el castaño. Cuando estaba en Hogwarts se veía en la obligación de comer lo que servían si no quería acabar muerto de hambre, pero en su casa jamás tomaba algo hecho por Kreacher, lo que había hecho que se las apañara para aprender a cocinar y, teniendo en cuenta que no podía usar magia fuera de Hogwarts, había sido un gran esfuerzo por su parte. – No te decepcionaré, lo juro. – Puso la mano en su frente como si de un soldado raso sirviendo a su general se tratara. Ya había pensado el lugar perfecto, tan sólo debía dar con él, algo que no se presentaba muy sencillo teniendo en cuenta el afán de los prefectos por vigilar toda zona del castillo, tendría que recurrir al mapa si quería llegar allí.

Cualquier mujer con un mínimo de atractivo merecía su atención y Roselyn superaba con creces ese mínimo. Más bien era un máximo. - ¿Medio veela? Ahora entiendo que me quede durante las clases embobado, y yo que pensaba que empezaba a desechar los estudios como opción. – No tenía ni la más remota idea de aquel dato, tan sólo sabía que cada vez que se cruzaba con ella una fuerza embriagadora le obligaba a girarse para seguir los pasos de la chica. Él lo había considerado algo normal, pues teniendo en cuenta como era con las chicas, era algo más que lógico, pero ahora entendía toda la situación. – Venga Emma, ambos ganamos. Bueno, tú no ganas nada, pero dime, ¿Se te ocurre alguien mejor para hacer feliz a tu amiga durante un par de días? Incluso haría el esfuerzo de repetir chica por ella, mira lo que te digo. – Dijo de forma bromista aunque lo que acababa de salir entre sus labios era cierto. Igualmente, no conocía aquel pequeño detalle de que ambas fuesen tan amigas, al final iba a resultar que Emma tenía un círculo más allá de Slytherin. - ¿De Marlene también? Pero si compartimos Sala Común, no puedo mantenerme alejado. Es físicamente imposible. – Puso cara de cordero degollado, odiaba que le dijeran que no, eso solo acrecentaba sus ganas de lograr un sí. – Oye, si tú quieres algo con James o Remus yo te lo permito. Mira que buen amigo soy, ¿Eh? Aunque creo que no entras en el tipo de mujer de James. – Ese hombre estaba tan pendiente de Evans últimamente que parecía otra persona. – De Remus sólo si eres un amor imposible que le recuerda lo pasivo que es. – Alzó ambas cejas. Lo cierto es que imaginar a Remus como una persona pasiva no había estado en su mente hasta aquel momento.

- Creo que mis padres intentaron emparejarme hace años, pero incluso ellos saben que soy un caso perdido. Son conscientes de que ninguna purista querría algo serio conmigo y que mi incapacidad para sentar la cabeza hará que yo sólo me aleje de mestizas e hijas de muggles. – Se encogió de hombros. No había mucho más que decir al respecto, pues todo aquello era en lo que se resumía. Quizá Regulus ya tuviese preparado un matrimonio por conveniencia, pero él no. Él no merecía tanto, a juicio de sus padres.

Claro que había sido su culpa. Él se había encargado de coger la harina y tirársela por la cabeza demostrando así una torpeza que no poseía. No sólo eso, sino que se había dejado manchar aún más por Emma. Y sin contar que le había tirado dos huevos a la chica haciendo que ahora ambos necesitasen lavarse urgentemente. – Tengo entendido que a un par de pisos sobre nuestras cabezas hay un gran baño con piscinas y chorros. Con toboganes y espuma de jabón de tonos los olores y colores. Deberíamos ir allí, ¿O se te ocurre un lugar mejor? – Preguntó mostrando los dientes en su sonrisa ladina. ¿Haberse lanzado la harina encima a propósito? Claro que lo había hecho. Ya tenía un propósito para aquel curso y Emma se lo había puesto en bandeja de plata para comenzar a intentar lograrlo. Aunque fuese a llevarse una negativa por su parte, pues era ella quien no quería ser vista en aquellas condiciones, ya que a él no le importaba ni lo más mínimo.

Salió de aquel escondite que habían usado contra los elfos siguiendo a Emma y se posicionó nuevamente frente a ella. – Venga Emma, guíame al baño, prometo no mirar cuando te desnudes. – Por mucho que fuese su amiga iba a mirar, eso estaba claro. Era su amigo, pero tonto no era.
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Invitado el Jue Abr 09, 2015 4:19 pm

Emma se encogió de hombros, obviamente tenía una reputación que mantener. Una de prefecta, estudiante modelo, cazadora de Slytherin, dama y todos esos datos de la “buena Emma” que su madre se había esforzado en crear y que la chica había usado para sus propios fines: Buenas calificaciones, una posición principal en el equipo de Quidditch desde el año pasado, la confianza de sus profesores para que la recomendaran en el trabajo que ella deseara a futuro. En fin, creando el camino del éxito y reconocimiento que quería alcanzar. Parte de eso era tener una vida escolar tranquila y por supuesto, relacionarse con Sirius Black en público y parecer que se llevaban bien podría dañar el fino equilibrio que había logrado armar. Ya su Casa toleraba que se llevara con mestizos, porque después de todo, ya formaban parte de las familias de sangre pura. Pero ya le habían dejado en claro que podía ser amable, pero no amistosa con hijos de muggles y estaba segura que sería peor si se trataba de Sirius Black. Solo las familias de sangre pura modernas permitirían algo así, como la suya, como los Potter y otras pocas más. Pero el mundo no estaba liderado por ese tipo de familias- Creo que podría inventar algo. Después de todo eres una pesadilla para los sangre pura, que estuvieses haciéndome una maldad para tenerme aquí y dado que me toman por inocente los de mi Casa, parece algo viable el tener una convincente explicación. Ingenio y Astucia. Eso tengo, como tú tienes encanto y picardía. Además, es todo un reto. Adoro los retos –se mordió el labio inferior, su cerebro ya había manejado las variables y las constantes de posibles escenarios en donde algún Slytherin los viese ¿Qué decirle? ¿Cómo explicarle?- Aunque lo que digan a mis espaldas no me importa. El cómo compliquen los años que tengo aquí eso sería el dolor de cabeza. Pero mejor no tentar a la suerte, puede ser una…. dama muy cruel –aun si era divertido pensar en excusas y explicaciones. Emma prefería mantenerse alejada de todo ese drama. Su vida era mejor sin lidiar con los problemas de un adolescente promedio.

La chica se rio, negando rotundamente- Exagerado. Tu impresión de mi pasa de la más cruel villana a la más dulce especie en extinción en un parpadeo. Me imagino lo que Lupin tiene que pasar contigo a cada rato –señaló, apuntándolo con su dedo índice cerca del rostro, intentando regañarlo aunque de seguro la sonrisa de diversión era suficiente para demostrar que no estaba yendo muy en serio- Cuando tú dices “Pasivo” suena a que le digo “Muerde Almohadas” y por Merlín que esa no es mi intención. A menos de que estemos hablando de esos jugosos e imaginativos rumores en donde Lupin y tú tienen un romance oculto. Ahí debo admitir que es obvio quien lideraría –hizo una señal con su mano desde la cabeza hasta los pies del Gryffindor para ejemplificar su punto- Y antes de que me digas cruel, estoy siendo objetiva. Eso es lo que los rumores dicen y algunos armados por tus antiguas conquistas. Si es su forma de vengarse de ti, creo que no lo están haciendo bien. Después de todo “Buena o mala publicidad sigue siendo publicidad” y esos rumores han atraído varias chicas hacia ustedes dos. –y eso era mucho más popular que la idea de Potter y Black o de Lupin con Evans.

No, si a ese grupo de traviesos definitivamente eran tratados como idols. No era de extrañarse que Potter y Black tuviesen los egos tan inflados.

Emma apoyó sus manos sobre sus caderas cuando él le saludó y ella asintió en forma de aprobación, como haría un general a un teniente- Te veo muy seguro. Así que espero que me impresiones –casi como levantar un reto entre los dos, a ver qué tan bueno era Black organizando algo así. Al tener la imagen de despistado e inquieto, francamente sería interesante verlo armar algo que necesitaba precisión y planificación, características que solo había visto en el chico cuando de travesuras se trataba- ¿No lo sabías? ¿Y tú por qué crees que en clases me la paso abrazada a ella? No soy afectuosa. Yo ya comenzaba a dudar de si me estaba suavizando. Así me enteré yo y siempre bromeo con el tema…. Oh… Ya veo… No te has dado cuenta porque te embobas al punto de la sordera. La suerte es que no usa sus poderes para el mal. Pero cuando alguien la enoja… Uh… créeme, no quieres estar ahí. Ella misma explica que es esa sangre veela haciendo desastres con su enojo. De hecho, si debes recordar, el año pasado, cuando se enojó con un chico de mi Casa. Lo lanzó al otro lado del Gran Comedor, todos se quedaron impresionados. Los profesores no pueden hacer nada al respecto, es como enojarse con un licántropo por terminar agotado después de la Luna Llena y querer dormir o con un vampiro por no querer ejercitarse al sol y no ser vegetariano. Hay cosas que no se puede controlar y hay que aceptarlas. –explicó, encogiéndose de hombros con total naturalidad- Y si alguien no puede lidiar con eso, estoy yo para recordarles que no necesitas ser media veela para lanzar a alguien hacia el Calamar Gigante. –en eso era muy protectora con Roselyn, había escuchado chicos bromear sobre su amiga. En especial chicos que eran rechazados por la Ravenclaw y querían desquitarse. Emma se enojaba y el Calamar Gigante terminaba obteniendo juguetes nuevos, con suerte y este los lanzaba al sauce boxeador y jugaban entre los dos a las atrapadas con esos impertinentes.

- Ese es el punto. Yo no gano nada ¿Cómo quieres que apoye algo en donde yo no gano nada? Pero tú sigue insistiendo, abre aún más tu apuesta a ver si te apoyo. Y cuando intentes algo con ella no podrás cerrar la boca y parecerás un perro siguiendo a su ama. Ni todo tu poder de conquista podría contra ese encanto de veela, en especial si lo enfoca en ti. Y créeme, le diré que lo haga. –sonrió traviesa- Casi podría jurar que te verías adorable. Si ella no puede divertirse con los rasgos que la hacen única ¿Qué tipo de amiga sería yo? La debo alentar a ver el lado positivo de ser media veela. Y nada más positivo que retar la cordura de quien intente conquistarla ¿No lo crees? –consultó, con una sonrisa encantadora y tan falsa como una moneda de dos galeones. En clases era muy obvia la amistad de Roselyn y Emma, se sentaban juntas, bromeaban, compartían golosinas, estudiaban juntas y entrenaban. Las dos tenían mucho en común, siendo prefectas y cazadoras de sus respectivas Casas, competitivas y aun así estudiantes modelo. La chica solo rio cuando hizo referencia de Marlene, porque sabía que le estaba diciendo a un niño “No”. Ella sabía que lo único que le estaba provocando era motivarlo a seguir a la Gryffindor solo porque esta tenía un enorme letrero de Prohibida en la frente- Oh si… Marlene y tú serían como dinamita y pólvora. El castillo se caería a pedazos. Mejor hazte a la idea que ese no es tu camino –y así estaba incentivándolo a ir a por Marlene. Tal vez en el fondo Emma creía que sería divertido ver como esos dos huracanas colisionaban entre sí. Después de todo Marlene llenaba la otra mitad de Emma, la que no era estudiante, sino chica. La que gustaba de salir, divertirse, vivir al límite, usar ropa ajustada y experimentar todo tipo de cosas nuevas. Solo tenía una juventud y por Merlín que le sacaría el jugo.

Emma lo miró con curiosidad y contuvo una sonrisa- ¿No sabías eso? Tus padres intentaron armar un matrimonio arreglado para ti desde que eras niño. Todos los sangre pura con hijas se enteraron. Claro que eso era cosa de adultos, solo que mi madre me lo contó porque por un momento pensó que tú y… –se mordió la lengua. Casi había dicho “hermana. Pero para Hogwarts, ella no tenía hermanos. Los otros dos Vanity, la Gryffindor y el Ravenclaw de sexto año, esos mellizos, eran primos lejanos de Emma. La suerte de que no se hablaran entre ellos, no tenían amistades en común, no invitaban a nadie a casa y a nadie le terminaba interesando realmente, era que podían mantener esa actitud de “No te conozco”. A lo mucha había un puñado pequeño de personas que sabía que Emma tuvo un hermano en Gryffindor cinco años atrás, pero se debía a que él la había adorado y reprobaba la actitud de los mellizos, así que estos también se desligaron de ese hermano- una… altiva prima mía que haría buena pareja para un Black. Por suerte, nunca se volvió algo serio. –negó, como si el recuerdo de esa “prima”, es decir Carrie, fuese algo totalmente desagradable. Emma recordaba que de niña había saltado por toda la casa diciendo el nombre de su hermana con el apellido Black, bromeando del asunto. En ese entonces, antes de Hogwarts, habían sido buenos hermanos, molestosos y traviesos, pero buenos. Hasta Carrie había lucido complacida con la idea. Luego vino el repudio hacia Sirius y Emma había terminado en Slytherin, Carrie perdió el interés en el chico y se distanció de su hermana menor. Pero al final del día, Black tenía las de ganar, Emma sabía que tarde o temprano la comprometerían con algún sangre pura. Por eso no quería nada serio en su juventud, así podría luchar contra esa locura. Ni siquiera quería perder su apellido. No estaba hecha para eso, aunque su madre no quisiera verlo.

La chica lo miró de arriba a abajo, intentó esquivarlo pero obviamente él no iba a dar el brazo a torcer. Un terco. La chica suspiró y se paró en punta de pies para alcanzar el cuello del chico con sus brazos y deslizar sus dedos entre los cabellos de él, atrayéndolo a su rostro para habar muy bajo- Y yo que pensaba dejarte mirar ¿Qué tipo de amiga sería si me cohibiera frente a un buen amigo, a mi Gryffindor favorito, con el mejor disfraz de Nick Casi Decapitado que he visto? No estaría bien ¿Pero pensabas taparte frente a mí? Que pena… creí que estábamos en confianza –sonrió de lado y se deslizó por el costado del chico, aprovechando su ligereza de pies y pasó de él- Lástima Black. Pero respuesta incorrecta. En serio, una lástima. Me voy a mi Sala Común, diré que fueron unos niños traviesos los culpables de que terminara así y que ya le bajé más puntos a los casi inexistentes que tiene Gryffindor, los asusté de muerte y los castigue a que limpien el desastre que hicieron. Después de todo, soy una prefecta y castigo a los traviesos. –Oh… porque ella era más terca. Y no sería la primera vez que regresaba a la Sala Común hecha un desastre. Al ser tan temeraria y como cazadora gustaba de entrenar en cualquier clima, había aparecido llena de lodo, mojada, bañada en polvo, cubierta de hojas y hasta una ocasión manchada con comida por una guerra de postres con Marlene- Esperaré nuestra reunión. –dijo como despedida, mirándolo sobre su hombro mientras seguía con su camino. Ya iba a llegar tarde a las rondas, tendría que enviarle una nota a Roselyn para que la cubriera…La chica se detuvo al final del pasillo y lo miró- Debo admitirlo, no esperé que fuese tan divertido pasar tiempo contigo. Pero no dejes que eso se te suba a la cabeza –bromeó, sabiendo que justo esas palabras podían alimentar a gusto el ego del chico Gryffindor. Sin más, se perdió en el pasillo que la llevaría a las frías escaleras hacia las mazmorras.
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