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Play with fire [Apolo Masbecth]

Invitado el Miér Mar 25, 2015 11:10 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Los animales siempre habían sido mi fuerte. Cualquier tipo de animal se llevaba bien conmigo y eso era una de las cualidades más maravillosas con las que había nacido. La primera vez que había visto un dragón en carne y hueso había sido mientras estaba en la universidad. Había escogido la carrera de dragonolista porque era una de las pocas que se impartían por la noche. Nunca supe muy bien porque esa carrera se impartía en ese horario pero lo cierto es que me vino como anillo al dedo después de mi transformación. Lo cierto es que un dragón es una criatura, que hasta en la teoría impone bastante, pero para mi, verlo por primera vez, fue casí una epifanía. Estaba ante una de las criaturas más peligrosas de la naturaleza y sin embargo, no veía en sus ojos que quisiera hacerme daño. Solo veía miedo, y eso era algo a lo que poco a poco me había tenído que acostumbrar después de mi transformación en vampiro. Aquel Ridgeback noruego se había puesto histérico al verme y yo había sido su primer objetivo cuando se puso a escupir fuego. Veinte minutos después...era como mi mascota y pude descubrir que a los dragones les encanta que los laven en agua muy caliente que los acaricien en la parte baja del cuello. Yo tenía que ponerme guantes para eso, pero la tranquilidad de mi nuevo amigo valía la pena el esfuerzo. Nunca había vuelto a tener una relación así con ningún otro dragón, ya que cuando empecé a trabajar, mi función principal era contenerlos y estudiarlos, no darles mimitos. Aunque a veces me apeteciera.

A pesar de todo, y de lo potencialmente mortal que podía resultar para mi trabajar con dragones, mi trabajo me encantaba. Viajaba por todo el mundo, no paraba de aprender y cuando aparecía el cadáver de algún malhechor en medio de la calle más transitada del pueblo nada contaba con que fuese la dragonolista de turno porque la mayor parte de la gente de esos pueblos no sabía que yo estaba allí.

Mi nuevo destino era Suecia, con la suerte de que Estocolmo estaba precioso en esta época del año, justo antes de la primavera cuando los días aun eran muchísimo más cortos que las noches y yo podía campar libremente por la ciudad sin que nadie sospechara. Me habían enviado allí con información sobre un dragón perdido, un Ironbelly Ucraniano había aparecido en un bosque cerca de la capital y eso era extremadamente raro. Los traficantes de dragones a menudo no sabían demasiado bien lo que hacían y llevar a un dragón como ese a un país tan frio como Suecia no era nada bueno para nadie. El frio enfermaría al dragón y eso haría que aunque estuviese muy debil...también estaría de muy mal humor.

Llegué con tiempo de sobra al campamento que nos tenían preparado en un lugar seguro cerca del bosque donde nos teníamos que internar. Nada más el sol se había ocultado yo había aparecido allí a falta de unos 20 minutos de mi supuesta llegada oficial. Me puse al día con los técnicos parasanitarios que allí había y charlé con los desmemorizadores suecos mientras esperaba a que apareciese mi compañerO o compañera. No solían decirme con quien me tocaba trabajar hasta que llegaba al lugar, pero estaba impaciente por descrubrir quien me había tocado esta vez. Con un poco de suerte no sería Apolo y cuando me entrase hambre podría irme a cenar tranquila sin que nadie sospechase la verdad sobre mi. No es que fuera un secreto...pero un vampiro trabajando con dragones era demasiada ironía para alguna gente.
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Apolo Masbecth el Jue Jun 18, 2015 10:41 pm

El pequeño incidente con el bartender fue divertido, la próxima vez que el mortífago se encontrase con Matt probablemente le contaría la anécdota, suponiendo que se volverían a ver en un futuro. Regresó a su mesa con el resto de compañeros y se encontró a Emily con la que al parecer era su novia - amante. Le entregó la bebida y volvió a sentarse justo al lado de la morena. Se le notaba bastante rara desde la llegada de la mujer extraña, Apolo la veía de tanto en tanto sospechando de aquella relación. Sobre todo cuando la mujer misteriosa comenzó a relatar una historia bastante elaborada de cómo se conocieron, además que Emily no hablaba para nada pero algo no andaba bien con ella.

¿Profesora? ¿Estudios Muggles? Apolo rápidamente comenzó a hacer cuentas en su cabeza. Emily debería tener la misma edad que él aproximadamente, por lo consiguiente no era la misma profesora que cuando él cursaba en el castillo de magia y hechicería, ni siquiera era el género correcto, pues se trataba de un hombre quien se dedicaba a la asignatura mencionada. El rubio captó la primera mentira de la noche pero se mantuvo atento al resto de la historia, pudo ver que sus compañeros estaban como embelesados por aquella mujer rubia cuando esta hablaba, como si fuese una droga a la que recientemente se volvieron adictos.

La historia se volvía muy bizarra, Emily era una adolescente que andaba con alguien del profesorado, ¿Dumbledore donde estaba para regular eso? Bebió un poco de su bebida observando a aquella mujer tratando de descubrir algo en sus gestos pero no lo hizo. - Que bonito, ¿no es una historia preciosa? - preguntó a los demás sonriendo, aunque realmente no lo sentía así. - Una historia de amor que parecía imposible,  lucharon contra todas las adversidades logrando su final feliz. Es impresionante - levantó su vaso - brindo por la bella pareja - chocó el cristal contra los demás. En ese momento su brazo izquierdo comenzó a arder, sintió como la piel le quemaba e hizo una mueca de dolor que rápidamente acalló. El señor tenebroso lo estaba llamando, no podía ser otra cosa y tampoco pudo descubrirse el brazo para que todos viesen la marca característica de los mortífagos, así que se levantó de su asiento y se disculpó mientras iba al baño.

Ya dentro se levantó la manga de la camiseta y pudo ver como la serpiente de aquel tatuaje comenzaba a moverse dentro del cráneo, debía asistir al llamado o estaría en problemas, lo cual era una pena pues él quería saber más acerca de la pareja. Salió del baño y se acercó hasta ellos. - Se presentó algo urgente, debo irme, pero en otra ocasión debemos hablar más - observó a la mujer y le tomó la mano para después besarla - encantado, y yo pago - sacó el dinero y lo dejó sobre la mesa - realmente lo siento - se despidió de todos y al salir de aquel bar se perdió tras un callejón para luego desaparecer envuelto en una nube de humo.
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Apolo MasbecthMagos y brujas

Invitado el Lun Jun 22, 2015 10:16 pm

La historia de Alexandra me había taladrado el cerebro. Me había dejado encogida y casi asustada mientras que su público parecía embelesado con ella como tantas otras veces. No me digné a levantar la mirada cuando la historia terminó y Apolo cantó sus alabanzas. No me apetecía encontrarme con los ojos de ninguno de los allí presentes. Esa historia que se acababa de inventar me dolia y las formalidades y piropos hacia ella aunque asi fuesen sentidos por los espectadores, no harían más que empeorar mi estado de ánimo.

Apolo hizo un brindis y luego se fue al baño disculpándose. Su voz cuando se fue se notaba algo rara, como más seria, pero en mi obcecación decidí no hacerle caso. Cuando volvió, dijo que debía irse e invitó a Alexandra a su bebida que obviamente no podía tomar. Ella estaba encantada, todas esas atenciones le encantaban y si alguno se hubiese resistido a ellas se habría puesto cachonda incluso.

Vimos como Apolo salía por la puerta del local y pensé que habría preferido mil veces irme con él a pesar de lo que lo detestaba que quedarme con la mujer con la que estaba. Yo quería irme en aquel momento también, pero ella no. Estuvimos un rato más hablando con los allí presentes, en cierto punto, el camarero se acercó también y Alexandra consiguió cautivarlo del mismo modo que a los demás. Eso pareció gustarle porque cuando ya lo tenía en el bote, anunció que se iba, para mi alivio. Era extraño que una mujer que se había presentado como el amor de mi vida decidiese irse para tirarse y probablemente matar a un camarero, pero ella no pensaba en ese tipo de cosas. Aproveché la tesitura de la situación para despedirme yo también de mis compañeros con la promesa de que las siguientes veces me quedaría todo el tiempo necesario y aunque intentaron hacerme prometer que mi creadora volvería, evité la promesa lo mejor que pude.

Al salir por la puerta del local y librarme de aquel abrigo que me habían dado al entrar, el frio de la noche noruega pretendió darme en la cara aunque yo no sentí nada más que una ráfaga de viento moviendome el pelo. Eché a correr de nuevo en dirección al bosque que estaba bastante lejos de allí. Necesitaba despejarme.
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