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El paraiso de las cabezas reducidas [Eris C. Masbecth]

Invitado el Dom Abr 05, 2015 2:19 am

Un escalofrío recorrió su nuca como cada vez que tenía que internarse en aquel maldito callejón siniestro y penumbroso. No lograba entender el por qué algunos de los alumnos de Hogwarts fantaseaban con visitar aquel maldito lugar, era lúgubre, casi tenebroso incluso a la luz del día, nada recomendado para ningún menor que solo buscase que un poco de adrenalina recorriese sus venas sin saber realmente al peligro que podrían estar enfrentándose tan solo con poner un pie en aquel sitio.

Su propio hijastro, aunque realmente se trataba de su sobrino, había querido entrar en aquel lugar, tratando de convencerlo con argumentos como que era una oportunidad el poder entrar con alguien que realmente conociese el lugar, que supiera por donde ir a los sitios menos siniestros del callejón, obviando el hecho de que para Jayden todos los recovecos de aquel pequeño anexo del callejón Diagon le parecían terriblemente perturbadores para cualquier mente relativamente sana.

Salió de su ensimismamiento al chocarse con un hombre cuyo olor corporal era semejante al de un troll, sin ánimo de exagerar, algunos de los magos que se encontraban en aquella zona desconocían de la existencia de los jabones y las duchas, que sí, eran inventos muggles, pero podrían no tomarse tan a pecho lo e la magia oscura y no hacer juego a esta con los tonos roñosos de sus pieles machacadas por la falta de limpieza. Se disculpó con una sonrisa nerviosa antes de ajustarse correctamente la cazadora que cubría hasta casi sus labios y aceleró el paso. Debía encontrar aquellas cabezas reducidas que Thomas le había encargado ya que su querido hermano sufriría un ictus si tan solo se cruzase con la primera persona con pintas extrañas en aquel callejón, cosa que se reducía a casi todos los activos paseantes de aquel lugar, era como un festival muggle de Halloween solo que con ropa más mágica y menos estilo salida del futuro con mallas y gafas triangulares junto con maquillajes estúpidos y disfraces de criaturas que a juzgar por como iban, no habían visto en sus santas vidas.

Se frotó la nuca resoplando. El interior de aquella tienda, donde se suponía que debía entrar era más oscura de lo que creía y ver a aquella serpiente menearse por todo el largo del terrario que actuaba como escaparate no era tranquilizante. Desde bien pequeño tenía pánico de las serpientes, quizás debido a los continuos cuentos de basiliscos que su hermano Allan se encargaba de contarles a él y a su hermana pequeña, Vanessa siempre había sido bastante escéptica con el tema, pero para él aquellas historias siempre habían tenido bastante lógica, motivo por el cual, su hermano mayor antes de odiarlos a todos, tan solo dijo "Serás un Hufflepuff, descuida, te protegeré de las collejas que te quieran dar", lo que olvidó mencionar es que las de él dolerían más que las que hubieran podido pegarle los demás.

Entrecerró los ojos metiéndose las manos en los bolsillos, casi petrificado frente a aquel ser frío que parecía estar desafiando al valor de Jay con sus movimientos sinuosos y elegantes. Eran animales impresionantes, era algo que debía reconocer, pero cuanto más lejos estuviesen, más agradable sería su existencia. Nuevamente se encontraba divagando, sacudió levemente la cabeza pasándose la mano por esta desde la frente hasta la nuca, viendo por el rabillo del ojo una figura familiar que quizás podría sacarle del apuro en el que se encontraba al no querer entrar solo en aquella tienducha, se dio media vuelta directo hacia la figura familiar previamente nombrada, interponiéndose en su paso con una sonrisa - ¡Señorita Masbecth! Que sorpresa verla por aquí - Aquella sonrisilla encantadora con la que solía tratar de conseguir lo que se proponía seguía asomada a su rostro - ¿Como está?
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Invitado el Vie Abr 24, 2015 1:34 am

Desde muy temprano se encontraba despierta, manteniéndose más bien emocionada pues había descubierto una nueva tienda en el callejón Knockturn y esta tenía cosas realmente interesantes con las cuales podría entretenerse un rato entre clase y clase, durante sus estudios en Hogwarts ya había leído una buena parte de los libros en la biblioteca, por lo que se encontraba buscando segundas actividades en las cuales dejar caer su entretenimiento. Las clases con Bridgid le resultaba interesantes, pero no podía evitar pensar que necesitaba algo más para divertirse o terminaría por volverse loca entre tanto adolescente.

Entrada la tarde se dirigió fuera del castillo, no le tomó más que unos cuantos minutos para salir de los terrenos cercanos de allí para llegar finalmente poder aparecerse en el Caldero Chorreante, muchas veces le molestaba tener que hacer todo un proceso para llegar hasta allí siendo que la mayoría de los habitantes en el colegio eran magos pero tenía la suerte que siendo mayor de edad ya podía moverse con más libertad. Cosas como aquellas no eran las que precisamente añoraba de sus días como alumna pero muchas veces no podía evitar que la nostalgia la atacase cuando caminaba por algún lugar o en momentos como aquellos, el pasar al callejón Diagon le recordaba la primera vez que estuvo allí, como una pequeña curiosa por todo lo nuevo que encontraba en su camino; negó para quitar dichos pensamientos de su mente. No era momento para estupideces como aquellas.

Deslizándose entre los magos que rondaban por aquellos lugares, se tomo unos cuantos minutos para observar los escaparates de las nuevas cosas que se encontraban en las tiendas, tenía un tiempo de no paseasarse por allí, quizás desde comienzo de año y no podía evitar comenzar a perder el rumbo con el cual había entrado en primer lugar. No porque fuese precisamente distraída si no más bien porque siempre encontraba cosas que le agradasen, algún animal que podría comprar, un nuevo libro que hablase de alguna criatura extraña o simplemente una túnica que le agradase. Finalmente era una mujer después de todo.

En cuanto paso al oscuro callejón, no recordaba para que se había ido allí en primer lugar; se encontraba más bien perdida entre sus pensamientos, casi hablando consigo en voz baja, y aunque más bien eran pensamientos que dejaba al aire cada vez que una nueva idea cruzaba su cabeza, parecía no ver verdaderamente el camino por donde se encontraba o por lo menos eso pensó cuando casi se estrelló con una especie de muro que se cruzó en su camino. Sin embargo las paredes no se cruzaban en su camino o por lo menos eso pensaba Eris antes de subir la mirada.- Profesor O'shea - Respondió sorprendida, sonriendo casi por inercia al encontrarse con una cara conocida, de haber sido cualquier otra persona, la rubia lo hubiese mandado a pasear sin ningún remordimiento. Durante unos segundos olvido hacía donde se dirigía, más interesada en descubrir que hacía el profesor dentro de aquel lugar, según tenía entendido no sería su lugar favorito en el mundo.- ¿Que lo trae por aquí? - Su curiosidad salió a flote casi enseguida, mirando con interés al moreno, como si tratara de entender tan solo con observarlo.- Oh, me encuentro bien realmente ¿Que tal usted? -.

Durante unos cuantos segundos mantuvo toda su concentración sobre el hombre, aunque algo llamó la atención a su lado por lo que no pudo evitar. Una serpiente quien se movía algo inquieta dentro de su terrario, parecía casi dispuesta a salir de aquella tienducha para deslizarse por los callejones del lugar, razón por la cual Eris no pudo evitar sonreír. Se veía tan...- Que guapa -.
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Invitado el Dom Mayo 03, 2015 1:29 am

No tenía depositadas demasiadas esperanzas en lo que sería aquel día, realmente había pensado que tras su incursión en aquel  callejón poco agradable para sus gustos habitualmente más relacionados con las cosas bonitas y los arco iris que con la oscuridad que manaba de aquel lugar en el que todo era inexplicablemente tétrico y bastante terrorífico ya que la mayoría de las criaturas que podían verse en todas las malditas vitrinas de todos los dichosos antros que conformaban el callejon Knocturn eran serpientes, amarillas, verdes, a motitas, con rallas, blancas...Si sus pesadillas fuesen materiales probablemente todas sucederían en aquel lugar en el que debía estar en aquel preciso momento por necesitar aquellas cabezas reducidas para su hermano.

Podría decir sin temor a exagerar que Eris había sido como un soplo de aire fresco, vale que en más de una ocasión había visto las inclinaciones de la muchacha hacia el lado de la balanza donde su hermano se había encontrado años atrás, pero no era necesario influir en las decisiones de la rubia, es más, la respetaba como profesora en prácticas que era, hacía mucho que ya no se preocupaba por los posibles motivos oscuros de los habitantes de Hogwarts mientras no le tocasen directamente o dañasen en algo alguna de sus políticas de comportamiento.

- No estamos en Hogwarts, no me trates de profesor o me harás sentirme realmente anciano - Asintió levemente riendo después , no es que fuese de la edad de la muchacha, pero que le tratasen como profesor, o peor, como adulto realmente lo ponía nervioso a la vez que le hacía sentirse un viejo, cosa que obviamente era más cosa de su propia mente que de lo que los demás viesen, a pesar de ser mayor que la mayoría de los habitantes de Hogwarts no sería la primera vez que le echan menos años de los que realmente tiene, cosa que le llenaba de orgullo, por infantil que sonara. Se encogió levemente de hombros mirando a la chica - Mi hermano me pidió cabezas reducidas y lo malo de ser el menor de los dos es que terminas acatando lo que te pide y eso me ha traído aquí.

Frunció levemente los labios al ver como la muchacha vio con evidente fascinación aquel ser del demonio que reptaba entre las rocas que el terrario tenía en su interior y notó un escalofrío tremendo al ver como aquel bicho asomaba su lengua bífida entre sus fauces - Y como estoy...Digamos que he tenido momentos en los que me he encontrado bastante más cómodo que ahora mismo. Pero... - Elevó ambas cejas mirando a la chica - Si entras conmigo ahí y me proteges de esa cosa - señaló la serpiente en el terrario - Te llevo a donde quieras ir después, te doy mi palabra. - Era casi a la desesperada, pero ¿Quien no iba a intentar apovechar sus oportunidades para pasar un rato con una chica tan guapa como ella?
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