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Persecución nocturna [Thomas B. Winslow]

Elia Deveraux el Sáb Abr 11, 2015 2:01 pm

Pese a que mis ritmos circadianos estaban adaptados a mi nueva vida algunas noches sentía insomnio. Para poder dormir debía dar un paseo corto por el castillo o tomar una taza de algo caliente. Leche con whisky por ejemplo. En ocasiones me pongo a corregir los deberes de mis alumnos y me causan tal conmoción que se me van las ganas de dormir. Son tan estúpidos. No entienden las Runas y dudo que alguna vez alguno de ellos pueda lograr descifrar un texto entero sin inventarse la mitad. Tal cantidad de burradas tengo que leer a lo largo del día que me pongo de mal humor y ello contribuye a mi insomnio.

En mi intento de coger el sueño bajé un par de pisos y creí conveniente ir a la biblioteca a buscar algún libro sobre historias o leyendas en lenguaje rúnico. La gran sala repleta de libros estaba en completo silencio y a oscuras. Con mi varita me iluminé por los largos pasillos buscando algo de mi interés. Libros y más libros. Libros que la mitad de los alumnos no aprecian. En esta biblioteca se pueden encontrar ejemplares únicos en el mundo, y esos críos dibujan o escriben tonterías en ellos como si no les importase. La bibliotecaria debería estar más atenta a ese tipo de faltas. Si fuese por mi, cualquier alumno que lastimase un libro sería castigado duramente. Limpiar trofeos al estilo muggle sería digno en comparación a los castigos que me vienen a la mente.

Me centré en un pasillo con temática rúnica. Estaba vestida con ropa normal, una blusa y unos pantalones vaqueros. No me había puesto aún el pijama para meterme en al cama porque no tenía sueño. Mis zapatos taconeaban en el suelo y resonaban mis pisadas por toda la sala, creando un eco.  Pero cuando estaba parada observando unos libros escuché un sonido que no podía ser mío. También se escampaba por la sala con un eco. Alguien estaba en la biblioteca a deshoras. Dejé el libro encima de una mesa y me dispuse a cazar a ese alumno o alumna que estuviese en la cama fuera de hora. El castigo que tenía pensado le quitaría las ganas de salir de su sala común en un mes.
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Invitado el Dom Abr 12, 2015 1:27 pm

Por suerte las pociones siempre habían sido uno de sus puntos fuertes y conocía a la perfección la sección en la que se encontraban los libros adecuados para ello. Pasó un par de páginas de libro que estaba hojeando y se sentó sobre el escritorio apoyando la espalda contra la librería mientras buscaba entre las páginas el capítulo adecuado a su búsqueda. Pero no daba con ello.

Hacía un par de horas que las sábanas se habían negado dejarlo dormir, o más bien, que el ruido procedente de la Sala Común más cercana le había hecho abrir los ojos de par en par y no poder pegar ojo. Por suerte los alumnos de Ravenclaw eran más responsables que los de cualquier otra casa y tras haberles dado el primer aviso para volver la cama, lo habían hecho. El único problema era que ya no tenía sueño. Apenas restaban un par de horas para que amaneciese, por lo que se había dado una ducha y se había vestido con unos vaqueros negros y una camiseta de manga corta gris dejando al descubierto los tatuajes que cubrían sus brazos. Finalmente y tras dar un par de vueltas sobre uno de los sillones de su dormitorio había optado por salir a dar una vuelta por el castillo, pues quizá con suerte se encontraba con algún alumno fuera de la cama y podría amenizarle el rato.

Algo que, por supuesto, no había tenido lugar, lo que hizo que su aburrimiento se acrecentara y terminara yendo a la biblioteca, donde tenía pensado ojear un par de libros sobre pociones para ver de dónde había sacado su hermana tal imaginación para matar a su mujer. Hacía un par de meses que Heather había aparecido degollada en un descampado a las afueras de Londres y que Thomas había tenido que acabar todo el papeleo por el fallecimiento de esta. Por suerte, las cosas habían vuelto a su cauce rápidamente y podía haber vuelto a su vida donde aquella mujer que le había robado ocho años de su vida ya no tenía cabida.

Su interés en el libro mermó cuando un sonido lo sacó de su ensimismamiento. Un sonido que, sin duda, eran pasos. Cerró el libro de par en par dejándolo nuevamente en el estante y dio un salto bajando de la mesa. Sacó la varita invocando un lumus que iluminó lo suficiente para permitirle ver entre los pasillos de libros y mesas una figura al final del pasillo. Acortó la distancia entre ambos y abrió la boca para soltar una regañina cuando se dio cuenta que ni de lejos era una de sus alumnas, sino una de las profesoras de Hogwarts. – Elia.-Dijo en forma de saludo bajando la varita para no cegar a la chica. - ¿Insomnio una vez más?
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Elia Deveraux el Vie Abr 17, 2015 1:20 am

La noche es el mejor momento del día. La calma se apodera del castillo y es el momento idóneo para realizar cualquier actividad que requiera un poco de tranquilidad. Leer es una de las mejores actividades. Además, ayuda a coger el sueño. Por eso necesitaba un par de libros de la biblioteca. Para poder leer tranquilamente y poder dormir luego en paz. Había pasado la tarde corrigiendo traducciones inconexas, cosa que no me gusta nada, y una sensación angustiosa y asesina se había apoderado de mí ser. Requería ciertas lecturas calmantes y reconstituyentes para recuperar mi fe en la comunidad mágica. Me acerqué a la biblioteca de noche cuando no hay alumnos ineptos en ella. Odio entrar en la biblioteca por algo que necesito y que todos los alumnos que van mal en clase de Runas me vengan con preguntas sobre la asignatura. Tengo mis horas de clase, mis horas de repaso, mis horas de vigilancia, y tienen que incordiarme en mis horas libres. Odio a esos críos irrespetuosos.

No esperaba escuchar ningún sonido en la biblioteca pero algo me sacó de mi tranquilidad. Agarré mi varita iluminada para buscar al alumno o alumna que estuviese fuera de la cama. En mi cabeza se iba formando la idea de un castigo ejemplar. Cual fue mi sorpresa al encontrarme de cara al apuesto profesor de Herbología. - Buenas noches Thomas. - No esperaba ver a nadie en la oscura biblioteca y me encontré con el profesor que me ofreció plantas somníferas en mis primeras noches en Hogwarts. - Insomnio no, más bien tengo la mente muy despejada a estas horas de la noche y necesito lectura para cansarla. ¿Y tu? ¿No funcionan tus plantas somníferas mágicas? - No es que me burlase de sus plantas. Simplemente me hizo gracia que en mis primeros días me ofreciese plantas y pociones para coger el sueño. Era irónico que siempre le viese de noche, con insomnio, y persiguiendo la idea de poder castigar a alumnos saltándose las normas.  

Relajé mi actitud al ver que se trataba del profesor, bajando también la varita. Me preguntaba que clase de lectura estaría buscando él. Cualquier cosa relacionada con Herbología seguramente, ya que es su asignatura. Di unos pasos hacia atrás para coger los dos libros que había dejado abandonados. Los iba a necesitar más tarde. - Dime, ¿que andabas buscando? - No estaba realmente interesada en el tema pero me relacionaba muy poco con mis compañeros de trabajo y no podía desperdiciar tan buena oportunidad para hacerlo. Nos reunimos todos en las comidas pero se hace imposible entablar conversaciones de índole personal. El momento para hacerlo es este. Asimismo, me gustaría saber a que se debió la interrupción en mi clase del otro día. Tuve bastante alboroto con las runas encantadas que alguien trajo a clase para que además se colará un profesor.
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Invitado el Mar Abr 28, 2015 4:14 pm

Los pasillos normalmente repletos de alumnos no eran más que corredores silenciosos por donde nadie pasaba. La Biblioteca no era más que un aula oscura más, sin apenas luces y sin las mesas llenas de libros y pergaminos de los atareados alumnos deseosos por finalizar sus trabajos finales y exámenes para llegar a las vacaciones. En aquel momento no había nada en absoluto, tan solo el silencio y el resonar de sus pasos hasta llegar a la zona indicada, donde el sonido leve de su respiración y el paso de las páginas era lo único que sonaba. Sus ojos buscaban entre las líneas lo que buscaba sin encontrar las palabras precisas para saciar su curiosidad, pues resultaba que la imaginación de su hermana y sus dotes a la hora de realizar pociones iban más allá de lo puramente académico.

No pasó demasiado tiempo desde que se sentó a ojear libros hasta que escuchó algo que llamó su atención e hizo que abandonase su curiosidad por saber lo que su hermana había realizado. Sus pasos cambiaron de dirección, esta vez recorriendo los pasillos sin rumbo hasta dar con la persona que se encontraba en la biblioteca a deshoras. Una sonrisa amable surgió en su rostro nada más reconocer a la chica. – No pensaba usarlas hoy, más bien tengo alumnos con las hormonas revolucionadas que en lugar de dormir y estudiar se dedican a armar escándalo en su Sala Común. Cuando nosotros estudiábamos en Hogwarts los alumnos de Ravenclaw no erais así. – Afirmó. No tenía un recuerdo claro de cómo eran, pero sin duda eran los más estudiosos, algo que en aquel momento brillaba por su ausencia, ya que si no fuese por el Quidditch estarían en el último puesto en cuanto a ganar la Copa de las Casas debida a su escasa asistencia a las clases.

Se apoyó en una de las mesas, sentándose nuevamente sobre el escritorio y apoyando sendos pies sobre una silla para otorgarse mayor estabilidad. – Material para las clases de la semana que viene. – Mintió descaradamente, pues no era plan de ir predicando a los cuatro vientos que sus planes para aquella noche residían en encontrar la poción con la que su hermana había matado a su mujer y, de cualquier modo, no era un tema que fuese a hablar con alguien por mucha confianza que pudiese tener con esa persona. Para el resto del mundo, Heather murió en un fatídico accidente al ser atracada en mitad de la calle al pasar por uno de los barrios menos luminosos y con mayor índice de criminalidad de la capital inglesa. – Algo que no sean mandrágoras, los alumnos están empeñados en verlas pero soportarlas cuando no saben trasplantarlas en un auténtico suplicio. – Pues aquellos seres con apariencia de planta y al mismo tiempo de recién nacido no eran agradables en ninguno de sus sentidos, y una mala colocación en su recipiente daba lugar a noches de insomnio tanto para la planta como para todo el que tuviese que escuchar sus horribles gritos aún encontrándose bajo tierra.

- Pero creo que desistiré por esta noche. – Afirmó mirando a la mujer. Hacía tiempo que no se encontraban en plena noche, pero parecía que las únicas veces que lo hacían se encontraban en mitad de la noche o en una piscina con la ropa completamente empapada. En ese momento un sonido asoló la biblioteca, demostrando de este modo que no estaban completamente solos en la estancia o que uno de los fantasmas del castillo se estaba divirtiendo entre las estanterías lanzado libros, pero dado que no hubo un segundo sonido, la opción de encontrarse a Peeves desordenando la biblioteca para sacar de quicio al personal del castillo la mañana siguiente quedó descartada. – Creo que tenemos compañía.
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Elia Deveraux el Sáb Jun 06, 2015 1:26 am

Pretendía encontrar un par de libros que me ayudasen a conciliar el sueño tras un día largo y duro, por eso me escapé hasta la biblioteca a altas horas de la noche. Sabía de sobra que con un tiempo de lectura mis párpados empezarían a pesarme y la mente abandonaría al cuerpo dejándome descansar. Pero mis esperanzas se vieron truncadas al surgir un plan mejor. En la biblioteca me topé nada más y nada menos que con el profesor de Herbología. Un entendido en plantas somníferas donde los haya. Tenía mis dudas respecto al efecto de esas plantas pues él mismo sufría de insomnio, o eso pensé yo al verle en la biblioteca. Sonreí de medio lado al saber sus motivos para no dejarse llevar por el poderoso mundo de los sueños. Sus alumnos le habían despertado. O él mismo se mantenía en vela para poder vigilarlos. - Cuando estudiábamos en Hogwarts tu no estabas en mi sala común para saber que pasaba. - Le vacilé para hacerme la interesante. Realmente los alumnos de Ravenclaw eramos aplicados y dedicábamos muchas horas a las diversas asignaturas. Pero también teníamos nuestros momentos locos.

Me vino a la mente mi sala común repleta de libros y pergaminos, de gente estresada y furiosa por no llegar a tiempo a las entregas. Que bonitos recuerdos. Pero Thomas perteneció a Slytherin y sin embargo es el jefe de casa de mis queridos Ravenclaw. ¿A qué se debe ese intrusismo? Caí en la cuenta muy rápido gracias a mi mente nocturnamente activa. Profesor Winslow, hijo del excelentísimo Ministro de Magia. Nada se le puede negar al hijo de un Ministro. Así es como funciona el mundo. Tengo entendido que en el mundo muggle también pasa. Como dirían mis antepasados, la familia es lo primero. - La casa Ravenclaw está de capa caída. ¿No tendrá algo que ver que su jefe de casa sea un ex-Slytherin? - Pregunté seriamente para ponerle en un aprieto.

El señor enchufado de papi estaba buscando material para sus clases próximas. Al igual que hacemos todos los profesores intentando inculcar conocimientos de manera divertida, alejándose de la teoría y acercándose a la praxis. Masticando cada cosa importante para que los alumnos no tengan más que tragar y digerir. - Que aburrido. - Le contesté con desdén a pensar de que yo andaba buscando libros sobre leyendas en lenguaje rúnico. La diferencia reside en que lo mío es por pura diversión. Se defendió alegando que los alumnos quieren trasplantar mandrágoras pero no tienen ni idea y aguantarles en clase es un horror. - Podrías probar con plantas carnívoras. Alumno que falla, alumno que es digerido por una bonita planta. - Mi forma seria de decir ese tipo de bromas sobre la muerte de los alumnos me hace parecer loca pero realmente lo pienso. Un par de niños engullidos por una planta y pronto cesarían las tonterías en clase. Debería buscar una planta de esas para decorar la clase de Runas. Cuando a los alborotadores de Slytherin se les ocurra gastar una de sus bromas pesadas, castigados junto a la planta y adiós problema.

Su comentario me hizo sonreír. Interiormente había pensado lo mismo que él. Desistir de buscar un libro que me entretenga y me de sueño cuando puedo mantener una conversación con un adulto no demasiado viejo y de buen ver. Por más que tenga pareja mirar no hace daño. Y más después de verlo totalmente empapado en la piscina de la fiesta donde coincidimos. Tiene buen cuerpo, no se puede negar. Un sonido en la biblioteca interrumpió mi escáner mental. - ¿Alumnos fuera de la cama? - Pregunté con excitación. Estaba deseando poder imponer un castigo a alguien. Podía imaginarme sus caras al ver como su varita quedaba guardada en mi cajón mientras limpiaban a mano las muchas runas que hay en el aula de Runas. Ningún sonido siguió al primero pero me puse en guardia saliendo silenciosa y contenta a buscar en los diferentes pasillos a un alumno o alumna que se encontrase donde no debía estar.
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Invitado el Mar Jun 09, 2015 12:34 pm

Lo cierto es que no. No sabía cómo eran los alumnos de Ravenclaw en su época, pero siempre los había visto con la cabeza encerrada entre los libros, viendo pasar las horas pasar en la biblioteca y cargados de pergaminos donde apuntaban cualquier buena idea que surgiese en su mente. Parecía que su cerebro estaba en continuo funcionamiento, siempre alerta. No como los de Slytherin, cuyas neuronas parecían haber sido brutalmente asesinadas por sus hormonas y por esa misma razón la sala común situada en las mazmorras estaba llena de jóvenes hormonados cuya única preocupación era llevarse a la cama al primero que pasase por medio. – Perdóneme usted, señorita. – Arqueó ambas cejas ante su comentario. A veces las mujeres sobrepasaban su capacidad para entender las cosas. Eran seres raros. Muy raros. Podían pasar de querer lanzarse a tus brazos a simplemente golpearte en la entrepierna con la rodilla sin mediar palabra alguna. – Pero siempre os imaginé estudiosos y tranquilos. Más responsables que el resto, por así decirlo. Sin duda las apariencias engañan. – Sus alumnos lo demostraban cada día y si lo que decía Elia era cierto, en el paso también lo hacían.

- Está claro que si soy el jefe de Ravenclaw es para hacer que pierdan todos los puntos posibles y las serpientes ganen la Copa de las Casas como sin duda harán este año. – Dijo con tono sarcástico. Él era el primero que quería que Ravenclaw ganase algo, pero estaba visto que aquel no era su año. – No es mi culpa que estén más pendientes de la gente de su edad que de acudir a las clases. Seguro que se han cansado de ser los aburridos que todo el mundo creen que son y ahora quieren sacar su lado rebelde. – Dudaba que esas fueran las razones. Simplemente consideraba que estaban siendo unos irresponsables saltándose la mitad de las clases y que no habían tenido demasiada suerte en cuanto a los puntos regalados se trataba. Y ni hablemos del Quidditch, aunque por suerte un segundo puesto en la competición no era tan malo, sólo era malo si tenías en cuenta que había ganado Hufflepuff y que sólo había cuatro equipos. Por ende, habían quedado antepenúltimos en la competición.

La idea de probar plantas carnívoras había pasado más de una vez por su cabeza, y lo más posible es que acabase enseñándoles cómo alimentar a una de esas sin acabar muerto, pero no por el momento. – No son capaces ni de no ser golpeados por un árbol, como para encima soltarles con una planta asesina. – Y ni hablar del lazo del diablo, ya que pocos de sus alumnos habían logrado tranquilizarse aún sabiendo que era el único método para mantener tranquila a aquella peculiar especie. – Creo que Dumbledore no estaría muy contento si alguno de los alumnos muere en una clase, ya suficientes mueren cuando los Mortífagos deciden dar sus fiestas particulares por los alrededores como pare encima tener que preocuparse por profesores asesinos. Es como si tú intentases partirles la crisma con una de tus piedrecitas. – Dijo aquello último recalcando “piedrecitas” pues las runas, a su juicio, no eran más que piedrecitas.

Algo estaba con ellos. O quizá alguien. No sabía a ciencia cierta si se trataba de un alumno fuera de la cama o simplemente de uno de los fantasmas paseando por donde no debía, pero algo había. Al menos, eso se podía oír. – Veamos. – Elevó ambas cejas y giró sobre sus talones, sacando la varita por si era necesaria. Pasó entre las estanterías y pudo ver a lo lejos una silueta. No tenía ni la más remota idea de quien se trataba, pero aquella silueta iba hacia ellos sin freno. Una sonrisa ladeada surgió en su rostro, pues el propio alumno se iba a aproximar hacia donde estaban descubriendo que estaba fuera de la cama. Pero algo cambió. No era ningún alumno.

Tiró del brazo de Elia e hizo que ambos se apartasen del campo de visión de la figura, quien ni de lejos era uno de los alumnos. Se trataba del director del centro, a quien no le importaría encontrarse con dos profesores fuera de la cama, pero Thomas prefería divertirse en lugar de saludar al director. Cubrió la boca de Elia con su mano quedando a escasos centímetros de la mujer y vio como el director pasaba de largo hasta encontrar la puerta de salida por la que desapareció.
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Elia Deveraux el Lun Jun 15, 2015 9:55 pm

El Jefe de la casa Ravenclaw pensaba que todos los alumnos de esa casa eran adorables niños que pasan el día estudiando y la noche durmiendo. Un sueño para cualquier jefe de casa. Lo cierto es que en mi época todo estaba bastante tranquilo pues los castigos eran más severos que ahora. Y digo mi época como si fuese una vieja y hubiesen pasado mil años desde que yo estuve durmiendo en una de las camas enanas de la sala de Ravenclaw. Supongo que les falta disciplina. O astucia para hacer las cosas sin ser descubiertos. - Parece ser que la casa Ravenclaw ya no destaca por su sabiduría. En realidad ya no destaca por nada. Cualquier Slytherin estudia más que un Ravenclaw. Y cualquier Hufflepuff gana más puntos en clase que un Ravenclaw. Tampoco se les están dando bien los deportes... - Yo no había sido una Ravenclaw ejemplar pero jamás me encontraron revoloteando por el castillo a deshoras. Tampoco puedo decir nada más sobre el mal comportamiento de los Ravenclaw después de lo que me pasó en segundo curso- ¿No te dejan dormir? ¿Qué hacen? - Mi mente pervertida creó la imagen de multitud de adolescentes desnudos teniendo sexo entre ellos sin discriminaciones. No puede ser algo tan divertido.

Al ser Thomas un ex-Slytherin creí conveniente preguntar si no tendría algo que ver eso con el mal comportamientos de los alumnos de la casa Ravenclaw. A su vez, pretendía dar a entender que el director está loco por poner en ese puesto a alguien que no estuvo en la casa Ravenclaw de joven. Es como si ponen a un ex-Hufflepuff como jefe de la casa Slytherin. Sería normal que los alumnos de esa casa no respetasen a su jefe de casa al no verlo como un igual, ni admirarlo como alguien que estuvo en su casa y llego a ser profesor y jefe de su propia casa. Thomas me explicó sin demora que prefería ver ganar la copa de las casa a los Slytherin, como sin duda iba a suceder. - Los Ravenclaw somos inteligentes, no aburridos. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. - Me dieron ganas de decirle que yo soy un claro ejemplo. Saqué unas notas bastante buenas en algunas de las asignaturas más importantes, excelentes notas en Runas y notas pasables en lo relacionado con el deporte. Siendo siempre una niña buena y estudiosa jamás me negué a un poco de diversión. Vale que nos tachen de cerebritos, pero no paso que nos traten de aburridos.


Tom estaba en la biblioteca en busca de material para sus clases. Es algo que hacen todos los profesores pero no a estas horas intempestivas. Le di mi opinión sobre lo que podía enseñar a sus alumnos. Las plantas carnívoras podrían ser una buena opción. O aprendes a cuidarla o mueres. Según me contaba sus alumnos eran un tanto torpes. Se conoce que la Herbología es complicada. Materia comparable a la de Pociones, claramente. Quedaba implícito que el bueno del profesor Dumbledore no aprobaría esas prácticas en clase. Pero es divertido soñar. Además, mueren alumnos con las fiestas que organizan los mortífagos todos los años. Por suerte para mi siempre me pillan durmiendo la mona y no me entero de nada hasta que lo leo en el Profeta. Se me olvidó que iba a contestar sobre mortífagos y muerte porque Thomas llamó piedrecitas a mis Runas. - Eh, yo no me meto con tus plantitas y tu afición por las infusiones para dormir.


Pronto olvidé mi enfado pues escuchamos algo en la biblioteca y me moría de ganas por impartir mi ley. Thomas miró en primer lugar y un segundo después me arrastró a un lugar seguro y escondidos. Alguien pasó por el pasillo con paso elegante y seguro. No somos alumnos y podemos merodear por el castillo a la hora que nos venga en gana. Por eso no entendí que Tom me tapara la boca con su mano y me arrastrara a un lugar más apartado. Al poco rato se escuchó la puerta y el director ya no estaba en la biblioteca. Cogí la mano de Tom y la aparté de mi boca. - Ya no nos pueden castigar por estar en la biblioteca de noche. Pero ha sido divertido. Mi mente me ha jugado una mala pasada y por un instante me he creído otra vez una alumna fuera de la cama. La biblioteca puede parecer un lugar aburrido, incómodo y poco romántico, pero te juro que muchos Ravenclaw han tenido encuentros sexuales en ella. - Levanté mi ceja como resolviendo el enigma de que yo fui una de muchas Ravenclaw que escaparon a la biblioteca para tener sexo.
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Invitado el Mar Jun 16, 2015 1:42 pm

Se limitó a encogerse de hombros. A él le daba igual lo que hiciesen o dejasen de hacer sus alumnos siempre y cuando no se metiesen en ningún problema. Varios de ellos iban a graduarse con notas excelentes, iban a quedar segundos en la Copa de Quidditch y ninguno había acabado muerto, algo que no podía decirse de otras de las casas de Hogwarts. – Ellos sabrán lo que hacen. Mi deber es que no acabe lanzándose por la Torre de Astronomía y aconsejarles a la hora de elegir una carrera al acabar sus estudios. Además, ganar puntos por levantar la mano en clase no les convierte en más inteligentes, sólo en más pesados. – Por eso mismo él no hacía preguntas teóricas en sus clases, pues no se debía valorar únicamente la capacidad para recordar datos, sino para aplicarlos en la vida misma. Muchos de sus alumnos habían demostrado conocer las características físicas de muchas de sus plantas y cómo enfrentarse a ellas en caso de ser necesario. Pero pocos de aquellos que se sabían todo el temario de memoria habían sido capaces de salir de una situación peligrosa con una de ellas, algo que sí que habían conseguido alumnos que no pasaban el día con la mano levantada para repetir como papagayos el temario plasmado en los libros de texto. ¿Desde cuándo memorizar se había convertido en aprender?

- Se limitan a estar en la Sala Común gritándose los unos a los otros. Últimamente tienen disputas entre ellos. Estrés por el final de curso, regañinas varias por los entrenamientos de Quidditch, problemas de parejas… Ya sabes, es una edad muy mala. – Se limitó a encogerse de hombros. No es que montasen fiestas cada noche, más bien despertaban a toda la Sala Común gritándose los unos a los otros. Al principio lo había visto algo raro, pero tras hablar con varios alumnos había comprendido la situación, lo que no hacía que diese por válido que se la pasaran gritando y discutiendo. Por mucho que hablasen las cosas, acababan tirándose de los pelos, era como si las redecillas internas en la casa se hubieran convertido en protagonistas.

Mientras estaban hablando alguien llegó a la Biblioteca. Ambos estaban tan a lo suyo que tardaron en darse cuenta de la presencia de un tercer individuo. Al tratarse de profesores no hubiese supuesto ningún problema, pero era mucho más divertido comportarse como lo hubieran hecho en sus tiempos como alumnos. O al menos, a juicio de Thomas, quien estaba cansado de vivir entre aquellos muros de piedra con la misma monotonía día tras día. En más de una ocasión había pensado irse, pero lo único por lo que quería irse era por volver al Quidditch, algo que por el momento resultaba imposible. Estaba pensando seriamente pasar todo el verano en San Mungo intentando adelantar una recuperación que decían que, posiblemente, no tendría lugar nunca. Pero dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y tras años perdidos en un matrimonio de engaños y filtros de amor, cualquier salida le parecía posible ahora que era libre.

No sabía si a Elia le molestaría aquello, pero logró que ambos se apartasen del camino y cubrió la boca de la chica con la palma de su mano para que no hiciese ningún ruido. El director de Hogwarts pasó tan tranquilo a su lado y, tan rápido como había entrado a la Biblioteca, salió de esta. Thomas se limitó a encogerse de hombros y disimular una leve sonrisa ante la contestación de la chica. – Cincuenta puntos menos para la casa de los Profesores. – Sonrió de medio lado con tono bromista. Escuchó las palabras de la chica y afirmó con la cabeza antes de volver a hablar. – Es mucho más divertido guiarse por impulsos, salir de la monotonía de las clases, ¿No crees? Además, no somos tan mayores, apenas hace unos años que éramos nosotros los que corríamos por los pasillos escondiéndonos de los profesores y prefectos. – Él nunca había sido prefecto, ni premio anual, ni nada por el estilo. Más bien, había sido el constante dolor de cabeza de los prefectos, pues siempre estaba metido en algún problema y perdiendo puntos y más puntos de manera gratuita.

- ¿Sólo Ravenclaw? – Alzó una ceja. – Venga, la Biblioteca por la noche está vacía y el resto del día tiene sus propios rincones que no pisa nada. Además, había alumnos de primeros a los que si sobornabas se encargaban de no dejar que nadie pasase a determinadas zonas y no te interrumpieran. – Arqueó una ceja, pues los de Ravenclaw no eran los únicos que habían tenido algún que otro encuentro indebido en la Biblioteca de Hogwarts. – Pero mi lugar favorito siempre fue uno de los pasadizos de las mazmorras, aunque si no tenías cuidado saltaba la trampa y acababas ahogándote si no encontrabas la salida rápido. – Recordó, pues hace poco había encontrado a dos alumnos ahogándose en el interior, por suerte había aparecido justo a tiempo.

Cogió el libro que había dejado sobre la estantería con la llegada del director y viró sobre sí mismo para volver a mirar a Elia. – Creo que me iré a ver si cojo el sueño aunque sea un par de horas. – Y dicho esto, comenzó a avanzar hacia la salida para ir a su dormitorio.
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Elia Deveraux el Vie Jul 10, 2015 1:12 am

Se notaba cierto aire de superioridad en Thomas al hablar de sus alumnos de Ravenclaw. Está orgulloso. Es bueno saberlo ya que siento predilección por los alumnos de mi antigua casa de Hogwarts. Son inteligentes aunque de vez en cuando las hormonas se adueñan de su razón y se vuelven idiotas. Últimamente la inteligencia sin límites de los alumnos y alumnas de la casa de Rowena estaban en decadencia, y así se lo dije a Thomas que no dudó en defenderles de nuevo. De nuevo ataqué con una buena defensa. - Levantar la mano y responder bien a las preguntas del profesor denota cierta inteligencia. Aunque comprendo lo que dices. Ciertos alumnos parecen haberse tragado un libro. Leen las cosas, las aprenden y las sueltan tal cual. No se paran a asimilar los conocimientos. Así que no les sirven de nada. - Mis años de universidad había servido de algo más que para recorrer fiesta y ligues. Me había formado como profesional en pedagogía y metodología. Por eso mi manera de enseñar podía resultar diferente. Mi meta era que las cosas importantes quedaran grabadas en los cerebros de mosquito que tengo por alumnos, y si para ello hay que hacer clases participativas lo intento. Las Runas son como son y no puedo dejar que aprendan jugando con ellas, pero si con el método de ensayo-error. Eso intento inculcarles al mandarles deberes de traducción día si día también.

Según contaba el jefe de la casa Ravenclaw, sus alumnos no le dejaban dormir. Mi mente perversa imaginó escenas sexuales o fiestas alocadas. Nada más lejos de la realidad. Simplemente discutían con frecuencia por tonterías. - Es lo que tiene la adolescencia. Chicas compitiendo con otras chicas por ser las más bellas. Chicos compitiendo por ser los más fuertes o los que más ligan. Y dentro de eso, discusiones de pareja, cuernos, celos... Bendita madurez. - Solté como si yo fuese ya una vieja. Por suerte mis años de tonterías habían terminado bien. Continuaba teniendo a mis amigas y una estabilidad emocional muy digna. Y siempre un punto de seriedad y uno de locura. Los adolescentes desconocen el significado de la seriedad.

Fue tan inesperado como divertido ver entrar al director en la biblioteca. Tom tuvo más previsión que yo y me apartó del medio para escondernos un poco. Aquella escena me recordó sucesos anteriores a mi estancia en Hogwarts como alumna y no como profesora. Le conté a Tom que mucha gente aprovechaba la soledad y oscuridad de la biblioteca por la noche para tener encuentros sexuales. Es divertido correr ese tipo de riesgos. Se gana una batalla que contar, y tan solo puedes perder unos puntos y unas tardes de castigo. Él me contó que sobornaban a otros alumnos para que montasen guardias, y que conocía lugares secretos en las mazmorras. - Lo que yo conozco bien son las torres. Tiene lugares íntimos que quizás aún desconozcas.  - Había pasado de unos a otros la palabra que tenías que usar frente a determinado cuadro para que se abriese y diese paso a una estancia pequeña pero muy cómoda e intima. - Algún día podemos conocer los secretos de Hogwarts juntos. - Sonaba a propuesta indecente cuando no era del todo mi intención. Thomas siempre me había tratado como una compañera y no como alguien con quien pueda acostarse. No es que yo no lo desee. No estoy ciega. Es un hombre muy apuesto y muy fuerte, pero parece serio. Tampoco me importa tenerle como confidente.

Después de eso cogió su libro con intención de irse a dormir. - Oh, vaya. Esperaba poder hacer algo divertido hoy al toparme contigo aquí, pero veo que solamente te gusta divertirte con otros profesores entrando en mis clases y provocando mi furia. - Más que sugerirle hacer algo loco y divertido esta noche quería hacerle saber que me molestó que entrara en mi clase. Aún no se lo había comentado y ese es mi método de decir las cosas. Con golpes de efecto.
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