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The Glass Ballerina [Marlene S. Mckinnon]

Invitado el Sáb Abr 11, 2015 10:07 pm

Biblioteca.
Cuatro menos veinte de la tarde.
Con Marlene S. Mckinnon.


Llevaba toda la semana con la voz de Remus golpeando sus tímpanos. Apenas veía a James. Apenas veía a Peter. Sólo veía a aquel endemoniado que había decidido que ya era hora de empezar a estudiar para los T.I.M.O.S. y si quiera le dejaba tiempo para respirar. Por suerte, había logrado zafarse de él, llegando lo más tarde posible a la Sala Común para que este estuviese dormido o haciendo turno con el resto de prefectos a lo largo de la noche. Intentaba no cruzarse con él en los pasillos, sentarse lejos de él en las clases y había hecho que el Mapa del Merodeador desapareciese de los objetos comunes de los cuatro chicos para mantenerse alejado de aquel que insistía en lo importante que era para su futuro estudiar. Así podía dar con James y Peter, el único problema es que sus nombres aparecían con frecuencia junto a las letras que rezaban “Remus J. Lupin” en el interior de la Biblioteca o de la Sala Común de Gryffindor.

Su plan infalible durante las últimas semanas era vivir al margen de Gryffindor, como si fuera un orgullo para los Black, alejándose de las bufandas granas y doradas y perdiéndose entre los corredores manteniéndose lejos de aquellas malas influencias que antes llamaba amigos. Cualquiera hubiese pensado que los odiaba, pero tanto como le conocían aquellos tres, debían saber de sobra que lo único que quería el chico era no tener que estudiar. O al menos, ser él quien decidiese cómo y cuándo estudiar, algo que parecía no entender el Pepito Grillo del grupo.

Su suerte parecía ir según lo planeado. No se cruzaba con ellos gracias al mapa, podía leer los apuntes cuando quería sin presiones y sabía lo que era respirar gracias a estar lejos de Remus. Pero el destino era traicionero e hizo que alguien más se cruzara en su camino haciendo que las últimas semanas a aquel día las hubiese pasado en la biblioteca. Emma Vanity. El diablo con forma de rubia con el uniforme de Slytherin. No sabía cómo lo hacía, pues jamás lograba dar con ella en el mapa antes de que ella diese con él entre los pasillos y los cientos de alumnos que allí se encontraban. Era cosa de magia, pero lograba encontrarlo y arrastrarlo hasta la biblioteca para estudiar.

Le había prometido que si acudía aquel día sería el último. Que por fin le dejaría repasar y estudiar nuevamente a su aire, confiando plenamente en su responsabilidad como alumno. Y Sirius, iluso de él, había querido creer a la chica, cogiendo los libros de texto de Historia de la Magia con las anotaciones que había tomado en clase a lo largo del curso. O lo que él llamaba anotaciones, las cuales se basaban en dibujos y líneas aleatorias por todo el papel donde podían leerse algunas palabras con sentido sobre la asignatura pero que por mucho que intentaras ordenar carecerían de coherencia alguna entre sí.

Dejó los libros sobre una de las mesas de la Biblioteca y miró a su alrededor sin dar con Emma por ninguna parte. Supuestamente habían quedado hacía diez minutos, pero la chica seguía sin dar señales de vida. Algo en su interior le hacía desear que ojalá estuviese en la enfermería con viruela de dragón y así podría dejar de encontrarse con ella cada día para que le obligase a estudiar. Abrió el libro de Historia de la Magia por el capítulo en el que se habían quedado la última vez y lo dejó sobre uno de los escritorios, el cual se encontraba entre dos estanterías, una enfrente y otra tras este. A su vez, a un lado se podía observar un corredor con diferentes mesas para estudio y más estantes y al otro se encontraba la pared con una ventana más elevada por donde apenas entraba la luz.

Se sentó en el escritorio apoyando la espalda en una de las estanterías y comenzó a leer sus apuntes. Fascinante cómo podía llegar a perder el tiempo en clase, por lo que se dedicó a hacer un pequeño avioncito de papel entre sus dedos con él para luego embrujarlo con ayuda de su varita, haciendo que este fuese volando por la zona apartada en la que se encontraba. Elevó la varita acompañando el movimiento del pájaro de papel y este se dio de bruces contra algo y acabó en el suelo. O más bien, se dio de bruces contra alguien.
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InvitadoInvitado

Invitado el Miér Abr 22, 2015 8:10 pm

La rubia se consideraba a sí misma como una de las personas más pacientes de la tierra ya que creía que se requería una gran cantidad de paciencia y fuerza de voluntad para no asesinar a alguien. Su víctima: Una pelirroja con nombre de flor a la que estaba pensando seriamente lanzar desde la torre más alta del colegio. Tenía que verla todos los días ya que era su compañera de cuarto, de curso y su mejor amiga, pero la chica parecía no conocer el significado de parar, parecía grabadora con sus TIMOs aquí TIMOs allá, todo era TIMOs TIMOs, Ya no podía entrar a la habitación que compartían sin ser regañada por no estudiar, y por mas amenazas que le hiciera a su mejor amiga de regalarle su ropa interior a James si volvía a mencionar aquella palabra la pelirroja no quería ceder, era realmente insistente y lo peor de todo es que no era la única, también estaban Remus y Emma  los cuales se habían enfrascado en tomar ese tema de conversación en cualquier lado que ellos estuvieran -¿Quién te manda a ser amiga de tres prefectos?- Se regañó mientras salía de su habitación.

Lo que no entendían sus amigos es que ella es realmente mala recibiendo órdenes, cada vez que ellos le insistían que debía comenzar a estudiar su instinto rebelde despertaba y la enviaba a hacer todo lo contrario. Hasta ahora no se sentía para nada atraída por salir bien en aquella prueba , después de todo según ella se iba a convertir en una jugadora de Quidditch profesional y para ello no necesitaría un Excelente en todas las asignaturas. Los únicos TIMOs por los que se sentía levemente atraída eran los de estudios muggles, ¿A quien no le gustaría aprender a manejar? Saber manejar aquellos aparatos significaría para ella un poco de libertad de la casa de su abuela, así podría visitar a su hermano en el internado cuando quisiera y podría salir con sus amigos para cumplir su tonto capricho de hacer un viaje en carretera, sí, tenía que aprobarlos y no sería tan difícil para ella.  

Caminaba a paso tranquilo rumbo a la biblioteca mientras cargaba una libreta en su mano, Emma le había prometido que dejaría de hablar sobre los TIMOs y saldría con ella a Hogsmeade para divertirse un rato si le hacía el favor de tomar prestada la libreta de apuntes de Lily, no había sido necesario pedirla, lo que era de la pelirroja era de Marlene así que no sintió culpa al tomarla de entre sus cosas y salir de su habitación como si nada. Lo que no entendía era porque Emma necesitaba aquella libreta si después de todo estaba segura que la suya debía estar más completa que la de cualquiera en el castillo, pero no quiso preguntar mas, la idea de tener un poco de paz con respecto a las pruebas cuando estuviera cerca de ella era más apetecible que robar/tomar prestado algún cuaderno.

Llegó a la biblioteca un poco antes de la hora acordada y se ubicó en la mesa que su amiga le había indicado. Pero tardó más de lo que la rubia esperaba y mientras se aburría haciendo nada decidió dar una ojeada a la sagrada libreta. –Loca nerd- murmuró por lo bajo al ver todos los apuntes tan perfectos de su mejor amiga, tomó una pluma que alguien había olvidado en la mesa y comenzó a dejar pequeños garabatos con dibujitos en las páginas del cuaderno de su amiga “Lily flower, Te amo, att: James” “Las rosas son rojas, también tu cabello, amo las rosas, te amo” intentaba ahogar una risa mientras seguía escribiendo intentando imitar la letra de su mejor amigo –Oh James, estarás en serios problemas- murmuró por lo bajo mientras empezaba otro garabato hasta que algo rebotó contra su cabeza y luego calló sobre la mesa –Auch- se quejó aunque no le había dolido realmente, tomó el avión de papel y elevó su vista automáticamente como si fuera una fiera en busca de su presa.

Entrecerrando los ojos miró a un lado y luego al otro hasta dar con el chistoso dueño de aquel artefacto del demonio –Tenías que ser tú- gruñó al ver la melena oscura y aquellos ojos grises que conocía muy bien, Sirius Black, el protagonista de sus peleas más épicas y de sus momentos extraños, la rubia juraba no soportarlo pero luego pasaban cosas como las de una noche en la que casualmente los dos se habían colado en las cocinas del colegio, o la otra noche cuando estaba muy borracha y…  entonces Marlene no sabía a ciencia cierta qué era lo que él le causaba, o sí sabía lo que le causaba pero jamás iba a admitirlo en vos alta.

-¿Sirius está en la biblioteca? ¿Qué tipo de broma es esta?- preguntó fingiendo alarma como si aquello fuera más raro que ver a un dementor bailando tango sobre una mesa. Llevó una mirada a la mesa en la que él estaba y ahogó una carcajada al ver un cuaderno –¿Estas estudiando?, por los calzones de Morgana no me lo puedo creer, en serio tengo que tomar una fotografía de esto- Sacó un dije de su blusa que tenía forma de cámara y en un segundo este se agrandó hasta convertirse en una real -Dí queso- dijo antes de tomar una fotografía del muchacho quien parecía no estar preparado para que lo fotografiaran en ese momento. No era raro que la rubia hiciera eso, pero la mayor parte de sus fotografías tenían grabadas la cara de sorpresa que ponían sus víctimas al ser retratados sin aviso previo.
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InvitadoInvitado

Invitado el Vie Abr 24, 2015 10:01 am

El avión de papel se elevó un par de centímetros del pergamino donde se encontraba apoyado. Se elevó otro par de centímetros alejándose de la varita que se encargaba de darle vida y se elevó nuevamente otro par hasta alcanzar la altura suficiente como para sobrepasar la cabeza de su dueño. Otro par de centímetros más y sobrevolaría las estanterías, pero no lo hizo, sino que comenzó a variar su rumbo como si de una hoja seca al caer de un árbol en pleno otoño se tratara. La varita del chico ejercía como si del viento se tratara, haciendo que el avión siguiese el rumbo marcado por los movimientos leves de su muñeca. Un movimiento tras otro hasta que lo perdió de vista entre las mesas colindantes donde alumnos de todas las casas y cursos se concentraban en sus estudios, ya que al parecer, la época de exámenes estaba a punto de llegar. Él lo sabía bien, pues Emma y Remus se habían encargado de repetírselo cada cinco minutos, no fuese a ser que se le olvidase que estar en Hogwarts también daba lugar a obligaciones que debía cumplir, y no sólo eran las de ir en uniforme.

Vio como el avión aterrizaba forzosamente sobre una melena rubia. O más bien, como se estrellaba tras una empicada caída en la que él no había intentado poner freno para salvar a los pedacitos de papel que había colocado sobre el avión como si de pasajeros se tratase, por lo que los pequeños papeles quedaron colocados por la melena de la rubia aún cuando esta apartó el avión de su cabeza. Una sonrisa entusiasta se dibujó en sus labios al reconocer al obstáculo contra el que su avión se había estrellado, ya que esperaba que la chica se molestase y viniese e decirle lo imbécil que era o algún tipo de barda palabrería que tan fácil como le entraba por una oreja le salía por la otra. – Sirius Black a su servicio. – Respondió a la afirmación de la chica haciendo una leve reverencia sin variar su postura sobre el escritorio, con sendos pies apoyados en una silla para estar aún más cómodo.

Si era raro encontrarlo a él en un lugar como aquel, lo mismo podía decirse de su recientemente encontrada acompañante, la cual sin duda era una mejor compañía para estudiar de lo que lo era Emma. En primer lugar, porque Emma no podía estudiar a su lado, sin que se colocaba a un par de mesas de distancia sin quitarle el ojo de encima para que estudiase y así nadie pensase que iban juntos a estudiar. O más bien, que ella le obligaba a estudiar porque en el fondo se llevaban bien por encima de esa fachada de hostilidad. – ¿Broma? ¿Acaso no me ves capaz de estar en un lugar silencioso y rodeado de libros mientras que intento memorizar los antecedentes históricos de la Guerra de los Ogros? – Preguntó con un tono dramático en su voz. Estaba claro que ni él se veía capaz de tal acción, pero era posible que alguien pudiese creerlo… Pero Marlene no. Marlene le conocía lo suficiente como para saber que si estaba en la Biblioteca bien podía ser porque Remus estaría en un estante buscando libros mientras él le esperaba para seguir estudiando a regañadientes bajo la supervisión de su amigo o porque había encontrado en la Biblioteca el lugar perfecto donde ligar fingiendo ser una persona responsable capaz de estudiar por propio gusto.

Siguió con la vista los movimientos de la chica sin inmutarse demasiado, mostrando su faceta más relajada y despreocupada, pues estaba tan amargado por la presencia de Emma en cualquier momento que no tenía ni ganas de amenazar a Marlene si no le dejaba tranquilo y se metía aquel objeto por donde le cupiese. Se limitó a encogerse de hombros mirando con cara de pocos amigos a la chica cuando un flashazo golpeó su cara obligándole a parpadear de manera exagerada durante un par de segundos. – Deberían requisarte eso, es un arma peligrosa para tener en un castillo lleno de críos. – Afirmó como si fuese una persona responsable. ¿Qué fuerza malvada estaba ejerciendo la Biblioteca sobre él que le hacía permanecer en el escritorio sin hacer nada contra la chica? ¡No lo permitiría! Dejó caer el libro de historia que reposaba entre sus piernas, tomándolo con ambas manos y le dio un golpe en la cabeza a la chica con el libro. No fue un golpe fuerte, pero sí que resonó en el silencio del lugar.

Apartó el libro dejándolo sobre el escritorio y ladeó la cabeza mirando a Marlene. - ¿Y tú qué diantres haces aquí sin tu sombra pelirroja? – Preguntó haciendo alusión a Evans, quien posiblemente estaría sufriendo el acoso de James, quién a cada día que pasaba estaba más insoportable con el tema Lily Evans. - ¿Te has perdido? – Añadió rápidamente como si ella fuese la completa extraña perdida en un lugar repleto de libros. Aunque, pensándolo bien, nadie podría entender qué diablos hacían ellos dos en una biblioteca y encima juntos, sin que una persona responsable estuviese ejerciendo su buena influencia sobre ellos y sus correspondientes estudios.

- Creo que mi cita romántica me ha dado platón y tendré que conformarme con tu presencia. – Rodó los ojos fingiendo molestia. En el caso de una cita romántica no prefería ni tenerla con Emma ni tenerla con Marlene, pues supuestamente las consideraba a ambas únicamente a amigas, aunque siendo sinceros, el concepto de amistad femenina para Sirius era muy relativo. - ¿Estudias o trabajas? - Y dicho esto, saltó del escritorio tomando uno de los brazos de Marlene y con la mano libre cogió su cámara, elevándola sobre sus cabezas dejándola fuera del alcance de la chica.
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