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Más problemática que una misión {Privado}

Invitado el Lun Abr 20, 2015 3:31 am

A veces, mientras yacía en la cama contemplando el pezón de alguna hermosa chica, la vena poética me salía sin previo aviso. A mi lado, una joven adolescente cuyo nombre ya no me acuerdo, respiraba tranquila en su profundo sueño. Ahí estaban sus senos desnudos... sin ningún tipo de cobertor. Aquellos senos se alzaban y descendían a un ritmo soñoliento. Sus pezones eran rosados como su vagina, su piel blanca también salpicada de lunares, me hizo corroborar que era la misma persona que había traído del club hasta mi casa. Dí una calada a mi cigarro y mis ojos recorrieron su cuello hasta llegar a su rostro. Exhalé. Una chica rebelde, pensé después, pero seguía siendo una simple niña. Me preguntaba divertida que clase de cara iba a poner cuando me viera a su lado, porque si, aquella tipa no era lesbiana, o no al menos declarada. Lo supe en el momento en que la tiré sobre la cama y me le coloque encima. Valiente era la pequeñaja, no lo negaba, pero había tenido el cuidado de decirme "que aquello lo hacia para "asegurar" su sexualidad. Le solté una carcajada ahogada e hice lo que tenia que hacer. Fin.

Me removí entre la cama para soltar las cenizas al suelo cuando ella entonces se removió  y se levanto un poco. Miró mi habitación, con evidente confusión y después se fijo en mi como si no supiese donde estaba. Me lleve el cigarro en la boca y estuve a punto de decir el tan "educado",  "¡Oh!, ¡ya has despertado!", cuando ella misma soltó un jadeo de sorpresa y se cubrió el cuerpo de nuevo, quitándome parte de la sabana. Alcé una ceja sin comprender aquella reacción y comenzó a murmurar algo que se decía a si misma "Lo he hecho, ¡lo he hecho realmente!" Yo sonreí divertida librando el humo de mis pulmones.

—A mi me gusta la parte cuando maldices a tu familia por lamerte el clítoris.— dije, como si estuviésemos hablando de algún hobby. Ella me miró muy sorprendida, no dando crédito a mis palabras,  pero luego tomo una postura orgullosa, sin mirarme a la cara. Si, era una bruja tozuda. No dijo nada por unos momentos, y yo ya me tenía que largar al trabajo.

Sin decir nada más, me levante de la cama arrojando el cigarro por la ventana. —¿A-adonde vas? — se quebró por fin la castaña.

—A trabajar.— dije sin más, a la vez que agarraba la varita y apuntaba al armario para que esta, mágicamente, seleccionara la ropa que usaría sobre la cama. Me fui al baño justo cuando ella me pedía que no lo hiciera, que esperara, que quería decir algo... le cerré la puerta. El baño fue fugaz, estaba sobre el tiempo y ya llevaba 5 minutos tarde. Mientras dejaba que la regadera de mano (lo único que funcionaba) levitase en torno a mi cuerpo a la vez que me dejaba enjabonar, recordé que hoy había otra misión especial, esas misiones en donde debía ir al mundo muggle. Menee un par de veces la varita para que me secara con un conjuro limpio. Al salir del baño igualmente desnuda, me bastó un simple "Indure Vestem" para que la ropa se materializará sobre mi cuerpo. La bruja adolescente ya estaba vestida y se vino tras de mi cuando me coloque al lado de la chimenea.

—¿A donde vas? — volvió a preguntar. Rolee los ojos en blanco.

—¿Eres sorda, o qué?, Al trabajo—ella iba a protestar, seguramente quería preguntarme a donde. —Te puedes quedar aquí, o te puedes largar. Da igual, pero si decides irte será mejor que no te lleves nada porque pobre de ti.—amenacé, tan fríamente que ni yo misma había calculado esa tonalidad. Ella se quedo un rato callada. Tal vez sopesando.

—¿Así que piensas dejarme aquí, estoes todo?—pregunto ofendida, a la vez que me metía en la chimenea. ¿Era en serio?

—¿Y que esperabas?, ¿qué te picara una torta? Querías saber si eras lesbiana, ¿no? Ya te hice el favor, ahora apártate de mi vista o terminaré creyendo que te has convertido en lo que no querías—dije, sonriendo con malicia al decir esto. Apoye el brazo sobre un costado de la chimenea, pesando un poco. —No me importa darte otra vez si quieres, querida... para ser honesta, me has sorprendido un poco, pero hay trabajo que hacer y dudo mucho que vuelva pronto. Si tienes paciencia vuelve, si no, masturbate con la varita pensando en mi.—y largando una carcajada, la apunte en la garganta con mi varita, y después a su sexy pecho para murmurar un simple "Expelliarmus" y aventarla hacia la cama. Arroje el polvo flu y me fui allí. No me importo si escucho que mi destino era el Ministerio de Magia, quería saber que tan lejos era capaz de llegar.

Cuando la llamarada color verde se disipo a mi alrededor, salí como era frecuente  a las instalaciones. Mi siempre altiva forma de andar, muchas veces despectiva, me ahorraba el fastidio de tener que saludar a medio universo. Solo uno que otros brujos de otros departamentos y al cual conocía bien salude alzando el mentón y continuaba mi camino. Ir hacia el departamento que me correspondía no me sometía ningún problema y llegue allí tan pronto como era normal. Se notaba que ya desde hace como 45 minutos ya había movimiento por los alrededores, un auror llamado Felix, el soplón, me miró con sorna y me entrego un documento.

—Llegas tarde— Que novedad... —Estas son tus instrucciones, vas a viajar al mundo muggle. Tendré que avisarle al jefe que haz llegado tarde, Thelma. Tu compañera te esta esperando en el pasillo y.. ¡Oye! —no esperé que acabara, me fui a buscar a "mi compañera" mientras bufaba por lo bajo y leía las pautas. Odiaba trabajar con alguien. Generalmente eran personas entrometidas, con demasiada moral, demasiado Dumbledore para mi gusto... Lo que no me esperaba es que esta vez, mi compañera iba a ser diferente, pero no diferente en plan de que seria "ameno y color de rosas", no... todo lo contrario...

—Shadows. — dije, por fin a la aurora que tenía enfrente, con un tono tan despectivo que no disimulada "mi flamante encanto" por tenerla como compañera de esta nueva misión.
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Fiona T. Shadows el Mar Abr 21, 2015 7:44 pm

Tan rápido como había terminado de leer el pergamino, este comenzó a arder hasta desintegrarse, dejando sólo el recuerdo de lo que antes había sido en forma de cenizas sobre el escritorio. Dio un golpe seco con su varita y las cenizas se desviaron hasta encontrar el rumbo que debían seguir por la ventana, perdiéndose gracias al influjo que el viento ejercía y quedando al antojo de las corrientes que acompañaban aquel día a la capital inglesa. La carta desapareció y tan sólo ella y la persona que la había escrito sabían las palabras que pulcramente se habían encontrado escritas en el pergamino segundos antes.

Apoyó la espalda en la parte trasera de la silla, ejerciendo toda la fuerza de su propio peso contra esta y alzando sendas manos para masajear sus sienes. Aquel mensaje no era la mejor noticia que podía esperar, pero como cualquier otra noticia, sólo era información. Información que otros se estaban encargando de contrastar y que en cualquier otro momento no muy lejano traería unas consecuencias. Debía escribir a Luke, preguntarle si todo iba bien sin dejarle ver que las cosas se estaban poniendo cada vez más oscuras en el Mundo Mágico. Tan sólo quería preguntarle cómo le iba, si las clases iban bien, si Hogwarts estaba tan tranquillo como siempre y sus preocupaciones se seguían reduciendo a los exámenes finales y al grupo de amigos que lo rodeaba de manera diaria. No quería decirle abiertamente lo que pasaba, sólo ver si lo sucedido entre las paredes de Hogwarts estaba también dando que hablar entre los alumnos. Aunque, pensándolo bien, si algo sucedía, sería él quien informaría.

Desechó la opción de escribir una carta al chico o una contestación al Jefe y fundador de la Orden del Fénix a modo de respuesta al aviso que había dado. Dos alumnos desaparecidos en los últimos días y  ningún rastro de lo sucedido. El Ministerio de Magia no había sido informado, pues Dumbledore afirmaba que de enterarse lo único que harían sería avisar a los Mortífagos de la situación y que estos se encargasen de meter el dedo aún más en la llaga si aquello era posible. Soltó un corto suspiro y se levantó para acabar de vestirse. Aquel día iba con tiempo, pues la lechuza había atravesado la ventana de su dormitorio de tal modo que se había encargado de sentarla en la cama del susto, quitándole el sueño de un golpe, incluso a ella cuyas sábanas parecían encontrarse pegadas a su cuerpo, como si formaran parte de este.

No tardó demasiado en entrar y salir de la ducha, aún dándole vueltas a la situación. ¿Qué pasaría con aquellos dos alumnos? ¿Qué pensarían el resto de sus compañeros? Y lo más importante, ¿Cómo diantres habían conseguido burlar la seguridad de Hogwarts para salir de allí? Dumbledore llevaba años afirmando que Hogwarts era el lugar más seguro de Gran Bretaña y con aquellas dos desapariciones sus palabras tenían un futuro incierto.

No se preocupó mucho por colocar su cabello, dejándolo en una coleta con gran parte de su cabello cayendo por la parte delantera. Hizo un corto movimiento con la varita y la ropa salió de su armario para colocarse sobre la cama. Hizo otro movimiento y el jersey cambió por otro más adecuado con la situación que le esperaba. No había nada como adecuar la ropa a cada situación, especialmente si era para sacar de quicio a otra persona con una apariencia de lo más muggle, por lo que un jersey basado en una serie de películas muggle fue el atuendo elegido por la castaña, que en pocos minutos se desapareció rumbo al Ministerio de Magia usando una de las entradas habilitadas para la aparición de magos.

Se dejó caer sobre una de las sillas del despacho del encargado en repartir las misiones y esperó a que este apareciese para darle el destino concreto. Sabía de sobra quien sería su compañera en esa ocasión y por eso mismo necesitaba estar enterada de lo que debían hacer, principalmente porque veía capaz a Thelma de abandonarla a su suerte en mitad de un descampado, sin varita y con un hechizo para evitar las apariciones. Sí, podría no parecer la persona más inteligente del mundo, pero estaba completamente segura que para ese tipo de cosas era toda una mente privilegiada.

Leyó el correspondiente informe, el cual resultó ser de lo más breve, algo que agradeció porque no tenía ganas de leer. Ni de trabajar, si era sincera, pero teniendo en cuenta su compañía tendría que ponerse las pilas y mantenerse alerta. No pensaba ni mucho  menos que perteneciese al bando opuesto, más bien pensaba que eran dos personas que, simplemente, no se soportaban la una a la otra y eso era razón más que suficiente para temer de su vida. Principalmente, porque si ella se plantaba en más de una ocasión lanzarla desde un puente, no dudaba que la mente contraria pensase exactamente lo mismo.

Alzó amas cejas al oír como la puerta se abría tras de sí y giró para toparse de lleno con la cara de su compañera para aquella misión. – Austen. – Contestó con el mismo tono que la chica. - ¿Sabías que en una serie de televisión muggle hay un personaje con el mismo apellido que tú? Es un verdadero grano en el culo de personaje,  nada que ver contigo, por supuesto. . – Afirmó con una sonrisa de lo más irónica ante la mirada de desaprobación del chico del despacho, que se marchó sin decir nada ante las posibles consecuencias de una pelea entre aquellas dos tan temprano. – Deberías verla, seguro que te encanta. – Temas muggles, el mejor modo para molestar a alguien que no soporta a ese tipo de personas a los que desprecian por no tener un simple palo de madera que mueves y hace magia.

- ¿Nos vamos? Creo que ya no estás a tiempo de pedir un cambio de compañero. – Añadió sin dar importancia alguna a sus palabras. Lanzó el informe contra el pecho de la chica y sin si quiera saber si lo había cogido o si había tenido tiempo antes para informarse de lo que debían hacer dejó escapar unas cortas palabras antes de desaparecerse. – Nos vemos en el Caldero Chorreante. – Tan rápido como sus palabras escaparon de su boca, desapareció hasta situarse en una de las mesas del Caldero Chorreante, levantándose mirando el reloj de muñeca que llevaba esperando a que Thelma llegase para irse al exterior, ya que dos magos apareciéndose en mitad de Londres darían mucho de lo que hablar.  

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