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Camino de oro en polvo (Odiseo)

Invitado el Vie Mayo 01, 2015 2:47 am

Esa era su tarde libre y había dejado caer entre alumnos y profesores la información de que iría de compras, enviaría algunas cartas a sus familiares. Por supuesto que lo había hecho, unas cartas en código para sus jefes que fácilmente podían pasar por cartas a sus padres, primos y cosas que realmente no tenía, que nunca había sabido cómo se sentiría tener. Ahora Hyori caminaba por las calles más concurridas de Londres, se adentró a un par de tiendas y compró algunas cosas. Todo era una perfecta coartada. En la cuarta tienda, cuando la hora llegó, le hizo una sutil señal a una de las dependientes y esta la guio a los cambiadores. Ahí murmuró unas palabras y el espejo se retiró, mostrando una pequeña habitación. Hyori ingresó y dejó sus compras. El espejo se deslizó atrás de ella, mostrando que tenía doble reflejo. Así, la mujer se observó, arreglando su atuendo. Ese día tenía algo importante que hacer pero necesitaba cubrir sus huellas de la mejor manera.

Después de todo, una tranquila enfermera de un colegio no podía juntarse con cualquier persona. Menos cuando no sabía aun quien era su cita. Hyori había recopilado información en el bajo mundo mágico, pequeños contactos de tercera mano, información comprada hasta conocer a otros peones más importantes. Ella misma se había ganado su confianza, la suficiente para haber adquirido información vital de ellos y mantenerlos callados a cambio de la misma. Estos le habían informado sobre el mercado de drogas en el Mundo Mágico de Inglaterra, uno de los más fuertes dentro de lo ilícito. Cuando se trataba de eso, era bueno actuar rápidamente. Además, el Doble Dragon estaría agradecido por crear una red comercial con Gran Bretaña. Ya iba siendo hora que se re-abrieran las puertas hacia Asia. Después de todo, justo donde ella estaba parada había sido un fumadero de opio en el pasado. Pero lo más importante en ese momento era crear el trato, conocer a su cliente. Todo había sido acordado de forma silenciosa y en incógnito, como se solía tratar. Al inicio intercambio de información, cartas cifradas y conversaciones por terceros. Pero ya se había ganado la suficiente confianza para que su cliente mostrara el rostro y ella el suyo. En total discreción. Por supuesto.

Hyori se apareció en dentro de un lujoso restaurante, en el centro turístico de Londres, kilómetros lejos de donde había estado. Un mesero se acercó inmediatamente y ella la siguió hasta una habitación privada. Sin más, encendió la chimenea, dejándola con sola con una mesa delicadamente adornada y con bocadillos fríos en el centro. La mujer caminó hasta la chimenea, percatándose que atrás de las cortinas del fondo había una puerta oculta que posiblemente sería la que usaría su nuevo cliente. Si era así, esperaba que no la hiciera esperar demasiado.
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InvitadoInvitado

Invitado el Jue Mayo 07, 2015 4:20 am

Odi era un gran vendedor de droga. Para estas alturas aquello ya debía haber quedado mas que claro. Era confiable, agradable y si necesitabas una recomendación era uno de los pocos camellos que podía dártela de primerísima mano. Además, tenia una vaca ¿qué mas se le podía pedir a la vida de un vendedor de droga? ¿Qué fuese sexy? Pues lo era. Era alto y sexy y tenia una sonrisa de anuncio de dentífrico. Sí, Odiseo era perfecto. ¿Y su tapadera? Perfecta. Le dio otra calada a su porro, aquel que lo hacia pensar que todo era perfecto mientras volaba sobre la gente ¿aquella rubia? Perfecta ¿aquel tipo panzón y bajito? Perfecto ¿El bigote desaliñado de ese muchacho? Perfecto. La vida era perfecta. Hasta el cielo gris y malhumorado de Londres, con su hermosa forma de recibir a la gente era perfecto. ¡Y que aquel día tuviese una cita para hacer su negocio de perfecto camello internacional era mas que perfecto! ¡Era sublime! Sonrió como tonto mientras caminaba por la calle y se detuvo frente a un escaparate para usar su vidrio de espejo. Necesitaba parecer una persona seria y confiable. Así que se había puesta su camisa favorita, una llena de puntitos de colores sobre un fondo blanco y una corbata, porque a la gente le gustaban las corbatas. Su única corbata de pollitos amarillos sobre fondo azul.

Se acomodó la corbata y estuvo a punto de irse, pero se dio cuenta de que sus ojos parecían dos enormes círculos negros rodeados de una muy ligera línea azul. Frunció ligeramente el ceño. Normalmente no le importaría, pero no podía siquiera insinuar a sus futuros compradores que podían engañarlo solo porque estaba drogado. Rebuscó en sus bolsillos y finalmente sacó un papelito que se metió en la boca. Se quedó allí parado hasta que los dos enormes círculos negros se volvieron de un tamaño aceptable, mostrando un agradable color azul alrededor. Así estaba mejor.

Retomó su camino, silbando felizmente, con las manos en los bolsillos. Cuando encontró el restaurante en el que iban a tener lugar su cita siguió derecho, siguió derecho un par de cuadras antes de entrar a otro restaurante y pedir el baño. Le habían dicho que fuese precavido y aunque no le gustaba tenia entendido que si no lo hacia sus partes privadas podían estar en peligro y la verdad no le provocaba mucho ser un mutilado. No les daban tanto descuentos en los sitios como a los incapacitados. Malditos elitistas. Aquellos sin partes del cuerpo reproductivas también han sufrido en la vida ¡Son mas vírgenes que un sabelotodo disfrazado de árbol boxeador en una fiesta! Pero aquel no era el momento para pensar eso. Miró su reloj con curiosidad y en un parpadeo se apareció en el restaurante, en el sitio en el que habían quedado. Tal vez si no estuviese tan drogado como para poder aparecerse sin tener que ver el lugar antes, las cosas serían mas fáciles y sus privacidades estarían mas seguras. Pero la vida era dura.
Un hombre parecía estar esperándolo, porque cuando se apareció le dedicó una mirada suspicaz y sin decir palabra, lo llevó a una pared. Una pared con una puerta que daba a una habitación que tenia ese calor agradable de las habitaciones de ladrillo calentadas por una chimenea. Y una chica. Que seguramente era la persona que lo había llamado para aquella reunión… y la chica era… pues… como decirlo… Portable. Para el metro noventa y seis centímetros de Odiseo, aquella chica parecía mas un gnomito que un ser humano. Pero no le iba a decir eso, los gnomos podían ser muy susceptibles respecto a su tamaño… ¿o eran los humanos pequeño? No recordaba exactamente. Sin embargo sonrió tan encantadora y cálidamente como si su mente no estuviese teniendo una absurda discusión sobre quienes eran los susceptibles respecto al tamaño.

- No sabia que fueses tan asiat…pequeñ… agradable a la vista- buena salvada Odi, nadie lo ha notado. Sonríe, eso, sigue sonriendo que tu sonrisa es perfecta- ¿es buena la comida aquí? Debo admitirlo, si me pusiera delante un dragón lo devoraría. Aunque fuese tan solo para hacer rabiar a mi hermano[/b]- miró a su alrededor, inspeccionando el lugar mientras disimuladamente caminaba hacia los bocadillos y cogiendo un par, que procedió a devorar ávidamente-[b] sí. Es buena. Como mi droga. Mi droga es perfecta.
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Invitado el Mar Mayo 12, 2015 7:01 am

Hyori mantuvo las manos cerca de la chimenea. Inglaterra era un mundo diferente, inocente en tantos aspectos que le sorprendía. Aun el mundo que había conocido, envuelto entre mortífagos y guerras, seguía siendo una zona placentera. No, no era inofensivo. Eso sería estúpido de decir. Inglaterra era un lugar con una sofisticada oscuridad, su crueldad tenía estilo, sus vicios tenían clase. Eso era fascinante ¿Todos en las sombras eran así? No, eso era lo increíble. Pero aun así el resultado final era bello y artístico. Eso le fascinaba a Hyori ¿Cómo lo lograban? ¿Era la forma en que se había construido su sociedad con reyes, nobles, burguesía y plebeyos? ¿Eso había afectado al mundo mágico? ¿Era acaso eso?

Pero cuando la puerta se abrió, la mujer se sorprendió ligeramente. Ella sabía quién era… obviamente, reconocía el rostro de los cargos importantes del ministerio. Absolutamente fascinante, totalmente lógico. No sería el primer miembro político que también tenía su lado oscuro. Sin ir muy lejos, al ministro de educación de Corea del Sur, por ejemplo, le gustaban las mujeres que, digamos, no eran completas. Y el Doble Dragon atendía esas necesidades así que ¿Extrañarse por tener frente a ella al jefe del departamento de avioncitos de papel? No, en realidad no. Aunque tenía muchas dudas sobre qué hacía en su trabajo.

Hyori sonrió, pues no sería la primera vez que señalaban su etnia en un imprudente pero realista comentario.

- Coreana, del sur –especificó dados los conflictos que tenían en el norte, dictaduras y demás- Muy amable en notarlo, señor Masbecth ¿Cómo se encuentra su familia? –preguntó, con cortesía. Pues los Masbecth se habían expandido a su única manera a pesar de no ser miembros de los famosos sagrados veintiocho. Aunque bueno, esas sagradas familias habían excluido a algunas sin ninguna razón aparente y solo contaban con familias Inglesas- En realidad, conozco algunos restaurantes en China que preparan una excelente variedad de platos con dragones –se apartó de la chimenea y avanzó hasta la mesa, tomando asiento. Ella apoyó sus codos sobre la mesa y entrelazó sus dedos para apoyar su mentón, mientras su mirada se clavaba en el hombre- Por favor, no tema en pedir algo. Los bocadillos apenas duran y entre más rápido se pidan los platos, mucho más pronto podrá comer –sugirió, mientras movía la campanilla de plata que estaba en la mesa y así llegaba un mesero- Me gustaría la recomendación del chef, tengo entendido que es buen tiempo para los mariscos. Mi acompañante debe desear algo más contundente –sugirió, comiendo uno de los bocadillos.

Lo escuchó hablar directamente. Eso le agradaba, en este tipo de situaciones era mejor ser francos con los negocios- Así me han dicho. En realidad, estoy interesada en saber sobre sus productos ¿Tiene personal que los realiza o los compra? ¿Qué productos ofrece? ¿Cómo se encuentra con la seguridad? ¿Usa medios muggles o solo mágicos? Y más importante aún ¿Quiénes son sus compradores? ¿Jóvenes estudiantes? ¿Adultos? A quienes represento les interesa saber en qué podríamos servirle. Y para ello, requiero saber qué necesita. Después de todo, llevamos generaciones en el negocio –comentó, con una pequeña y amable sonrisa en sus labios.
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